05
Abr 26

Pascua y la luz que vuelve

 

La fiesta de Pascua o Easter es una de luz, vida y fertilidad y por eso nos gusta en casa. El día comenzó con por lo menos media hora de campanadas en la iglesia de la Villa de Guadalupe y siguió con un desayuno de chilaquilas con chirmol y frijoles parados con crema de Acul, Quiché. Este año no se me olvidó comprar conejo y chocolates, que acompañamos con pastelitos que uno de mis hermanos trajo ayer.

El conejo de Pascua nos visitó este año.

Desde hace milenios es motivo de fiesta el inicio de la temporada en la que las noches son más cortas, en la que hay más horas de luz y cuando la primavera trae la fertilidad y la vida. Los colores propios de esta fiesta antiquísima son los del amanecer y los de la vida suave, agradable y tibia propia de la primavera, cuando hay luz y hay vida. Mi abuela, Frances, solía estrenar ropa en esta fiesta y los colores que usaba eran los propios de la celebración.  También solía preparar almuerzos muy ricos, que normalmente incluían pays.

El lenguaje de los colores  es importante porque los de Easter contrastan notablemente con los de la Semana Santa que son el negro y el morado.  El negro es el color de la muerte, de lo oscuro, de la soledad, del vacío de la noche, de la tristeza y del mal; y el morado (violeta, o púrpura) es el color del poder, de la magia y de la fe (vis a vis la racionalidad); es el color del confesionario y por consiguiente de la culpa, en contraste con la responsabilidad y es el de algunos ritos funerarios.

Cuando yo era chico, el conejo (animal que es imposible no relacionar con la fertilidad) llegaba a la playa, a Panajachel, a la casa porque mis padres acarreaban huevos de chocolate, o de almendras. Sin que los niños nos diéramos cuenta, mis padres y tíos escondían los huevos en el jardín y en el momento oportuno nos decían que el conejo había llegado y que saliéramos a buscar los huevos. Cuando crecimos, a los mayores se nos enviaba a alguna habitación lejos del jardín y —aunque ya sabíamos quiénes escondían los huevos, y que no había tal conejo— igual disfrutábamos de salir a buscar y encontrar sus dulces y preciados obsequios.

El conejo en la Luna

Según una leyenda de Chiconamel, en Veracruz, México, un dios ocasionó un diluvio universal; y un hombre y su familia se salvaron de ahogarse porque se escondieron en un cajón, siguiendo el consejo que les dio un conejo. El dios en cuestión se enteró de los sobrevivientes cuando estos encendieron fuego para asar pescados; y entonces castigó al conejo que, por haber salvado a los hombres, fue condenado a alumbrarlos y fue transformado en la Luna. Esto lo leí en Imágenes de la mitología maya, por Oswaldo Chinchilla.

Desde tiempos muy antiguos, el conejo era un símbolo de la fertilidad asociado con la diosa fenicia Astarté, a quien además estaba dedicado el mes de abril.En recuerdo de aquella diosa, a la festividad de pascua se la denomina Easter en algunos países. Esto es porque también era la festividad de la primavera para honrar a la diosa teutónica de la luz, a quien se conocía en el mundo anglosajón como Easter. Para el siglo VIII los anglosajones ya habían tomado dicho nombre para la fiesta que celebramos en este día. Astarté es Ishtar y esta, en el cielo en esta temporada, es Venus, el lucero brillante que ves al atardecer. No sorprende que Venus también fuera conocido como Lucifer, el traedor de luz, alegoría propia del inicio de la primavera.

¡Por supuesto que no celebro dioses, ni diosas, pero sí lo que representan aquellos mitos: la fertilidad, la vida, y la luz!

Fiesta en el barrio

En la Villa de Guadalupe, que es mi barrio, la Pascua se celebra con procesión y cohetes aqi que hoy está muy alegre por aquí. Este, por cierto, será el último año que veré la procesión sobre la 20 calle y 14 avenida porque el año entrante habrá un edificio tapando la vista.

Mientras los cohetes alegran el barrio, queda claro que esta fiesta no es solo un recuerdo del pasado: es la afirmación terca de que la luz siempre regresa, más fuerte que cualquier sombra.


04
Abr 26

El bacalao une a la familia

 

En casa, hoy almorzamos el bacalao a la vizcaína tradicional de esta temporada. Este es un plato que se disfruta en viernes; pero ayer no se pudo y lo comimos hoy en familia.

Bacalao a la vizcaína que preparamos en casa.

En Guatemala el bacalao noruego preparado a la vizcaína, es un plato ritual, como el fiambre en el contexto del Día de los muertos y en el de Todos los santos, y los tamales en la Nochebuena, o Navidad y el Año Nuevo. Muchas familias preparan el bacalao con días de anticipación para que los sabores se concentren, y lo comen antes, o después de las procesiones, o mientras ven, o hacen las alfombras de aserrín. Representa la unión de la familia y la identidad gastronómica guatemalteca. Es tan arraigado que, aunque en otras épocas del año casi no se consume, en Semana Santa aparece en casi todas las mesas del país, desde la ciudad de Guatemala hasta los pueblos remotos. En el mismo contexto suele consumirse pescado seco, deliciosamente envuelto en huevo y acompañado por verduras.

¡Listos para recibir a la famila con el bacalao a la vizcaína!

