05
Mar 21

¿Qué pata puso ese huevo?

En el contexto de la elección de magistrados para la Corte de Constitucionalidad (cuyo cambio debe realizarse en el plazo fatal estipulado en la constitución, sí, o sí), el concepto de reconocida honorabilidad parece presentar dificultades e incluso es controversial.

Virtud cívica, en el Greenwood Cemetery. Rhododendrites, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

En una comunidad e incluso en la Guatemala soñolienta de principios del siglo XX era relativamente fácil saber quien era quien y conocer la reputación de las personas. En tiempos de mis padres y de mis abuelos, y antes, era más fácil saber quiénes lucían trayectorias de virtudes como responsabilidad, confiabilidad, honradez, prudencia y otras que apuntan a la honorabilidad.  Pero es más difícil en una sociedad compleja.

Mi abuela decía: A saber qué pata puso ese huevo, cuando se refería a personas cuya trayectoria o reputación eran desconocidas.  No es que sea malo por sí mismo ser desconocido; pero el concepto de reconocida honorabilidad trae consigo la necesidad del reconocimiento.

En El retorno del superhombre, Warren Orbaugh define algunas de aquellas virtudes  como: responsabilidad, el hábito de honrar la obligación elegida en el supuesto de que somos seres volitivos y somos la causa de los actos propios; confiabilidad, el hábito de proyectar hacia los demás la seguridad de que uno honrará la obligación asumida; honradez, es la virtud de aplicar la sensatez, la veracidad y la justicia a evitar perjuicios a terceros, deliberadamente; y la prudencia o sensatez que es el hábito de deliberar y juzgar correctamente sobre lo que es bueno.

Y entonces, me pregunto, esos magistrados que retrasan resoluciones, o las aceleran con criterios políticos (en vez de jurídicos y constitucionales) ¿lucen virtudes como la honradez y la prudencia?  Esos que van en representación de intereses particulares, y los manipuladores ¿tienen trayectorias de confiabilidad? ¿Buscamos superhombres? El sistema, ¿atrae, o repele a personas virtuosas?  Es importante, sí, saber qué pata puso ese huevo; pero es más importante el diseño institucional que no dependa de las personas, sino de la calidad institucional en sí misma.

Columna publicada en elPeriódico.


09
Feb 21

¿A dónde llevan a Guatemala?

Hoy que circula un vídeo de tres jóvenes siendo azotados e interrogados en un contexto indígena, tengo la impresión de que se han incrementado no sólo las demandas para una asamblea plurinacional constituyente, sino que también cierto apoyo para aquella pretensión.

Haz clic en la imagen para ver el vídeo.

El jueves 4 de febrero, por ejemplo, fue publicado un anuncio que busca consultores, empresas u ONG para aprovechar las experiencias y empoderar a los pueblos indígenas para que desarrollen y gobiernen sus territorios con bases en sus principios de desarrollo,  prácticas tradicionales y respeto de sus derechos; y para, entre otros objetivos, estudiar el fortalecimiento institucional y gobernanza de las autoridades tradicionales; hacer estudios y análisis de economía política, y así.

Un anuncio publicado en Facebook, que luego no puede encontrar, convocaba para el jueves 28 de enero a una reunión titulada Asamblea Plurinacional Constituyente, ¿Una opción para un nuevo Estado? Tuve la impresión de que se trataba de un encuentro de formación para jóvenes y para el liderazgo transformador a nivel nacional.

Desde al año pasado, algunas organizaciones han tratado de organizar jornadas de lucha y movilizaciones para conseguir transformaciones estructurales y un estado plurinacional.

Con respecto al vídeo y a la naturaleza de las autoridades indígenas, cabe comentar que la tortura es el acto de infligir dolor y daño físico o psicológico por parte de una autoridad pública, o de alguien amparado por ella, con el fin de dar castigo, obtener información o de conseguir “pruebas” para esclarecer un un delito.

En referencia a las penas corporales, Eugenio Cuello Calón, en Derecho penal, dice que las penas corporales, como mutilaciones y azotes, se hallan en pugna con los sentimientos de humanidad, han desaparecido de las legislaciones modernas y su aplicación causaría un efecto desmoralizador. Estas penas rebajan a las personas a la categoría de animales y las dejan a merced de otras personas.

¿Hacia dónde llevan a Guatemala?


13
Ene 21

La UNE, aunque sea “a tuto”

El partido Unidad Nacional de la Esperanza va a llegar a las próximas elecciones aunque lo tengan que llevar a tuto.

