11
Sep 26

El 11-S no es historia muerta

No importa cuántas veces se haya leído sobre las atrocidades cometidas por asesinos como Adolf Hitler, Vladimir Lenin y Pol Pot. No importa cuántas veces se hayan escuchado historias de crímenes indescriptibles, o actos de barbarie. Ni siquiera importa si, al igual que yo, su propio país ha estado en guerra durante toda su vida. Nada le prepara para presenciar un acto criminal horrendo, en directo por televisión e Internet.

Luisfi y las Torres Gemelas, ca. 1997.

Eso fue lo que me sucedió el 11 de septiembre de 2001. No podía creer lo que veía ocurrir en la ciudad de Nueva York y en Washington D. C. En los días posteriores, a medida que la conmoción inicial se disipaba, comprendí que el ataque contra Estados Unidos representa la esencia misma del terrorismo: un ataque a la civilización.

Mediante el miedo y la inestabilidad, el terrorismo socava los valores que hacen posible la vida civilizada. Destruye la confianza, la paz, el comercio, el orden jurídico y la libertad. La civilización está bajo ataque. Mi primer pensamiento aquel 11 de septiembre fue para las miles de personas que se encontraban en las Torres Gemelas y para las vidas perdidas. Pero a ello le siguió pronto un profundo sentimiento de tristeza por el propio complejo comercial. El World Trade Center era un ejemplo magnífico de arquitectura e ingenio humano; sin embargo, como símbolo del comercio, constituía también un icono de paz y civilización.

Durante los 36 años que llevaba de vida —hoy 65—, mi país, Guatemala, vivió un enfrentamiento armado interno: un conflicto entre guerrillas marxistas-leninistas y el gobierno, en el cual el terrorismo desempeñó un papel importante y nefasto.

Nuestras propias «torres gemelas» fueron objeto de atentados con bomba en dos ocasiones a principios de la década de los ochenta. Una noche, estallaron ocho bombas en la ciudad de Guatemala. En otra ocasión, fui retenido junto con miles de guatemaltecos mientras regresaba a casa: sin explicaciones, solo incertidumbre y miedo. En el interior del país, puentes y torres de tendido eléctrico sufrían constantes atentados. Los habitantes de las poblaciones montañosas quedaban atrapados entre ambos bandos del conflicto; a veces participaban voluntariamente, pero la mayoría de las veces se veían obligados a tomar partido. El miedo estaba presente en todas partes, de una forma u otra.

Al finalizar esta larga lucha, la sociedad guatemalteca quedó moral, política y económicamente agotada. Ese es el precio del terror, y afrontarlo resulta extremadamente difícil tanto para las autoridades como para la población que lo vive. ¿Cómo defender la paz y la civilización frente a un enemigo que desprecia absolutamente la vida humana? ¿Cómo luchar contra la bestia sin convertirse en una?

Esto no debe ser olvidado, ni tiene perdón. La foto la tomé de X.

Si el pueblo estadounidense ha de emprender una guerra contra los brutales terroristas del 11 de septiembre, tal vez convenga recordar estas palabras de James Madison: De todos los enemigos de la libertad, la guerra es quizá el más temible, pues contiene y desarrolla el germen de todos los demás.

Los estadounidenses también deben saber que el terrorismo se fundamenta en un profundo odio hacia el individualismo, la razón, la libertad, el capitalismo, la tecnología, el Estado de derecho y muchos otros valores que el pueblo de los Estados Unidos atesora.

Ningún individuo —y ciertamente ninguna sociedad— sale indemne del terrorismo y la guerra. Pero ¿cómo no sentir que hierve la sangre cuando se atacan los valores que más se aprecian? ¿Cómo no tomar partido cuando se ven amenazados la vida, la libertad y la propiedad? Esta es la lucha que libramos en Guatemala durante 36 años y que ahora, lamentablemente, es también la lucha del pueblo estadounidense.

Este texto —firmado por mí— fue publicado en FoxNews.com el 1 de octubre de 2001 y sigue vigente ahora que se cumplen 25 años de los ataques islamistas brutales. Un aniversario durante el cual la ciudad de Nueva York tiene un alcalde comunista e islamista; y en el cual la presencia proislámica en la política de los Estados Unidos —y en el Reino Unido y otros países europeos— es escalofriante.

La civilización sigue bajo ataque. Lo que ha cambiado es el número de quienes prefieren no decirlo.

Columna publicada en República


04
Sep 26

El almanaque de la ficción

 

El miércoles pasado fue 2 de septiembre, día en el que se celebra la novela La rebelión de Atlas. En esa novela la fecha aparece varias veces y, en una de ellas, está conectada con Guatemala: [Cuffy Meigs]…vendía rieles a Guatemala, o a compañías tranviarias de Canadá, cables a fabricantes de fonógrafos y durmientes como combustible para hoteles de centros turísticos, dice en el capítulo V de la tercera parte de la novela. Meigs, por cierto, es un saqueador que medra en la crisis, al amparo de los políticos… ¿te parece familiar?

Coincidentemente, ese capítulo comienza con: La mañana del 2 de septiembre un alambre de cobre se rompió entre dos postes de teléfono, junto a la línea de la vía del Pacífico, de Taggart Transcontinental. ¿Viste? El 2 de septiembre y Guatemala en el mismo capítulo. Eso me dio la idea de compartir varias fechas que ya ocurrieron y tienen relación con la literatura y el cine. ¿Me acompañas?

La rebelión de Atlas, por Ayn Rand.

