07
Abr 20

Tarde espectacular gracias a la Luna, el volcán y el atardecer

Espectacular fue el atardecer de hoy, coronado con una Luna rosada cortesía de su perigeo. Temprano, en el levante, pudo verse la Luna enorme, con su color característico de temporada y en ella al célebre conejo que la adorna.

El conejo en la Luna sobre la ciudad de Guatemala.

Ya lo he contado antes; pero según un mito del pueblo de Chiconamel, del norte de Veracruz, un dios ocasionó un diluvio universal; y un hombre y su familia se salvaron contra la voluntad de aquel monstruo porque se escondieron en un cajón, siguiendo el consejo que les dio un conejo.  El dios que había ocasionado el diluvio se enteró de los sobrevivientes cuando estos encendieron fuego para asar pescados; y de acuerdo con el relato nahua, el conejo fue castigado por salvar a los hombres y fue condenado a alumbrarlos transformado en la Luna.  Esto lo leí en Imágenes de la mitología maya, por Oswaldo Chincihlla.

Lo encantador de esta tarde comenzó con un ocaso encendido junto a los volcanes de Agua, de Fuego y Acatenango que hacia días que no se dejaban ver, debido a la bruma, cuando el sol se ocultaba.

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Luego el Volcán de Fuego (junto al volcán Acatenango con sus dos picos característicos) nos regaló un par de bocanadas de cenizas que contrastaron muy bien con los colores del cielo.

Actividad del Volcán de Fuego, junto a la ciudad de Guatemala.

L´chaim.


13
Feb 20

Atardecer de fuego y volcán de Fuego

La combinación de la actividad en el volcán de Fuego y los atardeceres de fuego en febrero ofrece espectáculos hermosos.

Fumarola del volcán de Fuego, al atardecer.

El de la foto es el atardecer de ayer cuando una de las fumarolas que salen del volcán de Fuego coincidió con el momento en el que ocaso.  Es uno de mis momentos favoritos del día. Abajo puedes ver el momento en el que el sol se pone junto a la triada volcánica que se ve desde la ciudad de Guatemala.

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¡L´chaim!


29
Sep 19

Chicharras y pericas

Los sonidos de la naturaleza son fascinantes, misteriosos y encantadores.  Desde niño me gustaba mucho el que hacían las chicharras y me divierte el que hacen las pericas (a la distancia, eso sí); y esta semana me encontré con los dos.

Las chicharras y los chiquirines salen con las lluvias y llenan los bosques y jardines con sus ruidos característicos.  La primera vez que visite Tikal,, ca. 1975, recuerdo que me impresionó muchísimo la intensidad del los sonidos que hacían las chicharras.  No fue hasta unos 10 años después que, en el Ingenio Pantaleón, vi una en vivo y de cerca; y vi como utilizaban su cuerpo para hacer ruido de chicharras. Las del vídeo son del campus de la Universidad Francisco Marroquín, en el jardín del salón de profesores.

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Ayer en la mañana, al salir al balcón de mi casa, vi a esta parvada de pericas huyendo de un depredador.  Descontando el drama, era bonito ver cómo se movía la parvada junta y cómo el depredador hacía esfuerzos por cazar su desayuno.  Además, con la luz correcta -que no era el caso de ayer- es chulo ver las tonalidades de verde que lucen aquellas aves cuando van en grupo.

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Si creíste que esta entrada se trataba de algunos personajes en redes sociales virtuales…pues no fue así.


14
Jul 19

Noche de tempestad

Está hermosa la tempestad en el suroccidente vista desde la ciudad de Guatemala. Haz clic en la foto para ver el vídeo.

Haz clic en la foto para ver el vídeo de la tempestad.

¡Que cantidad de relámpagos! Hay muchas nubes y entonces no siempre se ven bien los rayos, pero el cielo se ilumina de una forma espectacular. Tomé un vídeo en cámara rápida para apreciar el fenómeno y compartirlo.

Casualmente, hoy hace ocho hubo una inusual actividad eléctrica sobre el volcán de Agua,y me la perdí porque a esa hora venía de Atitlán.


