13
Feb 24

Iluminación del pasado, ¿cuánto costaba la esperma en 1890?

 

¿Cuánto costaba la libra de esperma en Quetzaltenango en 1890? Pues por lo menos 30 centavos de peso.  Para que tengas una referencia, el quintal de harina flor costaba 7 pesos; una arroba de arroz costaba 1.50 pesos y un quintal de café de clase superior costaba entre 21 y 22 pesos. 

La esperma no es lo que estás pensando, eso se hubiera vendido por botella. lo que se refiere el anuncio que le da origen a estas meditaciones es a la esperma de ballena que es una sustancia grasa que se extraía de la cabeza del cachalote y era empleada para hacer candelas y como combustible en lámparas de aceite.

Durante el gobierno de Justo Rufino Barrios, a mediados de 1886 se iniciaron las operaciones de la primera hidroeléctrica en Guatemala, que se instaló en la Finca El Zapote. Una caída de 5 metros movía dos turbinas Leffel con capacidad para encender 135 lámparas ubicadas en el centro de la ciudad. Eso fue a sólo cuatro años después de que Tomás Alva Edison instalara la primera empresa de generación de energía eléctrica en la ciudad de Nueva York.

Para 1890 seguro que en la ciudad de Guatemala y en Quetzaltenango, todavía se usaban muchísimas  candelas y lámparas de aceite para la iluminación. De modo que la espermaceti o esperma de ballena era una materia prima importante. 

La noticia es del periódico El Progreso, de Quetzaltenango, publicada el 12 de febrero de 1890. No tiene nada que ver, pero me causó mucha gracia, la nota que precede a la de los precios: Hace dos horas, dice un individuo a otro, de paso por la avenida de San Nicolás, que esas dos pobres y andrajosas mujeres están en brazos de Baco y no ha sido posible que se las lleven á donde corresponda. Esto pasó el lunes 10 del corriente

Gracias a Luis Andrés Schwartz por la pista.


15
Dic 23

Legislación para crear escasez de parqueos

 

¿Te acuerdas de lo que ocurrió cuando había precios tope para el pan, la leche, el papel toilette y otros productos?  Si ya hace ratos que te pega el sol te acordarás de que el pan y la leche disminuyeron de tamaño y calidad el primero y de calidad el segundo; y de que el papel desapareció y sólo quedó uno de color verde, mal cortado y que raspaba. 

¿Sabes qué va a pasar si prospera la legislación que pretende ponerle precios tope a los parqueos? ¡Cabal! Van a empezar a escasear esos espacios tan necesarios.

Pues resulta que en el Congreso hay una propuesta para ponerle precios tope a los estacionamientos, para modificar el modelo de negocios de esos servicios y para…¡Sorpresa!…crear una comisión nacional que regule los parqueos.

La primera parte está explicada arriba; pero…¿y la segunda?  Pues te cuento que el servicio que prestan -al precio que lo prestan- los parqueos es el de proporcionar un espacio para estacionar.  Cuando uno entra a un parqueo y halla espacio, por lo que paga es por ese espacio.  Los propietarios de estacionamiento no están en el negocio de la seguridad, sino en el del espacio.

Por eso es que te lo advierten de entrada: No se responsabilizan por daños; y es que el negocio de la seguridad es otro animal que tiene otras características, requerimientos, costos y, obviamente, precios.  Y aquí está la trampa de los patrocinadores de aquella legislación: ¿En qué cabeza cabe modificar políticamente la naturaleza de un servicio privado, elevar los costos de su prestación y ponerle precio tope? Es la receta para la escasez. Durante las fiestas populares que se celebran en la zona 1, por ejemplo, cuando hacen tanta falta los estacionamientos nocturnos, pues vete haciendo a la idea de que ya no los habrá porque la legislación habrá matado los incentivos de negocio.

Se estima que el parque vehicular aumentó de 3.5. 4.6 millones en el último año.  En esas condiciones lo razonable sería incentivar la multiplicación de estacionamientos y que los precios sean regulados por la competencia; en vez de producir legislación que asfixie aquellos negocios y los excluya políticamente.

¿Te imaginas la corrupción que va a generar la facultad de la comisión reguladora para clasificar paqueos de acuerdo con tipo, categoría y ubicación y luego autorizarles tarifas?

