12
Dic 20

Después de todo sí hubo algo de fiesta de Guadalupe

Una de las ventajas de vivir en un barrio antiguo es que la gente suele conservar las tradiciones; y la Villa de Guadalupe no es ajena a esas prácticas.

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El barrio suele echar la casa por la ventana con ocasión de la fiesta de Guadalupe y las celebraciones incluyen cantidades asombrosas de pólvora.  Y en casa pensamos que este año iba a ser silencio. Sin embargo, con todo y todo, este año, en 2020 las fiestas no fueron deslucidas.  A la media noche del 11 hubo juegos pirotécnicos y música que nos despertó sorprendidos.  No es que hubiera fiesta, fiesta como nos gusta a los del barrio; pero se mantuvo la tradición.  Y a las 5 de la mañana hubo algo alboroto, pero en menor escala; y el ambiente festivo continuó hasta las 10 de la noche.

Y no sólo se mantuvo la tradición sino que fue rescatada, porque el año pasado si que estuvo triste debido…creo…a un cura de esos que recuerdan a Diego de Landa y sus cómplices.

Las tradiciones son importantes porque nos conectan con nuestros ancestros y nuestra historia.  Alimentos, sonidos, aromas, colores y texturas, así como rituales nos traer recuerdos y nos invitan a reflexionar.  Bailes, fuegos artificiales, disfraces, costumbres y más son parte de aquel acervo rico. Reflexionar es muy importante en 2020, el más inolvidable de los años que hemos vivido, año propicio para valorar la vida, la compañía de quienes amamos y todo lo que tenemos y no siempre sabemos apreciar.00


12
Dic 20

¡Ya huele a pinabete y a manzanillas!

Cuando en casa huele a pinabete y a manzanillas es porque es tiempo de celebrar el solsticio de invierno y todas las fiestas de fin de año.

Ayer trajimos y decoramos el arbolito con luces y los adornos tradicionales de la temporada.  Y una de mis mañanas favoritas, en el año, es la de hoy, la del día siguiente a la noche en que hemos adornado el árbol.

El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones. Temas que en este, el más inolvidable de todos los años que hemos vivido, son muy importantes. El año que más nos ha hecho conocernos mejor; y el año en que más hemos sentido la necesidad de celebrar la vida, y celebrar a los que amamos.

En las casas de mis abuelas y de mis padres no siempre había pinabetes. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles inolvidables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces de colores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos gran variedad de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, también tuvimos pinos, cipreses. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco plateado. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaiianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así.

Este año como en otros-gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa que los cultivan hermosos y con mucho carácter- tenemos un árbol galán y aromático que nos llena de magia y de alegría la casa. Ese arbolito me trae gratísimos recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más. Si quieres tu pinabete, los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


07
Dic 20

La tradición de la Quema del diablo

¡Me alegró mucho que desde hace varios días los fabricantes de piñatas prepararon las de diablos para quemar hoy al atardecer!

Piñatas de diablos en la 11 avenida de la zona 1.

En 2020, la Quema del diablo debería ser una ocasión especialmente significativa, que no debería pasar sin algo de reflexión, sobre todo en compañía de la familia. En la tradición guatemalteca, la Quema del diablo es una oportunidad para echar al fuego lo malo, lo inservible, lo caduco lo que hace daño, y lo que no queremos para el año que viene, en un contexto místico y mitológico. Todo lo malo de 2020 en el contexto del SarsCov-2 y del encierro forzado debe arder, pero no debe ser olvidado.

Desde una perspectiva racional y más universal, la fiesta trae la luz y el fuego a la época del año en la que las noches son más largas, frías y oscuras, por lo que es apropiado celebrarla con familia y amigos, y recordar que aún en la oscuridad es posible la luz. Estoy seguro de que cada quién podrá sacar de todo esto lecciones de vida y aprendizajes que habrá que transmitir a las generaciones siguientes.

Disfruto mucho esta fiesta chapina porque es una ocasión propia para celebrar la vida con amigos queridos y para recordar a dos personajes malentendidos, uno de ellos casi olvidado y que -aparentemente- no tienen nada en común: Lucifer y Prometeo. Ambos se rebelaron contra dioses tiránicos y arrogantes.  Ambos fueron cruelmente castigados por su atrevimiento.  Uno es el traedor de luz, y el otro les dio el fuego a los hombres.  Ambos son heroicos.

