05
Jul 26

Felicitaciones a Estrada Cabrera

 

En un álbum de felicitaciones para el presidente don Manuel Estrada Cabrera encontré un tesoro de recuerdos familiares e históricos que une a dos ramas de mi familia alrededor de un suceso trágico y de otro festivo. Los personajes involucrados son mi tatarabuelo, Federico Chacón Valenzuela, y mi bisabuelo, Doroteo Hidalgo Santizo. En la historia —que ocurre el 21 de noviembre de 1912— también participan el presidente Jorge Ubico Castañeda, entonces jefe político de Retalhuleu, y mi tío abuelo Manuel Hidalgo Cabrera.

Album de celebración del cumpleaños 55 de Manuel Estrada Cabrera, en 1912.

1912 fue un año terrible para Estrada Cabrera porque el 8 de noviembre de ese año se suicidó su hijo Francisco; sin embargo, el 21 de noviembre de ese año fue el 55 cumpleaños del dictador. En el espíritu adulador que suele rodear a los mandatarios, y en especial el que rodeaba al presidente que nos ocupa, muchos guatemaltecos y extranjeros se vieron en el brete de felicitarlo por su cumpleaños, pero en el marco del duelo que vivía por la muerte de su hijo.

Mi abuelita Juanita y mi tía abuela La Mamita contaban que el 21 de noviembre era un día de gran fiesta no sólo familiar, sino de estado. El besamanos oficial se mezclaba con las celebraciones íntimas en medio de comidas, música e infinidad de arreglos florales que llegaban a la casa del mandatario. Sospecho que las tarjetas que forman parte del álbum citado arriba acompañaban aquellos arreglos. También llegaban cartas, telegramas y poemas dedicados al Benemérito de la Patria.

Carta de Doroteo Hidalgo a Manuel Estrada Cabrera.

Ahora te cuento de los mensajes que motivaron esta entrada.

El primero está fechado 21 de noviembre de 1912 y dice:

Sr. Lic. Don Manuel Estrada C. Presidente Constitucional de la República Ciudad

Respetable señor:

Tengo el honor de saludarlo, deseando que se encuentre mejor de su salud. Lo acompaño en este día, por ser fecha de dolorosa recordación que para usted antes era de gran felicidad. Como tanto me han engañado, no le creí nada a don Alfredo. Yo estoy a sus órdenes, y lo que usted mande lo haré, pues sabe que lo quiero y lo respetaré como a mi padre, porque siempre lo ha sido.

De usted, afectísimo y seguro servidor, Doroteo Hidalgo.

Doroteo Hidalgo fue esposo de mi bisabuela Gilberta Cabrera y ella era hermana del presidente Manuel Estrada Cabrera, ambos hijos de mi tatarabuela Joaquina Cabrera. Doroteo y Gilberta eran padres de mi abuela, Juana Hidalgo de Jurado, que se casó con Jorge Jurado Reyes y ambos fueron padres de mi mamá, Nora.

Doroteo le da el pésame al mandatario y hace una observación: Como tanto me han engañado, no le creí nada a don Alfredo; y por supuesto que me asalta una pregunta… ¿cuál era la naturaleza de los engaños?

Nota de Federico Chacon V. a Manuel Estrada Cabrera.

El segundo mensaje tiene la misma fecha que el anterior y dice: Federico Chacón V. felicita al Sr. Presidente Constitucional de la República, deseándole muchos años de vida y que la Providencia mitigue su cruel dolor.

Federico Chacón Valenzuela casado con Jesús Ubico y González fue el padre de mi bisabuelo, Federico Chacón Ubico. Él fue el primer esposo de mi bisabuela Adela Schuman Hart, ambos padres de mi abuela, Frances Chacón de Figueroa, madre de mi papá, Luis. Federico Chacón Ubico era primo de Jorge Ubico Castañeda.

Invitación, de Jorge Ubico, para la celebración del cumpleaños de Manuel Estrada Cabrera.

