26
Sep 22

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras III

 

¡Amanecimos en Xela! y es el cuarto y último día de  roadtrip en busca de beatos y máscaras.

Luego de desayunar nos dividimos, Rachel y Lissa se dirigieron al arzobispado para entrevistarse con Mario Alberto Molina, titular de la arquidiósesis de Los Altos; y Raúl y yo nos fuimos a explorar mercados.

Primero visitamos el que está al lado del parque Centroamérica y fue una visita deprimente. El mercado no vale la pena. Aquí es donde tengo que comentar que encontré la ciudad de Quetzaltenango muy sucia en general.  Es una lástima porque tiene una arquitectura preciosa e histórica; porque sus calles son encantadoras y porque su gente es hospitalaria y muy agradable.  Urge un movimiento para regresarle su dignidad a esa bellísima urbe.

Luego agarramos para la Terminal y eso sí fue bueno.  Para comenzar -y lamentablemente- resulta que aquel mercado está justo al lado del templo de Minerva, lo cual no me esperaba y desluce bastante aquel monumento.

Los templos de Minerva fueron construidos en tiempos de don Manuel Estrada Cabrera para celebrar a la juventud estudiosa.

Pero primero el mercado.  ¡Es enorme y vibrante! Me sorprendió muchísimo -pero no es raro debido a las distancias- que estuviera lleno de productos mexicanos a precios muy convenientes.  Es admirable el orden espontáneo que funciona para el tráfico en las calles de la Terminal altense.  La gente nos atendió muy bien.

El templo de Minerva, de Quetzaltenango, es uno de los pocos que quedan en el país.

Luego caminamos al templo de Minerva que, aunque estaba adornado para Xelafer, se ve que está en el abandono.  Crece mucha flora entre sus columnas y bases, hay un rincón que es evidente que sirve de cagadero para mendigos y otros personajes, se cae el cielo falso ¿setentero? y su dignidad está amenazada.

El templo de Minerva es un monumento histórico.

En busca de un Uber encontramos un kiosko japonés y un monumento a Israel.

El kiosko japonés es chulo.

Cuando volvimos al parque Centroamérica, Rachel y Lissa ya habían concluido su encuentro y, como el hambre es canijo fuimos a comer a Bavaria que siempre es muy recomendable.

Acto seguido volvimos al hotel para cargar el carro porque ya habíamos dejado todo empacado y emprendimos el retorno a la ciudad de Guatemala.  Muchos derrumbes e inundaciones en la carretera Panamericana.

Como este hay derrumbes abundantes en las carreteras.

Pero lo bueno es que compramos deliciosas remolachas y cebollas junto a la carretera. También fue bueno que pasamos a por hogazas de pan a la deli de Paulino´s en Tecpán.

Y así concluyó nuestra excursión a Quiché y Quetzaltenango. Y ya estamos listos para el próximo roadtrip.

Si quieres leer la primera y la segunda parte de esta aventura:


19
Sep 22

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras II

 

En nuestro roadtrip en busca de beatos y máscaras, el domingo 4 de septiembre, al medio día, agarramos camino desde Santa Cruz del Quiché hacia Quetzaltentango, por la carretera que pasa por Totonicapán.

La parte vieja, cercana a Santa Cruz está generalmente en buen estado, con un par de puentes dañados.  Es bello el camino porque el paisaje y los bosques son hermosos; pero, ¡Que vuelterío!  No hay ganchos como en el camino a Chichicastenango, pero que de vueltas y vueltas.

Camino entre Santa Cruz del Quiché y Xelajú, que pasa por Totonicapán.

Como íbamos cortos de tiempo, porque queríamos visitar esa tarde la Morería de Mexicanos, en Xela, pasamos por Totonicapán sin detenernos. A Raúl y a mi nos gusta muchísimo el pan de Toto y cada vez que yo veía una panadería me moría de ganas de detenerme y comprar un par de panes.

Raúl cuidando “la venta” a nuestra llegada a Quetzaltenango.

Es cierto que habíamos desayunado muy bien en Santa Cruz; pero a mi ya me dolían los huesos del hambre cuando llegamos a Xela.  Pasamos ubicando la morería, sólo para saber exactamente dónde estaba y nos dirigimos al hotel. Desempacamos y ahí comimos de lo que llevábamos. Queso Brie, babaganoush y hummus fue lo que alivió mis angustias alimenticias.

