23
May 26

Ayuso y el tzompantli incómodo

 

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, es la más reciente encarnación de una larga tradición de victimización no sólo mexicana, sino hispanoamericana. Según esa tradición, los culpables de todos los males en este subcontinente no son la mala filosofía y las malas políticas económicas que promueven políticos estatistas y colectivistas, sino Hernán Cortés y otros.

Extracción de corazón y huey tzompantli. La ilustración a tomé de Facebook.

Según esa tradición, los pueblos originarios de estas tierras vivían en un paraíso de paz y abundancia que fue destruido por la invasión europea que siguió a los descubrimientos de 1492. La sanata del victimismo y el mito del buen salvaje se nos enseña y repite desde chicos en la escuela, desde el púlpito, desde la cátedra y se reproduce en medios de comunicación y redes sociales sin pudor.  Por suouesto que no es que no haya habido abusos y violaciones de derechos por parte de conquistadores, encomenderos, autoridades y otros personajes; pero eso es un tema aparte. 

En ese contexto, Isabel Díaz Ayuso recién alborotó el gallinero al recordar que, en la Ciudad de México, precisamente en la calle Guatemala, hay un huey tzompantli que es, nada más y nada menos, que una plataforma que exhibe centenares de cráneos de hombres, mujeres y niños sacrificados, ensartados por las sienes.

¡Por supuesto que ese tipo de torres de cráneos y espectáculos espeluznantes no son exclusivos de los mexicas! Los turcos también hacían torres de cabezas. El cristiano Vlad Tepes —al que conoces con el nombre de Drácula— tiene fama de haber empalado y exhibido a unas 23.000 personas. La diferencia es que ni los turcos, ni El Empalador se hicieron los de la boca chiquita. Y por supuesto que no faltaron quienes dicen que el huey tzompantli es obra de los españoles.

A pesar de que es un valioso testimonio arqueológico y antropológico, aquel huey tzompantli no es exhibido al público por vergüenza y porque contribuye a poner en evidencia que los mexicas eran un imperio depredador que no sólo oprimía, sino que se comía a sus tributarios de todas partes del imperio. Y usaba el terror de la exhibición para subrayar su capacidad de dominio y extracción de tributos. De ahí que tlaxcaltecas, totonacas, quauhquecholtecas y otros pueblos mesoamericanos no dudaran en unirse a Hernán Cortés contra la Triple Alianza.

En el colegio, a uno le enseñaban que los aztecas eran guerreros sanguinarios, pero los mayas eran matemáticos y astrónomos pacíficos; sin embargo, eso es un mito. Los mayas eran como cualquier otro grupo humano y también eran guerreros dados a los sacrificios humanos. La extracción del corazón era la forma de sacrificio favorita; pero también practicaban el desollamiento. En museos y colecciones privadas abundan figuras y vasijas de personajes que usan la piel de sacrificados y abundan instrumentos para desollar. En el período posclásico tardío, los mayas heredaron a Xipe Tótec, Nuestro Señor El Desollado, propio del mundo nahua.

La mitología popular nos cuenta que al cenote sagrado de Chichén Itzá eran arrojadas doncellas, que ya es bastante malo para las jóvenes vírgenes; empero, la evidencia arqueológica muestra que de 137 osamentas recuperadas, ocho de cada 10 son de niños de entre tres y 11 años, sacrificados a Chaac, el dios de la lluvia.

Con respecto a torturas entre los mayas, el vaso K206 muestra a un cautivo mutilado mientras un grupo de músicos hace lo suyo. La vasija K2781 representa a un cautivo desnudo siendo quemado con antorchas de pino. El vaso K8719 despliega un decapitado al que le fueron hechos cortes en el abdomen y piernas. En la pieza K8351 se ve a un sacrificado, en agonía, mientras el sacerdote le extrae las vísceras luego de torturas prolongadas. La estela 12 de Piedras Negras exhibe 8 cautivos atados, con rostros ensangrentados, posturas contorsionadas y signos claros de heridas, humillación y posible mutilación. La estela 16 de Dos Pilas muestra un prisionero desnudo, atado y en postura de sumisión absoluta bajo los pies del gobernante victorioso, lo que simboliza la tortura y degradación previas al sacrificio. Finalmente, en los murales de Bonampak se ve a cautivos con las uñas arrancadas. Estas escenas demuestran que la tortura no era excepcional, sino un pilar del ritual maya que servía para extraer sangre y alimentar a los dioses, así como para humillar enemigos y reforzar la autoridad real.

Huey tzompantli de la calle Guatemala en la ciuad de México. La foto la tomé de Facebook.

Las de los mayas no eran las teocracias pacificas que describieron Sylanus Morley y Eric Thompson, sino ciudades estado rivales y muy agresiva, ninguna de las cuales llegó a dominar completamente y por largo plazo a las otras. Guerras constantes y la captura de cautivos prominentes para sacrificarlos durante procesos largos de degradación y tortura era el nombre del juego. Los aztecas han recibido muy mala prensa por su inclinación hacia los sacrificios humanos, pero ciertamente nunca infligieron a sus víctimas la tortura y mutilación que caracterizaban los sacrificios mayas, dicen Linda Schele y Mary Ellen Miller en The Blood of Kings, Dynasty and Ritual in Mayan Art.

Los mayas no hacían la guerra con el objeto de matar a sus enemigos, era más importante capturarlos vivos y tenerlos en reserva para sacrificios conectados con grandes eventos. Un rey, o noble derrotado era despojado de sus insignias y luego torturado y sacrificado durante rituales públicos, eran exhibidos durante rituales y ceremonias para luego jugar un rol macabro en ellos, explica Giuseppe Orefici en Bleeding Hearts, Bleeding parts: Sacrificial blod in Mayan society, artículo que forma parte del catálogo titulado Blood. Art, Power, Politics and Society.

