10
May 17

El Día de la madre no es el del sacrificio

Es tradición -en este espacio- que en el Día de las madres comparta con los lectores estas meditaciones; especialmente para quienes son nuevos aquí.

Hoy que es Día de la Madre; y leo por ahí y encuentro doquiera parte numerosas alusiones al sacrificio de las madres y a las madres sacrificadas. Y pienso…¿es a sacrificio a lo que se refieren? Por ejemplo, si una madre deja de comer para darle alimentos a sus hijos, ¿se está sacrificando?

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La creencia general es que sí. Qué si una madre deja de ir al cine con sus amigas para quedarse a cuidar a su hijo pequeño, eso es un sacrificio. Qué si una madre deja de hacer cosas que hacía antes para ahorrar y tener plata con qué mandar a su hijo a la universidad, eso es sacrificio. Y así sucesivamente.

Empero, un sacrificio es, primero que nada, una acción a la que uno se sujeta con gran repugnancia, o sujetarse con resignación a una cosa violenta. Es abnegación, que a su vez es renunciar uno a sus intereses y a sus propias valoraciones. Hay sacrificio, por ejemplo, cuando uno entrega algo de más valor (para uno), a cambio de algo de menos valor (para uno). Ahora bien, si la madre valora (ama, quiere, respeta, admira y demás) al hijo y deja de comer por él, o deja de ir al cine con sus amigas, por él, ¿dónde esá el sacrificio? Si la madre valora y se interesa por su hijo más que por el cine, por decir algo; ¿dónde está la abnegación?

Es evidente, en aquel caso, que la madre cambia algo que valora (comer, o ir al cine), por algo que valora más (su hijo). No hay repugnancia, ni resignación frente a la violencia. Al contrario.

Entonces, ¿qué es eso que en los medios masivos y en la cultura popular se conoce como sacrificio maternal? Es costo de oportunidad.

Sí, por ejemplo, una madre invierte el tiempo y dinero que tiene en cuidar a su hijo, no puede gastarlos en ir al cine con sus amigas, y en otra cosa. El costo de oportunidad es el valor del siguiente uso alternativo más valorado, para los recursos escasos que una madre (o cualquiera) tiene. El costo de oportunidad de ir al cine es el amor hacia el hijo (porque lo valora más). Si el mejor siguiente uso alternativo de tiempo y dinero para cuidar al hijo amado es ir al cine; entonces el costo de oportunidad de cuidar al hijo es el placer de ir al cine. No hay tal sacrificio en este tipo de relación voluntaria y natural. El costo de oportunidad se manifiesta, también, cuando una madre decide dejar de hacer cosas en el corto plazo, para conseguir o alcanzar otras mejores, en el largo plazo.

Claro que otro es el caso si se diera el uso de violencia; es decir, si la madre fuera obligada a cuidar a un hijo que no quiere, que no ama, que no respeta, que no admira. Entonces sí habría sacrificio, porque hay intervención de violencia que puede ser física, o no. Y claro, ese no es el tipo de relación que admiramos entre una madre y su hijo (o al revés).

En este Día de la Madre, no celebremos el sacrificio, la repugnancia, ni la violencia. Por mi parte, celebró a mi madre, Nora; cuyos amor, gozo por la vida, generosidad y buen juicio han estado a mi lado tanto en los días de fiesta, como en los días adversos. Gracias por haberme valorado, y por nunca haber considerado la posibilidad de que yo fuera objeto de tu sacrificio.

¡Salud!…y de paso ¿sabías que la maternidad moderna y la infancia moderna tal y como las conocemos son consecuencias del capitalismo? ¡Ni te imaginabas! Te recomiendo: Capitalism created modern motherhood.

El vídeo es de mamá pata y sus patitos en la fuente de la Biblitoteca Ludwig von Mises, de la Universidad Francisco Marroquín.


01
Ene 17

Este 2017

101-tamales-luis-figueroaSi 2016 te trajo una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra; deseo que 2017 multiplique las cosas buenas para ti y tu familia.  Si 2016 no fue generoso, va un abrazo y la esperanza de que 2017 sea maravilloso.

