30
May 25

Burócratas contra los niños

Antes de discutir cualquier merecimiento que los maestros del sector estatal crean que tienen, todo elector, tributario y, especialmente, todo padre de familia que depende de ellos para la formación de sus hijos debe tener en cuenta el siguiente dato: solo dos de cada diez estudiantes de secundaria del sector estatal tienen las habilidades esperadas en matemáticas y escritura; y en lectura, solo tres de cada diez de aquellos estudiantes tienen las habilidades esperadas.

La ilustración la tomé de Facebook.

¿Quieres otro dato? En primaria, solo cuatro de cada diez estudiantes del sector público tienen las habilidades esperadas en lectura, escritura y matemáticas. ¿Viste? Mientras más tiempo pasan en la escuela, más se deterioran sus habilidades?

Dicho lo anterior, ¿qué méritos reclaman los burócratas miembros del Sindicato de Trabajadores de la Educación de Guatemala? Digo burócratas porque el Ministerio de Educación es el mayor empleador de trabajadores en toda Centroamérica (eso oí el martes, 28 de mayo, en Emisoras Unidas a las 3:10 p. m.). Con excepciones honrosas —de maestros con vocación, para quienes la educación y los niños son prioridad—, lo que hay en el magisterio estatal es una costra nostra de burócratas para los cuales lo más importante es el depósito de fin de mes y cualquier privilegio que puedan conseguir por medio del pacto colectivo, a cambio de la menor cantidad de horas trabajadas al año.

Nos engañamos si creemos, de verdad, que la educación en manos de políticos y burócratas forma personas integrales, capaces de florecer en un mundo tan cambiante, ¡tan cambiante y retador! como el que estamos viviendo.

Por lo pronto, entre 100 y 150 miembros del STEG están acampando en la Plaza de la Constitución junto a un tiradero de cruces que ya tiene años de estar ahí. El motivo inmediato es que no están conformes con el aumento del 5 % que —con dinero tomado de los tributarios— les otorgó su empleador, el Ministerio de Educación. Y, por supuesto, los sindicalistas quieren más (¡15 %!) y no quieren que el aumento se dé al margen del pacto colectivo que no están negociando, sino intentando imponernos a quienes pagamos los costos de sus caprichos.

Como el pacto está atorado, te recomiendo que veas el programa de Emisoras Unidas citado; ahí, el licenciado Rony Linares explicó claramente cuál es el procedimiento legal para desentrampar la discusión de aquel pacto y seguir adelante sin perjudicar a los padres de familia y a los niños que no tienen otro palo en qué ahorcarse que el sistema estatal de educación.

La administración semillera (¿todavía se le puede llamar así?) hace bien en no acceder al chantaje del sindicato. Está monitoreando 35,922 centros educativos para evaluar los efectos de las protestas. Supuestamente, hay 700 denuncias por ausencia de los trabajadores de la educación, y Mineduc ya podría empezar a levantar las actas correspondientes para sancionar a los sindicalistas que no cumplan con el calendario escolar y la protección del interés superior de los niños.

Independientemente de todo aquello, ¿no te parece fascinante que los semilleros tengan que lidiar con el tipo de movimientos que la izquierda alcahuetea tradicionalmente? La educación controlada por políticos y burócratas, así como el sindicalismo en el sector estatal, son joyas preciosas en el estuche de monerías del lado más colectivista del espectro político.

@luisficarpediem

Nos engañamos si creemos, de verdad, que la educación en manos de políticos y burócratas forma personas integrales, capaces de florecer en un mundo tan cambiante, ¡tan cambiante y retador! como el que estamos viviendo #educacion #magisterio #estatismo #burocracia #luisfi61 #peligro

♬ Keyboard_typing sound(894890) – keiichiro Akamine

En un mundo ideal, y esto se aplica también a los maestros en el sector privado, todo padre de familia debería conocer bien qué es lo que le están enseñando (metiendo en la cabeza) a sus hijos en la escuela o en el colegio. Debería leer sus libros y sus apuntes. Conversaría con ellos acerca de los temas y abordaría a los maestros y directores. Tal vez los odiarían en la escuela o en el colegio, pero los padres no deberían entregarles así nomás las mentes de sus hijos. No deberían entregarles sus espíritus para que los deformen, los uniformen y los aplasten. Porque, si puede ocurrir en colegios privados, ¿qué crees que sucede en las escuelas que manejan los trabajadores del STEG?

Columna publicada en República.


23
May 25

Historia tras un peso de plata

 

Paseando iba yo por la calle principal de Chajul, cuando me llamó la atención una señora muy elegante que lucía un chachal galán y la pieza principal de aquel collar era un peso, de plata, con la efigie de Rafael Carrera. No pude evitar ver con atención la moneda y, al notarlo, la señora me dijo: Él sí fue buen presidente.

Piety, Power and Plitics, por Douglas Sullivan-Gonzalez.

Entonces me di cuenta de lo poco que sabía de Racacarraca, apodo que le dieron los liberales constructivistas. ¿Por qué ese apodo? Porque se decía que no sabía escribir y que firmaba de esa forma. Pero eso no es cierto.

