04
Jun 24

Impuestos y coacción

En X circula la idea de que las distorsiones en las preferencias de los usuarios -motivadas por alzas en los precios, a causa de impuestos- no son coacción per se.  ¡Y claro que si son coacción! 

Para comenzar fácil los impuestos o tributos son impuestos; e imponer quiere decir obligar; y obligar es sinónimo de forzar. Los impuestos no los pagas voluntariamente; y tributos como el que pesa sobre los rendimientos del capital (o Impuesto Sobre la Renta) no los pagas, sino que te los quitan (te los retienen) antes de que recibas tu transferencia.  Ni siquiera puedes rehusarte a pagarlos porque nunca pasan por tus manos.  Cuando vas al supermercado no hay forma de decir: Por favor no me cobre IVA.  Los recaudadores usan drones para mantener controladas tus propiedades y forzarte a pagar el IUSI que ellos demandan. 

¿Cómo te fuerzan -los recaudadores- para hacer efectiva la imposición y el pago de impuestos? Te amenazan con que si no entregas tu propiedad (la parte que ellos reclaman), te causarán un daño.  ¿Qué daño? Te meterán preso.  Si no cumples con sus exigencias irás preso…enchachadopie con jeta porque no les pagaste.

Es como cuando un grupo delincuencial amenaza al tendero con que si no le paga le hará daño al negocio, a su familia, o al tendero. En esencia, la extorsión consiste en amenazar a una persona para obligarla a actuar de determinada manera y, así, obtener dinero . Si ves las similitudes, ¿verdad? 

La coacción puede ser legal, o arbitraria y consiste en usar la fuerza, o la amenaza del uso de la fuerza para conseguir que alguien haga algo, o deje de hacer algo.  En este caso la amenaza de cárcel es lo que consigue que las personas paguen los impuestos que -sin la amenaza- podrían elegir no pagar. La coacción puede ser legal si se hace conforme a la legislación aunque viole derechos individuales (que son la vida, la libertad y la propiedad de las personas); pero, ¿es legítima? No.  Si una norma viola derechos individuales no es legítima; aunque sea consecuencia de la voluntad de la mayoría (o de quienes alegan representar a la mayoría y aunque haya sido promulgada de acuerdo con el proceso de formación de legislación. De ninguna manera es aceptable la creencia de que la voluntad de la mayoría puede legitimar una norma que viola los derechos de una minoría. ¿Y cuál es la minoría más pequeña? La minoría de uno.  No hay minoría más pequeña que la de un individuo.  Existe una división importante entre lo que es legal y lo que es legítimo.  Lo legítimo lleva una carga moral de fondo; en tanto que a la legalidad sólo le concierne la formalidad superficial.

Entonces, ¿por qué podemos meter presos a asesinos, ladrones, secuestradores, y otros criminales de forma legítima? Porque, parafraseando a John Locke, cuando un criminal decide violar los derechos a la vida, la propiedad y a libertad de otras personas se pone en guerra contra los integrantes del orden social y renuncia a la plenitud del goce de sus propios derechos. No en su totalidad, claro (porque el orden social depende del respeto a los derechos individuales), pero ya no es igual a las personas que respetan la cooperación social pacífica. 

La ilustración de Hagar, The Horrible, Dik Browne la tomé de Facebook.

El tributario, a quien el gobierno decide quitarle su libertad y su propiedad, no se ha puesto en guerra con nadie. Tu…no te has puesto en guerra con nadie.  Sólo eres víctima de quienes pueden amenazarte con causarte el daño de la cárcel y otros daños colaterales, sólo porque alegan representar la voluntad de la mayoría y han cumplido con ciertas formalidades hechas a a medida.

Para estas alturas debería verse claro que si involucras impuestos en una relación eso es coacción. 

La distorsión de las preferencias

Hay grupos de personas a las que no les gusta tu forma de vida.  Por ejemplo: no les gusta lo que comes, o lo que bebes.

Como no se atreven a forzarte directamente para que no comas y no bebas lo que ellos consideran que no debes comer, ni beber; pues te lo pueden encarecer artificialmente mediante la imposición de un tributo. Entonces por ejemplo, a los productos que tienen grasas, azúcares, u otros componentes que aquellas personas estiman que tu no debes ingerir le ponen un impuesto con la idea de que, por caro, no lo puedas consumir por lo menos con la frecuencia que sueles consumirlo.