La receta llegó con los españoles, se adaptó al paladar guatemalteco y hoy es un símbolo de sabor e historia. En casa preparamos la receta que pasó de mi bisabuela, Adela, a mi abuela, Frances, y de ahí a mi madre, Nora. No es la receta vizcaína tradicional porque nos gusta añadirle chiles guaque y pasa asados. Por cierto que mi abuela, y su hermana, la tía Baby, tenían una disputa acerca de si mi bisabuela asaba, o cocía los tomates. No recuerdo quién decía qué, pero en casa los asamos y te comparto la receta.

Habiendo desalado bien el bacalao, asamos los tomates, chiles pasa y guaque. Licuamos esos ingredientes y ya tenemos la salsa. En una olla freímos ligeramente los cubos de bacalao, removemos el agua excesiva, añadimos la cebolla morada rebanada y el ajo abundante picado. Agregamos aceite de oliva de forma generosa y sumamos la salsa. Este es el momento de añadir aceitunas rellenas de chiles pimientos, tiritas de chiles morrones, o del piquillo, y alcaparras (mejor si son de las pequeñas y bien lavadas para quitarles la sal). Dejamos hervir todo aquello, checamos la sazón (sal, pimienta y un toque de azúcar moreno) y añadimos más aceite de oliva. Nos gusta la salsa ligeramente aceitosa para remojar el pan en ella. Y es importante que la salsa obtenga un color rojo profundo e intenso. Que no se vea una salsa pálida.

¿Por qué no pudimos almorzar bacalao el viernes? Porque nuestros amigos Sergio y William nos invitaron a su casa a comer y a ver las procesiones de ese día. Comimos una exquisita zarzuela de mariscos acompañada por rebujitos. Sergio preparó un delicado y riquísimo gazpacho de remolachas para acompañar aquel plato majestuoso y en casa nos animamos a hacer nuestra versión del mismo y fue un éxito entre la familia. También fue un éxito el pan de yemas elaborado por un panadero de Totonicapán y los mangos en almibar preparados en casa.

Zarzuela de mariscos que almorzamos el viernes en casa de amigos.

Al final, da igual si cayó el viernes, o el sábado. Lo que cuenta es la mesa compartida, los sabores que vienen de lejos y esa forma tan guatemalteca de mantener viva la tradición sin pedirle permiso al calendario.


04
Abr 26

El alma de las procesiones

 

¿Dónde cenan los romanos? En el parque José Batres Montúfar, que está en la esquina opuesta al Conservatorio Nacional de Música en la ciudad de Guatemala. Me refiero al escuadrón de romanos que acompaña a la procesión de El Calvario.

La centuria cena y descansa en el Parque José Batres Montúfar, y tuve la oportunidad de vestirme de romano.

Hace como unos diez u once años me enteré de que los centuriones cenaban y descansaban en ese rincón encantador, y no fue hasta anoche que los vi por primera vez descansando de su recorrido y muchos en compañía de sus familias. Los escuadrones de romanos o centurias romanas son uno de los elementos más vistosos y emblemáticos de las procesiones de esta temporada. Se trata de grupos organizados de devotos —generalmente hombres jóvenes y adultos, aunque en años recientes han aparecido variantes con niños (romanitos)— que se visten y marchan como soldados del imperio romano. En muchos casos van precedidos por una banda de guerra que, con fanfarrias, anuncia el paso del cortejo por las calles.

Fue muy grato encontrarlos y departir con algunos. Uno de ellos me ofreció usar sus pilum, scutum y galea, oportunidad que no iba a desperdiciar. Aquellos elementos son la lanza, el escudo y el casco.

Muy grata, también, fue la participación de muchos jóvenes en distintos roles, no sólo como cargadores. Destacan, por ejemplo, los chicos de Villa Nueva que decoraron el anda espectacular de María en la procesión de Santo Domingo, basados en un tapiz de El Escorial. Son particularmente notables los jóvenes que acompañan a sus abuelitas. Tal vez porque yo fui introducido a estas tradiciones por mis abuelas, me conmueve ver a las viejitas acompañadas por sus nietos. Uno de ellos llamó particularmente mi atención porque ayudó a su abuelita a levantarse y recogió la basura que había quedado de la cena de ambos. Con la viejita en un brazo y la basura en una mano, ambos se retiraron cuando pasó la procesión de La Recolección.

El muchacho acompañó a su abuelita y recogió la basura que quedó de su cena.

La actitud cariñosa y civilizada del patojo contrastó con un sujeto que vimos en el parque Batres Montúfar. El tipo subió una silla sobre el arriate de malamadres, aplastó varias plantas y se aposentó ahí como si nada. Encima se sonó la nariz con las manos y arrojó los mocos.

Este es un buen momento para recordar que la basura no llega sola a las calles, ríos, lagos y playas. La basura es llevada ahí y dejada por gente inmunda, irresponsable e irrespetuosa que actúa de forma incivilizada porque puede.

Hay gente que no cuida el ornato de la ciudad.

