Alí Jamenei y buena parte de la plana mayor del régimen islamista que tenía secuestrado Irán, fue eliminada hoy durante un operativo asombroso, llamado León Rugiente, llevado a cabo por Israel y los Estados Unidos de América.
Jamenei, como dijo el príncipe Reza Pahlevi, fue un déspota sanguinario, asesino de decenas de miles de los hijos e hijas más valientes de Irán, ha sido borrado de la faz de la historia. Con su muerte, la República Islámica ha llegado a su fin y muy pronto será relegada al basurero de la historia.
Por su parte, Donald Trump expresó que Jamenei, fue una de las personas más malvadas de la historia. Esto no solo es justicia para el pueblo de Irán, sino para todas las personas que fueron asesinadas, o mutiladas por él y el régimen que encabezaba.
Benjamin Nethanyahu, explicó que la República Islámica pisoteó a los ciudadanos de su país, infundió miedo en los pueblos de la región, extendió una vasta red de terror por todo el mundo, invirtió enormes recursos en el desarrollo de bombas atómicas y decenas de miles de misiles con la intención, según su propia definición, de borrar a Israel del mapa del mundo. También armó a los agentes terroristas que nos rodean en Gaza, Líbano, Siria, Irak, Yemen, Judea y Samaria, y derramó nuestra sangre.
El título ominoso de asesino y malvado no es sólo por los entre 7,000 y 30,000 asesinados estimados durante la represión contra las manifestaciones que llevaron a la operación León Rugiente que acabó con Jamenei y muchos de sus secuaces. También por los 41,800 arrestos, desapariciones forzadas, y ejecuciones secretas. La organización Human Rights Watch describe masacres a nivel nacional desde el 8 de enero, con evidencias de disparos a quemarropa en pecho, ojos y genitales. Con razón el pueblo de Irán celebra lo ocurrido hoy.
Vaya uno a saber cuántos asesinados, torturados, desaparecidos y presos injustamente ha habido desde que Jimmy Carter, Francois Mitterrand y sus cómplices les entregaron Irán a los ayatolás.
La administración semillera/raicera de Guatemala se apresuró a apoyar al mal. El Ministerio de Relaciones Exteriores indicó que el Gobierno de Guatemala expresa su profunda preocupación ante la escalada bélica e instó a los involucrados a tomar en consideración el derecho internacional y ejercer su máxima moderación para evitar mayores daños en infraestructura y, principalmente, vidas humanas. Cómo si el llamado derecho internacional hubiera hecho algo por los asesinados desde enero, por las mujeres vejadas y deshumanizadas, o por los gays ejecutados a manos de los esbirros de Jamenei. Como si las vidas de los millones de iraníes aplastados por la República Islámica desde 1979 no tuvieran valor alguno.
La cancillería indicó que las embajadas guatemaltecas en la región mantienen un monitoreo de la evolución de la situación, lo que sin duda alguna les dio alivio a los guatemaltecos. ¡Con qué prisa emitió el comunicado correspondiente el Minex! y por eso da la impresión que para algunos, la paz es cruzarse de brazos frente a la tiranía, cuando no sea apoyarla de forma velada.
A pesar de la tibieza de la administración de Bernardo Arévalo -que no es un socio confiable de Israel, ni de los Estados Unidos de América- los iraníes tienen la oportunidad sin precedentes de librarse de las ideas e instituciones (en el sentido hayekiano de sistemas de normas generales que guían el comportamiento humano en sociedad) que los han esclavizado durante casi cinco décadas. Jamenei y muchos de sus secuaces ya están muertos; pero eso no es suficiente para asegurar la libertad ya que la tiranía viene no sólo de un régimen particular, sino de las ideas e instituciones que lo hicieron posible…y pueden hacerlo posible de nuevo.
Mientras tanto, en casa celebramos el fin de Jamenei y su gavilla con un par de tequilas acompañados por sangrita, de acuerdo con la receta de mi abuelita Frances: cebolla picada fino, salsa inglesa, jugo de naranja y kétchup.
Y que el rugido de la libertad siga resonando, sin ayatolás que lo apaguen.


