Me gusta repasar los consejos para el Año Nuevo, por B. Franklin. Por supuesto que no estoy seguro de si yo podría practicarlos todos; porque si bien es cierto que ya hace añales que no bebo hasta la ebriedad, muchas veces como más de lo necesario.  Y lo de la castidad, ¡vamos, no entiendo por qué es que la primera parte está incluida!; sin embargo, la segunda parte tiene sentido.

En cuanto a la humildad, ¿qué tal si cambiamos esta por orgullo?

Si tuviera que elegir tres que necesito practicar, sigo con: resolución, frugalidad y serenidad…y así es cada año.

Las virtudes de Franklin, son:

Templanza: No comas hasta sentirte harto. No bebas hasta la ebriedad.

Silencio. No hables más que aquello que pudiera beneficiar a otros o a ti mismo. Evita las conversaciones triviales.

Orden: Ten un lugar para cada una de tus cosas. Ten un momento para cada parte de tu trabajo.

Resolución: Comprométete a llevar a cabo lo que debes hacer. Haz sin falta lo que te comprometes a llevar a cabo.

Frugalidad: No gastes más que en lo que pueda hacer el bien a otros o a ti mismo. No desperdicies nada.

Trabajo: No pierdas el tiempo. Ocúpate siempre en algo útil. Elimina todo acto innecesario.

Sinceridad: No lastimes a nadie con engaños. Piensa con inocencia y con justicia. Si hablas, hazlo de acuerdo con esto.

Justicia: No perjudiques a nadie, ni haciéndole daño ni omitiendo lo que es tu deber.

Moderación: Evita los extremos. No guardes resentimientos tanto tiempo como puedas creer que lo merecen.

Limpieza: No toleres la falta de limpieza, ni en el cuerpo, ni en la ropa, ni en la vivienda.

Serenidad: No te dejes alterar por nimiedades, ni por accidentes comunes o inevitables.

Castidad: Recurre al acto sexual rara vez, y esto por motivos de salud o descendencia; pero nunca hasta sentirte harto o débil, y sin que llegues a afectar tu propia paz o reputación o la de otra persona. Ya lo dije arriba, pero lo repito: La primera parte es un disparate; pero la segunda tiene sentido.

Humildad: en todo caso…sugiero cambiar esta por Orgullo: ese que es consecuencia de la autoestima y de la productividad.

A los lectores de Carpe Diem: ¡Que 2017 les traiga, a ustedes y a sus familias, felicidad y prosperidad!

Esta columna fue publicada en elPeriódico.


13
Dic 16

¡Noche de toritos!

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¡Siete toritos vimos anoche! y los dos mejores fueron el primero y el séptimo. Los toritos son mis juegos pirotécnicos favoritos, no sólo por el despliegue de luces, colores e ingenio; sino porque son emocionantes. Es alegre y emocionante acercarse a coquear al torito y salir corriendo cuando lo persigue a uno; y también es emocionante cuando uno lo está grabando y el torito se acerca echando chispas y humo.

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Cuando era niño, los relatos de mi tía abuela, La Mamita, acerca de toritos durante las festividades tradicionales me maravillaban. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta hace relativamente pocos años que vi el primero. Desde entonces pocas cosas me divierten tanto como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus fuegos y sus colores entre la gente que se les acerca y les huye.


07
Dic 16

Quema del diablo, sin diablo

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Este año no tuvimos una quema del diablo apropiada; pero no por eso dejamos de celebrar la fiesta.

Subimos al tejado y vimos las docenas y docenas de fuegos artificiales en la ciudad. También disfrutamos del aroma a pólvora y a fogarones que nos envolvió. Esta es una perspectiva que no habíamos visto en esta fecha porque normalmente estamos en la calle dandole fuego a Lucifer.  Por cierto que Venus, que es Lucifer o el dador del luz se hallaba impresionantemente brillante en el cielo. En esta fecha se recuerda también a Prometeo, el dador del fuego o de la luz. Héroe que, como Lucifer, se rebeló contra la tiranía de los dioses. También se destacaron en el cielo de esta noche Vega, Altair, Marte y Fomahault que estaban notablemente en fila.

Desde otro ángulo, hoy comienza la serie de festividades chapinas conocida como Concepción-Reyes; serie que concluye el 6 de enero. Temporada de tamales, ponches y otras delicias, acompañadas por los incomparables aromas de los  pinabetes y las manzanillas.


