11
Nov 22

En defensa de la voluntad de la gente

Las mujeres colocaban lápiz labial en las uñas y, cuando había votos desfavorables, manchaban las boletas y así los votos quedan anulados. Cuando era adolescente escuché esta historia de parte de un capacitador de delegados de partidos políticos, que contaba trucos que les enseñaba a sus capacitados.  En esa ocasión escuché esta otra: Una persona echaba la colilla encendida de su cigarrillo dentro de la urna cuando los resultados de esa mesa eran para otros partidos.  ¿Qué talito? No sé si esos trucos funcionaban; pero como los oí se los cuento.

Tribunal Supremo Electoral. Foto por elPeriódico.

Esa vez escuché que, al amparo de la noche, cuando en el Congreso se hacía el recuento final de todos los votos, un grupo de diputados había entrado al recinto parlamentario para eliminar votos adversos.   Todo aquello cambió luego de 1985.

En aquellos tiempos cocinar un fraude electoral requería acciones físicas de muchos individuos y eran trabajo de hormiga. Había que eliminar boletas físicamente y había una conexión directa entre los perpetradores y sus actos.  Cuando un fraude electoral se cocina mediante software, el fraude se ejecuta todo al mismo tiempo, y la conexión entre los perpetradores y el acto es indirecta y remota.

Por eso es que -como en Suecia, por ejemplo- no hay nada como votar en papel y con crayón.  Por eso es que nada mejor que la última palabra la tengan las actas de los miembros de las juntas electorales.  Por eso es que nada mejor que -como en Suecia- haya un cotejo de votantes contra padrón físico.  Por eso es que es inaceptable la idea de que el cotejo y el escrutinio los haga un software de muy mala fama mundial y que la auditoría lo haga una empresa de poray y que el TSE, por sí mismo, no pueda asegurar -sin lugar a dudas- que los resultados electorales son apegados a la realidad.

Durante décadas el modelo electoral guatemalteco ha probado su confiabilidad debido a la descentralización, las verificaciones cruzadas y a cadenas de custodia transparentes.  Esas prácticas virtuosas se perderán si el TSE -y quienes quiera que estén detrás de esa idea- concretan el cambio de modelo y migran hacia un sistema electrónico oscuro, costosísimo y de dudosa reputación.

Columna publicada en elPeriódico.


03
Oct 22

Atol del TSE con el dedo

 

En buen chapín, dar atol con el dedo significa engañar a alguien; también quiere decir darle probaditas de algo para mantenerlo tranquilo.  Te dan atol con el dedo cuando te cuentean, o te entretienen para que distraerte de lo importante.

Sospecho que eso es lo que pasa con la noticia de que el Tribunal Supremo Electoral ya no le comprará software para celebrar elecciones en línea a una empresa vinculada a un exfuncionario de la Administración actual y gravemente cuestionada por manipular comicios en África, Asia y América del sur. Pero…¡Ojo al Cristo, que es de plata!  El fondo del asunto no es el de repetir licitaciones, ni de cambiar de proveedor.  Eso es atol con el dedo.

Venta tradicional de atol.

El tema importante, aquí, es que las votaciones-que en otros países han sido manipuladas cuando son electrónicas- no deben ser en línea en Guatemala.  Los comicios deben ser en papel y con crayones. Los votos deben ser contados en las mesas, a la vista de los miembros de las juntas electorales y a la de los fiscales de los partidos.  Cada uno de los tres miembros de cada una de las juntas electorales debe llevarse su acta firmada por los otros miembros, y cada fiscal se lleva anotadas las cifras de los resultados.

El sistema puede ser lento, por prudente, pero es razonablemente lento y, sobre todo, es altamente confiable. La transmisión de datos puede ser electrónica y debe ser segura; pero el conteo físico y la verificación física de la identidad de los electores, deben ser transparentes como sólo lo puede ser si son a la vista de todos y en papel.

