16
Feb 22

¡Que temblorón el de anoche!

 

El temblor de anoche estuvo tan fuerte que me desequilibró cuando me dirigía a tomar vídeo del movimiento, fue la primera vez -desde no me acuerdo cuándo- que sentí que el piso era como liquido.

Como siempre me levanté inmediatamente y me dirigí a la sala para grabar el movimiento de un espejo.  Como vivo en un piso 11 está descartado eso de salir corriendo. En casa no hubo daños pero leí que a un cuate se le abrió la puerta del refrigerador y se salieron cosas.

Haz clic en la foto para ver el vídeo y escuchar el sonido.

Fue de 6.2 y el epicentro fue al sur de Nueva Concepción, Escuintla.

¿Ya tienes tu kit de terremoto? En casa tenemos carpas, bolsas de dormir y catres de campaña…pero a diferencia de lo que ocurría en 1976 no tenemos dónde establecernos con seguridad.  Eso sí, tenemos nuestras mochilas con algo de ropa, algo de alimentos y agua, dinero en efectivo, linternas, baterías, radio, medicinas imprescindibles y algo para primeros auxilios, fósforos, pañuelos desechables, navajas, copias de documentos importantes y pasaportes. Yo tengo una anforita con vodka.

Anoche me costo alguito volver a dormir, no por el miedo, sino porque los memes y los cometarios en Twitter estuvieron especialmente divertidos. Aquí hay unos:

Y aquí hay otros.

Hoy llené mi reporte para la U. S. Geological Survey, una costumbre que tengo desde hace años.  Lamentablemente hubo daños materiales en algunas carreteras y poblaciones y también hubo dos fallecidos por infarto, del susto, supongo.


04
Feb 22

A cuarenta y seis años del terremoto del 76

 

En una madrugada como la de hoy, la del 4 de febrero de 1976, yo dormía como tierno; hasta que a las 3:03 a. m.  escuché un ruido como que una locomotora se estuviera aproximando a mi cama, e inmediatamente todo se sacudió.  No se movió…¡se sacudió!

Con ocasión de aquel movimiento telúrico y sus réplicas murieron unas 23,000 personas y 77,000 fueron gravemente heridas.  Mi madre, por cierto, fue voluntaria en el Hospital Roosevelt para atender a personas que quedaron cuadraplégicas como consecuencia del terremoto.

Porque el fenómeno ocurrió en la madrugada, muchas personas murieron en sus casas de adobe; y no hubo caos vehicular en las ciudades.  ¿Te imaginas el caos del tráfico si el próximo terremoto ocurriera en el día mientras estás en tu trabajo y tus hijos están en el colegio?  No es por asustar; pero Guatemala está sobre tres placas tectónicas, está cruzada de fallas geológicas y es atravesada por parte del cinturón de fuego del Pacífico. Además, sabemos que no pasa mucho

¿Estás preparado? ¿Te has puesto de acuerdo con tu pareja sobre qué hacer si están separados ese día? ¿Qué pasará con tus hijos en el colegio, o los colegios? ¿Y con tus padres mayores? ¿Tienes kit de terremoto en tu casa?  Los teléfonos van a estar congestionados, si no es que están completamente inutilizados.

En casa tenemos carpas, bolsas de dormir y catres de campaña…pero a diferencia de lo que ocurría en 1976 no tenemos dónde establecernos con seguridad.  Eso sí, tenemos nuestras mochilas con algo de ropa, algo de alimentos y agua, dinero en efectivo, linternas, baterías, radio, medicinas imprescindibles y algo para primeros auxilios, fósforos, pañuelos desechables, navajas, copias de documentos importantes y pasaportes. Yo tengo una anforita con vodka.

Recuerda que no existen los desastres naturales; sino que son las personas las que incuban los desastres cuando se colocan en situaciones de vulnerabilidad.  En la ciudad de Guatemala, por ejemplo, hay muchas construcciones en situaciones de vulnerabilidad y riesgo. Si vives, o trabajas en una de ellas, ¿cuál es tu plan?

