08
Oct 21

¿Libre al viento tu hermosa bandera?

 

Compara la bandera que ondea en el monumento a los próceres de la Independencia en la ciudad de Guatemala, con la decoración celebratoria en la ciudad de Quetzaltenango. ¿Qué ves?

Veo, y me indigna, una bandera raída, descuidada y sucia en la capital.  Esa negligencia contrasta notablemente con la decoración digna, elegante e iluminada en la ciudad altense.

¿Quiénes son responsables de aquella incuria en el Obelisco?

La foto de la Xela la tomé de Instagram.


20
Sep 21

Observaciones sobre el 15 de septiembre de 2021

 

Sencillo pero elegante era una divisa de mi abuelita Juanita; lema que al gobierno de Guatemala -en todos los niveles desde el gobierno central hasta todos los municipales- les hubiera caído de perlas.

La bandera azul y blanco estuvo ausente.

En aquello pensé cuando llegué con un grupo de amigos a la Plaza de la Constitución el día 15 a las 5:30 p. m.  Me encontré con pintas e inmundicia a lo largo de la Sexta avenida, y encontré más pintas e inmundicia en la Plaza.  El lugar de honor que le correspondería a la bandera nacional estaba ocupado por la bandera de los pueblos, impuesta en una vara de bambú.  Infaltable la manta de Codeca y rodeada por pintas, muchas de ellas inquietantes.  El genocidio continúa se llama democracia, decía la que más llamó mi atención. 

WTF

¿Por qué llamó mi atención? Porque está clarísimo que no hubo genocidio en Guatemala, siendo que las muertes que dejó el enfrentamiento armado interno, desatado por quienes querían imponer la dictadura del proletariado y usaron el indigenismo para conseguir carne de cañón, nunca se trató de cometer actos orientados a destruir total o parcialmente un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Ni de un lado, ni de otro.  La sanata del genocidio inexistente no sólo carece de fundamento, sino que…¿te das cuenta de que para los grupos que hacen las pintas y ensuciaron la plaza la democracia es genocidio?  ¿Qué pasaría con la democracia si esos grupos llegaran a controlar el poder, la administración de justicia, la legislación y las armas en Guatemala?  ¿Qué pasaría con la república?

En la Plaza de la Constitución había una mujer que me dio la impresión de que no estaba en sus cabales; pero como don Quijote de la Mancha, en su locura había cordura.  ¿Qué decía la mujer? Esa bandera no tiene nada que hacer ahí, hoy es el día de Guatemala, al referirse a la bandera de los pueblos.  Los “marsistas” todo lo ensucian, decía al referirse a la inmundicia en la plaza.

El adefesio que separa el Parque Centenario de la Plaza de la Constitución.

Al llegar a aquel espacio, no pude uno dejar de ver ese lunar con pelos que se halla a medio construir entre el Parque Centenario y la Plaza de la Constitución. Recordatorio permanente de lo inútil, lo vano y lo inapropiado, sobre todo si se toma en cuenta que la bandera gigante de Guatemala que se halla en el monumento a los próceres de la Independencia, conocido como el Obelisco, se halla rasgada y casi hecha jirones.  Descolorida y abandonada.

El 15 en la Plaza de la Constitución fue salvado por los aviones y helicópteros que sobrevolaron la ciudad y la gente aplaudió desde abajo; recuerdos mustios de cuando la plaza estaba llena de jóvenes y bandas que disfrutaban de la fiesta; de cuando ahí se izaba con dignidad la bandera azul y blanco; de cuando sonaban las salvas y los niños se emocionaban; de cuando ahí se cantaban el Himno de Guatemala y el de Centroamérica.

Aviones y helicópteros salvaron la tarde.

En 2017 los violentos causaron destrozos en la Plaza el 14 de septiembre e intentaron estropear la fiesta; y en 2018 la celebración fue dignamente rescatada.  En 2021 grupos afines tomaron aquel espacio y consiguieron ensuciar la efeméride.  ¿Va a ser rescatada en 2022?

Llegaron los encapuchados.

Las alegres bandas y las alegres antorchas -organizadas y portadas por jóvenes y por familias enteras- ¿podrán sustituir a los encapuchados y a los violentos? ¿La esperanza podrá sustituir a la imposición del odio?

