09
Ago 23

Oppenheimer, Hiroshima y Nagasaki

 

Iba a escribir esta nota luego de ver la película Oppenheimer; pero resulta que hoy es el aniversario de la explosión de Fat Man, la bomba atómica arrojada en Nagasaki y hay bastantes comentarios al respecto en redes sociales; así que aquí van unas meditaciones.

Hace cinco años me di cuenta de que en poco tiempo ya no habrá sobreviviente alguno, ni las experiencias atómicas en Hiroshima, y Nagasaki; y de que  muchos de los que entonces tenían suficiente edad como para recordar el horror con alguna claridad, están por entrar a la octava década de sus vidas.

Los demás, los afortunados de no haber estado ahí, ni en la guerra espantosa que precedió a las bombas, tenemos la obligación moral de entender lo que ocurrió y hacer todo lo que sea racionalmente posible para que aquello no vuelva a ocurrir.

Explosión de la bomba atómica en Nagasaki. Charles Levy, Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Para ello te recomiendo dos lecturas:

1. El capítulo titulado Gifts from Heaven, en Nothing Less than Victory, por mi cuate John David Lewis (QEPD). No soy fan de las guerras; pero sí lo soy de la historia y de las buenas historias y de aquellos que saben contarlas.  En aquel libro John nos relata  como es que un objetivo de la guerra es acabar con la voluntad de pelear por parte del enemigo; y al identificar las motivaciones humanas detrás de los conflictos militares, su obra expone cómo es que acciones estratégicas ofensivas pueden conseguir la paz duradera.  John también explica cuál es la filosofía, o la patología social que hizo posible la participación de los japoneses en la II Guerra Mundial.

2.  La segunda lectura es el capítulo titulado An Infernal Theocracy, a Celestial Caos, de Modern Times, por Paul Johnson.  El autor destaca el rol del sintoísmo como sucesor del bushido y fuente de las ideas necesarias para el nacionalismo expansionista y para el militarismo y la violencia.

También te recomiendo la película Yamamoto Isoroku acerca del almirante japonés que dirigió el ataque a Pearl Harbor.

Esta película presenta  la perspectiva japonesa del trágico involucramiento de aquel país en la II Guerra Mundial. Cuidadosamente, la peli evade relacionar al emperador Hirohito con la política de guerra; y por ningún lado se asoma la relación que hay entre el ánimo guerrero de los políticos japoneses con la cultura sintoísta, aunque sí asoman las tradiciones samurai.

A lo largo de la peli  se hace evidente la irracionalidad que prevalecía entre políticos, militares, periodistas y personas en general frente a lo que significaba una alianza con Hitler y Mussolini; y frente a lo que significaba enfrentarse a un enemigo formidable como eran los Estados Unidos de América.

¿Tenía justificación el uso de aquellas armas? Coincido con los que opinan que sí.

Primero porque la obligación moral del gobierno de los Estados Unidos (y de los aliados) era la de evitar que continuara la matanza de jóvenes estadounidenses y de jóvenes de otros ejércitos que se hallaban en el teatro bélico del Pacífico luchando contra Japón.  Había que para esa guerra ya, y ya estaba disponible la tecnología para hacerlo.  Aquello tenía que haber terminado luego de el estallido de Little Boy sobre Hiroshima, pero la hubris es mala consejera. Segundo, porque una invasión de Japón se hubiera convertido en una carnicería demencial debido al misticismo japonés.  Esa carnicería hubiera sido entre pobladores de las islas y entre los ejércitos invasores.  Hubiera durado días, si no semanas.  No era difícil imaginar que los japoneses hubieran luchado con varas de bambú afiladas, con uñas y con dientes para defender el honor de su patria y el de su emperador.  Finalmente, los soviéticos estaban avanzando por el norte y hubieran ocupado buena parte del archipiélago nipón, y había que evitar que allá ocurriera la partición que ocurrió en Alemania y en Europa.  ¿Quién, en su sano juicio, querría un Japón del norte a similitud de Europa del este…o de Corea del norte? 

Yours truly junto a una réplica de Fat Man, la bomba de Hiroshima. En la Smitsonian Institution.

Si te interesa el tema te recomiendo este vídeo de Yaron Brook.

