31
Ene 23

La guía telefónica

 

En la antigüedad había algo que se llamaba guía telefónica.  Era un librote en el que estaban registrados los números telefónicos con los nombres de sus titulares y las direcciones en las que estaban localizados.  Encontré dos de esos en mi casa, uno de 2019 y otro del fatídico año de 2020.

Yo creía que ya no existían porque con la Internet se fueron haciendo obsoletas; y me sorprendió hallar estas dos.

En la antigüedad eran muy útiles porque, por ejemplo, si yo quería llamar a un compañero de clases, pero no sabía su número de teléfono, pero si conocía sus apellidos, o el nombre de sus padres, o algo parecido, pues lo encontraba en la Guía.  Igual ocurría con negocios, o lo que se necesitara.

Para mí la Guía tenía otras utilidades.  Antes de los teléfonos inteligentes y de otros recursos de la modernidad, cuando yo necesitaba entretenerme y sólo había cuatro canales de televisión que funcionaban de 12:00 a 24:00 horas, o de 16:00 a 24:00 horas, tenía dos posibilidades: leía la guía telefónica, o leía un diccionario.  ¿Patético? Si…un poco…sobre todo porque antes de caer en aquello tenía la opción de leer enciclopedias, o la revista National Geographic, antes de que se volviera insoportable.


29
Ene 23

Adiós a Lloyd Morrisett

Lloyd Morrisett fue uno de los creadores de Plaza Sésamo un programa que, aunque fue creado para enseñarles las primeras letras a niños en edad preescolar, tuvo impacto en otros niveles. Morrisett, fue cofundador de la serie junto a Ganz Cooney y Jim Henson

En los años 70  yo veía el programa junto a mis hermanos.  En mi casa había muñecos de Enrique y Beto.  Tengo dos escenas favoritas:

Una es Maná maná que todavía me causa mucha risa cuando lo veo:

La otra escena que no encuentro.  En ella un personaje habla por teléfono y dice:

Hola, Lola.  Habla Carlitos O.  Me gustaría saber si quieres ir conmigo al baile de los bomberos.

Me causaba mucha risa el tono de voz de Carlitos y por quién sabe por qué, también me divertía la situación.

En fin, adiós a Lloyd Morrisett que falleció el 23 de enero pasado a la edad de 93 años.


26
Ene 23

Sopas del corazón y del recuerdo

 

Hay dos sopas que me encantan por deliciosas y porque me traen muy buenos recuerdos.  Sus aroma, sabor y textura tienen el poder de transportarme en el tiempo y el espacio. Una es la sopa de ajos, de la que escribí en diciembre pasado, y la otra es sopa de arroz con menudos de pollo.

Igual que la sopa de ajos, la de arroz con menudos también es comfort food que tiene propiedades curativas no sólo para el cuerpo, sino para el alma.   Tenía añales de no comerla y la extrañaba bastante.

Lleva arroz, caldo de pollo, menudos, tomate y se sazona con clavo de olor, la clave es el clavo de olor.  En casa de mis padres y de mis abuelas se hacía con los piecitos y el cuello del pollo y se picaban los menudos; pero en mi casa se hizo con los menudos enteros y así me gusta más.  En su orden, me encanta comer los corazones, las mollejas y los hígados.  Cada uno con su textura particular.

Me ocurre, como con la sopa de ajos, que comer esta delicia es como recibir un abrazo.

En los años 80 y 90 solía comerla en un restaurante tradicional que quedaba cerca del kilómetro 100 de la carretera panamericana; pero modernizaron el lugar y dejaron de servirla, lo cual fue una lástima.


03
Ene 23

Hermoso mapa turístico de Guatemala

 

Este hermoso mapa turístico de Guatemala siempre me ha encantado.  Había uno en la Recepción del hotel Casa Contenta, en Panajachel, y cuando era niño no me cansaba de verlo.

De chico me gustaba mucho lo elegante que era la gente; el mapa es de mediados de la década de 1940 y los personajes de abajo retratan la moda de aquellos años.

