19
Abr 26

“Road trip” en la boca costa, II

 

Chilaquilas, frijoles colados y plátanos fritos fue el desayuno en nuestro segundo día del road trip en la boca costa, a partir de Santa Lucía Cotzumalguapa. No madrugamos y el cometido de ese día fue ir a visitar a Javier, Lourdes y su hijita Emma, que nos invitaron a almorzar en su casa.

Yo no sabía que hay torgugas que se cierran.

Antes, sin embargo, Lissa, Raúl y yo dispusimos ir a conocer Las Cabañas de don Manuel, un hotel a orillas de la carretera entre Santa Lucía Cotz. y Cocales, en el Departamento de Suchitepéquez.

En el camino, sin embargo, encontramos una siembra de hule (Hevea brasiliensis). No pudimos resistir la tentación de pasear entre aquellos árboles hermosos que son sembrados de una forma particular y bella.

El caucho se siembra en filas muy precisas y con un patrón característico y de hileras anchas para permitir un acceso fácil y sistemático a lo largo de todo el ciclo de vida del cultivo y facilitar el paso de trabajadores, tractores y equipo para labores de mantenimiento, fertilización, control de malezas y, sobre todo, la pica del látex. Sin este trazado exacto, las operaciones diarias se volverían ineficientes y costosas en una plantación que requiere intervención constante.

El espaciamiento preciso también asegura que cada árbol reciba luz, agua y nutrientes de manera equilibrada, lo que promueve troncos rectos y de circunferencia uniforme, que son indispensables para iniciar y mantener una sangría eficiente y prolongada.

Aunque había muchos mosquitos y otras alimañas propias del campo, los bosques de hule son algo hipnóticos e invitan al relajamiento, a pensar y a conversar. No fue un paseo largo, pero sí fue un paseo rico en el que aprovechamos lo agradable del lugar.

Los bosques de caucho son medio hipnóticos.

Estando ahí me acordé de uno de los libros de mi adolescencia: El río del sol, que es una novela de aventuras ambientada en el Amazonas justo después de la Segunda Guerra Mundial. En The River of the Sun, el protagonista, un ex piloto de la aviación estadounidense traumado por una tragedia personal, regresa a la selva brasileña para dirigir la reactivación de una antigua plantación de hule abandonada en el Río Negro; pero en realidad persigue una obsesión: encontrar el Río del Sol, un río legendario que supuestamente baja de una meseta interior llena de tesoros y secretos. Recuerdo que el trasfondo tenía mucha información sobre el Amazonas y el caucho. Ese fue uno de los libros que mi abuela, Frances, me regalaba en inglés y mi tía abuela, Baby, me regalaba en español.

¿Por qué ocurría eso? Porque mi abuela leía en inglés y le regalaba a su hermana los libros que leía cuando habían sido traducidos al español. Luego, ambas me regalaron sus bibliotecas.

@luisficarpediem

La boca costa desde el mirador de Las cabañas de don Manuel #costasur #paisaje #santaluciacotzumalguapa #naturaleza #giradetres

♬ sonido original – Luis Figueroa

Las cabañas y tarde familiar

Al concluir nuestro paseo entre los árboles de hule nos dirigimos a Las Cabañas de don Manuel, lugar que nos había recomendado nuestra amiga Chiqui cuando le preguntamos qué deberíamos visitar en los alrededores de Santa Lucía Cotz. Con Chiqui nos encontraríamos al día siguiente.

Las Cabañas es encantador. En efecto el hotel tiene cabañas cómodas y bien equipadas, piscina, temascal (llamado Los Cushines), restaurante y un mirador que permite disfrutar los sonidos, aromas, colores y texturas de la boca costa. Fuimos muy bien atendidos y nos enteramos de que vendían crema y miel de abejas, de modo que regresaríamos para comprar y traer a casa. Fuimos muy bien atendidos por Luis Fernando, el propietario, y por su equipo. 

Cuando llegó el mediodía y la hora de dirigirnos a donde nuestros anfitriones Javier, Lourdes y Emma, cerca de Santa Lucía Cotz. y en camino a Yepocapa.

Lissa, Raúl, Fátima y yours truly bajamos chalunes de un árbol. También hallamos un hongo para Fátima.

Al llegar fuimos recibidos por Javier y Emma (nos hizo falta Lourdes) y en lo que estaba el almuerzo disfrutamos de su jardín y de las tortugas de la niña. Por primera vez conocí una tortuga candado (Kinosternon scorpioides). La particularidad de estos quelonios es que cierran sus caparazones completamente y quedan como cajitas a salvo de depredadores.

Javier y Emma nos ofrecieron pollo a la leña y ensalada que estaban deliciosos; además Emma había ayudado a preparar la ensalada. La conversación fue fascinante porque Javier es un muchacho que ha tenido una vida extraordinaria. Por ejemplo, pasó tres temporadas en Alaska, trabajando en un barco pesquero y procesador de pescados. Esa es una vida dura, de esas que dan para escribir novelas porque tienen muchos niveles de experiencias alucinantes.

Luego de una siesta brevérrima (¿cómo iba a faltar mi siesta?) salimos a caminar por los alrededores de la casa porque Emma tiene la dicha de vivir en una urbanización que todavía es campestre. Su abuela y su tío Raúl también crecieron en el campo, en la costa sur, de modo que esa vida es la continuación de experiencias familiares. Bajamos chalunes (Inga vera) de un árbol y yo no conocía esos frutos que se relacionan con los cushines, los caspiroles, las paternas y las wawas. Las vainas de los chalunes son muy particulares porque tienen la textura como de corduroy, y aunque sus frutos no ricos, ricos, sí son agradables y tienen una textura que invita a saborearlos.

@luisficarpediem

Hormigas en la labor #hormigas #insectos #fauna #giradetres #naturaleza

♬ original sound – Lauren Paley

También vimos hormigas (Atta sp.) trabajando y durante un buen rato nos deleitamos con sus afanes. Emma estaba muy insistente con que el día anterior había visto un hongo y quería verlo de nuevo. Por el calor del lugar pensé que no sería posible pero… ¡sorpresa! encontramos uno blanco que, por distraído, no fotografié.

Emma también disfrutó de hablar inglés con Lissa; al principio estaba tímida, pero luego fue agarrando confianza.

Esta tortuga me recordó a las que teníamos en casa de mis padres. A una de ellas, uno de mis hermanos la pintó de Herbie (Cupido motorizado) y a la otra con colores fosforecentes.

De vuelta a Santa

Al atardecer nos despedimos de nuestros anfitriones, muy agradecidos por la hospitalidad y por lo que aprendimos de la vida en aquella región y de la vida en un barco pesquero cerca del Ártico.

En casa, el 28 de marzo es un día especial así que para celebrar —temprano por el cansancio— nos encaminamos a Robert’s para otra deliciosa experiencia gastronómica. Ahí hicimos el debriefing y brindamos con cava. Siempre agradecidos por la vida, por la buena compañía y por las oportunidades de aprender.

@luisficarpediem

De visita en un bosque de hule #hule #latex #bosque #agricultura #giradetres

♬ La vie est belle – Saria

Así fue el segundo día de nuestro road trip de equinoccio, y días como estos, llenos de caminos secundarios, olores a tierra húmeda y conversaciones que fluyen sin prisa, son los que enriquecen la vida.

Road trip en la boca costa, I

Road trip en la boca costa, III (próximamente)


12
Abr 26

“Road trip” en la boca costa, I

 

El road trip de nuestro pequeño grupo de exploradores —para la celebración del equinoccio de primavera en 2026— fue un paseo por la boca costa del Pacífico a partir de Santa Lucía Cotzumalguapa. El plan incluyó una visita a El Jabalí, un parcelamiento célebre porque ahí abundan los creadores de contenido; los museos de la Cultura Monte Alto y de la cultura Cotzumalguapa; paseos por cultivos de caña de azúcar y de hule; y visitas a cuates de por allá. Cumplimos los objetivos, descubrimos buenos lugares y ¡lo mejor!: nos encontramos con personas generosas, alegres y con historias fascinantes.

Escultura de tambos de gas en la carretera.

Lissa, Raúl y yo salimos el viernes 27 de marzo a las 6:30 a. m. con destino al apartamento que nos prestó nuestra cuata, Kathleen. Por supuesto que paramos a desayunar en el camino, pero no fue algo especial.

Quedamos de juntarnos con Kathleen en el Colegio Americano del Sur y cuando íbamos llegando a ese plantel educativo notamos que en esa misma calle hay un Museo del Azúcar… ¿y quién puede resistir la tentación de visitar un museo? Mientras Lissa atendía asuntos de trabajo, Raúl y yo caminamos al museo. Llegamos sin anunciarnos y al principio nos dijeron que había que reservar un tour; pero creo que nuestro desencanto conmovió a los ejecutivos a cargo y nos admitieron para que nos uniéramos a un grupo que llegaría en unos minutos. Fue buena decisión quedarnos y por Q25 por persona tuvimos un paseo muy agradable.

