01
Nov 26

Fiambre y una historia en cada plato

 

De todos los platillos tradicionales de Guatemala, el fiambre es el más complejo y cargado de significado. Complejo no solo por la cantidad de ingredientes que lleva, sino por la variedad de estos; complejo también porque cada familia tiene su propia receta y, aunque dos fiambres provengan de una misma receta, serán distintos.

El fiambre que preparamos en casa es una receta que ha evolucionado a lo largo de cuatro generaciones.

Describir el fiambre a un extranjero que no lo ha probado nunca es un reto. He oído a filisteos describir el fiambre como una mescolanza, o una ensalada; pero el más chapín de los platos chapines es mucho más que eso. Es una combinación armoniosa de vegetales, carnes, embutidos, mariscos y enlatados, unificada por un caldillo que le da carácter. La clave aquí es la palabra armoniosa, porque el equilibrio o correspondencia adecuada entre sus elementos es fundamental para un buen fiambre. Los otros elementos son la tradición, la calidad de los ingredientes, la preparación con cariño y la buena compañía para comerlo. Hace unos años leí en Twitter que la verdadera soledad es no tener quién te regale un buen plato de fiambre. Este año disfrutamos mucho los que nos compartieron Majito S., Majito A., Olga M. y Pablito V. de verdad es una dicha recibir sus fiambres.

El que hacemos en casa tiene entre 42 y 45 ingredientes. Lo que llamamos la base tiene arvejas, ejotes, zanahorias, güisquiles, repollo y coliflor, así como butifarras, longanizas, cecina y carnes de gallina, pollo y cerdo. El caldillo se hace con caldos de gallina, pollo, cecina y verduras, y se sazona con vinagre, miel de abejas y el vinagre con el que se han encurtido las remolachas para darle un color delicado. Aparte están los jamones, salchichones, lengua salitrada y otros adornos.

El fiambre que comemos hoy es el plato estelar de la cocina guatemalteca, no solo por su sabor y complejidad, sino porque carga con una historia que nos conecta con nuestros recuerdos y nuestras raíces. En Guatemala, el Día de Todos los Santos y el Día de los Muertos se funden el 1 de noviembre. Esa mezcla no es solo de fechas, sino también de tradición: materializa nuestra versión del Día de Acción de Gracias, con sabores, aromas y texturas nostálgicas y bien chapinas. Este día no se trata de comer por comer, sino de celebrar la vida, el trabajo productivo y, sobre todo, la oportunidad de agradecer que tenemos con quién compartir el fiambre.

El pan de muerto con la receta de Raúl es el mejor, por mucho.

Entre los guatemaltecos, cada familia tiene su receta y la cuida con la solemnidad de quien guarda un tesoro. Pero ¿cuál es el mejor fiambre? Pues ese que sabe al de la casa de los abuelos, al de la familia, o al de los amigos, porque el mejor fiambre es el que nos da un golpe de nostalgia y nos recuerda quiénes somos. El mejor fiambre es el que te conecta con tu niñez, el que te conecta con los que te antecedieron y el que te conecta con los que te sucederán. En mi caso, la receta que hacemos en casa viene con una historia de al menos cuatro generaciones, como si cada cucharada trajera un eco de las manos que lo prepararon antes. Ahí está mi madre, Nora, que la aprendió de mi abuela, Frances, y ella de mi bisabuela, Adela, quien la recibió de su cuñada, Elisa. Cada año, al preparar el fiambre, es como si todas ellas estuvieran en la cocina y en la mesa. Pero nuestro fiambre en casa tiene nuestro propio carácter y la mejor parte es compartirlo con mis hermanos, hermana, cuñadas y sobrinos en compañía de Nora, mi mamá.

Hay fiambres para todos los gustos: rojos, blancos, verdes y, me han contado, también amarillos; los hay ácidos y dulces. En casa, el nuestro tiene un caldillo rosado y destaca el sabor amaderado de la miel. No es un plato fácil: requiere paciencia, buen juicio y el entusiasmo de quien sabe que algo bueno viene en camino. Porque el fiambre es una sinfonía de sabores y texturas en la que cada ingrediente, cada color y cada forma tienen un lugar. En casa, acompañamos el fiambre con el pan de muerto y el pay de calabaza que hace Raúl.

