21
Jun 21

Bergoglio contra la propiedad

 

Se equivoca Jorge Mario Bergoglio cuando afirma que el derecho a la propiedad es secundario y que depende de un supuesto destino universal de los bienes.

Se equivoca porque ha de creer que el derecho a la propiedad es el derecho a tener cosas.  Es lo que cree la mayoría de la gente.  Pero ahí está que igual que el derecho a la vida y el derecho a la libertad, el derecho a la propiedad es un derecho a actuar.  Detente aquí porque esto requiere un alto para pensar bien.

El derecho a la propiedad es un derecho a la acción para producir, o ganar el valor del que se quiere ser propietario.  Valor, por cierto, es todo aquello que queremos conseguir, o conservar.  Un automóvil es un valor, y también son valores la tierra para hacerla producir y las maquinas en una fábrica.  No hay garantía alguna de que produciremos, o ganaremos algo en propiedad; pero si puede ser garantizado el hecho de que lo producido, o ganado será nuestro si lo producimos, o ganamos.  El derecho a la propiedad, entonces, no sólo es el derecho a producir y ganar propiedad, sino a su uso, goce y disfrute.  Es una facultad para actuar.

El derecho a la propiedad no viene de un supuesto destino universal de los bienes; sino que deriva del mismísimo derecho a la vida, que es el derecho hacer todas aquellas acciones que requiere nuestra naturaleza de seres racionales para no sólo sobrevivir; sino para vivir plenamente, florecer y gozar de la vida. Sin el derecho a la propiedad no tendríamos derecho a los productos de nuestros esfuerzos físicos e intelectuales y por lo tanto no tendríamos derecho a los medios para mantener nuestras vidas, y menos a florecer y gozar de ellas.

Todo aquello, claro, sin violar derechos ajenos. Nunca es suficiente subrayar una y otra vez este detalle. Tampoco es suficiente subrayar, una y otra vez, que los derechos se refieren a acciones, son facultades para actuar sin coerción y de acuerdo con nuestros mejores juicios.

Como Bergoglio es místico, cree que su dios tiene un plan que incluye el supuesto destino universal de los bienes; y claro que, desde su perspectiva, está mal contradecir aquel play y a aquel dios.

Pero aquí hay que detenerse otra vez y pensar.  Si tienes el derecho de ordenar tus acciones, si te haces responsable de las consecuencias de las mismas, si puedes disponer de tus posesiones y de tu persona como creas conveniente, sin coerción, de acuerdo con tus mejores juicios eres una persona libre. ¿Y si no? Si no eres esclavo. No vives por derecho, sino por permiso.

De ahí que los derechos (vida, libertad y propiedad) sean acuerdos morales que hacen posibles nuestras vidas plenas de acuerdo con nuestra naturaleza racional y volitiva.  No dependen de una votación democrática, no dependen de la voluntad de un dios que hoy los da y mañana los quita (mediante un diluvio, o mediante fuego y azufre, por ejemplo), sino que derivan de la necesidad de subordinar a la sociedad a la idea de que es en el mejor interés de todos -si queremos vivir y florecer- respetar ciertas facultades que hacen posible la división del trabajo, la cooperación social pacífica y la prosperidad.

Todo aquello es lo que se le escapa al dirigente católico cuando esparce la idea de que el derecho a la propiedad es secundario y que depende de un supuesto destino universal de los bienes.


18
Mar 21

Por el respeto al derecho de propiedad

En Guatemala, hasta 2018, había 60 mil hectáreas de tierra ocupadas de forma irregular y en promedio se reportaban cerca de 240 conflictos anuales derivados de esas ocupaciones.  Entre 2013 y 2021 el Ministerio Público ha reportado 19,051 denuncias por el delito de usurpación, unas 2,300 denuncias anuales; y no se sabe cuántas de estas han avanzado en sus procesos de investigación, ni cuántas han sido resueltas, En los primeros 70 días de 2021 el MP ha acumulado 550 de esas denuncias.

Así como están las cosas, Guatemala ocupa el puesto 89 de 129 en el Indice de Derechos de Propiedad con una calificación de 4.966 y un puesto 13 a nivel latinoamericano y del Caribe.

Es evidente que le derecho de propiedad es muy precario en Guatemala y es de celebrarse el establecimiento del Observatorio de Derechos de Propiedad, por parte del CACIF.  Es muy atinado que esté a cargo de María Andrea Cáceres y José Fernando Orellana.

