16
Feb 21

Cascarones y Carnaval

Los alegres cascarones son infaltables en la fiesta del Carnaval chapina; los cascarones son huevos vacíos, rellenos con confetti y un grano de maíz, coloreados con añilina y cubiertos con papel de China. ¿Podría, alguien, explicarme cuál es el propósito, o el significado del grano de maíz? La semana pasada me enteré de que ya no les ponen grano de maíz a los cascarones.

Los cascarones siempre me traen recuerdos divertidos.

La idea, con los cascarones es rompérselos a alguien en la cabeza; normalmente de forma sorpresiva….y armar un alboroto.

Cuando era niño recuerdo haber hecho cascarones en dos ocasiones. Eso fue con mi tía abuela, La Mamita, que fue quien me enseñó la técnica de pintado. Ella guardaba cáscaras de huevo a lo largo de meses, elaboraba el confetti, preparaba la añilina, cortaba el papel y hacía el engrudo necesario para sellar los cascarones. Y los niños, ¿qué hacíamos? Pues pintábamos los cascarones y nos pintábamos entre nosotros, combinábamos los colores, hacíamos diseños y nos divertíamos como micos. Y si uno quería llevar la diversión un paso más allá, podía ponerle harina a algunos cascarones, travesura que había que hacer sin que La Mamita se diera cuenta.

Cuando estaba en la Primaria, el carnaval se celebraba durante el recreo y ese día era permitido llegar disfrazado al colegio. Un año, mi madre andaba de viaje y como era costumbre, cuando eso ocurría a mi hermano Juan Carlos y a mí nos dejaban en casa de mi abuelita Juanita y de La Mamita.  Pues un día, con ocasión del carnaval, nos compraron cascarones, nos pusieron nuestros disfraces de Batman y Robin y nos enviaron así al colegio.  Y al subir al bus…nadie iba disfrazado; porque las viejitas nos habían disfrazado ocho días antes.  No sería carnaval, sino hasta el martes siguiente.  Sobra decir que hicimos el ridículo.  Pero sobrevivimos.

Muchas culturas en Europa y en el Oriente Medio tienen la costumbre de pintar huevos. El carnaval es una fiesta muy antigua que creo que no tiene el lugar que merece entre nosotros. Durante esta temporada, en casa solemos decorar con cascarones no sólo porque nos gustan sus colores y diseños, sino porque esta es una fiesta alegre, de esas que celebran la vida.


25
Ene 21

¿Doscientos días de fiestas?

Los que visitan este espacio con frecuencia y desde hace tiempo, saben que soy fan de las celebraciones populares del Día de la Independencia. ¡Gozo y disfruto a la gente y a las familias felices en el Obelisco, corriendo con antorchas y desfilando, o viendo los desfiles, y los actos en la Plaza de la Constitución!

Gozo y disfruto esas celebraciones porque en alto porcentaje son espontáneas y porque reúnen pacífica y alegremente a los chapines.  Son parte de nuestras tradiciones más enraizadas y me recuerdan mi infancia y mi adolescencia, conectan a las actuales generaciones con las anteriores.

Las fiestas de Independencia son fiestas familiares.

Dicho lo anterior, me ha parecido escandaloso que, con lo castigadas que están las economías familiares de los guatemaltecos y con la falta que hacen los recursos -que hay, pero que la Administración es incapaz de ejecutar como debe ser- el gobierno de Alejandro Giammattei pretenda que las fiestas del 200 aniversario de la Independencia vayan a durar 200 días. Porque, no te engañes, la fiesta de 200 días sería pagada con el dinero que políticos y burócratas en el poder nos quitan a los tributarios.

Si, claro que entiendo que no va a ser una parranda de 200 días; pero también entiendo que la Magdalena no está para tafetanes.  Menos, si las fiestas van a tener una administración centralizada y política.  Menos, si los espectáculos van a ser virtuales y costosos.  Menos, si van a ser oportunidades para la corrupción.

Si me preguntan, yo preferiría algo solemne y digno, algo sencillo y elegante, como diría mi abuelita Juanita.  Invitaría a las municipalidades y a los liderazgos nacionales a no favorecer festejos multitudinarios.

