01
Jun 26

“Magnifica humanitas” y las IA

Crecí en otro mundo.  En ese mundo no había inteligencias artificiales, grokipedia, teléfonos inteligentes, ni internet.  En ¿cuántos años ese mundo se va a estudiar en los libros de historia como se estudia la prehistoria? En ese mundo pasaron 27 años entre el momento en el que tuve mi primera calculadora electrónica y mi primera booknote.  Ahora, los cambios en la tecnología, gracias a las IA, se miden a lo largo de ¿semanas, o de días? ¿De horas?

¡Por supuesto que las IA traerán consigo cambios profundos y hasta civilizacionales!…y la cuestión es sobre qué principios se apoyarán esos cambios.

El mundo cambió de la época de las calculadoras, a la de las inteligencias artificiales. 

Estas meditaciones las motivó la encíclica Magnifica Humanitas, de John Prevost,  con la colaboración de, entre otros , Christopher Olah, cofundador de la empresa de inteligencia artificial Anthropic (Cloud).

En ese documento, el dirigente de la iglesia católica expone que la persona humana está en el centro de todo progreso tecnológico; el gran desafío de nuestro tiempo no es tecnológico, sino moral; ninguna inteligencia artificial puede reemplazar totalmente la experiencia humana; la verdad es un bien que debe ser protegido, la libertad puede estar amenazada por nuevas formas invisibles de control.  Personalmente estoy convencido de que las IA son una grande cosa, me maravillo cada vez que alguien me cuenta una novedad útil al respecto o la descubro, pienso que el siglo XXI es un tiempo fascinante para estar vivo y aprender; y veo miles de nuevas puertas y ventanas abriéndose para una infinidad de posibilidades no imaginadas aún. En ese contexto comparto aquellas perspectivas de Prevost.

Pero el edificio argumentativo del Papa se apoya en posibilidades inquietantes, a saber: que el interés colectivo debe prevalecer sobre los derechos individuales; y que se necesita una autoridad mundial para controlar las IA.  Ninguno de esos principios es novedoso entre las encíclicas que han precedido a Magnifica Humanitas, ni en otras formas de comunicación por parte de los predecesores de Prevost.

La idea de que los intereses colectivos prevalecen sobre los derechos individuales, en Magnifica Humanitas se manifiesta en frases como que la doctrina social reconoce el potencial positivo del mercado y de la iniciativa privada sólo si se mantienen subordinados a la ley moral y guiados por el principio de solidaridad (39).  Obvio que el mercado y la iniciativa privada no deben escapar a los principios morales; pero a principios morales racionales que protejan la vida, la libertad y la propiedad, no a cualesquiera principios morales. Como el mercado es lo que ocurre cuando se intercambia voluntaria y pacíficamente propiedad, no es posible tener un mercado si aquellos intercambios son condicionados por una supuesta virtud que consiste en la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien de todos y de cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos, como escribió Karol Wojtyla en Solicitudo rei socialis (38), como si la sociedad o kosmos, fuera una familia, taxis.

La valoración positiva de la iniciativa privada, en Magnifica Humanitas, se desactiva cuando el documento dice que cuando un poder de tal magnitud [el de las IA y las empresas que las desarrollan] se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público*, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades (95), como si el poder en manos de políticos y burócratas fuera inmune a tales defectos.  ¿Es posible que Prevost no haya leído nada de análisis económico de las decisiones públicas? La pregunta viene a que el Papa lamenta que en el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos (5) y lamenta que el nuevo sistema económico-financiero mundial, caracterizado por una gran movilidad de los capitales y los medios de producción, ha reducido el poder político de los estados y su capacidad para orientar los procesos económicos (40).  La encíclica sostiene que los estados y las instituciones supranacionales están llamados a garantizar reglas justas y mecanismos de protección eficaces para que las comunidades locales, los cuerpos intermedios, las escuelas y las universidades, así como las realidades eclesiales y asociativas puedan tener voz y contribuir al discernimiento de las decisiones que inciden en la vida de las personas: trabajo, acceso a los servicios, gestión de los datos y ambientes digitales. En las decisiones que se refieren a los flujos económicos, las plataformas digitales, la gestión de los datos y los algoritmos, no se puede dejar que pocos actores por sí solos orienten los procesos, sino que es necesario construir formas de cooperación que respeten los diversos niveles de la comunidad mundial y los hagan corresponsables del bien común (71).

Prevost, cree, de verdad que un orden social justo en la era digital es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades…de modo que el criterio no sea sólo el beneficio sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos (80). 

En Magnifica Humanitas, Leon XIV hace un llamado a que gobiernos y entidades supranacionales (el sector coercitivo de las sociedades) resuelvan la opacidad y las condiciones de acceso que no le gustan en el mercado porque es necesario reconocer un aspecto decisivo, que ya he mencionado antes: en muchos casos, en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación(95).

La política tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas (163), se lee en la encíclica; y la política se basa en el poder y la coacción, a diferencia del mercado que se basa en relaciones pacíficas y voluntarias.

Dicho lo anterior, en el contexto papal no es extraño un clamor por un involucramiento de gobiernos y organismos supranacionales (la política) en las relaciones que deberían ser privadas y contractuales, en vez de ser coactivas. En 2011, Dominique Mamberti secretario de la Santa Sede para la Relación con los Estados declaró no puede haber una separación de la iglesia y la política.

En Caritas in veritatis, Joseph Ratzinger. Escribió que para gobernar la economía mundial…urge la presencia de una verdadera “autoridad política mundial” (67).  En la misma encíclica, Ratzinger escribió que el proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes (42).

