30
Dic 20

Adiós a Armado Manzanero

Me puse a pensar que cuál es mi canción favorita de Armando Manzanero y concluí que hay dos: Adoro y Contigo aprendí.  

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Luego, claro, todas las del disco de Duetos y muchas de las que interpretaron Luis Miguel, Alejandro Sanz y otros.  Esta tarde vi llover me recuerda mi infancia porque mi abuela, Frances, se la cantaba a mi hermano, Gustavo.  Le cantaba: Esta tarde vi llover/ vi gente correr/ y no estabas tu…sólo Gusigú. 

Armando Manzanero falleció el 28 de diciembre de 2020.


29
Dic 20

¡Bienvenidos a Chichicastenango!

¡Bienvenidos a Chichicastenango! es la frase con la que niños y ancianos nos recibían mientras caminábamos por las calles de aquella población fascinante y misteriosa.

Este año pensamos que no íbamos a hacer una excursión como las que nos gustan; pero nuestra amiga, Lissa salvó la situación al proponer que viajáramos a Chichicastenango.  De esa cuenta, Lisa, Elena, Raúl y yo agarramos camino para allá el 26 de diciembre pasado,

Esa población quiché es famosa por su mercado y por sus tradiciones sincrécticas tan coloridas y complejas.  Allá fue escrito el Popol Vuh, en 1550.  Es un pueblo de comerciantes y estoy seguro de que allá reside buena parte de la aristocracia quiché.  La vida de la gente ha sido golpeada duramente por los encierro en el contexto del virus chino; pero se notan el espíritu emprendedor y resiliente de los pobladores. Los masheños, desde la primera mitad del siglo XX han sabido aprovechar el turismo y saben ser buenos anfitriones.

Haz clic en la foto para ver el vídeo.

 

Nos alojamos en el Mayan Inn que es una especie de hotel museo, de 1930, quizás el primer hotel formal establecido en Chichi.  Un lugar con mucho carácter y que es una especie de cápsula del tiempo.  El equipo del hotel -aunque limitado- es amistoso y eficiente.  Si te gustan el arte, los jardines, los muebles antiguos y el ambiente encantador, este es el lugar para quedarse.  Especialmente las habitaciones del segundo piso, en el anexo.  El menú es limitado, pero sabroso; y el cóctel de las 6:00 pm en el bar, es una experiencia fabulosa.  Nosotros usamos el espacio para leer sobre la historia de Chichicastenango y de sus costumbres, y hacer los debriefings de las experiencias del día.

Aún en tiempos de pandemia, el mercado de Chichicastenango es impresionante, y uno entiende por qué es que los visitantes extranjeros se deleitan en él.  Tuvimos la suerte de llegar a la cofradía de Santo Tomás justo en el que el santo abandonaba el lugar y fuimos bien recibidos en la casa, precisamente antes de que los señores cofrades salieran para acompañar al santo en su procesión, junto a San Sebastián y San José.

El misticismo sincrético es omnipresente en la vida de Chichicastanango. Haz clic en la foto para ver más fotos.

En el pueblo conversamos con varios comerciantes y notamos que las personas están muy afectadas económica y emocionalmente por los encierros y por la falta de turismo (fenómeno, este, que no se veía desde los tiempos de la guerrilla, en los años 70 y 80).  Una de las frases que más me impresionó fue la de que lo que no me gusta de mi pueblo es lo sucio y desordenado que es. Y bueno…es cierto, es muy triste que con todo lo encantador, fascinante, misterioso y alegre que es Chichicastenango, hay demasiada basura por todas partes.

Comimos rico en el hotel; pero también en Ay María, que puntería, y en Casa de San Juan.  Este último es especialmente recomendable para las cenas, no sólo por su comida y por sus ambientes, a nosotros nos gustó especialmente el patio. Ay María es más recomendable para almuerzos.