La ilustración es de dominio público, via Wikimedia Commons.

Ni la denuncia que presentó el mismísimo Tribunal Supremo Electoral  contra la UNE en 2017, ni el caso penal por financiamiento electoral ilícito revelado dos años después contra esa misma organización política han sido suficientes para cancelarla. El partido ya se salvó una vez de desaparecer y ahora los encargados del proceso se escudan en el desorden administrativo para mantenerlo detenido. El Tribunal asegura que no tiene fecha para resolver, pero la Ley Electoral y de Partidos Políticos los obliga a cumplir plazos.

En Guatemala, llevar a tuto es sinónimo de llevar a memeches. De modo que contra viento y marea, aún de forma ilegítima e ilegal, la UNE se mantiene con vida; y con una administración Biden/Harris en Washington D.C. así como con vasos comunicantes con las oligarquías que importan e incluso con mafias chapinas, ¿se anuncian buenos tiempos para la UNE que ha sabido esperar con paciencia y hacer uso talentoso del poder y la influencia?

La UNE, por cierto, es el partido que gobernó durante la administración de los Colom/Torres y desde que fue expulsado del Ejecutivo ha conservado una impresionante cuota de poder e influencia a nivel municipal y parlamentario.


11
Dic 20

Persimones y madurez cívica chapina

Unas de mis frutas favoritas son los persimones, no sólo por su sabor, sino por sus color y textura. Esta es una caricia y, ¿sabes?, su pulpa tiene dos texturas distintas.  La leyenda familiar dice que mi bisabuelo, Federico, trajo los primeros a Guatemala.  Mi abuela los comía frescos; y también hacía un delicioso pudín.

Pero los persimones tiene una desventaja; así como pueden madurar parejos y convertirse en ambrosía, muy fácilmente pueden pasmarse para luego arrugarse y terminar siendo incomibles.  De modo que muchas veces crean expectativas que resultan en desazón.

Algunos chapines maduran como nuestra cultura cívica.

En aquello pienso cuando observo lo que ha ocurrido con la república de Guatemala y con nuestra madurez cívica en los últimos 35 años.  A ratos parecía que -con dificultades- íbamos a madurar; pero a ratos nos argeñamos y damos grima.  Es cierto que la evolución social es un largo proceso de prueba y error; pero da la impresión de que, conforme pasa el tiempo, nos hallamos más divididos, enfrentados y atomizados que antes de 1996, o que antes de 1985. Institucionalmente, ¿damos tres pasos para adelante, y regresamos dos?

A las diferencias tradicionales entre los chapines, añádeles -entre otras- las pretensiones posmodernas de que los hombres son enemigos de las mujeres y la de que todos somos víctimas, o victimarios. Súmales las diferencias entre los que querían más encierro y los que no, y las que hay entre los que demandan vacuna gratis y los que no, por mencionar cuatro.

Da la impresión de que hay la voluntad de crear frentes donde no los había y que más que puentes, construimos trincheras. Y da la impresión de que, en semejante campo minado, sólo se está a salvo si se aceptan sin cuestionar y sin chistar, las premisas y conclusiones de una forma de pensamiento único (tan conservador y tan woke), que no admite herejías, so pena de una hoguera virtual; pero que, no por virtual es menos hoguera.

¿A dónde es que encaminamos la construcción de la república y nuestros procesos de maduración cívica? Nuestras acciones cívicas, ¿contribuyen a una sociedad libre, o a la proliferación de clanes y tribus?

Columna publicada en elPeriódico.


04
Jul 20

¿Deben, los jueces, ser juzgadores de sus propias causas?

La crisis institucional por la que está pasando Guatemala requiere de una solución política. Pero no política en el sentido de realpolitik, ni en el de el arte de lo posible; sino en el sentido aritotélico de que si la ética determina cómo es que las personas deben tratar a otras personas, el objeto de la política, es definir los principios propios de un sistema social adecuado para que las personas que viven en él puedan buscar su felicidad, vivir en paz y cooperar.

Edificio de la Corte de Constitucionalidad, foto por elPeriódico.

Dicha solución política no puede depender sólo de los políticos profesionales -en el poder, o no- (y seguramente se conseguirá a pesar de ellos), sino de todo aquel votante y tributario que tenga interés en la cosa pública para buscar su felicidad, vivir en paz y cooperar. El cambio político requiere de lo mejor entre los generadores y difusores de opinión, y los pensadores que hay entre nosotros*. El cambio político ocurre cuando aquellos personajes notan agujeros en la estructura de las ideas, instituciones e incentivos, y actúan como emprendedores para sacudir el “statu quo”. Tu tarea en cualquiera de los dos roles y/o como votante y como tributario es contribuir a generar una opinión pública que demande el respeto a los principios que hacen posible una sociedad adecuada para buscar la felicidad, vivir en paz y cooperar. Sólo si esa opinión pública se convierte en una ola, es que los políticos van a actuar.

