01
Abr 24

Excursión a El Soch, primer día

¿Cuál era nuestro destino? El Soch, un sitio arqueológico localizado en una finca privada El Recuerdo, en el municipio de Chicamán, Quiché.  ¿Por qué? Porque nos encanta pueblear, nos encantan los sitios arqueológicos y porque nos encanta la selva.  Lo que no sabíamos es que este viaje iba a ser diez veces maravilloso no sólo por el sitio y porque se halla en la frontera con la legendaria Zona Reyna, sino que lo iba a ser en el plano humano.  

Cataratas frente a nuestra cabaña en El Soch.

El viernes 22 de marzo a las 5:30, Raúl y yo pasamos a por nuestra amiga, Lissa en cuya casa terminamos de cargar el carro.  A las 6:00 íbamos con rumbo a Pachalum, Quiché porque, de acuerdo con Via Michelin hay una ruta entre esa población y Chicamán pasando por Cubulco.  Lo cual era muy conveniente porque nos ahorraba bastante tiempo y kilómetros y porque no conocíamos Cubulco.

1. El carro cargado. 2. El camino a Pachalum es tierra de palos de pito. 3. David, de la panadería Mireya nos muestra el pan antes de ser horneado. 4. Panela en Pachalum. 5. Uno podría hacer fotos y fotos de la arquitectura vernácula de remesas. 6. La naturaleza en la carretera.

 

Todo bien…llegamos a Pachalum donde un policía municipal de tránsito nos facilitó muchísimo estacionarnos y desayunar.  Comimos en la Panadería Mireya, donde David, el panadero nos mostró cómo hacen el pan y nos trató de conseguir información sobre Cubulco.  Lo único que yo sabía es que es es tierra de zompopos de mayo y de palo volador.  Lo primero lo se por mi cuata, Dulce y lo segundo porque cuando en 2019 viajamos a Joyabaj, en la moreria de doña Mercedes Melecio conocimos a unos caballeros de Cubulco que iban a devolver trajes que habían rentado para su festividad patronal.

Luego de visitar el mercado de Pachalum, donde compramos frijoles blancos y delicioso pinol para preparar pollo, en casa, nos despedimos de esa población y agarramos camino a Cubulco.

Esa población está en la sierra de Chuacús, en Alta Verapaz, y allá hace mucho calor.  Visitamos la iglesia que tiene mucho encanto y donde fuimos recibidos muy bien por los trabajadores que la están restaurando.  Paseamos por lo que fuera el convento y comimos alguito en el parque de la población.  Y nos dispusimos a preguntar que por dónde se va a Chicamán.

…y ahí se complicó la cosa.

Un vecino cubulense nos dio la mala noticia.  Resulta que el puente que cruza el río Negro, entre Cubulco y Chicamán está destruido y no hay paso.  Resulta que tendríamos que volver a Pachalum y agarrar rumbo a Santa Cruz del Quiché vía Joyabaj. Eso no sólo significaba desandar el camino, sino que seguramente no llegaríamos a Chicamán ese viernes.  

A esas alturas pensé que es una tradición de nuestras excursiones perdernos, o agarrar por caminos difíciles.

En fin, el buen vecino y su esposa exploraron Google Maps en su teléfono y nos encontraron otra ruta: De Cubulco a Uspantán pasando por Yerbabuena y Canillá y eso era buena noticia.  La mala noticia es que es por caminos de terracería.  Con los sentidos de aventura y del humor que nos acompañan en nuestros viajes nos dispusimos a continuar.

Entre polvareda y polvareda subimos y bajamos cumbres, pasamos por parajes preciosos, algunas veces con árboles frondosos y otras veces como desiertos llenos de cactus enormes como saguaros.  En tramos largos no se veían casas, ni un alma.  Algunas veces nos topábamos con semovientes.  Pasamos por Chinillá y Xepatzac (de lo cual nos enteramos por anuncios que prohiben la caza); y pasamos por la aldea Ojo de Agua. Vimos una siembra de pitayas y nos dispusimos a bajar rumbo al puente que -en esta locación- nos permitiría cruzar el río Negro, rumbo a Uspantán.

¡Y llegamos a río! Pero…es un puente que está medio despedazado.  Le faltan sus bordes protectores y le faltan pedazos. Se ve que el río no ha sido gentil con él. Pero vemos, desde arriba, que pasan autos por él.  Decidimos que hay que pasarlo, sí, o sí porque la opción sería regresar.  Como a mi me gustan este tipo de retos le pedí el timón a Raúl, puse el auto en posición frente al puente, les dije a Lissa y a Raúl ¡Agárrense! y nos dejamos ir.  Lissa dijo: ¡No parés!…y cruzamos el puente. Buen adrenalinazo luego del sopor que traíamos al bajar de la cumbre por caminos casi desiertos. Continué al volante porque Raúl había conducido diez horas, porque ya eran las 16:00.  

1. La naturaleza en la carretera. 2. Nomenclaturas entre las ventas. 3. ¡Cuidado con las reses! 4. Hubo que hacer una pit stop. 5. Tierra de saguaros. 6. Kilometros y kilómetros de soledad, calor y polvo. 7 ¡Al fin signos de vida humana. 7. Llegamos al puente…pero estaba dañado…y lo pasamos. 9. Y seguimos por carreteras de terracería, sin ver autos, ni casas, ni gente.

 

A diez días de distancia, el desvío y el puente en cuestión ahora son anécdotas y aventuras que enriquecieron la excursión que, si no fuera por las conversaciones y la buena compañía, hubiera sido más que pesada y tensa.

Desde el río Negro comenzamos a subir rumbo a Uspantán a donde llegamos a las 17:26.  Esto es importante porque tenemos la regla de no conducir de noche así que tomamos la decisión ejecutiva de continuar hacia Chicamán y El Soch con la esperanza de llegar a las 18:00 justo al empezar a oscurecer. Y a la aldea El Soch llegamos a las 18:05. 

Ahí buscamos el camino para el sitio arqueológico a donde llegamos empolvados como shecas. Ahí dormiríamos en una cabaña que nos tenía preparada don Julio García; y cenaríamos con él y su esposa, doña Nohemí para empezar nuestra visita de cuatro días. ¿Te acuerdas que dije que esta excursión iba a ser diez veces maravillosa en el plano humano. Esto fue por don Julio y doña Mimí y su familia.

1. Una siembra de pitayas. 2. Ya vamos llegando. 3. ¡Al fin Uspantán! 4. Ya casi, ya llegamos a la aldea El Soch. 5. Don Julio nos esperaba en la cabaña. 6. Cenamos y conversamos tan rico. 7. De postre: la melcocha hecha por doña Mimí. 8. Vista desde nuestra cabaña. 9. Nuestra cabaña, de noche.

Don Julio -lo averiguaríamos luego durante las largas conversaciones que tuvimos durante cuatro días- es un héroe de la protección del patrimonio cultural, y del patrimonio natural.  Los héroes actúan para proteger la vida y lo hacen con gran habilidad. Los héroes son posibles; y porque hacen posible la vida humana, merecen ser protegidos.  Hace años, mi amigo Andrew Bernstein explicó que aunque los  héroes cometan errores y tengan flaquezas, y la cultura enferma en la que vivimos se enfoque en aquellas flaquezas y errores, las personas racionales debemos dimensionar esos errores y flaquezas y estilizar la grandeza en los héroes.  Andy. recordó que los artistas románticos siempre estilizan; y un héroe, explicó, es un individuo de elevada estatura moral y habilidades superiores que -de forma audaz- persigue valores en condiciones de dificultades extremas.  Don Juliio y doña Mimí, al proteger El Soch y sus alrededores, encajan en la descripción de Andy…con el añadido de que tienen corazonotes así de grandes.  Todo esto lo iríamos descubriendo durante el tiempo que nos permitieron compartir su mesa y gozar de su conversación y de conocer ese lugar encantador en el que nos encontramos.