Eso me lleva a un fenómeno que noté anoche: docenas y docenas de ventas de comidas y chalchigüites no sólo invaden las aceras, sino que ocupan porcentajes de las calles donde pasarán las procesiones y crean un ambiente de feria que desvirtúa la naturaleza de los cortejos procesionales. Quienes visitan Carpe Diem con frecuencia saben que no acudo a estas conmemoraciones por su carácter místico, sino por su contenido cultural y tradicional riquísimo. Las procesiones no son desfiles cualesquiera, sino que tienen significados que les imprimen carácter, está uno de acuerdo con ellos, o no. Si por descuido de la Municipalidad de Guatemala y de las hermandades se diluye aquellas naturaleza y carácter, para ser sustituidos por lo pedestre de una fiesta cualquiera, los guatemaltecos perderemos muchísimo de la experiencia colectiva que hace especial esta temporada.

La Municipalidad de Guatemala y las hermandades deberían velar por que las procesiones no se conviertan en desfiles de ferias.

Las ventas deberían ser ubicadas fuera de las vías procesionales. Por ejemplo, si la procesión va a pasar por la Primera avenida, las ventas podrían ser localizadas en las calles que desembocan en aquella arteria. De ese modo no estorbarían, no dañarían el carácter solemne de las procesiones y la gente podría ganarse la vida honradamente ofreciendo sus productos. Por otro lado, una cosa son las ventas que desde siempre han precedido a los cortejos; pero no se mezclan con el paso de las procesiones y otra muy distinta es este fenómeno nuevo que irrumpe y distorsiona.

Otro fenómeno que noté es que abundaron las sillas plegables. Eso está re bien porque yo soy de los que usa banquito para ir a ver los cortejos; pero lo malo es que las sillas son colocadas en primera fila al borde de la banqueta. ¿Y qué con eso? Pues que eso impide que la gente pueda subir y bajar de las banquetas con facilidad al cruzar las calles. Es cierto que uno puede pedir paso con gentileza y la gente da paso con la misma actitud normalmente; pero es aparatoso y noté que mucha gente tímida (quizá) y personas mayores se veían intimidadas a la hora de pedir espacio para pasar. Algo parecido ocurre en las bocacalles donde se hacen varias filas de personas sentadas en sillas e impiden el flujo de transeúntes.  De hecho, las dificultades para la movilidad de la gente se deben a las obstrucciones, y no a las cantidades de asistentes. Está re bien que la gente lleve sillas; pero… ¿habrá forma de que no impidan el paso?

El tercer fenómeno que vi es que da la impresión de que la única hermandad capaz de mantener orden y disciplina en las filas es la de Candelaria. Una vez más, la solemnidad y el carácter de las procesiones quedan debilitados cuando todo es un relajo que no las hace diferentes de un desfile cualquiera. En uno de los cortejos que vi anoche, una vendedora de algodones de azúcar iba gritando entre las filas y los estandartes sin conciencia alguna de dónde estaba y por qué.

Finalmente, fue conmovedor comparar la majestuosidad de las tres grandes procesiones de la ciudad de Guatemala con la sencillez del pequeño y encantador cortejo de Santa Catalina. Esa procesión lleva un Sepultado de tusa, que solía cargar Pedro José de Betancur.

Anoche me enteré de que la cabeza de María Cleofás fue robada por un cargador y permaneció perdida muchos años. También oí la historia de la marcha fúnebre Ione, inspirada en una ópera homónima. Este año me enteré de que la marcha Fuente Divina fue escrita por Manuel Estrada Velásquez, tío abuelo de mi sobrina Michelle.

En medio de tanta belleza y tradición, queda claro que preservar el alma de estas procesiones depende de un equilibrio delicado: respeto, orden y sentido común. Sin ellos, lo extraordinario se vuelve ordinario. Y los guatemaltecos podemos conservar lo que hace única a Guatemala, si queremos.


03
Abr 26

Tradiciones que saben a Guatemala

 

Hace unos días anduve de gira por la costa sur y es fascinante la explosión de colores que hay allá gracias a la exuberante variedad de flores. Esa exuberancia también se manifiesta en las jacarandas y otras flores que hay en La Antigua, en la ciudad de Guatemala y… para ser justos, en todo el país. Lo que pasa en la costa es que el brillo y la luz del sol tienen particularidades propias, como las tienen los costeños en términos de hospitalidad, alegría y generosidad.

Pan de yemas para remojar en miel de garbanzos, o en leche.

Esta temporada —la del equinoccio de primavera— la celebramos en casa con los colores, sabores, aromas, sonidos y texturas propias de la Semana Santa chapina, que es riquísima en tradiciones diferentes a todo lo ancho del país.

El cronograma de las conmemoraciones no se limita a los cuatro días usuales en otras latitudes, sino que empieza al día siguiente del carnaval. Ese viernes y los siguientes, sí o sí, es día de comer empanadas de leche o de atún. Cuando era niño eran de salmón, pero esas ya no se consiguen comercialmente.

A partir de ese día, en casa se hacen presentes los aromas de mangos en almíbar y de jocotes marañones para refresco. Hace sólo dos semanas descubrí que también me gustan los anacardos vivos con azúcar. ¡Así que este año sumé otra tradición culinaria para mi repertorio de la fiesta!

Me encanta el aroma de los jocotes marañones y el refresco alivia los días cálidos de la temporada.