Tanto el papa conservador, como Prevost parecen ignorar que aquellos mismos políticos que conocemos por corruptos, irresponsables, incapaces, arbitrarios, muchas veces tiránicos, y demasiadas veces asesinos, son los que se harían cargo de la autoridad política mundial que tanto los entusiasma. Porque, leyendo un poco de análisis económico de las decisiones públicas, ¿de dónde iban a salir políticos distintos a los que ya hay? ¿Por qué es que los políticos encargados del gobierno mundial iban a ser distintos a los políticos que roban y mal administran a niveles nacionales?

Entre la doctrina social de la iglesia católica en general y las ideas de Magnifica Humanitas en particular, y el liberalismo clásico hay convergencias superficiales que podrían ser interesantes:

Tanto Ludwig von Mises, como Friedrich A. Hayek y la doctrina social de la iglesia católica coinciden en que la sociedad es un tejido de acciones humanas interconectadas. Para ambos el mercado es un proceso de cooperación social.

La doctrina social de la iglesia católica y los liberales clásicos coinciden en que la sociedad no es un agregado de átomos aislados; y por supuesto que la solidaridad cristiana puede leerse como deseo de reducir sufrimiento y promover florecimiento compartido.

La encíclica critica la concentración privada de poder tecnológico; y los liberales también la critican cuando esa concentración se debe a privilegios estatales como monopolios concedidos, barreras regulatorias.

Pero…

La doctrina social de la iglesia católica sostiene que la sociedad es un tejido de acciones humanas interconectadas en el cual es necesario un tejedor desde la política; y que aquella cooperación es un juego de suma cero, cuando no participa el poder político. De ahí que las convergencias sean superficiales y que las tensiones sean más profundas e irreconciliables:

Para Ludwig von Mises la solidaridad forzada vía control público distorsionaría el cálculo económico y la coordinación espontánea. La verdadera cooperación social surge del intercambio voluntario y el interés propio bien entendido. Imponer “bien común” definido desde la política generaría intervenciónes que reducirían la prosperidad para todos, especialmente para los más vulnerables.

Para Friedrich A. Hayek, el riesgo mayor es la coerción arbitraria disfrazada de solidaridad. El control público sobre datos y algoritmos tiende a convertirse en planificación central discrecional. Hayek defendería reglas generales de derecho (protección de propiedad, contratos, responsabilidad); pero rechazaría que el Estado oriente el desarrollo tecnológico según una concepción sustantiva del bien común. El orden espontáneo genera más solidaridad efectiva (en forma de riqueza, conocimiento y oportunidades) que cualquier diseño consciente.

Finalmente, para Ayn Rand, que no es liberal clásica; pero su filosofía Objetivista valora grandemente la dignidad humana, los derechos individuales y la racionalidad entiende que la solidaridad como virtud cristiana implica altruismo, que es sacrificar el interés propio por los de los demás. Rand lo rechaza radicalmente. La verdadera benevolencia hacia otros surge del egoísmo racional que es nada menos que valorar la vida humana, comerciar voluntariamente y respetar derechos. El control público en nombre de la solidaridad es inmoral porque viola derechos de propiedad (datos, algoritmos, capital intelectual) y convierte al innovador en siervo del colectivo. La grandeza de la persona humana (90) a la que alude Magnifica Humanitas no se logra subordinando al individuo al control público, sino liberándolo.

Desde una ética de la liberad

La doctrina social de la iglesia católica en Magnifica Humanitas ve la solidaridad como un deber moral y político que legitima la intervención política correctiva. La tradición liberal clásica y Objetivista ve la cooperación voluntaria (emergente del respeto a derechos individuales) como la única solidaridad genuina y sostenible. El control público aparentemente bien intencionado suele abrir la puerta a nueva concentración de poder (ahora político-tecnocrático), que daña precisamente a quienes pretende proteger porque suele terminar en colectivismo y autoritarismo, cuando no en totalitarismo.

Puntos de diálogo fructífero podrían surgir por el placer de la conversación y para explorar ideas; pero entre la doctrina social de la iglesia católica y el liberalismo y Objetivismo la diferencia antropológica es decisiva: ¿el hombre es un ser inherentemente social que no puede encontrar su propia plenitud si no es en la “entrega” sincera de sí mismo (48), o un agente racional que florece mediante la razón, la productividad y la cooperación social voluntaria? A estas alturas la discusión no es si las IA son buenas, o malas.  La cuestión es quién las controla y qué antropología acarrean.

Antonio Gramsci explicó que el poder no se sostiene solo por la coerción (ejército, policía, leyes); sino principalmente por el consenso. Desde esa perspectiva, quienes ejercen el poder logran que su visión del mundo sea percibida como sentido común, como algo natural y universal. Cuando la mayoría acepta como normales las ideas, valores y jerarquías de los poderosos, ya no hace falta reprimir tanto. La hegemonía se ejerce sobre todo en la sociedad civil en la escuela, medios, iglesia, familia, arte, universidades, sindicatos..e inteligencias artificiales.

Muchos de los que desconfían de la iniciativa privada le entregan sin problema cantidades masivas de datos y poder a políticos y burócratas (electos, o no). En ese contexto son preocupantes los esfuerzos por conseguir que las IA sean controladas por políticos y burócratas que consigan la capacidad de redefinir qué significa ser humano. Y esa es la conversación a la que invitan Magnifica Humanitas y estas líneas. ¿Te apuntas?