Algo sencillo, pero elegante y digno hubiera sido mejor para celebrar el Bicentenario de la desvinculación de la monarquía hispánica, en vez de planes megalómanos que nunca se hicieron realidad y en vez de la incuria que se vio en la Plaza.  La fiesta debe volver a la gente.


10
Sep 21

¡A celebrar el 15 de septiembre!

 

Me encanta celebrar el 15 de septiembre, Día de la Independencia o más bien de la desvinculación de la monarquía hispánica. La excusa común para la fiesta es la de celebrar a la patria; y es conmovedor ese patriotismo cándido que pasa de generación en generación, porque tu patria es donde está enterrado tu mux.  Sospecho, sin embargo, que en el fondo lo que celebramos en estos días es la vida, o la simple posibilidad de celebrar.  El hecho de que uno pueda hacerlo con quien uno elige y el hecho de que uno se puede divertir y pasarla bien.  Se vive plenamente cuando se disfruta la vida.

Una familia en el Obelisco, 2018.

Por eso es que me gusta ir al Obelisco y gozo las antorchas y voy a la Plaza de la Constitución y me dejo llevar por el alboroto y la alegría de la gente.  ¿Sabes que son absolutamente irrelevantes las autoridades en esta fiesta?  Quien ha ido al Obelisco el 14 y ha estado en las calles ese día y el 15 sabe que la gente celebra con, o sin Presidente, ministros, Alcalde y otros pipoldermos.

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Este año, como en el anterior, extraño el carácter popular y callejero de la efeméride; pero me alegra mucho que haya variedad de iniciativas para el festejo. BAC Credomatic tiene planeadas actividades en el Istmo; En La Torre se canta el Himno nacional; G&T Continental lanzó una campaña; Nescafé ofrece tazas; Ducal modificó sus etiquetas; en la San Martín y en Cemaco hay ambiente de septiembre.

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¡Por supuesto que no celebro el patrioterismo colectivista contra el que advirtió Ludwig von Mises! ¡Por supuesto que reconozco que Guatemala está lejos de florecer plenamente y que todavía nos falta avanzar en términos de calidad de vida y calidad institucional!  ¡Pero, muchá, llevamos 200 años en busca de la libertad, a pesar de sus enemigos, los liberticidas!

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Cuando vuelva la fiesta a las calles ahí estaré; con las familias, con los amigos, con la gente de todas las edades y condiciones, con los niños que se maravillan y con los vendedores. En casa retomaremos nuestro tradicional potluck chino de Independencia. Porque evitar la muerte no es lo mismo que vivir.  ¿Y sábes que? Soy optimista con Guate y los chapines.

Columna publicada en elPeriódico.

Notas: Algunos de mis amigos, cuates y colegas han escrito libros sobre el Bicentenario y tres de esas obras ilustran esta entrada.

¿Sabes qué es el potluck chino de Independencia? En la costa sur es tradicional que, luego del desfile tradicional la gente vaya a almorzar a algún restaurante chino.  De modo que en mi casa y con algunos amigos, tenemos la costumbre de juntarnos el 15 al medio día y cada quién lleva un plato chino distinto en un orden espontáneo.  La idea es comer distintos platillos y celebrar antes de irnos a la Plaza de la Constitución para la ceremonia de arriar la bandera y para ver las últimas bandas escolares. Un potluck, por cierto, es lo que en buen chapín llamamos fiesta de traje.


06
Ago 21

Moneda y billete del Bicentenario

 

Mi abuela, Frances, me introdujo al mundo de la numismática, la notafilia y la filatelia cuando me regaló las colecciones que eran de mi abuelo, y algunos billetes de la hiperinflación alemana que había traído mi tatarabuelo. Más que colecciones eran acumulaciones. Siempre que viajaba, la Abui volvía con monedas, billetes y estampillas para mis colecciones; y pasé horas de mi adolescencia clasificando y ordenando aquellas piezas.

La ilustración es de RepúbilicaGt.

Aprendí a leer caracteres cirílicos por medio de monedas y estampillas soviéticas y griegas; aprendí a identificar las escrituras china, japonesa y coreana (sin siquiera atreverme a leer caracteres); conocía las unidades monetarias de docenas de países, así como detalles de historia y geografía gracias al tiempo que invertía entre monedas, billetes y estampillas. Hoy ya no colecciono activamente, pero guardo con cariño el recuerdo de aquellas aficiones y me gusta adquirir monedas conmemorativas y medallas de Guatemala.