Toda visita a Chichi debe incluir la iglesia de Santo Tomás y la capilla que está enfrente, dedicada al Señor Sepultado.  En ambas -ennegrecidas por el humo de cientos de años de candelas y notablemente minimalistas y severas- uno se transporta al siglo XVI y se llena de curiosidad por conocer la historia y las tradiciones de aquella población tan significativa.  En la capilla notamos que la imagen del Sepultado tenía billetes en sus manos así que dejamos los nuestros; y vimos que abajo, a la izquierda había la imagen colorida de una gallinita, en un escaparate. Vimos que una persona dejaba una bolsa de huevos y preguntamos que por qué.  Una señora nos explicó que la gente deja ofrendas al pedir prosperidad, y nosotros dejamos una pequeña canasta con huevos, por la prosperidad del pueblo de Chuwilá, o Siguán tinamit que son los nombres antiguos de aquella población.

Paseamos el colorido cementerio de la localidad en donde se halla enterrado Ildefonso Rossbach, un cura que influyó muchísimo en el desarrollo y el carácter de Chichicastenango, poco más o menos entre finales de los años 20 y mediados de los años 40.  Nos llamaron mucho la atención las tumbas en forma de atúdes, práctica que no habíamos visto antes en otros lugares que hemos visitado, y también lo colorido del lugar.  En esa necrópolis también pudimos apreciar una ceremonia indígena. A mí me encantó que en un momento, la persona que parecía ser el solicitante de la ceremonia, le dictaba al oficinate los nombres de famiiares y antepasados leyéndolos desde su teléfono móvil.  Momento puente entre la tecnología más moderna, y los ritos más antiguos. Por cierto que me intriga lo poco que hay, en línea, sobre Rossbach.

Yo quiero volver a Chichicastanango y pasar tiempo ahí.  Me encantaría pasar más tiempo conversando con personas que han vivido todas sus vidas ahí y conocen la historia, costumbres y tradiciones del lugar.

Ahora, por ejemplo, aprendí que a quien organiza los bailes tradicionales se le conoce como autor; y que el torito, en el baile del torito, no paga por su participación y que, por lo tanto, eso es algo vergonzoso.  Me enteré de que el autor debe tener un espacio propio para los ensayos y que sería humillante que tuviera que alquilar un lugar para los ensayos, supe que su mujer debe estar de acuerdo (y concluimos en que eso es natural por el gran trabajo y costos que implica organizar y alimentar a los bailadores).  Me enteré que es de mal gusto e indigno comprar comida, en vez de prepararla, y ofrecer horchata en vez de atol durante los ensayos.  No sabía, por ejemplo, que participar en un baile cuesta, por lo bajo, unos Q4,000 quetzales por persona, si uno quiere participar con cierta dignidad, y que sólo se puede participar si es invitado por el autor. No es como que tu llegues y ofrezcas pagar por participar.  Con todo y todo, contrario a lo que yo creía, cada vez hay más personas que participan en los bailes.

¡Ay, de verdad que quiero volver a Chichi y escuchar más historias!

El regreso

El 28 de diciembre regresamos a Guate, no sin antes pasar a almorzar a Lemoa con su pequeña y encantadora laguna, y su iglesia blanca.  Ahí comimos observados por niños curiosos y perros simpatiquísimos.  Luego agarramos camino para La Antigua y finalmente volvimos a Guatemala.

Felices de haber hecho el viaje en la mejor compañía, llenos de buenas anécdotas y de preguntas.  Agradecidos por la hospitalidad del pueblo de Chichicastanango.


25
Dic 20

Una nochebuena diferente, pero igual

Quienes visitan este espacio desde hace ratos, saben que lo que hace especiales las fiestas de fin de año -para mí- son los encuentros con la familia y los amigos, y los tamales; la cohetería, los fuegos artificiales, y los tamales; los recuerdos, las tradiciones, y los tamales. Ah, y los tamales.