*Mi cuate, Andrés, sostiene que hay una diferencia sustancial entre lo público y lo estatal.  Coincido con él en esta idea; pero creo que ni el en Vaticano, ni en el cuchubal se hace esta diferenciación que es muy importante.  Lo público, no nesariamente es lo estatal.


15
Abr 26

Prevost y Mac Pato

 

Que las mentes modestas piensen que los ricos acumulan el dinero en una bóveda como lo hace Rico Mac Pato, que incluso nada y esquía en su fortuna inmensa, se entiende. Que las mentes modestas piensen que los ricos acumulan fortunas en sus colchones, o en cuentas de ahorros atesoradas en bancos, se entiende. Se entiende porque son ideas caricaturescas y pueriles que en muchos ambientes sirven para argumentar contra la existencia de grandes fortunas y alimentar las retóricas de la envidia, del socialismo y del sacrificio.

Rico Mac Pato nada en dinero; y así creen, algunos. que los ricos acumulan capital.

Sin embargo, hay otras perspectivas más maduras: en las obras de Joseph Schumpeter e Israel Kirzner, la acumulación de capital es un proceso dinámico y profundamente ligado al emprendimiento.

Para el primero el capital es consecuencia de la innovación y no su causa. Solo después de que la innovación tenga éxito y genere beneficios extraordinarios (temporalmente, gracias a la destrucción creativa), esos beneficios se reinvierten y permiten la verdadera acumulación física de capital.

Para el segundo la acumulación de capital requiere ahorro (espera y reducción del consumo presente); pero el ahorro solo es condición necesaria, mas no suficiente. Lo decisivo es la alerta emprendedora que descubre que un bien de capital está mal asignado (porque se usa en un proceso menos valorado por los consumidores); lo reasigna hacia un uso más valioso; y corrige descoordinaciones en la estructura de capital. Con emprendedores alerta, el ahorro se canaliza hacia los proyectos que realmente alargan y profundizan la estructura de producción de forma coordinada con las preferencias temporales y los deseos de los consumidores.

Los ricos no tienen sus fortunas criando moho en bóvedas. Las tienen innovando, multiplicando la riqueza y las oportunidades. Las tienen financiando museos, investigaciones tecnológicas y científicas. Las grandes fortunas no están en manos de los Rico Mac Pato; sino en las de personajes como John Galt, Dagny Taggart, o Hank Rearden, de La rebelión de Atlas.

Dicho lo anterior, cuando Robert Prevost dice que es preocupante la acumulación de la riqueza en pocas manos, y aboga por la redistribución, ¿a cuál tipo de acumulación se refiere, a la de las caricaturas, o a la de los innovadores, emprendedores y productores?

La pregunta es importante porque la organización que dirige León XIV no es ajena a la acumulación de capital e invierte mayoritariamente su fortuna en bienes raíces de alto valor y alquiladas a precios de mercado, así como en fondos globales. De aquello se encargan la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica y el Instituto para las Obras de Religión.

Una de mis novelas favoritas (y hay película) es El filo de la navaja, de W. Somerset Maugham. En la obra, el personaje Elliott Templeton cuenta que en septiembre de 1929 estaba en Roma y que sus amigos del Vaticano le advirtieron confidencialmente que se avecinaba un desastre en Wall Street. Le recomendaron con insistencia que vendiera todas sus acciones y valores americanos. Elliott, que confiaba ciegamente en la sabiduría secular de la Iglesia, obedeció al instante. Liquidó su cartera, compró oro y, cuando llegó el crac, no solo no perdió fortuna, sino que incluso la aumentó al volver a comprar acciones a precios irrisorios meses después.

El narrador (y el propio Elliott) subraya la ironía: la Iglesia Católica, con más de mil años de experiencia en el manejo del poder y del dinero, sabe perfectamente cómo preservar la riqueza en tiempos de crisis. Elliott lo dice casi con orgullo devoto: la Iglesia ha sobrevivido a imperios, guerras y revoluciones precisamente porque administra sus bienes con una prudencia que los simples mortales (y los brokers de Chicago) no tienen.

Para Elliott la iglesia no era simplemente el club más exclusivo del mundo; sino que también era un excelente acumulador de patrimonios.

La historia se repite con ironía exquisita: mientras algunos predican contra la acumulación de riqueza, otros —incluida la institución con más experiencia en sobrevivir al paso del tiempo— la practican.


08
May 25

León XIV: Oportunidad y desafío

 

A diferencia de lo que hizo Jorge Mario Bergoglio, el nuevo papa León XIV –Robert Prevost– no acudió al expediente populista de desestimar los atavíos papales tradicionales cuando salió al balcón a presentarse ante la ciudad y ante el mundo. Eso es una buena señal no sólo por el respeto a las tradiciones y a la dignidad del cargo que ocupa, sino porque los actos simbólicos populistas no suelen anunciar cosas buenas. Los símbolos no sólo representa cosas, sino que producen efectos de sentido, dijo, poco más o menos, Umberto Eco.

Robert Prevost -León XIV- ataviado como corresponde a un papa. La foto la tomé de X.

Por otro lado, Prevost eligió el nombre León, que inmediatamente evoca a León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum. Esta carta solemne trata de conciliar la doctrina católica con los desafíos de la industrialización, el socialismo y el liberalismo. La encíclica aborda la cuestión obrera en un contexto de desigualdades sociales exacerbadas por la revolución industrial (porque no termina de entenderla), defiende la dignidad del trabajo (aunque no especifica si es del trabajo productivo o del trabajo por sí mismo) y el derecho a un salario justo (sin relacionar este con la productividad y en el supuesto de que se fija sobre bases moralistas y no como un precio), mientras aparenta rechazar al colectivismo socialista y al llamado individualismo extremo del liberalismo laissez-faire. A ratos, Rerum Novarum parece entender la propiedad privada como pilar de la libertad y parece entender la iniciativa individual; pero es evidente que el autor desconfía del mercado, lo que genera fricciones con los principios de la economía como praxeología, que prioriza la espontaneidad del orden de mercado frente a intervenciones estatales.

