11
Jul 26

Adiós a Bonnie Tyler

 

Bonnie Tyler, a quien seguramente recuradas por Total Eclipse of the Heart, éxitazo de 1983, fallecio el 8 de julio del 2026.

Bonnie Tyler. Foto por Stefan Brending, via Wikimedia Commons.

Total Eclipse of the Heart es una de esas canciones que me transportan en el tiempo y el espacio. En 1983 yo solía decir que era la canción perfecta, con la voz perfecta, la música perfecta y el vídeo perfecto. Tal vez porque mi corazón estaba eclipsado; pero escúchala con los ojos cerrados y dime si no es una canción objetivamente bellla.

Every now and then, I get a little bit restless
And I dream of something wild.

A Bonnie Tyler también se le recurda por otra canción que es como el tunel del tiempo para mí: It´s a Heartache, de 1977.

It’s a heartacheNothing but a heartacheHits you when it’s too lateHits you when you’re down.

A ella también le debemos Holding out for a hero, de 1984.

I need a hero
I’m holding out for a hero till the end of the night
He’s gotta be strong and he’s gotta be fast
And he’s gotta be fresh from the fight
I need a hero (Hero)
I’m holding out for a hero till the morning light (Hero till the morning light)
He’s gotta be sure and it’s gotta be soon
And he’s gotta be larger than life
I need a hero
I’m holding out for a hero till the end of the night.

Recientemente, vídeos del basquetbolista Jordan Lucas han vuelto a poner de moda esta cancion de Tyler.

Adiós, Bonnie Tyler, gracias por tanto.


25
Jun 26

Encontré la casa de mi bisabuela

 

Como consecuencia de los terremotos de 1917-1918, mi abuelita, Juanita, me contó que la embajada de los Estados Unidos cayó en el patio de la casa de su mamá, mi bisabuela, Gilberta Cabrera. Esto es sobre la Quinta avenida y 15 calle de la zona 1.

A la derecha la casa de mi bisabuela, Gilberta Cabrera, sobre la Quinta avenida sur de la zona 1. La foto es de la colección Taracena/Cirma.

¡Hoy me topé con una foto de esa casa! ¿Dónde? En La nueva Guatemala antes y después de los terremotos de 1917-1918, por Arturo Taracena Flores, que es la segunda edición ampliada de Los terremotos de Guatemala, álbum gráfico conmemorativo del cincuentenario por el mismo autor. Esta primera edición ya la conocía gracias a mi cuate Jorge Mario Zebadúa, cuyo abuelo, José García Sánchez, había tomado las fotos.

La casa, por cierto, le fue heredada a mi bisabuela, doña Gilberta, por su madre doña Joaquina Cabrera. El inmueble fue abandonado y vendido años después por mi abuela y sus hermanos, durante un proceso azaroso que, seguramente, algún día contará mi sobrino, Luis Andrés Schwartz.

La foto muestra portones de acceso con arcos, propios de la arquitectura de la época; pero no sé si sólo uno, o los dos accesos eran de la residencia en cuestión. Lo más interesante es que también muestra puertas comerciales porque doña Gilberta era agricultora y comerciante. Mi abuelita, Juanita, me contó que durante un período de gran escasez de harina y de pan, en la ciudad de Guatemala, previo a los sismos de 1917-1918, su mamá había establecido en su casa una panadería, negocio que había tenido que cerrar porque en su afán de conseguir pan, la gente se agolpaba y causaba destrozos en el establecimiento. Las puertas que se ven en la foto seguramente sirvieron para la panadería. Quién sabe para qué servían el 24 de diciembre de 1917, víspera del primer terremoto catastrófico.

Así se veía el consulado antes de los terremotos de 1917 y 18. La foto la tomé de Facebook.

Como dato adicional, en el predio que ocupó aquella casa después fue establecida la panadería Esperanza. ¿Eso fue porque había hornos en el inmueble, o fue casualidad?

