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May 26

“Road trip” en la boca costa, y V

 

La costa sur no sólo es riquísima en términos de experiencias arqueológicas, agroindustriales, turísticas y gastronómicas, sobre todo es rica en gente generosa que sabe hacer que los visitantes nos sintamos bienvenidos.

La basura se enreda en los alambres de cuchillas de los muros perimetrales.

Después de dos años seguidos que pasamos el asueto del equinoccio de primavera en Quiché, y de varios años que lo pasamos en la ciudad de Guatemala, esta visita a la boca costa fue gratificante y provechosa. Conocimos mejor las culturas Monte Alto y Cotzumalguapa, que son distintas a las culturas maya y mayenses con las que uno suele estar más familiarizado; visitamos cañaverales y bosques de hule; cenamos delicioso en Robert´s, que es un clásico, y descubrimos La cabaña de don Manuel donde compramos crema y quesos exquisitos y frescos. También visitamos amigos y conocimos la mítica El Jabalí.

El martes 31 desayunamos en el apartamento y salimos temprano para llegar a la ciudad de Guatemala cuanto antes. La idea era llegar a tiempo para el sepelio de la abuelita de nuestra cuata, Majito, pero no fue posible.

Restaurante hecho con contenedores y un bus.

Resulta que cuando ya estábamos a 45 minutos de la ciudad nos encontramos con uno de esos embotellamientos inexplicables en los que el tráfico, cuando no camina a paso de tortuga, simplemente se estanca. Y cuando uno llega al presunto punto original del atasco… no hay nada. Nada evidente, al menos. A sólo 45 minutos de la ciudad, ¿cuánto tiempo crees que hicimos en la realidad? Tres horas. Por eso es que pienso, y repienso cuando tengo que salir hacia La Antigua, o cualquier otro destino. Los costos emocionales, de tiempo y de combustible de los congestionamientos para salir y entrar son elevados, sobre todo si uno va a salir sólo por el día.

Dicho lo anterior, ¿sabes qué me impresiona muy mal a inmediaciones del basurero de AMSA? Aparte del hedor, claro. La cantidad de basura que sale volando y anda por ahí y queda enredada en los alambres de cuchillas que se ponen para seguridad perimetral.

Del lado positivo, en el camino de vuelta también me llamó la atención un restaurante hecho con contenedores y un bus de transporte colectivo. Otro día será que pasemos a comer algo allí.

Después de esta experiencia encantadora en la costa sur, Lissa, Raúl y yo quedamos convidados para volver. Para usar Santa Lucía Cotzumalguapa, o Coatepeque como base para explorar los alrededores. Para conocer mejor las costumbres y tradiciones de aquellas regiones. Para comer rico y para encontrarnos de nuevo con amigos. Al final, estos road trips sirven para recordar que, a pesar de los eternos embotellamientos y la dejadez que uno se encuentra al volver, Guatemala tiene lugares y gente que siguen haciendo que sea maravilloso salir a recorrerla.

Road trip en la boca costa, I

Road trip en la boca costa, II

Road trip en la boca costa, III 

Road trip en la boca costa, IV


03
May 26

“Road trip” en la boca costa, IV

 

En nuestro road trip por la costa sur, el lunes 30 de marzo fue estelar. Nos levantamos tarde y desayunamos en el apartamento. Ese día, nuestra amiga Chiqui nos llevaría de paseo.

Monumento en el Ingenio Pantaleón.

El día comenzó con un almuerzo en el Ingenio Pantaleón en compañía de Rolando, un graduado notable de la Universidad Francisco Marroquín que trabaja en aquel gigante de la industria azucarera. Gracias a Gladys —amiga de Chiqui— el encuentro fue durante el almuerzo en el club. Con Rolando recordamos los días en la universidad, su encuentro con una serpiente venenosa cuando cortaba caña, su decisión de estudiar y su carrera en CPA y su maestría. Con Rolando, Gladys, su hija y su esposo, y con Chiqui, tanto Lissa como Raúl y yo nos reímos como micos intercambiando historias sobre la vida en la boca costa y hablando de El Jabalí.

https://www.tiktok.com/@luisficarpediem/video/7632520406355823893

Después del agradabilísimo y rico almuerzo, Chiqui nos llevó al Museo de la Cultura Cotzumalguapa ubicado en la finca Las Ilusiones. Gracias a José Ricardo Muñóz Gálvez, que recibió la Orden del Pop en 1996 que otorga el Museo Popol Vuh, el museo resguarda piezas arqueológicas y monumentos originales y réplicas de la zona de Bilbao, cruciales para entender la ocupación maya de la costa sur. En el lugar nos atendió hábil y generosamente Gloria, que nos guio por el museo.

Réplica del Monumento 21 de la cultura Cotzumalguapa.

Ya habíamos querido visitar ese lugar en 2011 cuando Lissa, Raúl y yo viajamos a Samayac en busca de brujos, pero no fue posible. Por eso estábamos muy alegres de hacer esta visita. El museo es pequeño, pero muy rico y bien cuidado. Tiene piezas encantadoras y fascinantes y, cuando uno las ve con atención, es muy evidente que no son de estilo maya. Para comenzar, los glifos de la cultura Cotzumalguapa son cartuchos circulares, muy pero muy diferentes a los mayas. Luego, si uno presta atención, la ropa de los personajes es distinta.

Vista parcial del Altar de Sacrificios, Cultura Cotzumalguapa.

¿Qué fue lo que más me llamó la atención del lugar? Las esculturas articuladas de piedra. Esas piezas deben haber pesado más que un mal matrimonio y, aun así, les ponen articulaciones. Me pregunto si las hacían moverse. ¿Cuál sería el objetivo de articular tremendas esculturas de piedra? Por supuesto que amamos la reproducción del Monumento 21 que es fascinante, y el Altar de Sacrificios que es original. Aunque es una réplica, siempre me ha gustado mucho la estela del boxeador, misma que muestra a un personaje enmascarado que lleva guantes como de boxeo.

Torso esquelético del personaje con miembros articulados.

Hay que ir con tiempo y mucha curiosidad cuando uno visita este museo que de verdad es una joya. Monte Alto (en La Democracia) y Cotzumalguapa están en la periferia sur de lo que se llama área maya, pero las relaciones son profundas y complejas. Monte Alto es contemporánea de sitios formativos mayas como Takalik Abaj, Kaminaljuyu e Izapa, y comparte alineaciones astronómicas y elementos tempranos que contribuyeron al surgimiento de la complejidad maya. Cotzumalguapa usa el sistema de Cuenta Larga maya desde el 37 d.e.c. y tiene iconografía que evoca motivos mayas como Chaak/K’awiil, pero su estilo escultórico es distinto y no puramente maya. Durante décadas se debatió si era maya o no-maya, pero actualmente los arqueólogos la entienden como una cultura independiente con fuertes interacciones: intercambiaban cerámica, arte y posiblemente élites con los mayas de Tierras Bajas y Altiplano. No fueron mayas clásicos como los de Tikal y Copán, pero sí son parte de la gran tradición mesoamericana sureña.

Concluida esta visita, Chiqui nos tenía otra experiencia memorable. En el Ingenio Madre Tierra nos recibieron sus compadres Ninfa y René en compañía de su agradabilísima familia. Con ellos caminamos entre cañaverales, visitamos el casco antiguo de la finca original con sus ruinas y su capilla característica. Fue un paseo misterioso porque las ruinas siempre tienen un toque enigmático y romántico, sobre todo si están ubicadas entre la selva.

Ahí vamos, rumbo a los cañaverales en Madre Tierra.

Yo estaba cansadísimo y, mientras el grupo siguió adentrándose en el bosque rumbo al bosque de caucho, opté por quedarme junto al río y entre las ruinas. No sé cuánto tiempo estuve solo ahí, pero fue muy reparador, no solo físicamente sino mentalmente. Son tan fascinantes los sonidos del agua y del bosque. En esas situaciones me gusta ponerme donde no haya culebras, cerrar los ojos, respirar con calma y contar cuántos sonidos diferentes puedo escuchar. Es fascinante cómo al principio son unos pocos y luego el número crece. Por supuesto que uno no puede identificar trinos específicos, ni nada parecido; pero es muy rico el ejercicio.

Estructura encantadora junto a la pista de aterrizaje en Madre Tierra.

Al rato de estar ahí, pasó a saludarme el guardián de ese espacio y me contó que vivía en la finca desde que era adolescente. La conversación fue breve; pero cordial.

@luisficarpediem

De paseo por un bosque encantador y algo misterioso #bosque #giradetres #rio #costasur #santaluciacotzumalguapa

♬ Spring-Vivaldi – 5 Alarm Music

Cuando el cielo empezó a oscurecer volvieron los caminantes y nos apresuramos a cruzar los cañaverales para ir a su casa. Paramos por ahí a cortar caña y, como a mí me gusta mucho, disfruté doblemente el jugo dulce. Y me acordé de la canción que dice: De la caña se hace el guaro / que caramba si la caña es buena fruta / si la caña se machuca / que caramba / si el guaro también se chupa. Esa canción la cantában mis papás cuando vivíamos en Costa Rica y yo tenía menos de 5 años.