A aquella receta añádele lo de la comisión.  Esa comisión, generará costos.  ¿Ganarán dietas los miembros? ¿Qué sueldos tendrán los técnicos que la asesorarán? Adivina quién va a pagar el costo de regular y vigilar los parqueos.  ¡Acertaste! Lo pagarás tu que eres el tributario.

La legislación en cuestión no sólo viola las libertades de producir e intercambiar; sino que fuerzan a que unos tengan que pagar por servicios que usan otros. Por qué escojo un parqueo, y no otro que esté a unos pocos metros: primero, por ubicación; segundo, porque tenga baño; tercero, porque los encargados me reconocen y son atentos; y cuarto, por accesibilidad.

Quizás debería haber dos tipos de estacionamiento: unos que sólo ofrezcan espacio, como los que hay ahora; y otros que, por el precio pactado, ofrezcan otros servicios como seguridad, seguro, limpieza y qué se yo qué más podrían querer los clientes y qué más estarían dispuestos a pagar.  Pero estos servicios deberían ser contractuales, voluntarios y pacíficos; no forzados, ni impuestos por la legislación y la política.

La propuesta mal llamada ley reguladora de estacionamiento de vehículos, debería llamarse legislación para crear escasez de estacionamiento de vehículos.

Columna publicada en República.


23
Feb 22

Ante los precios elevados de los combustibles

 

¿Te acuerdas de cuando la gasolina estuvo cerca de los Q13 por galón en 2020?  Pues ahora andan cerca de Q30 y no falta quien especule con que podrían llegar a Q40.  En estas circunstancias y frente a aquella posibilidad, hay diputados que han anunciado que trabajan en una propuesta de ley para aliviar la economía de los guatemaltecos de forma responsable.

A pesar de que la frase De una forma responsable es tranquilizadadora, el robot de Perdidos en el espacio no deja de agitar los brazos y advertir: ¡Peligro, peligro, Will Robinson! Por vidita suya, no se les vaya a ocurrir la fijación de precios tope, ni se les vaya a ocurrir algún tipo de subsidios.  La primera opción causaría escasez y desabastecimiento (como ya ha ocurrido en otras ocasiones) y la segunda sería pan para hoy y hambre para mañana porque se pagarían con impuestos e inflación (en perjuicio de todos y especialmente de los más pobres, como ha ocurrido en otras ocasiones).

¿Cuál es una forma responsable de aliviar el peso de los precios de los combustibles en la economía de los guatemaltecos? Eliminando los impuestos que los políticos y burócratas toman de los tributarios por medio del precio de los combustibles.  Y si para ello hay que eliminar plazas para fantasmas, privilegios, canonjías, viajes, programas redundantes y programas para satisfacer exigencias de grupos particulares en el presupuesto del estado, ¡¿Qué mejor?


11
Ene 22

Esto es tan de Twitter

 

El 5 de enero pasado escribí una entrada sobre los precios de abarrotes en 1994; no sólo porque es entretenido e informativo leer ese tipo de listas, sino por algo de nostalgia y para explicar lo que es la inflación. Al publicar la entrada en Twitter, con una pregunta, pasó lo que tenía que pasar.

Pasó que 97% de los que contestaron a la pregunta lo hicieron sin informarse y sólo especularon.  Treinta y tres, de 34 que contestaron. no buscaron la información en el artículo y se quedaron con leer el tuit y la adivinación.  Sólo una persona leyó la entrada y respondió con la información objetiva que se hallaba en ella.

La pregunta es que cuánto costaba una libra de manzanas rojas en aquel entonces y la respuesta correcta es Q5.70.

Esto es muy de Twitter.  Mucha opinión desinformada, muchos que opinan no pasan del tuit y creen que eso es suficiente y que es una invitación a especular.  Muchos se sienten obligados a opinar, aunque sea a tientas.  Muy pocos se dan a la tarea de informarse antes de emitir su opinión.

Me parece fascinante que las personas se sientan conminadas a responder, aunque no tengan la información necesaria.