La Rerum Novarum propone un equilibrio entre capital y trabajo al abogar por los sindicatos y por un rol subsidiario del Estado para proteger a los más débiles, ideas que resuenan parcialmente con una defensa de la sociedad civil frente al colectivismo. Sin embargo, la sugerencia de intervención estatal, aunque limitada, plantea problemas. Autores como Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek argumentarían que la injerencia estatal, incluso bien intencionada, distorsiona los precios, desincentiva la innovación y erosiona la libertad individual. La encíclica, al no profundizar en los mecanismos de mercado como coordinadores de la acción humana (como lo haría la praxeología), subestima la capacidad del orden espontáneo para resolver problemas sociales sin coerción. Aunque su diagnóstico de la explotación obrera tiene elementos de validez, su solución confía excesivamente en la regulación externa, en lugar de en la competencia y el descubrimiento empresarial.

La Rerum Novarum es clave para la Doctrina Social de la Iglesia, pero su enfoque moralizante choca con el método compositivo y no normativo de la economía austríaca. Mientras León XIII buscó un justo medio entre clases sociales, el liberalismo clásico y la escuela austríaca enfatizan que la justicia emerge del respeto a los derechos individuales y la libertad de intercambio, no de un diseño social impuesto. La encíclica, al priorizar la estabilidad social y la caridad, subordina en cierta medida la libertad individual, lo que genera una tensión no resuelta con los principios de Mises y Hayek.

Una oportunidad para León XIV

Dicho lo anterior, León XIV tiene la oportunidad de escribir una Rerum Novarum Nova que entienda la Cuarta Revolución Industrial y lo que se viene con las inteligencias artificiales en materias de propiedad, mercado, trabajo, productividad y ética. Una que aleje a la organización que dirige del lastre de la Teología de la Liberación y una que aleje a su iglesia de ideas como la de que el dinero es el estiércol del diablo, que los bienes tienen un destino universal, que las empresas no deben existir para ganar dinero, que el liberalismo económico mata de hambre y de falta de cultura,  que el capitalismo es terrorismo contra la humanidad, y que los comunistas piensan como cristianos, ideas que hizo célebres su predecesor, el comandante Francisco.

De hecho, con respecto a esta última frase, Prevost dijo, en 2010, que el comunismo ha penetrado incluso en ambientes cristianos disfrazado de solidaridad. Es nuestro deber pastoral desenmascararlo. Sin embargo, el hecho de que el nuevo papa haya tenido una experiencia pastoral larga en Perú (la tierra de Gustavo Gutiérrez, de José Carlos Mariátegui y de Victor Raúl Haya de la Torrre, ¿influirá en sus ideas sobre el trabajo, la productividad, el salario, el dinero, el capitalismo, el liberalismo y temas parecidos al margen del comunismo propiamente dicho?

La cuestión del abuso sexual

Finalmente, no estaría bien pasar por alto que él, como muchos otros cardenales, ha recibido críticas por su trato con sacerdotes acusados de abuso sexual, tema que es más que espinoso y es tabú entre algunos comentaristas.

Durante décadas, la Iglesia Católica ha enfrentado una crisis global por casos de abuso sexual cometidos por clérigos, con un manejo inicial caracterizado por el encubrimiento institucional y la protección de los agresores. Desde finales del siglo XX, especialmente en países como Estados Unidos, México, Perú, Australia y Chile, salieron a la luz miles de denuncias que revelaron un patrón de traslado de sacerdotes acusados a otras parroquias sin informar a las autoridades civiles, priorizando la reputación de la institución sobre la justicia para las víctimas. Informes como el de Pensilvania (2018), que documentó más de 1,000 casos de abuso por 301 sacerdotes, evidenciaron un encubrimiento sistemático por parte de la jerarquía eclesiástica, con obispos que ignoraban denuncias o imponían castigos leves, como retiros temporales. Esta falta de transparencia erosionó la credibilidad de la Iglesia y alimentó la percepción de impunidad.

Desde el pontificado de Juan Pablo II, pero especialmente con Bergoglio, la Iglesia ha intentado abordar esta crisis mediante reformas. En 2019, el papa argentino promulgó Vos estis lux mundi, una normativa que obliga a los obispos a reportar denuncias de abuso y establece procedimientos para investigar a clérigos, incluidos obispos, por encubrimiento. Además, se crearon comisiones para escuchar a las víctimas y se pusieron en práctica políticas de aparente tolerancia cero en varias diócesis. Sin embargo, la aplicación de estas medidas es inconsistente. En países como Chile, donde los 34 obispos ofrecieron su renuncia en 2018 tras el escándalo del caso Karadima, se han visto avances, pero en otras regiones persisten críticas por la lentitud en las investigaciones y la falta de rendición de cuentas.

La Iglesia Católica enfrenta desafíos significativos para recuperar la confianza pública. La percepción de que las investigaciones internas priorizan la discreción sobre la justicia persiste, especialmente cuando casos prescriben en el ámbito civil o canónico sin sanciones claras. Además, la variabilidad cultural en el manejo de denuncias complica una respuesta global: en algunos países, el estigma social disuade a las víctimas de hablar, mientras que en otros, como Estados Unidos, las fiscalías han tomado un rol activo, revelando listas de miles de sacerdotes acusados. La presión de los medios y las redes sociales ha forzado a diócesis a reabrir casos, pero también ha generado críticas por sensacionalismo. La Iglesia debe equilibrar la presunción de inocencia con la necesidad de justicia para las víctimas, un proceso que sigue siendo objeto de debate y reformas incompletas.

