25
Dic 20

Una nochebuena diferente, pero igual

Quienes visitan este espacio desde hace ratos, saben que lo que hace especiales las fiestas de fin de año -para mí- son los encuentros con la familia y los amigos, y los tamales; la cohetería, los fuegos artificiales, y los tamales; los recuerdos, las tradiciones, y los tamales. Ah, y los tamales.

Una de mis tradiciones familiares favoritas es la de desayunar tamales el día 25 de diciembre.  De hecho, el de hoy es mi desayuno favorito en todo el universo mundo! ¡Y me gusta comer un tamal negro, un tamal colorado, café con leche y algún pastel y dulce propio de la temporada.  Este año el acompañamiento fue el insuperable ponche de frutas que hacen en casa; y Mincemeat pie, el pay favorito de mi padre, cuya pasta elabora mi madre, que es la diosa viviente de los  pays.

Amo mi desayuno tradicional del 25 de diciembre.

¡Soy tan feliz cuando cuando abro las hojas de mashán  y me encuentro con los colores brillantes de los tamales!  Y al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un torbellino de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado complejo y delicioso llegan a mi paladar.

Los que visitan este espacio, con frecuencia, saben que valoro mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

Tengo la dicha de recordar los tamales de mi bisabuela, Mami, y los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblado que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole. También hay diferencias entre los tamales que se cuecen sobre leños y los que se cuecen sobre estufa de gas.

Los tamales tienen raices precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras y supongo que también las ciruelas y las pasas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.

Sostengo, que la nochebuena y las fiestas de fin de año chapinas, en general, son particularmente intensas y espectaculares.  Cuando los chapines nos ponemos en navidad mode, es en serio.

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Por eso me alegro que en este año difícil, duro y para algunos muy triste, el espíritu guatemalteco de la cohetería y los fuegos artificiales no haya menguado.  Toda la noche de anoche hubo fuegos artificiales en la ciudad de Guatemala y sus alrededores, y los fuegos de la media noche no tuvieron nada que envidiarles a los de otros años.   Cuando veo las luces y disfruto de los cohetes, el niño que hay en mi grita -para mis adentros- ¡Cuanto “cuete” Venado!, como  cuando yo tenía tres, o cuatro años y aquella era la marca de petardos más conocida.

¡Que ricos son los abrazos y el buen vino envueltos en nubes y aromas de pólvora fiestera!

Pero no todo es alegría, en esta ocasión.

Ayer, un amigo -entrado en años- por poco y pasa la noche en el hospital y a sus amigos y familia nos tuvo muy preocupados.  Hoy amaneció en su casa; pero habrá que tenerle el ojo puesto.

Triste, también es que hoy me enteré de que un amigo -gente buena, y con una familia de gente buena- fue asaltado y se halla en situación muy, pero muy delicada.

¡Ah, la vida es precaria y preciosa!, por eso hay que vivirla, digo yo.  Y por eso es que me gusta celebrarla en compañía de las personas que amo, con cohetes, tamales y buen vino.

L´chaim y Carpe diem.


25
Dic 20

Solsticio de invierno y fiestas de fin de año

Aún en tiempos difíciles, en casa celebramos el solsticio de invierno con todo. A veces, todo es mucho, y a veces, todo es lo poco que hay.  ¡Pero siempre celebramos! Y lo que no falta -jamás- es el cariño de la familia y el de los amigos.  A veces tan cerca como para darnos abrazos, y a veces tan lejos que sólo es posible por teléfono…o por Zoom.

Gozo mucho el arbolito.

Cuando la casa se llena con los aromas del pinabete, las manzanillas, las mandarinas y las especias, sabemos que es tiempo de celebrar la vida, por frágil que sea, o quizás precisamente porque es frágil.  Especialmente en un año algo tristón, como este.

La navidad más triste que tuve fue la del primer año sin mi papá.  En casa no había espíritu festivo; pero Walter, el muchacho que nos hacía trabajos, dispuso decorar el árbol.  Y fue tan exitoso que la nochebuena no perdió su carácter y, durante varios años, él se hizo cargo de adornar y encender aquel símbolo de las fiestas.

