26
Ago 22

La tarea de imponer la paz

 

Que el estado abandonara su misión para dedicarse a satisfacer necesidades fue una de las inquietudes que movió a Friedrich A. Hayek a advertir que la humanidad iba en un camino a la servidumbre.  ¿Cuándo? ¡Entre 1941 y 1943! En 78 años, imagínate cuánto hemos avanzado en esa ruta peligrosa.

Pero, ¿cuál es la misión del estado? Pues proteger los derechos individuales de todos sus habitantes por igual, sin distinción, ni privilegios.  Y si comprendes los alcances de las frases de todos sus habitantes por igual y sin distinción, ni privilegios es fácil que te des cuenta de porqué es que la satisfacción de necesidades particulares mina aquella misión y nos hace enfilarnos hacia la servidumbre.

En busca del cumplimiento de aquella misión es que el estado (en realidad los políticos y burócratas que controlan el poder político) están moralmente obligados a imponer la paz.  A dirimir controversias y a someter a los violentos.  Mientras que dedicarse a satisfacer necesidades es una opción, lo de proteger los derechos individuales e imponer la paz son las razones de ser del estado.

Para cumplir aquellos propósitos tan importantes y necesarios que no se puede prescindir de ellos es que existen el derecho y las leyes.  No la legislación como normas específicas y concretas destinadas a satisfacer necesidades; sino las leyes como normas generales y abstractas destinadas a mantener la paz, ambiente en el que florecen la cooperación social y la prosperidad.

Siguiendo a Hayek, por eso es que le damos a un grupo de personas que llamamos el estado, o el gobierno, el monopolio del uso legítimo de la fuerza, en sociedad…bajo la ley.  No para imponer el orden, nótese, sino para imponer la paz.  Uno y otro no deben ser confundidos.

De ahí que las autoridades, con autoridad, deban tener el apoyo legislativo, judicial y político necesario para proteger a las víctimas de los violentos, de los delincuentes, de los terroristas, de los violadores de los derechos individuales de los demás.

¿Qué opinas?

Columna publicada en elPeriódico.


20
Ene 20

Dos ideas malas en la nueva administración

Me entero de que la nueva admistración tiene como prioridad la aprobación de una forma de legislación para promover la competencia; y otra para exonerar de impuestos por 100 años a nuevas empresas, con la condición de que 9 de cada 10 empleados sean guatemaltecos. Ambas son ideas malas…pero pueden ser evitadas y superadas.

El mercantilismo clama por la intervención del poder en favor de su clientela. La ilustración la tomé de Facebook.

La primera iniciativa, por cierto es del Ejecutivo; y la segunda salió del Congreso, en boca de la bancada Prosperidad ciudadana.

En realidad, la legislación para promover la competencia se debería llamar legislación para la anticompetencia.  Por un lado obstaculizará la creación de nuevos emprendimientos (que curiosamente es el objetivo de la segunda legislación que nos llama la atención) y por otro creará nuevos incentivos para la arbitrariedad (y por ende para la corrupción) entre políticos y burócratas.

La legislación para la competencia tiene sus raíces en el pantano de las ideas de que el mercado no es como debería ser; que las personas no toman las decisiones que deberían tomar y de que necesitan de un gobierno niñera para que diseñe como deben ser las cosas.

Para efectos de estas meditaciones supongamos que sí, que sí es cierto que hay que promover la competencia.  ¿Por qué en vez de regular, restringir e imponer elecciones y conductas al antojo de los legisladores, los políticos y burócratas no se busca otra vía? Digamos: eliminar barreras de entrada a los mercados, y eliminar la pléyade de requisitos, mecanismos, licencias, trámites, arbitrios e impuestos que deben enfrentar los nuevos emprendimientos, y eliminar cualquier legislacion proteccionista que haya por ahí.

En cuanto al impuesto, la realidad es que el impuesto sobre la renta se debería llamar impuesto sobre los rendimientos del capital; pero no se llama así por la misma razón que la legislación sobre salario mínimo, no se llama legislación para mantener desempleados a los jóvenes sin experiencia.

