10
Oct 19

La Corte de Constitucionalidad y la elección de magistrados

Si la Constitución dice lo que la Corte de Constitucionalidad dice que dice, como sostienen algunos, ¿qué sentido tiene tener Constitución? Sería más honesto que los magistrados se erigieran en éforos y que fallen en cada caso particular y específico como convenga políticamente en cada caso particular y específico.

William Hogarth, via Wikimedia Commons.

Mientras tanto el plazo constitucional improrrogable para la duración de las funciones de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones vence el sábado 12 de octubre; pero la Corte de Constitucional concedió un Amparo provisional que suspendió los procesos de comisiones de postulación para la elección de magistrados para la CSJ y la Corte de Apelaciones; recurso que -en la práctica- amenaza con suspender la administración de justicia en Guatemala, o prorroga aquel plazo constitucionalmente improrrogable poniendo en peligro la institucionalidad en el país.

José Quesada, exmagistrado de la Corte de Constitucionalidad y abogado constitucionalista, junto a otros abogados de esa especialidad como Mario Fuentes, Estuardo Ralón e Ignacio Andrade, explicó que cuando se incumple con un plazo constitucional estamos ante una violación constitucional, pero cuando el plazo se retiene al ejercicio de un poder (…) estamos frente a un poder de facto, un rompimiento grave de orden constitucional,en un sentido jurídico estaremos frente a una autoridad ilegítima, no constitucionalmente establecida.

Es muy preocupante tratar de minimizar la situación. Han querido plantear que es un aspecto de forma y no de fondo, no es cierto, es una afirmación que carece de sustento doctrinario(…) la Constitución tiene como esencia el límite al poder, la limitación al ejercicio del poder de los diferentes funcionarios y los plazos son un instrumento de fondo y no de forma, añadió Ralón.

No es para afligirse…o quizás si; pero ¿ya te diste cuenta de que las dictaduras de Bolivia, Nicaragua y Venezuela se aferraron al poder con el apoyo de Cortes más comprometidas con la política y la ideología, que con el estado de derecho y la justicia?

En ese contexto de ideas, el abogado y columnista Alejandro Baldizón plantea que la propia Corte de Constitucionalidad es flagrantemente culpable de haber acabado con las instituciones democráticas y republicanas en nuestro país. Su larga cadena de abusos y usurpaciones a todas luces violatorias de la constitución, dentro de las cuales se incluyen haber vedado al Organismo Legislativo la potestad de elegir a su directiva dentro del marco legal, haber vedado al Organismo Legislativo su función intrínseca de promover, discutir y aprobar iniciativas de ley dentro del marco de sus competencias, haber vedado al Organismo Ejecutivo el ejercicio de sus competencias y funciones constitucionales en materia de política exterior, relaciones diplomáticas y relaciones internacionales, haber convalidado abusos y atropellos cometidos en el ámbito de la persecución penal, haber impuesto su agenda ideológica en flagrante contravención a la propia constitución, habiendo inventándose disposiciones antojadizas e ilegales más allá de sus competencias, haber vedado al Organismo Judicial su función en el proceso de renovación de las cortes y haber prorrogado un plazo perentorio constitucional para uno de los poderes del Estado. ¿Cuál sería la reacción de la población, por ejemplo, si el Presidente quisiera extenderse en el ejercicio de sus funciones más allá de su período? ¿Acaso la Corte Suprema de Justicia no es otro poder del Estado sujeto a la misma limitación constitucional? Esta Corte de Constitucionalidad con sus resoluciones que rayan en lo criminal ha usurpado las funciones constitucionales que le competen a los poderes del estado para concentrarlas y ejercerlas por sí sola. Esta Corte de Constitucionalidad ha anulado los elementos democráticos y republicanos consagrados en la Constitución y se ha convertido en un poder autoritario que bien puede llegar a ser totalitario.

A mí me inquieta la posibilidad de que, si se viera en la necesidad política de hacerlo, la Corte de Constitucionalidad pudiera ponerse al servicio de quien quiera que estuviera en la Presidencia de la República (o de cualquier otro puesto clave) y, por ejemplo, extender su período constitucional con cualquier argumento jurídico en el espiritu de que la sentencia es la justicia según el juez; y en el de que la Constitución dice lo que la Corte de Constitucionalidad dice que dice…o, peor aún, amparada con el criterio de que los magistrados de la Corte de Constitucionalidad no pueden prevaricar.

Preocupa, también, que la movida de la Corte de Constitucionalidad sea la de retrasar el proceso de elección de magistrados con el propósito de queno sea este Congreso (como debe ser) sino el que tome posesión en enero de 2019, el que elija a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones con todos los efectos políticos -forzados- que eso tendría sobre la administración de justicia.