Como la vida da giros fascinantes, el año pasado mi amiga, Rachel, me regaló Piety, Power and Politics, libro de Douglas Sullivan-Gonzalez. De mis clases de historia más tempranas, recuerdo que uno estudiaba que Mariano Gálvez había fracasado en su gobierno porque había prohibido los enterramientos en las iglesias, había impuesto el Código de Livingston y había sido acusado de envenenar las aguas con Vibrio cholerae. Creo que la historia ha sido injusta con Gálvez y que debería ser mejor valorado.

Algo que no sabía es que Carrera enfrentó revueltas indígenas por sacar los cementerios de las poblaciones y la prohibición de los enterramientos en las iglesias. Yo pensaba que este último asunto se refería a enterramientos eventuales, como los que uno ve en iglesias notables en la ciudad de Guatemala. Pero no… esos enterramientos eran generalizados, se hacían bajo el suelo de las iglesias y en los patios en circunstancias higiénicas deplorables.

S-G cita a John Lloyd Stephens, a quien se le heló la sangre durante la sepultura de un niño, debido a que, para que el piso de la iglesia no se hundiera, el enterrador aplastó el cuerpo de forma brutal. En muchos casos, los enterramientos se hacían de forma tan hacinada que emanaban fetidez y ponían en riesgo la salud.

Tanto los liberales constructivistas como los conservadores en tiempos de Carrera enfrentaron revueltas por la prohibición de aquellos enterramientos y por el traslado de los cementerios a las afueras de las poblaciones, ya que a los indígenas les gustaba tener a sus muertos cerca. Esto no sorprende porque S-G cita a Linda Schele y a David Freidel para explicar que los mayas clásicos enterraban a sus muertos bajo piedras de sus patios, de modo que sus ancestros pudieran estar cerca de los vivos.

Esto no es raro en la humanidad. S-G cuenta que en Francia, entre los siglos XVII y XVIII, los muertos eran enterrados en iglesias y en cementerios bien integrados a las poblaciones, de modo que los muertos continuaran siendo parte de la comunidad. Allá también hubo revueltas, al grito de ¡Muerte al cementerio!, contra las disposiciones revolucionarias que prohibían aquellas prácticas.

¿Por qué te cuento esto? Porque la semana pasada, Ricardo Sondermann ofreció una conferencia sobre Winston Churchill en la Universidad Francisco Marroquín y recordó que el Bulldog Británico recomendaba estudiar historia. Esa era mi materia favorita en el colegio y en la universidad; y su estudio, sobre todo cuando uno ve detalles —como las revueltas citadas, que siempre creí que se daban solo en tiempos de los liberales constructivistas, pero que también tuvieron que enfrentar los conservadores—, siempre es fascinante.

Dice S-G que, aunque el triunfo de Carrera benefició algunos intereses de la iglesia, muchos curas se vieron perjudicados. Por siglos, los clérigos habían lucrado con la religión popular y habían favorecido los enterramientos en las iglesias (a cambio de pagos); pero para 1830 y 1850, el conocimiento científico advertía del peligro sanitario, lo cual no evitaba los enterramientos clandestinos.

Un peso, con la efigie de Rafael Carrera.

¿Qué podemos aprender? Que las reformas que ignoran las normas culturales profundamente arraigadas tienden a fracasar, porque subestiman el conocimiento implícito en las tradiciones. Las intervenciones estatales que buscan imponer soluciones universales, sin considerar el conocimiento local y las tradiciones, suelen generar consecuencias no intencionadas, como revueltas, o prácticas clandestinas. La historia, con sus detalles y matices, nos enseña que el cambio debe dialogar con la cultura, no imponerse sobre ella.

Columna publicada en República


09
May 25

Mercado, no legislación de aguas

 

En la Segunda avenida y tal vez 12 calle de la zona 1 hay una esquina en ruinas que tiene una apariencia extraña. Una estructura parecida hay en algún punto entre la iglesia de San José y la Calle Martí. Ambas tienen tuberías de barro y en la de la Segunda avenida se ven agujeros en aquellas tuberías.

Caja distribuidora de agua entre la iglesia de San José y la Calle Martí.

Ambas estructuras son cajas o estaciones de distribución de agua de cuando el líquido vital bajaba por el acueducto de La Culebra; y los agujeros son de cuando la gente podía comprar una paja de agua. título que le otorgaba a su propietario una cantidad específica de aquel líquido. La paja de agua se usaba en contextos agrícolas y urbanos. ¿Por qué se llama paja? Porque históricamente el suministro equivalía a la cantidad de agua que pasaba de la tubería general, el inmueble del propietario del título, por un orificio del diámetro de una paja.

Te cuento esto porque la propiedad privada de las aguas es un concepto muy antiguo y enraizado. Ve tú a hablarles de cambiar el régimen de uso y disfrute del agua a la gente de Totonicapán y vienes a contarme cómo te fue. ¿Por qué digo las aguas y no el agua? Porque no todas las aguas son iguales. Cada tipo de agua tiene sus propias características objetivas (su química y su ubicación, por ejemplo) y sus características subjetivas (el uso y valor que tiene para sus usuarios).