Mientras escribo estas líneas, en casa se está desalando el bacalao que preparamos ayer. También se cuecen los huevos duros porque, cuando salíamos de temporada con mis padres, era costumbre que mi madre preparara ensalada de huevos que siempre estaba disponible en el refrigerador para cuando los niños quisiéramos comer algo rápidamente. En los años 80 dispuse añadirle lomo ahumado a la ensalada y estoy convencido de que fue una buena idea. Mientras escribo estas líneas vino el pan de yemas que ahora nos prepara un panadero de Totonicapán.

Cuando pasaba la temporada en el Hotel Cacique Inn (gracias a la generosidad de mi tía abuela Adelita), el almuerzo del jueves solía ser almuerzo frío, que consistía en jamones, quesos, buena mostaza y huevos endiablados, plato que yo esperaba con alegría.

Los mangos en almibar serán el postre del sábado.

En casa los grandes ausentes de este año son el dulce de garbanzos (al estilo de mi tía abuela, La Mamita, con azúcar blanco) y la miel de garbanzos (al estilo de la costa sur, con panela). Lo que sí habrá es un descubrimiento del año pasado que en casa llamamos jalea de garbanzos, una delicadeza exquisita inspirada en la miel que acabo de mencionar y que —sin tener relación alguna— evoca al haroset propio del pesaj.

Hasta entrado el siglo XX, el día de hoy tenía protocolos muy particulares. Los niños no debían meterse al agua porque podían convertirse en peces, según advertían los viejitos. No había que correr, ni hacer alborotos, ni hablar en voz alta y menos escuchar música. Ya no viví esos tiempos; pero sí viví y vivo la dicha y la alegría de comer bacalao a la vizcaína, plato que se servía en las casas de mis abuelas y de mis padres, y que preparamos en casa con mucho esmero. La receta básica es de mi bisabuela, Adela; pero interpretada de acuerdo con los gustos particulares que tenemos en casa. ¿Quieres la receta? Si te interesa, sigue leyendo; y si no… hasta aquí llegamos.

Bacalao a la vizcaína que preparamos el jueves en casa y almorzaremos el sábado.

Habiendo desalado bien el bacalao, asamos los tomates, chiles pasa y guaque. Licuamos esos ingredientes y ya tenemos la salsa. En una olla freímos ligeramente los cubos de bacalao, removemos el agua excesiva, añadimos la cebolla morada rebanada y el ajo abundante picado. Agregamos aceite de oliva de forma generosa y sumamos la salsa. Este es el momento de añadir aceitunas rellenas de chiles pimientos, tiritas de chiles morrones o del piquillo, y alcaparras (mejor si son de las pequeñas y bien lavadas para quitarles la sal). Dejamos hervir todo aquello, checamos la sazón (sal, pimienta y un toque de azúcar moreno) y añadimos más aceite de oliva. Nos gusta la salsa ligeramente aceitosa para remojar el pan en ella. Y es importante que la salsa obtenga un color rojo profundo e intenso. Que no se vea una salsa pálida.

¿Te diste cuenta? En casa el equinoccio de primavera gira alrededor de los buenos recuerdos que nos conectan con por lo menos tres generaciones de aficionados a la buena mesa. ¿Cómo se celebra en tu casa?

Columna publicada en República.


24
Feb 26

El Toque del Silencio

 

Cuando era niño, mi abuelita Juanita y mi tía abuela, La Mamita me contaron que había una procesión que iba en silencio -sin banda- y que la acompañaban solo redoblantes que marcaban el paso y que en algún momento se escuchaba el Toque del Silencio. Algún tiempo después, mi madre me contó de esa procesión; pero nunca llegué a verla.

Vista de la Séptima avenida, de la zona 1, desde la esquina con la Quinta calle.

Hace dos años alguien me contó que aquella procesión era la del primer jueves de la cuaresma chapina (en el equinoccio de primavera), de modo que en 2024 y 2025 salí en su búsqueda… solo para encontrar que sí lleva banda y no oímos el célebre toque. Pero no pregunté. Por menso, no pregunté nada.

Este año, por casualidad, llegué a la procesión justo a tiempo para escuchar el Toque del Silencio, solemne y conmovedor. No pude sino acordarme de La Juanis y de La Mamita. ¡Me alegré mucho de haber llegado en el momento en que sonó aquella melodía! Yo estaba embobado y no alcancé a grabar; pero Raúl sí consiguió aquellas notas que me hicieron viajar a las historias de mi niñez. Mi cuata, Majito, me explicó que aquella procesión es un via crucis y que el Toque del Silencio se hace en cada estación de aquella práctica. 

@ottoraul.contreras

El Señor de los Milagros es recibido con el toque del silencio. #procesionesenguate2026 #cuaresma2026 #guatemala #chapinesporelmundo

♬ sonido original – Raúl Contreras

 

Los que visitan este espacio con frecuencia saben que no asisto a las procesiones por su contenido místico; sino porque me encantan las tradiciones, las fiestas populares callejeras, y porque… ¿a dónde va Vicente? A donde va la gente.