Pues llegamos a la cabaña, don Julio nos ayudó a descargar y notamos que frente a la cabaña encantadoramente sencilla…sencilla, había cataratas que nos arrullarían cada noche.  A ello se le sumaban la selva, numerosos pacayales y…quién sabe cuántos arbustos de florifundias o floripondios. Blancas, rosadas y amarillas, esas flores son célebres por sus propiedades somníferas y recordé que mi madre contaba que, cuando era niña, mi tío Rony le había puesto unas bajo su almohada a modo de broma.  

Una vez acomodadas nuestras cosas en la cabaña -en la que no hay agua corriente, ni energía eléctrica, pero sí camas cómodas- fuimos a conocer a doña Mimí que, generosamente, nos preparó la cena.  Huevos, frijoles y plátanos…y queso preparado por sus cuñadas que viven en la finca vecina y a quienes tendríamos la dicha de conocer al día siguiente. ¿Y el postre? Melcocha preparada por doña Mimí con panela producida en el trapiche de la finca, con las cañas cultivadas ahí mismo.  Por cierto que mientras escribo estas líneas estoy chupando caña de El Soch.

Casi indescriptiblemente cansados caminamos a la cabaña, hicimos nuestras abluciones, nos dimos las buenas noches y experimentamos lo que dimos por llamar El efecto florifundia. Dormimos como tiernos y luego te cuento como fue nuestro primer día completo en aquel paraíso remoto, legendario y fascinante.


05
Ene 24

Guate, turismo y retos: ¿Cómo conquistar al viajero del siglo XXI?

 

Durante la primera mitad del siglo XX mi abuelo, Luis, tuvo una agencia de viajes llamada Maya Trails.  En los años 40, 50 y 60 mi bisabuela, Adela, fue propietaria de un hotel en Panajachel llamado Casa Contenta; ese fue un lugar legendario en el que se alojaron artistas como Karl Eskelund y su familia, James Michener, Gore Vidal, Anya Seton, Helen Williams y Albert y Marguerite Idell, por mencionar algunos. De los años 70 al siglo XXI tía abuela, Adelita, fue propietaria del no menos célebre Cacique Inn, también en Panajachel.

Cuando yo era niño y adolescente disfrutaba muchísimo de conversar e interactuar con turistas en aquella población del lago de Atitlán. Cuando me capeaba del colegio –ca. 1974- solía ir al Parque Central a buscar turistas para mostrarles el Palacio Nacional y la Catedral.  Actualmente tengo la dicha de mostrarles la ciudad de Guatemala y otros sitios turísticos a personajes que visitan el país.

El mapa fue hecho por Delfino Sánchez Latour e impreso por la Litografía Byron Zadik. Haz clic en la imagen para leer algo sobre este mapa.

¿Por qué te cuento esto? Porque me encanta el tema del turismo y porque leí que el número de turistas que se recibe en Guatemala recuperó los niveles de antes de los encierros forzados del 2020, y que el año pasado vinieron 2.5 millones de turistas. Para que tengas una perspectiva, en el mismo período Costa Rica recibió 2.4 millones de visitantes. ¡Me encanta ver, en redes sociales, que en el país se ha multiplicado la oferta de destinos y posibilidades turísticas no tradicionales!  ¡Hay mucha gente haciendo maravillas para ofrecer destinos y experiencias novedosas!

Aquella comparación llama la atención porque a Guatemala le falta mucho para desarrollar su potencial turístico enriquecido por sus paisajes naturales variadísimos, por su historia virreinal y precolombina fascinante; y por lo querendones que somos los chapines.  Pero claro, aquello no basta si no es desarrollado conscientemente.  

He leído que uno puede tardarse tres horas en llegar a La Antigua.  ¡Sólo salir de la ciudad de Guatemala puede consumir 60 minutos!  ¿Sabes que a principios de este siglo uno tardaba 45 minutos en llegar a La Antigua incluida la salida de la capital?  Uno podía ir a cenar a La Antigua y volver sin despeinarse, cualquier día.

Hace unas semanas fui a visitar Takalik Abaj, un sitio maya/olmeca precioso. Recién nombrado Patrimonio de la Humanidad.  Donde nos atendieron como saben atender los chapines. Pero…aunque la distancia es de solo 200 kilómetros desde la ciudad de Guatemala, ¿sabes cuánto tardamos en llegar, y en volver? ¡Siete horas para llegar y ocho para regresar!  ¡Así no se puede!  Estamos hablando de un promedio de 25 kilómetros por hora.  ¿Qué turista aguanta eso sin quejarse?

Es cierto que los chapines somos querendones y que los visitantes valoran nuestra hospitalidad natural; pero, la verdad sea dicha, falta mucha profesionalización en el sector turismo.  Hay mucho Sí, pero… y muy poco Sí, y… En general no hay un enfoque en soluciones, aún en poblaciones bastante acostumbradas a recibir visitantes. Una de mis anécdotas favoritas, que es un poco irrelevante, pero muy ilustrativa, es que un día almorzaba con una extranjera en un restaurante de una población importante del occidente del país.  Ella le pidió pimienta al mesero y, ¿qué contestó el muchacho? “¿Cómo para qué?”  En serio…¿no bastaba con traer el pimentero?

Si se habla de turismo hay que mencionar el tema de seguridad ciudadana y la mala fama que tiene Guatemala en ese aspecto. 

A mí y a un visitante nos asaltaron una vez en el atrio de la Catedral a las 8:30 de la mañana.  A mi cuate lo tiraron al suelo y no pudieron quitarle más que el estuche de sus anteojos; y a mí no lograron quitarme el teléfono, ni la cámara; pero…¿qué necesidad? A otro cuate, en otra ocasión, le robaron su teléfono durante una feria patronal.  Esto no es nada raro en cualquier destino turístico del mundo; pero la mala reputación de Guatemala en cuanto a seguridad para los turistas es consecuencia de la inseguridad que vivimos todos, todo el tiempo.  Es la realidad de miles y miles de chapines.

¡Que maravilla que ha subido el número de turistas que visitan Guatemala! Guate y los chapines de verdad son una experiencia intensa en múltiples niveles y para todos los gustos y necesidades. Las riquezas natural, histórica y cultural de este país son ventajas competitivas casi ilimitadas.  ¿Qué hace falta para que el turismo desarrolle todo su potencial? Ciertamente que la Administración cumpla con sus funciones mínimas; ciertamente que la Administración no estorbe; y ciertamente un empresariado que siga innovando.

Columna publicada en República.


18
Abr 23

Excursión a Chajul y visita a Santa Cruz

 

Amanecimos en Chajul con ese frío sabroso y los colores del cielo propios de la montaña, con los kikirikí de los gallos y el glugluteo de los chompipes, con el aroma de las cocinas, el llanto de algún niño y con vista a la iglesia del lugar.

Haz clic en la foto para ver el vídeo y escuchar los sonidos.

Lissa, Raúl y yo paseamos un rato por las calles de la población para sentir la vida al comienzo del día, y nos fuimos a despedir de Felipe. Dispusimos desayunar en Nebaj y continuar camino para pasar el resto del día y de la noche en Santa Cruz del Quiché.

Pero antes…para no pasamos a saludar a los mártires; porque, ¿recuerdas?, el propósito del viaje fue hacer scouting para nuestra amiga Rachel y su investigación sobre mártires.

…y Raúl pasó a comprar pan.

Desayunamos en El´Sim, con la tradicional vista a la plaza de Nebaj y después de caminar un rato y comprar queso y crema de Acul en La Capuccinera de Delicias de Acul, también descubrimos el encantador Koffein Bee, junto a la plaza y agarramos camino.