Los chapines necesitamos elecciones limpias, no veloces.  Los chapines necesitamos elecciones transparentes, no rápidas.  Los chapines necesitamos elecciones confiables, no a la carrera.  El valor a proteger, con este tema, es el respeto indudable a la voluntad de los electores, no la prontitud de resultados dudosos.

¿Qué opinas?


23
Sep 22

No, al voto electrónico

 

La primera vez que participé en un centro de votaciones, a cargo de un grupo de mesas electorales, fue en las elecciones generales de 1982.  Ahí vi la importancia que tenían el conteo físico de los votos y las actas repartidas entre los tres miembros de las juntas electorales y los representantes de los partidos.  También vi la importancia de que los miembros de las juntas fueran personas como tú y yo.

Participé, también, durante la elección de diputados para la Asamblea Nacional Constituyente, en 1984; y para los primeros comicios generales bajo la nueva Constitución, en 1985.  El conteo físico de votos, a la vista de los fiscales y los miembros de las juntas electorales; así como la verificación física de que el DPI corresponda al votante y la de que este se halle efectivamente en el padrón son garantías confiables de que va a ser respetada la voluntad de los electores.  Al cotejar las actas físicas de por lo menos tres personas por mesa es imposible hacer fraude.

Eso no ocurre donde la identificación del elector y la expresión de su voluntad electoral son registradas en línea, mediante un software sobre el que sólo sus fabricantes (y quien sabe quién más) tiene el control.  ¡Imagínate, por ejemplo, que los votos de una elección chapina los controlara un software chino, por decir algo!  ¿Quién tendría el control sobre los resultados de esos comicios?

Pregunto, primero, porque recuerdo una frase de Lenin: No importa quién vota, sino quién cuenta los votos.

Pregunto, segundo, porque el martes, en dos reuniones diferentes, con personas diferentes, escuché que hay planes del Tribunal Supremo Electoral en la dirección de que los sufragios sean electrónicos, en las próximas elecciones. ¿Es eso cierto? ¡Que peligroso!

Yo digo que en vista de lo que ha ocurrido en elecciones venezolanas, y en los mismísimos Estados Unidos de América, por ejemplo, es mala idea abandonar -en Guatemala- el sistema que nos ha provisto de elecciones limpias en ocasiones anteriores.  La verdad es que no necesitamos resultados veloces y electrónicos, sino resultados confiables, transparentes y que respeten la voluntad de los electores.

¿Qué piensas?

Columna publicada en elPeriódico.


03
Dic 21

Peligrosamente insuficiente

 

Hay una desconexión profunda y perniciosa entre los electores y tributarios, y los diputados que supuestamente los representan.  ¿Sabes quién es tu diputado? ¿Recuerdas por qué candidatos votaste?  Hazle esas preguntas a tres personas y a ver qué te contestan.

Como consecuencia de esa desconexión los diputados no sienten responsabilidad con sus electores.  Se cree que los diputados representan los intereses de sus distritos; pero en realidad lo que llegan a representar son los de sus financistas y los de los caciques locales, cuando no los suyos.  El Congreso, entonces, es un bazar en el que se negocian privilegios, legislación, y clientelismo al margen de los electores y tributarios; y muchas veces en perjuicio suyo.  En el Congreso hasta se negocian derechos individuales porque los diputados no son accoutable, ni tienen por qué serte leales.

Antes de la Constitución de 1985 la teoría política apuntaba hacia dos formas de elegir candidatos a diputados: 1) De entre personalidades locales, con la idea de que los partidos se fortalecerían con su liderazgo; pero lo que resultó fue que la candidatura se le daba a quien pudiera pagarla, o a quien ofreciera compartir los principios del partido, aunque fuera del diente al labio. 2) Los listados nacionales para meter por ahí a las dirigencias partidarias por las que pocos votarían de otra forma.  El resultado fue el deterioro de la calidad de los diputados y cada vez se raspa más el fondo de la olla.

