26
Jul 22

Bergoglio abusa de sus facultades

 

Jorge Bergoglio se reunió con sobrevivientes de una antigua escuela residencial para indígenas en Canadá, para pedir perdón por el papel que tuvo la organización que dirige en la violencia infligida a miles de menores de pueblos autóctonos.

La foto la tomé de Facebook,

El dirigente católico dijo: Pido perdón, en particular, por la forma en que muchos miembros de la Iglesia y de las comunidades religiosas cooperaron, sobre todo a través de su indiferencia, en los proyectos de destrucción cultural y de asimilación forzosa promovidos por los gobiernos de la época, que culminaron en la sistema de escuelas residenciales.

Pero…¿puede Bergoglio hacer algo así éticamente?  Digo, porque la responsabilidad consiste en hacernos cargo de las consecuencias de nuestras decisiones y de nuestras acciones…personales e individuales, concretas.  Sólo puedes pedir perdón por tus decisiones y acciones, no por las de otros…y menos si son de hace décadas, o siglos. Quién perdona se comprende profundamente a sí mismo y a sus semejantes, permitiéndole entender la razón de por qué perdona. De ahí que el perdón deba ser personal e individual, concreto.  No puede ser un acto colectivista y abstracto.  No puedes pedir perdón por algo que no hiciste, y no puedes perdonar a alguien que no te hizo nada.  No tiene sentido alguno pedir perdón por algo que hicieron otros cuando no estabas en posición de tener algo que ver con esos actos.

Bergoglio tendría que saber y entender aquello porque la responsabilidad estrictamente personal de los actos es una de las rescatables aportaciones éticas del cristianismo. Opuesta, incluso, a la responsabilidad colectivista aniquiladora del Viejo Testamento en el que todos los bebés son pasados por las armas, o en el que dos ciudades son destruidas por fuego y azufre.  Sin distinguir individuos.  Sólo masas.

Bergoglio no sólo no está obligado a pedir perdón por decisiones y actos ajenos; sino que no tiene derecho a hacerlo.  Es vacía la pretensión de Bergoglio, y la de otros políticos. de buscar redención por actos que ocurrieron hace décadas y siglos, aunque diga que siente tristeza, indignación y vergüenza…porque no son suyas de sentir, ni suyas de expresar.

Es cierto que muchos miembros de la organización que ahora dirige Bergoglio cometieron abusos y hasta crímenes, como lo que algunos religiosos de su persuasión cometieron en Canadá, o el caso de Las hermanas de la Magdalena, por citar un caso entre ¿Cientos? ¿Miles? Pero…los responsables de aquellos actos fueron personas específicas, concretas e individuales, sobre todo individuales. No cabe criar culpa, ni atribuir responsabilidad a la Iglesia que no son sólo Bergoglio y sus cardenales, sino que son todos los católicos como tu, tu y tu, algunos de los que están leyendo estas líneas.


19
May 22

¿Qué fue primero, la moral, o las costumbres?

 

En su libro, Individuo y sociedad, Ricardo Rojas aborda -entre otras- la cuestión de ¿Qué fue primero, la moral, o las costumbres? y lo hace en un contexto praxeológico. Porque la praxeología es la ciencia de la acción humana y se ocupa de toda forma de interacción humana.

Es fascinante conversar con Ricardo y explorar los principios del individualismo metodológico y la praxeología llevados a temas como la sociedad, el conocimiento, el lenguaje, la historia, la política y la moral.  Ya antes, por cierto, Ricardo había escrito un volumen completo sobre los fundamentos praxeológicos del derecho.

Haz clic en la foto para ver la conversación.

Con respecto a la pregunta que da pie a estas meditaciones, la perspectiva del individualismo metodológico rechaza la idea de que la moral es un conjunto de normas abstractas que nadie sabe exactamente de dónde salen y explica que la moral es un código individual que guía nuestras acciones.  Si se concibe así a la moral, también se concibe a las costumbres como el producto de la interacción de valores e individuos, que termina generando acuerdos sobre principios y costumbres que ayudan a las personas a interactuar.