La más famosa es 1984, de la novela de George Orwell. El título no es casual: Orwell invirtió 1948, el año en que escribía. La acción comienza el 4 de abril de 1984, cuando Winston Smith inicia su diario ilegal. El Partido controla Oceanía, reescribe la historia, vigila con telepantallas y persigue el pensamiento libre. ¿Te parece familiar?

Recién acaban de pasar el 4 y el 29 de agosto. En Terminator 2, Skynet entra en línea el 4 de agosto de 1997 y se vuelve consciente a las 2:14 a. m. (hora del Este) del 29 de agosto. Los humanos intentan desconectarlo y Skynet responde con un ataque nuclear. Ese es el “Día del Juicio”.

Hace casi 11 años pasó el 21 de octubre de 2015 y, en Regreso al futuro 2, de 1989, Marty McFly se encuentra con un futuro con patinetas voladoras, fax en casa, reality show permanente y una Serie Mundial imposible. Llegó el día; los hoverboards comerciales siguen siendo prototipos y los Cubs ganaron un año después.

También en 2015 se estrenó la película The Salt Flats, que protagoniza Valerie Page, la actriz que inspiró a V, de V for Vendetta. Siempre supe lo que quería hacer con mi vida, y en 2015 protagonicé mi primera película, “The Salt Flats”. Fue el papel más importante de mi vida, no por la carrera, sino porque así conocí a Ruth, cuenta la actriz.

En noviembre de 2019, de acuerdo con Blade Runner, de 1982, vemos una Los Ángeles bajo lluvia ácida, publicidad gigante y la pregunta de qué cuenta como humano.

En 2001: Odisea del espacio, película de Stanley Kubrick, de 1968, hay estaciones espaciales comerciales, una base lunar, el Discovery rumbo a Júpiter y HAL 9000.

En Escape from New York, de 1981, la Manhattan de 1997 es una prisión de máxima seguridad después de que la tasa de crimen explota.

Siempre me impresionó Soylent Green, peli de 1973. Ocurre en la Nueva York de 2022, con 40 millones de habitantes, calor extremo, racionamiento y la revelación de que soylent green son galletas hechas de harina de personas.

¿Te acuerdas de que el mundo se iba a acabar en diciembre de 2022 por el 13 Baktún? En la peli 2012, estrenada en 2019, el supuesto fin del ciclo maya largo genera terremotos, tsunamis y una corteza terrestre que se desintegra.

En 12 Monkeys, de 1995, un virus aniquila a casi toda la humanidad entre 1996 y 1997. Científicos del futuro envían a Bruce Willis al pasado para rastrear el origen. Los que vivimos la plandemia de 2020 vimos cómo se usa políticamente un virus.

Estas fechas funcionan como termómetros de las ansiedades de su época y como calendarios: Guerra Fría, miedo nuclear, desconfianza en las corporaciones, terror a la máquina que piensa. El tiempo real las alcanzó y, en la mayoría de los casos, las desmintió en lo espectacular, mientras confirmaba partes más mundanas como más vigilancia, más control de datos, más debate sobre el rol de la tecnología.

La ficción se queda y el almanaque sigue. Y cada vez que alcanzamos una de aquellas fechas imaginadas, no está de más mirar alrededor: a veces el futuro no llega como lo anunciaron, pero deja coincidencias incómodas.

Columna publicada en República.


21
Ago 26

El IUSI, prueba de poder

 

Si Bernardo Arévalo veta la ley del Impuesto Único sobre Inmuebles que exime del pago de aquel tributo a las personas que son dueñas de terrenos que sirven para viviendas, se van a confirmar dos teorías con respecto al uso del poder.

Los alcaldes reciben los tributos de la gente trabajadora. La ilustración es de Grok.

Lo ideal hubiera sido que el IUSI fuera eliminado por completo, ya que ese tributo es uno de los más inmorales; sin embargo, como cualquier alivio del peso impositivo sobre las ya castigadas familias guatemaltecas es bienvenido, pues la idea de que las viviendas no paguen es buena. Total… la política es el arte de lo posible.

¿Qué teorías se confirmarían si el Presidente veta aquel beneficio para los tributarios? La primera es de mi maestro, Osvaldo Schenone: Gobernar es gravar para gastar y despoja al gobierno de la retórica para reducirlo a su núcleo operativo. En lo esencial, gobernar no es liderar, transformar ni representar; sino que es extraer recursos de unos para asignarlos de alguna forma a otros. Todo lo demás es debate sobre el cómo y el para qué. Los gobiernos no crean riqueza; solo la transfieren y por eso necesitan gravar. Toda discusión seria sobre política pública debe partir de reconocer que el Estado opera fundamentalmente por medio de la extracción de recursos y su posterior asignación. Schenone sostiene que, cualquiera sea el tamaño, o la ideología del gobierno —desde el Estado mínimo hasta el más intervencionista—, su función definitoria e ineludible es recaudar impuestos (gravar) y destinarlos a algún uso (gastar).

La segunda parte de una premisa contra la cual se nos ha entrenado desde bien chiquitos: la política no es un reino moralmente superior al mercado. Es un proceso de intercambio e incentivos donde los actores responden a costos y beneficios privados. El Análisis Económico de las Decisiones Públicas (Public Choice) aplica el instrumental de la economía a la política, la burocracia y las instituciones colectivas. No supone benevolencia, ni omnisciencia en los gobernantes.