Hay una forma de salir de ese problema y es mediante la elección de diputados por nombre y de forma individual.  Esa es la reforma más importante y urgente.  Claro que hay que desestatizar el financiamiento de los partidos; y hay que reforzar a los partidos como intermediarios entre mandantes y mandatarios por medio de plataformas ideológicas y programáticas; y hay que crear distritos electorales pequeños y hasta descartelizar la presentación de candidatos; y hay que fortalecer al TSE; pero cualquier reforma que no incluya la elección individual de diputados será una modificación coja y peligrosamente insuficiente.

Columna publicada en elPeriódico.


23
Nov 21

¿Qué harán los adultos jóvenes en las próximas elecciones?

 

Cuatro de cada diez electores, para los comicios de 2023, tendrían 35 años, o menos, ¿qué significa eso?

Que cuatro de cada diez electores no tienen idea de lo que es crecer en un país amenazado violentamente por grupos que quieren imponer la dictadura del proletariado, ni han visto lo que es querer escapar desesperadamente de un país que vive en esas condiciones, ni se imaginan lo que era la guerra fría.

Cuatro de cada diez electores no han vivido un terremoto de 24,000 muertos, ni un golpe de estado…tras otro.

Para cuatro de cada diez electores la Internet y los teléfonos inteligentes son más comunes y corrientes que lo que eran la energía eléctrica y los teléfonos de tierra, para mi generación.

Para ellos, la Guerra del Golfo, la Segunda guerra mundial y la Primera guerra mundial son historia antigua.

Aquel hecho, el de que cuatro de cada 10 electores tendrá menos de 35 años para las elecciones generales próximas puede ser algo bueno…pero también puede ser malo.  Bueno porque cada generación tiene la oportunidad de enmendar los errores del pasado; y malo porque cada generación puede perder la oportunidad de enmendar los errores del pasado…si no conoce la historia, si no termina de entender que las ideas tienen consecuencias y si no alcanza a ver la profundidad que tiene el hecho de que podemos ignorar la realidad, pero no las consecuencias de ignorar la realidad.


12
Ago 19

Guatemala como gato panza arriba

Salvarse como gato que cae panza arriba es librarse de un gran peligro, en el último momento; pero no por azar, sino por las propias habilidades; y Guatemala se acaba de salvar como gato panza arriba. Más bien: los guatemaltecos nos salvamos como gatos panza arriba.  ¡Perdieron la elección la Unidad Nacional de la Esperanza y Sandra Torres cuya victoria hubiera significado la concentración del poder en un sólo partido y en la Presidencia de la república! ¡Ganó la forma pacífica y civilizada de tomar una decisión importante!

Haz clic en la imagen para ver resultados.

En otras palabras los guatemaltecos esquivamos una bala….por segunda vez.

El valor del sufragio en un contexto republicano es que, como lo explica en Los fundamentos de la libertad, Friedrich A. Hayek, siempre que se estime conveniente la primacía de una opinión entre varias en conflicto -concurriendo la circunstancia de que habría de imponerse, en caso necesario, por la fuerza- resulta menos dañoso que apelar a la violencia el determinar cuál de aquellas opiniones goza del apoyo más fuerte utilizando al efecto el procedimiento e contar los que están en pro y los que están en contra. Salir a votar es uno de los mejores métodos de cambio pacífico de autoridades descubierto hasta ahora.  A pesar de la crispación que había a lo largo de todo el proceso electoral, la jornada de ayer se celebró en paz y en paz fue que los mandantes chapines decidimos quien será nuestro mandatario durante los próximos cuatro años.

Cuando escribo esta nota han sido procesadas 99.73% de las mesas electorales en las que Alejandro Giammattei obtuvo 57.9% de los votos válidos; en tanto que Sandra Torres consiguió 42.05% de los votos válidos.  Sólo hubo 5.42% de votos nulos, o en blanco.  De los votantes inscritos, 43% acudimos a las urnas.  Eso quiere decir que, por las razones que fueran, 57% de los electores no fueron a votar y delegaron en los que sí acudimos la decisión de quién será el mandatario.