No podría existir costumbre, si no hubiera moral, explica Ricardo; y esa idea es contraintituiva.  Luego de ver la conversacion, ¿tu qué piensas?


12
May 22

“King Richard”, una peli para conversar en familia

 

Entre la basura victimista y woke que suele uno encontrar en la tele de cuando en cuando aparece algo que merece la atención como una peli motivadora e inspiradora, tal es el caso de King Richard, que lleva el nombre del padre y entrenador de las estrellas del tenis Serena y Venus Williams.

Aparte de que es una buena historia bien contada y de que algún experto podría estar de acuerdo, o no con los métodos particulares de Richard Williams, esta peli ilustra la importancia de tener un propósito en tu vida, la importancia de establecer una pirámide de valores que sea tuya y la de que la racionalidad, la honestidad y le independencia, así como el orgullo sean las virtudes mediante las cuales obtengas y conserves tus valores.

De acuerdo con la ética objetivista, que es una ética prudencial:

El propósito es el valor fundamental que sirve como guía, o faro para integrar la jerarquía de tus otros valores; y el orgullo es el resultado de alcanzar el propósito.

La honestidad es la virtud de no falsear la realidad y nunca buscar, ni conceder lo inmerecido.

La independencia es aceptar la responsabilidad personal de realizar uno sus propios juicios y vivir de acuerdo con ellos.

La lista podría seguir y encontrarás esas y otras virtudes en la vida de la familia Williams; de la cual Oracene Williams es una persona clave y que es brillantemente interpretada por Aunjanue Ellis.

A mí me encantó la peli y sospecho que no tiene mejores calificaciones en parte por los prejuicios contra Will Smith después de lo que ocurrió durante los premios Oscar; y porque la película no responde a los cánones, ni a los estereotipos que están de moda en Hollywood, en Netflix, en Disney y en otros ambientes que rechazan los valores y las virtudes que muestra la peli.

Entre mis citas favoritas se cuentan:

The most strongest, the most powerful, the most dangerous creature on this whole earth is a woman who knows how to think. Ain’t nothing she can’t do, de Richard Williams porque tiene que ver con la virtud de la independencia y claro, se aplica tanto para hombres, como para mujeres.

Unlike you, I don’t need the world to tell me I’m great, de Oreacene Williams porque tiene que ver con la virtud del orgullo.  El orgullo, claro, no debe ser confundido con la soberbia.

También la cita que ilustra esta entrada: Nothing is free, somebody pays for it, de Richad Williamos.  La clásica There is no such thing as a free lunch, que ilustra la virtud de la honestidad.

Si buscas una peli para conversar en familia, o para compartir en clase, no dejes de ver esta.


20
Abr 21

Chernóbil, resultado de le ética de los soviets

Ningún elogio que hayas leído, o escuchado sobre la miniserie Chernobyl le hace justicia; y ya se que vengo tarde, porque seguramente muchos de ustedes ya la vieron, pero no quiero dejar de comentarla brevemente porque estoy convencido de que fue el resultado más oprobioso de la ética de los soviets y del socialismo real.

¿Alguna vez notaste el subtítulo de esta producción? Es: ¿Cuál es el costo de las mentiras? Frase que le viene como anillo al dedo no sólo a la miniserie, sino a todo el sistema soviético.  Una vez leí que la URSS era un país del tercer mundo con un ejército del primero y eso se hace dramática y extremadamente evidente en Chernobyl.  No sólo en la naturaleza tecnológica de la planta que llevaba el nombre de Vladimir I. Lenin, sino en su administración y su política, y en el manejo de aquel que fue un desastre de magnitudes casi inimaginables, y que pudo haber sido un cataclismo que nos arrastrara a la más oscura de las experiencias humanas.

¿Sabes que me impresionó? Yo estaba consciente de que lo que ocurrió en Chernóbil fue un desastre de grandes proporciones; pero no fue hasta ver la miniserie y tratar de dimensionar las cifras, que me di cuenta de lo espantoso que había sido.  Es que las cifras son espeluznantes. Me impresionó también que algunos de mis amigos y coetáneos tampoco se dieron cuenta de lo monstruoso de lo ocurrido y de lo perverso de las mentiras soviéticas.  Uno de mis amigos incluso me comentó que él siempre había creído que lo de Chernóbil había sido una exageración.  Quizás es que, como les ocurre a algunas personas con el Holocausto, a los seres humanos nos cuesta mucho concebir que el mal pueda superar ciertas dimensiones.

