Anda por ahí la idea de que, como muchas democracias parecen incapaces de resolver problemas básicos o ejecutar obras urgentes sin años de disputas politiqueras —lo vemos en Guatemala, Latinoamérica, pero especialmente en Europa y Estados Unidos—, lo que se necesita es un modelo chino de partido único, verticalista y autoritario (cuando no totalitario).

Hay un contraste brutal entre la China de las postales y para los visitantes, y la China real. La ilustración es de Grok.
Algunos creen que porque el régimen del Partido Comunista Chino permite la actividad empresarial, la suya es una forma de capitalismo; pero esto es un error grave. Donde se vive mayoritariamente por permisos y privilegios, no se vive por derechos, ¿y qué es lo que caracteriza principalmente al capitalismo? Un generalizado respeto a los derechos humanos. Respeto que suele ser minado por el socialismo y el mercantilismo de toda la vida, y por el estatismo.
El de Pekín es un régimen criminal con edificios, infraestructura y luces que apantallan. Con seguridad, organización y disciplina asiáticas. Y de China conocemos lo que el PCC quiere que conozcamos. Pero hay una China que a los visitantes occidentales ni les gusta conocer, ni se los invita a conocer: una China en la que el régimen del PCC prioriza el control absoluto del Partido, la asimilación forzada y la represión transnacional, con impunidad generalizada.
Crímenes de lesa humanidad y genocidio cultural en Xinjiang (contra uigures y otras minorías): Detenciones masivas arbitrarias (más de un millón en campos de reeducación), tortura, trabajo forzado, esterilizaciones forzadas, abortos coercitivos, separación familiar, vigilancia masiva y destrucción cultural/religiosa. Cientos de miles siguen encarcelados sin debido proceso.
Represión sistemática en Tíbet: Asimilación forzada de niños tibetanos en internados (más de un millón), restricciones a la lengua, cultura y religión, vigilancia extrema, detenciones arbitrarias y reeducación política. Se viola el derecho a la identidad cultural y a la libertad religiosa.
Desmantelamiento de libertades en Hong Kong: Ley de Seguridad Nacional impuesta por Pekín que criminaliza la disidencia, con detenciones de activistas prodemocracia (como el héroe Jimmy Lai), censura, erosión de la autonomía y juicios políticos.
Censura extrema y violación de la libertad de expresión: Control total de internet (Gran Firewall), vigilancia masiva (reconocimiento facial, apps obligatorias), desapariciones forzadas de críticos, periodistas y bloggers. Cientos de periodistas y defensores presos. Represión de cualquier tema sensible (Tiananmen, Taiwán, Covid, y más.).
Detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y tortura: Uso sistemático de vigilancia residencial en ubicación designada (detención secreta), tortura en custodia y falta de independencia judicial. Afecta a defensores de derechos humanos, abogados (crackdown 709) y disidentes.
Represión transnacional y extraterritorial: Acoso, vigilancia y amenazas a disidentes, uigures, tibetanos y hongkoneses en el extranjero, incluyendo coerción a familiares en China, extradiciones forzadas y campañas de intimidación. Incluye hostigamiento en la ONU y terceros países.
Trabajo forzado y explotación laboral: Programas de transferencia laboral. que afectan a minorías étnicas (uigures, tibetanos) en fábricas de toda China, vinculados a cadenas de suministro globales. Constituye esclavitud moderna según expertos.
Restricciones a la libertad de asociación, reunión y derechos laborales: Prohibición de sindicatos independientes, represión de protestas (incluso no políticas), disolución de ONGs y criminalización de activismo laboral.
Uso masivo de la pena de muerte y falta de debido proceso: Miles de ejecuciones anuales (cifras secretas), incluyendo por delitos no violentos como corrupción. Juicios políticos sin garantías, con confesiones forzadas y falta de transparencia. En este espacio me he expresado a favor de la pena de muerte para casos específicos; pero no en favor de su uso masivo y menos, ¡menos! en violación del debido proceso.
El embrujo chino brilla mientras uno mira solo las luces de Shanghái. Cuando se apagan, queda la oscuridad del control absoluto. Otro día, si quieres, podemos hablar de los costos ambientales de las maravillas del PCC en China.
























