Brigitte Bardot fue actriz y cantante, y Wikipedia dice que fue famosa por interpretar personajes con vidas hedonistas y que fue uno de los símbolos de la llamada revolución sexual. Su película And God Created Woman escandalizó en los Estados Unidos de América y muchos dueños de cines fueron arrestados solo por proyectarla; allá no era bien vista porque usaba… bikinis.
Brigitte Bardot en 1961, el año en que nací. Foto de ETH-Bibliothek Zürich, Bildarchiv / Fotograf: Comet Photo AG (Zürich) / Com_L10-0171-0017 / CC BY-SA 4.0, CC BY-SA 4.0.
Bardot conocía los peligros de la islamización de Europa y fue multada por opinar al respecto. Puede decirse que su vida es un caso para hablar sobre la libertad de expresión.
No recuerdo haber visto película alguna de B. B., pero en los años 80 andaba yo haciendo mandados con mi abuela, Frances, en la zona 1. En una de tantas pasamos frente al Cine Sexta Avenida, donde exhibían una película porno titulada Viudas en calor. Mi abuela —que era una mujer de mundo— vio la cartelera y me preguntó: ¿Cómo puede ser una película que se llama “Viudas en calor”? Entendí que era una pregunta retórica y mi abuela añadió inmediatamente: Este cine se llamaba París y siempre fue famoso por exhibir películas muy atrevidas, como las de Brigitte Bardot.
El Cine Sexta Avenida ya no existe y el inmueble que ocupaba, en la Sexta avenida y Décima calle de la zona 1, está siendo renovado.
Esta foto, del viejo Cine Sexta Avenida, es de antes del 2020.
Adiós Brigitte Bardot. Con ella se fue un pedazo de esa libertad que tanto escandaliza… y tanto nos hace libres.
La cena de Nochebuena fue un éxito en casa porque nos reunimos familia y amigos alrededor de las tradiciones y de la mesa. Puedo decir, con alegría, que el relleno del pavo salió mejor que nunca y que el ponche chapín estuvo más que delicioso. Añado que la caponata fue una explosión de sabores y color. Los fuegos artificiales en la ciudad de Guatemala se vieron especialmente claros y hermosos.
En casa, la cena tradicional de Nochebuena incluya pavo relleno y ensalada Waldorf.
Lo del relleno lo atribuyo a que este año usamos salvia fresta en vez de salvia seca; lo del ponche siempre se debe al cuidado en la selección de las frutas y al cuidado en el proceso, lo mismo ocurre con la caponata con respectro a las verduras. El hecho de que cocinemos con cariño seguramente influye en los resultados. Lo de los fuegos artificiales en parte fue gracias a las condciones meteorológicas que nos dieron una noche pristina; y en parte a que la calidad de los colores y las formas ha ido mejorando con los años. ¡Es espectacular la pirotécnia de cualquier vecino en toda la ciudad!
Cenamos pavo relleno con la receta que lleva cuatro generaciones en mi familia porque era la de mi bisabuela, Adela y pasará a la quinta; acompañado por la ensalada Waldorf que hacía mi abuela, Frances. También hubo ponche y caponata hechos por Raúl. Para nosotros, y a pesar de lo delicioso que nos sale, el pavo principalmente es un vehículo para que haya relleno y para hacer caldo de huevos.
La caponata es una tradición de esta temporada en casa.
En casa, la nochebuena es la celebración del solsticio de invierno esos días en los que -aunque aquí no lo notemos mucho- en el norte las noches empiezan a hacerse más cortas y empieza a volver la luz. En ese contexto los recuerdos y las tradiciones son muy importantes; por eso en casa no faltan mi tortuga y chinchines de cuando celebrábamos en casa de mi abuelita Juanita y de mi tía abuela, la Mamita. Por eso siempre contamos anécdotas de las fiestas en casa de mis padres.
Dicho lo anterior, algo que gozo mucho en esta fiesta es la pirotécnia tres generaciones disfrutamos desde el balcón.
Hoy en la mañana desayunamos nuestros tradicionales tamal colorado y tamal negro acompañados de buen café y algo de ponche frío, que a mí me gusta frío.
Los tamales, algo serio
¡Quienes me conocen se han de imaginar lo que gozo cuando abro las hojas de maxán y me encuentro con los colores brillantes de los tamales, que son delicias de la cocina guatemalteca! Al mismo tiempo, los aromas intensos de los tamales colorados y negros invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un laberinto de recuerdos y alegrías. El momento culminante es cuando la masa gentil y el recado glorioso llegan a mi paladar.