05
Ene 22

Así le han robado valor a tu dinero

 

El 21 de octubre de 1994 hice el primer supermercado para mi primer apartamento.  Imagínate la ilusión; pocos días antes había equipado la cocina y ese día iba a llenar la despensa.  Compré 108 artículos diversos y el total fue de Q925.19 ¿En cuánto te saldría el super si hoy mismo fueras a comprar los 108 artículos que compré hace 28 años? Sin duda en mucho más porque las autoridades monetarias le han robado valor al dinero que ganas y ahorras. Eso se llama inflación.

Mi mamá contribuyó con algo para que la lista no fuera más larga, pero te comparto algo de lo que incluía aquella compra y los precios: Una crema Maggi costaba Q2.12; una lata de frijoles Ducal costaba Q.3.22; una bolsa de queso parmesano tenía un precio de Q9.95; ¿Una libra de cebollas? Q1.75; un paquete de tocino por Q8.46 y una docena de huevos por Q6.34.

Sigo. Una caja de Raisin Bran costaba Q. 12.22; un frasco de mayonesa, Q.10.64; un frasco de Listerine costaba Q8.18; una lata de leche Carnation costaba Q4.38; y una bolsa de harina Gold Medal, Q14.27. Una libra de manzanas rojas costaba Q. 5.70.

¡El IVA estaba a 7% y no a 12% como ahora! Otro detalle para la historia es que pagaba con cheque. ¿Sabes? Tengo meses de no tener chequera. Me causa gracia que pusieran especie, en vez de especia.

La forma popular de detectar la inflación es cuando suben los precios; pero ese es el efecto de la inflación, no la inflación misma.  Para entender el fenómeno y su naturaleza perversa, es mejor verlo desde su realidad: la inflación es la pérdida de valor de la moneda; por eso es que necesitas más quetzales para comprar lo mismo.

Guardé esa factura, junto con la de equipamiento de la cocina dentro de mi Guía de las ruinas de Quiriguá, por Sylvanus G. Morley y apareció hace unas semanas cuando moví mis libros sobre los mayas de la casa a la oficina.


08
Dic 21

Equipar una cocina en 1994

 

En octubre de 1994 volví de La Antigua a la ciudad de Guatemala para armar mi primer apartamento: y la lista que ves abajo es la de algunas de las compras que hice para equipar la cocina, principalmente.

Mi mamá contribuyó muchísimo para ese equipamiento; con una vajilla completa, un par de ollas y algunos instrumentos y cubiertos. Pero el 19 de octubre fui a Cemaco a comprar elementos que me hacían falta.  Veintisiete años después, algunas de aquellas compras como el cucharón, el tenedor, la cuchara y la cuchara calada, de acero todavía están en uso y en perfecto estado.  El rallador está nítido. La sartén cuadrada todavía la usamos para panqueques, o tostadas a la francesa. ¡Que calidad de productos!

La lista tiene gracia, pero más los precios.  La sartén, que es lo más caro de los objetos recién mencionados me costó Q70.08 y en aquel tiempo el dólar estaba a Q5.77 por $1, de modo que el cucharón costó $12.14.  Descontando otros factores y sólo por hacer un ejercicio, si hoy comprara aquella sartén a $12.14, tendría que pagar Q95.05.

Descontando otros factores y en esa dirección, si en 1994 el total de la factura fue Q1708.40, ó $296.08; hoy tendría que pagar Q2318.30. ¡El IVA estaba a 7% y no a 12% como ahora!

Otro detalle divertido es que pagué con cheque, algo que tengo añales de ya no hacer.

Aquella pérdida de poder adquisitivo del quetzal se debe, en elevado porcentaje, a un fenómeno monetario llamado inflación.  La inflación le roba valor a tu sueldo y a tus ahorros, es un impuesto oculto y es muy inmoral.

Guardé esa factura, junto con la de abarrotes y otras que compartiré en otra ocasión, dentro de mi Guía de las ruinas de Quiriguá, por Sylvanus G. Morley y apareció ahora que moví mis libros sobre los mayas de la casa a la oficina.


10
Sep 20

¿Ya se siente la inflación?

Pasé al supermercado porque necesitaba papas y frijoles.  Seis papas y cinco libras de frijoles, nada excepcional, supongo. ¿Y sabes qué? Me quedé papo.