¿Y cuáles han sido las navidades más alegres? Las de cuando era niño y mis padres nos despertaban a mí y a mis hermanos a la media noche, en medio de la cohetería.  De aquellos tiempos, todavía conservo mi tortuga, y tres chinchines y una jícara hermosamente decoradas con nij. Las que pasaba en las casas de mis abuelas, y las de cuando mis sobrinos eran niños y en casa sabíamos que las fiestas eran para ellos. ¡Y las de ahora!…porque las paso junto a las personas que más amo.

Este año -en el que muchos perdimos seres queridos, y en el que a muchos se les prohibió ser productivos y trabajar, por lo que se quedaron sin sus empleos, o sin sus negocios- la celebración del solsticio de invierno, de la nochebuena, del yule, o de la navidad (como quieras) está siendo austera y discreta; pero no por ello es menos.  ¿Por qué?

Porque -sobre todo en medio de una pandemia- las fiestas de fin de año invitan a la buena voluntad y a la benevolencia entre los hombres.  No sólo entre quienes conocemos, estimamos, o amamos, sino incluso, para con quienes no conocemos.  Porque las fiestas de fin de año nos invitan a recordar y a agradecer lo bueno que tenemos. Porque no sólo damos e intercambiamos obsequios físicos, sino que también damos e intercambiamos regalos emocionales, cariñosos, placenteros.

En casa, siempre recordamos que las de fin de año no son fiestas de una sola noche.  Celebramos el solsticio de invierno desde el día en que compramos y adornamos el árbol.  Y continuamos durante la semana con tamales, música de la temporada, y otras tradiciones muy antiguas.  Tradiciones que unen a las generaciones que preceden a la nuestra, con las que vienen. Para mí, los tamales son los reyes de las fiestas; y donde hay un tamal, hay fiesta.

Por el recuerdo de quienes ya no están entre nosotros, con la certeza de que son posibles tiempos mejores y con la esperanza de que esos tiempos no estén muy lejos, a los lectores les deseo un 2021 en paz, feliz y con prosperidad.  Con la esperanza de que algo hayamos aprendido en estos meses de incertidumbre y de lucha por la libertad, a los lectores les deseo salud, y tiempo para disfrutarla en compañía de sus seres amados.

Columna publicada en elPeriódico.


25
Dic 19

Buena Nochebuena

Es una de mis fiestas favoritas en el año, una de amigos y familia; una de aromas, sabores, texturas, sonidos y colores que te llenan de recuerdos:…y una de pólvora.  Es la Nochebuena que, para mi, es la celebración del solsticio de invierno esos días en los que -aunque aquí no lo notemos- mucho más al norte las noches empiezan a hacerse más cortas y empieza a volver la luz.

Dicho lo anterior, algo que gozo mucho en esta fiesta es la pirotécnia; y aunque duró bastante, volvió a ser menos intensa que en otros años…incluso menos intensa que el año pasado.  ¿Es señal de que económicamente las cosas están difíciles?  Y si es así…de verdad espero que el año pasado el coheterío vuelva a sus niveles normales.

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Como en otros años, en casa hubo open house y nos visitaron familia y amigos.  Siempre es grato compartir y reírnos, recordar y reírnos, celebrar y reírnos. Y comer, claro.  En casa el menú tradicional es pavo con el relleno que hacían mi bisabuela, Mami y mi abuela, Frances; ensalada Waldorf, la receta de Joy of Cooking, que era la que usaba mi abuela, Frances; y variedad de opciones dulces.

Pavo relleno, ensalada Waldorf, pan y gravy es mi menú preferido.

Hoy en la mañana desayunamos nuestros tradicionales tamal colorado y tamal negro de doña Estelita de Alburéz.  Esta vez acompañados por un mincemeat pie, que era el pay favorito de mi padre.  Para mí, el reto de los pays, siempre, es la pasta que a veces me sale muy bien, y a veces no, aunque uso la misma receta (el relleno no, porque es comprado, ja ja ja). ¿Cómo me salió el de hoy? ¡Casi perfecto!

Mincemeat pie era el favorito de mi padre.

Los tamales, algo serio

¡Quienes me conocen se han de imaginar llo que gozo cuando abro las hojas de maxán  y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de los tamales colorados y negros  invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un laberinto de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado glorioso llegan a mi paladar.

