10
May 19

En el Día de la madre

Cada Día de la madre, suelo encontrar alusiones abundantes a las madres sacrificadas. Y pienso…¿Es a sacrificio a lo que se refieren? Por ejemplo, si una madre deja de comer para darle alimentos a sus hijos, ¿se sacrifica?

La foto de Nora es por Luis Andrés Schwartz.

Escucha el podcast aquí.

La creencia general es que sí; que si una madre deja de ir al cine con sus amigas para quedarse a cuidar a su hijo, eso es un sacrificio. Que si deja de hacer cosas que hacía antes para luego tener plata con qué mandar a su hijo a la universidad, eso es sacrificio y tal.

Empero, un sacrificio es una acción a la que uno se sujeta con repugnancia, o sujetarse con resignación a una cosa violenta. Es abnegación, que a su vez es renunciar uno a sus intereses y a sus valoraciones. Hay sacrificio, por ejemplo, cuando uno entrega algo de más valor (para uno), a cambio de algo de menos valor (para uno). Ahora bien, si la madre valora (ama, respeta y admira) al hijo y deja de comer por él, o deja de ir al cine, por él, ¿cuál es el sacrificio? Si la madre valora y se interesa por su hijo más que por el cine, por decir algo; ¿dónde está la abnegación?

Es evidente, en aquellos casos, que la madre cambia algo que valora (comer, o ir al cine), por algo que valora más (su hijo). No hay repugnancia, ni resignación frente a la violencia. ¡Al contrario!

Claro que otro es el caso si se diera el uso de violencia; es decir, si la madre fuera obligada a cuidar a un hijo que no quiere, que no ama, que no respeta, que no admira. Entonces sí habría sacrificio, porque hay uso de la fuerza, o amenaza de violencia. Y claro, ese no es el tipo de relación que admiramos entre una madre y su hijo (o al revés).

En este Día de la madre, no celebremos el sacrificio, la repugnancia, ni la violencia. Por mi parte, celebró a mi madre; cuyo amor, gozo por la vida, generosidad y buen juicio han estado a mi lado tanto en los días de fiesta, como en los días adversos. Gracias, Nora, por haberme valorado, y por nunca haber considerado la posibilidad de que yo fuera objeto de tu sacrificio. ¡Lehaim!

Y de paso a los lectores les recomiendo que googlen y lean Capitalism created modern motherhood.

Columna publicada en elPeriódico.


02
Mar 19

¡Tiempo de permisividad y cascarones!

El carnaval es tiempo de descontrol. Es una fiesta sobreviviente de culturas antiguas, como las bacanales romanas, o las fiestas dedicadas al buey Apis, en Egipto. Es una fiesta alegre, si no se abandona la necesaria virtud de la prudencia.

La fiesta involucra máscaras y disfraces, serpentinas y confetti y mis favoritos: los cascarones.

Los cascarones se compran en mercados y en supermercados.

En Guatemala alegres cascarones anuncian la fiesta del Carnaval y son imprescindibles para esta festividad, son huevos vacíos, rellenos con confetti y un grano de maíz, coloreados con añilina y cubiertos con papel de China. ¿Podría, alguien, explicarme cuál es el propósito, o el significado del grano de maíz?

La idea, con los cascarones es rompérselos a alguien en la cabeza; y mejor si es de forma sorpresiva.

Cuando era niño recuerdo haber hecho cascarones en dos ocasiones con mi tía abuela, La Mamita, que fue quien me enseñó la técnica de pintado. Ella guardaba cáscaras de huevo a lo largo de meses, elaboraba el pica-pica con sus legendarias tijeras de colita,  preparaba la añilina, cortaba el papel y hacía el engrudo necesario para sellar los cascarones. Y los niños, ¿qué hacíamos? Pues pintábamos los cascarones y nos pintábamos entre nosotros, nos divertíamos mucho combinando colores y haciendo diseños. Y si uno quería llevar la diversión un paso más allá, podía ponerle harina a algunos cascarones, travesura que había que hacer sin que La Mamita se diera cuenta…o más precisamente: creyendo que La Mamita no se daba cuenta; porque ¿quién crees que nos comentó que eso se hacía en las fiestas de principios del siglo XX?

Muchas culturas en Europa y en el Oriente Medio tienen la costumbre de pintar huevos; y en muchas culturas se celebran fiestas similares al carnaval.


