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Jun 18

Prohibir el matrimonio igualitario es un absurdo

Las reformas al Código Civil -que se discuten en el Congreso- pretenden prohibir el matrimonio y la unión de hecho entre personas del mismo sexo, lo cual es un absurdo jurídico.

¿Por qué?

Porque el orígen del matrimonio es un acuerdo entre individuos (o incluso entre familias), y por lo tanto dicho acuerdo pertenece al campo del Derecho Privado y al de la ley (Nomos);  campo en el que (en una sociedad sana) las personas pueden hacer todo lo que no está prohibido (prohibido porque viole derechos ajenos). Sin embargo, el estatismo hizo del matrimonio una institución social y un asunto de orden público, lo trasladó aquel acuerdo al campo del Derecho Público y al de la la legislación (Thesis) donde las personas sólo pueden hacer lo que está permitido.  En consecuencia, legislar para prohibir algo que no está permitido es un disparate legal; pero es una victoria política para el conservadurismo rancio.

Dicho lo anterior, comparto con los lectores un artículo que publiqué antes sobre este mismo tema, y que sigue teniendo vigencia. Con una salvedad: ahora estoy más a favor de llamar  virimonio, o en femimonio a la unión entre dos hombres, o dos mujeres. Y con un llamado: Los liberales estamos a la zaga en la batalla por la igualdad de todos ante la ley porque, intimidados por los conservadores, les dejamos a los socialistas temas como la naturaleza del matrimonio.  Por eso también estamos a la zaga en la batalla por el respeto irrestricto a los derechos individuales y a los proyectos de vida de otras personas.

Aunque el artículo se refiere al matrimonio, las consideraciones que hago también se aplican a la unión de hecho.

Contrato privado e igualdad ante la ley

Debido a que el matrimonio civil es una creación legislativa… la única discusión atingente respecto al matrimonio [igualitario] es aquella cuyo  reconocimiento por parte del gobierno constituye un acto de justicia y una confirmación del principio de igualdad de todos ante la ley.

Lo que conocemos como matrimonio es un acuerdo privado entre dos personas, que deciden compartir sus vidas –generalmente porque se aman– y hacerlo en el marco de cierta formalidad.  Dicha formalidad subraya el carácter de compromiso y de permanencia en la unión, y busca el apoyo del prójimo para la pareja contrayente.

Federico Puig Peña, sin embargo, considera que el abandono del matrimonio como acto privado es una etapa superada, y que tanto la affectio maritalis como el principio  consensus facit nuptias, así como la sola voluntad de los contrayentes sin requisito de forma alguna, no son suficientes para que el matrimonio quede válidamente constituido [1].

Válidamente constituido de cara a lo que el Gobierno y la legislación consideran como válido, claro, porque en las condiciones descritas por Puig Peña el Gobierno entra a regular un asunto que es principalmente contractual e íntimo. Un asunto en el que –en el contexto de una sociedad abierta, o en el de un orden espontáneo, como es la sociedad– el gobierno y el Estado deberían estar obligados a respetar el principio de igualdad de todos ante la ley.

Kosmos y sociedad abierta

Un orden espontáneo o kosmos, a diferencia de un orden creado o taxis, dice Friedrich A. Hayek, no está limitado por lo que determinada mente humana pueda dominar; su existencia no tiene por qué estar al alcance de nuestros sentidos, por estar basada en relaciones puramente abstractas  que sólo mentalmente cabe establecer; y finalmente, por no ser producto de creación intencionada, “no se puede legítimamente afirmar que persiga un fin determinado”, si bien el hecho de descubrir su existencia puede en gran medida contribuir a que con mayor facilidad consigamos materializar nuestras propias apetencias [2].  Un kosmos sólo puede ser regulado por leyes tipo nomoi [3]; es decir, por normas generales, abstractas, de aplicación para todos por igual y de conducta justa.  Precisamente el tipo de leyes que delimitan y protegen las esferas individuales de acción, dentro de las cuales las personas ejercen sus derechos individuales con la única obligación de respetar los derechos de los demás [4].

Adicionalmente, Karl Popper [5] advierte que esta civilización [la occidental] no se ha recobrado todavía completamente de la conmoción de su nacimiento, de la transición de la sociedad tribal o “cerrada”, con su sometimiento a las fuerzas mágicas, a la “sociedad abierta”, que pone en libertad las facultades críticas del hombre.  En la tribu –precisamente por su carácter tribal– cabe la intromisión de otros –por la fuerza de la costumbre o de la normativa– en un asunto tan íntimo y privado como el contrato de unión entre dos adultos capaces; pero en una sociedad abierta, donde es inaceptable aquella invasión, esta sólo se explica por la conmoción a la que se refiere Popper.

El Gobierno como taxis, orden creado u organización que persigue fines determinados, y el Estado, en persecución de los objetivos que le imponen a la sociedad quienes tienen la facultad de legislar, son los que disponen, por la fuerza de la legislación, que en el matrimonio –como institución jurídica– los involucrados deban ser de distinto sexo y su propósito la multiplicación de la especie humana.  Puig Peña [6] opina que no basta la unión espiritual de un hombre y una mujer para alcanzarel fin supremo de la procreación de la especie”, un objetivo indiscutiblemente colectivista,  sino que hace hincapié en que, para que haya matrimonio, aquella unión debe ser consagrada por la ley.

En algún momento de la historia de la humanidad las religiones dispusieron hacer uso del matrimonio para hacer avanzar sus intereses, e igual cosa hizo el Estado.  Pero antes de que ambas organizaciones se inmiscuyeran en aquel acuerdo privado, ya había compromisos de largo plazo entre personas individuales que decidían unir sus vidas.

Historia y tradición

Guillermo Cabanellas [7] lo explica con claridad, al decir que históricamente el matrimonio tiene por origen un contrato: el consentimiento familiar o sensual de la pareja humana, un acuerdo de las voluntades o de los deseos de ambos cónyuges.  Y luego añade que la religión (y la católica con mayor constancia y empeño que ninguna) lo eleva a la jerarquía de sacramento, basado siempre en la libre manifestación del consentimiento de los contrayentes.

Sabemos que los gentiles se juntaban sin necesidad de contar con la bendición del dios judeo-cristiano, porque, según la Biblia, así se lo dice Tobías a Sara en su noche de bodas: Nosotros somos hijos de santos y no podemos juntarnos a manera de los gentiles, que no conocen a Dios [8].  Tobías y Sara son de distinto sexo, pero por El banquete sabemos que desde la antigüedad ha habido amores entre personas del mismo  sexo [9].