Quienes visitan este espacio, desde hace tiempo, saben que valor mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

En ese laberinto de recuerdos, tengo la dicha de acordarme muy bien de los tamales de mi bisabuela, Mami; y de los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Una tradición alegre: tamales colorado y negro para el desayuno del 25.

Los tamales de Nochebuena, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las pasas y las ciruelas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento. Como siempre, el éxito de un tamal se halla en el balance de ingredientes, en la calidad de los mismos y en la pasión que se pone en ellos.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.

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22
Dic 17

Nochebuena chapina

He oído, de muchos amigos extranjeros, que las fiestas de fin de año –en Guatemala- se celebran como en ningún otro país del mundo. En cuanto a intensidad, claro. Quien haya visto el despliegue portentoso de fuegos artificiales en la Nochebuena, seguramente estará de acuerdo con eso; y quien haya participado en la Concepción-Reyes, también.

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Por cierto, hice dos consultas a mis lectores en @luisficarpediem y me enteré de que 39% de los que contestaron prefieren gadgets como regalos en estas fiestas; y que 28% prefiere libros, 22% prefiere vino y 11% prefiere ropa. También me enteré de que 35% cena tamales en la Nochebuena, en tanto que 30% come pierna, 30% pavo y 5% otras cosas. En Twitter, @razonylibertad preguntó: ¿Cómo les gusta tomar el ponche? y al momento de escribir estas líneas 41% dice que bien caliente, 32% lo prefiere a temperatura tomable, 14% bien frío y a 13% no le gusta esa bebida tradicional.

La Nochebuena y sus fiestas aledañas sacan al niño que hay en mí . Me gozo las comidas de temporada (especialmente los tamales, el relleno del pavo, las galletas -de mi madre-, los stollen, los turrones y otras delicias); gozo los juegos pirotécnicos, las luces, la música, y los aromas a pinabete y manzanilla. Pero…¿sabes qué es lo que más disfruto? La alegría de la gente y especialmente la de los niños. Por eso me gusta ir a la Sexta avenida, al bazar navideño y a algún centro comercial. Cuando he andado por el interior del país, ¡hasta en el rincón mas sencillo hay luces, bricho, y ojitos de niños maravillados! Hazte un favor y sal, no a integrarte al frenesí, sino a observar, a ver a la gente acarreando hojas de mashán para sus tamales, sal a maravillarte y a contagiarte. Sal a recordar a tus seres queridos. ¿Cuál fue tu árbol de Navidad favorito cuando eras chico? ¿Tienes algún villancico preferido?

En estas fiestas, a ti y a tu familia, les deseo lo mejor para 2018. Por favor, sean prudentes y si beben, no manejen. Y tampoco disparen, por vidita suya.

Columna publicada en elPeriódico.


25
Dic 16

El “cueterío” de anoche

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¡La madre del cordero!, ¿peroetoquee, illo?, dijo mi cuate, Manuel, cuando vio el vídeo de la cohetería en la ciudad de Guatemala con ocasión de la noche de anoche.

Una vez leí que alguien le llevó unos indígenas a Fernando VII y temprano, en la mañana, el rey felón les preguntó a los visitantes que, qué estarán haciendo sus coterráneos a esa hora, y los indígenas contestaron: Quemando “cuetes”. El monarca hizo la misma pregunta al medio día y obtuvo la misma respuesta.  Al anochecer, el rey volvió a preguntar y la respuesta fue Quemando “cuetes”.  Cierta, o no esa anécdota, lo cierto es que a los chapines nos encanta quemar pólvora, y que no hay fiesta chapina que se respete sin fuegos artificiales y petardos.

La cohetería de la Nochebuena chapina nunca deja de maravillarme.  Toda la noche, desde que oscurece, la ciudad se ilumina con fuegos artificiales aquí y allá; pero a la media noche los fuegos y las luces alcanzan intensidades formidables.  En toda la ciudad de Guatemala -y supongo que también en otras poblaciones- los juegos pirotécnicos nos fascinan a quienes tenemos la dicha de disfrutar sus formas ingeniosas y sus colores.

En la antigüedad el solsticio de invierno se celebraba porque a partir de ese momento las noches empezaban a hacerse más cortas y volvía la luz.  Por eso es muy apropiado que el fin del 24 de diciembre sea celebrado con luces y fuegos festivos. Que vuelva la luz!…y que los encuentre a ti, a tu familia y a tus amigos rodeados de amor y de paz.

