03
May 10

El fracaso de la CNEE, del MEM, y del subsector eléctrico

La desmonopolización de la prestación de servicios telefónicos y la de la generación de energía eléctrica se hicieron realidad, en Guatemala, poco más o menos en la misma época; y ambos procesos ha producido resultados muy distintos.

En telefonía hay tres empresas compitiendo por precios y servicios hasta el punto de que hay empresas que regalan los aparatos y de que, en Guatemala, las tarifas son bajísimas. En telefonía hay más números asignados, que habitantes de la República. En telefonía, ¡hasta los mendigos tienen teléfonos móviles!
En cambio, en energía eléctrica, esta se sigue produciendo mayoritariamente por medio del petróleo, ¡en un país lleno de ríos y de potencial geotérmico! Hay una inmensa cantidad de pobres que no tienen luz. Casi no hay inversión en nuevas fuentes de producción y nos acercamos de nuevo a como estaban las cosas a principios de los años 90. ¿Recuerda, usted, los apagones de 6 horas? ¿Recuerda que mucha gente tuvo que importar plantas generadoras de emergencia?
Este estado de cosas se debe, principalmente a los marcos jurídicos que definieron ambos procesos. Mientras que el marco de la telefonía era uno de libertad y dinámico; el de la energía eléctrica era uno controlador, administrativo, tendiente a lo estático, e inflexible. El espíritu libertario guió al primer proceso, y el espíritu estatista guió al segundo proceso. Y a todo esto, hay que sumarle la alcahuetería de quienes ejercen el poder, para con aquellos grupos que obstaculizan y socavan las inversiones que hace años que se deberían haber hecho para desarrollar nuevas fuentes de producción.
La Comisión Nacional de Energía Eléctrica, el Ministerio de Energía y todo el sector público de la electricidad (¿con la complicidad de algunos grupos del sector privado eléctrico?) están fracasando miserablemente en cuanto a sumar nueva generación y a expander nueva generación. Hace años que no tomaron las decisiones necesarias para evitar la dependencia del petróleo, y no están tomando las decisiones necesarias para detener esta dependencia y abrir nuevos horizones.
¡Nos están condenando a pagar más y nos están condenando a apagones! Y cuando haya apagones, habrá desempleo porque -como ocurrió en los 90- cuando no hay energía, no la hay para la industria, ni para el comercio, ni para el agro.

03
May 10

Recuerdos que trajo una luciérnaga audaz

El sábado nos alegró mucho la visita audaz de una luciérnaga, en casa. El pobre insecto debe haber estado algo nervioso por la atención que recibió; pero no por eso, la gentil visitante dejó de regalarnos su luz y seguramente por eso es que no dejó de moverse, ni siquiera para la foto.
Desde hace unas dos semana, el pequeño bosque que mi vecino tiene en su terreno -y el cedro que destaca en él- han estado adornados con las miles de pequeñas luces intermitentes que emiten las luciérnagas que lo habitan. El espectáculo es hermoso y yo había deseado que alguna de aquellas criaturas se acercara a mi casa. ¡Y ocurrió!
Las luciérnagas me gustan mucho desde que era chico. Me embobaba viéndolas aparecer y desaparecer, y también me llamaba la atención lo mansas que son. Como la de la foto, aunque inquietas, uno puede tomar una y tenerla en la mano durante bastante tiempo sin que alce el vuelo. La primera vez que tomé una creí que quemaban, pero claro que no y estaba fascinado con ella en mi mano.
La luciérnaga, algo apropiadamente, se llamaba un drive-in al que mis padres solían llevarnos los domingos para la cena. El local se hallaba donde hoy se encuentran las torres del Banco Industrial; y, ¡ah, cómo nos gustaba ir a ese lugar! El nombre le iba porque el área era oscura y árboles grandes, y la luz del drive-in se veía tenue entre la oscuridad. Y ahora, cuando ya no tengo la inocencia que tenía a los 9 años, pienso que debe haber sido interesante lo que ocurría en algunos de los autos que llegaban a buscar refugio en aquel ambiente encantador. Y pienso que les debe haber parecido fastidioso un auto con dos adultos divertidos y tres, o cuatro niños bulliciosos.

01
May 10

Las delicias de la miel de abejas

Una de mis golosinas favoritas es la miel de abejas, y mi forma preferida de consumirla es con pan francés y mantequilla. Y claro que también me gusta en los panqueques y en los waffles.

Aveces me entran deseos incontenibles de comer miel de abejas. La primera vez que eso me ocurrió fue c. 1974, en una ocasión en la que estaba viendo un documental sobre las abejas y sentí deseos de comer el dulce néctar. Así que fui a la cocina a buscar miel…y no había. Entonces salí a la calle y caminé hacia la casa de una amiga de mi abuela, Frances, en cuya finca se producía miel. Toqué el timbre y cuando la cocinera abrió la puerta le pregunté que si me podía regalar un poco de miel. Y La Toya se rió y me regaló un frasco lleno.
Ahora que he estado con gripe y tos he estado comiendo cucharadas de aquella delicia. Y siempre me fascina pensar en todo lo que implica esta maravilla de alimento. Pienso en las abejas y en su sistema de comunicación y de organización; pienso en el néctar que recogen de distintas flores y cómo es que este le da distintos sabores a la miel. No es lo mismo la miel de la Costa, que la del Altiplano; no es lo mismo la miel de donde hay cafetales, que la que se produce donde hay naranjales. Pienso en lo delicado que es el proceso de producción y recolección de la miel y me fascino cuando está en mi boca. Ciertamente que siento mucha admiración por la miel de abejas y por los animalitos extraordinarios que la producen.
Cuando era niño, uno de los espectáculos hogareños que más me impresionaban era cuando mi tía abuela, La Mamita hacía turrón. Una vez salía de la cocina el aroma de la miel, el recinto se empezaba a llenar de abejas. La Mamita seguía en lo suyo, batiendo las claras de huevo y añadiendo el azúcar, mientras que yo observaba a las abejas -entre asustado y encantado-. Vale decir que llegaban por docenas y que nunca nos picaron.
Ahora ha caído en mi casa un producto interesante. Pajillas o popotes llenos de miel blanca saborizada. Las hay con cardamomo, con café, con canela, con limones persas, con panela, y con eucalipto. ¡Ahora mismo me estoy comiendo una con cardamomo! El sabor natural de la miel se combina muy bien con los sabores mencionados.