Oscar y Edgar nos facilitaron conocer los procesos modernos de la agroindustria azucarera que no sólo produce aquel edulcorante que a mí me encanta, sino también subproductos como la melaza. También energía eléctrica y alcoholes (incluido el nefasto etanol que nos será impuesto). Me opongo a la imposición del etanol, pero eso no quiere decir que no me maraville y no admire la ciencia y la tecnología que hay involucradas en la producción de caña de azúcar y en los ingenios.

El museo tiene un jardín muy agradable con maquinaria y vehículos vintage de aquella agroindustria importante. Hay trapiches de bueyes y de norias; y máquinas de vapor, así como un viejo camión Mack cuyo perrito característico me hizo viajar en el tiempo.

En el Museo del Azúcar se aprende bastante sobre la historia y sobre la ciencia y la tecnología en el cultivo de la caña y los ingenios.

Cerca del mediodía nos dirigimos al pequeño, pero bien equipado apartamento, al que apodamos La sala de espera por su disposición. Ahí teníamos aire acondicionado, buen baño, un refrigerador pequeño y horno de microondas. A unos metros de ese espacio, Lissa ocupó una cabañita donde había un refrigerador más grande, de modo que distribuimos las vituallas entre los dos refrigeradores y las hieleras que siempre nos acompañan. ¡El lugar fue perfecto como base de operaciones para disfrutar de la exhuberancia de la boca costa!

Dispusimos no almorzar porque habíamos desayunado bien y planeábamos cenar mejor, de modo que tan pronto como estuvimos bien instalados agarramos camino a La Democracia, Escuintla. ¿Por qué? Porque ahí hay un museo dedicado a dos temas fascinantes: la cultura Monte Alto y la obra de Guillermo Grajeda Mena.

Los barrigones y las cabezas monumentales de la cultura Monte Alto están exhibidos en la plaza central de La Democracia.

Monte Alto es una de las culturas más antiguas de Mesoamérica (ocupación desde ca. 1800 a. e. c., apogeo en el Preclásico Tardío, 400 a. e. c. – 200 e. c.). Se caracteriza por cabezas colosales y esculturas barrigonas (figuras corpulentas talladas en grandes bloques basálticos redondeados), además de estelas tabulares y altares. Algunas esculturas muestran propiedades magnéticas, lo que sugiere conocimiento temprano de fuerzas magnéticas por parte de sus artesanos.

En aquella población el Museo Rubén Chévez van Dorne cuenta con una encantadora colección de piezas precolombinas y murales magníficos de Guillermo Grajeda Mena. En el museo también hay una réplica hermosa de una máscara de jade que fue hallada en el lugar, fue robada, rescatada y ahora el original se halla en otra parte. ¿En el Museo de Arqueología y Antropología de la ciudad de Guatemala? El museo es atendido con diligencia por don Selvin, a quien ya habíamos conocido cuando Raúl y yo visitamos aquel museo en 2021 en compañía de nuestro cuate Edgar.  Por cierto, en esta ocasión descubrimos que Carlos Castillo Armas, líder de la LIberación en 1954 era oriundo de La Democrácia. 

El pueblo de La Democracia en homenaje al coronel Carlos Castillo Armas.

En el museo hay muestras de alfarería y lítica. Hay varias piezas sorprendentes y encantadoras. Los murales de Grajeda Mena que hay en el museo le hacen justicia al talento de aquel artista extraordinario. Mena, como él firmaba sus obras, dejó allá un legado hermoso. Su dominio de la figura humana estilizada y en movimiento capta inmediatamente la atención del observador. El propulsor de dardos, por ejemplo, me conectó con el David de Miguel Ángel y con el Arquero de Walter Peter, porque el personaje parece estar pensando, preparándose física y mentalmente para lanzar su arma. Ve su objetivo y calcula cuánta fuerza necesita para dar en el blanco y toda su mente y su cuerpo se concentran en conseguir el propósito que se ha propuesto.

El museo de La Democracia es rico en piezas de la cultura Monte Alto y en obras de Guillermo Grajeda Mena. Don Selvin recibe muy bien a los visitantes.

Luego de las atenciones y guía de don Selvin en el museo, visitamos la iglesia de la población que yo no conocía de mis visitas anteriores (también fui a La Democracia en una excursión del Liceo Minerva cuando estaba en segundo básico, en 1975). Lissa, Raúl y yo paseamos por el parque y curioseamos entre los barrigones y las cabezas colosales. Traté de comprobar el magnetismo que hay en algunas, pero fallé porque en ese momento no me acordé de que ese fenómeno se produce en zonas muy específicas de algunas de las piezas.

La cultura Monte Alto ilustra la vitalidad de la costa sur de Guatemala como laboratorio de innovación mesoamericana: desde las primeras complejidades preolmecas hasta un renacimiento clásico que dialoga con los mayas sin perder su identidad local. Si visitas la zona, de verdad te recomiendo este museo encantador a cargo de don Selvin, que sabe muy bien cómo informar y atender a los visitantes.

En ese río metí los pies en 1975 y ahora es un tiradero de basura., como casi todos los ríos en Guatemala.

Al volver al apartamento, durante el cóctel de las 6:00 p. m., hicimos el acostumbrado debriefing que ayuda mucho a valorar y poner en perspectiva todo lo que aprendimos en aquella jornada. Luego nos fuimos a cenar a Robert’s, que es un clásico de Santa Lucía Cotzumalguapa —La Capital de la Alegría— y con toda la razón del mundo. Tienen una sopa de lentejas, que sirven como cortesía, que en sí misma es una delicia. Cenamos pescado a gusto y la atención esmerada invita a uno a volver y volver. De hecho, en 2011 cuando hicimos una excursión a Samayac, fue en Robert’s donde cenamos la primera noche y en esta ocasión volveríamos al día siguiente.

Por cierto, en el estacionamiento encontramos una ranita arbórea mexicana (Smilisca baudinii)) que se dejó fotografiar graciosamente… y así terminó nuestro primer día de esta aventura.

@luisficarpediem

Ranita arbórea mexicana (Smilisca baudinii) en Santa Lucía Cotzumalguapa #rana #batracio #santaluciacotzumalguapa #fauna #giradetres

♬ Ranita – Alpha Blondy

La boca costa nos recibió con su mezcla perfecta de historia antigua, ingenio moderno y gente cálida. Un gran arranque para el road trip de equinoccio.

Hashtags: Desde el primer viaje que hicimos Lissa, Rachel, Raúl y yo a Joyabaj es tradición convertir en hashtags las situaciones absurdas, tiernas y divertidas por las que pasamos, a modo de chistes internos; y los hashtags de este paseo fueron: #EsUnApartamentito #SalaDeEspera #RanaArboreaMexicana #NoEsSuEsposaNiSuHija #DondePutasEstaMiToalla #EsTanChiquitoQueNoEntraNiLaSeñal #VoyAEmpezarAVibrar #ConGustoMamita #EsUnLugarBienTranquilo #MeroQueLeDicen #NoNosTomamosFotoEnElJabali #TenemosScripts #TortillaNoEsOmelette #PeroTenemosAireAcondicionado #EnLaEsmeraldaNo #CapitalMundialDeLaAlegria #LasDosDePueblo #NoEraMangueraEraCulebra #PorQueElJabali #NiYoTengoEmpotrados #TanDulcesComoElAzucar #MeEquivoqueDeCarrera #MiNombreArtistico 

Road trip en la boca costa, II

Road trip en la boca costa, III (próximamente)


06
Jul 25

Aventura en El Soch, y V

 

Tempus fugit o el tiempo vuela es una frase especialmente cierta cuando uno la está pasando muy bien; y en El Soch nos llegó el martes 15 de abril, día en que finalizó nuestra estancia en aquel sitio arqueológico, rincón perdido de bosques y manantiales, paraíso en el que la generosidad y la cortesía se viven de ese modo tan particular como se vive la vida en el campo.

Amanecer brillante en nuestro último día en El Soch.

Nos levantamos tarde y desayunamos lentamente, como cuando uno no quiere que avance el día. Comimos miel del panal que había sido castrado la noche anterior. Don Julio nos mostró una ficha antigua de la finca San José del Soch y volvimos a la cabaña para empacar.

No quisimos irnos sin pasar a despedirnos de las tías Chita y Tita, así que agarramos camino hacia su casa con la dicha y la novedad de que las encontramos haciendo pan. ¡Aaaaaaah, qué ganas de no irnos y de quedarnos para ayudar a hacer pan… y comerlo después! En las casas tradicionales de Guatemala es tradición preparar pan con ocasión de la Semana Santa. En parte, eso se debe a que, hasta bien entrado el siglo XX, los negocios no abrían durante aquella festividad y era necesario abastecerse antes de que llegaran los días grandes de aquella conmemoración. En parte, porque, ¿a quién no le gusta una buena fiesta? ¿Y cómo puede haber buena fiesta sin elaborar comida por toneladas y, mejor, si es en familia? ¿Y cómo puede haber buena fiesta si la comida no se comparte y se reparte?

Elaboración de pan en El Soch.