El tercer documento es una invitación firmada por Jorge Ubico Castañeda, jefe político de Retalhuleu, y por Eduardo Pérez F., alcalde 1º municipal. La misma dice:

Tenemos la honra de invitar á Ud. para que se sirva asistir el día 21 del corriente, á las 8 a. m., cumpleaños del señor Presidente Constitucional de la República, al Salón de Sesiones del Ayuntamiento, con objeto de dirigir un telegrama á aquel alto Funcionario y declarar inauguradas, en conmemoración de esa fecha las obras siguientes: En esta Ciudad: La 10ª Avenida; la prolongación y ampliación de la 9ª Avenida y de las Calles 5ª, 6ª, 8ª y 9ª; el Puente sobre el Río “Bolas” en la 9ª Avenida y el Nuevo Cementerio. En San Felipe: Una parte del Edificio destinado para las Oficinas públicas. En San Sebastián: El alumbrado público. En San Andrés: El Edificio para las Escuelas y un Jardín Escolar. Con motivo del duelo del señor Presidente Constitucional de la República, los festejos preparados tendrán verificativo el 9 de Febrero próximo. Somos de Ud. muy Attos. y Ss. Ss.

Telegrama de Jorge Ubico a Manuel Estrada Cabrera, parte 1.

Telegrama de Jorge Ubico a Manuel Estrada Cabrera, parte 2.

El cuarto documento es un telegrama íntimamente relacionado con el anterior. Está fechado el 21 de noviembre de 1912 y fue recibido en la Casa Presidencial ese día a las 10:00 a. m. y dice:

Al Señor Presidente:

Señor:

En virtud del reciente acontecimiento que ha llenado de duelo vuestro hogar y por el cual nunca estaréis consolado, se han suspendido en este departamento las demostraciones de regocijo que se tenían preparadas para celebrar, como se merece, el aniversario de vuestro nacimiento. Sin embargo, siendo de todo punto imposible dejar de hacer algo en una fecha tan querida para todos los guatemaltecos, se inaugurarán en conmemoración las siguientes obras: En esta ciudad: la prolongación de la décima avenida con ampliación de la novena avenida, y de las calles 5.ª, 6.ª, 7.ª y 9.ª; un puente sobre el río “Bolas”; y el nuevo cementerio. En San Felipe: una parte del edificio destinado para las oficinas públicas. En San Sebastián: el alumbrado público. En San Andrés: el edificio para las escuelas y un jardín escolar.

Vuestro Leal Servidor, Jorge Ubico.

Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 1.

Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 2.

Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 2. En esta página está la firma de mi tío abuelo, Manuel Hidalgo.

El último documento dice:

La Escuela Práctica de Varones “Estrada Cabrera” A su Ilustre Fundador:

El 15 de Septiembre es la fecha de la libertad: la celebra el patriotismo. — El 15 de Marzo es la fecha de la legalidad: la celebra la democracia. — El 2 de Octubre es la fecha de una era de regeneración nacional: la consagra la justicia. — El 21 de Noviembre es el día del afecto y de la gratitud. — No es sólo una fiesta que se contrae al círculo íntimo de las expansiones familiares. — No pertenece sólo al hogar: es de la nación. —

El alma de Guatemala tiene vibraciones simpáticas para quien la lleva al engrandecimiento por el progreso y á la consolidación de sus mejores conquistas por la paz; para el que lleva por todas partes el acercamiento de los rieles y la luz de las escuelas; para el enérgico defensor de su integridad é incansable difusor de su cultura.

La niñez, en especial, rodea á su protector y amigo; él le ha dado Fiestas de Minerva y Escuelas Prácticas: la belleza de la flor á la par de la madurez del fruto. — El Señor Presidente Estrada Cabrera, tiene ya la más hermosa de las recompensas, aquella que sólo obtienen los grandes educadores: la sanción del porvenir. — El pasado y el futuro han cincelado su noble blasón de estadista. —

La Escuela Práctica de Varones, que se honra y se enorgullece de llevar el preclaro nombre de Estrada Cabrera, le significa una vez, en su día onomástico, á su ilustre fundador y protector, la expresión más sincera, más respetuosa, de profundo cariño y adhesión inquebrantable. — Y tanto más está con él cuanto que hay sombra de luto en su hogar, antes feliz y hoy herido de nuevo por la fatalidad de la desgracia. — Los dolores del Mandatario lo son también de la Escuela, que no olvida ni puede olvidar cuánto le debe. —

Reciba el Señor Presidente este recuerdo, en el que el destino ha querido poner la tristeza de un pésame.