Al llegar a Santa Cruz nos dirigimos al hotel Casa Antigua El Chalet donde habíamos tenido una muy buena experiencia en septiembre de 2020 cuando andábamos en busca de beatos y máscaras.  Una vez instalados y habiendo almorzado en el hotel porque ahí se come rico  y Benjamín nos atendió muy bien salimos a caminar y al mercado y a la plaza…que, para descansar, la muerte.

Así entre conversaciones, meditaciones, observacions, risas y bromas anduvimos por calles de cabecera departamental disfrutando del ambiente, de la hora azul y de la gente.  Visitamos la catedral para no perder la tradición, y recordé que -en otra vida- yo había visitado esa población para medir el techo de la agencia del Banco de Guatemala, edificio que ahora ocupa el Banco Industrial.  Hice aquello porque brevemente trabajé en una empresa que productos para el concreto e impermeabilizaba techos.

Me gustó ver una pared medio en ruinas que exponía un antiguo ducto para el agua, hecho de barro.  También una placa que celebraba el centenario de la Policía Nacional.

Durante el paseo alrededor de la plaza central descubrimos al panadería Regi donde hacen buen pan, distinto a otros que hemos probado en otros lugares. Muy recomendable.

En eso andábamos cuando vimos que había un espectáculo de cosplay en el salón municipal.  Así que entramos y vimos a Jason, de Viernes 13; a Mario, de Mario Bros; a Mandalorian y a otros personajes.

Ya cuando el apetito hacía su aparición nos encaminamos de vuelta al hotel para hacer el debriefing, cenar y disfrutar de una buena botella de vino. El debriefing siempre es importante con la esperanza de reportarle información útil a nuestra amiga Rachel que no nos pudo acompañar en este primer viaje de exploración a Chajul.

El domingo amanecimos temprano y agarramos camino rumbo a Guatemala vía Chimaché, sobre el río Motagua y Tecpán.  Almorzamos en el Remanso donde nos atendió un mesero muy divertido a quien, lamentablemente, olvidé pedirle su nombre.

Vale señalar, en todo el viaje, que las rutas están notablemente mejor señalizadas que en septiembre pasado, ahora es posible ir y venir, por esa ruta, sin el auxilio de Waze…que es traicionero en áreas rurales.

Como siempre aprendimos mucho en esta exploración.  Seguro que en cuanto Rachel se recupere volveremos al área para aprender mucho más…y divertirnos como K´oy.

Hashtags: #thereisahisandherstoilette #nachosconquesocheddar #lapimientacomoparaque 

Enlaces relacionados:

Excursión a Chajul, etapa nebaj.

Excursión a Chajul, el día principal.

Fin de esta serie de tres.


10
Abr 23

Excursión a Chajul, el día principal

 

El viernes 17 de marzo amanecimos en Nebaj luego de una noche reparadora. Después de pasear un poco por la plaza central y de recibir el sabroso sol nebajense Lissa, Raúl y yo fuimos a desayunar.  Estábamos muy ilusionados por agarrar camino rumbo al mítico Chajul; pero primero, lo primero.

Paseantes en Nebaj.

El azul del cielo en Nebaj.

Plaza central de Nebaj.

Three amigos.

La noche en el Hotel La Paz fue muy reparadora por lo buenas que son las camas y por lo deliciosas que son sus duchas.  En el restaurante El´Sim nos echamos buenos desayunos y el mío incluyó una milanesa que allá las hacen sabrosas.

Luego del desayuno dimos un vuelta por el mercado de Nebaj y por algunas calles para identificar dónde compraríamos el queso y la crema de Acul cuando regresáramos el sábado. Ya sabes, primero, lo primero.

Mercado de Nebaj.

¡Ah, los deliciosos ichintales!

Es muy emocionante agarrar camino hacia Chajul porque es una población remota y casi mítica.  Forma parte del fascinante triangulo ixil y desde que leí Ixiles y ladinos, por Benjamin N. Colby y Pierre L. van den Berghe, en la universidad, tenía muchas ganas de ir hasta allá.  Hace un año que habíamos estado en Nebaj y ahora era el turno de Chajul.  Además, tengo una cerbatana tradicional de aquella región.  Vamos allá para explorar antes de la venida de nuestra amiga, Rachel, que investiga mártires durante el enfrentamiento armado y queremos ver los célebres murales centenarios que hay en algunas casas de la población.

Iglesia de Chajul, desde el balcón del hotel.

Mercado y calle principal de Chajul.

Los trajes en Chajul son bellísimios.

Mercado e iglesia de Chajul.

Iglesia y mercado de Chajul.

El camino entre Nebaj y Chajul es bastante bueno.  Hoyos por aquí y hoyos por acá pero una buena carretera en general. Me llamó la atención el cambio de geología al salir rumbo a Chajul y me sorprendió lo rápido que llegamos a esa población. Al nomás llegar uno nota que las casas y la disposición del pueblo son diferentes y nos dirigimos directo al hotel San Gaspar donde estacionamos mientras preparaban nuestras habitaciones.  Y ahí empezó la aventura. ¿Sabes? Chajul tiene la reputación de ser el lugar donde se originó e cultivo del maíz.

Escalinata para subir a la iglesia de Chajul.

Es la hora de comprar boxboles tradicionales.

Raúl observa el mercado de Chajul.

Higinio Azicona, propietario del hotel nos recomendó con Felipe Rivera para que fuera nuestro guía en Chajul; y de verdad que fue una recomendación valiosa.  Felipe dirige el museo de la localidad y el comité de cofradía.  Ha vivido allá toda su vida, conoce las costumbres del lugar y es un anfitrión de primera.  Para contactarlo, si algún día quieres visitar Chajul, su email es comitedecofradia@yahoo.es.

Visita a museo de Chajul en compañía de Felipe.

La virgen de Guadalupe.

Vaso maya inciso.

Cristo en el museo de Chajul.

A Chajul llegamos en el cuarto viernes de cuaresma de modo que es día de fiesta.  La calle principal está abarrotada con el mercado, los marchantes y los peregrinos que llegan a ver al nazareno y a que los curas les bendigan sus ramos de manzanillas y romero.  El pueblo está animadísimo y el ambiente es de fiesta.  La iglesia blanca está al fondo de la calle principal y se la ve cuando uno camina por el mercado. Quedamos de juntarnos en el atrio con Felipe y desde lo alto de la escalinata apreciamos la intensa actividad que hay en el pueblo.

Urna funeraria característica de la región ixil.

Cristo de Esquipulas en el museo de Chajul.

Capa para protegerse de la lluvia. Típica de la región ixil.

Luisfi con macana.

Luego de presentarnos y saludarnos con Felipe él nos condujo hacia donde se encuentran los tuk tuks o toritos para ir en uno hasta en museo de la localidad.  Dicho establecimiento es una colección variada de objetos precolombinos entre los que destacan un vaso inciso y una máscara del dios del maíz que es parte de una urna funeraria; también piezas y textiles antiquísimos que son de la cofradía entre los que destacan las imágenes del Cristo de Esquipulas y la Virgen de Guadalupe; así mismo objetos que recuerdan el enfrentamiento armado; una capa tradicional contra la lluvia o tziaj y una diversidad de objetos que llaman la atención. Felipe nos contó de la danza del colibrí, que ya no se hace en el área ixil.

Lo más, más divertido de esta visita fueron los inodoros dobles a modo de His and Hers, de Neiman-Marcus.

“His and Hers”

No recuerdo cuánto tiempo estuvimos en el museo pero fue bastante; y todo el tiempo escuchando las historias y la información que compartía Felipe.  Cuando el hambre ya demandaba atención dispusimos regresar a la plaza del pueblo para encontrarnos con Tomás, compañero guía de Felipe, almorzar e ir en busca de los murales.