Ya que llegamos hasta aquí, te dan atol con el dedo cuando te dicen que hace falta una ley de aguas; porque ley de aguas siempre ha habido en Guatemala y la más reciente -y aún vigente- es la que se halla en el capítulo V del Código Civil. En esos artículos se abordan las aguas de dominio privado, la propiedad de los álveos o cauces, las aguas subterráneas, las distancias a que pueden abrirse los pozos, la propiedad de las aguas alumbradas y lo relativo a los concesionarios mineros. El capítulo llama a una ley especial de aguas y regadíos; pero nótese que habla de ley, y no de legislación. ¿Y cuál es la diferencia? Que las leyes protegen los derechos individuales, en tanto que la legislación puede violarlos. Una ley de aguas propiamente dicha no debería violar la libertad y la propiedad en materia del líquido vital.

Sin embargo, no faltan los grupos de interés y los grupos políticos que promueven una legislación de aguas. ¿Con qué propósito? Con el de estatizar las aguas (y ya sabes que estatizar quiere decir entregarles a los políticos y burócratas el control) y para enriquecerse a fuerza de licencias, permisos y trámites con relación al uso y disfrute del líquido vital. ¿Para qué otra cosa iba a ser? ¿Para conservar y proteger el agua? Ya te digo… “te dan atol con el dedo”.

¿Qué hace falta para conservar y proteger el agua? Un mercado de aguas. ¿Por qué un mercado? Porque el mercado es lo que ocurre cuando se respetan la libertad, la propiedad y los contratos. ¿Quién duda que la mejor forma de proteger un bien con valor es en manos de su propietario? ¿Quién duda que lo que es de todos, es de nadie? El mercado, además, depende de precios y los precios son la información necesaria para asignar recursos de modo que no haya desperdicios. Mucha del agua de todos que desperdiciamos al día es desperdiciable porque pagamos su precio político, pero no su valor en el mercado.

Como en otras circunstancias, para resolver el problema del agua lo que se necesita es un ambiente de protección a la libertad, a la propiedad (los derechos al aprovechamiento) y al cumplimiento de los contratos. Los detalles de gerencia son eso y se resuelven mejor en ambientes habituados a la empresarialidad y a la innovación, que en los ambientes habituados a la maquinación política y a la mordida. La solución a las aguas no está en las regulaciones, sino en más libertad, propiedad y mercado.

Columna publicada en República.


02
May 25

Salvar La Antigua, ¡Ya!

 

A finales de los años 90, un amigo me llamó en Viernes Santo para preguntarme qué iba a hacer y, como le dije que nada interesante, me dijo: Vamos a La Antigua, y en la noche agarramos camino para la ciudad virreinal. Llegamos, estacionamos y la pasamos muy bien. A finales de los 80 y principios de los 90, era costumbre ir a parrandear a La Antigua los jueves en la noche, al salir de la universidad.

La Antigua, vista desde el convento de Santa Clara.

A principios del siglo XXI, con un grupo de amigos, íbamos a medianoche a La Antigua a ver el paso de una procesión por el parque, también en Viernes Santo, ¿por qué? Porque el área era iluminada con velas al paso del cortejo. Llegábamos, aparcábamos y disfrutábamos del ambiente y la tradición.

En ese tiempo, no era raro que, en casa, dispusiéramos ir a cenar a nuestro restaurante favorito de La Antigua y volviéramos a tiempo para descansar en la noche.

Mi punto es que, hasta no hace mucho, era práctico ir y venir a aquel destino encantador que siempre ha estado en mi corazón; desde la primera vez que recuerdo haber ido —en primer grado de primaria— porque les pedí a mis padres que me llevaran a almorzar allá el día de mi cumpleaños.

Seguro que no lo sabes, pero a principios de los 90 tuve un restaurante llamado Luna Llena que quedaba a una cuadra de La Merced. Antes de comprarlo (con mis socios), iba de viernes a domingo casi todos los fines de semana; y luego me quedé a vivir allá. Fue una época de mucho aprendizaje, a la que le tengo cariño.

Pero poco a poco, ir a La Antigua perdió practicidad (aunque no encanto). Dejamos de ir a ver lo de las candelas porque la ciudad empezó a llenarse de gente inmunda que ensuciaba todos los espacios posibles. A ratos, en las calles parecían escucharse frases como Nadaremos, nadaremos, de Nemo; o Imhotep, Imhotep, de La Momia.

A eso añádele que, en un día cualquiera, no puedes hacer viaje a La Antigua si no cuentas con por lo menos hora y media para el camino y que, en un sábado, te puede llevar un mínimo de cuatro horas llegar allá. ¡Cuatro horas! Eso es lo que tomaba llegar a Cobán a finales de los años 70.

Por eso no me soprendió leer que La Antigua perdió casi un millón de visitantes en sólo dos años. Es muy triste que las estadísticas del Inguat muestren que la ciudad virreinal pasó de atraer al 52 % del turismo local en 2023 a sólo 19 % en 2025. A duras penas está entre los cinco destinos chapines que más atraen turistas.

A mí tendrían que pagarme mucho dinero para que fuera a La Antigua en Semana Santa; y —como me ocurrió hace unos meses— si tuviera un compromiso allá, me tendría que ir con un día de anticipación para no arriesgarme a las cuatro horas mínimas de carretera.