Por eso me alegré de la emisión de un billete conmemorativo y de una moneda celebratoria de la desvinculación de Guatemala (que no es Independencia).

El billete de Q20 tiene un diseño vertical audaz, moderno y elegante. Aunque soy team Francisco Marroquín (el de los billetes de Q100) me alegra que el billete seleccionado para los festejos de septiembre sea el de Mariano Gálvez, un presidente liberal, subestimado por la historiografía y que cayó víctima de los cachurecos en 1838. Gálvez, por cierto, se halla enterrado en el salón mayor de la antigua Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la universidad estatal.

La ilustración es de RepúblicaGt.

La moneda con valor nominal de Q1 —de 0.925 de plata— lleva en el reverso la escultura de Atanasio Tzul, por Rodolfo Galeotti. A mí no me gusta esa moda de colorear la plata proof; pero quienes la han visto dicen que la pieza se ve bella y está bien acuñada, incluso con el cielo azul detrás de Tzul.

Por supuesto que repudio las facultades inflacionarias del gobierno y el dinero fiduciario; pero como fan de la historia y excoleccionista, me encantan el nuevo billete y la moneda que lo acompaña.

Columna publicada en elPeriódico.


25
Ene 21

¿Doscientos días de fiestas?

Los que visitan este espacio con frecuencia y desde hace tiempo, saben que soy fan de las celebraciones populares del Día de la Independencia. ¡Gozo y disfruto a la gente y a las familias felices en el Obelisco, corriendo con antorchas y desfilando, o viendo los desfiles, y los actos en la Plaza de la Constitución!

Gozo y disfruto esas celebraciones porque en alto porcentaje son espontáneas y porque reúnen pacífica y alegremente a los chapines.  Son parte de nuestras tradiciones más enraizadas y me recuerdan mi infancia y mi adolescencia, conectan a las actuales generaciones con las anteriores.

Las fiestas de Independencia son fiestas familiares.

Dicho lo anterior, me ha parecido escandaloso que, con lo castigadas que están las economías familiares de los guatemaltecos y con la falta que hacen los recursos -que hay, pero que la Administración es incapaz de ejecutar como debe ser- el gobierno de Alejandro Giammattei pretenda que las fiestas del 200 aniversario de la Independencia vayan a durar 200 días. Porque, no te engañes, la fiesta de 200 días sería pagada con el dinero que políticos y burócratas en el poder nos quitan a los tributarios.

Si, claro que entiendo que no va a ser una parranda de 200 días; pero también entiendo que la Magdalena no está para tafetanes.  Menos, si las fiestas van a tener una administración centralizada y política.  Menos, si los espectáculos van a ser virtuales y costosos.  Menos, si van a ser oportunidades para la corrupción.

Si me preguntan, yo preferiría algo solemne y digno, algo sencillo y elegante, como diría mi abuelita Juanita.  Invitaría a las municipalidades y a los liderazgos nacionales a no favorecer festejos multitudinarios.

Por prudencia, estoy convencido de que la celebración de los 200 años de Independencia de Guatemala es una buena ocasión para descubrir las virtudes romanas de gravitas y dignitas. Y el año entrante, cuando hayamos aprendido a vivir con el SarsCov2 como vivimos con otros viruses, habrá oportunidad para rescatar los desfiles y las antorchas y para que los que solemos reunirnos en el Obelisco, o en la Plaza de la Constitución disfrutemos de la fiesta como debe ser. Con más fuerza, con más alegría.  Como rescataremos las procesiones, las ferias y otras actividades parecidas. Vacunados, o no. En rebeldía contra el miedo y la irracionalidad.


16
Sep 19

Fiesta en La Sexta y en el Obelisco

Como todos los años, me gusta celebrar la fiesta de la Independencia en La Sexta avenida, la Plaza de la Constitución y en el monumento a los Próceres (u Obelisco).  Me gusta mucho esta fiesta porque la gente la ha hecho suya.  Especlalmente la tradición de las antorchas es una expresión popular de alegría, pertenencia y libertad.

¡Antorcheros! Haz clic en la foto para ver más fotos.

La excusa  para la fiesta es celebrar a la patria; y es muy conmovedor ese patriotismo cándido que se pasa de generación en generación porque la patria es donde está enterrado tu mux.  Sospecho, empero, que en el fondo, fondo, lo que celebramos en estos días es la vida, o la simple posibilidad de celebrar.  El hecho de que se puede estar ahí, con quien uno elige para estar ahí y el hecho de que uno se puede divertir y pasarla bien.  Se vive plenamente cuando se disfruta la vida.