Lissa, Rachel, Raúl y yo paseamos por el parque Centroamérica y visitamos la Casa N´oj (que era la casa de mi tatarabuela, Joaquina). Ahí había una reunión de gitanos y vimos a uno de ellos haciendo un show de fuego en el parque.  Luego tomamos un taxi para ir a la Morería de Mexicanos, de don Norberto Sac Coyoy.

Casa N´oj, en Quetzaltenango.

En un despliegue de generosidad y cortesía quetzalteca, don Norberto y de su esposa, doña María Angelina, nos recibieron en su casa y nuestro anfitrión compartió con nosotros mucho de lo que sabe de bailes, máscaras y tradiciones relacionadas.

Máscaras para el baile de Mexicanos, de don Norberto Sac Coyoy.

No es poca cosa, porque su padre Rosalío y su abuelo José Luis también se dedicaban a la morería.  Nos mostró sus máscaras de mexicanos y una joya de máscara que hizo su abuelo.  Sacó, para nosotros, variedad de trajes y nos permitió jugar y ponernos algunos.

Norberto Sac Coyoy en la Morería de Mexicanos.

Nos contó la historia del baile de Mexicanos en la cual Penacho se enamoró de la Margarita y contrató a Pascualillo para que matara al patrón (el esposo de la Margarita) con una serpiente. También recordamos la historia del Ajis (que ya conocía por doña Mercedes Melecio, de Joyabaj). Este era un sacerdote adivino, maya, que vivía en el volcán Santa María (junto a Xelajú) y advirtió sobre la llegada de los españoles.

“Yours truly” con la máscara de El Ajis.

Don Norberto en Quetzaltenango; así como doña Mercedes; y don Esteban Suruy en San Juan Sacatepéquez son tesoros vivientes de las tradiciones chapinas.

Concluida la encantadora visita, en vez de volver al centro de Xela en taxi decidimos caminar y fue una buena decisión.

Rachel, Luisfi y Lissa por las calles de Xela. Foto por Raúl.

Pasear por las calles de aquella ciudad, a la luz de la Luna de Xelajú tiene su magia, y era domingo y no lo parecía, ¡qué vida hay en las calles!

Luna de Xelajú.

Ya con hambre (de nuevo) decidimos tomar un taxi para ir a cenar a Tertulianos…que estaba cerrado.  Entonces optamos por comer en La Stampa Bistro y que rico y agradable estuvo.  Ahí conocimos a La Canche, una perrita callejera que duerme en el local pero no abandona su vida en las calles.

Así termino el día y a dormir porque el lunes sería importante para las investigaciones de Rachel sobre mártires y beatos.

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras I

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras III


13
Sep 22

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras I

 

Quiché y Quetzaltenango, en busca de historias de beatos y de una morería extraordinaria, fueron los objetivos del roadtrip que hicimos del 2 al 5 de septiembre pasado. ¡Que buena forma de empezar mi mes favorito!

Amo este tipo de viajes en auto no sólo porque me encanta conocer Guatemala, sino porque aprendo muchísimo sobre los temas más variados durante las horas que pasamos en las carreteras, durante los cócteles, los debriefings y las comidas.

El viernes 2, Raúl y yo recogimos a Rachel en el aeropuerto La Aurora y en medio de uno de los días de mayor tráfico, que he visto, nos dirigimos a La Cabaña Suiza, al final de la Calzada Roosevelt para encontrarnos con Lissa y almorzar.  Te cuento que además de un tráfico particularmente infernal estaba lloviendo copiosamente. Nos gusta almorzar en aquel lugar porque tiene su encanto y se come rico.

Almorzamos, acomodamos y cubrimos el equipaje en la palangana del pick-up bajo los aguaceros y agarramos camino,

El plan era agarrar por la carretera nueva que va de Tecpán hacia Chiché pasando por el puente Chimaché sobre el río Motagua.  Nos encontramos con la sorpresa de que el tramo viejo, a partir de Chichavac está en muy mal estado.  Lo que no había ocurrido cuando fuimos a Zacualpa, en Julio; ni cuando fuimos a Nebaj, en abril.  Las lluvias han dañado muchísimo el asfalto y bajo el agua y en esas condiciones el tráfico pesado no ayudaba a que el tramo fuera agradable. Es tradición que paremos junto al puente para estirar las piernas y yo quería parar para ver el río Motagua; pero no nos animamos porque queríamos llegar a Chiché y salir de lo que percibíamos como peligroso lo antes posible.