La preparación del fiambre no es asunto de un solo día; se necesitan semanas de planificación y de escoger ingredientes como quien elige recuerdos. Cada año vamos al Mercado Colón a escoger la gallina galana y a La Puerta del Sol a recoger los embutidos, la lengua salitrada y la cecina, porque don Virgilio y su equipo interpretan magistralmente la receta de don Abel. Por supuesto, comer el fiambre es motivo de celebración, pero también lo es el ritual mismo de la preparación: las conversaciones y bromas en la cocina, las anécdotas que inevitablemente reaparecen.

Nora nos enseñó a hacer fiambre y disfruta mucho de comerlo con sus hijos y nietos.

En este contexto, tiene sentido que Halloween se celebre antes del día del fiambre. A primera vista, la Noche de Brujas parece una fiesta siniestra, cargada de símbolos oscuros, pero esa es precisamente su gracia. Bajo toda esa parafernalia, lo que realmente se celebra el 31 es la vida, y se hace mediante la burla de los temores que el misticismo nos ha impuesto. Anoche, mucho de lo que nos da miedo perdió poder. Los monstruos y los fantasmas son excusas para vestirnos de personajes extravagantes y reírnos en sus narices. Por eso, Halloween merece ser celebrado.

Lo del 31 de octubre fue un juego en el que la muerte y sus aliados pierden solemnidad. Con disfraces y risas nos damos permiso para mofarnos de la hechicería, los aparecidos y otros mitos viejos que nos regaló la imaginación. En la Noche de Brujas, el miedo se convierte en diversión entre risas y sustos.

Las fiestas tradicionales son afirmaciones de que la vida es más que existencia y que merece ser celebrada. Por eso, a quienes leen estas líneas les deseo larga vida, prosperidad y paz junto a quienes valoran y aman. En casa celebramos la vida con fiambre y alegría, en familia. Al final, el fiambre no solo se sirve: se hereda.


28
Oct 26

En el Día de San Simón

 

San Simón o Maximón es un personaje de la mitología propia de algunos grupos indígenas y ladinos de Guatemala.  Hace ratos alguien me comentó que a él se le piden favores que no le puede pedir a la virgen María. 

San Simón en mi oficina.

Aunque hace años leí Rituals of Sacrifice: Walking the Face of the Earth on the Sacred Path of the Sun, de Vincent Stanzione, no soy experto en  Rilaj Mam, que es otro nombre del personaje que nos ocupa.  Este San Simón, no debe ser confundido con San Simón, apóstol.

Mi cuate, Andy, tiene un San Simón en su oficina; y mi sobrino, Andrés, me obsequió el que tengo en la mía.  Cuando recién llegó esa imágen a mi oficina un día vi a varios de mis compañeros atisbando desde mi ventana e incluso asomándose por la puerta.  Creí que estaban ahí porque había alguna araña grande de esas que a veces entran a ese espacio…y cuando me acerqué se asustaron (porque los pillé espiando) y nos agarró ataque de risa.  Resulta que se había corrido al voz de que tengo un San Simón  y querían verlo.

En 2019 con Raúl, Lissa y Rachel visitamos al San Simón de Pachilip II, Quiché, y fue una visita fascinante.  La misión de ese día fue visitar a don Antonio Jucúm.  Porque tiene fama de ser un hombre sabio y por su relación con San Simón.  Llegamos a la casa de don Antonio, sin anunciarnos, y fuimos amablemente recibidos por él y por su esposa, doña Josefa que nos animaba a hacerle preguntas y a conversar con confianza.

Más de una vez he oído que hay personas que relacionan la imagen de San Simón de San Andrés Itzapa con el ex presidente Manuel Estrada Cabrera. La razón principal es de tipo icónico y contextual: La representación del San Simón de aquella población de Chimaltenango es la de un hombre de apariencia ladina, o mestiza, vestido con traje oscuro formal, sombrero, bigote y a menudo con cigarro, o cigarrillo. Esa estética se asocia visualmente a la imagen de un político, o autoridad poderosa de finales del siglo XIX y principios del XX.

El culto en Itzapa tiene un carácter más ladinizado, o mestizo que el de Santiago Atitlán (donde predomina el Rilaj Mam con rasgos más claramente indígenas y rituales de cofradía tradicional). El período de visibilidad y expansión de esta forma del culto coincide, en la memoria popular, con la larga dictadura de Estrada Cabrera y su fuerte culto a la personalidad.