Actualización: El 10 de agosto fui a ver la peli y de verdad te la recomiendo. Te dejo con tres frases para meditar:

  • Nadie debería ser juzgado [sometido a un proceso judicial, o político] por expresar sus opiniones con convicción.
  • No se si deben confiarnos esta arma; pero a los nazis, No.
  • Nos necesitan por lo que somos, así que sé tú mismo… solo que mejor.

Creo que esas tres frases resumen tres buenas ideas de Oppenheimer.

Dicho lo anterior y sin dejar de reconocer que Oppenheimer es una buena inversión de tres horas, algo que no deja de inquietarme -de este tipo de pelis- es una especie de justificación de los comunistas estalinistas en los Estados Unidos de América, a quienes se los pinta como liberals idealistas e inocentes que se plantan frente al mal que encarnan los ideales de aquella gran nación. 


06
Ago 19

¿Qué aprendemos de Hiroshima y Nagasaki?

Hoy es el 74 aniversario de la detonación de la bomba atómica, en Hiroshima.  Mi generación no creció con el freak atómico como la de los años 50; pero, ¿podemos aprender algo de aquella tragedia?

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¿Te das cuenta? En poco tiempo ya no habrá sobreviviente alguno, ni de Hiroshima, ni de Nagasaki (la segunda ciudad que recibió una bomba nuclear) y muchos de los que entonces tenían suficiente edad como para recordar el horror con alguna claridad, ya están en la octava década de sus vidas.

Los demás, los afortundados de no haber estado ahí, ni en la guerra espantosa que precedió a las bombas, tenemos la obligación moral de entender lo que ocurrió y hacer todo lo que sea racionalmente posible para que aquello no vuelva a ocurrir.

Para ello te recomiendo dos lecturas:

1. El capítulo titulado Gifts from Heaven, en Nothing Less than Victory, por mi cuate John David Lewis (QEPD). No soy un fan de las guerras; pero sí lo soy de la Historia y de las buenas historias; y de aquellos que saben contarlas.  En este libro John nos relata  como es que un objetivo de la guerra es acabar con la voluntad de pelear por parte del enemigo; y al identificar las motivaciones humanas detrás de los conflictos militares, este libro expone cómo es que acciones estratégicas ofensivas pueden conseguir la paz duradera.  John también explica cuál es la filosofía, o la patología social que hizo posible la participación de los japoneses en la II Guerra Mundial.

2.  La segunda lectura es el capítulo titulado An Infernal Theocracy, a Celestial Caos, de Modern Times, por Paul Johnson.  El autor destaca el rol del sintoísmo como sucesor del bushido y fuente de las ideas necesarias para el nacionalismo expansionista y para el militarismo y la violencia.

También te recomiendo la película Yamamoto Isoroku acerca del almirante japonés que dirigió el ataque a Pearl Harbor.

Esta película presenta  la perspectiva japonesa del trágico involucramiento de aquel país en la II Guerra Mundial. Cuidadosamente, la peli evade relacionar al emperador Hirohito con la política de guerra; y por ningún lado se asoma la relación que hay entre el ánimo guerrero de los políticos japoneses con la cultura sintoísta, aunque sí asoman las tradiciones samurai.

A lo largo de la peli  se hace evidente la irracionalidad que prevalecía entre políticos, militares, periodistas y personas en general frente a lo que significaba una alianza con Hitler y Mussolini; y frente a lo que significaba enfrentarse a un enemigo formidable como eran los Estados Unidos de América.

Entre hoy y el viernes, aniversario de la bomba atómica en Nagasaki, son muy buenos días para recordar que las ideas son importantes.

Si te interesa el tema te recomiendo este vídeo de Yaron Brook.

Entrada publicada en Centranews.


07
Ago 16

Lecciones de Hiroshima y Nagasaki

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Escucha el podcast aquí.

Ayer, que se recordó la bomba atómica sobre Hiroshima decidí ver la película Yamamoto Isoroku acerca del almirante japonés que dirigió el ataque a Pearl Harbor.

Esta película presenta el otro lado de la historia; es decir, la perspectiva japonesa del trágico involucramiento de aquel país en la II Guerra Mundial. Cuidadosamente, la peli evade relacionar al emperador Hirohito con la política de guerra; y por ningún lado se asoma la relación que hay entre el ánimo guerrero de los políticos japoneses con la cultura sintoísta, aunque sí asoman las tradiciones samurai.

