17
Abr 26

Subsidios y trampa

 

Liderados por diputados oficialistas, una mayoría de congresistas cayó en la trampa de aprobar subsidios para los combustibles porque, claro, ¡el gobierno debería hacer algo!

Los pipoldermos no dan nada que no le hayan quitado a alguien más. La ilustración es de Grok.

En la realidad no importa si ese algo es económica, financiera y moralmente perjudicial; porque en la mentalidad y en la retórica estatistas que prevalecen entre muchos electores, políticos y burócratas, gobernar es gravar para gastar lo que quiere decir: transferir recursos del sector voluntario de la economía al sector coercitivo de la economía.

Lo que ve la gente es que en autoservicio la gasolina regular cuesta unos Q37.99 y con el subsidio debería quedar en Q32.99. La gasolina super cuesta unos Q38.99, y con el subsidio debería andar por Q33.99. El galón de diésel, que se cotiza cuesta unos Q41.69, con la transferencia debería quedar en Q33.69. Pero lo que no se ve es muy dañino.

Mis cuates que saben de estas cosas calcularon que el subsidio aprobado para tres meses, de Q2000 millones, en realidad alcanzará para poco más de dos meses con base a datos sobre el consumo.

Desde la perspectiva política, los subsidios, en general, son instrumentos de clientelismo y corrupción institucionalizada. El gobierno, al redistribuir recursos coercitivamente (vía impuestos, o inflación), crea grupos de interés dependientes que presionan por mantener, o ampliar los subsidios. Los pipoldermos compran votos potenciales al ofrecer “beneficios” visibles mientras los costos se diluyen de forma invisible entre todos los contribuyentes. Se fomenta el mercantilismo porque las empresas más conectadas políticamente reciben los fondos, no las más eficientes. Esto erosiona la meritocracia y la competencia real. Los subsidios convierten al gobierno en árbitro de ganadores y perdedores y la política se consolida como una lucha por el botín fiscal. Ejemplo: el transporte colectivo urbano que dejó de ser una actividad empresarial legítima para convertirse en un caldo de mafias que viven del dinero ajeno tomado por la fuerza.

En general, los subsidios distorsionan el cálculo económico y las señales de precios. El precio de mercado es la única forma en que millones de individuos coordinan sus acciones sin un planificador central. Al bajar artificialmente el precio de un bien o servicio se genera “malinversión” que es cuando los recursos (capital, trabajo, materias primas) se desvían hacia actividades que el mercado libre no demandaría en esa magnitud. Ejemplo: más gente va a usar combustibles, como cuando mucha gente desperdicia agua porque el agua no tiene precio de mercado. Encima de aquello, las empresas subsidiadas no tienen incentivos para reducir costos, innovar, o adaptarse a la realidad. Sobreviven empresas zombis que consumen recursos que podrían usarse mejor en otro lugar.

Los subsidios a los combustibles, en particular, incentivan al sobreconsumo. El mercado no puede señalar la verdadera escasez energética, por lo que no se incentiva la conservación, ni la inversión en alternativas, ni el transporte racional.

Las empresas subsidiadas no compiten por eficiencia, y los pipoldermos trasladan los costos a toda la economía.

Los subsidios —que en este caso saldrán de readecuaciones presupuestarias— se financian con deudas que tarde o temprano van a tener que pagar los tributarios ya sea directamente, o por medio de inflación que erosiona el poder adquisitivo de todos, y especialmente de los más pobres.

Según mi querido F. A. Hayek, los precios son un sistema de información que transmite conocimiento disperso. Al subsidiar combustibles, el gobierno “apaga” esa señal en un sector clave, lo que ocasiona descoordinación generalizada. Según mi estimadísimo L. v. Mises, es un cálculo económico imposible ya que tarde o temprano no se sabe cuál es el “precio correcto” sin mercado libre.

Finalmente, de acuerdo con mi admirada A. Rand, los subsidios destruyen la independencia moral de los individuos porque crean una cultura de mendicidad estatal donde la gente aprende a pedir al gobierno en vez de actuar de acuerdo con su mejor juicio en un mercado de precios reales.

Al final, la factura siempre llega. Y cuando lo hace, los que menos pueden son los que más pagan.

Columna publicada en República.


10
Abr 26

Civilización no es cualquier cosa

 

No cualquier forma de organización humana es civilización por antigua que sea, ni por compleja que parezca.

La civilización es el progreso hacia una sociedad privada. La existencia del salvaje es pública, regida por las reglas de su tribu. La civilización es el proceso de liberar al hombre de los hombres, escribió Ayn Rand. La ilustración es de Grok.

