27
Mar 20

La Luna, Venus y una visita

La Luna y Venus nos regalaron, anoche, un espectáculo hermoso y esta mañana un pajarito vino al balcón y se estuvo ahí un rato.  Al atardecer se veían los volcanes de Agua y Acatenango en el horizonte encendido por la puesta del sol.

La Luna y Venus sobre los volcanes y la ciudad de Guatemala

¿Alguien sabe qué tipo de ave es? Porfa.

Ese pajarito vino a nuestro balcón.

Y en la noche, oscura y clara, la Luna creciente acompañada de Venus, Lucifer o Ishtar, nos acompañaron en la cena.

La Luna y Venus se lucieron al anochecer.

Estos días de quietud han sido propicios para meditar y para buenas conversaciones; y aunque disfruto del silencio extraño la ciudad, la gente, el barullo, y a mis amigos y a mi familia. En este enlace de Periscope puedes ver y escuchar al silencio de la urbe.


27
Mar 20

La obsesión tributaria

El Congreso aprobó dos endeudamientos, para los tributarios chapines para enfrentar la emergencia sanitaria del virus chino.  Uno es de US$200 millones para políticas de gestión de desastres naturales; y otro de US$250 millones para el fortalecimiento del sistema tributario.

¿Qué notaste?…¡Exacto!…Nos endeudan más para fortalecer el mecanismo de expoliación destinado a transferir recursos del sector productivo y voluntario de la economía al sector improductivo y coercitivo de la economía, que para enfrentar la emergencia sanitaria. ¡Como si el sector productivo -del que eres parte- no necesitara desesperadamente cada centavo que gana para sobrevivir a lo que se viene!

Lo que hay que hacer es aliviar la carga de los tributarios, no hacerla más pesada.

¿Viste la ley de emergencia? ¡Q1418 millones para sueldos de políticos y burócratas; y Q650 millones para el “welfare” empresarial!

Para mientras, unos proponen que suban los impuestos a la gasolina y al diésel (que sirven para el transporte de personas y bienes) para financiar un fondo de emergencia con el que se “brinde apoyo económico a las personas afectadas por la crisis del coronavirus.”  Como si el precio bajo de los combustibles no fuera, ¡ya!, un alivio para las familias. ¡Como si el precio bajo fuera sostenible con la depreciación del quetzal que tanto ansían muchos exportadores y su ministro de Economía!

Y no falta quien aconseje no reducir la captación de impuestos dado que puede afectar posteriormente la moral tributaria.  Es decir: que los tributarios sigan pagando impuestos, aunque enfrenten graves dificultades para cumplir con sus compromisos adquiridos voluntaria y pacíficamente; no vaya a ser que luego se den cuenta de que los impuestos que les quitan (no que pagan, sino que les quitan) son robo.

La obsesión tributaria del Leviatán -y de sus adoradores- es escandalosa en esta calamidad, cuando lo que se necesita es que las personas puedan proteger a sus familias lo mejor posible, sin ser forzadas a renunciar a parte de sus ingresos para financiar al estatismo. Estamos viendo quién es quién.  Lo que hay que hacer es aliviar la carga de los tributarios, no hacerla más pesada.

Columna publicada en elPeriódico.


26
Mar 20

El hombre y el bosque, y otras fábulas

Que sabroso fue encontrarme con fábulas de Esopo en un día que fue emocionalmente intenso para mí. Estos relatos y sus moralejas son cándidos y ricos en sabiduría, y yo tenía añales de no leer varios, uno tras otro, ¿cuántos añales? No se…quizás desde los años 80.

Mi abuela, Frances, y el volumen 17 de Harvard Classics.

Te comparto El hombre y el bosque:

Un hombre entró en un bosque un día con un hacha en la mano y rogó a todos los árboles que le dieran una pequeña rama que deseaba para un propósito particular. Los árboles eran bondadosos y le dieron una de sus ramas. ¿Qué hizo el hombre sino fijarlo en la cabeza del hacha, y pronto se puso a trabajar cortando árbol tras árbol? Entonces los árboles vieron lo tontos que habían sido al darle a su enemigo los medios para destruirse a sí mismos.

Esta me parece muy atinada porque me recordó a aquellos que están dispuestos a sacrificar la libertad a cambio de algo se seguridad; me recordó a los empresarios que promueven impuestos y privilegios; a los sindicalistas que se entregan al socialismo; a los periodistas que celebran dictaduras; a los curas que apoyan guerrilleros; y así.  Gentes que les dan a sus enemigos los medios para destruirse a sí mismos.

¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.


26
Mar 20

Indulto en el cobro de extorsiones

Por el Estado de Emergencia generado a causa del coronavirus, los mareros decidieron suspender el pago de las extorsiones en el mercado de la colonia Kennedy, en la zona 18; y el titular que informa de este fenómeno dice: Pandilleros conceden indulto en el cobro de extorsión.

La foto es de elPeriódico.

A este paso así casi institucionalizados, los extorsionistas van a terminar entregando facturas para elevar el porcentaje de tributación en Guatemala.

Los inquilinos de aquel mercado deben pagar, semanalmente, entre Q75 y Q150 y  el monto varía dependiendo del tamaño del negocio y la cantidad de personas que compran, según calculen los extorsionistas. El cobro siempre lo realizan bajo amenazas, por lo que en la actualidad los comerciantes ya no oponen mayor resistencia.


26
Mar 20

Precio por “la cabeza” de Nicolás Maduro

El Departamento de Justicia de los Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de US$15 millones a quien proporcione información que conduzca a la captura de Nicolás Maduro, a quien señala de ayudar, dirigir y liderear una organización delictiva conocida como el Cártel de los soles.  Maduro enfrentaría una pena de entre 50 años de prisión y cadena perpetua. Y yo lo celebro.  Al tirano lo acompañan otros 14 funcionarios y exfuncionarios acusados de narco-terrorismo, corrupción y otros delitos.

Nicolás Maduro. Eneas De Troya / CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)

Mis amigos, que saben, comentan que este podría ser el fin de una pesadilla de 20 años para los venezolanos; pero que si Maduro  no es capturado y expulsado del poder, en estas circunstancias, podría resultar fortalecido.

Lo cierto es que la administración de Donald Trump se la está jugando y ha dado un gran paso, y seguramente otros países van a seguirle.  No es cualquier cosa ponerle un Se Busca a un presidente.

El régimen corrupto de Maduro/Cabello.

Si alguien te sale con que el derecho de libre determinación de las naciones aquí y allá, no olvides que ese derecho se aplica únicamente a las naciones libres, o a aquellas que buscan establecer la liberad; y que no es aplicable a las tiranías. Las naciones dictatoriales viven fuera de la ley.  Si te interesa esta perspectiva, te recomiendo el capítulo titulado Derechos colectivizados, en La virtud del egoísmo, por Ayn Rand. Además, un artículo por Alex Gladstein, chef strategy officer de la Human Rights Foundation evidencia que las dictaduras han hecho peor el brote de coronavirus; y uno no puede sino imaginar la pesadilla que ha de ser espantoso enfrentar una pandemia en manos de un régimen como el de Maduro.


26
Mar 20

Delincuencia y penas en tiempos de pandemia

La delincuencia en la zona 1 ha crecido; y ya hay gente empeñando sus cosas para sobrevivir.

Tuve que salir a comprar cigarros y medicina al Centro, y pude apreciar que la delincuencia se disparo en el centro de la ciudad, cuenta el criminólogo, Ricardo Mendoza.

La PNC controla a un presunto asaltante en la Sexta avenida de la zona 1. Foto por Ricardo Mendoza.

Grupos de siete personas entre hombres y mujeres, entre nacionales, centroamericanos y garífunas, aprovechan lo desierto del Centro para intimidar y asaltar transeúntes. No hay presencia de la Policía Nacional Civil; y, sin embargo, si se encuentra la Policía Municipal de Tránsito.  Pocos, pero se encuentran y son los que están controlando este fenómeno. Al ser asaltada una persona,  ellos proceden a brindar la seguridad, y coordinar para la presencia de la PNC y de esta manera -reactiva- se neutraliza al delincuente, cuenta Mendoza.

En serio la delincuencia a elevó como no tienen idea, si es mujer absténgase de pasar por la Sexta avenida y áreas circundantes después de las once de la mañana, esta peligroso, advirtió el criminólogo. Y, por cierto, no sólo en la zona 1.  Mi amiga, Sylvia, cuenta que en Vista Hermosa II una SUV blanca está acosando empleadas y aconsejó tener cuidado. 

Mientras tanto, la economía ya se está viendo afectada por el virus chino, pude apreciar en las casas de empeño como las familias están llevando a empeñar objetos grandes con el fin de hacerse de dinero para el sustento de sus familias, añadió Ricardo Mendoza.

Hay gente empeñando sus cosas. Foto por Ricardo Mendoza.