¿Por qué es importante la propiedad? Ken Schoolland explica que el derecho de propiedad se deriva de la propiedad de uno mismo.  Nadie es dueño de tu vida, y tu no eres dueño de las vidas de otros.  Como vivimos en el tiempo, nuestras vidas se manifiestan en el futuro, presente y pasado.  Tu futuro está relacionado con tu vida; tu presente, con tu libertad; y tu pasado con la propiedad, que es la consecuencia de tu vida y de tu libertad.  Si te quitan tu vida, pierdes tu futuro, si te quitan tu libertad, pierdes tu presente y si te quitan tu propiedad, pierdes la parte de tu pasado que produjo tu propiedad. Tu propiedad es el fruto de tu trabajo, de tu tiempo, energía y talentos. Es esa parte de la naturaleza que conviertes en algo de valor. Es la propiedad de otras personas que obtienes por intercambio voluntario y mutuo consentimiento. Dos personas que intercambian propiedad voluntariamente se benefician mutuamente; si no, no realizarían el intercambio.  Sólo ellos tienen derecho a tomar esa decisión; pero hay veces que la gente usa la fuerza, o el fraude para tomar cosas de otros sin el consentimiento de sus dueños. El inicio de la fuerza, o el fraude para quitar la propiedad es robo.  En el mismo espíritu que quitar la vida de otro es asesinato, y quitar la libertad de otro es esclavitud.

Ayn Rand aclara que debes tener en cuenta que el derecho a la propiedad es un derecho a la acción, como todos los demás: no es el derecho a un objeto, sino a actuar y a las consecuencias de producir, o ganar ese objeto. No es la garantía de que una persona vaya a obtener alguna propiedad, sino sólo la garantía de que la poseerá si la gana. Es el derecho a ganar, conservar, utilizar y disponer de valores materiales. La fuente de los derechos de propiedad es la ley de causalidad.  Toda propiedad y toda forma de riqueza son producidas por las mentes y el trabajo de las personas.

Uno no puede obtener los productos de la mente excepto en los términos del propietario, por comercio y por consentimiento voluntario. Cualquier otra política humana hacia la propiedad de las personas es una política de criminales, sin importar su número, explica la filósofa.

Si entiendes aquellas ideas, entiendes la importancia del Observatorio de Derechos de Propiedad.


14
Ene 21

La neutralidad de Internet

La neutralidad de la Internet es el principio por el cual todo el tráfico de Internet debería ser tratado de la misma forma. El tráfico de Internet incluye todos los mensajes, archivos y datos enviados por medio de la red. Según Tim Wu, Profesor de Derecho de la Universidad de Columbia, la mejor manera de explicar la neutralidad de red es que una red de información pública acabará siendo más útil si todos los contenidos, sitios Web y plataformas (por ejemplo: dispositivos móviles, consolas de videojuegos, y otros) son tratados por igual, sin discriminación, ni privilegios).

Ilustración por Chris Potter, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

En otros campos, por las mismas razones, se habla de la neutralidad del canal de Panamá, o del canal de Suez, por ejemplo.  Un canal de aquella naturaleza termina siendo más útil para todos, si ningún usuario es discriminado.

De aquello me acordé cuando leí que el presidente Donald Trump ha sido banneado de distintas redes sociales virtuales y de que algunas redes han sido banneadas de plataformas. Lo mismo ha ocurrido con otras personas que lo apoyan y que no son del agrado de los propietarios de las redes sociales virtuales.

Por supuesto que, en principio, soy de la opinión de que la libertad de expresión no incluye la facultad de exigir que otros difundan ideas con las que no están de acuerdo.  Puesto de otro modo, nadie está obligado a difundir ideas con las que no está de acuerdo, del mismo modo en que nadie está obligado a servir a otros de forma involuntaria.  Este principio se deriva del derecho de propiedad (nadie puede usar los recursos de otros sin su consentimiento y menos en su perjuicio) y del derecho de libertad (es inadmisible el uso de la coerción arbitraria para que alguien preste un servicio).

Yo, por ejemplo, no publico, ni admito en mi blog, ni en mis redes sociales virtuales, comentarios que injurien, o calumnien a mis amigos y familiares; y tampoco alimento a los troles. Está claro que los dueños de aquel tipo de recursos, tienen el derecho de establecer criterios de admisión y permanencia.