Tomás es agricultor y también conoce la vida y costumbres de Chajul.  Nos llevó al restaurante Victoria en donde comimos nachos y nos refrescamos con coquitas frías para luego caminar por las calles del pueblo y visitar las casas con murales.  Aquí hay que subrayar lo sonrientes y amables que son las personas en Chajul.  En el mercado, en el atrio de la iglesia, en el museo, desde sus casas y en el restaurante, en el lugar de los toritos, y en todas partes los chajulenses nos saludan con gusto.

Almuerzo en compañía de Tomás.

Los murales de Chajul fueron descubiertos en 2003 y se estima que fueron elaborados entre los siglos XVII y XVIII.   Tienen elementos precolombinos y virreinales, muestran escenas de la Danza de la conquista y seguramente los hicieron los antiguos ixiles integrantes de cofradías. Se conservan gracias a la intervención de la Universidad Jaguelónica de Polonia y a fondos de Helena Zaleski.

Haz clic en la foto para ver una conferencia sobre los murales de Chajul, organizada por el Museo Popol Vuh.

Con Tomás visitamos tres casas y me enamoré de la arquitectura y de las casas tradicionales de Chajul.  Casas de adobe, con patios y corredores amplios.  Casas con elementos fascinantes como los tapancos y, sobre todo, unas figuras de barro chulísimas colocadas sobre los tejados a modo de acróteras. Esas figuras incluyen animales, personas, cruces y custodias.  que le dan mucho carácter a las casas.  Nunca antes había visto ese tipo de piezas y me encantaron.

Cocina en una casa de Chajul.

Los propietarios de las casas que visitamos cobraron Q30 por persona para admitirnos en sus hogares y mostrarnos los murales; Tomás ayudó con las explicaciones y fue el intérprete necesario para facilitar las visitas. Mira este vídeo para conocer más sobre estas antiguedades fascinantes que forman parte de la historia de Guatemala.

Bien cansados, pero contentos, regresamos al hotel y nos despedimos de Tomás, muy agradecidos por sus buenos oficios.

Iglesia de Chajul por la tarde.

Costado de la iglesia de Chajul.

Hay centenares de candelas y veladoras.

Tejedora y su perro en el patio de una casa ixil tradicional.

Luego de refrescarnos en el hotel agarramos de nuevo por el mercado rumbo a la iglesia para visitar a los mártires que, aquí en Chajul son tres.  Como se acercaba el atardecer había menos actividad en el mercado y ya casi no la había en la escalinata, ni en la iglesia.  Conversamos con algunas personas, compramos roscas de pan y shecas de Xelajú y rondamos un rato por los alrededores.

En la noche volvimos al hotel para cenar algo lite y tomar un par de copas de vino antes de ir a dormir.

De Chajul me llevé muy buenos recuerdos de gente muy amable, clima delicioso, arquitectura hermosa y la valiosa experiencia de su museo y sus murales.

Si visitas Chajul te recomiendo contactar a Felipe, o a Tomás para que te guíen en el museo, para visitar murales e incluso para organizar un almuerzo con boxboles.  Es recomendable reservar una habitación en el Hotel San Gaspar con el propósito de contar con un baño privado y un lugar para dejar cosas y estacionar. Nosotros siempre viajamos con vituallas por si acaso, pero si esa no es tu costumbre, lleva box lunches de El´Sim, en Nebaj.  Cuando volvamos iremos a Chajul temprano en la mañana y volveremos a dormir a Nebaj porque el Hotel La Paz tiene buenas camas y buenas duchas, y porque la distancia entre ambas poblaciones no es mucha y la carretera es bastante buena.

Muy brevemente y en el minuto 20:53, Víctor Castillo habla sobre los murales de Chajul:

Enlaces relacionados:

Excursión a Chajul, etapa de Nebaj.

Excursión a Chajul y visita a Santa Cruz.


28
Mar 23

Excursión a Chajul, etapa de Nebaj

 

Chajul es una población remota en El Quiché. Con Nebaj y Cotzal, forma parte del triángulo Ixil y con muchas expectativas hacia allá nos dirigimos para pueblear el jueves 16 de marzo de 2022.  Objetivos: explorar para una próxima venida de nuestra amiga Rachel y conocer los célebres murales centenarios que hay en aquella población.

Rachel hace una investigación sobre mártires católicos durante el enfrentamiento armado interno; y ella y su esposo Robert, son autores de The Wealth of Religions. The Political Economy of Believing and Belonging.  Además, recientemente grupos de científicos de la Universidad Jaguelónica y de la Universidad de Valencia, conjuntamente con personal guatemalteco, han estudiado las pinturas murales ubicadas en diversas casas del Chajul, Quiché. Los murales presentan un estilo iconográfico que combina elementos prehispánicos y occidentales y son fascinantes.

Uno de los célebres murales de Chajul. Haz clic en la foto para ver una conferencia sobre los murales, organizada por el Museo Popol Vuh.

En el primer día de nuestro road trip Raúl y yo quedamos de pasar a por nuestra amiga Lissa a las 4:00 a. m. con la intención de dejar la ciudad de Guatemala a más tardar a las 5:00 a. m.  Poco más, o menos conseguido ese objetivo llegamos justo a tiempo para desayunar en Paulino´s, en Tecpán.  Paulino´s es recomendable porque se come bien, el personal es eficiente y su atención agradable.

Al concluir el desayuno enfilamos rumbo a Nebaj por la vía del puente Chimaché sobre el rio Motagua y de ahí a Chiché y Santa Cruz del Quiché.  Esa ruta te ahorra una hora de camino, por lo menos; pero podría ser mucho mejor.  Fue habilitada sin que se hicieran los trabajos necesarios para el paso de transporte pesado y eso la hace estrecha e incómoda.  Luego del puente los taludes de las montañas son tan verticales que no es raro que caigan piedras. El tramo no es largo, pero es es algo tenso; y, con todo y todo te ahorra una hora de camino.

Puente Chimaché sobre el río Motagua.

En ese camino el sentido del humor de Rachel y Lissa es muy importante; y ya nos hacía falta Rachel que no pudo venir porque su vuelo fue cancelado, en Boston, debido a una tormenta.  Lo mismo había ocurrido en noviembre de 2022 cuando su vuelo también fue cancelado por la misma razón.  Esta vez, sin embargo, decidimos no cancelar el viaje para adelantarnos en la exploración del área y preparar material para cuando Rachel pueda venir.

Para nosotros, en el camino a Nebaj hay dos paradas importantes: una es en Sacapulas para comprar dulces y sal negra; y otra es en La vuelta del río, una playita en el río Negro, junto al sitio arqueológico Xutixtiox, al que nunca hemos ido. Compramos unos dulces de panela y pepitoria,  y paramos en La vuelta del río donde estaba cerrada la playa principal.  Eso no fue óbice para que bajáramos a la playa adyacente y aprovecháramos lo encantador del lugar para refaccionar con hummus, babaganush y queso brie para agarrar energías y continuar hacia Nebaj.

En la playa de La vuelta del río. Listos para refaccionar y agarrar energías.

La vuelta del río es una playita encantadora junto ak río Negro o Chixoy.

La vuelta del río es un lugar relajante y encantador.

Llegamos a Nebaj cerca de la hora del almuerzo, oportunamente para juntarnos en el restaurante El´Sim con nuestras amigas Ana y su pequeña hija Alma que, por su carácter y su viveza, es encantadora.  El´Sim es siempre recomendable.  Tiene una vista estupenda hacia el parque de la población, se come razonablemente bien y el servicio es atento.  Mientras nos refrescábamos con bebidas, con Ana y Alma nos pusimos al día luego de que pasara un año desde nuestra visita anterior.  Ana nos recitó su poema sobre la amistad…que es una perla, y un diamante; y luego fuimos a almorzar. Alma es nieta de don Tomás Guzaro y no sólo es una dicha contar con su amistad, sino que fue un honor ser recibido por ella y la querida Ana.

