06
Ene 23

El horror del asesinato de una niña

 

En algunos hogares hoy se celebra el Día de Reyes.  Aquí en Guatemala no es una fiesta generalizada; pero en España y en México sí, y en algún hogar chapín.  Esa fiesta puede ser parte de la experiencia de ser niño.

Dicho lo anterior, no soy fan de la infancia en el sentido de que prefiero ser adulto; ya sabes, por la independencia y porque todavía tengo la esperanza de madurar.  Pero, ¿sabes quiénes tienen infancias dolorosas? ¿Sabes quiénes no tendrán un Día de Reyes? ¿Sabes quienes no van a tener la oportunidad de ser independientes, madurar y florecer? Génesis Ixcajop, de 7, que fue asesinada mediante estrangulación y asfixia, en Villa Nueva, el 1 de enero pasado.  Tampoco Hillary Arredondo, de tres años, ni Sharon Figueroa, de 8 años, que fueron asesinadas en 2021; ni Misleidy Menéndez de 13, que fue asesinada en 2020, ni Sonia Álvarez, de 4 años, que fue asesinada en 1993.

La foto es de los Bomberos Municipales, publicada por elPeriódico.

…y , ¿Qué es de los casi cuatro mil niños que fueron víctimas de delitos sexuales en 2022 y los que los han precedido?

¿Habrá justicia para ellos? Desde alguna perspectiva la respuesta es No.  Nada les devolverá la vida a las niñas asesinadas, nada aliviará el miedo y el dolor que pudieron haber sentido entre el momento en que fueron secuestradas y el de su último aliento. Nada será igual para sus seres queridos.  Por eso es que, ¡Carajo!, los responsables de los delitos cometidos contra Génesis y otros niños deben enfrentar las consecuencias jurídicas de sus actos criminales y abominables.  ¡Sin piedad!, todo el peso de la ley debe caer sobre los que planearon, ejecutaron e hicieron posible la sustracción, el asesinato y todo lo que le hayan hecho a aquellas criaturas. ¡Carajo!, si las consecuencias jurídicas posibles correspondientes a los delitos cometidos contra Génesis incluyen la pena de muerte en cualquiera de sus formas de acuerdo con la ley vigente y sin violar el debido proceso, a ningún juez debe temblarle la mano.

Sujetos como los asesinos de Génesis -y de tantos otros niños que han sufrido el mismo fin horrible- merecen las penas máximas contempladas en la ley, de acuerdo con las garantías del debido proceso. No sólo porque así lo establece la ley, sino porque sujetos como aquellos, cuando cometen crímenes espantosos, actúan como si fueran bestias salvajes (así lo explica John Locke), rompen deliberadamente la confianza en la que se basa la cooperación social, violan los principios morales básicos que hacen posible la sociedad y se ponen en guerra contra sus víctimas (y la commonwealth, en palabras de Locke), renunciando así a sus derechos, de tal modo que las penas en general y  la pena de muerte en particular, se derivan del derecho de auto-preservación.

Y, sin embargo, no sólo es cuestión penal.  Es que, con las cifras tan elevadas, ¿hay una cultura generalizada de desprecio por las vidas de los niños entre muchos guatemaltecos? ¿Es, este, uno de tantos elefantes en la sala chapina?

No habrá Día de Reyes para Génesis, como no lo hubo más para Hillary, Sharon, Misleidy, ni Sonia.  ¿Qué tan amargos serán estos días -que deberían ser de juegos y alegría- para los casi 4 mil niños que son víctimas de delitos sexuales?

Columna publicada en elPeriódico.


10
Ago 18

La vileza de la prisión preventiva

En casi todo el mundo -y en una medida, o en otra- las cárceles son lugares de degradación humana, hacinamiento, delincuencia, incuria, corrupción, irresponsabilidad, impunidad abusos de poder y violencia para mencionar algunas de las circunstancias en las que viven millones de presos. Y en los países en los que el estado de derecho es precario, o inexistente, las condiciones son peores, aunque a las cárceles se les llame granjas penales de rehabilitación, o de otra forma fancy.

La cárcel, o sea la privación de libertad, es la consecuencia jurídica para ciertos actos de aquellos que, en palabras de John Locke, se pusieron en estado de guerra contra otras personas, y para aquellos que, no siendo criminales, han cometido delitos.  Por eso es que la pena de cárcel debería responder a la justicia y no a la venganza.  Por eso es que la prisión preventiva no debe ser usada como castigo para quien no ha sido oído y vencido en juicio, según las garantías del debido proceso.