¿Ya se siente la inflación a causa de los préstamos?

La cuenta fue de Q23.59 por las seis papas (grandes, eso sí) y Q.46.00 por las cinco libras de frijolitos.  Un total de Q70.19. ¿Ya se siente el alza en los precios a causa de la inflación?

La inflación, ¿sabes? No es el alza generalizada en el nivel de precios como te dicen en la calle.  Esa alza en los precios es el resultado de que tu dinero (tu sueldo) ha perdido valor adquisitivo porque los políticos y burócratas encargados de mantener la estabilidad de los precios imprimen muchos quetzales y hacen que estos abunden.  La abundancia de quetzales hace su valor, en términos de otros bienes se reduzca y, por lo tanto, tienes que dar más quetzales a cambio de los bienes que necesitas.  Lo que se infla, con la inflación, no son los precios, sino la cantidad de dinero en circulación; y se agrava por la baja en la productividad, causada por el encierro forzado.

Con tanto préstamo que han estado pidiendo y recibiendo los políticos y burócratas chapines, con la excusa del covid-19, los dólares que reciben se traducen en quetzales y ocurren la inflación y su consecuencia, el alza en los precios.

La inflación es inmoral porque: es un impuesto oculto que le roba valor a tu sueldo, a tus rentas y a tus dividendos La inflación socava el valor de tus ahorros y de los de tus padres y de los de tus hijos. No a todos les llega el efecto de la inflación al mismo tiempo: los políticos, los burócratas y sus clientelas, que reciben el dinero inflado antes que los demás, todavía encuentran precios normales, en la medida que el dinero inflado va circulando y se aleja de la fuente originaria y llega hasta los últimos que lo reciben, en esa medida los recipiendarios encuentran precios más altos y más altos. Castiga más a los que no dependen de la teta del presupuesto del estado. La inflación es inmoral porque es empobrecedora.

Si, ya se que pude haber ido al Cenma y que ahí hubiera encontrado papas y frijoles más baratos; pero por seis papas y cinco libras de frijoles, el tiempo y la gasolina no sólo no hubieran valido la pena, ni hubieran sido prácticos.  ¿Qué pude haber comprado otras cosas? Si, si pude haber aprovechado para comprar otras cosas, pero entonces hubiera tenido que pagar por ellas.  En todo caso, las papas y los frijoles hubieran estado allá más caros, que lo que estaban antes de la inflación.


04
Sep 20

Mermados

Cuando yo era niño los panes franceses de un centavo eran así de grandes y los de dos centavos eran el doble de grandes. Para los años ochenta, cuando se impusieron precios tope a muchos productos, los panes de dos centavos terminaron del tamaño de los de un centavo y los de un centavo casi parecían panitos de San Antonio.  A causa de los precios tope desapareció la leche buena y lo que se podía comprar era un agua blanquecina sin sabor; y muchas lecherías quebraron.

¿Quién se acuerda de cuando a causa de los precios tope desaparecieron muchísimos productos de las góndolas en los supermercados? Hubo un tiempo en el que sólo había un papel toilette de color verde, que raspaba de forma inolvidable.

Aquí y en Tombuctú, los precios máximos causan la desaparición de los productos sometidos a esa arbitrariedad, y reducen la calidad de los mismos y muchas veces generan mercados negros.

Acuerdo publicado en el diario oficial.

Pensé que la lección ya había sido aprendida porque, según recuerdo, a eso de 2008 hubo una escasez mundial de arroz y alguien -aquí en Guate- sugirió que hubiera precio tope para aquel grano de modo que no fuera encarecido.  Recuerdo haber leído que un sindicato se opuso al precio máximo y explicó que tal medida causaría escasez.  Pero ahí está que no.  La lección no fue aprendida porque los mermados que tienen la arrogancia de pretender dirigir la economía del país les pusieron precios tope a algunas medicinas.

A principios del encierro forzado, allá por marzo, hubo sugerencias de que se les impusieran precios tope a las mascarillas, propuesta desatinada que no se concretó.  ¿Y qué pasó? Ahora hay mascarillas para todos los gustos y presupuestos; y las desechables bajaron de precio porque sin duda el mercado se saturó, cosa que no hubiera ocurrido si a algún mermado se le hubiera ocurrido imponerles precios máximos a los barbijos.