La ilustración de Hagar, The Horrible, por Dik Browne, la tomé de Facebook.

Como la mayoría de nosotros vivimos con un presupuesto limitado, la decisión de encarecer -mediante impuestos- algunos productos que consumimos nos hace  actuar de una forma en la que no actuaríamos en ausencia de tributos (de ahí la distorsión).  Parece una decisión voluntaria eso de que renuncies a comer,o beber productos que han sido encarecidos; pero no lo es. ¿Por qué? Porque la opción no responde a una decisión de mercado (como cuando no compras lorocos porque están caros). Sino que responde a una decisión política y ya sabes, la política es la ciencia del poder, es decir, de la capacidad de hacer que otras personas actúen como quieren los que ejercen el poder, ya sea mediante persuasión para influir, o mediante la fuerza, para obligar. ¿Qué instrumentos usan los grupos que quieren dirigir tu vida? La legislación que impone tributos. Descartada la persuasión, el instrumento es el castigo económico (la expoliación) si consumes lo que el grupo con poder no quiere que consumas. De ahí que es bueno que el impuesto fuera eliminado de aquella iniciativa. 

A los pipoldermos que controlan el estado niñera les gustan aquellos impuestos porque, ¿a qué político colectivista no le gusta gravar para gastar? Pero hay un efecto más perverso que la expoliación; y ese es el de la infantilización de los individuos. La coacción -disfrazada de información- destinada a modificar las preferencias de las personas, para que no consuman ciertos alimentos (y consuman otros) irrespeta la dignidad de las víctimas y las convierte en niños que llegan a creer, de verdad, que no deberían tener la responsabilidad las decisiones que toman en sus vidas porque esa responsabilidad ya la asumieron los políticos y burócratas…que luego te informarán que tienes que alimentarte con insectos.


22
Feb 21

“Descuida, yo te cuido”; la peli del fin de semana

Descuida, yo te cuido, es la peli que vi el fin de semana; y como tiene que ver con el despojo de la dignidad humana y con métodos coercitivos para quitarles a las personas su propiedad, su libertad y su responsabilidad, me recordó los trabajos de Thomas Szasz, psiquiatra que visitó Guatemala en 1979.

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La de la peli -de un humor negro encantador- es la historia de dos mujeres que, con la complicidad culposa de un juez, la ayuda dolosa de una médica y la del administrador de un hogar de ancianos, montan una operación para esquilmar ancianos; operación que es posible sólo sobre la premisa de que el estado debe velar por el bienestar de ciertos individuos, sí, o sí. Incluso contra su voluntad y su juicio propio.

En The Myth of Mental Illness, Thomas Szazs sostuvo que la medicación, la hospitalización y la psicoterapia obligatorias son poco más que formas de práctica clínica coercitivas y que anulan la dignidad de las personas. Como muchas personas valoran la seguridad y la sumisión por encima de la incertidumbre y la responsabilidad,  para algunos pacientes aquello significa abdicar del control sobre sus vidas frente a la autoridad de sus síntomas y la de sus médicos; mientras que a estos los obliga a creer en la enfermedad mental como una enfermedad que debe curarse. El doctor Szasz abordó el tema de la libertad y la necesidad de cuestionar la naturaleza potencialmente coercitiva inherente a la psicoterapia y la psicofarmacología.

En esa dirección, Szasz explicó que la verdadera libertad significa tomar el control y la responsabilidad de nuestras elecciones y sus consecuencias. Ni la psicoterapia, las drogas ni el poder de nuestras técnicas restaurarán el sentido personal de agencia de un paciente; y Szasz hace que los interesados se sientan lo suficientemente incómodos como para pensar de manera diferente sobre todo lo que se hace clínicamente, desde el diagnóstico hasta la planificación del tratamiento, especialmente con los más vulnerables: los niños, los presos, los llamados enfermos mentales…y los ancianos.