Amo a La Antigua y disfruto mucho dormir allá y amanecer entre sus jardines y volcanes. Es tan rico caminar en la noche por sus calles; calles que todavía conservan fascinación, siempre y cuando no haya un grupo de borrachos peleando por ahí.

Pienso que es tiempo de que el sector privado de la ciudad virreinal tome el liderazgo de su rescate. Es tiempo de que los políticos (siempre decepcionantes) y los talibanes (siempre desconectados de la realidad) se hagan a un lado. Estos dos grupos deben hacer espacio para que la empresarialidad, la innovación y la creatividad le devuelvan a La Antigua su señorío y para que ir allá no sea intolerablemente absurdo.

La antañona capital del Reino de Guatemala merece algo mejor, mucho mejor. Es hora de que La Antigua recupere su carácter y vuelva a ser el destino que enamora a todos, un lugar donde el pasado y el presente se fundan en armonía.

Columna publicada en República.


25
Abr 25

Apuestas papales: ¿quién sigue?

 

En 1592 hubo un decreto romano que prohibió apostar sobre quién sería el próximo papa, bajo pena de excomunión. Sin embargo, poco más de 400 años después, hay plataformas con la más moderna tecnología cripto que aceptan apuestas sobre quién será el sucesor de Jorge Bergoglio.

Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco. Foto por Yakov Fedorov, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons

En esas plataformas, los candidatos con más apuestas a su favor son uno del corte del papa recién fallecido y otro más moderado. Pero ya conoces el dicho, ¿verdad? Aquél que entra al cónclave como papa, sale de él como cardenal.

Como la sucesión papal es uno de los temas de actualidad, hasta yo, que no soy creyente, me pongo el gorro de agorero y, sin que me lo pregunten, tengo mis candidatos, basado en lo que comentan mis amigos que sí saben de estas cosas:

Péter Erdő: es un firme defensor de la doctrina tradicional, que ha enfatizado las raíces cristianas de Europa y se ha mostrado crítico con políticas migratorias abiertas.

Robert Sarah: ha criticado el islamismo radical. Se opone a las presiones culturales modernas y defiende la autonomía individual. Favorito de los conservadores por su ortodoxia litúrgica.

Malcolm Ranjith: no es muy visible entre los “papabili”, pero destaca por su enfoque racional en la doctrina, su sensibilidad a los desafíos sociales, su independencia política y su perspectiva global. Mis amigos dicen que es menos polarizante que Sarah.

¿Ves qué tienen en común? No son peronistas como el papa recién difunto, ni son trendies. Sobre todo, dan la impresión de que entienden el valor de la civilización occidental frente a la islamización, y entienden el valor de la tradición frente a la necesidad de halagar a las masas.

Ninguno de los tres ha dado señales de que el derecho de propiedad sea secundario y de que dependa de un supuesto destino universal de los bienes. Ninguno de ellos ha dicho que el dinero es el estiércol del diablo. Ninguno ha opinado que las empresas no deben existir para ganar dinero, incluso si el dinero sirve para mediar su funcionamiento. Ninguno ha opinado que el liberalismo económico mata de hambre y mata de falta de cultura. Ninguno ha expresado que son los comunistas los que piensan como los cristianos. Y ninguno ha dicho que el capitalismo es terrorismo contra la humanidad. Adivinen como quién sí.

Dicho lo anterior —y para relajarme y divertirme— le pregunté a Grok cuál sería mi nombre si se diera la oportunidad de que yo fuera papa y estas fueron sus sugerencias:

Libero: que significa libre en latín. Dice la IA que este nombre es audaz y ligado a mi pasión por la libertad y mi rechazo a cualquier forma de coacción arbitraria. Es innovador, sin precedentes en la historia papal, y proyecta un papado de ruptura, centrado en la autonomía. Perfecto para mi filosofía y mi blog Carpe Diem, que promueve vivir plenamente en libertad.

Urbano IX: nombre que evoca civilización y conexión con la gente. Dice Grok que resuena con mi rol de comunicador accesible en mis columnas y clases. Su asociación con San Urbano y la claridad lo hace elegante y tradicional, pero con un toque de sofisticación que encaja con mi aprecio por el arte.

Emiliano: un homenaje personal a uno de mis tatarabuelos. Dice la IA que este nombre conecta con mi herencia guatemalteca y mi orgullo familiar, además de evocar trabajo productivo.

¿Cuál crees que es mi favorito? Libero. Me gusta porque captura, de manera directa y poderosa, mi compromiso con la defensa de la libertad y la razón; porque desafía las convenciones posmodernas y recuerda la relación que hay entre la libertad y la responsabilidad.

@luisficarpediem

El próximo papa no solo liderará una religión, sino que moldeará el rumbo de la libertad y la tradición en un mundo que las necesita más que nunca: que su elección nos recuerde que vivir libres es el verdadero carpe diem #papa #francisco #papafrancisco #jorgemariobergoglio #vaticano #catolicismo #iglesiacatolica #papado #luisfi61

♬ sonido original – Luis Figueroa

Al final, el próximo papa no solo liderará una religión, sino que moldeará el rumbo de la libertad y la tradición en un mundo que las necesita más que nunca: que su elección nos recuerde que vivir libres es el verdadero carpe diem.