17
Jun 19

Las abejas me alegran

De cuando en cuando una abeja cansada, o dos, cae en mi balcón y si tiene suerte me doy cuenta y le preparo agua con miel para que beba, se reponga y alce el vuelo.  ¡No te imaginas la alegría que me da cuando veo que vuela y se va!

A veces llegan abejas cansadas a mi balcón.

En casa siempre hay miel de abejas y la usamos para comer panqueques, waffles y crepas, para comer con bananos, para comerla como golosina y para cocinar.  Siempre andamos en busca de mieles y preferimos las que tienen sabor amaderado.  ¿Sábes qué es delicioso? Comer la miel con una astilla gruesa de madera recién cortada. ¡Que cosa rica el buen pan francés con miel!  ¿Has comido queso chancol, o queso manchego con miel?

Desde que en quinto, o sexto grado de primaria estudié a las abejas, las colmenas y la miel -en la clase de Ciencias naturales, agropecuaria y salud y seguridad- con Miss Estercita, valoro mucho el trabajo de las abejas.  Pero ya antes, desde la preprimaria cuando mi abuelo Jorge volteaba la botella de miel y subía la burbuja y él decía que era el paracaidista, la miel llamaba mi atención y despertaba mi imaginación.

Una vez, recuerdo muy bien que estaba en Primero básico, estaba viendo un documental de abejas en casa de mis padres y me entró un deseo irresistible de comer miel.  Fui a la despensa y me llevé la sorpresa de que no había miel de abejas.  Había de maple y de caña en el refrigerador, ¡Pero no había miel de abejas!  Lo que se me ocurrió fue dirigirme a la casa vecina de una amiga de mi abuela, y pedir que me regalaran miel.  ¡Así me quité el antojo!…y decidí que nunca debe faltar aquel producto en mi casa.

Las abejas se recuperan cuando les doy miel y agua.

Gracias a mi amigo, Bobby, cuyo padre tenía colmenas en Amatitlán, una vez –ca. 1979- participé en el proceso de sacar las colmenas, ponerlas en la extractora centrífuga y extraer el producto precioso y dulce elaborado por las abejas.  Me gocé lamer y chupar trocitos de colmena.

¿Cuándo fue la última vez que me picó una abeja? Creo que fue cuando estaba en Quinto año de primaria, minutos más, minutos menos, y fue en la finca Florencia durante un día de campo con mi familia, durante la temporada en la que mi papá corría en moto. Creo recordar que mi abuela me puso tabaco en la picadura, luego de sacar el shute de la abeja que me picó.

Hoy celebro a las abejas y al magnífico producto de sus afanes.


01
Jun 19

Ayer hubo zompopos de mayo

En Guatemala, mayo y junio son temporada de zompopos de mayo; y al que tengo en la mano lo traje a visitar mi oficina para luego devolverlo al jardín. A mi casa subieron por lo menos unos 30 a lo largo del día y cuando llegué en la tarde todavía había una docena.

Un colega italiano, que está de visita se admiró del tamaño y de que tuviera alas. El nunca había visto un zompopo descomunal.  Luego me preguntó que si me gustaban los insectos y le dije que no. ¡Sólo no! Con excepción, claro, de los zompopos de mayo, de las abejas y de los escargots con mantequilla, ajo y pererjil.

Un zompopo de visita en mi oficina.

¡Me encantan los zompopos de mayo!  Desde niño me llamaban la atención su tamaño, grande en comparación con otros zompopos y hormigas.  Me llamaban la atención su dignidad y ferocidad porque cuando uno los agarraba, rápido recibía una mordida. Esta sin embargo, no era la ponzoñosa de una hormiga de fuego, ni nada parecido.  Pero era una señal inequívoca y valiente: ¡Conmigo no te metas y si caigo, voy a caer luchando!

Ese espíritu combativo también era su perdición; porque los chicos los cazábamos para hacer peleítas de zompopos de mayo.  Yo prefería sentirlos caminar en mi manos y sentir los valientes mordizcos; pero si había una pelea, no le hacía el feo.

Uno de los zompopos que hallé en casa.