Es importante anotar que Szasz no estaba contra la psiquiatría, sino que se oponía a la psiquiatría coercitiva. Era un oponente acérrimo de la institucionalización involuntaria y del tratamiento psiquiátrico involuntario, pero practicaba la psiquiatría y la psicoterapia entre adultos que consentían los tratamientos.

La peli me llevó a pensar que, así como ocurre con los llamados enfermos mentales -al amparo de legislación colectivista y anacrónica, con la complicidad de jueces y profesionales (de forma culposa, o dolosa)- los ancianos, los niños y los presos son muy vulnerables. La peli tiene que ver con la institucionalización involuntaria de una anciana.

Las ideas de Thomas Szasz fueron muy controversiales durante su vida, y continúan alimentando las perspectivas críticas en torno a temas aparentemente divergentes como el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) y la despenalización del uso de drogas. 

El doctor Szasz vino a Guatemala para recibir un doctorado honoris causa de la Universidad Francisco Marroquin.  La última vez que supe Szasz fue en 2012, poco antes de su muerte, cuando yo andaba con Ethan Nadelmann en La Antigua y esta llamó a aquel para contarle que estaba en Guatemala y en la UFM; y a Szasz le dio mucho gusto.


06
Ago 20

El estado niñera ataca a los mayores

El lunes llevé a mi mamá a hacer unos mandados y cuando llegamos al supermercado la tuve que dejar en el auto, en el estacionamiento, con un par de ventanas entreabiertas, porque en los supermercados no dejan entrar a personas mayores de 60 años, como no sea muy temprano en la mañana. ¡Por disposición presidencial!  Descontando lo inseguro que es aquello, me pareció una indignidad.

De la película “Las horas”.

Mi madre es una mujer independiente, fuerte, racional y vivaz que decidió vivir la pandemia con prudencia; pero sin miedo. Con prudencia, pero viva. Con prudencia y en control de su vida.

El fin de semana, sin embargo, había leído el caso del papá de un lector al que lo recibieron de mala gana en una tienda de electrodomésticos y lo tuvieron esperando, aislado, para luego no atenderlo.  De ahí se dejó venir la noticia de que las personas mayores de 60 años no podrán tramitar sus licencias de conducir automóvil cuando haya “semáforo rojo”, en cumplimiento de las ordenes presidenciales.

Luego el médico Jackie Sabbaj, escribió: Hoy, martes 4 de agosto, fui a un Centro Comercial de la zona 10 y me negaron la entrada para mi “protección personal” debido a que soy mayor de 60 años y que nuestro municipio está en Alerta Roja. No necesito ese tipo de protección “paternalista” de parte del estado. Se como cuidarme. Es una disposición arbitraria y discriminatoria. Más adelante pueden prohibir el ingreso a personas con sobrepeso, presión arterial elevada o a individuos con tipo “A” sanguíneo; todos factores de riesgo. Bajo ese razonamiento más adelante pedirán historial médico completo para excluir a personas con problemas cardíacos o pulmonares, etc. Luego excluirán a personas de ojos cafés, piel oscura y preguntarán por afiliación religiosa etc. Esto no puede ser. Según recuerdo el régimen dictatorial de Manuel Estrada Cabrera terminó en 1920. Siendo médico comprendo las disposiciones sanitarias como uso de mascarillas, distanciamiento, higiene de manos y control de temperatura antes de ingresar al CC. Son disposiciones genérales que hacen sentido, y que yo apoyo. Dicho sea de paso, las personas encargadas del CC fueron corteses y actuaron sin prepotencia. Estaré enviando nota similar a la prensa. En el intervalo hay que hacer este mensaje VIRAL, que no causa fiebre, tos, etc., sin efecto adverso a nuestra salud. A la par de nuestra salud tiene que estar nuestra libertad.

En el contexto del virus chino se ha generado una plaga de gobiernos del miedo y Guatemala no ha escapado dicha peste.  La administración ha hecho una gran variedad de experimentos basados en prohibiciones caprichosas y destruccionistas que, en el mejor de los casos, no son más que expresiones del estado niñera, o de postureo moral, cuando no de auto engaño.