Si visitas Carpe Diem con frecuencia sabes que no soy mistico, ni me interesa el misticismo de cualquier color y sabor.  Sin embago, desde una perspectiva ética, antorpológica, periodistica y de pura curiosidad, me encantan las tradiciones y creencias populares. Estoy convencido de que uno se enriquece culturalmente cuando conoce variedad de tradiciones y creencias.


25
Oct 26

Sabores que invocan recuerdos

 

Tres delicias alegres de octubre se juntaron este fin de semana: el pan de muerto, los salchichones y el primer fiambre de la temporada.

Pan de muerto, sandwich con salchichones de la temporada y fiambre de Majito S. y Rosario.

El pan de muerto —elaborado con la receta de Raúl— tiene un carácter particularmente delicioso subrayado por su sabor de anís en la masa y su crema bávara subrayada por su sabor de naranja. Sus sabores, aromas y texturas no sólo acarician los sentidos, sino que acarician el alma e invocan recuerdos.

También invocan recuerdos los salchichones propios de la temporada: lengua con sangre, queso de cerdo y gelatina de cerdo. Antes se conseguían en otros meses; pero ahora sólo en octubre. Delica se luce con estos productos que se hacían presentes de cuando en cuando en la casa de mi abuela Frances. Los dos primeros me gustan mucho en sándwiches y la gelatina me encanta en cubos, aderezada con cebolla, sal, pimienta, aceite de oliva y vinagre de manzanas.

Finalmente, el fiambre de Majito S. y de Rosario. Sin duda alguna, este fiambre es uno de mis cinco fiambres favoritos (incluido el que hacemos en casa, por supuesto). Todo buen fiambre tiene tres toques importantes: ingredientes de la mejor calidad, armonía y haber sido hecho con cariño. Igual que el año pasado lo disfrutamos en compañía encantadora, de modo que además de gozar ese plato tan chapín bien elaborado, nos divertimos como micos con Alessandro, Santi, Nancy, Laura, Raúl y nuestras magníficas anfitrionas.

Así se cierra el fin de semana: con el estómago lleno, la memoria despierta y la certeza de que algunas tradiciones no necesitan más justificación que el gusto de quienes las disfrutamos.


28
Sep 26

Convites en la Sexta avenida

Desde las nueve de la mañana nos apostamos en la Sexta avenida de la zona 1 para ver el paso del Encuentro de Conviteros. Desde que vi mi primer convite siempre me han divertido mucho este tipo de tradiciones y me gusta verlas en mi barrio, en ferias y en otras festividades.

Escenas del Encuantro de Conviteros en la ciudad de Guatemala.

Es difícil escoger a los favoritos, pero me encantaron las señoras de Cuilapa, Santa Rosa y los conviteros de Nebaj y Cotzal. Son fascinantes los detalles que tienen los conviteros de Quiché. ¡Ah, y los gorilas estuvieron geniales! Me encanta cuando los conviteros lo dan todo en el desfile y en el baile. Esa alegría se transmite al público y el público la devuelve en reciprocidad. Tanto niños como ancianos disfrutan de la música, los disfraces, las ocurrencias y los bailes. Es admirable cómo se entregan los conviteros, sobre todo cuando van sudando intensamente dentro de los trajes.

Este año —que es el segundo encuentro— participaron 139 grupos de distintos lugares. Unos salieron del Parque Morazán o Parque de Jocotenango y otros del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias y desfilaron por la Sexta avenida rumbo a la Plaza de la Constitución. En ese lugar histórico, el presidente Arévalo recibió el abucheo correspondiente.

Es alegre la tradición de los convites.

¿Has visto un convite?

El primer convite que vi fue en Panajachel, cuando tenía unos 6 años. Recuerdo que no me lo esperaba y que me impresionó mucho lo grandes y cabezones que se veían los personajes. Recuerdo que seguí al cortejo hasta la cocina del Hotel Casa Contenta, donde nos dieron gaseosas y pastel, y que varios de los trabajadores bailaban disfrazados. Entre ellos, Mariano, que siempre fue muy atento y deferente conmigo y con mis padres.