El punto clave, aquí, es que la unión voluntaria de personas existía antes de que la religión judeo-cristiana dispusiera que esa unión tenía que ser santificada [10].  Y, de hecho, cada religión (con su dios y sus ceremonias) lo santifica a su modo.  De la misma forma en que cada legislación (con sus normas y sus procedimientos) lo legaliza a su modo.  En realidad, a la larga, ni la ceremonia matrimonial católica (qua ceremonia) es mejor o peor que la judía o que la sintoista. Del mismo modo en que la ceremonia matrimonial civil en Madrid (qua ceremonia) no es mejor o peor que la ceremonia civil en Nueva York, en Jerusalén, o en Japón.

A pesar de ello, las Iglesias cristianas y el Gobierno pretenden que el matrimonio sirva principalmente para la reproducción.  La Iglesia católica, por ejemplo, no solo pretende hacer de menos el carácter contractual del matrimonio, al asegurar, en su catecismo, que no depende del arbitrio humano.  El mismo Dios es el autor del matrimonio [11], sino que subraya la exigencia de que la naturaleza de aquel contrato sea la de servir para la reproducción.  De hecho, asegura que por su naturaleza misma, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronados como su culminación [12]. En ese sentido viene a mi mente la oración que Pedro, uno de los protagonistas de la película Como agua para chocolate,[13] dice antes de copular con su esposa, a través de una sábana con un agujero: no es por vicio ni por fornicio, sino para hacer un hijo para tu servicio.

De todos modos, el carácter contractual del matrimonio tiene una importante tradición -aún dentro de la Iglesia católica- porque, aunque el Código de Derecho Canónico vigente se refiere a la alianza matrimonial, el Codex iuris canonici de 1917, resaltaba el matrimonio como contrato [14].

En cuanto al Estado, Cabanellas [15] cuenta que Las partidas decían que el matrimonio era para perpetuar la especie.  Es en esa vía que Bergier y De Casso, citados por Cabanellas, coinciden en que el matrimonio es para tener hijos y para procrear y educar hijos, respectivamente.  Y en esa dirección va el artículo 78 del Código Civil [16] guatemalteco, que cita como objetivos del matrimonio vivir juntos, procrear, alimentar y educar a sus hijos, y auxiliarse entre sí. [Igual cosa hace la reforma que se discute actualmente en el Congreso].

El uso incorrecto de la ley

En tales condiciones es evidente que la ley y una institución jurídica están siendo usadas de forma incorrecta para imponerle a todos, en la sociedad, objetivos propios de algunos integrantes de la misma.  El propósito de este análisis no es moralizar sobre la ley, como no lo es cuestionar, y menos poner en duda, la validez de aquellos objetivos –en cuando sean fines individuales–.  Lo que sí se  busca con él es establecer como ilegítimo que aquellos fines le sean impuestos a una situación contractual como el matrimonio, que le sean impuestos en el contexto de un kosmos y que, de todas formas, tanto en este como en cualquier otro caso en el que el Gobierno crea derechos y obligaciones por medio de normas legales, estas deben aplicarse con estricto apego al principio de igualdad de todos ante la ley.

Es demasiado corrientemente aceptada la idea de que el derecho de familia  –y consecuentemente el matrimonio– es de orden público.  Asegura Puig Peña que las normas del Derecho de Familia son, por regla general, de “orden público”, inderogables por actuación de la mera voluntad privada. Las partes, en efecto, no pueden dejar de cumplir las condiciones naturales ni modificar a su arbitrio los cánones imprescriptibles del derecho de familia. No pueden casarse cuando quieren como quieren, ni adoptando la forma que estimen conveniente, ni disolver el matrimonio, ni incluso modificar los pactos matrimoniales establecidos.  Las potestades familiares no son potestades-derechos, sino “potestades-función”, o sea, facultades establecidas, no en propio beneficio, sino en utilidad y régimen de los que a ella aparecen como sometidos[17]. Y aquello podría ser bien visto en una sociedad colectivista, en una sociedad cerrada o en una tribu, en la que los individuos están llamados a ser engranajes de una maquinaria, órganos de un sistema, o partes de un todo superior a ellos;  pero no está bien en una sociedad de personas libres y responsables, en un kosmos o en una sociedad abierta.

Puig Peña considera que el hecho de que el Derecho de Familia tenga una función social, y  no sea una potestad-derecho, es un evidente progreso [18] para el derecho.  Desde mi punto de vista, esto pone de manifiesto la idea peligrosa de que el individuo y sus relaciones personales deben servir al Estado, o a la sociedad, y, peor aún, que el interés social debe prevalecer sobre los derechos individuales.

Ahora bien, como las personas no son animalitos que solo se unen para perpetuar la especie, el matrimonio del siglo XXI debe tomar en cuenta las diversas razones que llevan a las personas a unir sus vidas.  La comunidad de intereses, el amor, la admiración, la búsqueda de compañía, entre muchos otros, son ejemplos de aquellas razones.  El matrimonio debe tomar en cuenta que las personas son individuos, no aparatos reproductores, y que las mismas deben ser tratadas por la ley como seres racionales, no como medios ni como instrumentos.

Tradición y evolución

No es extraño, entonces, que en la sociedad, evolutiva por naturaleza, las palabras también evolucionen.  Por eso los diccionarios etimológicos son útiles para conocer mejor las palabras y sus orígenes, pero no para saber lo que significan, ya que muchas veces el significado actual de aquellas se distancia del de su génesis.

Friedrich A. Hayek explica que en todos los países y en todos los tiempos existen grupos que han alcanzado una posición más o menos estacionaria con hábitos y formas de vida establecidos durante generaciones.  Tales formas de vida pueden verse inesperadamente amenazadas por desarrollos con los que nada tienen que ver; y no sólo los miembros de las aludidas agrupaciones, sino a menudo otras gentes muy dispares pueden también desear la preservación de los hábitos en cuestión [19].

De esa cuenta, el matrimonio reservado únicamente para parejas de distinto sexo, o como instrumento para la reproducción, en el marco de culturas propias de sociedades cerradas, puede perfectamente pasar a ser el matrimonio moderno, como contrato de convivencia y de respeto mutuo entre individuos que lo aceptan libremente, independientemente de su sexo, su religión o etnia, en el marco de culturas propias de sociedades abiertas.  Ni al servicio de la Iglesia, ni al servicio del Estado,  sino que al servicio de aquellos que, en ejercicio de sus derechos como personas humanas, asuman el compromiso.

Un acto de justicia

Adicionalmente a las cuestiones tratadas arriba, está claro que el matrimonio apareja ciertas ventajas [o más bien, privilegios] de orden tributario y social para las parejas de distintos sexos que deciden optar por aquella forma de unión.  Las parejas de uno y otro sexo, que están casadas, pagan menos impuestos que las que no lo están [20].