12
Nov 16

Arbol Gallo y fiestas de fin de año

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Con la iluminación del Arbol Gallo empiezan las fiestas de fin de año en Guatemala.  Miles de personas se reúnen en los alrededores de la plaza donde es encendido este ícono del fin de año chapín.  En la Avenida de la Reforma y en la Avenida de las Américas las familias llegan desde temprano para encontrar buenos lugares y pasar un sábado alegre.

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Con mi cámara no se aprecia bien el árbol; pero desde mi balcón me disfruto mucho sus luces y sus colores; así como la exhibición de fuegos artificiales que acompaña su inauguración.  El niño que hay en mí se maravilla con todo esto y desde ya empieza a desearles a los lectores de Carpe Diem, que estas fiestas las vivan en paz, con alegría y junto a sus seres queridos. Que 2017 te traiga tu chiva, tu burra negra, tu yegua blanca y tu buena suegra.

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¡Let the games begin!


19
Oct 16

¡Diez años de Carpe Diem!

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¡Este espacio, Carpe Diem, cumple 10 años gracias a tí!  Sin los lectores, sin los que comparten en Facebook y Twitter los comentarios que publico aquí, es posible que nunca hubiera llegado a este aniversario.

En octubre de 2006 cuando empecé a publicar aquí leí que un verdadero bloguero debería publicar todos los días durante dos años seguidos.  Y bueno…aquí he estado casi todos los días desde hace 10 años.  ¡Pop!, véase la espuma del cava salir por la boca de la botella.

¿De qué se trata este espacio? Carpe Diem significa Apodérate del día y resume bien mi visión del mundo. La libertad es el valor fundamental que guía mi vida y mis reflexiones en Carpe Diem. Vivo en Guatemala, un país que aún está por ser construido y en el que los derechos individuales y la igualdad ante la ley son precarios. Por eso, aquellos son mis temas favoritos para estos comentarios. Con todo y todo, este espacio -políticamente incorrecto- existe al amparo del artículo 35 de la Constitución de la República; y del 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (por si acaso). Me gustan la cocina, la lectura y la compañía de mi familia y de mis amigos. También me gusta pasar tiempo conociendo mi país y a su gente. Al perpetrar Carpe Diem comparto con los lectores algunas reflexiones y experiencias en busca de lo que es bueno, lo que es bello y lo que es pacífico.

¡Por la libertad y la razón! ¡Le haim!


18
Sep 16

Las fiestas del 15 de septiembre

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Como todos los años, me disfruté las fiestas del 15 de septiembre.  Este año, sin embargo, me enfoqué en las del Centro y de la Plaza de la Constitución, en vez de concentrarme en las del Obelisco y las antorchas.  Haz clic en la foto para ver más fotos.

¡Ya sabes que son fan de las antorchas! Pero quería ver la perspectiva de las bandas con más detenimiento…y no me decepcionaron.

El mismo espíritu cándido, jóven, festivo, alegre, y divertido que hay en el Monumento a los Próceres, hay en la Plaza y en las calles y avenidas del Centro.  Sólo cuando uno ha estado allá puede experimentar la importancia de esta fiesta en los chapines, que, a veces, pareciera que no tenemos mucho que celebrar.  Empero, ¡siempre se puede celebrar la vida!, siempre se puede celebrar que estamos aquí y que podemos disfrutar de los buenos momentos.  Especialmente cuando se es jóven y cuando no se es cínico.

Es cierto que las antorchas y las bandas estropean el tráfico; pero, ¿no lo hacen también las procesiones (que duran 50 días) y no lo hace también la carrera 21K? Sospecho que los grandes festivales populares son parte del costo de vivir en una ciudad.  Es como cuando tu vecino tiene una fiesta y no te dejan dormir la marimba: ¿Prohibirías las fiestas? ¿Prohibirías la marimba? Las antorchas y las bandas en nada se parecen a los bloqueos porque estos son actos de violencia para conseguir objetivos políticos, y aquellas son la gente celebrando la vida. Además, si participas en la 21K y en las procesiones, y te quejas por las antorchas y las bandas, ¡Hasta aquí puedo oler tu doble moral!