En Guatemala hay convites muy célebres como el de Sumpango, el de Villa Nueva, el de Mixco, el de Ciudad Vieja y el de Quiché. Pero, ¿qué es un convite? Es un desfile danzante de parejas —generalmente de hombres— que van disfrazados de personajes humanos y de caricaturas, así como de personajes de fantasía, y bailan por las calles de las poblaciones.

https://www.tiktok.com/@luisficarpediem/video/7690409415924567316

Este año fuimos en compañía de Sergio, William y Sylvia.


27
Sep 26

Pasteles de Luna a último minuto

 

Celebramos el Festival de Medio Otoño con pasteles de Luna a pesar de que estuvimos así de cerca de no poder hacerlo.

Pasteles de Luna para el Festival de Medio Otoño.

Es una costumbre china que también se conoce como el Festival Zongquiu. Para el mismo son elaboradas aquellas delicias que tienen rellenos riquísimos y suelen estar decoradas con caracteres que aluden a la felicidad, la longevidad y otros buenos deseos, acompañados por imágenes de flores y conejos entre otros.

A mí me gustaron desde la primera vez que los probé, seguramente allá por finales de los años 90, gracias a mis amigos de Taiwán; y desde entonces siempre estoy pendiente de que salgan a la venta a mediados de septiembre. Los hay sin huevo y con huevo. Los primeros no serán ajenos al gusto occidental y de hecho pueden recordar algunos dulces tradicionales chapines hechos con camote; pero los segundos sí son un gusto adquirido que, a quienes nos fascina la comida oriental, nos parece encantador.

El año pasado no pudimos degustarlos porque en Lai Lai nadie supo informarnos cuándo estarían a la venta. Este año pasó lo mismo. ¿Quién salvó la situación? Agrochina. Mis amigos José Eduardo y Carmina me contaron que allí habían y en efecto allí encontré.

¡Feliz Festival de Medio Otoño, que también es conocido como Festival de la Luna!


26
Sep 26

Cocina mesoamericana con carácter

 

María Elena Cortés es cocinera mixteca, de Izúcar de Matamoros en México, viene de una larga tradición familiar vinculada a los fogones y a los ingredientes y platillos tradicionales de aquella región.  Encontré una entrevista con ella en la que expresó dos ideas que recogieron muy bien mis propios pensamientos y sentimientos hacia la comida tradicional mesoamericana y te los comparto no solo porque son agudezas, sino porque ella y su historia son encantadoras.

María Elena Cortés fue entrevistada por El sabor de Puebla. Haz clic en la foto para ver la entrevista. Foto de El sabor de Puebla.

La primera frase aguda es: Los platillos tradicionales no se necesita ponerlos guapos, ya ellos tienen su propio carácter y belleza. Entiendo que un buen un buen recado, un buen subanik, un buen jocón y un buen tamal no necesitan ser emperifollados en su emplatado para tener identidad propia, que se reconoce al primer bocado y no se confunde con nada más; es decir, para evidenciar el sello que dejan el fuego, la tierra y la mano. El carácter viene del tostado en comal; la molienda (aunque sea en licuadora); del equilibrio entre lo amargo, lo picante, lo terroso y lo dulce; y del ingrediente local, o de temporada (como los anacates, o los lorocos).Un platillo con carácter se reconoce con los ojos cerrados.

En mi opinión se exceptúa el fiambre guatemalteco cuya guapura es parte muy importante de su carácter.

La segunda frase aguda es: ¿Como para qué quiero yo un mole encapsulado? Pregunta retórica que expresa cierta incompatibilidad entre el carácter propio de la comida tradcional mesoamericana y el espectáculo, el minimalismo y la química de la comida molecular. Cuando un platillo no es una receta, sino una voz, esa voz viene de las cocinas y los fogones de generaciones atrás y la pregunta no cuestiona si el producto químico está rico, o no; sino que se refiere a que el procedimiento sobra, como no sea por espectáculo, o moda.

Por supuesto que comparto el fondo de las dos frases de María Elena y me quito el sombrero para celebrar su arte y su compromiso con la comida mesoamericana y su carácter. 


14
Ago 26

Amigos y la Feria de Jocotenango

 

En la ciudad de Guatemala, la Feria de Jocotenango -alrededor del 15 de agosto- es la antesala a lo que en inglés se llama los ber months. Estos se llaman así porque llevan el sufijo ber: September, October, November y December; meses que se caracterizan por ser oportunidades para los encuentros familiares y de amigos, así como por ser la cuenta final del año.

¡Por supuesto que pasamos saludando a doña Josefina y compramos dulces!