Capilla antigua en Madre Tierra.

Cuando se sintieron los goterones aceleramos el paso, pero igual nos agarró la lluvia en medio de la pista de aterrizaje de la finca. No fue uno de esos aguaceros torrenciales de la costa; pero sí fue suficiente para mojarnos rico.  Al llegar a la casa de Ninfa y Jorge nos aseamos y disfrutamos de una limonada deliciosa, así como de la conversación agradable de su familia, plática que pasó por serpientes, almohadas de caucho y otros temas.  Son admirables la ciencia y la tecnología involucradas en las industrias azucarera y hulera.

Río junto al cual descansé un rato en Madre Tierra.

Nuestro último día completo en la boca costa fue intenso y rico, no solo a nivel de experiencias y novedades, sino a nivel humano. ¡Muchas gracias a Chiqui y a sus amigas y familias! Volvimos al apartamento, no hubo debriefing y ensayé la muerte porque dormí como tierno. Al día siguiente regresaríamos a Guatemala para entrar de lleno a las fiestas del equinoccio de primavera.

Listo para disfrutar del delicioso jugo de caña.

Con el cuerpo cansado y la cabeza llena de buenos recuerdos, cerramos un día que resumió perfectamente por qué es valioso salir de la rutina: porque la vida real siempre supera cualquier guion.

“Road trip” en la boca costa, I

“Road trip” en la boca costa, II

“Road trip”en la boca costa, III

“Road trip” en la boca costa, y V 


26
Abr 26

“Road trip” en la boca costa, III

 

El principal motivador para el road trip por la boca costa fue la idea de conocer la peculiar aldea El Jabalí, tierra de youtubers. ¿Por qué? Porque la cantidad de creadores de contenido per cápita en esa población es altísima y porque, luego de varios años de seguir a algunos de ellos en casa, llegamos a la conclusión de que uno puede entender una buena porción de la mentalidad guatemalteca si entiende lo que ocurre allá.

Carreteras y caminos para El Jabalí.

Luego de varios vídeos e intercambio de anécdotas durante varios meses, Lissa, Raúl y yo concluimos que en algún momento iba a ser fascinante visitar aquella población y la oportunidad se dio durante la celebración del equinoccio de primavera y el asueto correspondiente. Así que agarramos camino el domingo, 29 de marzo del 2026.

Este día también lo dedicaríamos a visitar Patulul (Suchitepéquez) y Rico-Deli, la cafetería Luz y José Río, dos hermanos que se graduaron de la Universidad Francisco Marroquín y ella fue mi estudiante.

Los caminos de la costa sur tienen aromas, colores y sonidos particulares.

El Jabalí queda rumbo a la playa Tecojate en el Océano Pacífico y para ir ahí, a partir de Santa Lucía Cotzumalguapa (Escuintla), hay que dirigirse al oeste en busca de Cocales. Eso significa que pasaríamos frente a La cabaña de don Manuel, donde nos detuvimos para tomar unas Coca-Colas y apartar crema, queso fresco y de capas, así como miel de abejas que sería el tesoro que traeríamos de vuelta a casa y recogeríamos al día siguiente.

Arriar una vacada en moto es el siglo XXI.

En Cocales tomamos el entronque que va hacia el mar y ¿qué te digo? Se disfruta muchísimo de los paisajes, aromas y colores de la costa sur. La cinta asfáltica en toda esa región está en muy buen estado (aunque los camellones y cunetas están descuidados). Además, las carreteras rectas permiten apreciar re bien todo aquello. Nos tocó un día brillante y sin complicación alguna llegamos a una garita con letrero que dice Bienvenidos, aldea El Jabalí.

Corozo en la iglesia de El Jabalí.

Lo primero que encontramos —y nos pareció encantador— fue una vacada que cruzaba la población guiada por una pareja en moto. El chico iba manejando y la chica iba atrás con el lazo característico de los vaqueros. Cruzamos el pueblo y estacionamos con la sensación de que habíamos llegado como quien llega a un set cinematográfico porque uno reconoce negocios y personajes que solo ha visto en YouTube.

Caminamos a la pequeña iglesia de la población porque siempre es simpático visitar esos establecimientos. Ahí encontramos un ramo hermoso de corozo, la flor aromática del manaco imprescindible en esta temporada conmemorativa chapina. También encontramos la imagen de un nazareno procesional con la peluca más descuidada de todo el universo mundo. Eso nos recordó que en otra población de la costa sur el cabello de una tía de Raúl sirvió para hacerle peluca a una imagen de la Virgen del Tránsito y que cuando yo era niño se decía que el cabello de un amigo de mis padres había servido para hacerle peluca a El Zarquito que se venera en el Lago de Atitlán.

Ceiba en El Jabalí. Bienvenidos al Centro.

En El Jabalí es muy característica una ceiba plantada en un arriate que dice: Bienvenidos al Centro y uno supone que ahí es el centro de la población. ¿Cómo no se nos ocurrió tomarnos una foto en ese lugar característico? Fue porque nos distrajimos conversando con una familia que venía de Tecpán a pasar la temporada a la costa.

Cañaveral precioso y carretones de caña a inmediaciones de El Jabalí.

Para el Viernes Santo, Lissa estaba organizando la elaboración de una alfombra procesional en La Antigua, de modo que le sería útil comprar un corozo y esa es tierra de corozos. En la iglesia nos dijeron que quien podría tener era un personaje del pueblo al que identificaron como don Montaña, para luego advertirnos que no recordaban su nombre, y que es muy posible que al personaje en cuestión no le gustara el apodo.

Como nos indicaron por dónde se halla su casa fuimos en su búsqueda solo para encontrarnos con que ya no tenía corozos. Nunca vimos a don Montaña, y solo lo oímos en la oscuridad de su casa a través de una ventana que daba a la calle.

Es una chulada esa planta, pero no la he podido identificar.

Ya que estábamos por ahí dispusimos explorar brevemente un camino aledaño y nos internamos en el paisaje del lugar entre árboles antiquísimos y cañaverales muy jóvenes y bien cuidados. Así como el altiplano suele oler a pino y a leña, la costa sur suele oler a miel de abejas y a plantas del lugar. Raúl dice que eso se debe a la abundancia de colmenas que hay en los árboles y tocones.

Escobas fabricadas con latas de productos alimenticios de Guatemala.

En el camino de vuelta dimos un paseo por las calles de la aldea e identificamos algunas casas que suelen aparecer en los vídeos de los creadores de contenido. Haz de caso que, mutatis mutandis, estábamos paseando por algún vecindario de Hollywood a la TorTrix. Junto a una capilla encontramos una planta preciosa que no hemos logrado identificar, cuya característica es que sus flores se hallan al final de tallos largos y se ven preciosas.

Los TorTrix son chips de maíz fritos con una textura crujiente. Son perfectos para ensaladas, sopas, cremas, guacamole y mucho más y mis favoritos son los de barbacoa.  En Guatemala se dice que algo es a la TorTrix cuando algo es al estilo chapín, entre fake y hecho a medias; no en forma despectiva al producto que es verdaderamente rico, sino en alusión a una campaña publicitaria de hace unos años. 

Ahí va la gran pocha de corozo.

En camino a Patulul

Contentos de nuestra visita a El Jabalí agarramos camino rumbo a Cocales (Suchitepéquez) para dirigirnos al norte en busca de Patulul. En esa región se halla la célebre fábrica de lácteos Parma. A finales de los años 70 y principios de los años 80 ahí había un león, o leona, que se veía desde la carretera y siempre me llamaba la atención cuando tenía la dicha de pasar por ahí porque iba de paseo a San Lucas Tolimán (Sololá) gracias a la generosidad y amistad de la familia Lizama.

En el camino compramos el corozo de Lissa y en una tienda vimos las escobas más divertidas, hechas con latas de frijoles Ducal, chiles jalapeños B&B y sardinas Fanny, todo muy chapín.

Un camion reventó nuestra botella de agua en el Paso Misterioso.

Lissa andaba enigmática porque quería mostrarnos algo y llevaba props pero no decía qué. Resulta que en esa carretera se produce un fenómeno óptico que te hace pensar que la cinta asfáltica va hacia arriba cuando en realidad va hacia abajo y, entonces, pareciera que el auto —en neutro— fuera contra la fuerza de gravedad. Fue una experiencia chistosa. El Paso Misterioso o Paso Mágico está en la carretera entre Patulul y San Lucas Tolimán (Sololá), a unos 135 km de la Ciudad de Guatemala. Por supuesto que no hay magia, sino que es una ilusión óptica creada por la disposición del terreno circundante. En realidad, la carretera baja (es una pendiente descendente), pero el paisaje (montañas, árboles, vegetación, o un horizonte parcialmente oculto) distorsiona nuestra referencia visual. El cerebro interpreta erróneamente la pendiente y la ve como si subiera.