Tuvimos, pues, la dicha de llegar a tiempo para ver a las tías y a dos sobrinas de ellas en plena producción de pan. Vimos el horno encendido y las manos maravillosas amasando y trabajando las masas. Vimos las formas caprichosas y personalísimas con las que se elabora aquel alimento primordial. Les dijimos adiós al célebre lorito que escapó del gavilán en 2024, al que apodé El Barón Rojo; y nos despedimos de las oropéndolas que hay en el jardín de las tías. Luego de los abrazos y de las despedidas, bajamos a la cabaña para cargar el carro y emprender el retorno.

El intrépido Barón Rojo.

¿Vas a creer? Cuando llegamos a la casa de don Julio para despedirnos (doña Mimí ya había partido para Uspantán la noche anterior), ahí estaban las tías y la prima Marlin ayudando a desparasitar a la potranca que recién había nacido unos días antes. Un proceso difícil que requirió maña y fuerza.

…y entonces fue cuando le dijimos adiós a la familia, a los ajaw de El Soch, y nos llevamos costales llenos de buenos recuerdos, buenas experiencias y de agradecimiento por la vida y por las buenas personas que se nos cruzan en ella.

Pan y procesión en Santa Cruz del Quiché

Rumbo a Santa Cruz del Quiché, paramos en Chicamán para comprar crema que la prima Marlin nos había recomendado, donde un tío suyo. Y qué bueno que compramos buena cantidad, porque resultó una crema deliciosa.

Ahí van la caja de pan, Raúl y Lissa.

Luego de la compra, agarramos camino rumbo a Santa Cruz, paramos brevemente en Sacapulas para comprar sal negra y algo de alfeñiques y de chancaca. Estos dos últimos son dulces tradicionales guatemaltecos, bastante parecidos a la melcocha.

Llegamos al hotel Casa Antigua El Chalet, hospedaje que nos gusta por cómodo y confiable, porque ahí se come razonablemente bien. Luego de un baño y de una siesta breve, caminamos rumbo a la Panadería Zuly, porque el martes es el día en el que la gente que no hizo pan, o la gente que gusta de ciertos panes específicos, acude a comprar ese alimento. En la costa sur le dicen pan para Judas. Esto ocurre en casi todas las poblaciones del país. Llegamos a la panadería y… ¡Oh, tristeza!… ya no había cazuelejas de mantequilla, ni bizcochos. Sin embargo, pusimos nuestras mejores puppy faces y accedieron a vendernos unas cazuelejas. ¿Cuál fue la lección que aprendimos? Si el año entrante tenemos la dicha de andar por ahí, encargaremos nuestro pan con anticipación, como debe ser.

Ya con nuestra caja de pan bien amarrada, tomamos un tuk tuk que nos llevó al hotel. Ahí, junto a la chimenea, tomamos un par de tequilas, cenamos, hicimos el debriefing del día y Lissa se fue a acostar, en tanto que Raúl y yo nos dispusimos a caminar por la ciudad. No tuvimos que andar mucho cuando nos encontramos una procesión encantadora. Primero, por la forma particular de los capirotes de los cucuruchos y, segundo, porque iba precedida por matracas. Matracas pequeñas y matracas grandes. En la ciudad de Guatemala nunca las he visto en procesiones, pero resulta que, en otros lugares del país, todavía se usan estos instrumentos de madera que emiten sonidos fuertes y francamente desagradables; pero que son muy impresionantes en la noche y en medio de nubes de incienso.

Matracas y capirotes en la noche.

Luego de ver la procesión, caminamos tranquilamente por las calles oscuras y solitarias de Santa Cruz del Quiché y volvimos al hotel para dormir como tiernos.

La mañana en Santa Cruz

El mercado de Santa Cruz del Quiché es enorme y abarca muchas calles; además, es un mercado bien abastecido. En él abundan todos los productos propios de un gran mercado: pescados, carnes, verduras y todo lo que se te pueda ocurrir. Es alegre levantarse temprano, desayunar y salir a explorar.

Arco tradicional y ornamentos en Santa Cruz del Quiché.

Además, el parque central de la ciudad es un hervidero de gentes, compradores, vendedores y devotos que acuden a la catedral para confesarse. Es Miércoles Santo y mundos de gente haciendo cola para prepararse para la conmemoración que se acerca. El atrio de aquel edificio, como el año pasado, está adornado con un arco tradicional y galán. Un grupo de hombres que colaboraban para hacer los adornos propios de la fiesta nos dieron la bienvenida a Santa Cruz y nos acomodamos para que nos lustraran los zapatos en el parque. Además, en la catedral, pasamos a saludar a los mártires amigos de nuestra amiga, Rachel, a quien siempre extrañamos cuando andamos puebleando.

Tempus fugit y al mediodía era hora de emprender el regreso a la ciudad de Guatemala. Volvimos por la ruta de Chiché, el Motagua y Tecpán. Ahí cumplimos con la tradición de comer algo en Katok y, poco antes de las 6:00 p. m., llegamos a nuestras casas. Llegamos con la certeza de haber vivido y compartido momentos extraordinarios, agradecidos por ellos y con ganas de más. Volvimos cargados de recuerdos que nos confirman que la vida, cuando se vive con gratitud y en buena compañía es un viaje que vale cada paso. 

5/5


19
Jun 25

Aventura en El Soch, IV

Es lunes y la mañana (que empezó tarde) nos invitó a caminar un poco antes de ir a desayunar; pero a caminar con una taza de café con leche en mano, por supuesto. Durante el paseo vimos varios cortes de pacayas, ya que es temporada de cosecha de pacayas allá en El Soch; y también entramos a una parte del sitio arqueológico que no habíamos visitado antes.

Amanecer frente a los chorros, en El Soch, es una dicha.

Poseídos por ese espíritu de relajamiento, nos cautivaron una bromelia hermosa y un grupo de mariposas pequeñas de colores amarillo y negro.

Bromelia en El Soch.

Durante la sobremesa, don Julio nos contó cómo su abuelo había llegado a aquellas tierras y había encontrado a la gente viviendo de forma miserable en covachas de caña de maíz cubiertas por güisquiles, y contó cómo les había enseñado a sembrar 10 cuerdas de milpa alrededor de ranchos mejor construidos. Luego, su abuelo sembró 4 caballerías de café y así fue prosperando la región.

Mariposas junto a la quebrada, en El Soch.

Junto a su casa y al trapiche, don Julio tiene una pequeña laguna donde cultiva mojarras. Peces que alimenta con hierba Santa María y con caschamotes, entre otras delicadezas. En la ciudad de Guatemala no son muy conocidos los caschamotes, que son unos tubérculos parientes de las malangas. Yo digo que son taros y son los que se usan para hacer poi en Hawaii; y una bebida deliciosa, también llamada taro, que en Guate he probado con boba tea y en helado. Antes vendían taro en Paíz, pero hace años que no lo veo. 

En fin, la cosa es que las mojarras comen rico. El año pasado, don Julio nos ofreció mojarras para almorzar, o cenar; pero como llevamos comida, no se dio la oportunidad. Sin embargo, este año reservamos el almuerzo del lunes para probar las mojarras y acompañamos a don Julio a pescarlas. Procuramos no estorbar y la pesca fue buena.

El camino hacia El Amay es de piedras.

Con aquellos pescados —bien galanes— doña Nohemí preparó un caldo y almorzamos cada uno un buen plato de caldo y un pescado gordo. ¡Qué carne deliciosa! ¡Qué manjares! No solo porque doña Nohemí los preparó riquísimos, sino porque la carne en sí era magnífica. Obvio que la alimentación de los peces se notaba en la calidad de su carne.

El vino se lució con el almuerzo y nos mandó a la cama a hacer la siesta.

Es temporada de cosechar pacayas en El Soch.

La siesta fue brevísima porque el plan era subir hacia El Amay, en dirección a la Zona Reina para, desde esa cumbre, gozar de las vistas, del valle y del día brillante. Ese cerro forma parte de la sierra de Chamá y se sube por un camino de piedras. El nombre viene del vocablo pocomchí Aj’may, que es un tipo de bambú de la región. El camino conduce a La Parroquía, en la Zona Reina, a donde no teníamos intención de llegar porque queda bien lejos.

Vista desde El Amay.

Lissa, Raúl y yo subimos y subimos hasta donde pudimos llegar en una hora de camino y, ciertamente, valió la pena. ¡Qué paisajes! Y la vegetación y el terreno muy diferentes a los del valle. Mucha piedra, mucho viento frío y aire puro. Poco tráfico, una que otra moto y uno que otro pick-up o autobús pequeño que iba y venía. Fue un paseo bien rico; y cuando calculábamos que nos quedaba poco más de una hora de luz —y el viento se hizo más helado— agarramos camino de vuelta.

En San José El Soch dispusimos recorrer algunas calles para explorar la población y después nos dirigimos a la cabaña para esperar que se pusiera el sol. Luego de un tequila y quesos a la luz de las veladoras, nos encaminamos a la casa para cenar.

La miel se extrae de la colmena silvestre.

En compañía agradabilísima de la familia de don Julio y de doña Nohemí, la cena fue una aventura porque don Julio y los muchachos castraron una colmena silvestre que había crecido peligrosamente junto al sitio arqueológico. Las abejas nos rondaban mientras cenábamos y picaron a uno de los nietos de don Julio. Comimos miel directamente de pedazos de panal y a Raúl lo picó una abeja en el labio. De cena comimos un estofado con jerez que habíamos preparado en casa y, de postre, hubo moyetes de Tres Generaciones, mismos que dos nietas de don Julio habían estado bañando en miel ligeramente aderezada con ron Zacapa. Fue una cena familiar encantadora, animada por la presencia de las abejas.

