01
Ene 20

¡El primer desayuno de 2020!

¡Llegamos a 2020 y llegamos desayunando tamales! ¡Ah, que dicha!  Para mí, la tradición de desayunar tamales en el primer día del año no sólo es una experiencia deliciosa y encantadora para los sentidos, sino una ceremonia de conexión con mi pasado, mi presente y mi futuro.  Es un acto de encontrarme y celebrar la vida.

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Anoche disfrutamos de la pirotécnia chapina en casa luego de visitar amigos y familia.  Ya sabes, la mejor parte de las fiestas del fin de año es la de compartirlas con las personas que amamos y valoramos y al llamado de ¡Salúd!, ¡L´chaim!, o lo que sea confirmar por qué es que amamos y valoramos a esas personas.  Recordar aventuras, alegrías y tristezas; crear nuevos recuerdos y abrazarnos con cariño.

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¿Por qué es que los tamales son símbolos importantes para mi?

¡Quienes me conocen pueden imaginar lo feliz que soy cuando abro las hojas de maxán  y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de los tamales colorados y negros  invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un laberinto de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado glorioso llegan a mi paladar.

Quienes visitan Carpe diem, desde hace tiempo, saben que valoro mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

En ese laberinto de recuerdos (que a veces es vorágine), tengo la dicha de acordarme muy bien de los tamales de mi bisabuela, Mami; y de los de mi tía Baby; y de los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Los tamales de fin de año, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las pasas y las ciruelas. En los murales de San Bartolo puedes ver a una mujer ofreciéndole tamales al dios del maíz.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.  Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto. A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento. Como siempre, el éxito de un tamal se halla en el balance de ingredientes, en la calidad de los mismos y en la pasión que se pone en ellos.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.

…y este año, como en otros, L´chaim.  ¡Gracias a quienes me han acompañado! ¡Gracias a quienes me han tenido paciencia! Y como dice la canción…gracias a la vida, que me ha dado tanto.


25
Dic 19

Buena Nochebuena

Es una de mis fiestas favoritas en el año, una de amigos y familia; una de aromas, sabores, texturas, sonidos y colores que te llenan de recuerdos:…y una de pólvora.  Es la Nochebuena que, para mi, es la celebración del solsticio de invierno esos días en los que -aunque aquí no lo notemos- mucho más al norte las noches empiezan a hacerse más cortas y empieza a volver la luz.

Dicho lo anterior, algo que gozo mucho en esta fiesta es la pirotécnia; y aunque duró bastante, volvió a ser menos intensa que en otros años…incluso menos intensa que el año pasado.  ¿Es señal de que económicamente las cosas están difíciles?  Y si es así…de verdad espero que el año pasado el coheterío vuelva a sus niveles normales.

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Como en otros años, en casa hubo open house y nos visitaron familia y amigos.  Siempre es grato compartir y reírnos, recordar y reírnos, celebrar y reírnos. Y comer, claro.  En casa el menú tradicional es pavo con el relleno que hacían mi bisabuela, Mami y mi abuela, Frances; ensalada Waldorf, la receta de Joy of Cooking, que era la que usaba mi abuela, Frances; y variedad de opciones dulces.

Pavo relleno, ensalada Waldorf, pan y gravy es mi menú preferido.

Hoy en la mañana desayunamos nuestros tradicionales tamal colorado y tamal negro de doña Estelita de Alburéz.  Esta vez acompañados por un mincemeat pie, que era el pay favorito de mi padre.  Para mí, el reto de los pays, siempre, es la pasta que a veces me sale muy bien, y a veces no, aunque uso la misma receta (el relleno no, porque es comprado, ja ja ja). ¿Cómo me salió el de hoy? ¡Casi perfecto!

Mincemeat pie era el favorito de mi padre.

Los tamales, algo serio

¡Quienes me conocen se han de imaginar llo que gozo cuando abro las hojas de maxán  y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de los tamales colorados y negros  invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un laberinto de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado glorioso llegan a mi paladar.

Quienes visitan este espacio, desde hace tiempo, saben que valor mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

En ese laberinto de recuerdos, tengo la dicha de acordarme muy bien de los tamales de mi bisabuela, Mami; y de los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Una tradición alegre: tamales colorado y negro para el desayuno del 25.