La excusa de que los jueces y magistrados deben estar a la altura de estándares internacionales y de que los criterios para la seleccion de aquellos debe ser con criterios objetivos es razonable; pero no a costa de la violación de los plazos constitucionales, plazos que una ley ordinaria, como la Ley del Organismo Judicial, no tiene facultad de invalidar.  Urge una reforma judicial -que incluya formas objetivas y a la altura de los estándares internacionales para elegir jueces y magistrados-; pero el punto de partida para esa reforma no debe ser una movida política con dados cargados.


29
Sep 17

Tenemos estos pendientes

Luego de una eventualidad negativa que afectara mi vida, o las vidas de la familia sin causar daños mayores, mi tía abuela, La Mamita, solía decir: Todo pasó, sin que pasara nada y es, precisamente, lo que no debería ocurrir en Guatemala.

¿Qué debería pasar?

Es importante un diálogo cuya misión sea entender el fenómeno político que atravesamos; así como encontrar los temas mínimos en los que podemos estar de acuerdo tirios y troyanos (y todo lo que hay en medio).  Estos acuerdos deben estar encima de ambiciones y necedades.  No estoy seguro de quién debería convocarlo, ni de cuál sería la metodología, pero sería genial si no fuera de carácter corporativista, como suele ocurrir.

Es importante una ley electoral que: 1. Nos devuelva, a los mandantes, el control como tales; 2. Fortalezca el TSE, qua supremo e independiente; 3. Facilite la fundación de partidos políticos que sean intermediarios entre los mandantes y los mandatarios y plataformas ideológicas y programáticas. 4. Les quite a los partidos el monopolio de la presentación de candidatos a diputados. 5. Establezca distritos electorales pequeños.; y 6. Permita la elección de diputados uninominal, o por listas abiertas. Un sistema político que huya, como de la peste, de: el bipartidismo, o tripartidismo artificial, de las cuotas colectivistas y del financiamiento estatal para los partidos.

No es menos importante la reforma del sistema de justicia.  Una que nos permita conseguir una administración de justicia pronta y cumplida, y que fortalezca el estado de derecho y la institucionalidad (o tal vez que los funde). Una abordada desde una perspectiva cívica y que nos permita luchar contra la injusticia, la corrupción y la politización. El CEES tiene una, que te invito a conocer en goo.gl/5pbww8

No debe quedarse atrás la necesidad de desarmar el sistema mercantilista, patrimonialista, multiplicador de privilegios y fabricante de miseria que es caldo de cultivo de la corrupción e impunidad.  Eso implica reconocer que estos son consecuencias -a veces intencionadas, pero muchas veces no intencionadas- de ideas concretas sobre cuál es la naturaleza del ejercicio del poder público.

Tengo confianza en los chapines, ¿y tú?

Columna publicada en elPeriódico; y la ilustración la tomé de Facebook.


28
Abr 17

Don Chilo del Valle y la reforma judicial

El establecimiento de jueces es uno de los puntos más delicados en todas las sociedades políticas. Así lo dice El amigo de la Patria, Número 17, Folio 379 del 27 de febrero de 182… José Cecilio del Valle era quien publicaba aquel periódico moderado, en el que los gases o bacos se enfrentaban a las ideas radicales de los cacos, lidereados por Pedro Molina desde su periódico El editor constitucional.

Nadie, con dos dedos de frente, negará –a estas alturas– que aquella observación de Valle es fundamental para una república sana.  En Guatemala, es evidente que urge una reforma judicial; pero no sólo una que nos permita conseguir una administración de justicia pronta y cumplida, sino una que consolide el sistema republicano y una que fortalezca el estado de derecho y la institucionalidad (o tal vez que los funde).

Escucha el podcast aquí.

De ahí que la reforma judicial, por la reforma misma, sea un propósito insuficiente.  Es un desatino y un desperdicio desaprovechar la ocasión y usarla para propósitos ideológicos, y para empecinarse en temas que distraen de lo que es importante.

¿Por qué habríamos de perder la oportunidad de separar lo administrativo de lo jurídico en el Organismo Judicial? Ese sería el efecto, por ejemplo, de un consejo de la carrera judicial que estuviera al mismo nivel de la Corte Suprema de Justicia, y/o que estuviera cooptado por grupos de interés, o por fuerzas políticas, o diseñado desde una perspectiva corporativista.  Peor aún, uno que, por su conformación más política que judicial, se convirtiera en fábrica de jueces serviles, de celadores de intereses particulares, o de los del Organismo Ejecutivo.  Uno que fuera la usina para una dictadura de los jueces, como ha ocurrido en otros países.