¿Cuáles son algunos de aquellos principios? Lo veremos luego de tratar de entender la naturaleza de la crisis insitucional del momento.

La crisis:

  • Por la supuesta comisión de delitos,el 26 de junio de 2020  la Corte Suprema de Justicia le dio trámite a una solicitud de antejuicio promovida por un abogado, contra cuatro magistrados de la Corte de Constitucionalidad: Gloria Porras, Neftalí Aldana, Bonerge Mejía y Francisco de Mata Vela.
  • La Corte Suprema de Justicia remitió el proceso de antejuicio  al Congreso de la República, donde la Comisión Permanente conformó una comisión pesquisidora con tres diputados -de acuerdo con la legislación-.
  • Dicha comisión pesquisidora se encargaría de elaborar un informe para el pleno del Congreso con el propósito de recomendar si se debe, o no retirarles la inmunidad a los magistrados de la Corte de Constitucionalidad. El retiro de dicha  inmunidad requeriría de 107 votos en el Congreso; no para desaforar, o condenar a los encartados, sino sólo para permitir que fueran investigados.
  • Frente a dicha posibilidad, el Procurador de los Derechos Humanos y otros dos personajes presentaron un recurso de amparo ante la Corte de Constitucionalidad para anular lo actuado; y los magistrados de la Corte de Constitucionalidad,  integrada con tres de los magistrados imputados, Gloria Porras, Francisco de Mata y Bonerge Mejía, así como por  María Cristina Fernández y José Par Usen, otorgaron el amparo, cuyo efecto anula la decisión de la Corte de Constitucionalidad y le ordena al Congreso que detenga el proceso, beneficiándose a sí mismos.

Todo esto en un contexto más amplio que puedes leer aquí.

¿Por qué es que lo que hicieron los magistrados es un problema?

Porque los magistrados imputados se ampararon a sí mismos; y hay un principio de derecho que establece que no es correcto que un juez sea juez, y parte.

Los principios son importantes porque en el largo plazo y all things considered, a todos nos conviene que esos enunciados sean respetados siempre; a pesar de los enredos, las lagunas y de lo que diga la legislación.  De ahi la importancia de la política, de la participación política y de la madurez política de los votantes y de los tributarios; ya sea que estén en el ejercicio del poder, en posición de generar opinión pública, o de generar las ideas en las que se basa la opinión pública. ¿Por qué? Porque los principios, sólo son principios si creemos en ellos, si los tenemos como tales, si estamos dispuestos a defenderlos y si hay un acuerdo moral generalizado con respecto a su valor. Dicho acuerdo moral sobre la valoración de los principios no es a priori, sino que resulta como consecuencia de un largo proceso de prueba y error, basado en la experiencia humana.

Hay muchos otros principios empíricos que sin duda vas a reconocer: la igualdad de todos ante la ley; nadie debe iniciar el uso de la fuerza contra otros, ni contra su propiedad, ni directamente, ni mediante sus agentes; todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario; no hay delito, ni pena imponible, si no hay una ley previa que lo establezca.  El principio de que un juez no debe ser juez y parte, es de esa naturaleza.  ¿Sábes por qué? Porque ¿Cómo podría una persona juzgar objetiva e imparcialmente su propia causa, si tiene interés en el resultado? ¿Cómo contribuiría esa práctica a la paz y a la cooperación social?  Después de probar opciones, y a lo largo de la historia de la humanidad, en occidente hay (y si no lo hay deberíamos ayudar a generarlo) un acuerdo moral generalizado en el sentido de que respetar aquellos principios es mejor que no respetarlos.

En la legislación guatemalteca no hay salida jurídica posible para el enredo en el que nos han metido; porque de recurso en recurso, de amparo en amparo así nos podemos ir hasta que alguien se canse y venza el más persistente, o el más poderoso, sin que se sirva al derecho y a la justicia.

De ahí que si fuera posible una solución, esta se hallará en la cuarta rama de la filosofía; en la política que es la disciplina que define los principios de un sistema social adecuado para que las personas que viven en él puedan buscar su felicidad, vivir en paz y cooperar. ¿Es adecuado que los jueces sean juzgadores y partes en sus propias causas? Yo digo que no.

