31
Ago 19

Otra vez el tema de los parqueos

La iniciativa de forzar, por medio de legislación, a que los parqueos sean gratuitos y su hermana, la idea de que estén asegurados -principalmente en centros comerciales- son desatinos por dos razones: viola la libertad de producir e intercambiar sin coerción; y hace que unos tengan que pagar por servicios que usan otros.

Como…¿Por qué?

¿Se puede forzar a alguien a prestar un servicio en condiciones que no le convienen?

Cuando alguien construye un estacionamiento hace una inversión e incurre en costos con la esperanza de prestar un servicio y hacer negocios con quienes -de forma voluntaria y pacífica- quieren hacer uso de aquellos servicios.  Quienes prestan servicios de estacionamiento lo que ofrecen es espacio.  Se engañan quienes creen que los estacionamientos ofrecen servicios de seguridad.  Voy a abundar en esto abajo al transcribir un artículo que escribí hace ratos sobre este tema.

Cuando tu estacionas tu vehículo en un parqueo pagas X por el espacio que ocupa tu automóvil.  Si quisieras que este esté asegurado tendrías que pagar X + Y + Z porque el seguro tiene un costo (Y).  Y también lo tienen los guardias que habría que contratar (Z) para que controlaran los movimientos dentro del parqueo y evitaran daños.

Si estaciono mi vehículo en un parqueo bajo las condiciones de una regulación o legislación de supuesta gratuidad, el costo de X + Y + Z no lo pagaría al salir del centro comercial como ocurre ahora con el pago de Z.  Lo pagaría al consumir en mi lugar de específico de compras porque los espacios de estacionamiento tienen costos.  Y los costos se trasladan siempre que es posible trasladarlos. Entonces, en lugar de pagar X por un almuerzo en el food court del centro comercial, yo tendría que pagar el precio del almuerzo, más una parte proporcional de Y + Z y así en cada consumo.  Pero lo que es peor es que aquellas personas que lleguen sin vehículo al lugar, también tendrían que pagar una parte proporcional de la supuesta gratuidad del estacionamiento de mi vehículo.  Mi vehículo estaría estacionado aparentemente de forma gratuita; pero otros -incluso los que no llegaron con automóvil- pagarían una parte proporcional de mi privilegio.  Es por eso que Milton Friedman dijo que no hay tal cosa como un almuerzo gratis.  El almuerzo que es gratis para unos, necesariamente es pagado por otros.

Las propuestas de forzar la gratuidad, ya sea por medio de legislación, o por medio de boicots es populista e injusta. A continuación un artículo que escribí hace ratales en un contexto parecido:

Algunas personas creen que los parqueos privados deberían ser regulados; que debería haber un control de precios y que, por ejemplo, los propietarios de los estacionamientos deberían responder por daños que ocurran en los locales. Esa perspectiva pierde de vista que el servicio que prestan los estacionamientos y por el cual cobran lo que cobran (y los usuarios pagan sin ser obligados a adquirir el servicio) es el de espacio para estacionar; no el de seguridad para el vehículo. Este último es un tipo de servicio muy diferente al del espacio y no estoy seguro de si alguien querría prestarlo voluntariamente a los precios actuales. Aquella óptica pierde de vista que, cuando hay control de precios, sucede lo que tiene que suceder: escasez.

Mientras tanto, toma en cuenta que:

1. En los estacionamientos generalmente hay letreros que explican que el establecimiento no se hace responsable por daños a los vehículos y que los propietarios los dejan ahí por su cuenta y riesgo. De modo que queda claro que a cambio de cualquiera que sea la suma que me cobren en el parqueo, lo que me ofrecen es un espacio para dejar mi carro; y no me ofrece seguridad.

2. En esas condiciones, está claro que yo tengo que elegir entre no llevar automóvil, dejar ahí mi carro, o dejarlo en la calle y evaluar dos cosas: si quiero seguir dando vueltas en busca de un espacio, o si quiero jugármela y dejar mi auto en la calle para no pagar la tarifa del estacionamiento.

3. Si los dueños de estacionamientos ofrecieran seguridad, seguramente sus costos se elevarían y habría que ver si podrían, o querrían, prestar ese servicio adicional al mismo precio que prestan el de espacio.

4. Lo mismo ocurriría si pagaran algún tipo de seguro. Eso incidiría en sus costos. y podría influir en los precios para el usuario.