Por prudencia, estoy convencido de que la celebración de los 200 años de Independencia de Guatemala es una buena ocasión para descubrir las virtudes romanas de gravitas y dignitas. Y el año entrante, cuando hayamos aprendido a vivir con el SarsCov2 como vivimos con otros viruses, habrá oportunidad para rescatar los desfiles y las antorchas y para que los que solemos reunirnos en el Obelisco, o en la Plaza de la Constitución disfrutemos de la fiesta como debe ser. Con más fuerza, con más alegría.  Como rescataremos las procesiones, las ferias y otras actividades parecidas. Vacunados, o no. En rebeldía contra el miedo y la irracionalidad.


25
Dic 20

Una nochebuena diferente, pero igual

Quienes visitan este espacio desde hace ratos, saben que lo que hace especiales las fiestas de fin de año -para mí- son los encuentros con la familia y los amigos, y los tamales; la cohetería, los fuegos artificiales, y los tamales; los recuerdos, las tradiciones, y los tamales. Ah, y los tamales.

Una de mis tradiciones familiares favoritas es la de desayunar tamales el día 25 de diciembre.  De hecho, el de hoy es mi desayuno favorito en todo el universo mundo! ¡Y me gusta comer un tamal negro, un tamal colorado, café con leche y algún pastel y dulce propio de la temporada.  Este año el acompañamiento fue el insuperable ponche de frutas que hacen en casa; y Mincemeat pie, el pay favorito de mi padre, cuya pasta elabora mi madre, que es la diosa viviente de los  pays.

Amo mi desayuno tradicional del 25 de diciembre.

¡Soy tan feliz cuando cuando abro las hojas de mashán  y me encuentro con los colores brillantes de los tamales!  Y al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un torbellino de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado complejo y delicioso llegan a mi paladar.

Los que visitan este espacio, con frecuencia, saben que valoro mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

Tengo la dicha de recordar los tamales de mi bisabuela, Mami, y los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblado que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole. También hay diferencias entre los tamales que se cuecen sobre leños y los que se cuecen sobre estufa de gas.

Los tamales tienen raices precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras y supongo que también las ciruelas y las pasas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.

Sostengo, que la nochebuena y las fiestas de fin de año chapinas, en general, son particularmente intensas y espectaculares.  Cuando los chapines nos ponemos en navidad mode, es en serio.

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Por eso me alegro que en este año difícil, duro y para algunos muy triste, el espíritu guatemalteco de la cohetería y los fuegos artificiales no haya menguado.  Toda la noche de anoche hubo fuegos artificiales en la ciudad de Guatemala y sus alrededores, y los fuegos de la media noche no tuvieron nada que envidiarles a los de otros años.   Cuando veo las luces y disfruto de los cohetes, el niño que hay en mi grita -para mis adentros- ¡Cuanto “cuete” Venado!, como  cuando yo tenía tres, o cuatro años y aquella era la marca de petardos más conocida.

¡Que ricos son los abrazos y el buen vino envueltos en nubes y aromas de pólvora fiestera!

Pero no todo es alegría, en esta ocasión.

Ayer, un amigo -entrado en años- por poco y pasa la noche en el hospital y a sus amigos y familia nos tuvo muy preocupados.  Hoy amaneció en su casa; pero habrá que tenerle el ojo puesto.

Triste, también es que hoy me enteré de que un amigo -gente buena, y con una familia de gente buena- fue asaltado y se halla en situación muy, pero muy delicada.

¡Ah, la vida es precaria y preciosa!, por eso hay que vivirla, digo yo.  Y por eso es que me gusta celebrarla en compañía de las personas que amo, con cohetes, tamales y buen vino.

L´chaim y Carpe diem.


12
Dic 20

Después de todo sí hubo algo de fiesta de Guadalupe

Una de las ventajas de vivir en un barrio antiguo es que la gente suele conservar las tradiciones; y la Villa de Guadalupe no es ajena a esas prácticas.

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El barrio suele echar la casa por la ventana con ocasión de la fiesta de Guadalupe y las celebraciones incluyen cantidades asombrosas de pólvora.  Y en casa pensamos que este año iba a ser silencio. Sin embargo, con todo y todo, este año, en 2020 las fiestas no fueron deslucidas.  A la media noche del 11 hubo juegos pirotécnicos y música que nos despertó sorprendidos.  No es que hubiera fiesta, fiesta como nos gusta a los del barrio; pero se mantuvo la tradición.  Y a las 5 de la mañana hubo algo alboroto, pero en menor escala; y el ambiente festivo continuó hasta las 10 de la noche.

Y no sólo se mantuvo la tradición sino que fue rescatada, porque el año pasado si que estuvo triste debido…creo…a un cura de esos que recuerdan a Diego de Landa y sus cómplices.