Nos gusta desayunar tamales en la mañana de la Navidad. Acompañados por buen pan, el mejor café y ponche delicioso….y pescado de mazapán.
Quienes visitan este espacio, desde hace tiempo, saben que valor mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.
En ese laberinto de recuerdos, tengo la dicha de acordarme muy bien de los tamales de mi bisabuela, Mami; y de los de mi tía Baby. Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños. Desde hace cinco años nos hace los tamales Madame Tso, la señora que nos cuida en casa y realmente son estupendos.
Los tamales de Nochebuena, en Guatemala, son colorados y negros. Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res (y un lector me contó que los hay de cocodrilo). Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato. En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole….y entonces no se aplica exacatamente lo de colorados y negros.
Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos. Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las pasas y las ciruelas.
Que haya caldo de huevos y relleno es nuestro objetivo práctico de hacer pavo en casa.
La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos. Son una experiencia para todos los sentido. Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto. A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.
Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas. El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento. Como siempre, el éxito de un tamal se halla en el balance de ingredientes, en la calidad de los mismos y en la pasión que se pone en ellos.
En la ONU, o en alguno de esos ñaques, hubo tres embajadores importantes reunidos para el convivio navideño. El embajador de los Estados Unidos de Wokica, el de la Républic du Baguette y el del Reino Desunido. El último les preguntó a los otros dos qué deseaban para Navidad y el embajador de los Estados Unidos contestó que La paz mundial, en tanto que el de la Baguette respondió que El fin del hambre en el mundo. Acto seguido, los dos que ya habían contestado le preguntaron al representante del Reino Desunido qué había pedido; y este contestó: Pedí un pudín de persimones.
Mi chinchín, tortuga y guacalito de cuando era niño.
Este chiste que adapté —y sí, es un chiste— me gusta porque expresa muy bien el significado profundo de la Navidad y de las fiestas de fin de año que trasciende el misticismo. El mensaje es: Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Un deseo que se basa en la benevolencia incluso entre completos desconocidos, y hasta entre enemigos. ¿Quién no conoce la historia de la Tregua de Navidad en la que soldados alemanes e ingleses detuvieron una batalla —durante la Primera Guerra Mundial— para celebrar la fiesta? En esa ocasión cantaron villancicos e incluso intercambiaron regalos improvisados.
¿Y qué tiene esto que ver con el pudín de persimones? Con el hecho de que los deseos —para que sean más obtenibles y no creen frustración— deben ser claros, alcanzables y reales. Así, las fiestas de fin de año y la Navidad en particular son oportunidades para encontrarse con amigos y familia; para asistir a eventos tradicionales, cantar canciones propias de la temporada; ver películas viejas y nuevas que aluden al espíritu navideño; y para enviar mensajes de cariño y buenos deseos a quienes valoramos. También para intercambiar regalos.
En casa ya no hay niños; pero en cuanto los haya mantendremos el ambiente festivo con el que crecimos, y gozaremos con sus caritas de asombro. En casa no faltan los tamales, los turrones, el pavo y el mincemeat pie. Nos gusta recibir a amigos y familia y nos alegra compartir con quienes sabemos que son menos afortunados.
Verás, la Navidad es la celebración de todo lo bueno: amistad, amor, benevolencia, comercio, familia, felicidad, productividad y racionalidad. Es una gran oportunidad para amar la vida y para agradecerla porque, como me dijo un cuate que acaba de sufrir una pérdida familiar muy triste, la vida es frágil y es un milagro; pero no en el sentido místico, sino porque en el cosmos, la vida es un fenómeno altamente improbable y genera un asombro profundo por su complejidad y belleza.
Desde Carpe Diem —a tu familia y a ti— mi familia y yo les deseamos ¡Feliz Navidad! Larga vida y prosperidad.