5. Para protegerse de usuarios inescrupulosos (o incluso de gente de buena fe que pudiera estar equivocada) en los parqueos tendrían que recibir los vehículos como cuando uno los alquila.  Tendríamos que llenar un formulario con un inventario mínimo de los daños que ya tiene el vehículo al dejarlo estacionado, e incluso un inventario de lo que hay adentro.  ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en esto cada vez que te estaciones?

6.  Quizás debería haber dos tipos de estacionamiento: unos que sólo ofrezcan espacio, como los que hay ahora; y otros que, por el precio correcto, ofrezcan otros servicios como seguridad, seguro, limpieza y qué se yo qué más podrían querer los clientes y qué más estarían dispuestos a pagar.  Pero estos servicios deberían ser contractuales, voluntarios y pacíficos; no forzados, ni impuestos por la legislación y la política.

A mi juicio está claro, y siempre lo ha estado, que los estacionamientos no cobran por seguridad, sino que cobran por espacio. Es muy peligroso que haya quienes demanden legislación para obligar a otros a ofrecer bienes y servicios que no están dispuestos a ofrecer, a cambio de tarifas que no están dispuestos a aceptar.

Claro que la gente tiene derecho a quejarse de los costos de los estacionamientos (the antique art of bitching) ; pero yo prefiero vivir en una sociedad en la que se respete las libertades de producir, consumir, intercambiar y de servir, sin coerción, ni privilegios.


17
Feb 19

Castraciones a bajo costo, en peligro

En abierta violación a la libertad de contratación una asamblea general el Colegio de Veterinarios y Zootecnistas aprobó un reglamento arancelario para la aplicación de la guía de cobros de servicios, instrumento que pretende abarcar a todas las actividades profesionales del gremio. En dicha asamblea se habría discutido una multa para los veterinarios y zootecnistas cobraran menos de lo establecido -a modo de un cartel-.

Foto por Raúl Contreras, de Así es la vida.

Los autores de la guía de cobros dispusieron que el costo de cualquier castración de gatos y perros debería costar Q700 (independientemente de lo que valga), más Q250 de la anestesia (independientemente de lo que valga).

Algunas organizaciones protectoras de animales advirtieron que las jornadas que realizan a bajo costo podrían estar en riesgo, ya que algunos veterinarios, por misericordia, regalan sus servicios (como los abogados que trabajan pro bono) cuando alguien y su mascota necesita ser apadrinado.  Según la nueva disposición esto no debería ocurrir y quienes regalaran su trabajo podrían ser castigados.

¿En serio pretenden castigar la benevolencia?

Al establecer un precio mínimo, los promotores de ese medida creen que van a elevar el nivel de ingresos de los agramiados mediante el uso de la coacción; pero no han previsto que ocurrirá lo que siempre ocurre cuando se alteran las leyes de la economía; por ejemplo: algunos agremiados van a empezar a trabajar en la clandestinidad porque necesitan cobrar menos que el arancel forzado; o para hacer caridad con los animalitos y con sus propietarios de escasos recursos.

Las fotos son por Raúl Contreras, de Así es la vida.

Muchas asociaciones animalistas hacen una gran labor, apoyadas en el tiempo y talentos regalados, o provistos a bajos costos por muchas personas y profesionales.  No obstante, un arancel forzoso, que impida la libre contratación y marginalice la benevolencia hará más difícil y criminalizará aquella labor. Todo en aras de, ¿qué? De la pretención irracional de que se pueden violar impunemente las leyes del mercado y las libertades individuales como la de contratación y las de servir e intercambiar sin coerción, ni privilegios.


05
Oct 18

Privilegios

En los últimos meses, grupos de exportadores y de industriales han estado promoviendo una devaluación política y forzada del quetzal, con el propósito de ganar competitividad para sus empresas.  Y la autoridad monetaria –dentro de las posibilidades que le da la legislación actual– ha estado encareciendo el dólar, poco a poco.

La devaluación artificial del quetzal les permite a los beneficiarios de esa política recibir más quetzales a cambio de sus dólares y facilita que sus empresas les generen ganancias.  Es un típico caso de lo que se ve y lo que no se ve, de Frédéric Bastiat, Es fácil ver la prosperidad de los exportadores e industriales beneficiados por la devaluación del quetzal y el encarecimiento del dólar; pero no es fácil ver los efectos negativos que traen consigo. La diferencia entre un mal y un buen economista es esta: uno se limita al efecto visible; y el otro tiene en cuenta no sólo el efecto que se ve, sino también los que hay que prever, escribió Bastiat.

