08
Ene 21

Tiempos difíciles para tu billetera

El presidente Alejandro Giammattei publicó, en el Diario de Centroamérica (que es el diario oficial), que el presupuesto del sector coercitivo de la economía, para 2021, ascenderá a ¡Q107.5 mil millones!  Esa cifra espeluznante no cuenta con financiamiento apropiado y adivina de dónde va a salir el dinero para cubrir la brecha entre gastos e ingresos.  ¡Acertaste, va a salir de tu trabajo y de tu billetera!

“La codicia rompe el saco”, por Leonardo Alenza y Nieto, donado a Wikimedia Commons como parte del proyecto del Metropolitan Museum of Art.

El financiamiento del abismo que hay entre gastos e ingresos no saldrá de la contención del gasto público, ni de la eliminación de programas innecesarios y duplicados, ni siquiera de la eliminación de plazas para fantasmas, ni de la erradicación de partidas que sirven para complacer a la clientela de los políticos y burócratas, ni para complacer a grupos privilegiados.  No saldrá de la eliminación del malgasto, de la corrupción, ni de la mala administración.  No saldrá de la eliminación de prebendas y canonjías para los pipoldermos.

Todo saldrá de los impuestos que los que detentan el poder político nos quitan ahora y de los que nos quitarán tan pronto como puedan, saldrá de inversiones productivas que no se harán; de cosas a las que tu, yo y nuestras familias tendremos que renunciar; y de los ahorros que no pudimos hacer, del plan de pensiones que no podemos pagar y de empleos que no se hicieron realidad, de las semanas y semanas que los tributarios trabajamos para pagar impuestos. Saldrá de el endeudamiento que tendrán que pagar tus hijos y tus nietos.

Encima, la Administración anunció que Q800 millones para la compra de vacunas contra el covid-19, saldrán de la emisión, negociación y colocación de Bonos del Tesoro…o sea: ¡De más endeudamiento!

Cuando en poco tiempo los pipoldermos del momento no puedan pagar las deudas en las que está metiéndonos a los tributarios, y caigan en impago, recordemos lo que está ocurriendo ahora mismo, frente a nuestras narices, y ¿con nuestro consentimiento?

Está claro que un presupuesto desfinanciado e incongruente con la producción nacional y la capacidad de pago de los tributarios es inconstitucional; pero ¿está claro que es inmoral?

Columna publicada en elPeriódico.


07
Ene 21

¿Estorban y deben morir los paseantes?

Ojalá que todos los que anduvieron en el puerto, La Antigua etc. etc., se mueran. Hacen estorbo, dice un tuit publicado el 2 de enero de 2021 y al leerlo me dio repelús. El repelús, por cierto es la sensación o escalofrío de repugnancia o desagrado que uno experimenta hacia algo.

Me recordó la maldad de los que aman a la humanidad, pero odian a la gente.  Me recordó a los que, en marzo de 2020, celebraban que gracias al coronavirus, en España habían bajado las emisiones de CO2. ¡Imaginaos lo que podríamos conseguir resucitando la viruela o la peste bubónica!, ironizó el tuitero @velardedaoiz2.

Al momento de escribir esta nota (que no es el momento en que tomé la foto), el tuit que motiva esta entrada tenía 158 likes, ¡158! y 26 retuits; pero afortunadamente, entre los comentarios, no hubo eco entre los lectores del tuit.  ¡Mira que de verdad hay gente así!, gente que les desea la muerte a otras personas porque van de paseo y porque no viven sus vidas como el deseoso quiere; y en ese contexto escalofriante no hay que engañarse, las posibilidades de encierro a causa del virus chino y del covid-19 -así como las vacaciones de fin de año- pusieron en evidencia a personas comparten los deseos de la tuitera que motivó estas meditaciones. Los paseantes, por cierto, seguramente eran hijos, hermanos, o padres de alguien.  Seguramente eran empleadores, o trabajadores.  Seguramente tienen propósitos y proyectos de vida.  Seguramente necesitaban un paseo, aire fresco, relajamiento, momentos de esparcimiento y de alegría.  Pero le estorban a la tuitera y a quienes le pusieron Like, o retuitearon el mensaje ominoso.