La Navidad es la celebración de todo lo bueno: amistad, amor, benevolencia, comercio, familia, felicidad, productividad y racionalidad. Es una gran oportunidad para amar la vida y para agradecerla porque, como me dijo un cuate que acaba de sufrir una pérdida familiar muy triste, la vida es frágil y es un milagro; pero no en el sentido místico, sino porque en el cosmos, la vida es un fenómeno altamente improbable y genera un asombro profundo por su complejidad y belleza #navidad#nochebuena#carpediem#vida#tradiciones
¡Todo el orbe cante! porque toda derrota del socialismo —sobre todo cuando es una chamarreada como la de Chile— merece ser celebrada. Nicolás Maduro, Gustavo Petro y otros de esa ralea están incomodados, por decir algo, y ese también es motivo para brindar. Con esta derrota de la izquierda ya van tres al hilo en Hispanoamérica: en Bolivia, Honduras y Chile; pero también Ecuador, Perú, Paraguay y, por supuesto, Argentina se han distanciado del tipo de colectivismo que castiga a venezolanos, colombianos, mexicanos, nicaragüenses y brasileños.
En Chile fue derrotada la izquierda. Para que el cambio no se revierta, debe haber reformas basadas en principios liberales sólidos. La foto la tomé de X.
Pero, ¡ojo!, porque es muy posible que, en algunos casos, aquellas derrotas sean puramente de castigo. No sorprende que el socialismo no solo haya sido incapaz de mejorar la calidad de vida de las personas y promover el bienestar y la prosperidad, sino que haya agravado la pobreza, la criminalidad y la inestabilidad. Si ese es el caso y la derecha conservadora no es capaz de revertir los daños causados por décadas de izquierdismo —con fundamento en principios sólidos— lo que ocurrirá es que regresará el péndulo. El reto para la derecha (conservadora y liberal) es convencerse a sí misma de que su superioridad no solo es económica, sino moral. ¿Por qué? Para emprender reformas profundas sin culpa. El reto es educar sobre la libertad; pero no solo desde la perspectiva económica, sino desde el ángulo jurídico y, sobre todo, ético.
Dicho lo anterior, mis amigos chilenos comentan que, desde la perspectiva económica, los economistas de Kast no son audaces y que no se acercan ni siquiera a Chicago. Lo cual es preocupante porque, si eso es cierto, no habrá reformas de fondo y rápidas, y si no las hay, se puede desperdiciar una oportunidad de oro para rescatar Chile del modo en que está siendo rescatada Argentina.
A aquella red flag se le añade que Kast es conservador; y no hay que confundir conservador con liberal clásico. El problema con los conservadores, como me comentó un amigo psicólogo, es que sus modelos mentales se les atraviesan mucho. En la línea cognitiva-conductual, los modelos mentales son mecanismos centrales de la cognición humana; pero pueden ser distorsionados y, por lo tanto, disfuncionales (como creencias intuitivas contrarias a la física, como la de que los objetos pesados caen más rápido), lo que explica algunos sesgos cognitivos.
Los modelos mentales y los sistemas de creencias mantienen una relación estrecha: los modelos mentales incorporan, organizan y están profundamente influenciados por las creencias, patrones de crianza y experiencias. En la política, el conservadurismo, sobre todo el religioso, suele atravesarsele a principios como el respeto absoluto a los derechos individuales en temas como qué es la vida; a si podemos tratar como medios a otras personas, o no; a si la igualdad de todos ante la ley se aplica a todos, o no; y a si el misticismo debe prevalecer sobre la razón, o no.
Dicho lo anterior, es más fácil tratar con los conservadores que con los socialistas porque aquellos son más republicanos que estos últimos. Hecho que es evidente al ver cómo en Honduras y en Chile la extrema izquierda se niega a respetar los resultados del sufragio.
De cualquier manera, les deseo éxitos a los chilenos y a la administración de Antonio Kast. Que esta victoria sea el inicio de una era de libertad verdadera y prosperidad duradera para los chilenos, sin concesiones al colectivismo ni a los modelos mentales que le dan prioridad al misticismo sobre la racionalidad.
tradiciones — Comentarios desactivados en Toritos, moros y algarabía 13 Dic 25
Salir a buscar toritos durante las festividades y las procesiones es una de las tradiciones que más disfruto, sobre todo cuando involucra amigos, familia y extranjeros que los ven por primera vez, aquí en Guatemala.
Un buen momento para tomar un descanso.