Considérese el caso de una pareja del mismo sexo, en  la que a una de las partes se le niegue el acceso a ver a su contraparte en la sala de cuidados intensivos de un hospital, donde se encuentra, solo porque no es pariente cercano de la misma.  ¿Sería eso correcto? Por supuesto que no.  Una pareja del mismo sexo tiene tanto derecho a estar al lado de la persona que ama como lo tiene una pareja del sexo contrario.

En la serie Si las paredes hablaran [21] se cuenta la historia de dos ancianas que habían sido pareja durante toda su vida.  Cuando una de ellas muere, llega la familia de la difunta y saca a la sobreviviente de la casa que habían compartido ambas, dejándola sola y desamparada.  Se podría decir que fue por descuido,  que ambas deberían haber pensado en esa posibilidad, y que deberían haber hecho testamento o algún tipo de contrato de copropiedad.  Pero lo cierto es que no hay razón alguna para que, en un kosmos y en una sociedad abierta, una clase de personas tenga ciertos derechos y otra clase no los tenga.  No hay razón para que ciertas personas, por su etnia, su orientación sexual o su religión,  tengan que hacer previsiones adicionales, solo porque al Estado (en respuesta a presiones de grupos de interés) se le antoja que no haya igualdad de todos ante la ley.

Frente a la discriminación y a los privilegios, el matrimonio gay es un acto de justicia [22] que reconoce el carácter contractual y privado del matrimonio, y que reconoce, en el marco del principio de igualdad de todos ante la ley, el derecho de toda persona a unir su vida con otro u otra, y a buscar el apoyo de sus prójimos.

Conclusiones:

  1. El matrimonio es una institución jurídica. Como tal, debe estar sometido al principio de igualdad de todos ante la ley, que debe regir en una sociedad qua kosmos, y sobre todo, en una sociedad abierta.

  2. El reconocimiento del matrimonio [igualitario, virimonio, o femimonio] por parte del Estado es un acto de justicia; es decir, un acto del Estado dirigido a la protección absoluta de los derechos individuales de un sector de la población, al que actualmente le están vedados los privilegios fiscales y sociales que otorga el matrimonio.

  3. El reconocimiento del matrimonio [igualitario, virimonio o femimonio] por parte del Estado es un acto de justicia, por cuanto se realiza en el contexto de un juicio objetivo sobre el carácter contractual y privado de aquella opción de unión entre dos personas adultas y capaces,  tomando en cuenta que las personas son seres racionales, y no medios ni instrumentos.

  4. En una sociedad abierta –contrario a lo que podría ocurrir en una sociedad tribal– ni el Estado ni la sociedad tienen facultades para entrometerse en la esfera de acción privada de los individuos.

  5. En una sociedad abierta, o en un kosmos, no puede haber objetivos sociales, ni fines sociales.  Al Estado le está vedado normar los fines de los individuos mediante regulaciones tipo taxis, para obligarlos a ajustar sus objetivos individuales con los supuestos fines de la sociedad.  No es función de la ley cuestionar las intenciones o motivos de aquellos que desean, por medio de un contrato, asumir derechos y obligaciones que no violan la vida, la libertad y la propiedad de terceros. 

  6. En una sociedad abierta, o en un kosmos, Los grupos de interés –de carácter religioso, ideológico, corporativo y demás– no deben tener facultad alguna para utilizar la majestad de la ley con el fin de imponer sus objetivos sobre los otros miembros de la sociedad.  Pueden hacerlo dentro de sus organizaciones (taxis) y para quienes libremente opten por comprometerse a acatar tales disposiciones; pero no pueden, ni deben, imponerlas a la sociedad.

[1] Federico Puig Peña, Compendio de Derecho Civil. Editorial Aranzadi, Pamplona, 1979. Pág. 36.

[2] Friedrich A. Hayek. Derecho, legislación y libertad. Unión Editorial, Madrid, 1994. Pág. 74

[3] Hayek. Op. Cit. Págs. 165-214.

[4] “For every individual, a right is the moral sanction of a positive– of his freedom to act on his own judgment, for his own goals, by his own voluntary uncoerced choice.  As for his neighbors, his rights impose no obligation on them except for a negative kind: to abstain from violating his rights”. Ayn Rand. The Virtud of Selfishness. Signet Books, New York, 1964.

[5] Karl Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Ediciones Paidos, Buenos Aires, 1994. Pág. 15.

[6] Federico Puig Peña. Op. cit. Pág. 27.

[7] Guillermo Cabanellas. Diccionario enciclopédico de derecho usual.  Editorial Heliasta, Buenos Aires, 2001. Pág. 339.

[8] Tobías, VII:5.

[9] Platón. El banquete. En Diálogos. Espasa-Calpe Argentina, S.A.,  Buenos Aires, 1966. Págs. 89-138.

[10] Del mismo modo en que las casas de cambio preceden por miles de años a los bancos centrales –hecho que a los políticos y a los banqueros centrales no les gusta recordar–.  La gente tiende a creer que antes de que el Gobierno regulara ciertas prácticas estas no existían, y que no eran posibles sin aquellas normativas.

[11] Catecismo de la Iglesia Catolica. Coeditores católicos de México, 1993. Pág. 414.

[12] Guillermo Cabanellas. Op. cit. Pág. 427.

[13] La película, de 1993, es dirigida por Alfonso Arau,  y está basada en una novela de Laura Esquivel.

[14] Antonio Benlloch Poveda (Dir.) Código de Derecho Canónico. Edicep, Valencia, 1993. Pp. 469-470

[15] Guillermo Cabanellas. Op. cit. Pág. 339.

[16] Decreto-Ley número 106, de 1963.

[17] Federico Puig Peña. Op. cit. Págs. 19 y 20.

[18] Federico Puig Peña. Ibid.  Pág. 20.

[19] Friedrich A. Hayek. Los Fundamentos de la Libertad. Unión Edtorial, Madrid, 1975. Pág. 79.

[20] En términos materiales, por ejemplo, el matrimonio crea, deliberada y exclusivamente, beneficios fiscales para la pareja; y en términos morales, una pareja unida en matrimonio goza de más prestigio social que una pareja que simplemente convive, e incluso más que una pareja que está unida de hecho,  aunque esta última práctica esté normada, como el matrimonio, en el Código Civil guatemalteco, a partir de su artículo 173.

[21] Transmitida por HBO, en el 2000, y dirigida por Martha Coolidge y Anne Heche.

[22] De protección absoluta a los derechos individuales de todos los miembros de la sociedad, y de juicio objetivo respecto a la naturaleza del matrimonio mismo, como acuerdo voluntario entre adultos capaces, libres y responsables.


12
Ene 18

Matrimonio y la CIDH

Los liberales estamos a la zaga en la batalla por la igualdad de todos ante la ley porque, intimidados por los conservadores, les dejamos a los socialistas temas como la naturaleza del matrimonio.  Por eso también estamos a la zaga en la batalla por el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otras personas.

Escuche el podcast aquí.