@luisficarpediem

El “paso misterioso” entre Patulul y San Lucas Toliman #misterio #ilusionoptica #carretera #giradetres #diversion

♬ X-Files Main Theme (From “”The X-Files””) – Geek Music

Al llegar a Patulul estacionamos en el parque y visitamos la iglesia del lugar y luego nos dirigimos a buscar Rico-Deli. Ahí comimos pizza, sándwich cubano y postres, también tomamos café (riquísimo) y fuimos muy bien atendidos por José; sentimos mucho no saludar personalmente a Luz que no había llegado desde Guatemala. Fue alegre visitar el lugar porque nos da mucho gusto cuando graduados de la Marro ponen sus negocios.

Cuando vimos que estaba por llover y como no nos gusta andar en el camino de noche regresamos a Santa Lucía Cotzumalguapa. En la carretera disfrutamos de un buen aguacero de la costa que a ratos puede ser estresante; pero que trae consigo nuevos aromas y esa sensación de que la lluvia es vida.

@luisficarpediem

Vamos a El Jabalí tierra de “yutubers” #eljabali #santaluciacotzumalguapa #giradetres #costasur #carreteras

♬ Beautiful Life – Ace of Base

Luego de un día largo bajo el sol y en la carretera, esa noche dispusimos no salir a cenar. Hicimos el debriefing acompañados por cerveza y algo de los snacks que llevábamos, incluidos quesos y mi delicioso hummus.

Y así, con el cuerpo cansado pero el espíritu lleno de imágenes, olores y anécdotas de la costa sur, cerramos otro road trip que nos recuerda por qué Guatemala sigue siendo un país fascinante para quien se anima a recorrerlo con ojos curiosos.

El cansancio era tal que dormí como tierno.

“Road trip” en la boca costa, I

“Road trip” en la boca costa, II

“Road trip” en la boca costa, IV 

“Road trip” en la boca costa, y V 


19
Abr 26

“Road trip” en la boca costa, II

 

Chilaquilas, frijoles colados y plátanos fritos fue el desayuno en nuestro segundo día del road trip en la boca costa, a partir de Santa Lucía Cotzumalguapa. No madrugamos y el cometido de ese día fue ir a visitar a Javier, Lourdes y su hijita Emma, que nos invitaron a almorzar en su casa.

Yo no sabía que hay torgugas que se cierran.

Antes, sin embargo, Lissa, Raúl y yo dispusimos ir a conocer Las Cabañas de don Manuel, un hotel a orillas de la carretera entre Santa Lucía Cotz. y Cocales, en el Departamento de Suchitepéquez.

En el camino, sin embargo, encontramos una siembra de hule (Hevea brasiliensis). No pudimos resistir la tentación de pasear entre aquellos árboles hermosos que son sembrados de una forma particular y bella.

El caucho se siembra en filas muy precisas y con un patrón característico y de hileras anchas para permitir un acceso fácil y sistemático a lo largo de todo el ciclo de vida del cultivo y facilitar el paso de trabajadores, tractores y equipo para labores de mantenimiento, fertilización, control de malezas y, sobre todo, la pica del látex. Sin este trazado exacto, las operaciones diarias se volverían ineficientes y costosas en una plantación que requiere intervención constante.

El espaciamiento preciso también asegura que cada árbol reciba luz, agua y nutrientes de manera equilibrada, lo que promueve troncos rectos y de circunferencia uniforme, que son indispensables para iniciar y mantener una sangría eficiente y prolongada.

Aunque había muchos mosquitos y otras alimañas propias del campo, los bosques de hule son algo hipnóticos e invitan al relajamiento, a pensar y a conversar. No fue un paseo largo, pero sí fue un paseo rico en el que aprovechamos lo agradable del lugar.

Los bosques de caucho son medio hipnóticos.

Estando ahí me acordé de uno de los libros de mi adolescencia: El río del sol, que es una novela de aventuras ambientada en el Amazonas justo después de la Segunda Guerra Mundial. En The River of the Sun, el protagonista, un ex piloto de la aviación estadounidense traumado por una tragedia personal, regresa a la selva brasileña para dirigir la reactivación de una antigua plantación de hule abandonada en el Río Negro; pero en realidad persigue una obsesión: encontrar el Río del Sol, un río legendario que supuestamente baja de una meseta interior llena de tesoros y secretos. Recuerdo que el trasfondo tenía mucha información sobre el Amazonas y el caucho. Ese fue uno de los libros que mi abuela, Frances, me regalaba en inglés y mi tía abuela, Baby, me regalaba en español.

¿Por qué ocurría eso? Porque mi abuela leía en inglés y le regalaba a su hermana los libros que leía cuando habían sido traducidos al español. Luego, ambas me regalaron sus bibliotecas.

@luisficarpediem

La boca costa desde el mirador de Las cabañas de don Manuel #costasur #paisaje #santaluciacotzumalguapa #naturaleza #giradetres

♬ sonido original – Luis Figueroa

Las cabañas y tarde familiar

Al concluir nuestro paseo entre los árboles de hule nos dirigimos a Las Cabañas de don Manuel, lugar que nos había recomendado nuestra amiga Chiqui cuando le preguntamos qué deberíamos visitar en los alrededores de Santa Lucía Cotz. Con Chiqui nos encontraríamos al día siguiente.

Las Cabañas es encantador. En efecto el hotel tiene cabañas cómodas y bien equipadas, piscina, temascal (llamado Los Cushines), restaurante y un mirador que permite disfrutar los sonidos, aromas, colores y texturas de la boca costa. Fuimos muy bien atendidos y nos enteramos de que vendían crema y miel de abejas, de modo que regresaríamos para comprar y traer a casa. Fuimos muy bien atendidos por Luis Fernando, el propietario, y por su equipo. 

Cuando llegó el mediodía y la hora de dirigirnos a donde nuestros anfitriones Javier, Lourdes y Emma, cerca de Santa Lucía Cotz. y en camino a Yepocapa.

Lissa, Raúl, Fátima y yours truly bajamos chalunes de un árbol. También hallamos un hongo para Fátima.

Al llegar fuimos recibidos por Javier y Emma (nos hizo falta Lourdes) y en lo que estaba el almuerzo disfrutamos de su jardín y de las tortugas de la niña. Por primera vez conocí una tortuga candado (Kinosternon scorpioides). La particularidad de estos quelonios es que cierran sus caparazones completamente y quedan como cajitas a salvo de depredadores.

Javier y Emma nos ofrecieron pollo a la leña y ensalada que estaban deliciosos; además Emma había ayudado a preparar la ensalada. La conversación fue fascinante porque Javier es un muchacho que ha tenido una vida extraordinaria. Por ejemplo, pasó tres temporadas en Alaska, trabajando en un barco pesquero y procesador de pescados. Esa es una vida dura, de esas que dan para escribir novelas porque tienen muchos niveles de experiencias alucinantes.

Luego de una siesta brevérrima (¿cómo iba a faltar mi siesta?) salimos a caminar por los alrededores de la casa porque Emma tiene la dicha de vivir en una urbanización que todavía es campestre. Su abuela y su tío Raúl también crecieron en el campo, en la costa sur, de modo que esa vida es la continuación de experiencias familiares. Bajamos chalunes (Inga vera) de un árbol y yo no conocía esos frutos que se relacionan con los cushines, los caspiroles, las paternas y las wawas. Las vainas de los chalunes son muy particulares porque tienen la textura como de corduroy, y aunque sus frutos no ricos, ricos, sí son agradables y tienen una textura que invita a saborearlos.

@luisficarpediem

Hormigas en la labor #hormigas #insectos #fauna #giradetres #naturaleza

♬ original sound – Lauren Paley

También vimos hormigas (Atta sp.) trabajando y durante un buen rato nos deleitamos con sus afanes. Emma estaba muy insistente con que el día anterior había visto un hongo y quería verlo de nuevo. Por el calor del lugar pensé que no sería posible pero… ¡sorpresa! encontramos uno blanco que, por distraído, no fotografié.

Emma también disfrutó de hablar inglés con Lissa; al principio estaba tímida, pero luego fue agarrando confianza.

Esta tortuga me recordó a las que teníamos en casa de mis padres. A una de ellas, uno de mis hermanos la pintó de Herbie (Cupido motorizado) y a la otra con colores fosforecentes.

De vuelta a Santa

Al atardecer nos despedimos de nuestros anfitriones, muy agradecidos por la hospitalidad y por lo que aprendimos de la vida en aquella región y de la vida en un barco pesquero cerca del Ártico.

En casa, el 28 de marzo es un día especial así que para celebrar —temprano por el cansancio— nos encaminamos a Robert’s para otra deliciosa experiencia gastronómica. Ahí hicimos el debriefing y brindamos con cava. Siempre agradecidos por la vida, por la buena compañía y por las oportunidades de aprender.