Columna publicada en República.


19
Abr 25

Sabores de El Soch: ¡Felicidad!

 

El descubrimiento de un nuevo plato hace más por la felicidad de la humanidad que el descubrimiento de una nueva estrella, dijo el célebre Jean Anthelme Brillat-Savarin, que fue jurista, político y crítico gastronómico en tiempos de la Revolución Francesa. Tiempos fascinantes para ser crítico gastronómico, por cierto.

De él son otras dos frases que me gustan mucho: Dime lo que comes y te diré quién eres; y Si el hombre se contentase únicamente con agua, nunca hubiera podido decirse que uno de los privilegios humanos es beber sin tener sed. Las tres frases vienen al caso en esta temporada de conmemoraciones a la chapina y de celebración del equinoccio de primavera, porque esta semana tuvimos la dicha de visitar el sitio arqueológico El Soch (en Chicamán, Quiché), donde, de la mano de personas generosas y encantadoras —gracious es la palabra en inglés—, descubrimos nuevos platos, comimos como se debe comer y bebimos la mejor agua. ¿Y cómo se debe comer? Pues despacio, con alegría, y combinando sabores, aromas, texturas y colores en la mejor compañía posible.

Las fotos no le hacen justicia a la comida; pero se entiende. Frijoles parados y huevos revueltos, chirmol de tomates de árbol y. huevos revueltos, ensalada de Santa María, chirmol de coche, pacaya, mojarras y panal con miel.

¿Por dónde empiezo? ¿Conoces la hierba Santa María? No es la manzanilla, sino que tiene tallos que recuerdan al apio y un aroma y sabor anisado; pero tampoco es hinojo. Allá nos la prepararon picada, como prepararías una ensalada, y se usa para acompañar pescado, por ejemplo. Las mojarras que se comen en el sitio arqueológico son alimentadas con Santa María, con hojas de malanga y de caschamote, de modo que tienen un sabor delicado y delicioso, además de que hacen un caldo exquisito.

El año pasado lo probamos, pero este año lo apreciamos con mayor conocimiento: el tomate de árbol (Solanum betaceum), que allá en Quiché conocen como tomate extranjero. Haz de cuenta que ves una granadilla, pero con el interior muy parecido al tomate ciruelo que ya conoces. En El Soch lo comimos en chirmol picante; y en casa tenemos porque un amigo nos trajo de San Marcos. El año pasado estaba escaso en el mercado de Quiché, pero este año había abundancia de ese fruto delicioso. Es tan rico cenar tortillas, huevos y frijoles parados acompañados por chirmol de tomate de árbol entre anécdotas, risas y los sonidos propios de la selva.

Hablando de frutos, y para refrescar la sed, bebimos refresco de naranjilla (Solanum quitoense), un fruto cuyo jugo recuerda a las naranjas que conocemos, pero que tiene un toque con mucho carácter. Ahora que escribo estas líneas, noto que tanto el tomate de árbol como la naranjilla son del género Solanum y son originarias de los Andes y la Amazonía. No es extraño, entonces, que se den muy bien en áreas como la frontera de la legendaria Zona Reina, donde se encuentra aquel sitio arqueológico que, desde el periodo clásico temprano, tuvo una ubicación estratégica para el control territorial en las tierras altas del norte.

¡Brillat-Savarin tenía tanta, tanta razón! ¿Cuál fue la joya de la corona durante nuestra experiencia culinaria de este año en el equinoccio de primavera? Aparte del caldo y la mojarra ya mencionados, el chirmol de coche. También preparado por manos amorosas, entendí que la carne de cerdo se fríe y cuece en su propia manteca, que se va apartando. En esa manteca se fríen cebollas y miltomates majados hasta formar una salsa o chirmol con la que se cubre y suaviza la carne.

 ¿Qué te digo? Cenamos chirmol de coche acompañado por agua de manantial, esa agua que tiene una densidad ligera y casi imperceptiblemente mayor a la que estamos acostumbrados en los centros urbanos, y que, además, tiene un lejano toque mineral que no solo alivia la sed, sino que da alegría.

Por estas experiencias, quedamos profundamente agradecidos con don Julio y doña Mimi, con las tías Chita, Tita y Norma, y con la prima Marlin. Quedamos agradecidos con la vida, porque somos lo que comemos. Y así, entre sabores y risas, celebramos la vida en El Soch, donde cada bocado es un canto a la felicidad y a la conexión con nuestra tierra.

Columna publicada en República.

Actualización: olvidé mecionar que, en la tierra de las pacayas comimos pacayas asadas y descubrimos que se come el palmito de pacaya; también comimos miel recién extraída de un panal de abejas. 


04
Abr 25

Belleza vs. feísmo: ¿qué es arte?

 

Yo no distingo una corchea de una fusa, voy a decir que fui sensible a la música desde que era muy niño. Esto es porque me gustaba cantar y porque en las casas de mis padres y de mis abuelas se escuchaba variedad de música. No debo haber cantado mal, porque en el bus del kínder, la monja que lo manejaba me pidió que me sentara adelante, junto a ella, y cantara.