Columna publicada en elPeriódico.


04
Feb 21

¡A 45 años del terremoto de 1976!

Como quien dice nada, ya pasaron 45 años desde el terremoto de 1976 en Guatemala, sismo que dejó 23,000 muertos y 76,000 heridos. Luego de cuatro décadas y media, todavía recuerdo el ruido que me despertó esa madrugada, que era como si un tren se estuviera aproximando a mi cama.

Los que visitan este espacio con frecuencia saben que disfruto los temblores; siempre y cuando no sean el terremoto.  Saben que en casa tenemos dos kits de terremoto en sendas mochilas.

Esto es lo que recuerdo de aquella madrugada fatídica:

Recuerdo que me despertó el sonido horrible como de un tren que pasaba junto a mi cama, y luego el estremecimiento de la tierra. Mi cama se agitaba y yo tardaba en despertar del todo, tratando -al mismo tiempo- de entender qué es lo que estaba ocurriendo.

Cuando cesaron los movimientos me levanté y me vestí. Mientras lo hacía escuchaba los llamados confusos de mis padres y mis hermanos. Una librera había caído sobre la cama de mi hermano, Gustavo. Pero había sido detenida por la cabecera y no lo había lastimado. Mi madre había sacado a mi hermana, Guisela, que era la más pequeña; y mi hermano, Juan Carlos, estaba tratando de sacar a su perro, Manix, de debajo de la cama. Simón, el papá de Manix acompañaba a mis papás como era su costumbre.

Salimos a la calle y todo estaba en orden…excepto los vecinos que también estaban afuera. Mis padres sacaron los carros a la calle y empezaron a sacar de la casa agua, colchas, y seguramente algo de comer.

Al amanecer todo estaba bien a nuestro alrededor. Parecía que no había pasado nada porque todas las casas estaban en pie y el único daño en la nuestra lo había sufrido una botella de Emulsión de Scott que se había caído en el comedor. También habían caído algunas macetas y piezas de una vajilla.

No había teléfonos y no había forma de comunicarse con mis abuelas que vivían del otro lado de la ciudad; así que temprano, con mi papá, fuimos en su busca. Cuando salimos de la zona 15 y llegamos al columpio de Vista Hermosa vimos los primeros daños alarmantes. La carretera estaba quebrada y había derrumbes. Más adelante había una pared colapsada. En la medida en que avanzábamos hacia el Centro y hacia el Norte de la ciudad veíamos más destrucción, y el corazón se me aceleraba.

Recordaba las historias que mi tía abuela, La Mamita, contaba acerca de los terremotos de 1917 y 18. Recordaba historias de la ciudad devastada, de cómo su familia había tenido que ir a acampar al Parque Concordia. Recordaba historias de la escasez de agua y de alimentos y de la gripe española. Todo aquello daba vueltas en mi cabeza.

Llegamos a la zona 3 donde vivían mi abuelita Juanita y La Mamita. Ahí la devastación era casi total. Había casas completamente destruidas y había escombros en las calles. Yo me imaginaba sacando los cuerpos de las dos viejitas… y en fin…fue un inquietante caminar a lo largo de tres, o cuatro cuadras de ripio esparcido en las calles. Se sentían la angustia y la desolación de las personas. Cuando llegamos a su casa, las viejitas estaban bien. La casa estaba resquebrajada pero en pié. Ellas y unas amigas, tomaban café en la sala, con los perros y todo estaba bien. Sacamos a las señoras y nos llevamos lo más necesario antes de dejar cerrado el inmueble.  Luego nos fuimos a la casa de mi abuela Frances. Al llegar a la Avenida Independencia nos enteramos que varias casas se habían ido al barranco y que había muertos. Rápidamente llegamos a la casa de mi abuela, que estaba en perfectas condiciones.