Al final de la miniserie nos cuentan que Mijaíl Gorbachov consideró la posibilidad de que el desastre de Chernóbil fuera la causa final del colapso de la URSS, y no dudo que -en un contexto de perestroika y glásnost– lo de Chernóbil desnudara y debilitara tanto a aquel sistema corrupto, anquilosado, inhumano y construido sobre muertos y mentiras, que el sistema soviético fue incapaz de sostenerse más.


18
Sep 20

Empatía

Empatía es el concepto que Adam Smith, en su obra Teoría de los sentimientos morales, identifica como la capacidad de ponerse en el lugar del otro para sentir lo que el otro siente, sin perder la identidad propia. Es, digamos, la capacidad de ponerse uno en los zapatos del otro.

La ilustración la tomé de Facebook.

Si, ya se que Smith no le llamó empatía, sino simpatía; pero entre nosotros, en el siglo XXI, el término simpatía tiene otras implicaciones inatingentes. Uno podría decir que tal, o cual persona es simpática en el sentido de que es agradable y atractiva.

Para Smith, lo que conocemos como empatía no es solo la capacidad de compartir el sufrimiento, o la alegría ajena, sino que es la habilidad que facilita las interacciones entre las personas, hasta tal punto de que hace posibles el orden y la armonía en la sociedad.  Tenemos mejores sociedades en la medida en que hacemos más grandes los círculos de empatía.

De aquello me acordé al horrorizarme por algunas de las reacciones como consecuencia de la desaparición y muerte de un chico de 17 años al que se llevó un alfaque a inmediaciones de Monterrico.  Ya es bastante triste y doloroso que muera una persona en plena juventud, como para que los fariseos, y los sacerdotes de la envidia y del odio aprovechen la ocasión para pontificar…sin una onza de empatía.

No es la primera vez que veo esa conducta en redes sociales, e incluso en vivo.  Con ocasión de otras tragedias individuales, no escasean los individuos que aprovechan para encender los polvorines de la envidia, el resentimiento y el odio, y no faltan quienes recogen el fuego y lo esparcen por donde pueden. A veces en el espíritu de I am holier-than-thou y a veces en el de la lucha de clases. Motivos para ser pusilánime, supongo que no faltan.

La ausencia de empatía no sólo apunta a trastornos individuales, sino que pone en evidencia a una sociedad en deterioro.  No me digas que no has notado, con el encierro forzado, cómo es que muchas personas actúan de forma agresiva y tan poco empática, que hasta dan un poco de lástima.

¿Podemos rescatar la empatía?

Columna publicada en elPeriódico.

Actualización: Por supuesto que la empatía requiere de contexto; y, además, la práctica de la empatía requiere de honestidad e integridad.  La honestidad es la virtud de no tratar de falsear la realidad y en no fingir que las cosas son otra cosa que lo que son; y la integridad es rehusarse a falsificar la consciencia, es decir, mantener la unidad entre las acciones y las convicciones propias.


18
Abr 20

Vida, economía y…política

Si googleas Economía, Imágenes, lo que obtienes es docenas de fotos e infografías de dinero y gráficas.  Esto es porque, en muchos ambientes se cree que la economía es acerca de acumular un recurso muy específico llamado dinero y que es acerca de estadísticas y matemáticas.

Si pones Economía, en Google, te encuentras con imagenes como estas.

Quizás por eso es que personas como Alejandro Giammattei, presidente de la República de Guatemala creen que la economía y la vida humana son mutuamente excluyentes y desarrollan un dilema falso según el cual -desde la política- hay que elegir entre el dinero y la vida.

Si a este dilema falso le añadimos que hay personajes como Jorge Bergoglio, que aseguran que el dinero es el estiéctol del diablo, no es difícil imaginar por qué es que algunas personas optan por ¡la vida! y optan por ignorar la naturaleza y el valor de la economía.