Aquel tipo de deseos no son nuevos, claro. en 2005 y en el contexto del tsunami de año nuevo, escribí un artículo titulado ¿Prefiero la arena? en el que ponía en evidencia lo inhumano de aquellos que dicen amar a la naturaleza y a la humanidad, aunque odien a la gente. Pruebas de ello se hallan en un reportaje sobre el tsunami, en Asia, redactado por la Associated Press el 7 de enero de 20053 . Según el citado reportaje, mientras corría en una playa blanca de Tailandia que fue barrida por el tsunami, un sujeto dijo: Esta playa estaba plagada de comercialismo. Había cientos de sillas de playa aquí. Prefiero la arena. Se ve mejor ahora. El presidente de la Phuket Professional Guide Association, señaló: La naturaleza ha regresado a nosotros. Quisiera que se quede así para siempre. ¡¿Puedes creerlo?! ¡Más de 150 mil muertos, y los amantes del mar y la arena en jolgorio! Tal vez a esto se refería Adam Smith cuando, en The Theory of Moral Setiments escribió que una estúpida insensibilidad hacia los eventos de la vida humana necesariamente extingue aquella aguda y fervorosa atención que debemos tener hacia lo apropiado de nuestra propia conducta, atención que constituye la esencia real de la virtud.

Entre la navidad y el año nuevo fui al fascinante Chichicastenango con un grupo de amigos y fue impresionante ver como apagado y en en segunda aquella población que suele ser viva y vibrante, como corresponde a uno de los mercados más grandes e importantes de Centroamérica, desde tiempos prehispánicos.  Triste ver el mercado que no es ni la sombra de lo que suele ser.  Puestos vacíos, o con poquísima mercadería.  Y lo que más me impresionó fue la necesidad no sólo económica de la gente que siempre ha vivido del comercio y del turismo (que es evidente), sino la necesidad de interacción humana entre personas que todas sus vidas han estado relacionadas con marchantes y turistas.

Claro que en eso no es lo que piensan los que ven como estorbos a los paseantes y les desean la muerte, ni a los que los muertos por el coronavirus sólo son el costo de que baje el CO2, ni a los que 150 mil muertos no les parece un precio alto con tal de disfrutar la arena para ellos.


07
Ene 21

Retos para la vacunación

¿Quieres aprender a resolver los retos que han enfrentado otros países para vacunar?  Ese es el tema de la próxima conversación organizada por Médicos en libertad.

El encuentro es con los médicos que lo están logrando en Costa Rica.  Esta es una oportunidad para conocer más sobre la vacuna contra el covid-19.

La conversación es el miércoles, 13 de enero de 2021 a las 6:30 p.m y la Zoom ID es 914 0517 1023 y si quieres más información escribe a medicosenlibertad@ufm.edu

El equipo de Médicos en libertad ha organizado varios encuentros similares y siempre son muy informativo y valiosos. Si te interesa estar informado, o estás relacionado con temas de salud, seguramente quieres participar.


01
Ene 21

Para abril, o para mayo, la vacuna

Hay una canción, vieja como la maña de pedir fiado, que dice: Para abril, o para mayo veré, que me ofrezcas la primera, prueba de amor; y de eso me acordé cuando leí que las primeras vacunas contra el covid-19 vendrán a Guatemala…para marzo, o abril de 2021.

Foto por Baltimore County Government, PDM-owner, via Wikimedia Commons.

Nada tendría esto de notable, si no fuera porque los ticos obtuvieron la de Pfizer y la de BioNTech la semana pasada; y porque Panamá también aseguró su pedido de Prizer y en ambos países ya hay congeladores.

¿Y Guatemala? Pues mamona con la comunidad internacional y en un acto de señalización de virtud, la Administración chapina se adhirió al mecanismo Covax que es una alianza de gobiernos, lidereada por la OMS, para tener acceso a vacunas de forma equitativaVacunas de Moderna (que requieren menos enfriamiento).

De forma equitativa, para quienes necesitan traducción, quiere decir de forma política, con todo lo que ello implica, incluidas arbitrariedad, corrupción e ineficiencia…¿me vas a decir que no? Por lo pronto sabemos que la Administración chapina negoció las vacunas de forma secreta. ¿Vas a creer?