Hace dos años, cuando fuimos a la Quema del diablo en el Cerro del Carmen, el cura explicó que Maria, la que anuncia la luz, precede a Jesús que es el Sol; y en la realidad, ¿quién precede al Sol? Venus precede al Sol cuando Venus es lucero de la mañana.  ¿Y cuáles son otros nombres antiguos de Venus? Lucifer, el traedor de luz; e Ishtar -diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad-.  Los mayas, por cierto, no eran ajenos al concepto de que Venus, Lucifer, o Ishtar es traedor de luz.  Ya que para ellos Venus  (el heósforo) anunciaba que le Sol saldría ese día, luego de su paso por Xibalbá.

Este año, por cierto, habrá que ser más prudentes, moderados y responsables con la celebración de esta fiesta.  Pero habrá que celebrarla, ¡Por la vida, y por el valor de quienes traen la luz y de quienes se rebelan ante dioses tiránicos y arrogantes!

Cuando era niño, la fiesta solía incluir la reunión de amigos en la mañana para ir a buscar ramas y chiribiscos con qué armar la pira, la llegada de mi padre con cohetes y algunos fuegos artificiales, los buñuelos preparados por mi madre y mucha alegría en la calle y en la casa. Cuando era niño no había piñatas de diablos; por cierto.  Y si el año entrante quieres pasar un 7 de diciembre extraordinario, te recomiendo las loas en Ciudad Vieja.  Una experiencia encantadora.


26
Nov 20

Hoy es el Día de Gracias

Cuando comas frutas, recuerda a aquellos que plantaron los árboles, dice un dicho vietnamita que me gusta no sólo en sentido literal, sino que, también, en sentido figurado.  Es una de las razones por las que disfruto la fiesta de hoy.

Guardo un momento para no olvidar el compromiso de trabajar para que, algún día, Guatemala y todos los guatemaltecos prosperemos.

Mientras celebre la vida junto a la gente que más amo (y todos ellos han plantado árboles en mi vida), no dejaré de recordar a los que ya no están y a los que se nos fueron este año en medio del encierro, la incertidumbre y la zozobra.  ¡Gracias por acompañarme en el camino…o gracias por haberme acompañado en él!

Gracias a los que siembran, cosechan, crían, transportan, fabrican, o comercian todo lo que ponemos en nuestras mesas y todo lo que hace nuestras vidas más fáciles, cómodas y bellas.  Gracias a los que inventan, descubren e idean todo lo que nos permite florecer, lo que nos cura, y lo que nos hace sonreír.

Gracias a mis maestros; especialmente a los racionales y a los apasionados.  Gracias a los filósofos que los inspiraron.  Gracias a quienes me enseñaron a valorar la independencia, la racionalidad y el valor del propósito.

Gracias a quienes han confiado en mí y me han dado oportunidades, a los que me han abierto puertas y a los que me han compartido conocimientos.  Gracias porque no me faltan trabajo, casa, comida y sustento. Gracias a quienes han sido generosos y a quienes han sido pacientes.

Gracias a quienes hacen música y películas inspiradoras, a quienes hacen pinturas, esculturas y edificios bellos. Gracias a quienes escriben historias y nos recuerdan que no somos seres sin voluntad, sujetos a fuerzas fuera de nuestro control.

La idea de que exista un día y una fiesta para agradecer es sano y sabio.  Los chapines también lo tenemos en el día del fiambre, cuando celebramos con quienes amamos, junto a la mesa, y gozando los frutos de todo lo bueno, lo pacífico y lo bello del mundo.  Es exactamente lo que ocurrirá en la fiesta de hoy en la noche, celebración en la que guardaré un momento para no olvidar el compromiso de trabajar para que, algún día, Guatemala y todos los guatemaltecos prosperemos.


15
Nov 20

Un Árbol Gallo diferente

A pesar de que sabíamos que no iban a encender el Árbol Gallo temprano y que no iba a haber espectáculos, ni gentío, ayer dispusimos ir a la plaza del monumento a los próceres de la Independencia, donde se ubica el árbol célebre, para ver ver a la gente que también llegaría.

Ârbol Gallo en la plaza del monumento a los próceres de la Independencia, en la ciudad de Guatemala.

A pesar de que no hubo bulla, la experiencia tuvo su encanto.

No había mucha gente, pero la había.  Familias, principalmente, y jóvenes.  Como no hay transporte colectivo, ni habría fiesta, no hubo multitudes.  Lo que sí había y bastante, era un espíritu de paz, convivencia y de esperanza.  Si alguna vez has visto las miradas de los niños cuando se maravillan con algo  y si alguna vez han visto las miradas de los padres que se alegran de ver a sus hijos contentos, quizás sepas a lo que me refiero.

