14
Oct 21

¿De qué ideología hablan?

 

En esta ideología, el pasado no puede entenderse en sus propios términos, sino que debe juzgarse a través de la moral y las costumbres del presente, dice Bari Weiss en un artículo titulado Llegamos aquí por cobardía. Salimos con coraje, publicado en Commentary.

En esta ideología, las palabras son violencia. Pero la violencia, cuando la llevan a cabo las personas adecuadas en pos de una causa justa, no es violencia en absoluto. En esta ideología, la intimidación está mal, a menos que estés intimidando a las personas adecuadas, en cuyo caso es muy, muy buena. En esta ideología, la educación no se trata de enseñar a las personas cómo pensar, se trata de reeducarlas sobre qué pensar. En esta ideología, la necesidad de sentirse seguro triunfa sobre la necesidad de hablar con sinceridad, añade la autora.

 

¿De qué ideología está hablando? ¿La reconoces? ¿La has experimentado?

En esta ideología, eres culpable de los pecados de tus padres. En otras palabras: no eres tú. Eres solo un mero avatar de tu etnia, de tu religión o de tu clase social.  Es la ideología woke, que Weiss nos invita a resistir.  En este sistema, todos estamos claramente ubicados en un espectro de “privilegiados” a “oprimidos”. Estamos clasificados en algún lugar de este espectro en diferentes categorías: etnia, sexo, orientación sexual y clase. Luego se nos da una puntuación general, basada en la suma de estas clasificaciones. Tener privilegios significa que tu carácter y tus ideas están manchadas.

En el artículo que te invito a leer, Weiss explica qué es lo que atrae a las personas hacia la ideología y la revolución woke.  Hay muchos factores que son relevantes para la respuesta: decadencia institucional; la revolución tecnológica y los monopolios que creó; la arrogancia de nuestras élites; pobreza; la muerte de la confianza. Pero hay una palabra en la que debemos detenernos, porque cada momento de victoria radical gira en torno a ella. La palabra es cobardía. Y si i la cobardía es lo que ha permitido todo esto, la fuerza que detiene esta revolución cultural también se puede resumir en una palabra: coraje.

Es nuestro deber resistir a la multitud en esta era de pensamiento multitudinario. Es nuestro deber pensar libremente en una era de conformidad. Es nuestro deber decir la verdad en una época de mentiras.

Este artículo que -de nuevo- te invito a leer completo, es una de las explicaciones más claras que he leído; y con información así, ¿quién con una luz se pierde?


28
May 21

“Woke”

 

Las turbas woke la agarraron contra Peter Veliz y Manuel Villacorta.  El primero es un influencer que se fue a vacunar a Miami.  El segundo fue candidato del partido fundado por Rigoberta Menchú y usó la frase el chinito para referirse a los chicos que atienden tiendas misceláneas.  Uno recibió odio inmerecido; y el otro conoció la naturaleza de su clientela electoral.

Lástima que no haya traducción para “woke”.

La ilustración la tomé de Facebook.

Ser woke es ser hipersensible a cualquier supuesta injusticia relacionada con las identidades colectivas. Según el punto de vista woke, la identidad de una persona no está determinada por sus elecciones, sus acciones y sus convicciones; sino por su raza, su género y su orientación sexual. Ser woke no significa simplemente oponerse al racismo, al sexismo y demás; significa abrazar una ideología particular. Si te opones al racismo y al sexismo, y no abrazas esa ideología, no eres woke, sino que eres parte del problema; así lo explica Michael Dahlen en A Woke New World.

La ilustración la tomé de Facebook.

Quizás te preguntes si los activistas woke no están, simplemente, pidiendo un trato igualitario para grupos marginados.  ¿No es su objetivo loable combatir el odio, los prejuicios y la discriminación…? El movimiento por la justicia social puede parecer noble porque aparentemente toma el lado correcto de un problema legítimo. Pero esta es una fachada. El problema con el movimiento es que redefine ilegítimamente conceptos básicos, proclama narrativas falsas y vende una ideología tóxica. Proyecta un aura virtuosa y brillante que enmascara un núcleo podrido y corrupto, dice Dahlen.

La ilustración la tomé de Twitter.

La cultura woke demanda una purga y ha infectado la mayoría de instituciones, no sólo en los Estados Unidos de América, donde nació, sino en otras partes del mundo -incluida Guatemala-. Ha infectado las artes y la educación, el periodismo y las empresas, las redes sociales virtuales y los deportes.  En ese ambiente, Dahlen nos recuerda que el único antídoto para una filosofía corrupta e irracional como la del movimiento woke es una filosofía racional, apoyada en la razón, la lógica, la objetividad y el libre albedrío. ¿Qué opinas?

Columna publicada en elPeriódico.


26
Nov 17

¿Cómo hablaban los mayas, aztecas, griegos, romanos y otros?

Lingüistas de todo el mundo han ido descifrando cómo hablaban los pueblos antiguos. La mayoría de esos idiomas han evolucionado en ulteriores derivados y con una retrospección ha bastado para suponer los sonidos originales.  Con lo que a mi siempre me ha gustado la historia, ¿cómo no había cosas así cuando yo estaba en la Primaria?

