28
Dic 22

Riquísimo el ponche de frutas

 

El ponche navideño, en Guatemala, se prepara con variedad de frutas que depende de la región del país en que se elabore y de la receta familiar. La receta que se hace en casa viene de la costa sur; pero este año tuvo un marcado acento de manzanas que son más propias del altiplano. Fue sazonado con manzanillas, que también son del altiplano y con un toque delicado de cardamomo, además de la canela tradicional.  Este ponche lleva piña, papaya y plátanos. También pasas y ciruelas.En casa de mis padres, el ponche se hacía con piña, que es común a todos los ponches chapines; y se sazonaba con canela, se hacía con frutos secos del hemisferio Norte, como peras, manzanas y melocotones, además de las ciruelas y pasas que son infaltables.

El ponche me gusta bien helado y que sea refrescante; y si lo he de tomar caliente. me gusta con un piquete de buen ron. Por cierto que en la costa sur al ponche le dicen caliente.


26
Dic 22

La alegría del caldo de huevos

 

Este año, con los huesos del pavo, hicimos caldo de huevos del modo en que lo hacía mi bisabuela Mami.  Es una tradición familiar que no siempre disfrutamos en casa.

Los que visitan este espacio desde hace tiempo saben que para mi lo bueno del pavo son sus subproductos: el relleno, el caldo de huevos, el sandwich de ensalada de pavo y el sandwich de relleno con gravy.

¿Cómo se hace el caldo? Los huesos se ponen a cocer durante por lo menos una hora y a la media hora se les añade un ramo de apazote. ¿Cuánta agua? Pues suficiente para que cubra los huesos del pavo. Luego ese caldo se cuela en el colador de frijoles para extraer bien los jugos de la carne y el relleno quedaron en los huesos.  A ese caldo se le añaden el gravy que sobró y sopas Maggy de tomate.  ¿Cuántas sopas? Depende de la cantidad de caldo. El caldo se sirve con huevo, crema y queso parmesano.  No vayas a poner un huevo duro en el caldo (como hizo una amiga de mi abuela, Frances, cuando le dio la receta).  El huevo se cuece en el plato y se sirve de uno en uno.  Eso es muy laborioso, pero la recompensa lo vale.

Desde niño me tomo dos platos por lo menos; y cuando lo tomo no sólo me gustan su sabor, su aroma y su textura, sino que me transporto en el tiempo.  Todas estas comidas tienen una característica en común, son comfort food, porque traen recuerdos de personas, de ocasiones, de festividades y de buenos tiempos en compañía de seres amados, o por lo menos bien recordados, con cariño. Están profundamente enraizadas.

Este caldo lo solía servir Mami en su célebre hotel Casa Contenta, en Panajachel.  Era propio del 25 de diciembre y del 1 de enero.  Me gusta tomar el caldo acompañado por vino blanco, o vino verde.


15
Dic 22

Torito, marimba y bailadores

Salir a cazar toritos es uno de mis deportes favoritos en diciembre.  En casa nos encanta ir a la zona 1, para la fiesta de Guadalupe, en busca de toritos, mariposas y ese tipo de fuegos artificiales.

Este año fue diferente porque fuimos a cenar a la casa de amigos queridos, deliciosa sopa azteca, con una playlist mexicana estupenda y muchas anécdotas en buenísima compañía; así que sólo vimos un torito en el tradicionalísimo Callejón Maravillas.

En 2021 escribí que Estoy seguro de que el año entrante será muy bueno en términos de fiestas populares y tradicionales.  Esto es importante porque las tradiciones no sólo nos dan un sentimiento y una sensación de comunidad; sino que cumplen una función sanadora frente a la desesperanza y a la inestabilidad. Aromas, alimentos y sonidos, texturas y colores, así como rituales nos traer recuerdos y nos invitan a reflexionar.  Fuegos artificiales, costumbres,  disfraces y más son parte de aquel acervo rico y enriquecedor; y no me equivoqué, en general en 2022 las fiestas populares y tradicionales, con su música y su pólvora han estado magníficas.

