12
Sep 19

Excursión a Joyabaj V, el retorno

¡Llegó el día que uno no quiere que llegue!  Es hora de dejar Joyabaj, pero no sin ganas de volver…¡y con qué ganas nos hubieramos quedado a celebrar La octava.

La octava, según nos contaron es la fiesta que cierra el ciclo de la feria de Joyabaj.  Ocurre quince días después del 15 de agosto y es otro fiestón.  En esa ocasión es que son quemados los toritos impresionantes que había en la plaza durante los días 14 y 15 de agosto.

Quebrada honda y sus piedras características. Haz clic en la foto para ver más fotos.

Luego de desayunar, cargar el equipaje y pasar carga de la batería de un carro, a la del otro nos separamos.  Lissa, Rachel y Andrew (que no quiso arriesgarse a volver con Raúl y yo para no pasar 11 horas en la carretera, ja ja ja) se quedaron en Joyabaj para tratar de comprar una máscara que habían visto el día anterior.  Raúl y yo agarramos camino rumbo a Pachalúm, con la intención de pasar por Mixco Viejo y San Juan Sacatepequez para volver a la ciudad de Guatemala.

En el camino encontramos dos cosas particularmente agradables: El río Quebrada honda que es como de tarjeta postal. Sus pequeñas caídas de agua, su sinuosidad, sus piedras características y flores hermosas, nos llamaron la atención inmediatamente así que nos detuvimos un rato para disfrutar del lugar y del momento, así como para encaramarnos en las piedras y tomar fotos.  Poco antes, pasamos por otro lugar que vale la pena mencionar.  Un paraje en el que había letreros que decían: No tires basura, te estamos viendo.  Me pareció buena idea que la gente cuide esos paisajes hermosos y que cuide su entorno.  Me pareció una lástima que no hubiera ese cuidado, por ejemplo, en otro lugar encantador como los altares de cuarzo, por ejemplo.

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De cualquier manera, el retorno resultaba muy agradable; incluso cuando llegamos al imponente río Motagua donde el tramo carretero está en construcción y hay que desviarse.  No tuvimos que esperar mucho y fue una experiencia.  Ahí vimos un árbol hermoso de tamarindos y como nos gusta mucho el refresco de esa fruta uno no puede resistir la tentación de admirarlo y fotografiarlo. Recordamos que en Choacorral también habíamos visto tamarindales.

Disgresión para hablar de tamarindo y gin

Eso me recordó una historia de mi adolescencia.  Cuando estaba en Segundo de bachillerato, mi colegio, el Liceo Minerva estaba ubicado en la Primera avenida y 3a. calle de la zona 9 y la parada de la camioneta 2, que me  llevaba de ahí a Ciudad Nueva, en la zona 2 estaba sobre la Avenida de la Reforma y 3a. calle.  Mi amigo, Ricardo, que vivía en la 8a. avenida y 15 calle de la zona 1 tomaba esa misma camioneta y ambos caminabamos juntos hacia la parada.

En el camino fumábamos sendos cigarrillos mientras conversabamos y un día se nos ocurrió que, siendo que mi padre y su padre tenían buenos bares en casa, podríamos probar distintos licores cada día.  La idea era que cada día uno de nosotros trajera algo distinto (en un pequeño frasco de no más de un jigger) y así probaríamos nuevos licores mientras fumábamos un cigarrillo y caminábamos a esperar la camioneta. Y francamente fue muy educativo el experimento que duró varias semanas.

La cosa es que un día yo llevé ginebra; que no es agradable tomar sola.  Ricardo me preguntó que qué refresco había llevado al colegio y si me había sobrado.  Ese día yo había llevado refresco de tamarindo y si, había sobrado.  Le añadimos la ginebra al refresco y ¡Voilá! Riquísimo. Así que te recomiendo que, en días de calor y si te gustan la ginebra y el refresco de tamarindo, pruebes esta bebida bien helada.

Fin de la disgrasión y de vuelta a la carretera

De vuelta a la carretera llegamos a Pachalum y cómo no detenernos e ir a pasear al mercado.  Eso hicimos y compramos una bolsa de pinol del lugar.  La señora que nos lo vendió nos sugirió hacer pollo y mezclar el pinol con caldo y un sofrito de tomates y cebollas.  Días después hicimos el platillo recomendado y de verdad es algo muy sabroso.  En Pachalum también compramos frijoles blancos.  Ya hacía meses que, en casa, teníamos antojo de hacer frijoles blancos con espinazo, plato que también preparamos y a mí me hizo viajar en el tiempo.

Luego de dejar Pachalum pasamos por Mixco Viejo o Chuwa nim abaj.   No nos detuvimos porque el cansancio ya estaba pasando su factura; y luego me arrepentí de no haber pasado ni siquiera un momento.  De ahí llegamos a San Juan Sacatepequez y a San Pedro Sacatepequez donde uno se encuentra con ese tráfico fastidioso de las poblaciones y con obstáculos que te hacen perder tiempo.

Con todo y todo llegamos sanos y salvos a la ciudad de Guatemala, bajo la lluvia y felices y contentos.  No sólo por todo lo que conocimos y aprendimos en Joyabaj y sus inmediaciones, con las fiestas y la gente encantadora con la que nos encontramos.  Sino luego de cinco días entre amigos queridos en un roadtrip enriquecedor, memorable y algo alucinante.

 


09
Sep 19

Excursión a Joyabaj IV, Choacorral y Pachilip II

Luego de un rico amanecer en Joyabaj salimos del hotel para encontrarnos con la plaza totalmente transformada.  Porque era sábado, ahora era un intenso mercado.  Ya no estaba nítida y despejada; y tampoco era el escenario de una fiestón, sino mercado enorme y alegre.

Dimos un recorrido por el mismo y Rachel compró algo de alfarería; yo estuve asi de cerca de comprar unos cortes tradicionales del lugar y unos camarones secos que se veían hermosos y muy frescos y que a mí me gusta preparar con arroz.  En fin…resistí a la tentación y volvimos a la Posada de don Guillermo para aprestarnos a la exploración del día.

Mercado en Joyabaj. Haz clic en la foto para ver más fotos.

Agarramos camino para la finca Choacorral porque tiene fama de ser hermosa y…en efecto, su entorno que mira hacia la sierra de Chuacús y sus edificaciones antiguas hacen de ella un lugar encantador.  Luis nos recibió muy atentamente y nos dio un recorrido por el lugar mientras nos contaba su azarosa historia que se remonta a la época colonial y que pasa por el enfrentamiento armado con la guerrilla. El lugar es como de novela y parece que el tiempo se hubiera detenido en sus rincones, en sus muros, en sus jardines y en sus corredores.  Hay, por ejemplo, un silo de 1914, un horno de igloo, doña Isidora estaba calentando agua en el poyo.  Uno anda por el corredor y tiene la impresión de que en algún momento se va a encontrar con Francisco Morazán, con Tata Lapo, o con Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios. Tiene la impresión de que debe hablar quedito para no despertar de su siesta a Francisco Marroquin, o a Manuel Estrada Cabrera.

Cerca de ahí hay una formación de enormes rocas de cuarzo, rodeadas de un bosque con musgo español o barbas de viejo.  Es un lugar sagrado y no sorprende por qué.  El cuarzo y el bosque proveen el ambiente perfecto para el misticismo que atrae gente al lugar.  No estábamos más que nosotros, los cinco exploradores, y el silencio en el área -interrumpido por un par de camiones y por tres personas que acarreaban leña- contribuía a esa paz que uno siente cuando se halla en medio de la naturaleza (y esta no está tronando, o algo parecido).  Entre las piedras hay señales de que ahí se hace costumbre, de modo que uno anda con cuidado para no estropear algo.