La experiencia de Cortés y Díaz del Castillo

Hernán Cortés vio con horror y repulsión profundas los sacrificios humanos mexicas (principalmente ofrendas de corazones a dioses como Huitzilopochtli y Tezcatlipoca). Los describió en sus Cartas de Relación (especialmente la Segunda, de 1520) como una costumbre abominable y la más horrenda y abominable que se ha visto, que verdaderamente debe ser castigada. Prohibió expresamente los sacrificios y esto debe haber sido un alivio para los pueblos que pagaban tributos a los mexicas, sin duda alguna, e incluso para los mexicas mismos.

Después de leer esta entrada haz clic en esta ilustración para ver la conferencia Alimentando a los dioses: Sacrificio humano y su procesamiento ritual entre los mayas.

Bernal Díaz del Castillo, por su parte, en el cap´ítulo XIV de La conquista de la Nueva España cuenta que tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos, y los corazones y sangre ofrecidos a aquel maldito ídolo. En el capítulo CX, dice que tenían en todos los pueblos cárceles de madera gruesa hechas a manera de casas, como jaulas, y en ellas metían a engordar muchas indias e indios y muchachos, y estando gordos los sacrificaban y comían; y además de esto las guerras que se daban unas provincias y pueblos a otros, y los que cautivaban y prendían los sacrificaban y comían.

Tas la Noche Triste y en el asedio final se halla uno de los relatos más gráficos y emotivos. Los mexicas sacrificaron a decenas de compañeros de Bernal. Les abrieron los pechos con navajas de pedernal, les extrajeron los corazones palpitantes y los ofrecieron a Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Los cuerpos fueron descuartizados y comidos en rituales. Bernal lo vivió con terror personal ya que temía acabar así y menciona su pavor en batallas.

Poco más tarde, Francisco de Vitoria, en Europa, clasificó los sacrificios humanos —descritos abundantemente por Toribio de Benavente (Motolinía) y Bernardino de Sahagún— como pecados contra la naturaleza y delitos contra el derecho de gentes. Incluyó tanto los sacrificios humanos como la extracción de corazones y la decapitación de inocentes, especialmente niños, como la antropofagia. Argumentó que los sacrificios humanos violaban el principio fundamental del derecho natural que es la protección de la vida inocente. Nadie, ni siquiera los propios gobernantes indígenas, tenía derecho a matar a inocentes para ofrecerlos a los dioses. Esos eran crímenes universalmente condenables, comparables a la tiranía interna. El escolástico sostuvo que los españoles podían intervenir para defender a las víctimas, incluso contra la voluntad de sus propios señores.

Luego de leer esta entrada haz clic en la ilustración para ver la conferencia: La cosecha gloriosa: el cacao y el sacrificio humano en Mesoamérica.

Cerca de 1549, en Yucatán, Diego de Landa no fue testigo ocular de un sacrificio en vivo como Hernán Cortés en Tenochtitlan; pero documentó esos ritos en su Relación de las cosas de Yucatán (escrita hacia 1566) y los combatió activamente. Su perspectiva fue la de un misionero de su época: veía los sacrificios como idolatría diabólica que amenazaba la conversión y los describió con detalle etnográfico para justificar su erradicación.

En capítulos dedicados a la religión maya, Landa ofrece una de las descripciones más precisas del siglo XVI sobre los sacrificios, basada en testimonios indígenas y observaciones indirectas. Describe la extracción del corazón durante la cual el sacrificado era colocado boca arriba sobre una piedra azulada en el patio del templo. En el mismo, el ejecutor y sus ayudantes usaban un cuchillo de pedernal para cortar entre las costillas izquierdas y arrancaban el corazón como tigre rabioso, para luego entregárselo al sacerdote que untaba los ídolos con sangre fresca. El cuerpo se desollaba (excepto pies y manos), el sacerdote se vestía con la piel y bailaba. El asaetamiento, que ya mencioné arriba, consistía en que la víctima (a menudo cautivo) era pintada de azul, coronada y atada a un palo, para que luego le flecharan el corazón (marcado con una señal blanca) hasta dejarla como un erizo de flechas.

En 1562, dos niños mayas hallaron una cueva cerca de Maní, Yucatán, con ídolos de barro, cráneos humanos y restos cubiertos de copal aún fresco (evidencia de sacrificios recientes). Como provincial franciscano y juez eclesiástico, Diego Landa interpretó esto como prueba de apostasía masiva: mayas bautizados que continuaban ritos paganos, incluidos sacrificios de niños y jóvenes.

¿Cómo era en Guatemala?

Dennis Teddlock, citado por David Freidel, Linda Schele y Joy Parker en Maya Cosmos, three thousand years of tha Shaman´s path, explica que, de acuerdo con el Popol Vuh, para crear el mundo se necesitan tres cosas: palabras, nawales y pus. En idioma quiché nawal es la esencia espiritual de una persona, planta, animal, piedra o espacio geográfico y que en el contexto del poder shamanico se refiere a la habilidad de hacer esas esencias visibles o escuchables mediante un rito. Pus literalmente se refiere a cortar la carne con un cuchillo, y es primordialmente el término para sacrificio y significa que la creación se consigue (en parte) por medio del sacrificio.

Cuando termines de leer esta entrada, haz clic en la ilustración para ver la conferencia:Ritual Preclásico en Holtún, Guatemala: los desnudos y los muertos.

El Popol Vuh describe las conquistas y matanzas del rey Quicab, de Quiché, que sometió a cakchiqueles, rabinales y mames. He aquí la destrucción y división de los campos y los pueblos de las naciones vecinas, pequeñas y grandes. Entre ellas estaba la que antiguamente fue la patria de los cakchiqueles, la actual Chuvilá, y los de Rabinal, Pamacá, la patria de los Caoque, Zaccabahá, y las ciudades de los de Zaculeu de Chuvi-Miquiná, Xelajú, Chuvá-Tzac y Tzolohché.

Estos pueblos aborrecían a Quicab. Él les hizo la guerra y ciertamente conquistó y destruyó los campos y ciudades de los rabinaleros, los cakchiqueles y los de Zaculeu, llegó y venció a todos los pueblos, y lejos llevaron sus armas los soldados de Quicab.

Una, o dos tribus no trajeron el tributo, y entonces cayó sobre todas las ciudades y tuvieron que llevar el tributo ante Quicab y Cavizimah.