Las disposiciones contra la gente de más de 60 años (todavía me falta un año y tantito) infantilizan a las personas, y tendrán consecuencias psicológicas que no podemos imaginar.  La multiplicación de controles y de prohibiciones han hecho que muchas personas confundan la posibilidad de vivir por permisos, con la de vivir en libertad.  El estado niñera es una práctica que indigna porque les roba a los individuos la posibilidad de actuar de acuerdo con su mejor juicio, de una forma adulta y racional.

Si vemos los peligros del estado niñera rabioso, hay que advertir contra ellos y evitar que se consolide.


07
Mar 20

La libertad en peligro en tiempos de calamidad

Nada hace crecer al gobierno como una crisis. La gente se asusta, los políticos responden a ese miedo con promesas de que el estado intervendrá y mejorará todo, y el gobierno terminará siendo más grande y más poderoso. La pandemia del coronavirus COVID-19 amenaza una ola mundial de enfermedades, pero es lo más saludable que le puede pasar al poder del gobierno en mucho tiempo. Sin embargo, a medida que deja al gobierno con un brillo rosado, nuestra libertad terminará más demacrada que nunca, así dice un artículo por J.D. Tucille, publicado en la revista Reason; y estre curso de acción ya empezó en Guatemala

El miedo es real.  El otro día la vecina anciana de una amiga pasó al apartamento de mi amiga muy angustiada.  La anciana -que sospecho que se pasa buena parte del día viendo noticiarios- estaba notablemente asustada con todo eso del coronavirus. Es en ese ambiente que la gente está dispuesta a renunciar a la libertad y a aplaudir el engorde del estado y la multiplicación de oportunidades de arbitrariedad.

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En respuesta a los temores de la gente, la administración chapina se dispuso a hacer algo y de acuerdo con la Ley de Orden Publico decretó un Estado de Calamidad Pública. ¿Qué significa un Estado de Calamidad?  Que el Presidente de la República podrá tomar las medidas siguientes:

1) Centralizar en la entidad o dependencia que el decreto señale, todos los servicios públicos, estatales y privados, en la forma y circunstancias que el estado de calamidad pública lo requiera. Cuando se trate de servicios que presten entidades de carácter internacional, se procederá de acuerdo con los convenios respectivos.

2) Limitar el derecho de libre locomoción, cambiando o manteniendo la residencia de las personas, estableciendo cordones sanitarios, limitando la circulación de vehículos o impidiendo la salida o entrada de personas en la zona afectada.

3) Exigir de los particulares el auxilio o cooperación que sean indispensables para el mejor control de la situación en la zona afectada.

4) Impedir concentraciones de personas y prohibir o suspender espectáculos públicos y cualquier clase de reuniones.

5) Establecer precios máximos o mínimos para los artículos de primera necesidad y evitar su acaparamiento.

6) Ordenar la evacuación de los habitantes de las regiones afectadas o que estén en peligro.

7) Dictar las medidas adecuadas para el resguardo de las fronteras internacionales.

8) Tomar todas las medidas necesarias para que la calamidad no se extienda a otras zonas para la protección de las personas y de sus bienes.

Caricatura tomada de Facebook.

Por lo pronto, el presidente Giammattei ha advertido que hemos dado las instrucciones para que todas aquellas personas que divulguen noticias falsas podamos llevarlas a un proceso penal por hacer cosas que no son correctas. La primera baja va a ser la libertad de expresión y no está de más preguntarse:¿Quiénes, exactamente, y cómo, exactamente van a dererminar qué es verdad y qué no? ¿Cuál esel criterio que van a utilizar para definir qué es noticia? ¿Quiénes? Lo de procesar a personas que no digan lo que los políticos y burócratas quieren que digan, y en la forma en que quieren que lo digan, ¿va a ser de acuerdo con la Ley de Emisión del Pensamiento, o mediante un procedimiento arbitrario como parece implícito en la advertencia presidencial?

¿Te imaginas qué pasará si los políticos y burócratas disponen ponerles precios tope a mascarillas, desinfectantes y jabones? ¿Y si se los ponen a alimentos?  Lo que van a generar es escaseces de proporciones no vistas desde los años 70 y 80.  Quienes ya estábamos grandecitos para entonces recordamos cómo es que muchos productos desaparecieron de los anaqueles a causa de los precios máximos; y eso que no había miedo, ni calamidad.