Ahí estaban  mi abuela Frances; Helen, una amiga de ella; mi tía Patricia y mis primos. Luego de constatar que todo estaba bien pasamos gasolina del carro de mi abuela al de mi padre y como yo tragué un poco de combustible en el proceso, fui al enorme congelador de mi abuela y me comí dos panes congelados. Y ese fue mi desayuno.

Entonces volvimos a nuestra casa, con la abuelita Juanita y La Mamita, y mi madre ya tenía todo organizado allá.

Para hacer la historia corta, durante varios días las viejitas durmieron en la sala de la sala de mis padres, mientras que ellos, mis hermanos y yo dormíamos en el jardín en carpas que nos enviaron de Nicaragua unos amigos de mis papas. Yo dormí con mi ropa a la mano durante casi tres años.

¿Estás preparado para el próximo terremoto?


23
Jun 20

Un temblor que se dejó sentir

El temblor de las 9:29 (Central time) se dejó sentir muy bien y duró bastante tiempo.

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Como estaba sentado, trabajando, pude sentir cuando empezó a mecerse el edificio de una manera lenta y sostenida.

El epicentro fue a 12 kilómetros al sur-suroeste de Santa María Zapotitlán, México y su magnitud fue de 7.4. Con razón nos meció por aquí.


04
Feb 20

Cabrakcán y la conmemoración del terremoto

Para los guatemaltecos, El terremoto fue el de 1976 y hoy se cumplen 44 años de aquella tragedia en la que murieron unas 23,000 personas.  ¿Estás preparado para el que viene? Y digo el que viene porque…ya sabes, Guatemala está sobre tres placas tectónicas y cruzada a diestra y siniestra por fallas geológicas activas. Aparte de los volcanes.

Kabrakán, por Guilllermo Grajeda Mena; según el Popol Vuh, él es el hacedor de terremotos.

Hubo un gran simulacro en la ciudad de Guatemala y en la Universidad Francisco Marroquín participamos como un ejercicio educativo y de prevención.  En 1976 yo tenía 15 años de edad y recuerdo muy bien aquella madrugada fatal.  Por eso, quizás, es que siempre me gusta estar listo para un movimiento telúrico de importancia.

En mi casa, por ejemplo, tenemos organizados dos kits de terremoto: estos son es una mochila por habitante con una mudada de ropa,  baterías, linterna, un par de botellas de agua, latas de frijoles, elotes y atún, galletas de soda, antigripal, antialérgico, analgésico, antidiarréico, fósforos, vodka y algo de dinero. También carpas y bolsas de dormir.

No está demás pensar que, si el próximo terremoto fuera en el día:

  • ¿Tienes un plan para reunirte con tu familia que, posiblemente estará dispersa?
  • Los colegios de tus hijos, ¿tienen planes para terremoto? ¿Los han discutido contigo?
  • Tus hijos, ¿saben exactamente que hacer si hay un terremoto y están fuera de casa?
  • ¿Ya tienes tus mochilas de emergencia?
  • En tu trabajo, condominio, o edificio, ¿tienen plan para terremoto?

30
May 19

Este fue un temblorón

¡Chispas!…este ha sido el temblor más fuerte que he sentido recientemente.

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Fue tan intenso que hasta activó la alarma del edificio y durante un segundo me preocupé.  Fue de magnitud 6.6 y el epicentro ocurrió frente a La libertad, El Salvador (a unos 198 kilómetros de la ciudad de Guatemala)  a las 3:03 a.m. como el terremoto de 1976 en Guatemala.


25
Feb 19

Vivencias de los terremotos de 1917-1918

Me encanta cuando la gente es apasionada de la Historia, y disfruta de fotografías y de anécdotas sobre hechos históricos. Por eso disfruté muchísimo la conferencia que ofrecí, el jueves pasado, sobre vivencias de los terremotos de 1917-1918 en Guatemala.

Luis Figueroa en el Ciclo de conferencias Periodista Pedro Julio García, organizado por la Ampeg.  Foto por Mario Rodríguez.