La misión de ese día, sin embargo, era la de visitar a don Antonio Jucúm en Pachilip II.  ¿Por qué? Porque tiene fama de ser un hombre sabio y por su relación con San Simón.  Llegamos a la casa de don Antonio, sin anunciarnos, y fuimos amablemente recibidos por él y por su esposa, doña Josefa que nos animaba a hacerle preguntas y a conversar con confianza.

Don Antonio y doña Josefa nos llevaron a visitar a su San Simón y nos contaron historias acerca de la importancia de ese personaje.  Y ahí nos agarró uno de esos aguaceros del campo, de esos en los que uno siente que toda el agua, de todo el universo está cayendo ahí y en ese momento.  Entonces me acordé de la sequía en Canillá y de las milpas amarillas y desee mucho que lloviera así en aquella población. El torrente alargó nuestra visita y sospecho que puso a prueba la paciencia de nuestros anfitriones.

Cuando escampó decidimos volver a Joyabaj, en parte porque estabamos cansados y en parte porque, por algún motivo no teníamos un plan.  Y estábamos cansados, ah, ya había mencionado eso.

Al llegar a Joyabaj le quemamos la canilla La hacienda de los Panchos y lo lamentamos mucho, mucho. Luego de comer hice una de esas siestas en las que uno ensaya la muerte y, a las siete nos juntamos para cenar y para hacer el debriefing.  ¿Sábes?  Con esa sensación que te invade cuando te cae el 20 de que esa es tu última noche en un lugar que será memorable y al que no es difícil agarrarle cariño.

Al día siguiente, el domingo, agarraríamos camino de vuelta a Guatemala y el plan fue el de hacerlo vía Pachalúm, Mixco Viejo y San Juan Sacatepéquez.  ¡Así que a dormir!


28
Ago 19

Excursión a Joyabaj III: San Simón y Los cerritos de Chijoj

¿Qué es un roadtrip, sin roadtrips? El plan para el tercer día de nuestra aventura era el de ir a Canillá porque el camino es hermoso y a ratos retador; pero antes: San Simón, la morería de doña Mercedes y paseo en tuc tuc.

Al salir del La posada de don Guillermo lo que impresiona es que la plaza de Joyabaj está limpia…ahí todo pasó sin que pasara nada, como decía mi tía abuela, La Mamita.  Luego del fiestón de la noche anterior, la plaza estaba como si nada. Te digo como si nada.

Temprano pasamos a ver a la Virgen del tránsito, que es la patrona de Joyabaj; y lo que más me llamó la atención es que la imágen lleva un teléfono móvil, igual que muchísimas personas en aquella población y sus alrededores.  La Virgen del tránsito no es la del tráfico,ni la de los embotellamiendos; sino una versión de la Virgen de la asunción.

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Acto seguido contratamos a un tuc tuc para que nos llevara a hacer las diligencias progamadas para comenzar el día.  Primero volvimos a la morería de doña Mercedes Melecio en donde Rachel compró una máscara preciosa; y Lissa adquirió un tricornio de colores adornado plumas, espejos, lentejuelas y colores, de esos que son propios de los bailes tradicionales.  Doña Mercedes nos antendió con la generosidad y cortesía que la distinguieron el día anterior.

En la morería tuvimos la dicha de encontrarnos con tres caballeros agradables que venían de Cubulco; y la razón de su visita fue la de devolver los trajes que había usado, el día anterior, en la festividad de aquella población; y nos contaron detalles sobre el palo volador y los bailes allá.

Al concluir la visita y las conversaciones cogimos el tuc tuc con la intención de volver al hotel y agarrar camino cuando nos cruzamos con una tienda de sansimones y de objetos de culto para Maximón.  ¿Y cómo no nos íbamos a detener?  Ahí compramos unos encargos para nuestro cuate, Andy (que no es el Andrew, que nos acompañaba).  Andy tiene un altar a San Simón, en Texas.  Luego de cumplir los encargos y de comprar un bastón en forma de zebra, de vuelta al tuc tuc y en camino al hotel.

Campo de juego de pelota, en Los cerritos de Chijoj. Haz clic en la foto para ver más fotos.

En menos de lo que canta un gallo acomodamos el equipo en el pick-up y agarramos camino hacia Canillá (porque esto es un roadtrip).  Pasamos por Zacualpa donde nos detuvimos para explorar la iglesia local y luego empezamos a subir por la montaña.  La primera parte del camino es muy hermosa y a ratos retadora, hay de esos ganchos y de esas curvas en las que uno pasa tranquilo sólo porque tiene retranca.  El toque divertido es que es un camino lleno de curvas y, cuando menos te lo esperas, en un lugar random, nos encontramos con un letrero, un sólo letrero que advertía: Curva.

Bien informados continuamos hasta que dimos con una pequeña tienda de adobe, encantadora, con una ventana de barrotes y enmarcada en azul.  Ahí nos atendió una señora gentil acompañada por dos chicas muy risueñas.  Rachel y Lissa terminaron comprando sendos güipiles y Lissa, además, compró dos pequeñas sillas de madera. Tras reponernos con India Quiché (la gaseosa originaria de El Quiché) y unas golosinas, volvimos a agarrar camino hacia arriba en la montaña.

Al llegar a la cima de la montaña, Canillá se ve abajo en el valle y es una vista hermosa.  Disfrutándola estábamos cuando oímos el llamado de la naturaleza y nos detuvimos en una parada técnica.  A unos metros había unas casas, o algo así y decidinos acercarnos para conversar tantito con los habitantes; pero no encontramos persona alguna.  Lo que si vimos fueron una estructura que supusimos que era un temazcal y, a unos metros, un excusado con vista.  Bueno…si tenía inodoro; pero lo divertido es que la cortina que debía proporcionar privacidad tenía un agujero a la altura de la cara de la persona que estuviera sentada en el trono. Luego de una serie divertida de especulaciones volvimos a agarrar camino, montaña abajo, rumbo a Canilla.

…y llegamos a Canillá.  ¡Mucho sol y calor en Canillá!  Y unos panitos ricos, de horno de leña, en la primera tienda que encontramos.

Caminando andábamos, sin objetivo alguno, cuando paramos en el parque y encontramos a cuatro personas encantadoras.  Platicadoras.  De esas personas que disfrutan de conversar con extraños.  Entre otras cosas nos contaron de la existencia de un sitio arqueológico pequeño, llamado Los cerritos de Chijoj, situado a unos pocos minutos del lugar.  Más tardaron ellos en mencionarlo que nosotros en proponérles que fuéramos. Dos de nuestros anfitriones improvisados aceptaron y en compañía de doña Ester y don Santos agarramos camino hacia el sitio indicado.

Los cerritos de Chijoj es ciertamente pequeño; pero no por ello menos chulo.  Sus piedras nos recordaron las de Chuwa Nim Abaj o Mixco Viejo.  Tiene una plaza con su campo de juego de pelota, algo distinto a otros que hemos visto y un templo a medio escabar.  El sitio está muy bien cuidado y en él trabajaron Alain Ichon y su equipo.  Ichón recibió la Orden del Pop en 2009, distinción que otorga el Museo Popol Vuh.  Los cerritos de Chijoj fue el lugar perfecto para hacer un picnic, almorzar, explorar y tomar unos minutos de descanso y disfrutar de la buena compañía y de la naturaleza.  ¡Me alegro mucho de haber estado ahí!

Algo triste fue el regreso porque reparamos en que las milpas del lugar estaban amarillas y tostadas; ya que se habían estropeado por la falta de lluvias.  Según doña Esther y don Santos, las nubes cargadas de agua pasan de largo el valle y se descargan en las montañas.  Fue en ese camino que hice mi numerito que menos mal que no acabó en 1000 formas de morir.