Una vez escuché, de un habitante de San Sebastián, Retalhuleu, que un pueblo sin tradiciones es un pueblo muerto. Dichosamente, los guatemaltecos —a lo largo y a lo ancho del país e incluso cuando migran— tienen las más variadas y ricas tradiciones. Todas con tronco y raíces comunes, pero adaptadas e interpretadas de acuerdo con los sistemas de creencias y patrones de crianza de millones de individuos, familias y poblaciones. Las tradiciones también crean comunidad, nos dan sentido de estabilidad y de pertenencia, y sentido de propósito común… cuando hace falta. De ahí que el valor sanador y constructor de las tradiciones sea consecuencia de un largo proceso evolutivo, y no pueda ser el resultado de imposiciones, ni de prohibiciones. Y ese valor se aplica incluso para tradiciones cuyo contenido místico uno podría no compartir. Las tradiciones, además, son puentes que conectan generaciones.


05
Ene 26

Vírgen de la pólvora y ¡pum!

 

El 2026 no pudo empezar mejor: arroz a la Java y la Virgen de la Pólvora para el primero de enero.

Los toritos siempre me han fascinado. Haz clic en la foto para ver la transmisión en vivo que hice.

El rezado de la Virgen de la Pólvora hace su recorrido por los barrios antiguos de Santa Cecilia y San Gaspar para luego dirigirse a la zona 3 de la ciudad de Guatemala. ¿Por qué se llama de la Pólvora? Porque la cantidad de pólvora que le quema la gente a su paso es espectacular. No… es más que espectacular. Mi amiga, Lissa, nos acompañó este año y dijo: Cuando Luisfi describió esa procesión pensé que exageraba; pero no, esto es fabuloso.

De tanta pólvora que se le ofrece a la imagen —entre ametralladoras, toritos, bombas y fuegos artificiales— este año la procesión iba cuatro horas atrasada con respecto a su horario calculado. Nosotros estuvimos cerca de ella durante cuatro horas y en ese tiempo sólo avanzó dos cuadras.

Al ritmo de “La tortuguita” los reyes cristianos y los reyes moros, armados con machetes, libran la lucha eterna del bien contra el mal.

Detrás de un carro y sin poder parar de reír vimos un torito fiero, espléndido y deslumbrante. De esos que disparan horizontalmente. Tanto Sergio, William, Raúl, Lissa y yo aguantamos los disparos con entereza y nos divertimos como micos. Mi sombrero sufrió quemaduras; pero las luce como seña y recuerdo de que enfrentamos un torito sensacional.

Al llegar a una bocacalle vimos una alfombra de ametralladoras que cubría el asfalto de acera a acera. ¡Chispas!… la cohetería que sonó cuando fue encendida aquel tapete de pólvora superó toda expectativa. Al concluir la tronazón era tanto el papel en el suelo que agarraba fuego y los vecinos salieron con baldes de agua a apagar los pequeños incendios.

Ametralladoras a todo lo ancho de la calle. Foto por Raúl Contreras.

En esa misma calle —que es empinada— los cargadores y los timoneles tuvieron que hacer muchos esfuerzos para detener el anda.

Otra novedad de esta ocasión fue que algunos vecinos incluyen sobres con dinero en sus alfombras, y antes de que pase el anda dan la señal para que las personas recojan los sobres que tienen billetes de entre Q10 y Q100. ¡Ya te imaginarás el barullo que se arma cuando llega el auncio esperado.

El ambiente en Santa Cecilia y San Gaspar es uno de calidez humana y fiesta. A lo largo de la caminata que nos llevó del automóvil a donde se hallaba la procesión, nunca paramos de recibir y ofrecer saludos de ¡Buenas noches! y ¡Feliz año!. En dos casas pudimos entrar a ver los Nacimientos instalados ahí por las familias que las habitan. Uno tenía una variedad de adornos tradicionales encantadores y otro tenía faroles chinos preciosamente integrados. ¿Qué te digo de la música? Ese rezado se caracteriza por la música alegre que la gente pone en sus casas y por incluir mayoritariamente canciones a la mujer amada, o de despecho. En un callejón, los habitantes instalaron un altar para la Virgen de Concepción y a su lado una marimba amenizaba el espacio destinado a que las parejas bailaran.

Es imposible no contagiarse por el espíritu celebratorio de esta tradición y fiesta popular. Es imposible no cantar las canciones y medio bailar al ritmo de la música que hay en las calles. Es imposible no sentirse parte del ambiente familiar. Las calles de aquellos barrios están tan vivas y contrastan muchísimo con la modorra que hay en el resto de la ciudad el primer día del año. Desde el año pasado, en casa no queremos estar en ningún otro lado que con la Virgen de la Pólvora el primero de enero.

La marimba Perla de Hormigo amenizó uno de los callejones.

El anda es precedida por una troupe de reyes cristianos y reyes moros que se enfrentan con machetes que hacen sonar de una forma cautivadora. Representan la lucha del bien contra el mal y el grupo es de la colonia Guajitos de la zona 21 de la ciudad de Guatemala. Esta es una tradición antigua pero, sobre todo, en 2021 esa lucha cobró un significado de actualidad fascinante.

¿Sabes qué? Tengo todas las ganas de que, el año entrante, alquilemos un Airbnb en Santa Cecilia, en San Gaspar, o en la zona 3 para quedarnos lo más posible en esta fiesta asombrosa.

¿Y el almuerzo?

Desde el año pasado vamos a este rezado a las 7:00 p. m. porque los fuegos artificiales y los toritos se lucen más de noche; de modo que nuestro pequeño grupo se reúne a almorzar para celebrar el nuevo año, para brindar y para divertirnos alrededor de una buena mesa. El año pasado ofrecimos enrolladas de mole de pato y este año el almuerzo fue arroz a la Java o rijsttafel.