Las tradiciones son importantes porque nos conectan con nuestros ancestros y nuestra historia.  Alimentos, sonidos, aromas, colores y texturas, así como rituales nos traer recuerdos y nos invitan a reflexionar.  Bailes, fuegos artificiales, disfraces, costumbres y más son parte de aquel acervo rico. Reflexionar es muy importante en 2020, el más inolvidable de los años que hemos vivido, año propicio para valorar la vida, la compañía de quienes amamos y todo lo que tenemos y no siempre sabemos apreciar.00


12
Dic 20

¡Ya huele a pinabete y a manzanillas!

Cuando en casa huele a pinabete y a manzanillas es porque es tiempo de celebrar el solsticio de invierno y todas las fiestas de fin de año.

Ayer trajimos y decoramos el arbolito con luces y los adornos tradicionales de la temporada.  Y una de mis mañanas favoritas, en el año, es la de hoy, la del día siguiente a la noche en que hemos adornado el árbol.

El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones. Temas que en este, el más inolvidable de todos los años que hemos vivido, son muy importantes. El año que más nos ha hecho conocernos mejor; y el año en que más hemos sentido la necesidad de celebrar la vida, y celebrar a los que amamos.

En las casas de mis abuelas y de mis padres no siempre había pinabetes. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles inolvidables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces de colores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos gran variedad de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, también tuvimos pinos, cipreses. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco plateado. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaiianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así.

Este año como en otros-gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa que los cultivan hermosos y con mucho carácter- tenemos un árbol galán y aromático que nos llena de magia y de alegría la casa. Ese arbolito me trae gratísimos recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más. Si quieres tu pinabete, los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


07
Dic 20

La tradición de la Quema del diablo

¡Me alegró mucho que desde hace varios días los fabricantes de piñatas prepararon las de diablos para quemar hoy al atardecer!

Piñatas de diablos en la 11 avenida de la zona 1.

En 2020, la Quema del diablo debería ser una ocasión especialmente significativa, que no debería pasar sin algo de reflexión, sobre todo en compañía de la familia. En la tradición guatemalteca, la Quema del diablo es una oportunidad para echar al fuego lo malo, lo inservible, lo caduco lo que hace daño, y lo que no queremos para el año que viene, en un contexto místico y mitológico. Todo lo malo de 2020 en el contexto del SarsCov-2 y del encierro forzado debe arder, pero no debe ser olvidado.

Desde una perspectiva racional y más universal, la fiesta trae la luz y el fuego a la época del año en la que las noches son más largas, frías y oscuras, por lo que es apropiado celebrarla con familia y amigos, y recordar que aún en la oscuridad es posible la luz. Estoy seguro de que cada quién podrá sacar de todo esto lecciones de vida y aprendizajes que habrá que transmitir a las generaciones siguientes.

Disfruto mucho esta fiesta chapina porque es una ocasión propia para celebrar la vida con amigos queridos y para recordar a dos personajes malentendidos, uno de ellos casi olvidado y que -aparentemente- no tienen nada en común: Lucifer y Prometeo. Ambos se rebelaron contra dioses tiránicos y arrogantes.  Ambos fueron cruelmente castigados por su atrevimiento.  Uno es el traedor de luz, y el otro les dio el fuego a los hombres.  Ambos son heroicos.

Hace dos años, cuando fuimos a la Quema del diablo en el Cerro del Carmen, el cura explicó que Maria, la que anuncia la luz, precede a Jesús que es el Sol; y en la realidad, ¿quién precede al Sol? Venus precede al Sol cuando Venus es lucero de la mañana.  ¿Y cuáles son otros nombres antiguos de Venus? Lucifer, el traedor de luz; e Ishtar -diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad-.  Los mayas, por cierto, no eran ajenos al concepto de que Venus, Lucifer, o Ishtar es traedor de luz.  Ya que para ellos Venus  (el heósforo) anunciaba que le Sol saldría ese día, luego de su paso por Xibalbá.

Este año, por cierto, habrá que ser más prudentes, moderados y responsables con la celebración de esta fiesta.  Pero habrá que celebrarla, ¡Por la vida, y por el valor de quienes traen la luz y de quienes se rebelan ante dioses tiránicos y arrogantes!