Los chapines tenemos la costumbre de quemar pólvora en grande el 24 a la media noche, el 25 a las doce del día y de nuevo a las seis de la tarde.


25
Dic 16

¡Benditas las manos que hacen tamales!

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Escucha el podcast aquí.

¡Benditas las manos que preparan los tamales!…todos los tamales.  ¡Bendito el trabajo productivo que nos permite disfrutarlos! y ¡Benditos mis padres que me ensañaron a gozarlos!

Si visitas este este espacio desde hace algún tiempo habrás notado que es una tradición de mi casa que desayunemos tamales en este día: un negro y un colorado; y sabrás que en Guatemala, las fiestas de fin de año no pueden prescindir de tamales, pólvora, manzanillas y pinabetes.

¡Gozo tanto cuando corto el cibaque y abro las hojas de maxán y de sal para encontrarme con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por una montaña rusa de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado vivo y profundo llegan a mi paladar.

Tengo la dicha de recordar los tamales de mi bisabuela, Mami y los de mi tia Baby.  Y los de mi tía abuela, La mamita,  que nos hacía tamales pequeños para los niños.  Cuando éramos chicos no dejaban que comiéramos la carne de cerdo que venía en los tamales comprados; y una noche, cuando me sirvieron mi tamal, retiré la carne.  Mi madre, al verme me dijo que podía comer esa carne porque esos tamales eran hechos por mi bisabuela.  Y los tamalitos de La Mamita, los recuerdo pequeños, como de 2×2 pulgadas, perfectamente doblados y amarrados.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son -principalmente- colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate, almendras ciruelas pasas, pasas y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo…e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de marrano, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras así como las ciruelas, las pasas y el marrano.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentidos.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado.    Hay que lavar y asar las hojas.  La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.  El año pasado, gracias a mis amigos (y primos) Carol y Manolo, participé en una tamaleada; y fue una experiencia atesorable.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  Son los mejores tamales de todo el universo-mundo. El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.


11
Dic 16

Pinabete y manzanillas

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La costumbre de adornar un árbol con ocasión del solsticio de invierno es muy antigua y está enraizada en las tradiciones nórdicas.  En mi casa es una de las tradiciones más celebradas en estas fechas.  Cuando llega el pinabete y la casa empieza a llenarse con su aroma, uno no puede sino llenarse de alegría y ese aroma me hace viajar en el tiempo. El aroma del Abies guatemalensis y el de sus inseparables manzanillas me lleva a recuerdos como el de hornear galletas junto a mi madre y mis hermanos; el de quemar cohetillos en la calle con mi padre, o con los cuates; el de los tamales en los desayunos de la temporada; o el del pavo horneado y relleno.

Sin lugar a dudas la mañana posterior al día en que ponemos el árbol en casa es una de mis mañanas favoritas del año.  A quienes leen este espacio, en casa les deseamos que pasen estas fiestas rodeados de amor y cariño, y que 2017 venga lleno de sólo cosas buenas.

Como en años anteriores, nos gozamos un árbol galán; cultivado cuidadosamente en El encanto, Tecpán. Si te gustan los pinabetes los hay hermosos en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


23
Dic 15

¡Al fin participé en una tamaleada!

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Desde hace varios años yo andaba con la cosa de que quería aprender a hacer tamales. Quería participar en una tamaleada (como se le llama en Guatemala al procedimiento de hacer tamales en familia) y hacer estas maravillas de la cocina tradicional chapina.

Mis amigos (y primos) Carol y Manolo me dieron la oportunidad, ayer.

Hacer tamales es complejo e implica varios procesos paralelos.  En eso se parece a la elaboración del fiambre.  Como con el fiambre, aquellos procesos pueden ser intimidantes, sobre todo porque los tamales requieren de fuego de leña.   Desde muchas perspectivas, la tamaleada es enriquecedora.  El hecho de hacerlos en familia -como ocurre con el fiambre- eleva la experiencia más allá de lo propiamente culinario que ya de por sí es alucinante.

Ahora me estoy comiendo uno de los tamales que hicimos; y sus sabores, sus aromas, y su textura están íntimamente asociados a las emociones vividas durante su elaboración.