De mis clases de sociología recuerdo que para Emile Durkheim la civilización pasó de ser el conjunto de avances técnicos, económicos y materiales (al margen de la moral) a ser el conjunto de los más altos valores humanos (incluidos los valores morales) y nace de la cooperación de los hombres asociados a lo largo de generaciones. Para Max Weber la civilización es un proceso de racionalización que sustituyó progresivamente la magia, la costumbre y la emoción por el cálculo, la eficiencia y la previsibilidad. Para Norbert Elías, la civilización es formación del Estado, monopolio de la violencia legítima y alargamiento de las cadenas de interdependencia entre individuos; así como mayor autocontrol emocional, refinamiento de las costumbres, aumento de la vergüenza y el pudor y racionalización del comportamiento.

Desde aquellas perspectivas, las organizaciones sociales basadas en el irrespeto a los derechos individuales, en la violencia, el odio, la guerra, el misticismo y el tribalismo no son civilizaciones.

De mis clases de praxeología y de filosofía social aprendí que para Ludwig von Mises la civilización es el progreso material y moral alcanzado mediante la economía de mercado (que es consecuencia del respeto a la vida, la libertad y la propiedad) y de la división del trabajo, así como el triunfo de la razón humana sobre la escasez y la violencia. Para Friedrich A. Hayek, la civilización puede describirse con precisión como el orden extendido de cooperación humana. Ese orden surge evolutivamente a lo largo de milenios mediante la selección cultural de reglas abstractas —principalmente la propiedad privada, el contrato, el comercio y la moral comercial— que permiten a millones de personas desconocidas entre sí coordinarse pacíficamente. Esas reglas suprimen los instintos tribales (solidaridad exclusiva con el grupo pequeño, agresividad hacia el foráneo) y permiten que el conocimiento disperso de cada individuo sea utilizado por todos.

Tanto Mises como Hayek entienden que la civilización incluye respeto a los derechos individuales y excluye la violencia y el tribalismo. Ambos entienden el valor de la racionalidad (que no es lo mismo que el racionalismo). Y Hayek subraya que es un proceso largo que dura milenios de pruebas y errores.

En aquel contexto conocí la obra de Louis Rougier que, para ayudarnos a entender qué es una civilización, añadió que la civilización no es sólo riqueza y tecnología, sino una mentalidad que prioriza la razón sobre la tradición, o la autoridad arbitraria; el individuo sobre la tribu, o el colectivo; el dominio pacífico de la naturaleza (por medio del mercado y la técnica) sobre la resignación fatalista; y el progreso y la mejora continua sobre el estancamiento, sin caer en los delirios progresistas de los positivistas.

La filosofía Objetivista corona nuestro proceso de descubrimiento y explica que La civilización es el progreso hacia una sociedad de privacidad. Toda la existencia del salvaje es pública, regida por las leyes de su tribu. La civilización es el proceso de liberar al hombre de los hombres.. En The Nature of Government, Ayn Rand aclara que El prerrequisito de una sociedad civilizada es la prohibición del uso de la fuerza física en las relaciones sociales [como no sea para defenderse, por supuesto]; con ello se establece el principio de que, si los hombres desean tratar entre sí, solo pueden hacerlo mediante la razón: mediante la discusión, la persuasión y el acuerdo voluntario y no coercitivo. De ahí que la civilización es el producto filosófico de la razón aplicada a las relaciones humanas. Cuando se abandona la razón (y se acepta la fuerza como medio de trato social), la civilización retrocede hacia el tribalismo, la dictadura, o el caos.

Se me ocurren tres tipos de objeciones a los argumentos anteriores: Muchas civilizaciones que las personas reconocen como tales fueron construidas sobre esclavitud y conquistas, por ejemplo. No faltará quien diga que las conclusiones son etnocéntricas. Me faltó explicar el rol de la coerción bajo la ley.  Seguramente debería abordar esos temas en otra ocasión.

Dicho lo anterior, sostengo que en el siglo XXI, no es difícil entender que no cualquier forma de organización humana es civilización por antigua que sea, ni por compleja que parezca. En el siglo XXI grupos humanos tribales, místicos, que no dudan en violar el principio de no agresión contra los infieles, los foráneos, o los humanos que consideran inferiores, no constituyen civilizaciones, aunque sean culturalmente muy interesantes.

La civilización no se construye con piedras, tradiciones, ni poder estatal. Se desarrolla a partir de la valentía de poner al individuo y la razón por encima de la tribu y la violencia.

Columna publicada en República


03
Abr 26

Tradiciones que saben a Guatemala

 

Hace unos días anduve de gira por la costa sur y es fascinante la explosión de colores que hay allá gracias a la exuberante variedad de flores. Esa exuberancia también se manifiesta en las jacarandas y otras flores que hay en La Antigua, en la ciudad de Guatemala y… para ser justos, en todo el país. Lo que pasa en la costa es que el brillo y la luz del sol tienen particularidades propias, como las tienen los costeños en términos de hospitalidad, alegría y generosidad.

Pan de yemas para remojar en miel de garbanzos, o en leche.