Los hicieron esclavos, fueron heridos y asaeteados contra los árboles y ya no tuvieron gloria, no tuvieron poder. Así fue la destrucción de las ciudades que fueron al instante arrasadas hasta los cimientos. Semejante al rayo que hiere y destroza la roca, así llenó de terror en un momento a los pueblos vencidos.

Poco antes, el mismo Popol Vuh cuenta que vino la mantanza de las tribus. Cogían a uno solo cuando iba caminando, o a dos cuando iban caminando y no se sabía cuándo los cogían, y en seguida los iban a sacrificar ante Tohil y Avilix. Despué regaban la sangre en el camino y ponían la cabeza por separado en el camino.

En Gumarcaj, el templo de Tohil era el centro de sacrificios: se extraía el corazón a cautivos, se arrojaban los cuerpos por las escaleras del templo y se colocaban las cabezas en tzompantli como los de los mexicas. Francisco Ximénez y otros cronistas describen estos rituales con detalle.

La guerra, la destrucción sistemática, las ejecuciones públicas, la esclavitud, el uso del terror y los sacrificios humanos no eran ajenos al mundo precolombino. Ni para los mexicas, ni para los mayas, ni para los pueblos mayenses.

Entre los quichés y cakchiqueles (pueblos mayenses de los altos de lo que ahora se conoce como Guatemala) también se practicaban sacrificios humanos, aunque en escala menor que los mexicas. Los Anales de los Kaqchikeles y el Popol Vuh mencionan ofrendas de corazones a dioses como Tohil, rituales de decapitación y extracción del corazón. La arqueología en Iximché y Gumarcaj confirma altares y evidencias de estos ritos.

La conquista de lo que ahora se conoce como Guatemala la dirigieron Pedro de Alvarado y sus hermanos, no Cortés directamente. Las cartas de Alvarado a Cortés (abril y julio de 1524) mencionan sacrificios de forma factual y breve, sin las descripciones vívidas ni el horror explícito de Cortés.

En Guatemala hacia 1537, Francisco Marroquín ya no presenció sacrificios humanos en Gumarcaj ni Iximché; pero todavía atestiguó actos de idolatría y borracheras rituales. Consideraba a los indígenas como personas libres con alma, sencillos y simples en juicio (los buenos salvajes); pero racionales y dignos de protección. Ya en 1535 (antes de la Bula Sublimis Deus de 1537 y las Leyes Nuevas de 1542) protestó contra la esclavitud. Esto lo alineó parcialmente con las ideas de Vitoria sobre el derecho natural. Investigó y actuó contra prácticas paganas. En un caso documentado, recomendó depositar esclavos indígenas para quitar la idolatría y borracherías en manos de una persona de confianza que los adoctrinara. Esto reflejaba la política eclesiástica de eliminar ritos asociados a dioses como Tohil (quiché) o Tz’akol (cakchiquel), que incluían ofrendas de corazones y sangre. Promovió las reducciones, que hicieron más difícil mantener rituales clandestinos, incluidos cualquier resto de sacrificios o altares ocultos.

Al final del día, la historia no se escribe con mitos convenientes, ni con victimismo selectivo. Los tzompantli, los cenotes llenos de restos de niños y los altares de sacrificios siguen ahí para recordarnos que el terror ritual no lo inventaron los españoles. Negar esa realidad solo perpetúa el discurso ideológico,  el ocultamiento de la ignorancia, la justificacion del error y el disfraz de la mentira que practican Sheinbaum y sus corifeos.


04
May 26

Tras “El señor presidente”

¿Qué tal una visita a El Pelele, donde estuvo el Portal del Señor? ¿Qué tal si exploramos los pasos de Camila y su padre, el general Eusebio Canales? ¿Qué tal si seguimos los de Miguel Cara de Ángel? Eso sí, no quiero escuchar el llanto de Fedina, porque eso siempre, siempre me descompone.

El Portal del Señor a principios del siglo XX: La foto es de Guatemala del ayer.

Como parte del club de lectura El señor presidente que conduce Rodrigo Fernández Ordóñez en la Biblioteca Ludwig von Mises, el 29 de abril hicimos una visita al Palacio Nacional. ¿Por qué al Palacio? Porque ahí estaba ubicado el Portal del Señor, junto al Ayuntamiento virreinal. Tuvimos la dicha de que el arquitecto Álvaro Véliz guiara el paseo.

Lámpara del Salón de Recepciones del Palacio Nacional.

Sobre la Sexta calle, frente a donde estaba el lugar donde fue asesinado El Pelele, Álvaro nos habló sobre la configuración de la Plaza de Armas de la ciudad de Guatemala en tiempos de El señor presidente. Nos contó qué había exactamente donde hoy está el Palacio Nacional. Nos explicó que la Sexta calle hacia el oriente conecta con la iglesia de La Merced y es un eje importante en la novela, porque ahí se hallaban el bar El Tus-Tep y la casa del general Canales.

Detalles del Palacio Nacional.

El Tus-Tep es una taberna o fonda humilde y sórdida, frecuentada por personajes de distintos estratos sociales: policías, esbirros del régimen, gente del pueblo y conspiradores. Allí se bebe, se trama y se habla con libertad relativa, bajo la sombra del terror. Es un espacio de contrastes donde confluyen lo popular, lo marginal y los planes del poder.

La casa del general Eusebio Canales es una residencia grande y señorial, un caserón casi centenario ubicado en una esquina del barrio de la Merced, con balcones que dan a la calle principal y un portón para carruajes en la calle lateral. Tiene un aire de soberanía y antigüedad, propio de una familia de cierta posición militar y social.

Vitral de “La tentativa del león y el éxito de su empresa”.

Visita al Palacio Nacional

Nuestro guía distinguido tiene su estudio en el tercer piso del Palacio Nacional y conoce muy bien ese edificio que don Jorge Ubico inauguró el 10 de noviembre de 1943, el día de su cumpleaños. El diseñador principal fue el ingeniero Rafael Pérez de León.

Visitamos su interior espectacular, en el que se lucen los vitrales de don Julio Urruela. Los mismos ya están restaurados, luego de que la guerrilla los destruyera con un bombazo en 1980. También son notables los murales de Alfredo Gálvez Suárez, que Álvaro nos hizo notar que son falsos murales porque son desmontables.