Los tamales de Nochebuena, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las pasas y las ciruelas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento. Como siempre, el éxito de un tamal se halla en el balance de ingredientes, en la calidad de los mismos y en la pasión que se pone en ellos.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.

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20
Dic 19

Regalos y fiestas de fin de año

¿Qué es lo mejor de las fiestas de fin de año? El espíritu benevolente casi generalizado no sólo entre la familia y con los seres queridos más próximos, sino con amigos viejos y nuevos, e incluso con desconocidos. Ese espíritu suele expresarse en regalos y yo soy el peor regalador que hay de este lado de la Vía láctea y anexos.

En casa de mis padres –y abuelas– había dos formas de entregar los regalos (siempre a las doce en la Nochebuena). Una era que se colocaban los de cada persona en montones separados y cada quién se ocupaba de su montón. Y eso era divertido cuando uno era niño y recibía muchos regalos.

Escucha el podcast aquí.

Soy de los que cree que las ceremonias y las tradiciones tienen mucho valor para tender lazos entre las generaciones y crear recuerdos.

Mi forma favorita era cuando los regalos estaban mezclados y mi padre iba repartiendo de forma aparentemente aleatoria mientras decía Para Fulano, de Mengano y todos esperábamos que el paquete fuera abierto y entre Ohs! y Ahs! agradecíamos el regalo (aunque el regalante no estuviera con nosotros). Era una ceremonia que le daba contexto a la alegría de recibir presentes. Soy de los que cree que las ceremonias y las tradiciones tienen mucho valor para tender lazos entre las generaciones y crear recuerdos. Creo que al abrir regalos deberíamos sentirnos agradecidos.

¿Sábes qué me entristece alguito y me incomoda otro poquito? Esos niños y sus padres que no pueden esperar a la media noche y abren los regalos sin contexto; es decir sin darle significado al acto de dar y recibir porque alguien les tiene cariño y los valora. También esos niños que atacan los regalos como pirañas en un frenesí de codicia.

Cuando era niño, fue mi tía Paty quien me enseñó a comprar regalos para mis abuelas, padres, tíos y hermanos; porque de niños estábamos acostumbrados sólo a recibirlos. Ella nos daba unos pesos y nos llevaba a comprar chalchigüites que comprábamos y envolvíamos con mucha ilusión.

Ahora, a mí me cuesta mucho elegir regalos y generalmente busco obsequios con significado, o con valor objetivo. Los niños de mi familia no disfrutaban mucho eso cuando eran chicos; pero ahora ya valoran mis regalos…creo. Eso sí, siempre van con cariño.

Te deseo paz y alegría en estas fiestas.

Columna publicada en elPeriódico.


19
Dic 19

Doña Estelita y los tamales

¿Te ha pasado que -sin proponértelo- llegas a tiempo para ser testigo de algo encantador y lleno de significado e historia?  Eso nos pasó el miércoles cuando llegamos a casa de doña Estelita de Alburéz a por nuestros tamales de la temporada.  La halllamos frente a la mesa, envolviendo tamales, en compañía de sus asistentes. Y tuvo le gentileza de dejarme grabarla.

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Los tamales colorados y negros de doña Estelita son mis favoritos en todo el universo mundo; y desde mediados de los años 80, en casa comemos sus tamales que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo. Nota el primor y la excelencia con la que envuelve los tamales, son los mismos primor y excelencia con la que prepara las masas y los recados de sus tamales negros y colorados.

Este año es una dicha especial contar con sus tamales porque enfermó y sólo hizo unos pocos.  Sirva esta entrada como una expresión de cariño, admiración y agradecimiento por tantos años de alegría que ha llevado a nuestra mesa del desayuno navideño y del desayuno del nuevo año.  ¡L`chaim por doña Estelita para quien van sólo buenas vibras!


14
Dic 19

Alegres toritos

¡Chispas!…este año por poco y nos quedamos sin toritos a causa de la lluvia.  Ya habíamos cancelado el paseo para buscarlos en el centro de la ciudad; pero a última hora dejó de llover y nos animamos a salir.  ¡Que bueno que lo hicimos porque los toritos estuvieron muy buenos.