Me gusta ir a eso de las 5:00 p.m. al Centro a ver la llegada de las bandas escolares que enfilan hacia la Plaza de la Constitución y el paso de los antorcheros que van hacia el norte de la ciudad.  Me emociona mucho la alegría con la que participan familias enteras y gente de todas las edades.  Me conmovió una foto que envió Raúl, de antorcheros en sillas de ruedas; y una que tomé de una señora que no se perdió de la fiesta, aunque fuera en uno de aquellos muebles.

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Me enteré de que los colegios de Primaria no llegan hasta la Plaza para la ceremonia de arriar la bandera y para las escuchar las salvas de artillería; pero eso no impide que los chiquillos desfilen en la Sexta avenida, como otros estudiantes mayores.  La Sexta, por cierto estaba galana adornada con banderas; y personal de la Municipalidad hacía un buen trabajo ayudando al paso de vehículos, bandas y peatones.  Gracias a la PNC y al Ejército por proveer seguridad en el área y en el Obelisco.

Al aproximarse las 6:00 p.m. nos dirigimos a la Plaza de la Constitución y desde la desembocadura de la Sexta Avenida -casi junto a donde estaban los cañones- escuchamos las salvas de artillería.  Es muy divertido como reaccionan los niños que las oyen por primera vez; y al lado de nosotros había un grupo de adolescentes que nos hicieron reír mucho con sus reacciones.

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En la Plaza se canta el himno nacional que casi todos saben poco más, o menos; y también el himno de Centroamérica que casi nadie sabe.  En donde estábamos sólo Raúl, una señora y yo entonamos aquel himno, y mucha gente nos veía con cara de, ¿qué está cantando esta gente? Yo no soy centroamericanista; y quienes me conocen saben que yo me inclino más por las ciudades libres, que por los grandes estados-nación.  Pero hoy (y ayer) no sólo es fiesta de los chapines, sino de los centroamericanos.

Por el lugar en que estábamos no escuchamos los abucheos al Presidente; y ¿sábes qué? Los chapines deberíamos conservar la sana costumbre de abuchear a los presidentes.  Para ponerlos en su lugar, para recordarles de dónde vienen y a dónde van y que no son más que mandatarios de nosotros los mandantes.  Para recordarles que, a menos que encarnen la unidad de la nación y que se comporten com dignitas, gravitas e integritas, son prescindibles en estas celebraciones.

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Luego de las ceremonias nos quedamos un rato en la Sexta para ver el retiro de algunas de las bandas que optan por tomar esa vía. Me alegra mucho cuando el público aplaude el paso y las demostraciones que hacen las batonistas y los gastadores, por ejemplo.

Luego de pasar un buen rato sentimos que el hambre apretaba y nos fuimos a cenar: hamburguesas y Guinness. Es muy agradable caminar por la zona 1 durante fiestas como esta. Pasamos, por ejemplo, por la concha acústica en el Parque Centanario donde había una orquesta y gente bailando.  Y luego de cenar, como Panza llena, corazón contento, agarramos camino al  monumento a los Próceres donde nos esperaba la segunda parte de la fiesta.

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La celebración en el Obelisco se diferencia de las que hay en el Centro en que en el Obelisco  no hay funcionarios.  La gente llega a encender sus antorchas, a tomarse la fotos y a salir corriendo  cada quién en lo suyo, pero todos en todo, y cada quién sabe a dónde.  No hay edad para no pararla bien en esta fiesta. Llegan desde niños hasta ancianos, desde barrios cercanos al Obelisco hasta de pueblos lejanos. Es un punto de encuentro efímero, pero profundo porque de todos los que estamos allí es esta tierra.  Todos llegan en paz y con ganas de pasar buenos ratos. Todos esperan su turno, todos encuentran lo que iban buscando y todos se van en paz.  ¡Yo digo que es la fiesta de la gente!

No faltan, por supuesto docenas de ventas de tacos, gaseosas, cervezas, banderas, gorgoritos, vuvuzelas, bufandas, gorras, sombreros, máscaras, bandanas y todo eso que contribuye al espíritu celebratorio y de comunidad. La ente vende kits de antorchero y eso me da da mucho gusto.