Me encanta esa estructura en la plaza de Nebaj.

Cambiamos de establecimiento para el almuerzo porque uno de los mayores placeres de visitar Nebaj es comer un buen caldo de carne de res ahumada.  Lo que distingue el caldo de res en Nebaj, del que hay en otras localidades, es que allá usan carne delicada y deliciosamente ahumada.  El restaurante Amanecer es el lugar perfecto para disfrutar aquel caldo acompañado de una cerveza.

La foto no le hace justicia al caldo; pero créeme que es una delicia.

Luego del almuerzo nos despedimos de nuestras queridas Ana y Alma, no sin haber sentido muchísimo no encontrarnos con Angie, que es tía de Alma.

Paseamos un buen rato por Nebaj, visitamos el mercado, disfrutamos de la salida de los escolares en la tarde y de lo alegre que se ve el parque con la presencia de tantos jóvenes.  Además, uno no se cansa de ver el traje tradicional de Nebaj que es uno de los más bellos en Guatemala, traje que las mujeres ixiles llevan con una dignidad notable.

El hermoso cielo azul de Nebaj.

El traje de las señoras es tan bello.

Los colores y el diseño del traje de Nebaj son preciosos.

Vista del parque central de Nebaj al atardecer.

Al atardecer, muchos jóvenes se reúnen en la plaza de Nebaj.

También conocimos la obra del profesor Reynaldo Alfaro Palacios, cuyas contribuciones a la castellanización, durante el período revolucionario, le merecieron un busto en el parque nebajense.

Busto del profesor Reynaldo Alfaro Palacios.

En eso cayó la tarde y se hizo la hora de cenar así que de vuelta a El´Sim.

¿Dónde dormimos? En el Hotel La Paz.  Excelente elección.  Primero porque es céntrico, luego porque las camas son posiblemente las más cómodas que hemos encontrado en nuestros road trips, es limpio y tiene unas duchas que, sin ser duchas, son las duchas más poderosas y masajeadoras que hay de este lado de la Via Láctea.  Dormí como tierno, claro.  Con la ilusión de que al día siguiente agarraríamos camino rumbo a Chajul.  El mítico Chajul.

Enlaces relacionados:

Excursión a Chajul, el día principal.

Excursión a Chajul y visita a Santa Cruz.


27
Sep 22

Luisfi como guía de turistas

 

Una de mis actividades favoritas es la de enseñarles la ciudad de Guatemala y La Antigua Guatemala a visitantes extranjeros.

Me encanta ser guía de turistas, y quizá viene un poco en la sangre porque mi familia ha estado vinculada al turismo, o porque mi familia ha estado relacionada con la historia de ambas ciudades, además me encanta la historia; lo cierto es que me da mucha alegría -y me siento algo orgulloso- cuando los visitantes quedan contentos después de que les muestro ambas urbes. A pesar de los agujeros, las inundaciones, el tráfico y otros males. Y a pesar de las tragedias humanas.

Foto por Lucy Chávez.

Tengo la dicha de poder mostrárselas a profesores extranjeros, a estudiantes chapines y extranjeros y a otras personas.  Me gusta darles una perspectiva histórica y anecdótica, pero no saturarlos.  La gente no quiere saber fechas, ni detalles nimios y lo que de verdad disfruta son historias y anécdotas.

Cuando era niño me encantaba conversar con turistas, en Panajachel; y en mi adolescencia, cuando me capeaba del colegio en las tardes, no era raro que me fuera al parque central de la ciudad de Guatemala y buscara turistas para pasearlos por el Palacio Nacional, la Catedral y la Biblioteca Nacional.  Muchas veces me gané un helado, o veinticinco centavos.

Si te interesa el tema, te invito a leer Me está encantando Guatemala.

Suelo llevar a los visitantes a Museo del Ejército y el Centro Cultural Miguel Angel Asturias; a caminar por la Sexta avenida y conocer el Pasaje Rubio y la Plaza de la Constitución; al Mercado Central y a comer donde doña Mela; y al Mapa en Relieve.  A veces a Cayalá.  Al museo Popol Vuh y a la Universidad Francisco Marroquín, obvio. He tenido solicitudes de ver la pobreza y pasamos a ver La Limonada, desde arriba; de visitar el basurero de la zona 3; y de visitar un supermercado.  En La Antigua me gusta visitar Capuchinas y  la Casa Popenoe.

¿Por qué te cuento esto? Porque muchos visitantes pasan por alto la ciudad de Guatemala y se van del aeropuerto a La Antigua, a Panajachel, o a Tikal, por ejemplo.  Pero la capital tiene bastante que ofrecer


26
Sep 22

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras III

 

¡Amanecimos en Xela! y es el cuarto y último día de  road trip en busca de beatos y máscaras.

Luego de desayunar nos dividimos, Rachel y Lissa se dirigieron al arzobispado para entrevistarse con Mario Alberto Molina, titular de la arquidiósesis de Los Altos; y Raúl y yo nos fuimos a explorar mercados.

Primero visitamos el que está al lado del parque Centroamérica y fue una visita deprimente. El mercado no vale la pena. Aquí es donde tengo que comentar que encontré la ciudad de Quetzaltenango muy sucia en general.  Es una lástima porque tiene una arquitectura preciosa e histórica; porque sus calles son encantadoras y porque su gente es hospitalaria y muy agradable.  Urge un movimiento para regresarle su dignidad a esa bellísima urbe.

Luego agarramos para la Terminal y eso sí fue bueno.  Para comenzar -y lamentablemente- resulta que aquel mercado está justo al lado del templo de Minerva, lo cual no me esperaba y desluce bastante aquel monumento.

Los templos de Minerva fueron construidos en tiempos de don Manuel Estrada Cabrera para celebrar a la juventud estudiosa.

Pero primero el mercado.  ¡Es enorme y vibrante! Me sorprendió muchísimo -pero no es raro debido a las distancias- que estuviera lleno de productos mexicanos a precios muy convenientes.  Es admirable el orden espontáneo que funciona para el tráfico en las calles de la Terminal altense.  La gente nos atendió muy bien.

El templo de Minerva, de Quetzaltenango, es uno de los pocos que quedan en el país.

Luego caminamos al templo de Minerva que, aunque estaba adornado para Xelafer, se ve que está en el abandono.  Crece mucha flora entre sus columnas y bases, hay un rincón que es evidente que sirve de cagadero para mendigos y otros personajes, se cae el cielo falso ¿setentero? y su dignidad está amenazada.

El templo de Minerva es un monumento histórico.

En busca de un Uber encontramos un kiosko japonés y un monumento a Israel.

El kiosko japonés es chulo.

Cuando volvimos al parque Centroamérica, Rachel y Lissa ya habían concluido su encuentro y, como el hambre es canijo fuimos a comer a Bavaria que siempre es muy recomendable.

Acto seguido volvimos al hotel para cargar el carro porque ya habíamos dejado todo empacado y emprendimos el retorno a la ciudad de Guatemala.  Muchos derrumbes e inundaciones en la carretera Panamericana.

Como este hay derrumbes abundantes en las carreteras.

Pero lo bueno es que compramos deliciosas remolachas y cebollas junto a la carretera. También fue bueno que pasamos a por hogazas de pan a la deli de Paulino´s en Tecpán.

Y así concluyó nuestra excursión a Quiché y Quetzaltenango. Y ya estamos listos para el próximo roadtrip.