Arroz a la Java para empezar bien el año.

El arroz a la Java o rijsttafel es un plato tradicional de Indonesia y era ofrecido por mi bisabuela, Adela, en el Hotel Casa Contenta, de Panajachel. Debe ser una receta familiar porque una prima suya, Thelma Macshke Makinney, solía servirlo con el nombre de Hawaiian Style Chicken Curry.

El curry de pollo se sirve sobre una mesa de arroz (de ahí rijsttafel) y se acompaña con maní picado, coco rallado, India relish, mango chutney, cebollas fritas, bananos fritos y pasas picadas. Este año le añadimos lime pickle (que nos regaló mi prima, Rita); y otros años le hemos agregado huevos duros picados. La gracia es que a cada bocado de curry uno le añade un acompañamiento distinto, de modo que cada bocado es diferente. Y rápidamente uno elige cuál es su combinación favorita. Es un plato alegre y divertido que invita no sólo a disfrutar de sus sabores, aromas, texturas y colores, sino a la exploración y a la conversación. Tal vez teníamos unos 20 años de no servirlo en casa.

Y de postre… de postre hubo mincemeat pie que era el pie favorito de mi padre. Además es el pie tradicional que servimos en casa para la Nochebuena. El relleno no lo preparamos from scratch y es posible gracias a nuestra amiga y compañera de aventuras, Rachel. Lo que sí hacemos 100% a mano y nos sale de película es la pasta del pie.

Luego de tremendo almuerzo salimos a buscar a la Virgen de la Pólvora para darle la bienvenida al 2026 que —¿ya te diste cuenta?— es un año que empezó a todo vapor. ¡Bienvenido 2026: que sigan la pólvora retumbando en las calles, los sabores explotando en la mesa y la alegría contagiándonos a todos como este primero de enero inolvidable!


25
Dic 25

Nochebuena, sabores y recuerdos

 

La cena de Nochebuena fue un éxito en casa porque nos reunimos familia y amigos alrededor de las tradiciones y de la mesa.  Puedo decir, con alegría, que el relleno del pavo salió mejor que nunca y que el ponche chapín estuvo más que delicioso. Añado que la caponata fue una explosión de sabores y color. Los fuegos artificiales en la ciudad de Guatemala se vieron especialmente claros y hermosos.

En casa, la cena tradicional de Nochebuena incluya pavo relleno y ensalada Waldorf.

Lo del relleno lo atribuyo a que este año usamos salvia fresta en vez de salvia seca; lo del ponche siempre se debe al cuidado en la selección de las frutas y al cuidado en el proceso, lo mismo ocurre con la caponata con respectro a las verduras.   El hecho de que cocinemos con cariño seguramente influye en los resultados.  Lo de los fuegos artificiales en parte fue gracias a las condciones meteorológicas que nos dieron una noche pristina; y en parte a que la calidad de los colores y las formas ha ido mejorando con los años.  ¡Es espectacular la pirotécnia de cualquier vecino en toda la ciudad!

Cenamos pavo relleno con la receta que lleva cuatro generaciones en mi familia porque era la de mi bisabuela, Adela y pasará a la quinta; acompañado por la ensalada Waldorf que hacía mi abuela, Frances. También hubo ponche y caponata hechos por Raúl. Para nosotros, y a pesar de lo delicioso que nos sale, el pavo principalmente es un vehículo para que haya relleno y para hacer caldo de huevos.

La caponata es una tradición de esta temporada en casa.

En casa, la nochebuena es la celebración del solsticio de invierno esos días en los que -aunque aquí no lo notemos mucho- en el norte las noches empiezan a hacerse más cortas y empieza a volver la luz. En ese contexto los recuerdos y las tradiciones son muy importantes; por eso en casa no faltan mi tortuga y chinchines de cuando celebrábamos en casa de mi abuelita Juanita y de mi tía abuela, la Mamita. Por eso siempre contamos anécdotas de las fiestas en casa de mis padres. 

Dicho lo anterior, algo que gozo mucho en esta fiesta es la pirotécnia tres generaciones disfrutamos desde el balcón. 

Hoy en la mañana desayunamos nuestros tradicionales tamal colorado y tamal negro acompañados de buen café y algo de ponche frío, que a mí me gusta frío.

Los tamales, algo serio

¡Quienes me conocen se han de imaginar lo que gozo cuando abro las hojas de maxán  y me encuentro con los colores brillantes de los tamales, que son delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de los tamales colorados y negros  invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un laberinto de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado glorioso llegan a mi paladar.

Nos gusta desayunar tamales en la mañana de la Navidad. Acompañados por buen pan, el mejor café y ponche delicioso….y pescado de mazapán.

Quienes visitan este espacio, desde hace tiempo, saben que valor mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

En ese laberinto de recuerdos, tengo la dicha de acordarme muy bien de los tamales de mi bisabuela, Mami; y de los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños. Desde hace cinco años nos hace los tamales Madame Tso, la señora que nos cuida en casa y realmente son estupendos.

Los tamales de Nochebuena, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res (y un lector me contó que los hay de cocodrilo).   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole….y entonces no se aplica exacatamente lo de colorados y negros.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las pasas y las ciruelas.

