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Sep 26

Cocina mesoamericana con carácter

 

María Elena Cortés es cocinera mixteca, de Izúcar de Matamoros en México, viene de una larga tradición familiar vinculada a los fogones y a los ingredientes y platillos tradicionales de aquella región.  Encontré una entrevista con ella en la que expresó dos ideas que recogieron muy bien mis propios pensamientos y sentimientos hacia la comida tradicional mesoamericana y te los comparto no solo porque son agudezas, sino porque ella y su historia son encantadoras.

María Elena Cortés fue entrevistada por El sabor de Puebla. Haz clic en la foto para ver la entrevista. Foto de El sabor de Puebla.

La primera frase aguda es: Los platillos tradicionales no se necesita ponerlos guapos, ya ellos tienen su propio carácter y belleza. Entiendo que un buen un buen recado, un buen subanik, un buen jocón y un buen tamal no necesitan ser emperifollados en su emplatado para tener identidad propia, que se reconoce al primer bocado y no se confunde con nada más; es decir, para evidenciar el sello que dejan el fuego, la tierra y la mano. El carácter viene del tostado en comal; la molienda (aunque sea en licuadora); del equilibrio entre lo amargo, lo picante, lo terroso y lo dulce; y del ingrediente local, o de temporada (como los anacates, o los lorocos).Un platillo con carácter se reconoce con los ojos cerrados.

En mi opinión se exceptúa el fiambre guatemalteco cuya guapura es parte muy importante de su carácter.

La segunda frase aguda es: ¿Como para qué quiero yo un mole encapsulado? Pregunta retórica que expresa cierta incompatibilidad entre el carácter propio de la comida tradcional mesoamericana y el espectáculo, el minimalismo y la química de la comida molecular. Cuando un platillo no es una receta, sino una voz, esa voz viene de las cocinas y los fogones de generaciones atrás y la pregunta no cuestiona si el producto químico está rico, o no; sino que se refiere a que el procedimiento sobra, como no sea por espectáculo, o moda.

Por supuesto que comparto el fondo de las dos frases de María Elena y me quito el sombrero para celebrar su arte y su compromiso con la comida mesoamericana y su carácter. 


05
May 07

La mera historia

En 1519 el uei tlatoani, Moctezuma, se enteró de que Quetzalcoatl había vuelto; y con él, vio venir el fin de su imperio.

Claro que el que venía no era Quetzalcoatl; sino Hernán Cortés, a quien los pueblos de Cempoala y Tlaxcala vieron como su libertador frente a la tiranía mexica que los hacía fuentes de tributos onerosos y de carne para sacrificios humanos.

Por eso es que los pueblos sojuzgados de Mesoamérica se aliaron con los invasores en la empresa de conquistar el área para la cristiandad y para la corona española. Los tlaxcaltecas ayudaron a Pedro de Alvarado en la primera incursión hispánica en Guatemala; los cakchiqueles se aliaron a los españoles contra sus opresores quichés; y los quauhquecholtecas fueron socios y protagonistas de la conquista definitiva de este Goathimala, junto a Jorge de Alvarado.

La historia de aquella aventura fue relatada por los co-conquistadores de este país en un lienzo y el objetivo del mismo era relatarle y probarle a Carlos I que las fuerzas militares de los quauhquecholtecas habían participado en la conquista en igualdad de condiciones con sus socios ibéricos.

Durante años el lienzo ha estado en el Museo Casa del Alfeñique, en Puebla; y ahora una copia extraordinaria, acompañada por una presentación de primera, está a disposición de los guatemaltecos bajo la Plaza de la Libertad, en la Universidad Francisco Marroquín. La restauración digital del Lienzo y su presentación audiovisual se basan en la tesis doctoral y en el libro Conquered Conquerors de la arqueóloga Florine Asselbergs, complementada con estudios efectuados por la UFM.

El lienzo es un mapa geográfico vivo cuya presentación se hacía acompañada por el relato oral que no sólo representaba características territoriales, sino que contaba una historia. Por eso es que al seguir la gesta en el Lienzo de Quauhquechollan, el observador es involucrado en los acontecimientos. Personajes, lugares, batallas, encuentros, acuerdos, ahorcamientos y actividades como el espionaje están perfectamente descritos e identificados.

Lugares tan familiarmente actuales para los chapines, como San Martín Zapotitlán, donde ahora está el parque Xetulul; o Quetzaltenango, que era famoso por su mercado de plumas, se encuentran fácilmente en el Lienzo. Igual cosa ocurre con Amatitlán, Escuintla, Ciudad Vieja, Cobán, y Huehuetenango, entre otros.

Rico en detalles sobre accidentes geográficos y sobre la naturaleza del país, quien recorre el camino de la conquista, de la mano de los quauhquecholtecas, encuentra ríos caudalosos y volcanes en erupción, así como pinos, piñas y ceibas.

Llaman la atención las barricadas que bloquean carreteras, las temibles trampas de varas afiladas al estilo Vietnam, y el hecho de que los quauhquecholtecas se pintan a sí mismos de color blanco, como sus aliados españoles, en tanto que pintan a los quichés, cakchiqueles, pocomames, pipiles y quekchies conquistados, de color oscuro. Algunos detalles, como los ataques de perros, dan escalofríos.

Son impresionantes los detalles con los que están pintados los ricos atuendos de los caciques y el armamento que usaban los diferentes ejércitos tanto indígenas como españoles. Destacan las insignias de las casas nobles y las de las prestigiosas órdenes militares de los conquistadores quauhquecholtecas.

El lienzo también es rico en elementos culturales más pacíficos como danzas, rituales y mercados, por ejemplo.

La presencia de esta restauración digital en Guatemala ha sido posible gracias a un uso intenso de la tecnología. Uso que nos permite enfrentar mejor el reto intelectual de aclarar y comprender nuestra historia por medio de la comprensión de la naturaleza de la acción humana.

En aquella tareas, ha sido muy feliz la conjunción de la UFM, de la Casa del Alfeñique, y del Banco G&T Continental.

Publicada en Prensa Libre el sábado 5 de mayo de 2007