Puente Chimaché sobre el río Motagua.

El ascenso hacia Chiché se puso más tenso porque los taludes casi verticales…y porque había muchos derrumbes.  No sólo había piedras obstaculizando el paso, sino que un par de veces vimos derrumbes caer y en una Raúl tuvo que acelerar para evadir las piedras que caían por las paredes de la carretera.  Te digo que fue muy tenso ese camino y nos sentimos muy aliviados cuando llegamos a Chiché.  Hemos dispuesto no volver a salir a carretera hasta entrado noviembre, cuando acaben las lluvias. De lo tensos que íbamos se nos olvidó tomar fotos de los derrumbes y de los hoyos.  Pero ya te imaginas.

El domingo, elPeriódico publicó un artículo sobre las carreteras: El turismo entre el agobio y los hoyos en las carreteras.

Aunque salimos a eso de las 3:30 p. m. de la Roosevelt y tenemos la regla de no andar en carretera cuando anochece, a Quiché llegamos con la oscuridad y bajo nuevos aguaceros.  Encontramos fácilmente el hotel Casa Antigua El Chalet, en Santa Cruz del Quiché y descargamos el pick-up bajo el agua.  ¡Otra vez mojados! Por cierto que ese hotel tiene su encanto y es recomendable.

hotel Casa Antigua El Chalet, en Santa Cruz del Quiché

Luego de arreglar el cuarto y de secarnos, Raúl y yo nos juntamos con Lissa frente a la chimenea del hotel para hacer el debriefing del día y relajarnos.  Rachel prefirió descansar porque había tenido un largo viaje en avión y luego un azaroso viaje en auto.

El sábado y un almuerzo inesperado

Este viaje tenía dos misiones:  apoyar a Rachel en su investigación sobre los mártires de Quiché y para que tengas contexto te recomiendo su artículo Catholic Child and Youth Martyrs, 1588-2022. Esa parte la cumpliríamos en Quiché y la otra en Quetzaltenango.

Tecún Umán en la plaza central de Santa Cruz del Quiché.

El sábado después del desayuno acompañamos a Rachel y Lissa a la puerta de la casa del ex obispo de Quiché Julio Cabrera Ovalle para conversar y entrevistarlo. Mientras aquello ocurría, Raúl y yo paseamos por el mercado, la plaza central y conocimos la catedral del lugar.  Nos sentamos en las gradas del templo a practicar el antiguo arte de observar gente.

Gobernación departamental, torre y catedral de Santa Cruz del Quiché.

El obispo tuvo la gentileza de invitarnos a almorzar así que aceptamos y pasamos un rato agradabilísimo platicando en compañía de su equipo.  ¡Se aprende mucho en este tipo de encuentros!…y nos reímos de anécdotas y recuerdos.

Gobernación departamental y torre de Santa Cruz del Quiché.

En la tarde regresamos a descansar y el plan era ir en Torito (Tuk Tuk) a cenar a un restaurante en las afueras de Santa Cruz.  Para mantener la tradición haríamos el debriefing a la hora del cóctel (provisto por Lissa), antes de la cena.  Como llovía a cántaros llegamos algo mojados y urgían la chimenea y el cóctel. Pero el lugar -aunque muy chulo y la gente muy amable- no dio la talla y decidimos volvernos al hotel donde ya sabíamos que nos iría bien.  Después del cóctel y la cena…a dormir porque el día siguiente sería atareado.

El domingo día de mercado y de más people watching

El highlignt del tercer día fue la entrevista de Rachel y Lissa con el actual obispo del Quché, Rosolino Bianchetti.  Porque era día de plaza en Santa Cruz, antes del encuentro y luego del desayuno, los cuatro fuimos a explorar el mercado. ¡Que mercado! es uno de los más grandes que he visto, es un mercado enorme que llena calles y calles de…de todo.