¿Economía y vida son excluyentes?

En esta entrada no me voy a ocupar del tema estadístico y matemático que confunde la naturaleza de la economía; más bien me voy a enfocar en lo que es la economía y en la naturaleza del dinero, así como con su relación íntima con la vida.  Pero no con la vida biológica, que compartimos con las amebas, las tortugas y las palmeras, sino con la vida humana digna y floreciente.

El propósito de la economía es descubrir, identificar, crear los medios que han de utilizar las personas para satisfacer sus necesidades humanas tanto materiales como inmateriales. Dicho de otra forma, la economía trata de los medios y las acciones que las personas eligen para conseguir ciertos fines de acuerdo con sus juicios de valor, juicios que no son objeto de la economía y son personales. Cuando se piensa en economía debe pensarse en acción humana, y debe recordarse que todos los bienes a los que aspiramos (materiales, o inmateriales) son escasos y que los medios para conseguirlos, o sea los recursos, no sólo son escasos, sino que no están uniformemente dispersos en la naturaleza y que muchas veces hay que transformarlos, y/o crearlos.

De ahí que economía, acción humana, decisiones, valoraciones y vida digna y floreciente estén íntimamente relacionadas. ¿Cómo podría haber vida digna y floreciente sin respeto a los derechos individuales y a la facultad de las personas de actuar de acuerdo con su mejor juicio en ausencia de coacción arbitraria? De ahí la relación de la economía con un sistema de libre empresa, que parte del respeto a tres principios valiosos:  La idea radical de que otras personas no son tu propiedad; el principio de no agresión que consiste en no iniciar el uso de la fuerza contra otras personas, o su propiedad, ni directamente, ni por medio de agentes; y el principio de igualdad de todos ante la ley.

Es fácil creer que hay un dilema entre los codiciosos que sólo quieren dinero y bienes materiales para sí a toda costa, y las personas buenas que sólo quieren el bien de los demás y están dispuestas a sacrificarlo todo por el bien común, si se desconoce la naturaleza de la economía.

¡Y si luego hay gente que le cree a Bergoglio, que supone que el dinero es el estiércol del diablo y que recomienda amar la pobreza como a una madre, la mesa está servida para la ruina moral y la ruina económica! ¿Por qué?

Porque si te detienes a pensarlo un poco:

  • El dinero es un instrumento de cambio, que no puede existir a menos que haya bienes producidos y hombres capaces de producirlos.
  • El dinero es la forma material del principio según el cual, los hombres que quieran tratar entre sí deben hacerlo a través del intercambio dando valor por valor.
  • No es instrumento de mendigantes que piden regalado a base de lágrimas ni de los saqueadores que arrebatan a la fuerza.
  • El dinero se hace posible sólo por los hombres que producen.
  • Cuando aceptas dinero en retribución de tu propio esfuerzo, lo haces bajo la convicción de que lo podrás cambiar por el producto del esfuerzo de los demás.
  • No son los mendigantes o los saqueadores, los que dan valor al dinero. Ni un océano de lágrimas, ni todos los cañones del mundo pueden transformar esos pedazos de papel en su cartera, en el pan que usted necesita para sobrevivir mañana.
  • Esos pedazos de papel que debieran ser oro [o plata], son una prenda de honor su título que le da derecho a la energía de la gente que produce.

Si quieres saber más sobre la naturaleza del dinero, te recomiendo el discurso de Francisco D´Anconia sobre el dinero, que puedes leer aquí.

  • El dinero no es el estiércol del diablo porque representa valor.
  • El dinero no es la raíz, ni la consecuencia de todos los males porque, descontando los actos criminales, que son criminales, se hace y se obtiene de forma pacífica, por medio de la producción y el intercambio.
  • La raíz de todos los males no es el amor al dinero, porque el amor al dinero es amor a lo que representa: valor, producción, intercambio.

El dinero, sin embargo, es sólo uno de los bienes, o recursos de los que se ocupa la economía, no es EL objeto de la economía; y, en todo caso, como valor, está intimamente ligado a la vida humana, que es vida digna y floreciente.