A simple vista es fácil ver que la devaluación del quetzal beneficia a sus promotores; pero hay que prever que encarecerá las importaciones.  Por ejemplo, las importaciones de bienes de capital que sirven para elevar la productividad de verdad; hay que prever que encarecerá las importaciones de combustibles.  Si el quetzal es devaluado políticamente, la gasolina que usas va a ser más cara. Al transporte colectivo que usas le van a subir los costos, cuando suba el precio del diesel.  Igualmente, el transporte que trae maíz, zanahorias y güisquiles va a ser más caro.

Y si los daños económicos de una devaluación política te parecen malos, ¿qué tal los daños éticos?  Una devaluación al servicio de industriales y exportadores confirma que en esta sociedad los privilegios no son mal vistos.  Confirma que, si un grupo está suficientemente organizado y tiene suficiente influencia, puede usar la ley y el poder del estado para conseguir rentas, aunque eso perjudique a otros.  Confirma que el estado está al servicio de unos y no de todos.  ¿Estás de acuerdo?

Columna publicada en elPeriódico.


23
Ago 18

Los industriales también quieren privilegios

La Cámara de Industria –como la Anacafé– también quiere un precio político para el dólar y ayer propuso una devaluación del quetzal.

La dirigencia industrial quiere el privilegio de una devaluación anual de 5 por ciento para beneficiarse, aunque dicha devaluación perjudique a otros guatemaltecos.   Los industriales como los cafeteros quieren ganar competitividad por medio del encarecimiento político del dólar.

Es cierto, claro, que la industria chapina ha perdido competitividad; pero buena parte de esa pérdida es a causa de los altos costos de transacción que hay en el país.   En vez de pedir el privilegio de un precio político para el dólar los industriales deberían exigir que sean reparadas las carretaras; que se garantice seguridad; que se flexibilice la legislación laboral y el tema de los salarios.

A esto añádele que en el mediano y largo plazo es infructuoso fingir competitividad (a fuerza de falsear el precio del dólar) si en el país se sabe a voces que, si tu inversión es amenazada por grupos suficientemente influyentes y poderosos, la Corte de Constitucionalidad (por ejemplo) no va a proteger tus derechos. ¿Qué competitividad real va a ser posible en estas y aquellas condiciones?

Con élites empresariales así, estamos en la calle y sin llavín.


22
Ago 18

El café y ¡¿precios de lesa humanidad?!

Los precios del café son de lesa humanidad dijo el Presidente de la Asociación Nacional del Café y cualquiera pensaría que está hablando de genocidio, o algo parecido.

Imagen de previsualización de YouTube

Por cierto, delitos de lesa humanidad son actos inhumanos graves cuando que reúnen dos requisitos: la comisión como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, y con conocimiento de dicho ataque.  No hay tal cosa como precios de lesa humanidad -ni precios justos, o injustos- lo que hay son precios de mercado.

Ayer hubo un titular que decía Café cae a US$ 97, con una advertencia: baja de precios podría agravar crisis social; y hoy, la dirigencia cafetalera habla de precios de lesa humanidad, de crisis y de efectos negativos, habla de la dominación por consorcios internacionales, habla de que el precio es la última bala para matar al productor de café. El Presidente de la Anacafé cree que los precios del café son un tema humanitario y de costos. Los políticos y burócratas deberían devaluar el quetzal para servir a los intereses de la caficultura, aunque los costos de la devaluación los pagaran otras personas, y lo dijo así: una tasa de cambio nos saca de competitividad y todos los demás países han devaluado su moneda como una medida para apoyar a la caficultura y ser competitivo, menos Guatemala.  ¿Los cafetaleros quieren el privilegio de una tasa política -que no es la del mercado- aunque eso dañe y perjudique a otras personas y grupos productivos?

Lo cierto es que en Postulados económicos fundamentales (o en Proceso económico) uno aprende que si la oferta de un producto es muy elevada y la demanda no crece, o disminuye, lo más seguro es que eso resulte en precios bajos para el producto en cuestión.  Es un hecho que en el mundo hay más oferta de café, que demanda y eso hace que los precios caigan.

Claro que los cárteles y consorcios pueden influir en los precios; pero de eso a suponer que los precios son de lesa humanidad hay kilómetros de distancia.