Antigua municipalidad de Santa Cruz del Quiché.

El mercado de Santa Cruz del Quiché ocupa calles y calles.

Lissa, Rachel y Raúl en los callejones.

Luego de ese paseo llegamos a la residencia episcopal a tiempo para la reunión de Rachel y Lissa con el obispo.  Luego Raúl y yo nos dirigimos a las gradas de la catedral para continuar prácticando el antiguo arte de people watching.  No lo he mencionado, pero Santa Cruz tiene bonita arquitectura alrededor de la plaza y es una lástima que el diseño de esta no guarde armonía con lo chulos que son la torre y el edificio de gobernacíon departamental, la catedral y la antigua municipalidad que tienen mucho carácter.  Esto ocurre en muchas poblaciones del país y es una lástima.

¿Sabías que a Santa Cruz la llaman la ciudad de los eternos celajes?  Estos deben ser preciosos en octubre y noviembre.  La torre, por cierto, es de piedra y la gente dice que las piedras fueron traídas de la vecina Gumarkaaj (capital del señorío Quilché); y tiene fecha de 1894 en alusión a la toma de posesión de José María Reina Barrios como presidente de la República.

Yours truly frente a la catedral de Santa Cruz del Quiché.

Raúl y yo volvimos al hotel para cargar el pick-up porque tan pronto como fuera posible agarraríamos camino rumbo a Quetzaltenango y al medio día eso es lo que hicimos.

Creí que tendríamos que ir vía Chichicastenango y Los Encuentros para llegar a Xela; pero hay una carretera entre Santa Cruz y Totonicapán para llegar a Los Encuentros y de ahí a Quetzaltenango. Yo no la conocía así que sería aventura y como era mi turno de manejar, era doble aventura.

En Quetzaltenango cumpliríamos nuestra segunda misión, lee En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras II y En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras III.


17
Ene 18

Comerciantes de Xela y el contrabando

Un grupo de empresarios y comerciantes de Quetzaltenango se queja de que ha crecido la venta de productos de contrabando, procedentes de México y quieren que las autoridades hagan algo al respecto.

Uno de los entrevistados dijo no estar contra quienes quieren ganarse la vida de manera honrada; pero si contra la competencia desleal que no paga impuestos.

Nótese que los empresarios de Xela son como aquel cuento del campesino ruso: aquel que tenía una vaca y odiaba a su vecino porque él tenía dos. Un hechicero le ofreció al primer campesino que le concedería un único deseo. Y ¿qué pidió el campesino? Mata la vaca de mi vecino le ordenó al brujo.

¿Viste? En vez de pedir un toro, o pedir otra vaca, el campesino pidió que el hechicero matara la res del vecino; del mismo modo en que los comerciantes de Quetzaltenango, en vez de pedir que les bajen los impuestos a ellos, lo que piden es que se castigue a sus colegas que traen productos mexicanos. Esto no se trata de competencia; sino de impedir la competencia. Y los perjudicados son los consumidores, que tienen que comprar caro porque, ¿cuál crees que es la razón por la cual la gente prefiere comprar los productos mexicanos?

Foto por Carlos Ventura, de Prensa Libre.


27
Jun 14

El cólera, la viruela y las hidroeléctricas

130620_cartilla_de_vacunar_luis_figueroa_lusifi

En 1837 el cólera entró a Guatemala y al rato se había extendido por toda la república. Igual que había sucedido antes, durante la epidemia de viruela, las dirigencias conservadora e indigenista se opusieron a las cuarentenas, a la asistencia médica y a otras medidas. La discusión sobre las casusas de aquella enfermedad no sólo fue científica, sino política.

Animada por la Iglesia y por los conservadores, la gente no sólo no atendía las recomendaciones sanitarias, sino que no solicitaba ayuda médica.  Para mayo circularon rumores de que la enfermedad era causada por aguas envenenadas y de que la medicina era infecciosa. Las dirigencias en pueblos como San Miguel Totonicapán, Momostenango, Quiché, San Martín Jilotepeque y San Pedro Chipilapa se opusieron a políticas como la de enterrar a los muertos en cementerios fuera de los pueblos.