Cuando era niño, la fiesta solía incluir la reunión de amigos en la mañana para ir a buscar ramas y chiribiscos con qué armar la pira, la llegada de mi padre con cohetes y algunos fuegos artificiales, los buñuelos preparados por mi madre y mucha alegría en la calle y en la casa. Cuando era niño no había piñatas de diablos; por cierto.  Y si el año entrante quieres pasar un 7 de diciembre extraordinario, te recomiendo las loas en Ciudad Vieja.  Una experiencia encantadora.


26
Nov 20

Hoy es el Día de Gracias

Cuando comas frutas, recuerda a aquellos que plantaron los árboles, dice un dicho vietnamita que me gusta no sólo en sentido literal, sino que, también, en sentido figurado.  Es una de las razones por las que disfruto la fiesta de hoy.

Guardo un momento para no olvidar el compromiso de trabajar para que, algún día, Guatemala y todos los guatemaltecos prosperemos.

Mientras celebre la vida junto a la gente que más amo (y todos ellos han plantado árboles en mi vida), no dejaré de recordar a los que ya no están y a los que se nos fueron este año en medio del encierro, la incertidumbre y la zozobra.  ¡Gracias por acompañarme en el camino…o gracias por haberme acompañado en él!

Gracias a los que siembran, cosechan, crían, transportan, fabrican, o comercian todo lo que ponemos en nuestras mesas y todo lo que hace nuestras vidas más fáciles, cómodas y bellas.  Gracias a los que inventan, descubren e idean todo lo que nos permite florecer, lo que nos cura, y lo que nos hace sonreír.

Gracias a mis maestros; especialmente a los racionales y a los apasionados.  Gracias a los filósofos que los inspiraron.  Gracias a quienes me enseñaron a valorar la independencia, la racionalidad y el valor del propósito.

Gracias a quienes han confiado en mí y me han dado oportunidades, a los que me han abierto puertas y a los que me han compartido conocimientos.  Gracias porque no me faltan trabajo, casa, comida y sustento. Gracias a quienes han sido generosos y a quienes han sido pacientes.

Gracias a quienes hacen música y películas inspiradoras, a quienes hacen pinturas, esculturas y edificios bellos. Gracias a quienes escriben historias y nos recuerdan que no somos seres sin voluntad, sujetos a fuerzas fuera de nuestro control.

La idea de que exista un día y una fiesta para agradecer es sano y sabio.  Los chapines también lo tenemos en el día del fiambre, cuando celebramos con quienes amamos, junto a la mesa, y gozando los frutos de todo lo bueno, lo pacífico y lo bello del mundo.  Es exactamente lo que ocurrirá en la fiesta de hoy en la noche, celebración en la que guardaré un momento para no olvidar el compromiso de trabajar para que, algún día, Guatemala y todos los guatemaltecos prosperemos.


15
Nov 20

Un Árbol Gallo diferente

A pesar de que sabíamos que no iban a encender el Árbol Gallo temprano y que no iba a haber espectáculos, ni gentío, ayer dispusimos ir a la plaza del monumento a los próceres de la Independencia, donde se ubica el árbol célebre, para ver ver a la gente que también llegaría.

Ârbol Gallo en la plaza del monumento a los próceres de la Independencia, en la ciudad de Guatemala.

A pesar de que no hubo bulla, la experiencia tuvo su encanto.

No había mucha gente, pero la había.  Familias, principalmente, y jóvenes.  Como no hay transporte colectivo, ni habría fiesta, no hubo multitudes.  Lo que sí había y bastante, era un espíritu de paz, convivencia y de esperanza.  Si alguna vez has visto las miradas de los niños cuando se maravillan con algo  y si alguna vez han visto las miradas de los padres que se alegran de ver a sus hijos contentos, quizás sepas a lo que me refiero.

Como el árbol estaba apagado, y no sería encendido hasta en la noche, noche, el toque de colores lo pusieron los vendedores de globos, espadas con luces y otros juguetes luminosos.  La música eran las conversaciones de la gente y las risas y carreras de los chiquitos.

El 99.99% de la gente iba con mascarillas y si algunos se las quitaban era para tomarse la infaltable foto con el Árbol Gallo detrás, ya fuera solos, en parejas, o en familia.  Había suficiente espacio en la plaza para que cada quien pusiera algunos metros de distancia con otras personas, cada quien de acuerdo con su mejor juicio.

Fue raro ver la plaza sin mucha gente y sin fiesta; y fue raro no ver el momento en el que  el árbol fuera encendido, cosa que ocurrió ya tarde, cuando la mayor parte de la gente (yo incluido) ya nos habíamos ido.