Cenamos rodeados de abejas.

En apicultura, castrar significa retirar los panales para extraer la miel. Aunque en este caso también significó deshacerse de la colmena. Este fue un procedimiento necesario porque las abejas pueden ser muy peligrosas para los visitantes y para los habitantes de la finca.

Ya entrada la noche, agarramos camino para la cabaña entre risas y bromas por las picaduras de las abejas. Y ni te imaginas… las florifundias hicieron lo suyo. En El Soch, cada instante es una invitación a vivir el presente, a saborear lo simple y a conectar con la tierra y su gente. ¡Eso es carpe diem en su máxima expresión!

@luisficarpediem

Es lunes y la mañana (que empezó tarde) nos invitó a caminar un poco antes de ir a desayunar; pero a caminar con una taza de café con leche en mano, por supuesto. Durante el paseo vimos varios cortes de pacayas, ya que es temporada de cosecha de pacayas allá en El Soch; y también entramos a una parte del sitio arqueológico que no habíamos visitado antes #elsoch #quiche #chapinesenusa #turismo #arqueologia #luisfi61 #pesca

♬ Chuchitos Calientes – Marimba Teclas Chapinas

4/5


01
Jun 25

Aventura en El Soch, III

 

Amanece húmedo y oscuro nuestro tercer día en El Soch. ¡Pero no importa porque va a ser un día animado, alegre y sorpresivo!

Amanece frío y nublado en El Soch.

¿Ya sabes, verdad? El Soch es un sitio arqueológico maya, del Clásico Temprano, ubicado en Chicamán, Quiché. Por su localización geográfica, era una ciudad estratégica para el control territorial. Este es nuestro segundo día en aquel sitio hermoso, en compañía de personas generosas y fascinantes. Es la segunda vez que Lissa, Raúl y yo vamos a pasar allá la primera parte de las fiestas del solsticio de primavera, y es el domingo 13 de abril del 2025.

La mañana comienza fría con café y un desayuno riquísimo, y medio de prisa porque, para la hora en que nos asomamos para comer, ya don Julio ha desayunado y se dedica a labores propias de la finca. Doña Nohemí se apresta a ir al mercado en San José El Soch, porque hoy es el día en que su familia llega a almorzar y es fiesta en la casa.

La ceiba característica de San José El Soch.

También hay fiesta en el pueblo, no sólo porque es día de mercado, sino porque en la plaza hay Baile del Venado, lo cual es un lujo para nosotros. La marimba se ubica frente a la iglesia y el baile se desarrolla a un costado de la ceiba característica de aquella población. El Baile del Venado escenifica un enfrentamiento entre cazadores y animales, principalmente un venado.

Yours Truly y el Baile del Venado en San José El Soch.

Durante la representación, porque es un baile-drama, varios pobladores nos fueron explicando quién era quién. Nos presentaron a El Viejo, que es un cazador anciano y experto; y a su esposa, La Chabelita, que es la esposa de El Viejo. Nos presentaron a El Venado, que es el personaje principal; a los cazadores; a los perros que rastrean al venado; a los jaguares, que representan los peligros de la selva; y a los micos, cuya agilidad y movimientos juguetones los convierten en personajes cómicos que, a la vez, ayudan a El Viejo. Cada personaje tiene su son particular. Los trajes, nos contaron, estaban casi nuevos y eran de la morería de don Miguel Buchán, en Chichicastenango. ¡Aaaaaaaaaaa, cómo extrañamos a nuestra amiga Rachel -compañera de aventuras- que sabe mucho de estos temas!

Fin del Baile del Venado en San José El Soch.

Los diálogos son muy difíciles de seguir por la distancia y por las máscaras, pero en un momento escuchamos que uno de los danzantes principales se refirió a «los que nos visitan» y, como Lissa, Raúl y yo éramos los únicos fuereños en el lugar, supusimos que éramos nosotros y agradecimos el gesto. Además, los perros y los micos, que son representados por niños, no perdían oportunidad de ladrarnos y de provocarnos de forma juguetona. Un grupo de chicos se acercó para mostrarnos sus dinosaurios de plástico con los que juegan.

@luisficarpediem

Baile/drama del venado en San José el Soch. La música no es de esta danza, sino del Paabanc #elsoch #quiche #chicaman #baile #danza #venado #chapinesenusa #tradicion #moreria #luisfi61

♬ La Danza de los Venados – Cover – Banda del Maestro Luciano Jimenez

Lissa y Raúl caminan desde la casa hasta el pueblo y de regreso por el camino precioso, cruzando una quebrada; en cambio, yo… si ya me conoces… sabes que bajo y subo en el pick-up. Tan lento como puedo y con las ventanas abiertas para disfrutar del paisaje, los sonidos, los aromas y los colores.

De vuelta a la casa, hijos y nietos de don Julio y doña Nohemí ya se hallaban congregados, y doña Mimí y sus nueras ya estaban preparando el guiso de pollo tradicional que se sirve en ese día. Los tres fuereños aprovechamos para ir a descansar a la cabaña y, cuando intuimos que era hora de volver para almorzar, regresamos a la casa. En ese camino nos encontramos con una pequeña culebra, a la que no resistí la tentación de tomarle una foto.

Culebrita en la selva.

El almuerzo es delicioso y las sobremesas son encantadoras. Don Julio contó que, cuando era joven, llevaba vacas de El Palmar a Salamá. ¿Te acuerdas que, salvando las distancias, pienso que don Julio se parece a John Dutton de Yellowstone por su amor a la tierra y al legado que protege? Pues eso. Don Julio contó que, para pasar el Río Negro, a las vacas se les amarran las colas para que no las levanten y no se les meta el agua por donde ya te imaginas.

Varios nos reímos porque, la verdad sea dicha, yo no creí que se les metiera el agua a las vacas y me imaginé a los vaqueros amarrando colas (nunca había visto eso en películas de vaqueros). Pero resulta que sí se les amarran las colas por tres motivos: para evitar que las vacas se enreden y se asusten, para que no se pongan muy nerviosas y para controlarlas mejor, y para evitar lesiones. Sabiendo eso, resulta obvio que los vaqueros adaptan sus prácticas al conocimiento del terreno y a las necesidades del ganado. Así que, desde aquí, le ofrezco disculpas a don Julio por haberme reído de su historia.

Luego del almuerzo, lo único que cabe es hacer siesta con la ayuda del paseo de la mañana, el almuerzo delicioso y las florifundias.

Ya repuestos, Silvana (nuera de don Julio y doña Nohemí) pasó por nosotros a la cabaña porque la tía Norma y la prima Marlin nos habían invitado a cenar en su casa. ¡Ala gran!, qué experiencia tan chula.

Lissa en la casa de la tía Norma y la prima Marlin.

Más allá de la cabaña, a unos 200 o 300 metros, está la entrada para la casa de las tías Chita y Tita; y a unos 200 metros más adelante está la entrada para la casa de la tía Norma y la prima Marlin. Entramos por una milpa preciosa y empezamos a subir el cerro; subimos otros 200 metros por la selva. Y llegamos a una casita encantadora, junto a un corral de gallinas y chompipes, rodeada de flores. Desde allá, desde cualquier esquina o corredor de la casa, se ven los árboles hermosos y la enormidad del valle.

Mientras estaba lista la comida, paseamos por los alrededores y disfrutamos del atardecer en medio de la selva, pero bien alto en la montaña.

Chirmol de coche, fue el plato estelar.

Para la cena, la tía Norma y la prima Marlin se lucieron con un plato tradicional: el chirmol de coche. Una exquisitez de carne de cerdo dorada y aderezada con un chirmol de miltomates y cebollas preparado con la grasa del chancho. No exagero si digo que hubiera querido lamer el plato y traer conmigo un trozo de aquella maravilla. Lissa, Raúl y yo llevamos ensalada de bolovique y unos queiquitos de banano con miel.

Por supuesto, las conversaciones siempre son muy enriquecedoras acerca de la vida en el campo y sus retos. Nos contaron que en los alrededores hay coches de monte y que, si a uno lo acorralan, es muy peligroso. Nos contaron que, en una ocasión, don Julio rescató a su hijo, Julito, de una emboscada de jabalíes. También nos contaron que en los alrededores hay coyotes, y Marlin nos mostró una grabación de aullidos de coyotes en la noche. Nos contó que los coyotes les temen a las personas y que, si uno se encuentra con esos animalitos, lo mejor es dar un aplauso fuerte y gritarles: ¡Chucho!. Y que así se van. Todo eso estuvo muy divertido e informativo, todo fue risas y bromas, hasta que nos dimos cuenta de que volveríamos bien entrada la noche, cruzando el cerro y la milpa.