Como el árbol estaba apagado, y no sería encendido hasta en la noche, noche, el toque de colores lo pusieron los vendedores de globos, espadas con luces y otros juguetes luminosos.  La música eran las conversaciones de la gente y las risas y carreras de los chiquitos.

El 99.99% de la gente iba con mascarillas y si algunos se las quitaban era para tomarse la infaltable foto con el Árbol Gallo detrás, ya fuera solos, en parejas, o en familia.  Había suficiente espacio en la plaza para que cada quien pusiera algunos metros de distancia con otras personas, cada quien de acuerdo con su mejor juicio.

Fue raro ver la plaza sin mucha gente y sin fiesta; y fue raro no ver el momento en el que  el árbol fuera encendido, cosa que ocurrió ya tarde, cuando la mayor parte de la gente (yo incluido) ya nos habíamos ido.

¡Gracias a la Cervecería Centroamericana por encender los árboles en todo el país! ¡Gracias a Cayalá en donde hubo fuegos artificiales a principios de esta semana! ¡Gracias a Pollo Campero que iluminará los cielos como en otros años!…y gracias, todos,  por hacerlo de forma prudente. Hoy, más que nunca, los chapines necesitamos recordar que las tradiciones nos conectan y que todo pasa y que esto -la pandemia- también pasará. Grandes y chicos necesitamos, como no se necesitaba desde el terremoto de 1976, recordar que la vida es preciosa y que hay que celebrarla cada vez que sea posible.

Actualización:

El domingo, 15, volvimos a la plaza de El obelisco a ver el árbol iluminado y fue una buena idea. Tengo la impresión de que la música estaba fallando, porque no se oía bien.  Descontado eso, fue muy  agradable el ambiente. Poca gente y todos con mascarillas, mucho aire fresco y espíritu de fiesta.


01
Nov 20

¡Celebramos la vida con fiambre!

En chapinlandia, la fiesta del fiambre es el Día de gracias.  Es una celebración que festeja la vida (como en el Día de los muertos), los frutos del trabajo productivo y la dicha de tener con quienes compartirlos. Hace unos años leí, en Twitter, que la verdadera soledad es no tener quién te regale un buen plato de fiambre.

Fiambre, tradición chapina para celebrar el Día de los muertos, en el que se celebra la vida.

No es posible un buen fiambre sin trabajo y sin productividad, sin ahorros, sin productos y sin familia, ni amigos para compartirlo. Sin amor, como dijo mi cuata, Carmen.

Cada familia guatemalteca tiene su propia receta de fiambre, y ¿sábes cuál es el mejor fiambre? El que sabe como el de la casa de tus padres, o como en la de tus abuelos; pero también es el que tiene tu toque personal.  El que te recuerda tu niñez, tu adolescencia y tu proceso de maduración, y el que tiene tu carácter.  El mejor fiambre es el que es acerca de tus raíces y acerca de tus ramas…para usar una metáfora como cualquiera otra.  El que hacemos en casa tiene su origen en por lo menos cuatro generaciones.  Es la receta de mi madre, Nora; que la recibió de mi abuela paterna, Frances; basada en la receta de mi bisabuela, Adela que, a su vez, la recibió de su cuñada, Elisa.

Hay fiambres rojos, blancos y verdes; y en casa el caldillo de nuestro fiambre es rosado tirando a rojo.  El fiambre es un plato tradicional de la cocina guatemalteca y es muy complejo por lo que requiere de todo el buen juicio, la pasión y la sazón que puedan tener quienes lo preparan.  Las claves de un buen fiambre son la armonía de los sabores, de sus formas, sus texturas y sus colores, así como la calidad de los ingredientes y tener con quién compartirlo.

La preparación del fiambre lleva semanas de planificación y de ejecución.  La fiesta del fiambre no es sólo acerca de comerlo (que ya es bastante bueno); sino acerca de la expectativa de seleccionar las carnes, los embutidos y los adornos; es sobre la compra de las verduras y sobre el proceso de hacerlo en familia, con amigos y en buena compañía. Es sobre lo que se goza haciéndolo y sobre recordar y recordar las anécdotas relacionadas con su elaboración. Por ejemplo, este año fuimos a seleccionar y a comprar una gallina gorda al Mercado Colón y fue toda una experiencia. Nosotros siempre usamos los embutidos de La puerta del Sol, preparados por Virgilio y su equipo, basados en la receta del legendario Abel.