Políticos, burócratas, votantes y grupos de interés maximizan su propia utilidad (poder, presupuesto, prestigio, reelección, rentas) bajo las restricciones institucionales que enfrentan. No hay interés general abstracto que los mueva de forma automática; y esta es la ruptura fundacional con la visión romántica del Estado como agente benevolente. James M. Buchanan y Gordon Tullock la formularon con claridad: si abandonamos el supuesto de egoísmo racional en el mercado, no tenemos derecho a reintroducirlo mágicamente cuando analizamos al Congreso, o a los ministerios.

Tullock desarrolló el concepto de búsqueda de rentas parasitarias (rent-seeking), que ocurre cuando recursos reales se desperdician y no sirven producir riqueza, sino para capturar transferencias por medio del gobierno.

Estas teorías son realismo puro y nos obligan a abandonar la ilusión de que más democracia, o mejores intenciones resuelven automáticamente los problemas de acción colectiva y de poder. Nos recuerdan que la libertad y la prosperidad dependen menos de la virtud de los gobernantes y más de las restricciones institucionales que enfrentan.

Si el veto llega, no será un error de cálculo. Será el poder actuando exactamente como estas teorías describen en perjuicio de tu familia y de tu economía familiar.

Columna publicada en República


14
Ago 26

Narcopolítica, poder y “bisne”

 

Por si la política estatista de toda la vida no fuera suficientemente nefasta para la cooperación social pacífica y para la existencia de la república, la narcopolítica es la infiltración del narcotráfico en las estructuras de aquel tipo de poder político.No es un fenómeno marginal, ni exclusivo de un país; sino la consecuencia casi natural de la narcoactividad a gran escala.

Mientras la prohibición siga generando fortunas ilegales que compran protección e impunidad, la narcopolítica no será una anomalía, sino el reverso inevitable de la política estatista que dice combatirla.

Sus causas no son misteriosas: la demanda masiva en Estados Unidos y Europa genera fortunas ilegales que superan con creces los presupuestos de muchos Estados. Ese capital compra protección, votos e influencia. A esto añádele debilidad institucional, la escalada y profesionalización de la corrupción, el clientelismo, factores geográficos, la pobreza que alimenta el reclutamiento y la diversificación del bisne en actividades como el tráfico de personas y las extorsiones que necesitan más protección política.

En Hispanoamérica hay casos paradigmáticos de narcopolítica: en Colombia, Pablo Escobar llegó a la Cámara de Representantes y usó su fortuna para obras sociales en Medellín. Allá, la campaña presidencial de Ernesto Samper recibió millones de dólares del Cartel de Cali.

De México, Genaro García, secretario de Seguridad Pública y rostro de la guerra contra el narco de Felipe Calderón, fue condenado en Nueva York por recibir millones de dólares en sobornos del Cártel de Sinaloa.

De Honduras, el expresidente Juan Orlando Hernández fue condenado, en la Gran Manzana, a 45 años de prisión por conspirar para importar cocaína a Estados Unidos. Y, ¿quién no se acuerda de Manuel Antonio Noriega, de Panamá, que facilitó el tránsito de cocaína de los carteles colombianos?

Los EE. UU. no escapan al fenómeno:

José Irizarri, de la DEA (hazme el favor) desvió millones de dólares de operaciones de lavado de dinero de carteles colombianos. Jesse C. García, de la CBP fue sentenciado a nueve años de cárcel por permitir el paso de vehículos con cocaína, metanfetamina y fentanilo del Cártel de Sinaloa. En Massachusetts, Jasiel Correia, fue condenado por aceptar cientos de miles de dólares en sobornos relacionados con licencias de cannabis. Organizaciones mexicanas y colombianas han utilizado bancos, inmobiliarias, negocios de importación-exportación y redes chinas de lavado en ciudades estadounidenses. Estas redes a veces generan donaciones, o contactos políticos locales. Informes del Congreso, como el del Comité Kerry en los años 80, y casos judiciales posteriores han documentado que funcionarios. estadounidenses toleraron, o se beneficiaron de flujos de droga.

La llamada guerra contra las drogas ha sido un fracaso. La lógica histórica de la Prohibición del alcohol se repite: al legalizar y regular, el Estado recupera el control del mercado y reduce el poder de los grupos que vivían de la ilegalidad.

Milton Friedman (economista Premio Nobel) planteó que la ilegalidad crea ganancias obscenas que financian las tácticas violentas de los capos y generan corrupción de funcionarios. La prohibición, dijo, convierte al gobierno en el protector involuntario del cartel, porque mantiene los precios altos y elimina a la competencia legal.

La Comisión Global de Políticas de Drogas ha explicado que la regulación legal es la forma responsable de arrebatar los mercados a las organizaciones criminales. Señala que la prohibición deja el peor de ambos mundos: los criminales se quedan con todos los beneficios y los consumidores enfrentan productos adulterados y peligrosos.

El Cato Institute, de Washington, D. C. tiene material al respecto. El equipo de Cato entiende que la guerra contra las drogas es una de las peores cosas que ha hecho el gobierno estadounidense y uno de sus fracasos de política más contraproducentes. Su solución preferida no es más militarización, ni más coerción, sino acabar con la prohibición y tratar las drogas como un problema de salud y de libertad individual, no como una guerra.

Ethan Nadelmann, fundador de la Drug Policy Alliance sostiene que la prohibición es el principal generador de los problemas que se le atribuyen a las drogas: violencia, corrupción y poder político de los carteles. Nadelmann también entiende que la adicción a las drogas no es un asunto criminal, sino un problema de salud que requiere una aproximación compasiva.