Pero con las redes sociales virtuales hay un caveat, o dos.  Si la red social virtual es neutral y sólo provee una plataforma abierta para todos por igual sus propietarios no tienen responsabilidad alguna sobre los contenidos que colocan sus usuarios.  Pero si los propietarios de una red social virtual deciden quién puede usarla y quién no, y deciden qué tipo de contenido comparten, y qué no, -si la red no es neutra y sus propietarios actúan como editores- entonces -en ejercicio de esta libertad de discriminar usuarios y contenido- los propietarios son responsables por los usuarios y por el contenido.

De ahí que la legislación sobre la libertad de expresión se aplique de forma diferente a las redes neutrales y a las no neutrales.  De ahí que, por ejemplo, la sección 320 de la Communications Decency Act establezca que ningún proveedor, o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor, o vocero de cualquier información proporcionada por otro proveedor de contenido de información.

En términos de derecho positivo, o sea de la ley escrita, pareciera que los propietarios de una red social pueden hacer lo que quieran con su propiedad (incluido el cambio arbitrario de las condiciones de prestación del servicio), porque es su propiedad; pero desde una perspectiva ética, no cabe aquella amplitud porque los límites para todo ejercicio de derechos son la vida, la libertad y la propiedad de otros; y porque los contratos de los usuarios, con las redes sociales virtuales, son contratos de adhesión.

Un contrato de adhesión es el que es redactado por una sola de las partes y el aceptante sólo se adhiere, o no al mismo, aceptando, o rechazando el contrato en su totalidad. Como el que tienes con las empresas que te proveen de telefonía, o de energía eléctrica, o los de las líneas aéreas, por ejemplo.

La naturaleza del contrato entre la red social virtual y el usuario es importante porque si el contrato es de adhesión el usuario queda a merced del capricho de los propietarios de la red social virtual; y sin mecanismos preexistentes de salida, sin posibilidad alguna de negociar y sin garantía de que las condiciones de prestación del servicio no cambiarán (sobre todo) para dañar directamente al usuario, la salida -especialmente si no es voluntaria- puede tener costos elevadísimos y resultar en daños y perjuicios.

Es cierto, pues, que las redes sociales virtuales y otras plataformas -como los motores de búsqueda y los proveedores de Internet- son privados y que en términos de derecho positivo pueden hacer lo que quieran con su propiedad.  Pero deben dejar claro -por razones éticas- si van a ser neutrales, si van a asumir responsabilidad por todos los contenidos que se comparten en sus espacios, o si sólo van a actuar arbitraria y selectivamente; y deben dejar claro -por los mismos motivos- si pueden usar el carácter de adhesión de sus contratos para castigar, o dañar a usuarios específicos.

¿Por qué nos convienen mas las redes neutrales (sin que esto quiera decir que se debe forzar la neutralidad)  y por qué es que los contratos de adhesión no deben ser usados caprichosamente contra los usuarios -especialmente si es para favorecer el pensamiento único, o para erradicar perspectivas variadas? Porque el pensamiento único y el ejercicio del poder están íntimamente ligados, y porque nunca- antes de ahora- había sido más evidente el hecho de que la variedad de historias y de perspectivas es importante no sólo para la búsqueda de la verdad, sino para la protección de la vida, la libertad y la propiedad. Es imposible hablar de historia única o de pensamiento único, sin hablar de poder; y a quienes disfrutan del poder suele gustarles definir quién cuenta las historias, cuáles historias deben ser contadas, cuándo y cómo.

Yo digo que nadie debería tener el poder de imponer una historia única; ni por medio de evadir la responsabilidad de violar el principio de neutralidad, ni por medio del abuso de los contratos de adhesión. Quienes lo intenten, deberían pagar el costo de hacerlo, frente a los usuarios, como clientes.


03
Oct 20

Cayalá bajo ataque

Tengo la dicha de atender a muchos extranjeros que visitan Guatemala y mi misión es que conozcan la ciudad capital; algunos vienen por unos días y otros vienen para quedarse por meses y años.  Hay dos lugares a donde me gusta llevarlos primero: la zona 1 y Cayalá.  El Centro les parece encantador y vivaz; y siempre, siempre se admiran cuando conocen Cayalá. ¡Y más, si lo entienden!