Lo firman docentes de aquella escuela y entre las firmas me llamó la atención la de Manuel Hidalgo Cabrera, hermano de mi abuelita Juanita.

Al hojear el álbum es fácil darse cuenta de cómo las grandes fechas nacionales se entrelazan con las historias personales de quienes las vivieron. Telegramas, invitaciones y dedicatorias que, más allá de la formalidad, guardan el peso de lealtades y duelos, así como las de las complejidades de un tiempo en el que lo público y lo privado no siempre se separaban con claridad.

Gracias a Luis Andrés Schwartz y a @lic_mec/ por las pistas. 


25
Jun 26

Encontré la casa de mi bisabuela

 

Como consecuencia de los terremotos de 1917-1918, mi abuelita, Juanita, me contó que la embajada de los Estados Unidos cayó en el patio de la casa de su mamá, mi bisabuela, Gilberta Cabrera. Esto es sobre la Quinta avenida y 15 calle de la zona 1.

A la derecha la casa de mi bisabuela, Gilberta Cabrera, sobre la Quinta avenida sur de la zona 1. La foto es de la colección Taracena/Cirma.

¡Hoy me topé con una foto de esa casa! ¿Dónde? En La nueva Guatemala antes y después de los terremotos de 1917-1918, por Arturo Taracena Flores, que es la segunda edición ampliada de Los terremotos de Guatemala, álbum gráfico conmemorativo del cincuentenario por el mismo autor. Esta primera edición ya la conocía gracias a mi cuate Jorge Mario Zebadúa, cuyo abuelo, José García Sánchez, había tomado las fotos.

La casa, por cierto, le fue heredada a mi bisabuela, doña Gilberta, por su madre doña Joaquina Cabrera. El inmueble fue abandonado y vendido años después por mi abuela y sus hermanos, durante un proceso azaroso que, seguramente, algún día contará mi sobrino, Luis Andrés Schwartz.

La foto muestra portones de acceso con arcos, propios de la arquitectura de la época; pero no sé si sólo uno, o los dos accesos eran de la residencia en cuestión. Lo más interesante es que también muestra puertas comerciales porque doña Gilberta era agricultora y comerciante. Mi abuelita, Juanita, me contó que durante un período de gran escasez de harina y de pan, en la ciudad de Guatemala, previo a los sismos de 1917-1918, su mamá había establecido en su casa una panadería, negocio que había tenido que cerrar porque en su afán de conseguir pan, la gente se agolpaba y causaba destrozos en el establecimiento. Las puertas que se ven en la foto seguramente sirvieron para la panadería. Quién sabe para qué servían el 24 de diciembre de 1917, víspera del primer terremoto catastrófico.

Así se veía el consulado antes de los terremotos de 1917 y 18. La foto la tomé de Facebook.

Como dato adicional, en el predio que ocupó aquella casa después fue establecida la panadería Esperanza. ¿Eso fue porque había hornos en el inmueble, o fue casualidad?

El caso es que en la primera edición del libro de Taracena no vi la casa de mi bisabuela, y la foto que vi hoy debe ser parte de la ampliación de la edición original. Hay dos fotos que se le aproximan. Una es de la entrada principal de la legación o consulado de los EE. UU., edificio que fue consumido por las llamas en 2025 y donde durante muchos años estuvo la sastrería Azurdia Siliezar; pero no se ve la casa que estaba a mano derecha, sobre la Quinta avenida. La otra es una toma desde la Quinta avenida y 15 calle, en la que tal vez se atisba la casa de mi bisabuela a mano derecha; y en la que se ve re bien un negocio de italianos que mencionaba mi abuelita porque ahí vendían bon vino.

Quinta avenida sur, de la actul zona 1. Foto tomada desde el viejo parque Concordia, el actual Parque Enrique Gómez Carrillo. La foto la tomé de Facebook.

Esta nueva edición del libro de Taracena fue posible gracias al patrocinio de Cementos Progreso, empresa que con su producto —más estable y seguro que los adobes, tejas y bajareque— hizo posible la reconstrucción de la ciudad devastada.

Y así, entre portones de arcos y puertas de panadería, la memoria de doña Gilberta y de aquella esquina de la zona 1 revive en las páginas de un libro que rescata lo que los temblores y el tiempo borraron.