Mientras la prohibición siga generando fortunas ilegales que compran protección e impunidad, la narcopolítica no será una anomalía, sino el reverso inevitable de la política estatista que dice combatirla.

Columna pubicada en República.


31
Jul 26

Tu bolsillo en la mira

 

En el contexto de la Revolución Americana, el emplumamiento fue una práctica de protesta contra los impuestos y los cobradores de impuestos. A estos personajes se los desnudaba, se los cubría con brea y se los hacía rodar en una pila de plumas de aves de modo que estas se adhirieran a sus cuerpos. El emplumamiento fue una forma de castigo, o venganza muy popular en las Trece Colonias y el más famoso de ellos fue el de John Malcolm, un cobrador de aduanas, en Boston, que fue emplumado por los Patriotas.

Emplumamiento de John Malcolm, recaudador de aranceles. Philip Dawe, Dominio público, via Wikimedia Commons.

Hubo, también, árboles de la libertad. El primero de estos fue un olmo en Boston y bajo él se reunían los Hijos de la Libertad para protestar contra los impuestos. De sus ramas se colgaban efigies de cobradores de impuestos.

Estos personajes -los encargados de cobrar impuestos, y los que multiplican e incrementan los tributos- nunca han gozado de aprecio en las sociedades. De hecho, en la Biblia se cuenta que los publicanos eran muy despreciados.

¿A qué vienen estas historias?

A que diputados de la bancada Valor, en el Congreso, recién propusieron aumentar en un 20% el impuesto sobre la circulación de vehículos; y su pretensión alcanzaría las billeteras de propietarios de vehículos particulares, comerciales y motocicletas, o sea… tu billetera. Tu bolsillo está en la mira.

Esta propuesta de expoliación surge en momentos económicamente delicados para los tributarios chapines porque los combustibles están carísimos; y porque como consecuencia de los combustibles caros (por factores internacionales) también se encarecen el transporte y todos los productos que tienen que ser transportados.  En esas circunstancias de penas, ¿qué se les ocurre a aquellos políticos estatistas? Castigar más la economía doméstica de los guatemaltecos.

Tú, que lees Carpe Diem con frecuencia, sabes que los impuestos son una forma de extorsión ya que funcionan de la siguiente forma: pagas lo que políticos y burócratas te exigen que pagues, o te meten preso. Ese acto es exactamente igual al que comete el marero cuando llega a una tienda de barrio y le exige dinero a cambio de no hacerle daño al tendero, o a su familia.

Tú, que visitas este espacio con frecuencia, sabes que los impuestos son dinero ajeno tomado mediante amenaza del uso de la fuerza, para luego ser repartido con criterios políticos entre la clientela de los que tienen el poder para quitarles ese dinero a sus propietarios legítimos.

De ahí que el concepto de contribuyente sea absurdo, en tanto que el concepto de tributario sí tiene sentido. Muy atinadamente, Javier Milei dijo que Llamar contribuyente al pagador de impuestos es como que el violador llame a su víctima novia. En esa dirección, Lysander Spooner explicó que El Estado es como un ladrón que te asalta en un callejón oscuro con una pistola, te quita el dinero, pero luego te compra un bocadillo con tus propias monedas y espera que le des las gracias.

Cuando un grupo de políticos y burócratas pretende que pagues más impuestos sin que antes se racionalice el gasto del gobierno, se eliminen las plazas para fantasmas, se eliminen todas las partidas presupuestarias que van destinadas a intereses particulares y clientelas, y se reduzcan al mínimo la mala administración, el desperdicio y la corrupción, ese grupo se merece el rechazo de tributarios y electores.

…y si viviéramos en el siglo XVIII, tal vez merecerían una buena emplumada.

Columna publicada en República.


27
Jul 26

El gobierno te rompe las piernas

Para el observador superficial un subsidio estatal es una ayuda económica que el gobierno da a grupos de interés. Sirve para que un producto, o servicio, cueste menos dinero de lo que vale en realidad. Como el gobierno no produce riqueza, ni nada, a los tributarios el gobierno les saca impuestos de un bolsillo, y generosamente les da un subsidio en el otro bolsillo, con ese dinero que tomó. ¿Te das cuenta del absurdo?

Los subsidios son transferencias de riqueza, de los grupos no organizados hacia los grupos organizados. La ilustración es de Grok.

De ahí que la frase para que cueste menos dinero de lo que vale en realidad es aparente en términos financieros. Si pagas Q4.70 de IDP; y te dan Q5.00 de subsidio aparente por galón. ¿De cuánto es el subsidio aparentemente real? ¡De Q0.30. ¿Te das cuenta del absurdo? Y eso en el supuesto de que los Q4.70 que pagaste pasaron por el gobierno sin ser objeto de mala administración, desperdicio y en muchos casos corrupción.

El subsidio es un privilegio, es una ventaja económica que unos reciben y otros no, a costa de los tributarios. Ahora bien, tú no recibes el subsidio, porque no es que a tu cuenta del banco le depositen Q5.00 por cada galón de gasolina que consumes. Ese dinero se lo dan a los empresarios de combustibles.

Por eso es que mis amigos economistas dicen que los subsidios son transferencias políticas de riqueza, y no necesariamente para los más pobres. Alguno de mis maestros explicó que los subsidios van de los grupos más vulnerables, desorganizados y poco dados al escándalo, hacia los grupos más organizados y dados a la buruca. Es decir que, un campesino que paga impuestos por la compra de un machete en Huehuetenango, termina pagando el subsidio de la gasolina para un carro en la ciudad de Guatemala. ¿Qué paga poco, poco? Sí. Pero la cuestión no es sólo económica, sino moral. ¿Por qué es moralmente aceptable que unos le paguen la ayuda a otros, incluso a los que no necesitan de la ayuda? Pregunto esto porque los dueños de Lexus, Audi, Mercedes, BMW, Cayenne y otros, reciben el mismo subsidio que los dueños de carros mucho más modestos.

