11
Ago 24

¡Anacates! Todo el orbe cante

 

¡Todo el orbe cante! ¡Ya hay anacates en la ciudad de Guatemala! Los trajeron más atrasados que el año pasado y no son los mejores; pero ya hay.

Por supuesto que tengo que ir al Mercado Central a donde mi dealer de anacates; pero -el sábado- por la emoción y el antojo compré unos en la calle. La ventaja de los del mercado es que están mejor seleccionados y frescos y que, por lo tanto, no se desperdicia tanto.  Es que a mí me gusta poner sólo los que están firmes y no tienen gusanos.   

Los comimos sobre fetuccini y la salsa fue la tradicional de las casas de mi abuela, Frances, y de mis padres: Limpias bien los anacates y los que son grandes los cortas de forma transversal.  En mantequilla abundante cristalizas cebolla picada fino. Añades los anacates, sal, pimienta generosa y perejil picado. A fuego muy lento dejas que se cuezan los hongos .  Luego añades un poco de agua con maicena para que la salsa agarre consistencia (aguas que no se recuezan porque deben estar al dente). Antes de servir sazonas la salsa con un chorro de fino al gusto. Ayer los comimos acompañados con buen pan de semillas y con vinho verde. 

Esas delicias de la tierra chapina

Los anacates -en cualquiera de sus formas de preparación- son uno de mis platos guatemaltecos favoritos. En casa los disfrutamos mucho con salsa de perejil y jerez, con frijoles colorados, en pizza, con crema y sobre linguini, o spaguetti.  Una vez en pulique y fueron deliciosos.  Desde niño, en la casa de mis padres y de mi abuela, Frances, los gozaba mucho.  En aquel tiempo no eran tan abundantes como ahora y siempre fueron bocatto di cardinale.

La época de oro de los anacates en casa de mis padres y de mi abuela fue en los años 90 cuando una señora de San Juan Sacatepéquez los traía en pequeñas y encantadoras cestas de hojas.  Fresquísimos a más no poder.

Estos hongos no sólo destacan por su sabor particular y delicado; sino por su consistencia que ofrece algo de resistencia a la mordida.  Su color anaranjado es muy atractivo y sus formas son variadas.

Es tradicional que, en mi casa, el segundo semestre del año no empieza hasta que los anacates llegan frescos a la cocina…y  la mesa…y hasta que comienzan las clases.


10
Ago 24

¡Desfile de bandas!

 

Hoy dimos nuestro acostumbrado paseo sabatino por la Sexta Avenida de la zona 1 y hubo sorpesa: ¡Desfile de bandas escolares!

Nos apostamos bajo el arco del edificio del correo -una obra arquitectónica encantadora de Rafael Pérez de León- y ahí disfrutamos de las bandas, de la alegría de los estudiantes y del público y de los cohetes y fuegos artificiales.

No hay duda alguna de que a los jóvenes guatemaltecos les encantan los desfiles y las bandas.  Me maravillo con el entusiasmo de los patojos, de sus familias, de sus maestros y hasta de ex alumnos que acuden a ayudar en estas actividades.

Ya vienen el 14 y 15 de septiembre -cuando se celebra la desvinculación de Guatemala de la corona hispánica-  y esos dos días me los gozo muchisimo por los desfiles, las bandas y las antorchas.

La única vez que tuve oportunidad de marchar fue cuando estaba en Primero Básico; pero mi escasa vocación para el ejercicio se sumó a cierta repugnancia por la prepotencia de los comandantes de los pelotones durante los ensayos. De modo que llegado el 15 de septiembre opté por no ir al desfile y me fui con mi familia al Turicentro Likin para aprovechar el asueto. En la Dirección del colegio me dijeron que perdería Educación Física como consecuencia; pero a la hora de la hora la amenza no se cumplió.

Ahora que veo a los chicos, con la alegría, el compañerismo y el entusiasmo propio de sus edades pienso que me privé de una experiencia que hubiera recordado siempre con cariño. Claro que…en aquel entonces…los desfiles no eran tan espectaculares como ahora. 

La mera verdad es que me emociono mucho en estos desfiles escolares y si alguien me preguntara si participa, o no en una de estas celebraciones le diría que si, que participe, y que se entregue full a la experiencia, que no se prive de añadir a su vida momentos con potencial de convertirse en recuerdos entrañables. 