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¿Te has dado cuenta de que la avenida principal corre por una hondonada suave? Eso es para permitir que cuando caminas por ella puedas apreciar toda su extensión a lo largo de la misma, lo cual no sería posible si fuera plana.  ¿Has notado que si volteas a ver por las calles siempre ves algo bello? Una fuente, u otro edificio, nunca ves a la nada, o a algo feo.  ¿Te has dado cuenta de que por la altura de los edificios a lo largo de la vía principal es posible la comunicación entre los usuarios de los edificios y los peatones? La próxima vez que vayas, observa los capiteles del pórtico del salón Azaria y me cuentas qué ves.  La arquitectura de Cayalá es clásica, sobria, elegante, bella y se conecta con la cultura y el carácter chapín que no tiene por qué estar atado al feísmo que algunos celebran. ¿Has visto el arte que hay en Cayalá? Esculturas bellas, inteligibles, muy distintas a los hierros retorcidos y otros adefesios que hay tirados en otras partes de la ciudad.

Es cierto que hay que botar árboles para que crezca aquel barrio, que no es un centro comercial, sino un barrio de uso mixto, como corresponde a una ciudad.  Pero si hay que botar árboles, que son de propiedad privada, lo que hay que tomar en cuenta es la relación proporcional entre naturaleza y desarrollo que hay en Cayalá.  Muy superior al de muuuuchas urbanizaciones y ciertamente muy superior al promedio.

Los ataques contra Cayalá no deben ser vistos a la ligera.  Son ataques contra la vida urbana. Contra el arte y la arquitectura como expresiones de la capacidad volitiva de los seres humanos y como expresiones de virtudes intemporales, universales y fundamentales; y ataques contra la civilización. Son ataques contra la propiedad.

Columna publicada en elPeriódico.


09
Oct 18

Mural de Carlos Mérida, y Benito Juárez

Hay alboroto porque en una casa de la zona 9 -que es propiedad privada- hay un mural de Carlos Mérida y algunas persona temen que sean destruidos. Los estatistas quieren que el Instituto de Antropología, Etnología e Historia (o alguna otra autoridad) proceda a conservar el mural y quieren que sea declarado patrimonio cultural de la nación, lo que equivale a expropiarlo.

Los más moderados entienden que el mural es propiedad privada y que es a su propietario a quien le corresponde decidir qué hacer con él, y cómo conviene a sus intereses. En última instancia, el respeto al derecho ajeno es la paz, como dijo Benito Juárez. Por cierto que, antes de opinar (a veces vehementemente), ¿alguien le ha preguntado el propietario qué planes tiene para el mural?

No soy fan de eso que llaman arte abstracto, pero personalmente yo lamentaría la destrucción del mural en cuestión porque decora bonito un área urbana que no tiene mayor atractivo. Sin embargo, entiendo que los derechos individuales deben prevalecer sobre los intereses colectivos.

Hace años, yo mismo lamentaba la destrucción de varias casas de arquitectura extraordinaria y cincuentera, por Wilhelm Krebs, que estaban ubicadas en la Avenida de la Reforma, y que fueron sustituidas por edificios; del mismo modo que lamenté la pérdida de una gasolinera de arquitectura curiosa, en la Avenida de las Américas.  Pero una cosa es lamentar un cambio y otra muy diferente es pretender que el propietario de un inmueble, o de una obra de arte, no pueda disponer de ella como corresponde, sólo porque un grupo de interés estima que no deba hacerlo….o peor aún, pretender que no tenga derecho a hacerlo.

Por otro lado, ¿sábes qué ocurrirá si prevalece la idea de que en la arquitectura (y en el arte en general) el propietario debe estar sometido a los intereses colectivos? Pues pasará que ya no habrá incentivos para hacer buena arquitectura, o para incluir obras de arte en casas y edificios. ¿Quién querría correr el riesgo de que luego, la gente no lo deje modificar el inmueble, o demolerlo cuando fuera necesario? Sacarán del mercado a los buenos arquitectos y artistas.

El arquitecto de la casa en cuestión, por cierto es Carlos Haeussler.

Hay precedentes en casos como el del mural de Mérida.  En la Quinta avenida y 16 calle de la zona 1 murales de Roberto González Goyri fueron removidos y luego vueltos a colocar en un edificio que fue remodelado.  Pero tengo entendido que fue por voluntad de sus propietarios y no por algún tipo de intervención estatista a modo de coacción.  ¿Fue así?