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De visita en un bosque de hule #hule #latex #bosque #agricultura #giradetres

♬ La vie est belle – Saria

Así fue el segundo día de nuestro road trip de equinoccio, y días como estos, llenos de caminos secundarios, olores a tierra húmeda y conversaciones que fluyen sin prisa, son los que enriquecen la vida.

Road trip en la boca costa, I

Road trip en la boca costa, III 

Road trip en la boca costa, IV

Roadtrip en la boca costa, y V 


12
Abr 26

“Road trip” en la boca costa, I

 

El road trip de nuestro pequeño grupo de exploradores —para la celebración del equinoccio de primavera en 2026— fue un paseo por la boca costa del Pacífico a partir de Santa Lucía Cotzumalguapa. El plan incluyó una visita a El Jabalí, un parcelamiento célebre porque ahí abundan los creadores de contenido; los museos de la Cultura Monte Alto y de la cultura Cotzumalguapa; paseos por cultivos de caña de azúcar y de hule; y visitas a cuates de por allá. Cumplimos los objetivos, descubrimos buenos lugares y ¡lo mejor!: nos encontramos con personas generosas, alegres y con historias fascinantes.

Escultura de tambos de gas en la carretera.

Lissa, Raúl y yo salimos el viernes 27 de marzo a las 6:30 a. m. con destino al apartamento que nos prestó nuestra cuata, Kathleen. Por supuesto que paramos a desayunar en el camino, pero no fue algo especial.

Quedamos de juntarnos con Kathleen en el Colegio Americano del Sur y cuando íbamos llegando a ese plantel educativo notamos que en esa misma calle hay un Museo del Azúcar… ¿y quién puede resistir la tentación de visitar un museo? Mientras Lissa atendía asuntos de trabajo, Raúl y yo caminamos al museo. Llegamos sin anunciarnos y al principio nos dijeron que había que reservar un tour; pero creo que nuestro desencanto conmovió a los ejecutivos a cargo y nos admitieron para que nos uniéramos a un grupo que llegaría en unos minutos. Fue buena decisión quedarnos y por Q25 por persona tuvimos un paseo muy agradable.

Oscar y Edgar nos facilitaron conocer los procesos modernos de la agroindustria azucarera que no sólo produce aquel edulcorante que a mí me encanta, sino también subproductos como la melaza. También energía eléctrica y alcoholes (incluido el nefasto etanol que nos será impuesto). Me opongo a la imposición del etanol, pero eso no quiere decir que no me maraville y no admire la ciencia y la tecnología que hay involucradas en la producción de caña de azúcar y en los ingenios.

El museo tiene un jardín muy agradable con maquinaria y vehículos vintage de aquella agroindustria importante. Hay trapiches de bueyes y de norias; y máquinas de vapor, así como un viejo camión Mack cuyo perrito característico me hizo viajar en el tiempo.

En el Museo del Azúcar se aprende bastante sobre la historia y sobre la ciencia y la tecnología en el cultivo de la caña y los ingenios.

Cerca del mediodía nos dirigimos al pequeño, pero bien equipado apartamento, al que apodamos La sala de espera por su disposición. Ahí teníamos aire acondicionado, buen baño, un refrigerador pequeño y horno de microondas. A unos metros de ese espacio, Lissa ocupó una cabañita donde había un refrigerador más grande, de modo que distribuimos las vituallas entre los dos refrigeradores y las hieleras que siempre nos acompañan. ¡El lugar fue perfecto como base de operaciones para disfrutar de la exhuberancia de la boca costa!

Dispusimos no almorzar porque habíamos desayunado bien y planeábamos cenar mejor, de modo que tan pronto como estuvimos bien instalados agarramos camino a La Democracia, Escuintla. ¿Por qué? Porque ahí hay un museo dedicado a dos temas fascinantes: la cultura Monte Alto y la obra de Guillermo Grajeda Mena.

Los barrigones y las cabezas monumentales de la cultura Monte Alto están exhibidos en la plaza central de La Democracia.

Monte Alto es una de las culturas más antiguas de Mesoamérica (ocupación desde ca. 1800 a. e. c., apogeo en el Preclásico Tardío, 400 a. e. c. – 200 e. c.). Se caracteriza por cabezas colosales y esculturas barrigonas (figuras corpulentas talladas en grandes bloques basálticos redondeados), además de estelas tabulares y altares. Algunas esculturas muestran propiedades magnéticas, lo que sugiere conocimiento temprano de fuerzas magnéticas por parte de sus artesanos.

En aquella población el Museo Rubén Chévez van Dorne cuenta con una encantadora colección de piezas precolombinas y murales magníficos de Guillermo Grajeda Mena. En el museo también hay una réplica hermosa de una máscara de jade que fue hallada en el lugar, fue robada, rescatada y ahora el original se halla en otra parte. ¿En el Museo de Arqueología y Antropología de la ciudad de Guatemala? El museo es atendido con diligencia por don Selvin, a quien ya habíamos conocido cuando Raúl y yo visitamos aquel museo en 2021 en compañía de nuestro cuate Edgar.  Por cierto, en esta ocasión descubrimos que Carlos Castillo Armas, líder de la LIberación en 1954 era oriundo de La Democrácia. 

El pueblo de La Democracia en homenaje al coronel Carlos Castillo Armas.

En el museo hay muestras de alfarería y lítica. Hay varias piezas sorprendentes y encantadoras. Los murales de Grajeda Mena que hay en el museo le hacen justicia al talento de aquel artista extraordinario. Mena, como él firmaba sus obras, dejó allá un legado hermoso. Su dominio de la figura humana estilizada y en movimiento capta inmediatamente la atención del observador. El propulsor de dardos, por ejemplo, me conectó con el David de Miguel Ángel y con el Arquero de Walter Peter, porque el personaje parece estar pensando, preparándose física y mentalmente para lanzar su arma. Ve su objetivo y calcula cuánta fuerza necesita para dar en el blanco y toda su mente y su cuerpo se concentran en conseguir el propósito que se ha propuesto.

El museo de La Democracia es rico en piezas de la cultura Monte Alto y en obras de Guillermo Grajeda Mena. Don Selvin recibe muy bien a los visitantes.

Luego de las atenciones y guía de don Selvin en el museo, visitamos la iglesia de la población que yo no conocía de mis visitas anteriores (también fui a La Democracia en una excursión del Liceo Minerva cuando estaba en segundo básico, en 1975). Lissa, Raúl y yo paseamos por el parque y curioseamos entre los barrigones y las cabezas colosales. Traté de comprobar el magnetismo que hay en algunas, pero fallé porque en ese momento no me acordé de que ese fenómeno se produce en zonas muy específicas de algunas de las piezas.

La cultura Monte Alto ilustra la vitalidad de la costa sur de Guatemala como laboratorio de innovación mesoamericana: desde las primeras complejidades preolmecas hasta un renacimiento clásico que dialoga con los mayas sin perder su identidad local. Si visitas la zona, de verdad te recomiendo este museo encantador a cargo de don Selvin, que sabe muy bien cómo informar y atender a los visitantes.

En ese río metí los pies en 1975 y ahora es un tiradero de basura., como casi todos los ríos en Guatemala.

Al volver al apartamento, durante el cóctel de las 6:00 p. m., hicimos el acostumbrado debriefing que ayuda mucho a valorar y poner en perspectiva todo lo que aprendimos en aquella jornada. Luego nos fuimos a cenar a Robert’s, que es un clásico de Santa Lucía Cotzumalguapa —La Capital de la Alegría— y con toda la razón del mundo. Tienen una sopa de lentejas, que sirven como cortesía, que en sí misma es una delicia. Cenamos pescado a gusto y la atención esmerada invita a uno a volver y volver. De hecho, en 2011 cuando hicimos una excursión a Samayac, fue en Robert’s donde cenamos la primera noche y en esta ocasión volveríamos al día siguiente.

Por cierto, en el estacionamiento encontramos una ranita arbórea mexicana (Smilisca baudinii)) que se dejó fotografiar graciosamente… y así terminó nuestro primer día de esta aventura.

@luisficarpediem

Ranita arbórea mexicana (Smilisca baudinii) en Santa Lucía Cotzumalguapa #rana #batracio #santaluciacotzumalguapa #fauna #giradetres

♬ Ranita – Alpha Blondy

La boca costa nos recibió con su mezcla perfecta de historia antigua, ingenio moderno y gente cálida. Un gran arranque para el road trip de equinoccio.