29
Abr 26

119 años del atentado de la bomba

 

Hoy, hace 119 años estalló la bomba con la que un grupo de conspiradores guatemaltecos intentó matar al presidente don Manuel Estrada Cabrera. Ese intento de magnicidio fue uno de los episodios más fascinantes de la historia de Guatemala durante la primera mitad del siglo XX.

Atentado de la bomba contra don Manuel Estrada Cabrera. La foto me la envió Milton Estuardo Argueta.

Los hechos del 29 de abril de 1907 (y lo que les antecedió) están bien documentados; pero, además, con talento narrativo, la novela De cara al sol, por Milton Estuardo Argueta, ha traído a la actualidad aquella efeméride. En la foto se ve cómo quedó el carruaje presidencial en la actual Séptima avenida y 17 calle de la zona 1 —a un costado de la Policlínica del IGSS— exactamente donde pasé hoy en la tarde en un hecho de serendipia, sobre el lugar donde fue detonada la bomba. Atrás se ve la cúpula de San Francisco.
 
Al mismo tiempo fue triste ver que la casa desde donde los conspiradores operaron el dispositivo ya no existe. La casa no era gran cosa; pero era La Casa. Conservaba su alero de tejas en estilo previo a los terremotos de 1917 y 1918; pero, además… en los años 1940/50 en ella había vivido don Fortunato Mazariegos, segundo esposo de mi bisabuela, Gilberta, hija de doña Joaquina Cabrera. Dime si la vida no da las vueltas más misteriosas. Mi mamá recuerda haber visitado ahí a don Fortunato, que era el papá de mi tía abuela, La Mamita.
 
Don Manuel Estrada Cabrera iba acompañado por su hijo Joaquín en el carruaje; y los acompañaba su jefe del estado mayor, el que luego sería presidente José María Orellana. Los tres sobrevivieron porque el cochero no detuvo el vehículo en el lugar preciso para que la bomba cumpliera su objetivo.

La casa, de La Bomba, estaba donde se construye un edificio de blocks de cemento. Foto por Luis Andrés Schwartz.

 
Si te interesa la historia de Guatemala, seguramente querrás leer más sobre el atentado de la bomba. Caminar sobre ese pedazo de historia en plena zona 1 te muestra cómo el pasado guatemalteco late bajo el concreto de nuestras calles diarias.

27
Abr 26

Viajes familiares a Esquipulas

 

Mi tía abuela, La Mamita, era muy buena contando historias de su infancia y una de mis favoritas es de cuando viajó con su familia a Esquipulas, a la edad de seis años, montada en un pony llamado Chino. Mi bisabuela, Gilberta, viajó hacia aquella ciudad en 1907 como se viajaba en aquellos tiempos: a lomo de caballo, o de mula, con toda la familia y con una troupe de asistentes. ¡Como viajé a El Mirador en 2005! y como viajaban los Maudslay, y como viajaban Catherwood y Stephens.

Grupo de romeristas que se dirijen a Esquipulas. La foto la tomé de Guatehistoria.

Por eso me llamó mucho la atención la foto que ilustra esta entrada. Bien pudo haber sido la familia Hidalgo Cabrera en su peregrinación a Esquipulas. La Mamita contaba que era un viaje peligroso y que dormían en el campo. Ese viaje debe haber sido una aventura fascinante para una niña en compañía de sus hermanos y de su madre.

Recuerdo que una vez, La Mamita contó la historia del viaje y estaba acompañada por su amiga Ester, ambas hicieron mención de La piedra de los compadres y se rieron. Por supuesto que cuando yo era niño no entendí el chiste, pero poco después me enteré: La leyenda cuenta que un compadre y una comadre se conocieron en sentido bíblico y como castigo fueron convertidos en piedra. La piedra de los compadres puede ser visitada en el camino a Esquipulas.

Aquel mismo día, La Teshita, que era madrina de mi mamá, contó la historia de un hombre rico que, a cambio de curarse de su ceguera, le dejó una cadena de oro al Señor de Esquipulas. Este le devolvió la vista, pero no recuerdo por qué motivo, cuando volvía a Guatemala, el beneficiado ofendió al Cristo negro, encontró la cadena en la bolsa de su chaqueta y volvió a quedar ciego.