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Antes de llegar al Obelisco caminamos por la Avenida de la Reforma en donde pasan un maral con sus antorchas.  Unos van corriendo y otros van en motos y bicicletas, unos van en buses. En el Obelisco, como en el centro,  ni la edad, ni las sillas de ruedas son obstáculos para que la gente disfrute de la fiesta.  ¿Cuándo fue la última vez que te maravillaste con cosas así en una fiesta callejera? En el Obelisco nos encontramos con mi cuata, Majo y un amigo suyo, y ahì pasamos un rato viendo como la gente goza y disfruta de la experiencia antorchera; y cuando estoy ahí pienso en lo arrogantees que se ven los que se quejan de ella, luego de participar en procesiones, manifestaciones, carreras y otras actividades similares.

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¿Sábes qué sería genial en el Centro y en el Obelisco? Que la gente no dejara tirada su basura, que con todo y todo no es desproporcionada.

Ayer, 15, también fuimos a la zona 1, esta vez en compañía de Mario.  Llegamos a ver las bandas en la Sexta, agarramos hacia la Plaza de la Constitución por la Séptima avenida y al llegar a la plaza conseguimos un lugar muy apropiado, casi al centro a sólo tres filas de la valla de seguridad.

Desde ahí vimos la ceremonia de arriar la bandera y escuchamos las salvas de artillería. Desde ahí vimos los fuegos artificiales y es la primera vez que los vemos desde tan cerca.  ¡Fue muy emocionante!  Al concluir los actos nos dirigimos a la Sexta a venida para ejercer el antiguo arte de people watching con cerveza en mano, vimos pasar varias bandas y así concluyó la fiesta.

Como el año pasado, y el pasado, y el pasado, y el pasado…quedé convidado a volver a estas fiestas en las que se celebran la libertad, lo que tenemos en común a pesar de nuestras diferencias, y la vida.

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Ojalá y el año entrante de animaras a sumarte a la fiesta.


18
Sep 18

La fiesta de la gente, en el Obelisco

La del Monumento a los Próceres de la Independencia, conocida como Plaza del Obelisco, es la fiesta de la gente y sólo caundo uno está ahí y comparte la alegría de las familias, los amigos, los vecinos, los compañeros y especialmente de los niños, puede entenderla.

Haz clic en la foto para ver más fotos.

Se diferencia de las celebraciones en el Centro en que en el Obelisco  no hay funcionarios.  La gente llega a encender sus antorchas, a tomarse la foto y a salir corriendo cada quién sabe a dónde.  No hay edad para no divertirse en esta fiesta. Llegan desde niños hasta ancianos, desde barrios cercanos al Obelisco hasta pueblos lejanos. Es un punto de encuentro efímero, pero profundo porque de todos los que estamos allí es esta tierra.  Todos llegan en paz y con ganas de pasar buenos ratos. Todos esperan su turno, todos encuentran lo que iban buscando y todos se van en paz.  ¡Es la fiesta de la gente1

El viernes vi dos policías y un bombero…y docenas de ventas de tacos, gaseosas, cervezas, banderas, gorgoritos, vuvuzelas, bufandas, gorras, sombreros, máscaras, bandanas y todo eso que contribuye al espíritu celebratorio y de comunidad.

Antes de llegar al Obelisco caminamos por la Avenida de la Reforma en donde pasan un maral con sus antorchas.  Unos van corriendo y otros van en buses, unos en bicicletas y otros en motos.  Las motos se hicieron más notorias este año.  Hubo unos que iban en rickshaws.  Es emocionante cuando las multitudes de antorcheros se saludan y se animan entre si.  Algo molestas fueron las bolsas de agua que tiraban algunos; pero se entiende la buena intención de refrescar a los corredores.  Y entiende la chingadera juvenil de mojarse y mojar a otros.

Veníamos del Centro donde vimos a chicos y grandes desfilar en las calles.  Allá también, ni la edad, ni las sillas de ruedas son obstáculos para que la gente disfrute de la fiesta.  La plaza estaba llenísima, no sólo con las bandas de escolares que tradicionalmente acompañan a la izada de la bandera, sino por el montón de gente que va a verlas y a aplaudirlas. Allá me gocé las salvas de artillería durante la izada de la bandera y tres señoras que eran las únicas que se sabían el Himno de Cetnroamérica me hicieron reír mucho. Allá también ves a los niños maravillados con las multitudes, los colores y los desfiles. ¿Cuándo fue la última vez que te maravillaste con cosas así en una fiesta callejera?