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Aquellas lenguas no son tan antiguas como parecen serlo; y como evolucionaron, para los expertos no resulta tan difícil explorar cómo es que sonaban.

Hay, sin embargo, detalles en los que habrá discusión.  Por ejemplo, en el latín, la forma vulgar -que sobrevivió- pronuncia la letra c, con el sonido ch; pero la forma culta pronunciaba aquella letra como k. Igual sucede con la letra v, que en la forma vulgar se pronuncia como v; en tanto que en la forma culta se pronuncia como u.  De ahí que la palabra civitas, pronunciada en la versión sobreviviente es chivitas; en tanto que pronunciada por un romano culto, era kiuitas. Esto lo se porque me lo explicó mi amigo, Warren.

Por otro lado, entre los mayas clásicos había tres ramas principales de idiomas: el choltí, el yucateco, y el cholán. No se cual se usa en el vídeo que ilustra esta entrada. En la película Apocalypto, el idioma que se usa es el yucateco.

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27
Jun 16

No es betacaroteno, es zanahoria

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Con alguna frecuencia veo uno de esos programas de concursos de cocineros. Me gusta verlo porque…ya sabes…me encanta cocinar y comer bien; y porque disfruto mucho viendo platos nuevos y otras aproximaciones culturales a la comida. Pero muy recientemente he notado una tendencia perturbadora: los chefs que son jueces de la competencia se refieren a las carnes como proteínas y a las zanahorias como betacaroteno.

Si esta tendencia viniera de simples comentaristas, o de observeradores X, no me hubiera parecido digna de reparar en ella; ¡pero viene de cocineros profesionales! ¡Viene de chefs! ¿Qué clase de tendencia cultural perversa es esa de reducir las carnes a uno sólo de sus componetes: la proteína? ¿Qué clase de tendencia cultural malsana es esa de reducir las zanahorias a el betacaroteno?  Los jueces dicen cosas como ¿vas a freír, o vas a asar la proteína? El betacaroteno, ¿va rodajado, o va en cubos? Es tan reduccionista y tan de mal gusto como referirse a las mujeres con el nombre de una de sus partes anatómicas.  Es como cuando un adulto trata de persuadir a un niño de que coma brócoli porque tiene vitaminas.  ¡Carajo!, cuando uno es niño (y adulto que no ha perdido la capacidad de maravillase) los brocoli se comen porque son deliciosos…¡y hasta porque parecen arbolitos!…y de paso, pero solo de paso porque son tienen vitaminas; que triste sería que los seres humanos comiéramos como si se tratara de recargar combustible.

Cuando comes carne, lo verdaderamente humano es hacerlo porque está fresca; porque tiene un sabor de tales, o cuales matices, porque está bien dorada por fuera y rosada por dentro (por decir algo); porque es de tal, o cual animal. Cuando comes zanahorias gozas que sean anaranjadas, moradas, o amarillas; que sean poco más, o menos dulces.  No te las tragas porque sean proteínas, o betacaroteno.  ¡Claro que la alimentación es importante!; pero para un epicúreo como yo, aquel reduccionismo convierte en pedestre y vulgar lo que es artístico y sublime.  Para un epicúreo como yo la cocina y la mesa no son para proteínas y betacaroteno, son para hacer felices a la familia y los amigos con carnes y vegetales, con aromas, sabores, texturas colores y sonidos.

Tal vez es sólo descuido, o es sólo una moda inconciente; pero ojalá que estas tendencias no sean una neolengua cuyo objetivo sea convertir lo bello y lo delicioso en simples elementos de la tabla periódica; y convertir a las personas de seres dignos de  alegría y placer en sus alimentos, en consumidores mustios de concentrados bien balanceados.

Hace poco vi una película distópica malísima en la que las personas sobrevivían comiendo una gelatina hecha de cucarachas.  Esa cosa tal vez si merezca el nombre de proteínas; apelativo que le queda muy, pero muy pequeño a un buen churrasco.

No es extraño, eso sí,  que la tendencia anotada arriba surga en sociedades donde se está perdiendo la conciencia de que el lenguaje es algo precioso.  En sociedades donde uno va al banco y en vez de preguntarle si va a abrir una cuenta, a uno le preguntan si va a aperturar una cuenta.  En sociedades donde los periodistas se refieren a los jueces como juzgadores.


09
Jul 07

Cosas del lenguaje

Me encanta la sutileza de este letrero. En alemán dice Prohibido fumar, en español dice No fumar; y en guatemalteco, ¿cómo diría? Por vidita suya, hágame la caridad de no fumar. Yo, por cierto, prefiereo la forma chapina.

Me gustan esas diferencias en el lenguaje. En Guatemala, una cometa es un barrilete. En la República Dominicana, una cometa o barrilete es una chichigua. En Guatemala, ¿qué es una chichigua? Una nodriza; pero particularmente una nodriza indígena nativa del pueblo de Mixco que ahora se confunde con la ciudad de Guatemala.

Hasta principios del siglo XX no era raro que mujeres indígenas de Mixco fueran contratadas para amamantar a niños de la capital. De ahí la frase “mi hermano de leche”, para referirse a aquellos con los que se había compartido el pecho.