¡Gracias a la Cervecería Centroamericana por encender los árboles en todo el país! ¡Gracias a Cayalá en donde hubo fuegos artificiales a principios de esta semana! ¡Gracias a Pollo Campero que iluminará los cielos como en otros años!…y gracias, todos,  por hacerlo de forma prudente. Hoy, más que nunca, los chapines necesitamos recordar que las tradiciones nos conectan y que todo pasa y que esto -la pandemia- también pasará. Grandes y chicos necesitamos, como no se necesitaba desde el terremoto de 1976, recordar que la vida es preciosa y que hay que celebrarla cada vez que sea posible.

Actualización:

El domingo, 15, volvimos a la plaza de El obelisco a ver el árbol iluminado y fue una buena idea. Tengo la impresión de que la música estaba fallando, porque no se oía bien.  Descontado eso, fue muy  agradable el ambiente. Poca gente y todos con mascarillas, mucho aire fresco y espíritu de fiesta.


01
Nov 20

¡Celebramos la vida con fiambre!

En chapinlandia, la fiesta del fiambre es el Día de gracias.  Es una celebración que festeja la vida (como en el Día de los muertos), los frutos del trabajo productivo y la dicha de tener con quienes compartirlos. Hace unos años leí, en Twitter, que la verdadera soledad es no tener quién te regale un buen plato de fiambre.

Fiambre, tradición chapina para celebrar el Día de los muertos, en el que se celebra la vida.

No es posible un buen fiambre sin trabajo y sin productividad, sin ahorros, sin productos y sin familia, ni amigos para compartirlo. Sin amor, como dijo mi cuata, Carmen.

Cada familia guatemalteca tiene su propia receta de fiambre, y ¿sábes cuál es el mejor fiambre? El que sabe como el de la casa de tus padres, o como en la de tus abuelos; pero también es el que tiene tu toque personal.  El que te recuerda tu niñez, tu adolescencia y tu proceso de maduración, y el que tiene tu carácter.  El mejor fiambre es el que es acerca de tus raíces y acerca de tus ramas…para usar una metáfora como cualquiera otra.  El que hacemos en casa tiene su origen en por lo menos cuatro generaciones.  Es la receta de mi madre, Nora; que la recibió de mi abuela paterna, Frances; basada en la receta de mi bisabuela, Adela que, a su vez, la recibió de su cuñada, Elisa.

Hay fiambres rojos, blancos y verdes; y en casa el caldillo de nuestro fiambre es rosado tirando a rojo.  El fiambre es un plato tradicional de la cocina guatemalteca y es muy complejo por lo que requiere de todo el buen juicio, la pasión y la sazón que puedan tener quienes lo preparan.  Las claves de un buen fiambre son la armonía de los sabores, de sus formas, sus texturas y sus colores, así como la calidad de los ingredientes y tener con quién compartirlo.

La preparación del fiambre lleva semanas de planificación y de ejecución.  La fiesta del fiambre no es sólo acerca de comerlo (que ya es bastante bueno); sino acerca de la expectativa de seleccionar las carnes, los embutidos y los adornos; es sobre la compra de las verduras y sobre el proceso de hacerlo en familia, con amigos y en buena compañía. Es sobre lo que se goza haciéndolo y sobre recordar y recordar las anécdotas relacionadas con su elaboración. Por ejemplo, este año fuimos a seleccionar y a comprar una gallina gorda al Mercado Colón y fue toda una experiencia. Nosotros siempre usamos los embutidos de La puerta del Sol, preparados por Virgilio y su equipo, basados en la receta del legendario Abel.

A mí me gusta el fiambre desde niño, y recuerdo muy bien la emoción que sentía cuando llegaba este día y nos dirigíamos a casa de mi abuela, para almorzar.  Recuerdo muy bien lo feliz que estaba el primer día que mi madre preparó el fiambre en casa y la ilusión con la que preparamos nuestro primer fiambre, en mi casa.

Este año -que en casa decidimos resignificar las fiestas en medio de un año difícil y para no olvidar que a pesar de que la vida es frágil el universo es benevolente, hubo otro plato estelar: el pan de muerto de Tradición culinaria.  Un pan de muerto, relleno que elevó la barra y fue aplaudido por todos los que tuvimos la dicha de probarlo.

Pan de muerto, tradición mexicana y adoptada por los chapines.