Me llamó mucho la atención, sin embargo, que durante toda la película se hace evidente la irracionalidad que prevalecía entre políticos, militares, periodistas y personas en general frente a lo que significaba una alianza con Hitler y Mussolini y frente a lo que significaba enfrentarse a un enemigo formidable como eran los Estados Unidos de América.  Hay una escena que me impresionó particularmente y es cuando el almirante Isoroku Yamamoto -en una reunión con oficiales de la Armada y del Ejército le pregunta a un oficial: ¿Qué evidencia tiene?; y el oficial y sus compañeros se ven desconcertados ante esa pregunta.  A lo largo de la película hay varios momentos que nos recuerdan que Japón no tenía las  condiciones objetivas necesarias para entrar en la guerra; pero cegados por tradiciones colectivistas y místicas, sus dirigentes no dudaron en aquella aventura fatal.

La película ilustra cómo es que Yamamoto siempre se opuso a la guerra -y a la alianza con el Eje- y sólo accedió a iniciarla y dirigirla porque era su deber (esa idea kantiana tan peligrosamente resbalosa) y como un medio para conseguir la paz.

Desde otra perspectiva, alguien como yo aprecia muchísimo la notable presencia de alimentos y de costumbres alrededor de la mesa en toda la peli.  En ese sentido hay tres escenas que me cautivaron.  La escena en la que el Yamamoto come con su hermana y sus sobrinos y les enseña a ellos el orden en el que se comen los alimentos; la escena en la que el Almirante comparte albóndigas hechas en casa con sus oficiales; y una en la que Yamamoto consuela a un colega derrotado con un plato de sopa de arroz.   Una canción sobre el arroz y las berenjenas me pareció tierna.

Antes de perderte en la bulla que se hace en estos días alrededor de la explosión atómica sobre la ciudad de Hiroshima y Nagasaki recordemos que esta es una efemérides trágica y dolorosa de la que deberíamos aprender algunas lecciones. Los afortunados de no haber estado ahí, ni en la guerra espantosa que precedió a las bombas, tenemos la obligación moral de entender lo que ocurrió y hacer todo lo posible para que no vuelva a ocurrir. Para no caer en la confusión te recomiendo dos lecturas:

1. El capítulo titulado Gifts from Heaven, en Nothing Less than Victory, por John David Lewis. No soy un fan de las guerras; pero sí lo soy de la Historia y de las buenas historias. Y de aquellos que saben contarlas.  En este libro John nos relata con talento como es que un objeto de la guerra es acabar con la voluntad de pelear por parte del enemigo; y al identificar las motivaciones humanas detrás de los conflictos militares, este libro expone cómo es que acciones estratégicas ofensivas pueden conseguir la paz duradera.  John también explica cuál es la filosofía, o la patología social que hizo posible la participación de los japoneses en la II Guerra Mundial.

2.  La segunda lectura es el capítulo titulado An Infernal Theocracy, a Celestial Caos, de Modern Times, por Paul Johnson.  El autor destaca el rol del sintoísmo como sucesor del bushido y fuente de las ideas necesarias para el nacionalismo expansionista y para el militarismo y la violencia.

Estos días son muy buenos días para recordar que las ideas son importantes.

Si te interesa el tema te recomiendo este vídeo de Yaron Brook.


23
Oct 15

La neutralidad no es opción

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Es un error fatal ver esta guerra como si fuera una de las muchas que ha habido en el pasado entre países de civilización occidental. Esta es una guerra total…en una guerra así no se puede ser neutral. Los neutrales saben muy bien cuál será su destino si vencieran los nazis. Es vana su jactancia de que están dispuestos a luchar por su independencia si los nazis los atacan. En caso de derrota de los aliados, las operaciones militares de Suecia o de Suiza no serían más que un acto simbólico. En las condiciones actuales la neutralidad equivale a apoyar virtualmente al nazismo. Esto lo escribió Ludwig von Mises, en Gobierno omnipotente, en plena II Guerra Mundial.

En esos momentos de la historia en los que es mucho lo que está en juego, la neutralidad es desatinada. De eso me acordé ahora que el domingo puedo ir a votar.  Salvando las distancias, no seré neutral y votaré contra Sandra Torres.

Si, ya se.  De Jimmy Morales se sabe poco, o nada.  No tiene plan de gobierno.  No tiene experiencia de gobierno. Era comediante antes de ser candidato.  Es un advenedizo. Aparentemente no tiene equipo. Es un misterio. Sus memes serán de antología.