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Para no alargar la historia, volvimos a Canillá, nos despedimos de nuestros guías generosos y emprendimos el retorno a Joyabaj.  No por las montañas y el camino de terracería por el que habíamos llegado via Zacualpa, sino por San Andrés Sajcabajá y Santa Cruz del Quiché. Iba a ser largo; pero más seguro.

Sobra decir que llegamos molidos a Joyabaj, y que luego del debriefing y la cena ligera nos fuimos a dormir como tiernos.  Al día siguiente nos esperaban Choacorral, Pachilip II, los altares de cuarzo y San Simón.


22
Ago 19

Excursión a Joyabaj II: Palo volador y morería.

No te imaginas…pero no te imaginas la ilusión que yo tenía de ver el palo volador. Desde que era niño -y no pude ver uno que hubo en el monumento a Tecún Uman- yo tenía ganas de ver aquella danza ritual.  Eso, los bailes en la plaza y la visita a la morería de doña Mercedes Melecio fueron lo mejor de nuestro segundo día en Joyabaj.

Pero antes…¡las bombas!  La música de la fiesta en la noche del miércoles 14 debe haber concluido a eso de las dos de la mañana del jueves 15;  y yo estaba dormido como tierno cuando a eso de las cuatro de la madrugada escucho uno de los bombazos más estruendosos que he oído en mi vida.  ¡Fue de una de esas bombas de fiesta!…pero no como las bombas culeras que queman en las fiestas de la ciudad de Guatemala…This was serious gunpowder!

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Me levanté inmediatamente, me vestí para salir a la plaza con el propósito de ver de cerca las bombas…y no pude salir del hotel porque la puerta estaba cerrada, de modo que me acomodé en el estacionamiento y vi las bombas desde ahí…junto a una vista hermosa de la Luna y de Orión.

La puerta del hotel la abrieron a eso de las 6:00 a.m. y Lissa y yo salimos a la Plaza que era, surrealmente, muy distinta a la que habíamos dejado en la noche.  El jueves 15 no había señas del bullicio y alboroto del día anterior, la Plaza estaba limpia y había tres grupos distintos realizando danzas en tres rincones de aquel espacio.  La única que nos identificaron bien fue la de La caxuxa.

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Por recomendación de Rachel (que llegó al ratito con Andrew y Raúl) íbamos con la intención de ver el baile de La culebra y el baile de Los compadritos; pero nadie supo orientarnos, y en ninguna hubo culebras involucradas.  De cualquier manera. La música y los danzantes llenaron la plaza con sonidos, movimientos y colores que asombran y maravillan.  Sonidos, movimientos y colores que -si no fuera por la manía de usar altavoces con exceso de watts- conectarían a los observadores con cientos y cientos de años de cultura y tradiciones.

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De cualquier manera es un espectáculo rico y hermoso, uno que sientes la dicha de estar presenciando.

Luego de pasear un rato por la plaza y de ver las tres distintas danzas, fuimos a desayunar para continuar el día con energía.  Se desayuna rico en La posada de don Guillermo. Por cierto que fui a comprar pan a unos metros del hotel y el muchacho de la panadería me regaló un pan extra. ¿Dónde te regalan pan así nomás? La gente en Joyabaj, en general, siempre fue muy amable y cariñosa con nosotros durante la visita. Al rato llegó Rosemary, nuestra guía generosa y entusiasta, y agarramos camino a la plaza donde ya estaba funcionando el palo volador y donde ya había un mundo de gente.

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El palo volador no me decepcionó.  Es fascinante como suben los danzantes y como se preparan (a por lo menos 30 metros de altura) para dejarse caer girando a una velocidad que casi que hipnotiza al observador cuidadoso.  En el contexto y todo fue un alucine el palo volador.

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El palo volador es una danza mesoamericana, que se realiza en demanda de lluvia y fertilidad de los suelos. Antes de cortar el árbol, del cual proviene el eje o palo en torno al cual giran los danzantes, se realizan ciertos rituales preparatorios, consistentes en abstinencia sexual, ayuno y libaciones. En la parte superior del palo se coloca una armazón giratoria, de cuyas esquinas se desprenden cuatro cuerdas que sirven para atar, de los pies, a los bailarines, quienes se lanzan al vacio y van descendiendo, dando vueltas alrededor del palo, engalanados con plumas y máscaras que representan aves, chalchigüis, monedas y cascabeles con ayacastles sonoros -chinchines y maracas-. El jefe de la danza, llamado “El Mico”, es el primero en subir al palo o mástil para dirigir, desde arriba, el ritual, con toda suerte de monerías. Luego lo hacen los bailarines, quienes, después de atarse la cuerda a la cintura, se dejan caer con los brazos extendidos y las piernas enlazadas a la cuerda, en un descenso circular en el que las vueltas se van ensanchando. Abajo, la danza es acompañada con el tun o teponaxtli, flautas y caracoles. Esta ceremonia se practica todavía en Chichicastenango, en Joyabaj y Cubulco, en Guatemala, y en algunos lugares del sur de México. En Joyabaj, desde lo más alto del tronco de aproximadamente  descienden dos danzantes atados a los pies con lazos, en medio del sonido de la marimba. El Popol Vuh registra el palo volador como una lucha en la que triunfa el bien sobre el mal.

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Nunca antes había visto un palo volador de verdad. Una vez vi uno de metal en la Ciudad de México; pero era para turistas y no es lo mismo. En los años setenta fue puesto un palo volador allá donde está la estatua de Tecún Uman al lado del zoológico La Aurora. Se lo usó y ahí estuvo por años. Lo veía todos los días porque por ahí pasaba el bus de mi colegio y siempre me llamaba la atención. Me impresionaba lo alto que era y me imaginaba a los voladores bajando de él, porque mi padre me había explicado para qué servía.

Haz clic en la foto para ver más fotos.

Luego de la experiencia del palo volador Rosemary nos llevó a la casa de la cofradía donde, durante los 12 meses anteriores había estado la imágen de la Virgen del tránsito (no del tráfico, ja, ja, sino del tránsito…o sea de la asunción), que es la patrona del lugar.  Fue una experiencia extraña porque el sitio se halla sobre el cementerio en el cual se encuentran las fosas comunes donde los habitantes de Joyabaj enterraron a sus vecinos que fueron víctimas del terremoto de 1976.  El pequeño salón estaba lleno de velas y de los adornos de papel y de otros materiales que sono propios de esos recintos.  Además había dos personas orando con mucha intensidad.  ¿Sabes? Sientes un ambiente muy cargado cuando estás en esos lugares.  Los hombres totalmente borrachos que se hallaban en el sitio trataron de ser atentos…pero difícilmente los conseguían.  Uno me pidió que lo adoptara y que me lo llevara a los Estados Unidos.

Luego de esa visita intensa nos dirigimos a la plaza con la intencion de entrar a la iglesia y ver la entrada de la imagen religiosa que se hallaba recorriendo las calles….y ahí…el desastre.  ¡A Andrew le robaron su teléfono móvil!  Fue un disgusto; pero además, una tragedia…¿te imaginas con 19 años, de viaje en un lugar fascinante como Joyabaj y que te roben tu móvil?  Pero, todo pasó, sin que pasara nada, como decía mi tía abuela, La Mamita. Vimos la entrada de la imágen a la iglesia, precedida por los cofrades y las señoras…todos muy dignos, todos con sus varas y sus velos, todos muy solemnes.  Y otra vez agarramos calle porque era hora de ir a la morería.