Es natural que los gobiernos de los países en donde se han desarrollado vacunas (especialmente si los laboratorios han recibido dinero de los tributarios) se reservaran las primeras dosis producidas, para sus habitantes; pero a partir de ahí la forma más justa de distribución hubiera sido una descentralizada y no monopólica, en manos del mercado y al margen de los incentivos perversos de la política. El mercado, no te olvides, quiere decir: las personas.

Fuera del mecanismo Covax y sin intervención de políticos y burócratas, lo razonable es que la Administración hubiera buscado proveedores directos como lo hicieron los gobiernos de Costa Rica y Panamá, o que el sector privado se hubiera hecho cargo, como se hizo cargo de mascarillas, gel, y medicamentos para tratar el covid-19 (¡Salvando las distancias, claro!). ¿Cuándo faltaron las mascarillas y el gel? En vez de subir de precio, sus precios se desplomaron. Lo natural es que las personas tuvieran la libertad de elegir cómo proveerse de vacunas, en vez de que el gobierno las forzara a una sola opción.

Con suerte, pues, habrá vacunas para abril, o para mayo, si los procedimientos siguen monopolizados y centralizados. ¿No aprendió nada la Administración de la experiencia monopolizadora y centralizadora de las pruebas al principio del encierro? ¿Te acuerdas del cuello de botella y del desastre cuando las pruebas para identificar el virus chino estaban sólo en manos de los políticos y burócratas?

Dicho lo anterior -al finalizar este, que es el más memorable de los años- les deseo a los lectores un mejor año 2021.  Uno en el que la salud, la paz, la prosperidad y la compañía de sus seres queridos sean las razones por las que lo recordemos.  L´chaim y Carpe diem.

Columna publicada en elPeriódico.


31
Dic 20

¡Adiós 2020 y bienvenido 2021!

Lo de 2020 era como cabalístico, ¿sabes? Por ejemplo: 20/20 es la visión perfecta en términos de agudeza visual de acuerdo con la tabla de Snellen. El sistema de numeración maya es de base 20. Tenemos diez dedos en las manos y diez en los pies.  Pero ahí está que 2020 resultó un fiasco y no lo voy a extrañar…pero tampoco lo voy a olvidar.

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¿Quién podría? 2020 entró a la historia universal en la categoría de 1914, 1929, 1939, 1941, y 2001; y para los chapines, en la de 1976Así que Fuck off 2020! 

Con todo y todo, en este año aprendí mucho sobre la solidaridad y la resiliencia de los seres humanos y sobre la naturaleza del universo benevolenteUn “universo benevolente” no significa que el universo sienta una inclinación positiva hacia el hombre, o que su finalidad sea ayudarle a alcanzar sus metas. No, el universo es neutral; simplemente es; es indiferente hacia ti. Tú tienes que observarlo y adaptarte a él, no al revés. Pero la realidad es “benevolente” en el sentido que si te adaptas a ella, es decir, si piensas, valoras y actúas racionalmente, entonces puedes conseguir tus valores (y exceptuando accidentes, los conseguirás); los conseguirás, porque los valores están basados en la realidad.

Aprendí y descubrí bastante sobre mi.

Pero también comprobé lo fácil que es perder la libertad y lo frágiles que son los derechos individuales.  Mismos a los que demasiada gente está rápidamente dispuesta a renunciar a cambio de una ilusión de seguridad.  Y mismos que mucha gente está dispuesta sacrificar para imponer sus utopías y valoraciones.

Afortunadamente, por lo menos en Guatemala, muchísima gente dio y está dando la batalla de las ideas para evitar que no merezcamos ni la libertad, ni la seguridad (como lo advirtió Benjamin Franklin), y para evitar que se concrete la urgencia por salvar a la humanidad, que es casi siempre una máscara que oculta la urgencia por gobernarla (como advirtió H. L. Mencken).

De cualquier manera, en esta nochevieja y en este último día del extraordinario 2020, les deseo a ti y a tu familia salud, prosperidad, paz,amor, y felicidad durante 2021.

En estas fechas me gusta repasar los consejos para el Año Nuevo, por Ben Franklin…con un toque de mi cosecha (¿Por qué no?)

Templanza: No comas hasta sentirte harto. No bebas hasta la ebriedad.