Detalles del Palacio Nacional; y la Plaza de la Constitución y el bar El Portal.

No pudimos entrar al Salón de Banquetes, que es muy elegante, ni al Salón de Recepciones porque estaba en uso.

Siempre me ha encantado el Palacio Nacional, desde que lo conocí y lo frecuentaba en 1974 cuando me capeaba del colegio Inglés Americano, que entonces estaba en la Décima Calle y Cuarta avenida. Solía escapar de las clases de la tarde e ir a buscar turistas en el entonces Parque Central. Un par de veces me bajaron de la terraza los soldados y tengo muy buenos recuerdos de aquellas incursiones.

La leyenda dice que las cerraduras de las puertas principales tienen la huella digital de don Jorge Ubico.

De vuelta a nuestro tour de la semana pasada, visitamos el estudio de Álvaro Véliz y nos mostró algunos de sus planos. Desde ese estudio salimos a uno de los corredores exteriores del Palacio para disfrutar de una vista preciosa de la Plaza de la Constitución.

Al concluir la visita a aquel augusto edificio cruzamos la Plaza y nos dirigimos al Portal del Comercio y de ahí al Bar El Portal, ¿cómo iba a ser de otra forma? ¡De esta forma festiva, y cantando con un trío, terminó la aventura!

https://www.tiktok.com/@luisficarpediem/video/7635130320672607508

Y así, entre literatura, historia y buena conversación, cerramos otro capítulo de esos que hacen que valga la pena seguir caminando por esta ciudad que, a pesar de todo, todavía guarda secretos para quienes saben mirar. Gracias a Luis Andrés Schwartz por la invitación.


29
Abr 26

119 años del atentado de la bomba

 

Hoy, hace 119 años estalló la bomba con la que un grupo de conspiradores guatemaltecos intentó matar al presidente don Manuel Estrada Cabrera. Ese intento de magnicidio fue uno de los episodios más fascinantes de la historia de Guatemala durante la primera mitad del siglo XX.

Atentado de la bomba contra don Manuel Estrada Cabrera. La foto me la envió Milton Estuardo Argueta.

Los hechos del 29 de abril de 1907 (y lo que les antecedió) están bien documentados; pero, además, con talento narrativo, la novela De cara al sol, por Milton Estuardo Argueta, ha traído a la actualidad aquella efeméride. En la foto se ve cómo quedó el carruaje presidencial en la actual Séptima avenida y 17 calle de la zona 1 —a un costado de la Policlínica del IGSS— exactamente donde pasé hoy en la tarde en un hecho de serendipia, sobre el lugar donde fue detonada la bomba. Atrás se ve la cúpula de San Francisco.
 
Al mismo tiempo fue triste ver que la casa desde donde los conspiradores operaron el dispositivo ya no existe. La casa no era gran cosa; pero era La Casa. Conservaba su alero de tejas en estilo previo a los terremotos de 1917 y 1918; pero, además… en los años 1940/50 en ella había vivido don Fortunato Mazariegos, segundo esposo de mi bisabuela, Gilberta, hija de doña Joaquina Cabrera. Dime si la vida no da las vueltas más misteriosas. Mi mamá recuerda haber visitado ahí a don Fortunato, que era el papá de mi tía abuela, La Mamita.
 
Don Manuel Estrada Cabrera iba acompañado por su hijo Joaquín en el carruaje; y los acompañaba su jefe del estado mayor, el que luego sería presidente José María Orellana. Los tres sobrevivieron porque el cochero no detuvo el vehículo en el lugar preciso para que la bomba cumpliera su objetivo.

La casa, de La Bomba, estaba donde se construye un edificio de blocks de cemento. Foto por Luis Andrés Schwartz.

 
Si te interesa la historia de Guatemala, seguramente querrás leer más sobre el atentado de la bomba. Caminar sobre ese pedazo de historia en plena zona 1 te muestra cómo el pasado guatemalteco late bajo el concreto de nuestras calles diarias.

16
Abr 26

¡Otro toro!, aniversario

 

Entre el 15 y el 16 de abril de 1920 turbas se reunieron frente al Colegio de Infantes de la ciudad de Guatemala para linchar a ex funcionarios del recién depuesto gobierno de don Manuel Estrada Cabrera al grito de ¡Otro toro! porque la idea era soltar a la víctima frente a aquel plantel y que corriera hacia la vecina Catedral Metropolitana para salvarse. Sin embargo, había nulas posibilidades de salir ileso porque la turba era densa y tenía mucha sed de sangre durante estos espectáculos macabros.

Escena de linchamientos en 1920. La foto la tomé de San Andrés Semetabaj y Guatemala en fotografías.

En un día como hoy el cadáver linchado de Francisco Gálvez Portocarrero —conocido como Cara de Ángel en la novela El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias— fue desmembrado y sus restos quedaron esparcidos frente a la catedral. Se habla de al menos 12 allegados al régimen asesinados ese día por la plebe. Entre las víctimas se cuenta a Jorge Lobo, allegado y colaborador de don Manuel; el coronel Miguel López, comandante del Fuerte Matamoros que participó en la defensa de La Palma (residencia del Presidente) y en el bombardeo de la ciudad durante la Semana Trágica. A pesar de que, junto con el también coronel Alberto García Estrada (segundo jefe de Matamoros), entregó el fuerte a las fuerzas unionistas para evitar mayor derramamiento de sangre, la multitud lo linchó salvajemente. El coronel García Estrada también fue linchado junto con Joaquín B. Madrid, allegado y colaborador cercano de don Manuel. Tanto Catherine Rendón, autora de Minerva y La Palma, el enigma de don Manuel, como Hernán del Valle, autor de El Partido Unionista de Guatemala: su participación en el derrocamiento de Manuel Estrada Cabrera, y en el gobierno de Carlos Herrera, 1919-1921, recogen testimonios de los linchamientos.