¿Sabías que hay toritos para el día y toritos para la noche? Los del día lanzan humos de colores y un tipo diferente de fuegos artificiales; y los de la noche son los de toda la vida. En las fiestas de estos días (Concepción y Guadalupe) también destacan las participaciones de moros que, con sus trajes coloridos, bailan y preceden a las procesiones. En casa tenemos la tradición de fotografiarnos con los micos, personajes que son encargados de colectar dinero entre la gente. Los micos suelen llevar un chicote para amenazar a quienes se rehúsan a contribuir y suelen actuar de forma chistosa para hacer reír a chicos y grandes.
En pleno baile al ritmo de la marimba Alfa y Omega.
En la fiesta de ayer, en la zona 1, vimos por primera vez un torito de día, pero de lejos; porque por el gentío no llegamos a tiempo para grabarlo. Un detalle encantador fue que desde una casa salieron dos señoras mayores y les ofrecieron panes y ponche a los policías que acompañaban al cortejo procesional y a los moros. Es un gesto generoso ofrecer comida y bebida a quienes pasan todo el día en esas. Algo muy agradable de este tipo de fiestas populares y callejeras es que uno encuentra amigos, cuates, colegas y conocidos que también comparten el gusto por las tradiciones y su algarabía.
Un buen momento para merendar antes de seguir en la procesión.
El primer torito de la noche lo vimos en el Callejón de Maravillas, dos o tres cuadras antes de llegar a la casa de nuestros amigos, Sergio y William, en donde veríamos el paso de la procesión y el torito que queman sus vecinos para luego disfrutar de la tradicional sopa azteca que ofrecen, en compañía agradabilísima. Su casa siempre está decorada con piñatas tipo satélite, muy en estilo mexicano, y eso alegra la fiesta y suele causar admiración entre quienes pasan enfrente. Luego de ver el torito y tras el paso de la guadalupana nos sentamos a la mesa para disfrutar la cena, platicar y reírnos como micos hasta la una de la mañana.
Las costumbres, los ritos y las tradiciones tienen todo el sentido del mundo cuando se comparten. Unen generaciones y fortalecen vínculos en el tiempo y en el espacio. Y como escribió Gustav Mahler: «La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego».
Mico, torito y piñata en el Callejón de Maravillas.
En 2021 escribí que las tradiciones no sólo nos dan un sentimiento y una sensación de comunidad, sino que cumplen una función sanadora frente a la desesperanza y a la inestabilidad. Aromas, alimentos y sonidos, texturas y colores, así como rituales, nos traen recuerdos y nos invitan a reflexionar. Fuegos artificiales, costumbres, disfraces y más son parte de aquel acervo rico y enriquecedor.
Cuando yo era niño, las historias de mi tía abuela, La Mamita,, acerca de toritos durante las fiestas tradicionales disparaban mi imaginación. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta bastantes años después que vi el primero en San Juan del Obispo. Desde entonces, pocas cosas me emocionan, me divierten tanto y me ponen tan contento como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus luces y sus colores entre la gente y salir correteado por uno. ¿Alguna vez te ha corrido un torito? Es de lo más chistoso y vibrante.
El torito ilumina el paso del cortejo procesional.
Pero la fiesta empezó el miércoles
Como vivimos en la Villa de Guadalupe y ese es un barrio vivo con mucho carácter, la fiesta empezó el miércoles 10 en la noche, cuando en la plaza frente a la iglesia del lugar hubo fuegos artificiales abundantes y música de banda propia de estos festejos.
Haz clic en la foto para ver los fuegos artificiales y escuchar la musica en la Villa de Guadalupe.
Como cosa muy rara, el jueves 11 no amaneció con bombas y juegos pirotécnicos, rareza que se explicó en la madrugada del viernes 12 cuando la procesión fue recibida con por lo menos hora y media de fuegos artificiales y detonaciones que empezaron por lo menos 300 metros antes de la llegada del cortejo a la iglesia. ¡Todo ello alrededor del edificio donde vivo! Lo curioso es que en mi somnolencia no me podía despertar. Escuchaba la música y la tronazón y quería despertarme para grabar algo de la fiesta; pero no podía y no podía. Sólo la necesidad madrugadora de ir al baño logró que me levantara de la cama, momento que aproveché para grabar un poco de las luces y la fiesta alegre.
Para nosotros, en casa, es una dicha vivir de cerca y con toda su intensidad esta y cualquiera otra fiesta popular y callejera que se arme en el barrio. No sólo porque son parte de la cultura chapina, sino porque cada una nos deja recuerdos con los que vamos construyendo nuestra historia particular.