Pero…¿y los malos?

En todo este asunto, pareciera difícil idenficar si hay un bando de buenos, y uno de malos como cuando uno jugaba de policías y ladrones; y quizás no se trate de un problema, sino de un dilema.  ¿Qué bando será menos peor aquí y ahora, tomando en cuenta el largo plazo?

“Tan malo es que un juzgador sea juez y parte en su propia causa si es tirio A, como si es troyano B”. La ilustración la tomé de Facebook.

El caso es que en términos de principios aquello no importa.  Tan malo es que un juzgador sea juez y parte en su propia causa si es tirio, como si es troyano.   Tan malo es que un juzgador sea juez y parte en su propia causa si es tirio A, como si es tirio B. No se puede tomar en cuenta un principio cuando sirve a mis intereses y no tomarlo en cuenta cuando los perjudica.  De ahí el valor del carácter general y abstracto de los principios (y en última instancia de las leyes).

*Para entender mejor el rol de aquellos grupos, te recomiendo un libro por  Wayne Leighton y Edward López titulado  Madmen, Intellectuals, and Academic Scriblers.


19
Jun 20

¿Estamos desperdiciando la vida?

Date una vuelta por la Sexta avenida y vas a ver el impresionante montón de gente pidiendo ayuda.  Y si eso por sí mismo no te conmueve, velos a los ojos y ve en ellos la angustia y la desesperación.  La mayoría de ellos son personas que no tendrían que estar ahí, de no ser porque –desde el poder y por razones políticas– se les ha prohibido trabajar y ser productivos.

Sexta avenida de la zona 1, en la ciudad de Guatemala.

Ese es el caso de las señoras que, apostadas a inmediaciones del Instituto Belén, dicen ser maestras y tienen todo el aspecto de ser docentes; pero están paradas ahí, suplicando ayuda porque –desde el poder y por razones políticas– los pipoldermos* han decidido que no tienen derecho a ganarse la vida.

¿Qué me dices de los taxistas, o de los conductores de Uber que acudieron a esa actividad porque no tuvieron otra opción luego de que las empresas en que trabajaban se vieran forzadas a cerrar actividades? ¿Has notado la cantidad de camiones de mudanzas que están vaciando oficinas en la ciudad de Guatemala? ¿Cómo será en otras ciudades del país, o en las poblaciones donde la miseria siempre golpea más duro?

Date una vuelta por el Mercado central y vas a ver que casi no hay actividad comercial. Verás que entre los que tienen sus negocios ahí, los que no fueron forzados a cerrar, prevalece la tristeza y el desasosiego porque no están vendiendo, o están malbaratando su mercadería.

No es por los burócratas y asesores que reciben cheques puntualmente, ni por los oenegeros y los que están ilusionados con encender la revolución, ni por los ricos que hay que abrir la economía.  ¡Es por la gente que tiene que humillarse para pedir caridad, por la gente que tieneque implorar que le aguanten los cobros de las mensualidades y los que ya toparon la tarjeta!

¿Y lo peor? Es que cuando despertemos veremos que el virus sigue aquí; sin que se haya aplanado la curva, sin que se les haya pagado a los médicos y personal salubrista, y sin que se les haya dotado de equipo; esquivando caprichos y experimentos políticos. Habiendo desperdiciado la vida.

*Pícaros políticos que por el momento detentan el poder.

Columna publicada en elPeriódico.


16
May 20

Al oído del Presidente, por Marcos Ibargüen

Estas líneas que escribió el abogado Marcos Ibargüen, al oído del presidente Alejandro Giammattei son de lo mejor que he leido en estos días; por eso se las comparto:

En estos tiempos del coronavirus, me ha resultado imposible evitar volcarme a la pluma (o teclado, mejor dicho) para escribir lo que pienso.  Tal vez hoy con un poco más de molestia, pero con esperanza de que lo que diga se escuche donde tenga que oírse aunque cause molestias.   Aquí va:

Aún hay tiempo para enmendar.

Haz clic en la imagen par ver el artículo en elPeriódico.

Con el incremento de casos de estos últimos días y el carácter autoritario que ha ido mostrando, aconsejado por el miedo y la falsa creencia de que está únicamente en sus manos salvar al pueblo, anoche, 14 de mayo de 2020, a la hora acostumbrada, 7 p.m., el presidente Giammattei dio rienda suelta a su verborrea ininteligible y  derramó nuevas disposiciones gubernamentales intencionadas a milagrosamente contener un virus, pero destinadas a causar más hambre, rabia y aglomeraciones.