De los cuatro que vimos este fue el mejor; y en esa cuadra quemaron cualquier cantidad de pólvora; aún dentro de los estándares de esta fiesta, la cantidad de pólvora que hicieron tronar ahí -entre bombas, ametralladoras, misiles y otros fuegos artificiales- fue más que espectacular.

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Los que visitan Carpe diem desde hace tiempo saben que me encantan los toritos y que voy a buscarlos al centro de la ciudad cada 12 de diciembre.

Parte de la gracia de los toritos es correr por las calles para ir a su encuentro; y hacerse a un lado y correr cuando se aproximan fieros y echando luces y humo por todas partes.

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Cuando yo era niño, los relatos de mi tía abuela, La Mamita, acerca de toritos durante las festividades tradicionales me maravillaban. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta hace relativamente pocos años que vi el primero en San Juan del Obispo. Desde entonces pocas cosas me divierten tanto y me ponen tan contento como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus fuegos y sus colores entre la gente que se les acerca y les huye.

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Hay toritos en muchas fiestas chapinas; y los de estos vídeos son durante la fiesta de Guadalupe. Mis lugares favoritos para verlos son los barrios de las zonas 1 y 4 en el extremo norte de la Avenida Elena, digamos que entre el callejón de Maravillas y el INCA.


11
Dic 19

¿Qué se necesita para las fiestas chapinas de fin de año?

Gran parte del carácter tan propio de las fiestas de fin de año chapinas son las decoraciones que usamos en nuestras casas.  Muchas de esas decoraciones están íntimamente relacionadas con la naturaleza y lo que hay disponible para celebrar; y todas reflejan formas de cultura y costumbres. Aún si ocurre como en casa, donde celebramos el solsticio de invierno, el fin de año no sería igual de festivo sin toda la parafernelia chapina.

Haz clic en la foto para ver más fotos.

En la foto se ven mi tortuga, chinchines y jícara de cuando era niño.  ¡Esa tortuga y lo demás deben tener por lo menos 50 años!  En Guatemala, las tortugas, chinchines y guacalitos sirven para las orquestas que acompañan los ritos y cantos propios de la Navidad.

Mi caparazón de tortuga me la  compraron La Mamita y mi abuelita Juanita cuando yo tenía unos seis años. Con mi pequeña tortuga acompañé docenas y docenas de festejos de fin de año, tanto en la casa de las citadas tía abuela y abuela, como en la casa de mis padres. Y en la casa de mi abuela Frances, tenía otra tortuga que todavía era más antigua y que quién sabe a dónde fue a parar.

Una orquesta navideña guatemalteca necesita de tortugas y de otros instrumentos como chinchines, guacales y jícaras hechas de frutos del morro. Mis chinchines, guacales y jícaras que están pintados de negro y tienen diseños en forma de animales, o de plantas. Y el chinchin que más me cae en gracia es el que ves en la foto, con cara de animalito.

El color negro de aquellas piezas es un laqueado singular. Los artesanos chapines lo hacen con hollín y la grasa de un insecto parecido a la cochinilla, al que le dan el nombre de nij. Pero también hay chinchines, guacales y jícaras pintados de colores; y de estos, mis favoritos son los que combinan el rojo y el amarillo.

Ahora bien, estos instrumentos encantadores y primitivos, en manos de niños de entre 3 y 12 años, le dan sonido a una orquesta atronadora que difícilmente puede llevar el ritmo, o si quiera tocar la misma pieza. Y sin embargo, es capaz de evocar recuerdos llenos de alegría y de extraordinarios momentos familiares. Al ritmo de tucutícutu, cada quién hace lo que puede y todos la pasamos contentos si sabemos disfrutar del contenido cultural de las fiestas, aunque no lo compartamos todo.

Son indispensables, para las fiestas de fin de año chapinas, los hilos de manzanillas, chiribiscos, pinos, cipreses o pinabetes, musgo, paxte, barba de viejo o musgo español, chichitas, camarones, aserrín de colores, hojas de pacayas, patas de gallo, pascuas, portales, gallitos, piñas de pino, pino suelto y chorizo de pino, arena y piedrín, pastores y ovejas y otras figuras variadas, bricho brillante y otros adornos de lo más dispares, ranchitos, tortugasy chinchines, cohetes y fuegos artificiales, ponche de frutas o caliente y, tamales.