¡Viva las tradiciones que nos unen, nos sanan y nos llenan de fuego vivo! ¡Carpe diem con toritos, moros y algarabía chapina!
IGSS / RepúblicaGt / salarios — Comentarios desactivados en ¿Por qué falla el “estudio” IGSS? 12 Dic 25
Según un análisis técnico del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, si el gobierno fuerza un alza en el salario mínimo se fortalecerían el consumo, el empleo y la formalización laboral en beneficio de la sostenibilidad de aquel monopolio.
Así funcionan en la realidad los salarios mínimos.
¿Por qué necesita el IGSS apuntalar su monopolio?
El IGSS es un monopolio porque la legislación obliga a que ciertos trabajadores —posiblemente como tú— coticen en ese sistema y no en otro. Esos trabajadores no pueden escoger dónde pagar seguro médico, ni dónde prever para cuando haga falta.
Su existencia prueba que el hecho de ser monopolio no garantiza el éxito de una operación por grande que sea, nada es too big to fail. Al IGSS el gobierno le debe sus cuotas patronales y sus aportaciones como estado. El gobierno, que debería dar el ejemplo patronal, ¡por supuesto que incumple con sus obligaciones! Adicionalmente, el sistema previsional es de reparto; y como los sistemas de reparto son pirámides, la realidad se impone. No sólo por motivos demográficos, sino porque las pirámides se devoran a sí mismas.
¿Por qué sabemos que el estudio no es técnico?
Porque hasta las piedras saben que la informalidad es incentivada por costos altos de formalizarse y regulaciones y burocracia excesivas. ¡Sorpresa!, las contribuciones forzadas al IGSS son impuestos. Las leyes laborales rígidas, los trámites complicados y los altos costos administrativos desalientan la formalización. Los salarios mínimos y las intervenciones políticas en el mercado distorsionan el equilibrio del mercado y esto genera desempleo formal y empuja a los trabajadores y empleadores hacia arreglos informales para sobrevivir.
Hasta las piedras saben que los salarios mínimos dañan la generación y conservación de empleos, así como la formalidad. Ludwig von Mises explica que los empleadores contratan trabajadores sólo si el valor que estos generan es mayor, o igual al salario que deben pagar. Cuando el gobierno impone salarios mínimos más altos que la productividad de ciertos trabajadores ( jóvenes, poco calificados, en zonas rurales, o con baja educación), esos trabajadores se vuelven demasiado caros para contratarlos legalmente. Entonces, las empresas no contratan a esas personas, o hacen despidos. El desempleo aumenta, especialmente entre los grupos más vulnerables.
El salario mínimo, además, hace que los empleos formales (con contrato, aportes a seguridad social e impuestos) sean más caros que los informales. Para trabajadores cuya productividad está por debajo del salario mínimo el empleador tiene dos opciones: no contratarlos (y hay desempleo); o contratarlos informalmente, sin aportes y sin contratos.
En esas condiciones, los salarios mínimos empujan muchos empleos hacia la informalidad y, entonces, los trabajadores prefieren ganar algo (aunque sea poco y sin protección) antes que quedarse sin trabajo.
Los salarios mínimos no crean riqueza ni aumentan la productividad; solo suben políticamente el precio del trabajo; y un estudio técnico debería identificar esta realidad. Cuando aquellos precios (los salarios mínimos) superan lo que el mercado puede pagar, el resultado es menos empleo formal y más desempleo, o informalidad. La solución es permitir que los salarios se ajusten libremente y concentrarse en mejorar la productividad para que los salarios reales suban de forma sostenible. Otro día platicamos de por qué es el ahorro, y no el consumo, lo que fortalece la economía.
Ayer inauguramos la temporada de toritos y mariposas, así como la temporada Concepción-Reyes en el calendario de festividades chapinas de fin de año. Vimos toritos y mariposas con fuegos artificiales a inmediaciones del Cerro del Carmen y en el parque de Isabel la Católica, donde todavía está vandalizado el monumento a la ilustre reina. A mí me persiguieron dos toritos y uno de ellos nos acorraló a una señora y a mí en el umbral de una puerta. Fue muy chistoso porque el toro fregado se quedó detrás de nosotros y la dama y yo no podíamos parar de reír.
Haz clic en la foto para ver el vídeo de la mariposa.