La diferencia cualitativa entre el voto nulo/voto en blanco, y el acto de no ir a votar es que el voto nulo/voto en blanco es una manifestación inequívoca de voluntad, ya sea en el sentido de mantenerse neutral, o en el sentido de rechazo; en tanto que en el caso del abstencionismo la voluntad no está clara.  Por supuesto que podría interpretarse como de neutralidad, o de rechazo; pero habrá quienes no fueron a las urnas porque estaban de viaje; porque murieron; porque estaban enfermos; porque tenían que trabajar, o porque tenían otros compromisos más importantes; o por quién sabe cuántos motivos más.  Además existe el abstencionismo normal de aquellos que no participan, sin importar qué.  El caso es que, quienes no asisten a las urnas, reununcian a su facultad de elegir y dejan en manos de otros la decisión que hay que tomar.  Todo ello en paz y por la convivencia pacífica.  Parafraseando a Ludwig von Mises, citado por Hayek, ayer (y a lo largo del proceso electoral) se produjo un reajuste pacífico del gobierno, de acuerdo con la voluntad popular de los que decidimos participar en la expresión de esa voluntad, ya sea de forma activa mediante el voto, o de forma pasiva, al entregarles a otros la facultad de elegir.

¿Qué más pasó ayer? Se hizo evidente -sobre todo en la ciudad de Guatemala, pero también en otras áreas del país- que el antivoto de Torres tuvo mucho peso.  Se hizo evidente que uno, más uno, no siempre es dos, cuando se trata de comparar y contrastar los resultados de un partido en elecciones municipales y para diputados, con la elección presidencial.  Se hizo evidente que el voto clientelar potencial no es un voto confiable. Se hizo evidente que, si bien es cierto que el elector chapín es un elector principalmente conservador (desconfiado de lo revolucionario y de lo extremadamente colectivista), tampoco es del conservadurismo de los pastores, ni de los silicios, ni es fascista. Se hizo evidente que las redes sociales virtuales están tomando un protagonismo que todavía no está en el radar de muchos, en perjuicio de los medios tradicionales.  Se hizo evidente el valor que tienen las juntas receptoras de votos (que merecen una ovación de pie). Se hizo evidente que, a pesar del ambiente de crispación que se vivía, no hubo actos de violencia.

Independientemente de dirigencias y de grupos que prefieren el bloqueo, el boicot, la invasión, la toma e incluso la quema, la mayor parte de chapines preferimos llevar la fiesta en paz.  Ese mismo espíritu debe prevalecer durante el largo período de transición que recién empezó.  En ausencia de una institucionalidad sólida, los próximos 10 meses van a requerir de madurez y prudencia por parte de la administración saliente y la administración entrante.  Teniendo en cuenta ambas (y sus coros), que deben prevalecer los principios republicanos e institucionales, el largo plazo y todo el contexto posible.

Aquello incluye una investigación exahustiva y de carácter forense para aclarar qué es lo que ocurrió en el Tribunal Supremo Electoral, con su sistema informático y todo el enredo que armaron en la primera vuelta.  Deben deducirse responsabilidades en todos los niveles y deben ser expuestas las raíces de tanto despropósito.  Urge rescatar la credibilidad del TSE.  Urgen reformas a la Ley electoral y de partidos políticos que apunten a la neutralidad de esa legislación, que fortalezcan y refuerecen el rol de los mandantes, que establezca distritos electorales pequeños y que desactive el carácter monopólico de los partidos (tanto de los que sobrevivan a la necesaria depuración que se viene, como de los que surgan cuando se asiente el polvo).

Como consecuencia de aquella depuración, habrá que estár atentos a los nuevos acomodos en el Congreso de la república.  Los roles del Tribunal Supremo Electoral y del Ministerio Público van a ser claves para aquella limpia y para aquellos reacomodos; y el valor a defender, en este contexto, van a ser el de la justicia y el de la república. Eso sí, los procesos políticos deben permanecer en el ámbito de lo político y no trasladarse al campo de lo judicial.