Entre mis amigos ir a la feria es una tradición que celebramos Carmina, Danilo, Raúl y yo; y a veces tenemos la dicha de que se nos unen Sebastián, El Ale y otros más.  Ya entrado septiembre vienen las antorchas y desfiles, así como el pot luck de Independencia; Halloween, el Día de los muertos y el fiambre; y por supuesto que la Nochebuena, la Navidad y el Año Nuevo para concluir un diciembre de múltiples festividades.

De vuelta a la feria, este año comimos en la garnachería El Trebol,  La carne de sus garnachas estaba muy bien guisada y sus tortillas eran delgadas y tostadas.  También comimos churros Velveth. Es una lástima que ya no podamos comer elotes asados, tacos fritos, atol de elote como antes.  Este año se me olvidó ir al tiro al blanco y regresé sin premios. 

Es impensable ir a la Feria de Jocotenango y no comer garnachas.

Muy chistosos fueron un Stitch y un Snoopy que se movían de forma graciosa; pero más chistoso fue un conejo que se movía acosador sobre un capibara.  Ya los verás cuando pases por el TikTok correspondiente.

Visitamos el Mapa en Relieve, hecho durante el gobierno de don Manuel Estrada Cabrera, por los ingenieros Francisco Vela y Claudio Urrutia.  No sólo estaba bien cuidado y pintado como siempre, sino que lo vimos al atardecer con una iluminación muy apropiada.  En el Océano Pacífico, había animadores que promovián carreras con barquitos iluminados y fue muy alegre ver a la gente compitiendo.

Los churros fueron el postre y me comí un vasito entero.

¡Por supuesto que no dejamos de pasar a  saludar a doña Josefina, que, acompañada por su hija Yolanda, atienden una tienda de dulces tradicionales.  Ahí compramos conserva de coco que estaba fresca, dulce y sabrosa, y que estoy degustando mientras escribo estas líneas.

Tradición centenaria

En Cuadros de Costumbres, José Milla escribió que la Feria de Agosto en la ciudad de Guatemala no sólo es un evento comercial y de esparcimiento, sino un espectáculo social. En aquella obra, Pepe Milla escribió que Me dirigí al lugar de la escena, armado de mi espíritu de observación, como quien lleva un telescopio para ver de cerca los astros, o un lente para tomar una fotografía. La plaza y las calles de Jocotenango estaban blanqueadas por disposición de la policía, y los árboles seculares que sombrean el lugar parecían mirar con desdén el movimiento de la feria. […] La feria de Jocotenango es un pretexto: los que van a comprar bueyes o mulas son pocos; los más van a ver y a ser vistos, a comer dulces, a beber chicha, a divertirse con las ocurrencias del pueblo.

Me encanta la rueda de Chicago; pero por papo y me vuelvo a subir a una.

No sólo José Milla escribió sobre la feria en el siglo XIX. En Tiempo viejo (citado por crónicas históricas), Ramón A. Salazar escribió que en el Jocotenango de antaño, la feria de agosto era un hervidero de gentes de toda laya: indios con sus bestias, criollos en carruajes, y hasta los señoritos liberales que venían a lucir sus trajes. El hipódromo, orgullo del gobierno de Barrios, atraía a las multitudes, y las calles se llenaban de puestos de comida, de chicha, de baratijas. Era un cuadro vivo de nuestra Guatemala, con su bullicio y su color.

Vista del Cinturón de Fuego del Pacífico y de la costa sur en el Mapa en Relieve.

Y Antonio Batres Jaureguí anotó que la feria era el gran acontecimiento de agosto donde los indígenas traían sus productos, los criollos sus carruajes, y todos se unían en un festejo que mezclaba lo sagrado con lo profano, bajo la sombra de los árboles y el tañer de las campanas.

Recuerdos de niño

Mi primer recuerdo de la Feria de agosto (como también se la conoce para distinguirla de la Feria de noviembre, que era la de don Jorge Ubico) es de cuando estaba en primer grado de primaria. Mi padre y mi tío Freddy nos llevaron a mi hermano y a mí; y en el tiro al blanco me gané una botellita de vino que mi mamá usó para sazonar un pollo.