En aquello pensé cuando leí que la CIDH opinó que el Estado debe reconocer y garantizar todos los derechos que se derivan de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo.  Antes de seguir debo recordar que desde hace añales sostengo que nada tiene que hacer el estado, metiéndose en asuntos propios de los proyectos de vida de las personas, como el matrimonio.  Empero, como el estado ya regula el contrato por medio del cual las personas deciden compartir sus vidas, el reconocimiento del matrimonio igualitario sería un acto de justicia y una afirmación del principio de igualdad ante la ley.

Dicho aquello, lo que hizo la CIDH no abona en favor de los valores liberales, ni en beneficio de las personas del mismo sexo que quisieran compartir sus vidas y formar familias (en virimonio, o en femimonio).  ¿Por qué?

Porque los socialistas -que no conocen, o no entienden los procesos hayekianos de evolución social, ni de formación de opinión pública y demanda de políticas públicas -magistralmente descrito en Madmen, Intellectuals, and Academic Scribblers, por Leighton y López- están convencidos de que pueden cambiar una sociedad a fuerza de legislación y de resoluciones de cortes internacionales, aunque aquella y estas se impongan sobre los valores prevalecientes en esa sociedad.

Por muy buena idea que sea el matrimonio igualitario, lo cierto es que desde un punto de vista hayekiano, en nuestra sociedad aún no prevalecen la valoración de la igualdad de todos ante la ley, ni la del respeto por los proyectos de vida de otros.  Así, la arrogancia socialista –aplaudida por ONG y refrendada por la CIDH- va a servir más a la generación de una reacción conservadora agresiva, que a la libertad de las personas del mismo sexo que quieren casarse y a la causa liberal.  En detrimento de la dignidad humana.

Columna publicada en elPeriódico; e ilustración tomada de Facebook.


30
Abr 17

¡Bola de libertarios pecadores!

No puedo dejar de mencionar los graves riesgos asociados con la invasión, en los niveles más altos de la cultura y la educación, tanto en las universidades como en las escuelas, de las posiciones del individualismo libertario. Una característica común de este  paradigma falaz es que minimiza el bien común, es decir, el “vivir bien”, la “vida buena”, en el marco comunitario, y exalta un ideal egoísta que engañosamente invierte las palabras y propone la “buena vida”. Si el individualismo afirma que es sólo el individuo el que da valor a las cosas y a las relaciones interpersonales y por lo tanto, solamente el individuo decide lo que es bueno y lo que es malo, el libertarismo, hoy tan de moda,  predica que para  fundar la libertad y la responsabilidad individual se deben recurrir a la idea de auto-causalidad. Así, el individualismo libertario niega la validez del bien común, ya que por un lado  presupone que  la idea misma de “común” implique  la constricción de al menos algunos individuos, por otro que la noción de “bien” prive a  la libertad de su esencia, dijo Jorge Mario Bergoglio -el Papa de Roma, vicario de Cristo y sucesor de Pedro, en la sesión plenaria de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, celebrada el 28 de abril de 2017.

Escucha el podcast aquí.

Las declaraciones papales me recordaron la encíclica Quanta cura, de Giovanni Mastai -popularmente conocido como Pio nono- en la que aquel predecesor de Bergoglio condenaba al libereralismo ideológico y político, así como la cultura moderna y la libertad de cultos.

A mí me da ilusión porque si el liberalismo y el individualismo son condenables, ¿llegarán a ser pecado?  Si así fuera, sospecho que todos mis amigos y cuates libertarios, liberales clásicos y otros afines, nos acompañarán a los objetivistas.  Quizás entre todos podamos hacer un infierno más agradable, mediante la marginalización y la exclusión de Bergoglio y de otros colectivistas y socialistas de todos los partidos que se hallan allá (si existieran esos lugares, claro). De paso recordé unas palabras de mi maestro Salvador Aguado-Andreut, a quien una vez escuché decir: Quiero ir al infierno porque ahí estarán las mujeres mas bellas; para luego lamentar que se decía que quienes hablaban latín y vasco no podían ir al infierno, porque el diablo no hablaba ni uno, ni otro. Siendo que el doctor Aguado hablaba ambos, eran pocas sus posibilidades de conocer a Lucifer; pero para mí eso no es problema.  Yo a duras penas hablo la castilla.

Bromas aparte, Bergoglio, ese dirigente que viaja a Egipto a defender a los islamistas y ese dirigente que es tibio como el que mas frente a la tiranía en Venezuela, se equivoca con respecto al individualismo.

El individualismo es un principio que sostiene que tu, yo y todas las personas individuales por igual tenemos derechos inalienables que no nos pueden ser arrebatados por ningún otro hombre, ni tampoco por cualquier número, grupo o conjunto de hombres. Por lo tanto, cada individuo humano existe por su propio derecho y para sí mismo, no para el grupo. En este contexto, ¿cómo se puede ser individualista y negar el bien común (que es el bien de todos, y no el de unos, o el de muchos)?

Bergoglio añadió en su alocución: La radicalización del individualismo en términos libertarios,  y por lo tanto anti-sociales, conduce a la conclusión de que cada uno tiene el “derecho” de expandirse hasta donde su potencia se lo permita incluso al precio de la exclusión y la marginación de la mayoría más vulnerable. Ya que  restringirían la libertad, los lazos,  serían lo que necesita ser disuelto, equiparando erróneamente el concepto de lazo al de vínculo, se termina por confundir los condicionamientos de la libertad – los vínculos – con la esencia de la libertad realizada, es decir,   los lazos o las relaciones con los bienes, precisamente, desde los familiares a los interpersonales , de aquellos de los excluidos y los marginados a los del bien común, y en última instancia a Dios.

¿Cómo se puede ser antisocialmente radical en la defensa y promoción de un principio que sostiene que la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la felicidad son inalienables para todas las personas individuales, por igual?

El que tenga oídos, que oiga; y si te interesa el tema te recomiendo The Pope’s Four Big Mistakes About Libertarianism.

Actualización:  Hice una consulta entre los lectores de @luisficarpediem y 31 personas la respondieron.  De ellas, 13 se describieron como libertarios; 7 lo hicieron como liberales clásicos; 5 se describieron como objetivistas; y 6 como Ninguno de aquellos.  Tu, ¿qué eres?


28
Abr 17

Fascismo contra la libertad de expresión

La concepción fascista de la vida es religiosa, una en la que el hombre es visto en su relación inmanente con una ley superior, dotada de una voluntad objetiva que trasciende al individuo y lo eleva a la pertenencia consciente de una sociedad espiritual, escribió Benito Mussolini en  The Doctrine of Fascism; y si tienes dudas al respecto entérate de que la Coordinadora Nacional Evangélica en connivencia con un grupo de diputados encabezados por uno de nombre Anibal Rojas, presentó un anteproyecto de ley que pretende prohibir que  las entidades públicas y privadas promuevan en la niñez y en la adolescencia políticas o programas relativos a la diversidad sexual y a la ideología de género o enseñar como normales las conductas sexuales distintas a la heterosexualidad.

