13
Feb 15

“Amanecer” y viernes 13

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¿Qué tal si el amanecer fuera una pesadilla de viernes 13?

Ocurrirá si amanecemos en una sociedad en la que los tribunales representen los intereses de sectores; si amanecemos en una en la cual se creyera que los impuestos sean el motor del bien común; o en una que educara a los ciudadanos para que se sacrifiquen

Ocurrirá si amanecemos en una sociedad en la que el estado se encargará de combinar eficientemente los factores de producción donde cada uno haría lo que la sociedad necesita, supuestamente evitando el despilfarro de recursos,

¿Cuándo terminaría aquella pesadilla? Cuando uno de dos grupos triunfe.  ¿Cuáles grupos? El de los que vivimos de nuestro propio cerebro y el de los que pretenden servirse de nosotros para sobrevivir.

Los párrafos anteriores son un paso a vuelo de pájaro sobre la novela Amancer, por el juez y escritor argentino Ricardo Rojas.  En esa novela de inconfundible cuño romántico, Ricardo retrata, con la capacidad magistral que sólo es posible para un observador agudo y para un buen contador de historias, los males endémicos de América Latina personificada en la Argentina

El martes me reuní con un grupo de intelectuales variopinto y entre otras cosas se discutió el hecho de que –a pesar de muchas cosas buenas- entre 1915 y 2015 los guatemaltecos no hemos podido remontar la cifra de 55 por ciento de pobreza que nos golpea  ¿Quieres saber por qué, sin espulgar tratados, ni tratar de descifrar ecuaciones?  La novela de Ricardo es una aproximación literaria al debate ético que explica el fracaso de nuestras sociedades.

En el mundo de las ideas, Amanecer es importante porque lo que podría ser sólo una novela distópica (inspirada en La rebelión de Atlas) también es como una compilación de los titulares de los diarios en América Latina; en Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua…y desgraciadamente para nosotros, también en Guatemala.

La lección de Amanecer es que si cometemos ciertos errores no vamos a poder escapar de ciertas consecuencias; y que por eso hay que pensar antes de actuar. De lo contrario nos condenamos a un apocalipsis zombi -colectivista y místico- digno de un viernes 13.

Columna publicada en El periódico.


14
Ago 14

Conversación con Ricardo Rojas sobre “El amanecer”

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Mi cuate, el juez y escritor argentino, Ricardo Rojas, acaba de reeditar su novela El amanecer.  Tuve la dicha de acompañarlo en su presentación durante la Feria Internacional del Libro en Guatemala; y de conversar con él acerca de la novela y de las novelas en el mundo de las ideas.

Ricardo habla de este tema y de el orígen de El amanecer.  Se refirió a cómo es que, América Latina y Argentina han cometido errores que le recuerdan La rebelión de Atlas, de Ayn Rand; y quiso escribir una novela que ayudara a identificar el contexto latinoamericano.

El autor plantea problemas éticos, jurídicos y políticos en su novela que es una meditación sobre valores.  En la conversación explora la idea de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen y comenta que la política, en el fondo, es la expresión del tipo de valores que tienen las personas que se relacionan unas con otras.

Ricardo se refirió a obras como El señor presidente, El recurso del método y El otoño del patriarca.

Desde el punto de vista de un escritor, meditó sobre la búsqueda de la novela perfecta y conversó sobre la relación entre escribir ficción y escribir sobre temas jurídicos, constitucionales y otros que son su especialidad.  Ricardo fue secretario en el juicio contra los militares, en Argentina, y esa experiencia fue llevada a la novela.

Las ideas no son gratuitas y tienen consecuencias, por lo que uno -antes de actuar- debe pensar; y lo que ocurre ahora en América Latina no es casualidad, ni consecuencia de una influencia maligna, sino de ideas y malas decisiones tomadas por la gente, concluyó Ricardo Rojas.