No es que no hubiera razones para incomodarse con disposiciones como aquella y con la prohibición de desfilar con el difunto en procesión por las calles, por ejemplo; pero las disposiciones, en sí, no eran disparates.

En 1826, una multitud azuzada por la dirigencia indigenista persiguió al médico y vicepresidente de Guatemala, Cirilo Flores, hasta el interior de la catedral de Quetzaltenango donde fue despedazado.  ¿Por qué? Entre otras cosas porque, en 1814, aquel médico había dirigido la campaña de vacunación contra la viruela, a la que se opusieron las dirigencias conservadora e indigenista.  La gente escondía a sus hijos e insultaba a los vacunadores, y los indígenas huían a las montañas para escapar de la enfermedad y de los médicos. El cura de Tejutla ordenó la suspensión de las vacunas.

Todo aquello me recuerda la actitud de los dirigentes indigenistas y de los conservadores (conservadores del conflicto, del enfrentamiento, del odio y de la violencia), en asuntos como las hidroeléctricas y otros proyectos industriales.  Como el No a las vacunas en el siglo XIX, el No anti-industrial, del siglo XXI, es ideológico y perjudicial para los más pobres y para los que necesitan empleo.

Gracias a La sangre de Guatemala, por Greg Grandin, por la info para esta columna.

Columna publicada en El periódico.

La foto es de la cartilla para vacunar impresa en 1814.


02
Nov 12

Fiambre 2012, ¡que dicha!

¡Ah que dicha y que alegría es ser parte de esta celebración del fiambre, en esta tierra costumbrera, como dijera José Milla y Vidaurre!  No sólo porque ese plato nos sale maravilloso en casa, sino porque lo compartimos con varias de las personas a las que queremos mucho.

El fiambre es un plato guatemalteco que se come con ocasión del día de Todos los santos; y de todos los platos chapines, este es mi favorito. Es, digamos, un plato megachapín. A grandes rasgos, es una combinación compleja de vegetales, carnes, embutidos y conservas cuyo elemento unificador es un caldillo.

El que hacemos en casa es la receta de mi madre que, a su vez es la receta de mi abuela y de mi bisabuela paternas. No hay una sola receta de Fiambre porque cada familia tiene la suya; y aunque dos, o tres recetas vengan de una misma, las tres serán distintas porque cada quién le pone su sazón y cada quién le quita, o le pone ingredientes a su gusto. En mi familia, por ejemplo, aunque los fiambres de mi abuelita Frances y el de mi tía Baby venían del de mi bisabuela Adela; el primero tendía a ser dulzón y el segundo tendía a ser ácido. A mi me gusta ligeramente endulzado con miel de abejas por el toque de madera que le da la miel.

Hay cuatro tipos básicos de fiambre: El verde, el blanco, el rojo y el rosado; y el que hacemos en casa es de este último tipo y del lado dulzón. Lo importante, sin embargo, es que no importa qué receta se haga, el Fiambre sea armonioso y balanceado. Demasiados, o muy pocos de algunos ingredientes pueden estropear la armonía y el balance.  Este año nos arriesgamos en la casa porque le pusimos arvejas y butifarras extra (que son mis verduras y mis embutidos favoritos); eso sí, no perdimos el balance y todo fue un éxito.

El fiambre es, por mucho, el plato más extraordinario y magnífico de la cocina chapina. El plato tiene sus detractores que yo pongo en dos cajones: el de los melindrosos, del cual no vale la pena ocuparse; y el de los que han tenido una mala experiencia con él, principalmente porque han probado alguno que, en vez de ser una combinación armoniosa y balanceada, ha sido una mezcla pretenciosa -o miserable-.

Este es un plato que se come en familia y compartido. En la ciudad es algo difícil notarlo; pero en los pueblos es muy evidente. A lo largo de la mañana del día 1 de noviembre, platos van y platos vienen de una casa a otra. O bien, a la casa donde se hace el fiambre, llegan familiares y amigos a comer. Los invitados -y los invitados de los invitados- suelen llevar algo de su propio fiambre, o bien, aveces llevan otra cosa, como dulces de ayote, o de jocotes, conocidos como cabeceras.  De ahí los versos que los niños chapines solían recitar durante la celebración guatemalteca de lo que en el norte se conoce como Halloween:  Angeles, somos/ del cielo venimos/ cabecera pedimos, es lo que los niños chapínes solían decir cuando salían a pedir dulces en la noche del 31 de octubre.