Con respecto a Francisco Gálvez Portocarrero, René Johnston cuenta que la foto de abajo es de 1910, está retratada la familia Galvez. Al frente están sentados su bisabuela Feliza Castro Conde de Galvez y a su derecha su bisabuelo, el abogado Pedro Galvez Portocarrero que fue director de Aduanas, y director de la Sociedad Económica de Amigos de Guatemala. De pie, de izquierda a derecha algunos de sus hijos: Ricardo, María Teresa, y Francisco, conocido como Pocho, y fue un hombre muy guapo y colaborador cabrerista. Murió descuartizado por las turbas, y en El señor presidente, de Miguel Angel Asturias aparece como Cara de Ángel.  

Johnston añade: a mi tío abuelo lo hicieron pedazos, mi abuelo Federico fue muy valiente al llegar al lugar a recoger partes de su cuñado Pocho, solo logró una pierma, que fue lo que les llevó a sus padres. Pobres mis bisabuelos, debieron haber sufrido un “shock” al enterarse que habían destrozado a su hijo y ver que mi abuelo les llevó solamente una pierna, que fue lo que enterraron en el cementerio. Por otro lado, la abuela de Elsie [mi esposa], vió esos hechos, era aun una jovencita adolecente. Nos pudo contar lo mismo que describiste. Fue algo espantoso.

Famila Gálvez Portocarrero. Foto de René Johnston.

Luego del relato de Johnston, Mynor Calderón relata que su bisabuelo tambien murio frente a la Catedral Metropolitana a causa de ser cabrerista y por la turba, ese dia fueron dos personas, pero mi bisabuelo recibio una bala en la cabeza y fue exhibido

De vuelta a los linchamientos, se cuenta que la multitud arrastraba a las víctimas y las mataba a machetazos y golpes durante los espectáculos taurinos macabros. Entre el 15 y el 16 de abril la ciudad vivió saqueos, incendios y estos ajusticiamientos extrajudiciales. La casa de mi bisabuela, Gilberta Cabrera, fue saqueada durante estos acontecimientos.

Mauricio Pinto, en su tesis titulada La época de Manuel Estrada Cabrera a través de testimonios inéditos orales, describe los elementos de aquellos actos de violencia, que incluían gran ferocidad entre la multitud en la que también participaban mujeres, y el arrastre de los cuerpos con mulas y desmembramientos.

En esa obra, Eduardo Jiménez Castillo (un espectador que aportó sus recuerdos) cuenta que Oí cuando gritaban; ¡otro toro!… la gente estaba esperando en la calle con cuchillos, alfileres grandes de sombrero, machetes y palos. Y el ex presidente Miguel Ydígoras Fuentes relata que se oía un estruendo enorme de la gente pidiendo a los prisioneros para lincharlos… la gente estaba tan entretenida con las matanzas que decían; ¡otro toro, otro toro!.

Rafael Arévalo Martínez (autor de Ecce Perícles!) desrcribe: Un hombre con aire de matón, restregaba su machete de derecha a izquierda mientras gritaba: ‘¡Otro toro!’ En la puerta del Colegio de Infantes alguien respondió: ‘Ahora les va uno bueno’, mientras empujaba a un hombre acobardado que luchaba por no salir y dejaba las uñas en las baldosas de piedra… las turbas blandían en alto los miembros sangrientos; una mano compasiva escamoteó una cabeza separada del cuerpo que rodaba a puntapiés sobre el suelo y la cubrió con un sombrero.

A Luis Cardoza y Aragón se le atribuye (pero no he encontrado la fuente): Le tocó presenciar cómo un infeliz fue despedazado. No olvidó que una mujer, que varias mujeres, se mostraron más crispadas, vocingleras y feroces que los hombres. De las puertas del colegio apenas si la víctima avanzó tres, o cinco pasos, cubierto de pirañas.

Y así, entre el olor a sangre y el estruendo de ¡Otro toro!, la liberación de 1920 se cobró su precio en carne y huesos frente a las puertas mismas del Colegio de Infantes.


18
Feb 26

Uniformes, familia e historia

Desde principios del siglo XX el negocio de mi bisabuelo, Jorge Jurado Meany, era el de la confección de uniformes para oficiales del Ejército, funcionarios y empleados del gobierno. Su establecimiento quedaba en la Sexta avenida y Sexta calle de la zona 1, a un costado del Palacio Nacional. En el Museo Nacional de Historia todavía hay por lo menos una chaqueta elaborada en esa sastrería cuando ya la había heredado Humberto Jurado Reyes, hermano de mi abuelo materno. Aquel Jorge era el papá de mi abuelo, , Jorge Jurado Reyes, quien se casó con mi abuelita Juana Hidalgo Cabrera, y ambos eran padres de mi mamá, Nora.

De la antigüedad de aquel negocio hay varias evidencias:

Que por la Tesorería Nacional se erogue la suma de seis mil pesos moneda del país ($6000), que importan 15 uniformes para uso de los C. Cadetes de la 4ª. Promoción, graduados de la Académica Militar, contratados con don Jorge Jurado. Así lo acordó don Manuel Estrada Cabrera el 22 de febrero de 1917 en acuerdo refrendado por Luis Ovalle, secretario de Estado en el despacho de la Guerra. Publicación del 26 de febrero de 1917 en El Guatemalteco, que era el diario oficial.

Que la Tesorería Nacional se erogue la suma de nueve mil doscientos pesos moneda del país ($9,200) para pagar al ciudadano Jorge Jurado el saldo que se le adeuda por la confección de nueve uniformes destinados al servicio de los Jefes y Oficiales que se encuentran de alta en el Batallón Guardia de Honor, que se detallan en el recibo correspondiente, conforme comprobante adjunto; cantidad que se reintegrará a la propia tesorería oportunamente, quedando obligados dichos Jefes y Oficiales a amortizar su deuda por abonos mensuales de doscientos pesos como mínimo, acordó el presidente constitucional de la república, Carlos Herrera, el 7 de marzo de 1921, refrendado por Emilio Escamilla, secretario de Estado en el despacho de la Guerra. Publicación del 28 de marzo de 1921 en El Guatemalteco.

