05
Ene 10

Los investigables, la Cicig y el estado de derecho

Cuando objeté, desde el principio, a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, y a su predecesora la nonata Ciciacs, lo hice sobre dos asuntos que me parecían muy negativos e inquietantes:


1. La manía chapina de no resolver las cosas y esperar que otros limpien lo que ensuciamos; y
2. El peligro de crear una superpolicía política al estilo de la KGB, la Stasi, o la Gestapo.

Ya lo primero se vio cuando -sin la concurrencia de la Cicig- la sociedad civil chapina no hubiera podido controlar a las mafias durante la elección de magistrados en el Organismo Judicial; y se está viendo porque, parece evidente que esa comisión es la que empuja la investigación de casos criminales de alto impacto político.

Lo segundo ya se perfila en este último contexto y ha sido muy bien explicado por Gabriel Orellana en su artículo Los investigables; mismo que, por su importancia y claridad, me permito reproducir en este espacio.

El “Diario de Centro América” del 22.12.09 tiene una particular importancia: es el periódico oficial del Gobierno de Guatemala. Este es el medio que informa que la abogada Yolanda Pérez se dirigió al Presidente del Organismo Judicial, “en nombre de Carlos Castresana, jefe de la Cicig”, para comunicarle “que la mencionada institución investigaba a los ex magistrados (de la Corte Suprema de Justicia, supongo)”, motivo por el cual “no estaba de acuerdo con el nombramiento de Vladimir Aguilar”. De esta cuenta es que, así como en Colombia se desarrolló el concepto de “los extraditables”, la Cicig trajo para Guatemala el de “los investigables”, grotesca negación del Estado de Derecho.

Son personas que, sin estar sometidas a proceso legal, con la complicidad del Estado de Guatemala, han sido privadas, de facto, de los derechos que tienen en cuanto seres humanos. Destaco, a título de ejemplo, su derecho a igual protección ante la ley; su derecho para optar a cargos y puestos públicos; su derecho a la seguridad jurídica; su derecho a la dignidad, y su derecho al desarrollo integral de la personal. Y empeora su situación el que sea por un tiempo incierto e indefinido, porque aun asumiendo que se trate de investigaciones realizadas de buena fe, vaya usted a saber cuánto tiempo consumirá la Cicig en concluirlas. Grave es también que ya en la sentencia proferida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos el 24.11.09 (“Caso de la Masacre de las Dos Erres Vs Guatemala”), nuestro Gobierno admitió que, en Guatemala, el derecho a tener un juicio “dentro de un plazo razonable” es una quimera. Y por si lo anterior fuera poco, la CC se ha negado a tramitar las acciones de amparo en contra de la Cicig.

26
May 07

¡Diana, diana; chin, chin, chin!

En derecho, y en justicia, la Corte de Constitucionalidad suspendió provisionalmente la convocatoria hecha por el Tribunal Supremo Electoral para elegir diputados al Parlamento Centroamericano.

De acuerdo con la convocatoria a elecciones generales, hecha por el TSE, los guatemaltecos deberíamos elegir presidente y vicepresidente, alcaldes, y diputados el próximo 9 de septiembre. Y entre estos últimos se contaban los diputados de aquel órgano istmeño. Durante esos comicios, en la papeleta correspondiente, yo pensaba anular mi voto y escribir: “¡Cierren esa vaina!”. Y para ello hay dos razones principales.

La primera es que el Parlacen es un elefante blanco que, en el mejor de los casos, resulta oneroso para los tributarios; pero en el peor de aquellos es un santuario para exgobernantes cuestionables. Imagínese usted que ahora resulta que Alfonso Portillo quiere su curul de diputado centroamericano y que si la obtiene, quedaría inmune a los cargos que se le imputan. Imagínese que en febrero del año pasado el órgano de debía al expresidente prófugo poco más de $30 mil.

Se estima que cada diputado recibe unos $1200 al mes; y sepa que usted, como tributario, contribuye con su trabajo a pagar los poco más o menos $1.9 millones anuales que el gobierno de Guatemala le da al Parlacen.

La segunda es que se corre el riesgo de que aquel ñaque, se convierta en un órgano cuyas decisiones sean vinculantes. Ya está pasando que el Presidente Oscar Berger, le ha ofrecido un terreno para que mejore su sede. Un día de estos y tenemos a los diputados del Parlacen produciendo resoluciones y normativas como si fueran salchichas, en abierta competencia con la exhuberancia legislativa del parlamento local.

Pero hay otras cosas que indignaban mucho en cuanto a la convocatoria que fue suspendida por la CC:

Si hubiera quedado firme el llamado a elecciones, tal y como lo hizo el TSE, los 40 candidatos ganadores, entre titulares y suplentes, hubieran gozado de inmunidad desde el momento de su inscripción como candidatos hasta 2016, año en el que hubieran tenido que entregar su curul.

Entre 2007 y 2011 los diputados electos hubieran tenido inmunidad, ¡sin siquiera haber tomado posesión de sus lugares en el Parlacen! ¿Qué le dice a usted que, en una de tantas, a alguien no se le hubiera ocurrido darles un sueldito para mientras?

Eso sí, algo que fue determinante para la resolución de la Corte es que quien interpuso la acción de inconstitucionalidad, el abogado Gabriel Orellana, argumentó que al convocar estas elecciones se excluía arbitrariamente a los guatemaltecos que en este momento no son ciudadanos, por no tener por lo menos 18 años, y que en 2011 hubieran podido optar al cargo. Y por supuesto que, como son nulas ipso jure las leyes y las disposiciones que disminuyan, restrinjan o tergiversen los derechos que garantiza la Constitución -incluidos los derechos a elegir y ser electo- la Corte falló como lo hizo.

Cuando yo era niño, y mi tía abuela La Mamita creía que algo que yo había hecho merecía una fanfarria, ella cantaba con mucha gracia y entusiasmo algo así como “¡Diana, diana, chin, chin, chin; con tambores y violín!” Pues bien, creo que en esta ocasión esa tonada se la merece la Corte de Constitucionalidad.

Dicho aquello recordemos que los electores y los tributarios guatemaltecos tenemos la tarea más importante pendiente. Entre este momento y 2011 tenemos que decidir si queremos seguir pagando el costo del Parlamento Centroamericano y de sus diputados. A lo mejor tendríamos que empezar a manifestar expresamente nuestro rechazo a la impunidad, el desperdicio y el cinismo. A lo mejor habría que ser menos complacientes con los europeos y con los burócratas internacionales que oxigenan y animan aquel innecesario drenaje de recursos escasos. Usted, ¿qué opina?

Publicada en Prensa Libre el sábado 26 de mayo de 2007