@luisficarpediem

Amanece húmedo y oscuro nuestro tercer día en El Soch. ¡Pero no importa porque va a ser un día animado, alegre y sorpresivo! #elsoch #quiche #aventura #turismo #selva #sitioarqueologico #amigos #alegria

♬ sonido original – Luis Figueroa

Muy contentos por la experiencia y por el cariño que recibimos en aquella casita, y extasiados por el chirmol de coche, volvimos a la cabaña y dormimos como lirones, como se duerme en El Soch. Y así se vive allá, un lugar donde la historia maya, la generosidad de la gente y las maravillas de la naturaleza se entrelazan para regalar días inolvidables.

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11
May 25

Aventura en El Soch, II

Amanecimos con una sorpresa agradable: una yegua y su potranca de tres días de nacida junto al porche de nuestra cabaña. Luego de una noche reparadora, con una buena taza de café, las flores en el jardín y el sonido de los chorros frente a la cabaña, los animalitos le añadieron alegría a la mañana del sábado, 12 de abril del 2025 en El Soch.

Yegua y potranca junto a nuestra cabaña en El Soch.

Uno amanece entre chorros y flores.

Camino a la casa para desayunar, nos encontramos con don Santana, el responsable de reparar el puente que cruza la quebrada, y le pusimos cara a aquella obra.

Dos muchachos y don Santana, arriba; y el puente que cruza la quebrada, abajo.

Luego de los huevos, frijoles y panqueques —en compañía de doña Nohemí y don Julio—, es fácil que la sobremesa se alargue. Total… ahí se disfruta de los sonidos y los aromas del entorno. Además, nos encontramos con doña Chepa, la señora que llegó a ayudar el año pasado. Parte de la gracia de la visita a aquel lugar es el reencuentro, que se pondrá mejor al anochecer.

Otra novedad de este año fue que había un cascanueces especial para abrir las macadamias que se producen allá; de modo que ahora no tuvimos que usar piedras para gozar de aquellas nueces que son bocatto di cardinale

Cascanueces para macadamias.

Como corresponde, cerca del mediodía pasamos a saludar a los ahaw de El Soch, porque uno de los monumentos principales, así como uno de los campos de juego de pelota, está junto a la casa. Guiados por don Julio, procedimos a escalar y a internarnos en la selva.

Estructura principal del grupo A en El Soch.

El sitio arqueológico El Soch, por si no sabes, es una ciudad maya, del Clásico Temprano, ubicada en Chicamán, Quiché.  Por su posicionamiento fue una ciudad estratégica para el control territorial. 

Caminar por la selva y disfrutar de sus sonidos, aromas, colores, sabores y texturas siempre es agradable.

El sendero es un paseo muy agradable porque tiene variedad de encantos y no es particularmente demandante. Uno pasa por estructuras de la ciudad antigua, por cedros de 400 años de edad, por manantiales de agua milenaria y de las profundidades de la tierra, y por variedad de hongos y flores. Siempre escuchando las historias y aventuras de don Julio. Siempre haciéndonos y haciéndole preguntas. Siempre maravillándonos por la naturaleza y por los cuidados que le da  don Julio. ¿Recuerdas que el año pasado dije que él -salvando las distancias- me evoca a John Dutton (de Yellowstone) por su amor a la tierra y al legado que guarda?

Este es mi manantial favorito porque sale de entre un árbol. Me encanta beber el agua de ahí.

Al volver a la casa, luego de haber tomado un baño sabroso, caminamos hacia la cabaña para descansar, las florifundias hicieron lo suyo y nos preparamos para la noche.

Luisfi en la selva de El Soch.

Otra sorpresa para ese día fue que las tías Chita y Tita nos invitaron a cenar. El año pasado las visitamos por la tarde y la pasamos tan bien que, de verdad, nos dio mucho gusto aceptar su generosidad de nuevo. Así que, justo cuando se puso el sol, agarramos camino hacia su casa encantadora, ubicada en medio de un jardín y con vistas al valle por donde sale la luna a nuestros pies.

Al anochecer caminamos a la casa de las tías Chita y Tita.

La Luna sale abajo, en el gran cañon que vigilaban los ahaw de El Soch.

Allí nos esperaban la alegría y el cariño de esas damas extraordinarias que personifican la hospitalidad y las virtudes de quienes saben trabajar el campo. Lissa, Raúl y yo subimos acompañados por doña Nohemí, don Julio y Julio hijo. A Lissa algo la picó en el pie durante el paseo por la selva, de modo que, rápida y efectivamente, fue atendida por las tías. Y, para entonces, ya el poyo estaba echando punta con la cena que nos habían preparado: frijoles parados, huevos revueltos, tortillas y chirmol de tomates de árbol, frutos que allá llaman tomates extranjeros. Ese chirmol es una delicia y eleva a la décima potencia lo rico de una cena como aquella. Y… ¿sabes qué? También hubo picado de hierba santa María, una hierba que en consistencia recuerda al apio, pero que tiene un sabor anisado muy agradable. El año pasado no la probamos, pero ahora fue un descubrimiento maravilloso.

Comer la cena que preparan las tías Chita y Tita, en su compañía tiene muchos niveles de cautivador.

Además, llevábamos lasaña que venía de la casa de Lissa, de modo que dijo la tía Chita, comimos comida del campo, y añadió la tía Tita, y comida de la ciudad.

Como si eso no fuera suficiente, durante la sobremesa nos reímos mucho a costa de historias sobre la vida en el campo y sus vicisitudes, y sobre anécdotas familiares. Bromas que hemos hecho nuestras gracias a esa capacidad que tiene la familia para integrarnos a los visitantes. Gracious es la palabra con la que —el año pasado— describí la actitud con la que uno se siente acogido en medio de la selva, a la luz de las estrellas y de la luna, y al calor del poyo en aquella casa de cuento.

@luisficarpediem

Que rico es volver a dinde uno es feliz. El Soch. #elsoch #arqueologia #selva #chicaman #chapinesenusa #turismo #alegria #exploracion

♬ sonido original – Luis Figueroa

Cuando el frío y la humedad se acentuaron fue el momento de iniciar el retorno a la cabaña, así que bajamos contentos y agradecidos por un día memorable y por la dicha de una velada entrañable.

¿Sobra decir que el frío y las florifundias sacaron su tarea? Pues dormimos como tiernos. Eso sí, yo no me quité los calcetines y me puse un henley para protegerme mejor del frío bien envuerlto en la sleeping bag.

@luisficarpediem

Cenamos rico con cariño, buenas historias y la mejor compañía #elsoch #chapinesenusa #luisfi61 #campo #alimentos #cocina #alegria

♬ El Carretero – Buena Vista Social Club

En El Soch, cada instante es un regalo que combina naturaleza, hospitalidad y recuerdos entrañables. ¡Gozar de eso, así, sin duda es carpe diem en su máxima expresión!

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04
May 25

Aventura en El Soch, I

 

Has oído el dicho que dice nunca las segundas partes fueron buenas. Este refrán se usa para advertir que una continuación de una obra, una relación o una situación nunca es tan buena como la original. En el cine, se usa para expresar descontento con las secuelas, por ejemplo. Pero ya sabes, muchísimos refranes se contradicen entre sí. Como el que dice que el pájaro madrugador se come al gusano y el que dice que no por mucho madrugar amanece más temprano. Pues bien… el refrán que reza: la segunda es la vencida, contradice al que da inicio a estas meditaciones sobre la segunda Semana Santa en el sitio arqueológico El Soch.

Los chorros, los manantiales y la selva nos esperan en El Soch.

Los que siguieron esta andanza el año pasado entenderán por qué la experiencia del 2024 sería difícil de superar, sobre todo si gustas del turismo cultural, de aventura y de acampar. ¿Qué te parece? Un sitio arqueológico maya casi virgen; la selva en la frontera con la Zona Reina, en Chicamán, Quiché; una cabaña sin energía eléctrica y sin agua corriente; cedros de 400 años de edad, manantiales preciosos de agua incomparable, cataratas y pájaros diversos. Y a eso… como si fuera poco… añádele la compañía de personas generosas, cariñosas y extraordinarias, con vidas de película.

Por eso fue que, habiendo tantos lugares que conocer en Guatemala, este año decidimos volver a El Soch suponiendo que nunca las segundas partes fueron buenas, solo para confirmar que las segundas partes pueden superar a las primeras porque la diferencia la hacen las personas y, si las personas son encantadoras, las experiencias también. 

En fin… te cuento.

El viernes 11 de abril, Raúl y yo salimos de casa a las 6:00 a. m. para recoger a Lissa y agarrar camino por la carretera Panamericana rumbo a Tecpán. A lo largo de esa ruta, uno nota la falta total de mantenimiento en los arriates invadidos por malezas y con las bardas retorcidas. The Three Amigos on another road trip!

Maleza y bardas inservibles se ven a lo largo de la carretera Panamericana.

De acuerdo con la tradición, desayunamos rico en Kape Paulino’s y pasamos a El Pedregal, en Xetzac, para comprar hogazas de pan integral. De ahí continuamos en busca del puente Chimaché sobre el río Motagua en dirección a Quiché. A pesar de que la ruta no está hecha para tráfico pesado y de que hay bastante, esa vía ahorra por lo menos una hora de camino comparada con la antigua carretera que pasa por Chichicastenango y Santa Cruz del Quiché.

El trafico pesado es dos veces desagradable en carreteras que no están hechas para eso.