Te adjunto enlaces a los trailers de dos películas sobre el tema de los abusos:

El rol de Robert Prevost

El cardenal Robert Prevost, prefecto del Dicasterio para los Obispos desde 2023 y exobispo de Chiclayo, Perú, ha sido acusado de encubrir abusos sexuales durante su gestión allá. Tres mujeres denunciaron en 2022 abusos cometidos por sacerdotes cuando eran menores, y afirmaron que Prevost no investigó adecuadamente y archivó las denuncias, lo que permitió que los acusados continuaran en sus funciones. Aunque la diócesis de Chiclayo sostiene que Prevost aplicó medidas cautelares y remitió el caso al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, las víctimas aseguran que no hubo una investigación real y que el caso se cerró por prescripción en 2023. Estas acusaciones, respaldadas por la organización Survivors Network of those Abused by Priests y medios como Cuarto Poder, han señalado el rol de Prevost en el Vaticano, donde supervisa investigaciones de otros obispos. Sin embargo, algunos defensores argumentan que las acusaciones carecen de pruebas concluyentes y podrían estar motivadas por intereses políticos o venganzas locales, como represalias por su intervención en el caso del Sodalicio de Vida Cristiana.

Este escándalo es uno de abusos sexuales, físicos y psicológicos perpetrados por miembros de aquella organización católica peruana, fundada en 1971 por Luis Fernando Figari. Desde el año 2000, exmiembros como José Enrique Escardó denunciaron abusos cometidos por Figari y otros líderes, incluyendo a menores, lo que se destapó ampliamente con el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz. Las acusaciones revelaron un sistema de control autoritario, encubrimiento institucional y vínculos con el poder político y eclesiástico en Perú. A pesar de investigaciones civiles y del Vaticano, muchos casos prescribieron, sin embargo Jorge Mario Bergoglio ordenó la intervención del grupo en 2018, expulsó a Figari y otros miembros en 2024, y disolvió la organización en enero de 2025 por la gravedad de las denuncias, que incluyeron sadismo, sectarismo y mal manejo financiero. Este no es un caso único ya que, por ejemplo, la congregación Legionarios de Cristo estuvo involucrada en escándalos similares. 

León XIV tiene ante sí un mundo que exige claridad y acción. Su elección del nombre León y su respeto por las tradiciones son un buen comienzo, pero su legado dependerá de cómo enfrente los desafíos éticos, económicos y sociales de nuestro tiempo. La Iglesia no puede seguir esquivando las sombras del pasado ni las demandas de justicia del presente. El papa debe liderar con verdad y valentía, o el peso de las críticas lo arrastrará.

Actualización: El 19 de mayo del 2025, Prevost se refirió a un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Insistió en su compromiso social y pidió luchar contra las desigualdades mundiales y las condiciones de trabajo indignas. No faltaron los medios que interpretaron que el nuevo papa empezó su pontificado con una crítica a los excesos del capitalismo, o con una dura crítica al capitalismo que margina a los pobres. El nuevo papa no mencionó expresamente al capitalismo, como su predecesor, de modo que no está claro por dónde va la bolita. ¿Quién podría estar a favor de marginar a los pobres, o con condiciones de trabajo abusadoras? Nadie con dos dedos de frente.  Pero…sólo el desconocimiento de lo que es el capitalismo puedes suponer que ese sistema es el que favorece aquellas condiciones. 


25
Abr 25

Apuestas papales: ¿quién sigue?

 

En 1592 hubo un decreto romano que prohibió apostar sobre quién sería el próximo papa, bajo pena de excomunión. Sin embargo, poco más de 400 años después, hay plataformas con la más moderna tecnología cripto que aceptan apuestas sobre quién será el sucesor de Jorge Bergoglio.

Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco. Foto por Yakov Fedorov, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

En esas plataformas, los candidatos con más apuestas a su favor son uno del corte del papa recién fallecido y otro más moderado. Pero ya conoces el dicho, ¿verdad? Aquél que entra al cónclave como papa, sale de él como cardenal.

Como la sucesión papal es uno de los temas de actualidad, hasta yo, que no soy creyente, me pongo el gorro de agorero y, sin que me lo pregunten, tengo mis candidatos, basado en lo que comentan mis amigos que sí saben de estas cosas:

Péter Erdő: es un firme defensor de la doctrina tradicional, que ha enfatizado las raíces cristianas de Europa y se ha mostrado crítico con políticas migratorias abiertas.

Robert Sarah: ha criticado el islamismo radical. Se opone a las presiones culturales modernas y defiende la autonomía individual. Favorito de los conservadores por su ortodoxia litúrgica.

Malcolm Ranjith: no es muy visible entre los “papabili”, pero destaca por su enfoque racional en la doctrina, su sensibilidad a los desafíos sociales, su independencia política y su perspectiva global. Mis amigos dicen que es menos polarizante que Sarah.

¿Ves qué tienen en común? No son peronistas como el papa recién difunto, ni son trendies. Sobre todo, dan la impresión de que entienden el valor de la civilización occidental frente a la islamización, y entienden el valor de la tradición frente a la necesidad de halagar a las masas.