A pesar de que he estado de visita dos veces en Pavón y una en el Preventivo de la zona 18, la primera vez que abordé este tema fue en 2012 poco después de haber visto la película Presunto culpable, que te recomiendo.  No sé cómo es ahora; pero en 2016 más de tres mil seres humanos –con familias, supongo– se hallaban presos en cárceles guatemaltecas, ¡a pesar de que ya habían cumplido sus condenas!, a causa de la desidia de algunos burócratas.  El martes pasado leí que la mitad de los presos se hallan encarcelados en prisión preventiva y que 15 por ciento de los reos podrían ser beneficiado con medida alternativa porque no hay riesgo de fuga, o porque el delito que se le imputa cuenta con ese beneficio; pero esas personas son mantenidas en prisión, sólo porque a alguien no se le da la gana hacer su trabajo.

Ahora que hay muchos reos notorios y varios presuntos delincuentes han sido privilegiados políticamente con cauciones, es de aprovechar que hay luz en torno a este problema humanitario, con el propósito de ponerle remedio.

Columna publicada en elPeriódico.


19
Feb 16

¿Por qué apoyo la pena de muerte?

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Puedes escuchar el podcast aquí.

El estado de guerra es uno de enemistad y destrucción que se produce cuando, de modo premeditado, una persona actúa contra la vida de otra, explica John Locke en su segundo tratado de gobierno .  Quien se pone en estado de guerra contra otro se expone a que su vida sea tomada por aquel, o por cualquier otro que se le una en su defensa, en virtud de la ley fundamental según la cual uno debe conservarse a sí mismo hasta donde sea posible, añade el filósofo.

Locke explica que un hombre puede destruir a otro que le hace la guerra, por las mismas razones que puede matar a un lobo, o a un león que lo ataca.  Porque los hombres así no tienen más regla que la de la fuerza y la violencia.

En esta columna estuve así de cerca de cometer el error de oponerme a la pena de muerte en el supuesto de que las existencias de los delincuentes que cometen –premeditadamente– crímenes horribles, de esos que causan gran sufrimiento físico y psicológico a sus víctimas, a sus familiares y a sus amigos, son vidas humanas.  Eso hubiera supuesto, el error, de que la existencia de los que asesinan y violan a una niña (por ejemplo) es igual a la vida de la niña, y a las de sus padres, sus hermanos, y sus amigos que viven pacíficamente.

Proteger la existencia de reos peligrosos como los que asesinaron a un repartidor de agua en el Preventivo de la zona 18, hace unos días, es una injusticia no sólo para el repartidor, sino para las víctimas anteriores y para las víctimas futuras de aquellos criminales que…no te engañes, no se están rehabilitando en aquella prisión.

Es cierto que  la vida humana debería ser respetada absolutamente y que nadie debería tener la facultad de dañarla; pero desde la perspectiva de Locke –que comparto– cuando un grupo de criminales asesina a una persona inocente, no como consecuencia de un impulso apasionado y momentáneo, sino de forma premeditada, los criminales se ponen en estado de guerra y deben ser tratados como criaturas peligrosas y dañinas.

La pena es la consecuencia jurídica de la declaratoria de un estado de guerra; y –en justicia– debe ser proporcional a la naturaleza de la destrucción causada.

Columna publicada en elPeriódico.  La imagen es de una molécula de bromuro de pancuronio, un relajante que paraliza músculos y pulmones y sirve para la inyección letal. La imágen es de dominio Público,

https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=858960


14
Mar 14

“Ni es lo mismo, ni es igual”

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Ni es lo mismo, ni es igual es el título de un álbum de Juan Luis Guerra, y de eso me acordé cuando leí que algunos comentaristas aseguran que es lo mismo una guarimba en Venezuela que un bloqueo por burócratas de la educación, en Guatemala.

Ni son lo mismo, ni son iguales.

Verás: las guarimbas y trancas en Venezuela son organizadas por un pueblo que ha tenido que acudir a esas medidas extremas para defenderse de un Gobierno que –mediante legislación y políticas deliberadas– lo ha empobrecido. Imagínate cómo es la cosa que el régimen Chávez-Maduro ha sido capaz de empobrecer a la gente en un país petrolero. Algo así demanda medidas extremas.