Haz clic en la foto para compar el libro.

Muy pronto, poco después, desarrollé gusto por el ballet (porque mi tía Patricia nos llevaba a mi hermano y a mí a funciones de ballet) y por la escultura. Sospecho que ambos gustos estaban estrechamente relacionados con una curiosidad y una fascinación por los movimientos y las formas del cuerpo humano.

¿Sabes qué no logro ubicar? Cuándo le tomé gusto a la pintura. Sé que en la primaria las pinturas a témpera y acuarela de mi hermano eran bastante mejores que las mías. Otra cosa que sé es que identifiqué, temprano, que los hierros retorcidos, las formas y colores ininteligibles, así como los sonidos incoherentes, no me eran agradables. Fui descubriendo que lo que yo buscaba era armonía, belleza y algo de maestría en la ejecución.

¿A qué viene esto? A que leí Arte, el libro en el que el filósofo y arquitecto Warren Orbaugh establece «de una vez por todas» qué es y qué no es una obra de arte.

En el libro, el autor comienza exponiendo la crisis conceptual que, cultivada entre el subjetivismo, el relativismo y el nihilismo, ha hecho casi imposible distinguir lo que es arte de lo que no lo es, y lo que es bello de lo que no lo es, sin acudir a la arbitrariedad.
Paso a paso, el autor nos lleva por una galería retadora de lo que no es arte. Retadora, digo, porque aquí es donde el lector promedio debe decidir si va a dejar a un lado sus prejuicios y va a activar su mente para explorar ideas nuevas.

No te prives del placer de descubrir qué es lo que realmente piensas sobre el arte y por qué. Sin embargo, te cuento que Warren explica el valor de conceptos como excelencia y sabiduría en las técnicas para luego concluir que la belleza es la perfección de la forma, que se debe a la «identidad completa, integral y total» de la obra, de modo que no se pueda alterar o modificar sin destruirla.

La verdadera esencia de la belleza, dice el filósofo, es la simplicidad que se encuentra en la unidad», y la fuerza que anima la belleza es un principio organizador que «une las partes entre sí y con el todo, y se manifiesta de forma sensible.

Más adelante, Warren explica la diferencia entre la belleza, que es objetiva, y el gusto, que es subjetivo. Esta diferencia es muy importante y suele desatar discusiones intensas cuando se habla de este tema, porque muchas personas creen que son lo mismo, y porque, en ciertos ambientes, ha de ser doloroso darse cuenta de que una obra no es bella porque les guste a algunos; y porque, aunque el mal gusto es mal gusto objetivamente, el gusto sí puede ser educado.

Si el tema anterior puede causar encuentros intensos, ¿qué tal el siguiente? Hay una relación íntima entre la belleza y la moral. ¿Por qué? Porque moral viene de mores o costumbres, y las buenas costumbres, aunque en un sentido son una ética menor, en otro sentido son una ética mayor porque son la ética de la vida diaria, como escribió Henry Hazlitt. Warren explica que las buenas costumbres crean una vida que nos aleja de lo ordinario, nos llenan de belleza y son civilizadoras. Vivir como seres humanos precisa de la belleza, y esta se relaciona con el deber ser, y el deber ser es cosa de la moral.

Dicho lo anterior, ¿te empiezas a dar cuenta de por qué hay grupos sociales, intelectuales y artistas que promueven el feísmo? ¿Por qué los hay que insisten en que arte es cualquier cosa que alguien diga que lo es?  La próxima vez que te encuentres frente a una obra de arte, pregúntate: ¿esto eleva mi espíritu, o me hunde en el caos? La respuesta podría revelarte más sobre el mundo que habitamos y sobre ti mismo, de lo que crees.

Columna publicada e República.


28
Mar 25

Etanol: ¿quién paga el daño?

 

Un fantasma recorre Guatemala: la Corte de Constitucionalidad resolvió que, a partir de 2026, los guatemaltecos consumidores de gasolina tendrán que usar ese carburante mezclado con etanol. Que no te engañen con que es para proteger el ambiente, porque en realidad es para que los productores de ese alcohol puedan recuperar sus inversiones y tener ganancias con ese bisne.

Para el motor de tu automóvil, los riesgos de corrosión, deterioro de componentes y otros podrían superar los beneficios. La ilustración la hizo Grok.

Cuanto antes, revisa las especificaciones de tu auto, o tu moto, o pregúntale a tu mecánico de confianza, porque tu vehículo podría no resistir aquel abuso. Mis amigos que saben de estas cosas me explicaron que, si tu vehículo no está certificado como flex-fuel o no tiene adaptaciones específicas (como inyectores y sensores compatibles), el uso prolongado de mezclas con etanol podría ser muy perjudicial.

En todo caso:

El etanol es higroscópico, lo que significa que absorbe agua del ambiente. Esta humedad puede provocar corrosión en partes metálicas del sistema de combustible, como el tanque, las líneas de combustible o los inyectores. En motores más antiguos, o no diseñados para etanol, esta corrosión puede ser más severa debido a la falta de materiales resistentes. La imposición del etanol va a castigar con más severidad a las personas más vulnerables, que no pueden tener autos modernos.