De cualquier manera, si alguien cree que el mural merece ser conservado, ¿qué es lo que corresponde? Que lo compre y que haga lo necesario para conservarlo cuando sea de su propiedad.  La compra puede ser individual, o por medio de algún tipo de acción colectiva, incluyendo el crowdfunding.  Lo que no se vale es imponer valores, preferencias y necesidades sobre otros.

La foto 1 la tomé de Fotos antiguas de Guatemala.


27
Jul 17

¡Volvieron los murales de González Goyri!

Para  nada soy fan de eso que la gente llama arte abstracto; y entiendo que los derechos individuales deben prevalecer sobre los intereses colectivos.  Sin embargo, lamenté en su momento la remoción de unos murales de Roberto González Goyri, de un edificio de la zona 1.  Y me alegra que hoy vayan a ser reinaugurados, luego de volver a su lugar.

Esta es la historia de por qué.

En 1976 yo recibía clases de mecanografía en un colegio que está situado a dos cuadras del parque Enrique Gómez Carrillo y la camioneta Uno me dejaba en ese lugar.  En una de tantas pasadas vi para arriba y en el edificio localizado en la Quinta avenida y Quince calle noté unos murales firmados por Roberto González Goyri, uno de los más notables, admirados y respetados artistas guatemaltecos. Hay murales bellísimos suyos en el Banco de Guatemala, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y otros edificios.  El Tecún Uman monumental de la zona 13 es del maestro.

A lo largo del proceso de deterioro de la zona 1 a veces pasaba por mi mente el hecho de que era notable que aquellas obras de arte estuvieran por ahí sin que nadie -aparentemente- reparara en ellas.  En medio de la fealdad y de la inmundicia del área, y aunque artisticamente  no fueran de mi gusto, era bonito saber que estaban ahí.  Y me hubiera gustado que se quedaran ahí. En esa cuadra estaba  la casa de mi bisabuela, Gilberta a principios del siglo XX, lo cual le añadía encanto a todo el asunto.

Los murales fueron removidos hace dos años y los clamores, las vestiduras rasgadas, los puños cerrados y el crugir de dientes a causa su eliminación no se hicieron esperar. A  mucha gente le  gusta pensar que ciertas obras de arte, incluidas las de arquitectura, no son propiedad de sus propietarios, sino que son algo así como propiedad de todos. Esa forma colectivista de ver las cosas supone que si algo es del gusto de algún colectivo, su propietario no puede disponer de él.  Sucedió hace poco con las estructuras de una gasolinera en la Avenida de las Américas y sucedió hace ratales con un mural pintado en un teatro.

Hace años, yo mismo lamentaba la destrucción de varias casas de arquitectura extraordinaria y cincuentera, que estaban ubicadas en la Avenida de la Reforma, y que fueron sustituidas por edificios.  Pero una cosa es lamentar un cambio; y otra muy diferente es pretender que el propietario de un inmueble, o de una obra de arte, no pueda disponer de ella como corresponde, sólo porque un grupo de interés estima que no deba hacerlo….o peor aún, que no tenga derecho a hacerlo.

La pretensión de que los propietarios de un edificio (o de una obra de arte) no pueden cambiarlo porque hay un grupo que valora  el edificio (o la obra de arte)  parte de la pretensión arrogante de que todos deben valorar lo mismo; y parte de la pretensión peligrosa de que lo tuyo, no es tuyo.  Si prevaleciera el criterio de que los propietarios de una obra de arte en un edificio no pueden alterarla, se crearía un incentivo perverso: el de que es mejor no añadir obras de arte a los edificios para no correr el riesgo de que luego, haya gente que disponga que no se pueden alterar la obra de arte, ni el edificio.

Lamenté la sustitución de los murales del maestro González Goyri por azulejos anodinos; pero respeto el derecho de los propietarios de los murales no sólo a tener gustos distintos a los míos, sino a disponer de su propiedad como le convenga. ¿Por qué? Porque ya lo dijo Benito Juárez: el respeto al derecho ajeno es la paz.