@luisficarpediem

Dimos nuestro acostumbrado paseo sabatino por la Sexta Avenida de la zona 1 y hubo sorpesa: ¡Desfile de bandas escolares! #desfile #bandas #bandasescolares #celebracion #luisfi61 #estudiantes #colegios #jovenes #ciudaddeguatemala

♬ sonido original – Luis Figueroa


09
Ago 24

Reflexiones, tiranos y justicia

 

Entre algunos de mis amigos, el tribuno romano Catón el Joven es admirado por sus virtudes de probidad, determinación y escrupulosidad, virtudes que también comparto. Catón colaboró con uno de mis héroes, Cicerón, para erradicar la conspiración de Catilina, resultando en la sentencia de muerte para los conspiradores. Durante estos eventos, Catón y Julio César se enemistaron. Más tarde, Catón y su partido acusaron a César de hacer la guerra ilícitamente en la Galia y propusieron entregarlo a los germanos, aliándose finalmente con Pompeyo contra César.

Julio César, acorralado por las acusaciones de Catón y su partido, demandó ser nombrado procónsul, pero el senado lo rechazó. Esto llevó a que Catón declarara a César enemigo de la república y exigiera que licenciara a sus tropas. Acorralado, César cruzó el Rubicón con su ejército, lo que finalmente llevó al quiebre de la república romana y Julio César se constituyó en tirano.

Algunos de mis amigos sostienen que si Catón no hubiera acorralado a César, la historia habría sido diferente, no por un ánimo de apaciguamiento, sino por un entendimiento político profundo.

Catón el Joven. La foto la tomé de https://www.worldhistory.org/image/17680/cato-of-utica/

¿Qué podemos aprender de esta historia?

En los viejos tiempos, tiranos criminales como el emperador Bokassa I e Idi Amín eran derrocados y salían de sus países sin mayores incentivos para quedarse en el poder a sangre y fuego. Desde una perspectiva puramente política (entendida esta como el arte de lo posible) se entendía que lo importante era salir de ellos al menor costo … y “a otra cosa mariposa”.

En contraste, Augusto Pinochet, que legó una Constitución republicana y entregó el poder pacíficamente después de que la gente decidiera que ya era hora de que se fuera (por medio de un plebiscito), fue perseguido, acosado y detenido.

En aquel contexto he leído que según fuentes diplomáticas EE. UU. le ofreció a Nicolás Maduro que no va a pedir su extradición si ese personaje criminal acepta su derrota y se retira; y un cuate comentó que desde que se creó el Tribunal Penal Internacional no hay manera de echar a los dictadores porque, claro, los tiranos contemporáneos se aferran al poder – a sangre y fuego – porque la opción es ser perseguidos, acosados y encarcelados (la opción que esperaba al tirano Julio César)… en vez de encontrar un puente de plata como los africanos.

Estas ideas son food for thought porque el celo de Catón el Joven que apunta a buscar justicia, evitar la impunidad, castigar delitos e incluso crímenes, y a hacer responsables de sus actos a los tiranos, ¿puede hacer que salga más caro el caldo que la gallina?

Maduro y gente como Diosdado Cabello y otros no sólo se robaron las elecciones, sino que están desatando olas de represión y miedo que dan escalofríos. En Venezuela, la gente decidió terminar con la tiranía por medio del sufragio; pero el régimen elevadamente inescrupuloso no respetó aquella decisión, de modo que la gente – especialmente los jóvenes que siempre son los que pagan el pato – tuvo que salir a las calles. Desarmada, porque sus padres entregaron voluntariamente las armas cuando el régimen se las exigió.

El régimen, entonces, ha producido por lo menos 24 muertos y 2,200 detenidos.

La ilustración la tomé de X.

Está claro que Maduro, Cabello y los demás delincuentes venezolanos -de esa calaña- deberían enfrentar las consecuencias de sus decisiones y acciones criminales; pero, ¿en cuánto tiempo y a cuántos muertos y encarcelados?… si no son posibles soluciones a la Gadafi o a la Ceaucescu (porque la gente fue desarmada).

Columna publicada en República. 


08
Ago 24

Guatemala y contrastes

 

Ayer, miércoles, llevé a Esmeralda -una cuata extranjera- a conocer la ciudad de Guatemala, y cuando pasamos por la Séptima avenida y Sexta calle, nos topamos con esta escena: Un árbol precioso de colores, frente al palacio nacional, así que cuando nos detuvo el semáforo cada uno tomó esta vista:

Séptima avenida y Sexta calle de la zona 1.

Aparte de los evidentes árboles y palacio, ¿ves que una paloma vuela sobre el árbol? Por otro lado, el personaje de la izquierda sospecho que no estába bien de la cabeza porque hacía movimientos sincopados y…¿por qué no tomé vídeo?  He ahí un drama humano en contraste con la belleza del árbol y la de la arquitectura; sumado al la indiferencia del pájaro.

