07
Ene 22

Novak Djokovic y Muhammad Alí

 

Novak Djokovic es un héroe, como en su momento lo fue Muhammad Alí.  Héroe es un individuo de habilidades superiores que -de forma audaz- persigue valores en condiciones de dificultades extremas; de elevada estatura moral porque actúa de acuerdo con sus principios aunque en el corto plazo eso los perjudique.

Carine06 from UK, CC BY-SA 2.0 via Wikimedia Commons.

Djokovic es el jugador de tenis número uno e iba a Australia para participar en un campeonato.  Para hacer la historia corta, el gobierno no lo dejó entrar al país porque no está vacunado contra el covid, y a pesar de que ya había padecido la enfermedad y tendría inmunidad. En consecuencia, no podrá defender su título.

En 1967, el campeón mundial de box, Muhammad Alí, se rehusó a ser reclutado para pelear en la guerra de Vietnam, por motivos religiosos,  y como consecuencia le fue retirado el título.

Ambos enfrentaron las consecuencias de ser fieles a sus principios.  Ojo, que no soy antivacunas.  De hecho, tengo dos anticovid, una contra la influenza y todo mi esquema de vacunas de niño. Pero estoy convencido de que nadie debe ser forzado a vacunarse.  Estoy convencido de que tu y yo somos dueños de nuestros cuerpos y de que tenemos el derecho a decidir qué metemos en él y qué no.  Creo que nadie debería tener la facultad de forzarnos a meter sustancia alguna en nuestros cuerpos.

Estoy convencido de que el Código de Núremberg se aplica a las vacunas anticovid porque se está experimentando. Ayer dijeron un plazo de seis meses y hoy uno de tres para los refuerzos. No está claro si el concepto de esquema completo es válido, porque hay que estar actualizando el número de inyecciones. No es un tratamiento, sino un proceso de prueba y error.

 

Los héroes son necesarios porque nos proveen de inspiración vital.  Aunque tengan flaquezas y cometan errores. La cultura enferma en la que vivimos suele enfocarse en aquellas flaquezas y errores; pero las personas racionales deben dimensionarlas, y estilizar la grandeza de los héroes como lo hacen los grandes artistas románticos.  Si te interesa el tema, te recomiendo Heroes, Legends, Champions: Why Heroism Matters, por mi cuate, Andrew Bernstein.

Columna publicada en elPeriódico.


06
Ene 22

¿Reyes magos, u hombres sabios?

 

En casa comemos el célebre roscón de reyes para darle fin a la tradicional fiesta chapina conocida como Guadalupe Reyes, en alusión a las fiestas continuas entre el 12 de diciembre y el 6 de enero.

Este año me ha asaltado una duda: ¿Por qué es que en español hay tres reyes magos y en inglés hay Three wise men (tres hombres sabios)? ¿Alguien sabe y nos cuenta?

Hay grandes diferencias entre los dos conceptos:  Los reyes son monarcas y sus títulos tienen implicaciones de poder político; además son magos y eso tiene implicaciones místicas y sobrenaturales. ¿Esto responde a características culturales relacionadas con el mundo hispanohablante?

Los hombres sabios, en cambio, son personas sin atributos de poder y sin atributos raros. Son personas como cualquiera; pero que tienen la capacidad desarrollada de aplicar la inteligencia en la experiencia propia, obteniendo conclusiones que nos dan un mayor entendimiento, que a su vez nos capacitan para reflexionar, sacando conclusiones que nos dan discernimiento de la verdad, lo bueno y lo malo.

En otros casos los tres personajes son sólo magos, no reyes; empero, en las ilustraciones que acompañan estas meditaciones, todos están coronados.  En fin, la diferencia, ¿es un caso de traduttore, traditore, o uno de profundas y diferentes visiones del mundo?

Mientras tanto, en la oficina hubo tres roscas diferentes y a mí me tocó una de las criaturas, lo que significa que el 2 de febrero traeré algo rico para el equipo.  Mientras tanto el muñequito está adherido a mi puerta.

Esta celebración no era popular cuando yo era niño.  En casa pasaba inadvertida; pero de unos 25 años para acá se ha generalizado, sobre todo en las oficinas.

Las fotos del roscón y de la criatura son mías, pero la de los reyes, u hombres sabios, son de Tlatoani Cuauhtemoc.