Escucha el podcast aquí

Esta propuesta del conservadurismo más rancio es un intento evidente de imponer ideas religiosas en toda la sociedad guatemalteca por medio del uso de la ley como instrumento político y de coacción.  Es fascismo puro y duro.

La propuesta viola  la libertad de expresión.  Si aquel desatino llegara a convertirse en ley, se impondría una forma de pensamiento único y se castigaría la discusión de ideas y se penalizará la búsqueda de la verdad.  Por sus raíces gramscianas, no comparto la ideología de género (y de esto podríamos platicar después, cuando tenga ganas); pero la ciencia tiene mucho que descubrir sobre la sexualidad; y aplastar la inquietud de los jóvenes por discutir el tema abiertamente no contribuye, ni  a entender, ni a valorar aquella parte integral de la humanidad, ni a exponer los errores y las intenciones de la ideología. El que yo no esté de acuerdo con algo, no quiere decir que tenga la facultad de prohibírselo a otros.

La propuesta es un desatino porque, además, se contradice de una forma sofomórica. Por un lado el artículo 15 prohíbe enseñar temas de la diversidad sexual; y  por otro -ese mismo artículo- sostiene que los padres y tutores siempre tienen el derecho preferente de escoger el tipo de educación que habrá de proporcionarse a sus hijos, o pupilos de acuerdo con sus propias convicciones, incluyendo la educación correspondiente al desarrollo de las aptitudes intelectuales, físicas, morales y religiosas del niño y de la niña, la orientación sexual, así como las conductas, principios y valores que regirán la vida de los menores.  Ninguna persona, o entidad -pública, o privada- podrá interferir, limitar, o restringir, el ejercicio de ese derecho de los padres.

¿Te diste cuenta? La propuesta dice que los padres tienen el derecho a elegir la educación de los hijos y que nadie puede limitar ese derecho; pero prohíbe que sean enseñados los temas de la diversidad sexual…porque a los ponentes no les gusta. Cuanto menos, esta propuesta es hipócrita.

¿Quieres más evidencia? El artículo 18 de la propuesta sostiene que toda persona tiene derecho a su libertad de conciencia y de expresión…siempre que no se oponga a los designios políticos de los ponentes.

Por otro lado, si bien es cierto nadie debería ser obligado a aceptar la ideología de género, ni a aceptar como normal la diversidad sexual, como dice la propuesta; también es cierto que a nadie le debería estar vedado el acceso a la discusión y el conocimiento de aquellos, nadie debería ser forzado a no promover su discusión, nadie debería ser privado de la facultad de elegir en qué creer. Nadie debería tener la facultad de prohibirles a otras personas elegir qué tipo de educación quieren para ellos y sus hijos, o sus pupilos. ¡Nadie!, ni siquiera los conservadores, ni los religionistas.  A no ser que vivamos en un estado totalitario, al estilo fascista (por ejemplo) en el que la concepción de la vida sea religiosa, como quería il Duce.

La iniciativa también pretende castigar la información sobre el aborto; y prohibir los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Incapaces de distinguir entre la vida real y la vida potencial, los conservadores y los religionistas pretenden coartar la libertad de expresión para ofrecerles una salida a las mujeres que no pueden, o no quieren tener hijos.  La maternidad forzada y la no propiedad privada del propio cuerpo son valores que defiende el proyecto social de la propuesta en cuestión, en el que la vida es religiosa, una en la que el hombre es visto en su relación inmanente con una ley superior, dotada de una voluntad objetiva que trasciende al individuo y lo eleva a la pertenencia consciente de una sociedad espiritual.  No voy a abundar en este tema porque ya lo he hecho en otras entradas de Carpe Diem.

En cuanto a la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo, las únicas dos razones por las cuales el estado (o sea los políticos y funcionarios) se involucran en lo que debería ser un contrato voluntario y pacífico entre adultos, son:

  1. La creencia colectivista de que los individuos deben estar al servicio de la tribu, de la sociedad, de la nación, del estado, o de la especie.
  2. La creencia de que el matrimonio es una relación en la cual algún dios y algún culto deben estar involucrados.

Ambas razones íntimamente relacionadas con la función de procrear, ya sea para el estado, o para el culto.

Si el carácter privado del matrimonio fuera respetado por los políticos y los sacerdotes, no habría mucho que discutir.  Pero una vez que el poder político y la facultad de legislación se involucran en el matrimonio, se impone la necesidad de la igualdad de todos ante la ley para evitar arbitrariedades y privilegios.  Actualmente las uniones heterosexuales tienen privilegios que no tienen las uniones homosexuales.  En consecuencia, las segundas se ven perjudicadas arbitrariamente sólo porque no sirven a las necesidades de procreación. Esto a pesar de que, por la vía de la adopción, las parejas del mismo sexo sí pueden contribuir (a menos que les sea prohibido por el estado y la ley) al cuidado de niños que no tienen padres, o cuyos padres no pueden, o no quieren hacerse cargo de ellos. La adopción, por cierto, es una magnífica opción frente al aborto.

En casos de enfermedad, y para efectos de la sucesión, por mencionar dos, las uniones heterosexuales tienen privilegios y gozan de arbitrariedades en perjuicio de la igualdad de todos ante le ley y específicamente de las parejas homosexuales.  Por ejemplo, en caso de enfermedad, una persona homosexual no puede cuidar de su pareja del mismo modo en que una persona heterosexual puede cuidar de la suya; y en caso de sucesión, una persona homosexual no puede heredar de su pareja, como sí podría hacerlo una persona heterosexual de la suya.

La libertad de expresión, el derecho a la vida (al proyecto de vida propio) y la igualdad de todos ante la ley no son dados, no han estado con nosotros durante toda la historia de la humanidad.  Hay gente que ha muerto por ellos, se ha derramado sangre por ellos, ha habido que luchar por ellos.  Es inmoral e inaceptable que políticos y religionistas pretendan anularlos a estas alturas del Siglo XXI.

Si los fascistas, los conservadores y los religionistas ganan esta batalla, aquí y ahora, será una vergüenza no sólo para el liberalismo, sino para toda esta generación.


20
Mar 17

Comentarios a los comentarios de Guillermo

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En su perfil de Facebook, el cuate, Guillermo Fernández, hizo comentarios a mi entrada publicada con el título de Algunos liberales son conservadores.  Dice Guillermo:

El aborto es liberal porque el feto no tiene proyecto de vida. No es un ser vivo en acto, sino en potencia. ¡Perdón por la franqueza! De igual modo, cuando alguien está borracho y dormido, también es liberal matarlo, porque no tiene proyecto de vida ni está consciente. ¡Y lo más liberal del mundo: matar a los ancianos con demencia, porque cómo fastidian y ocupan espacio e interfieren en que uno pueda tener una vida placentera! Sobra decir que esos viejos ya vivieron su vida y no tienen proyectos más que esperar a la muerte. Mejor se las adelantamos.