Lo cierto es que las calles, son bienes públicos (o sea estatales) de acceso público (a diferencia de los bienes públicos (o estatales) de no acceso público -como la Casa Presidencial, o ciertas áreas del aeropuerto-.  Todos los ciudadanos -o más precisemente, todos los tributarios- somos los propietarios de aquellos benes públicos y, especialmente en el caso de los que son de acceso público es natural que haya conflicto en cuanto al uso que deba dárseles en ausencia de unanimidad por parte de los propietarios.  Para evitar la tragedia de los comunes (el fenómeno deque el uso y abuso de un bien limitado lleve a su destrucción) es prudente que una autoridad regule el uso de los bienes en cuestión con el propósito de evitar que el bien que es de todos se deteriore y hasta se destruye.  Esa autoridad puede ser privada, o pública; pero debe ser autoridad.  Estas meditaciones, del cuate Fabricio Terán, pueden ayudarnos a ir resolviendo el tema este de las antorchas, las bandas, las 21K y las procesiones entre otras actividades parecidas. La opción, dice Fabricio, es explicarles a los ciudadanos y a los tributarios que las calles no son de ellos, en realidad, sino del estado y de las municipalidades; y que por lo tanto los ciudadanos y tributarios son sólo usuarios, y no propietarios. A mí, esa opción me da escalofríos.

De paso, en estos tiempos de protectorado suena un poco raro la celebración de la Independencia; pero no está de más recordar que esta tierra es nuestra, que aquí está enterrado nuestro mux y que a pesar de nuestras diferencias, si se trata de comer tamales, o de compartir alegría en las calles, ¡aquí estamos los que nos apuntamos!

Es cierto que las calles quedan inmundas; pero ¿qué otra cosa iba a pasar luego de una fiesta popular y multitudinaria?  No te engañes, eso sí; la plaza y los alrededores no quedaron peor que en Navidad, o en Año Nuevo y -al César, lo que es del César- Tu Muni limpió todo casi inmediatamente.  Uno quisiera que la gente fuera más cuidadosa; pero, ¿por qué es que la gente iba a ser más cuidadosa con las calles y plazas, de lo que es con sus casas, sus barrios, sus ríos y sus bosques?

Así como es conmovedor y emocionante ver en el Obelisco a familias enteras y a grandes y chicos en una fiesta para todos…para todos los que quieran participar en ella y disfrutarla…así se ven en la Plaza y en el Centro.  Por cierto, nunca he visto un incidente violento durante estas fiestas, en los años y años que tengo de participar en ellas.  Cada loco con su tema y así se entiende que es la cosa.  Yo, por ejemplo, me gozo mucho las salvas cuando se sube y se arría la bandera, me gozo la cena en la Sexta Avenida.  Me encanta ver cuando los niños se maravillan por los fuegos artificiales y cuando desde chiquitos participan en los desfiles.  Me gusta ver cuando dos bandas se encuentran en una esquina y tienen que decidir quién pasa primero. Cosas así.

Sólo cuando estás ahí y ves la alegría y el orgullo de los que dedican tiempo, energía y recursos en pasarla bien y celebrar ese día puedes entender la naturaleza de esta fiesta.  Por eso te invito a que, el año entrante, nos acompañes en el Obelisco con las antorchas, o en el Centro con las bandas.


11
Sep 16

¡Es temporada de pasteles de Luna!

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Con la llegada del otoño en el hemisferio norte -y  con el mes de mi cumpleaños- vienen los pasteles de Luna y ayer mi desayuno incluyo una de esas delicias.

Es una costumbre china que, en este temporada y en celebración del Festival Zongquiu o Festival de la Luna, sean elaboradas estas maravillas. Los pasteles de Luna son densos y pesados comparados con los pasteles occidentales tradicionales; y suelen estar decorados con caracteres que aluden a la felicidad, la longevidad y otros buenos deseos, acompañados por imágenes de flores y conejos entre otros.

A mi me gustaron desde la primera vez que los probé, seguramente allá por finales de los años 90, gracias a mis amigos de Taiwán; y desde entonces siempre estoy pendiente de que salgan a la venta a mediados de septiembre. En Guatemala los venden en el restaurante Lai Lai.  Los hay sin huevo y con huevo.  Los primeros no serán ajenos al gusto occidental y de hecho pueden recordar algunos dulces tradicionales chapines hechos con camote; pero los segundos sí son un gusto adquirido que, a quienes nos fascina la comida oriental, nos parece encantador.