Cierto es, también, que en Guatemala los costos de transacción para la producción y comercialización del café son muy elevado y contribuyen demasiado a hacer inviable la caficultura masiva.  En vez de pedir el privilegio de un precio político para el dólar, o de pedir el privilegio de programas subsidiarios (que pagan los tributarios, o sea tu) los cafetaleros deberían exigir que sean reparadas las carretaras; que se garantice seguridad no sólo en los caminos, sino en las fincas; que se flexibilice la legislación laboral y el tema de los salarios (esto si lo  mencionó el dirigente en cuestión).  Si te toca pagar programas subsidiarios para los cafetaleros, ¿luego te repartirán dividendos, o sólo pagarás el subsidio sin recibir algo a cambio?

Yo amo el café y me da pena que los cafetaleros pierdan por los precios bajos y los costos altos de transacción; pero me parece inapropiado que se sumen a los grupos que demandan privilegios.


11
Nov 17

Esto no debe pasar inadvertido

Según el INE –para avanzar una agenda política, o por descuido– Guatemala es un país con alto crecimiento en el precio de los alimentos. Empero, el equipo de UFM Market Trends analizó el precio de la canasta básica desde varias fuentes de información, y puso en evidencia que la información oficial es inconsistente.

Escucha el podcast aquí.

¿Por qué es eso importante? Porque el indicador de precios tiene un impacto fuerte en políticas como las tasas de interés (que son los precios del crédito y se reflejan en lo que pagas por tu carro, o por tu casa), y en la posibilidad de un salario mínimo diferenciado que pudiera aliviar la situación laboral de miles de personas, para mencionar dos.

¿Qué inconsistencias encontró el equipo de UFM Market Trends? A partir de la administración de los Colom/Torres los precios del INE y los del MAGA no coinciden y a eso se le llama comparar peras con manzanas. Los precios internacionales y los precios reportados por el INE también divergen, que es tres cuartos de lo mismo. La canasta básica comprada en grandes supermercados en zonas caras de la ciudad de Guatemala muestra una notable diferencia con el precio de la canasta reportado por el INE.  En La Torre, la canasta que el INE estima en Q4211.37 cuesta Q3451.20 y, en Walmart, la misma canasta cuesta Q3105.90.

Si los errores del INE son por descuido, lo que procede es que sean corregidos cuanto antes; y si han sido para avanzar una agenda política pobrista, procede corregirlos –también– pero habría que subrayar la canallada.  En relación al pobrismo, ¿qué más evidenció el estudio? Que la desnutrición crónica y la mortalidad por desnutrición han disminuido notablemente y que la tendencia internacional de disminución de pobreza también se cumple en Guatemala.  No es que no haya pobreza; pero, ¡seguramente habría menos pobres y desnutridos sin la información manipulada y falsa con que se toman decisiones políticas destruccionistas!

Medio en serio y medio en broma, las estadísticas son peligrosas porque pueden despertar el deseo de hacer algo para arreglarlas; y son doblemente peligrosas cuando están truqueadas, y no reflejan la realidad.

Columna publicada en elPeriódico.


30
Jul 17

Política y tipo de cambio

En 1999, cuando el dólar estaba escalando e iba a Q7.30 por uno, había gente se preocupaba porque el quetzal perdía valor y clamaba porque los políticos y sus burócratas hicieran algo para apuntalar la moneda nacional (principalmente que el Banco de Guatemala vendiera dólares para elevar la oferta artificialmente). Dieciocho años después, cuando el dólar está al mismo precio de Q7.30 hay gente que se preocupa porque el quetzal vale demasiado y clama porque los políticos y burócratas hagan algo para apuntalar el dólar (principalmente que el banco central compre dólares para elevar la demanda artificialmente).

¿Ves lo que pasa cuando se permite que la política controle los precios?  No se puede tener a todos contentos y la política favorece a aquellos que tienen la posibilidad de influir en ella y de usarla en su propio beneficio.

Los precios, como el del dólar con respecto al quetzal, son mecanismos de información que les sirven a los actores económicos para saber dónde alocar recursos y dónde no. Por ejemplo, ahora que están caros los tomates, porque ha bajado la oferta, quizás sea tiempo para sembrar tomates, o importarlos.  Es mal tiempo para dejar de producir tomates.

Si los precios son alterados políticamente para beneficiar grupos de interés particulares, la información que acarrean los precios es censurada y los actores económicos no tienen información confiable sobre donde alocar recursos, y donde no.