En 2021 escribí que las tradiciones no sólo nos dan un sentimiento y una sensación de comunidad, sino que cumplen una función sanadora frente a la desesperanza y a la inestabilidad. Aromas, alimentos y sonidos, texturas y colores, así como rituales, nos traen recuerdos y nos invitan a reflexionar. Fuegos artificiales, costumbres, disfraces y más son parte de aquel acervo rico y enriquecedor.
Cuando yo era niño, las historias de mi tía abuela, La Mamita, acerca de toritos durante las fiestas tradicionales disparaban mi imaginación. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta bastantes años después que vi el primero en San Juan del Obispo. Desde entonces, pocas cosas me emocionan, me divierten tanto y me ponen tan contento como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus luces y sus colores entre la gente y salir correteado por uno. ¿Alguna vez te ha corrido un torito? Es de lo más chistoso y vibrante.
Haz clic en la foto para ver el vídeo del torito.
Además, como dijo Gustav Mahler: La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego. Y en esta noche de luces y risas, entre el estruendo de los cuetes y el latido acelerado del corazón, volvemos a encender ese fuego vivo que nos une como chapines. ¡Que nunca se apague!
libertad de expresión — Comentarios desactivados en ¿Por qué insultan rápido los troles? 08 Dic 25
Mis amigos psicólogos coinciden en que hay perfiles psicológicos en común para las personas que ejercen profesiones y oficios, y que el perfil psicológico precede a la vocación porque esta florece en el terreno fértil. Es decir, los abogados tienen cierto perfil, los ingenieros otro, los periodistas uno distinto y los médicos forenses uno particular… así con todos.
¿A qué viene esto? A que en TikTok se me multiplicaron los troles netcenteros y, dado lo oficioso y patético que resulta ese oficio, supuse que quienes se dedican a él deben compartir cierto perfil psicológico.
Lo mismo me pasa.
¿Cómo sé que son troles netcenteros y no personas que opinan de forma cándida y legítima? Porque repiten consignas idénticas, escriben con faltas de ortografía garrafales y muy mal, y algunos manifiestan una condición obsesiva. Desde que soy tuitero he tenido algunos (todos irrelevantes), pero ahora en TikTok cayeron como langostas y por eso me llamaron la atención. Por cierto, hay troles que no son netcenteros; ese es otro tema parecido, pero distinto.
¿Cuál es el perfil psicológico de esos personajes?
Primero, recordemos qué es un netcenter: una estructura organizada que opera en redes sociales con el objetivo de manipular la opinión pública, atacar personas, organizaciones o medios; defender a políticos, gobiernos o narrativas específicas. Suelen estar financiados por gobiernos, partidos o grupos de interés y operan de forma encubierta.
Los troles netcenteros crean y manejan cientos o miles de cuentas falsas, publican mensajes coordinados masivamente, injurian, calumnian, difaman, amenazan o acosan a periodistas, activistas, académicos, profesionales y opositores. También inflan tendencias artificiales para imponer temas en la agenda pública. En resumen, son soldados de una guerra sucia digital profesional.
Dicho esto, existe un patrón bastante consistente en el perfil psicológico y sociológico de quienes terminan trabajando (o colaborando gratis) en netcenters y que saltan al insulto y al ataque ad hominem en dos mensajes:
Nivel educativo medio-bajo o técnico (muchos con estudios truncos de comunicación social, mercadeo o carreras afines).
Sueldos bajos que generan resentimiento y la sensación de hacer un trabajo sucio mal pagado.
Alta rotación y sensación de anonimato: saben que son prescindibles y que nadie los defenderá si los descubren, así que no tienen incentivo para ser sutiles.
Vulnerabilidad derivada de problemas serios de autoestima baja y por eso necesitan sentirse parte de algo grande (el gobierno, el partido, la revolución y así) para compensar su frustración personal. El insulto les da una descarga rápida de poder.
Pero no todos cobran: muchos lo hacen gratis porque creen ciegamente en la narrativa oficial o porque odian a los ricos, los medios vendidos, los académicos, los empresarios y así. Tienen baja tolerancia a la frustración y una elevada necesidad de pertenencia tribal. Suelen arrastrar historias de humillaciones o exclusión social; el ataque ad hominem es su venganza simbólica contra quienes perciben como arriba.
Thomas Sowell lo explica con claridad.