Esta temporada —la del equinoccio de primavera— la celebramos en casa con los colores, sabores, aromas, sonidos y texturas propias de la Semana Santa chapina, que es riquísima en tradiciones diferentes a todo lo ancho del país.

El cronograma de las conmemoraciones no se limita a los cuatro días usuales en otras latitudes, sino que empieza al día siguiente del carnaval. Ese viernes y los siguientes, sí o sí, es día de comer empanadas de leche o de atún. Cuando era niño eran de salmón, pero esas ya no se consiguen comercialmente.

A partir de ese día, en casa se hacen presentes los aromas de mangos en almíbar y de jocotes marañones para refresco. Hace sólo dos semanas descubrí que también me gustan los anacardos vivos con azúcar. ¡Así que este año sumé otra tradición culinaria para mi repertorio de la fiesta!

Me encanta el aroma de los jocotes marañones y el refresco alivia los días cálidos de la temporada.

Mientras escribo estas líneas, en casa se está desalando el bacalao que preparamos ayer. También se cuecen los huevos duros porque, cuando salíamos de temporada con mis padres, era costumbre que mi madre preparara ensalada de huevos que siempre estaba disponible en el refrigerador para cuando los niños quisiéramos comer algo rápidamente. En los años 80 dispuse añadirle lomo ahumado a la ensalada y estoy convencido de que fue una buena idea. Mientras escribo estas líneas vino el pan de yemas que ahora nos prepara un panadero de Totonicapán.

Cuando pasaba la temporada en el Hotel Cacique Inn (gracias a la generosidad de mi tía abuela Adelita), el almuerzo del jueves solía ser almuerzo frío, que consistía en jamones, quesos, buena mostaza y huevos endiablados, plato que yo esperaba con alegría.

Los mangos en almibar serán el postre del sábado.

En casa los grandes ausentes de este año son el dulce de garbanzos (al estilo de mi tía abuela, La Mamita, con azúcar blanco) y la miel de garbanzos (al estilo de la costa sur, con panela). Lo que sí habrá es un descubrimiento del año pasado que en casa llamamos jalea de garbanzos, una delicadeza exquisita inspirada en la miel que acabo de mencionar y que —sin tener relación alguna— evoca al haroset propio del pesaj.

Hasta entrado el siglo XX, el día de hoy tenía protocolos muy particulares. Los niños no debían meterse al agua porque podían convertirse en peces, según advertían los viejitos. No había que correr, ni hacer alborotos, ni hablar en voz alta y menos escuchar música. Ya no viví esos tiempos; pero sí viví y vivo la dicha y la alegría de comer bacalao a la vizcaína, plato que se servía en las casas de mis abuelas y de mis padres, y que preparamos en casa con mucho esmero. La receta básica es de mi bisabuela, Adela; pero interpretada de acuerdo con los gustos particulares que tenemos en casa. ¿Quieres la receta? Si te interesa, sigue leyendo; y si no… hasta aquí llegamos.

Bacalao a la vizcaína que preparamos el jueves en casa y almorzaremos el sábado.

Habiendo desalado bien el bacalao, asamos los tomates, chiles pasa y guaque. Licuamos esos ingredientes y ya tenemos la salsa. En una olla freímos ligeramente los cubos de bacalao, removemos el agua excesiva, añadimos la cebolla morada rebanada y el ajo abundante picado. Agregamos aceite de oliva de forma generosa y sumamos la salsa. Este es el momento de añadir aceitunas rellenas de chiles pimientos, tiritas de chiles morrones o del piquillo, y alcaparras (mejor si son de las pequeñas y bien lavadas para quitarles la sal). Dejamos hervir todo aquello, checamos la sazón (sal, pimienta y un toque de azúcar moreno) y añadimos más aceite de oliva. Nos gusta la salsa ligeramente aceitosa para remojar el pan en ella. Y es importante que la salsa obtenga un color rojo profundo e intenso. Que no se vea una salsa pálida.

¿Te diste cuenta? En casa el equinoccio de primavera gira alrededor de los buenos recuerdos que nos conectan con por lo menos tres generaciones de aficionados a la buena mesa. ¿Cómo se celebra en tu casa?

Columna publicada en República.


20
Mar 26

Hedor en el monumento

 

Un rincón inexplicablemente shuco de la ciudad de Guatemala es la Plaza Rotaria que se encuentra al lado del Obelisco. Pasas caminando por ahí y el hedor lastima el olfato, del mismo modo en que la inmundicia lastima la vista. No sólo hay basura, sino heces fecales en los rincones del lugar. No heces de chuchos, sino heces de humanos.

El monumento está lleno de rincones apropiados para dejar inmundicias. Foto por Raúl Contreras.

Eso es una lástima porque en la placita esa hay una estatua chulísima dedicada a la mujer rotaria, ejemplo de liderazgo, amor y bondad, virtudes que comparten con otras miles y miles de mujeres chapinas y extranjeras que practican la benevolencia. ¿Cómo no se van a celebrar esas virtudes con una estatua bella?