Antes había gente incomodada porque la política no servía a sus intereses, y ahora hay gente incomodada porque la política no sirve a sus intereses.  Pero lo único que sirve a los intereses de todos -en el largo plazo y all things considered– es que la información que acarrean los precios sea confiable. Y la eliminación del privilegio de usar la política y la legislación en beneficio propio.


27
Jun 17

¿Parqueos gratis? No hay tal cosa como un almuerzo gratis

La iniciativa de forzar, por medio de legislación, a que los parqueos sean gratuitos durante las primeras dos horas y a que los estacionamientos estén asegurados -en centros comerciales y universidades- es un desatino por dos razones: viola la libertad de producir e intercambiar sin coerción; y hace que otros tengan que pagar por servicios que usan unos.

Me explico:

Cuando alguien construye estacionamientos hace una inversión e incurre en costos con la esperanza de prestar un servicio y hacer negocios con quienes -de forma voluntaria y pacífica- quieren hace uso de aquellos servicios.  Quienes prestan servicios de estacionamiento lo que ofrecen es espacio.  Se engañan quienes creen que los estacionamientos ofrecen servicios de seguridad.  Voy a abundar en esto abajo al transcribir un artículo que escribí hace ratos sobre este tema.

Cuando tu estacionas tu vehículo en un parqueo pagas X por el espacio que ocupa tu automóvil.  Si quisieras que este esté asegurado tendrías que pagar X + Y + Z porque el seguro tiene un costo (Y).  Y también lo tienen los guardias que habría que contratar (Z) para que controlaran los movimientos dentro del parqueo y evitaran daños.

Si estaciono mi vehículo en un parqueo bajo las condiciones de la pretendida ley de supuesta gratuidad, el costo de X + Y + Z no lo pagaría al salir como ocurre ahora con el pago de Z.  Lo pagaría al consumir en mi lugar de destino porque los espacios de estacionamiento tienen costos.  Y los costos se trasladan siempre que es posible trasladarlos. Entonces, en lugar de pagar X por un almuerzo en el food court del centro comercial, yo tendría que pagar el precio del almuerzo, más una parte proporcional de Y + Z y así en cada consumo.  Pero lo que es peor es que aquellas personas que lleguen sin vehículo al lugar, también tendrían que pagar una parte proporcional de la supuesta gratuidad del estacionamiento de mi vehículo.  Mi vehículo estaría estacionado aparentemente de forma gratuita; pero otros -incluso los que no llegaron con automóvil- pagarían una parte proporcional de mi privilegio.  Es por eso que Milton Friedman dijo que no hay tal cosa como un almuerzo gratis.  El almuerzo que es gratis para unos, necesariamente es pagado por otros.

La propuesta del diputado Alvaro Velásquez (ex-Convergencia) es populista e injusta. A continuación un artículo que escribí hace poco más de un año en un contexto parecido:

Algunas personas creen que los parqueos privados deberían ser regulados; que debería haber un control de precios y que, por ejemplo, los propietarios de los estacionamientos deberían responder por daños que ocurran en los locales. Esa perspectiva pierde de vista que el servicio que prestan los estacionamientos y por el cual cobran lo que cobran (y los usuarios pagan sin ser obligados a adquirir el servicio) es el de espacio para estacionar; no el de seguridad para el vehículo. Este último es un tipo de servicio muy diferente al del espacio y no estoy seguro de si alguien querría prestarlo voluntariamente a los precios actuales. Aquella óptica pierde de vista que, cuando hay control de precios, sucede lo que tiene que suceder: escasez.

Mientras tanto, toma en cuenta que:

1. En los estacionamientos generalmente hay letreros que explican que el establecimiento no se hace responsable por daños a los vehículos y que los propietarios los dejan ahí por su cuenta y riesgo. De modo que queda claro que a cambio de cualquiera que sea la suma que me cobren en el parqueo, lo que me ofrecen es un espacio para dejar mi carro; y no me ofrece seguridad.

2. En esas condiciones, está claro que yo tengo que elegir entre no llevar automóvil, dejar ahí mi carro, o dejarlo en la calle y evaluar dos cosas: si quiero seguir dando vueltas en busca de un espacio, o si quiero jugármela y dejar mi auto en la calle para no pagar la tarifa del estacionamiento.

3. Si los dueños de estacionamientos ofrecieran seguridad, seguramente sus costos se elevarían y habría que ver si podrían, o querrían, prestar ese servicio adicional al mismo precio que prestan el de espacio.