En Guate las medicinas son ridículamente caras; pero eso se debe al peso desproporcionado que tiene el sector estatal en el mercado de medicinas, a la corrupción que hay en ese sector y al mercantilismo que es posible sólo gracias al poder político.  ¿Alguien se lo explica a los mermados del Mineco y de la PDH?

Columna publicada en elPeriódico.


31
Ago 19

Otra vez el tema de los parqueos

La iniciativa de forzar, por medio de legislación, a que los parqueos sean gratuitos y su hermana, la idea de que estén asegurados -principalmente en centros comerciales- son desatinos por dos razones: viola la libertad de producir e intercambiar sin coerción; y hace que unos tengan que pagar por servicios que usan otros.

Como…¿Por qué?

¿Se puede forzar a alguien a prestar un servicio en condiciones que no le convienen?

Cuando alguien construye un estacionamiento hace una inversión e incurre en costos con la esperanza de prestar un servicio y hacer negocios con quienes -de forma voluntaria y pacífica- quieren hacer uso de aquellos servicios.  Quienes prestan servicios de estacionamiento lo que ofrecen es espacio.  Se engañan quienes creen que los estacionamientos ofrecen servicios de seguridad.  Voy a abundar en esto abajo al transcribir un artículo que escribí hace ratos sobre este tema.

Cuando tu estacionas tu vehículo en un parqueo pagas X por el espacio que ocupa tu automóvil.  Si quisieras que este esté asegurado tendrías que pagar X + Y + Z porque el seguro tiene un costo (Y).  Y también lo tienen los guardias que habría que contratar (Z) para que controlaran los movimientos dentro del parqueo y evitaran daños.

Si estaciono mi vehículo en un parqueo bajo las condiciones de una regulación o legislación de supuesta gratuidad, el costo de X + Y + Z no lo pagaría al salir del centro comercial como ocurre ahora con el pago de Z.  Lo pagaría al consumir en mi lugar de específico de compras porque los espacios de estacionamiento tienen costos.  Y los costos se trasladan siempre que es posible trasladarlos. Entonces, en lugar de pagar X por un almuerzo en el food court del centro comercial, yo tendría que pagar el precio del almuerzo, más una parte proporcional de Y + Z y así en cada consumo.  Pero lo que es peor es que aquellas personas que lleguen sin vehículo al lugar, también tendrían que pagar una parte proporcional de la supuesta gratuidad del estacionamiento de mi vehículo.  Mi vehículo estaría estacionado aparentemente de forma gratuita; pero otros -incluso los que no llegaron con automóvil- pagarían una parte proporcional de mi privilegio.  Es por eso que Milton Friedman dijo que no hay tal cosa como un almuerzo gratis.  El almuerzo que es gratis para unos, necesariamente es pagado por otros.

Las propuestas de forzar la gratuidad, ya sea por medio de legislación, o por medio de boicots es populista e injusta. A continuación un artículo que escribí hace ratales en un contexto parecido:

Algunas personas creen que los parqueos privados deberían ser regulados; que debería haber un control de precios y que, por ejemplo, los propietarios de los estacionamientos deberían responder por daños que ocurran en los locales. Esa perspectiva pierde de vista que el servicio que prestan los estacionamientos y por el cual cobran lo que cobran (y los usuarios pagan sin ser obligados a adquirir el servicio) es el de espacio para estacionar; no el de seguridad para el vehículo. Este último es un tipo de servicio muy diferente al del espacio y no estoy seguro de si alguien querría prestarlo voluntariamente a los precios actuales. Aquella óptica pierde de vista que, cuando hay control de precios, sucede lo que tiene que suceder: escasez.

Mientras tanto, toma en cuenta que:

1. En los estacionamientos generalmente hay letreros que explican que el establecimiento no se hace responsable por daños a los vehículos y que los propietarios los dejan ahí por su cuenta y riesgo. De modo que queda claro que a cambio de cualquiera que sea la suma que me cobren en el parqueo, lo que me ofrecen es un espacio para dejar mi carro; y no me ofrece seguridad.