A mí me gusta el fiambre desde niño, y recuerdo muy bien la emoción que sentía cuando llegaba este día y nos dirigíamos a casa de mi abuela, para almorzar.  Recuerdo muy bien lo feliz que estaba el primer día que mi madre preparó el fiambre en casa y la ilusión con la que preparamos nuestro primer fiambre, en mi casa.

Este año -que en casa decidimos resignificar las fiestas en medio de un año difícil y para no olvidar que a pesar de que la vida es frágil el universo es benevolente, hubo otro plato estelar: el pan de muerto de Tradición culinaria.  Un pan de muerto, relleno que elevó la barra y fue aplaudido por todos los que tuvimos la dicha de probarlo.

Pan de muerto, tradición mexicana y adoptada por los chapines.

Ahora que empezaron las fiestas de fin de año, en Guatemala, les deseo a todos lo mejor.  Felicidad y paz al lado de quienes aman.


01
Nov 20

Importancia ética y tradicional de estas fiestas

Ayer celebramos el  Halloween y esta es una fiesta para tomar a la ligera el mal y celebrar el bien. Pero, dados los fantasmas inflables en el césped de sus vecinos y los niños disfrazados de zombis y monstruos, también es una oportunidad para reflexionar sobre la base y la naturaleza del mal. No podemos depender del ajo, la decapitación, o de la luz del sol para repeler las criaturas nocivas que inevitablemente encontramos en la vida. Para fortalecernos contra el mal, tenemos que entenderlo, escribió Jon Hersey en un artículo publicado en The Objective Standard. Te invito a que leas el artículo. 

Porfirio, Macario, Tereso y Teófilo. Nuestros perritos de Halloween.

Mientras tanto, en Guatemala, con la llegada del Halloween y del Día de los muertos se inauguran las fiestas del fin de año. Durante tres días- entre ayer y el 2 de noviembre- se celebra una de las fiestas más importantes del calendario de celebraciones chapinas.

En chapinlandia, el Día de todos los santos y el Día de los muertos se fusionan en el asueto del 1 de noviembre día en que las familias se reúnen para comer e intercambiar el célebre fiambre; y mi hipótesis -sin fundamento científico- es que esta fiesta es nuestro Día de gracias.  Celebración que es una mezcla encantadora de tradiciones precolombinas, virreinales y celtas.

Por cierto, que no te engañen, no es cierto que la tradición de pedir dulces en la noche de hoy sea ajena a la cultura chapina. Los niños de los tiempos de Naná camota, durante lo que ahora conocemos como Halloween, iban de casa en casa recitando: Angeles somos/ del cielo venimos/ cabecera pedimos./ Si no nos la dan/ puertas y ventanas lo pagarán. Era la versión criolla del trick, or treat; y si los críos no recibían sus dulces de ayote y de jocotes manchaban puertas y ventanas de los tacaños con cal.

La noche de anoche, la de Halloween, es importante porque es la víspera.  Es la noche en la que se deja curtiendo el fiambre para comerlo hoy. La noche en la que los ingredientes quedan mezclándose e intercambiando sus sabores y aromas de la forma en la que lo hicieron nuestros padres, nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos. Además es una noche juguetona en la que -con disfraces- celebramos la vida y nos burlamos de la muerte; así como de las brujas, de la hechicería, de los monstruos y de otros productos del misticismo.

El 1 de noviembre y en celebración de la vida (este detalle es muy importante), las familias recuerdan a los que han fallecido y alrededor de un plato opulento –que incluye variedad de carnes, embutidos, vegetales y adornos exuberantes–  celebran que están unidas, que pueden comer aquellas delicias y que ¡hasta pueden compartirlas!

El fiambre, como el pavo y otras maravillas del Día de Gracias, no es posible sin trabajo productivo, sin cosechas, sin ahorros, sin salud, prosperidad, ni talento. Todo ello digno de ser celebrado. El Fiambre que se come en soledad no sabe tan bien como el que se come acompañado por las personas que uno ama, que uno valora, que uno admira, que uno respeta o a las que uno les tiene cariño.

De cualquier manera, una fiesta en la que se celebra la vida y en la que se hace mofa del misticismo; una fiesta en la que se les quita importancia al mal y a los monstruos;  una fiesta en la que se celebran la bonanza y la prosperidad; y una fiesta en la que la familia es el núcleo unificador, es una fiesta que merece ser celebrada.