Hashtags: Desde el primer viaje que hicimos Lissa, Rachel, Raúl y yo a Joyabaj es tradición convertir en hashtags las situaciones absurdas, tiernas y divertidas por las que pasamos, a modo de chistes internos; y los hashtags de este paseo fueron: #EsUnApartamentito #SalaDeEspera #RanaArboreaMexicana #NoEsSuEsposaNiSuHija #DondePutasEstaMiToalla #EsTanChiquitoQueNoEntraNiLaSeñal #VoyAEmpezarAVibrar #ConGustoMamita #EsUnLugarBienTranquilo #MeroQueLeDicen #NoNosTomamosFotoEnElJabali #TenemosScripts #TortillaNoEsOmelette #PeroTenemosAireAcondicionado #EnLaEsmeraldaNo #CapitalMundialDeLaAlegria #LasDosDePueblo #NoEraMangueraEraCulebra #PorQueElJabali #NiYoTengoEmpotrados #TanDulcesComoElAzucar #MeEquivoqueDeCarrera #MiNombreArtistico 

Road trip en la boca costa, II

Road trip en la boca costa, III 

Road trip en la boca costa, IV

Road trip en la boca costa, y V 


06
Jul 25

Aventura en El Soch, y V

 

Tempus fugit o el tiempo vuela es una frase especialmente cierta cuando uno la está pasando muy bien; y en El Soch nos llegó el martes 15 de abril, día en que finalizó nuestra estancia en aquel sitio arqueológico, rincón perdido de bosques y manantiales, paraíso en el que la generosidad y la cortesía se viven de ese modo tan particular como se vive la vida en el campo.

Amanecer brillante en nuestro último día en El Soch.

Nos levantamos tarde y desayunamos lentamente, como cuando uno no quiere que avance el día. Comimos miel del panal que había sido castrado la noche anterior. Don Julio nos mostró una ficha antigua de la finca San José del Soch y volvimos a la cabaña para empacar.

No quisimos irnos sin pasar a despedirnos de las tías Chita y Tita, así que agarramos camino hacia su casa con la dicha y la novedad de que las encontramos haciendo pan. ¡Aaaaaaah, qué ganas de no irnos y de quedarnos para ayudar a hacer pan… y comerlo después! En las casas tradicionales de Guatemala es tradición preparar pan con ocasión de la Semana Santa. En parte, eso se debe a que, hasta bien entrado el siglo XX, los negocios no abrían durante aquella festividad y era necesario abastecerse antes de que llegaran los días grandes de aquella conmemoración. En parte, porque, ¿a quién no le gusta una buena fiesta? ¿Y cómo puede haber buena fiesta sin elaborar comida por toneladas y, mejor, si es en familia? ¿Y cómo puede haber buena fiesta si la comida no se comparte y se reparte?

Elaboración de pan en El Soch.

Tuvimos, pues, la dicha de llegar a tiempo para ver a las tías y a dos sobrinas de ellas en plena producción de pan. Vimos el horno encendido y las manos maravillosas amasando y trabajando las masas. Vimos las formas caprichosas y personalísimas con las que se elabora aquel alimento primordial. Les dijimos adiós al célebre lorito que escapó del gavilán en 2024, al que apodé El Barón Rojo; y nos despedimos de las oropéndolas que hay en el jardín de las tías. Luego de los abrazos y de las despedidas, bajamos a la cabaña para cargar el carro y emprender el retorno.

El intrépido Barón Rojo.

¿Vas a creer? Cuando llegamos a la casa de don Julio para despedirnos (doña Mimí ya había partido para Uspantán la noche anterior), ahí estaban las tías y la prima Marlin ayudando a desparasitar a la potranca que recién había nacido unos días antes. Un proceso difícil que requirió maña y fuerza.

…y entonces fue cuando le dijimos adiós a la familia, a los ajaw de El Soch, y nos llevamos costales llenos de buenos recuerdos, buenas experiencias y de agradecimiento por la vida y por las buenas personas que se nos cruzan en ella.

Pan y procesión en Santa Cruz del Quiché

Rumbo a Santa Cruz del Quiché, paramos en Chicamán para comprar crema que la prima Marlin nos había recomendado, donde un tío suyo. Y qué bueno que compramos buena cantidad, porque resultó una crema deliciosa.

Ahí van la caja de pan, Raúl y Lissa.

Luego de la compra, agarramos camino rumbo a Santa Cruz, paramos brevemente en Sacapulas para comprar sal negra y algo de alfeñiques y de chancaca. Estos dos últimos son dulces tradicionales guatemaltecos, bastante parecidos a la melcocha.

Llegamos al hotel Casa Antigua El Chalet, hospedaje que nos gusta por cómodo y confiable, porque ahí se come razonablemente bien. Luego de un baño y de una siesta breve, caminamos rumbo a la Panadería Zuly, porque el martes es el día en el que la gente que no hizo pan, o la gente que gusta de ciertos panes específicos, acude a comprar ese alimento. En la costa sur le dicen pan para Judas. Esto ocurre en casi todas las poblaciones del país. Llegamos a la panadería y… ¡Oh, tristeza!… ya no había cazuelejas de mantequilla, ni bizcochos. Sin embargo, pusimos nuestras mejores puppy faces y accedieron a vendernos unas cazuelejas. ¿Cuál fue la lección que aprendimos? Si el año entrante tenemos la dicha de andar por ahí, encargaremos nuestro pan con anticipación, como debe ser.

Ya con nuestra caja de pan bien amarrada, tomamos un tuk tuk que nos llevó al hotel. Ahí, junto a la chimenea, tomamos un par de tequilas, cenamos, hicimos el debriefing del día y Lissa se fue a acostar, en tanto que Raúl y yo nos dispusimos a caminar por la ciudad. No tuvimos que andar mucho cuando nos encontramos una procesión encantadora. Primero, por la forma particular de los capirotes de los cucuruchos y, segundo, porque iba precedida por matracas. Matracas pequeñas y matracas grandes. En la ciudad de Guatemala nunca las he visto en procesiones, pero resulta que, en otros lugares del país, todavía se usan estos instrumentos de madera que emiten sonidos fuertes y francamente desagradables; pero que son muy impresionantes en la noche y en medio de nubes de incienso.

Matracas y capirotes en la noche.

Luego de ver la procesión, caminamos tranquilamente por las calles oscuras y solitarias de Santa Cruz del Quiché y volvimos al hotel para dormir como tiernos.

La mañana en Santa Cruz

El mercado de Santa Cruz del Quiché es enorme y abarca muchas calles; además, es un mercado bien abastecido. En él abundan todos los productos propios de un gran mercado: pescados, carnes, verduras y todo lo que se te pueda ocurrir. Es alegre levantarse temprano, desayunar y salir a explorar.

Arco tradicional y ornamentos en Santa Cruz del Quiché.

Además, el parque central de la ciudad es un hervidero de gentes, compradores, vendedores y devotos que acuden a la catedral para confesarse. Es Miércoles Santo y mundos de gente haciendo cola para prepararse para la conmemoración que se acerca. El atrio de aquel edificio, como el año pasado, está adornado con un arco tradicional y galán. Un grupo de hombres que colaboraban para hacer los adornos propios de la fiesta nos dieron la bienvenida a Santa Cruz y nos acomodamos para que nos lustraran los zapatos en el parque. Además, en la catedral, pasamos a saludar a los mártires amigos de nuestra amiga, Rachel, a quien siempre extrañamos cuando andamos puebleando.

Tempus fugit y al mediodía era hora de emprender el regreso a la ciudad de Guatemala. Volvimos por la ruta de Chiché, el Motagua y Tecpán. Ahí cumplimos con la tradición de comer algo en Katok y, poco antes de las 6:00 p. m., llegamos a nuestras casas. Llegamos con la certeza de haber vivido y compartido momentos extraordinarios, agradecidos por ellos y con ganas de más. Volvimos cargados de recuerdos que nos confirman que la vida, cuando se vive con gratitud y en buena compañía es un viaje que vale cada paso. 

5/5


19
Jun 25

Aventura en El Soch, IV

Es lunes y la mañana (que empezó tarde) nos invitó a caminar un poco antes de ir a desayunar; pero a caminar con una taza de café con leche en mano, por supuesto. Durante el paseo vimos varios cortes de pacayas, ya que es temporada de cosecha de pacayas allá en El Soch; y también entramos a una parte del sitio arqueológico que no habíamos visitado antes.

Amanecer frente a los chorros, en El Soch, es una dicha.

Poseídos por ese espíritu de relajamiento, nos cautivaron una bromelia hermosa y un grupo de mariposas pequeñas de colores amarillo y negro.

Bromelia en El Soch.

Durante la sobremesa, don Julio nos contó cómo su abuelo había llegado a aquellas tierras y había encontrado a la gente viviendo de forma miserable en covachas de caña de maíz cubiertas por güisquiles, y contó cómo les había enseñado a sembrar 10 cuerdas de milpa alrededor de ranchos mejor construidos. Luego, su abuelo sembró 4 caballerías de café y así fue prosperando la región.

Mariposas junto a la quebrada, en El Soch.