Cuando yo era niño, las historias de mi tía abuela, La Mamita, acerca de toritos durante las fiestas tradicionales disparaban mi imaginación. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta hace relativamente pocos años que vi el primero en San Juan del Obispo. Desde entonces pocas cosas me emocionan y divierten tanto y me ponen tan contento como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus luces y sus colores entre la gente que se les acerca y les huye. ¿Alguna vez te ha corrido un torito? Es de lo más divertido y emocionante.

En casa nos gusta llevar a esta fiesta a extranjeros visitantes y a chapines que nunca han visto toritos; y nadie ha salido decepcionado.


14
Dic 22

Arbolito para alegrar las fiestas

 

En casa tomamos en serio el arbolito que nos alegra las fiestas de fin de año.  El pinabete tradicional no sólo nos trae su aroma encantador, sino que su color y sus formas, así como las luces y las figuras que lo adornan son símbolos de paz y amor, nos traen recuerdos y nos dan esperanzas.

En casa celebramos el solsticio de invierno, yuletide, navidad, las saturnalias y otras fiestas de fin de año con arbolito y decoraciones tradicionales.  El arbolito tiene que ser Abies guatemalensis y no pueden faltar la manzanilla, los chinchines, la tortuga y otros objetos que nos conectan con nuestras historias propias, nuestras infancias y con las generaciones que nos han precedido.

El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones.

El viernes fuimos a traer el arbolito a El encanto, de Tecpán;  y, como el año pasado, el espíritu de la querida doña Mireya nos acompañó a la hora de elegirlo y en el momento de encenderlo.  Este año, este último proceso fue toda una aventura que te contaré abajo.

Para los que vienen por primera vez:

En las casas de mis abuelas y de mis padres no siempre hubo pinabetes. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles inolvidables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces de colores. Allá algunos de aquellos árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos gran variedad de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, también tuvimos cipreses y creo que algún pino. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco plateado. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaiianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, una estrella de Santa Catarina Palopó, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así.  Los de este año son vintage, hechos de hojalata y pintados como de principios del siglo XX.

Una aventura de árbol

Fuimos a El Encanto, de Tecpán a por el pinabete, lo subimos al techo del pickup y lo trajimos a la ciudad.  Al llegar a casa notamos que el arbolito se veía particularmente alto y por poco y no entra al elevador.

Al entrar a casa y tratar de poner en pie el arbolito resultó que no cabía y habría que cortarlo.  Cosa que resolveríamos el sábado al contactar al cuate que nos hace trabajos en la casa y tiene sierra eléctrica.  Pero el sábado tuvimos un día complicado y el muchacho de la sierra no podía llegar porque estaba comprometido con otro trabajo.  Así que el pobre arbolito quedó horizontal en el piso.  Y aquí viene lo curioso…

Estuvimos hablando de la complicación que se nos había presentado, hubo llamadas telefónicas al respecto y…¿vas a creer que en mi teléfono salieron dos anuncios de sierras eléctricas?…y mejor aún…de sierras eléctricas cortando troncos sobrantes de arbolitos de navidad.  Cada vez me convenzo más de que nuestros teléfonos nos escuchan y nos ofrecen anuncios de lo que comentamos.  ¿Qué opinas?

Llegó el domingo y el cuate que nos hace trabajos en casa avisó que no podría llegar; y, claro, no íbamos a tener el arbolito tirado 24 horas más.  Así que fui a comprar una sierra eléctrica, porque estaban en oferta y porque la tarea de cortar el tronco se veía fácil en uno de los anuncios.

La cosa es que volví bien armado y en casa procedimos a cortar el tronco sobrante…pero la madera del pinabete es más dura de lo que pensé…y para hacer la historia corta terminé con el brazo adolorido y dos ampollas en el dedo índice de la mano derecha.

¿Valió la pena? ¡Claro que sí!  El arbolito está guapo y ya hay ambiente.  Sólo faltan tamales y ponche.


11
Dic 22

¡Volvieron las Luces Campero!

 

¡Que alegre que volvieron las Luces Campero luego de que nos fueron robados dos años!  Este año no las vimos desde casa, pero las vimos en compañía de amigos queridos desde, otra perspectiva.