06
Ene 22

Así se corrompe nuestra capacidad de pensar

 

Googleo Funciones del lenguaje y recibo 347,000,000 resultados; casi todos los que vi antes de aburrirme como ostra viuda coincidían poco más, o menos en que el lenguaje tiene funciones referencial o representativa, cuando comunica contenidos; emotiva o expresiva, cuando muestra la intención del emisor; conminativa o apelativa, cuando busca causar una reacción en el receptor; poética, cuando atrae su atención en su forma estética; fática, cuando su propósito establecer, prolongar o interrumpir la comunicación; y metalingüística, cuando se utiliza el código para hablar del código…y bla, bla, bla.

Council of Europe, Atribución via Wikimedia Commons

La principal función del lenguaje, sin embargo, es hacer posible que pensemos bien.  Nada de lo anterior es posible si no pensamos bien y pensar bien significa pensar hacerlo de forma lógica y de acuerdo con la realidad.  Nada de eso es posible sin un código de símbolos que nos permitan convertir los conceptos abstractos en perceptos concretos.

Antes que ser instrumento de comunicación, el lenguaje es un instrumento cognitivo.  Si quieres saber más de este tema, te recomiendo Introduction to Objectivist Epistemology, por mi filósofa favorita, Ayn Rand.

Tu y yo necesitamos concretar conceptos abstractos, integrarlos y pensarlos bien para todo: para comprar un auto, para elegir pareja, para seleccionar el colegio de los niños, para decidir qué vamos a almorzar, para compartir con nuestros jefes una idea innovadora, o para convencer a inversionistas potenciales que la nuestras es una buena idea de negocios.  De ahí que uno de los propósitos para 2022 debería ser la resistencia contra la corrupción del lenguaje.  ¡Al diablo con la fragmentación de los idiomas! ¡Al carajo con absurdos como todes y todx! Ni la guerra es la paz, ni la libertad es esclavitud, ni la ignorancia es fuerza, como en 1984. Ni una preferencia es necesariamente racismo. Quienes persiguen corromper el lenguaje, persiguen corromper nuestra capacidad de pensar; y si se corrompe nuestra capacidad de pensar…¿quién va a pensar por nosotros?  ¿Qué piensas?


05
Ene 22

Así le han robado valor a tu dinero

 

El 21 de octubre de 1994 hice el primer supermercado para mi primer apartamento.  Imagínate la ilusión; pocos días antes había equipado la cocina y ese día iba a llenar la despensa.  Compré 108 artículos diversos y el total fue de Q925.19 ¿En cuánto te saldría el super si hoy mismo fueras a comprar los 108 artículos que compré hace 28 años? Sin duda en mucho más porque las autoridades monetarias le han robado valor al dinero que ganas y ahorras. Eso se llama inflación.

Mi mamá contribuyó con algo para que la lista no fuera más larga, pero te comparto algo de lo que incluía aquella compra y los precios: Una crema Maggi costaba Q2.12; una lata de frijoles Ducal costaba Q.3.22; una bolsa de queso parmesano tenía un precio de Q9.95; ¿Una libra de cebollas? Q1.75; un paquete de tocino por Q8.46 y una docena de huevos por Q6.34.

Sigo. Una caja de Raisin Bran costaba Q. 12.22; un frasco de mayonesa, Q.10.64; un frasco de Listerine costaba Q8.18; una lata de leche Carnation costaba Q4.38; y una bolsa de harina Gold Medal, Q14.27. Una libra de manzanas rojas costaba Q. 5.70.

¡El IVA estaba a 7% y no a 12% como ahora! Otro detalle para la historia es que pagaba con cheque. ¿Sabes? Tengo meses de no tener chequera. Me causa gracia que pusieran especie, en vez de especia.

La forma popular de detectar la inflación es cuando suben los precios; pero ese es el efecto de la inflación, no la inflación misma.  Para entender el fenómeno y su naturaleza perversa, es mejor verlo desde su realidad: la inflación es la pérdida de valor de la moneda; por eso es que necesitas más quetzales para comprar lo mismo.

Guardé esa factura, junto con la de equipamiento de la cocina dentro de mi Guía de las ruinas de Quiriguá, por Sylvanus G. Morley y apareció hace unas semanas cuando moví mis libros sobre los mayas de la casa a la oficina.


03
Ene 22

Defensa de la libertad en Países bajos

 

Miles de personas se manifestaron el domingo, en Ámsterdam, contra las restricciones sanitarias en los Países Bajos. Una semana antes de Navidad el gobierno impuso un nuevo confinamiento anticovid. La oposición ciudadana a las restricciones es notable de por sí; pero ocurrió algo más admirable.