Los niños de uno o dos años tampoco tienen proyecto de vida, ni son seres pensantes. Si no quiero no les doy de comer y que se mueran. ¡Porque soy liberal! ¡Vaya!

Más tarde les dejo un link donde pueden hacer el test que yo diseñé y que según mi criterio define quién es liberal. Todos los que no pasen el test son leninistas-colectivistas-conservadores-pseudo-liberales.

Su aproximación -sarcástica- distrae e impide ver con claridad.  Es la típica falacia del hombre de paja (o un non sequitur, para usar el lenguaje técnico).  Aun así, sirve para volver a explicar el asunto.

Mi argumento en Algunos liberales son conservadores se refiere expresamente a embriones y fetos; no se vale distraer la atención de los lectores hacia niños, bolos dormidos, ni a ancianos.

Un embrión depende 100% de su madre para desarrollarse, convertirse en feto y eventualmente nacer.  Es un hecho que un embrión de -tres meses- no podría vivir independientemente de la mujer que lo está gestando. En ese sentido tiene vida potencial porque vida, para los seres humanos, no es la mera existencia biológica que también tienen las amebas, los árboles y las tortugas.  La vida real (actual life) es la manera de vivir propia de cada individuo, el estilo que le es propio, sus valores, sus deseos, sus proyectos, sus emprendimientos, sus logros y más.  Un embrión carece de todo eso y es en ese sentido que el embrión es vida potencial, y no real (o actual life); es en ese sentido en el que la mujer sí tiene vida real (o actual life, no voy a seguir repitiendo esto porque voy a suponer que está claro que cuando escribo vida real, me refiero a actual life).

Pasa, y esto no es suficientemente comprendido en su justa dimensión, que el cuerpo y la vida real de la mujer cambian drásticamente con un embarazo.  ¡La vida real de la mujer cambia con el nacimiento! ¡Cambia más dramáticamente con un nacimiento indeseado!…y cambia durante el resto de su vida si es obligada a quedarse con el bebé indeseado; a veces para bien y a veces no, pero esa es una valoración personal.

De ahí que la idea radical de que las demás personas no son tu propiedad sea relevante . Desde una perspectiva liberal no se deberían forzar el embarazo, ni la maternidad en una mujer que no las desea; porque la mejor definición de liberalismo –que ha sido tan mal interpretado– es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. En este caso, los proyectos de vida de las mujeres que no pueden, o no desean tener hijos.  Esta es una diferencia sustancial entre liberales y conservadores.  Mi hipótesis es que para los conservadores la vida de las personas le pertenece a un orden que es superior a los individuos, y que los proyectos de vida de las personas deben estar sometidos a aquel orden y a la legislación dictada por quienes dicen representarlo.

Al objetar el aborto -en el contexto de mi artículo comentado por Guillermo- no se vale referirse a fetos de más de tres meses, y menos a bebés. ¿Por qué? Porque en mi artículo hablo de embriones y cito claramente el plazo de tres meses y porque más allá de aquel plazo, un aborto pondría en grave peligro la salud y la vida de la mujer.  Los abortos en circunstancias médicas responsables suelen ser de embriones;  pero no de bebés plenamente formados. La idea de que haya disponibilidad de ambientes y de profesionales responsables para interrumpir voluntariamente embarazos (en un país donde hay unos 65 mil abortos al año) es, ¡precisamente!, evitar peligros y daños para las mujeres que no pueden, o no quieren permanecer embarazadas. Muchísimas de aquellas mujeres mueren en condiciones inhumanas debido a abortos irresponsables y no profesionales.

Es cierto, eso sí, que estrictamente no es necesario estar a favor del aborto para ser liberal; pero la propiedad de uno mismo (self-ownership) sí es un principio indiscutiblemente liberal. Tu no le perteneces a tu familia, ni a al partido, ni a la sociedad, ni a la nación, ni a un orden superior cualquiera que sea el nombre que le quieran dar.   Eso quiere decir que tus células son tuyas y que tu mórula es tuya, así como tu embrión es tuyo; no de tu familia, ni del partido, ni de la sociedad, ni de la nación, ni de un orden superior cualquiera que sea el nombre que le quieran dar.

¡Ups!, y que conste en acta: de ninguna manera sería liberal asesinar viejitos con demencia, niños díscolos, o bolos dormidos.


28
Feb 17

Ganaron la batalla del barco, pero perdemos la de la libertad

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Escucha el podcast aquí.

La embarcación de Women on Waves -de una organización no gubernamental holandesa que ayuda a mujeres que desean interrumpir voluntariamente sus embarazos- fue expulsada del país por disposición de la Dirección General de Migración con el apoyo del ejército.

La visita y la propuesta de aquella nave desató a todas las fuerzas conservadoras y se armó una discusión apasionada y emocional sobre el aborto inducido.

La objeción más débil fue la positivista; basada en el hecho de que el aborto es un delito. Débil, la objeción porque los abortos no iban a ocurrir en territorio guatemalteco, sino en aguas internacionales en un buque de bandera holandesa, país en el que el aborto no es delito.  Las autoridades amenazaron con impedir por la fuerza que las mujeres que necesitaran los servicios del barco pudieran viajar hacia él; pero, ¿las autoridades deberían evitar que las mujeres que desearan un aborto viajaran a países como los Estados Unidos de América, Uruguay, o Guyana, para citar tres donde la interrupción voluntaria del embarazo no es delito?

La objeción más absurda fue la que mostraba vídeos e infografías de un bebé siendo violentamente extraído del vientre de una mujer.  Objeción absurda porque mostraba bebés plenamente formados más allá del primer trimestre de embarazo.  Un aborto más allá de ese plazo pondría en grave peligro la salud y la vida de la mujer.  Ningún médico responsable interrumpiría un embarazo en esas circunstancias.  Los abortos en circunstancias médicas responsables suelen ser de embriones;  pero no de bebés plenamente formados.  La idea de que haya disponibilidad de ambientes y de profesionales responsables para interrumpir voluntariamente embarazos (en un país donde hay unos 65 mil abortos al año) es, ¡precisamente!, evitar peligros y daños para las mujeres que no pueden, o no quieren permanecer embarazadas.  Muchísimas de aquellas mujeres mueren en condiciones inhumanas debido a abortos irresponsables y no profesionales.