El crío que hay en mi se maravilla con las formas y los colores de la pirotécnia. Hay algo en los fuegos artificiales que me emociona mucho y me invita a aplaudir y a expresar mi asombro en el sentido aquel de Baila como si nadie te estuviera viendo, ama como si nunca te hubieran herido y canta como si nadie pudiera oírte…Tal vez por eso es que me gustan tanto las Luces Campero, los toritos y las mariposas, los castillos y otras pirotécnias.

¿Sabes que durante unos 10 años, poco más, o menos no vi las Luces Campero?  En parte porque se me olvidaba estar pendiente de ellos y en parte porque trabajaba el día en que se celebraban. El primer año de aquellas luces tuve la malísima idea de subir a verlos al mirador de la carretera a El Salvador y fue un error, sólo recuerdo que se veían bien pequeños y que el tráfico fue infernal.

Que alegría por los niños que los ven por primera vez; y que alegría por los adultos que los gozamos como si fuera la primera vez. Que dicha volver a verlos.


08
Dic 22

Alegre quema del diablo en el Cerro del Carmen

 

La quema del diablo es una tradición guatemalteca que representa la oportunidad ritual para echar al fuego lo malo, lo inservible, lo caduco, lo que hace daño y lo que no queremos para el año que viene en un contexto místico y mitológico. En 2018 descubrimos que esta fiesta familiar se celebra de forma tradicional y encantadora en el Cerro del Carmen, en la ciudad de Guatemala y anoche volvimos a ese lugar para celebrar.

Desde una perspectiva racional y más universal, la fiesta trae la luz y el fuego a la época del año en la que las noches son más largas, frías y oscuras, por lo que es apropiado celebrarla con familia y amigos, y recordar que aún en la oscuridad es posible la luz. Estoy seguro de que cada quién podrá sacar de todo esto lecciones de vida y aprendizajes que habrá que transmitir a las generaciones siguientes.

Disfruto mucho esta fiesta chapina porque es una ocasión propia para celebrar la vida y para recordar a dos personajes malentendidos, uno de ellos casi olvidado y que -aparentemente- no tienen nada en común: Lucifer y Prometeo. Ambos se rebelaron contra dioses tiránicos y arrogantes.  Ambos fueron cruelmente castigados por su atrevimiento.  Uno es el traedor de luz, y el otro les dio el fuego a los hombres.  Ambos son heroicos.

Hace cuatro años, cuando fuimos a la quema del diablo en el Cerro del Carmen por primera vez, el cura explicó que Maria, la que anuncia la luz, precede a Jesús que es el Sol; y en la realidad, ¿quién precede al Sol? ¡Venus precede al Sol cuando Venus es lucero de la mañana!  ¿Y cuáles son otros nombres antiguos de Venus? Lucifer, el traedor de luz; e Ishtar -diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad-.  Los mayas, por cierto, no eran ajenos al concepto de que Venus, Lucifer, o Ishtar es traedor de luz.  Ya que para ellos Venus  (el heósforo) anunciaba que le Sol saldría ese día, luego de su paso por Xibalbá.

¡Hay que celebrar estas fiestas or la vida, y por el valor de quienes traen la luz y de quienes se rebelan ante dioses tiránicos y arrogantes!

El Diablo del Cerro del Carmen estuvo galán.  Adornado con fuegos artificiales en forma de alas.  Eso le da un ambiente más festivo -por las luces, colores y variedad de la pirotécnia- que una hoguera, o la mera quema de la piñata. En aquel lugar histórico la fiesta es de barrio, familiar y casi íntima; pero si quieres un fiestón y ver maravillas te recomiendo las loas en Ciudad Vieja.  Como es la fiesta patronal de aquella población el pueblo tira la casa por la ventana.

Cuando era niño, por cierto, la fiesta solía incluir la reunión de amigos en la mañana para ir a buscar ramas y chiribiscos con qué armar una buena pira, la llegada de mi padre con cohetes y algunos fuegos artificiales, los buñuelos preparados por mi madre y mucha alegría en la calle y en la casa.