La misma fue en el marco del Ciclo de conferencias periodista Pedro Julio García, organizado por la Asociación de mujeres periodistas y escritoras de Guatemala, cuya junta directiva tuvo la gentileza de invitarme a hablar sobre aquella parte terrible de nuestra Historia.

La de la AMPEG no fue grabada; pero en este enlace encontrarás la versión de esa conferencia que ofrecí en la Universidad Francisco Marroquín, el año pasado, con ocasión del centenario de aquellos movimientos telúricos.

El jueves pasado se llenó al salón principal del Club Italiano donde se celebró la conferencia.  El público estuvo muy animado y participativo. La gente disfrutó la charla y compartió algunas de sus anécdotas familiares.   Hubo un ambiente agradabilísimo que disfrtuté, como disfruto cuando el público es generoso.

¡Gracias, Ampeg!

Este año, el ciclo citado está principalmente a cargo de becarios Fullbright y Hubert H. Hunphrey, y por eso es que tuve el honor de ser invitado.  La conferencia de enero fue presentada por Armín Mazariegos, fue titulada Construyendo sistemas informáticos que perduren en Guatemala y se celebró en el Club Guatemala; la de febrero fue la mía y se celebró en el Club Italiano con el patrocinio de esa organización y de la Societá Dante Alighieri ; y la de marzo tendrá que ver con poesía mexicana y se celebrará en la embajada de México.

El jueves, mi conferencia fue seguida por un encantador recital de jazz y bossa nova a cargo del grupo Scat-Cat y la voz dulce de Dani Toralla.  El mismo incluyó dos canciones que me gustan mucho: Autumn Leaves, de Jerome Kern; y Fly Me to the Moon, de Bart Howard.


04
Feb 19

Terremoto, hace 43 años

¿Conoces a alguna persona que tenga 43 años cumplidos? Pues esa persona nació en 1976 el año en el que los guatemaltecos sufrimos un terremoto que costó 23,000 vidas humanas. Yo estaba por cumplir 15 años de edad.

Si te asustas con los temblores, imagínate como fue aquello que tuvo una magnitud de 7.5 y sus réplicas. Imagínate lo que es despertarte a las 3:03 de la madrugada con la impresión de que un tren entra a tu cuarto.

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Esto es lo que recuerdo de aquella madrugada fatídica:

Recuerdo que me despertó el sonido horrible como de un tren que pasaba junto a mi casa, y luego el estremecimiento de la tierra. Mi cama se agitaba y yo tardaba en despertar del todo, tratando -al mismo tiempo- de entender qué es lo que estaba pasando.

Cuando cesaron los movimientos me levanté y me vestí. Mientras lo hacía escuchaba los llamados confusos de mis padres y mis hermanos. Una librera había caído sobre la cama de mi hermano, Gustavo. Pero había sido detenida por la cabecera y no lo había lastimado. Mi madre, o mi padre habían sacado a mi hermana, Guisela, que era la más pequeña; y mi hermano, Juan Carlos, estaba sacando a su perro, Manix, de debajo de la cama. Simón, el papá de Manix acompañaba a mis papás como era su costumbre.

Salimos a la calle y todo estaba en orden…excepto los vecinos que también estaban afuera. Mis padres sacaron los carros a la calle y empezaron a sacar de la casa agua, colchas, y seguramente algo de comer.

Al amanecer todo estaba bien a nuestro alrededor. Parecía que no había pasado nada porque todas las casas estaban en pie y el único daño en la nuestra lo había sufrido una botella de Emulsión de Scott que se había caído en el comedor.

No había teléfonos y no había forma de comunicarse con mis abuelas que vivían del otro lado de la ciudad; así que temprano, con mi papá, fuimos en su busca. Cuando salimos de la zona 15 y llegamos al columpio de Vista Hermosa vimos los primeros daños alarmantes. La carretera estaba quebrada y había derrumbes. Más adelante había una pared colapsada. En la medida en que avanzábamos hacia el Centro y hacia el Norte de la ciudad veíamos más destrucción, y el corazón se me aceleraba.