05
Jul 16

El Día de la Independencia y la celebración de los valores

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Ayer se celebró aquí el Día de la Independencia; y desde una perspectiva muy limitada está claro que, no siendo gringos, ¿por qué querría uno celebrar esa fiesta?  Sin embargo, hay una perspectiva mucho más amplia y enriquecida que comienza con el hecho de que ando por aquí y es una fiesta…pero mejor aún, es una fiesta cuyos valores originales puedo compartir con comodidad.  Lo que para nada significa que uno comparta los valores de los políticos, los funcionarios, o los votantes actuales de la gran nación a la que aquellos valores le dieron origen y que ahora se halla en crisis moral.

¿Cuáles son esos valores? La protección absoluta a los derechos individuales que son la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la felicidad, contenidos implícitamente en principios morales racionalmente elegidos.  ¿Cómo se puede ser indiferente a una fiesta de esta naturaleza?

Ayer, en la mañana encontré en The Seattle Times un artículo por Timothy J. Shannon titulado What it Means to Pursuit Happines.  En él, el autor nos cuenta que aunque Thomas Jefferson cuenta que no tuvo libro, o panfleto alguno a mano para escribir la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, parece evidente que sus antecedentes son El segundo tratado de gobierno, de John Locke; y la Declaración de derechos de Virgina, por George Mason (obras que te recomiendo que leas si te intersan estos temas).  El autor nos cuenta que Jefferson y muchos de sus contemporáneos estimaban que la felicidad tiene sus raíces en la habilidad de los seres humanos para usar la razón y en su deseo de seguridad material.  Para ellos la razón era la facultad que les permitía alos humanos manipular y controlar el ambiente (de hecho es la facultad que nos permite identificar la realidad y beneficiarnos de esa identificación).  Era el medio por  el cual perseguían su mejoramiento individual y colectivo.  Suponían que teníamos la razón (el instrumento) para usarla y ser felices. En el mundo de Jefferson la gente perseguía la felicidad al migrar de la pobreza y las privaciones, al adoptar nuevas tecnolarcos, carreteras y canales que mejoraban las cosechas y el rendimiento del ganado, Construían barcos y canales que abrían nuevos mercados y aceleraban el comercio.  La felicidad consistía en la posibilidad de proveer para sus familias sin miedo a las hambrunas, a las incesantes guerras y a la aristocracia explotadora.  Y yo agregaría: sin miedo a los mercantilistas explotadores, a los buscadores de rentas parasitarias, y si miedo a otros fabricantes de miseria.

Aquellos son los aspectos materiales de la felicidad, complementos que la gente -en la calle- identifica con la felicidad; sin embargo, hay una perspectiva más profunda: somos felices cuando podemos vivir de acuerdo con nuestros valores racional, voluntaria y conscientemente elegidos. La razón es el medio que el hombre tiene para sobrevivir y el medio que el hombre tiene para ser feliz. La receta para la felicidad se halla fundamentalmente en la ética, en una moral racional y en una filosofía que nos guía para florecer, que nos permita vivir de forma virtuosa consistentemente; no se puede transferir.  Aunque entre personas podemos afectarnos unos a otros y no somos inmunes a las acciones de otros, ni al ambiente que nos reodea, no podemos hacer felices a otros; ya que el núcleo de la felicidad es en función de cómo vivimos nuestras vidas; y no en lo que nos pasa en ella.

¿Cómo se puede ser ajeno a una fiesta que celebra eso?

Uno de mis lectores frecuentes me escribió: Ya que estás en Washington, ven a Britsh Columbia y aquí te enseño, con gusto, un país socialista que funciona bien.  A lo que contesté: El caso es que funcionar no es suficiente.  Es famosa la eficiencia nacional socialista; los trenes llegaban a tiempo en la Italia fascista; la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas producía atletas olímpicos de primera…no hay duda de que en muchos aspectos, hasta las formas más extremas de socialismo funcionan de diversas maneras. Empero, una sociedad sana y próspera no se basa en funcionar como funciona una fábrica, o como funciona un ejército.  Una sociedad sana y próspera funciona si en ella se respetan los proyectos individuales de las vidas de todos sus socios; si unos no viven a costa de otros usando la amenaza de violencia mediante la legislación; si los derechos son principios morales, en vez de concesiones, o conquistas.  Por ordenada y eficiente que parezca, una sociedad donde no ser respetan los derechos individuales de todos por igual no es una sociedad que funciona, es una que está en descomposición.