15
Feb 17

Los murales de González Goyri están de vuelta

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En noviembre de 2015 de armó un alboroto porque los murales del edificio ubicado en la Quinta avenida y 16 calle de la zona 1 -por maestro Roberto González Goyri– habían sido removidos.  El lunes pasé por ahí y vi que ya están de vuelta, y me dio mucha alegría.  En la foto no se ven; pero están detrás de los andamios.

En su momento lamenté la sustitución de los murales de González Goyri por azulejos anodinos; pero explresé mi respeto por el derecho de los propietarios de los murales no sólo a tener gustos distintos a los míos, sino a disponer de su propiedad como le conviniera. ¿Por qué? Porque ya lo dijo Benito Juárez: el respeto al derecho ajeno es la paz.

La pretensión de que los propietarios de un edificio (o de una obra de arte) no pueden cambiarlo porque hay un grupo que valora el edificio (o la obra de arte)  parte de la pretensión arrogante de que todos deben valorar lo mismo; y parte de la pretensión peligrosa de que lo tuyo, no es tuyo.  Si prevaleciera el criterio de que los propietarios de una obra de arte en un edificio no pueden alterarla, se crearía un incentivo perverso: el de que es mejor no añadir obras de arte a los edificios para no correr el riesgo de que luego, haya gente que disponga que no se pueden alterar la obra de arte, ni el edificio.

Dicho lo anterior celebro el retorno de los murales con la esperanza de que no haya sido por la fuerza, ni por la amenaza del uso de la fuerza.

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Hay murales bellísimos de Roberto González Goyri en el Banco de Guatemala, en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y en otros edificios.  El Tecún Uman monumental de la zona 13 es de aquel gran artista.


23
Abr 16

Tala de árboles en Tikal

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En el parque nacional Tikal -que es un área protegida- veintiún personas instalaron un campamento y a lo largo de varios días talaron 15 manzanas de las 60 que tenían planeadas.

Al ser capturados, los depredadores jugaron su mejor carta: no son invasores, dijeron, pues sólo buscan un pedazo de tierra para trabajarlo,  Pidieron comprensión del gobierno para que se les deje libres y que les concedan tierras para que puedan darles de comer a sus hijos.  En el área, once incendios han sido localizados entre Tikal y Yaxhá, ocasionados por personas que tienen la intención de invadir y asentarse por allí. La usurpación, tala y quema de áreas protegidas, en Petén es algo muy común.

Claro, si tu sabes que lo que es de todos no es de nadie y conoces la tragedia de los comunes, aquello no te va a sorprender.  La tragedia de los comunes sucede cuando  varios individuos, motivados por sus intereses de corto plazo, destruyen un recurso compartido -que es común o de todos- aún cuando claramente es el caso de que no resulta en su interés de largo plazo que ocurra aquella destrucción.

Tikal, Yaxhá, la Laguna del tigre, el reino Kan, Amatitlán, Atitlán, ríos en Izabal y en la Costa Sur están siendo invadidos, talados, quemados, depredados, contaminados, envenenados, desviados y mucho más a pesar de la propaganda irresponsable que promueve, contra toda evidencia, ideas como la de que el colectivismo y el estatismo son las mejores vías para conservar bosques y cuencas.

¿Qué crees que ocurriría si 21 personas acamparan durante varios días y talaran 15 manzanas de un bosque privado?  Voy a aventurarme a decir que no estarían ahí durante días y que no lograrían talar más de unos pocos árboles.  Voy a aventurarme a decir que serían rápidamente denunciados, capturados y procesados de acuerdo con la ley.  Y que la destrucción que estaban ocasionando se detendría ahí.

Pero también voy a atreverme a suponer que, velozmente, grupos de oenegeros gritarían que los taladores son pobrecitos campesinos, que son perseguidos políticos y que siendo que el alimento es un derecho su captura es un crimen contra la humanidad. Clamarían al cielo y acudirían al discurso de odio y elevarían los niveles de conflictividad.

La falta de derechos de propiedad claros y sólidos, definidos y defendiblels, la colectivización y la estatización, hacen posibles talas, contaminaciones y otros males que están destruyendo bosques y cuencas.

La foto es de la selva de Petén desde lo alto de la pirámide de El tigre, en El mirador.


22
Abr 16

Es en serio: #AguasConLaLeyDe Aguas

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Escucha el podcast aquí.