Nada en los tamales de Carol y Manolo es casual.  Las hojas de sal para envolverlos son cultivadas en las faldas del volcán de Fuego, las aceitunas son sin hueso y rellenas, la carne de cerdo es de primera, las ciruelas fresquísimas y así puede uno seguir y seguir enumerando.  Y, claro, la sumatoria de todo aquello bueno y seleccionado con cuidado es excelente.  Los tamales son una forma de excelencia que merece admiración y respeto.

¿Cuál fue mi parte favorita de la tamaleada?  El momento de armarlos, envolverlos y amarrarlos.  En el porche de la casa armamos una mesa larga y una línea de ensamblaje que funcionó a la perfección.  Todos alrededor de la mesa, entrándole a los tamales, platicando, comiendo y bebiendo, todos disfrutando de esos momentos valiosos.  Otra característica que se comparte con la elaboración del fiambre.

Algo que nunca había hecho -porque cómo iba yo a saber que puede hacerse- es comer la masa cocida mezclada con recado y acompañada por cerveza.  ¡Ah cosa más rica!

Las fiestas de fin de año chapinas, que en casa empiezan con la quema del diablo, huelen a pinabete, a manzanillas, a pólvora, a ponche de frutas y a tamales.  Tamales colorados y negros.  Cuando era niño, mi parte favorita de estas festividades eran los regalos; y ahora, desde hace años, son los tamales.  ¡Que dicha disfrutar de buenos tamales¡; y más dicha, aún, fue haber participado en la tamaleada!


12
Dic 15

Las fiestas empiezan con el árbol

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El aroma del pinabete, las luces y las figuras decorativas alegran las fiestas del fin de año en mi casa. El aroma del arbolito y el de la manzanilla celebran el mensaje de Paz en la tierra, a los hombres de buena voluntad ; y hace un rato me dio los buenos días.

De mi infancia recuerdo varios árboles importantes. En casa de mi abuelita Juanita es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles generalmente pinabetes, o cipreses. A veces adornados con nieve fabricada elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; y siempre llenos de figuras variadísimas, algunas muy antiguas, y luces multicolores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos toda clase de árboles. Aunque los favoritos eran los pinabetes, tuvimos cipreses, pinos y chiribiscos. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda los árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared. Con el árbol listo, ya estamos preparados para los tamales, las galletas, el turrón, el stollen, el mazapán, el ponche, el pastel de frutas, el mincemeat pie, los regalos y los cohetes.

Este año, gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa, tenemos un árbol galán -cultivado cuidadosamente- que nos llena de alegría la casa. Ese arbolito me trae invaluables recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más; y si usted quiere su pinabete, los hay hermosos en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


25
Dic 14

Maravillosos fuegos artificiales de Nochebuena

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¡Que cantidad de pólvora queman los chapines en la Nochebuena!  Es maravilloso el espectáculo de miles y miles de juegos pirotécnicos que se encienden desde las 11:45 hasta casi las 0:30 durante esta fiesta.   Lo mejor, claro, es a la media noche.  El cielo oscuro de toda la ciudad de Guatemala se enciende con luces de colores y formas creativas e impresionantes.

Este año tuvimos la buena idea de subir al tejado para ver el espectáculo.  El vídeo muestra casi 360 grados de hermosos colores, formas y estallidos.  Algunos muy cercanos -digamos 100 metros- y algunos hasta en los últimos rincones de la meseta que ocupa esta ciudad.

¡Por supuesto que no hay Navidad chapina sin cohetes!  Cuando yo era niño los cohetes y fuegos artificiales no eran tan complejos e impresionantes.   Había unas varas y unas candelas romanas que arrojaban luces; pero nada parecido a lo que disfrutamos ahora.  A mí me gustaban mucho los volcancitos, los silbadores y las estrellitas.  También unas bolitas de colores que tronaban cuando uno las arrojaba contra el piso.  Me gustaba quemar cohetillos de ametralladora uno por uno y -a principios de los 80, con mi amigo Bobby- hicimos con un tubo de metal y el cabo de una escoba, sendas pistolas para arrojar cohetillos.  Los copiamos de unos niños que los tenían en San Lucas Tolimán y eran muy divertidas.  Lastima que me deshice de la mía.