El etanol puede degradar materiales como el caucho, o ciertos plásticos usados en juntas, empaques y mangueras del sistema de combustible. Si tu vehículo no está preparado para combustibles con etanol, estos componentes pueden resecarse, agrietarse, o fallar, causando fugas, o problemas de presión en el sistema. Se te va a encarecer el costo del mantenimiento de tu auto, o tu moto.

Debido a aquella capacidad para absorber agua, el etanol mezclado con gasolina puede sufrir “separación de fases” si se acumula demasiada humedad. Esto crea una capa de agua-etanol que se separa de la gasolina, lo que puede llegar al motor y causar fallos en la combustión, obstrucciones en los filtros de combustible o daños en los inyectores. Empieza a ahorrar para pagar el taller.

El etanol tiene menos densidad energética que la gasolina pura, lo que puede alterar la mezcla aire-combustible en motores no calibrados para su uso. Esto puede resultar en una combustión más pobre, aumento de la temperatura en la cámara de combustión y mayor desgaste de piezas como pistones, válvulas y bujías, especialmente en motores de alto rendimiento, o más antiguos. Pero tranquilo, ¡vas a contribuir a mejorar el nivel de vida de los productores de aquel alcohol!

Cualquier ventaja que pudiera tener aquella mezcla forzada depende de que tu automóvil esté fabricado o adaptado para usar etanol con materiales resistentes a la corrosión y una calibración adecuada del motor, por ejemplo. Si no es el caso, los riesgos de corrosión, deterioro de componentes y otros podrían superar los beneficios. ¿Sabes si tu vehículo está certificado para mezclas como E10 (10% etanol) o E85 (85% etanol)? Eso ayudaría a precisar si realmente aprovecharías estas ventajas, o si te van a causar daños costosos. Mientras los productores de etanol celebran sus ganancias, tú podrías estar pagando el precio con el sudor de tu bolsillo.

Columna publicada en República.

Otra entrada al respecto: Aplazada la imposición del etanol.


14
Mar 25

Antígona y encierros del 2020

 

Etéocles y Polínices, hermanos de Antígona, se enfrentaron mortalmente. El primero recibió los ritos fúnebres de acuerdo con la tradición griega para que su alma fuera admitida en el Hades; en tanto que el cadáver del segundo fue dejado insepulto por orden de su tío, el rey Creonte, ya que Polínices había traicionado a la ciudad.

¿Te acuerdas que el gobierno publicaba los nombres, direcciones y teléfonos de las personas a las que había mandado a aislar?

Entre los griegos antiguos, el alma de un cadáver insepulto estaba condenada a vagar por la tierra eternamente. Ese es el motivo por el cual Antígona decide no obedecer la orden del rey (la ley de los hombres) y procede a celebrar los ritos fúnebres para Polínices (de acuerdo con la ley de los dioses). Y con ese acto desata la ira real para terminar encerrada en una tumba como castigo. Aquella tragedia de Sófocles ilustra muy bien la tensión que hay entre obedecer la ley de los hombres y los intereses del Estado, y la obediencia a leyes superiores, así como atender la necesidad humana de pasar por el proceso de duelo por parte de los deudos.

Te cuento esto porque ayer se cumplieron 5 años desde que comenzaron los encierros forzados en 2020. Porque en este aniversario no deben ser olvidadas las miles de personas que tuvieron que despedir a sus seres queridos desde los muros del cementerio, o desde un teléfono… sin poder verlos. No deben ser olvidadas las personas mayores, ni los niños que murieron asustados, sin el contacto de una mano amada, en la frialdad de algún hospital. No deben ser olvidadas las personas mayores que fueron encerradas, casi como Antígona, a merced del temor y sin tener contacto con sus hijos y nietos. ¿Y los que quedaron? Muchos quedaron con sentimientos de culpa que exacerbaron desequilibrios y neuropatías.

Es cierto que había un virus; pero los encierros forzados causaron devastación emocional, social y económica en muchos niveles. Los encierros fueron un atropello que socavó pilares clave como las relaciones afectivas entre las familias, la independencia económica y nuestra capacidad para actuar de acuerdo con nuestros mejores juicios. Muchas personas perdieron sus empleos, muchos negocios cerraron y muchas inversiones se perdieron. Hay entre dos y cuatro promociones de estudiantes que pasaron de noche y por Zoom dos años importantes de su formación.

Habiendo dicho lo anterior y para que no se olviden ni la crueldad de los encierros, ni el absurdo de los mismos, ¿recuerdas lo absurdo de muchas situaciones?

Nos forzaban a llevar mascarillas cuyos poros son de mayor tamaño que el virus chino que se suponía que iban a detener. Había quienes llevaban la mascarilla forzada… debajo de la nariz, pero cumplían con el mandato.

Nos obligaban a estacionar los vehículos un espacio sí y un espacio no en los parqueos.
Nos hacían pasar por termómetros que no estaban calibrados y que a veces mostraban que teníamos la temperatura propia de una rana.

¿Ya olvidaste los geles viscosos y malolientes?

Dime si no son inolvidables los pediluvios que se suponía que desinfectaban la suela de tus zapatos… contra un virus que se transmitía por el aire. Pediluvios que normalmente estaban secos (porque no tenían elemento desinfectante alguno) y además estaban indescriptiblemente sucios.