Decenas de decenas de desvíos de ríos en la Costa Sur ubicó el Ministerio de Ambiente.  El problema, señaló el titular de la cartera, es que poblaciones que viven río abajo pasan hambre, por la mala calidad del agua que les llega, después de que el río recobra su cauce, pero contaminado.  Así lo reportó Prensa Libre.

¿Sabes por qué es que hay gente que desvía ríos y no le da pena hacerlo? Por la misma razón que los elefantes se están extinguiendo en la mayoría de países de Africa, y no se están extinguiendo en India.  Por la misma razón que –a pesar de que comemos pollo y huevos– las gallinas y los gallos no se extinguen.  En Africa los elefantes son de todos, son del estado (como el agua en Guatemala); en tanto que en India los elefantes tienen propietarios específicos que tienen interés en su conservación.  Lo mismo ocurre con las gallinas y los gallos, que no se extinguen porque sus propietarios tienen intereses de largo plazo en su conservación saludable.

Si en India alguien mata tu elefante, ¿qué harías? Si fueras criador de pollos y alguien envenenara, o se llevara tus aves, ¿qué harías? Si tu vecino corriera la cerca que separa tu jardín del suyo en perjuicio tuyo, ¿qué harías? Si alguien se llevara el agua de tu depósito (agua que ya pagaste y es tuya) ¿qué harías?  Puedes proteger lo tuyo y puedes reclamar daños y perjuicios judicialmente, si alguien te los causa, porque lo tuyo es tuyo.  Pero, aquí, los ríos, los mantos acuíferos y similares son de todos (así en abstracto)…y lo que es de todos, no es de nadie.  Sin derechos de propiedad claros y seguros, ¿a quién y cómo le reclamas si desvía el río que es del estado (así en abstracto)?  Si vives río abajo y el vecino de río arriba desvía el río que también es tuyo (así en concreto), puedes defender tu derecho porque tienes un título para hacerlo.

Una ley de aguas que colectivice los recursos hídricos, que descarte la propiedad de los mismos y los estatice es una condena de miseria y muerte para los más pobres y vulnerables. ¿Te atreves a averiguar por qué, o vas a seguir dejándote manipular por el discurso de odio de los colectivistas? Te invito a que visites www.redrana.org

Esta columna fue publicada en elPeriódico.


26
Feb 16

¡Aguas! con las aguas

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Puedes escuchar el podcast aquí.

Dos fiscalías especiales, del Ministerio Público, investigan el desvío de los ríos Madre Vieja y Achiguate.  En Quetzaltenango hay protestas por el desvío del río La flor.  En Totonicapán hay conflictos por la venta de pajas de agua.

Debido a historias como aquellas, la reacción de algunas personas es la de que “debería haber una ley para que el agua sea de todos”.  Ya sabes, porque el agua es fuente de vida y así.  Sin embargo, el agua potable, o el agua apropiada para la agricultura no son escasas porque el agua no abunde (de hecho, el agua abunda); lo que pasa es que no siempre está donde se la necesita, cuando se la necesita y en las condiciones que se las necesita.  Por eso decimos que el agua es un recurso económico; y como recurso económico, que es, debe ser producida y transportada.  Si el agua es de todos, entonces es de nadie; y esa es una de las causas más importantes de la escasez, y ciertamente una de las causas más importantes de conflictos.

En el mundo, más de un millardo de personas no tiene acceso a agua limpia a pesar de que el 97 por ciento del agua –en países donde abunda la pobreza– es proveída por entidades estatales.  O quizás es por eso.

En el libro Water for sale (que seguramente querrás leer y está en español aquí), Fredrik Segerfeldt comparte ejemplos de Macao, Buenos Aires, Guinea y otros.  Los derechos de propiedad bien definidos, sobre el agua, reducen significativamente los riesgos de conflictos y no es cierto que aquellos perjudiquen a los más pobres.  En el artículo De la tragedia de los ríos comunes, por Jorge Chapas, en http://goo.gl/ywPe2I puedes conocer un tipo de solución llamada Intercambio de derechos.

En Guatemala hasta los mendigos tienen teléfonos móviles gracias a la desestatización de las telecomunicaciones. La colectivización y el estatismo fracasan en proveer de agua a los pobres, como fracasan en darles buena educación, y fracasaban en proveerlos con teléfonos.

Columna publicada en elPeriódicoy la foto es del río Jordán, en Huehuetenango.