Parte de la gracia en esa carretera son las MacMansions que abundan a diestra y siniestra. Algunas terminadas y otras en suspenso o abandonadas. Ese tipo de construcciones contrastan mucho con las encantadoras y vernáculas casas de adobes y tejas, con patio en el centro, que todavía se construyen en Quiché. Desde que empezamos a visitar ese departamento con frecuencia, notamos que las bellas casas tradicionales todavía se construyen donde no prevalece la arquitectura de remesas.

Parte de la gracia, en los road trips es la variedad de macmansions.

Si leíste la crónica del año pasado, recordarás que el viaje nos llevó casi 12 horas porque tuvimos que desviarnos; pero este año íbamos con buen tiempo, así que comíamos sin prisas y tranquilos. En una población, antes de Uspantán, encontramos un grupo de personas que limpiaban la carretera; en otra población, we were mooned by a guy in a bicycle. Almorzamos en el restaurante Don Alejo en Uspantán y ahí tomamos la carretera para la Zona Reina. En La Lagunilla vimos un rezado muy chulo en su sencillez. Un rezado no es más que un tipo de procesión, digamos que menos solemne, pequeña y generalmente con carácter festivo. El que vimos en La Lagunilla era de un Nazareno y por eso no era festivo.

We were mooned.

Rezado tradicional de Semana Santa, en La Lagunilla, Quiché. Haz clic en la foto para ver el Tik Tok.

Llegamos a Chicamán y de ahí empezamos a bajar hacia San José El Soch, la población donde nos recibe una ceiba preciosa antes de que subamos rumbo al sitio arqueológico y hacia la finca El Recuerdo, donde pasaríamos los próximos cuatro días.

El camino al sitio arqueológico El Soch es de terracería pero precioso.

Una ceiba nos da la bienvenida a San José el Soch.

Llegamos con la luz del día y fuimos recibidos por doña Nohemí y don Julio con alegría y cariño, mismos que son correspondidos con creces. Descargamos en su casa la comida y el equipo que se necesita ahí, para luego dirigirnos a la cabaña donde nos alojamos, que queda a unos 150 o 200 metros de la casa. Sin energía eléctrica y sin agua corriente, la cabaña es rústica, pero… muy importante… tiene buenas camas y no hay bichos.

Nuestra querida cabaña frente al río y los chorros de agua fresca.

Luego de desempacar y acomodar el equipo, tomamos un descanso; y, una vez repuestos, nos dirigimos a donde doña Nohemí y don Julio para ponernos al corriente después de 12 meses. Entre la cabaña y la casa hay un río pequeño y un puente que estaba en reparación. A la pequeña casa principal se le está añadiendo un segundo piso —con una vista espectacular de la selva—; también se le está agregando un baño. En esa casa está el poyo donde doña Nohemí hace maravillas y el porche con comedor donde ocurren muchas conversaciones fascinantes. Se nos unió Julio, hijo, y comimos deliciosos frijoles parados, acompañados por huevos revueltos. En la mejor compañía, rodeados por los sonidos de la selva y con la luz tenue de lámparas de batería, nos entregamos al encanto de El Soch. Con una diferencia notable con respecto al año pasado. En 2024, el clima fue principalmente cálido y húmedo, como en la selva. Pero este año había frío… el frío que hay en las montañas húmedas…

@luisficarpediem

Viaje a El Soch #luisfi61 #quiche #elsoch #chicaman #uspantan #sitioarqueologico #selva #carretera #alegria

♬ sonido original – Jesús Manuel – Jesús Manuel

Luego de la cena y de ponernos al día, cruzamos el río (por el puente en reparación) acompañados por don Julio. Tras despedirnos y hacer dos o tres bromas, Lissa, Raúl y yo subimos al porche de la cabaña para abrir la puerta y entrar. Esa puerta, por cierto, se cierra y no teníamos llave. Para evitar que se cerrara del todo, puse un cartón, y Lissa puso una cuerda con la que se podría abrir en caso de que la puerta se cerrara.

Pero llegamos, y el cartón estaba en el suelo;  y al primer intento no se pudo abrir la puerta. Y pues… como don Julio se había ido un par de minutos antes, lo que se me ocurrió fue gritar, en medio de la noche y de la selva: ¡Don Julio! A los dos segundos, Lissa y Raúl lograron abrir. Entonces grité: ¡No pasa nada, buenas noches! En menos de un minuto, apareció Julio, hijo, alarmado porque nos había oído gritar. Así que, apenados (y yo bein azareado), le contamos lo que había pasado.

La vida a la luz de veladoras en El Soch. En la cabaña dormimos como tiernos.

Concluido ese asunto, dormimos delicioso… bien envueltos en las sleeping bags e incluso tuve que dormir con calcetines, cosa que no suele agradarme. En la madrugada, tuve que cubrirme la cabeza porque el frío era intenso. Con todo y todo, en El Soch se duerme como tierno porque, claro, el viaje había sido largo; pero también porque allá abundan las florifundias y, aunque este año no había tantas como en 2024, su efecto se dejó sentir, ya que fue poner las cabezas en las almohadas y caer en brazos de Morfeo… en 3, 2, 1. Ni siquiera me desperté a orinar, por fortuna, dado el frío.

Así fue el primer día en aquella experiencia. En El Soch, las personas y la naturaleza se unen para que la visita sea inolvidable, demostrando que las segundas partes, cuando las vives con la mente y el corazón activos no son decepcionantes. ¿Que experiencias inolvidables nos esperan?

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02
May 25

Salvar La Antigua, ¡Ya!

 

A finales de los años 90, un amigo me llamó en Viernes Santo para preguntarme qué iba a hacer y, como le dije que nada interesante, me dijo: Vamos a La Antigua, y en la noche agarramos camino para la ciudad virreinal. Llegamos, estacionamos y la pasamos muy bien. A finales de los 80 y principios de los 90, era costumbre ir a parrandear a La Antigua los jueves en la noche, al salir de la universidad.

La Antigua, vista desde el convento de Santa Clara.

A principios del siglo XXI, con un grupo de amigos, íbamos a medianoche a La Antigua a ver el paso de una procesión por el parque, también en Viernes Santo, ¿por qué? Porque el área era iluminada con velas al paso del cortejo. Llegábamos, aparcábamos y disfrutábamos del ambiente y la tradición.

En ese tiempo, no era raro que, en casa, dispusiéramos ir a cenar a nuestro restaurante favorito de La Antigua y volviéramos a tiempo para descansar en la noche.

Mi punto es que, hasta no hace mucho, era práctico ir y venir a aquel destino encantador que siempre ha estado en mi corazón; desde la primera vez que recuerdo haber ido —en primer grado de primaria— porque les pedí a mis padres que me llevaran a almorzar allá el día de mi cumpleaños.

Seguro que no lo sabes, pero a principios de los 90 tuve un restaurante llamado Luna Llena que quedaba a una cuadra de La Merced. Antes de comprarlo (con mis socios), iba de viernes a domingo casi todos los fines de semana; y luego me quedé a vivir allá. Fue una época de mucho aprendizaje, a la que le tengo cariño.

Pero poco a poco, ir a La Antigua perdió practicidad (aunque no encanto). Dejamos de ir a ver lo de las candelas porque la ciudad empezó a llenarse de gente inmunda que ensuciaba todos los espacios posibles. A ratos, en las calles parecían escucharse frases como Nadaremos, nadaremos, de Nemo; o Imhotep, Imhotep, de La Momia.

A eso añádele que, en un día cualquiera, no puedes hacer viaje a La Antigua si no cuentas con por lo menos hora y media para el camino y que, en un sábado, te puede llevar un mínimo de cuatro horas llegar allá. ¡Cuatro horas! Eso es lo que tomaba llegar a Cobán a finales de los años 70.

Por eso no me soprendió leer que La Antigua perdió casi un millón de visitantes en sólo dos años. Es muy triste que las estadísticas del Inguat muestren que la ciudad virreinal pasó de atraer al 52 % del turismo local en 2023 a sólo 19 % en 2025. A duras penas está entre los cinco destinos chapines que más atraen turistas.

A mí tendrían que pagarme mucho dinero para que fuera a La Antigua en Semana Santa; y —como me ocurrió hace unos meses— si tuviera un compromiso allá, me tendría que ir con un día de anticipación para no arriesgarme a las cuatro horas mínimas de carretera.

Amo a La Antigua y disfruto mucho dormir allá y amanecer entre sus jardines y volcanes. Es tan rico caminar en la noche por sus calles; calles que todavía conservan fascinación, siempre y cuando no haya un grupo de borrachos peleando por ahí.

Pienso que es tiempo de que el sector privado de la ciudad virreinal tome el liderazgo de su rescate. Es tiempo de que los políticos (siempre decepcionantes) y los talibanes (siempre desconectados de la realidad) se hagan a un lado. Estos dos grupos deben hacer espacio para que la empresarialidad, la innovación y la creatividad le devuelvan a La Antigua su señorío y para que ir allá no sea intolerablemente absurdo.

La antañona capital del Reino de Guatemala merece algo mejor, mucho mejor. Es hora de que La Antigua recupere su carácter y vuelva a ser el destino que enamora a todos, un lugar donde el pasado y el presente se fundan en armonía.

