25
Dic 19

Buena Nochebuena

Es una de mis fiestas favoritas en el año, una de amigos y familia; una de aromas, sabores, texturas, sonidos y colores que te llenan de recuerdos:…y una de pólvora.  Es la Nochebuena que, para mi, es la celebración del solsticio de invierno esos días en los que -aunque aquí no lo notemos- mucho más al norte las noches empiezan a hacerse más cortas y empieza a volver la luz.

Dicho lo anterior, algo que gozo mucho en esta fiesta es la pirotécnia; y aunque duró bastante, volvió a ser menos intensa que en otros años…incluso menos intensa que el año pasado.  ¿Es señal de que económicamente las cosas están difíciles?  Y si es así…de verdad espero que el año pasado el coheterío vuelva a sus niveles normales.

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Como en otros años, en casa hubo open house y nos visitaron familia y amigos.  Siempre es grato compartir y reírnos, recordar y reírnos, celebrar y reírnos. Y comer, claro.  En casa el menú tradicional es pavo con el relleno que hacían mi bisabuela, Mami y mi abuela, Frances; ensalada Waldorf, la receta de Joy of Cooking, que era la que usaba mi abuela, Frances; y variedad de opciones dulces.

Pavo relleno, ensalada Waldorf, pan y gravy es mi menú preferido.

Hoy en la mañana desayunamos nuestros tradicionales tamal colorado y tamal negro de doña Estelita de Alburéz.  Esta vez acompañados por un mincemeat pie, que era el pay favorito de mi padre.  Para mí, el reto de los pays, siempre, es la pasta que a veces me sale muy bien, y a veces no, aunque uso la misma receta (el relleno no, porque es comprado, ja ja ja). ¿Cómo me salió el de hoy? ¡Casi perfecto!

Mincemeat pie era el favorito de mi padre.

Los tamales, algo serio

¡Quienes me conocen se han de imaginar llo que gozo cuando abro las hojas de maxán  y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de los tamales colorados y negros  invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un laberinto de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado glorioso llegan a mi paladar.

Quienes visitan este espacio, desde hace tiempo, saben que valor mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

En ese laberinto de recuerdos, tengo la dicha de acordarme muy bien de los tamales de mi bisabuela, Mami; y de los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Una tradición alegre: tamales colorado y negro para el desayuno del 25.

Los tamales de Nochebuena, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las pasas y las ciruelas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento. Como siempre, el éxito de un tamal se halla en el balance de ingredientes, en la calidad de los mismos y en la pasión que se pone en ellos.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.

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07
Dic 19

¡Ya tenemos arbolito en casa!

En casa celebramos el solsticio de invierno y otras fiestas de fin de año con arbolito y decoraciones tradicionales de Guatemala.  El arbolito tiene que ser pinabete; y no pueden faltar la manzanilla, los chinchines, la tortuga, los gallitos, el musgo, las luces y todo aquello que nos conecta con nuestra infancia y con las generaciones que nos han precedido.

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El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones.

En las casas de mis padres y de mis abuelas no siempre había pinabete. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles memorables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento (o Belén) en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces multicolores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos toda clase de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, tuvimos pinos, cipreses. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaiianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así.

Este año como en otros-gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa que los cultivan hermosos y con mucho carácter- tenemos un árbol hermoso, aromático que nos llena de magia y de alegría la casa. Ese arbolito me trae gratísimos recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más. Si quieres tu pinabete, los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


25
Dic 18

La Nochebuena chapina

En buena parte, la Nochebuena chapina es acerca de quemar cohetes y fuegos artificiales; y es una de mis partes favoritas de la fiesta.  Debo observar, sin embargo, que tengo la impresión de que la cohetería de anoche fue de menor intensidad que la de otros años. ¿Cuál es mi otra parte favorita de esta fiesta? La cena. Haz clic en la foto para ver el vídeo.

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Eso no quiere decir que no fuera impresionante.  Los primeros juegos pirotécnicos empezaron con el anochecer y se fueron intensificando a lo largo de la noche.  Para las 23:15 horas ya había fuegos artificiales generalizados en toda la ciudad de Guatemala, mismos que no disminuyeron sustancialmente hasta las 0:30 horas de hoy.

Los chapines tenemos la costumbre de quemar cohetes y fuegos artificiales el 24 a la media noche, el 25 a las doce del día y de nuevo a las seis de la tarde.  Pero repito que en este año la cohetería no fue la de otras ocasiones. Con todo y todo, toda la ciudad -y supongo que también otras poblaciones- se alegra con la variedad de formas y de luces.