Por esos años, un cuate -cuya familia era de Santa Rosa- llevó al colegio una bolsa con zompopos de mayo asados, o más bien fritos en mantequilla y les agarré más cariño a esos animalitos porque así son deliciosos.  Pero no los volví a probar hasta unas tres, o cuatro décadas más tarde.  Me gustan así y mucho más si pongo unos seis u ocho entre frijoles volteados, o guacamol, sobre una tortilla recién salida del comal.

Otro zompopo en mi balcón.

Ya en el siglo XVIII, Francisco Ximénez, traductor del Popol Vuh, se refirió a los zompopos de mayo en su obra Historia natural del reino de Guatemala; y escribió que tienen la cabeza grande y unas tenazuelas que parece que son de acero y tienen filo, y punta corva y cruzada como las tixeras; y así cortan con ellas cosas bien duras…entre ellas hay unas muy grandes, y con alas, no son que críen alas, sin que es como la gente principal entre ellas. Aquestas grandes y con alas, no salen del hormiguero, sino es cada año cuando caen los primeros aguaceros, que es por el mes de mayo…y se levantan volando con una singularidad maravillosa, por lo cual los indios, y otras personas que las comen tostadas, y dicen que es comida sabrosa, las cogen con facilidad…y es que como no han visto luz, al verla tan hermosa se van a ella, y así los indios no tienen más que encender unos ocotes, y con esto se les vienen todas a las manos, y cogiéndolas las tuestan, y las comen, y aun las sacan a vender, como lo he visto.


30
May 19

Los colores del atardecer

Luego del temblorón de hoy; y tomando en cuenta que algún día habrá un terremoto de verdad, porque Guatemala está cruzada por fallas geológicas y está sobre tres placas tectónicas, siempre es bueno disfrutar de la naturaleza cuando no está fiera y está generosa y bella.

El momento perfecto para sentarse en el balcón, apreciar el atardecer y disfrutar de una buena conversación acompañada por un vaso de vermouth rojo y blanco en partes iguales en las rocas.

¿Notas lo contrastes, la intensidad y los rayos crepusculares?

¿Cómo no me voy a embobar con atardeceres así?  ¿Notas la variedad de colores? ¿Ves los rayos crepusculares? ¿Te das cuenta de los contrastes? Me encanta la intensidad de este en particular sobre las luces da la ciudad.

Con atardeceres disfruto especialmente hacer el recuento del día, el gozo de la buena compañía y el de otros placeres para los sentidos.  Además…Walter Isaacson, en su biografía de Leonardo Da Vinci, al enumerar las lecciones de Leonardo, menciona: Conserve la capacidad de asombro de un niño.  En cierto momento de la vida la mayoría nos olvidamos de los fenómenos cotidianos.  Podemos disfrutar de n cielo azul; pero ya no nos preguntamos p or qué tiene ese color…tenemos que conservar la capacidad de asombro de un niño y que nuestros hijos la conserven.


19
May 19

¡Los cenzontles!

Abril y mayo son los meses de cenzontles en Guatemala.

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La gente dice que están llamando lluvia; pero en realidad los trinos son para buscar pareja y aparearse.  De cualquier manera, es alegre despertarse en medio de la algarabía de los cenzontles, aunque sea en la madrugada.

Por cierto que los cenzontles son los mockingbirds; y los mockingbirds, mock other birds. Los mexicas los llamaban pájaros de las 400 voces.

 


18
May 19

Gran tempestad

El jueves pasado, en la noche, hubo una gran tempestad.

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Los relámpagos se veían desde el sur hasta el oeste y de cuando en cuando un rayo caía cerca de la ciudad, o en la ciudad de Guatemala.

A mí las tempestades siempre me maravillan; pero claro…de lejos se ven los toros.


14
Ene 19

Las verapaces 2018, cuarta etapa, Las conchas

En el cuarto día de nuestro viaje por las verapaces el destino son las cataratas de Las conchas, un paraíso de agua, colores y selva cerca de la frontera entre Alta Verapaz e Izabal. Haz clic en las fotos y vídeos para ver más fotos y vídeos.