Estea historia se trata de un episodio clave en la novela Los nazarenos, de José Milla y Vidaurre y sirve de preámbulo a las intrigas palaciegas, conspiraciones y costumbres virreinales que Milla retrata con maestría en esta novela histórica ambientada en la Guatemala del siglo XVII, durante el gobierno del Conde de Santiago de Calimaya. El personaje central de este milagro es don Juan de Palomeque, un hidalgo despótico y vecino ilustre de la Ciudad de Santiago de Guatemala, La Antigua.

Cuando yo era niño mis padres solían ir a Esquipulas cada tanto y, a nuestro modo, a finales de los años 60 y principios de los 70, era una aventura. Para comenzar nos levantaban antes de que amaneciera y antes de que el sol saliera ya estábamos en camino. Recuerdo que comíamos en el camino, como les gustaba hacer a mis padres, y que llegábamos temprano a aquella célebre población. Mis padres seguían la costumbre de entrar hincados a la basílica y los niños los acompañábamos. Luego comprábamos los adornos y dulces típicos de la ocasión y enfilábamos de vuelta con rumbo a Longarone. Ahí nos esperaban la piscina, el almuerzo y la siesta, para luego volver a la ciudad.

La última vez que fui a Esquipulas fue hace unos pocos años, en compañía de mi sobrino El Ale y de Raúl. En esa ocasión dormimos en esa población y al día siguiente nos fuimos a Copán, Honduras, en donde pasamos tres días extraordinarios. Y cuando íbamos llegando a Esquipulas, de noche, no pude dejar de pensar en La Mamita y en el Chino.

Esas imágenes de caravanas familiares, de ponies y arrieros y de caminos polvorientos siguen vivas en la memoria, como un recordatorio silencioso de que algunos viajes nunca terminan del todo.


23
Mar 26

Desayuno inglés

 

De cuando en cuando nos da por un desayuno inglés en casa.  Nos gusta mucho porque es complejo, abundante, concupiscente y festivo. 

El desayuno inglés es concupiscente.

Nuestra versión de desayuno inglés incluye la receta chapinizada de los frijojes blancos horneados, de mi abuela Frances (con frijoles blancos de Pachalum); morcillas en vez de black pudding; huevos fritos, hongos Portobello, tomates horneados, y pan tostado con mantequilla. Nos gusta compartirlo con amigos. 

En casa somos devotos de los desayunos, sobre todo en fines de semana cuando hay tiempo para sentarse a comer como la gente, despacio, conversando y disfrutando de la mañana. También tenemos varios desayunos icónicos: el de Los Alpes (porque somos huérfanos de la cafetería Los Alpes); huevos horneados con jamón, queso y salsa de tomate (que mi padre hacía cuando él y mi madre volvían con amigos luego de parrandear hasta que saliera el Sol); el desayuno de don Tavanito, con bistec y frijoles (por el que comía don Octaviano el abuelito de Raúl); el de huevos horneados con crema y queso parmesano (que hacía mi mamá algunos domingos); los waffles, o panqueques con tocino y jarabe de mapple de verdad, o miel de abejas (con las recetas de mi bisabuela, Mami), tostadas a la francesa rellenas de mermeladas; crepas de banano, o rellenas de mermeladas y…el de tamales colorados y negros, ¡Por supuesto!

Eso no quita que no disfrutemos de huevos revueltos con tomate y cebolla; de huevos fritos en manteca de cerdo, o en aceite de oliva; de huevos tibios con mantequilla, o aceite de oliva y sal negra de Sacapulas; huevos duros con aceite de oliva, sal negra y limón,  Acompañados por frijoles parados, volteados, o colados con crema, o queso.  Acompañados por plátanos fritos, o cocidos.  Acompañados por buen café. Acompañados por jugo de naranjas. Eso no quita que no disfruemos de Froot Loops, cereal de Incaparina con miel de abejas y nueces; o de mix de Corn Flakes y Zucaritas con leche, una cucharada de crema de Acul y rodajas de banano. 

…y ahora que estamos en esto me acordé que cuando estaba en el colegio mi papá se enojaba porque a veces yo desayunaba pizza y Coca-Cola; chuletas ahumadas; y hasta bacalao a la vizcayina (en temporada).

¡Amo los desayunos!