Que haya caldo de huevos y relleno es nuestro objetivo práctico de hacer pavo en casa.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento. Como siempre, el éxito de un tamal se halla en el balance de ingredientes, en la calidad de los mismos y en la pasión que se pone en ellos.


19
Dic 25

Navidad y deseos alcanzables

 

En la ONU, o en alguno de esos ñaques, hubo tres embajadores importantes reunidos para el convivio navideño. El embajador de los Estados Unidos de Wokica, el de la Républic du Baguette y el del Reino Desunido. El último les preguntó a los otros dos qué deseaban para Navidad y el embajador de los Estados Unidos contestó que La paz mundial, en tanto que el de la Baguette respondió que El fin del hambre en el mundo. Acto seguido, los dos que ya habían contestado le preguntaron al representante del Reino Desunido qué había pedido; y este contestó: Pedí un pudín de persimones.

Mi chinchín, tortuga y guacalito de cuando era niño.

Este chiste que adapté —y sí, es un chiste— me gusta porque expresa muy bien el significado profundo de la Navidad y de las fiestas de fin de año que trasciende el misticismo. El mensaje es: Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Un deseo que se basa en la benevolencia incluso entre completos desconocidos, y hasta entre enemigos. ¿Quién no conoce la historia de la Tregua de Navidad en la que soldados alemanes e ingleses detuvieron una batalla —durante la Primera Guerra Mundial— para celebrar la fiesta? En esa ocasión cantaron villancicos e incluso intercambiaron regalos improvisados.

¿Y qué tiene esto que ver con el pudín de persimones? Con el hecho de que los deseos —para que sean más obtenibles y no creen frustración— deben ser claros, alcanzables y reales. Así, las fiestas de fin de año y la Navidad en particular son oportunidades para encontrarse con amigos y familia; para asistir a eventos tradicionales, cantar canciones propias de la temporada; ver películas viejas y nuevas que aluden al espíritu navideño; y para enviar mensajes de cariño y buenos deseos a quienes valoramos. También para intercambiar regalos.

En casa ya no hay niños; pero en cuanto los haya mantendremos el ambiente festivo con el que crecimos, y gozaremos con sus caritas de asombro. En casa no faltan los tamales, los turrones, el pavo y el mincemeat pie. Nos gusta recibir a amigos y familia y nos alegra compartir con quienes sabemos que son menos afortunados.

Verás, la Navidad es la celebración de todo lo bueno: amistad, amor, benevolencia, comercio, familia, felicidad, productividad y racionalidad. Es una gran oportunidad para amar la vida y para agradecerla porque, como me dijo un cuate que acaba de sufrir una pérdida familiar muy triste, la vida es frágil y es un milagro; pero no en el sentido místico, sino porque en el cosmos, la vida es un fenómeno altamente improbable y genera un asombro profundo por su complejidad y belleza.

Desde Carpe Diem —a tu familia y a ti— mi familia y yo les deseamos ¡Feliz Navidad! Larga vida y prosperidad.

@luisficarpediem

La Navidad es la celebración de todo lo bueno: amistad, amor, benevolencia, comercio, familia, felicidad, productividad y racionalidad. Es una gran oportunidad para amar la vida y para agradecerla porque, como me dijo un cuate que acaba de sufrir una pérdida familiar muy triste, la vida es frágil y es un milagro; pero no en el sentido místico, sino porque en el cosmos, la vida es un fenómeno altamente improbable y genera un asombro profundo por su complejidad y belleza #navidad #nochebuena #carpediem #vida #tradiciones

♬ Feliz Navidad (Marimba Guatemala) – Marimba Maderas Chapinas

Columna publicada en República.


13
Dic 25

Toritos, moros y algarabía

 

Salir a buscar toritos durante las festividades y las procesiones es una de las tradiciones que más disfruto, sobre todo cuando involucra amigos, familia y extranjeros que los ven por primera vez, aquí en Guatemala. 

Un buen momento para tomar un descanso.

¿Sabías que hay toritos para el día y toritos para la noche? Los del día lanzan humos de colores y un tipo diferente de fuegos artificiales; y los de la noche son los de toda la vida. En las fiestas de estos días (Concepción y Guadalupe) también destacan las participaciones de moros que, con sus trajes coloridos, bailan y preceden a las procesiones. En casa tenemos la tradición de fotografiarnos con los micos, personajes que son encargados de colectar dinero entre la gente. Los micos suelen llevar un chicote para amenazar a quienes se rehúsan a contribuir y suelen actuar de forma chistosa para hacer reír a chicos y grandes.

En pleno baile al ritmo de la marimba Alfa y Omega.

En la fiesta de ayer, en la zona 1, vimos por primera vez un torito de día, pero de lejos; porque por el gentío no llegamos a tiempo para grabarlo. Un detalle encantador fue que desde una casa salieron dos señoras mayores y les ofrecieron panes y ponche a los policías que acompañaban al cortejo procesional y a los moros. Es un gesto generoso ofrecer comida y bebida a quienes pasan todo el día en esas. Algo muy agradable de este tipo de fiestas populares y callejeras es que uno encuentra amigos, cuates, colegas y conocidos que también comparten el gusto por las tradiciones y su algarabía.

Un buen momento para merendar antes de seguir en la procesión.