Una morería es la tienda donde los danzantes alquilan las máscaras, los trajes y los accesorios necesarias para las representaciones de las danzas-drama, o bailes rituales. Yo ya había estado en una, en la de don Esteban Suruy en San Juan Sacatepéquez; y ahora iría a conocer la de doña Mercedes Melecio.  Admiramos el trabajo de doña Mercedes, que, junto a su familia, fue muy gentil en recibirnos.  Escuchamos sus historias y aventuras de vida y empresariales.  Sus relatos acerca del enfrantamiento armado con la guerrilla son estremecedores. Nos contó como ha aprendió el oficio de la morería y cómo ha sacado adelante su tienda. Aunque no había muchos trajes, ni máscaras, porque todos estaban en uso debido a la feria, nos permitió usar sombreros y máscaras que había.  Nos mostró detalles como el hecho de que las máscaras de Joyabaj son de colores más chillantes que las máscaras de otros lugares.  Pasamos momentos muy agradables y algo aprendimos de lo que nos contaba doña Mercedes.

Luego de esa experiencia enriquecedora ya era la hora del almuerzo así que nos encaminamos a La hacienda de los Panchos donde comí una quesoburguesa riquísima…y había mariachis y… ¿vas a creer que bailé?  Rosemary y yo nos echamos un dancing al ritmo de Allá en el rancho grande.  Todos, menos Andrew a quien le habían robado su teléfono estabamos en fiesta mode.

Concluido el almuerzo fue la hora de la siesta…entonces siesta; para luego asistir a las celebraciones en la plaza que, comenzaban a las 6:00 p.m.

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Conseguimos permiso para subir a un balcón que se halla justo frente a la plaza y en el área del hotel y…decepción. Por andar especulando creí que los toritos serían quemados esa noche y en esa ocasión; pero ahí está que no los queman hasta La octava, que es una fiesta que se celebra 15 días después. Me enteré de que los toritos (los toritos más monumentales que he visto) estaban siendo retirados de la plaza y cuando vi eso me enteré de que no los vería.  Como me encantan los toritos, me desilusioné un poco, pero no tanto como para no disfrutar del nuevo alboroto.  Las marimbas orquestas estaban a todo meter y en la plaza bailaban los coheteros.  Estos son fabricantes de cohetes que bailan en circulos, alrededor de la fuente, mientras cargan bultos que representan varas de fuegos artificiales. Hombres y mujeres coheteros daban vueltas y vueltas y hacían lo que podían para llevar el ritmo, cargando sus bultos.

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¿La nota divertida? Bajo nuestro balcón estaciona un vehiculo y de él salen dos muchachos jóvenes. Abran la parte de atrás del carro y extraen un ataúd color malva y de repente…¡cataplúm! la caja se cae y había que ver las caras de los patojos y como se recriminaban unos a otros.  Claro que luego recogieron el cajón y lo entregaron donde se lo necesitaba.

El cansancio y el hambre nos llevaron al comedor del hotel para una cena y para el debriefing. Esas sesiones eran muy valiosas para intercambiar observaciones y cruzar información sobre lo que íbamos aprendiendo durante el viaje y las experiencias.  Lissa, Rachel y Andrew se retiraron a sus aposentos y Raúl y yo nos encaminamos de vuelta a la Plaza y a la fiesta.

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Como dije, en la plaza había dos marimbas orquestas: una enorme con espectáculos de luces y todo, que  atraía a la mayor cantidad de público entre ladinos e indígenas; y la otra de menor espectacularidad y su público era menos, y mayoritariamente indígena.  Si no has estado ahí, no puedes imaginar como suenan dos marimbas orquestas simultáneas, tocando con toda la cantidad de watts posibles, y en las que el saxofón es el rey.

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Pasamos un buen rato disfrutando de la fiesta y de los bailados de la gente cuando el cansancio hizo lo suyo…y nos fuimos a dormir para estar listos para la aventura del día siguiente.

Si te interesa conocer más sobre los bailes te recomiendo Memory, Mimesis, and Narrative in the K’iche’ Mayan Serpent Dance of Joyabaj, Guatemala, por Maury Hutcheson, la lectura que nos sirvió de guía para esta etapa del viaje.

En próximos días añadiré etapas de la excursión.


20
Ago 19

Excursión a Joyabaj I, perdidos en el viaje de ida

Agarramos p´al monte con la intención de llegar a Joyabaj antes del medio día y de disfrutar de las festividades propias de la feria titular de aquella población.  Yo me moría de ganas de ver el palo volador y los bailes, y de pueblear, de conocer gente fascinante y de disfrutar de la buena compañia de amigos.  Mis expectativas fueron superadas con creces, aún cuando en el primer día, el miércoles 1a de agosto, nos perdimos a inmediaciones de San Martín Jilotepeque y nos llevó casi 12 horas llegar a Joyabaj, vía Santa Cruz del Quiché. Fue de locos, pero divertido a la distancia.

Palo volador en Joyabaj, Quiché. Haz clic en la foto para ver más fotos del primer día de esta excursión.

Durante el paseo no sólo visitamos Joyabaj acompañados por Rosemary; sino que también conocimos el sitio arqueológico Los cerritos de Chijoj ( a inmediaciones de Canillá). acompañados por doña Esther y don Santos. Conocimos a doña Mercedes Melecio y a su familia en la moreria de Joyabaj; y a don Antonio Jucúm y a doña Josefa, en la casa de San Simón, en Pachilip II.  Visitamos a Luis Tárano en la finca Choacorral; llegamos a un sitio de altares de cuarzo, para costumbre, lugar rodeado por un bosque lleno de musgo español o barbas de viejo.Pasamos por pequeños lugares encantadores como un puente colgante sobre el río Pixcayá, una pequeña catarata llena de flores blancas en Quebrada honda y pasamos sobre el río Motagua.

Raúl, Andrew y yo salimos a las 8:00 a.m. rumbo a San Juan Sacatepequez, con la idea de subir hacia Joyabaj via Mixco Viejo y Pachalum (un viaje estimado en 4 horas, sin prisas)…y el plan se estropeó porque al llegar a mediados de la Calzada San Juan el tráfico estaba parado. No estaba lento, sino parado.  Nos enteramos de que, adelante, un sanjuanero (piloto del transporte colectivo que va a San Juan Sacatepequez había sido asesinado). Luego de una espera prudente, y al ver que el tráfico no se movía, decidimos cambiar de ruta e ir por San Martin Jilotepeque. ¿Qué podía salir mal? Total…Raúl y yo habíamos hecho la ruta Mixco Viejo-San Martin hacía años y sin Waze. Haz clic para ver el vídeo.

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De la San Juan pasamos a la Calzada Roosevelt y de ahí llegamos a Chimaltenango y luego a San Martín, todo sin novedad.  Pasamos por el río Pixcaya y por un puente colgante pequeño y encantador.  Llegamos a San Martín y bajamos a la plaza.  Un halo solar nos dió la bienvenida. Le preguntamos a Waze y Waze nos indicó por dónde ir rumbo a Pachalum….o eso creímos.

Waze nos sacó de San Martín y nos llevó como 8 kilómetros y casi una hora por un camino de terracería bien cuidado y chulo…sólo para ir a dar ¡de nuevo! a San Martín…pero por una calle de acceso bloqueada.  Habíamos vuelto a San Martín y no podíamos entrar a la población.  Así que decidimos regresar por donde habíamos llegado, y a partir de San Martín volver a buscar la ruta a Mixco Viejo y Pachalum.  Casi una hora para volver.  De nuevo en la plaza de San Martín volvía consultar Waze y esta vez nos indicó una nueva ruta que cruzaba el río Motagua y nos llevaba en buen camino.  Volvimos a agarrar para el monte y luego de un tiempal…llegamos a un lugar donde decía: No hay paso.