Señor Presidente, todos entendemos su formación médica y deseo de  priorizar la salud y la vida. Pero es tiempo de informarle que su mensaje de ayer delataba entre líneas la arrogancia de aquel que piensa que sabe más que los demás. Que es más inteligente que nosotros. Ignoró por completo al problema del trabajador que se sentía afortunado de aún poder trabajar, para poder siquiera cobrar el cheque de su quincena. No consideró que la gente no se preparó y asumió que todos a pie o sobre caballos o burros iríamos a una tienda de barrio dentro de un horario restringido reabasteciéndonos como por arte de magia y sin pisto y sin causar aglomeraciones ni molestias.

Con las medidas de anoche que le ganarán fama, pero no de la buena, el lunes 18, a partir de las 5 a.m., veremos cómo el pueblo al que quiere contener (y esto si lo logra mantener encerrado a la fuerza porque visualizo infinidad de personas más necesitadas violando por extrema necesidad sus medidas) muchos ciudadanos no tendrán más remedio que aglomerarse para poder cubrir sus necesidades básicas. No se olvide que comer también es salud y que la gran mayoría de guatemaltecos trabajamos para comer.

Regreso a su arrogancia. Entiendo que consultó con epidemiólogos y que comparten el miedo de los duros efectos de esta trágica pandemia.  Quiero seguir creyendo también que en el fondo mantiene un interés genuino por el bienestar de  todos los guatemaltecos. Pero no pretenda ordenarnos a abrir, cerrar, despachar o llegar milagrosamente al puesto de trabajo si no entiende de economía. Sí, la arrogancia de pensar que la economía se dirige y que el pueblo es un borrego que siempre hace  caso. Desde arriba las cosas se ven distintas. Se distorsionan por el ego y los interlocutores interesados que mantiene a su alrededor y que le trasladarán la información con parcialidad e imprecisión. Esto le pasa a todos los gobernantes.

Le sugiero oír a la gente de a pie estos días, que seremos millones por decreto, y no dar órdenes sin pensar los tremendos incentivos perversos que por su arrogancia mostrada van a generar. Sí, los médicos saben de su oficio y lo deben cumplir. Su misión es salvar vidas. Pero los verdaderos estadistas (ojo no digo políticos ni gobernantes) muestran su sabiduría al reconocer con humildad la naturaleza humana y aceptar que no siempre lo que se decreta o impone logra el resultado deseado.   No pretenda cambiar la naturaleza humana de un plumazo porque una tras otra, verá cómo este pueblo “desobediente e ignorante” le llevará la contra.

Suficiente daño y miedo tenemos con esta enfermedad. No lo agrave con sus disposiciones que están destinadas a causar tremenda molestia, a desgastar aún más su gobierno recién inaugurado y a lograr inspirarnos a quienes usualmente no lo hacíamos, a expresar con voz cada vez más recia que se deje aconsejar también por el sentido común, que la naturaleza humana no se cambia por decreto y que hay cosas que están en nuestras manos y otras que no lo están. Mejor enfóquese en atender la tremenda crisis hospitalaria que tenemos, acérquese a esos médicos que son nuestra primera línea de batalla con la enfermedad y provéalos de los insumos necesarios. Asegúrese de que los millardos de quetzales para atender esta crisis que tiene a su disposición lleguen a quien los necesite de verdad, pues también aquí le falta entendimiento de naturaleza humana en el Estado y pareciera que no solo no llega a quien debe sino que habrá mucha gente aprovechada.

Los guatemaltecos somos amantes de nuestra libertad. En los más de dos meses que llevamos con restricciones a nuestras libertades hemos sido tolerantes. Pero todo tiene un límite. Es cierto, hemos visto cómo en otros países los gobernantes se aprovechan del miedo para mantener zozobra y control. Para restringir libertades ganadas con el esfuerzo y derramamiento de sangre (sí, vidas) de varios siglos de muchos héroes que nos anteceden. Quiero creer que sus intenciones siguen siendo buenas. Por favor, cambie de enfoque y no se deje llevar por las medidas de moda de otros gobernantes. No somos del primer mundo. Aquí la mayoría de la gente vive al día. Vaya usted a un cajero automático en el interior a pie. ¿En donde? Sí, esta enfermedad es terrible no solo por su virulencia y rápida propagación sino por el miedo que causa y que ciega la razón.