Junto a su casa y al trapiche, don Julio tiene una pequeña laguna donde cultiva mojarras. Peces que alimenta con hierba Santa María y con caschamotes, entre otras delicadezas. En la ciudad de Guatemala no son muy conocidos los caschamotes, que son unos tubérculos parientes de las malangas. Yo digo que son taros y son los que se usan para hacer poi en Hawaii; y una bebida deliciosa, también llamada taro, que en Guate he probado con boba tea y en helado. Antes vendían taro en Paíz, pero hace años que no lo veo. 

En fin, la cosa es que las mojarras comen rico. El año pasado, don Julio nos ofreció mojarras para almorzar, o cenar; pero como llevamos comida, no se dio la oportunidad. Sin embargo, este año reservamos el almuerzo del lunes para probar las mojarras y acompañamos a don Julio a pescarlas. Procuramos no estorbar y la pesca fue buena.

El camino hacia El Amay es de piedras.

Con aquellos pescados —bien galanes— doña Nohemí preparó un caldo y almorzamos cada uno un buen plato de caldo y un pescado gordo. ¡Qué carne deliciosa! ¡Qué manjares! No solo porque doña Nohemí los preparó riquísimos, sino porque la carne en sí era magnífica. Obvio que la alimentación de los peces se notaba en la calidad de su carne.

El vino se lució con el almuerzo y nos mandó a la cama a hacer la siesta.

Es temporada de cosechar pacayas en El Soch.

La siesta fue brevísima porque el plan era subir hacia El Amay, en dirección a la Zona Reina para, desde esa cumbre, gozar de las vistas, del valle y del día brillante. Ese cerro forma parte de la sierra de Chamá y se sube por un camino de piedras. El nombre viene del vocablo pocomchí Aj’may, que es un tipo de bambú de la región. El camino conduce a La Parroquía, en la Zona Reina, a donde no teníamos intención de llegar porque queda bien lejos.

Vista desde El Amay.

Lissa, Raúl y yo subimos y subimos hasta donde pudimos llegar en una hora de camino y, ciertamente, valió la pena. ¡Qué paisajes! Y la vegetación y el terreno muy diferentes a los del valle. Mucha piedra, mucho viento frío y aire puro. Poco tráfico, una que otra moto y uno que otro pick-up o autobús pequeño que iba y venía. Fue un paseo bien rico; y cuando calculábamos que nos quedaba poco más de una hora de luz —y el viento se hizo más helado— agarramos camino de vuelta.

En San José El Soch dispusimos recorrer algunas calles para explorar la población y después nos dirigimos a la cabaña para esperar que se pusiera el sol. Luego de un tequila y quesos a la luz de las veladoras, nos encaminamos a la casa para cenar.

La miel se extrae de la colmena silvestre.

En compañía agradabilísima de la familia de don Julio y de doña Nohemí, la cena fue una aventura porque don Julio y los muchachos castraron una colmena silvestre que había crecido peligrosamente junto al sitio arqueológico. Las abejas nos rondaban mientras cenábamos y picaron a uno de los nietos de don Julio. Comimos miel directamente de pedazos de panal y a Raúl lo picó una abeja en el labio. De cena comimos un estofado con jerez que habíamos preparado en casa y, de postre, hubo moyetes de Tres Generaciones, mismos que dos nietas de don Julio habían estado bañando en miel ligeramente aderezada con ron Zacapa. Fue una cena familiar encantadora, animada por la presencia de las abejas.

Cenamos rodeados de abejas.

En apicultura, castrar significa retirar los panales para extraer la miel. Aunque en este caso también significó deshacerse de la colmena. Este fue un procedimiento necesario porque las abejas pueden ser muy peligrosas para los visitantes y para los habitantes de la finca.

Ya entrada la noche, agarramos camino para la cabaña entre risas y bromas por las picaduras de las abejas. Y ni te imaginas… las florifundias hicieron lo suyo. En El Soch, cada instante es una invitación a vivir el presente, a saborear lo simple y a conectar con la tierra y su gente. ¡Eso es carpe diem en su máxima expresión!

@luisficarpediem

Es lunes y la mañana (que empezó tarde) nos invitó a caminar un poco antes de ir a desayunar; pero a caminar con una taza de café con leche en mano, por supuesto. Durante el paseo vimos varios cortes de pacayas, ya que es temporada de cosecha de pacayas allá en El Soch; y también entramos a una parte del sitio arqueológico que no habíamos visitado antes #elsoch #quiche #chapinesenusa #turismo #arqueologia #luisfi61 #pesca

♬ Chuchitos Calientes – Marimba Teclas Chapinas

4/5


01
Jun 25

Aventura en El Soch, III

 

Amanece húmedo y oscuro nuestro tercer día en El Soch. ¡Pero no importa porque va a ser un día animado, alegre y sorpresivo!

Amanece frío y nublado en El Soch.

¿Ya sabes, verdad? El Soch es un sitio arqueológico maya, del Clásico Temprano, ubicado en Chicamán, Quiché. Por su localización geográfica, era una ciudad estratégica para el control territorial. Este es nuestro segundo día en aquel sitio hermoso, en compañía de personas generosas y fascinantes. Es la segunda vez que Lissa, Raúl y yo vamos a pasar allá la primera parte de las fiestas del solsticio de primavera, y es el domingo 13 de abril del 2025.

La mañana comienza fría con café y un desayuno riquísimo, y medio de prisa porque, para la hora en que nos asomamos para comer, ya don Julio ha desayunado y se dedica a labores propias de la finca. Doña Nohemí se apresta a ir al mercado en San José El Soch, porque hoy es el día en que su familia llega a almorzar y es fiesta en la casa.

La ceiba característica de San José El Soch.

También hay fiesta en el pueblo, no sólo porque es día de mercado, sino porque en la plaza hay Baile del Venado, lo cual es un lujo para nosotros. La marimba se ubica frente a la iglesia y el baile se desarrolla a un costado de la ceiba característica de aquella población. El Baile del Venado escenifica un enfrentamiento entre cazadores y animales, principalmente un venado.

Yours Truly y el Baile del Venado en San José El Soch.

Durante la representación, porque es un baile-drama, varios pobladores nos fueron explicando quién era quién. Nos presentaron a El Viejo, que es un cazador anciano y experto; y a su esposa, La Chabelita, que es la esposa de El Viejo. Nos presentaron a El Venado, que es el personaje principal; a los cazadores; a los perros que rastrean al venado; a los jaguares, que representan los peligros de la selva; y a los micos, cuya agilidad y movimientos juguetones los convierten en personajes cómicos que, a la vez, ayudan a El Viejo. Cada personaje tiene su son particular. Los trajes, nos contaron, estaban casi nuevos y eran de la morería de don Miguel Buchán, en Chichicastenango. ¡Aaaaaaaaaaa, cómo extrañamos a nuestra amiga Rachel -compañera de aventuras- que sabe mucho de estos temas!

Fin del Baile del Venado en San José El Soch.

Los diálogos son muy difíciles de seguir por la distancia y por las máscaras, pero en un momento escuchamos que uno de los danzantes principales se refirió a «los que nos visitan» y, como Lissa, Raúl y yo éramos los únicos fuereños en el lugar, supusimos que éramos nosotros y agradecimos el gesto. Además, los perros y los micos, que son representados por niños, no perdían oportunidad de ladrarnos y de provocarnos de forma juguetona. Un grupo de chicos se acercó para mostrarnos sus dinosaurios de plástico con los que juegan.

@luisficarpediem

Baile/drama del venado en San José el Soch. La música no es de esta danza, sino del Paabanc #elsoch #quiche #chicaman #baile #danza #venado #chapinesenusa #tradicion #moreria #luisfi61

♬ La Danza de los Venados – Cover – Banda del Maestro Luciano Jimenez

Lissa y Raúl caminan desde la casa hasta el pueblo y de regreso por el camino precioso, cruzando una quebrada; en cambio, yo… si ya me conoces… sabes que bajo y subo en el pick-up. Tan lento como puedo y con las ventanas abiertas para disfrutar del paisaje, los sonidos, los aromas y los colores.

De vuelta a la casa, hijos y nietos de don Julio y doña Nohemí ya se hallaban congregados, y doña Mimí y sus nueras ya estaban preparando el guiso de pollo tradicional que se sirve en ese día. Los tres fuereños aprovechamos para ir a descansar a la cabaña y, cuando intuimos que era hora de volver para almorzar, regresamos a la casa. En ese camino nos encontramos con una pequeña culebra, a la que no resistí la tentación de tomarle una foto.

Culebrita en la selva.

El almuerzo es delicioso y las sobremesas son encantadoras. Don Julio contó que, cuando era joven, llevaba vacas de El Palmar a Salamá. ¿Te acuerdas que, salvando las distancias, pienso que don Julio se parece a John Dutton de Yellowstone por su amor a la tierra y al legado que protege? Pues eso. Don Julio contó que, para pasar el Río Negro, a las vacas se les amarran las colas para que no las levanten y no se les meta el agua por donde ya te imaginas.