Pero hay un contraste mayor que no se ve en la foto.  Durante la noche del martes en esa misma esquina bella presuntos sicariios mataron a La Viejona, una aparentemente inocente vendedora de comida para palomas que…¡Sorpresa!…tenía unos 75 antecedentes delictivos por robo, asalto, distribución de drogas y asalto.

Quienes visitan Carpe Diem con frecuencia saben que me encanta mostrarles la ciudad a los extranjeros, actividad que de una u otra forma hago desde que -en Primero básico- me capeaba de clases y me iba al Parque Central a buscar turistas. 

Con la visitante de ayer terminamos comiendo tortillas con buche y guacamol, chiles rellenos con salsa y tortitas de yuca con miel en el inigualable comedor Doña Mela, en el Mercado Central, donde la querida Carmen nos compartió una dosis de ese encanto chapín que maravilla a los visitantes.

Como en toda ciudad, los contrastes son parte de la vida.  Igual tienes un árbol precioso y arquitectura bella junto al lugar donde balearon a una delincuente curtida; y terminas comiendo delicias con gente encantadora y una conversación rica.


02
Ago 24

Oro para Adriana Ruano

 

Yo, que soy llorón de películas… y te recomiendo mucho Blue Bayou…, el miércoles descubrí que también soy llorón de Olimpiadas. ¿Sabes? Cuando vi que le ponían la medalla de oro a Adriana Ruano -y sonó el Himno Nacional de Guatemala en el Centro de Tiro Chaterauroux- se me metieron basuritas en los ojos.

Adriana Ruano ganó una medalla de oro olímpica. La ilustración la tomé de X.

No porque sintiera que ganamos una medalla de oro, ni porque sintiera que Guatemala obtuvo un primer lugar de una forma colectivista; sino porque son fascinantemente admirables las personas que tienen propósitos bien claros y ejercen todas las virtudes necesarias para alcanzarlos. Una medalla olímpica -e incluso una participación en los Juegos Olímpicos, aunque no incluya presea- merece todo respeto, y aplauso si esa participación es virtuosa.

Ya Jean Pierre Brol había obtenido una medalla de bronce y eso había sido emocionante; pero ¿cómo no?, el oro y el Himno tienen significados muy profundos. Es muy humano compartir la felicidad de otros; y más aún si es la felicidad del prójimo (y prójimo viene de próximo).

Jean Pierre Brol obtuvo una medalla de bronce. La ilustración la tomé de X.

La virtud del orgullo y el valor de la autoestima son celebrados de forma personalísima en los Juegos Olímpicos por los atletas que participan; pero, por medio de la virtud de la empatía (la simpatía en términos smithianos), los mortales podemos ser partícipes de la alegría (sin decir Aramos, como le dijo la mosca al buey). A modo de experimento, hubiera sido interesante que los olímpicos guatemaltecos hubieran participado sin bandera y sin himno (por los líos del COG). Estoy seguro de que los chapines hubiéramos apoyado y celebrado las participaciones y éxitos de los atletas de Guatemala, aun sin aquellos símbolos que aportan cierto sentido de pertenencia; pero que grupos políticos interesados tratan de estatizar de forma inescrupulosa.

Cuando uno ve a los atletas ganadores en los podios recibiendo sus medallas, no es difícil comprender el valor de los ideales olímpicos. Valores asfixiados por la cultura woke que, injusta y absurdamente, se burla de ellos en casos como el de la boxeadora Angela Carini (por ejemplo), heroína olímpica que debe ser desagraviada tan pronto como sea posible. No sólo por ella, que ya es bastante y suficiente, sino por los mismísimos Juegos Olímpicos y su futuro incierto.

Los Juegos Olímpicos, ¿sobrevirirán a la cultura woke? La ilustración la tomé de X.

De vuelta a Adriana Ruano, ¡Chapó! Yo no conocía su historia de vida; no sabía que siempre quiso participar en las Olimpiadas, que había sido voluntaria, que había sido atleta y se había lesionado; y que nunca abandonó su propósito (¿viste que no dije sueño?), sino que perseveró y lo consiguió en otra disciplina. Adriana Ruano, además, es graduada de la UFM y uno no puede sino alegrarse cuando los alumni tocan las estrellas.

Jean Pierre Brol y Adriana Ruano serán fuente de inspiración para quién sabe cuántos jóvenes deportistas guatemaltecos. Ya tengo ganas de irme a parar a alguna calle y verlos pasar cuando vuelvan… y llevaré anteojos oscuros por si hay basuritas en el viento.

Finalmente, celebro que numerosos negocios chapines les ofrezcan premios y cortesías a los campeones; porque -con sus virtudes en pos de sus propósitos- nos están dando alegría a los guatemaltecos y nos unen más allá de las diferencias que nos enfrentan (muchas veces de más).

Columna publicada en República.