Aunque sea menguada -¿por las condiciones económicas difíciles?- la cohetería de la Nochebuena chapina nunca deja de maravillarme. Los fuegos artificiales nos fascinan a quienes tenemos la dicha de disfrutar sus formas ingeniosas y sus colores.

En casa solemos ver las luces y fuegos, luego nos abrazamos y bebemos una copa ¡por la vida! para después abrimos los regalos.

En la antigüedad el solsticio de invierno se celebraba porque a partir de ese momento las noches empezaban a hacerse más cortas y la luz empieza a volver.  De ahí que sea muy apropiado  que la noche del 24 de diciembre -la Nochebuena- sea celebrada con luces y fuegos festivos.

Cuando yo era niño no había nada parecido.  Las candelas romanas, las varas de luces y otros artificios que había eran extremadamente modestos en comparación a lo que podemos ver y disfrutar ahora. Cada año los fabricantes de fuegos artificiales producen formas más complejas y combinaciones de colores novedosas y todo esto me lleva a mi niñez.

¡Que vuelva la luz!…y que los encuentre a ti, a tu familia y a tus amigos rodeados de amor y de paz.

La cena

Como siempre, la cena nos quedó deliciosa. Frente a otras opciones prefiero el pavo para esta fiesta; porque,  para mí, el pavo es un vehículo para tres cosas cosas más importantes y riquísimas: el relleno, carne para hacer ensalada y huesos para hacer caldo.  Eso no quiere decir que  no me disfrute un  pavo bien hecho, dorado, jugoso y lleno de sabor.  ¿Cuáles son las claves? Frotarlo bien con ajo, sal y pimienta; rellenarlo y usar bolsa.

Al pavo lo accompañé con una tradicional ensalada Waldorf, un gravy  que anoche fue con Jeréz, y ponche de frutas que en casa lo hacen espectacular.  El de anoche, incluyó manzanillas y mamey -que no es fácil de conseguir-.

Para el relleno del pavo no cambio la receta que era de mi bisabuela, Mami, cuyos ingredientes son pan remojado en vino blanco, menudos del pavo, cebolla, apio, castañas y champiñones fritos en abundante mantequilla y sazonados con salvia, perejil, sal y pimienta.

Amigos y familia

Como es tradición,a lo largo de la noche pasan a saludar -y a comer alguito- amigos y familia queridos.  En estas fiestas y en casa nos da mucho gusto abrazar a algunas de las personas que enriquecen nuestras vidas.  Es una verdadera dicha compartir el camino con personas a las que uno ama, admira y respeta.


21
Dic 18

Mi canasta de Navidad

En estas fiestas de fin de año –por si andabas con el pendiente- me gustarían cosas distintas en mi canasta navideña.

Me gustaría que la lucha contra la corrupción fuera eso y no una contra algunos corruptos. Quisiera que para que la lucha contra la corrupción tuviera el éxito, fueran desmantelados los ambientes, la legislación y las prácticas que hacen posibles las decisiones arbitrarias en las que medra la corruptela. Sin ese desmantelamiento, el corrupto que encarcelas hoy, es sustituido por uno con sólo ganas, y así sin que haya incentivos para que se detenga la cola.

Me gustaría que a la justicia le fueran vendados los ojos de nuevo, que esa vieja dama no pudiera ver si quien está frente a ella es tirio, o troyano. Quisiera que no sirviera a la construcción de un país modelado al gusto de unos y a costa de otros. Si me preguntas más, te diré que me gustaría que Max Quirín y el coronel Chiroy (por mencionar dos) recibieran un trato justo, y no el que se les da a los procesados que no son del agrado de quienes controlan el sistema de justicia. Quisiera que la CICIG y los “países amigos” dejaran en paz a los chapines.

¿Sábes qué me gustaría mucho? Que niñas como Jackeline Caal y sus familias no tuvieran que salir del país. Quisiera que hubiera menos obstáculos para el ahorro y la formación de capital; que hubiera menos economía de papel y más economía productiva. Que todos los privilegios fueran el eliminados y que socialismo y mercantilismo fueran malas palabras. Quisiera que el impuesto a los rendimientos del capital y las aduanas fueran eliminadas. Que fuera flexibilizado el mercado laboral.

Me gustaría que en las elecciones de 2019 la gente o votara con el hígado.

¿Qué más debería venir en mi canasta? Paz, amor y prosperidad en tu casa y en las de las personas que amas y admiras. Paz, amor y prosperidad para mi familia y mis amigos. Y no es que no quiera turrones, polvorones, un buen Jeréz y otras cosas así en mi canasta. Pero sí quisiera que en este solsticio de invierno, los guatemaltecos tuviéramos otra oportunidad. Quisiera menos odio y menos rencor.