La estatua que dorma parte del conjunto es bella e inspiradora. Foto por Raúl Contreras.

Sin embargo, el lugar es un cochinero. La suciedad se debe, en buena parte, al diseño absurdo de todo el conjunto monumental. Esa placita está llena de recovecos, recodos y sucuchos, perfectos para que los orcos defequen ahí, o tiren basura. La suciedad se debe, en otra buena parte, a que nadie limpia. Y nadie asea porque la burocracia encargada de la limpieza de esos lugares no está en la labor.

Hay basura y detritus humanos en el área. Foto por Raúl Contreras.

El descuido de los monumentos en toda Guatemala es notorio. Es particularmente ominoso el descuido de los cementerios donde abundan los detritus y el saqueo; pero también el de estatuas y otros lugares de valor histórico. Chema Reyna Andrade sigue ausente en la Reforma; y doña Chabe sigue decapitada en su parque.

Verás: los monumentos públicos no son meros adornos en el paisaje urbano; son elementos que interactúan con la sociedad, la historia y el entorno.

Los basureros están destruidos en muchas áreas de la ciudad. Foto por Raúl Contreras.

Los monumentos actúan como testigos materiales de la historia. Su rol principal es preservar la memoria de eventos, personas, o ideas significativas, y educan a las generaciones presentes y futuras. Los monumentos sirven como símbolos que definen la identidad de una ciudad, o nación, y refuerzan valores compartidos, así como un sentido de pertenencia. Los monumentos (racionalmente concebidos) funcionan como intervenciones artísticas que mejoran la calidad visual y espacial de la urbe. No solo embellecen, sino que estructuran los espacios públicos. Sirven como puntos focales en plazas, o avenidas, y mejoran la legibilidad urbana lo que facilita la orientación y crea espacios de encuentro social hasta el punto de humanizar entornos concretos.

El hedor no miente: así tratamos lo que dice ser nuestra identidad.

Columna publicada en República.


27
Feb 26

De halcones y palomas

 

Las sociedades libres prosperan cuando los individuos cooperan por mutuo beneficio, sin coerción, y estos acuden a mecanismos como la reputación para identificar a los halcones, explica Matt Ridley en Telling Hawks from Doves, de su libro The Origins of Virtue.

¿Conoces las diferencias entre halcones y palomaas? La ilustración es de Grok.

Distinguir halcones de palomas es clave para la cooperación estable entre seres humanos, y la evolución ha dotado a los seres sociales de herramientas cognitivas para ello. Si aplicamos esto a la ética, comprendemos que la libertad individual florece en entornos donde la reciprocidad y la reputación incentivan el comportamiento virtuoso. Matt explica que incluso organismos simples, como los sticklebacks muestran reconocimiento social y que las recompensas de la cooperación les son negadas a los individuos que no demuestran confiabilidad y no cultivan una reputación de confiables.

Las palomas, por cierto, representan a los individuos cooperadores que suelen practicar estrategias pacíficas y recíprocas; en tanto que los halcones representan a los individuos agresivos o explotadores que muestran estrategias altruistas y dominantes. Si ya leíste el libro seguro que notaste que sustituí el concepto de estrategias egoístas, que usa Matt, por el de estrategias altruistas, que usa Ayn Rand, porque creo que el último es filosóficamente más adecuado. También pude haber usado el concepto de estrategias egoístas irracionales.

Te cuento esto porque en un chat en el que participo hubo una conversación sobre si, siendo uno generalmente pacífico y cooperador, puede tener amistad con individuos con reputaciones de estar inclinados a la agresividad, la explotación, la dominación, y el altruismo. Te lo cuento porque no es lo mismo cooperar con personas con quienes diferimos en temas complejos, que hacerlo con personas cuya reputación de ser actores de mala fe los precede.

Dicho lo anterior, el título Telling Hawks from Doves se basa en un modelo de teoría de juegos que ilustra cómo estrategias mixtas de agresión y pacifismo pueden coexistir en una población estable; pero el texto advierte que un exceso de halcones lleva a conflictos costosos entre ellos, mientras que un exceso de palomas invita a la explotación. No quieres un ecosistema en el que abunden los halcones pero tampoco quieres uno en el que abunden las palomas. ¿Me sigues el paso aquí?

Yours truly y Matt Ridley en el Museo Popol Vuh, abril del 2017.

A estas alturas, es Aristóteles quien nos ayuda a avanzar; porque, El Filósofo dice que hay tres tipos de amistad: La amistad por utilidad que se basa en el beneficio mutuo. Somos amigos porque cada uno saca provecho del otro (negocios, favores, política) y sólo dura mientras dura la ventaja. La amistad por placer se fundamenta en el disfrute que nos produce la compañía del otro (diversión, ingenio, belleza, pasatiempos) y es inestable y se acaba cuando desaparece el placer. Estas dos clases son imperfectas y accidentales.