También recuerdo que me dio miedo pasar junto a las carpas en las que eran exhibidas la mujer araña y el niño gusano. ¿Por qué es que ya no hay ese tipo de espectáculos en la Feria de Jocotenango? ¿La gente dejó de disfrutar de aquella candidez? En 2007, en la Feria de verano, en Coatepeque había un espectáculo de Mariacandunga, la peluda, y ¿vas a creer que no entré?

En mi primera visita a la Feria de agosto recuerdo que subimos a uno de esos aparatos que dan vueltas y que me bajé totalmente mareado. No volví a sentir nada tan espantoso hasta hace unos años, en Sumpango, cuando tuve la mala idea de subirme a la rueda de Chicago.

De la feria me fascinaba cómo cantaban lotería; y en casa mi tía abuela La Mamita imitaba muy bien a los de la Feria: ¡El Sol, cachetes de gringo! ¡El negrito, calzón rayado! ¡La muerte quirina, que andando se orina! Ojalá me acordara de más de esas frases, que no volví a oír hasta 2016.

La tarde estuvo por demás alegre y agradable.

Fiesta que no muere

La Feria de Agosto es más que una tradición; es un lienzo vivo donde se pintan las risas, los sabores y los recuerdos de Guatemala. Es el lugar donde el pasado abraza al presente, donde las garnachas y los dulces de doña Josefina nos recuerdan que la vida se saborea en compañía. Así que no dejes pasar la oportunidad: ve con tus amigos, o con tu familia, visita Jocotenango y déjate llevar por el bullicio de esta fiesta que, como dice el lema de Carpe Diem, nos invita a apoderarnos del día.

https://www.tiktok.com/@luisficarpediem/video/7674083364462595348


09
Ago 26

Cocina chapina habla en recados

 

En Guatemala, un recado es más que un sofrito. Es un sofrito a la N potencia: un sofrito cuyos ingredientes pueden ser fritos, tostados y asados.

Los recados hablan en voz alta: de las escudillas al alma, en los fogones y en las mesas.

En las casas de mis abuelas y en la de mis padres se comían los recados más comunes de la gastronomía chapina: amarillo, pulique, pepián, jocón y el más favorito de ellos, el subanik, pero este era preparado por la inigualable doña Estelita de Alburez. Mi tía abuela, La Mamita; mi nana, Elena; mis padres, Luis y Nora, y Marina Domingo eran magníficos preparadores de recados. Cuando era niño, todavía vi a La Mamita moler en piedra, como se hacía hasta antes de las licuadoras. En casa, siempre que es posible, comemos los recados en escudillas.

Los recados son una combinación poco más, o menos compleja y armoniosa de vegetales, semillas, hierbas y especias, que sirven como salsas, por decir algo, en las que generalmente se cuecen carnes de aves, cerdo, res, otros mamíferos, mariscos e incluso reptiles.

Te cuento esto porque hoy asistimos al encuentro gastronómico Recados de Guatemala, organizado en el antiguo claustro de Santo Domingo en la zona 1 de la ciudad de Guatemala y coordinado por Brenda.. El mismo fue una iniciativa del INGUAT.

Los recados les hablan a quienes saben escuchar su lenguaje de fuego, piedra y memoria.

La variedad de ofertas de recados, de todo el país, fue espectacular. Hubo 27 puestos de degustación a cual más colorido, aromático y alegre. Se aprende mucho en cada uno de ellos y, por ejemplo, yo no sabía que el chile cobanero, en realidad, es chile cahabonero (porque se origina en el municipio de Cahabón).

No es aventurado decir que el recado es el eje de la cocina chapina y, por consiguiente, uno de los pilares del mestizaje. Durante el acto de inauguración, alguien mencionó que Claude Lévi-Strauss, el antropólogo, propuso que la cocina es un lenguaje que transforma los elementos de la naturaleza en cultura y estoy de acuerdo. Es un lenguaje de amor, y es un lenguaje que involucra los cinco sentidos alrededor de los fogones, los asadores, los poyos, las estufas y las mesas. ¡Ah, las mesas! En las mesas bien, o mal puestas, y en las mesas de amigos, familiares y seres queridos, es que aquel lenguaje alcanza su expresión última. Porque tan lenguaje es una tortilla con queso preparada por las manos de una abuela, como el subanik, o los tamales preparados por otra. 