4. Lo mismo ocurriría si pagaran algún tipo de seguro. Eso incidiría en sus costos. y podría influir en los precios para el usuario.

5. Para protegerse de usuarios inescrupulosos (o incluso de gente de buena fe que pudiera estar equivocada) en los parqueos tendrían que recibir los vehículos como cuando uno los alquila.  Tendríamos que llenar un formulario con un inventario mínimo de los daños que ya tiene el vehículo al dejarlo estacionado, e incluso un inventario de lo que hay adentro.  ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en esto cada vez que te estaciones?

6.  Quizás debería haber dos tipos de estacionamiento: unos que sólo ofrezcan espacio, como los que hay ahora; y otros que, por el precio correcto, ofrezcan otros servicios como seguridad, seguro, limpieza y qué se yo qué más podrían querer los clientes y qué más estarían dispuestos a pagar.  Pero estos servicios deberían ser contractuales, voluntarios y pacíficos; no forzados, ni impuestos por la legislación y la política.

A mi juicio está claro, y siempre lo ha estado, que los estacionamientos no cobran por seguridad, sino que cobran por espacio. Es muy peligroso que haya quienes demanden que los diputados hagan leyes para obligar a otros a ofrecer bienes y servicios que no están dispuestos a ofrecer, a cambio de tarifas que no están dispuestos a aceptar.

Yo prefiero vivir en una sociedad en la que se respete las libertades de producir, consumir, intercambiar y de servir, sin coerción, ni privilegios.


06
Mar 17

Cuando los precios no son de gusto político

dolar


Para algunos tecnócratas, si los precios no son los que ellos quieren, en función de los intereses de su clientela, los precios están mal y deben ser corregidos de forma política; o sea, por la fuerza de la ley.

En eso pensé cuando leí la columna titulada Preocupación por la aprecición del quetzal. En ella, su autor Mario A. García Lara, dice que: 

Tanto la autonomía como la credibilidad del Banguat están en riesgo debido a un fenómeno de origen principalmente externo: la permanente apreciación del quetzal con respeto del dólar estadounidense.  Sucede que el esquema de MEI tiene una debilidad: la estabilidad de precios no solo es un fenómeno de exceso de demanda agregada; también existen factores del lado de la oferta (como las fluctuaciones de los precios internacionales de las materias primas o las fluctuaciones del tipo de cambio debidas a flujos de capitales) que afectan los precios internos

Según el columnista, es malo que los precios de las materias primas que se producen en Guatemala se eleven porque eso hace crecer la oferta de dólares aquí; y es malo que los chapines que viven y trabajan en el exterior les manden dinero a sus familias porque eso hace crecer la oferta de dólares aquí.  ¿Y por qué es malo? Porque ambos fenómenos perjudican las metas políticas (que el Banguat llama explícitas) de inflación del banco central.  ¿Por qué digo que las metas son políticas y por qué es que eso es importante? Porque por medio de la ley, de acuerdo con planes políticos, esas metas alteran políticamente los resultados de la oferta y demanda citadas por García.

Es cierto que el método que usa la Junta Monetaria para intervenir políticamente en el mercado es uno que excluye la arbitrariedad escandalosa; pero eso no quita que sea una forma de intervención, y no quita que sea forzada.  Forzada por la ley; pero forzada.

Esos factores externos han ocasionado no solo que la moneda nacional se mantenga apreciada (en términos reales) respecto del dólar sino que, además, han ocasionado incluso que la inflación se ubique en ocasiones por debajo de la meta establecida por el Banguat.  Esto, además de deteriorar la competitividad del sector exportador, erosiona la credibilidad del banco central, lo cual afecta su capacidad de influir en el mercado para propiciar la estabilidad del nivel general de precios, dice el columnista García Lara.

Según el columnista el hecho de que el quetzal no se deprecie y el hecho de que la inflación sea baja, es malo.  Mientras que en otros países la gente se angustia porque sus monedas se devalúan y porque la inflación se dispara hacia arriba, aquí es al revés.  Ya sabes, tal vez es cierto que Guatemala es el país donde las piedras flotan, la madera se hunde y Como no, quiere decir Sí. Ahora bien…¿para quienes es malo que el quetzal no pierda valor y que la inflación esté casi por el piso? ¡Para los exportadores!, García lo dice claramente.  Es decir para un grupo social específico, con intereses específicos y particulares.  No para el bien común, que es el bien de todos, sino para el bien de algunos…en perjuicio de otros. ¿Quiénes son los perjudicados? Los importadores; los que amortizan sus casas, sus autos, y sus inversiones de capital en dólares para hacer más competitivos sus negocios y para crear más y mejores puestos de trabajo. ¿Para quiénes más es malo que el quetzal no pierda valor? Para los políticos,  funcionarios, burócratas y tecnócratas que perderán su capacidad de influir en el mercado para que los precios sean los que ellos desean, en función de su clientela.