13
Dic 18

¡Mariposa y torito!, pura fiesta

¿Cuál fue la novedad en los fuegos artificiales de este 12 de diciembre? Pues hubo dos: una mariposa y un torito de cuatro pisos.

Los que visitan Carpe diem desde hace ratos saben que me encantan los toritos y que voy a buscarlos al centro de la ciudad cada 12 de diciembre.  ¡En 2016 vi siete toritos!

Pues ayer vi una mariposa por primera vez.  La mariposa es un hombre que carga una estructura de madera en forma de alas y en la estructura hay fuegos artificiales.  Nunca había visto una y, casualmente, mi cuata, María José, me habló de ellas porque en Mixco si las hay durante la feria de allá.  La mariposa de anoche me impresionó, no sólo por la novedad y por el hecho de que la pirotécnia que llevaba resultó hermosa y espectacular, sino porque el hombre que la representaba supo bailarla muy bien.

Haz clic en las fotos para ver los vídeos.

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Unos metros más adelante vimos un torito; pero no cualquier torito.  Por primera vez en mi vida vi un torito de ¡cuatro pisos!  Cuatro pisos de pirotécnia asombrosa y maravillosa.  Y un torito fiero.  A mí me hizo gozar mucho, sobre todo cuando se acercaba y uno tiene la impresión de que el torito va a pasar embistiendo con sus luces y sus fuegos.

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La noche fue inolvidable.  Incluyó un coheterío con bombas y todo que duró por lo menos 10 minutos y un espectáculo de luces que duró entre 15 y 20 minutos, todo en una cuadra antes del torito de cuatro pisos.

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También hubo mariachi, cosa que no habíamos visto en años anteriores.

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Fuimos acompañados por nuestras cuatas Karen y Laura, que nunca habían visto toritos, ni mariposas de pirotécnia, ni habían estado en una fiesta callejera chapina como esta.  Me da mucha alegría que se hayan gozado todo porque me gusta mucho que los extranjeros conozcan la Guatemala de los chapines.

Cuando era niño, los relatos de mi tía abuela, La Mamita, acerca de toritos durante las festividades tradicionales me maravillaban. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta hace relativamente pocos años que vi el primero. Desde entonces pocas cosas me divierten tanto como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus fuegos y sus colores entre la gente que se les acerca y les huye.


22
Nov 18

En este Día de Gracias

Dentro de unas siete horas, poco más o menos, celebraré con mi famila el Día de Gracias.  ¿Por qué? Desde mi perspectiva, porque ser agradecido hay que valorar; y para valorar hay que estar consciente. ¿Qué es la consciencia? Ya lo dijo Aristókalos:

Es la facultad de conocer…me permite experimentar sensaciones. Integrar sensaciones en percepciones. Percepciones en conceptos. Conceptos en conocimiento. Y este conocimiento, Es mi medio básico de la supervivencia.  Una consciencia sin medios de ser consciente no puede ser.  Una concsciencia sin cuerpo es imposible.

Como el año pasado, y en el contexto de los párrafos anteriores, este es un buen día para ver Saints and Strangers, en Netflix y poner en perspectiva el contexto filosófico, jurídico, económico y políticamente hostil en el que se originó la fiesta de hoy.  También te recomiendo este artículo El gran engaño de Acción de gracias.

 

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Me gusta esta fiesta porque es acerca de la vida, la productividad, el ahorro, la familia, los amigos y las personas que enriquecen la vida. Hace un momento salió de mi oficina una persona de esas, de esas que se preocupan por mi y, a la distancia, enriquece mi vida con sus atenciones.

Francamente, además, no hay que hacerse el papo, ¿a quién no le gusta celebrar aquello? ¿Qué no es eso lo que hacemos el 1 de noviembre con el fiambre? Celebramos virtudes burquesas y el sistema que ha permitido que los pavos y otras delicias no sólo sean para las aristocracias, las oligarquías y los obispos.  ¿Qué sistema es ese? El que respeta los derechos individuales de todos por igual, el que respeta el proceso de mercado, el que favorece el intercambio y abomina de las relaciones forzadas, ¡Imaginate! Tal vez por eso es que a los destruccionistas no les gusta la celebración del Día de gracias.