Frustración.

Para entonces yo ya no confiaba en Waze y estaba muy tenso.  Una familia local (Papá, mamá, hijos y abuelita) nos pidió jalón y nos llevó hasta San Martín.  Ahí tomamos la decisión de ir por la ruta Panamericana hasta Santa Cruz del Quiché y de ahí bajar a Joyabaj.  Eso significaba que no llegaríamos antes de las 7:00 p.m., que sería viaje de horas y horas, y que posiblemente romperíamos la regla de no viajar de noche en carretera. ¿Cuáles eran las ventaja? Carretera de asfalto, camino 60% conocido y poblado.  Raúl y yo estábamos preocupados por Andrew, que, siendo extranjero estaba teniendo una mala experiencia.

Para hacer la historia corta, paramos a almorzar poco antes de Tecpán y subimos hacia Chichicastenango y Santa Cruz…cada vez más cerca del ocaso.  Pasamos por Chiché, Chinique y Zacualpa antes de arribar a Joyabaj justo cuando cayó la noche.  Y ahí…el shock. Yo nunca había visto tanto alboroto, claro que era la víspera de la fiesta y todo…pero, había un gentío impresionante, tráfico apretado pero circulando, humo de cohetes, dos marimbas orquesta tocando con toda la cantidad de watts posible, más de una pequeña marimba haciendo lo suyo…también con todos los watts posibles, una locutora dando la bienvenida y celebrando la fiesta…con quién sabe qué cantidad de watts.  En medio de todo eso había que encontrar a mis amigas Lissa y Rachel, que nos esperaban desde el medio día.  Y había que encontrar el hotel.

Honradamente no fue difícil, La posada de don Guillermo está frente a la plaza y vi a Lissa agitar los brazos con una sonrisa en medio del humo de los cohetes y de la bulla más bulliciosa que he oído en mi vida.  Cansado y tenso por el viaje, me encontré con que para entrar al estacionamiento del hotel hay que pasar por un tunel de unos 50 metros de largo y de unas 4 pulgadas más ancho que nuestro pick-up.  Fue un trabajo de equipo; pero logramos entrar sin causar daños, a pesar de que ni el tráfico vehicular, ni el paso de peatones se detenía cuando estaba haciendo maniobras.

La posada de don Guillermo no sólo está localizada convenientemente junto a la plaza, sino que tiene habitaciones cómodas en el sótano, a donde la bulla de la fiesta no llega con toda su intensidad, ni llega a ser molesta.  Eso, más camas limpias, toallas frescas y baño con agua caliente es todo lo que uno quiere y necesita…más cena, claro.  En La posada, el personal es muy atento y tiene gran sentido del humor.

Para la cena, Lissa, Rachel, Andrew, Raúl y yo nos encaminamos a La hacienda los Panchos, un restaurante que nos habían recomendado muy bien.  Ahi me cené un buen plato de carne asada que me devolvió a la vida, acompañado por cervezas que Lissa habia llevado. Y en Los Panchos, conocimos a Ana y a Rosemary que nos pusieron en autos con respecto a la fiesta en Joyabaj.  Pero, mejor aún, Rosemary se ofreció para ser nuestra guía al día siguiente ¡y que guía maravillosa sería!

Al volver a la plaza de Joyabaj ya no había el alboroto intenso; pero la plaza estaba viva. Ahí estaba -solito- el palo volador que tanta ilusión me daba y que vería, al día siguiente, en todo su espendor tradicional y festivo.  La plaza de Joyabaj es encantadora, bien cuidada, de buen gusto.  Tiene iglesia, portal, fuente y Palacio municipal, este último con reloj musical y campanadas. Haz clic para ver el vídeo.

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Te digo que me sentí muy emocionado de estar ahí.  De estar en Joyabaj, Xol, Xolabaj…el lugar entre las piedras.  Un punto de encuentro comercial que asombra, la ciudad que se levantó de sus ruinas luego del terremoto de 1976 y la que se sacudió las cenizas del enfrentamiento con la guerrilla; la que guarda las tradiciones del Palo volador y los bailes.  Donde no hay una cuadra en la que no haya comercio. La que iba a ser nuestra base en los próximos tres días de exploraciones y de experiencias entre amigos.

En próximos días añadiré etapas de la excursión.


16
Ene 19

Verapaces 2018, y quinta etapa, Cobán y Año nuevo

Celebramos el Año nuevo en el parque central de Cobán luego de haber comido delicioso durante todo el día y así despedimos 2018.

Haz clic en la foto y en los vídeos para ver más fotos y los vídeos.

Chocolate, tiú, moronga de chunto y otras delicias, almorzamos en El pedregal.

El retorno de Las conchas fue sorpendentemente media hora más rápido que la ida; y volvimos a Cobán con mucha hambre.  Luego de un baño, una chela y un breve descanso en La posada, salimos en busca de El peñascal, un restaurante que nos habían recomendado mucho.

La posada es mi hotel favorito en Cobán porque está frente al parque central, porque tiene mucho carácter y porque siempre la he pasado bien ahí, desde que iba con los miembros de la Asociación Guatemalteca de Orquideología a finales de los años 70. Es un hotel con mucho carácter.

Para sentir el ambiente festivo de las compras para la fiesta de la noche vieja, en la ciudad Imperial, pasamos por el mercado central y, aunque no entramos, la calle estaba muy animada y alegre, especialmente en la sección de ingredientes para el ponche, los tamales y otras comidas tradicionales; ya sabes: marshmellows, nueces, uvas, manzanas y eso.  Ahí aprendí, porque me lo contó Raúl, que la gente acostumbra comer pastel en esta fiesta y eso explicaba la gran cantidad de familias y personas que llevaban un pastel entre sus compras.

Llegamos El peñascal luego de perdernos un poco y gracias a un taxista muy  amable.  Y, ¡Oh, maravilla! nos atendió Sonia y, ¡Oh, maravilla! la comida ahí es magnífica.  Casi que se siente como ceremonial. Almorzamos Kak-ik (el caldo cobanero de chunto); Tiú, que es un recado regional que estaba delicioso y morcilla de chunto que estaba riquísima.  Chunto es como le dicen allá al chompipe. También pedimos tasajo en salsa de chiles, que es muy picante, pero que uno disfruta muchísimo. La sirven acompañada de una crema de cebollas muy sabrosa.

Luego del almuerzo memorable, otro descanso con siesta y todo para luego pasear por el parque y sus alrededores.

Vimos el ocaso y volvimos al hotel para arreglarnos e ir a cenar.  Elegimos Casa D´Acuña, donde ya habíamos estado dos años atrás y habíamos tenido una experiencia estupenda.  Ahí full relax y cenamos pizza y guacamol con cangrejo (surimi). La primera estuvo deliciosa y el cangrejo que le ponen al guacamol puede mejorar.  Nos fuimos contentos, no sin darle un par de ideas al chef.

Al salir nos dirigimos al parque central animado por el Arbol Gallo y por las familias que estaban ahí disfrutando del ambiente y pasando buenos momentos.  Yo disfruto mucho no sólo de ver a la gente contenta, sino de la cordialidad generalizada que priva en esas circunstancias. En la medida en que nos acercábamos a las 0:00 horas, en esa medida se iba quedando más solitario el parque, momentos propicios para conversar y pensar.

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¿Y la media noche? El Arbol Gallo fue apagado y nos subimos al Jupiter II, como me gusta decirle al kiosko de aquel parque; y desde ahí vimos los fuegos artificiales, en compañía de los locales y extranjeros que también optaron por subir.  ¡Abrazos y buenos deseos! ¡Auguri, auguri!, dijo alguien. Luces de colores y fuegos artificiales. Así terminó 2018 y empezó 2019.  Luego de un paseo lleno de aventuras, buenas comidas y gente encantadora.