El caso es que en la primera edición del libro de Taracena no vi la casa de mi bisabuela, y la foto que vi hoy debe ser parte de la ampliación de la edición original. Hay dos fotos que se le aproximan. Una es de la entrada principal de la legación o consulado de los EE. UU., edificio que fue consumido por las llamas en 2025 y donde durante muchos años estuvo la sastrería Azurdia Siliezar; pero no se ve la casa que estaba a mano derecha, sobre la Quinta avenida. La otra es una toma desde la Quinta avenida y 15 calle, en la que tal vez se atisba la casa de mi bisabuela a mano derecha; y en la que se ve re bien un negocio de italianos que mencionaba mi abuelita porque ahí vendían bon vino.

Quinta avenida sur, de la actul zona 1. Foto tomada desde el viejo parque Concordia, el actual Parque Enrique Gómez Carrillo. La foto la tomé de Facebook.

Esta nueva edición del libro de Taracena fue posible gracias al patrocinio de Cementos Progreso, empresa que con su producto —más estable y seguro que los adobes, tejas y bajareque— hizo posible la reconstrucción de la ciudad devastada.

Y así, entre portones de arcos y puertas de panadería, la memoria de doña Gilberta y de aquella esquina de la zona 1 revive en las páginas de un libro que rescata lo que los temblores y el tiempo borraron.


26
Mar 26

Tesoro que regala el mar

 

Dos piezas de vidrio de mar recogimos de la playa el sábado pasado y no te imaginas la alegría que me dio. Fue como encontrar un tesoro, y además fueron dos. ¿Qué probabilidades hay de encontrar una junto a la otra?

Raúl recogió las dos piezas de vidrio de mar, entre la arena.

El vidrio de mar, también conocido como vidrio marino, es uno de los tesoros más encantadores que regala el océano. Es un fragmento de vidrio que alguna vez fue parte de una botella, un frasco, una vajilla o incluso restos de un naufragio, que el mar ha transformado completamente.

El proceso de su transformación es fascinante: un trozo de vidrio roto, con bordes afilados y superficie brillante, cae al mar. Durante décadas (a veces hasta 200 años) las olas, la arena y la sal lo golpean, lo ruedan y lo erosionan sin parar. Poco a poco la pieza pierde sus aristas cortantes, se redondea, adquiere una textura suave al tacto y un acabado mate o escarchado.

El resultado es una pequeña gema translúcida, opaca y preciosa que parece una joya natural; pero que en realidad es reciclaje del océano. El vidrio de mar fascina porque cada pieza es única en forma, color, tamaño y textura. Además, a aquellos que no perdemos la capacidad de maravillarnos, nos cuenta una historia antigua: puede provenir de botellas del siglo XIX, de naufragios o desechos que el mar ha perdonado y convertido en belleza.

Una historia de perder piedras

Hace unos 30 años, en la playa de Monterrico, conseguí un vidrio de mar de color verde. Era precioso y de buen tamaño, y lo tuve muchos años guardado en una gaveta hasta que, en un inexplicable arranque de limpieza arbitraria, lo eché a la basura. 

Para cuando me di cuenta de lo que había hecho, lamenté mucho mi descuido. No solo por la pérdida de la gema, sino porque me recordó que cuando era niño perdí un rubí brasileño sin pulir que mi padre llevó a casa; me recordó que en la primaria perdí una piedra de alisar tusas para hacer cigarrillos, que me regaló mi abuelita Juanita. ¿A que no sabías que había cigarrillos de tusas? ¿A que no sabías que las tusas se alisaban a mano con una piedra extraordinariamente gentil al tacto? Me acordé de que hace unos 25 años perdí una de las dos piedras verdes mayas que me regaló mi abuelita Frances.

¿Ves que tengo una historia de perder piedras? Por lo pronto cuidaré mi tesoro de vidrio de mar. El mar no solo borra aristas; también nos recuerda que lo que hoy parece insignificante puede convertirse, con tiempo y paciencia, en algo que nos emociona como niños. Y que algunas pérdidas duelen precisamente porque nos enseñan a valorar lo que aún tenemos.


