Un Árbol Gallo diferente

A pesar de que sabíamos que no iban a encender el Árbol Gallo temprano y que no iba a haber espectáculos, ni gentío, ayer dispusimos ir a la plaza del monumento a los próceres de la Independencia, donde se ubica el árbol célebre, para ver ver a la gente que también llegaría.

Ârbol Gallo en la plaza del monumento a los próceres de la Independencia, en la ciudad de Guatemala.

A pesar de que no hubo bulla, la experiencia tuvo su encanto.

No había mucha gente, pero la había.  Familias, principalmente, y jóvenes.  Como no hay transporte colectivo, ni habría fiesta, no hubo multitudes.  Lo que sí había y bastante, era un espíritu de paz, convivencia y de esperanza.  Si alguna vez has visto las miradas de los niños cuando se maravillan con algo  y si alguna vez han visto las miradas de los padres que se alegran de ver a sus hijos contentos, quizás sepas a lo que me refiero.

Como el árbol estaba apagado, y no sería encendido hasta en la noche, noche, el toque de colores lo pusieron los vendedores de globos, espadas con luces y otros juguetes luminosos.  La música eran las conversaciones de la gente y las risas y carreras de los chiquitos.

El 99.99% de la gente iba con mascarillas y si algunos se las quitaban era para tomarse la infaltable foto con el Árbol Gallo detrás, ya fuera solos, en parejas, o en familia.  Había suficiente espacio en la plaza para que cada quien pusiera algunos metros de distancia con otras personas, cada quien de acuerdo con su mejor juicio.

Fue raro ver la plaza sin mucha gente y sin fiesta; y fue raro no ver el momento en el que  el árbol fuera encendido, cosa que ocurrió ya tarde, cuando la mayor parte de la gente (yo incluido) ya nos habíamos ido.

¡Gracias a la Cervecería Centroamericana por encender los árboles en todo el país! ¡Gracias a Cayalá en donde hubo fuegos artificiales a principios de esta semana! ¡Gracias a Pollo Campero que iluminará los cielos como en otros años!…y gracias, todos,  por hacerlo de forma prudente. Hoy, más que nunca, los chapines necesitamos recordar que las tradiciones nos conectan y que todo pasa y que esto -la pandemia- también pasará. Grandes y chicos necesitamos, como no se necesitaba desde el terremoto de 1976, recordar que la vida es preciosa y que hay que celebrarla cada vez que sea posible.

Actualización:

El domingo, 15, volvimos a la plaza de El obelisco a ver el árbol iluminado y fue una buena idea. Tengo la impresión de que la música estaba fallando, porque no se oía bien.  Descontado eso, fue muy  agradable el ambiente. Poca gente y todos con mascarillas, mucho aire fresco y espíritu de fiesta.

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