Una de mis tradiciones familiares favoritas es la de desayunar tamales el día 25 de diciembre.  De hecho, el de hoy es mi desayuno favorito en todo el universo mundo! ¡Y me gusta comer un tamal negro, un tamal colorado, café con leche y algún pastel y dulce propio de la temporada.  Este año el acompañamiento fue el insuperable ponche de frutas que hacen en casa; y Mincemeat pie, el pay favorito de mi padre, cuya pasta elabora mi madre, que es la diosa viviente de los  pays.

Amo mi desayuno tradicional del 25 de diciembre.

¡Soy tan feliz cuando cuando abro las hojas de mashán  y me encuentro con los colores brillantes de los tamales!  Y al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un torbellino de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado complejo y delicioso llegan a mi paladar.

Los que visitan este espacio, con frecuencia, saben que valoro mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

Tengo la dicha de recordar los tamales de mi bisabuela, Mami, y los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblado que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole. También hay diferencias entre los tamales que se cuecen sobre leños y los que se cuecen sobre estufa de gas.

Los tamales tienen raices precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras y supongo que también las ciruelas y las pasas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.

Sostengo, que la nochebuena y las fiestas de fin de año chapinas, en general, son particularmente intensas y espectaculares.  Cuando los chapines nos ponemos en navidad mode, es en serio.

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Por eso me alegro que en este año difícil, duro y para algunos muy triste, el espíritu guatemalteco de la cohetería y los fuegos artificiales no haya menguado.  Toda la noche de anoche hubo fuegos artificiales en la ciudad de Guatemala y sus alrededores, y los fuegos de la media noche no tuvieron nada que envidiarles a los de otros años.   Cuando veo las luces y disfruto de los cohetes, el niño que hay en mi grita -para mis adentros- ¡Cuanto “cuete” Venado!, como  cuando yo tenía tres, o cuatro años y aquella era la marca de petardos más conocida.

¡Que ricos son los abrazos y el buen vino envueltos en nubes y aromas de pólvora fiestera!

Pero no todo es alegría, en esta ocasión.

Ayer, un amigo -entrado en años- por poco y pasa la noche en el hospital y a sus amigos y familia nos tuvo muy preocupados.  Hoy amaneció en su casa; pero habrá que tenerle el ojo puesto.

Triste, también es que hoy me enteré de que un amigo -gente buena, y con una familia de gente buena- fue asaltado y se halla en situación muy, pero muy delicada.

¡Ah, la vida es precaria y preciosa!, por eso hay que vivirla, digo yo.  Y por eso es que me gusta celebrarla en compañía de las personas que amo, con cohetes, tamales y buen vino.

L´chaim y Carpe diem.


25
Dic 20

Solsticio de invierno y fiestas de fin de año

Aún en tiempos difíciles, en casa celebramos el solsticio de invierno con todo. A veces, todo es mucho, y a veces, todo es lo poco que hay.  ¡Pero siempre celebramos! Y lo que no falta -jamás- es el cariño de la familia y el de los amigos.  A veces tan cerca como para darnos abrazos, y a veces tan lejos que sólo es posible por teléfono…o por Zoom.

Gozo mucho el arbolito.

Cuando la casa se llena con los aromas del pinabete, las manzanillas, las mandarinas y las especias, sabemos que es tiempo de celebrar la vida, por frágil que sea, o quizás precisamente porque es frágil.  Especialmente en un año algo tristón, como este.

La navidad más triste que tuve fue la del primer año sin mi papá.  En casa no había espíritu festivo; pero Walter, el muchacho que nos hacía trabajos, dispuso decorar el árbol.  Y fue tan exitoso que la nochebuena no perdió su carácter y, durante varios años, él se hizo cargo de adornar y encender aquel símbolo de las fiestas.

¿Y cuáles han sido las navidades más alegres? Las de cuando era niño y mis padres nos despertaban a mí y a mis hermanos a la media noche, en medio de la cohetería.  De aquellos tiempos, todavía conservo mi tortuga, y tres chinchines y una jícara hermosamente decoradas con nij. Las que pasaba en las casas de mis abuelas, y las de cuando mis sobrinos eran niños y en casa sabíamos que las fiestas eran para ellos. ¡Y las de ahora!…porque las paso junto a las personas que más amo.