Las cataratas de Las conchas son bellísimas.

Salimos temprano de Cobán y agarramos rumbo norte hacia la Franja transversal del norte.  En esa área las carreteras están entre bien y muy bien; pero son tres horas y media de camino.

Luego de Cobán pasamos por Chisec, Raxruhá y el desvío hacia Cancuén, Sayaxché y Ceibal y por las entradas a Candelaria (todos esos lugares que uno quiere visitar), pasamos por San Bartolomé de las Casas, por el río Sebol y ¡llegamos a Chahal y Las conchas!.

Con hambre, sed y cansados llegamos al Jardín las Conchas, una parada muy agradable para refrescarnos con agua de coco y unos riquísimos tostones con salsa.  Muy bien atendidos por el personal enfrentamos a las vendedoras de chocolate y de cocos, y una niña  llamada Rosemary, así como un par de cuidadores de carros llamados William y Néstor nos hicieron sentir bienvenidos.

Ingresamos al área de las cataratas y nada -ni siquiera las fotos que habíamos visto- nos había preparado para lo que vimos.  ¡Una serie de cataratas de colores en medio de la selva!  Algo parecidas a Semuc Champey, pero diferentes.  Uno queda embobado entre tanta belleza y tuvimos la suerte de que no había mucha gente.

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Raúl y yo tomamos posesión de un recodo apacible y nos metimos al agua.  En el agua hay pececillos que cuando uno mete los pies y las piernas se acercan a dar mordidas y deleitarse con…lo que sea que muerdan ahí. Y, mientras tanto, uno se deja embelesar con el encanto del lugar.  Los sonidos del agua y de la selva. Los aromas; los colores; el agua fría, pero sabrosa y la idea de haber llegado a ese lugar recóndito y de poder disfrutarlo.

Las cataratas de Las conchas son muy diferentes al Salto de Chilascó; y ambas experiencias son muy distintas.

Cuando y era hora de salir del agua, porque el hambre aprieta, regresamos al estacionamiento y vimos que del bosque salían unas personas. ¡Se nos había olvidado que en el lugar hay un mirador que hay que visitar!  Si vas, no regreses sin encaramarte a la torre de madera y apreciar la vista más espectacular de aquel lugar que ya, de por sí, nos había ofrecido muchísimo.

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Pero claro, el hambre es canijo y cierran el lugar al atardecer.  El ocaso nos agarró en la carretera rumbo al hotel Villa Santa Elena en donde nos alojaríamos.  Nos dimos sendas duchas y llegamos al comedor a eso de las 6:20; y a pesar de que la cocina cierra a las 6:00, Augusto y su equipo tuvieron la gentileza de ofrecernos una cena de spaghetti que disfrutamos bastante.  La salsa de tomate estaba muy rica y mi única sugerencia fue que, en vez de usar romero, usaran albahaca, u orégano.

Dormimos y descansamos en un cuarto muy sencillo; pero limpio y seguro.

Al día siguiente nos despertamos temprano y nos duchamos.  A pesar de que la cocina no abre hasta las 7:00 a.m., César y su equipo se las arreglaron para ofrecernos un desayuno sabroso, poco antes de esa hora, mismo que incluyó panqueques con banano y tortillas que César tuvo que salir a comprar al mercado. La naranjada con soda, por cierto, es muy, muy sabrosa en ese hotel.

Luego de prepararnos para el viaje cogimos la carretera de vuelta a Cobán.  Ya mencioné que el camino es muy agradable y variado.  Lo más notable que vimos fue una plantación de achiote y cardamomo; pero el camino está lleno de detalles.  Curiosamente hicimos sólo tres horas de vuelta a Cobán, en vez de las tres horas y media que hicimos de ida a Las conchas.

Llegamos a Cobán justo a la hora de ducharnos de nuevo, descansar un poco y salir a buscar almuerzo.

Primera etapa: La posada de la montaña del quetzal, Biotopo del quetzal y Purulha.

Segunda etapa: El salto de Chilascó.

Tercera etapa: Chicoy, el pozo vivo, Chixoy y Cobán.

Quinta etapa: Cobán y Año nuevo.