Varios nos reímos porque, la verdad sea dicha, yo no creí que se les metiera el agua a las vacas y me imaginé a los vaqueros amarrando colas (nunca había visto eso en películas de vaqueros). Pero resulta que sí se les amarran las colas por tres motivos: para evitar que las vacas se enreden y se asusten, para que no se pongan muy nerviosas y para controlarlas mejor, y para evitar lesiones. Sabiendo eso, resulta obvio que los vaqueros adaptan sus prácticas al conocimiento del terreno y a las necesidades del ganado. Así que, desde aquí, le ofrezco disculpas a don Julio por haberme reído de su historia.

Luego del almuerzo, lo único que cabe es hacer siesta con la ayuda del paseo de la mañana, el almuerzo delicioso y las florifundias.

Ya repuestos, Silvana (nuera de don Julio y doña Nohemí) pasó por nosotros a la cabaña porque la tía Norma y la prima Marlin nos habían invitado a cenar en su casa. ¡Ala gran!, qué experiencia tan chula.

Lissa en la casa de la tía Norma y la prima Marlin.

Más allá de la cabaña, a unos 200 o 300 metros, está la entrada para la casa de las tías Chita y Tita; y a unos 200 metros más adelante está la entrada para la casa de la tía Norma y la prima Marlin. Entramos por una milpa preciosa y empezamos a subir el cerro; subimos otros 200 metros por la selva. Y llegamos a una casita encantadora, junto a un corral de gallinas y chompipes, rodeada de flores. Desde allá, desde cualquier esquina o corredor de la casa, se ven los árboles hermosos y la enormidad del valle.

Mientras estaba lista la comida, paseamos por los alrededores y disfrutamos del atardecer en medio de la selva, pero bien alto en la montaña.

Chirmol de coche, fue el plato estelar.

Para la cena, la tía Norma y la prima Marlin se lucieron con un plato tradicional: el chirmol de coche. Una exquisitez de carne de cerdo dorada y aderezada con un chirmol de miltomates y cebollas preparado con la grasa del chancho. No exagero si digo que hubiera querido lamer el plato y traer conmigo un trozo de aquella maravilla. Lissa, Raúl y yo llevamos ensalada de bolovique y unos queiquitos de banano con miel.

Por supuesto, las conversaciones siempre son muy enriquecedoras acerca de la vida en el campo y sus retos. Nos contaron que en los alrededores hay coches de monte y que, si a uno lo acorralan, es muy peligroso. Nos contaron que, en una ocasión, don Julio rescató a su hijo, Julito, de una emboscada de jabalíes. También nos contaron que en los alrededores hay coyotes, y Marlin nos mostró una grabación de aullidos de coyotes en la noche. Nos contó que los coyotes les temen a las personas y que, si uno se encuentra con esos animalitos, lo mejor es dar un aplauso fuerte y gritarles: ¡Chucho!. Y que así se van. Todo eso estuvo muy divertido e informativo, todo fue risas y bromas, hasta que nos dimos cuenta de que volveríamos bien entrada la noche, cruzando el cerro y la milpa.

@luisficarpediem

Amanece húmedo y oscuro nuestro tercer día en El Soch. ¡Pero no importa porque va a ser un día animado, alegre y sorpresivo! #elsoch #quiche #aventura #turismo #selva #sitioarqueologico #amigos #alegria

♬ sonido original – Luis Figueroa

Muy contentos por la experiencia y por el cariño que recibimos en aquella casita, y extasiados por el chirmol de coche, volvimos a la cabaña y dormimos como lirones, como se duerme en El Soch. Y así se vive allá, un lugar donde la historia maya, la generosidad de la gente y las maravillas de la naturaleza se entrelazan para regalar días inolvidables.

3/4


11
May 25

Aventura en El Soch, II

Amanecimos con una sorpresa agradable: una yegua y su potranca de tres días de nacida junto al porche de nuestra cabaña. Luego de una noche reparadora, con una buena taza de café, las flores en el jardín y el sonido de los chorros frente a la cabaña, los animalitos le añadieron alegría a la mañana del sábado, 12 de abril del 2025 en El Soch.

Yegua y potranca junto a nuestra cabaña en El Soch.

Uno amanece entre chorros y flores.

Camino a la casa para desayunar, nos encontramos con don Santana, el responsable de reparar el puente que cruza la quebrada, y le pusimos cara a aquella obra.

Dos muchachos y don Santana, arriba; y el puente que cruza la quebrada, abajo.

Luego de los huevos, frijoles y panqueques —en compañía de doña Nohemí y don Julio—, es fácil que la sobremesa se alargue. Total… ahí se disfruta de los sonidos y los aromas del entorno. Además, nos encontramos con doña Chepa, la señora que llegó a ayudar el año pasado. Parte de la gracia de la visita a aquel lugar es el reencuentro, que se pondrá mejor al anochecer.

Otra novedad de este año fue que había un cascanueces especial para abrir las macadamias que se producen allá; de modo que ahora no tuvimos que usar piedras para gozar de aquellas nueces que son bocatto di cardinale

Cascanueces para macadamias.

Como corresponde, cerca del mediodía pasamos a saludar a los ahaw de El Soch, porque uno de los monumentos principales, así como uno de los campos de juego de pelota, está junto a la casa. Guiados por don Julio, procedimos a escalar y a internarnos en la selva.

Estructura principal del grupo A en El Soch.

El sitio arqueológico El Soch, por si no sabes, es una ciudad maya, del Clásico Temprano, ubicada en Chicamán, Quiché.  Por su posicionamiento fue una ciudad estratégica para el control territorial. 

Caminar por la selva y disfrutar de sus sonidos, aromas, colores, sabores y texturas siempre es agradable.

El sendero es un paseo muy agradable porque tiene variedad de encantos y no es particularmente demandante. Uno pasa por estructuras de la ciudad antigua, por cedros de 400 años de edad, por manantiales de agua milenaria y de las profundidades de la tierra, y por variedad de hongos y flores. Siempre escuchando las historias y aventuras de don Julio. Siempre haciéndonos y haciéndole preguntas. Siempre maravillándonos por la naturaleza y por los cuidados que le da  don Julio. ¿Recuerdas que el año pasado dije que él -salvando las distancias- me evoca a John Dutton (de Yellowstone) por su amor a la tierra y al legado que guarda?

Este es mi manantial favorito porque sale de entre un árbol. Me encanta beber el agua de ahí.

Al volver a la casa, luego de haber tomado un baño sabroso, caminamos hacia la cabaña para descansar, las florifundias hicieron lo suyo y nos preparamos para la noche.

Luisfi en la selva de El Soch.

Otra sorpresa para ese día fue que las tías Chita y Tita nos invitaron a cenar. El año pasado las visitamos por la tarde y la pasamos tan bien que, de verdad, nos dio mucho gusto aceptar su generosidad de nuevo. Así que, justo cuando se puso el sol, agarramos camino hacia su casa encantadora, ubicada en medio de un jardín y con vistas al valle por donde sale la luna a nuestros pies.

Al anochecer caminamos a la casa de las tías Chita y Tita.

La Luna sale abajo, en el gran cañon que vigilaban los ahaw de El Soch.

Allí nos esperaban la alegría y el cariño de esas damas extraordinarias que personifican la hospitalidad y las virtudes de quienes saben trabajar el campo. Lissa, Raúl y yo subimos acompañados por doña Nohemí, don Julio y Julio hijo. A Lissa algo la picó en el pie durante el paseo por la selva, de modo que, rápida y efectivamente, fue atendida por las tías. Y, para entonces, ya el poyo estaba echando punta con la cena que nos habían preparado: frijoles parados, huevos revueltos, tortillas y chirmol de tomates de árbol, frutos que allá llaman tomates extranjeros. Ese chirmol es una delicia y eleva a la décima potencia lo rico de una cena como aquella. Y… ¿sabes qué? También hubo picado de hierba santa María, una hierba que en consistencia recuerda al apio, pero que tiene un sabor anisado muy agradable. El año pasado no la probamos, pero ahora fue un descubrimiento maravilloso.

Comer la cena que preparan las tías Chita y Tita, en su compañía tiene muchos niveles de cautivador.

Además, llevábamos lasaña que venía de la casa de Lissa, de modo que dijo la tía Chita, comimos comida del campo, y añadió la tía Tita, y comida de la ciudad.

Como si eso no fuera suficiente, durante la sobremesa nos reímos mucho a costa de historias sobre la vida en el campo y sus vicisitudes, y sobre anécdotas familiares. Bromas que hemos hecho nuestras gracias a esa capacidad que tiene la familia para integrarnos a los visitantes. Gracious es la palabra con la que —el año pasado— describí la actitud con la que uno se siente acogido en medio de la selva, a la luz de las estrellas y de la luna, y al calor del poyo en aquella casa de cuento.