Rasgos compartidos con mucha frecuencia: sometimiento a una imagen de autoridad (alta sumisión a la autoridad y agresividad contra disidentes); una condición emocional que se manifiesta en dificultad para procesar y expresar emociones complejas (por eso saltan directo al insulto o al golpista, viejo, corrupto); locus de control externo (todo lo malo que les pasa es culpa de los de siempre: el CACIF, el pacto de corruptos, Giammattei y Jimmy, por ejemplo), y adicción a la dopamina de las interacciones tóxicas (cada like de otro trol, o cada respuesta airada que causan les refuerza el comportamiento) y luego se les dispara el cortisol que es la hormona del estrés).
Casi nunca ves, en un trol netcentero típico, alta inteligencia emocional; ni alguien que sostenga una conversación de ideas más allá de tres, o cuatro intercambios sin desviarse al ataque personal; ni gente con estabilidad económica, o redes sociales sólidas en la vida real. Precisamente por eso el teclado se convierte en su espacio de poder. No suelen ser personas en capacidad de conversar sobre ideas.
La receta perfecta es frustración personal, necesidad de pertenencia, pago miserable (o fanatismo ideológico) y anonimato, lo que les facilita pasar de defensor del gobierno a insultador profesional en menos de dos respuestas.
Cuando alguien te ataca con ad hominem, o con insultos rápido es porque casi siempre estás frente a una persona sin argumentos reales que está descargando su rabia acumulada. No es personal contra ti, eres solo el chivo expiatorio del día. Por eso la regla de oro sigue siendo: Don’t feed the troll… a menos que sus berrinches te mejoren el algoritmo y tengas ganas de reírte un rato a costillas de sus rasgos
¡Carpe Diem! Porque la libertad de expresión también incluye la libertad de no perder el tiempo con troles.
mitología / tradiciones — Comentarios desactivados en No quemamos al diablo 07 Dic 25
Este año no bajamos a quemar al diablo como hubiera correspondido. En buena parte porque estoy medio agripado; pero por también porque andaba con la inquietud de que no debería salir. Si visitas Carpe Diem desde hace ratos seguramente recuerdas que nos gusta vivir la tradición en el Cerro del Cármen. Hace seis años descubrimos que esta fiesta familiar se celebra de forma tradicional y encantadora en lo alto del Cerro del Carmen, en la ciudad de Guatemala….y, ¿vas a creer? poco antes del inicio de la quema, hoy fue asesinada una persona a inmediaciones de aquel lugar lo cual es una pena.
El diablito de casa mañana será apaleado cual piñata.
El año pasado nos fue muy bien porque una familia y sus vecinos nos acogieron para quemar el diablo, de acuerdo con la tradición chapina. Este año nos quedamos en casa y vivimos la fiesta desde el balcón. Desde ahí vimos a una familia que salió a quemar cohetes a la calle; pero lo mejor fue que por toda la ciudad hubo fuegos artificiales y el ambiente se llenó del conocido aroma a pólvora, aróma que necesariamente despierta el antojo de comer tamales y tomar ponche.
El vídeo de abajo muestra cómo se vieron los fuegos artificiales desde mi balcón.
¿Qué es la quema del diablo?
La quema del diablo es una tradición guatemalteca que representa la oportunidad ritual para echar al fuego lo malo, lo inservible, lo caduco, lo que hace daño y lo que no queremos para el año que viene, en un contexto místico y mitológico.
En la víspera de la fiesta de la Inmaculada Conceptión, el Diablo es quemado en Guatemala. A las seis de la tarde, el cielo, ya para esa hora oscuro, se torna rojizo debido a los cientos de fogarones que arden en las calles de todos los barrios de la ciudad, tal como sucede en todos los pueblos del país. Para el imaginario guatemalteco, es una especie de “limpia”, dice la novela De cara al sol, por mi amigo, Milton Estuardo Argueta.
Desde una perspectiva racional y más universal, la fiesta trae la luz y el fuego a la época del año en la que las noches son más largas, frías y oscuras, por lo que es apropiado celebrarla con familia y amigos, y recordar que, aun en la oscuridad, es posible la luz. Estoy seguro de que cada quien podrá sacar de todo esto lecciones de vida y aprendizajes que habrá que transmitir a las generaciones siguientes.