Este año -en el que muchos perdimos seres queridos, y en el que a muchos se les prohibió ser productivos y trabajar, por lo que se quedaron sin sus empleos, o sin sus negocios- la celebración del solsticio de invierno, de la nochebuena, del yule, o de la navidad (como quieras) está siendo austera y discreta; pero no por ello es menos.  ¿Por qué?

Porque -sobre todo en medio de una pandemia- las fiestas de fin de año invitan a la buena voluntad y a la benevolencia entre los hombres.  No sólo entre quienes conocemos, estimamos, o amamos, sino incluso, para con quienes no conocemos.  Porque las fiestas de fin de año nos invitan a recordar y a agradecer lo bueno que tenemos. Porque no sólo damos e intercambiamos obsequios físicos, sino que también damos e intercambiamos regalos emocionales, cariñosos, placenteros.

En casa, siempre recordamos que las de fin de año no son fiestas de una sola noche.  Celebramos el solsticio de invierno desde el día en que compramos y adornamos el árbol.  Y continuamos durante la semana con tamales, música de la temporada, y otras tradiciones muy antiguas.  Tradiciones que unen a las generaciones que preceden a la nuestra, con las que vienen. Para mí, los tamales son los reyes de las fiestas; y donde hay un tamal, hay fiesta.

Por el recuerdo de quienes ya no están entre nosotros, con la certeza de que son posibles tiempos mejores y con la esperanza de que esos tiempos no estén muy lejos, a los lectores les deseo un 2021 en paz, feliz y con prosperidad.  Con la esperanza de que algo hayamos aprendido en estos meses de incertidumbre y de lucha por la libertad, a los lectores les deseo salud, y tiempo para disfrutarla en compañía de sus seres amados.

Columna publicada en elPeriódico.


21
Dic 20

¿Veré la conjunción de Júpiter y Saturno?

La del solsticio de invierno es una fiesta significativa porque a partir del 21 de diciembre, en el hemisferio norte, las noches empiezan a hacerse más cortas y los días más largos.  En muchas culturas del mundo, esta fecha viene acompañada de celebraciones.  En 2020 -un año que será inolvidable- el solsticio coincidió con la conjunción de Júpiter y Saturno, encuentro que será especial porque ambos planetas estarán más cerca que nunca en desde 1623. Haz clic en la imagen para ver la conjunción en vivo.

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Y aquí estoy, pegado a mi ventana, frente a un cielo nublado y esperando, ¿en vano? atisbar a los dos planetas más grandes del sistema solar.

Lo de la nubosidad es tristemente inoportuna porque en noches anteriores el cielo ha estado claro y los planetas, al acercarse, nos han ofrecido vistas bellas.  Esta es una foto que tomé ayer desde mi balcón justo luego del ocaso.

Esta es una foto que tomé el sábado desde el Club Ecuestre La Herradura, en la Carretera a El Salvador.

Así es como se veía el atardecer de hoy desde mi casa.

En Uaxactún -que era un sitio de observación astronómica importante- hay dos templos relacionados con los solsticios.

Actualización: logré ver la conjunción porque a eso de las 19:30 hubo algunas ventanas en la nubosidad y en una de ellas, durante unos segundos, se dejó ver la luz de Júpiter y Saturno. Nota el puntito claro, casi  al  centro  y hacia  arriba.

No es la mejor foto, pero conseguí ver y fotografiar el fenómeno.


21
Dic 20

Adiós a Spencer McCallum

La propiedad un concepto poco entendido- es la base de la organización social, y no es lo mismo que posesión.  La propiedad es una prueba de entendimiento entre personas y es natural, es lo que permite que haya recursos disponibles para la gente, en sociedad.  La propiedad es incluyente de otros y hace posible el intercambio.  Estas son algunas de las ideas que Spencer McCallum compartió conmigo en una conversación que tuvimos en 2013.