De los 27 puestos que había, sólo pudimos visitar cuatro por motivos de tiempo; pero los cuatro fueron deliciosos. Por supuesto que empezamos con el puesto de pinol de gallina, de la queridísima doña Olga de Chajón, de San Juan Sacatepéquez. Porque la vida de cuando en cuando nos da regalos invaluables: a doña Olga y a su pinol los conocemos desde hace años. Ese pinol es lo puro utz.

También probamos la carne disecada en salsa, de doña Raquel Santos, de Santa Cruz la Laguna. Doña Rebeca Carolina Sacalxot, de Cantel, se lució con un quichom y recado de haba seca que iba acompañado de un arroz delicioso y magistralmente preparado. Riquísimo el plato de doña Saida, de La Antigua Guatemala.

Al final, lo que queda no es solo el sabor hallado en cuatro puestos, sino la certeza de que los recados siguen hablando en voz alta: de las escudillas al alma, en los fogones y en las mesas donde se reúnen quienes todavía saben escuchar su lenguaje de fuego, piedra y memoria.


02
Ago 26

Caldo colorado, pan y amistad

 

La fiesta del caldo colorado, una tradición de Mixco, es importante para nosotros en la casa. En primer lugar, porque nos reúne a amigos queridos alrededor de la mesa para celebrar la vida; y en segundo lugar, porque ese caldo mixqueño es una delicia.

El caldo colorado se sirve hirviendo.

Nos la gozamos gracias a la invitación de Majito A. y a las manos virtuosas de la familia Yantuche. En sus ollas y en sus fuegos los huesos y carne de res, tomates, tres tipos de chiles, clavos de olor, pimienta gorda y de Castilla, achiote, canela, cebollas, ajos, culantro, güicoyes sazones, repollos y güisquiles se mezclan armoniosamente para el placer de los sentidos y del espíritu.

A nosotros nos gusta disfrutarlo acompañado por aguacates y tortillas negras, y ¿cómo no?, por Gallo heladas y Orange Crush!

La fiesta comenzó al llegar a casa de Majito A., donde su mamá y su familia nos ofrecieron refresco de rosa de Jamaica para refrescarnos y luego emprendimos camino rumbo al salón donde se come el caldo. ¿O se toma? Un caldo como este, ¿se come, o se toma?

El caldo colorado es rojizo, su color vibrante proviene del achiote y los chiles, que le dan un tono intenso. Es ahumado, su aroma tiene notas profundas y ligeramente ahumadas por los chiles tostados. Su sabor destaca por un toque picante que estimula el paladar. Es cálido porque evoca una sensación reconfortante, con un equilibrio de especias y caldo. Es sabroso, rico y complejo, con matices de tomates, achiote y carne.

Este año no llovió y, como en otras ocasiones, me cuesta no enrollarme en un rincón y dormir la siesta luego del caldo.

El caldo colorado ofrece aromas, colores, sabores, texuras y experiencias.

La decepción del día nos la llevamos cuando llegamos a la tienda María Valdéz en busca de huevos chimbos, y doña Carmen nos informó que ya se habían terminado. Fue nuestro error no llamar antes y apartar aquellos delicados y exquisitos dulces tradicionales. Los huevos chimbos son un postre antiguo preparado con yemas de huevo, azúcar y canela, y doña Carmen —que es la tercera de una dinastía mixqueña— le añade un piquete al almíbar. Esa tienda y su propietaria son joyas de aquella población y de la dulcería tradicional de Guatemala; además, ella atiende con mucha gracia, encanto y generosidad. El año entrante no se nos olvidará llamar antes de ir para allá.

Tristones, pero no desanimados, nos dirigimos a la Panadería San Francisco en busca del célebre pan dulce de allá. Es como el buen pan que hemos comido en lugares como Quiché y Totonicapán. Royales, shecas, gallinitas, conchas, cachitos y cubiletes deliciosamente memorables. Así que llevamos unas bolsas para comer en casa de Majito, donde nos esperaba el café, y un par de bolsas para llevar a casa. Este año nos juntamos Majito A., Majo S., Alessandro, Sergio, William, Raúl y yo.

El pan de la Panadería San Francisco es un placer.

El domingo  26 de julio del 2026 no vimos los convites y si bien es cierto que extrañé esas experiencias alegres, también lo es que aprecié mucho el relajamiento y la menor exposición al Sol.