Con respecto al mal; y esto es muy importante en los tiempos que estamos viviendo, Ayn Rand escribió: Vi que el mal era impotente, que el mal era lo irracional, lo ciego, lo anti-real, y que la única arma de su triunfo era la voluntad del bien de servirlo. . . . Vi que llega un punto, en la derrota de cualquier hombre virtuoso, en el que se necesita su propio consentimiento para que el mal gane, y que ninguna forma de daño que otros le hagan a él puede tener éxito si decide negar su consentimiento.

A largo plazo, escribió Hersey, el mal no puede vencer de manera sustancial sin el consentimiento de sus víctimas. Para luchar contra el mal, no se necesitan “agua bendita” ni balas de plata. Lo que se necesita es que los hombres buenos comprendan la naturaleza del bien y el mal, que condenen el mal con certeza moral y animen a otros a hacer lo mismo.


12
Abr 20

La fiesta de la fertilidad, la vida y la luz

Desde que el mundo es mundo, ¿por qué no iba a ser motivo de fiesta esta temporada cuando las noches empiezan a hacerse mas cortas, cuando hay más horas de luz y cuando la primavera trae la fertilidad y la vida?  ¡De ahí la antiquísima fiesta de Easter!

En mi barrio hubo bombas y cohetes para celebrar.

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Claro que aquí en el trópico no nos damos cuenta de aquellos cambios; y menos en el país de la eterna primavera.  Pero es un hecho que el conejo y los huevos coloreados son símbolos de aquella fiesta y de aquellas celebraciones.

Los colores de esta fiesta milenaria son los del amanecer y de la vida  agradable, suave y tibia propia de la primavera, cuando hay vida y hay luz.  Mi abuela, Frances, solía estrenar ropa en esta fiesta y los colores que usaba eran los propios de la temporada.

Los colores  son importantes porque los de la Easter milenaria contrastan grandemente con los de la semana santa, que son el negro y el morado.  El negro es el color de la muerte, de lo oscuro, del vacío, de la soledad, de la noche, del mal y la tristeza.  El morado (violeta, o púrpura) es el color del poder, y de la magia y de la fe (frente a la racionalidad); es el color del confesionario (de la culpa) y de algunos ritos funerarios.

Cuando yo era chico, el conejo (animal que es imposible no relacionar con la fertilidad) llegaba a la playa, a Panajachel, a la casa -o donde quiera que estuviéramos-  porque mis padres acarreaban huevos de chocolate, o de almendras.  Sin que los niños nos diéramos cuenta, mis padres y tíos escondían los huevos en el jardín y en el momento oportuno nos decían que el conejo había pasado y que saliéramos a buscar los huevos. Cuando  crecimos, a los mayores se nos enviaba a alguna habitación lejos del jardín y -aunque ya sabíamos quienes escondían los huevos, y que no había tal conejo- igual disfrutábamos de salir a buscar y encontrar los dulces.

Aquella tradición es de origen germánico y precede al cristianismo; pero también las culturas mesoamericanas tienen conejos benefactores involucrados en sus leyendas.   En la Luna llena, donde en occidente vemos la cara de un hombre (o la de Jakie Gleason), los pueblos de mesoamérica (igual que los chinos) ven un conejo. En la próxima noche de Luna llena sal y ve el conejo.

¿Y cómo fue a parar ese animalito allá?

Según una historia de Chiconamel, del norte de Veracruz, cierto dios ocasionó un diluvio universal; y un hombre y su familia se salvaron contra la voluntad de aquel ser mitológico porque se escondieron en un cajón, siguiendo el consejo que les dio un conejo.  El dios que había ocasionado el diluvio se enteró de los sobrevivientes cuando estos encendieron fuego para asar pescados; y entonces castigó al conejo que,  por salvar a los hombres, fue condenado a alumbrarlos y fue transformado en la Luna.  Esto lo leí en Imágenes de la mitología maya, por Oswaldo Chincihlla.

Aunque sea confinado por el virus chino -y sin conejos, ni huevos de chocolate- disfruto de esta fiesta porque es alegre y colorida. Desde tiempos muy antiguos, el conejo era un símbolo de la fertilidad asociado con la diosa fenicia Astarté, a quien además estaba dedicado el mes de abril.  En recuerdo de aquella diosa, a la festividad de pascua se la denomina Easter, en algunos paísesEsto es porque también era la festividad de la primavera para honrar a la diosa teutónica de la luz, a quien se conocía en el mundo anglosajón como Easter.  Para el siglo VIII los anglosajones ya habían tomado dicho nombre para la fiesta que los cristianos celebran en la actualidad.