Silencio. No hables más que aquello que pudiera beneficiar a otros, o a ti mismo. Evita las conversaciones triviales.

Orden: Ten un lugar para cada una de tus cosas. Ten un momento para cada parte de tu trabajo.

Resolución: Comprométete a llevar a cabo lo que debes hacer. Haz sin falta lo que te comprometes a llevar a cabo.

Frugalidad: No gastes más que en lo que pueda hacer el bien a otros o a ti mismo. No desperdicies nada.

Trabajo: No pierdas el tiempo. Ocúpate siempre en algo útil. Elimina todo acto innecesario.

Sinceridad: No lastimes a nadie con engaños. Piensa con inocencia y con justicia. Si hablas, hazlo de acuerdo con esto.

Justicia: No perjudiques a nadie, ni haciéndole daño ni omitiendo lo que es tu deber.

Moderación: Evita los extremos. No guardes resentimientos tanto tiempo como puedas creer que lo merecen.

Limpieza: No toleres la falta de limpieza, ni en el cuerpo, ni en la ropa, ni en la vivienda.

Serenidad: No te dejes alterar por nimiedades, ni por accidentes comunes o inevitables.

Prudencia: Disfruta al acto sexual pero nunca hasta sentirte harto, o débil, y sin que llegues a afectar tu propia paz, o reputación, o la de otra persona.

Orgullo: Esa virtud que es consecuencia de la autoestima y de la productividad.

L´chaim y Carpe diem. ¡Sorprendeme, 2021!


30
Dic 20

Adiós a Armado Manzanero

Me puse a pensar que cuál es mi canción favorita de Armando Manzanero y concluí que hay dos: Adoro y Contigo aprendí.  

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Luego, claro, todas las del disco de Duetos y muchas de las que interpretaron Luis Miguel, Alejandro Sanz y otros.  Esta tarde vi llover me recuerda mi infancia porque mi abuela, Frances, se la cantaba a mi hermano, Gustavo.  Le cantaba: Esta tarde vi llover/ vi gente correr/ y no estabas tu…sólo Gusigú. 

Armando Manzanero falleció el 28 de diciembre de 2020.


29
Dic 20

¡Bienvenidos a Chichicastenango!

¡Bienvenidos a Chichicastenango! es la frase con la que niños y ancianos nos recibían mientras caminábamos por las calles de aquella población fascinante y misteriosa.

Este año pensamos que no íbamos a hacer una excursión como las que nos gustan; pero nuestra amiga, Lissa salvó la situación al proponer que viajáramos a Chichicastenango.  De esa cuenta, Lisa, Elena, Raúl y yo agarramos camino para allá el 26 de diciembre pasado,

Esa población quiché es famosa por su mercado y por sus tradiciones sincrécticas tan coloridas y complejas.  Allá fue escrito el Popol Vuh, en 1550.  Es un pueblo de comerciantes y estoy seguro de que allá reside buena parte de la aristocracia quiché.  La vida de la gente ha sido golpeada duramente por los encierro s en el contexto del virus chino; pero se notan el espíritu emprendedor y resiliente de los pobladores. Los masheños, desde la primera mitad del siglo XX han sabido aprovechar el turismo y saben ser buenos anfitriones.

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Nos alojamos en el Mayan Inn que es una especie de hotel museo, de 1930, quizás el primer hotel formal establecido en Chichi.  Un lugar con mucho carácter y que es una especie de cápsula del tiempo.  El equipo del hotel -aunque limitado- es amistoso y eficiente.  Si te gustan el arte, los jardines, los muebles antiguos y el ambiente encantador, este es el lugar para quedarse.  Especialmente las habitaciones del segundo piso, en el anexo.  El menú es limitado, pero sabroso; y el cóctel de las 6:00 pm en el bar, es una experiencia fabulosa.  Nosotros usamos el espacio para leer sobre la historia de Chichicastenango y de sus costumbres, y hacer los debriefings de las experiencias del día.

Aún en tiempos de pandemia, el mercado de Chichicastenango es impresionante, y uno entiende por qué es que los visitantes extranjeros se deleitan en él.  Tuvimos la suerte de llegar a la cofradía de Santo Tomás justo en el que el santo abandonaba el lugar y fuimos bien recibidos en la casa, precisamente antes de que los señores cofrades salieran para acompañar al santo en su procesión, junto a San Sebastián y San José.