Desde lo alto del cerro vimos muchos fuegos artificiales y fogarones, en esta tradición que está bien viva.  Además, la ermita en aquel lugar le da un bonito contexto al rito. Aquella construcción tiene toques de fortaleza porque el barco en el que vino Juan Corz, el fundador de aquel lugar, se llamaba La fortaleza. Además el lugar está bien cuidado, bien iluminado, limpio y seguro.

Duante el trayecto hacia aquel lugar emblemático, antiguo y tradicional vimos muchas personas y niños acarreando sus piñatas de diablos.  Ahora hay diablos y diablas, canches y negros, los hay de cuatro patas y monumentales. Cuando yo era niño, las piras no incluían estas piñatas, se hacían con ramas y cuanto mucho cajas de cartón.  Eso sí, siempre había cohetes involucrados.

Raúl, Mario y yo terminamos la noche con cervezas Güin, hamburguesa, tacos y pasta.  No hubo buñuelos como es la tradición; pero las cervezas cumplieron con darle un carácter de celebración a esta fiesta.


27
Nov 22

Alegre convite en mi barrio

 

¡Que alegre!, otra de las tradiciones populares que ha vuelto -luego de los encierros y las prohibiciones- es la del convite.  Hoy hubo uno en mi barrio y me dio mucho gusto.

Haz clic en la foto para ver el vídeo.

Por las calles de mi barrio y a ritmos de lo mas variados bailaron personajes variopintos y el más divertido fue un niñito que encabezaba la fiesta, justo detrás del pickup con musicón. Llevaba el número 15 y ojalá que él y otros sigan esta bonita tradición.

Me divierten much los convites y este año olvidé que por Q10 este cortejo se detiene y los integrantes bailan una pieza. Di mi contribución, pero olvidé pedir que se detuvieran.

¿Has visto un convite?

El primer convite que vi fue en Panajachel cuando yo tenía unos 6 años. Recuerdo que no me lo esperaba y que me impresionó mucho lo grandes y cabezones que se veían los personajes. Recuerdo que seguí al cortejo hasta la cocina del Hotel Casa Contenta en donde nos dieron gaseosas y pastel; y que varios de los trabajadores bailaban disfrazados.

Entre ellos, Mariano, que siempre fue muy atento y deferente conmigo y con mis padres.

En Guatemala hay convites muy célebres como el de Sumpango, el de Villa Nueva, el de Ciudad Vieja y el de Quiché. Pero, ¿qué es un convite? Es un desfile danzante de parejas -generalmente de hombres- que van disfrazados de personajes humanos y de caricaturas y así bailan por las calles de las poblaciones.


24
Nov 22

Leyendas de Guatemala

 

Siete leyendas tradicionales de Guatemala, producidas en videoartes por estudiantes de Diseño de Producción, vimos anoche y las disfruté mucho.  Los chicos lograron transmitir los sentimientos propios de estas historias con moralejas.

Vimos La Llorona, eterno lamento; por Valeria García; El Cadejo, delirio intoxicante, por Rafael Pastor; La Tatuana, recención y santería, por Luis Pedro Domínguez; El carruaje de la muerte, inevitable destino, por Valentina Dávila; La Siguanaba, castigo de pasión; por José Andrés López; Los penitentes, todos somos pecadores; por CristianCoronado; El Sombrerón, enredo obsesivo, por Nicole Castro.

El profesor del taller es Chema Bonilla y la música fue de Gaby Moreno.  Es admirable la creatividad e ingenio de los estudiantes y es fascinante el uso que hacen de herramientas como la inteligencia artificial.

Este taller se imparte en la Facultad de Arquitectura de le Universidad Francisco Marroquín.


20
Nov 22

Espectacular la fiesta del Árbol Gallo

 

Anoche, la fiesta de inauguración del Árbol Gallo estuvo espectacular.  Pero en casa no vamos sólo por la iluminación del Árbol y la de las avenidas Reforma y De Las Américas, no vamos sólo por la música, ni vamos sólo por los fuegos artificiales aunque todo aquello es magnífico, colorido y alegre. Vamos por disfrutar de la gente, de la alegría de las familias y de las caritas maravilladas de los niños.

Las familias se congregan desde temprano y hacen picnic, duermen la siesta y esperan la fiesta.