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¿Qué ocurrió el 1 de enero? Pues nos levantamos temprano, cargamos el carro y agarramos camino rumbo a la Posada de la montaña del quetzal con la esperanza de que nos entrara el hambre ya avanzada la mañana, y con la seguridad de que desayunaríamos riquísimo como en los días que recién habíamos estado allá.

Al volver a casa y abrir la puerta sentimos los olores de pinabete y manzanillas que nos dieron la bienvenida; y trajimos centeneras de recuerdos de un viaje lleno de experiencias y de aventura. ¡Listos para la aventura de un nuevo año!

Primera etapa: La posada de la montaña del quetzal, Biotopo del quetzal y Purulha.

Segunda etapa: El salto de Chilascó y el Saltito.

Tercera etapa: Chicoy, el pozo vivo, Chixoy y Cobán.

Cuarta etapa: Las conchas y Chahal.


14
Ene 19

Las verapaces 2018, cuarta etapa, Las conchas

En el cuarto día de nuestro viaje por las verapaces el destino son las cataratas de Las conchas, un paraíso de agua, colores y selva cerca de la frontera entre Alta Verapaz e Izabal. Haz clic en las fotos y vídeos para ver más fotos y vídeos.

Las cataratas de Las conchas son bellísimas.

Salimos temprano de Cobán y agarramos rumbo norte hacia la Franja transversal del norte.  En esa área las carreteras están entre bien y muy bien; pero son tres horas y media de camino.

Luego de Cobán pasamos por Chisec, Raxruhá y el desvío hacia Cancuén, Sayaxché y Ceibal y por las entradas a Candelaria (todos esos lugares que uno quiere visitar), pasamos por San Bartolomé de las Casas, por el río Sebol y ¡llegamos a Chahal y Las conchas!.

Con hambre, sed y cansados llegamos al Jardín las Conchas, una parada muy agradable para refrescarnos con agua de coco y unos riquísimos tostones con salsa.  Muy bien atendidos por el personal enfrentamos a las vendedoras de chocolate y de cocos, y una niña  llamada Rosemary, así como un par de cuidadores de carros llamados William y Néstor nos hicieron sentir bienvenidos.

Ingresamos al área de las cataratas y nada -ni siquiera las fotos que habíamos visto- nos había preparado para lo que vimos.  ¡Una serie de cataratas de colores en medio de la selva!  Algo parecidas a Semuc Champey, pero diferentes.  Uno queda embobado entre tanta belleza y tuvimos la suerte de que no había mucha gente.

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Raúl y yo tomamos posesión de un recodo apacible y nos metimos al agua.  En el agua hay pececillos que cuando uno mete los pies y las piernas se acercan a dar mordidas y deleitarse con…lo que sea que muerdan ahí. Y, mientras tanto, uno se deja embelesar con el encanto del lugar.  Los sonidos del agua y de la selva. Los aromas; los colores; el agua fría, pero sabrosa y la idea de haber llegado a ese lugar recóndito y de poder disfrutarlo.

Las cataratas de Las conchas son muy diferentes al Salto de Chilascó; y ambas experiencias son muy distintas.

Cuando y era hora de salir del agua, porque el hambre aprieta, regresamos al estacionamiento y vimos que del bosque salían unas personas. ¡Se nos había olvidado que en el lugar hay un mirador que hay que visitar!  Si vas, no regreses sin encaramarte a la torre de madera y apreciar la vista más espectacular de aquel lugar que ya, de por sí, nos había ofrecido muchísimo.

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Pero claro, el hambre es canijo y cierran el lugar al atardecer.  El ocaso nos agarró en la carretera rumbo al hotel Villa Santa Elena en donde nos alojaríamos.  Nos dimos sendas duchas y llegamos al comedor a eso de las 6:20; y a pesar de que la cocina cierra a las 6:00, Augusto y su equipo tuvieron la gentileza de ofrecernos una cena de spaghetti que disfrutamos bastante.  La salsa de tomate estaba muy rica y mi única sugerencia fue que, en vez de usar romero, usaran albahaca, u orégano.

Dormimos y descansamos en un cuarto muy sencillo; pero limpio y seguro.

Al día siguiente nos despertamos temprano y nos duchamos.  A pesar de que la cocina no abre hasta las 7:00 a.m., César y su equipo se las arreglaron para ofrecernos un desayuno sabroso, poco antes de esa hora, mismo que incluyó panqueques con banano y tortillas que César tuvo que salir a comprar al mercado. La naranjada con soda, por cierto, es muy, muy sabrosa en ese hotel.

Luego de prepararnos para el viaje cogimos la carretera de vuelta a Cobán.  Ya mencioné que el camino es muy agradable y variado.  Lo más notable que vimos fue una plantación de achiote y cardamomo; pero el camino está lleno de detalles.  Curiosamente hicimos sólo tres horas de vuelta a Cobán, en vez de las tres horas y media que hicimos de ida a Las conchas.

Llegamos a Cobán justo a la hora de ducharnos de nuevo, descansar un poco y salir a buscar almuerzo.

Primera etapa: La posada de la montaña del quetzal, Biotopo del quetzal y Purulha.

Segunda etapa: El salto de Chilascó.

Tercera etapa: Chicoy, el pozo vivo, Chixoy y Cobán.

Quinta etapa: Cobán y Año nuevo.


09
Ene 19

Las verapaces 2018, tercera etapa, Chicoy, pozo vivo y Chixoy

Luego de la visita al Salto de Chilascó, la tercera etapa del viaje de fin de año nos llevó a la cueva de Chicoy, el pozo vivo, el camino a Chixoy y finalmente a Cobán.  ¡A comer delicioso y a descansar! Haz clic en las foto para ver más fotos y los vídeos.

Vista del río Chixoy cerca del atardecer.

Salimos con rumbo a Cobán luego de nuestro descanso en la Posada de la montaña del quetzal.  La consigna, sin embargo, era parar, o desviarnos si se daba la oportunidad de explorar….y dicho y hecho.

El primer desvío fue hacia la cueva de Chicoy, ahí merito en Purulhá.  Este es un sitio ceremonial muy respetado por los queqchìes y pocomch´íes de la región.  Pero eso no lo sabíamos nosotros.  Así que llegamos, estacionamos, saludamos al encargado que nos recibió con una magnífica sonrisa de oro, pagamos la tasa de ingreso y empezamos a caminar para subir.

Al llegar a la parte alta del cerro encontramos a personas dedicadas a la tabacomancia y encontramos docenas de puros en el suelo.   Luego de saludarlos avanzamos hacia la cueva y ¡Oh, sorpresa! En medio del verdor del cerro se abrió, ante  nosotros, una boca inmensa y negra de la que manaban humo de inciensos y los rezos de los sacerdotes que estaban en su interior.  A ratos, cuando la nube de humo se disipaba un poco, se atisbaban los fuegos encendidos en el interior de la caverna y los detalles de las rocas que formaban aquella entrada a Xibalbá.

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Debido a lo empinado del descenso y a lo cansado que iba de la aventura en Chilascó, no me animé a bajar; y tuve que contentarme con la naturaleza que rodea a la cueva y con lo  misteriosa y seductora que se ve desde arriba.

Al volver a donde estaban los tabacomntes pregunté acerca de esa tradición y un joven me regaló un puro, que me encendió y di unos jalones.  En ocasiones anteriores que me han ofrecido puros la experiencia no ha sido agradable porque me mareo rápido, así que agradecí el gesto y me alegré que me permitieran atisbar en esta práctica cultural.

Bajamos del cerro y continuamos nuestro camino.