El misticismo sincrético es omnipresente en la vida de Chichicastanango. Haz clic en la foto para ver más fotos.

En el pueblo conversamos con varios comerciantes y notamos que las personas están muy afectadas económica y emocionalmente por los encierros y por la falta de turismo (fenómeno, este, que no se veía desde los tiempos de la guerrilla, en los años 70 y 80).  Una de las frases que más me impresionó fue la de que lo que no me gusta de mi pueblo es lo sucio y desordenado que es. Y bueno…es cierto, es muy triste que con todo lo encantador, fascinante, misterioso y alegre que es Chichicastenango, hay demasiada basura por todas partes.

Comimos rico en el hotel; pero también en Ay María, que puntería, y en Casa de San Juan.  Este último es especialmente recomendable para las cenas, no sólo por su comida y por sus ambientes, a nosotros nos gustó especialmente el patio. Ay María es más recomendable para almuerzos.

Toda visita a Chichi debe incluir la iglesia de Santo Tomás y la capilla que está enfrente, dedicada al Señor Sepultado.  En ambas -ennegrecidas por el humo de cientos de años de candelas y notablemente minimalistas y severas- uno se transporta al siglo XVI y se llena de curiosidad por conocer la historia y las tradiciones de aquella población tan significativa.  En la capilla notamos que la imagen del Sepultado tenía billetes en sus manos así que dejamos los nuestros; y vimos que abajo, a la izquierda había la imagen colorida de una gallinita, en un escaparate. Vimos que una persona dejaba una bolsa de huevos y preguntamos que por qué.  Una señora nos explicó que la gente deja ofrendas al pedir prosperidad, y nosotros dejamos una pequeña canasta con huevos, por la prosperidad del pueblo de Chuwilá, o Siguán tinamit que son los nombres antiguos de aquella población.

Paseamos el colorido cementerio de la localidad en donde se halla enterrado Ildefonso Rossbach, un cura que influyó muchísimo en el desarrollo y el carácter de Chichicastenango, poco más o menos entre finales de los años 20 y mediados de los años 40.  Nos llamaron mucho la atención las tumbas en forma de atúdes, práctica que no habíamos visto antes en otros lugares que hemos visitado, y también lo colorido del lugar.  En esa necrópolis también pudimos apreciar una ceremonia indígena. A mí me encantó que en un momento, la persona que parecía ser el solicitante de la ceremonia, le dictaba al oficinate los nombres de famiiares y antepasados leyéndolos desde su teléfono móvil.  Momento puente entre la tecnología más moderna, y los ritos más antiguos. Por cierto que me intriga lo poco que hay, en línea, sobre Rossbach.

Yo quiero volver a Chichicastanango y pasar tiempo ahí.  Me encantaría pasar más tiempo conversando con personas que han vivido todas sus vidas ahí y conocen la historia, costumbres y tradiciones del lugar.

Ahora, por ejemplo, aprendí que a quien organiza los bailes tradicionales se le conoce como autor; y que el torito, en el baile del torito, no paga por su participación y que, por lo tanto, eso es algo vergonzoso.  Me enteré de que el autor debe tener un espacio propio para los ensayos y que sería humillante que tuviera que alquilar un lugar para los ensayos, supe que su mujer debe estar de acuerdo (y concluimos en que eso es natural por el gran trabajo y costos que implica organizar y alimentar a los bailadores).  Me enteré que es de mal gusto e indigno comprar comida, en vez de prepararla, y ofrecer horchata en vez de atol durante los ensayos.  No sabía, por ejemplo, que participar en un baile cuesta, por lo bajo, unos Q4,000 quetzales por persona, si uno quiere participar con cierta dignidad, y que sólo se puede participar si es invitado por el autor. No es como que tu llegues y ofrezcas pagar por participar.  Con todo y todo, contrario a lo que yo creía, cada vez hay más personas que participan en los bailes.

¡Ay, de verdad que quiero volver a Chichi y escuchar más historias!