¿Te imaginas qué pasará cuando a los políticos y burócratas chapines se les ocurra poner gente en cuartentena, en manos del sistema estatal de salud?

¿Te diste cuenta de que la administración ya le solicitó al Congreso que apruebe, de urgencia nacional, un endeudamiento de US$200 millones para enfrentar la calamidad?

Claro que frente a una amenaza como el coronavirus es prudente eliminar, o reducir las formas tradicionales de saludar, estornudar en la coyuntura el brazo y lavarse las manos con más frecuencia que lo normal; pero de eso a clamar por la intervención directa de políticos y burócratas en las vidas de la gente y de aquello a alimentar los apetitos estatistas hay la mar de peligros. Estas meditaciones no apuntan a que no deba haber acciones colectivas frente a la amenaza, ni que no haya lugar para la accion gubernamental; pero son una advertancia contra el peligro real de que el pánico aumente las formas en que políticos y funcionarios invaden las esferas de acción privada de las personas individuales. De cualquier manera, una cosa es lo que el gobierno quiere hacer y otra lo que puede hacer, tal y como señaló Henry Hazlitt, citado por Iván Cachanosky en un libro que te recomiendo: La conquista de la pobreza.

Los políticos son seres humanos y están sujetos al temor, incluido el miedo a ser rechazados por electores afectados por el pánico y que buscan que los funcionarios “hagan algo”. Por lo tanto, su instinto de explotar una crisis complementa su inclinación a calmar a los temerosos haciendo esfuerzos, incluso contraproducentes, para asegurar al público que todo estará bien, dice J. D. Tucille.

Y al final comparto ese  temor de que el coronavirus pasará; pero los daños a la libertad se enraizarán.

05
Dic 18

Etiquetado de alimentos, contra los más pobres

En el Congreso hay una iniciativa de legislación que fuerza a etiquetar alimentos con la idea infundada de que así la gente va a estar mejor informada acerca del tipo de comida que consume.  ¿Qué es lo que va a pasar si esa ley es aprobada?

Primero: En términos de salud no va a pasar mucho; ya que no hay evidencia científica, ni técnica de que la gente coma mejor porque haya una etiqueta que detalle el contenido de la comida que consume.  En Europa y en los Estados Unidos de América no se ha podido encontrar relación entre esta forma de etiquetado, o los sellos de advertencia con un impacto positivo en la salud de la gente, o contra las enfermedades que pretende evitar la medida.

Segundo: Como el etiquetado acarrea un impuesto -de entre 10 y 35&%- en la medida de lo posible ese costo va a ser trasladado a los consumidores, que van a tener que pagar más por la comida que comen.

Tercero: Si los precios de los alimentos suben lo suficiente, se abrirá una puerta para el contrabando.  El contrabando no es intrinsecamente malo. Eso sí, el contrabando es una consecuencia no intencionada de legislación que encarece o escasea artificialmente productos que no tendrían por que ser tan caros, o escasos. Los más pobres necesitan productos de contrabando para que sus ingresos les alcancen para llegar a fin de mes. ¿Dónde has visto que la gente prefiera pagar más por algo que puede conseguir por menos? Si los políticos y burócratas quisieran beneficiar a los más pobres, reducirían impuestos y los eliminarían, en vez de multiplicarlos y elevarlos.

La ley de etiquetado es un engendro del estado niñera, del estatismo y del populismo.  Va a empobrecer más a la gente que está más necesitada de conseguir comida barata.  Es cierto que mucha de esa comida causa problemas de salud; pero, ¿en serio cree, alguien, que una etiqueta con información va a detener a alquien que necesita consumir, o quiere consumir aquellas comidas?

Los más pobres van a pagar el pato de la arrogancia de los legisladores y de los grupos de interés que promueven este tipo de legislación.


22
Jul 18

“Oranjeboom”, crimen del estado niñera

Como en una pesadilla macabra inspirada en ideas de Naomi Klein, o en una película distópica, el hermoso diseño de las etiquetas de la cerveza Oranjeboom es parcialmente ocultado -si no violado- por una etiqueta anodina y ominosa de esas que impone el estado niñera.  Eso es un crimen contra la belleza.