El subsidio es inmoral porque es dinero de impuestos (y tú ya sabes que los impuestos son robo), ¿por qué iba a ser moral tomar dinero ajeno bajo amenaza del uso de la fuerza y repartirlo entre grupos de interés político?

Es inmoral porque es un engaño. ¿Por qué iba a ser moral saludar con sombrero ajeno cuando se soluciona un daño causado por el mismo grupo que causó el daño? Es como el meme que dice: El gobierno te rompe las piernas y luego te regala las muletas.

Es inmoral porque le quita al consumidor la posibilidad y los incentivos para racionalizar su consumo y le crea la ilusión de que el producto subsidiado tiene un precio distinto al precio real. Cuando un bien tiene un precio real, los consumidores tenemos el incentivo de no desperdiciarlo y de consumirlo sólo cuando de verdad es necesario. Eso reduce la demanda y crea presión para bajar el precio de la oferta… naturalmente… no por la fuerza.

Verás, los precios son mensajeros y alterarlos constituye censura. Los precios llevan y traen información que la gente necesita para colocar sus recursos. Si la gasolina está política y artificialmente barata la gente cree que puede usar más de la que usaría si el precio fuera real.

Censura es la prohibición, o el control de información. Un gobierno la aplica para evitar que un contenido se conozca. Si el gobierno impide que conozcas el precio real de la gasolina para que administres tus recursos económicos de forma racional y sin el engaño, el gobierno censura esa información.

Los subsidios, como el de la gasolina, no surgen sólo porque haya sinvergüenzas. Surgen porque a mucha gente la han entrenado a pensar que el gobierno debe resolver sus problemas económicos incluso de forma invasiva. No basta con que el gobierno se concentre en garantizar el respeto a los derechos individuales, el cumplimiento de los contratos y la resolución de conflictos; mucha gente ha sido entrenada a creer que si el gobierno le resuelve los problemas a los empresarios mercantilistas, y a los sindicatos de maestros, también se los debe resolver a otros grupos de interés. Y por eso estamos donde estamos.

El resultado no es más justicia ni más eficiencia: es más dependencia, más distorsión y más poder concentrado en quienes deciden a quién se le quita y a quién se le da.

Columna publicada en República.


20
Jul 26

Periodismo contra el poder

El periodismo honesto es un acto de razón y justicia, y consiste en identificar la realidad tal como es, sin evasiones ni altruismo colectivo que sacrifique la verdad por el bien mayor. El periodista investigador no es un activista ni un servidor del Estado; es un buscador de hechos que defiende la soberanía individual al revelar lo que otros quieren ocultar.

El periodismo de investigación se enfrenta a lo más oscuro del poder. 

El periodismo de investigación no es el reportaje diario de eventos, ni la mera repetición de declaraciones. Es un género riguroso, sistemático y original que busca descubrir y exponer al público información oculta, deliberadamente escondida por quienes detentan poder, o accidentalmente enterrada en un mar de datos caóticos. Del periodista argentino Horacio Verbitsky es la frase: Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa; el resto es propaganda. Y lo que te voy a contar es consecuencia de mi experiencia como productor de noticias internacionales en Aquí el Mundo y TelePrensa, así como de editor de Economía y asistente del director en Siglo Veintiuno y unos meses en el Phillip Merrill College of Journalism en la University of Maryland.

Las características esenciales del periodismo de investigación —que es muy raro y caro de hacer— son que los reporteros no esperan que les den las noticias: las persiguen con mucho tiempo de esfuerzo, hipótesis, verificación cruzada y fuentes primarias.

El periodismo de investigación revela corrupción, abusos de poder, fraudes corporativos, venalidad de los sindicatos, injusticias sistémicas, o fallos del gobierno que afectan los derechos individuales. Sirve como watchdog del sistema republicano, pero desde la razón, no desde ideologías colectivistas.

Hace uso intensivo de registros públicos, leyes de acceso a la información, análisis de datos, entrevistas off the record y —cuando es ético y legal— técnicas encubiertas. Todo debe ser verificable, con protección rigurosa de fuentes.

No busca el sensacionalismo barato, sino justicia: que los culpables rindan cuentas y la sociedad entienda la realidad para actuar con conocimiento.

Desde la perspectiva Objetivista, este periodismo encarna la virtud de la racionalidad: rechaza el misticismo, el emocionalismo y el altruismo sacrificial. También la de la honestidad porque no falsea la realidad. No investiga para salvar al colectivo sino para defender la realidad y los derechos de los individuos a no ser engañados ni expoliados.

En mi experiencia y en la historia del oficio, estos son los enemigos del periodismo de investigación: el poder político y estatal; los intereses particulares de grupos específicos con influencias; los medios y editores cobardes, o cooptados; las barreras legales e institucionales; y la apatía del público, la cultura relativista, y el llamado periodismo ciudadano.

Estos enemigos no son conspiraciones fantásticas, sino consecuencias previsibles de la naturaleza humana cuando no se rige por la razón y los derechos individuales. Como Ayn Rand advertía, el altruismo y el colectivismo pavimentan el camino a la tiranía; el periodista debe oponerse con egoísmo racional, defender su integridad y la verdad como valor supremo.