En esas estábamos, avanzando hacia Cobán cuando encontramos el desvío hacia el pozo vivo, en Tactic.  Este es un fenómeno geológico e hidrológico que despierta la imaginación y fantasías. Leyendas de príncipes y princesas mayas, de riquezas prohibidas, y de amores obsesivos.

Waze nos llevó y uno no debe dejarse engañar por el abandono aparente del  lugar.  Llegamos al portón hicimos señas a la encargada, corrió ella, nos abrió el portón, nos cobró unos pesos y señaló: Hacia allá. Y caminamos por nuestra cuenta.

Atravesamos un de turicentro/potrero y nos dio la bienvenida un caballito muy excitado.  Caminamos unos metros y nos encontramos con el célebre pozo.  Y si, es encantador en su simplicidad y en su naturaleza misteriosa.  Es fascinante ver como bulle la arena en su fondo y no sorprenden las leyendas que genera el fenómeno. La verdad es que hubiera querido pasar un poco más de tiempo ahí; pero había que continuar y dejamos el lugar.

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Contentos de haber visitado el pozo vivo enfilamos hacia Cobán, sólo para desviarnos de nuevo y esta vez hacia el embalse de Chixoy que es un ejemplo notable de ingeniería. Posee una superficie de agua de 13.79 km2, una profundidad de 50 metros y máxima de 110 metros.

En los años 79/80, cuando yo era orqideólogo y miembro de la Asociación Guatemalteca de Orquideología, ya había visitado el área de la casa de máquinas de la hidroeléctrica; pero no me acordaba bien de la experiencia, quizás porque iba mas interesado en orquídeas (que no hay muchas en el área).  El caso es que el camino se torna fascinante.  Primero entre bosques y plantaciones para luego ascender y ascender entre montañas y carretera pedregosa.

Desde arriba, plateados entre montañas que parecieran ser de terciopelo, o de algo parecido, se aprecian los ríos que alimentan el embalse.  Yo dispuse que el más grande y cercano que veíamos era el Río Negro, o Chixoy, pero pudo haber sido cualquiera de los otros.  El caso es que el paisaje es fascinante y muy diferente a lo que habíamos visto hasta el momento. Nos fuimos deteniendo para tomar fotos y disfrutamos mucho del sol y de las vistas.

Dispusimos no bajar al embalse porque se hacía tarde y una de nuestras reglas es no conducir en la noche.  De modo que emprendimos el regreso hacia Cobán cuando vimos que el sol se acercaba al horizonte.

¡Y llegamos a la ciudad Imperial!

A mí me encanta Cobán y me encanta la Posada, que es el hotel que usábamos con los orquideólogos y el que usamos en el viaje de 2016 a las cuevas de Lanquín y a Semuc Champey.  ¡Me encanta la arquitectura del lugar! y sus cuartos y camas le dan a uno la oportunidad de descansar sabroso.  El aroma que hay en ese lugar siempre me trae recuerdos gratos.

Luego de instalarnos y de darnos un buen baño tibio salimos a visitar el Parque Central de la ciudad y a saludar a Manuel Tot y al Arbol Gallo.  Así como a disfrutar del ambiente del parque y de su gente.  Compramos horchata en polvo y un par de pulseras. Y regresamos al hotel para tomar un par de cervezas antes de ir a cenar.

La cena no podía ser en otro lugar que no fuera XKape Kob´an., un restaurante de comida tradicional verapacense.  Ahí Raùl pidió un plato de hierbas nativas acompañadas con arroz, frijol y tortillas; y yo pedí una bacha de pollo (tambie´n con hierbas, arroz, frijol y tortillas.  Ambas fueron buenas elecciones Y ahora mismo me estoy imaginando los sabores y salivando.

Como panza llena, corazón contento, volvimos al hotel para recargar las pilas y al día siguiente emprendeer viaje rumbo a las cataratas de Las conchas.

Primera etapa: La posada de la montaña del quetzal, Biotopo del quetzal y Purulha.

Segunda etapa: El salto de Chilascó.

Cuarta etapa: Las conchas y Chahal.

Quinta etapa: Cobán y Año nuevo.


04
Ene 19

Las verapaces 2018, segunda etapa

El segundo día de nuestra aventura en las verapaces fue el del Salto de Chilascó, que es la catarata más alta de Centroamérica con 130 metros de altura. Haz clic en la foto para ver más fotos.

El salto de Chilascó.

Después de una noche reparadora y con mucho ánimo salimos de la Posada de la montaña del quetzal rumbo a la aldea Chilascó que queda en el kilómetro 143 de la carretera a Cobán.

El día anterior habíamos acariciado la idea de ir primero a unas cataratas cercanas al hotel (ya que había caballos disponibles); pero luego tuve una idea salvadora: ir primero a Chilascó, y luego a las cataratas mencionadas, si regresábamos con ánimo; y esa fue una decisión sabia.

Si alguna vez te animas a este paseo te recomiendo dos lecturas:

La mansión del pájaro serpiente y El mundo del misterio verde; ambos por Virgilio Rodríguez Macal. En Amazon están muy caros; pero seguramente los venden en la librería Piedrasanta, de Guatemala.

Agarramos temprano para Chilascó y ascendimos a la aldea del mismo nombre a través de paisajes riquísimos y encantadores.  A la entrada del lugar nos recibió Elder que arregló que nuestros guías y sus caballos nos esperaran cuando llegáramos al estacionamiento que está justo antes de empezar a bajar rumbo a las cascadas: el Saltito y Chilascó.

Los guías y los caballos se aparecieron al poco tiempo de que nosotros llegaramos al estacionamiento donde Elmer y Alex se ofrecieron a cuidar nuestro auto.  Raúl se montó en la Preciosa, y su guía fue Erick.  Yo -de la forma más aparatosa posible- me encaramé en el Negrito, con la ayuda de Julio, mi guía y cogimos camino.  Mi cuate Paul dice que hice trampa porque fui a caballo, pero quien me haya visto montar…y quien me viera montar en aquellos caminos lodosos y muuuuuy empinados intuirá que si bien es cierto que cabalgar es mejor que caminiar, todo aquello no es miel sobre hojuelas.

Ya te imaginas, yo sentía que me caía en las cuestas de bajada y que me caía en las cuestas de subida.  El Negrito agarraba velocidad y Julio tenía que frenarlo; y a veces tenía que animarlo al grito de ¡Vamos Negrito!, ¡Arre Chulo! A ratos el Negrito de desesperaba y relinchaba en protesta.

En algún punto del camino encontramos a una familia que volvía de las cascadas.  Al verme a caballo, uno de los niños dijo: ¡Así quien no! Y la abuela…la abuela…dijo: Ni yo, que padezco de mis rodillas. En medio de las risas, pensé para mis adentros: Si la envidia fuera tiña; y quise decir, como Cuauhtemoc*: ¿Estoy yo, acaso, en un lecho de rosas?

Sobre este caballo iba yo, nota el lodo del camino.

Anyway,  el Negrito y la Preciosa nos llevaron hasta el punto en el que ya no era posible seguir, sino a pie. Y ahi tuve que bajarme del Negrito.  Julio me dijo: Agárrese de mis pulmones; y Erick tuvo que bajar mi pierna derecha que se quedó atorada en la montura.

Y a partir de ahí empezamos a descender.  A atravesar el bosque y a disfrutar de los aromas, los sonidos y los colores propios de aquellos senderos húmedos y algo oscuros. Enre árboles variados.  Y fuimos bajando y bajando hasta llegar al mirador desde donde vimos el imponente Salto de Chilascó por primera vez.  Las fotos no le hacen justicia porque no se terminan de entender las proporciones y no se escuchan los truenos del agua.  Luego bajamos al segundo mirador y de ahí al Saltito.