¿Dime si no es hermoso el diseño de las etiquetas de esa cerveza? Los colores y la simplicidad de la etiqueta son genialidades del diseño gráfico; y algún empleado oficioso decidió hacer realidad hasta las últimas consecuencias -y en serio- la legislación que promueven algunos políticos, burócratas y grupos de interés para decirle a la gente cómo debe vivir sus vidas y criar, entre nosotros, infantes perpetuos incapaces de ser conscientes y responsables de sus propias ideas y acciones.

El estado niñera es ese conjunto de acciones políticas que, desde el gobierno y por medio de las facultades legislativas y coercitivas de las que gozan los políticos y burócratas da muchos avisos, o genera mucha legislación sobre cómo la gente debe de vivir sus vida, especialmente en material de comida, alcohol,  o el tabaco.

Y más espeluznantemente aún la decisión de tapar la marca y el diseño hermoso se acerca demasiado a la materialización de un mundo genérico, gris, igualitario, sin logos y sin marcas, y sin belleza. Un mundo oscuro donde todo es igual, todo es peligroso y tu,  eres considerado como incapaz de vivir sin la tutela omnipresente de quienes creen que tienen el derecho a orientar tu vida y a imponer sus criterios hasta sobre diseños bellos, obras de arte y tu buen juicio.


26
Ene 18

Seguro social, del monopolio a la libertad

La idea de un seguro social monopólico, en manos de políticos, tenía la buena intención de proteger a personas vulnerables frente a eventualidades como enfermedades, desempleo, vejez, o viudez.  Tenía la buena intención; pero salió mal.

Escucha el podcast aquí.

Estos son dos ejemplos entre centenares: 1) Llegué al IGSS con una alergia severa que me había obstruido la traquea y me dijeron que tuviera paciencia y que debía esperar tres horas.  Me fui a un hospital privado y me dijeron que debían practicarme una traqueotomía por lo tarde que había llegado a pedir ayuda.  2) El 17 de enero fue atropellado por un auto, fui rescatado por una ambulancia y me llevaron al IGSS, Me tomaron radiografías y la secretaria dijo que el traumatólogo me vería el 7 de marzo y no me quedó otra que aguantar el dolor e irme al trabajo a pesar de que tenía una fractura en el pie izquierdo.

Como las personas son forzadas a pagar el IGSS, ese dinero no lo pueden usar para pagar otros seguros más confiables; y ya que están pagado, esa es la primera opción para muchos, aunque luego tengan que ir a pagar extra a un lugar donde sí los atiendan bien.  El IGSS es el único palo para ahorcarse, al que acuden los más vulnerables, que son los más pobres cuando están necesitados.  Los que de verdad no pueden pagar otra opción, porque ya pagan el seguro social estatal y forzoso.

…y eso que no he mencionado que cada tanto, el IGSS es saqueado por los políticos y los burócratas, electos, o nombrados para custodiar y multiplicar los fondos que servirían para cuando las personas más vulnerables los necesitaran en sus momentos de pena.

El seguro social monopólico, político y estatal es un crimen.

Por eso es oportuna la publicación de la obra Del monopolio a la libertad, una propuesta para reformar el IGSS, por Alfonso Abril.  El libro no sólo describe la situación del IGSS, sino que explora ideas para proteger los intereses y la propiedad de los más vulnerables y, además, ofrece propuestas razonables y políticamente posibles para reformar el seguro social y no dañar más vidas humanas. Si te interesa el tema, honradamente, te recomiendo el libro.

Columna publicada en elPeriódico.


29
Jun 17

Seguros y una lección para aprender

En esta semana las redes sociales están llenas de sapos y culebras contra las empresas de seguros.  El caso es que circuló la carta de una aseguradora en la que se le informa a la familia de un asegurado -que falleció a balazos, víctima de un acto delincuenical- que el pago de la suma asegurada no procede.

La victima del acto criminal era una persona muy querida y respetada. Entonces, la gente -en línea-  se levantó en sumas indignación y ardimiento.

¿Qué podemos aprender de este asunto?

