02
Jul 19

Di No al racismo

Cuando lo leí tuve que darle una segunda leída porque no lo podía creer: Sólo destruyendo el sistema y a nuestros enemigos de raza y clase tendremos la posibilidad de construir algo propio, que nos devuelva la dignidad que nos han arrebatado, escribió la columnista, Sandra Xinico Batz.

No lo podía creer porque entre todos los desatinos que uno lee, ¿quién se había atrevido a exponer, así de pelado, un mensaje con tanto odio racial y clasista? ¿Cuándo fue la última vez que leíste algo asi de violento?

La ilustración la tomé de Facebook.

El párrafo en cuestión habla de destrucción y de enemigos; de enemigos de raza y clase.  Sin ánimo de exagerar, ¿a tí no te recordó la definición de genocidio? Es decir cualquiera de los actos perpetrados con la intención de “destruir”, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, “racial” o religioso “como tal”. El lenguaje evoca el tipo de disposición anímica en el que germinan ideas perversas como la solución final al problema judío, es el tipo de frase que a uno no le extrañaría oír de boca de Heinrich Himmler, o de Adolf Eichmann en el contexto de las leyes de Nüremberg, o la Noche de los cristales rotos.  Es el tipo de lenguaje que  a uno no le extrañaría oir en boca de Josef Satlin en el contexto del Holodomor, que es el genocidio ucraniano.

Léela otra vez y ahora hazlo en voz alta: Sólo destruyendo el sistema y a nuestros enemigos de raza y clase tendremos la posibilidad de construir algo propio, que nos devuelva la dignidad que nos han arrebatado.  E imagínate diciéndola en la noche, en un podio, frenta a miles de seguidores que portan antorchas encendidas.

En otros contextos, frases como Sólo destruyendo el sistema y a nuestros enemigos de raza y clase tendremos la posibilidad de construir algo propio, que nos devuelva la dignidad que nos han arrebatado, evocan acciones como los plaasaanvalle o ataques a fincas en Sudáfrica. Estos consisten en actos de violencia como asaltos, robos e incluso asesinatos que ocurren en fincas cuyos propietarios son blancos y contra los trabajadores de esas fincas, que usualmente son negros…¿por colaboracionistas?  Asímismo, la aspiración de construir algo propio, que devuelva la dignidad arrebatada, evoca experimentos sociales como la ujamaa, de Julius Nyerere, un programa de colectivización de carácter africano -propio y dignificador- que empobreció a los tanzanos.

¿Hay, en Guatemala, una dirigencia indigenista comprometida con el colectivismo totalitario que anhela destruir a sus enemigos de raza y clase?  Hace poco escuchamos a la secretaria general del partido Winaq, Sonia Gutiérrez, elogiar a Hugo Chávez, al chavismo y a su revolución bolivariana que inspira y motiva al movimiento político citado.

En esta línea de ideas, ¿qué rol cumplen los graduados de la Académia de Formación Política Hugo Chavez, que funciona en la Universidad de San Carlos de Guatemala? ¿Cumplen algún rol, o están en otras cosas? En 2017 se graduó la primera cohorte -de 50 miembros- de aquel proyecto. ¿Qué hacen y dónde están? ¿A quiénes capacitan? ¿De dónde sale el dinero para pagarles?

Practicado por quien lo practique, el racismo es un problema real que hay que estudiar con objetividad y honestidad.  Su práctica es insensata, si no estúpida, porque lleva a juzgar a las personas con base en datos irrelevantes; y por lo tanto hace que los juicios derivados de esa perspectiva sean inútiles. Si no entendemos el fenómeno y es instrumentalizado con propósitos ideológicos y políticos, perdemos la oportunidad de resolverlo.

En ese contexto yo no banalizaría la frase que le da orígen a estas meditaciones y a su contexto; porque toda revolución ha sido precedida por un intenso trabajo…de penetración culturalescribió  Antonio Gramsci; y yo añado que en detrimento de los derechos individuales.

Entrada publicada en Centranews.


20
Jun 19

¿En qué son pobres los pobres?

Los pobres no son pobres porque quieren, ni porque invierten en cosas de mala calidad, ni porque compran cachivaches como decía Susanita, la de Mafalda.  Tampoco son pobres porque tienen pocos años de escolaridad, porque viven hacinados, o por el tipo de combustible que usan para cocinar.  En aquello pensé cuando leí el Indice de Pobreza Multdimensional.

La infografía es de Prensa Libre.

La pobreza, eso sí, es la condición natural del ser humano; pero entiéndase natural, no como buena, o apropiada (aquí no estamos hablando de natural como el agua de manantial).  Es natural en el sentido de que todos nacemos desnuditos. La riqueza (que es lo opuesto a la pobreza y es la abundancia de recursos económicos) hay que crearla.  ¿Hasta qué punto? Hasta el punto de que la tierra no es riqueza hasta que alguien descubre cómo sembrar en ella algo que otros valoren y descubre cómo transportarlo y comercializarlo de modo que lo cultivado y cosechado genere más y más valor. El oro en una montaña no es riqueza hasta que alguien lo saca y lo vende; y todavía es más riqueza si alguien lo convierte en un anillo, o en un chip. La riqueza, pues, es lo que no es natural; es artificial, se hace, se crea, se produce.

¿Para qué es útil la riqueza? Para satisfacer las necesidades.  Los servicios de salud son necesidades, de la misma forma que lo son la alimentación y el cuidado prenatal, la educación, la vivienda apropiada, la energía, el agua potable y otras condiciones para la buena vida. Las necesidades se satisfacen con recursos económicos que, aunque son escasos en el tiempo y en el espacio, son multiplicables con los debidos talentos y esfuerzos, en las condiciones apropiadas.

Sin trabajo, ahorro, capitalización y productividad es imposible multiplicar los recursos económicos necesarios para satisfacer las necesidades.  Por donde lo veas, no puede haber, por ejemplo, cuidado prenatal, agua potable exactamente donde se la necesita, ni energía eléctrica si no hay con qué pagarlos, y si no hay recursos económicos para ofrecerlos y generarlos, o producirlos. Nada de eso es natural.

Y, ¿qué hay de las condiciones necesarias para que los talentos y esfuerzos multipliquen los recudrsos económicos escasos, tan necesarios para satisfacer necesidades? Entre otras, esas condiciones son: respeto a los derechos individuales de todas las personas por igual; división del trabajo; mercado, seguridad y justicia; y autoridad neutral.  Nada de eso es natural y en ese contexto a nadie debería extrañerle la afirmación de que la riqueza, la prosperidad y el bienestar son productos de la civilización.

Los pobres, pues, no son pobres porque no tienen estudios, porque viven amontonados, o porque no comen bien.  Son pobres porque no tienen los recursos económicos necesarios para pagar estudios, mejorar sus lugares de habitación y comer mejor.  De ahí que la mejor política social es un buen empleo, o, mejor aún: una buena oportunidad para emprender; pero, ¿de dónde salen los buenos empleos? No de los congresos y de sus decretos, ciertamente, sino de las inversiones productivas que se hacen con la capitalización del ahorro en un ambiente civilizado. De hecho, ¿de qué sirve tener escolaridad elevada, si no hay donde darle buen uso? Lo demás son papas y pan pintados.

Los pobres son pobres porque se castiga el ahorro, hay obstáculos para la capitalización, la productividad está bajo asedio y no se valora la civilización.

Esta entrada también fue publicada en Centranews.