Aristóteles explica que la amistad por virtud o amistad perfecta es la única verdadera y completa. Se basa en la admiración mutua del carácter virtuoso y bueno del otro. Aquí cada uno quiere el bien del amigo por sí mismo. Es rara, estable y duradera, porque se sostiene en la excelencia moral.

Entonces, ¿pueden los individuos pacíficos y cooperadores ser amigos de los depredadores y violentos? Pues…sólo por interés pasajero; pero no por comunidad de virtudes.  Al fin y al cabo, la reputación no miente y cada paloma sabrá si puede sentarse a la mesa con halcones y por cuánto tiempo sin que se le revuelva el estómago.

Columna publicada en República


16
Feb 26

¿En qué supesticiones crees?

El 13 de octubre de 1307, un viernes, los caballeros templarios fueron arrestados para luego ser torturados y condenados a la hoguera en una matanza espeluznante, por orden de Felipe IV en complicidad con el papa Clemente V. Desde entonces es que el viernes 13 es día de mala suerte.

Suplicio del gran maestre de los caballeros templarios. Louis Le Breton, dominio público, via Wikimedia Commons.

El 18 de marzo de 1314, Jacques de Molay, el último gran maestre de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón u Orden Orden del Temple, fue quemado vivo en la hoguera con vista a la catedral de Notre Dame, en París. ¿Por qué? Porque el rey Felipe IV de Francia le debía mucho dinero a la Orden y no podía pagar, ni aún después de haber causado inflación en su reino. ¿Qué hizo, entonces? Echó a andar la bola de que los templarios tenían comportamientos inmorales y, con la complicidad del papa Clemente V, urdió un plan para quedarse con las riquezas de los templarios.

La quema en la hoguera era un método de ejecución diseñado para ser lento y doloroso. El fuego se encendía generalmente a los pies del condenado, atado a un poste, con leña, o materiales que producían llamas bajas y humo abundante. En el caso de Molay, el proceso se hizo intencionadamente lento (con leña verde, o dispuesta para prolongar el sufrimiento), de acuerdo con órdenes de Felipe.

Dicho esto, en la hoguera la muerte rara vez era por quemarse vivo hasta el final; la mayoría sucumbía por asfixia, o shock en los primeros 10-20 minutos, y el sufrimiento inicial era atroz. En esa fase inicial el calor intenso causaba quemaduras de tercer grado en la piel expuesta (especialmente piernas y pies). La piel se enrojecía, se formaban ampollas y se carbonizaba. El dolor era extremo debido a la activación de receptores nerviosos. En esta fase, muchas víctimas perdían el conocimiento pronto por la ya mencionada inhalación de humo y gases tóxicos que causaban déficit de oxígeno en los organismos de los condenados.

El rey y el papa conspiradores pagaron con sus vidas la canallada que hicieron porque murieron pronto, supuestamente por una maldición que les lanzó De Molay.

Como hoy es viernes 13, te pregunto: ¿en qué supersticiones crees?

Cuando yo era niño y en el bus del colegio, se creía que si levantabas la mano cuando pasabas bajo los puentes del tren a la altura del Centro Cívico –en el momento en el que pasaba el ferrocarril– entonces tendrías buena fortuna. Una de las supersticiones más populares entre mis coetáneos era la de que, si te tocaba un número de boleto de camioneta que sumara 21, eso era de buena suerte.

Claro que pasar debajo de una escalera no traería nada bueno; y el que se te atravesara un gato negro era mal augurio. Tampoco era favorable que rompieras un espejo, o que derramaras sal. ¿Has visto ajos forrados de papel celofán rojo, colgados sobre una puerta? Eso es para que te vaya bien en tus negocios. Y en casa tenemos una herradura colgada por la tradición y porque es divertido.

Una superstición popular es la de creer que los políticos y burócratas actúan inspirados por motivaciones distintas a las de los demás seres humanos. En consecuencia, hay gente que cree que los “pipoldermos” generalmente van a poner los intereses colectivos antes que los suyos propios.

Hay gente que cree que los impuestos los pagan los ricos; y que los pobres no pagan tributos. Ignoran que los impuestos –como costos– pueden ser trasladados del mismo modo en que se trasladan otras formas de extorsión; otras veces el pago –para los pobres– se materializa en falta de oportunidades de empleo ya que los impuestos desvían recursos del sector productivo al sector improductivo de la economía.

Otra superstición popular es la de que hay que privilegiar las exportaciones; creencia que hace caso omiso de que las exportaciones pagan las importaciones y al revés. A mayores exportaciones, también mayores importaciones y que si se reducen las importaciones (sobre todo de bienes de capital) no se puede exportar.

¿Te gustan los cuentos? ¿Por qué? ¿En qué supersticiones crees?

Columna publicada en República.


06
Feb 26

¿Qué es estado de sitio?