El regreso

El 28 de diciembre regresamos a Guate, no sin antes pasar a almorzar a Lemoa con su pequeña y encantadora laguna, y su iglesia blanca.  Ahí comimos observados por niños curiosos y perros simpatiquísimos.  Luego agarramos camino para La Antigua y finalmente volvimos a Guatemala.

Felices de haber hecho el viaje en la mejor compañía, llenos de buenas anécdotas y de preguntas.  Agradecidos por la hospitalidad del pueblo de Chichicastanango.


25
Dic 20

Una nochebuena diferente, pero igual

Quienes visitan este espacio desde hace ratos, saben que lo que hace especiales las fiestas de fin de año -para mí- son los encuentros con la familia y los amigos, y los tamales; la cohetería, los fuegos artificiales, y los tamales; los recuerdos, las tradiciones, y los tamales. Ah, y los tamales.

Una de mis tradiciones familiares favoritas es la de desayunar tamales el día 25 de diciembre.  De hecho, el de hoy es mi desayuno favorito en todo el universo mundo! ¡Y me gusta comer un tamal negro, un tamal colorado, café con leche y algún pastel y dulce propio de la temporada.  Este año el acompañamiento fue el insuperable ponche de frutas que hacen en casa; y Mincemeat pie, el pay favorito de mi padre, cuya pasta elabora mi madre, que es la diosa viviente de los  pays.

Amo mi desayuno tradicional del 25 de diciembre.

¡Soy tan feliz cuando cuando abro las hojas de mashán  y me encuentro con los colores brillantes de los tamales!  Y al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un torbellino de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado complejo y delicioso llegan a mi paladar.

Los que visitan este espacio, con frecuencia, saben que valoro mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

Tengo la dicha de recordar los tamales de mi bisabuela, Mami, y los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblado que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole. También hay diferencias entre los tamales que se cuecen sobre leños y los que se cuecen sobre estufa de gas.

Los tamales tienen raices precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras y supongo que también las ciruelas y las pasas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.

Sostengo, que la nochebuena y las fiestas de fin de año chapinas, en general, son particularmente intensas y espectaculares.  Cuando los chapines nos ponemos en navidad mode, es en serio.

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Por eso me alegro que en este año difícil, duro y para algunos muy triste, el espíritu guatemalteco de la cohetería y los fuegos artificiales no haya menguado.  Toda la noche de anoche hubo fuegos artificiales en la ciudad de Guatemala y sus alrededores, y los fuegos de la media noche no tuvieron nada que envidiarles a los de otros años.   Cuando veo las luces y disfruto de los cohetes, el niño que hay en mi grita -para mis adentros- ¡Cuanto “cuete” Venado!, como  cuando yo tenía tres, o cuatro años y aquella era la marca de petardos más conocida.

¡Que ricos son los abrazos y el buen vino envueltos en nubes y aromas de pólvora fiestera!

Pero no todo es alegría, en esta ocasión.

Ayer, un amigo -entrado en años- por poco y pasa la noche en el hospital y a sus amigos y familia nos tuvo muy preocupados.  Hoy amaneció en su casa; pero habrá que tenerle el ojo puesto.

Triste, también es que hoy me enteré de que un amigo -gente buena, y con una familia de gente buena- fue asaltado y se halla en situación muy, pero muy delicada.

¡Ah, la vida es precaria y preciosa!, por eso hay que vivirla, digo yo.  Y por eso es que me gusta celebrarla en compañía de las personas que amo, con cohetes, tamales y buen vino.

L´chaim y Carpe diem.


25
Dic 20

Solsticio de invierno y fiestas de fin de año

Aún en tiempos difíciles, en casa celebramos el solsticio de invierno con todo. A veces, todo es mucho, y a veces, todo es lo poco que hay.  ¡Pero siempre celebramos! Y lo que no falta -jamás- es el cariño de la familia y el de los amigos.  A veces tan cerca como para darnos abrazos, y a veces tan lejos que sólo es posible por teléfono…o por Zoom.

Gozo mucho el arbolito.

Cuando la casa se llena con los aromas del pinabete, las manzanillas, las mandarinas y las especias, sabemos que es tiempo de celebrar la vida, por frágil que sea, o quizás precisamente porque es frágil.  Especialmente en un año algo tristón, como este.