2. En esas condiciones, está claro que yo tengo que elegir entre no llevar automóvil, dejar ahí mi carro, o dejarlo en la calle y evaluar dos cosas: si quiero seguir dando vueltas en busca de un espacio, o si quiero jugármela y dejar mi auto en la calle para no pagar la tarifa del estacionamiento.

3. Si los dueños de estacionamientos ofrecieran seguridad, seguramente sus costos se elevarían y habría que ver si podrían, o querrían, prestar ese servicio adicional al mismo precio que prestan el de espacio.

4. Lo mismo ocurriría si pagaran algún tipo de seguro. Eso incidiría en sus costos. y podría influir en los precios para el usuario.

5. Para protegerse de usuarios inescrupulosos (o incluso de gente de buena fe que pudiera estar equivocada) en los parqueos tendrían que recibir los vehículos como cuando uno los alquila.  Tendríamos que llenar un formulario con un inventario mínimo de los daños que ya tiene el vehículo al dejarlo estacionado, e incluso un inventario de lo que hay adentro.  ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en esto cada vez que te estaciones?

6.  Quizás debería haber dos tipos de estacionamiento: unos que sólo ofrezcan espacio, como los que hay ahora; y otros que, por el precio correcto, ofrezcan otros servicios como seguridad, seguro, limpieza y qué se yo qué más podrían querer los clientes y qué más estarían dispuestos a pagar.  Pero estos servicios deberían ser contractuales, voluntarios y pacíficos; no forzados, ni impuestos por la legislación y la política.

A mi juicio está claro, y siempre lo ha estado, que los estacionamientos no cobran por seguridad, sino que cobran por espacio. Es muy peligroso que haya quienes demanden legislación para obligar a otros a ofrecer bienes y servicios que no están dispuestos a ofrecer, a cambio de tarifas que no están dispuestos a aceptar.

Claro que la gente tiene derecho a quejarse de los costos de los estacionamientos (the antique art of bitching) ; pero yo prefiero vivir en una sociedad en la que se respete las libertades de producir, consumir, intercambiar y de servir, sin coerción, ni privilegios.


17
Feb 19

Castraciones a bajo costo, en peligro

En abierta violación a la libertad de contratación una asamblea general el Colegio de Veterinarios y Zootecnistas aprobó un reglamento arancelario para la aplicación de la guía de cobros de servicios, instrumento que pretende abarcar a todas las actividades profesionales del gremio. En dicha asamblea se habría discutido una multa para los veterinarios y zootecnistas cobraran menos de lo establecido -a modo de un cartel-.

Foto por Raúl Contreras, de Así es la vida.

Los autores de la guía de cobros dispusieron que el costo de cualquier castración de gatos y perros debería costar Q700 (independientemente de lo que valga), más Q250 de la anestesia (independientemente de lo que valga).

Algunas organizaciones protectoras de animales advirtieron que las jornadas que realizan a bajo costo podrían estar en riesgo, ya que algunos veterinarios, por misericordia, regalan sus servicios (como los abogados que trabajan pro bono) cuando alguien y su mascota necesita ser apadrinado.  Según la nueva disposición esto no debería ocurrir y quienes regalaran su trabajo podrían ser castigados.

¿En serio pretenden castigar la benevolencia?

Al establecer un precio mínimo, los promotores de ese medida creen que van a elevar el nivel de ingresos de los agramiados mediante el uso de la coacción; pero no han previsto que ocurrirá lo que siempre ocurre cuando se alteran las leyes de la economía; por ejemplo: algunos agremiados van a empezar a trabajar en la clandestinidad porque necesitan cobrar menos que el arancel forzado; o para hacer caridad con los animalitos y con sus propietarios de escasos recursos.

Las fotos son por Raúl Contreras, de Así es la vida.

Muchas asociaciones animalistas hacen una gran labor, apoyadas en el tiempo y talentos regalados, o provistos a bajos costos por muchas personas y profesionales.  No obstante, un arancel forzoso, que impida la libre contratación y marginalice la benevolencia hará más difícil y criminalizará aquella labor. Todo en aras de, ¿qué? De la pretención irracional de que se pueden violar impunemente las leyes del mercado y las libertades individuales como la de contratación y las de servir e intercambiar sin coerción, ni privilegios.