Este año, aquella inauguración fue doblemente significativa porque, a la tradición se le sumó el hecho de que es el retorno de la fiesta.  Luego de los encierros del 2020 y del bajón del 2021, anoche la gente salió a las calles y el espectáculo estuvo a la altura.

La del Árbol Gallo es una fiesta de colores.

A mi me encanta ver a las familias que van desde temprano y se instalan en la grama de la Reforma y Las Américas, que llevan sus mantas y su comida y la pasan bien.  Me gustan las ventas de comida y de todo tipo de chalchigüites.  ¿Sabes que me dio mucho gusto anoche? Desde hace años hay un viejito que vende bromas.  Vende juguetes ingeniosos para hacer bromas y trucos.  Pues el hombre sobrevivió a los encierros y ahi andaba ofreciendo sus mercancías.

El viejito de las bromas.

El momento en que se encienden el Árbol Gallo y suena la música es particularmente chulo para ver las caras de los niños.  También cuando empiezan los fuegos artificiales.  Y cuando digo niños, no me refiero únicamente a los que lo son por su corta edad, sino a aquellos adultos que todavía tenemos la capacidad de maravillarnos frente a lo que es maravilloso.  Esta fiesta y otras de la temporada son tan propicias para celebrar la vida; sobre todo ahora que sabemos que nos puede ser arrancada de un plumazo.

A disfrutar entre árboles y luces.

Es una fiesta familiar.

El Festival del Árbol Gallo -de la Cervecería Centroamericana- se celebra desde hace 37 años y sin duda es parte importante del imaginario chapín de las fiestas de fin de año.  En unas semanas serán las Luces Campero y el Festival Navideño en la Plaza de la Constitución.  Cayalá ya está vestida de fiesta y luces. El Departamento de Artes Escénicas de la Universidad Francisco Marroquín celebró Joy.

Nada impide ir y celebrar la fiesta en la calle y con la gente.

¿Qué más viene ahora? La quema del diablo; la fiesta de Guadalupe en mi barrio y en el centro con sus fascinantes toritos; y la Nochebuena con la alegría de los fuegos artificiales.

La cosa es pasarla bien, con los cuates.

Esta vez vimos el Árbol Gallo desde el bulevar Liberación.

Algo que no he mencionado en otras ocasiones es que al final del espectáculo las familias llenan los restaurantes que están a inmediaciones del Monumento a los Próceres en todas las arterias que convergen en ese espacio.  Anoche había colas en casi todos los y habia familas comiendo y disfrutando alegremente.

Júpiter nos acompañó anoche; pero también estaban Marte y Saturno.

Las familias gozan del Festival del Árbol Gallo.

Es tradición que cuando estamos en la fiesta compramos juguetes con luces para darlos a niños a los que intuimos que sus padres no les pueden comprar juguetes y…¿sabes qué? Anoche nos costó encontrar ese tipo de chiquitos.  También es tradición que volvamos caminando a casa por la 20 calle, acompañados por las familias que vuelven de igual forma a sus casas.  Lo triste es que muchas de esas familias no tienen opción porque no hay transporte colectivo en la noche.

Luces y más luces.

Cada quién disfruta y celebra a su modo.

Es una fiesta para el que quiera celebrarla.

Una sóla cosa empaña la fiesta de verdad: la misma gente que disfruta de la celebración sea la gente inmunda que deja el lugar y sus alrededores hechos un asco: pero date una vuelta en la madrugada del 25 de diciembre por la 18 calle; o date una vuelta por La Antigua en la noche del Viernes Santo y vas a ver exactamente de lo mismo.  Date una vuelta por cualquier fiesta de pueblo y ¿qué crees que vas a encontrar? La cultura de la inmundicia por todas partes.

¿Cómo no admirarse del espectáculo?

 

Se celebra con los amigos, con la familia, con la pareja y con quienes se apunten.

Yours truly en el Festival del Árbol Gallo. Foto por Raúl Contreras.

De todos modos, ¡Que estas fiestas y el espíritu celebratorio chapín viva por siempre!…y desde Carpe Diem les deseo a los lectores felices fiestas junto a sus familias y seres queridos, larga vida y prosperidad.

De vuelta a casa, en familia.