 

¿A qué no sabes que Bernardo Arévalo está gobernando Guatemala no como presidente de la República (que es un cargo civil), sino como comandante general del Ejército por medio del ministro de la Defensa (que es un cargo militar)? La mayor parte de chapines oyó campanas de que hay estado de sitio, pero no sabe en qué consiste.

Decreto gubernativo de Estado de Sitio.

El concepto de estado de sitio (etat de siège) nació durante la Revolución Francesa cuando la ley distinguía entre estado de sitio real, para fortalezas bajo asedio externo, en recuerdo de que en el derecho medieval francés el siège o sitio se refería literalmente al asedio militar de una fortaleza, cuando se transmitía la autoridad civil al mando militar; y el estado de sitio ficticio, o político para disturbios internos graves, cuando se transferían poderes policiales y judiciales al ejército sin necesidad de que hubiera un siège o sitio.

Esa norma buscaba equilibrar la protección del nuevo orden republicano con la preservación de libertades; pero ya contenía el germen de la suspensión temporal de garantías. Napoleón la amplió y la convirtió en herramienta para crisis políticas internas. Para evitar manifestaciones en caso de descontento profundo, por ejemplo.

En el contexto del enfrentamiento armado interno, en Guatemala fueron establecidos cinco posibles regímenes de excepción, graduados para adaptarse a distintas situaciones: prevención, alarma, calamidad pública, sitio y guerra; y como ves, el estado de sitio es el cuarto más intenso, sólo debajo del estado de guerra.

Desde el punto de vista positivista, el procedimiento se ha seguido by the book hasta ahora: decreto motivado, ratificación legislativa y publicación oficial. Sin embargo, desde una perspectiva ética, el estado de sitio —aún con su origen defensivo— representa una contradicción moral y política profunda.

¿Por qué? Porque los derechos individuales (vida, libertad, propiedad y búsqueda de la felicidad) son absolutos e inalienables, derivados de la naturaleza racional del ser humano. Ninguna emergencia —ni siquiera una ola criminal grave— justifica su suspensión temporal, porque el gobierno solo existe para proteger esos derechos mediante la fuerza objetiva y bajo la ley (no sólo bajo la legislación).

Al declarar estado de sitio, los pipoldermos se otorgan poderes discrecionales (de orden militar) que convierten al ciudadano común en sospechoso potencial, en violación del principio de que la fuerza solo se usa de forma retaliatoria contra quien rompe el principio de no agresión. Las excepciones erosionan la libertad y habilitan abusos futuros, pues hay demasiados incentivos para mantener la emergencia y quitarles los límites al poder estatista. La historia muestra que estos regímenes de excepción rara vez se limitan al mínimo necesario (¿estado de prevención, o de alarma?) y además, los estados de excepción son patentes de corso para hacer piñata con los impuestos tomados de los tributarios.

Una respuesta racional y moral —frente a las oleadas de criminalidad— sería fortalecer el sistema judicial ordinario, eliminar privilegios penitenciarios a criminales y aplicar la ley penal con rigor, sin sacrificar los derechos de los inocentes, en vez de vulnerabilizar a los tributarios y electores inocentes.

El estado de sitio está vigente desde el 18 de enero de 2026 y vence a mediados de febrero. Tengo entendido que el Ejecutivo no considera necesaria su prórroga; pero qué mejor momento para insistir en que, aunque sea legal, no es legítimo ni necesario.

Columna publicada en República.


03
Feb 26

El humor asusta al poder

 

Las caricaturas políticas y, más recientemente, los memes han sido herramientas poderosas para moderar el poder político y exponer abusos a lo largo de la historia. Como formas de humor satírico ridiculizan a líderes y organizaciones de poder, las despojan de sus auras de autoridades intocables, hacen las críticas accesibles al público general y fomentan el debate público. Este tipo de expresiones protegen y ejercen la libertad de expresión, porque actúan como contrapesos no violentos al poder. De ahí que la aprobación de la Iniciativa 6657 o legislación antimemes no deba ser aprobada por los diputados.

La imágen la tomé de https://picryl.com/media/the-king-of-brobdingnag-and-gulliverndegree-xxii-xxiii-9e3d6f

Que no te tomen el pelo con la finta de que la legislación es para proteger a la gente. Es una movida de los pipoldermos para protegerse a sí mismos. Ya en 2006 la Corte de Constitucionalidad acabó con el delito de desacato porque, precisamente y como ocurre con la normativa en cuestión, violaba la libertad de expresión. Las críticas hacia funcionarios públicos —aun si son duras o incómodas— están amparadas siempre que no constituyan delitos como injuria, calumnia, o difamación (que son de acción privada).

Aunque estos delitos están vigentes y penados, la Constitución Política de la República garantiza la libertad de emisión del pensamiento, y los estándares internacionales recomiendan no usar el derecho penal para proteger el honor de funcionarios públicos, sino la vía civil, o la rectificación.