18
Feb 26

Uniformes, familia e historia

Desde principios del siglo XX el negocio de mi bisabuelo, Jorge Jurado Meany, era el de la confección de uniformes para oficiales del Ejército, funcionarios y empleados del gobierno. Su establecimiento quedaba en la Sexta avenida y Sexta calle de la zona 1, a un costado del Palacio Nacional. En el Museo Nacional de Historia todavía hay por lo menos una chaqueta elaborada en esa sastrería cuando ya la había heredado Humberto Jurado Reyes, hermano de mi abuelo materno. Aquel Jorge era el papá de mi abuelo, , Jorge Jurado Reyes, quien se casó con mi abuelita Juana Hidalgo Cabrera, y ambos eran padres de mi mamá, Nora.

De la antigüedad de aquel negocio hay varias evidencias:

Que por la Tesorería Nacional se erogue la suma de seis mil pesos moneda del país ($6000), que importan 15 uniformes para uso de los C. Cadetes de la 4ª. Promoción, graduados de la Académica Militar, contratados con don Jorge Jurado. Así lo acordó don Manuel Estrada Cabrera el 22 de febrero de 1917 en acuerdo refrendado por Luis Ovalle, secretario de Estado en el despacho de la Guerra. Publicación del 26 de febrero de 1917 en El Guatemalteco, que era el diario oficial.

Que la Tesorería Nacional se erogue la suma de nueve mil doscientos pesos moneda del país ($9,200) para pagar al ciudadano Jorge Jurado el saldo que se le adeuda por la confección de nueve uniformes destinados al servicio de los Jefes y Oficiales que se encuentran de alta en el Batallón Guardia de Honor, que se detallan en el recibo correspondiente, conforme comprobante adjunto; cantidad que se reintegrará a la propia tesorería oportunamente, quedando obligados dichos Jefes y Oficiales a amortizar su deuda por abonos mensuales de doscientos pesos como mínimo, acordó el presidente constitucional de la república, Carlos Herrera, el 7 de marzo de 1921, refrendado por Emilio Escamilla, secretario de Estado en el despacho de la Guerra. Publicación del 28 de marzo de 1921 en El Guatemalteco.

Que la Tesorería Nacional erogue la cantidad de dos mil novecientos pesos ($2900), para pagar a la sastrería de don Jorge Jurado, la confección de un uniforme para el chauffeur de la Secretaría de Hacienda, conforme a la factura que se acompaña, acordó el presidente José María Orellana el 14 de octubre de 1925 y la publicación fue refrendada por el secretario de estado en el despacho de Hacienda y Crédito Público, Carlos O. Zachrisson. Publicado el 24 de octubre de 1925 en El Guatemalteco.

Don Manuel Estrada Cabrera fue depuesto el 15 de abril de 1920, luego de 22 años de ejercer la presidencia de la república. Don Manuel era tío de mi abuela, Juana; hermano de mi bisabuela, Gilberta; e hijo de mi tatarabuela, Joaquina.

Carlos Herrera sucedió a Estrada Cabrera, entre el 15 de abril de 1920 hasta que fue derrocado el 15 de septiembre de ese año. Fue padre del doctor Rodolfo Herrera Llerandi con quien tuve el honor de conversar un par de veces.

José María Orellana fue el presidente que sustituyó a Carlos Herrera. Su imagen está en los billetes de Q1; y Carlos O. Zachrisson fue el secretario encargado de la transición de pesos a quetzales en 1924. Por eso es que su efigie está en los billetes de Q50.

Y así, tres acuerdos de hace un siglo unen a una familia con los rostros que llevamos en el bolsillo todos los días y con tres protagonistas de la historia de Guatemala.

Gracias a Luis Andrés Schwartz por las pistas. 


27
Ene 26

Herencia sin testamento

 

El fallecimiento de Pedro Estrada-Monzón Rivera en 1880 marcó el inicio de una serie de movimientos legales relacionados con su herencia. La ausencia de un testamento complicó la resolución de asuntos legales y sociales para sus descendientes, que tuvieron que enfrentar el proceso de legitimación y el reconocimiento de sus derechos en un contexto de cambios institucionales y sociales, explica la IV y última parte del estudio “A 100 años del fallecimiento de Manuel Estrada Cabrera, apuntes biográficos y genealógicos breves sobre Pedro Estrada-Monzón Rivera (Quetzaltenango, 14 de abril de 1817 – 14 de enero de 1880)”, por Luis Andrés Schwartz, publicada en Gazeta.