Si quieres leer la primera y la segunda parte de esta aventura:


19
Sep 22

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras II

 

En nuestro road trip en busca de beatos y máscaras, el domingo 4 de septiembre, al medio día, agarramos camino desde Santa Cruz del Quiché hacia Quetzaltentango, por la carretera que pasa por Totonicapán.

La parte vieja, cercana a Santa Cruz está generalmente en buen estado, con un par de puentes dañados.  Es bello el camino porque el paisaje y los bosques son hermosos; pero, ¡Que vuelterío!  No hay ganchos como en el camino a Chichicastenango, pero que de vueltas y vueltas.

Camino entre Santa Cruz del Quiché y Xelajú, que pasa por Totonicapán.

Como íbamos cortos de tiempo, porque queríamos visitar esa tarde la Morería de Mexicanos, en Xela, pasamos por Totonicapán sin detenernos. A Raúl y a mi nos gusta muchísimo el pan de Toto y cada vez que yo veía una panadería me moría de ganas de detenerme y comprar un par de panes.

Raúl cuidando “la venta” a nuestra llegada a Quetzaltenango.

Es cierto que habíamos desayunado muy bien en Santa Cruz; pero a mi ya me dolían los huesos del hambre cuando llegamos a Xela.  Pasamos ubicando la morería, sólo para saber exactamente dónde estaba y nos dirigimos al hotel. Desempacamos y ahí comimos de lo que llevábamos. Queso Brie, babaganoush y hummus fue lo que alivió mis angustias alimenticias.

Lissa, Rachel, Raúl y yo paseamos por el parque Centroamérica y visitamos la Casa N´oj (que era la casa de mi tatarabuela, Joaquina). Ahí había una reunión de gitanos y vimos a uno de ellos haciendo un show de fuego en el parque.  Luego tomamos un taxi para ir a la Morería de Mexicanos, de don Norberto Sac Coyoy.

Casa N´oj, en Quetzaltenango.

En un despliegue de generosidad y cortesía quetzalteca, don Norberto y de su esposa, doña María Angelina, nos recibieron en su casa y nuestro anfitrión compartió con nosotros mucho de lo que sabe de bailes, máscaras y tradiciones relacionadas.

Máscaras para el baile de Mexicanos, de don Norberto Sac Coyoy.

No es poca cosa, porque su padre Rosalío y su abuelo José Luis también se dedicaban a la morería.  Nos mostró sus máscaras de mexicanos y una joya de máscara que hizo su abuelo.  Sacó, para nosotros, variedad de trajes y nos permitió jugar y ponernos algunos.

Norberto Sac Coyoy en la Morería de Mexicanos.

Nos contó la historia del baile de Mexicanos en la cual Penacho se enamoró de la Margarita y contrató a Pascualillo para que matara al patrón (el esposo de la Margarita) con una serpiente. También recordamos la historia del Ajis (que ya conocía por doña Mercedes Melecio, de Joyabaj). Este era un sacerdote adivino, maya, que vivía en el volcán Santa María (junto a Xelajú) y advirtió sobre la llegada de los españoles.

“Yours truly” con la máscara de El Ajis.

Don Norberto en Quetzaltenango; así como doña Mercedes; y don Esteban Suruy en San Juan Sacatepéquez son tesoros vivientes de las tradiciones chapinas.

Concluida la encantadora visita, en vez de volver al centro de Xela en taxi decidimos caminar y fue una buena decisión.

Rachel, Luisfi y Lissa por las calles de Xela. Foto por Raúl.

Pasear por las calles de aquella ciudad, a la luz de la Luna de Xelajú tiene su magia, y era domingo y no lo parecía, ¡qué vida hay en las calles!

Luna de Xelajú.

Ya con hambre (de nuevo) decidimos tomar un taxi para ir a cenar a Tertulianos…que estaba cerrado.  Entonces optamos por comer en La Stampa Bistro y que rico y agradable estuvo.  Ahí conocimos a La Canche, una perrita callejera que duerme en el local pero no abandona su vida en las calles.

Así termino el día y a dormir porque el lunes sería importante para las investigaciones de Rachel sobre mártires y beatos.

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras I

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras III


13
Sep 22

En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras I

 

Quiché y Quetzaltenango, en busca de historias de beatos y de una morería extraordinaria, fueron los objetivos del road trip que hicimos del 2 al 5 de septiembre pasado. ¡Que buena forma de empezar mi mes favorito!

Amo este tipo de viajes en auto no sólo porque me encanta conocer Guatemala, sino porque aprendo muchísimo sobre los temas más variados durante las horas que pasamos en las carreteras, durante los cócteles, los debriefings y las comidas.

El viernes 2, Raúl y yo recogimos a Rachel en el aeropuerto La Aurora y en medio de uno de los días de mayor tráfico, que he visto, nos dirigimos a La Cabaña Suiza, al final de la Calzada Roosevelt para encontrarnos con Lissa y almorzar.  Te cuento que además de un tráfico particularmente infernal estaba lloviendo copiosamente. Nos gusta almorzar en aquel lugar porque tiene su encanto y se come rico.

Almorzamos, acomodamos y cubrimos el equipaje en la palangana del pick-up bajo los aguaceros y agarramos camino,

El plan era agarrar por la carretera nueva que va de Tecpán hacia Chiché pasando por el puente Chimaché sobre el río Motagua.  Nos encontramos con la sorpresa de que el tramo viejo, a partir de Chichavac está en muy mal estado.  Lo que no había ocurrido cuando fuimos a Zacualpa, en Julio; ni cuando fuimos a Nebaj, en abril.  Las lluvias han dañado muchísimo el asfalto y bajo el agua y en esas condiciones el tráfico pesado no ayudaba a que el tramo fuera agradable. Es tradición que paremos junto al puente para estirar las piernas y yo quería parar para ver el río Motagua; pero no nos animamos porque queríamos llegar a Chiché y salir de lo que percibíamos como peligroso lo antes posible.

Puente Chimaché sobre el río Motagua.

El ascenso hacia Chiché se puso más tenso porque los taludes casi verticales…y porque había muchos derrumbes.  No sólo había piedras obstaculizando el paso, sino que un par de veces vimos derrumbes caer y en una Raúl tuvo que acelerar para evadir las piedras que caían por las paredes de la carretera.  Te digo que fue muy tenso ese camino y nos sentimos muy aliviados cuando llegamos a Chiché.  Hemos dispuesto no volver a salir a carretera hasta entrado noviembre, cuando acaben las lluvias. De lo tensos que íbamos se nos olvidó tomar fotos de los derrumbes y de los hoyos.  Pero ya te imaginas.

El domingo, elPeriódico publicó un artículo sobre las carreteras: El turismo entre el agobio y los hoyos en las carreteras.

Aunque salimos a eso de las 3:30 p. m. de la Roosevelt y tenemos la regla de no andar en carretera cuando anochece, a Quiché llegamos con la oscuridad y bajo nuevos aguaceros.  Encontramos fácilmente el hotel Casa Antigua El Chalet, en Santa Cruz del Quiché y descargamos el pick-up bajo el agua.  ¡Otra vez mojados! Por cierto que ese hotel tiene su encanto y es recomendable.

hotel Casa Antigua El Chalet, en Santa Cruz del Quiché

Luego de arreglar el cuarto y de secarnos, Raúl y yo nos juntamos con Lissa frente a la chimenea del hotel para hacer el debriefing del día y relajarnos.  Rachel prefirió descansar porque había tenido un largo viaje en avión y luego un azaroso viaje en auto.