14
Ene 26

Encanto perdido y correo navideño

 

Una de las cosas que me hace feliz, del modo en que los niños son felices, es recibir tarjetas de Navidad. Yo solía enviarlas y recibía algunas. Este año recibí la de mi amiga Rachel y me alegró mucho.

Las tarjetas de Navidad me activan la nostalgia y me recuerdan mi niñez, en la casa de mi abuela Frances, porque ella recibía (y enviaba) cerca de un par de cientos de ellas y siempre era alegre ver cómo las abría y el gusto que le daba saber de quienes las enviaban. 

Era alegre ir a comprarlas a la Papelería Helvetia, en la Sexta Avenida de la zona 1. También me entretenía ayudarla a pegar las estampillas postales en los sobres, tarea que ella demandaba que se hiciera con cuidado. A veces yo traveseaba al colocar una estampilla al revés y ella se incomodaba porque parecía un descuido y porque había cierta elegancia en que las estampillas fueran bien colocadas. Ella siempre usaba estampillas y no las máquinas porteadoras porque era más chulo.

Como fui filatelista en aquellos años, yo esperaba con ansias las tarjetas que venían de otros países y traían estampillas. De modo que no sólo las tarjetas y sus buenos deseos y noticias eran bienvenidas, sino que también los sellos postales.

Aquí en Guatemala políticos y burócratas corruptos acabaron con el correo y, francamente, no es algo que haga falta en el siglo XXI desde un punto de vista utilitario y eficiente. Sin embargo, desde una perspectiva epicúrea y nostálgica, enviar y recibir tarjetas de Navidad (o de fin de año) —aunque es una de esas cosas que ya no hacemos— tiene su encanto.

Y en un mundo acelerado y digital, quizás recuperar esa pequeña ceremonia de escribir con calma, pegar con cuidado y esperar con ilusión sea un regalo verdadero: un recordatorio de que la felicidad a veces llega en un sobre.


25
Oct 25

Adiós a June Lockhart

 

A la edad de 100 años falleció June Lockhart, la inolvidable Maureen Robinson en Perdidos en el espacio, la serie original de 1965. ¿Quién, de mi generación, no vio Perdidos en el espacio? En la serie era la esposa de John Robinson, y la madre de Judy, Penny y Will Robinson. Aquella serie fue una de mis favoritas en su momento. No es exagerado decir que June Lockhart fue parte de la edad dorada de Hollywood.

June Lockhart como Maureen Robinson. Foto de dominio público, via Wikimedia Commons.

Leí que su personaje en aquella serie había inspirado a muchas chicas a ser científicas y no me extraña. Maureen Robinson era el perfecto balance entre una madre responsable y una científica respetable seleccionada para colonizar el espacio. ¡Ah, en los años 60 el espacio y los viajes interplanetarios maravillaban a muchísimos de nosotros! ¿Quién, de mi generación, no tuvo un modelo del Eagle y del Apolo 11? June Lockhart fue una protagonista de aquellos sueños.

La actriz también participó en Lassie (1958); pero, aunque yo veía Lassie en los 60, no la recuerdo.

Adiós, June Lockhart. Gracias por ayudar a encender la imaginación de una generación entera.


16
Oct 25

Viaje a la imprenta de antaño

 

De la antigua Tipografía Sánchez & De Guise, lo que había en mi casa era un folleto con los alabados propios de la novena navideña, del tipo que empezaban con versos como A la ro, ro, niño, a la ro, ro ro… El librito se guardaba en la misma caja en la que estaban la tortuga, los chinchines y los guacales para la orquesta infantil.  Lamentablemente se perdió el folleto, pero quedaron los recuerdos entrañables.

Una visita a este espacio es un viaje en el tiempo.