Collage elaborado por Arde Proyectos.

Esta parte del estudio se ocupa de la dinámica post mortem del padre de don Manuel Estrada Cabrera. Para entender mejor esos movimientos legales, es esencial identificar a los descendientes conocidos de Pedro al momento de su fallecimiento, todos nacidos fuera del matrimonio:

  1. Coronel y licenciado José Gabriel Estrada-Monzón (1840-1905), hijo de Luz Alegría.
  2. Herlinda Estrada-Monzón (c. 1852-1920), hija de Juliana Rivera.
  3. Francisco Alfredo Estrada (1856-?), hijo de Carlota Alvarado.
  4. Licenciado Manuel José Estrada Cabrera (1857-1924), hijo de Joaquina Cabrera.
  5. Licenciado Juan Francisco Cabrera Estrada (1861-1895), hijo de Joaquina Cabrera.
  6. Elvira de Jesús Estrada-Monzón (1862-1926), hija de Carlota Alvarado.
  7. Ana Josefa de Jesús Estrada-Monzón (1863-1885), hija de Carlota Alvarado.
  8. Irene Estrada-Monzón (1868-1890), hija de Petrona Bustamante.

Si te interesam la genealogía, la historia de Guatemala durante la Belle Époque, el período de Manuel Estrada Cabrera, o simplemente la historia bien documentada, esta serie de cuatro publicaciones está llena de información inédita y sorprendente que no encontrarás en los libros de texto habituales.


19
Ene 26

Construcción de un árbol genealógico

Si en tu familia todavía se menciona a Manuel Estrada Cabrera (MEC), tu aporte puede amarrar un dato suelto y ayudar a construir una memoria compartida. Si, además, tu familia guarda vínculos con Quetzaltenango y figuran apellidos como Andrade, Arévalo, Cabrera, Cajas, Estrada-Monzón, Hidalgo, Mazariegos, Sáenz o Rivera, me interesa que me escribás, dice Luis Andrés Schwartz en la convocatoria abierta para la construcción de un árbol genealógico.

Haz clic en la ilustración para leer la convocatoria completa. Te la recomiendo.

Tu intuición es correcta: se trata del mismo MEC que fue jefe del Ejecutivo durante 22 años, desde el magnicidio de «Reinita» el 8 de febrero de 1898, hasta el 8 de abril de 1920. Ese día, la Asamblea Nacional Legislativa emitió el Decreto 1022, mediante el cual lo declaró imposibilitado para gobernar y «separado» de la Presidencia de la República. El desenlace ocurrió en un clima de efervescencia política, agudizado por el descontento tras los terremotos de 1917 y 1918. (Netflix: esos años piden una serie).

¿Por qué quiero que te involucrés o por qué querrías vos sumarte?, pregunta Luis Andrés Schwartz. 

Esta convocatoria no es universal ni se dirige a todos. Interpela a quienes conservan relatos, documentos, imágenes o inquietudes que aún no han encontrado cómo volver a latir, así como a quienes sienten la necesidad, inocente o insistente, de saber más sobre sus propios orígenes.

Hace más de una década sostengo un proceso de investigación y escritura. Busco dibujar las ramas de mi chiribisco genealógico que confluyen en una mujer ladina que nació y articuló su vida en Los Altos decimonónicos: Joaquina Cabrera (1836-1908). En mi esquema familiar, ella es mi quinta abuela en línea materna directa: la mamá de la mamá (Gilberta), de la mamá (Juana), de la mamá (Nora), de mi mamá (Guisela).

Desde ella, la línea familiar se ramificó como un delta, ancho y fértil. Los cauces iniciales fueron tres: Manuel José Estrada Cabrera (1857-1924), Juan Francisco Estrada Cabrera (1861-1895) y la benjamina Gilberta Cabrera (1870-1920). A ellos se sumaron parientes colaterales y por matrimonio, compadrazgos y redes de vecindad.

Sin embargo, la tarea se volvió compleja al intentar identificar la diáspora post-Semana Trágica (colapso del cabrerismo, 1920). La persecución y el repliegue familiar interrumpieron aquel tejido de afectos y vínculos que había sido cercano hasta entonces.