Los enemigos del periodismo de investigación no siempre actúan con violencia abierta y prefieren herramientas sutiles y sistemáticas: demandas frívolas, auditorías selectivas, despidos o bloqueo de acceso a información pública; campañas de descrédito (fake news, enemigo del pueblo, pacto de corruptos), bots en redes, filtraciones selectivas o medios afines que difunden contranarrativas; usan el relativismo (todas las verdades son subjetivas) para erosionar la confianza en hechos objetivos; colocación de aliados en reguladores, jueces o directorios de medios; control de presupuestos estatales para medios amigos; en contextos autoritarios, leyes de desinformación, o seguridad nacional; sobornos, favores, invitaciones a eventos exclusivos, o amenazas veladas a la familia, o carrera; promoción de narrativas emocionales (solidaridad, equidad) que justifican ocultar verdades incómodas. Ataques a la neutralidad como complicidad y promoción del periodismo militante en vez de objetivo.

El periodismo de investigación —que repito que es raro y caro— exige coraje moral, disciplina racional y una ética inquebrantable. No en busca de popularidad ni aprobación del poder, sino en busca de la verdad. Como dice Ayn Rand en La rebelión de Atlas: No se puede vivir en la mente de otros. El periodismo de investigación es independiente, verifica, protege sus fuentes y nunca sacrifica la verdad por el bien común.

Columna publidada en República.


10
Jul 26

¿Quién paga daños de etanol?

 

Si los promotores del etanol consiguen su propósito de imponer ese producto, va a haber daños. ¿Quién va a pagar esos daños?

Mi cuate, César, publicó que el manual de un vehículo dice: si cuando se utiliza mezcla de gasolina con alcohol el rendimiento del vehículo no resulta satisfactorio, o el ahorro de combustible no resulta satisfactorio, cambie inmediatamente a gasolina sin plomo, sin contenido de alcohol.

Advertencia de un fabricante de vehículos: el etanol puede perjudicar el rendimiento.

A ese comentario, un lector de @luisficarpediem, Pepe, añadió: Lo que me preocupa es qué pasará con los motores que no son carros que también usan gasolina. Personalmente uso una desbrozadora y definitivamente no funciona con etanol. También están las plantas de emergencia que generan electricidad.

Por ningún motivo use combustibles mezclados con etanol.

Mis cuates mecánicos coinciden en que:

El etanol tiene menos energía por galón que la gasolina pura y eso se traduce en: menor potencia y respuesta del acelerador (mezcla más pobre o leaner por el oxígeno extra del etanol). Mayor consumo de combustible para mantener la misma velocidad o carga. Posibles problemas de arranque en frío, o marcha irregular en motores carburados, o con calibración antigua. En climas húmedos como Guatemala, el etanol absorbe agua del ambiente, lo que favorece la corrosión en piezas del sistema de combustible, y puede causar separación de gasolina, etanol y agua.

La mayoría de fabricantes japoneses realiza pruebas extensas de durabilidad con diferentes combustibles en bancos de prueba, pruebas de carretera aceleradas y recopilación de datos de talleres de todo el mundo. La experiencia real que respalda la advertencia incluye: corrosión y depósitos en carburadores, inyectores, bombas de combustible y tanques (especialmente en modelos más antiguos, o con componentes no actualizados). Degradación de mangueras, sellos y diafragmas de hule, o plástico que se hinchan, agrietan, o endurecen con el tiempo. Reclamaciones de garantía y quejas de clientes en mercados donde se forzó el uso de etanol (pérdida de potencia, consumo alto, fallas en el sistema de combustible después de meses, o años). El etanol ataca ciertos elastómeros y metales si no están específicamente formulados para resistirlo. En motocicletas, ATVs y algunos autos más antiguos, o de mercados emergentes, el manual suele limitar el etanol, o recomendar que se vigile el desempeño.

No es teoría, sino datos de campo y pruebas de ingeniería. La advertencia citada arriba protege al cliente, al motor y a la reputación de la marca. Modelos más nuevos (especialmente inyectados post-2005/2010) suelen tolerar mejor el E10, pero la recomendación de volver a sin alcohol si hay problemas sigue siendo válida.

Las desbrozadoras (y la mayoría de equipos de jardinería de 2 tiempos, o 4 tiempos pequeños) son mucho más sensibles que un automóvil moderno porque:

Usan carburadores con orificios y jets muy pequeños (fáciles de tapar con depósitos mínimos). Suelen estar guardadas semanas, o meses con combustible dentro (el etanol absorbe humedad y se degrada y forma goma o barniz corrosivo). Muchos componentes (mangueras, diafragmas del carburador, tanque) no son totalmente resistentes al etanol.

En la práctica, si se concreta que toda la gasolina sea E10, o similar, obligadamente:

Prepárate para arranque difícil, o fallido, marcha irregular, pérdida de potencia y apagados frecuentes (sobre todo después de estar guardada). Los carburadores se ensucian mucho más rápido, y entonces hay necesidad de limpieza, o reconstrucción con frecuencia. Corrosión en el cuerpo del carburador, jets, aguja y asiento. Degradación de mangueras y sellos y luego fugas, o endurecimiento. El combustible se echa a perder más rápido en el tanque, incluso en pocas semanas. Mayor riesgo de daño interno si el motor trabaja pobre (leaner) por el oxígeno del etanol.