¿Cuál es tu parte favorita de estas fiestas de fin de año?


10
Dic 19

¡Otro año de Luces Campero!

Con un vaso del delicioso ponche de frutas hecho en la casa, rodeado de gente querida y entre ¡Ooohs! y ¡Aaahs! disfruté mucho de las Luces Campero.

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El niño que hay en mi se maravilla con los colores y las formas de los fuegos artificiales. Hay algo en los juegos pirotécnicos que me emociona mucho y me invita a aplaudir y a expresar mi asombro en el sentido aquel de Baila como si nadie te estuviera viendo, ama como si nunca te hubieran herido y canta como si nadie pudiera oírte…Quizás por eso es que me gustan tanto las Luces Campero, los toritos y las mariposas, los castillos y otras pirotécnias.

¿Sabes que durante unos 10 años, minutos más y minutos menos, nunca vi las Luces Campero?  En parte porque se me olvidaba estar pendiente de ellos y en parte porque trabajaba el día en que se celebraban. El primer año tuve la mala idea de subir a verlos al mirador de la carretera a El Salvador y fue un desperdicio de tiempo y de esfuerzo, sólo recuerdo que se veían bien pequeños y que el tráfico fue infernal.

Que dicha por los niños que los ven por primera vez; y que dicha por los adultos que los gozamos como si fuera la primera vez.


08
Dic 19

Loas en Ciudad Vieja

¿Por dónde empiezo?…la fiesta de anoche, en Ciudad Vieja fue una experiencia que sobrepasó todas mis expectativas.  Vimos dos loas, bailamos y cantamos, me la gocé con amigos queridos y participamos de las tradiciones en una población donde uno se siente muy bienvenido y la gente es muy atenta.

Ibamos en busca de la célebre loa o danza-drama de los veinticuatro diablos que ya habíamos visto en 2014; y aunque no la encontramos tuvimos la suerte de darnos con la loa  o danza-drama de El Apocalípsis.  Esta loa incluye a Lucifer, unos siete diablos, otros siete arcángeles, la muerte, un fraile el mico infaltable y por lo menos otro personajes gracioso.  La escenificación es acompañada por dos músicos que tocan una guitarra y un acordeón.

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Hace cinco años lo notamos pero anoche fue muy evidente: la gente de aquella población es muy amable y atenta.  Rápido nos dieron información y estacionamos a doscientos metros de dónde se iba a realizar la presentación.  Nos tomamos fotos con muchos personajes y disfrutamos del inicio de esta loa con la correspondiente chelita Gallo.

Como en las calles de toda la población están ocurriendo docenas de actividades dispusimos caminar en busca de los Veinticuatro diablos, o de quién sabe qué pudiéramos hallar.  No tuvimos que andar más de 500 metros cuando nos encontramos con la loa o danza-drama  El tirador, de los niños.  Esta loa incluye a un tirador con honda, y poco más de una docena de niños vestidos de animalitos y una marimba de tres músicos.  El personaje que se robó el show fue el niño más pequeño que -disfrazado de perrito- era muy aplaudido por el público; y la verdad es que hizo su parte con mucha gracia.

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Luego dispusimos agarrar para el parque central en busca de fuegos artificiales y música de marimba orquesta; pero como el hambre es canijo nos detuvimos en la panadería La esquina donde estaban preparando unos churrasquitos que resultaron deliciosos.  Además me comí una polvorosa riquísima.

En Ciudad Vieja todas las calles son fiesta y la gente está de fiesta.  En la medida en que nos acercábamos al parque en esa medida las ventas y la multitud se hacía más densa.  La plaza estaba abarrotada y la marimba orquesta se lucía con su música, sus coreografías y los colores de sus luces; y las juegos pirotécnicos iluminaban el cielo.  En el camino nos encontramos con una Imagen de previsualización de YouTubey para no engentarme dispusimos regresar a las calles aledañas, con la esperanza de encontrar otra loa.

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No la encontramos pero hallamos a Las primas; un grupo de balile femenino que va por las calles con un musicón y que la gente disfruta mucho.