La objeción más sofomórica fue la de que ¿qué tal si el embrión abortado iba a ser un Beethoven, iba a salvar al mundo, o eras tu? Objeción que se neutraliza con imponderables como, ¿qué tal si el embrión abortado iba a ser Hitler, o Stalin, o el marero que iba a matar a la hija de tu vecino?  La sola pregunta subraya el carácter potencial del embrión, frente al carácter real y actual de la vida de la mujer.

Es un hecho que un embrión -de tres meses- no podría vivir fuera del útero.  Sólo después de los siete meses es que aquella vida potencial tendría posibilidades de sobrevivir independientemente del organismo que se ha apoyado hasta el momento; si y sólo si cuenta con la tecnología, el conocimiento científico y la atención necesarias para ello.

Esto es muy importante porque, aunque un óvulo y un espermatozoide son vida potencial, aunque una morula y un embrión son vidas potenciales, la única vida real es la de la mujer embarazada.  Si la vida potencial tuviera el mismo valor que la vida real, debería ser delito desperdiciar esperma, por ejemplo. ¿Está claro que lo actual tiene prioridad sobre lo potencial?

Muchos opositores al aborto creen que la vida potencial y la vida actual son equivalentes; e hicieron creer a algunos inocentes que hay una contradicción entre la defensa de la vida como un derecho individual y un valor supremo, y la defensa del derecho de las mujeres a que nadie las fuerce a quedar embarazadas.

La vida humana (no la existencia de un embrión) implica acción dirigida, controlada por la mente, con cognición y emociones, valoraciones y preferencias, implica competencia y cooperación (los tropismos y los actos reflejos, no son acción).  La vida humana (la de la mujer, y no la existencia de un embrión)  implica acción, autonomía y autopoyesis (no en el sentido de que venga de la nada, claro; sino que se crea y se produce a sí misma a partir de un sistema cuya dinámica se mantiene y reconstruye a sí misma para no desintegrarse).

Alguien va a objetar que según aquella definición, pareciera que alguien que no tiene todas sus facultades cognitivas, o es incapaz de actuar, no está vivo.  Pero eso no es cierto, porque, una silla rota, sigue siendo una silla.  Por ejemplo, un anciano que sufre de demencia senil, sigue siendo una persona humana. .

Un detalle que me llamó la atención durante la discusión fue la creencia de que tanto la mujer embarazada como el hombre que la embarazó tienen iguales derechos con respecto al embrión.  Este argumento es muy débil porque el embrión crece dentro del vientre de la mujer, es el cuerpo de la mujer el que lo alimenta, es el cuerpo (¡y el proyecto de vida de la mujer!) el que es sometido a cambios impresionantes, el embrión depende 100% del cuerpo de la mujer, es totalmente inviable fuera del cuerpo de la mujer.  El padre ha aportado material genético, y eso es valioso; pero sólo carga una parte de los efectos y consecuencias del embarazo.

Por otro lado, no se puede tratar a todas las relaciones de padre biológico de la misma forma.  Esto es evidente cuando se trata del padre biológico potencial por violación, cuyo derecho al feto debería estar fuera de discusión ya que se trata de una imposición violenta en el cuerpo de la mujer violada.  Pareciera diferente en el caso del padre biológico potencial por coito voluntario; empero, aunque el coito fuera voluntario por parte de la mujer, la conservación de la mórula o del feto, es una decisión distinta porque tiene efectos distintos y de muy largo plazo.  Nueve meses como mínimo, de 18 a 21 años es una perspectiva, y el resto de la vida es otra posibilidad.  La mujer es el mayor stake holder en un embarazo.

No debería ser moralmente aceptable eso de forzar el embarazo en una mujer. Empero, aunque parece claro que el que es consecuencia de una violación es un embarazo forzado; el hecho de que la sociedad obligue a la mujer violada a conservar el embrión es una doble violación.  Nadie debería tener la facultad de forzar a una mujer a quedar embarazada, ni a permanecer embarazada.

Durante la discusión fue fascinante ver cómo, la mayoría de conservadores, hicieron micos y pericos para no apoyar sus argumentos en la creencia de que los embriones tienen alma puesta ahí por su dios.  Frente a ese argumento no hay nada que decir porque se trata de una creencia; las creencias, al margen de los hechos, son como callejones sin salida donde lo único que queda es pedir que se admita el artículo de fe.

En Facebook alguien proclamó: Ganamos la batalla del barco…y seguramente sí; empero…perdimos la batalla de la libertad.  Quizás porque, como dijo Benito Mussolini (de ingrata recordación), la concepción fascista de la vida es religiosa, una en la que el hombre es visto en su relación inmanente con una ley superior, dotada de una voluntad objetiva que trasciende al individuo y lo eleva a la pertenencia consciente de una sociedad espiritual.

Actualización: Hice una consulta entre mis lectores en @luisficarpediem y no deja de ser alarmante que 9 de 37 participantes crean no estén en desacuerdo con que nadie debería forzar a una mujer a quedar embarazada, ni a permanecer embarazada.  Dichosamente 26 dijeron que no están de acuerdo y nunca faltan los que son incapaces de hacer un juicio moral.

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23
Ene 17

Bergoglio dice que el liberalismo económico mata

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Evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico, de ese que yo condeno en “Evangelii Gaudium” cuando digo que esta economía mata. Mata de hambre, mata de falta de cultura….dijo ¿quién? ¡Acertaste! Jorge Mario Bergoglio.

El mismo personaje añadió que los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias. Bergoglio pidió, para solucionar lo que según él es un problema, rearmarse con formaciones de políticos que realmente den a Latinoamérica la fuerza de los pueblos. Contra toda evidencia Bergoglio asegura que Desde el punto de vista económico, hoy día la clase media tiende a desaparecer.

Los seguidores de Bergoglio dirán que donde dijo digo, dijo Diego y muchos de ellos seguirán financiándolo y financiando su organización, como si sus declaraciones fueran moralmente neutras.  Es como aquella anécdota que se le atribuye a Lenin: el día en que los condenen a la horca, los capitalistas (o los burgueses) serán los primeros en vender la cuerda con que serán ahorcados.

Por cierto…si has oído que Bergoglio diga que el socialismo mata, que el colectivismo mata, o algo así de contundente, como dice que el liberalismo mata…¿nos lo compartes? Digo…para que no pensemos, los lectores de este espacio, que Bergoglio no dice lo que dice, sino que dice…ya sabes.


19
Nov 16

Las tribus liberales, de María Blanco

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En Las tribus liberales, una desconstrucción de la mitología liberal, María Blanco es María Blanco cuando nos lleva por ese laberinto que es más que la mitología, una genealogía de esa fauna diversa que expone el pensamiento liberal.

Con su estilo claro y directo; pero no por eso falto de aderezo, Mary White -la autora de Godivaciones– hizo un útil intento de explicar la compleljidad de esta familia disfuncional que es el liberalismo clásico.