Ya lo dijo don Chilo del Valle: el establecimiento de jueces es un asunto delicado.  Por eso urge un abordaje cívico del tema, uno que no descalifique a quienes pedimos una reforma responsable y uno que nos permita luchar contra la injusticia, la corrupción y la politización. No se vale imponer el pensamiento único.

ActualizaciónEn este enlace encontrarás la propuesta de reforma elaborada por el Centro de Estudios Económico-Sociales, proyecto que apoyo con gusto y entusiasmo.

Columna publicada en elPeriódico.   La foto, del número original de El amigo de la patria, fue posible gracias a la Biblioteca Ludwig von Mises.


01
Mar 17

¿Justicia ancestral a prueba?

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José Rodrigo Juárez, Erick Rolando Ruano y Lebner Rubin Monterroso, teniente y subtenientes del ejército respecticamente, fueron detenidos ilegalmente en San Juan Sacatepéquez por un grupo de encapuchados. Monterroso fue cruelmente torturado y se halla en el Centro Médico Militar con traumas craneocefálicos y laceraciones; Juárez y Ruano fueron llevados a la sede de la Policía Nacional Civil en aquella población.

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Aquel acto de barbarie ocurrió hoy, a sólo dos días de que, en Todos Santos Cuchumatán, Huehuetenango, falleciera Cándido Méndez, luego de que fuera vapuleado el 22 de febrero pasado.

¿Ya viste la reacción del Procurador de los Derechos Humanos, o la del Ministerio Público? Los culpables de estos actos delincuenciales, ¿serán perseguidos, procesados y condenados? Si los responsables son autoridades ancestrales, ¿quedarán impunes?  Por otro lado, ¿De qué se acusó a los sindicados?

La pena impuesta, ¿fue proporcional al delito cometido? ¿Cómo se distingue la justicia ancestral de las acciones de vigilantes encapuchados en poblaciones indígenas?

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La justicia ancestral ya está reconocida en la Constitución en el artículo 66; y está por verse si la reforma del sistema de justicia va a integrar este tipo de actos, y cómo; así como está por verse si va a ser reconocida la capacidad de juzgar y de hacer cumplir lo juzgado por parte de las autoridades ancestrales al mismo nivel  que el de los jueces y magistrados de la jurisdicción ordinaria.

Actualización: Hice una consulta en @luisficarpediem y resulta que de 40 personas que la contestaron una opinó en el sentido de que la cultura puede ser fuente de impunidad en el caso de los torturadores; los demás fueron de la opinión de que los torturadores deben enfrentar cargos independientemente de que, dentro de sus culturas, sean autoridades ancestrales.:

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13
Feb 17

Reforma judicial, ¿otro tren que nos deja?

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A los guatemaltecos, de cuando en cuando, nos deja el tren.  Está a punto de dejarnos ahora porque la importante y necesaria reforma del sistema judicial está por ser sacrificada en el altar del racismo y de los privilegios. Y, ¿por qué habría de ocurrir semejante disparate? Porque el lado colectivista del espectro de las ideas está empecinado en que, por razones étnicas, en Guatemala hay dos tipos de grupos de personas que no deben ser iguales ante la ley.

Es cierto que a lo largo de la historia del país a la mayoría de casos que presentan los indígenas ante la administración de justicia esta no les da solución; pero…¡ese es un problema administrativo! y no debería ser ideológico.  La administración de justicia chapina tampoco les hace justicia a muchos casos de miembros de otros grupos étnicos. Posiblemente también sea un problema conceptual; pero eso es más atribuible a que la administración de justicia se basa más en legislación que en leyes; está demasiado obsesionada con el derecho positivo (basado en legislación); no respeta los derechos y principios procesales establecidos en la Constitución y las leyes; y se afinca en un sistema en el que la repartición de privilegios es más importante que la eliminación de los mismos.  Y eso afecta a todos, independientemente de nuestra etnia, nuestro sexo, y demás.

La idea descabellada de que la administración justicia no debe ser igual para todos los que convivimos en un mismo espacio, sino que debería ser distinta basada en criterios colectivistas como la etnia y el sexo (para mencionar dos), es una que confunde la justicia con el uso de la legislación para ejercer el poder.

Esto se entiende fácil si has visto un juego de fútbol en el que el árbitro (el juez) no favorece a un equipo, o a otro (o a miembros específicos de un equipo, u otro) basado en criterios étnicos, o de sexo.  Un buen árbitro hace que se respeten las reglas igualmente para todos, sin distinción, ni privilegios y así hace justicia.  La hace al evaluar objetivamente lo que ocurre en el campo de juego. ¿Qué clase de partidos veríamos si las decisiones de los árbitros (o jueces) dependieran de presiones de grupos de interés como ONG, comisiones internacionales, países amigos, u otras?