¿Cuál es el resultado esperado? Mayor costo de mantenimiento, más tiempo en el taller y vida útil más corta del equipo si no se toman medidas extras. Algunos fabricantes suelen decir que hasta 5-10% etanol es aceptable, pero eso sólo significa que no se destruye de inmediato, ni que sea óptimo para uso esporádico, o almacenamiento.

Otras maquinarias afectadas son: podadoras de grama, sopladoras de hojas, recortadoras de setos, cultivadoras o tillers. Generadores portátiles (muy comunes en Guatemala por los cortes de luz). Motosierras (de dos tiempos especialmente sensibles). Bombas de agua, fumigadoras y equipo agrícola ligero. Motores fuera de borda. Motocicletas y scooters antiguos, o de carburador (muchas de bajo costo, o modelos previos a 2010). Vehículos clásicos, antiguos, o de colección. Equipo de construcción ligero (compactadores, cortadoras de concreto pequeñas, y otros).

¿Quién va a pagar los daños a los propietarios de vehículos, motores, o maquinaria que resulten perjudicados por el uso forzado de etanol?

Las advertencias de los manuales y la experiencia acumulada en los talleres no son opiniones. Son datos. Cuando se impone un combustible sin opciones reales para quienes usan equipo sensible, los costos no desaparecen: se trasladan al usuario final. Y ahí, en el carburador tapado, o en el generador que no arranca, la pregunta se vuelve concreta.

Columna publicada en República.

Comentario de lector: De Manuel Figueroa recibí el siguente comentario que me paració valioso compartir. Hola Luis, yo apoyo al “no etanol” o al menos que sea a elección del consumidor. Pero las mismas petroleras (Gt) están apoyando al ejecutivo y al estado en general (mal hecho por cierto). Yo estoy pendiente de ver si hay algún amparo al entrar la ley (a mi gusto, debería ser antes), pero sobre su comentario “¿quién pagará las reparaciones?” o algo así, yo sugiero a los que usen etanol obligado que usen una sola marca y mejor si es la misma gasolinera, y que guarden sus facturas porque las petroleras se tendrán que responsabilizar de desperfectos. Ya hubo un caso en que Shell, cuando introdujo V-Power en un embarque, hizo daño a vehículos que usaron el mismo y se pagaron arreglos incluso en las agencias de los vehículos dañados. De cerca lo vivió un primo y su BMW seminuevo. De hecho, sugiero usar esa marca porque ya respondieron a una situación similar. Por cierto, no es publicidad a ellos, yo uso otra marca y compré un carro diésel porque no quiero problemas hasta que obliguen a usar biodiésel (para qué les doy ideas a estos #estatistas). Saludos.


03
Jul 26

La basura no desaparece

 

Cuando viajas por los caminos polvorientos de la patria, no es raro encontrar que en las inmediaciones de muchas poblaciones hay tiraderos de basura junto a las carreteras y ahí llegan camiones a depositar desechos. Por supuesto que las cunetas de muchas carreteras también están llenas de todo tipo de basura.

Basura bajo el histórico Puente de los Esclavos.

Eso no es raro porque si caminas por las calles de muchas poblaciones vas a encontrar lo mismo: basura, basura, basura. Incluso en los patios de las casas: llantas usadas, baldes rotos, latas de leche en polvo, trapos, alguna bicicleta vieja y más basura.

Date una vuelta por la fiesta patronal de casi cualquier pueblo y lo que vas a ver por todas partes son hojas de tamales, elotes desgranados, pañales usados y otras inmundicias.

Sin ir muy lejos, una vez a la semana, al otro lado de la calle de  mi casa, amanecen bolsas negras llenas de basura. Sospecho que por la cantidad no se trata de residuos domésticos y apuesto una ceja a que los responsables de ese abuso son de alguna empresa a la que no le costaría mucho pagar un servicio de extracción de basura. En casa de mis padres y en las casas de mis abuelas, desde que yo era niño, llegaban los basureros con sus costales y se llevaban la basura en camiones amarillos. Mi tía abuela, Baby, una vez detuvo el carro en el que íbamos porque uno de mis primos arrojó un envoltorio en la carretera. La cultura de disponer bien de la basura se aprende desde que uno es chico.

Cuento esto porque la semana pasada participé en buena parte del República Summit de Sostenibilidad 2026: La basura, el reto pendiente. En esa actividad se expusieron datos escalofriantes y culminó con una observación inquietante: Fíjate que todos somos responsables de la basura. Tú, y yo. Todos.

A partir de ahí, te comparto otras ideas que se expusieron durante el encuentro: el manejo apropiado de la basura es un problema político y constituye una deuda del gobierno y de las municipalidades con los electores y los tributarios; pero la solución va por la vía de los incentivos y no por la de los castigos. Las leyes punitivas no van a cambiar la cultura de la gente, ni la de las autoridades a cargo del asunto.

El panel que escuché estuvo integrado por representantes de la cadena ignorada que limpia la ciudad: los recolectores y transportistas de desechos sólidos, así como los recicladores base. Los miembros de esta cadena que ya existe, no deben ser ignorados en cualquier solución que sea explorada.

El que mucho abarca, poco aprieta: los guatemaltecos podemos reducir sustancialmente el impacto de la basura si tan solo hubiera incentivos para tratar lo biodegradable. Y hablando de incentivos, el sector privado sería un aliado estratégico en cualquier ruta que se explore para el manejo de residuos.

República Summit de Sostenibilidad 2026: la basura el reto pendiente.