Aprenda de las historias de éxito en otros países que han sabido manejar mejor el delicado balance entre restricciones sanitarias y libertades de locomoción y de industria y trabajo. Aproveche los recursos financieros extraordinarios con que usted (como ningún otro gobernante que tenga memoria) cuenta para dar genuino alivio a la población más afectada.

La restricción de nuestras libertades jamás debe tomarse a la ligera –ni siquiera dentro de esta pandemia–. De nuevo le ruego volcar la vista hacia El Salvador. Vea a su Presidente. Observe bien lo que está haciendo y diciendo y asegúrese de aprender mucho de lo que NO se debe hacer.

Errar es de humanos y rectificar oportunamente es de sabios. Aún hay tiempo.

Artículo también publicado en el Centro de Estudios Económico-Sociales.


15
May 20

Un ¡Hasta aquí! a los excesos

Cuando yo veía películas distópicas, de esas como Gattaca y otras que muestran estados totalitarios como Black Mirror, siempre me preguntaba que cómo es que las sociedades llegaban a eso.  ¿Es que nadie se daba cuenta del deterioro? me cuestionaba. Es cierto que V for Vendetta es bastante ilustrativa; pero uno…o yo, por lo menos, no la vi como una forma de receta para los estatistas, colectivistas y totalitarios.

Haz clic en la ilustración para ver una escena de V for Vendetta.

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Pues así como es la vida, me ha tocado atestiguar el proceso; y ojalá me toque ver cómo se revierte esa tragedia, de forma pacífica y antes de que cause más daños y destruya más vidas humanas.

Primero surge un enemigo invisible y omnipresente, pero también puede ser muy material y visible como ocurrió con el 11-S.  Luego se va construyendo el miedo por medio de los medios de comunicación masivos.  ¡Miedo al virus, o miedo a usar aviones!  En este año vimos imágenes perturbadoras de gente asfixiándose y de cadáveres abandonados en las calles.  Y cifras, cifras y cifras de contagiados, historias de viejitos abandonados, y el miedo fue sustituido por el pánico.  V lo dice en V for Vendetta: Sé por qué lo hicisteis, sé que teníais miedo ¿Y quién no? Guerras, terror, enfermedades. Había una plaga de problemas que conspiraron para corromper vuestros sentidos y sorberos el sentido común. El temor pudo con vosotros y, presas del pánico, acudisteis al actual líder, Adam Sandler. Os prometió orden, os prometió paz. Y todo cuanto os pidió a cambio fue vuestra silenciosa y obediente sumisión.

Y poco antes de aquel párrafo, V observa que ahora, tienes censores y sistemas de vigilancia que os coartan para que os conforméis y os convirtáis en sumisos. ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién es el culpable?

Una vez sembrado el miedo y convertido en pánico la mesa estaba servida: vinieron las primeras limitaciones a la libertad individual para satisfacer las necesidades colectivas. Así tuvimos la primera temporada de encierro forzoso a la que muchos respondieron con el agradecimiento y la sumisión esperadas; y luego vino la segunda temporada en un tira y afloja para medir reacciones y conseguir el pretexto para la tercera temporada que comentó el viernes. La pérdida de libertad va ocurriendo poco a poco, en el síndrome de la rana hervida. ¿Cuánto aguantarán sin acabar con la libertad de expresión?

El costo en vidas humanas, para satisfacer la necesidad de seguridad y de orden que había entre muchos ya no cuenta.  Cuentan los contagiados de los cuales se nos da un informe a diario y en la televisión (by the book); y las que no cuentan son las cifras -que han de ser pavorosas- de gente que se ha quedado sin trabajo y sin ingresos; de gente que ha tenido que cerrar sus negocios y despedir trabajadores; de gente que ha tenido que dejar su casa, o su cuarto por no poder pagarlos; de gente cuyas mercancías, o cosechas se pudrirán en la intemperie.  El costo de la gente que se está sumiendo en la desesperación y quizás llegue hasta la depresión, cuando no a decisiones fatales. Todo por disposiciones presidenciales que sirven a quienes están a salvo en sus casas, con el cheque depositado y pueden darse el lujo de no producir valor, para vivir.