¡Por supuesto que el acceso al sistema de justicia es muy caro para la población más pobre del país! y  es cierto que la población más pobre del país es indígena; pero eso es un problema económico y no de una administración de justicia basada en la igualdad de todos ante la ley, sin privilegios étnicos, o de sexo.  Habrá menos pobreza cuando los políticos y funcionarios dejen de asfixiar el ahorro, las inversiones productivas y el intercambio para mencionar tres.  Habrá menos pobreza cuando los políticos y funcionarios eliminen las aduanas y los aranceles, liberen el mercado laboral y abolan el impuesto a los rendimientos del capital, para mencionar tres. Sin distinción étnica, o de sexo, todos nos beneficiaríamos si hubiera más y mejores empleos, más y mejores oportunidades para emprender y menos pobreza.

Las leyes generales y abstractas, pre-conocidas; la administración de justicia independiente e imparcial, objetiva, ciega, no politizada, no ideológica y dedicada a la protección de los derechos individuales de todos por igual sin privilegios (al margen del racismo y del sexismo) sirven más a la justicia, que los juegos de poder entre colectivos en los tribunales y las cortes.

El tren nos va a dejar porque, aunque la reforma al sistema de justicia es muy necesaria y urgente (mira las noticias sobre delincuencia, impunidad y corrupción en los diarios, por si no te lo crees), la necedad de incluir entre ellas el privilegio de una legislación específica para grupos étnicos casi imposibles de concretizar a la hora de rajar ocote, va a hacer que la reforma sea rechazada en las urnas.  Y entonces nos vamos a quedar con un palmo de narices.  Los chapines nos vamos a quedar sin la urgente y necesaria reforma de justicia; y las ONG, las comisiones internacionales, los países amigos van a sufrir una derrota similar a la que sufrieron en mayo de 1999.  ¿Van a aprender en esta ocasión? Ojalá que sí, porque sus caprichos les cuestan mucho a los chapines de todos los colores.

Ilustración por Tim Green de Bradford (Justicia ciega) CC BY 2.0, via Wikimedia Commons


27
Ene 17

Oh, Ah, sin moverme

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Cuando yo era niño había un juego llamado Oh, Ah.  Uno tomaba una pelota, y a una distancia prudente la arrojaba contra una pared para que rebotara. Al tiempo que recitaba en cada tiro: Oh, Ah, sin moverme, sin reírme, en un pie, con una mano, media vuelta, vuelta entera, atrás y adelante, caballete, rodillete y así con el propósito de no dejar caer la pelota, ni reírse y ejercitar las habilidades motoras y supongo que hasta cognitivas.  Si uno dejaba caer la pelota, otro de los jugadores empezaba con el Oh, Ah.

Para tener éxito en el juego uno tenía que enfocarse y concentrarse, y no dejarse distraer por los otros jugadores.

Un poco así andamos los chapines, “con más de una olla en la estufa”, diría yo.  Que si tal, o cual va a Matamoros, o a Mariscal Zavala; que si los diputados aprueban la ley de in-competencia; que si amplían las facultades del estado para escudriñar las cuentas bancarias; que si tal, o cual antejuicio prospera, o no; que si hay grupos que quieren prohibir el plástico y otros queman maquinarias industriales y así podemos alargar la lista.  Y para colmo, nos preocupamos que si el muro,  que si esto y que si lo otro.  Es Oh, Ah, con todo.

Tanta cosa nos distrae de lo que es lo más importante: no dejar caer la pelota en dos áreas clave. ¿Cuáles? La reforma judicial y la reforma política.  ¡Pero no cualesquiera reformas!  La reforma judicial debe ser una que sirva a la justicia y que aleje a los grupos políticos y a los grupos de interés del control de los tribunales; una que no sea de carácter ideológico y que distinga la justicia, de la venganza. Y, ¿qué reforma política? Una que facilite y fomente la participación ciudadana; una que no sea clientelar; una que rompa el oligopolio que ejercen esas roscas politiqueras que mal-llamamos partidos políticos; una que proteja el carácter de mandantes que tienen los ciudadanos frente a los mandatarios; una que consolide el sistema republicano y aniquile los privilegios.

Como mandantes, deberíamos distinguir lo urgente, de lo importante, y enfocarnos y concentrarnos para que no se nos caiga la pelota, sin descuidar lo demás.

Columna publicada en elPeriódico.