Recordaba las historias que mi tía abuela, La Mamita, contaba acerca de los terremotos de 1917 y 18. Recordaba historias de la ciudad devastada, de cómo su familia había tenido que ir a acampar al Parque Concordia. Recordaba historias de la escasez de agua y de alimentos y de la gripe española. Todo aquello daba vueltas en mi cabeza.

Llegamos a la zona 3 donde vivían mi abuelita Juanita y La Mamita. Ahí la devastación era casi total. Había casas completamente destruidas y había escombros en las calles. Yo me imaginaba sacando los cuerpos de las dos viejitas… y en fin…fue un inquietante caminar a lo largo de tres, o cuatro cuadras de ripio esparcido en las calles. Se sentían la angustia y la desolación de las personas. Cuando llegamos a su casa, las viejitas estaban bien. La casa estaba resquebrajada pero en pié. Ellas y unas amigas, tomaban café en la sala, con los perros y todo estaba bien. Sacamos a las señoras y nos llevamos lo más necesario antes de dejar cerrado el inmueble.  Luego nos fuimos a la casa de mi abuela Frances. Al llegar a la Avenida Independencia nos enteramos que varias casas se habían ido al barranco y que había muertos. Rápidamente llegamos a la casa de mi abuela, que estaba en perfectas condiciones.

Ahí estaban  mi abuela Frances; Helen, una amiga de ella; mi tía Patricia y mis primos. Luego de constatar que todo estaba bien pasamos gasolina del carro de mi abuela al de mi padre y como yo tragué un poco de combustible en el proceso, fui al enorme congelador de mi abuela y me comí dos panes congelados. Y ese fue mi desayuno.

Entonces volvimos a nuestra casa, con la abuelita Juanita y La Mamita, y mi madre ya tenía todo organizado allá.

Para hacer la historia corta, durante varios días las viejitas durmieron en la sala de la sala de mis padres, mientras que ellos, mis hermanos y yo dormíamos en el jardín en carpas que nos enviaron de Nicaragua unos amigos de mis papas. Yo dormí con mi ropa a la mano durante casi tres años.

¿Estás preparado para el próximo terremoto?

 


18
Jun 18

Anécdotas de los terremotos de 1917-18

Como consecuencia de los terremotos de 1917-18, la familia de mi madre tuvo que abandonar su casa en la Quinta avenida, de la zona 1 y acampar unas noches en el entonces Parque Concordia.  Esa y otras anécdotas de aquel desastre comparto en la conferencia Vivencias y anécdotas de los terremotos de 1917-1918 que ofrecí con ocasión de una serie organizada por la Universidad Francisco Marroquín, titulada Conmemorando los terremotos de 1917-1918 de Guatemala, cien años después. Haz clic en la foto para ver mi charla y abajo hay enlaces a las otras conferencias.

En enero pasado, para conmemorar aquellos sismos y recordar lo que  significaron –en términos sociales, económicos y políticos para el país– la UFM organizó una exhibición de fotos inéditas sobre aquella tragedia.

La exposición fue precedida por un simposio en el que ofrecí la conferencia titulada Viviendo los terremotos de 1917. Esta, a su vez, fue precedida por temas como

Aquellos de ustedes que valoran la historia y las fotografías antiguas; los que se fascinan con los terremotos y los temblores –así como quienes les temen– y el público general sin duda gozarán estas conferencias cuyos enlaces he puesto arriba.


18
Jun 18

El temblor de ayer

Ese espejo no se cae, dijo el lector, Kenny, cuando vio las imágenes que subí del temblor de anoche.  Y es que siempre que tiembla, y estoy en casa, publico un vídeo de este espejo en movimiento.

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El temblor de ayer fue de 5.6 grados y su epicentro fue a 5 kilómetros de Guanagazapa, Escuintla. Un par de amigos lo reportaron en El Salvador.

Cuando pienso en Guanagazapa, siempre me acuerdo de La Maruca, una amiga de mi abuela Frances, que decía algo así como: ¡Por los santos de Guanagazapa…!