No es lo mismo que un pueblo se defienda de gobernantes ineptos y corruptos que no dudan en iniciar el uso de la violencia contra los habitantes de un país, a que grupos de interés utilicen la fuerza para obtener privilegios y extorsionar al Gobierno y a los tributarios.

Cuando la dirigencia popular comprometida con hacer la revolución por medio de los movimientos sociales acarrea campesinos para bloquear carreteras, tratar de impedir la construcción de hidroeléctricas y para exigir la estatización y colectivización de la energía eléctrica; o cuando los moviliza para impedir inversiones y generación de nuevas fuentes de trabajo, esa dirigencia inicia el uso de la violencia. En cambio, cuando los venezolanos se organizan para combatir a un régimen que usa la legislación y los procedimientos democráticos para consolidar una tiranía, la gente que organiza guarimbas y trancas se defiende de la agresión.

No es igual y ya lo dijo V, en V for Vendetta: El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo. Y V no está solo por si eres de esos que desprecian la cultura pop. Juan de Mariana, John Locke y otros pensadores más profundos, reconocen el derecho de la gente a oponerse a la tiranía. ¿Quién defiende el uso de la fuerza para exigir privilegios e imponer dictaduras?

Las guarimbas, para salir de una tiranía colectivista, no son moralmente iguales a los bloqueos para chantajear, ni para hacer la revolución e instaurar una tiranía.

Columna publicada en El periódico.


25
Feb 14

Aportaciones venezolanas a la lengua chapina

En medio de la tragedia y el heroísmo que vive la población de Venezuela, en su lucha contra la tiranía de Nicolás Maduro, se produce un fenómeno que me fascina: el de aprender palabras nuevas y contextos nuevos.

Antes de que por medio de las redes sociales conocieramos las dramáticas intimidades de la lucha de los venezolanos, yo ni sabía que existía el gentilicio gochos.  Gochos son los nacidos en el estado de Táchira, uno de los má estados en donde la gente es más arrecha en las gestas contra Maduro.

Hasta hace unos pocos días, para mí la guarimba era el foxtrot, o ritmo de 6×8 que inventó el compositor guatemalteco Wotzbelí Aguilar, y eso lo sabía por mis clases de Educación Musical con don Eduardo Tánchez, en el colegio.  Don Guayo contaba que guarimba viene de Guatemala y Marimba.  Y pues, ahí está que en Venezuela una guarimba es una barricada.  Las barricadas, por cierto, no son moralmente neutrales.  Si se usan para luchar contra una tiranía que se ha pueso en estado de guerra, de acuedo con John Locke, son instrumentos de lucha legítimos; pero si se usan para establecer tiranías, para obtener privilegios, o para chantajear a los tributarios, entonces no lo son.

El régimen chavista -desde Chávez, a Maduro- se puso en estado de guerra con su gente desde el momento en el que estableció legislación y políticas que han generado miseria y escasez a niveles extremos e íntimamente relacionados con la naturaleza de aquellas legislación y políticas.  Los precios tope, por ejemplo.  Se puso en estado de guerra cuando tomó el control de los medios de comunicación y de las instituciones del estado con el propósito de usarlas para garantizarse el poder.  Se puso en estado de guerra cuando entregó Venezuela al régimen de Los Castro.

La entrega del pueblo al dominio de un poder extranjero, ya sea por el Príncipe, o por el Legislativo, es ciertamente una disolución del gobierno y esta debe serle imputada al Príncipe porque él tiene el control de la fuerza, del tesoro y de las oficinas del gobierno, dice Locke en el Second Treatise of Government.

Las trancas en Venezuela son lo que en Guatemala llamamos bloqueos; y la legitimidad de las trancas se rige por los mismos estándares que la de las guarimbas.  No es lo mismo organizar trancas para botar una tiranía que ha iniciado la agresión contra el pueglo, que para obtener canonjías y para promover leyes y políticas colectivistas.

Esta no es la primera vez que la lucha por la libertad aporta nuevas palabras al acervo chapín.  Durante el tiempo en el que los nicaragüenses lucharon por primera vez contra la tiranía sandinista, piricuacos era la palabra que usaba la gente para referirse a los partidarios del oficialismo.  Ahora, por ejemplo, se puede decir que el tirano piricuaco de Nicaragua, apoya al tirano de Venezuela.