Columna publicada en elPeriódico.


10
Dic 18

Fiestas de fin de año y arbolito

En casa, el aroma del pinabete y las manzanillas, así como las luces, la música de temporada y las figuras decorativas alegran el solsticio de invierno y las fiestas del fin de año.  Todo ello para conectar mis cinco sentidos a los recuerdos de mi infancia y de mi adolescencia.

Ya lo he contado otras veces; pero de mi infancia recuerdo varios árboles notables. En casa de mi abuelita Juanita es imposible olvidar unos chiribiscos encantadoramente adornados con cabello de ángel (del de verdad, que era de fibras de vidrio)  y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.  Por cierto que, en Instagram, vi que un cuate australiano, pone chiribisco en su casa y eso tiene sentido porque, ¿qué pinabetes, cipreses y pinos va a haber down under?  Allá las fiestas de fin de año son en pleno verano.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles -generalmente eran pinabetes, o cipreses- A veces adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; y siempre llenos de figuras variadísimas, algunas muy antiguas, y luces multicolores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos toda clase de árboles. Aunque los favoritos eran los pinabetes, tuvimos cipreses, pinos y chiribiscos. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda los árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared. Con el árbol listo, ya estamos preparados para los tamales, las galletas, el turrón, el stollen, el mazapán, el pandoro, el ponche, el panettone, el pastel de frutas, el mincemeat pie, los regalos y los cohetes.

A mí, el arbolito también me recuerda que hay mucho que tengo por agradecer: la salud; el trabajo; y las personas buenas, cariñosas y leales que me acompañan en el camino.

Con la música de la temporada tengo que hacer concesiones. Aunque la música en sí me encanta y prefiero la que me trae recuerdos y me transporta en el tiempo; tengo que hacer caso omiso de los contenidos místicos, y eso me causa risa a veces, porque heme por ahí cantándolas tal cuales.

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Este año, como otros años, tenemos un árbol galán -cultivado cuidadosamente- que nos llena de alegría la casa. Ese arbolito cultivado en El encanto, Tecpán, me trae invaluables recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más; y si quieres tu pinabete, los hay hermosos en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


09
Dic 17

Aquí huele a pinabete y manzanillas

¡La casa ya huele a pinabete y a manzanillas!  La fiesta del solsticio de invierno vino con sus aromas, sos colores, sus sonidos y sus sabores.

Eso de despertar y encontrar que tu casa huele a pinabetes y a manzanillas frescas es una de las cosas más encantadoras del mundo.  A mí esos aromas me transportan en el tiempo y el espacio, y ver el arbolito adornado me da mucha alegría.

Nuestro arbolito iumina no sólo con sus luces, sino con su hermosa presencia, sus colores y -sobre todo- con su aroma.  Si, el aroma también ilumina. El aroma del pinabete se mezcla con el de las manzanillas y la magia de las fiestas de fin de año se apodera del ambiente; y se apodera de quienes tenemos la dicha de relacionar, con ella, cientos de recuerdos gratos, de personas amadas, de momentos inolvidables y de sonrisas sinceras.

A mí, el arbolito me lleva a las casas de mis abuelas y a la de mis padres.  Aveces quedo embobado frente a él porque no sólo me maravilla su belleza adornado; sino porque, siendo un Abies guatemalensis, y conociendo la tierra de donde viene, no puedo sino admirarlo y expresarle respeto. El arbolito, en casa, me recuerda todos los arboles que han alegrado mis fiestas de diciembre.  Los grandes y los chicos, los pinabetes, los pinos, los cipreses y los chiribiscos.  Los complejos y los sencillos, los propios y los prestados, los naturales y un par de artificiales -que hasta de esos tengo buenos recuerdos-. Es que, al final de cuentas, la capacidad de ser feliz y de disfrutar de lo que hay la pone uno,  no está en las cosas.

En casa tenemos la costumbre de añadirle dos, adornos nuevos al arbolito cada año; de modo que siempre es el mismo y siempre es distinto.  Mantiene su continuidad y nos alegra con cosas nuevas. Este año, Odìn (con Huguin, Munin, Geri y Freki)  y un buho son las novedades.

Como en otros años, el árbol de casa es bello y con mucho carácter. Nos llena de encanto y de alegría la casa. Es de la finca El encanto, en Tecpán y si quieres el tuyo los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.

Mientras tanto, los dejo con una de mis canciones favoritas de esta temporada:

The holly green, the ivy green
The prettiest picture you’ve ever seen 
Is Christmas in Killarney
With all of the folks at home
It’s nice you know, to kiss your beau 
while cuddling under the mistletoe 
And Santa Claus, you know of course
Is one of the boys from home.

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