Algunas cervezas y otras bebidas siempre son bienvenidas. Como el fiambre tiene algo de vinagre, hay que tener mucho cuidado con que vino se elige para degustarlo. Yo prefiero cerveza, o quizás algo como Carmenere.  Y si se tienes a la mano pan de horno de leña…¡¿qué mejor!?

En casa, este año, el almuerzón fue coronado con un helado de camote acompañado con un toque de mermelada de mandarina. ¡No es posible imaginarse lo delicioso que estaba!, y es una creación novedosa.

La preparación del Fiambre consume mucho tiempo: Un día para cocer y rodajar las carnes, otro para cocer y  picar las verduras ypara mezclar el caldillo y todos los ingredientes, y otro para que la mezcla se curta antes de ser consumida y darle los toques finales a la sazón. El Fiambre se sirve adornado con una variedad adicional de ingredientes.

Nadie conoce exactamente de dónde surgió la costumbre de preparar el Fiambre. Mi tía abuela, La Mamita, decía que habían tres posibilidades: que se hubiera originado debido a la práctica de ir a almorzar al cementerio e intercambiar platillos; que había tenido su génesis en la visita sorpresiva de un obispo a un convento y de la necesidad de prepararle un almuerzo sin que hubiera suficiente de una sóla cosa; o que había sido un milagro en el que estaba involucrado cierto hambriento que halló muchos ingredientes en un monasterio. Incluso se atrevía a asegurar que la etimología de la palabra venía de fé de hambre, cosa que ahora me causa mucha gracia.

Por cierto que José Milla en Cuadros de costumbres, menciona que el fiambre se comía al anochecer (en contraste a como se hace ahora, que es un plato para el almuerzo).  Thomas Gage, que visitó Guatemala en 1625 menciona el fiambre como un plato frío, muy delicioso.  También lo menciona, Francisco Ximénez (que transcibió el Popol Vuh) en sus escritos del siglo XVIII.  De la descripción de Milla me llama la atención que dice que el fiambre está compuesto de hierbas y carnes; lo cual es raro porque -en todo caso- es de muchas verduras o legumbres, y muchas carnes.   Hierbas son los bledos, las patas de paloma y la verdolaga, por ejemplo; pero no las arvejas, los ejotes, las zanahorias y otras legumbres que lleva este plato.

Lo cierto es que, como dice Salomé Jil: Creo que no habrá muchos guatemaltecos que no hagan, en la víspera del día de difuntos, la visita al cementerio; pero dudo que haya un sólo, sea de la clase que fuere, que deje de comer el fiambre, que se hace únicamente en este día.

Sea cual sea su origen, el Fiambre es mi plato favorito en todo el universo-mundo. Y celebro con mucha alegría la dicha de prepararlo y consumirlo.  Los de la foto son los platos que preparamos para comer ayer en casa…y durante los proximos tres, o cuatro días comeremos fiambre siempre que podamos.

El rebozo es de Quetzaltenago.


22
Abr 07

Shecas

Cada viernes, el amigo Harry, de Quetzaltenango, nos lleva shecas a la oficina. Las shecas con panes dulces originarios de San Pedro, San Marcos; pero las hay en todo el Occidente de Guatemala. Yo no se si son lo mismo, o no, y alguien quizás me saque de la duda: ¿son lo mismo las shecas, que las semitas? Es que alguien me dijo que las semitas tienen anís; pero las shecas también lo tienen. Luego, hay shecas más oscuras que otras; y los cortes decorativos de arriba también son distintos. En fin. Seguramente alguien por aquí sabe más de shecas que yo y puede iluminarnos sobre estos deliciosos panes chapines.


29
Mar 07

Felicitaciones al Comité de Huelga de Dolores

Leo que “El Honorable Comité de Huelga de Dolores de la Universidad de San Carlos (Usac) desconoció ayer el movimiento huelguero de Quetzaltenango, debido al vandalismo y los abusos que comete en ese lugar, en contra de comerciantes. Enviar cartas a los negocios exigiendo dinero es extorsión, y quienes cometan esos actos deben ser enjuiciados, afirmaron ayer los dirigentes estudiantiles”.