El primer torito de la noche lo vimos en el Callejón de Maravillas, dos o tres cuadras antes de llegar a la casa de nuestros amigos, Sergio y William, en donde veríamos el paso de la procesión y el torito que queman sus vecinos para luego disfrutar de la tradicional sopa azteca que ofrecen, en compañía agradabilísima. Su casa siempre está decorada con piñatas tipo satélite, muy en estilo mexicano, y eso alegra la fiesta y suele causar admiración entre quienes pasan enfrente. Luego de ver el torito y tras el paso de la guadalupana nos sentamos a la mesa para disfrutar la cena, platicar y reírnos como micos hasta la una de la mañana.

Las costumbres, los ritos y las tradiciones tienen todo el sentido del mundo cuando se comparten. Unen generaciones y fortalecen vínculos en el tiempo y en el espacio. Y como escribió Gustav Mahler: «La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego».

Mico, torito y piñata en el Callejón de Maravillas.

En 2021 escribí que las tradiciones no sólo nos dan un sentimiento y una sensación de comunidad, sino que cumplen una función sanadora frente a la desesperanza y a la inestabilidad. Aromas, alimentos y sonidos, texturas y colores, así como rituales, nos traen recuerdos y nos invitan a reflexionar. Fuegos artificiales, costumbres, disfraces y más son parte de aquel acervo rico y enriquecedor.

Cuando yo era niño, las historias de mi tía abuela, La Mamita,, acerca de toritos durante las fiestas tradicionales disparaban mi imaginación. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta bastantes años después que vi el primero en San Juan del Obispo. Desde entonces, pocas cosas me emocionan, me divierten tanto y me ponen tan contento como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus luces y sus colores entre la gente y salir correteado por uno. ¿Alguna vez te ha corrido un torito? Es de lo más chistoso y vibrante.

El torito ilumina el paso del cortejo procesional.

Pero la fiesta empezó el miércoles

Como vivimos en la Villa de Guadalupe y ese es un barrio vivo con mucho carácter, la fiesta empezó el miércoles 10 en la noche, cuando en la plaza frente a la iglesia del lugar hubo fuegos artificiales abundantes y música de banda propia de estos festejos.

Haz clic en la foto para ver los fuegos artificiales y escuchar la musica en la Villa de Guadalupe. 

Como cosa muy rara, el jueves 11 no amaneció con bombas y juegos pirotécnicos, rareza que se explicó en la madrugada del viernes 12 cuando la procesión fue recibida con por lo menos hora y media de fuegos artificiales y detonaciones que empezaron por lo menos 300 metros antes de la llegada del cortejo a la iglesia. ¡Todo ello alrededor del edificio donde vivo! Lo curioso es que en mi somnolencia no me podía despertar. Escuchaba la música y la tronazón y quería despertarme para grabar algo de la fiesta; pero no podía y no podía. Sólo la necesidad madrugadora de ir al baño logró que me levantara de la cama, momento que aproveché para grabar un poco de las luces y la fiesta alegre.

Para nosotros, en casa, es una dicha vivir de cerca y con toda su intensidad esta y cualquiera otra fiesta popular y callejera que se arme en el barrio. No sólo porque son parte de la cultura chapina, sino porque cada una nos deja recuerdos con los que vamos construyendo nuestra historia particular.

¡Viva las tradiciones que nos unen, nos sanan y nos llenan de fuego vivo! ¡Carpe diem con toritos, moros y algarabía chapina!


10
Dic 25

Temporada de toritos

 

Ayer inauguramos la temporada de toritos y mariposas, así como la temporada Concepción-Reyes en el calendario de festividades chapinas de fin de año. Vimos toritos y mariposas con fuegos artificiales a inmediaciones del Cerro del Carmen y en el parque de Isabel la Católica, donde todavía está vandalizado el monumento a la ilustre reina. A mí me persiguieron dos toritos y uno de ellos nos acorraló a una señora y a mí en el umbral de una puerta. Fue muy chistoso porque el toro fregado se quedó detrás de nosotros y la dama y yo no podíamos parar de reír.

Haz clic en la foto para ver el vídeo de la mariposa.

En 2021 escribí que las tradiciones no sólo nos dan un sentimiento y una sensación de comunidad, sino que cumplen una función sanadora frente a la desesperanza y a la inestabilidad. Aromas, alimentos y sonidos, texturas y colores, así como rituales, nos traen recuerdos y nos invitan a reflexionar. Fuegos artificiales, costumbres, disfraces y más son parte de aquel acervo rico y enriquecedor.

Cuando yo era niño, las historias de mi tía abuela, La Mamita, acerca de toritos durante las fiestas tradicionales disparaban mi imaginación. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta bastantes años después que vi el primero en San Juan del Obispo. Desde entonces, pocas cosas me emocionan, me divierten tanto y me ponen tan contento como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus luces y sus colores entre la gente y salir correteado por uno. ¿Alguna vez te ha corrido un torito? Es de lo más chistoso y vibrante.

Haz clic en la foto para ver el vídeo del torito.

Además, como dijo Gustav Mahler: La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego. Y en esta noche de luces y risas, entre el estruendo de los cuetes y el latido acelerado del corazón, volvemos a encender ese fuego vivo que nos une como chapines. ¡Que nunca se apague!