Las caricaturas, que son las abuelitas de los memes, democratizaron la crítica política en la era preindustrial. Artistas como James Gillray, en Inglaterra, usaron exageraciones grotescas para burlarse de la monarquía, Napoleón y la corrupción política, y contribuyeron a una cultura de escrutinio público que influyó en el desarrollo del parlamentarismo moderno. Honoré Daumier, en Francia, hizo una caricatura de Luis Felipe I como una pera (poire, que también significaba tonto en argot), al simbolizar la glotonería y codicia del rey. Thomas Nast usó sus caricaturas en Harper’s Weekly para atacar la corrupción de William Tweed en Nueva York. Nast representaba a Tweed como un ladrón obeso y el político supuestamente dijo: No me importan los artículos, pero esas malditas caricaturas me matan.

En el siglo XX, en Hispanoamérica, Quino, con Mafalda, criticaba la burocracia, el militarismo y las dictaduras por medio de una niña ingenua, pero incisiva. En Guatemala, Mon Crayón, el muñequito del Imparcial, Dick Smith, y Los García de Siglo Veintiuno (en los que yo estuve involucrado) son ejemplos del uso del humor para moderar el poder.

Con Internet, los memes han amplificado y democratizado aquellos efectos a escala global y viral. Son efímeros, anónimos y fáciles de compartir, lo que los hace difíciles de censurar completamente. Las caricaturas y los memes moderan el poder porque ridiculizan y erosionan a las autoridades abusadoras; no requieren alfabetización alta, ni recursos para llegar a las masas; en regímenes autoritarios la sátira es más difícil de prohibir totalmente que la crítica directa; y generan solidaridad y acción colectiva. ¡Por eso no les gustan a los pipoldermos!

Las caricaturas y memes actúan como válvulas de escape social y herramientas de accountability. En un sistema republicano y respetuoso de los derechos individuales fortalecen los pesos y contrapesos; y en autoritarismos son formas de disidencia. Su historia demuestra que el humor no solo entretiene, sino que es un pilar de la libertad de expresión y un freno real al abuso de poder. Que los pipoldermos se aguanten, porque los tributarios y los electores necesitamos seguir riéndonos de ellos.

Coumna publicada en República.


09
Ene 26

Arévalo empieza con platal extra

 

La administración Arévalo va a empezar el año nuevo con Q24 mil millones en saldos de caja por recaudación no ejecutada y préstamos sin usar. Repito, les sobra ese platal porque no han gastado el dinero que ya nos quitaron en impuestos y porque nos endeudaron y no usan esos préstamos (que ya generan intereses), ni usan el dinero que les entra por colocación de bonos del tesoro.

Todos los gastos de los pipoldermos los pagamos los tributarios. La ilustración es de Grok.

Porque es difícil dimensionar ese platal, aquí va puesto de otra forma: son Q24,000,000,000.00. ¡El saldo de arranque para 2026 es 24% más cuantioso que el del año pasado!

El año pasado la administración semillera/raicera ejecutó el 90.6% del presupuesto vigente; es decir, que fue incapaz de ejecutar un porcentaje relativamente bajo. Pero no te engañes si crees que eso es buena noticia. ¿Por qué? Porque la mal llamada inversión estatal no es inversión realmente. ¿Por qué? Porque técnicamente invertir es el proceso de comprar activos que aumentan de valor con el tiempo y proporcionan rendimientos en forma de pagos de ingresos o ganancias de capital, y, bueno, las mal llamadas inversiones del gobierno no suelen aumentar de valor con el tiempo y, más que rendimientos, operan con pérdidas y sólo sobreviven gracias a subsidios. Desde una perspectiva estatista y política así es como son las cosas; pero desde una perspectiva financiera, ¡puras pérdidas!

¿Sólo por eso? No. También resulta que del total de la llamada ejecución presupuestaria un porcentaje elevado se usa para gestionar la masa salarial de políticos y todo tipo de burócratas. Digo gestionar, y no ejecutar, porque los sueldos y honorarios por servicios profesionales, técnicos, de consultoría y asesoría, relacionados con estudios, investigaciones, análisis, auditorías, así como los servicios de traducción de documentos, servicios de intérpretes y traducción simultánea, y las actuaciiones artísticas y deportivas y capacitaciones, no se ponen en obra, ni se llevan a cabo, sino que se tramitan.

Como el proyecto de presupuesto 2026 para políticos y burócratas está suspendido gracias a una resolución atinada de la Corte de Constitucionalidad, seguramente el Ejecutivo intentará entregarle al Congreso ajustes al presupuesto 2025 que quedó vigente para este año. ¡Es inadmisible que esos ajustes no tomen en cuenta el platal que les sobra! ¡Es inadmisible que la administración Arévalo se sirva con la cuchara grande a costa de los tributarios! Y te recuerdo… por si se te olvida… que tú eres uno de esos tributarios.