Columna publicada en República.


17
Mar 25

Chitomax, una aventura

 

¿Objetivo? Ver cómo va el puente Chitomax sobre el río Negro; y explorar la carretera que une Cubulco con aquel puente. ¿Por qué? Porque cuando estén listos el puente y la carretera, va a ser más fácil llegar de la ciudad de Guatemala a Uspantán y Chicamán.

Cuatro exploradores saludamos junto al puente Chitomax. Foto por Raúl Contreras.

Entonces…, el sábado 8 de marzo salimos de la capital poco antes de las siete de la mañana con el propósito de desayunar en el restaurante Chuaxán, ubicado a la altura del kilómetro 42.2 de la carretera entre San Juan Sacatepéquez y la aldea Montúfar.

Nos encanta ese lugar porque se come bien y por la atención. En esta visita y en la del año pasado nos atendió Rudy, que este año fue asistido por Carlos. Para mí, el motivo principal para volver a un lugar es la calidad de la comida, seguido de cerca por la calidad de la atención. Y en Chuaxán se lucen con los dos.

Los caminos polvorientos de la patria.

Como panza llena, corazón contento, después de alimentarnos bien, agarramos camino a Pachalum. Cruzamos el río Motagua y ahí nomasito está Mixco Viejo. Lissa, Katarina, Raúl y yo decidimos visitar Chuwa Nim Ab’aj porque Kata no conocía esa fortaleza poqomam y siempre es agradable dar un paseo por ahí. A los visitantes les encanta y hay espacios muy bien dispuestos para pícnic. Es admirable lo bien cuidado y limpio que está ese sitio arqueológico, donde no encontramos mucha gente y fuimos muy bien recibidos por los encargados.

El río Negro es una chulada.

Luego de un paseo breve, continuamos el viaje y volvimos a cruzar el río Motagua. Lo lindo de ese tramo es que, a inmediaciones del puente, crecen árboles hermosos de tamarindos y, cuando es temporada, uno ve a las familias recoger aquellas frutas deliciosas.

Me gusta Pachalum porque es una población próspera con gente muy amable. En esta ocasión no nos detuvimos porque ya habíamos comido, pero siempre es agradable pasar por ahí. Además, ahí termina el asfalto y de ahí en adelante todo es terracería y polvo. Sin saber por qué, entre Pachalum y Cubulco tomamos el camino por Chovén y luego nos enteramos de que ese camino es mejor que el que pasa por Tres Cruces. Te cuento, por si acaso. Según Google Maps, la carretera de Tres Cruces se ve mejor que la de Chovén, pero parece ser que no es así.

El puente peatonal Chitomax.

Cerca del mediodía llegamos a Cubulco y nos dirigimos al Hotel Los Delfines, donde habíamos reservado habitaciones. Luego de tomar posesión de nuestros cuartos, de sacudirnos el polvo y refrescarnos rápidamente, agarramos camino hacia el río Negro en busca del puente Chitomax.

Para no romper las tradiciones, Waze nos mandó para Rabinal y tuvimos que desandar el camino como 30 minutos. Tarde o temprano, en los viajes por carretera que hacemos, Waze nos pierde y… pues… ahora es anécdota.

Nos detuvimos un rato en Chuwa Nim Ab’aj .

Como preguntando se llega a Roma, pobladores nos orientaron y emprendimos el camino hacia el norte en busca del puente. Más polvo y más curvas y más risas. Francamente, yo sentía que no había modo de que llegáramos, pero llegamos. Lo primero que impresiona es la estructura de concreto que, cuando esté terminada, tendrá 272.75 metros de largo; y lo segundo que impresiona es que, paralelo al gran puente, hay uno peatonal chulísimo.

Bajo el sol abrazador cruzamos ese puente peatonal con la intención de subirnos al puente principal e ir a hablar con los ingenieros, nomás por saber más de esa estructura colosal. Pero el calor era tal que, luego de admirar la obra, nos dispusimos a volver a Cubulco.

Es colosal el puente Chitomax.

¿Por qué hicimos ese viaje?

Quienes visitan este espacio con frecuencia sabrán que el año pasado Lissa, Raúl y yo fuimos a pasar el descanso de la Semana Santa al sitio arqueológico El Soch, situado en Chicamán, Quiché.

Según nosotros, por indicaciones de Michelin, uno podía hacer la ruta que hicimos el viernes; pero ahí está que, cuando llegamos a Cubulco, la gente nos informó que, aunque sí existía el camino, el puente no estaba ni cerca de estar concluido. Después del shock, optamos por agarrar camino rumbo a Canillá y de ahí buscar Uspantán para llegar a El Soch. Fue un camino largo, lleno de incertidumbre y de sorpresas, como un puente sin bardas y con pedazos faltantes, que atravesamos como bólidos.

Me impresionaron mucho los collares que llevan muchas mujeres en Cubulco.

Para hacer la historia corta, llegamos a El Soch luego de once horas de camino, cansadísimos pero fascinados. Y nos quedó la curiosidad de cómo era el puente Chitomax, al que nunca llegamos, y la de si ese camino era mejor que ir a Chicamán por Santa Cruz del Quiché y Uspantán.

Conclusión: Chitomax no estará terminado para la Semana Santa y, aunque estuviera terminado, la carretera es demasiado polvorienta y llena de curvas como para ser práctica. Así que no usaremos esa vía este año para ir a El Soch de nuevo.

Muro de la iglesia virreinal de Cubulco.

De vuelta a Cubulco

En Cubulco nos hospedamos en el Hotel Los Delfines por recomendación de mi cuata, Dulce, cuya familia es de allá. ¡Qué buena elección!

Un tanto bullicioso, porque es un centro recreativo, Los Delfines tiene buenas camas, así que al llegar nos dimos sendos baños para sacarnos la polvazón del camino y relax. A las 7:00 p. m. nos juntamos para cenar y ¡qué cenaza!

Achiote en Cubulco.

Lissa, Raúl y yo pedimos unas mojarras galanas y gordas que llegaron perfectamente fritas, sazonadas y emplatadas; y Kata pidió costillas de cerdo que estaban deliciosas. Además, fue muy agradable la forma en que los dueños del hotel y los empleados nos atendieron. Y, una vez más, panza llena, corazón contento. Tras la cena deliciosa y el vino, una buena conversación junto a la piscina y bajo el cielo estrellado para luego ir a dormir como tiernos.

Al día siguiente, Raúl y yo fuimos a comprar pan a la panadería El Trigal, donde las batidas y las conchas son recomendables. Preparé el café y nos juntamos a desayunar con Lissa y Kata. La calidad del desayuno estuvo a la altura de la cena y la sobremesa se extendió más de lo necesario.

¿Alguien sabe cómo se llaman estos frutos y esta palmera?

El retorno a Guate

No importa que la sobremesa se hubiera extendido; total, estos viajes son para aprender y disfrutar, y los debriefings después de las comidas forman parte de la gracia. Luego de hacer un par de diligencias en busca de un carpintero, agarramos rumbo al parque central de Cubulco con dos objetivos: el primero fue pasear por el mercado, que siempre es una actividad estimulante y alegre; y el segundo fue visitar la iglesia, porque el año pasado estaba en reparaciones y es encantadora. Además, era parte de las misiones dominicas que pacificaron las Verapaces y es parte de la historia de Guatemala.

En el mercado, la mejor compra fue la de guacales de Rabinal con sus diseños característicos.

@luisficarpediem

Chuwa Nima´Ab´ Äj´ fue la capital del señorío poqomam. Así se llena un tecomate #arqueologia #historia #poqomam #mixcoviejo #turismo #exploracion #luisfi61 #tecomate

♬ sonido original – Luis Figueroa

Los trabajos de la iglesia quedaron bien y fueron muy chulas las sonrisas y saludos de la gente en ese lugar. Cubulco no está en la ruta turística de Guatemala y no ha de ser común ver a cuatro visitantes curiosos por ahí. A pesar de ello, en el mercado y en la iglesia abundaron muestras de cordialidad.

Ya cerca del mediodía, volvimos a agarrar camino para volver a Guate y nos echamos a rodar por los caminos polvorientos de la patria rumbo a Chovén, Pachalum, Montúfar, San Juan Sacatepéquez y San Pedro Sacatepéquez. En Pachalum paramos con la esperanza de encontrar abierta la panadería MIreya y tomar sendas coquitas heladas; pero como era domingo la panadería estaba cerrada y tuvimos que refrescarnos por ay

@luisficarpediem

Visitamos el Puente Chitomax, en Cubulco, en busca de una ruta corta hacia Chicaman #puentechitomax #cubulco #bajaverapaz #aventura #viajeporcarretera #amigos #turismo #chapinesenusa #chapinesporelmundo

♬ Good Time – Owl City & Carly Rae Jepsen

¡Y por supuesto que pasamos a almorzar al restaurante Chuaxán! Yo pedí un torito acompañado por un plato pequeño de caldo de patas y estaban los dos riquísimos. Kata pidió el pinol tradicional de la región y de verdad estaba delicioso. Lissa y Raúl pidieron caldo de pollo estupendo. En Chuaxán también compramos pan y huevos recién puestos de la gallina que andaba por ahí. Es muy agradable comer y descansar en ese restaurante porque el paso por San Juan y San Pedro para entrar a la ciudad de Guatemala es muy fastidioso.

