Los motoristas que circulan sobre las banquetas son una plaga, principalmente porque ponen en peligro la vida y la integridad física de los peatones. A muchos motoristas no les basta con circular a toda velocidad y de forma irrespetuosa entre los vehículos sobre las calles (a veces causando daños), sino que toman la decisión consciente de encaramarse a las aceras, también como almas que llevan el diablo.

Una vez restaurado el orden las banquetas son más seguras para los peatones. Que interesante que Grok puso a un peatón en la calle, porque los viandantes que no usan las banquetas también son peligrosos.
Por eso: ¡ovación de pie! para los operativos de la Policía Municipal de Tránsito de la ciudad de Guatemala, para la aplicación de la legislación de tránsito a la caza de motosimios que circulan sobre los espacios que son para peatones. Tengo entendido que cada vez son más pillados infringiendo aquellas normas, los motoristas tendrán que pagar multas.
Por el bien del flujo del tránsito; pero sobre todo para protección de los peatones, esos operativos deben continuar hasta erradicar la mala práctica de muchos motoristas. Además… no me digan que no es una fuente de ingresos chula para la Municipalidad, una fuente de ingresos que no es expoliación ni injusta.
El monto de las multas no es lo importante; lo relevante es que durante suficiente tiempo para crear una cultura, la mayor cantidad de motoristas infractores enfrenten la responsabilidad de sus decisiones y acciones. ¿Sabes lo que dijo Friedrich A. Hayek que es la función de la responsabilidad? Invitarnos a meditar si estamos dispuestos, o no enfrentar las consecuencias de nuestras acciones.
Además, con respecto a la necesaria sostenibilidad de los operativos, ya desde tiempos de César Beccaria se sabe que para disuadir la comisión de un delito, la certeza y la prontitud de la sanción son mucho más efectivas que la severidad de la misma. Porque si una persona sabe que será castigada inevitablemente, aunque sea de forma leve, se abstendrá de actuar; pero si cree que puede salir impune, se arriesgará incluso a un peso severo. El autor de De los delitos y las penas argumentaba que el exceso de rigor en las leyes a menudo lleva a la impunidad, ya que los jueces dudan en aplicar castigos excesivamente onerosos y la sociedad termina compadeciéndose del delincuente, como en el caso de un pobre muchacho en moto.
Más recientemente, en Las contradicciones del derecho penal, Ricardo Manuel Rojas explica que el derecho penal moderno se obsesiona con subir las penas (más años de prisión, más agravantes, más ejemplaridad) en la creencia de que así disuade. El autor muestra que esto es un error trágico porque genera terrorismo penal (legislativo, o judicial), y al mismo tiempo baja la probabilidad real de que el castigo se aplique. ¿Resultado? El delincuente racional calcula: la pena es durísima… pero hay muchas posibilidades de que no me pase nada y la esperanza de impunidad anula la amenaza. Por eso Rojas habla de un sistema que produce amenazas vacías. Aunque Rojas se refiere al derecho penal, la misma meditación se aplica a la aplicación de multas para las infracciones que nos ocupan.
Siguiendo el análisis económico de Gary Becker, Rojas explica que el potencial infractor evalúa el costo esperado del delito frente a la probabilidad de ser descubierto y sancionado. Si la probabilidad tiende a cero, aunque la sanción sea draconiana, el costo esperado se acerca a cero. En cambio, una sanción moderada, pero cierta, eleva dramáticamente ese costo esperado y, por tanto, reduce la comisión de delitos, o infracciones.
Los operativos deben continuar y ser implacables porque no es que el castigo deba ser más duro, sino que debe ser más seguro. La certeza transforma la amenaza en algo real y previsible, mientras que la mera severidad, sin certeza, solo sirve de propaganda política y para justificar un Estado cada vez más intrusivo.
Columna ublicada en República.