A todo esto, ¿por qué les sobra plata? Porque la Administración está cobrando más impuestos de los que calculó que iba a poder tomar de los tributarios; porque el Congreso le aprobó al Ejecutivo una colocación enorme de bonos del tesoro (Q25,000,000,000.00) que son deuda (que tú pagas), porque el Ejecutivo ha pedido préstamos que no usa (aunque estamos pagando los intereses) y porque los pipodermos no son capaces de ejecutar aunque tengan el dinero. ¿Ves? No es problema de dinero, es problema de incapacidad.

Y un detalle más: habría que ver —de aquel total de ejecución— qué porcentaje se usa con propósitos clientelares, con propósitos electorales, con propósitos de propaganda y para beneficiar patrocinadores, socios, familiares, amigos, correligionarios y otros parásitos.

@luisficarpediem

La administración Arévalo va a empezar el año nuevo con Q24 mil millones en saldos de caja por recaudación no ejecutada y préstamos sin usar. Repito, les sobra ese platal porque no han gastado el dinero que ya nos quitaron en impuestos y porque nos endeudaron y no usan esos préstamos (que ya generan intereses), ni usan el dinero que les entra por colocación de bonos del tesoro #impuestos #gobierno #endeudamiento #peligro #presupuesto

♬ News report analysis science technology(1328673) – Takashi

En el tercer año de la administración Arévalo cabe exigir responsabilidad y eficiencia: menos burocracia, menos deuda y más respeto a los tributarios que sostenemos todo esto.

Columna publicada en República.


12
Dic 25

¿Por qué falla el “estudio” IGSS?

 

Según un análisis técnico del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, si el gobierno fuerza un alza en el salario mínimo se fortalecerían el consumo, el empleo y la formalización laboral en beneficio de la sostenibilidad de aquel monopolio.

Así funcionan en la realidad los salarios mínimos.

¿Por qué necesita el IGSS apuntalar su monopolio?

El IGSS es un monopolio porque la legislación obliga a que ciertos trabajadores —posiblemente como tú— coticen en ese sistema y no en otro. Esos trabajadores no pueden escoger dónde pagar seguro médico, ni dónde prever para cuando haga falta.

Su existencia prueba que el hecho de ser monopolio no garantiza el éxito de una operación por grande que sea, nada es too big to fail. Al IGSS el gobierno le debe sus cuotas patronales y sus aportaciones como estado. El gobierno, que debería dar el ejemplo patronal, ¡por supuesto que incumple con sus obligaciones! Adicionalmente, el sistema previsional es de reparto; y como los sistemas de reparto son pirámides, la realidad se impone. No sólo por motivos demográficos, sino porque las pirámides se devoran a sí mismas.

¿Por qué sabemos que el estudio no es técnico?

Porque hasta las piedras saben que la informalidad es incentivada por costos altos de formalizarse y regulaciones y burocracia excesivas. ¡Sorpresa!, las contribuciones forzadas al IGSS son impuestos. Las leyes laborales rígidas, los trámites complicados y los altos costos administrativos desalientan la formalización. Los salarios mínimos y las intervenciones políticas en el mercado distorsionan el equilibrio del mercado y esto genera desempleo formal y empuja a los trabajadores y empleadores hacia arreglos informales para sobrevivir.

Hasta las piedras saben que los salarios mínimos dañan la generación y conservación de empleos, así como la formalidad. Ludwig von Mises explica que los empleadores contratan trabajadores sólo si el valor que estos generan es mayor, o igual al salario que deben pagar. Cuando el gobierno impone salarios mínimos más altos que la productividad de ciertos trabajadores ( jóvenes, poco calificados, en zonas rurales, o con baja educación), esos trabajadores se vuelven demasiado caros para contratarlos legalmente. Entonces, las empresas no contratan a esas personas, o hacen despidos. El desempleo aumenta, especialmente entre los grupos más vulnerables.

El salario mínimo, además, hace que los empleos formales (con contrato, aportes a seguridad social e impuestos) sean más caros que los informales. Para trabajadores cuya productividad está por debajo del salario mínimo el empleador tiene dos opciones: no contratarlos (y hay desempleo); o contratarlos informalmente, sin aportes y sin contratos.

En esas condiciones, los salarios mínimos empujan muchos empleos hacia la informalidad y, entonces, los trabajadores prefieren ganar algo (aunque sea poco y sin protección) antes que quedarse sin trabajo.

Los salarios mínimos no crean riqueza ni aumentan la productividad; solo suben políticamente el precio del trabajo; y un estudio técnico debería identificar esta realidad. Cuando aquellos precios (los salarios mínimos) superan lo que el mercado puede pagar, el resultado es menos empleo formal y más desempleo, o informalidad. La solución es permitir que los salarios se ajusten libremente y concentrarse en mejorar la productividad para que los salarios reales suban de forma sostenible. Otro día platicamos de por qué es el ahorro, y no el consumo, lo que fortalece la economía.

Columna publicada en República