¿Ya leíste las disposiciones del jueves en la noche publicadas el viernes? Son escalofriantes y dignas de une peli distópica, o dignas del régimen de Pekín. Por ejemplo, lee la Undécima disposición de Alejandro Giammattei que autoriza a su administración a separar pacientes, de sus familias y tercerlos, hasta que se considere que se han recuperado.  ¿Te imaginas? ¿Te imaginas a un niño contagiado y separado de sus padres?  ¿Te imaginas que las autoridades dispongan que estás contagiado y te aislen completamente? Cosas así tienen que ser inconstitucionales con ley de orden público, o sin ella. Imagínate que han prohibido que te trates, si estás contagiado, como no sea en hospitales, o instalaciones del gobierno.  ¡A cargo del gobierno, como los presos, o las niñas del hogar de protección!  En hospitales e instalaciones donde no se les paga a los médicos y encargados, y donde ni siqueira el personal sanitario tiene el equipo necesario para protegerse. Cosas así tienen que ser inconstitucionales porque violan la dignidad de las personas.

Lee el documento para ver hasta donde estamos viviendo por permiso, y no por derecho.

¿Por qué llegamos aquí? Por miedo.  Por miedo y porque nos han entrenado para creer que nada malo debe ocurrir; y para creer que los responsables de que nada malo ocurra son los políticos y burócratas y que, si algo malo ocurriera, son los políticos y burócratas los llamados a hacer algo.  Y francamente, ¿qué es lo que mejor saben hacer los que ejercen el poder? Prohibir. ¡Así que ya lo tienes! Vivimos por permiso; y lo peor es que algunos creen que eso es vivir.

A este estado de cosas hay que ponerle un ¡Hasta aquí!; pero el pollo del arroz con pollo será: Que tiene que ser cuanto antes, y sin causar un caos de tal naturaleza que permita pescar en río revuelto. La responsabilidad de detener los daños y evitar daños mayores, pues, es de Alejandro Giammattei como jefe de estado y jefe de gobierno. ¿La va a aprovechar, o lo va a ganar su carácter volado?


07
Mar 20

La libertad en peligro en tiempos de calamidad

Nada hace crecer al gobierno como una crisis. La gente se asusta, los políticos responden a ese miedo con promesas de que el estado intervendrá y mejorará todo, y el gobierno terminará siendo más grande y más poderoso. La pandemia del coronavirus COVID-19 amenaza una ola mundial de enfermedades, pero es lo más saludable que le puede pasar al poder del gobierno en mucho tiempo. Sin embargo, a medida que deja al gobierno con un brillo rosado, nuestra libertad terminará más demacrada que nunca, así dice un artículo por J.D. Tucille, publicado en la revista Reason; y estre curso de acción ya empezó en Guatemala

El miedo es real.  El otro día la vecina anciana de una amiga pasó al apartamento de mi amiga muy angustiada.  La anciana -que sospecho que se pasa buena parte del día viendo noticiarios- estaba notablemente asustada con todo eso del coronavirus. Es en ese ambiente que la gente está dispuesta a renunciar a la libertad y a aplaudir el engorde del estado y la multiplicación de oportunidades de arbitrariedad.

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En respuesta a los temores de la gente, la administración chapina se dispuso a hacer algo y de acuerdo con la Ley de Orden Publico decretó un Estado de Calamidad Pública. ¿Qué significa un Estado de Calamidad?  Que el Presidente de la República podrá tomar las medidas siguientes:

1) Centralizar en la entidad o dependencia que el decreto señale, todos los servicios públicos, estatales y privados, en la forma y circunstancias que el estado de calamidad pública lo requiera. Cuando se trate de servicios que presten entidades de carácter internacional, se procederá de acuerdo con los convenios respectivos.

2) Limitar el derecho de libre locomoción, cambiando o manteniendo la residencia de las personas, estableciendo cordones sanitarios, limitando la circulación de vehículos o impidiendo la salida o entrada de personas en la zona afectada.

3) Exigir de los particulares el auxilio o cooperación que sean indispensables para el mejor control de la situación en la zona afectada.

4) Impedir concentraciones de personas y prohibir o suspender espectáculos públicos y cualquier clase de reuniones.

5) Establecer precios máximos o mínimos para los artículos de primera necesidad y evitar su acaparamiento.

6) Ordenar la evacuación de los habitantes de las regiones afectadas o que estén en peligro.

7) Dictar las medidas adecuadas para el resguardo de las fronteras internacionales.

8) Tomar todas las medidas necesarias para que la calamidad no se extienda a otras zonas para la protección de las personas y de sus bienes.

Caricatura tomada de Facebook.

Por lo pronto, el presidente Giammattei ha advertido que hemos dado las instrucciones para que todas aquellas personas que divulguen noticias falsas podamos llevarlas a un proceso penal por hacer cosas que no son correctas. La primera baja va a ser la libertad de expresión y no está de más preguntarse:¿Quiénes, exactamente, y cómo, exactamente van a dererminar qué es verdad y qué no? ¿Cuál esel criterio que van a utilizar para definir qué es noticia? ¿Quiénes? Lo de procesar a personas que no digan lo que los políticos y burócratas quieren que digan, y en la forma en que quieren que lo digan, ¿va a ser de acuerdo con la Ley de Emisión del Pensamiento, o mediante un procedimiento arbitrario como parece implícito en la advertencia presidencial?