Ninguno de los tres ha dado señales de que el derecho de propiedad sea secundario y de que dependa de un supuesto destino universal de los bienes. Ninguno de ellos ha dicho que el dinero es el estiércol del diablo. Ninguno ha opinado que las empresas no deben existir para ganar dinero, incluso si el dinero sirve para mediar su funcionamiento. Ninguno ha opinado que el liberalismo económico mata de hambre y mata de falta de cultura. Ninguno ha expresado que son los comunistas los que piensan como los cristianos. Y ninguno ha dicho que el capitalismo es terrorismo contra la humanidad. Adivinen como quién sí.

Dicho lo anterior —y para relajarme y divertirme— le pregunté a Grok cuál sería mi nombre si se diera la oportunidad de que yo fuera papa y estas fueron sus sugerencias:

Libero: que significa libre en latín. Dice la IA que este nombre es audaz y ligado a mi pasión por la libertad y mi rechazo a cualquier forma de coacción arbitraria. Es innovador, sin precedentes en la historia papal, y proyecta un papado de ruptura, centrado en la autonomía. Perfecto para mi filosofía y mi blog Carpe Diem, que promueve vivir plenamente en libertad.

Urbano IX: nombre que evoca civilización y conexión con la gente. Dice Grok que resuena con mi rol de comunicador accesible en mis columnas y clases. Su asociación con San Urbano y la claridad lo hace elegante y tradicional, pero con un toque de sofisticación que encaja con mi aprecio por el arte.

Emiliano: un homenaje personal a uno de mis tatarabuelos. Dice la IA que este nombre conecta con mi herencia guatemalteca y mi orgullo familiar, además de evocar trabajo productivo.

¿Cuál crees que es mi favorito? Libero. Me gusta porque captura, de manera directa y poderosa, mi compromiso con la defensa de la libertad y la razón; porque desafía las convenciones posmodernas y recuerda la relación que hay entre la libertad y la responsabilidad.

@luisficarpediem

El próximo papa no solo liderará una religión, sino que moldeará el rumbo de la libertad y la tradición en un mundo que las necesita más que nunca: que su elección nos recuerde que vivir libres es el verdadero carpe diem #papa #francisco #papafrancisco #jorgemariobergoglio #vaticano #catolicismo #iglesiacatolica #papado #luisfi61

♬ sonido original – Luis Figueroa

Al final, el próximo papa no solo liderará una religión, sino que moldeará el rumbo de la libertad y la tradición en un mundo que las necesita más que nunca: que su elección nos recuerde que vivir libres es el verdadero carpe diem.

Columna publicada en República.


26
Jul 22

Bergoglio abusa de sus facultades

 

Jorge Bergoglio se reunió con sobrevivientes de una antigua escuela residencial para indígenas en Canadá, para pedir perdón por el papel que tuvo la organización que dirige en la violencia infligida a miles de menores de pueblos autóctonos.

La foto la tomé de Facebook,

El dirigente católico dijo: Pido perdón, en particular, por la forma en que muchos miembros de la Iglesia y de las comunidades religiosas cooperaron, sobre todo a través de su indiferencia, en los proyectos de destrucción cultural y de asimilación forzosa promovidos por los gobiernos de la época, que culminaron en la sistema de escuelas residenciales.

Pero…¿puede Bergoglio hacer algo así éticamente?  Digo, porque la responsabilidad consiste en hacernos cargo de las consecuencias de nuestras decisiones y de nuestras acciones…personales e individuales, concretas.  Sólo puedes pedir perdón por tus decisiones y acciones, no por las de otros…y menos si son de hace décadas, o siglos. Quién perdona se comprende profundamente a sí mismo y a sus semejantes, permitiéndole entender la razón de por qué perdona. De ahí que el perdón deba ser personal e individual, concreto.  No puede ser un acto colectivista y abstracto.  No puedes pedir perdón por algo que no hiciste, y no puedes perdonar a alguien que no te hizo nada.  No tiene sentido alguno pedir perdón por algo que hicieron otros cuando no estabas en posición de tener algo que ver con esos actos.

Bergoglio tendría que saber y entender aquello porque la responsabilidad estrictamente personal de los actos es una de las rescatables aportaciones éticas del cristianismo. Opuesta, incluso, a la responsabilidad colectivista aniquiladora del Viejo Testamento en el que todos los bebés son pasados por las armas, o en el que dos ciudades son destruidas por fuego y azufre.  Sin distinguir individuos.  Sólo masas.

Bergoglio no sólo no está obligado a pedir perdón por decisiones y actos ajenos; sino que no tiene derecho a hacerlo.  Es vacía la pretensión de Bergoglio, y la de otros políticos. de buscar redención por actos que ocurrieron hace décadas y siglos, aunque diga que siente tristeza, indignación y vergüenza…porque no son suyas de sentir, ni suyas de expresar.

Es cierto que muchos miembros de la organización que ahora dirige Bergoglio cometieron abusos y hasta crímenes, como lo que algunos religiosos de su persuasión cometieron en Canadá, o el caso de Las hermanas de la Magdalena, por citar un caso entre ¿Cientos? ¿Miles? Pero…los responsables de aquellos actos fueron personas específicas, concretas e individuales, sobre todo individuales. No cabe criar culpa, ni atribuir responsabilidad a la Iglesia que no son sólo Bergoglio y sus cardenales, sino que son todos los católicos como tu, tu y tu, algunos de los que están leyendo estas líneas.