Es cierto que hubo abucheos al Presdente; y ¿sábes qué? Los chapines deberíamos conservar la sana costumbre de abuchear a los presidentes.  Para ponerlos en su lugar, para recordarles de dónde vienen y a dónde van y que no son más que mandatarios de nosotros los mandantes.  Para recordarles que a menos que encarnen la unidad de la nación y que se comporten com dignitas, gravitas e integritas, son prescindibles en estas celebraciones.

¿Sábes qué sería genial en el Centro y en el Obelisco? Que la gente no dejara tirada su basura. Y sábes que sería más genial, que nadie vuelva a llevar violencia a esas fiestas, como ocurrió en 2017. Este año no hicieron falta los revolucionarios.


14
Sep 18

¿Por qué celebro hoy y mañana?

Si no hay sabotajes, como el año pasado, hoy y mañana son las celebraciones de la Independencia.

A pesar de los inconvenientes me las gozo.  ¿Sabes por qué? Porque son fiestas que se festejan en familia, porque son muy alegres, porque la gente se las disfruta y, si se aparta de ellas el nacionalismo colectivista y nefasto, son una afirmación de que esta tierra también es mía y de que los que la habitamos compartimos muchas cosas buenas. ¡Muchas cosas buenas!

El año pasado, los que suspiran por la revolución y lucen playeras del che Guevara les estropearon a los jóvenes el desfile del 15; pero en el Obelisco, en la noche del 14 la fiesta se celebró como si nada.  ¿Has ido alguna vez al Obelisco, o al Centro el 14?  Es imposible no conmoverse al ver a la gente con sus familias, sus amigos, sus vecinos, sus colegas o sus compañeros –de todas las edades y de todas las condiciones– unidos y con esperanzas, a pesar de sus problemas particulares. Es imposible ir y no hacer propio al holgorio.

Hay quienes quisieran que estas fiestas no se celebraran.  Quisieran que se impusieran la lucha de clases, el odio y el rencor.  Creen que se trata de esconder la realidad, o de aferrarse al pasado.  Pero muchos de ellos son los mismos que no dudan en bloquear calles y carreteras, y en acudir a la violencia, como el año pasado; o –como buenos fabricantes de miseria– no dudan cuando se trata de cortar alas y pisotear las preferencias de otros.

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Es cierto que las antorchas y los desfiles pueden ser fastidiosos.  Pero las procesiones también son enojosas y las carreras no lo son menos.  ¿Y los bloqueos? Ni digamos. Las celebraciones populares callejeras son parte del carácter de la ciudad, y la urbe es de todos. ¿Cada loco con su tema? Si, si la intención no es causar daños; y ahí nos apañamos.  Yo andaré por ahí y cada vez que vea a un niño sonreír y cada vez que vea a padres y abuelos orgullosos con sus hijos y nietos, también voy a sonreír; porque, a pesar de lo negativo, todos compartimos cosas buenas. ¡Cosas muy buenas!

Columna publicada en elPeriódico. La primera foto la tomé en la 24 calle de la zona uno, la segunda es en el Obelisco, el año pasado y el vídeo lo tomé junto al Mapa en Relieve, en la zona 2. Son grupos de estudiantes ensayando para las fiestas que comienzan hoy.


15
Sep 17

Fiesta en el Obelisco, a pesar de todo

¡Hasta el Capitán América y el Hombre araña estaban ayer en el monumento a los próceres, conocido como el Obelisco!  Eso no es de extrañar, claro, porque aquella es una fiesta familiar. Haz clic en la foto para ver más fotos.

La alegría y el ambiente de fiesta se sienten en aquella plaza, donde llegan individuos y grupos de familias, barrios, escuelas y colegios, empresas, iglesias, amigos y equipos deportivos, entre otros.  ¿A qué llegan? A celebrar el cumpleaños de Guatemala y a disfrutar de una fiesta en paz.  Los niños son los que más disfrutan del alboroto.

A mi me gusta mucho esta fiesta y es una de mis favoritas.  Ahí están Raymundo y todo el mundo con sus antorchas, sus banderas, pintados y disfrazados, cada loco con su tema; pero en una convivencia festiva.  No faltan los que se dan un chapuzón en la fuente, los que llegan en sus bicicletas, los que cantan y bailan, y así.