A la nueva administración, la de Alejandro Giammattei, le deseo éxitos.  Le recomiendo ejercer la virtud de la prudencia que es consecuencia del habito de identificar las experiencias, de razonar en contacto con la realidad sin evadirla y de regular las acciones elegidas con el propósito de florecer.  Los guatemaltecos no merecemos menos.

Entrada publicada en Centranews.


11
Ago 19

¡Voté por la división del poder!

Vengo de votar por la división del poder, contra la concentración del poder.

El segundo centro de votaciones que visité estaba concurrido; aunque me dió la impresión de que no tanto como en la primera vuelta; lo que es normal.  En el primer centro que visité, sin embargo, la ausencia de votantes era notoria.  ¡No vaya a ser que perdamos Guatemala por incuria!  Yo digo que no hay que confiarse; hay que salir a votar y animar a otros a que salgan a votar.

Te comparto enlaces a tres artículos que he escrito sobre la división del poder que, a mi juicio, es el valor que hay que defender hoy en las urnas:

¿Qué sabemos del poder?

La batalla de Guatemala

Agosto, Augusto y Sandra Torres

 


09
Ago 19

La batalla de Guatemala

Durante la II Guerra mundial se conoció como La batalla de Inglaterra al conjunto de combates aéreos librados en el cielo inglés y sobre el canal de La mancha, cuando la Alemania nacionalsocialista buscaba destruir la RAF para invadir la Gran Bretaña.  Estoy convencido de que, aquí y ahora, libramos La batalla de Guatemala contra la concentración del poder y contra las peores formas de colectivismo y de autoritarismo.

¡Vamos a votar el domingo!

Antes he escrito que las tensiones institucionales que vivimos -y que a ratos parecen poner en peligro la república- no tienen soluciones estrictamente jurídicas; la falta de pesos y contrapesos es un ejemplo de aquellas tensiones. Si se han de desfacer aquellos entuertos, eso ha de ser por medio de acuerdos políticos, del tipo de aquellos que ocupan por lo menos un capítulo en las páginas de los libros de historia.  Aquello no va a ser posible si el mismo partido controla la mayoría de las municipalidades, un tercio del Congreso, el Organismo judicial y la Corte de Constitucionalidad, para luego hacerse con la Presidencia este domingo que viene.

¿Dónde vas a estar es día, cuando se luche La batalla de Guatemala?  Claro que asumir la responsabilidad de votar puede causar temor, porque es angustiante tener que elegir, y es angustiante responder por las consecuencias de las decisiones propias.  Empero, ¿cuál es la opción? Ser inocente, y por lo tanto impotente.  La neutralidad, pues, no es una opción; porque ya sabes, los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral; y porque ya sabes, las respuestas dadas por la ética determinan cómo es que debemos tratar a otras personas, y eso determina la cuarta rama de la filosofía, que es la política, misma que define los principios de un sistema social adecuado.

Este domingo, ¿pelearás La batalla de Guatemala? ¿Desperdiciarás un derecho que anhelan millones de personas que –en su momento– permanecieron neutrales en tiempos de crisis moral?

Columna publicada en elPeriódico y en el CEES.


08
Ago 19

¿Qué hacemos con los datos de las encuestas?

De acuerdo con la encuesta de la Fundación Libertad y Desarrollo/Cid-Gallup, 60.8% de los guatemaltecos aptos para votar, van a ir a emitir sufragio este domingo; en tanto que según la encuesta de Prensa Libre/ProDatos, 73% de los votantes potenciales acudirá a las urnas; y eso me parece bien, aunque yo quisiera que mucha más gente fuera a votar.

La ilustración la tomé de Facebook.

En el primer escenario, y al momento de levantar la encuesta, 39.5% dijo que votará por Alejandro Giammattei (de Vamos); en tanto que 32.4% dijo que votará por Sandra Torres (de la Unidad nacional de la esperanza).  En el segundo escenario 61.1% dijo que votará por Giammattei, en tanto que 38.9% dijo que votará por Torres. ¡Mientras más gente vote, más posibilidades tenemos de evitar la concentración del poder en un sólo partido!  El valor a defender en estas votaciones es la división del poder.