Que la Tesorería Nacional erogue la cantidad de dos mil novecientos pesos ($2900), para pagar a la sastrería de don Jorge Jurado, la confección de un uniforme para el chauffeur de la Secretaría de Hacienda, conforme a la factura que se acompaña, acordó el presidente José María Orellana el 14 de octubre de 1925 y la publicación fue refrendada por el secretario de estado en el despacho de Hacienda y Crédito Público, Carlos O. Zachrisson. Publicado el 24 de octubre de 1925 en El Guatemalteco.

Don Manuel Estrada Cabrera fue depuesto el 15 de abril de 1920, luego de 22 años de ejercer la presidencia de la república. Don Manuel era tío de mi abuela, Juana; hermano de mi bisabuela, Gilberta; e hijo de mi tatarabuela, Joaquina.

Carlos Herrera sucedió a Estrada Cabrera, entre el 15 de abril de 1920 hasta que fue derrocado el 15 de septiembre de ese año. Fue padre del doctor Rodolfo Herrera Llerandi con quien tuve el honor de conversar un par de veces.

José María Orellana fue el presidente que sustituyó a Carlos Herrera. Su imagen está en los billetes de Q1; y Carlos O. Zachrisson fue el secretario encargado de la transición de pesos a quetzales en 1924. Por eso es que su efigie está en los billetes de Q50.

Y así, tres acuerdos de hace un siglo unen a una familia con los rostros que llevamos en el bolsillo todos los días y con tres protagonistas de la historia de Guatemala.

Gracias a Luis Andrés Schwartz por las pistas. 


27
Ene 26

Herencia sin testamento

 

El fallecimiento de Pedro Estrada-Monzón Rivera en 1880 marcó el inicio de una serie de movimientos legales relacionados con su herencia. La ausencia de un testamento complicó la resolución de asuntos legales y sociales para sus descendientes, que tuvieron que enfrentar el proceso de legitimación y el reconocimiento de sus derechos en un contexto de cambios institucionales y sociales, explica la IV y última parte del estudio “A 100 años del fallecimiento de Manuel Estrada Cabrera, apuntes biográficos y genealógicos breves sobre Pedro Estrada-Monzón Rivera (Quetzaltenango, 14 de abril de 1817 – 14 de enero de 1880)”, por Luis Andrés Schwartz, publicada en Gazeta.

Collage elaborado por Arde Proyectos.

Esta parte del estudio se ocupa de la dinámica post mortem del padre de don Manuel Estrada Cabrera. Para entender mejor esos movimientos legales, es esencial identificar a los descendientes conocidos de Pedro al momento de su fallecimiento, todos nacidos fuera del matrimonio:

  1. Coronel y licenciado José Gabriel Estrada-Monzón (1840-1905), hijo de Luz Alegría.
  2. Herlinda Estrada-Monzón (c. 1852-1920), hija de Juliana Rivera.
  3. Francisco Alfredo Estrada (1856-?), hijo de Carlota Alvarado.
  4. Licenciado Manuel José Estrada Cabrera (1857-1924), hijo de Joaquina Cabrera.
  5. Licenciado Juan Francisco Cabrera Estrada (1861-1895), hijo de Joaquina Cabrera.
  6. Elvira de Jesús Estrada-Monzón (1862-1926), hija de Carlota Alvarado.
  7. Ana Josefa de Jesús Estrada-Monzón (1863-1885), hija de Carlota Alvarado.
  8. Irene Estrada-Monzón (1868-1890), hija de Petrona Bustamante.

Si te interesam la genealogía, la historia de Guatemala durante la Belle Époque, el período de Manuel Estrada Cabrera, o simplemente la historia bien documentada, esta serie de cuatro publicaciones está llena de información inédita y sorprendente que no encontrarás en los libros de texto habituales.


19
Ene 26

Construcción de un árbol genealógico

Si en tu familia todavía se menciona a Manuel Estrada Cabrera (MEC), tu aporte puede amarrar un dato suelto y ayudar a construir una memoria compartida. Si, además, tu familia guarda vínculos con Quetzaltenango y figuran apellidos como Andrade, Arévalo, Cabrera, Cajas, Estrada-Monzón, Hidalgo, Mazariegos, Sáenz o Rivera, me interesa que me escribás, dice Luis Andrés Schwartz en la convocatoria abierta para la construcción de un árbol genealógico.

Haz clic en la ilustración para leer la convocatoria completa. Te la recomiendo.

Tu intuición es correcta: se trata del mismo MEC que fue jefe del Ejecutivo durante 22 años, desde el magnicidio de «Reinita» el 8 de febrero de 1898, hasta el 8 de abril de 1920. Ese día, la Asamblea Nacional Legislativa emitió el Decreto 1022, mediante el cual lo declaró imposibilitado para gobernar y «separado» de la Presidencia de la República. El desenlace ocurrió en un clima de efervescencia política, agudizado por el descontento tras los terremotos de 1917 y 1918. (Netflix: esos años piden una serie).

¿Por qué quiero que te involucrés o por qué querrías vos sumarte?, pregunta Luis Andrés Schwartz. 

Esta convocatoria no es universal ni se dirige a todos. Interpela a quienes conservan relatos, documentos, imágenes o inquietudes que aún no han encontrado cómo volver a latir, así como a quienes sienten la necesidad, inocente o insistente, de saber más sobre sus propios orígenes.

Hace más de una década sostengo un proceso de investigación y escritura. Busco dibujar las ramas de mi chiribisco genealógico que confluyen en una mujer ladina que nació y articuló su vida en Los Altos decimonónicos: Joaquina Cabrera (1836-1908). En mi esquema familiar, ella es mi quinta abuela en línea materna directa: la mamá de la mamá (Gilberta), de la mamá (Juana), de la mamá (Nora), de mi mamá (Guisela).

Desde ella, la línea familiar se ramificó como un delta, ancho y fértil. Los cauces iniciales fueron tres: Manuel José Estrada Cabrera (1857-1924), Juan Francisco Estrada Cabrera (1861-1895) y la benjamina Gilberta Cabrera (1870-1920). A ellos se sumaron parientes colaterales y por matrimonio, compadrazgos y redes de vecindad.