Asesinaron el transporte colectivo (porque las camionetas solo circulaban con un porcentaje bajo de ocupación), lo que llevó a las personas a adquirir automóviles y motos para movilizarse y eso multiplicó artificialmente el parque vehicular en el país.

Los niveles de temor e irascibilidad de muchas personas también se elevaron exponencialmente.

Los encierros forzados convirtieron en Pavel Morozov a todo aquel que tuviera el espíritu de un chivato ansioso por manifestarse. ¿Te acuerdas del odio que desató la chica que salió a leer en Cayalá?

¿Te acuerdas de que un día nos encerraban a las cuatro de la tarde y otro a las seis, como si el virus fuera Pedro Picapiedra que se iba del trabajo al sonar el pito?
Yo digo que no hay que olvidar a las víctimas de la psyop del 2020. Ni a las víctimas mortales, ni a las víctimas emocionales, ni a las víctimas económicas. Ni hay que olvidar lo fácil que fue asustar a tantos, tantos. Ni hay que olvidar los absurdos. ¿Cuáles otros recuerdas tú? Y lo peor es que no podemos decir que si aquello vuelve a ocurrir no obedeceremos, porque ¿quién está de ánimos para ir a la carceleta del Organismo Judicial por desafiar un encierro forzado?

Columna publicada en República.


07
Mar 25

Desarmados y presas fáciles

 

La afirmación de que una alta disponibilidad de armas y municiones causa más asesinatos es una simplificación que ignora hechos clave.

Primero: no hay causalidad directa entre una cosa y la otra, ya que Canadá, Finlandia y Suiza tienen tasas altas de posesión de armas y bajas de asesinatos; en tanto que Honduras, con menos armas legales per cápita y un mercado negro muy activo, ha tenido tasas de asesinatos elevadas. Segundo: en las sociedades con instituciones sólidas, la tenencia de armas no se traduce en delincuencia violenta; pero en aquellas en las que hay corrupción e impunidad —incluso si hay pocas armas— suele haber una letalidad alta. Tercero: en Hispanoamérica, gran parte de la violencia armada tiene su origen en pandilleros y mafiosos que tienen armas ilegales en sus manos; armas que no están en tus manos, ni en las de don Chano de la esquina. Cuarto: la demanda de municiones no implica asesinatos, ya que muchas personas usan las que compran para la caza, el deporte o la defensa.

Las personas desarmadas son presas fáciles de delincuentes, de fuerzas paramilitares y de gobiernos autoritarios. La ilustración la hizo Grok.

Las meditaciones anteriores vienen a que circula por aquí la idea de que si tenemos más homicidios es porque hay una gran cantidad de armas en el país, por lo tanto hay una demanda de munición. Por ello, la administración semillera te quiere hacer creer que es el momento para regular la supuesta venta desmedida de municiones.

Hace unos años, en Guatemala había bumper stickers que decían: Los delincuentes prefieren víctimas desarmadas y eso es ciertísimo; pero también los gobiernos autoritarios y totalitarios prefieren ciudadanos desarmados. ¿Te cuento?

En 2012, Hugo Chávez, en Venezuela, el socialismo del siglo XXI, prohibió la venta de armas y municiones a civiles y centralizó su control en manos del Estado y las fuerzas armadas leales a su régimen; lo que coincidió con un aumento en la represión y la incapacidad de los ciudadanos para defenderse de la delincuencia y del gobierno. Tras la revolución de 1979, los sandinistas en Nicaragua restringieron la posesión de armas a los civiles, reservándola para sus milicias y fuerzas estatales; y en la era de Ortega y Murillo, esa política le facilita a aquella pareja el control sobre la población disidente. Luego de la revolución de 1959, en Cuba, Fidel Castro restringió el acceso a armas de fuego para los civiles y esto consolidó el poder del régimen, al eliminar la posibilidad de resistencia armada contra la dictadura. Ya ni te digo qué pasó con los nazis y los soviéticos.
Dicho lo anterior, la autodefensa es un derecho humano; y desarmar a la población la deja vulnerable ante delincuentes y agresores que no respetan la ley.

Y… tú ya sabes, ¿verdad? El gobierno no siempre puede garantizar protección inmediata. Ni puede instalar unas gradas eléctricas en un tiempo razonable. En un país con institucionalidad precaria, la ciudadanía armada actúa como un contrapeso contra un gobierno tentado a volverse autoritario. La posesión de armas disuade la concentración del poder y protege la soberanía popular frente a posibles abusos.

Si las personas pueden defenderse, se reduce la necesidad de una policía omnipresente, se fomenta la autonomía individual y se evita la creación de un estado policial que limite el ejercicio de la libertad; y hablando de libertad, la posesión de armas implica un ejercicio de la responsabilidad personal. La prohibición infantiliza a la sociedad porque supone que las personas no son capaces de manejar su libertad de forma ética y segura.

La relación entre armas, municiones y asesinatos no es lineal ni universal. Factores como la estabilidad social, el estado de derecho y el control de la delincuencia organizada son mucho más determinantes que la simple posesión de armas por parte de la población.

Columna publicada en República.