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Mar 09

Sorprendente, el teatro negro

Te vas a sorprender, me dijo mi amiga Siang cuando le comenté que iba a ver al Teatro negro de Praga.  Y, efectivamente, esa producción fantástica no dejó de sorprenderme.  
Para mi gusto, fue muy oprtuno que la obra presentada se llamara Los sueños de fausto; ya que tenía la ilusión de hallarme en presencia de algo onírico.  Es admirable el manejo de la oscuridad y de la luz; y el de los detalles.  ¡Los peces hasta levantaban las cejas!  Los efectos se logran con gran maestría y, por ejemplo, cuando algunos personajes se elevan en el escenario, no se ve como que estuvieran suspendidos, sino que, la impresión que tiene el público es la de que realmente están volando.  
Hay magia en todo el espectáculo.  Entre mis escenas favoritas están las del bote en el mar, la de la culebra gigante que se come a los personajes y la del genio.  Todas llenas de sorpresas, de ingenio y de misterios.
Lo que no fue sorprendente, ni misterio alguno, fue la mucada del público.  A pesar de que se pidió que no hubiera fotos con flash, no faltaron los flashazos; hubo alguien que apuntaba con su láser rojo al espectáculo; hay gente que saca su móvil y manda mensajitos durante el espectáculo; nunca faltan los que tienen converaciones completas durante la función; y, por supuesto, la mucada no puede resistirse y aprieta bolsitas con comida a lo largo de la presentación.  Perdonen ustedes, pero, ¿soy yo, o cada vez abundan más los maleducados?
El teatro negro fue un espectáculo divertido y encantador; y, aunque en otro estilo, la función de esta noche me recordó la presentación de Mumenschantz que hace unos años presencié en la Organización para las Artes de la UFM.


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