El sábado y un almuerzo inesperado

Este viaje tenía dos misiones:  apoyar a Rachel en su investigación sobre los mártires de Quiché y para que tengas contexto te recomiendo su artículo Catholic Child and Youth Martyrs, 1588-2022. Esa parte la cumpliríamos en Quiché y la otra en Quetzaltenango.

Tecún Umán en la plaza central de Santa Cruz del Quiché.

El sábado después del desayuno acompañamos a Rachel y Lissa a la puerta de la casa del ex obispo de Quiché Julio Cabrera Ovalle para conversar y entrevistarlo. Mientras aquello ocurría, Raúl y yo paseamos por el mercado, la plaza central y conocimos la catedral del lugar.  Nos sentamos en las gradas del templo a practicar el antiguo arte de observar gente.

Gobernación departamental, torre y catedral de Santa Cruz del Quiché.

El obispo tuvo la gentileza de invitarnos a almorzar así que aceptamos y pasamos un rato agradabilísimo platicando en compañía de su equipo.  ¡Se aprende mucho en este tipo de encuentros!…y nos reímos de anécdotas y recuerdos.

Gobernación departamental y torre de Santa Cruz del Quiché.

En la tarde regresamos a descansar y el plan era ir en Torito (Tuk Tuk) a cenar a un restaurante en las afueras de Santa Cruz.  Para mantener la tradición haríamos el debriefing a la hora del cóctel (provisto por Lissa), antes de la cena.  Como llovía a cántaros llegamos algo mojados y urgían la chimenea y el cóctel. Pero el lugar -aunque muy chulo y la gente muy amable- no dio la talla y decidimos volvernos al hotel donde ya sabíamos que nos iría bien.  Después del cóctel y la cena…a dormir porque el día siguiente sería atareado.

El domingo día de mercado y de más people watching

El highlignt del tercer día fue la entrevista de Rachel y Lissa con el actual obispo del Quché, Rosolino Bianchetti.  Porque era día de plaza en Santa Cruz, antes del encuentro y luego del desayuno, los cuatro fuimos a explorar el mercado. ¡Que mercado! es uno de los más grandes que he visto, es un mercado enorme que llena calles y calles de…de todo.

Antigua municipalidad de Santa Cruz del Quiché.

El mercado de Santa Cruz del Quiché ocupa calles y calles.

Lissa, Rachel y Raúl en los callejones.

Luego de ese paseo llegamos a la residencia episcopal a tiempo para la reunión de Rachel y Lissa con el obispo.  Luego Raúl y yo nos dirigimos a las gradas de la catedral para continuar prácticando el antiguo arte de people watching.  No lo he mencionado, pero Santa Cruz tiene bonita arquitectura alrededor de la plaza y es una lástima que el diseño de esta no guarde armonía con lo chulos que son la torre y el edificio de gobernacíon departamental, la catedral y la antigua municipalidad que tienen mucho carácter.  Esto ocurre en muchas poblaciones del país y es una lástima.

¿Sabías que a Santa Cruz la llaman la ciudad de los eternos celajes?  Estos deben ser preciosos en octubre y noviembre.  La torre, por cierto, es de piedra y la gente dice que las piedras fueron traídas de la vecina Gumarkaaj (capital del señorío Quilché); y tiene fecha de 1894 en alusión a la toma de posesión de José María Reina Barrios como presidente de la República.

Yours truly frente a la catedral de Santa Cruz del Quiché.

Raúl y yo volvimos al hotel para cargar el pick-up porque tan pronto como fuera posible agarraríamos camino rumbo a Quetzaltenango y al medio día eso es lo que hicimos.

Creí que tendríamos que ir vía Chichicastenango y Los Encuentros para llegar a Xela; pero hay una carretera entre Santa Cruz y Totonicapán para llegar a Los Encuentros y de ahí a Quetzaltenango. Yo no la conocía así que sería aventura y como era mi turno de manejar, era doble aventura.

En Quetzaltenango cumpliríamos nuestra segunda misión, lee En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras II y En Quiché y Xela en busca de beatos y máscaras III.


12
Jul 22

Excursión a Zacualpa

 

En el Popol Vuh, al referirse a la sexta generación de reyes quichés se menciona a Pamacá o Zacualpa.  La semana pasada salimos a pueblear y visitamos ese hermoso municipio de Quiché, habitado por gente de sonrisa fácil y muy amable.

La gente en Zacualpa es afable y a muchos les caíamos en gracia.

El propósito de ese viaje -del 7 al 10 de julio- fue el de explorar la historia de Juan Barrera, un niño mártir recién beatificado en compañía nueve personas más en aquel departamento de Guatemala.  Viajé allá en compañía de mis amigos Rachel, Lissa y Raúl porque a Rachel le interesan los temas de religión y economía.  Ella y su esposo, Robert, son autores de The Wealth of Religions. The Political Economy of Believing and Belonging.  En ese libro, el capítulo titulado When Saints Come Marching In aborda temas relacionados con Guatemala desde una perspectiva fascinante que comenté en 2019.

A medio día del martes 6 recogimos a Rachel en el Aeropuerto La Aurora y nos dirigimos rumbo a La Antigua; pero antes pasamos a almorzar al Rincón Suizo que es una parada agradable, donde se come bien y rápido, con buena atención.  Llegamos a La Antigua, para pasar la noche en casa de Lissa y luego salir rumbo a Zacualpa. La cena fue muy productiva porque repasamos la literatura que teníamos sobre aquella población e inercambiamos ideas y anécdotas, así como para ponernos al día en cuestiones personales. Es que los cuatro no nos veíamos juntos desde 2019 cuando viajamos a la feria de Joyabaj.

El miércoles 7, después del desayuno antigüeño, agarramos para Zacualpa. La hora del almuerzo nos agarró en la Deli de Paulino´s en Tecpán donde comí un delicioso sándwich de jamón y queso hecho con el estupendo pan de molde que hacen allá.  De ahí cogimos para Chichavac, el puente Chimaché sobre el río Motagua y de ahí para Chiché.  Y llegamos a Zacualpa con suficiente tiempo para instalarnos en el hostal Villa Vanesa que tiene unas cabañitas muy convenientes, jardines llenos de flores y a don Juan que es un anfitrión de primera.

Atardecer en la montaña de Zacualpa desde el hotel Villa Vanesa.

Luego visitamos el convento, y el museo dedicado a Juan Barrera que es el beato del lugar.  Sor Carmen fue nuestra guía y fue fascinante el recorrido y las historias y anécdotas que contó ella.  Muchas veces conmovedoras y a espeluznantes; relacionadas con el martirio de Juan y las operaciones de la guerrilla marxista y el ejército en aquella población.  Sobre esto último escribiré otra entrada, luego.

Sor Carmen y Lissa.

El Sol se asoma tras la montaña en Zacualpa.

Esa noche llovió mientras Raúl trabajaba y Lissa, Rachel y yo hacíamos el debrief de la visita al convento y museo acompañados con vino y quesos en el jardín del hotel.  Cuando Raúl se unió al grupo fuimos a cenar al Café Bambú, que fue nuestra base alimenticia en la excursión.  Ahí se come bien rico, uno se siente bienvenido y tiene la dicha de conocer a doña Odilia y a su hijo Raúl que saben hacer que uno esté a gusto y disfrute de la estancia en el pueblo.  El personal del restaurante también se luce en atenciones.

El jueves 8 comenzó temprano con la pretensión de conocer el sitio arqueológico adyacente a Zacualpa, un sitio que debe haber vivido los tiempos de Quicab, el rey quiché, descritos en el Popol Vuh y que compartiré en una entrada próxima. Robert Wauchope hace alusión a este sitio en sus investigaciones. La visita fue algo decepcionante porque ya nada queda de lo que vió el arqueólogo en 1948; pero Rachel y yo -con ayuda de don Sebastián y su machete- logramos llegar a la cima del único cerro/templo que queda, mientras Lissa se ocupaba de una jauría de perros que no estaba contenta de vernos en el lugar.  Don Sebastián nos contó que hacía años venían personas a buscar camahuiles de piedra verde a ese templo y que una vez encontraron un gallo misterioso que a medida en que los exploradores se acercaban a él, el gallo se escondía en las profundidades del templo.  La visita sólo valió la pena por la aventura de subir el templo y por la vista desde arriba.