Los chicos de la Escuela de educación física hacen lo que pueden por mantener el orden a la hora de encender las antorchas, y los grupos se emocionan cuando prende la suya.  Hay ventas de de todo: comida, antorchas, pitos, vuvuzelas, gorras y sombreros, banderas, gaseosas, cervezas, playeras, pulseras y qué se yo qué más.

Sólo cuando uno ha participado en esta fiesta, con la gente que se la goza, puede entender el significado de la celebración y el de las antorchas que recorren la ciudad y el país.  Esas de las que tanto se quejan los que no tienen empacho alguno en bloquear la ciudad con manifestaciones abusadoras.

La excusa es celebrar a la patria; y es muy conmovedor ese patriotismo cándido que se pasa de generación en generación porque la patria es donde está enterrado tu mux.  Sospecho, sin embargo, que en el fondo, en el fondo, lo que se celebra en esa fiesta es la vida, o la simple posibilidad de celebrar.  El hecho de que se puede estar ahí, en compañía de quien uno elige para estar ahí y el hecho de que uno se puede divertir y pasarla bien.  Se vive plenamente cuando se disfruta la vida.

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Mientras tanto, en la Plaza de la Constitución

Normalmente, en la Plaza de la Constitución se vive un ambiente similar y otros años he ido allá para variar.  Empero, este año hubo grupos violentos que derribaron las bardas de seguridad, impidieron que se realizaran los actos tradicionales, enarbolaron una bandera manchada de rojo y retaron a las autoridades que suelen estar ahí por seguridad.  Las imágenes publicadas por medios de comunicación son elocuentes.

Es una lástima porque, aquellos grupos -que sospecho que son los mismos que el miércoles y jueves gritaban ¡Plaza, plaza! y ¡Guerra! en redes sociales- suelen no tener escrúpulos a la hora de provocar y usar la fuerza.  Y en este caso le arruinaron la fiesta a mucha gente que se esmera y suele disfrutarla en paz y con alegría.

Humildemente, les pido que esta tarde no aprovechen la ocasión para crear caos y propiciar actos de violencia.  Les pido que no pongan en peligro las vidas y la integridad de los jóvenes que llegan ahí con sus bandas y la del público que las admira.

 


15
Sep 17

15 de septiembre

Mentiras que ganan juicios / Tan sumarios que envilecen / El cristal de los acuarios / De los peces de ciudad / Que mordieron el anzuelo/ Que bucean a ras del suelo. Esos versos de Sabina recuerdo, mientras pienso que nunca antes un 15 de septiembre* había sido tan significativo para los chapines.

Esta fiesta, un poco de libro de texto y algo kitsch (¡Y soy fan de esta celebración!), es una oportunidad. En el ajedrez político, el miércoles pasado el Congreso movió sus piezas y cometió un acto brutal que, en defensa de la impunidad, pone en grave riesgo la precaria seguridad ciudadana. Al mismo tiempo, distintos grupos advierten contra el peligro que representan la inestabilidad, la incertidumbre, las amenazas de violencia y las acciones de otros grupos que intentan hacer una Guatemala a su modo, casi a cualquier costo. Y en medio, hay casi de todo.

Cuando escribo estas líneas, me entero de que O. Blanco, uno de los promotores del manotazo del miércoles, dijo que los diputados estarían evaluando echar marcha atrás. Eso podría resolver el daño a la justicia; pero el daño político persiste. El miércoles y jueves, en redes sociales, había gente llamando a la violencia, y había gritos de ¡Guerra! y ¡Plaza, plaza!, en tonos que erizaban los pelos.

En cambio, prefiero recordar unas palabras de L. von Mises: Quien no comprende que los principios morales sirven a los intereses de todos y que no hay un conflicto insoluble entre los intereses particulares y los sociales tampoco puede comprender que no hay un conflicto insoluble entre las distintas entidades colectivas. Eso sí, en el contexto de un consejo sabio de A. Rand: En todo conflicto entre dos hombres (o grupos) que comparten los mismos principios básicos, gana el más consistente. En toda colaboración entre dos hombres (o grupos) que se apoyan en diferentes principios básicos, el más maligno, o irracional es el que gana. Cuando los principios básicos opuestos están abierta y claramente definidos, eso obra en ventaja del lado racional; y cuando no están claramente definidos, sino que están ocultos, o difusos eso obra en ventaja del lado irracional. 

*Con excepción el de 1821, claro.

Columna publicada en ElPeriódico, y la foto es de la celebración en el Obelisco en 2015.