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Spencer falleció el 17 de diciembre de 2020 y lo lamento mucho.  Spencer vivió una vida extraordinaria y tuve la dicha de cruzarme con él en el camino.

Spencer McCallum siempre será recordado por su rol en la transformación económica y cultural de Casas Grandes, México, donde el antropólogo y el consultor de negocios que había en él contribuyó a elevar el valor de la cerámica local, hasta desarrollar la cerámica Mata Ortiz  que es muy valorada entre los conocedores.

Si quieres conocer más a Spencer, te recomiendo el elogio que escribió Zach Caceres, titulado Spencer MacCallum & The World He Made: A Eulogy (1931-2020).


18
Dic 20

Ambiente, educación y salud, la tragedia

No puedes imaginar la cantidad de recuerdos fabulosos que tengo de Panajachel, donde pasé muchas vacaciones haciendo averías con primos y amigos.  Allá aprendí a montar bicicleta, y a cangrejear.  Allá descubrí los facts of life y me divertí como mico.  Muchos aromas, sabores y sonidos me llevan a Pana. Allá pasé horas de introspección, tratando de averiguar quién era.

Lago de Atitlán y volcanes Atitlán, Tolimán y San Pedro.

Por eso me enojó mucho el vídeo de un desagüe que vierte popodrilos, pipirañas y cacaimanes en las aguas cristalinas del lago. No porque no supiera que existen ese tipo de albañales, sino porque tienen lustros de existir; y porque los responsables -corruptos e ineptos- permiten su existencia (o los construyen).

Estaba lamentando la destrucción de Atitlán (en las narices de las municipalidades de la cuenca), cuando leí que habría dos convivios (o alegres intercambios de SarsCov2) para los sindicatos del Mineco; que ya fueron cancelados por presión de los tributarios. ¿Cuántos más habrá en otras dependencias del gobierno?) Leo, también, qué en varios municipios, los ayuntamientos han organizado celebraciones en las que la gente se aglomera y festeja sin prudencia.

A todo aquello, añádele que como los chapines no aprenden inglés en las escuelas (¡Pero aprenden idiomas mayenses!), nueve empresas han abandonado el país y se han perdido 48 mil empleos.  Es lo que ocurre, digo, cuando el estado es el responsable de proveer instrucción (que no educación), especialmente para los más pobres.

El problema de que políticos y burócratas (que llamamos gobierno) sean los responsables de cuidar del ambiente, la salud y la educación no es que no puedan hacerlo bien (porque habrá quienes no lo hagan tan mal).  El problema es que cuando el estado se hace responsable, les quita a los individuos la obligación moral de enfrentar las consecuencias de sus decisiones y de sus acciones, y los infantiliza.  Y como lo que es de todos, no es de nadie, el ambiente, la educación y la salud terminan siendo objetivos políticos, cuando no paran siendo fuentes de enriquecimiento a costa de los tributarios, o instrumentos ideológicos.

Columna publicada en elPeriódico.


12
Dic 20

Después de todo sí hubo algo de fiesta de Guadalupe

Una de las ventajas de vivir en un barrio antiguo es que la gente suele conservar las tradiciones; y la Villa de Guadalupe no es ajena a esas prácticas.

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El barrio suele echar la casa por la ventana con ocasión de la fiesta de Guadalupe y las celebraciones incluyen cantidades asombrosas de pólvora.  Y en casa pensamos que este año iba a ser silencio. Sin embargo, con todo y todo, este año, en 2020 las fiestas no fueron deslucidas.  A la media noche del 11 hubo juegos pirotécnicos y música que nos despertó sorprendidos.  No es que hubiera fiesta, fiesta como nos gusta a los del barrio; pero se mantuvo la tradición.  Y a las 5 de la mañana hubo algo alboroto, pero en menor escala; y el ambiente festivo continuó hasta las 10 de la noche.

Y no sólo se mantuvo la tradición sino que fue rescatada, porque el año pasado si que estuvo triste debido…creo…a un cura de esos que recuerdan a Diego de Landa y sus cómplices.