13
Sep 13

La presunción de inocencia

Todos son inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, es la fórmula sencilla en la que se expresa la presunción de inocencia. Así la debo haber escuchado en más de una película durante mi infancia, y algo así la recuerdo cuando en la clase de Estudios Sociales, nos explicaron la Constitución. En ella este principio del Derecho está expresado así: Toda persona es inocente, mientras no se le haya declarado responsable judicialmente, en sentencia debidamente ejecutoriada. Ese principio fundamental también está consignado en la Declaración Universal de los DD. HH., en la Convención Americana sobre DD. HH. y en la Convención Europea de DD. HH.

De maestros como F[rancisco] Fonseca y B[audilio] Navarro recuerdo que Ulpiano escribió que nadie puede ser condenado por sospecha, porque es mejor que se deje impune el delito de un culpable que condenar a un inocente. El Código de las Partidas tenía, también, contenido relativo a la presunción de inocencia; y Beccaria en De los delitos y las penas, escribió que la presunción de inocencia es un postulado fundamental de la ciencia procesal, así como un presupuesto de las demás garantías procesales.

¡Hasta la Constitución de una dictadura como la de Cuba reconoce formalmente la presunción de inocencia!, aunque en la práctica se cometan arbitrariedades. Esto, claro, por medio de sutilezas como la dependencia política de los jueces. Y la historia está llena de arbitrariedades en tiranías como la citada, o las de los nacionalsocialistas en Alemania y los socialistas soviéticos. Si alguien dijera que desechar la presunción de inocencia es matar de sopapo el mismísimo sistema de justicia, no estaría exagerando. S[ebastián] Soler, citado por el juez R[icardo] Rojas, cuenta que en el nacionalsocialismo la ley era un arma y el juez –con la ley en sus manos– es un soldado. La eliminación de la presunción de inocencia hace posible la redacción de sentencias, antes de que empiecen los procedimientos judiciales.

Sin importar qué tan graves y serios sean los señalamientos contra alguien, siempre y en todo caso deben ser respetadas las garantías del debido proceso si se quiere servir a la justicia.

Columna publicada en El periódico.


21
Sep 12

“Realidad, razón y egoísmo” será presentado este martes 25

Realidad, razón y egoísmo es el título de la obra de Ricardo Manuel Rojas, acerca del pensamiento de Ayn Rand, que será presentada el martes 25 de septiembre de 2012 a las 6:30 pm en la Librería Sor Juana Inés de la Cruz, en la Universidad Francisco Marroquín.

Una de las características centrales del pensamiento de Rand es su defensa de la filosofía como instrumento esencial para la vida del hombre, explica Ricardo, en su libro, cuyo propósito es presentar, en términos sencillos, los puntos principales del Objetivismo, que es la filosofía creada y difundida por Rand.

Warren Orbaugh escribió el prólogo, en el que nos recuerda que el hombre no puede escapar a la filosofía porque necesita respuestas a preguntas como ¿qué es la realidad? y ¿cuál es el propósito de la vida? entre otras; y anota que, en este libro, Ricardo explica la filosofía objetivista en un lenguaje sencillo y ameno, fácilmente comprensible para cualquiera. Ricardo ha puesto a nuestra disposición un instrumento para tomar decisiones que nos conduzcan a una vida plena y a una mejor sociedad.

Ricardo Rojas es abogado, con una larga carrera en el Poder Judicial de Argentina. Es Doctor en Historia Económica y dirige el Departamento de Posgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad Francisco Marroquín. Ha publicado cinco libros con relación al derecho y la historia y uno de ellos, titulado Los derechos fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba, obtuvo el Anthony Fischer International Memorial Award, en 2006. También ha publicado dos novelas: El amanecer, y El señor Robinson.

Tanto Ricardo como Warren son estudiosos y maestros; no sólo del Objetivismo, sino de la filosofía y de la lógica.