¡Felicitaciones!


17
Mar 07

Mucos

La dirigencia magisterial guatemalteca da grima. Da desazón saber que la niñez y la juventud chapinas están en manos de maestros de tan baja calaña, ¡y tan mucos!, que son capaces de usar la pancarta que fue expuesta por El Periódico el jueves pasado.

Para hacer la historia corta, la Asamblea Nacional del Magisterio organizó una marcha, el miércoles, y en ella, aparte de cometer el abuso de obstaculizar el tráfico, utilizó una enorme pancarta en la figura de una ministra semidesnuda era acariciada por un hombre de traje y con las orejas grandes. Rosa Palacios, una dirigente de los ¿maestros?, salvó la situación cuando se acercó a los que la portaban y les hizo ver la falta de respeto en la que estaban incurriendo y la forma en que denigraban no sólo a la funcionaria, sino a las mujeres en general.

Algo tiene que estar muy mal para que aquellos que tienen a su cargo la formación del “futuro de la patria”, incurran en bajezas tan indignas. Y que conste que no soy un mojigato, ni estoy contra la desnudez. Sin embargo, una cosa es Juan Domínguez, y otra no me fastidies.

Lo que a mi me impresiona mas es que estos maestros contrastan mucho con los que tuve. Yo no me imagino a doña Tere, a doña Rebeca, a Miss Lila, a miss Helma, a Mrs. Benitez, o a doña Olga apoyando las choleradas de la ANM. No me imagino a Mr. Scully, a Chaulón, o a Mr. Hoffius estando de acuerdo con aquellas patanadas. Ni el Vampiro, ni el León Parado, ni Pablo Mármol (los apodos de algunos de mis profes) se hubieran sentido cómodos junto a sus colegas de la manifestación del miércoles.Estos maestros no sólo eran transmisores de conocimientos. Eran mentores, eran modelos a seguir. Eran formadores y eran generosos en su entrega magisterial.

En cambio, los de la ANM son otra cosa.A lgo tiene que estar muy mal; porque pensándolo bien, la bajeza irrespetuosa y ordinaria ha corroído espantosamente a la dirigencia popular chapina. Vea usted, por ejemplo, el caso de las pintas que fueron hechas con ocasión de la visita del presidente George W. Bush.Grupos de manifestantes mucos, pagados o no por un narcotraficante, como se dice por ahí, ensuciaron paredes y monumentos. Estropearon propiedad pública y privada. Con sus playeras rojas y sus efigies del Che Guevara, acudieron a la violencia y a usar lanzallamas hechos en casa. En la tele, vi a una señora especialmente desagradable cuando agitaba sus chiches aguadas frente a las cámaras, en la única escena que debe haberle causado miedo al visitante (en el remoto caso de que la hubiera visto).

Algo tiene que estar muy mal. Vea usted a los estudiantes huelgueros de Xela, que extorsionan y cometen actos de vandalismo contra los vecinos de Quetzaltenango. La Cámara de Comercio de la ciudad altense estima que los ¿estudiantes? reciben unos Q2 millones y medio como resultado de sus actividades destructivas. “Las pintas continuarán mientras los comerciantes se nieguen a contribuir económicamente con las actividades huelgueras del Cunoc. Los que no paguen, ya saben qué les va a pasar”, dijo uno de los mucos encapuchados.

Los vándalos aseguran que donan aquel dinero a organizaciones de beneficencia como la Cruz Roja, aseveración que invita a esta entidad a aclarar si es cierto, o no, que recibe fondos que tienen su origen en las actividades citadas arriba.

Lo más ordinario de entre nosotros medra entre los maestros que forman a la niñez guatemalteca y entre los futuros profesionales que ¿sacarán adelante al país? Demasiados maestros han dejado de ser generosos formadores, para convertirse en activistas rabiosos y en patanes ordinarios. El abogado al que usted le confía su vida y sus bienes, o el arquitecto al que usted le encargue la construcción de su casa, podría ser un extorsionador y un vándalo.En esas condiciones, los chapines nos vemos en la necesidad de revisar nuestras premisas. ¿Es aquello lo que queremos?

Publicada en Prensa Libre el sábado 17 de marzo de 2007