Pero por otro lado, de Sandra Torres se sabe demasiado.  Tiene experiencia notoria y la mayoría de los que recordamos su cogobierno con Alvaro Colom tenemos malos recuerdos de esos cuatro años. ¡Es capaz de divorciarse para conseguir el poder!  ¿Qué hacía en los ochenta? ¿Tiene plan de gobierno? Tiene equipo; pero, ¡con unos pájaros de cuenta!  ¡Con unas chorchas! Ella no es un misterio y como dicen los memes: Da desconfianza.

Tal vez es cierta la frase de Samuel Johnson: Nuestro ánimo se inclina a confiar en aquellos a quienes no conocemos por esta razón: porque no nos han engañado.

En esta elección –como en la de septiembre- no voy a ser neutral porque considero que es mi deber moral de ciudadano y de mandante hacer todo lo posible por evitar que se repita algo remotamente parecido a la administración de los Colom/Torres/Espada. Y estoy dispuesto a confiar en uno que no conozco sólo por la razón que explica Johnson.  ¿Y si me equivoco? Pues charge it to experience, diría mi tía Adelita.

Columna publicada en elPeriódico.


21
Oct 15

¿Qué tienen en común un emperador y un verano en Escocia?

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Las dos mejores películas que he visto en días recientes son: Emperor y What we did on our Holyday.

La primera es de carácter histórico y cuenta la historia de cómo el general Bonner Fellers llevó a cabo la delicada tarea de investigar y recomendar si el empreador Hiroíto debería ser enjuiciado y eventualmente colgado como criminal de guerra, o no.

La segunda es una comedia dramática acerca de la vida y acerca de la familia y de las relaciones humanas; con ese tipo de caracteres, diálogos y situaciones que sólo el humor británico es capaz de idear y hacer realidad, este es cine para ver en familia.

Una de mis citas favoritas de Emperor es del general Douglas McArthur: I don’t want the Communists in here. But Washington wants vengance on the Emperor, because their voters do, and their voters have no fucking idea what’s good for them.

La otra es del general Kajima, e ilustra, para quienes no lo ven claro, la importancia suprema que tienen las ideas en las acciones y sus resultados. Ilustra la perversidad del concepto kantiano del deber, del altruismo y de filosofías como el sintoismo: We did our duty, but we lost our humanity. You must understand, we Japanese are a selfless people capable of immense sacrifice because of our complete devotion to a set of ideas. We are also ruthless warriors capable of unspeakable crimes because of that same complete devotion.

En What we did on our Holiday, una de mis citas favoritas es este diálogo:

-¿Cómo saben las personas lo que son? 

-Solo lo descubren. Todos descubrimos lo que somos. Y luego el mundo tiene que lidiar con eso.

Y la otra son las palabras finales de Gavin McLeod:  Estoy seguro de que ustedes creen que él nos puede ver [refiriéndose a su padre recién fallecido]. Yo no; yo creo que la vida es todo lo que tienes y que Gordie McLeod supo aprovecharla; y que nosotros también porque sólo para eso sirve la muerte, para darnos una patada en el trasero y decirnos “manos a la obra y ama a quienes te rodean”.

Ayer vi una tercera película; pero no la contaré entre mis favoritas.  Sí que fue entretenida y emocionante; pero no puedo sentir simpatía por un hobby, un deporte, una afición, una ambición o un sueño que pongan en riesgo vidas de terceros para que el practicante alcance sus objetivos; y tampoco si se colectivizan las consecuencias de las malas decisiones del practicante.  Me refiero a Everest.  Dos escenas son un ejemplo de lo que digo: el hecho de que Rob muere como consecuencia de que tuvo que regresar para que Doug pudiera cumplir su sueño, a sabiéndas de que Doug ya no estaba en capacidad de hacerlo y a sabiéndas de que estaban atrasados y venía una tormenta; o el hecho de que para rescatar a Beck casi se matan dos soldados nepalíes y se usa un helicóptero posiblemente pagado por tributarios nepalíes (que como se sabe no son el pueblo más próspero de la Tierra).

Everest, contrario a The Martian, es una peli en la que abundan la irracionalidad, los caprichos y el misticismo.