01
Nov 22

El fiambre, una celebración de la vida

 

¿Cuál es la tradición chapina más bonita? ¡La del fiambre! Es que en Guatemala, en el contexto del Día de los muertos, celebramos la vida.  La reunión con la familia y los amigos es el eje de la fiesta; y el fiambre es la comida tradicional de esta celebración.  El fiambre es el más chapín de todos los platos chapines.

La fiesta en la que los guatemaltecos comemos fiambre es la forma chapina del Día de Gracias. Es una festividad que celebra la vida, los frutos del trabajo productivo y la dicha de tener con quienes compartirlos.

No es posible un buen fiambre sin trabajo y sin productividad, sin ahorros, sin abundancia y sin familia, ni amigos para compartirlo. Un buen fiambre es imposible sin amor, como dijo mi cuata, Carmen. La tradición del fiambre es de las cosas más bonitas de Guatemala, dijo mi cuata, Adriana.

Cada familia guatemalteca tiene su propia receta de fiambre, y ¿sabes cuál es el mejor fiambre? El que sabe como el de la casa de tus padres, o como en la de tus abuelos; pero también es el que tiene tu toque personal.  Es el que te recuerda tu niñez, tu adolescencia y tu proceso de maduración, y el que tiene tu carácter.  El mejor fiambre es el que es acerca de tus raíces y acerca de tus ramas…para usar una metáfora como cualquiera otra.  El fiambre que hacemos en casa tiene su origen en por lo menos cuatro generaciones.  Está basado en la receta de mi madre, Nora; que recibió la de mi abuela paterna, Frances; basada en la receta de mi bisabuela, Adela que, a su vez, la recibió de su cuñada, Elisa.

Hay fiambres rojos, blancos y verdes (y el jueves oí que hay amarillos); y en casa el caldillo de nuestro fiambre es rosado.  El fiambre es un plato tradicional y muy complejo de la cocina guatemalteca por lo que requiere de todo el buen juicio, el entusiasmo y la sazón que puedan tener quienes lo preparan.  Las claves de un buen fiambre son la armonía de los sabores, de sus formas, sus texturas y sus colores, así como la calidad de los ingredientes y tener con quién compartirlo. Hace unos años leí, en Twitter, que la verdadera soledad es no tener quién te regale un buen plato de fiambre.

La preparación del fiambre lleva semanas de planificación y de ejecución.  La fiesta del fiambre no es sólo acerca de comerlo (que ya es bastante bueno); sino acerca de la expectativa de seleccionar las carnes, los embutidos y los adornos; es sobre la compra de las verduras y sobre el proceso de hacerlo en familia, con amigos y en buena compañía. Es sobre lo que se goza haciéndolo y sobre recordar y recordar las anécdotas relacionadas con su elaboración. Por ejemplo, este año, como el año pasado, fuimos a seleccionar y a comprar una gallina gorda al Mercado Colón y eso es toda una experiencia. Nosotros siempre usamos los embutidos de La puerta del Sol, preparados por Virgilio y su equipo, basados en la receta del legendario Abel.

En casa, este año, lo hicimos Raúl y yo.  Creo que por primer vez, desde que lo hacemos en casa, posiblemente desde 2001, que lo hacemos sin participación de nadie más.

A mí me gusta el fiambre desde niño, y recuerdo muy bien la emoción que sentía cuando llegaba este día y nos dirigíamos a casa de mi abuela, para almorzar.  Recuerdo muy bien lo feliz que estaba el primer día que mi madre preparó el fiambre en casa y la ilusión con la que preparamos nuestro primer fiambre, en mi casa.

Este año -en igual que en 2020 y 2021- decidimos resignificar las fiestas en medio de otro año difícil; y para no olvidar que a pesar de que la vida es frágil, el universo es benevolente.  Este año, como en el pasado y el antepasado, hubo otro plato estelar: el pan de muerto de Tradición culinaria.  Un pan de muerto, relleno que ha elevado la barra y es aplaudido por todos los que tenemos la dicha de probarlo.

Ahora que con el Halloween y el Día de los muertos empezaron las fiestas del fin de año, en Guatemala, les deseo a todos lo mejor.  Felicidad, salud y paz al lado de quienes aman.