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Como soy fan de María y de la libertad me disfruté de Las tribus liberales. Me encantó cuando escribe que el mensaje de las novelas de Ayn Rand, su drástica visión del altruismo, su manera descarnada de decir la verdad en muchos aspectos y, sobre todo, su defensa moral del capitalismo son intachables.

Haz clic aquí para ver la presentación del libro en la Universidad Francisco Marroquín.

Ahora que se acerca el fin de año, este libro es buenísima opción para llevar contigo en las vacaciones.  Es un vuelo a lo largo y lo ancho de una historia fascinante de ideas…y sus consecuencias.


04
Jul 16

La escultura, y objetivismo y libertarianismo

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En la Objectivist Conference 2016 mis conferencias favoritas de ayer fueron:

  1. The Value of the Visual Arts: How to Appreciate Sculpture and Still Life Painting, por la escultora Sandra Shaw y la pintora Linda Mann.  ¡Las naturalezas muertas, de Mann son bellísimas y excelentes!
  2. Objectivism and Libertarianism, por Yaron Brook y Onkar Ghate.

La escultura dramatiza la figura humana en forma tridimensional y apela a nuestra habilidad de ver las cosas y tocarlas; y como sucede en todo tipo de arte lo que buscamos en ella afecta lo que obtenemos de ella.  Shaw mostró The Column of Live por M. Hoffman y explicó como es que esa obra de arte nos muestra un mundo en el que eso es posible, la figura de dos seres humanos completamente expuestos en un mundo benevolente donde la serenidad, el amor, las relaciones y lo pacífico son posibles.

Shaw mostró The Painters´s Honeymooon por F. Leighton y Eva Buttler With a Dove, por A. Munro que recrean un mundo en el que la gentileza es posible.  También mostró The Sluggard, de F. Leighton que ilustra esta entrada.  La ideas de un universo benevolente se capta por medio de todas aquellas obras.

Entre las artes visuales, la escultura tiene la ventaja de que pone los objetos en nuestra dimensión, de la misma forma en que observamos la realidad y de la misma forma en la que los objetos están presentes en nuestro mundo.  Nos ofrece la experiencia de la realidad y de la grandeza del potencial humano (como en el David, de Miguel Angel). El hecho de que la escultura atienda a nuestras facultade de ver y tocar enfatiza su relación con la realidad.  Nuestra capacidad de percibir la existencia de las cosas depende de la vista y del tacto; y sin ellos nuestra capacidad de experimentar la presencia de entes estaría severamente limitada.

El foco principal de la escultura son las personas, los seres humanos; y su valor central es que nos ofrece una vista fundamental de los seres humanos y de su potencial.  Nos muestra que los seres humanos somos capaces de alcanzar logros, de ser felices y de ser inspiradores.

Shaw sugirió que las preguntas principales que debes hacerte cuando ves una escultura son: ¿Qué clase de ser es este? ¿Está floreciendo, o es inspirador? ¿Qué clase de vida vive? ¿En qué clase de mundo vive? La suya, ¿presenta una figura ideal? Cuando veas una escultura se explícito contigo mismo con respecto a qué quieres de ella.  Se muy egoísta cuando veas una escultura.

De las pinturas de Linda Mann voy a decir que me dejaron fascinado.  Yo nunca les había puesto atención a las naturalezas muertes.  En mi escala de mi muy humilde apreciación del arte estaban un escalón abajo de los paisajes, y estos estaban un escalón abajo de las pinturas que involucraban personas y acciones.  Ahora he aprendido el valor de las naturalezas muertas.

Estas nos recuerdan que el universo es inteligible y ordenado.  Nos hablan de perspectiva y de lo importante que es enfocarse y en la importancia, no de los detalles de la realidad, sino de los detalles escogidos por el artista.

De las pinturas que mostró Mann me impresionaron muchísimo una de una vasija griega y un broche, una de un florero de cristal y una tetera japonesa de hierro, y otra de una urna griega preciosa.  Las tres pinturas que -sin duda alguna- le hablan a nuestros sentidos de vida y hacen concretos nuestros valores abstractos.

Objetivismo y libertarianismo:

Yaaron Brook y Onkar Ghate cuestionaron que ideas como derecha e izquierda, o liberalismo y conservadurismo sean apropiadas para etiquetar al objetivismo; principalmente porque el objetivismo es una filosofía y no una ideología política.

Observaron que hay muchas coincidencias entre Ayn Rand y Ludwig von Mises; pero que se aproximan al capitalismo de laissez-faire (cuyo objetivo fundamental es proteger los derechos individuales, que son la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la libertad) desde dos perspectivas muy diferentes.

Yaron y Onkar hicieron énfasis en la importancia de sancionar lo bueno; y no sancionar lo malo.


07
Ago 15

Corrupción e ideología

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Anda por ahí la creencia de que la lucha contra la corrupción no tiene ideología; y eso es cierto en el contexto de que el objetivo de acabar contra aquel flagelo es compartido por tirios y troyanos.   Pero hasta ahí.

Tirios y troyanos, colectivistas e individualistas, no diferimos en los objetivos, sino en los medios.  Coincidimos en que hay que acabar con la miseria y reducir lo más posible la pobreza, por ejemplo. En lo que diferimos es en cómo y ese es el mundo de las ideologías.

De ahí que los tirios podrían querer acabar con la corrupción mediante el incremento del número de controles y de controladores de los procesos; reducir el sector voluntario de la economía y las esferas de acción privada de las personas, y ampliar el sector coercitivo y la esfera de acción estatal; establecer un sistema en el que los intereses colectivos prevalezcan sobre los derechos individuales, repartir privilegios y/o encargarle a una comisión internacional que asuma la responsabilidad propia de los contribuyentes y súbditos.

Los troyanos podrían querer acabar con la corrupción mediante la eliminación de toda posibilidad de decisiones arbitrarias y otros incentivos perversos en el gobierno; reducir el sector coercitivo de la economía y la esfera de acción estatal, y ampliar el sector voluntario de la economía y las esferas de acción privada de las personas; facilitar un sistema en el que los derechos individuales prevalezcan sobre los intereses colectivos; eliminar privilegios y/o facilitar que los tributarios y mandantes asuman la responsabilidad de velar por la probidad.

¡Y aquí estamos en el mundo de las ideas y de las filosofías que nos dividen!  Y hay que elegir porque, como escribió Leonard Peikoff: La mayoría antifilosófica entre los hombres es la más dependiente de las ideas prevalecientes en su época. En tiempos de crisis, aquella necesita la guía de algún tipo de teoría; pero al no estar familiarizada con el campo de las ideas, no sabe que hay opciones frente a las teorías populares. Ella sólo conoce lo que siempre le han enseñado.   De ahí que la lucha contra la corrupción no escape a la batalla de las ideas.

Columna publicada en elPeriódico.