Como el capital no sólo es la riqueza neta (activos menos pasivos), sino que incluye las herramientas, edificios y todo lo necesario para generar un proceso de produccion con mayor productividad. Cuando un impuesto castiga el ahorro (que es la fuente del capital), ese tributo impide la  multiplicación y mejora de las fuentes de productividad…y de más y mejores empleos, con lo que no sólo no crece, o disminuyen las fuentes de trabajo, sino que impiden que mejoren los salarios.

El impuesto a los rendimientos del capital, mal llamado impuesto sobre la renta, dificulta el ahorro y ya ves lo que pasa.  Si uno quisiera, de verdad, multiplicar los empleos productivos, debería eliminar el citado impuesto.

La legislación propuesta, en cambio, no sólo no resuelve el problema de fondo sino que crea una perversión que debería ser inaceptable: crea un privilegio y por lo tanto impide la igualdad de todos ante la ley.  Crea un grupo de privilegiados que no pagarán impuestos durante 100 años, mientras que todos los demás que si tienen que pagarlos.  Crea categorías de hijos y entenados.  Yo digo que en vez de multiplicar los privilegios, deberíamos eliminarlos todos.

Desde el poder, la tentación de diseñar y establecer una realidad al gusto de políticos, burócratas y sus clientelas es grande; pero debe ser resistida. Resistida para proteger un mercado sano y sin privilegios con el propósito de acabar con la pobreza y con sus consecuencias.


17
Ene 20

Prioridades para la nueva administración

Cada vez que comienza una nueva administración a cargo del gobierno, el Centro de Estudios Económico-Sociales sugiere prioridades para procurar un mejor nivel de vida para los habitantes de la república. Te los comparto porque se basan en principios de aceptación universal (no en intereses específicos, ni en privilegios), con la idea de que las obras y proyectos sean integrales y apropiados para combatir la pobreza y sus consecuencias. Y porque uno no puede, sino desearle éxitos a la nueva administración.

Haz clic en la imagen para leer la propuesta completa.

Las prioridades, son: Seguridad y justicia, en el sentido no sólo de combate contra la delincuencia; sino para la protección de los derechos individuales; Respetar la propiedad privada de los trabajadores, en el sentido de devolverles la propiedad sobre sus ingresos y ahorros; Eliminar el impuesto sobre la renta (sobre los rendimientos del capital) y reducir el gasto público (que yo digo que bastaría con congelarlo); Detener el endeudamiento, en parte porque la deuda estatal funciona como un impuesto diferido ya que tarde, o temprano, los tributarios tendrán que saldar las deudas contraídas por los políticos y burócratas; Liberar el mercado laboral, las personas deben poder emplearse y negociar sus contratos laborales libremente; Simplificar trámites y descentralizar la administración pública, para reducir costos y agilizar procesos; Devolverles a los padres de familia la responsabilidad de la educación de los hijos, liberándola del control estatal; Devolverles a las personas su derecho al subsuelo, para desactivar conflictos y por medio de Títulos de usufructo del subsuelo; Apertura del comercio exterior,  porque ningún país del mundo ha salido de la pobreza con una economía cerrada; y Despenalizar las drogas, porque la actual guerra contra las drogas trata como delincuencial un problema de salud y porque es responsable de buena parte de la violencia en el país.

No dejes de leer el documento completo en http://bit.ly/2uRCqi9

El ideal del CEES es promover el respeto a la libertad individual de producir, consumir, intercambiar y servir, sin coerción, ni privilegios.

Columna publicada en elPeriódico.


24
Nov 17

Ilegitimidad y responsabilidad

Una de las ideas más importantes y dignas de atención, publicadas en un diario chapín en las últimas semanas fue la siguiente:


Escucha el podcast aquí.

El Estado se organiza, antes que nada, para proteger a la persona y a la familia, que es la base de la sociedad. Frente a esta obligación y principal justificación para extraer recursos de la población de manera coercitiva, todas las demás funciones palidecen y carecen de legitimidad. Un gobierno no tiene legitimidad para hacer nada, mientras no pueda cumplir con su responsabilidad más elemental, proteger a la población contra la violencia y la extorsión. Mientras en el Congreso se discute sobre cómo el gobierno pretende gastar miles de millones de quetzales extraídos de los tributarios, es conveniente tener en mente el cumplimiento de lo fundamental.  Su autor es Fritz Thomas.