¡Regresamos sin novedad!… y listos para un buen baño y la cama fresca. Contentos de haber conocido el puente, fascinados con la gente y los paisajes y listos para la próxima aventura. Entre polvo y risas, confirmamos que el camino a Chitomax sigue siendo una aventura para valientes, pero la gente, la comida y los paisajes hacen que cada kilómetro valga la pena. ¡Nos vemos en la próxima ruta!

@luisficarpediem

Caballero que le fascina el guaro… #mercado #cubulco #medicinapopular #alcoholismo #ebriedad #bajaverapaz #turismo #viajeporcarretera #chapinesporelmundo #chapinesenusa

♬ sonido original – Luis Figueroa

Hashtags: Desde el primer viaje que hicimos Lissa, Rachel, Raúl y yo a Joyabaj es tradición convertir en hashtags las situaciones absurdas y divertidas por las que pasamos, a modo de chistes internos; y los hashtags de este paseo fueron #Estoespimienta? #Nomeimaginequeestoespaydequeso #Estaacincominutos #Hoyhayboda #Nosotrosfabricamosalgoquenoes #Yocreoquesonfamilia #Cuantocuestanlosbanquitos? #Tienencamasadentro? #Ustedsellamavictor? #Whenyouareoldyoudonthavetimeforthatshit #Nopuedodejardeespecular


22
Jul 24

Máscaras y morerías IV, Ciudad Vieja y final

 

Este road trip empezó con un encuentro con Óscar Cruz y termina con una visita extraordinaria a su bodega en Ciudad Vieja. Óscar es un pilar importante de las tradiciones mascareras y de bailes en aquella población de Sacatepéquez que es célebre, entre otras cosas por sus celebraciones el 7 y 8 de diciembre. Ciudad Vieja es famosa por su convite, sus loas y sus danzas tradicionales. 

Máscaras para la danza-drama de los Veinticuatro Diablos, elaboradas por Oscar Cruz.

Lissa, Rachel, Raúl y yo agarramos camino para allá luego un desayuno sabroso y nos encontramos con Óscar que, por supuesto, no sólo sabe muchísimo sobre aquellas tradiciones, sino que, desde muy joven aprendió el arte de hacer máscaras nada menos que con Guadalupe Sinay, de San Antonio Aguas Calientes. Sus máscaras son admirables.

Yo he visitado Ciudad Vieja para la noche del 7 de diciembre en dos ocasiones con el objetivo de ver la danza de los Veinticuatro Diablos, baile del que había oído mucho.  La primera vez fue con Raúl, mi mamá y el Ale; y la segunda vez con Mario, Marta Yolanda Mayra y Raúl. La primera vez fue en 2014; y la segunda en 2019.  En esta última también vimos la danza del Apocalípsis; y la Del tirador, de los niños; o de animalitos.

El Diablo del Mercado es el que induce a los comerciantes a alterar las balanzas.

Lo que no sabíamos es que las danzas del 7 de diciembre, que ocurren a todo lo largo y lo ancho de aquella población son sólo ensayos para las presentaciones que tienen lugar al día siguiente, al medio día, en el atrio de la iglesia.  En ese lugar se reúnen todos los grupos de danzantes para sus representaciones.  Eso ha de ser más que espectacular y me encantaría que este año podamos ir a esa fiesta.

Graciously, Oscar nos contó todo lo que sabe del baile de los Veinticuatro Diablos. Para mí el highlight fue cuando hice sonar la quijada de burro que se usa durante aquella danza.  Es una quijada de burro, de verdad y para obtenerla de modo que produzca su sonido característico el burro fallecido es enterrado de pie y es desenterrado quince años después para obtener una mandíbula sonora.

@luisficarpediem

En el baile de los 24 diablos, en Ciudad Vieja, se usa una quijada de burro como intrumento musical. ¡Muchas gracias a Oscar Cruz por un seminario intensivo sobre máscaras y bailes! #24diablos #bailes #instrumentosmusicales #quijadadeburro #tradicion #ciudadvieja #inmaculadaconcepcion #luisfi61 #bailestradicionales #puebleando

♬ Mussorgsky: Night on Bald Mountain – (From “Fantasia”) – Wiener Philharmoniker & Valery Gergiev

Nos enteramos de que hay baile de diablas, y de niños diablos. Algunas personas, por ignorancia, piensan que estas danzas de diablos son malvadas; pero en realidad tienen moralejas.  Por ejemplo: la idea general del baile de los Veinticuatro Diablos es que los demonios tientan a una alma; pero esta es redimida.  Los diablos exponen inmoralidades que hay que evitar; por ejemplo, hay un diablo del mercado que es el que induce a quienes alteran las balanzas; hay un diablo hacendista que, ¡Sorpresa! es el que inspira al recaudador de impuestos y va vestido de frac; hay un diablo sirviente que es el que induce a los que les roban a sus patrones, está el diablo que tienta a los tahúres. y así va la cosa.  Hay un diablo que inventa los refranes y no me quedó claro que había de malo en los refranes; y luego pensé que ese es el mío porque me encantan los refranes.

El mismísimo Rey Diablo, personificado por Óscar Cruz, en Ciudad Vieja.

Óscar ya no baila, pero nos mostró las últimas máscaras con las que participó activamente en los bailes y una de ellas es de Napoleon I.  ¿Vas a creer que hay una danza del célebre emperador de los franceses? Este baile es de San Miguel Dueñas, tiene el estilo del baile de Moros y Cristianos y cuenta los avatares de Napoleón Bonaparte luego de haber perdido la batalla de Waterloo. Por supuesto que no resistí la tentación de usar la máscara napoleónica, y una corona imperial. Aquella máscara, por cierto fue elaborada por el mascarero Fermín Ordóñez

La máscara de Napoleon I, no puede resistir usarla.

Ya no soy tan admirador de aquel personaje; pero durante muchos años tuve un retrato suyo en mi cuarto.  Curiosamente, en mis años de universidad, dos de mis amigos -también de nombres Luis- tenían retratos napoleónicos en sus dormitorios….y los tres teníamos cañones. 

Luego de una larga plática llegó la hora del Almuerzo. Óscar tenía un compromiso y Rachel tenía que hacer en La Antigua así que volvimos a la ciudad virreinal; pero primero pasamos a la  Plaza Telares, en la ciudad virreinal. ¡Que impresionante y chulo está ese centro comercial!  Pasamos a Cemaco (buenísima atención al cliente), compramos pescado y papas en La Torre y…lástima que no apunté el nombre; pero compramos una deliciosísima conserva de coco y panela en un kiosko de dulces típicos, muy recomendable. 

Pasamos a dejar las compras a la Casa Hanckel  y nos encaminamos a almorzar a Red Koi.  Este es un restaurante de comida callejera taiwanesa y a mi me encanta.  Además sirven boba tea, una bebida deliciosa que siempre me alegra. Siempre se come delicioso ahí, gracias al chef, César.

Boba Tea, en Red Koi, una delicia taiwanesa.

Después de almorzar agarramos camino a Ciudad Vieja para reencontrarnos con Óscar, que nos contó más sobre las tradiciones mascareras y de danzas en el área.  Una parte muy divertida fue que él se puso la máscara y peluca del rey diablo.  Esta máscara es aterradora y tiene, en su cara una serpiente y un murciélago.  Muy parecida a la que usé el día en que conocí a Óscar. Por supuesto que él sabe muchísimo de danzas, máscaras y morerías porque su amor por estas tradiciones es fundamental para su continuación.  

Cansadísimos volvimos a La Antigua con la idea de resposar un rato y juntarnos para el cóctel y el debriefing. Pero no hubo tales. Raúl y yo caminamos un rato por la ciudad y volvimos para descansar.  A mí me tocaba preparar la cena así que puse a hornear las papas y sazoné el dorado.  Raúl nunca despertó de la siesta.  Lissa y Rachel se me unieron con vino en la cocina y ahí comentamos lo que habíamos visto y aprendido durante el día.

Lo chistoso es que cuando pusimos la mesa Rachel se dio cuenta de que Raúl no bajaría y dijo: ¿Por qué no me dijeron que uno se podía ir a dormir sin cenar? ¡Así estábamos de cansados después de cuatro días de trotes! Cenamos rico, eso sí.

El domingo fue el fin de esta puebleada mascarera y de morerías. Raúl y yo queríamos ver las celebraciones del Día del Ejército y Lissa y Rachel arreglaron una visita a San Miguel Dueñas; y por no haber ido, Raúl y yo nos perdimos de conocer a Chepe Diablo, un personaje de morerías que esperamos conocer en próxima ocasión.

Una vez más quedamos encantados con la riqueza cultural de los guatemaltecos; y es una maravilla compartir raíces con tradiciones que tienen tantos niveles de significados. ¡Ya estoy listo para la próxima puebleada!

Máscaras y morerías I

Máscaras y morerías II, Sumpango

Máscaras y morerías III, San Antonio Aguascalientes