¿A quién le interesa Manuel Estrada Cabrera?, pregunta Luis Andrés, y responde: a vos, si este nombre te toca por algún lado. Y añado, yo, que el texto completo de la convocatoria es fascinante de leer, sobre todo si te interesa la historia de Guatemala, si te fascina la historia de la Belle Époque en esta país nuestro, si te llama la atención la genalogía, si eres intelectualmente curioso. 


11
Sep 25

Viaje al pasado comercial

 

Vicente Chacón, abuelo de mi bisabuelo —Federico Chacón Ubico—, fue teniente foráneo del Consulado de Comercio en Salamá, Baja Verapaz, entre 1845 y 1847. 

Hoja suelta del Archivo Arquidiocesano de Guatemala.

Los consulados de comercio eran organizaciones gremiales y mercantiles establecidas en el Imperio Español durante la época virreinal, diseñadas para regular, promover y proteger las actividades comerciales, especialmente el comercio transatlántico y local. En América, se consolidaron a partir del siglo XVI con la expansión del comercio global.

El Consulado de Comercio de Guatemala, fundado en 1793, fue uno de los últimos en establecerse en el continente. Su creación respondió al crecimiento económico de la región, impulsado por el auge de productos como el índigo, principal exportación de Guatemala en el siglo XVIII, y a la necesidad de los comerciantes locales de tener una organización que defendiera sus intereses frente al monopolio de Cádiz y los comerciantes peninsulares.

El consulado estaba compuesto por comerciantes prominentes. Su líder era el prior, asistido por cónsules y otros funcionarios. En tiempos de don Vicente, que fue teniente del consulado, el diputado en Salamá fue Francisco Infiestas. Un diputado era un miembro electo que representaba los intereses de los comerciantes y participaba en la toma de decisiones dentro del consulado. Los tenientes foráneos, como don Vicente, eran funcionarios designados para extender la autoridad del consulado en áreas periféricas del Reino de Guatemala, como otras provincias o puertos importantes.

En 1845, tras las elecciones de mayo, el prior era Gregorio Urruela; el primer cónsul, Manuel Larrave; y el segundo cónsul, Julián González. Los tenientes eran Juan Matheu, Camilo Idalgo y Joaquín Valdés.

La ilustración es del artículo El Consulado de Comercio, 1793-1821 por Ralph Lee Woodward en el tomo III de la Historia General de Guatemala.

Gracias a Luis Andrés Schwartz por la pista.


03
Sep 25

Mi padre, héroe de los caballitos

Debo haber estado en primer grado de Primaria, o poco antes. En aquel tiempo, mi padre nos llevaba a mi hermano y a mí a los caballitos y cabritas de la Avenida de las Américas, ¿las recuerdas?

Así eran las carretas de cabritas en la Avenida de las Américas. La foto la tomé de Guatehistoria.

Pues resulta que un domingo de tantos, mientras los dos paseábamos tranquilamente en una carreta de cabritas, se armó un barullo. Un caballo corría desbocado del otro lado de la pista, del jaco colgaba una niña y la gente gritaba. Entonces, mi padre corrió, atajó al rocín, lo detuvo y ¡salvó a la niña!

Sobra decir que ese día mi padre fue el héroe de la ocasión. Mi hermano y yo volvimos emocionados y orgullosos a casa, de ese modo tan especial en que los niños se sienten orgullosos de sus padres cuando actúan lo más cerca de Batman y Supermán que uno puede imaginarse.

Lo de los caballitos y cabritas era una operación de una empresa que se llamaba Mi Jacalito, ubicada al final de la Avenida Hincapié. En las tardes, era chulo ver cuando el equipo y los animales volvían a su lugar de origen en un desfile peculiar. Cuando uno era chico, montaba carretas con cabritas; luego pasaba a los caballos, donde un muchachito lo amarraba a uno a la silla y conducía al potro con una correa. Era muy importante ese rito de paso que era dejar la carreta y subir al caballo, rito que se coronaba cuando a uno ya lo dejaban llevar las riendas.

De todo aquello me acordé cuando vi la foto que ilustra esta entrada. Y es que los recuerdos de infancia, como este, tienen una magia especial: nos conectan con aquellos momentos en que el mundo era más simple y nuestros héroes, como mi padre, eran más grandes que la vida misma.