Leí aquel párrafo luego de enterarme de que hay 23,598 denuncias de robos de teléfonos móviles y de que ¡el 90 por ciento de las llamadas de extorsión salen de las prisiones controladas por el gobierno!

El miércoles pasado leí que el proyecto de presupuesto estatal incluye un botín de Q450 millones en obras de arrastre y que la Corte Suprema de Justicia está considerando sus bonos de fin de año, por el monto de Q68 millones. Leo que el presupuesto estatal incluye numerosos privilegios, asignaciones para grupos de interés específicos, gastos suntuarios, plazas para fantasmas, funciones duplicadas, burocracias rapaces, y cosas así.  Leí que el INE ha manipulado el Indice de Precios al Consumidor y que los beneficiados son los ejecutivos de ONG que viven de la pobreza. Leí que se está construyendo una escuela de marimba…y a mí me encanta la música de marimba, crecí con música de marimba y quiero hacer una fiesta con marimba; pero, ¿una escuela de marimba cuando no hay insumos en los hospitales y la gente sufre por eso? ¿Una escuela de marimba cuando los políticos y burócratas no cumplen con su responsabilidad más elemental que es proteger a la población contra la violencia y la extorsión?

Un gobierno no tiene legitimidad para hacer nada, ¡nada!, mientras no cumpla con su responsabilidad más elemental.

Columna publicada en elPeriódico.


23
May 14

¿Qué limita al gobierno?

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Otto Pérez, presidente de la República afirmó que su administración continuará haciendo propaganda, a pesar de que el Tribunal Supremo Electoral está tratando de evitar las campañas anticipadas por parte de los grupos políticos.  El clavo es que –en Guatemala– es muy difícil desvincular al gobierno del partido oficial, porque las figuras cesáreas del Presidente y de la Vicepresidenta están íntimamente relacionadas con la imagen del oficialismo partidista.  El Presidente dice que la prohibición del TSE no limita al gobierno.

La teoría liberal dice que las leyes y la Constitución limitan al gobierno.  Dice que los votantes limitan al gobierno.  Pero cada vez más, creo que “eso son papas y panes pintados”. El maestro Miguel Anxo Bastos y el ensayo If Men Were Angels: The Basic Analytics of the State versus Self-Government, por Robert Higgs, me han ayudado a poner en mejor perspectiva la pregunta inquietante: ¿Qué limita al gobierno?

El gobierno es una expresión de poder y el poder es la fuerza. Mediante la violencia o mediante la amenaza del uso de la violencia, quienes tienen el poder puede obligarte a hacer algo que no quieres hacer. Para ello el gobierno tiene el  monopolio de la coerción legal y busca desesperadamente tener el monopolio del uso de las armas.

El gobierno no sólo controla el uso de la fuerza, también controla el dinero.  Mediante sus facultades monopólicas con respecto al dinero, el gobierno puede generar inflación y empobrecerte sin que te des cuenta.  El gobierno puede endeudarte a ti, a tus hijos y a los hijos de los hijos de tus hijos.  Y tú ni te das cuenta.

El gobierno no sólo controla la fuerza y el dinero, también controla la educación.  El sistema estatal de educación produce ciudadanos ejemplares. ¿Y cuáles son los ciudadanos ejemplares? ¿Tal vez tú que pagas tus impuestos sin chistar, que votas para poner en el poder a políticos que continuarán la piñata, y que cumples con todo tipo de legislación sin protestar?  Los ciudadanos obedientes son ejemplares.

Sospecho que ninguna prohibición limita al gobierno. ¿Qué limita a quienes controlan la coerción, el dinero y las ideas?

Columna publicada en El periódico.

La entrevista que ilustrra esta columna es una conversación que sostuve con Robert Higgs acerca de la guerra perdida contra las drogas, un tema íntimamente ligado al que ocupa las reflexiones de arriba.