06
Ago 15

En el aniversario de la bomba sobre Hiroshima

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Hoy es el aniversario número 70 de la explosión atómica sobre la ciudad de Hiroshima. Una efemérides trágica y dolorosa de la que deberíamos aprender algunas lecciones. Pronto ya no habrá sobreviviente alguno, ni de Hiroshima, ni de Nagasaki (la segunda ciudad que recibió una bomba nuclear) y quienes entonces tenían suficiente edad como para recordar el horror con alguna claridad, ya están en la octava década de sus vidas.

Los demás, los afortundados de no haber estado ahí, ni en la guerra espantosa que precedió a las bombas, tenemos la obligación moral de entender lo que ocurrió y hacer todo lo posible para que no vuelva a ocurrir.

Para ello recomiendo dos lecturas:

1. El capítulo titulado Gifts from Heaven, en Nothing Less than Victory, por mi cuate John David Lewis (QEPD). No soy un fan de las guerras; pero sí lo soy de la Historia y de las buenas historias. Y de aquellos que saben contarlas.  En este libro John nos relata con talento como es que un objeto de la guerra es acabar con la voluntad de pelear por parte del enemigo; y al identificar las motivaciones humanas detrás de los conflictos militares, este libro expone cómo es que acciones estratégicas ofensivas pueden conseguir la paz duradera.  John también explica cuál es la filosofía, o la patología social que hizo posible la participación de los japoneses en la II Guerra Mundial.

2.  La segunda lectura es el capítulo titulado An Infernal Theocracy, a Celestial Caos, de Modern Times, por Paul Johnson.  El autor destaca el rol del sintoísmo como sucesor del bushido y fuente de las ideas necesarias para el nacionalismo expansionista y para el militarismo y la violencia.

Hoy, mañana y el sábado, aniversario de Nagasaki, son muy buenos días para recordar que las ideas son importantes.

Si te interesa el tema te recomiendo este vídeo de Yaron Brook.


20
Mar 14

“Sandwich” de hojas de remolachas

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Uno de los platos más deliciosos -y desconocidos- en casa de mis padres es la tortilla de hojas de remolacha. A mí me encanta como sea y una de mis formas favoritas de comerla es en sandwich, en pan francés con aceite de oliva y mayonesa.  También es rica con salsa de tomate, o con chirmol. Para más alegría, la tortilla de la foto es de remolachas del día de mercado en Bejo.

Entre nosotros, los chapines, no se valora este bocatto di cardinale.  En los mercados de todo el país, las hojas de la remolacha se desperdician y se pudren.  Mi abuela, Frances,  contaba que, en Inglaterra, durante la II Guerra Mundial, la gente las comía porque ni modo. Pero aquí, la gente no las aprecia.

La tortilla de hojas de remolacha se prepara exactamente como prepararías una tortilla de acelgas, o de espinacas.


04
Jul 10

Guerras decisivas y lecciones de la Historia

Ya está a la venta -y lo he comprado- el libro Nothing less than Victory, por el Historiador y cuate John David Lewis.

Conocí a John cuando tomé su curso sobre la victoria sobre Japón en la II Guerra Mundial; y luego tomé con él un curso sobre la victoria de Roma sobre Cartago. Ambos cursos, por cierto, son capítulos de este libro que hay que leer. No sólo porque John es un académico acucioso, informado y con una gran capacidad integradora; sino porque tiene el don de la pluma, como tiene el de maestro. Ratitos que tengo, estoy releyendo la parte de Japón y es como si lo viera moverse y expresarse en clase. Esa pasión que tiene por la Historia en vivo, la traslada muy bien al papel y la tinta.
Yo no soy un fan de las guerras; pero sí lo soy de la Historia y de las buenas historias. Y de aquellos que saben contarlas. John es visiting associate professor of Philosophy, Politics and Economics en la Duke University y es senior research scholar in History and Classics en el Social Philosophy and Policy Cetner de la Bowling Green State University. Además es autor de Solon the Thinker: Political Thought in Archaic Athens; y de Early Greek Lawgivers.
De Nothing Less than Victory, Victor Davis Hanson, autor de Carnage and Culture, dijo que sus insights and conclusions are original and fearles; y Barry Straus, autor de The Spartacus Wars, dijo que this book´s argument is powerful and provocativce, and Lewis is a good storyteller and scholar.