Y así, entre el rojo intenso del caldo, el sabor de la amistad y el pan caliente, Mixco nos regaló otra de esas tardes que se quedan pegadas al alma.

https://www.tiktok.com/@luisficarpediem/video/7667419616364317972

Haz clic aquí para ver el TikTok de esta exeperiencia. 


05
Abr 26

Pascua y la luz que vuelve

 

La fiesta de Pascua o Easter es una de luz, vida y fertilidad y por eso nos gusta en casa. El día comenzó con por lo menos media hora de campanadas en la iglesia de la Villa de Guadalupe y siguió con un desayuno de chilaquilas con chirmol y frijoles parados con crema de Acul, Quiché. Este año no se me olvidó comprar conejo y chocolates, que acompañamos con pastelitos que uno de mis hermanos trajo ayer.

El conejo de Pascua nos visitó este año.

Desde hace milenios es motivo de fiesta el inicio de la temporada en la que las noches son más cortas, en la que hay más horas de luz y cuando la primavera trae la fertilidad y la vida. Los colores propios de esta fiesta antiquísima son los del amanecer y los de la vida suave, agradable y tibia propia de la primavera, cuando hay luz y hay vida. Mi abuela, Frances, solía estrenar ropa en esta fiesta y los colores que usaba eran los propios de la celebración.  También solía preparar almuerzos muy ricos, que normalmente incluían pays.

El lenguaje de los colores  es importante porque los de Easter contrastan notablemente con los de la Semana Santa que son el negro y el morado.  El negro es el color de la muerte, de lo oscuro, de la soledad, del vacío de la noche, de la tristeza y del mal; y el morado (violeta, o púrpura) es el color del poder, de la magia y de la fe (vis a vis la racionalidad); es el color del confesionario y por consiguiente de la culpa, en contraste con la responsabilidad y es el de algunos ritos funerarios.

Cuando yo era chico, el conejo (animal que es imposible no relacionar con la fertilidad) llegaba a la playa, a Panajachel, a la casa porque mis padres acarreaban huevos de chocolate, o de almendras. Sin que los niños nos diéramos cuenta, mis padres y tíos escondían los huevos en el jardín y en el momento oportuno nos decían que el conejo había llegado y que saliéramos a buscar los huevos. Cuando crecimos, a los mayores se nos enviaba a alguna habitación lejos del jardín y —aunque ya sabíamos quiénes escondían los huevos, y que no había tal conejo— igual disfrutábamos de salir a buscar y encontrar sus dulces y preciados obsequios.

El conejo en la Luna

Según una leyenda de Chiconamel, en Veracruz, México, un dios ocasionó un diluvio universal; y un hombre y su familia se salvaron de ahogarse porque se escondieron en un cajón, siguiendo el consejo que les dio un conejo. El dios en cuestión se enteró de los sobrevivientes cuando estos encendieron fuego para asar pescados; y entonces castigó al conejo que, por haber salvado a los hombres, fue condenado a alumbrarlos y fue transformado en la Luna. Esto lo leí en Imágenes de la mitología maya, por Oswaldo Chinchilla.

Desde tiempos muy antiguos, el conejo era un símbolo de la fertilidad asociado con la diosa fenicia Astarté, a quien además estaba dedicado el mes de abril.En recuerdo de aquella diosa, a la festividad de pascua se la denomina Easter en algunos países. Esto es porque también era la festividad de la primavera para honrar a la diosa teutónica de la luz, a quien se conocía en el mundo anglosajón como Easter. Para el siglo VIII los anglosajones ya habían tomado dicho nombre para la fiesta que celebramos en este día. Astarté es Ishtar y esta, en el cielo en esta temporada, es Venus, el lucero brillante que ves al atardecer. No sorprende que Venus también fuera conocido como Lucifer, el traedor de luz, alegoría propia del inicio de la primavera.

¡Por supuesto que no celebro dioses, ni diosas, pero sí lo que representan aquellos mitos: la fertilidad, la vida, y la luz!

Fiesta en el barrio

En la Villa de Guadalupe, que es mi barrio, la Pascua se celebra con procesión y cohetes aqi que hoy está muy alegre por aquí. Este, por cierto, será el último año que veré la procesión sobre la 20 calle y 14 avenida porque el año entrante habrá un edificio tapando la vista.

Mientras los cohetes alegran el barrio, queda claro que esta fiesta no es solo un recuerdo del pasado: es la afirmación terca de que la luz siempre regresa, más fuerte que cualquier sombra.