22
May 14

Funcionarios y extorsionistas, el caso de Huehuetenango

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El gobernador de Huehuetenango, José Antonio López , está en la cuerda floja, ya que podría ser destituido, entre otras razones, por proponerle a la empresa Energuate que instale pantallas gigantes para ver el Mundial de Futbol, en el contexto de las platicas para resolver el conflicto por robo de energía eléctrica en su jurisdicción.

¿Cómo está eso de que está en la cuerda floja y podría ser destituido? ¿Todavía lo están pensando?

Deja el gesto populista de conseguirle pantallas gigantes al pueblo futbolero…los gobernadores son representantes del Ejecutivo en sus departamentos y el hecho de que uno de estos funcionarios le insinúe a una empresa que está siendo víctima de actividades criminales, que para empezar a resolver sus problemas, sería bueno que esta haga algo como colocar pantallas gigantes para que la mara pueda ver el fútbol es escandaloso, e inaceptable, aunque el acto tiene algo de postivo:  ¡Por supuesto que siempre se ha sabido que el gobierno es la fuerza y que el poder sirve para hacer que otros hagan lo que no harían si no se les amenazara con el uso de la violencia!; pero cuando esta capacidad se pone en evidencia,  así de pelada, deberíamos aprovechar el llamado de atención.

¿Vamos a seguir permitiendo la extorsión y la espoliación al amparo del poder?  ¿Cuántos casos más hay por ahí, de esos en los que los funcionarios piden algo a cambio de hacer lo que es su deber?

La ilustración es por Andy Beecroft [CC-BY-SA-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons


07
Feb 14

Gobernar es gravar para gastar

Los pipoldermos, para quienes gobernar es gravar para gastar –como dice mi cuate, Osvaldo Schenone– están desesperados y su movida más reciente fue la de imponer un tributo de US$15 para los viajeros. Todavía no está vigente, pero si nos dejamos lo estará en unos meses.

¿Cuál fue el mejor argumento de los grupos que se manifestaron primero contra aquel abuso? El de que el impuesto le restará competitividad al país como destino turístico. La palabra técnica para argumentos tan malos y primitivos como ese es bullshit. ¿Quién va a dejar de venir a ver Tikal, La Antigua, Atitlán y la cultura maya viviente por unos dólares de más? Además, otros países también cometen expoliaciones y abusos de esa naturaleza.

Cuando los grupos de interés argumentan desde aquellas perspectivas, no solo hacen el ridículo, sino que no le hacen favor alguno a la causa de la libertad, no atacan las raíces del mal y solo fungen como negociadores de posiciones en vez de servir como defensores de principios.

El hecho es que todo impuesto es un robo. Los impuestos son dinero ajeno tomado por la fuerza, por los pícaros políticos que por el momento detentan el poder, para redistribuirlo luego entre su clientela –muchas veces contra los intereses y derechos de los legítimos propietarios del dinero expoliado–. Generalmente, parte de aquella redistribución se queda en los bolsillos de los que parten el bacalao.

El problema no es el de a cuánto va a ser la tasa que los publicanos le van a imponer a los viajeros; a las personas que viven del comercio y la industria en el Sistema D, o economía informal; o a los barriletes y a los colochos de guayaba. El problema de fondo es que somos una sociedad que no ve mal que haya expoliación y que no ve mal que los políticos financien intereses particulares con dinero ajeno, siempre y cuando no seamos nosotros los expoliados, o siempre y cuando los beneficiados de la redistribución seamos nosotros. Lo que debería ser inadmisible es el robo, no el porcentaje.

¿Qué dijo Henry David Thoreau para casos como este? Por cada mil personas atacando las ramas de un problema, hay una sola atacando sus raíces.

Columna publicada en El periódico.


16
Oct 13

De “V for Vendetta” a la Sexta Avenida

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Esta pinta-que estaba en la Sexta Avenida del Centro Histórico de la ciudad de Guatemala- fue insipirado en V for Vendetta y dice: El pueblo no tiene que temer el gobierno, el gobierno debe temer al pueblo.  Si no has visto la peli, te la recomiendo.  Mucho.  Es una de mis favoritas en todo el universo mundo.