08
Mar 09

Cosas que ni se ven, ni se hacen

Andaba con mi amiga Bobbi, por el Museo Ixchel, cuando vimos varios instrumentos como el que ilustran esta entrada. ¿Sabe usted lo que son y para qué sirven? Esas piezas eran usadas para zurcir calcetines. Sí. Antes la gente no tiraba los calcetines cuando tenían hoyos; y lo que hacía era remendarlos. El instrumento se introducía en el calcetin y facilitaba pasar la aguja y el hilo para darle forma al zurcido.

Esas cosas ya ni se ven, ni se hacen; pero aquella era una práctica común y en casa de mi abuela, Frances, había uno al que mi hermano y yo le decíamos La pata de pollo. Eso le conté a Bobbi, y mientras nos reíamos ella comentó que en su casa, cuando se gastaban los cuellos de las camisas, su madre los volteaba para darles una segunda vida. Y ahí nos agarró la risa otra vez porque igual cosa se hacía en mi casa. Hasta pasadito el terremoto de 1976 uno todavía le llevaba a mi abuela los calcetines para que los zurciera, y las camisas para que les diera vuelta a los cuellos.

Ella nos contaba que así se hacía durante la Gran Depresión y durante la II Guerra Mundial cuando las cosas eran caras y escasas. Por supuesto que cuando la segunda mitad del Siglo XX vino cargada de prosperidad sin precedentes, muchísima gente pudo abandonar aquellas prácticas, que quien sabe si tengamos que retomar ahora que se profundiza una crisis de grandes magnitudes.

La pata de pollo, por si acaso, ahora está en casa de mi madre. Y no está de más comentar que, si uno no tiene una, puede usar una bombilla…si es que todavía no ha cambiado las suyas por los nuevos focos ahorradores, que no le servirán para zurcir sus calcetines.

Digg!


06
Oct 08

Los muertos eran menos

Cuando se exagera el número de muertos, aún en una masacre espantosa, o en dos, ¿debería ser corregido el error?

Según una nota de la Associated Press, citada por Milenio.com, el bombardeo aliado de la ciudad alemana de Dresde, en 1945, mató a unas 25 mil personas; muchas menos que las 135 mil calculadas hasta el momento, según informa una comisión especial integrada por 12 especialistas.

Cuatro años de investigaciones confirmaron 18 mil muertes y demostraron que la policía y las autoridades municipales de aquel entonces creyeron que hubo unas 25 mil víctimas. Desde fines de la II Guerra Mundial, los eruditos han variado sus cálculos de víctimas muertas por los bombardeos británicos y estadounidenses del 13 y el 14 de febrero de 1945. Algunos cálculos las situaron en 135 mil, o más. En su libro de 2005, sobre los bombardeos, el historiador británico Frederick Taylor sostuvo que la cifra real osciló entre 25 mil y 40 mil.

El elevado número de víctimas civiles y la destrucción de la ciudad ha sido un motivo de polémicas durante décadas — especialmente sobre si los aliados estuvieron justificados al atacar una ciudad repleta de refugiados. Los aliados esperaban que los bombardeos acelerarían la capitulación de los nazis. El crimen de Dresde es un artículo interesante por Fernando Díaz, de la Fundación Juan de Mariana.

Recientemente, los neonazis el Alemania hablaron de unos 500 mil a un millón de víctimas, y consideraron la medida un Holocausto de bombardeo, además de compararlo con el asesinato de 6 millones de judíos decretado por Adolfo Hitler. Acusaron a Gran Bretaña y Estados Unidos de cometer asesinatos en masa.

Las cifras de muertos suelen ser exageradas si los conteos se hacen con propósitos que van más allá del interés histórico. Otro caso similar es el de los muertos por el enfrentamiento armado en Guatemala.

La cifra estimada por el establishment ya va por 200,000 muertos; mientras que un conteo sereno -como el de Guatemala, la historia silenciada, por Carlos Sabino- no reporta más que unas 37,000 víctimas mortales.

¡Por supuesto que el asunto no es de números, porque igual de horrible es 37 que 200 mil muertos por una guerra para establecer la dictadura!; sin embargo hay dos cosas interesantes en estas comparaciones:

1. El recurso de elevar el número de víctimas para empeorar el aspecto de las cosas; y
2. Que en ambos casos, el porcentaje de exageración es de 18.5%