En cierto modo, es verdad que para que haya economia debe haber vida; pero también es muy cierto que para que haya vida debe haber economía.  Del mismo modo, para poner un ejemplo, en el que para que haya libertad tiene que haber responsabilidad y en el que para que haya responsabilidad tiene que haber libertad.  ¿Ves que no hay dilema?

¿Ves que no hay dilema?

¿De donde, entonces, sale la necesidad de crear aquel dilema falso y un enfrentamiento artificial entre la vida y la economía?

Sale del miedo.  Del miedo que tienen aquellos que todavía disfrutan de  trabajo y recursos (en el sector privado y en el sector estatal) y no tienen que preocuparse de si habrá cheque a fin de mes, y de si habrá con qué pagar el colegio de los niños, la mensualidad del carro o la cuota del club. Del miedo que tienen los políticos y burócratas. Miedo que les hace creer que tienen la facultad moral de sacrificar a otros y miedo que les hace creer que no hay límite alguno para las acciones que sean necesarias para protegerse y to save their asses. Miedo que no tiene respeto alguno por la constitucionalidad, por el estado de derecho y la justicia.

Sale del oportunismo. Del oportunismo de quienes se emocionan con pescar en río revuelto; y están preparando el tinglado para cambiar las estructuras y hacer la revolución.  Son los que necesitan del caos, la violencia, el descontento y la desesperación para alzarse con el poder al margen de las urnas.

Vida y economía son inseparables.

Vivíamos en un mundo que nunca antes en la historia de la humanidad había ofrecido tanta prosperidad y bienestar a tantos millones y millones de personas; y muchos desarrollaron la creencia de que aquellos prosperidad y bienestar eran el estado natural de las cosas y la creencia de que podíamos…o deberíamos librarnos de todo mal sin entender la naturaleza de aquellas prosperidad y bienestar. Y, pues, bien, a causa de los miedosos y de los oportunistas, la economía y la vida están siendo víctimas de un parón desproporcionado, cuyas consecuencias lamentables de carácter ético, jurídico, y económico, se van a pagar en términos de hambre, desesperación y muerte.  Y las van a empezar a pagar los que no tienen para la renta semanal del cuarto en que viven, aquellos cuyos negocios no aguantan, aquellos cuyos empleos ya no son sostenibles, y pagarán por razones políticas. Pagarán porque desde el poder, o desde la ambición del poder, hubo quienes decidieron que eran los llamados a ser sacrificados.


25
Mar 20

Ser, o no ser…y mi padre como ejemplo

La lectura de hoy me trajo uno de los monólogos más célebres de toda la literatura universal: el que empieza con Ser, o no ser, ese es el dilema.

Harvard Classics, Vol. 46.

Esa frase de Hamlet me lleva al hecho de que el dilema fundamental es vivir, o morir.  Si morimos, ahí todo se acaba, no hay nada que discutir y está todo dicho y hecho.  Pero si vives la vida debe ser vida digna, vida floreciente, vida plena o vida feliz.  Como para los seres humanos la vida no sólo es biológica (como  para las amebas, las tortugas y los árboles) necesariamente tenemos que tomar las decisiones que favorezcan aquel tipo de vida.  Decisiones que no dañen aquel tipo de vida.  Vivir es lo que hacemos y nos pasa, escribió José Ortega y Gasset. Aquella toma de decisiones debe ser racional y ese es el origen no sólo de la necesidad de códigos éticos racionales que favorezcan el florecimiento; sino de los derechos que facilitan la cooperación social y, por ende, aquel florecimiento.

Dicho lo anterior, una de las cosas que más disfrutaba de mi padre era encontrarlo sentado en la sala de la casa, libro en mano, en las tardes cuando yo regresaba de jugar en la calle con mis amigos.  Ahí estaba él, en un rincón y acomodado.  Y se veía tan bien, galán como era.  Sereno y absorto.  Yo quería ser así…o, por lo menos, hacer eso.