Ahora que empezaron las fiestas de fin de año, en Guatemala, les deseo a todos lo mejor.  Felicidad y paz al lado de quienes aman.


01
Nov 20

Importancia ética y tradicional de estas fiestas

Ayer celebramos el  Halloween y esta es una fiesta para tomar a la ligera el mal y celebrar el bien. Pero, dados los fantasmas inflables en el césped de sus vecinos y los niños disfrazados de zombis y monstruos, también es una oportunidad para reflexionar sobre la base y la naturaleza del mal. No podemos depender del ajo, la decapitación, o de la luz del sol para repeler las criaturas nocivas que inevitablemente encontramos en la vida. Para fortalecernos contra el mal, tenemos que entenderlo, escribió Jon Hersey en un artículo publicado en The Objective Standard. Te invito a que leas el artículo. 

Porfirio, Macario, Tereso y Teófilo. Nuestros perritos de Halloween.

Mientras tanto, en Guatemala, con la llegada del Halloween y del Día de los muertos se inauguran las fiestas del fin de año. Durante tres días- entre ayer y el 2 de noviembre- se celebra una de las fiestas más importantes del calendario de celebraciones chapinas.

En chapinlandia, el Día de todos los santos y el Día de los muertos se fusionan en el asueto del 1 de noviembre día en que las familias se reúnen para comer e intercambiar el célebre fiambre; y mi hipótesis -sin fundamento científico- es que esta fiesta es nuestro Día de gracias.  Celebración que es una mezcla encantadora de tradiciones precolombinas, coloniales y celtas.

Por cierto, que no te engañen, no es cierto que la tradición de pedir dulces en la noche de hoy sea ajena a la cultura chapina. Los niños de los tiempos de Naná camota, durante lo que ahora conocemos como Halloween, iban de casa en casa recitando: Angeles somos/ del cielo venimos/ cabecera pedimos./ Si no nos la dan/ puertas y ventanas lo pagarán. Era la versión criolla del trick, or treat; y si los críos no recibían sus dulces de ayote y de jocotes manchaban puertas y ventanas de los tacaños con cal.

La noche de anoche, la de Halloween, es importante porque es la víspera.  Es la noche en la que se deja curtiendo el fiambre para comerlo hoy. La noche en la que los ingredientes quedan mezclándose e intercambiando sus sabores y aromas de la forma en la que lo hicieron nuestros padres, nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos. Además es una noche juguetona en la que -con disfraces- celebramos la vida y nos burlamos de la muerte; así como de las brujas, de la hechicería, de los monstruos y de otros productos del misticismo.

El 1 de noviembre y en celebración de la vida (este detalle es muy importante), las familias recuerdan a los que han fallecido y alrededor de un plato opulento –que incluye variedad de carnes, embutidos, vegetales y adornos exuberantes–  celebran que están unidas, que pueden comer aquellas delicias y que ¡hasta pueden compartirlas!

El fiambre, como el pavo y otras maravillas del Día de Gracias, no es posible sin trabajo productivo, sin cosechas, sin ahorros, sin salud, prosperidad, ni talento. Todo ello digno de ser celebrado. El Fiambre que se come en soledad no sabe tan bien como el que se come acompañado por las personas que uno ama, que uno valora, que uno admira, que uno respeta o a las que uno les tiene cariño.

De cualquier manera, una fiesta en la que se celebra la vida y en la que se hace mofa del misticismo; una fiesta en la que se les quita importancia al mal y a los monstruos;  una fiesta en la que se celebran la bonanza y la prosperidad; y una fiesta en la que la familia es el núcleo unificador, es una fiesta que merece ser celebrada.

Con respecto al mal; y esto es muy importante en los tiempos que estamos viviendo, Ayn Rand escribió: Vi que el mal era impotente, que el mal era lo irracional, lo ciego, lo anti-real, y que la única arma de su triunfo era la voluntad del bien de servirlo. . . . Vi que llega un punto, en la derrota de cualquier hombre virtuoso, en el que se necesita su propio consentimiento para que el mal gane, y que ninguna forma de daño que otros le hagan a él puede tener éxito si decide negar su consentimiento.

A largo plazo, escribió Hersey, el mal no puede vencer de manera sustancial sin el consentimiento de sus víctimas. Para luchar contra el mal, no se necesitan “agua bendita” ni balas de plata. Lo que se necesita es que los hombres buenos comprendan la naturaleza del bien y el mal, que condenen el mal con certeza moral y animen a otros a hacer lo mismo.