Durante mi permanencia en el foro también escuché siete modelos que tienen impactos positivos en el manejo de la basura: Proverde, Castillo Hermanos, BAC, Cayalá, Desarrollo en Movimiento, Revo y Grupo AG. Esos modelos muestran diferentes vías para gestionar residuos: coprocesamiento, reciclaje de plástico, financiamiento sostenible, valorización urbana, rescate de alimentos, recuperación de vidrio y reciclaje de chatarra. Todos con visiones de largo plazo.

Haces ratos un amigo le preguntó a un alcalde  que por qué había tanta basura en las afueras del pueblo; y lo que el munícipe contestó fue: Es que aquí no hay río. ¿Ves? En todo caso, el manejo de la basura no se va a arreglar con proyectos aislados. Este asunto desagradable requiere de una estrategia nacional capaz de inspirar e integrar a las personas, empresas, municipalidades y autoridades. Porque la basura no desaparece; solo cambia de lugar cuando no se administra con responsabilidad.

Lo cierto es que la basura no se arregla con discursos, ni con proyectos aislados. Mientras no se alineen los incentivos para que la gente, las empresas y las municipalidades hagan lo correcto porque les conviene, y no solo porque les multan, seguiremos viendo vertederos junto a las carreteras y bolsas negras frente a las casas. Cadenas de soluciones ya existen; lo que falta es dejarlas trabajar y construir sobre lo que ya da resultados.

Columna publicada en República


26
Jun 26

¿Preparado para el próximo sismo?

 

Me encontré con un ejemplar de La nueva Guatemala antes y después de los terremotos de 1917-1918, por Arturo Taracena Flores. Esa obra preciosa tiene fotografías de antes y después de aquellos sismos que no dejaron nada en pie. Docenas y docenas de edificios y casas hermosas desaparecieron para siempre, y los movimientos dejaron luto en miles de familias.

¿Tienes preparado tu kit de terremoto? La ilustración es de Grok.

¿Es casualidad que me haya topado con ese libro al día siguiente de los trágicos y dolorosos terremotos en Venezuela? Estoy seguro de que has visto escenas estremecedoras de aquellos sismos y de que estás conmovido; pero ¿ya pensaste qué harás cuando sea el próximo gran terremoto en Guatemala? Te recuerdo que nuestro país está sobre tres placas tectónicas, está cruzado por fallas activas y tiene tres volcanes vivos. ¿Cuándo crees que ocurrirá el próximo movimiento fatal?

El último gran terremoto de alcance nacional fue el de 1976, hace 50 años. Muchos adultos que ahora tienen 40 años de edad tal vez no lo recuerdan. Los chicos que tienen 20 años seguramente piensan que ocurrió en la prehistoria; y yo, que tenía 15 en el 76, lo recuerdo perfectamente. Por cierto, en esa ocasión hubo unos 23.000 muertos.

¿Estás preparado? ¿Vas a actuar desde el sentir, o desde el pensar? Si el terremoto va a ser de noche, como hace 50 años, todos vamos a estar en nuestras camas y los efectos van a ser unos; pero si va a ser de día, las familias van a estar dispersas. ¿Tienes un plan con tu familia? ¿Quién va a ir a por quién y en qué orden de prioridades? Durante los temblorones de julio del año pasado —que fueron en la tarde—, la gente se volcó a las calles en pánico. ¿Recuerdas qué ocurrió con el tráfico, que ya es malo de por sí?

La mayor parte de la infraestructura formal va a soportar un buen terremoto en la ciudad de Guatemala; pero ¿y las construcciones informales? ¿Qué crees que va a ocurrir con las construcciones de remesas, hechas por maestros de obra con presupuestos limitados y aspiraciones grandiosas? Si el terremoto es de noche, eso va a ser un muerterío; y si es de día, ¿te imaginas la cantidad de calles bloqueadas por escombros?

¿Qué porcentaje de las carreteras del país crees que aguantará los derrumbes y los colapsos? Estoy seguro de que todo el país va a quedar fraccionado. ¿Qué crees que va a pasar con el columpio de Vista Hermosa, que se rajó en 1976? ¿Qué va a pasar con varios sectores de la carretera a El Salvador, o de la carretera Panamericana? ¿Cómo crees que van a quedar la Calzada de la Paz y sus entronques?

Los postes dañados así, y sobrecargados, ¿aguantarán un terremoto como el de 1976?

Toma en cuenta que la comunicación telefónica va a estar saturada, si es que no se interrumpe completamente. En 1976 no hubo teléfonos, ni energía eléctrica, ni agua. ¿Has notado que muchos postes en la ciudad tienen rajaduras y el hierro está expuesto? ¿Has visto que muchos parecen estar sobrecargados con rollos de cables? Si esos postes se caen, lo harán sobre casas, carros y personas.

En línea hay bastante información para prepararse, por expertos como Héctor Monzón, o mi maestro Sam Bonis. Búscala. ¿Ya tienes tu kit de terremoto? En casa tenemos mochilas equipadas para el caso de que tengamos que evacuar el edificio. Nuestros kits de terremoto tienen sendas mudadas de ropa, baterías, linternas, botellas de agua, latas de frijoles, elotes y atún, galletas de soda, antigripales, antialérgicos, analgésicos, antidiarréicos, antibióticos, fósforos, vodka, pasaportes y algo de dinero cada una. También incluimos carpas y bolsas de dormir.

La cuestión es: ¿vas a actuar desde el sentir, o desde el pensar? El próximo sismo no avisará. Llegará cuando llegue. Lo que cuente entonces será lo que hayamos hecho antes, con la cabeza.

Columna publicada en República.