Haz clic en la foto para ver el vídeo de AFP en Youtube.

Durante la manifestación y frente a la represión policial, llegaron grupos de veteranos que decían que habían jurado proteger la Constitución y el derecho a protestar; así que formaron una barrera entre los manifestantes y la policía antidisturbios.

La foto la tomé de aquí https://www.nu.nl/286366/video/demonstranten-vormen-linie-bij-coronaprotest-in-amsterdam.html

Nótese que la manifestación es para defender la libertad y no para pedir privilegios; nótese, también, la cantidad de gente que acude.  A mí no me extraña que esto ocurra en Países bajos, una sociedad con raíces en el comercio y es una lástima que esas expresiones por la libertad no se reflejen en su política exterior, sobre todo con Guatemala.

En todo caso, es muy posible que, como dice mi cuate Jesús María, la cuna del liberalismo se halle en Países bajos y no en Inglaterra como generalmente se dice.

Gracias a Olav por la pista.


01
Ene 22

¡Que venga el 2022!

 

Rompopo, marsala al huevo y vermouth; una pierna de cerdo horneada y ensalada de papas; algún turrón y galletas hechas en casa; y la encantadora compañía de mi abuelita Juanita y de mi tía abuela, La Mamita, eran característicos de mis primeros años nuevos que recuerdo. Mis padres eran jóvenes y fiesteros de modo que los niños nos quedábamos en casa con todo lo necesario para despedir el año viejo y darle la bienvenida al nuevo.

La fiesta de los niños incluía escuchar historias de la niñez de mi abuela y de mi tía abuela, y la cena; incluía la quema de estrellitas; una sola copita de cualquiera de las bebidas citadas; El brindis del bohemio escuchado por la radio; el grito de Happy new year por parte de La Juanis y coreado por los niños; las doce uvas y el rito de vestir y sentar al niño.

Siempre recuerdo con mucho cariño esas celebraciones; como me acuerdo con alegría de cuando mis padres volvían -acompañados por amigos- ya que había amanecido el primer día del nuevo año.  Una de las cosas que más disfruté, de siempre, fue ver a mis padres bailando cualquiera que fuera la hora.  En ocasiones como esa, mi padre solía preparar unos huevos horneados con jamón, queso y salsa de tomate, que todavía hago de cuando en cuando.

En tiempos de vulnerabilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad como los que vivimos, el recuerdo de las tradiciones es valioso porque nos conecta no sólo con las generaciones que nos preceden y las que nos suceden; sino porque contribuyen a crear comunidad y tienen un efecto positivo en la necesaria recuperación emocional.  Quienes frecuentan este espacio habrán notado que no es la primera vez que menciono el valor de las tradiciones; pero por un lado es que la temporada es propicia para ello, y por otro es que muchas tradiciones están bajo ataque.

Ya sea que conserves las de tu infancia, o que estés creando tus propias tradiciones, es muy bueno no olvidar de dónde viene uno y evolucionar.  Y ya sea que 2021 te haya traído, o no una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra. mi familia y yo te deseamos paz, prosperidad, amor y salud en el año que empieza mañana. L´chaim.

Esta columna fue publicada en elPeriódico.

Actualización: Sospecho que este va a ser un año de resistencia; uno en el que nos va a ser muy útil y valioso reconocer aquello por lo que deberíamos estar agradecidos, frente a lo que damos por sentado, permanente y merecido


25
Dic 21

Tamales y fuegos artificiales

 

Un tamal colorado y otro negro son mi desayuno tradicional, para el 25 de diciembre, acompañados por el mejor café posible y algo de los postres que hayan sobrado de la nochebuena.

Como todos los años, anoche nos gozamos mucho los fuegos artificiales, la cena y la compañía de la familia y amigos que nos acompañaron en el open-house que acostumbramos celebrar en casa.

¡De verdad soy muy feliz cuando cuando abro las hojas de mashán  y me encuentro con los colores brillantes de los tamales!  Y al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden el ambiente, mi cuerpo y mi mente y me llevan sobre olas de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando las masas gentiles y los recados complejos y deliciosos llegan a mi paladar.

Los que visitan este espacio, con frecuencia, saben que valoro mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.  Ahora, también las valoro por sus facultades sanadoras, luego de los encierros y la incertidumbre a la que hemos sido sometidos durante casi dos años.