Cuando yo vivía en Ciudad Nueva, en la zona 2 y estudiaba en el Liceo Minerva, ubicado en la Primera avenida y 3ª. calle de la zona 9, la camioneta 2 me llevaba por la 8ª. avenida de la zona 1 y pasaba frente a la tipografía. El lugar siempre me llamó la atención y no fue hasta ahora que lo conocí. Fui ahí porque mi amiga, Sylvia Valiente, presentó su libro Las aventuras de Yaxúm B´alam en las tierras mayas. Como, en otra etapa de mi vida, trabajé en una imprenta, la maquinaria antigua de esa industria suele llamarme mucho la atención. Además, en los años 70, uno de mis columnistas favoritos era Guzmán de Alfarache (José Calderón Salazar) y él solía mencionar esta tipografía en sus columnas.

Se conservan máquinas, materiales, tintas, productos y más.

La Tipografía Sánchez & De Guise, era una imprenta histórica de la Ciudad de Guatemala activa desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, era famosa por imprimir materiales devocionales católicos, incluyendo libritos, o folletos para estas tradiciones. Estos libritos de cantos, a menudo en formato pequeño y accesible (como pliegos o cuadernillos ilustrados), se distribuían ampliamente para facilitar las posadas en hogares y comunidades. También imprimía un almanaque célebre que incluía pronósticos meteorológicos, mareas, santorales, efemérides, predicción de la canícula y consejos agrícolas, y era una herramienta importante para agricultores y familias —especialmente al nacer un niño, por su sección de nombres y fechas religiosas—.

Este hermoso piano acompaña a la maquinaria de imprenta.

La imprenta operó por casi un siglo y cerró en 1991debido a cambios en la industria gráfica. Su legado perdura y el inmueble, con su maquinaria, fue restaurado y reabierto como Casa Municipal Antigua Tipografía Sánchez & De Guise. Funciona como un museo de la imprenta y espacio cultural en la 8ª. avenida y 12 calle de la zona 1. Alberga máquinas históricas, muestras de impresiones (como sellos y tomos temáticos) y organiza actividades culturales, exposiciones y talleres sobre artes gráficas. Tel.: 2285 8950/51/ 52 y 55. cmantiguaimprentasanchez@gmail.com

@luisficarpediem

Antigua Tipografía Sánchez & De Guise #museo #tipografia #maquinas #luisfi61 #nostalgia

♬ Spanish Dance, Opus 5, #5 – Enrique Granados


03
Sep 25

Mi padre, héroe de los caballitos

Debo haber estado en primer grado de Primaria, o poco antes. En aquel tiempo, mi padre nos llevaba a mi hermano y a mí a los caballitos y cabritas de la Avenida de las Américas, ¿las recuerdas?

Así eran las carretas de cabritas en la Avenida de las Américas. La foto la tomé de Guatehistoria.

Pues resulta que un domingo de tantos, mientras los dos paseábamos tranquilamente en una carreta de cabritas, se armó un barullo. Un caballo corría desbocado del otro lado de la pista, del jaco colgaba una niña y la gente gritaba. Entonces, mi padre corrió, atajó al rocín, lo detuvo y ¡salvó a la niña!

Sobra decir que ese día mi padre fue el héroe de la ocasión. Mi hermano y yo volvimos emocionados y orgullosos a casa, de ese modo tan especial en que los niños se sienten orgullosos de sus padres cuando actúan lo más cerca de Batman y Supermán que uno puede imaginarse.

Lo de los caballitos y cabritas era una operación de una empresa que se llamaba Mi Jacalito, ubicada al final de la Avenida Hincapié. En las tardes, era chulo ver cuando el equipo y los animales volvían a su lugar de origen en un desfile peculiar. Cuando uno era chico, montaba carretas con cabritas; luego pasaba a los caballos, donde un muchachito lo amarraba a uno a la silla y conducía al potro con una correa. Era muy importante ese rito de paso que era dejar la carreta y subir al caballo, rito que se coronaba cuando a uno ya lo dejaban llevar las riendas.

De todo aquello me acordé cuando vi la foto que ilustra esta entrada. Y es que los recuerdos de infancia, como este, tienen una magia especial: nos conectan con aquellos momentos en que el mundo era más simple y nuestros héroes, como mi padre, eran más grandes que la vida misma.