La solución a este dilema es relativamente sencilla.  La apreciación del quetzal tiene un efecto de reducir las presiones inflacionarias y ocasiona una restricción de la demanda agregada (pues deprime las exportaciones), por lo que equivale a haber elevado las tasas de interés.  La respuesta adecuada de la política monetaria ante la continuada apreciación del quetzal debió haber sido (desde hace tiempo) una reducción sensible en la tasa de interés líder.  Desafortunadamente, un celo excesivo del Banguat ante temores de una inflación (que nunca se dio) ha impedido que la Junta Monetaria actúe más oportunamente reduciendo la tasa de interés líder, explica García Lara.

Es cierto que hay un dilema: Los funcionarios y tecnócratas respetan el precio del quetzal con respecto al dólar, y reconocen su valor como información con respecto a dónde se deberían, y donde no se deberían colocar los recursos; o intervienen en el precio del quetzal, censuran la información e inclinan políticamente la balanza en favor de sus patrocinados. O también pordría intervenir en el precio del crédito (la tasa de interés), censurar la información e inclinar políticamente la balanza…ya sabes, como sugiere García.

La credibilidad del Banco de Guatemala está en riesgo debido a que los exportadores están presionando fuertemente para que la Junta Monetaria favorezca sus negocios. Hasta ahora, los políticos, funcionarios, burócratas y tecnócratas de la JM han hecho joggling con talento, sin arbitrariedades escandalosas; pero los exportadores les han metido otra bola en el juego…o tal vez es un machete.

Si te interesa el tema de la relación entre los economistas y la política, te recomiendo What Economists Should Do?, por James M. Buchanan.


05
Ago 16

¿Por qué están caros los aguacates?

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Escucha el podcast aquí.

¿Te has dado cuenta? Los aguacates están carísimos. Desde que era niño soy fan de los aguacates y mi recuerdo más remoto con respecto a esas frutas es el de estar sentado frente a mi padre, en el comedor del hotel Casa Contenta en Panajachel, mientras él me preparaba un aguacate con kétchup, salsa inglesa y sal.  En los 80, Marina, la magnífica cocinera de la casa de mis padres, solía ofrecerme una tortilla con aguacate (o con alguna hierba como macuy) a las 12:00, antes del almuerzo, mientras yo veía la tele.

Ahora resulta que están carísimos, un estimado periodístico indica que andan por entre Q5 y Q7 cada uno.  La noticia que leí dice que hay dos razones por las que los aguacates están caros: La caída de la producción nacional y el precio alto de los aguacates que vienen de México.

La primera causa se conoce como escasez y explica el alza de los precios porque si hay pocos aguacates en los mercados y la gente quiere comprar la misma cantidad de siempre los precios tienden a subir.  Es decir, llegas al mercado y preguntas: ¿A cuánto un aguacate? Si la señora que los vende te dice que a 7 y tú los pagas, ese es el precio; pero si regateas y le ofreces 5 y ella lo acepta, ese es el precio. La señora no te bajará a 5 si calcula que los aguacates son escasos y que detrás de ti vendrá un comprador que sí pagará 6, o 7.

El precio de los aguacates que vienen de México, sin embargo,  no es una causa de que estos frutos estén caros. Al contrario, los aguacates mexicanos son la razón por la que esos frutos no están más caros. Esto es porque si la producción chapina ha caído y los aguacates nacionales son escasos, los aguacates mexicanos elevan la oferta total de aguacates en los mercados haciéndolos menos escasos. Los vendedores saben que no les conviene quedarse con aguacates abundantes al final del día y por lo tanto están más dispuestos a bajarte el precio cuando regateas.

Nos engañamos cuando creemos que el precio es la sumatoria de los costos.  El precio es un acuerdo entre tu y el vendedor, en el contexto de qué tanto quieres lo que vas a comprar y qué cantidad de producto hay disponible para que lo compres.

Columna publicada en elPeriódico.