Aquí voy bajando el templo de “la ciudad maya perdida”.

Don Sebastián nos guió y abrió la brecha en “la ciudad maya perdida”.

Vista desde lo alto del templo que visitamos en “la ciudad maya perdida”.

Antes de ir a lo que queda del sitio arqueológico paseamos por el mercado de Zacualpa donde compramos ocotes y vimos hongos azules y anaranjados, de esos conocidos con el nombre de xaras. Era muy divertido que las mujeres que los tenían se asombraban de que supiéramos el nombre de los hongos.

Raúl, Rachel y Lissa en el mercado de Zacualpa.

Xaras azules en el mercado de Zacualpa.

 

Raúl, Rachel y Lissa en las calles de Zacualpa.

Xaras anaranjadas en el mercado de Zacualpa. Las xaras son deliciosas asadas al carbón, con limón y sal, en tortillas.

Esa mañana visitamos El Tablón, la aldea de Juan Barrera. Nuestro guía fue Esteban que nos llevó al área donde vivió y fue asesinado el niño. La familia de Esteban nos contó historias y uno va comparando y contrastando información para hacerse una mejor idea de lo que ocurrió.

Rachel, Esteban y Lissa en El Tablón.

Luego del almuerzo en el Café Bambú, Lissa y Rachel tuvieron otra conversación con Sor Carmen mientras Raúl y yo paseamos por el pueblo y apreciamos la estética y la arquitectura tan características del altiplano occidental guatemalteco.  Vimos que en Zacualpa abundan las clínicas odontológicas que ponen oro en las dentaduras de las personas y ciertamente que allá hay gente que tiene dentaduras magníficamente decoradas con aquel metal precioso.  Vimos el castillo de Rapunzel ejemplo de antología de la arquitectura de remesas.  Nos enteramos de que la Funeraria Yeyo patrocina el fútbol en la localidad y en aquella casa mortuoria nos causó gracia una niña que jugaba con un tipo de plasticina sobre un ataúd.

Funerales Yeyo apoya el deporte.

 

La niña juega con algo como plasticina sobre un féretro.

¿El castillo de Rapunzel?

¡Me encantó el galillo!

En la noche Raúl trabajó en lo suyo mientras Lissa, Rachel y yo hacíamos el debriefing del día, en compañía de quesos y vino en el jardín de Villa Vanesa; y cuando Raúl se nos unió continuamos en el Café Bambú.

El viernes 9, después del desayuno, agarramos para Joyabaj donde se halla uno de los mártires del paquete que acompaña a Juan Barrera.  La idea era hablar con el cura del lugar y regresar a Zacualpa después del almuerzo cuando Raúl tenía trabajo que hacer en línea. Pero ahí está que el padre Toño no estaría disponible hasta después de las tres de la tarda así que…a matar el tiempo.

Raúl, Lissa y Rachel en Joyabaj.

Primero fue un sándwich en el restaurante Los Panchos, lugar muy, pero muy recomendable que ya habíamos conocido y frecuentado durante la excursión de 2019.  Más tarde fue una visita a doña Paulina, de Samayac, personaje al que Raúl y yo no habíamos conocido hace tres años, pero que Lissa y Rachel sí habían visitado. Nos alegró verla bien y de paso saludamos a su colección de personajes mitológicos tales como Maximón, Santa Simona, el Gobernador y otros.

Los personajes de doña Paulina de Samayac, en Joyabaj.

Por cierto que el negocio de doña Paulina queda frente al que será el mercado de Joyabaj, obra ambiciosa en la que falleció una persona en abril de 2022.  La tierra, en Joyabaj, es arena blanca y por ello no sorprende que para el terremoto de 1976 aquella población fuera devastada y el caso es que hay derrumbes en la obra del futuro mercado. La idea popular es que a la tierra hay que pedirle permiso para construir y trabajarla, y ese permiso no fue pedido debidamente en la obra del mercado.  Y por eso es que hubo un muerto, porque la tierra clamaba sangre.

Construcción del mercado nuevo de Joyabaj.

El mercado nuevo de Joyabaj en construcción.

En Joyabaj también visitamos la morería de doña Mercedes Melacio, dama encantadora que Rachel conocía desde hace décadas y que los demás conocimos en 2019.  Nos alegró mucho verla bien y productiva como siempre.  A pesar de que los últimos años han sido difíciles.

Máscaras de doña Mercedes Melecio.

Doña Mercedes Melecio, en Joyabaj.

Almorcé un delicioso spaghetti a la boloñesa en La Posada de don Guillermo, hotel agradable y limpio que ya conocíamos desde 2019 y donde siempre hay una atención de esas que sabe prodigar la gente en el altiplano.  Raúl se ocupó de sus pacientes, mientras que Rachel y Lissa se encaminaron a la sacristía para hablar con el sacerdote…que no pudo recibirlas.  En cambió hablaron con el diácono del lugar que respondió a sus preguntas y les proporcionó información.  Luego salimos disparados para Zacualpa para no andar de noche en carretera y porque Raúl tenía más trabajo. Llegamos a tiempo para cenar temprano en La Cabaña.  En ese restaurante se sirve pizza y las que pedimos estuvieron muy ricas.  Con buen vino que llevaba Lissa y la atención fina de su personal hubo debriefing y volvimos al hotel.  No he mencionado antes, pero allá uno duerme como tierno, con el fío de las montañas y los sonidos de la noche en el campo. Es casi increíble el horror que se vivió allá en tiempos de la guerrilla.

El sábado 9, desayunamos y conversamos con doña Odilia en el Café Bambú, Ella nos proveyó con otra perspectiva de la vida y lo que ocurrió en Zacualpa entre 1970 y 1990.  Su vida de doña Odilia es fascinante, una mujer trabajadora y emprendedora.  Esa conversación fue muy útil para comprender mejor toda la información que habíamos escuchado antes.  Rachel y Lissa se entrevistaron con Juliana, una familiar de Juan Barrera, mientras Raúl y yo descansamos.

Doña Odilia, Lissa y Luisfi.

Al medio día agarramos camino para Chinique porque ahí se recuerda a otro de los mártires del paquete de Juan Barrera.  No hay reliquias pero en la iglesia local fuimos muy bien recibidos por Mary, una abogada especializada en violencia contra la mujer, cuya historia de vida es fascinante y aleccionadora.

Chinique, que no había visitado antes, me recuerda el salón de baile La flor del Chinique, que quedaba cerca del Trébol, en la ciudad de Guatemala.  Lo recuerdo de niño y es posible que haya existido hasta los años 80.

De Chinique ahí a Chiché, el puente Chimaché y Katok en Tecpán para almozar, no sin antes recoger el pan sandwich que habíamos encargado en la Deli de Paulino´s.

Luisfi y Raúl en Chinique.

La noche la pasamos en casa de Lissa, en La Antigua donde cenamos rico y dormimos como tiernos para volver a la ciudad de Guatemala el domingo 10.

¿Con qué regreso? Con la alegría de haber paseado por Quiché en una excursión muy educativa, y enriquecedora. Con la alegría de haber conocido gente encantadora, generosa con su conocimiento y cariñosa.  Con la alegría de haber visitado lugares nuevos en compañía de amigas queridas.  Con la alegría de conocer más y mejor a Guatemala y a los guatemaltecos.