Me gustaba mucho lo bien ilustrado que estaba y también identificar lugares cuyos nombres conocía, aunque no los había visitado todavía. Me llamaban mucho la atención los barcos en el océano Pacífico y en el Atlántico y el avión cerca de Salamá, y también el ferrocarril.

Me fascinaba con las minas de oro en Izabal porque mi abuela, Frances, contaba que su abuelo bajaba con aquel mineral cargado en mulas, desde aquel Departamento.

Recién ahora noté que en el norte, bien al norte, se ve El Mirador, en el reino Kan, aunque no está identificado.  Yo visité ese sitio fascinante a pie y a lomo de mula en 2005. He visitado la mayoría de lugares mencionados en el mapa, y varios más; pero me faltan varios y en realidad uno nunca termina de conocer este país precioso.

El mapa fue hecho por Delfino Sánchez Latour e impreso por la Litografía Byron Zadik que en aquel entonces producía verdaderas bellezas como las litografías de trajes típicos, por Carlos Mérida que perdí por menso.  El mapa fue publicado por la Comisión Nacional de Turismo.

Mi bisabuela, Adela, era la propietaria del Casa Contenta.


23
Dic 22

¡Me encantan estas fiestas!

 

En mi casa, nochebuena y navidad huelen a pinabete y a manzanillas, huelen a tamal colorado y a tamal negro, huelen a pólvora, a ponche de frutas y a pavo relleno con la receta de mi bisabuela, Mami, cuidadosamente interpretada para adaptarla a nuestro gusto.  Es muy posible que la receta se remonte a Minnie, la madre de mi bisabuela.

¿Te la comparto?  Cortas pan francés del día anterior en cubos y los remojas en vino blanco; remojados los cubos, no empapados.  Picas los menudos del pavo y los fríes en mantequilla abundante y los sazonas con sal y pimienta.  Añades cebolla y apio picados fino.  A esa mezcla le sumas castañas y champiñones en rodajas y vuelves a sazonar.  Ahora es el momento de agregar salvia en polvo y perejil picado fino.  Cuando esa mezcla ya está unificada le añades el pan remojado en vino y te aseguras de que la mezcla quede pareja y vuelves a revisar la sazón.  El pan debe integrarse a los ingredientes anteriores; pero no debe convertirse en una masa.  ¡Esa es la clave!

Para mí, el pavo es sólo un vehículo para conseguir el relleno horneado.  Este último es mi parte favorita, aunque, la verdad sea dicha, nunca le digo que no a una buena rodaja de carne oscura.  Mami decía que comer pechuga es como comer sábana; y aunque en casa nunca nos sale reseco el pavo, estoy de acuerdo con mi bisabuela.  Por mucho, ¡prefiero la carne oscura!

Todo aquello, sin embargo, no tiene la menor importancia si no es compartido con personas que amo, o por lo menos que les tengo cariño.  En casa, en realidad, celebramos el solsticio de invierno, yuletide, las saturnalias, el cumpleaños de Newton, la nochebuena y la navidad.  Celebraríamos kwanza, ¿por qué no? Algunas de aquellas personas están presentes, y otras están en el recuerdo.

No tengo pruebas; pero tampoco tengo dudas de que los abrazos navideños de los seres queridos…e incluso de desconocidos son los mejores.  Desde que era niño, cuando mis padres nos despertaban a mis hermanos y a mi a la media noche, con el coheterío, y nos bajaban a la sala para ver la casa iluminada y los regalos, mi parte favorita eran los gritos de ¡Feliz navidad! y los abrazos.  Dime si no es dulce y encantador el momento de los abrazos.

Actualmente, en casa cenamos temprano y aprovechamos las visitas de familia y amigos.  Pero en aquel tiempo la cena se servía a la media noche porque la fiesta seguía hasta que los adultos quisieran.  De modo que al bajar había aromas, sabores, texturas y sonidos que fueron sumándose al baúl de los recuerdos más queridos.  El sonido de mi tortuga aporreada con un chinchín pintado con nij, por ejemplo. La letra y la música de A la rorro niño… y de O Tannembaum, para mencionar algo más.