¡Por supuesto que no celebro dioses, ni diosas, pero sí lo que representan: fertilidad, vida, luz.


11
Abr 20

¡Y hubo dulce de garbanzos!

Sin duda alguna el dulce de garbanzos es mi favorito de la temporada.  La tradición de prepararlos en mi familia empezó con mi tía abuela, La mamita y siguió con mi tío Rony.  Mi madre y yo seguimos la costumbre durante bastante tiempo, y ahora los hacemos en casa.  En casa hacemos dos versiones: la de La mamita, y los de la costa sur.

¡Amo el dulce de garbanzos!

El sabor delicado de los garbanzos se combina deliciosamente con la miel y la canela; y me transporta a mi niñez.  Me encantan su sabor y su aroma, su textura y su color.  Me divierte verles sus caritas de pollito a los garbanzos; y por eso es que se llaman chickpeas en inglés. Cuando los como pienso en Cicerón porque cicer significa garbanzo.

En la antiguedad estas delicias fueran asociadas con la frugalidad e incluso con la rudeza. Los griegos comían garbanzos en los banquete fúnebres, y me pregunto si es por eso que este dulce es tradicional de esta temporada chapina tan retorcidamente asociada con la muerte; o si bien, el hecho de que la receta de la costa sur incluya frutas alegres se relacione con el aspecto más hermoso de la temporada que es el equinoccio de la primavera, la fiesta de Easter  y el retorno de los día soleados (frente al largo invierno del hemisferio norte).

En la ciudad de Guatemala, los garbanzos en dulce se preparan en un jarabe de agua, azúcar y canela. La noche anterior se dejan en agua,  y en la mañana se pelan laboriosamente, muy laboriosamente. Luego se cuecen y cuando están cocidos se cuelan y se apagan inmediatamente en la miel para que calen bien. Así se hacían estilo old school; pero esta año cambiamos el procedimiento.

Este año cocimos primero los garbanzos y luego los pelamos y fue una maravilla.  Asi que de ahora en adelante lo haremos de ese modo.


10
Abr 20

La fiesta esperada del bacalao

Espero el día de almorzar bacalao como espero todos los días en los que se come algo muy especial que no se come normalmente: como el día de almorzar fiambre, el día de cenar pavo.  Fiestas todas que son celebraciones de la vida.

En casa nos tomamos en serio este plato que preparamos el día anterior con mucho cariño y cuidado porque no sólo nos gusta comerlo nosotros; sino que nos da mucha alegría compartirlo.

“El lenguado es alabado, y el bacalao es alabao” Les Luthiers

Quienes visitan este espacio desde hace algún tiempo saben que asamos los tomates y los chiles guaque (este año no le puse chile pasa).  Freímos en aceite de oliva las cebollas rodajadas finamente y los ajos picados (que también asamos), añadimos el pescado previamente desalado y desespinado.  Sumamos la salsa de tomates y chiles licuada; y agregamos los chiles del piquillo en tiritas, las aceitunas y las alcaparras (lavadas estas para quitarles lo salado) para luego dejar hirviendo el pescado durante por lo menos una hora en fuego lento.  Por último un toque de azúcar moreno, un toque; y aceite de oliva en cantidades generosas es recomendable.

Desde que yo era niño me gozaba mucho la textura y el sabor característicos de este pescado preparado hábilmente por mis abuelas y luego por mi madre, basadas en la receta de mi bisabuela, Mami.  Cada receta con su carácter propio, y está enraizada profundamente en una tradición larga.

(Bacalao a la vizcaína, arroz y encurtido de remolachas.

Me gusta comerlo caliente, al tiempo y frío.  Acompañado por arroz  (y este año, lo acompañamos con un encurtido de remolachas que habíamos preparado en noviembre para el fiambre).  Este año un buen Carmenre/Merlot le hizo compañía.  Y si es de boca, en la noche, me gusta acompañarlo con un con un buen whisky. Es una delicia remojar pan francés, de horno de leña, en esa salsa intensa.

En casa nos gusta que el de hoy sea un almuerzo ceremonioso, que subraye el carácter festivo de la  ocasión en la que se comparten los alimentos, el cariño y los buenos recuerdos. En el que se celebran la fertilidad y fin de las noches largas. Y porque estamos encerrados de forma forzada, con la certeza de que el año entrante no será así.

Es cierto que en casa comemos pavo cerca del solsticio de invierno; pero es en ese contexto festivo específico.