Para que tengas una idea del camino haz clic en la foto y mira el vídeo. Ahí va Raúl con la Preciosa, Erick y el Bronco.

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El Saltito es una catarata hermosa, rocosa y de aguas abundantes y frías.  Y ahí hice un oso.  Había un grupo de seis jóvenes; unos en el agua y otros comiendo y dispuse tomarme una foto en una de las grandes rocas a la orilla de la catarata.  Puse un pie y pegué un pequeño brinco sólo para resbalarme y para que mi pierna derecha cayera en el agua.  Raúl dio un paso para evitar que yo siguiera resbalándome y tres de los chicos que estaban en la orilla saltaron para ayudar a evitar mi deslizamiento.  La cosa no pasó a más que el momento ridículo; pero pudo haber pasado. Uno de los patojos que estaba en el Saltito llevaba un chichón en la frente porque se había caído en la catarata grande, y luego Julio y Erick nos contaron que en una ocasión tuvieron que sacar cargado a un excursionista que se había roto una pierna.

Pequeña catarata en el camino a Chilascó., aquí fue donde me caí.

En fin…listos para llegar a la gran catarata; o casi listos.  Yo dispuse, con mucha prudencia, que no me convenía bajar, así que convencí a Raúl de que me dejara en el mirador y bajara el solo.  Fue buena idea porque a él le tomó casi una hora bajar y volver a subir.  Es cierto que me perdí de la espectacularidad del fondo de la catarata, pero pasé un buen rato observándola a lo lejos, pensando en cosas en las que tenía que pensar y admirando la gran caída de agua y su contexto.  El vídeo de abajo lo tomó Raúl al fondo del Salto de Chilascó.  Haz clic en la foto para ver el vídeo.

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Ahora había que regresar y el regreso es para arriba; así que ¡Arre Luis!, ¡Vamos chulo! Lo cierto es que la cuesta se me hacía difícil a ratos; pero pensaba en que si la viejita del padecimiento de rodillas pudo, yo también, y ¿vas a creer?, se confirma eso de que el retorno siempre se hace más breve que la ida.

Para hacer la historia corta llegué hasta donde estaban las cabalgaduras y los guías.  Con la ayuda de estos me encaramé en el Negrito y agarramos camino de vuelta.  Otra vez las cuestas y las bajadas, otra vez el lodo, otra vez el alambre espigado y otra vez la agitación del camino.  Regresamos por tramos de bosque, por siembras de broccoli y de papas.  Regresamos a donde estaban Elmer y Alex.

Nos alcanzó don Carlos, el papá de Erick, montado en la Chula y ahí estaba el potrillo de la Chula esperándola con hambre. Haz clic en la foto para ver el vídeo.

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Luego de cargar baterías con agua fresca y galletas de miel y jengibre, nos despedimos de los guías, los cuidacarros, los caballos y los perros (el Bronco, la Tomasa y sus amigos) y cogimos camino de vuelta a la Posada de la montaña….y por supuesto que yo ya no tenía energías para ir a las cataratas a las que íbamos a ir temprano.

Esa noche: Kak-ik, media botella de vino y a ensayar la muerte. Dormí como un tierno.

Primera etapa: La posada de la montaña del quetzal, Biotopo del quetzal y Purulha.

Tercera etapa: Chicoy, el pozo vivo, Chixoy y Cobán.

Cuarta etapa: Las conchas y Chahal.

Quinta etapa: Cobán y Año nuevo.

*En realidad no lo dijo.


03
Ene 19

Las verapaces 2018, primera etapa

Nuestro viaje de fin de año, en 2018 fue por las verapaces.  Los dos objetivos principales fueron: El salto de Chilascó, que es la catarata más alta de Centroamérica; y las cataratas de Las Conchas.  Así que  agarramos camino el jueves 27 de diciembre de 2018 con el propósito de volver el martes 1 de enero de 2019. Haz clic en las fotos para ver más fotos.

Lycaste virginalis

El paseo nos llevó por la cueva de Chicoy, uno de los pozos vivos que hay en Alta Verapaz, el mercado de Purulha, el Saltito, el camino a Chixoy y por un recorrido gastronómico que seguramente nunca voy a olvidar.  Recibimos el año nuevo en el Jupiter II, que es el apodo que le tengo al kiosko del parque central de Cobán en un ambiente encantador.

Fue un paseo enriquecido no sólo por los lugares que conocimos, sino por la gente alegre y generosa que nos atendió y con la que compartimos.

La ruta de este viaje la puedes ver en negro, el mapa es de Prensa Libre.

En la primera etapa Raúl y yo llegamos al hotel Posada de la montaña del quetzal, con el propósito de usarlo de base para visitar el área.  Llegamos directamente a almorzar y atendidos por Nohemí probamos su delicioso kak-ik, que es un caldo de chunto característico de la región.  El caldo llenó nuestras expectativas. Chunto es el nombre que se le da al chompipe en las verapaces.

A finales de los años 70 visité la Posada de la montaña del quetzal cuando, en compañía de la familia Lizama y de miembros de la Asociación Guatemalteca de Orquideología, viajábamos al interior del país a rescatar y a identificar orquídeas.  Esa fue una de las épocas más felices de mi vida, y me alegró mucho volver a la Posada cuya arquitectura, y sus cabañas con chimenea son dignas de su kak-ik y de la atención de su personal.

El jueves 27, luego de almorzar y de una siesta simbólica agarramos rumbo al biotopo del quetzal Mario Dary Rivera, que yo ya había visitado dos veces; una con los orquideólogos y otra con un grupo de amigos a principios de los años 80.  El lugar es estupendo, no subimos a los senderos, por la hora; pero disfrutamos mucho de la hospitalidad y de las atracciones en el centro de visitantes.  ¡Por supuesto que -igual que en las ocasiones anteriores- no vi quetzal alguno!, como no fuera uno disecado; pero me encantó la visita.  Ese ambiente. Las texturas, los aromas, los colores y los sonidos del lugar.  En verdad que es muy recomendable.

Al salir del biotopo decidimos conocer Purulha.  Llegamos a su plaza y estacionamos para luego caminar al mercado que es pequeño, pero encantador.  Ahí vi, por primera vez en mi vida, lo que llamo el tamal kit, que es una selección preparada con semillas, chiles y especias necesarias para preparar tamales, todo ello en bolsitas y en proporciones tipo tamales for dummies. Bueno…en realidad no hay tal cosa, ni puede haber tal cosa como tamales for dummies.  También llamaron mi atención los paquetitos de achiote, primorosamente envueltos en hojas de tusa. Y la tarde la terminó un lustrador llamado Alex que no se como me convenció de lustrar mis botas y nos entretuvo con dos que tres anécdotas del lugar.

Kit para hacer tamales

Tenemos la regla de no andar en la carretera por la noche así que volvimos a la Posada de la montaña del quetzal; no sin antes pasar por un hotel bonito que ofrecía paseos a caballo hacia otras cataratas de las que no había oído antes y allí acaricié la idea de visitarlas antes de ir a Chilascó; y luego te cuento que ocurrió con ese proyecto.

Volvimos a nuestro hospedaje sólo para cenar temprano, disfrutar un momento de la chimenea que encendió don Bernabé y ensayar la muerte.  Creo que me dormí a las 8:00 p.m. muy emocionado por lo que vendría al día siguiente, y alegre por lo que había visto y vivido ese día.

Segunda etapa: El salto de Chilascó.

Tercera etapa: Chicoy, el pozo vivo, Chixoy y Cobán.

Cuarta etapa: Las conchas y Chahal.

Quinta etapa: Cobán y Año nuevo.