  1. Que es una razonable obligación de todo asegurado leer las clausulas del seguro que contrata, entender la naturaleza del mismo y en caso de dificultades, consultar y obtener asesoría sobre el mismo. También, informar a su familia acerca de la naturaleza del seguro, o seguros que ha contratado.
  2. Que hay distintos tipos de seguros y que hay distintos precios para los distintos tipos de seguros.  No es lo mismo un seguro de vida, que un seguro de accidentes personales y sueldos asegurados, por ejemplo.
  3. Que hay distintos tipos de coberturas dentro de un mismo tipo de seguros y que la calidad y cantidad de coberturas tiene distintos precios.
  4. Que todo ello está especificado en las pólizas, en los beneficios adicionales y en las exclusiones, así como en los endosos.

En casos como el que genera estas meditaciones es muy fácil irse por lo sentimental. ¿Cómo iba a ser de otra forma si hubo asesinato, hay víctimas, hay expectativas y hay decepciones?  Pero pasado el momento sentimental, lo mejor que podemos hacer es serenarnos y acudir a la razón.  ¿Para qué? Para recordar que podemos evadir la responsabilidad de tomar el control de nuestros asuntos; pero no podemos evadir las consecuencias de no tomar el control de nuestros asuntos.

El estado niñera nos acostumbra a delegar en políticos y burócratas decisiones tan importantes como, cuál es el plan de salud que tenemos, o cuál es el plan de invalidez, vejez y sobrevivencia con el que nos vamos a proteger. Nos acostumbra a que políticos y burócratas deciden cómo va a ser la educación de nuestros hijos.  Nos acostumbra a que son los políticos y burócratas los que nos quitan la responsabilidad de evaluar el banco en el que guardamos nuestros ahorros.  El estado niñera nos convierte en niños a merced de políticos y burócratas.

Cuando uno contrata un seguro, normalmenente toma la decisión de firmar los papeles sin leerlos.  No porque la aseguradora le impida leerlos, o quiera ocultar algo en ellos.  Esa es una decisión que uno hace, por cualquiera que sea la razón no sólo cuando contrata seguros, sino en otras circunstancias.  Uno lo hace, incluso, cuando baja software y hace uso de servicios en línea. ¿Quién de nosotros ha leído las condiciones de uso de Facebook, por ejemplo? ¿Cuántos de quienes están leyendo esto se quejan de que Facebook hace esto, o aquello…y no leyeron las condiciones en las cuales Facebook les presta el servicio gratuito?

Que pena y que decepción (en el peor de los momentos) cuando resulta que luego de un hecho que uno creía que estaba cubierto por su seguro, no lo está.  Comparto el sentimiento de quienes tenían expectativas.  Sin embargo, no puede atribuírsele a mala fe la improcedencia del pago de un tipo de seguro que no ha sido contratado.  Por más triste que sea el caso (y todos los casos son tristes), no es eso, sino los términos del contrato acordado, de forma libre, voluntaria y pacífica, lo que determina si procede el pago, o no.

¡Por supuesto que las aseguradoras no pagan los seguros más allá de lo acordado; y por supuesto que los beneficiarios tratarán de cobrar los seguros hasta dónde puedan! Pero no caben el pago, ni el cobro fuera de lo contratado.  ¡Por supuesto que cabe la posibilidad de fraude en ambas partes!  Empero, los tribunales de justicia son los encargados de dirimir las disputas y hacer justicia.

Para tratar de no llegar a aquellos extremos, la lección que podemos aprender de este caso es: Nos corresponde entender bien qué tipo de seguros contratamos; y si no tenemos tiempo para hacerlo por nosotros mismos, lo mejor es consultar con los expertos, que para eso son expertos.

Ilustración por Wikimedia Commons


27
Oct 15

Quiero mis butifarras, y la OMS a hacer puñetas

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En las vísperas del fiambre, a los burócratas de la Organización Mundial de la Salud se les ocurre decirles al los guatemaltecos y al mundo que los embutidos que tanto nos gustan podrían causarnos cáncer.  Saben qué vayan a freír niguas en sartén de palo, les diría mi tía abuela La Mamita.