Una tarde de aquellas me senté junto a mi padre con Hamlet en mano y lo empecé a leer. No recuerdo por qué elegí  Hamlet en particular; pero cuando mi padre me vio con eso me dijo que quizás debería leer algo más como para mi edad.  Yo calculo que tendría unos 10, u 11 años, entonces.  Y me dió Vida y combates de Luis Angel Firpo (un boxeador argentino).  Y me explicó que el libro había sido de mi abuelo, y que a él le gustaba mucho el boxeo. Recibí el libro e hice lo posible por leerlo, mas nunca lo terminé; y tampoco volví a Hamlet.  Pero empecé a cultivar un hábito de lectura.

¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.


10
May 19

En el Día de la madre

Cada Día de la madre, suelo encontrar alusiones abundantes a las madres sacrificadas. Y pienso…¿Es a sacrificio a lo que se refieren? Por ejemplo, si una madre deja de comer para darle alimentos a sus hijos, ¿se sacrifica?

La foto de Nora es por Luis Andrés Schwartz.

Escucha el podcast aquí.

La creencia general es que sí; que si una madre deja de ir al cine con sus amigas para quedarse a cuidar a su hijo, eso es un sacrificio. Que si deja de hacer cosas que hacía antes para luego tener plata con qué mandar a su hijo a la universidad, eso es sacrificio y tal.

Empero, un sacrificio es una acción a la que uno se sujeta con repugnancia, o sujetarse con resignación a una cosa violenta. Es abnegación, que a su vez es renunciar uno a sus intereses y a sus valoraciones. Hay sacrificio, por ejemplo, cuando uno entrega algo de más valor (para uno), a cambio de algo de menos valor (para uno). Ahora bien, si la madre valora (ama, respeta y admira) al hijo y deja de comer por él, o deja de ir al cine, por él, ¿cuál es el sacrificio? Si la madre valora y se interesa por su hijo más que por el cine, por decir algo; ¿dónde está la abnegación?

Es evidente, en aquellos casos, que la madre cambia algo que valora (comer, o ir al cine), por algo que valora más (su hijo). No hay repugnancia, ni resignación frente a la violencia. ¡Al contrario!

Claro que otro es el caso si se diera el uso de violencia; es decir, si la madre fuera obligada a cuidar a un hijo que no quiere, que no ama, que no respeta, que no admira. Entonces sí habría sacrificio, porque hay uso de la fuerza, o amenaza de violencia. Y claro, ese no es el tipo de relación que admiramos entre una madre y su hijo (o al revés).

En este Día de la madre, no celebremos el sacrificio, la repugnancia, ni la violencia. Por mi parte, celebró a mi madre; cuyo amor, gozo por la vida, generosidad y buen juicio han estado a mi lado tanto en los días de fiesta, como en los días adversos. Gracias, Nora, por haberme valorado, y por nunca haber considerado la posibilidad de que yo fuera objeto de tu sacrificio. ¡Lehaim!

Y de paso a los lectores les recomiendo que googlen y lean Capitalism created modern motherhood.

Columna publicada en elPeriódico.


28
Mar 19

Bergoglio dice que tu comida no es tuya

Jorge Mario Bergoglio asegura que la comida no es una propiedad; sino providencia para compartir por la gracia de su dios; o sea que, tu comida, no es tuya.

Según Bergoglio, los alimentos que compras, con el dinero que has ganado mediante tu trabajo, no son tuyos, ni de los tuyos; sino que se deben al cuidado del mundo que los creyentes le atribuyen a su dios.

Caridad, ilustración de dominio público, vía Wikimedia Commons.

El Papa rezó para que no nos haga faltar nuestro pan cotidiano, y nos ayude a comprender que este no es una propiedad privada sino, ayudados por su gracia, es providencia para compartir y oportunidad para salir al encuentro de los demás, especialmente de los pobres y necesitados.

Comparto la idea de cualquiera que piense que es benevolente compartir los alimentos con quienes no los tienen; siempre que ese acto de compartir sea voluntario y siempre que los beneficiarios merezcan la caridad.  Lo que me parece horrible es que Bergoglio pretenda hacernos creer que las obras de filantropía que hacen las personas-con el pan que han ganado trabajando- no son obras de caridad virtuosas de quien las hace, sino que son una de las formas en las que su dios cuida de la gente. Eso es como presumir con sombrero ajeno, ¿no te parece?

