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Ene 09

En Gaza se lucha por la civilización

En marzo de 2001, la milicia ultraortodoxa islámica de los talibanes -que gobernaba Afganistán- cumplió su amenaza y dinamitó la cabeza de la mayor estatua de Buda del mundo. La escultura, de 55 metros de altura, estaba tallada en la roca de una montaña.

El coloso fue hecho cuando Afganistán era uno de los centros de la civilización budista, antes de que los ejércitos árabes introdujeran el islam en la región, en el siglo VII y terminó hecho polvo para la gloria de Alá.

Recuerdo esto, ahora que la organización terrorista Hamas está siendo perseguida y eliminada por Israel. Hamás ha sido declarada organización terrorista por la Unión Europea, los Estados Unidos de América, Israel, Japón, Canadá, y Australia, en parte porque las Brigadas de Izz ad-Din al-Qassam, que forman parte de Hamás, realizan ataques contra objetivos civiles mediante atentados. En el 2002, la organización humanitaria Human Rights Watch acusó a Hamás de cometer crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

¡Tiene que haber algo intrínsecamente maligno ente organizaciones como la de los talibanes y Hamás! Organizaciones terroristas, racistas, genocidas y culturicidas, que someten a poblaciones y a naciones enteras, en plenos siglos XX y XXI, no tienen la misma estatura moral que otras formas de gobierno. Por ejemplo, el artículo 7 de la carta fundamental de Hamas, dice que “No vendrá el Día del Juicio hasta que los musulmanes combatan a los judíos, hasta que los judíos se escondan tras las montañas y los árboles, los cuales gritarán: ‘¡Oh, musulmán! Un judío se esconde detrás mío, ¡ven y mátalo!”

Puede ser que la intervención en Gaza, por parte de Israel, resulte ser una victoria militar, pero una derrota en el campo político. Una victoria pírrica, que le dicen. Y si así ocurriere, eso será injusto porque Israel lucha por su supervivencia contra enemigos que no lo son sólo del estado judío, sino de la civilización.

Las actividades de los talibanes, de Hamás y de otros grupos similares se basan en un profundo odio hacia el individualismo, la razón, la libertad, el capitalismo, la tecnología, el estado de derecho y otros aspectos propios de la civilización. Y si bien es cierto que ningún individuo -y ciertamente ninguna sociedad- sobrevive a la guerra incólume, también es cierto que no se puede permanecer neutral frente a el tipo de cosas que hacen los talibanes, los de Hamás y otros.

Y aún en ese contexto no está de más recordar algo que escribió James Madison: “De todos los enemigos de la libertad, la guerra es, talvez, el que más debe ser temido porque compromete y desarrolla el gérmen de todos los demás”.