 


27
Abr 12

Celebración de la realidad, la razón y el egoísmo

Realidad, razón y egoísmo es el título de la obra que recién acaba de publicar Ricardo Manuel Rojas, acerca del pensamiento de Ayn Rand.

Una de las características centrales del pensamiento de Rand es su defensa de la filosofía como instrumento esencial para la vida del hombre, explica Ricardo, en su libro, cuyo propósito es presentar, en términos sencillos, los puntos principales del Objetivismo, que es la filosofía creada y difundida por Rand.

Warren Orbaugh escribió el prólogo, en el que nos recuerda que el hombre no puede escapar a la filosofía porque necesita respuestas a preguntas como ¿qué es la realidad? y ¿cuál es el propósito de la vida? entre otras; y anota que, en este libro, Ricardo explica la filosofía objetivista en un lenguaje sencillo y ameno, fácilmente comprensible para cualquiera. Ricardo ha puesto a nuestra disposición un instrumento para tomar decisiones que nos conduzcan a una vida plena y a una mejor sociedad.

Ricardo Rojas es abogado, con una larga carrera en el Poder Judicial de Argentina. Es Doctor en Historia Económica y dirige el Departamento de Posgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad Francisco Marroquín. Ha publicado cinco libros con relación al derecho y la historia y uno de ellos, titulado Los derechos fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba, obtuvo el Anthony Fischer International Memorial Award, en 2006. También ha publicado dos novelas: El amanecer, y El señor Robinson.

Tanto Ricardo como Warren son estudiosos y maestros; no sólo del Objetivismo, sino de la filosofía y de la lógica.

Realidad, razón y egoísmo fue publicado por Unión Editorial; y Ricardo tuvo la gentileza de traérmelo ayer. Todavía no está disponible a la venta, pero en cuando haya por aquí, les aviso. Mientras tanto celebro a mis amigos y a sus libros. La foto es de Ricardo Rojas, en mi oficina, mientras autografiaba mi ejemplar de su libro.


11
Mar 10

Lula y la izquierda alcahueta de Los Castro

La oposición de Brasil criticó al Presidente de ese país, Luiz Inácio da Silva, que comparó a los presos políticos cubanos con los delincuentes comunes de las cárceles brasileñas y se negó a interceder ante el régimen de Los Castro para la liberación de opositores. Lula es incoherente con su pasado de preso político. No es posible comparar un preso político con un delincuente común, dijo el presiente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Eduardo Azeredo, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña .

En declaraciones a la prensa estadounidense, Lula afirmó dijo, sobre la situación de los disidentes encarcelados en Cuba, que tenemos que respetar la determinación de la justicia y del gobierno cubanos. La huelga de hambre no puede ser un pretexto de los derechos humanos para liberar a las personas. Imaginen si todos los delincuentes presos en San Pablo hicieran ayuno para pedir su liberación.

Talvez a Lula habría que contarle de aquello que dijo Elie Wiesel: El silencio anima al torturador; nunca al torturado. Y a quienes les interesa el tema del respeto a los derechos individuales y el de la justicia en Cuba, sin duda les interesará saber qué dice la Constitución cubana al respecto. No lo que dicen los críticos del régimen, ni los críticos de Los Castro, sino las mismísimas Constitución y legislación de la isla. Para ello recomiendo la conferencia titulada Derechos humanos en Cuba, por Ricardo Rojas.

El Parlamento europeo, por cierto condenó la muerte de Orlando Zapata y le reclamó a Los Castro que liberen inmediatamente a todos los presos políticos.


26
Jun 08

Se me rajó el embajador cubano

Hoy, en el programa radial A primera hora, iba a tener una discusión con el embajador de Cuba, Omar Morales Bazo; pero el diplomático se me rajó.