Este último detalle es sólo el principio de algo que va a empeorar; no sólo por la cuarentena, sino porque el Congreso aprobó las medidas que van a destrozar la economía de los guatemaltecos: controles de precios, ampliación del gasto estatal, regulaciones financieras, subsidios, y más.  Te recomiendo que leas el artículo de UFM Market Trends en este enlace.


25
Mar 20

Ser, o no ser…y mi padre como ejemplo

La lectura de hoy me trajo uno de los monólogos más célebres de toda la literatura universal: el que empieza con Ser, o no ser, ese es el dilema.

Harvard Classics, Vol. 46.

Esa frase de Hamlet me lleva al hecho de que el dilema fundamental es vivir, o morir.  Si morimos, ahí todo se acaba, no hay nada que discutir y está todo dicho y hecho.  Pero si vives la vida debe ser vida digna, vida floreciente, vida plena o vida feliz.  Como para los seres humanos la vida no sólo es biológica (como  para las amebas, las tortugas y los árboles) necesariamente tenemos que tomar las decisiones que favorezcan aquel tipo de vida.  Decisiones que no dañen aquel tipo de vida.  Vivir es lo que hacemos y nos pasa, escribió José Ortega y Gasset. Aquella toma de decisiones debe ser racional y ese es el origen no sólo de la necesidad de códigos éticos racionales que favorezcan el florecimiento; sino de los derechos que facilitan la cooperación social y, por ende, aquel florecimiento.

Dicho lo anterior, una de las cosas que más disfrutaba de mi padre era encontrarlo sentado en la sala de la casa, libro en mano, en las tardes cuando yo regresaba de jugar en la calle con mis amigos.  Ahí estaba él, en un rincón y acomodado.  Y se veía tan bien, galán como era.  Sereno y absorto.  Yo quería ser así…o, por lo menos, hacer eso.

Una tarde de aquellas me senté junto a mi padre con Hamlet en mano y lo empecé a leer. No recuerdo por qué elegí  Hamlet en particular; pero cuando mi padre me vio con eso me dijo que quizás debería leer algo más como para mi edad.  Yo calculo que tendría unos 10, u 11 años, entonces.  Y me dió Vida y combates de Luis Angel Firpo (un boxeador argentino).  Y me explicó que el libro había sido de mi abuelo, y que a él le gustaba mucho el boxeo. Recibí el libro e hice lo posible por leerlo, mas nunca lo terminé; y tampoco volví a Hamlet.  Pero empecé a cultivar un hábito de lectura.

¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.


25
Mar 20

Analizando la pandemia, por Carlos Sabino

Muchas y terribles plagas ha sufrido la humanidad a lo largo de los siglos. Desde las epidemias que sufrieran los griegos en la época de la Guerra del Peloponeso hasta la terrible devastación que provocó la Peste Negra en Europa, en el siglo XIV –con graves brotes en siglos posteriores- las epidemias han devastado pueblos y naciones, hasta continentes enteros. Los aborígenes americanos fueron severamente golpeados por ellas en el siglo XVI, por falta de los anticuerpos que ya tenían los europeos que aquí llegaron, explica Carlos Sabino, sociólogo e historiador.

La ilustración la tomé de Facebook.

No comparto el último párrafo sus conclusiones, ni la idea de que el régimen comunista de China no debe ser señalado como responsable de las dimensiones del problema; pero opino que leer las perspectivas de Carlos siempre ayuda a aclararse uno las ideas y explorar.

Dice, pues, Carlos Sabino:

Todas las plagas, como tales, han desaparecido con el curso del tiempo. Han quedado las enfermedades, pero convertidas en flagelos más o menos controlables, como lo son ahora, por ejemplo, la tuberculosis, el paludismo y las gripes. En algunos casos esto ha ocurrido porque se han creado vacunas contra ellos –como el sarampión o la viruela- o existen medicamentos que reducen grandemente sus efectos. En otros casos, como el de la gripe común y en parte el mismo SIDA, los virus se han ido haciendo cada vez más benignos, provocando dolencias menos severas y menos muertes. Esto se debe a la forma en que opera la evolución: si un virus mata a todos los organismos en que se aloja tiene menos probabilidades de subsistir y reproducirse que si provoca una enfermedad leve, lo que facilita en tal caso su continua dispersión y reproducción.