¿Sabes? Tengo la dicha de recordar los tamales que hacía mi bisabuela, Mami, y los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más difíciles de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la costa sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole. También hay diferencias entre los tamales que se cuecen sobre leños y los que se cuecen sobre estufa de gas.  Los tamales de la costa sur no responden, exactamente, a la diferenciación entre colorados y negros

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de mashán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las aceitunas, las almendras, las ciruelas y las pasas.

El arte de los tamales no está sólo en la masa y en el recado (o en el mole), sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado apropiada y elegantemente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales requiere de cierta infraestructura y es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado (o el mole, según el caso) lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con talento.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo. Madame Tso, la señora que trabaja con nosotros en la casa ha enriquecido nuestra experiencia tamalera de una forma que merece una ovación de pie. También nos envían tamales de Huehuetenango y a veces conseguimos tamales de arroz, de Quetzaltenango.

Sostengo, que la nochebuena y las fiestas de fin de año chapinas, en general, son particularmente intensas y espectaculares.  Cuando los chapines nos ponemos en navidad mode, es en serio.

Por eso me alegro que en este año -como el anterior- difícil, duro y para algunos muy triste, el espíritu guatemalteco navideño no haya menguado.  Como en 2020,  la noche de anoche hubo fuegos artificiales en la ciudad de Guatemala y sus alrededores, y los fuegos de la media noche no tuvieron nada que envidiarles a los de otros años.   Cuando veo las luces y disfruto de los cohetes, el niño que hay en mi grita -para mis adentros- ¡Cuanto “cuete” Venado!, como  cuando yo tenía tres, o cuatro años y aquella era la marca de petardos más conocida.

¡Que ricos y reconortantes son los abrazos y el buen vino envueltos en nubes y aromas de pólvora fiestera!


24
Dic 21

Los regalos en estas fiestas

 

La tía Patty fue quien nos enseñó -a mis hermanos y a mí- a darnos regalos de Navidad entre nosotros, y a dárselos a nuestros padres y abuelas.  Nos daba unos quetzales y nos llevaba a El buen precio a comprar los obsequios, que eran objetos sencillos y utilitarios; pero recuerdo muy bien que para mi abuelita, Frances, solía ser un paquete de Viceroy; y para mi tía abuela, La Mamita, era uno de Payasos.

En casa lo habitual era que los abuelos, padres, tíos, tíos abuelos y padrinos nos regalaban a los niños; pero nunca se nos ocurrió que los niños nos diéramos regalos entre nosotros, ni dárselos a nuestros mayores.  Fue la Patty quien nos enseñó el hábito de regalar y el de ahorrar para ello.

Los regalos son importantes en las fiestas de fin de año; y ahora que celebramos el solsticio de invierno en casa, los obsequios no han perdido relevancia.  Nosotros los abrimos a la media noche, en la Nochebuena, para conservar la tradición.

El aspecto encantador de la Navidad, dijo Ayn Rand, es el hecho de que expresa buena voluntad entre los hombres de una manera alegre, contenta y generosa. Uno dice ¡Feliz navidad!, y no Llora y arrepiéntete.  Y esa buena voluntad se expresa en forma material y terrenal, dando regalos a los amigos y seres queridos, o enviándoles mensajes de cariño y buenos deseos.

El mejor aspecto de la navidad, indicó Rand, es el hecho de que se ha comercializado…es que estimula el ingenio y la creatividad para producir bienes que tienen un sólo propósito: darle a los hombres placer y felicidad.

¿Cuál fue tu mejor regalo de navidad que recibiste de niño? El mío fue una motobicicleta.  ¿Y el más conmovedor? Un juego de ajedrez que mi hermano y yo compartimos cuando mis padres estaban en apuros económicos.

Soy muy cleto para elegir obsequios; pero me da ilusión regalar.  Así como nos da ilusión, en casa, recibir a amigos y familia para intercambiar deseos de paz, prosperidad y salud en esta que es la mejor temporada del año.  A ustedes, lectores, les deseo lo mejor entre brindis, abrazos y fuegos artificiales, al lado de quienes aman y en recuerdo de quienes ya no están.

Columna publicada en elPeriódico.


18
Dic 21

Mis tesoros del solsticio

 

Guardo, con cariño, la tortuga, los chinchines y los guacalitos que me compraron mi abuelita Juanita y su hermana, La Mamita, cuando yo tenía unos tres años.  Los usábamos para la orquesta infantil en las fiestas de fin de año.  La tortuga es pequeña: pero tiene muy bueno sonido, de tal manera que el tucutícutu tradicional suena encantador.  De los chinchines, decorados con nij, mi favorito es el que tiene carita de animal; y los guacalitos son de Rabinal, con sus colores amarillo y rojo.  ¡Ah!, y también guardo la jícara en la que tomaba ponche.