A pesar de que Giammattei resultó ser un mal candidato, qua candidato, sospecho que el antivoto de Torres influye mucho en los criterios de los votantes.  En la encuesta de Libertad y desarrollo, un 38.4% de los consultados tienen una opinión mala, o muy mala de ella, aunque 71% de los consultados está 100% seguro de que le va a dar su voto.  En comparación, un 13.3% tiene una opininión mala, o muy mala de él, pero sólo 67% está 100% seguro de que le va a dar su voto.

En la encuesta de Prensa Libre se nota que el voto por Sandra Torres es clientelar ya que sus votantes la valoran por sus programas sociales y porque es regalona; 26% cree que es corrupta, 6% sabe que tiene procesos judiciales pendientes y otro 6% estima que promete mucho y que no va a cumplir.  A Alejandro Giammattei lo valoran porque estiman que combatirá la delincuencia, no tiene malos antecedentes y tiene experiencia; en tanto que 16% dice que no es conocido, 8% dice que es gay y 7% dice que va a autorizar el matrimonio gay.  ¿Vas a creer que hay gente que cree que la igualdad de todos ante la ley (si es que Giammattei de verdad estuviera a favor del matrimonio igualitario) es un lastre para un candidato?

En fin…¿qué hacemos con los datos de las encuestas? Tratar de tomar una decisión lo más racional posible.  Para mí, descontando que los programas de los dos candidatos son tres cuartos de lo mismo en términos de estado benefactor, mercantilismo y colectivismo, la decisión es fácil: Votaré por proteger el principio de la división del poder.  Ese es el valor a proteger en la votación del domingo…y luego arreglamos las cargas.


02
Ago 19

Agosto, Augusto y Sandra Torres

Agosto se llama así en honor a Augusto, primer emperador de Roma. Esta es mi primera columna de agosto y el 11 de agosto los guatemaltecos elegiremos Presidente.  Te voy a contar una historia.

“Yo, Claudio”, por Robert Graves

Augusto fue el heredero del tirano Julio César, conformó el segundo triunvirato que fue una dictadura y gobernó como autócrata; se hizo reelegir cada año luego de exiliar a uno de sus competidores y después del suicidio de otro. Dio la apariencia de restablecer el senado; pero en la práctica contaba con numerosos poderes que le daba aquel cuerpo de apariencia republicana, con el apoyo de la clientela del emperador.  Era el comandante general del ejército y el senado le era servil. Como las cosas nunca están tan mal que no se puedan poner peor, a Augusto lo sucedió Tiberio, cuyo período como emperador degeneró en terror.  La historia es espeluznantemente relatada en Yo, Claudio, por R. Graves, libro del que, además, hay una serie británica de televisión que algunos vimos hace muchas lunas.

Aquel relato viene a cuento, precisamente porque nos acercamos a la recta final rumbo al día en el que los chapines habremos de decidir si concentramos el poder, o lo dividimos.  Me explico: La UNE controla una inmensa mayoría de municipalidades, tendrá la bancada más grande en el Congreso, tiene mucha influencia (cuando no el control) en juzgados y salas en el Organismo Judicial, y hasta en la Corte Suprema de Justicia y en la Corte de Constitucionalidad.  ¿También debería tener el control del Organismo Ejecutivo y la Presidencia?  ¿Queremos la concentración de una multitud de poderes en la persona de Sandra Torres y lo que representa?  Yo digo que no.

Sospecho que recuerdas por qué.  El poder “reside en el monopolio legal del uso de la fuerza” (A. Rand); “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente” (Lord Acton); el liberalismo “se preocupa principalmente de la limitación del poder coactivo de todos los gobiernos, sean democráticos, o no” (F. A. Hayek); y “la división del poder es la base del gobierno civilizado” (C. J. Friedrich).  ¿Qué podemos aprender de la historia de Augusto?

Columna publicada en elPeriódico y en el Centro de Estudios Económico-Sociales.