Sin embargo, la tarea se volvió compleja al intentar identificar la diáspora post-Semana Trágica (colapso del cabrerismo, 1920). La persecución y el repliegue familiar interrumpieron aquel tejido de afectos y vínculos que había sido cercano hasta entonces.

¿A quién le interesa Manuel Estrada Cabrera?, pregunta Luis Andrés, y responde: a vos, si este nombre te toca por algún lado. Y añado, yo, que el texto completo de la convocatoria es fascinante de leer, sobre todo si te interesa la historia de Guatemala, si te fascina la historia de la Belle Époque en esta país nuestro, si te llama la atención la genalogía, si eres intelectualmente curioso. 


16
Ene 26

De cara al sol, y coraje

La noche en que terminé de leer De cara al sol me costó mucho dormir. Me metí a la cama y estuve vuelta y vuelta porque no había modo de que me abandonara la vorágine de acontecimientos y emociones del final del libro. ¡Por supuesto que uno ya sabe en qué termina esa novela de Milton Estuardo Argueta!; pero eso no es óbice para que la narrativa del autor lo agarre a uno y —sin sombrero (porque estamos en 1907)— lo involucre con los últimos momentos de los perpetradores del atentado de la bomba contra don Manuel Estrada Cabrera y con los horrores que vivieron sus familias, sus cómplices, sus proveedores y quién sabe cuántos inocentes.

Haz clic en la imagen para comprar la novela.

El 29 de abril de aquel año, nueve meses después de que empezaron a planearlo —como si fuera un juego macabro—, cuatro jóvenes guatemaltecos reventaron una bomba al paso del dictador. Por supuesto que no ejecutaron el intento de magnicidio solos, y con ellos conspiró un grupo de patriotas que incluía hombres y por lo menos una mujer. El 20 de mayo de aquel año, Enrique y Jorge Ávila, Julio Valdés y Baltasar Rodil fueron copados y se suicidaron antes de caer en manos de la policía, en un inmueble que todavía puede ser identificado cerca de la Iglesia de San José.

Con talento narrativo, el autor nos lleva por el túnel del tiempo a la Guatemala de principios del siglo XX. Pero no solo en cuanto a ambientación física, sino a una ambientación de sentimientos y emociones, ambas impecables. Para sus lectores, Milton supo reproducir el espíritu de la Belle Époque chapina, salpicado por una tiranía, salpicado por una sociedad aterrorizada por el espionaje y la delación, y salpicado por el servilismo. La delación, el miedo y el temor son personajes en esta lectura. Eso sí, una Belle Époque en la que no faltaron hombres (y mujeres) como aquellos que Diógenes buscaba con una linterna.

De cara al sol tiene tres trances inquietantemente intensos: el del final, el capítulo XV y uno que no voy a contarte para no destripar la novela. Esta se lee fácil porque el lector es arrastrado por diálogos y acontecimientos arremolinados, acompañado por personajes entrañables, heroicos y despreciables. Acompañado por seres humanos en sus mejores y en sus peores momentos. En la novela, el problema moral del padre Castañeda ilustra muy bien cómo se vivía en aquellos tiempos. En pocas páginas los conspiradores pasan de: ¡Patojos huevudos, esos sí son hombres! a Idealistas. ¡Egoístas! y ¡Tontos!. ¿Cuántos así hay en el Helicoide de Caracas, o en las calles de Irán? Siempre son los jóvenes los que ponen los muertos cuando hay que sacar a una dictadura enraizada con la complicidad de los viejos.

¿Qué te digo? Si disfrutas los relatos buenos, si te cautivan las novelas históricas y si te enamora aquel período de Guatemala, esta novela es para ti. Para mí tuvo atractivos adicionales porque crecí con bisabuela, abuelas y tía abuela que me contaban historias de aquellos tiempos; porque soy aficionado a la historia y a las fotografías de aquel entonces; porque mi sobrino Andrés estuvo involucrado como investigador; porque el Establo de Schuman —que era de mi tatarabuelo Emilio— aparece mencionado en la novela cuando quedaba en la Cuarta calle poniente, en el inmueble donde vivían mis abuelos cuando nació mi papá; y porque la detonación de la bomba ocurrió en la Séptima avenida sur, frente a una casa que todavía existe, vinculada a don Fortunato, que luego se casaría con mi bisabuela doña Gilberta, hija de doña Joaquina Cabrera. ¡La vida es un Velasquillo peculiar, con un sentido del humor retorcido!

De cara al sol te va a sacudir la conciencia, te va a hacer sentir orgullo chapín y, sobre todo, te va a recordar que la libertad nunca fue gratis… y que siempre hay que pelear por ella.

Columna publicada en República


14
Nov 25

Burocracia vrs. historia

 

En marzo de 2001, bajo el régimen talibán, el mullah Mohammed Omar emitió una fatwa que ordenaba la destrucción de todas las representaciones idólatras en Afganistán, incluyendo las estatuas de Buda en Bamiyán. Esas estatuas fueron talladas directamente en la roca de acantilados de arenisca durante el siglo VI e. c. Eran dos colosos monumentales: el Buda mayor medía 55 metros de altura (equivalente a un edificio de 18 pisos), y el menor, 38 metros. Representaban al Buda en posición de pie, con vestimentas fluidas y detalles estilizados que fusionan influencias indias, persas y helenísticas —ejemplos sublimes del arte gandhara, donde el budismo se adaptó a contextos multiculturales.

El monumento de José María Reyna Barrios sigue sin ser reparado después de haber sido decapitado por vándalos. La foto es de X.

Poco después de aquel acto de barbarie e irracionalidad escribí que no podemos escapar al hecho de que las nuevas y las viejas formas de pensar conviven con nosotros. Por eso estamos obligados a revisarlas y a repensarlas. No vaya a ser que un día, sin darnos cuenta, despertemos como la raza que dinamita siglos de cultura, y no como la raza que construye estaciones espaciales, esto porque el artículo sobre los budas estaba relacionado con la estación espacial Mir.