31
Ene 20

Celada en la embajada

El 31 de enero de 1980 yo estaba en clases y a la U nos empezaron a llegar rumores sobre lo que ocurría en la embajada de España; esto es antes de que hubieran Whatsapp, o siquiera ICQ.  En la noche, todos vimos –en el noticiario Aquí el mundo–  las escenas espantosas de lo que había pasado.  Años después, cuando yo trabajaba en aquel programa de noticias, vi los rushes de aquella tragedia; y hasta hoy me conmueven y estremecen las escenas de los cuerpos quemados y mojados que había en aquel lugar infame.

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Cuarenta años después de aquella tragedia deliberada, durante los cuales aquellos actos fueron el elefante en la sala de la historia moderna de los guatemaltecos, es publicado el libro Historia verdadera de la quema de la embajada española, por Adolfo Molina S. –hijo de una de las víctimas, el excanciller Adolfo Molina O. – y su libro nos asoma a la realidad de que existe el mal.  Tomando en cuenta quién es el autor, es notable que ese acercamiento a la perfidia no se haga con rencor, sino basado en hechos y lógica. Eso sí, sin perder de vista que lo sucedido…no puede ser tomado como coincidencia o casualidad.  Por el contrario, todo se integra como parte de un plan…mal ejecutado que al salirse de control falló aparatosamente causando una tragedia.

¿Sabes que nunca hubo una investigación científica de lo que ocurrió en la Embajada?  La casa –en la que jamás hubo un peritaje– le fue devuelta a su propietario, destruida, y este la reconstruyo, la arrendó y ahora ya no existe.  Pero…¿cómo iba a ser de otra forma si cabe afirmar que la ocupación de la Embajada fue un acontecimiento del  cual tenía ya conocimiento el embajador Máximo Cajal y López, según una sentencia judicial de 2014? Uno puede entender que un gobierno como el de Guatemala quisiera olvidar lo que pasó; pero, ¿y el de España? ¿Qué quería dejar en el olvido el gobierno español?

Es cierto que la policía no debería haber tratado de entrar; pero Cajal y López decidió ser Mickey Mouse y aprendiz de hechicero junto al EGP, el CUC y el FERG* que organizaron una celada de horror. Y no te cuento más para que leas el libro.

*Aquí tenía que haber mencionado, también, a la Iglesia católica, muchos de cuyos miembros -entre el clero y catecistas- participaron en esta operación criminal.  Anoche, durante la presentación de su libro, Adolfo Molina S. hizo mención de esta participación importante.

Columna publicada en elPeriódico.


03
Ene 20

Religión y economía

La praxeología es la ciencia de la acción humana; y la economía nos da el conocimiento necesario para comprender la relevancia de la acción humana consciente y con propósito. ¿Por qué es que la religión no habría de ser objeto de exploración económica? No sólo la religión (abstracta y mística) como prefilosofía, sino aquella como un medio que usan las personas para conseguir fines que valoran (concretos y pedestres).

Aquello hacen Rachel McCleary y Robert Barro en The Wealth of Religions.

Escucha el podcast aquí.

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Su capítulo titulado When Saints Come Marching In cuenta la historia de Pedro de Betancur; y como todo el libro, está lleno de data valiosa que el estudioso puede aprovechar. ¿Sabías que en 1964, en Guatemala, 8.2% personas decían ser evangélicas y que actualmente la cifra es de 40%? ¿Sabías que una forma de combatir ese crecimiento que se da en toda América Latina es la multiplicación de santos por parte de la iglesia católica? McCleary y Barro dan data abundante al respecto. La competencia es tal que Juan Pablo II llamó a los evangélicos lobos rapaces que están acechando a los católicos latinoamericanos para alejarlos de la iglesia de Roma. Ya desde 1824, Leon XII condenaba la tolerancia religiosa y la libertad de conciencia ante los peligros metodista y presbiteriano.

Profetas y mártires de Quiché.

Recientemente, la producción de santos en el contexto de una religiosidad popular se ha fortalecido como instrumento de competencia. La fabricación de santos del pueblo y la idea de rescatar el share del mercado perdido, las vi evidentes durante mi visita a Quiché, en agosto pasado. Incluso la creación de una nueva categoría de candidatos a santidad, creada por Jorge Bergoglio (llamada oblatio vitae) le facilita al Papa promover una ideología política sobre qué es un católico ejemplar; y Oscar Romero, así como beatos y santos del altiplano guatemalteco son prototipos.

Candidatos a beatos, en Quiché.

La iglesia católica (la empresa corporativa más duradera del mundo) se esfuerza, en parte por medio de la creación de santos, para mantener su poderosa posición mundial al actuar de manera más efectiva contra el protestantismo, comentan McCleary y Barro.

Columna publicada en elPeriódico.


28
Mar 19

Bergoglio dice que tu comida no es tuya

Jorge Mario Bergoglio asegura que la comida no es una propiedad; sino providencia para compartir por la gracia de su dios; o sea que, tu comida, no es tuya.

Según Bergoglio, los alimentos que compras, con el dinero que has ganado mediante tu trabajo, no son tuyos, ni de los tuyos; sino que se deben al cuidado del mundo que los creyentes le atribuyen a su dios.

Caridad, ilustración de dominio público, vía Wikimedia Commons.

El Papa rezó para que no nos haga faltar nuestro pan cotidiano, y nos ayude a comprender que este no es una propiedad privada sino, ayudados por su gracia, es providencia para compartir y oportunidad para salir al encuentro de los demás, especialmente de los pobres y necesitados.

Comparto la idea de cualquiera que piense que es benevolente compartir los alimentos con quienes no los tienen; siempre que ese acto de compartir sea voluntario y siempre que los beneficiarios merezcan la caridad.  Lo que me parece horrible es que Bergoglio pretenda hacernos creer que las obras de filantropía que hacen las personas-con el pan que han ganado trabajando- no son obras de caridad virtuosas de quien las hace, sino que son una de las formas en las que su dios cuida de la gente. Eso es como presumir con sombrero ajeno, ¿no te parece?