El Día de la Independencia lo celebré entre amigos queridos con quienes comparto valores, en la Bainsbridge Island un lugar hermoso en Puget Sound.  Y cuando estaba ahí pensé: Esto podría ser Guatemala, los guatemaltecos podríamos gozar de cosas como estas…si los fabricantes de miseria no hicieran todo lo que está en su poder para multiplicar los privilegios en lugar de promover la igualdad de todos ante la ley, y para evitar que se respeten los derechos a la vida, la libertad, la propiedad y a la búsqueda de la felicidad.  Pensé…seguirá dedicando mi vida a perseguir la igualdad de todos ante la ley y a que se respeten los derechos individuales.  Y me comí un helado viendo el horizonte de la ciudad.


10
May 16

En el Día de la madre: ¡No al sacrificio!

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Escucha el podcast aquí.

Hoy que es Día de la Madre, leo los diarios chapines y encuentro numerosas alusiones al sacrificio de las madres y a las madres sacrificadas. Y pienso…¿es a sacrificio a lo que se refieren? Por ejemplo, si una madre deja de comer para darle alimentos a sus hijos, ¿se está sacrificando?

La creencia general es que sí. Que si una madre deja de ir al cine con sus amigas para quedarse a cuidar a su hijo pequeño, eso es un sacrificio. Que si una madre deja de hacer cosas que hacía antes para ahorrar y tener plata con qué mandar a su hijo a la universidad, eso es sacrificio. Y así sucesivamente.

Empero, un sacrificio es, primero que nada, una acción a la que uno se sujeta con gran repugnancia, o sujetarse con resignación a una cosa violenta. Es abnegación, que a su vez es renunciar uno a sus intereses y a sus propias valoraciones. Hay sacrificio, por ejemplo, cuando uno entrega algo de más valor (para uno), a cambio de algo de menos valor (para uno). Ahora bien, si la madre valora (ama, quiere, respeta, admira y demás) al hijo y deja de comer por él, o deja de ir al cine con sus amigas, por él, ¿dónde esá el sacrificio? Si la madre valora y se interesa por su hijo más que por el cine, por decir algo; ¿dónde está la abnegación?

Es evidente, en aquel caso, que la madre cambia algo que valora (comer, o ir al cine), por algo que valora más (su hijo). No hay repugnancia, ni resignación frente a la violencia. Al contrario.

Entonces, ¿qué es eso que en los medios masivos y en la cultura popular se conoce como sacrificio maternal? Es costo de oportunidad.

Sí, por ejemplo, una madre invierte el tiempo y dinero que tiene en cuidar a su hijo, no puede gastarlos en ir al cine con sus amigas, y en otra cosa. El costo de oportunidad es el valor del siguiente uso alternativo más valorado, para los recursos escasos que una madre (o cualquiera) tiene. El costo de oportunidad de ir al cine es el amor hacia el hijo (porque lo valora más). Si el mejor siguiente uso alternativo de tiempo y dinero para cuidar al hijo amado es ir al cine; entonces el costo de oportunidad de cuidar al hijo es el placer de ir al cine. No hay tal sacrificio en este tipo de relación voluntaria y natural. El costo de oportunidad se manifiesta, también, cuando una madre decide dejar de hacer cosas en el corto plazo, para conseguir o alcanzar otras mejores, en el largo plazo.

Claro que otro es el caso si se diera el uso de violencia; es decir, si la madre fuera obligada a cuidar a un hijo que no quiere, que no ama, que no respeta, que no admira. Entonces sí habría sacrificio, porque hay intervención de violencia que puede ser física, o no. Y claro, ese no es el tipo de relación que admiramos entre una madre y su hijo (o al revés).

En este Día de la Madre, no celebremos el sacrificio, la repugnancia, o la violencia. Por mi parte, celebró a mi madre, Nora; cuyos amor, gozo por la vida, generosidad y buen juicio han estado a mi lado tanto en los días de fiesta, como en los días adversos. Gracias por haberme valorado, y por nunca haber considerado la posibilidad de que yo fuera objeto de tu sacrificio.

¡Salud!…y de paso te recomiendo una buena lectura Capitalism created modern motherhood.