27
Ago 25

Adiós a Manuel de la Calva

 

Aunque es de 1988, Resistiré es la canción más recientemente icónica del Dúo Dinámico, en buena parte porque fue una especie de himno durante los encierros forzados del 2020. Desde la primera vez que la oí —hace 37 años— ha estado en mis playlists de favoritas. Ayer falleció Manuel de la Calva, quien, junto a Ramón Arcusa, integró aquel célebre par que nació en 1958.

Manuel de la Calva y Ramón Arcusa. La foto es de Por Iberia Airlines – Flickr: 1968. Dúo Dinámico, CC BY 2.0.

Mi estrofa favorita dice:
Cuando me amenace la locura
Cuando en mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura
O si alguna vez me faltas tú
.

 

El Dúo Dinámico tiene otras canciones que me gustan y traen recuerdos. Una de ellas es ¡Oh, Carol!, que acabo de bailar en una boda a modo de Canta como si nadie te estuviera escuchando, ama como si nunca te hubieran herido, baila como si nadie te estuviera mirando.

Otra es Amor de verano, que tengo presente desde que era niño y que me recuerda a Xela Stereo y las vacaciones de adolescente que pasaba en Panajachel.

Finalmente, Esos ojitos negros, con su tonada inconfundible, me hace viajar en el tiempo.

Adiós, Manuel de la Calva, y gracias por la música que marcó generaciones y sigue resonando en nuestros corazones.


23
Jul 25

Oda al huevo frito

 

Tenía más de 25 años de no hacer huevos fritos a la vieja usanza. No solo disfruto de su sabor, sino de su textura y del sonido que hacen cuando se fríen. Esta vez usé aceite de oliva, pero los próximos los haré con manteca de cerdo.

Huevos fritos en sartén de hierro y aceite de oliva.

En esta ocasión usé la sartén de hierro fundido, pero antes los hacía en un recipiente de barro. Para que este método funcione, uno y otro deben estar bien, bien curados.

Me gusta acompañar los huevos con buen pan, y los huevos fritos se merecen el mejor pan posible, de preferencia de masa madre. Aunque a mí no me gusta el pan de masa madre si es demasiado ácido. También sirve el pan de semillas o el pan de centeno. Antes los comía con pan francés de horno de leña, pero ese ya no me es fácil de conseguir. Los de la foto los comimos acompañados por frijoles parados y chirmol.

@luisficarpediem

Huevos fritos a la vieja usanza, frijoles colorados, chirmol, campurradas y jalea de ciruelas. Café con leche. #desayuno #huevos #huevosfritos #frijoles #cafe #alimentos #alegria #luisfi61

♬ sweet day – nanaacom

En casa hemos eliminado las grasas basura y para el diario preferimos aceite de oliva, mantequilla y manteca de cerdo. Para ciertos casos muy específicos admitimos aceite de maíz.

¡Que vivan los huevos fritos! Y que nunca falten en la mesa, porque un buen huevo frito es más que comida: es tradición, es memoria, es pura alegría.


16
Jun 25

Adiós a Brian Wilson

 

California Dreamin´ es una de esas canciones que, cuando la escucho, quiero cantarla; y no precisamente porque sueñe con Sovietfornia, sino porque es buena música, con una letra encantadora. Te cuento esto porque Brian Wilson, co fundador de los Beach Boys, falleció el 11 de junio pasado; y la suya fue una vida muy triste.

La canción, por cierto era de The Mamas & The Papas (1965); y ambas versiones me gustan mucho.

La primera vez que fui a Las Vegas fue para un Freedom Fest, y me hospedé an un hotel -que ya no existe- de temática playera. El caso es que en las áreas comunes se oía mucha música de The Beach Boys. Eso me causaba mucha gracia no sólo porque me gusta esa música, sino porque nunca había estado, ni he estado, en un hotel temático. 

Adiós a Brian Wilson.