Ya un poco mayor, ¿quién podía impedir que despenicáramos una ametralladora de cohetes y nos dedicáramos al antiguo arte de quemar uno por uno los petardos? ¿Quién podía evitar que fumáramos el cigarrillo que usábamos para encender los cohetes? ¿Quién podía evitar una guerrita?

Para mí, y en casa, estas fiestas son para vivirlas del modo en que nos hace felices.  Son para conectarnos con las generaciones que nos han precedido y con las que están llenando sus propios baúles de recuerdos.  Son para celebrar la vida; de modo que, a ti y a tu familia, desde estas líneas y desde nuestros corazones, les deseamos paz, salud, prosperidad y amor.

Columna publicada en elPeriódico.


21
Dic 22

Sopa de ajos para el alma

 

La sopa de ajos o sopa de pan era tradicional en casa de mis padres cuando los niños nos enfermábamos.  En el almuerzo, o en la cena, dudo que hubiera algo mas reconfortante y era como recibir un abrazo.

Pues…hoy tuve antojo de comerla y si…si es como recibir un abrazo.

¿Sabes? Tenía como 30 años de no comerla y ayer en la cena sentí lo que sentía cuando mi madre llegaba con esa sopa a la cama y estaba debilitado por alguna fiebre, o algo parecido.  No dudo que los ajos tengan propiedades medicinales y, de hecho, confío en los ajos para mantener mi presión baja; pero la textura de esa sopa y los recuerdos que trae también son provechosos…aunque uno no esté enfermo en cama.

¿Cómo se hace? Pones aceite de oliva en una olla y doras los ajos a fuego lento.  ¿Cuántos ajos? Depende de cuántos panes.  Ja, ja, ja.  A mi me gusta que se sienta el sabor a ajo así que le pongo dos ajos por cada pan francés normal.  Aaaaah, pero antes de dorar bien los ajos se pone el pan francés a remojar en agua.  Cuando ya están dorados los ajos se pone el pan mojado en un colador (de aquellos coladores de frijoles de antes) y se cuela el pan sobre los ajos y el aceite.  Luego se sazona; y aquí viene un truco.  Cuándo estábamos enfermos la sopa solo era sazonada con sal; pero como es tan deliciosa y la comíamos en otras ocasiones, en la cocina la sazonaban con un toque, pero sólo un toque de consomé de pollo.  Eso eleva la experiencia y así es como más, más me gusta.

Para mí, la sopa de ajo es la comfort food por excelencia y tiene la propiedad de hacerme sentir arropado, me hace viajar en el tiempo y en el espacio, y ha creado -aquí y ahora- algo bastante cercano a lo que la gente conoce como magia.


16
Nov 22

Una pantera negra

 

Ahora que dicen que una pantera negra escapó de un circo y ronda por El Naranjo, me acordé de dos cosas: la película Cat People y una canción que me cantaba mi papá.

Cat People es una peli con Malcolm McDowell y Natasia Kinsky, un film erótico y de horror que en 1982 no fue entendida.  Fue fascinante la actuación hipnótica de Natasia Kinsky y fue fascinante el simbolismo de las panteras.

La canción a la que me refiero es Siete leguas, el caballo.  Su tema es un caballo de Pancho Villa que en su parte conducente decía:

Adiós torres, de ChihuahuaAdiós torres de canteraYa vino Francisco VillaA quitarles lo panteraYa llego Francisco Villa a devolver la frontera.

Todo inconexo, una pantera en El Naranjo, una peli ochentera y algo de nostalgia por una canción y momentos entrañables.


03
Nov 22

¿Quién leía guías telefónicas?

 

Cuando yo era niño y adolescente, y hasta digamos 1998, minutos más, minutos menos, las guías telefónicas eran imprescindibles en todo hogar y en toda oficina.

La Internet acabó con su utilidad práctica y…¿todavía existen? Hallé las dos de la foto en mi casa ahora que estamos haciendo limpieza general y me dio algo de nostalgia.