02
Ago 13

Clientelismo, inflación e ingobernabilidad

Ve pues.  Hoy leo que hay quienes temen que el endudamiento en el que quieren meternos los pipoldermos podría aumentar la inflación y la ingobernabilidad.  Por gobernabilidad se entienden dos cosas: un grado elevado de cooperación e interacción entre el quienes ejercen el poder y los actores no estatales en el interior de redes de decisiones mixtas públicas y privadas; o bien el conjunto de formas de coordinación de las acciones individuales, entendidas como fuentes primarias de construcción del orden social. Por extensión, gobernabilidad es definida como cualquier forma de coordinación social.

Yo digo que siendo que la sociedad es un Kosmos (o sea un orden espontáneo, en el sentido hayekiano) no debería ser el caso que la coordinación social dependa de los pipoldermos. La provisión de seguridad y justicia podrían serle encargadas a un gobierno bajo la ley; pero la coordinación social no es tarea propia de quienes ejercen el poder.  Es peligroso encargarles la coordinación social.

De la lectura de la nota en cuestión no me extraña que la inflación pudiera causar dificultades para la cooperación y la interacción entre los mandatarios y los mandantes.  Así debería ser porque los mandatarios son los causantes de la inflación, y esta es un impuesto oculto que le roba valor al dinero de las personas y empobrece a los más vulnerables.  En una sociedad sana la inflación debe ser motivo de indignación y de ingobernabilidad.

Es perturbador, eso sí, que la gobernabilidad (como cooperación) dependa de la satisfacción de las demandas de ciertos grupos de interés (académicos, deportivos, empresauriales, culturales, sindicales, o de cualquier otra naturaleza).  La satisfacción del clientelismo (o sea la dependencia que algunos grupos de interés tienen con respecto la concesión de prestaciones obtenidas de parte de la función pública) no debería ser fuente de gobernabilidad.  Y esto sólo ocurre por alcahuetería, y porque todas las partes involucradas (menos los tributarios y los ciudadanos, como tales) se benefician de las inteacciones que ocurren al amparo de la arbitrariedad y de la legislación que perpetúan ese estado de cosas en las que no hay distinción entre los límites de lo privado y lo público.

Al final de cuentas criamos cuervos, y ya sábes lo que pasa cuando crías cuervos.


27
Ago 12

¿Para qué queremos “autoridades” así?

Cuando la autoridad se convierte en déspota, o en criminal, pensadores como Platón, Tomás de Aquino, Juan de Mariana, John Locke y George Mason reconocían que los súbditos -o los ciudadanos para el caso moderno, y ¡por supuesto que los tributarios!- tienen derecho a rebelarse.

Esto es porque a los gobernantes y sus agentes les damos el monopoliio del uso de la fuerza para que protegan nuestros derechos individuales; y no como un cheque en blanco para que los violen.

De eso me acordé cuando ví, en Facebook, la fotografía que ilustra esta entrada.  Aparentemente la foto ilustra el momento en el que unos policías de La Antigua le derriban su canasta con frutas a una vendedora.  Un acto evidente de abuso y de violencia.

La cosa empeora porque los retenes o puestos de revisión instalados por la Policía Nacional Civil, las fuerzas combinadas, e incluso únicamente soldados, en calles y carreteras funcionan sin control, ni plan alguno, y son oportunidades para la comisión de abusos, extorsiones, y otros actos parecidos e inaceptables.

Y si aquello no es suficiente, y todavía no estás indignado, el asunto se pone peor.  ¿Leíste el reportaje sobre los tres policías que están acusados de violar a una chica que salió ebria de una discoteca?

¿Hasta cuándo, Catilina, vas a seguir abusando de nuestra paciencia?, dijo Cicerón.  Y yo digo que es lo que todo ciudadano y tributario responsable debería preguntarles a los pipoldermos.

Si te interesa el tema de la responsabilidad del ciudadano con respecto a la calidad y y funciones de las autoridades a quienes les ha delegado la tarea de protegerlo; te recomiendo la serie de publicaciones que comencé con esta que se titula: La responsabilidad del ciudadano; y que sigue con Blanco y negro.