Si la pretensión papal fuera cierta, la caridad sería despojada de su carácter virtuoso para convertirse en un hecho instrumental en el que el benevolente es nada más que un medio.

Me parece horrible porque la alimentación es una necesidad y las necesidades se cubren con recursos económicos, mismos que no sólo son escasos, sino que se requiere talento y trabajo para producirlos. El pan y otros alimentos sólo se producen como consecuencias de ahorro, capitalización, empresarialidad y trabajo.  Si no que lo digan los pobres de aquellos lugares en donde han faltado aquellos elementos.  ¿Dónde está el dios de Bergoglio en Venezuela cuando la gente no tiene que comer? ¿Donde estaba en el holodomor de Ucrania? ¿En las hambrunas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y en las de China y Camboya para citar unas? ¿Dónde está en el corredor seco?

Sólo donde abundan el ahorro, la capitalización, la empresarialidad y el trabajo, abundan los alimentos no sólo para sobrevivir, sino para compartir.  No porque los que pueden ser benevolentes oren y consigan pan en abundancia; sino porque hay quienes ahorran, capitalizan, emprenden y trabajan tanto, que lo que producen alcanza ¡hasta para compartir voluntariamente! y no como consecuencia de ser instrumentos de la providencia.

Cuando Bergoglio hace comentarios así, no sólo dice que lo tuyo no es tuyo; sino que despoja de su carácter virtuoso a la benevolencia.  ¿Así, o más perverso? Y cuando tu financias la organización que dirige Bergoglio, financias las ideas que esparce Bergoglio.


15
Ene 19

“Primera plana”, cine y periodismo de los buenos

La película Primera plana o Spotlight -que está ahora en Netflix- hay que verla por tres buenos motivos.  Muestra un ejercicio ejemplar del periodismo, es una lica buenísima y te acerca a los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes, un fenómeno al que, por aquí, no se le pone mucha atención.

Imagen de previsualización de YouTube

En 2015 la peli ganó el Oscar a la mejor película y cuenta la historia de cómo fue que la unidad de investigación del diario Boston Globe llamada Spotlight desenmascaró un escándalo en el que la iglesia católica de Massachussets ocultaba docenas de abusos sexuales cometidos por curas en Boston. Por estos reportajes, el Boston Globe ganó un Premio Pulitzer en 2013. Radio Vaticano la calificó como honesta y convincente.

Aparte de aquello, la peli consigue retratar -y lo consigue muy bien- ese periodismo profesional que busca la verdad, verifica fuentes y no está satisfecho hasta que no tiene los pelos de la burra en la mano. Ese periodismo que no confunde venganza con justicia, y ese que no confunde el activismo con la búsqueda de la verdad.  Ese que sabe que más importante que parecer justiciero es ser objetivo.

La peli es oportuna porque, próximamente, miembros del comité permanente de la Conferencia Episcopal de Chile se reunirán con Jorge Bergoglio para hablar sobre el camino recorrido, luego de la renuncia de 34 obispos chilenos -el año pasado- a causa de abusos sexuales cometidos por religiosos.


23
Jun 17

Cisma sangriento

Todo cristiano intelectualmente inquieto debería leer Cisma sangriento, por Francisco Pérez de Antón. ¿Por qué? Para explorar si su fe es honesta, o si es consecuencia del miedo. Con esta obra, el autor vuelve a hacer lo que hizo con El gato en la sacristía: Sacude el campanario para ver si allí hay murciélagos.

Escucha el podcast aquí.

En Cisma, el autor y con pluma genial nos lleva por las pavorosas guerras de religión, las masacres, crímenes y hambrunas que –luego de que Lutero clavara sus tesis en Wittemberg- costaron cerca de 13 millones de muertos. Cadáveres que la historia oficial (católica y protestante) hace todo lo posible por no traer a cuento. En parte por sacralizar la carnicería y en parte para no permitir que la verdad arruine una buena historia.

En el Cisma, los teólogos salen mal parados. Dice el autor: Un teólogo es alguien que se enfrenta a otro teólogo por cuestiones sobre las cuales ninguno de los dos está seguro, pero por las que ambos serían capaces de matarse. Cada uno proclama que la salvación del hombre sólo puede ser explicada por medio de una teología: la suya. Y nos recuerda que tanto en el siglo XVI, como en el XXI; tanto en el cristianismo como en el islamismo, la clerecía sólo es tolerante cuando no tiene poder para ser intolerante. De ahí el interés religioso en la política. Zuinglio escribió que el estado ha de ser cristiano; Pío nono dijo que la tesis de que el estado deba ser separado de la iglesia es falsa y un error pernicioso…y Bergoglio ha dicho que la iglesia debe meterse en política.

Pérez de Antón expone detalles clave para entender por qué es que aquellas teologías son enemigas de la libertad intelectual de las personas: Lutero decía que la razón es el mayor enemigo de la fe; Calvino consideraba al humano poco más que estiércol vacuno; y Roma veía en los valores del humanismo una amenaza a su hegemonía.

Se me acaba el espacio y no quiero que se queden en el tintero dos ideas: Creo que Cisma (o su autor, claro) es injusto con los tribunales de fuero especial, de 1982/83 en Guatemala; y creo que es injusto con Juan de Mariana. Dicho aquello, de verdad te recomiendo este librazo.

Columna publicada en elPeriódico.