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Es una lástima que hayan pasado cinco años sin que volviera a Ciudad Vieja después de los Veinticuatro diablos de 2014.  Hoy la fiesta sigue y habrá toritos.  No estaré allá porque en la ciudad de Guatemala son las Luces Campero y hay fiesta en casa.  ¡Pero como quisiera volver!  De cualquier manera de ayer en ocho también hay celebraciones allá. Llama mucho la atención el hecho de que los jóvenes tienen una gran participación en la conservación de las tradiciones en aquella población.  Uno como visitante se siente muy bienvenido en esta fiesta.

¿Alguno de los lectores sabe detalles sobre El Apocalìpsis y El tirador, de los niños?  De verdad me gustaría saber más sobre esas representaciones.  Se, porque mi tía abuela La Mamita me contaba, que las loas son representaciones teatrales que los frailes escribieron durante la conquista para indoctrinar a los indígenas; pero ma gustaría conocer detalles. En este enlace hay algo que escribió Celso Lara, al respecto.

Para mí fue una experiencia cautivadora la que tuve en Ciudad Vieja; y estoy seguro de que para Mayra, Marta Yolanda, Mario y Raúl fue igual de deleitosa y enriquecedora.  ¡Que dicha!


07
Dic 19

¡Ya tenemos arbolito en casa!

En casa celebramos el solsticio de invierno y otras fiestas de fin de año con arbolito y decoraciones tradicionales de Guatemala.  El arbolito tiene que ser pinabete; y no pueden faltar la manzanilla, los chinchines, la tortuga, los gallitos, el musgo, las luces y todo aquello que nos conecta con nuestra infancia y con las generaciones que nos han precedido.

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El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones.

En las casas de mis padres y de mis abuelas no siempre había pinabete. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles memorables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento (o Belén) en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces multicolores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos toda clase de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, tuvimos pinos, cipreses. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaiianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así.

Este año como en otros-gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa que los cultivan hermosos y con mucho carácter- tenemos un árbol hermoso, aromático que nos llena de magia y de alegría la casa. Ese arbolito me trae gratísimos recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más. Si quieres tu pinabete, los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


29
Nov 19

Fue un Día de Gracias diferente

Mi abuela decía que Es de bien nacido ser agradecido y en el Día de Gracias, que se celebró ayer, muchos agradecimos el trabajo, la salud, la familia, los amigos, el amor, y que no nos faltan techo y una mesa servida.  Eso es bueno, por supuesto, porque ser agradecido nos ayuda a ser conscientes del mundo que nos rodea y de nuestros contextos; y nos recuerda que la realidad existe.  Ser agradecido nos conecta con la cadena de causalidades que hacen posibles nuestras vidas.

Pavo es la comida tradicional en esta fiesta.

Escucha el podcast aquí.

El miércoles, sin embargo, mi amigo Ramón me llamó la atención sobre dos de esas causalidades que parecieran ser las causalidades olvidadas que pocos agradecen. ¿Cuáles crees que son? Pues son la propiedad privada y el afán de lucro, que hacen posible la abundancia; idea que expone muy bien Lawrence W. Reed, en un artículo titulado Why the Pilgrims Abandoned Common Ownership for Private Property.

Por cierto, la idea de tener un día de agradecimiento no es exclusiva de los gringos.  En Guatemala tenemos el día del fiambre o Día de los muertos en el que agradecemos la vida, la abundancia y la posibilidad de compartirlas con familia y amigos.

De vuelta al Día de Gracias, suelo recomendar en estas fechas una miniserie que se llama Saints and Strangers, que te acerca y te muestra las penurias espantosas que sufrieron los pilgrims -en la colonia de Plymouth- durante los primeros años de asentamiento. En esos años, la propiedad era común, las cosechas eran centralizadas y luego repartidas de forma igualitaria y había obligación de trabajar para la comunidad, en vez de para uno mismo, durante cierto tiempo.  El resultado no debería sorprender a nadie: hambre, enfermedades y muerte.

¿Qué salvó a aquellos colonos? El acuerdo moral de respetar la propiedad, que no es el derecho a tener bienes; sino el respeto a la posibilidad de actuar y hacer lo que es correcto para producir, u obtener bienes. No es la garantía de que uno obtendrá propiedad alguna, sino sólo la de que poseerá los bienes si los obtiene. Es el derecho a ganar, conservar, usar y disponer de valores materiales.

¿Qué piensas?

Columna publicada en elPeriódico.