Hay toda clase de tesoros del solsticio.  Los mejores, claro, están relacionados con mi familia y amigos.  Centenares de abrazos, risas y recuerdos…aunque no siempre haya sido todo risas.  A veces había que pasar temporales y hasta esos caen en el baúl de los tesoros porque algo se aprende.  Los tesoros son la cara de mi madre cuando encendemos el arbolito, el recuerdo de mi padre quemando cohetes, el alboroto de mis hermanos y mío al abrir los regalos y la alegría de mis sobrinos que -aunque ya no son niños- siguen siendo niños…aunque sea sólo para estas fiestas.

Los tesoros incluyen aromas, texturas, sabores y colores, como los del pinabete, las manzanillas, las mandarinas, las manzanas y las uvas.  Como los del relleno de pavo basado en una receta de mi bisabuela, como la ensalada Waldorf y como las galletas que hacían mi madre y mi abuela; como el mincemeat pie que es mi favorito.   Como el pastel de frutas que hacemos de cuando en cuando, como el stollen de mantequilla y ron. Como el pandoro y el panettone que no formaban parte de las tradiciones en la casa de mis padres; pero que integramos muy bien hace pocos años en casa. Como los turrones y polvorones. Tesoros que nos hacen viajar en el tiempo y en el espacio por medio de los sentidos.

Los tesoros son las tradiciones que no sólo fortalecen la comunidad, sino que nos conectan directamente con los que nos precedieron y con los que nos sucederán; las tradiciones también son sanadoras frente a la incertidumbre y a la desesperanza.  ¿Cuáles son tus tradiciones de fin de año? ¿Cuáles recibiste y cuáles estás creando?

Columna publicada en elPeriódico.


16
Dic 21

La farsa de los termómetros

 

Hoy, al entrar a un lugar, la temperatura de mi mamá fue de 33 grados.  ¡Treinta y tres grados es alarmante! Casi a donde quiera que vayas encuentras termómetros cuya función, supuestamente, es evitar que personas con fiebre ingresen a los lugares donde se hallan esos artilugios. ¡Pero todo es una farsa! ¿Alguien pone atención si esas vainas no funcionan?

Entre una y dos veces a  la semana, llego a lugares donde los termómetros marcan temperaturas tan bajas que…estoy muerto…o soy una rana.  En realidad esto es porque los termómetros no sirven más que para enviar señales de virtud.  Si tienes termómetro, ya sea que funcione, o no, eres virtuoso y cumples con las expectativas formales que se esperan de ti…sin importar si los aparatos funcionan, o no.

El señalamiento de virtud es forma de grandilocuencia moral, en la que un punto de vista o una acción se calcula para verse bien, haciendo que el hablante, o la acción parezca virtuosa para los demás, en lugar de ser elegido porque es estrictamente honesto, u honesta. La honestidad, por cierto, es la virtud de no falsear la realidad.

Me divierte que en algunos lugares, como uno que visité el domingo, cuando el termómetro marcó 34 grados (dos menos que lo normal en un ser humano) y tomé la foto, el encargado se rió.  El sabe que es una farsa, pero sigue la corriente porque…¿qué otra?

Me divierten, también los defensores de la medida.  En Twitter me preguntan: ¿Pusiste la frente, o la mano?  Me comentan: Es que no están bien calibrados, siempre; o que el haz de luz se degrada.  ¡Muchá…no importa!  El caso es que los termómetros están ahí porque los grupos de interés que exigen que estén ahí son muy vociferantes e irracionales.  ¿Quién se va a atrever a prescindir de los termómetros inservibles si se expone al linchamiento de los del Quédate en casa y al del batallón comprometido con el temor? El caso es que los termómetros están ahí porque tienen que estar ahí, sin importar si sirven, o no.

¿Sabes qué es peor? Cuando hay un chatío, o una chatía supuestamente midiendo la temperatura. No sólo porque ese tipo de plazas generan costos innecesarios en una economía muy vulnerable; sino porque que frustrante ha de ser un trabajo tan sin valor alguno y que tan evidentemente falsea la realidad.

Por cierto, ¿qué son más ridículos, los termómetros que no sirven, o los pediluvios secos y los inmundos?