La navidad más triste que tuve fue la del primer año sin mi papá.  En casa no había espíritu festivo; pero Walter, el muchacho que nos hacía trabajos, dispuso decorar el árbol.  Y fue tan exitoso que la nochebuena no perdió su carácter y, durante varios años, él se hizo cargo de adornar y encender aquel símbolo de las fiestas.

¿Y cuáles han sido las navidades más alegres? Las de cuando era niño y mis padres nos despertaban a mí y a mis hermanos a la media noche, en medio de la cohetería.  De aquellos tiempos, todavía conservo mi tortuga, y tres chinchines y una jícara hermosamente decoradas con nij. Las que pasaba en las casas de mis abuelas, y las de cuando mis sobrinos eran niños y en casa sabíamos que las fiestas eran para ellos. ¡Y las de ahora!…porque las paso junto a las personas que más amo.

Este año -en el que muchos perdimos seres queridos, y en el que a muchos se les prohibió ser productivos y trabajar, por lo que se quedaron sin sus empleos, o sin sus negocios- la celebración del solsticio de invierno, de la nochebuena, del yule, o de la navidad (como quieras) está siendo austera y discreta; pero no por ello es menos.  ¿Por qué?

Porque -sobre todo en medio de una pandemia- las fiestas de fin de año invitan a la buena voluntad y a la benevolencia entre los hombres.  No sólo entre quienes conocemos, estimamos, o amamos, sino incluso, para con quienes no conocemos.  Porque las fiestas de fin de año nos invitan a recordar y a agradecer lo bueno que tenemos. Porque no sólo damos e intercambiamos obsequios físicos, sino que también damos e intercambiamos regalos emocionales, cariñosos, placenteros.

En casa, siempre recordamos que las de fin de año no son fiestas de una sola noche.  Celebramos el solsticio de invierno desde el día en que compramos y adornamos el árbol.  Y continuamos durante la semana con tamales, música de la temporada, y otras tradiciones muy antiguas.  Tradiciones que unen a las generaciones que preceden a la nuestra, con las que vienen. Para mí, los tamales son los reyes de las fiestas; y donde hay un tamal, hay fiesta.

Por el recuerdo de quienes ya no están entre nosotros, con la certeza de que son posibles tiempos mejores y con la esperanza de que esos tiempos no estén muy lejos, a los lectores les deseo un 2021 en paz, feliz y con prosperidad.  Con la esperanza de que algo hayamos aprendido en estos meses de incertidumbre y de lucha por la libertad, a los lectores les deseo salud, y tiempo para disfrutarla en compañía de sus seres amados.

Columna publicada en elPeriódico.


21
Dic 20

¿Veré la conjunción de Júpiter y Saturno?

La del solsticio de invierno es una fiesta significativa porque a partir del 21 de diciembre, en el hemisferio norte, las noches empiezan a hacerse más cortas y los días más largos.  En muchas culturas del mundo, esta fecha viene acompañada de celebraciones.  En 2020 -un año que será inolvidable- el solsticio coincidió con la conjunción de Júpiter y Saturno, encuentro que será especial porque ambos planetas estarán más cerca que nunca en desde 1623. Haz clic en la imagen para ver la conjunción en vivo.

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Y aquí estoy, pegado a mi ventana, frente a un cielo nublado y esperando, ¿en vano? atisbar a los dos planetas más grandes del sistema solar.

Lo de la nubosidad es tristemente inoportuna porque en noches anteriores el cielo ha estado claro y los planetas, al acercarse, nos han ofrecido vistas bellas.  Esta es una foto que tomé ayer desde mi balcón justo luego del ocaso.

Esta es una foto que tomé el sábado desde el Club Ecuestre La Herradura, en la Carretera a El Salvador.

Así es como se veía el atardecer de hoy desde mi casa.

En Uaxactún -que era un sitio de observación astronómica importante- hay dos templos relacionados con los solsticios.

Actualización: logré ver la conjunción porque a eso de las 19:30 hubo algunas ventanas en la nubosidad y en una de ellas, durante unos segundos, se dejó ver la luz de Júpiter y Saturno. Nota el puntito claro, casi  al  centro  y hacia  arriba.

No es la mejor foto, pero conseguí ver y fotografiar el fenómeno.