@luisficarpediem

Que rico es volver a dinde uno es feliz. El Soch. #elsoch #arqueologia #selva #chicaman #chapinesenusa #turismo #alegria #exploracion

♬ sonido original – Luis Figueroa

Cuando el frío y la humedad se acentuaron fue el momento de iniciar el retorno a la cabaña, así que bajamos contentos y agradecidos por un día memorable y por la dicha de una velada entrañable.

¿Sobra decir que el frío y las florifundias sacaron su tarea? Pues dormimos como tiernos. Eso sí, yo no me quité los calcetines y me puse un henley para protegerme mejor del frío bien envuerlto en la sleeping bag.

@luisficarpediem

Cenamos rico con cariño, buenas historias y la mejor compañía #elsoch #chapinesenusa #luisfi61 #campo #alimentos #cocina #alegria

♬ El Carretero – Buena Vista Social Club

En El Soch, cada instante es un regalo que combina naturaleza, hospitalidad y recuerdos entrañables. ¡Gozar de eso, así, sin duda es carpe diem en su máxima expresión!

2/4


04
May 25

Aventura en El Soch, I

 

Has oído el dicho que dice nunca las segundas partes fueron buenas. Este refrán se usa para advertir que una continuación de una obra, una relación o una situación nunca es tan buena como la original. En el cine, se usa para expresar descontento con las secuelas, por ejemplo. Pero ya sabes, muchísimos refranes se contradicen entre sí. Como el que dice que el pájaro madrugador se come al gusano y el que dice que no por mucho madrugar amanece más temprano. Pues bien… el refrán que reza: la segunda es la vencida, contradice al que da inicio a estas meditaciones sobre la segunda Semana Santa en el sitio arqueológico El Soch.

Los chorros, los manantiales y la selva nos esperan en El Soch.

Los que siguieron esta andanza el año pasado entenderán por qué la experiencia del 2024 sería difícil de superar, sobre todo si gustas del turismo cultural, de aventura y de acampar. ¿Qué te parece? Un sitio arqueológico maya casi virgen; la selva en la frontera con la Zona Reina, en Chicamán, Quiché; una cabaña sin energía eléctrica y sin agua corriente; cedros de 400 años de edad, manantiales preciosos de agua incomparable, cataratas y pájaros diversos. Y a eso… como si fuera poco… añádele la compañía de personas generosas, cariñosas y extraordinarias, con vidas de película.

Por eso fue que, habiendo tantos lugares que conocer en Guatemala, este año decidimos volver a El Soch suponiendo que nunca las segundas partes fueron buenas, solo para confirmar que las segundas partes pueden superar a las primeras porque la diferencia la hacen las personas y, si las personas son encantadoras, las experiencias también. 

En fin… te cuento.

El viernes 11 de abril, Raúl y yo salimos de casa a las 6:00 a. m. para recoger a Lissa y agarrar camino por la carretera Panamericana rumbo a Tecpán. A lo largo de esa ruta, uno nota la falta total de mantenimiento en los arriates invadidos por malezas y con las bardas retorcidas. The Three Amigos on another road trip!

Maleza y bardas inservibles se ven a lo largo de la carretera Panamericana.

De acuerdo con la tradición, desayunamos rico en Kape Paulino’s y pasamos a El Pedregal, en Xetzac, para comprar hogazas de pan integral. De ahí continuamos en busca del puente Chimaché sobre el río Motagua en dirección a Quiché. A pesar de que la ruta no está hecha para tráfico pesado y de que hay bastante, esa vía ahorra por lo menos una hora de camino comparada con la antigua carretera que pasa por Chichicastenango y Santa Cruz del Quiché.

El trafico pesado es dos veces desagradable en carreteras que no están hechas para eso.

Parte de la gracia en esa carretera son las MacMansions que abundan a diestra y siniestra. Algunas terminadas y otras en suspenso o abandonadas. Ese tipo de construcciones contrastan mucho con las encantadoras y vernáculas casas de adobes y tejas, con patio en el centro, que todavía se construyen en Quiché. Desde que empezamos a visitar ese departamento con frecuencia, notamos que las bellas casas tradicionales todavía se construyen donde no prevalece la arquitectura de remesas.

Parte de la gracia, en los road trips es la variedad de macmansions.

Si leíste la crónica del año pasado, recordarás que el viaje nos llevó casi 12 horas porque tuvimos que desviarnos; pero este año íbamos con buen tiempo, así que comíamos sin prisas y tranquilos. En una población, antes de Uspantán, encontramos un grupo de personas que limpiaban la carretera; en otra población, we were mooned by a guy in a bicycle. Almorzamos en el restaurante Don Alejo en Uspantán y ahí tomamos la carretera para la Zona Reina. En La Lagunilla vimos un rezado muy chulo en su sencillez. Un rezado no es más que un tipo de procesión, digamos que menos solemne, pequeña y generalmente con carácter festivo. El que vimos en La Lagunilla era de un Nazareno y por eso no era festivo.

We were mooned.

Rezado tradicional de Semana Santa, en La Lagunilla, Quiché. Haz clic en la foto para ver el Tik Tok.

Llegamos a Chicamán y de ahí empezamos a bajar hacia San José El Soch, la población donde nos recibe una ceiba preciosa antes de que subamos rumbo al sitio arqueológico y hacia la finca El Recuerdo, donde pasaríamos los próximos cuatro días.

El camino al sitio arqueológico El Soch es de terracería pero precioso.

Una ceiba nos da la bienvenida a San José el Soch.

Llegamos con la luz del día y fuimos recibidos por doña Nohemí y don Julio con alegría y cariño, mismos que son correspondidos con creces. Descargamos en su casa la comida y el equipo que se necesita ahí, para luego dirigirnos a la cabaña donde nos alojamos, que queda a unos 150 o 200 metros de la casa. Sin energía eléctrica y sin agua corriente, la cabaña es rústica, pero… muy importante… tiene buenas camas y no hay bichos.

Nuestra querida cabaña frente al río y los chorros de agua fresca.

Luego de desempacar y acomodar el equipo, tomamos un descanso; y, una vez repuestos, nos dirigimos a donde doña Nohemí y don Julio para ponernos al corriente después de 12 meses. Entre la cabaña y la casa hay un río pequeño y un puente que estaba en reparación. A la pequeña casa principal se le está añadiendo un segundo piso —con una vista espectacular de la selva—; también se le está agregando un baño. En esa casa está el poyo donde doña Nohemí hace maravillas y el porche con comedor donde ocurren muchas conversaciones fascinantes. Se nos unió Julio, hijo, y comimos deliciosos frijoles parados, acompañados por huevos revueltos. En la mejor compañía, rodeados por los sonidos de la selva y con la luz tenue de lámparas de batería, nos entregamos al encanto de El Soch. Con una diferencia notable con respecto al año pasado. En 2024, el clima fue principalmente cálido y húmedo, como en la selva. Pero este año había frío… el frío que hay en las montañas húmedas…

@luisficarpediem

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♬ sonido original – Jesús Manuel – Jesús Manuel

Luego de la cena y de ponernos al día, cruzamos el río (por el puente en reparación) acompañados por don Julio. Tras despedirnos y hacer dos o tres bromas, Lissa, Raúl y yo subimos al porche de la cabaña para abrir la puerta y entrar. Esa puerta, por cierto, se cierra y no teníamos llave. Para evitar que se cerrara del todo, puse un cartón, y Lissa puso una cuerda con la que se podría abrir en caso de que la puerta se cerrara.

Pero llegamos, y el cartón estaba en el suelo;  y al primer intento no se pudo abrir la puerta. Y pues… como don Julio se había ido un par de minutos antes, lo que se me ocurrió fue gritar, en medio de la noche y de la selva: ¡Don Julio! A los dos segundos, Lissa y Raúl lograron abrir. Entonces grité: ¡No pasa nada, buenas noches! En menos de un minuto, apareció Julio, hijo, alarmado porque nos había oído gritar. Así que, apenados (y yo bein azareado), le contamos lo que había pasado.

La vida a la luz de veladoras en El Soch. En la cabaña dormimos como tiernos.

Concluido ese asunto, dormimos delicioso… bien envueltos en las sleeping bags e incluso tuve que dormir con calcetines, cosa que no suele agradarme. En la madrugada, tuve que cubrirme la cabeza porque el frío era intenso. Con todo y todo, en El Soch se duerme como tierno porque, claro, el viaje había sido largo; pero también porque allá abundan las florifundias y, aunque este año no había tantas como en 2024, su efecto se dejó sentir, ya que fue poner las cabezas en las almohadas y caer en brazos de Morfeo… en 3, 2, 1. Ni siquiera me desperté a orinar, por fortuna, dado el frío.

Así fue el primer día en aquella experiencia. En El Soch, las personas y la naturaleza se unen para que la visita sea inolvidable, demostrando que las segundas partes, cuando las vives con la mente y el corazón activos no son decepcionantes. ¿Que experiencias inolvidables nos esperan?

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