De aquello me acordé cuando leí que el gobierno socialista de España estaría contemplando la idea de resignificar El Valle de los Caídos (símbolo de la reconciliación después de la Guerra Civil); y la de remover de ese monumento La Piedad, las virtudes (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y los cuatro evangelistas a un costo de por lo menos 30 millones de euros. Luego de mucho alboroto, tanto el Ministerio de Vivienda como el arzobispado de Madrid afirmaron que aquella remoción no ocurrirá.

Me acordé de aquellos monumentos porque los monumentos no son meros objetos estéticos o arquitectónicos, sino artefactos vivos de la memoria colectiva, que encapsulan la historia, la identidad y las contradicciones de una sociedad en un momento dado. Su importancia radica en múltiples dimensiones: simbólica, política, educativa, social y, a menudo, conflictiva. Una vez alguien me dijo que los monumentos son “espejos rotos” de la sociedad porque revelan glorias, traumas y luchas por el control del relato histórico. Su importancia trasciende lo material porque moldean cómo nos vemos a nosotros mismos y al otro. En palabras de Walter Benjamin, son ruinas en el presente que nos invitan a confrontar el pasado para imaginar futuros mejores.

¿A qué vienen estas meditaciones? A que en octubre de 2021, con acompañamiento internacional y con la infaltable iconografía comunista, dos pequeños grupos de cafres vandalizaron los monumentos de Cristóbal Colón y de José María Reyna Barrios, en la ciudad de Guatemala. La estatua de Reinita fue decapitada y su monumento ecuestre fue gravemente dañado; el hermoso monumento de Colón se salvó porque, aparentemente, había un panal de abejas cerca y los orcos tuvieron que retirarse. ¿Dónde estaban las autoridades? ¡Quién sabe! Del mismo modo en que quién sabe dónde están, ahora, las autoridades encargadas de su restauración. En julio de 2022 la hermosa estatua de Isabel la Católica, en el parque homónimo, fue objeto de vandalismo. La monarca precursora de los derechos humanos en el hemisferio también está abandonada, sin que autoridad alguna se ocupe de su restauración.

A ver… ¿a cuál de las burocracias que medran con los impuestos que toman de los tributarios le corresponde reparar a don Chemita y a La Chabe ¿Es a la Municipalidad de Guatemala? ¿Es al Instituto de Antropología e Historia? ¿Cuál rama oscura de la burocracia chapina es responsable de la abulia con la que están siendo tratados aquellos monumentos? ¿Qué burócratas —relacionados con la conservación de los monumentos de la ciudad de Guatemala— cobran sus sueldos puntualmente y duermen con tranquilidad sin cumplir con sus responsabilidades? ¿Dónde tienen escondido a Reynita y por qué es que la Reina sigue destrozada? ¿Alguien sabe? ¿A alguien le importa? ¿En Tu Muni? ¿En el Ministerio de Cultura?

Columna pubicada en República.


19
Oct 25

Gastronomía y campanarios

 

¿Gastronomía junto a los campanarios y cúpulas de Santo Domingo? Pues sí. Es una aventura que relaciona la comida con la cultura y los seres humanos bajo el cielo de octubre y sobre las luces de la ciudad.

La visita al Centro Cultural Santo Domingo es una experiencia enriquecedora.

Por medio de la historia de la presencia dominica en la Guatemala virreinal exploramos los ingredientes propios de la cocina mestiza guatemalteca como el maíz y el elote, semillas, chiles, hierbas y especias, rapadura y panela, cacao y chocolate tanto en platillos salados, como dulces. Yo no sabía que rapadura y panela son dos productos distintos y siempre le he dicho panela a la rapadura. Tampoco sabía que los quesos de Jalapa y de Zacapa son quesos oreados.

Dimos un paseo extraordinariamente sensorial por aromas como los de azahares de naranja, del pom, de la mirra, la lágrima y mi favorito de toda la vida: el copal. Este aroma lo conocí cuando una noche, en Cobán, saturamos un cuarto de La Posada con humo de esa resina. Acompañado por un grupo extraordinario de amigos de la Asociación Guatemalteca de Orquideología, pasamos una velada inolvidable contando historias, riéndonos y disfrutando de la buena compañía envueltos en humo del copal sagrado. Al día siguiente corrí al mercado a comprar un gran bodoque de copalli; y aunque aquello ocurrió ca. 1979, todavía tengo lo que queda de aquel bodoque y, 46 años más tarde, conserva su intensidad y su encanto. Conocí el árbol del copal por primera vez cuando caminé por la selva rumbo al sitio arqueológico de Waká-El Perú; y qué emoción sentí cuando el guía señaló el árbol y cuando hice el corte para extraer algo de aquella sustancia preciosa.

Gastronomía, arquitectura e historia en el tejado.

De vuelta a la experiencia de ayer, Mario Maldonado —que estaba al frente de la aventura— nos presentó a La Chayito, la campana principal e impresionante del lugar. Quise tañir otra de las campanas sin haberlo conseguido, ya que era muy pesada y con una mano tenía agarrado el móvil. Aprendí más sobre la arquitectura virreinal y sobre las particularidades dominicas. La Chayito, por cierto…ha de ser prima de La Chepona.

@luisficarpediem

¿Gastronomía junto a los campanarios y cúpulas de Santo Domingo? Pues sí. Es una aventura que relaciona la comida con la cultura y los seres humanos bajo el cielo de octubre y sobre las luces de la ciudad #gastronomia #historia #arquitectura #luisfi61 #campanas

♬ Albinoni: Sonata in D Major, Op. 6 No. 2: I. Grave – The Locatelli Trio

La experiencia concluyó con atol de elote y enchilada, luego de que moldeamos barro. Muchas gracias a mi cuata, Brenda Galindo, y a su equipo del Centro Cultural Santo Domingo por avisarnos de esta maravilla y al Banco Industrial por patrocinarla. En el paseo nos acompañó el chef Alex Quintana que le añadió mucho sentido del humor, conocimientos y experiencia a la aventura. Ojalá más chapines, y sobre todo más niños chapines, se animaran a hacer este tour que enriquece mucho el conocimiento de las tradiciones guatemaltecas. De paso…los viernes y domingos el tour es sobre leyendas con la partiipación del grupo Necroturismo.