El nuevo virus

Lo que está ocurriendo con el COVID 19 no es nuevo, en ese sentido histórico, pero sí es nuevo en cuanto a las consecuencias sociales y económicas que está produciendo. El mundo se ha prácticamente paralizado, ante una incertidumbre profunda y perturbadora. Y las reacciones, como siempre sucede ante el peligro, han oscilado entre extremos muy poco racionales. Recordemos que, en ocasiones anteriores, la conducta de muchas personas, de quienes podían hacerlo, era básicamente huir, alejarse de las regiones infectadas. Eso a veces los salvaba, pero en otros casos, como de seguro en el de la Peste Negra, contribuyó grandemente a la dispersión de la enfermedad. Ahora, y esto es lo nuevo, no hay adónde huir, el mundo está tan interconectado que es imposible hacerlo. La epidemia es una pandemia, que a todos nos afecta: viajar no es la solución.

Las reacciones extremas a las que me refiero son la temeridad y el pánico. La temeridad hace que no demos suficiente importancia al riesgo que se vive, lo que seguramente lo aumenta, pero la desmedida alarma puede provocar actitudes muy negativas, pues el terror es un mal consejero. Entre esos dos extremos han oscilado en estas semanas personas y gobiernos. Es comprensible: no sabemos qué pasará, cada virus es diferente y no podemos predecir el futuro.

Dos estrategias

Ante la situación que vivimos creo que, en definitiva, existen dos estrategias, dos maneras diferentes de responder. Ninguna es buena o mala en sí, si pensamos con frialdad y no nos dejamos llevar por las pasiones. Ambas tienen consecuencias muy positivas y muy negativas, para qué negarlo. Veamos en qué consisten.

Estrategia 1: consiste, en esencia, en evitar la difusión del virus, el contagio, la expansión de la enfermedad. Recursos básicos son la cuarentena (que los venecianos asumieron, creo, allá por el año 1400), el aislamiento de las personas contaminadas, la suspensión de eventos en que se reúnan multitudes. El confinamiento de la población, el toque de queda y el cierre de actividades deportivas, religiosas y comerciales son medidas más severas, que operan en esta dirección.

Lo positivo de esta estrategia, que más o menos sigue en estos días todo el mundo, es que reduce la intensidad de la pandemia, la confina y la hace más manejable. Esto da tiempo para encontrar soluciones de fondo: creación de una vacuna y, sobre todo, de un tratamiento para que los afectados puedan llevar la enfermedad con menos riesgo de muerte. 

Los aspectos negativos de tal estrategia son básicamente dos: a) no elimina realmente al virus, por lo que el control, por más intenso que sea, es a la postre insuficiente, y b) no puede sostenerse por mucho tiempo por las graves consecuencias psicológicas y económicas que tiene. Ni la economía puede paralizarse por mucho tiempo, porque la producción de cualquier bien está sujeta a la de muchísimos otros bienes y servicios, ni la gente puede vivir meses confinada en sus casas.

Estrategia 2: en este caso se deja que el virus se expanda, esperando que se vaya debilitando, concentrando los esfuerzos en el tratamiento de los casos que van ocurriendo y esperando que la pandemia vaya reduciéndose por sí sola.

El fundamento de esta solución está en reconocer que todos los agentes patógenos han seguido este camino a lo largo de la historia. Cuando se adopta este modelo de acción solo tratamos los casos de infección que se producen, aislamos a los enfermos y trabajamos en medicamentos y vacunas. El cólera y la fiebre amarilla, por ejemplo, han seguido este camino. Lo positivo de esta estrategia reside en que no hay impactos psicológicos o económicos de primera magnitud. El mundo sigue su camino, aunque con una salvedad, que constituye su peor aspecto negativo: aumenta rápidamente el número de personas contagiadas y por lo tanto los fallecimientos que se producen. Esto, llegado a cierto punto, puede resultar ética y sanitariamente insostenible: es imposible dejar que las cosas marchen como siempre si la gente muere a nuestro alrededor y es imposible atender a todos los enfermos si estos superan cierto número.

¿Qué hacer?

En el fondo, los resultados de las medidas que se tomen dependen de la evolución de la enfermedad, de la velocidad con que se contagia la gente y de la forma en que pueden reducirse los decesos, no la enfermedad en sí. Por eso creo que ninguna de las dos estrategias puede descartarse de plano. Ambas tienen limitaciones evidentes, de corto y de largo plazo. Por otra parte, su efectividad depende fuertemente de dos factores: a) del grado de extensión de la pandemia en cada lugar, en cada estado nacional, dado que los estados nacionales son las únicas entidades políticas que toman medidas concretas y efectivas, y b) de la cantidad de recursos sanitarios y económicos disponibles en cada sitio.