¿Te imaginas qué pasará si los políticos y burócratas disponen ponerles precios tope a mascarillas, desinfectantes y jabones? ¿Y si se los ponen a alimentos?  Lo que van a generar es escaseces de proporciones no vistas desde los años 70 y 80.  Quienes ya estábamos grandecitos para entonces recordamos cómo es que muchos productos desaparecieron de los anaqueles a causa de los precios máximos; y eso que no había miedo, ni calamidad.

¿Te imaginas qué pasará cuando a los políticos y burócratas chapines se les ocurra poner gente en cuartentena, en manos del sistema estatal de salud?

¿Te diste cuenta de que la administración ya le solicitó al Congreso que apruebe, de urgencia nacional, un endeudamiento de US$200 millones para enfrentar la calamidad?

Claro que frente a una amenaza como el coronavirus es prudente eliminar, o reducir las formas tradicionales de saludar, estornudar en la coyuntura el brazo y lavarse las manos con más frecuencia que lo normal; pero de eso a clamar por la intervención directa de políticos y burócratas en las vidas de la gente y de aquello a alimentar los apetitos estatistas hay la mar de peligros. Estas meditaciones no apuntan a que no deba haber acciones colectivas frente a la amenaza, ni que no haya lugar para la accion gubernamental; pero son una advertancia contra el peligro real de que el pánico aumente las formas en que políticos y funcionarios invaden las esferas de acción privada de las personas individuales. De cualquier manera, una cosa es lo que el gobierno quiere hacer y otra lo que puede hacer, tal y como señaló Henry Hazlitt, citado por Iván Cachanosky en un libro que te recomiendo: La conquista de la pobreza.

Los políticos son seres humanos y están sujetos al temor, incluido el miedo a ser rechazados por electores afectados por el pánico y que buscan que los funcionarios “hagan algo”. Por lo tanto, su instinto de explotar una crisis complementa su inclinación a calmar a los temerosos haciendo esfuerzos, incluso contraproducentes, para asegurar al público que todo estará bien, dice J. D. Tucille.

Y al final comparto ese  temor de que el coronavirus pasará; pero los daños a la libertad se enraizarán.

09
Ago 19

La batalla de Guatemala

Durante la II Guerra mundial se conoció como La batalla de Inglaterra al conjunto de combates aéreos librados en el cielo inglés y sobre el canal de La mancha, cuando la Alemania nacionalsocialista buscaba destruir la RAF para invadir la Gran Bretaña.  Estoy convencido de que, aquí y ahora, libramos La batalla de Guatemala contra la concentración del poder y contra las peores formas de colectivismo y de autoritarismo.

¡Vamos a votar el domingo!

Antes he escrito que las tensiones institucionales que vivimos -y que a ratos parecen poner en peligro la república- no tienen soluciones estrictamente jurídicas; la falta de pesos y contrapesos es un ejemplo de aquellas tensiones. Si se han de desfacer aquellos entuertos, eso ha de ser por medio de acuerdos políticos, del tipo de aquellos que ocupan por lo menos un capítulo en las páginas de los libros de historia.  Aquello no va a ser posible si el mismo partido controla la mayoría de las municipalidades, un tercio del Congreso, el Organismo judicial y la Corte de Constitucionalidad, para luego hacerse con la Presidencia este domingo que viene.

¿Dónde vas a estar es día, cuando se luche La batalla de Guatemala?  Claro que asumir la responsabilidad de votar puede causar temor, porque es angustiante tener que elegir, y es angustiante responder por las consecuencias de las decisiones propias.  Empero, ¿cuál es la opción? Ser inocente, y por lo tanto impotente.  La neutralidad, pues, no es una opción; porque ya sabes, los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral; y porque ya sabes, las respuestas dadas por la ética determinan cómo es que debemos tratar a otras personas, y eso determina la cuarta rama de la filosofía, que es la política, misma que define los principios de un sistema social adecuado.

Este domingo, ¿pelearás La batalla de Guatemala? ¿Desperdiciarás un derecho que anhelan millones de personas que –en su momento– permanecieron neutrales en tiempos de crisis moral?

Columna publicada en elPeriódico y en el CEES.