Supongo que siempre he sabido (porque lo leí en algún lado) que la carne roja que tanto disfruto y esos gorditos bien asados del puyazo que tanto me gozo con limón, son cancerígenos.  ¿Pero qué sería la vida sin esos gorditos?  ¿Qué sería la vida sin jamón serrano, sin butifarras, sin tocino y sin entraña?  Puede que sea riesgoso abusar de aquellas comidas; pero ¿te das cuenta? La OMS puso aquellas delicias en el mismo canasto que el cigarrillo y el asbesto.

Si hay evidencia de que el consumo irresponsable de carnes rojas y procesadas produce ciertos tipos de cáncer; también es cierto que hay evidencia de que ese consumo no produce muchos casos de cáncer.

No voy a paniquear. La clave -como en muchas cosas- está en ejercer la virtud de la prudencia.  La prudencia es la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con moderación; es la recta razón aplicada a la acción.  Es decir: No me atoro todos los días de carnes rojas, ni de carnes procesadas; y me alimento con una dieta balanceada.  En palabras de mi abuela: Ni mucho que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

Dicho lo anterior, lo preocupante es que el estado niñera se vaya a tomar en en serio estas cosas.  El estado niñera (que es una forma de colectivismo) consiguió prohibir las gaseosas grandes en los cines de Nueva York (aunque luego esa decisión arbitraria fuera revertida por los tribunales); el estado niñera estropeó la cajita feliz; y conociendo como actúan los nazis de la alimentación, un día de estos intentarán prohibir las hamburguesas, los hot dogs y otras cosas deliciosas.  Ante el temor de que alguien, por ahí, fuera feliz comiendo lo que le gusta, los nazis de la alimentación no conocen límites para sus pretensiones de ingeniería social.

A mí, la OMS y su campaña negra contra las carnes rojas, las carnes procesadas, los embutidos y esas cosas, sólo me invitan a compartir el siguiente meme de mi cuate @manuelpm:

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Y para enterarte mejor, quizás quieras leer este artículo; y en todo caso ahí está lo que dijo Hannah Arendt: Los hombres, aunque han de morir, no nacieron para morir, sino para innovar; así que ¡a inventar nuevas recetas de hamburguesas y de otras ricuras así!


22
Oct 13

El estado niñera contra las sodas y otros alimentos altamente calóricos

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Los consumidores de aguas gaseosas, y comidas como  confitería, chocolates, cremas de maní y avellanas, dulces de leche, así como de alimentos preparados a base de cereales, cayeron víctimas del estado niñera en México luego de que la Cámara de Diputados aprobó impuestos específicos para esos productos.

¿Cuándo vendrán los impuestos sobre las pizzas, el pollo frito, las torrejas, los buñuelos, los colochos de guayaba, las canillitas de leche y los mazapanes; así como las hamburguesas, los hot-dogs y otras comidas?  Pero…peor aún…¿habrá legisladores chapines que crean que aquello es buena idea?  Ahora que Otto Pérez anda de amores con los mexicanos, ¿regresará con esas ideas en la cabeza?  Los pipoldermos mexicanos creen que con impuestos pueden disminuir la obesidad…o tal vez es otra cosa.

La amenaza del estado niñera está íntimamente ligada a las actividades del estado benefactor. Hace años, David Boaz explicó que muchos creen que la obesidad es un problema crítico de salud pública.  Incorrecto.  La obesidad es un problema para muchas personas, pero no es un problema de salud pública.  Al llamarlo así, sin embargo, los que así lo creen propician que los tributarios paguemos por los programas de dieta, las cirugías estomacales y los psicólogos de los demás. Saquen ustedes sus billeteras.

Empecemos a usar lenguaje honesto: fumar y ser obeso son problemas de salud.  De hecho, son problemas de salud muy extendidos.  Pero no son problemas de salud pública.  No se les debería requerir a los tributarios que paguen por conductas que otras personas han elegido individualmente.   Aunque talvez, si nuestros impuestos suben lo suficiente, ya no tengamos para comer demasiado.

Al final de cuentas sospecho que esta otra confirmación, por si hacía falta, de que gobernar es gravar para gastar, como dice mi cuate Osvaldo Schenone.