Si la pretensión papal fuera cierta, la caridad sería despojada de su carácter virtuoso para convertirse en un hecho instrumental en el que el benevolente es nada más que un medio.

Me parece horrible porque la alimentación es una necesidad y las necesidades se cubren con recursos económicos, mismos que no sólo son escasos, sino que se requiere talento y trabajo para producirlos. El pan y otros alimentos sólo se producen como consecuencias de ahorro, capitalización, empresarialidad y trabajo.  Si no que lo digan los pobres de aquellos lugares en donde han faltado aquellos elementos.  ¿Dónde está el dios de Bergoglio en Venezuela cuando la gente no tiene que comer? ¿Donde estaba en el holodomor de Ucrania? ¿En las hambrunas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y en las de China y Camboya para citar unas? ¿Dónde está en el corredor seco?

Sólo donde abundan el ahorro, la capitalización, la empresarialidad y el trabajo, abundan los alimentos no sólo para sobrevivir, sino para compartir.  No porque los que pueden ser benevolentes oren y consigan pan en abundancia; sino porque hay quienes ahorran, capitalizan, emprenden y trabajan tanto, que lo que producen alcanza ¡hasta para compartir voluntariamente! y no como consecuencia de ser instrumentos de la providencia.

Cuando Bergoglio hace comentarios así, no sólo dice que lo tuyo no es tuyo; sino que despoja de su carácter virtuoso a la benevolencia.  ¿Así, o más perverso? Y cuando tu financias la organización que dirige Bergoglio, financias las ideas que esparce Bergoglio.


01
Mar 19

Una moral para ser feliz en la Tierra

El propósito de la moralidad es enseñarte, no sufrir y morir, sino disfrutar y vivir; esta afirmación, audaz, contradice bastante de lo que en nuestra cultura se tiene por ético. Entre nosotros, muchas personas tienen como buenas la renunciación, las privaciones, el sufrimiento, el sacrificio y hasta la muere, como el paso necesario para ir a la otra vida.

Si te llamó la atención la frase con la que comienzo estas meditaciones, seguramente te va a interesar la Ayn Rand University App, que puedes googlear y bajar para IOS y para Android………¿ya la estás bajando?

Haz clic en la ilustración para bajar la App

Escucha el podcast aquí.

En ella encontrarás centenares de horas de contenido por Ayn Rand y por expertos en objetivismo, disponibles en cualquier momento y en cualquier lugar.  ¿Cómo me enteré de la App?  Fue el miércoles durante la presentación del Ayn Rand Center Latin America, otro recurso disponible para aquellos de nosotros interesados en la identificación racional de una ética para ser felices y para vivir en la tierra. Puedes buscarlo en Facebook.

Desarrollar aquel tipo de código moral es una tarea difícil y demandante; y durante aquella presentación, Tal Tsfany-que es el CEO del Ayn Rand Institute y autor de Sophie, un libro sobre una niña heroica- sugirió un ejercicio que puede ayudarlo a uno en aquel proceso.  Tal recomienda que cada noche uno identifique y anote algo que haya sido bueno para uno en ese día; y que luego uno identifique qué es lo que significa aquello bueno para uno. Con el tiempo uno podrá identificar valores y patrones y responderse si aquellos valores y aquellos patrones son consecuencias de elecciones racionales hechas por uno, o si son valores y patrones tomados caprichosamente de otros, o exigidos por otros.

Me encantó ese ejercicio y por eso te lo comparto.  ¿Qué tal si, en medio de la confusión en que vivimos, nos atreviéramos a descubrir que nuestras vidas son valores en sí mismos y que es posible no vivir las vidas de otros?  ¿Qué tal si descubrimos que nuestras vidas son acerca de nosotros mismos, y no de otros?

¿Te atreves a bajar la Ayn Rand University App?

Columna publicada en elPeriódico.