El Representante estaba en aprietos porque los conductores del programa -Beatriz Colmenares, Felipe Valenzuela y Juan Luis Font- le habían hecho preguntas como si un programa como A primera hora sería posible en Cuba. Morales había tenido dificultades para explicar que allá, la libertad de expresión no se entiende como aquí. Se había hecho toda clase de quesos para explicar por qué es que la música de Gloria Estefan estaba prohibida en la Isla, de acuerdo con una denuncia de Silvio Rodríguez. De hecho el embajador se quejó de que recibía demasiadas preguntas durante la entrevista.

“Yo soy el embajador de Cuba y no vengo a debatir”, dijo el enviado de los Castro; y se rehusó a platicar conmigo.

Quizás hizo bien, porque no hubiera salido bien parado. Generalmente las discusiones sobre Cuba se basan en percepciones y son adornadas por elementos pasionales e ideológicos; y yo no iba a caer en ese juego. Basado en el libro Los derechos fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba -por mi amigo, el juez argentino, Ricardo Rojas- yo iba a citar la Constitución y las leyes cubanas; así como discursos y documentos de la Revolución, para poner en evidencia al enviado de Cuba y al régimen que representa.

Si no puede leer el libro, he aquí una Conferencia que Rojas impartió al respecto.

Como estábamos en la radio, yo iba a citar esta joya del artículo 7.1 de la Ley 88/99: “Pena de 2 a 5 años de prisión a quien colabore por cualquier vía con emisoras de radio o televisión, periódicos, revistas u otros medios de difusión extranjeros. La responsabilidad penal en esos casos será exigible a los que utilicen tales medios y no a los reporteros extranjeros legalmente acreditados en el país, si fuese esa la vía empleada”.

Hablando de educación y de artistas, hubiera citado que la enseñanza es función monopólica del estado de acuerdo con el artículo 39 de la ley que rige a aquella. Mismo que “fundamenta la política educacional y cultural en el ideario marxista” y que dispone que “es libre la creación artística siempre que su contenido no sea contrario a la Revolución”.

Vaya que no entramos al tema de la salud, porque le hubiera citado a La tía China, tía abuela de un amigo, y que recién salió de Cuba a sus 81 años: “Los médicos son buenos, cariñosos; pero no hay higiene”.

Por si alguien tiene duda de si el régimen de los Castro es una dictadura colectivista y totalitaria, o no, ¿qué tal esta frase de Fidel, en 1976? “Hay división de funciones, pero no hay división de poderes. El poder es uno”. O, ¿qué tal esta, del artículo 62 de la Constitución cubana? “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines, ni contra la decisión del pueblo cubano de constituir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible”.

¿Con qué retórica torcida hubiera respondido Omar Morales a estas observaciones? ¡Me hubiera gustado saberlo!

He aquí una frase de esas, de Fidel Castro en 1988: “Yo no acepto la idea de que haya alguien preso por ser adversario político porque realmente hay personas presas por actividades contra el estado socialista, contra la Revolución, en virtud de hechos sancionados por las leyes. No hay nadie preso simplemente por ser adversario político de la Revolución; eso no se puede afirmar. Tenemos y tendremos presos contrarrevolucionarios”. ¿Cómo le quedó el ojo?

Me hubiera gustado oír qué tenía que decir Omar Morales frente al a esta frase del discurso de su Jefe, pronunciado para el VII aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución: “La lucha del proletariado con los grandes propietarios es una tarea relativamente fácil, pero sería un grave error de la Revolución bajar la guardia, descuidarse y dar lugar a que surja, dentro de la sociedad, innecesariamente, una multitud de decenas de miles de pequeños comerciantes; es decir, integrar una masa más numerosa contra los cuales la lucha hubiera sido más dolorosa todavía”.

La Revolución es violenta y agresora; y yo hubiera cerrado mi intervención con una frase que para el pelo, tomada del Discurso por el XIV aniversario del asalto al cuartel Moncada: “Hay una frase que por cuestión de profundos principios, estará abolida siempre de la terminología de esta Revolución, y es la frase: ¡Alto al fuego!”