Muy mala me parece la reacción de quienes buscan culpables, en China y en algunos gobernantes, o se dejan guiar por teorías de conspiraciones malignas. Con eso nada avanzaremos. Crear una especie de guerra, un enfrentamiento de cualquier tipo, en momentos de crisis, solo añadiría un problema más a los que ya padecemos.

En países con pocos recursos y pocos afectados, como Guatemala y muchos otros, relativamente pobres y con escasos recursos sanitarios, pienso que lo mejor es mantener por ahora la suspensión de los viajes y el cierre de las fronteras para las personas, no las mercaderías, pero aliviar las restricciones internas en corto tiempo. No podremos resistirlas por muchas semanas, en todo caso, y restricciones parciales, como el toque de queda, me parecen mejores que las medidas más drásticas que se han tomado en otros países. Para países en otras condiciones no me atrevo a decir nada, al menos por ahora, porque no conozco lo suficiente cada realidad en concreto. Parecería que la estrategia tipo 1, que he descrito más arriba, ha funcionado en China, pero solo después de dos o tres meses.

¿Qué pasará?

No pretendo prever el futuro, sé perfectamente que eso es imposible, pero puedo atisbar algunas de las cosas que pueden pasar. El virus, a largo plazo, se instalará entre nosotros como tantos otros agentes patógenos que soportamos. No acabará con el mundo, como tampoco llegó a hacerlo la peste bubónica o la gripe española.

El impacto sobre la economía es severo, sin duda alguna, y seguirá haciéndose sentir cada vez con más fuerza en el corto plazo. Cuando empiecen a levantarse las restricciones, y eso tendrá que pasar en algunas semanas, sin duda alguna, empezará una recuperación. Muchos quedarán en el camino y, como siempre, serán los más pobres y los más débiles los mayores perjudicados, así como las empresas que ya estaban en dificultades.

Por ahora hay que tratar de actuar con prudencia. No vender ningún activo salvo en el caso de la más estricta necesidad, porque los precios están y seguirán estando por el suelo. Prepararse para producir, para la etapa de recuperación que seguramente seguirá, como ocurrió después de los estragos de la Primera Guerra Mundial y de la gripe española, de otras pandemias anteriores y de las que hemos vivido en los últimos tiempos.

No recomiendo comprar ni vender divisas, porque el dólar puede debilitarse debido a las acciones que está tomando la Reserva Federal, el euro circula en los países ahora más afectados y comprar yuanes es algo difícil y de pronóstico totalmente incierto. Hay que gastar con prudencia, porque esto puede ir para largo.

 


24
Mar 20

Hoy conocía a Guenevere

Pues hoy conocí a la reina Guinevere que, siendo esposa del rey Arturo tuvo un affaire trágico con sir Lancelot, que era caballero y amigo del Rey. Como las cosas se pueden poner muy mal, se pusieron mal y aquello terminó en la muerte de Arturo y la caída del reino.

Harvard Classics, Vol. 42.

El poeta William Morris escribió The Defence Guenevere, y te comparto las estrofas que más me gustaron:

“‘The thing they seem to mean: good friend, so dear

To me in everything, come here to-night,

Or else the hours will pass most dull and drear;

 

“‘If you come not, I fear this time I might

Get thinking over much of times gone by,

When I was young, and green hope was in sight:

 

“‘For no man cares now to know why I sigh;

And no man comes to sing me pleasant songs,

Nor any brings me the sweet flowers that lie

 

“‘So thick in the gardens; therefore one so longs

To see you, Launcelot; that we may be

Like children once again, free from all wrongs.

El poema se dejó leer rico y en el volumen que me tocó leer hoy está incluido The Lady of Shallot, por Alfred Tennyson poema del cual Loreena McKennit hizo una hermosa canción.

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¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.


23
Mar 20

Una gacela, dos perros negros y una mula

No hay duda de que Las mil y una noches es uno de los más grandes libros de todos los tiempos; y hoy me tocó La historia del mercader y el genio.  De la lectura, la frase que me gustó, dice: Sow good, even on an unworthy soil; for it will not be lost wherever it is sown.

No la pude traducir a mi gusto; pero ahi te la dejo.

Harvard Classics, Vol, 16.

De paso, conocí Las mil y una noches y a Scherezade por Scheherazade del compositor ruso Nikolai Rimsky-Korsavov ca. 1973 y esa música me fascinaba.  Mi padre me contó la historia de aquella chica desafortunada y la música me fascinó más.  Esa música me transportaba y la oía con mucha frecuencia.

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Espero que la disfrutes.

¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.