Disfruto mucho esta fiesta chapina porque es una ocasión propia para celebrar la vida y recordar a dos personajes malentendidos, uno de ellos casi olvidado, que -aparentemente- no tiene nada en común: Lucifer y Prometeo. Ambos se rebelaron contra dioses tiránicos y arrogantes. Ambos fueron cruelmente castigados por su atrevimiento. Uno es el traedor de luz, y el otro les dio el fuego a los hombres. Ambos son heroicos.
En 2018, cuando fuimos a la quema del diablo en el Cerro del Carmen por primera vez, el cura explicó que María, la que anuncia la luz, precede a Jesús, que es el Sol; y en la realidad, ¿quién precede al Sol? ¡Venus precede al Sol cuando Venus es lucero de la mañana! ¿Y cuáles son otros nombres antiguos de Venus? Lucifer, el traedor de luz; e Ishtar, diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad. Los mayas, por cierto, no eran ajenos al concepto de que Venus, Lucifer o Ishtar es traedor de luz, ya que para ellos Venus (el heósforo) anunciaba que el Sol saldría ese día, luego de su paso por Xibalbá. ¡Hay que celebrar estas fiestas por la vida y por el valor de quienes traen la luz y de quienes se rebelan ante dioses tiránicos y arrogantes!
Cuando era niño, por cierto, la fiesta solía incluir la reunión de amigos en la mañana para ir a buscar ramas y chiribiscos con qué armar una buena pira. Luego, en la tarde, llegaba mi padre con cohetes y algunos fuegos artificiales, y a las seis mi madre preparaba buñuelos, y había mucha alegría en la calle y en la casa. De cualquier manera, como dijo Gustav Mahler: La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego.
En casa, el día en que ponemos el arbolito tradicional es fiesta. Lo tomamos muy en serio y celebramos el solsticio de invierno, yuletide, Navidad, las saturnales y otras fiestas de fin de año con pinabete y decoraciones tradicionales. El pinabete tradicional no solo nos trae su aroma encantador unido al de las manzanillas, sino que su color y sus formas, así como las luces y las figuras que lo adornan, nos traen muchos recuerdos y son símbolos de paz y de amor.
El aroma del pinabete y de las manzanillas alegra la casa.
El arbolito tiene que ser Abies guatemalensis y a su lado no pueden faltar los chinchines, la tortuga y otros objetos que nos conectan con nuestras historias propias, nuestras infancias y con las generaciones que nos han precedido. El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones.
Hoy fuimos a traer el arbolito a El Encanto de Tecpán. Esos árbolitos nos gustan mucho porque son frescos, su aroma es espectacular y cada uno que viene tiene su propio caráctacter. A la hora de escoger el que nos acompañará a casa no sólo es importante su belleza, sino eso que la gente llama su personalidad.
Para los que vienen por primera vez:
En las casas de mis abuelas y de mis padres no siempre hubo pinabetes. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles inolvidables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.
En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces de colores. Allá algunos de aquellos árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.
En la casa de mis padres tuvimos gran variedad de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, también tuvimos cipreses y creo que algún pino. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco plateado. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.
En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, una estrella de Santa Catarina Palopó, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así. Los de 2023 fueron vintage, hechos de hojalata y pintados como de principios del siglo XX. Ese año fueron un animalito al que le digo El tacuacín, acompañado de otras figuras encantadoras.
En esta temporada, el pinabete no solo adorna nuestras casas, sino que nos recuerda la importancia de las tradiciones que unen generaciones, el valor de la paz familiar y la esperanza que renace cada fin de año. ¡Que esta Navidad llene tu hogar de aroma a pinabete, recuerdos entrañables y amor!
Carpe Diem significa Apodérate del día (sin desperdiciarlo) y resume bien mi visión del mundo. La libertad es el valor fundamental que guía mi vida y mis reflexiones en Carpe Diem. Vivo en Guatemala, un país que aún está por ser construido y en el que los derechos individuales y la igualdad ante la ley son precarios. Por eso, aquellos son mis temas favoritos para estos comentarios. Con todo y todo, este espacio -políticamente incorrecto- existe al amparo del artículo 35 de la Constitución de la República; y del 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (por si acaso). Me gustan la cocina, la lectura y la compañía de mi familia y de mis amigos. También me gusta pasar tiempo conociendo mi país y a su gente. Al perpetrar Carpe Diem comparto con mis lectores algunas reflexiones y experiencias en busca de lo que es bueno, lo que es bello y lo que es pacífico. ¡Por la libertad y la razón!
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