Las tradiciones son importantes porque nos conectan con nuestros ancestros y nuestra historia.  Alimentos, sonidos, aromas, colores y texturas, así como rituales nos traer recuerdos y nos invitan a reflexionar.  Bailes, fuegos artificiales, disfraces, costumbres y más son parte de aquel acervo rico. Reflexionar es muy importante en 2020, el más inolvidable de los años que hemos vivido, año propicio para valorar la vida, la compañía de quienes amamos y todo lo que tenemos y no siempre sabemos apreciar.00


12
Dic 20

¡Ya huele a pinabete y a manzanillas!

Cuando en casa huele a pinabete y a manzanillas es porque es tiempo de celebrar el solsticio de invierno y todas las fiestas de fin de año.

Ayer trajimos y decoramos el arbolito con luces y los adornos tradicionales de la temporada.  Y una de mis mañanas favoritas, en el año, es la de hoy, la del día siguiente a la noche en que hemos adornado el árbol.

El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones. Temas que en este, el más inolvidable de todos los años que hemos vivido, son muy importantes. El año que más nos ha hecho conocernos mejor; y el año en que más hemos sentido la necesidad de celebrar la vida, y celebrar a los que amamos.

En las casas de mis abuelas y de mis padres no siempre había pinabetes. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles inolvidables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces de colores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos gran variedad de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, también tuvimos pinos, cipreses. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco plateado. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaiianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así.

Este año como en otros-gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa que los cultivan hermosos y con mucho carácter- tenemos un árbol galán y aromático que nos llena de magia y de alegría la casa. Ese arbolito me trae gratísimos recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más. Si quieres tu pinabete, los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


11
Dic 20

Persimones y madurez cívica chapina

Unas de mis frutas favoritas son los persimones, no sólo por su sabor, sino por sus color y textura. Esta es una caricia y, ¿sabes?, su pulpa tiene dos texturas distintas.  La leyenda familiar dice que mi bisabuelo, Federico, trajo los primeros a Guatemala.  Mi abuela los comía frescos; y también hacía un delicioso pudín.

Pero los persimones tiene una desventaja; así como pueden madurar parejos y convertirse en ambrosía, muy fácilmente pueden pasmarse para luego arrugarse y terminar siendo incomibles.  De modo que muchas veces crean expectativas que resultan en desazón.

Algunos chapines maduran como nuestra cultura cívica.

En aquello pienso cuando observo lo que ha ocurrido con la república de Guatemala y con nuestra madurez cívica en los últimos 35 años.  A ratos parecía que -con dificultades- íbamos a madurar; pero a ratos nos argeñamos y damos grima.  Es cierto que la evolución social es un largo proceso de prueba y error; pero da la impresión de que, conforme pasa el tiempo, nos hallamos más divididos, enfrentados y atomizados que antes de 1996, o que antes de 1985. Institucionalmente, ¿damos tres pasos para adelante, y regresamos dos?

A las diferencias tradicionales entre los chapines, añádeles -entre otras- las pretensiones posmodernas de que los hombres son enemigos de las mujeres y la de que todos somos víctimas, o victimarios. Súmales las diferencias entre los que querían más encierro y los que no, y las que hay entre los que demandan vacuna gratis y los que no, por mencionar cuatro.

Da la impresión de que hay la voluntad de crear frentes donde no los había y que más que puentes, construimos trincheras. Y da la impresión de que, en semejante campo minado, sólo se está a salvo si se aceptan sin cuestionar y sin chistar, las premisas y conclusiones de una forma de pensamiento único (tan conservador y tan woke), que no admite herejías, so pena de una hoguera virtual; pero que, no por virtual es menos hoguera.

¿A dónde es que encaminamos la construcción de la república y nuestros procesos de maduración cívica? Nuestras acciones cívicas, ¿contribuyen a una sociedad libre, o a la proliferación de clanes y tribus?

Columna publicada en elPeriódico.