A mi siempre me ha gustado leer;…y…a veces…por no se qué razón extraña, leía diccionarios, o la guía telefónica. Ja ja ja.  No es que no hubiera mejores cosas que leer en casa; pero me daba por aquello.  Otras cosas que leía en esa misma dirección eran las biografías breves que venían en el Algebra y en la Matemática de Baldor.  No hacia los ejercicios ni aunque me pagaran; pero me encantaba leer las biografías.

¿Alguien más ha leído diccionarios y guías telefónicas?


09
Oct 22

Descubrimiento del Milano-Torino…y algo más

 

Como no sea del Amargo de Angostura,  no soy fan de las bebidas con aquel sabor.  Por eso nunca le hallé el gusto al Campari, por ejemplo.  ¡Pero mi vida ha cambiado desde el jueves pasado! Desde que conocí el cóctel Milano-Torino.

Cóctel Milano-Torino.

El Milano-Torino es un cóctel preparado con una parte de Campari y otra de vermuth italiano rojo.  Servido con Artisan Ice, me ha descubierto un mundo que no conocía.  Siempre me ha gustado el Vermú, especialmente mitad rojo y mitad blanco con un twist de mandarinas.  Pero el Campari no se ganaba mi corazón.

El vermú era una de las bebidas que mis padres nos dejaban, para celebrar el Año Nuevo cuando ellos se iban a parrandear y mis hermanos y yo recibíamos el nuevo año con mi abuelita Juanita y su hermana, La Mamita.

Al Campari lo conocía desde siempre porque en casa de mi tía Sylvia siempre había y yo veía a mi madre tomarlo con jugo de naranja; pero me parecía demasiado amargo.  Amargura que disminuye y toma carices delicados cuando se mezcla con el vermouth. Además, el Artisan Ice, un hielo cristalino sin burbujas de aire, le añade magia a la bebida.

Campari, con “Artisan Ice”.

El jueves también conocí el Negroni, un cóctel que se hace con una parte de Campari, una de vermouth y otra de ginebra.  Esta última no me era ajena porque mi padre era el dios viviente de los martinis, que preparaba shaken, not stirred, como para James Bond.

El Negroni se me atravesó en los años 80 cuando mi abuela, Frances, era bar tender en el Hotel Cacique Inn, de Panajachel (que era de su hermana, mi tía Adelita); pero no quise probarlo por mis prejuicios contra la amargura (en las bebidas, en las comidas…y en la vida).  Un error lamentable que ha sido enmendado.

…ah, no olvides cáscara de naranja para el Mi-To y para el Negroni.

¿Por qué te cuento esto? Porque nunca es tarde para descubrir y aprender y para enmendar errores; y por lo importante que es la familia para aprender a disfrutar de los placeres, con moderación y joie de vivre.


25
Sep 22

Familia que celebra la hora del cóctel unida…

 

Familia que celebra la hora del cóctel unida, permanece unida.  Aquello se me ocurrió mientras, en casa, tomábamos un Licor 43 al atardecer.

El Licor 43 siempre me da algo de nostalgia porque era uno de los que había en casa de mis padres, y como a los niños se nos permitía un plus, o algo parecido de cuando en cuando, nos lo servían con hielo, o con leche.  Era delicioso el toque de 43 en la leche.

También me cae en gracia porque un día andaba yo por el aeropuerto de la ciudad de Panamá cuando pasé a una tienda de licores duty free en busca de Licor 43 porque en ese tiempo no estaba de moda, ni se conseguía en Guatemala. Me acerqué al dependiente y le pregunté: ¿Tiene 43? y me contestó . Acto seguido fue a la trastienda y trajo una botella.  El ver la botella el hombre que estaba a mi lado, en el mostrador se rió con ganas y me dijo: Pensé que estaban apostando y que usted le había apostado al número 43.

Ahora el Licor 43 está de moda para hacer carajillos y me alegro porque siempre me trae recuerdos gratos. ¿Qué otros licores parecidos me traen recuerdos gratos?

  • Apry, de Marie Brizard
  • Calisay, que no se si todavía se consigue
  • Pastis, de Pernod Ricard