En unas horas mi familia y yo celebraremos con una deliciosa cena en casa de mi hermana.  Es ese tipo de encuentros en los que uno se divierete como mico y en los que es maravilloso sentir ese cariño que sólo se siente alrededor de una mesa cuando se juntan tres generaciones.

El pavo y los demás componentes de la cena no aparecerán de la nada.  Son posibles gracias al ingenio, la productividad y a la empresdarialidad de miles de personas que no conocemos. Son posibles gracias a nuestra productividad y a la de quienes nos facilitan ser productivos. Son posibles gracias a quienes transportan los productos y a quienes nos los venden. Son posibles porque ahorramos y porque muchos participaron en su elaboración.

En esta fiesta, aprovechemos para agradecer a quienes valoran nuestros talentos humildes. ¡Mil gracias! a los agricultores, transportistas, comerciantes, industriales, científicos, técnicos y demás que hicieron posibles el pavo, los tomates, las papas, los quesos, los camotes, los panes, las arvejas, el tocino, los pasteles y demás.  Gracias a quienes lavan los platos, los moldes, los cubiertos y demás.  Gracias a quienes hicieron el vino y las gaseosas.

Gracias a mi madre que siempre tiene espacio, siempre tiene tiempo, siempre tiene ganas, siempre tiene buenos consejos, siempre tiene amor, siempre tiene sentido del humor, siempre tiene alegría, siempre nos reúne…y ya no da paletazos.  Gracias a mi hermana y a mi  familia por mantener la tradición.


18
Nov 18

Arbol Gallo y fiestas de fin de año en Guate

Con la inauguración del Arbol Gallo empiezan, en Guatemala, las celebraciones del fin de año. Luego vienen la quema de diablo, las Luces Campero, los toritos de la fiesta de Guadalupe y la nochebuena que coincide con el más universal solsticio de invierno, el importante cumpleaños de Isaac Newton y las romanas saturnalias y el año nuevo. ¡Let the games begin!

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La fiesta del Arbol Gallo -de la Cervecería Centroamericana- no sólo incluye la iluminación de un árbol simbólico en el monumento a los Próceres de la Independencia, sino la iluminación de las arterias que convergen en él; es decir: La avenida de la Reforma, El bulevar Liberación, la avenida de las Américas y el bulevar Los próceres. También incluye espectáculos musicales y fuegos artificiales.

Desde temprano, las familias se reúnen a inmediaciones del árbol para esperar a que sea encendido.  Muchas familias llegan a hacer picnic; pero otras llegan a trabajar.  Como en otras ocasiones parecidas, a mi me gusta ir para ver cómo disfrutan las familias, en especial a ver cómo disfrutan los niños. Sólo el que no ha estado ahí para ver las miradas y sonrisas de los niños, e incluso las de muchos adultos y muchos ancianos, puede ser tan snob como para renegar de esta fiesta.

Desde los niños que van de la mano de sus padres, o de alguno de ellos sólo a pasear y a disfrutar; hasta los que llegan a vender donas, gaseosas, y lo que sea, junto a sus padres,  junto a alguno de ellos, gozan de la música, las luces y la fiesta.

Luego de pasear por ahí me gusta volver a casa para ver, desde ahí, los fuegos artificiales y la iluminación del árbol. Tristemente, un nuevo edificio en el vecindario impide ahora que vea el árbol desde mi balcón; pero los fuegos artificiales se ven magníficos.

Por todos los que apreciamos la alegría de las fiestas de fin de año, por los niños que se las gozan especialmente, por todos los que disfrutamos de compartir momentos de alegría, ojalá que esta celebración, la del Arbol Gallo, tenga larga vida.

 


19
Oct 18

¿Qué celebraremos en 2118?

Mañana es 20 de octubre y los chapines celebramos esta efeméride porque significa la caída del ancien régime. Hay quienes la celebran con pintas de odio y manchando paredes con hoces y martillos; pero debería ser una oportunidad de meditación. El 20 de octubre marca la entrada de Guatemala al siglo XX, y aunque la revolución fue cooptada por el socialismo y otras formas de colectivismo, los tres días de asueto que vienen son una invitación a explorar cómo es que los libros de historia explicarán lo que está ocurriendo ahora mismo en Guatemala.

En Guatemala hay otras conmemoraciones importantes de hechos del pasado. Los chapines celebramos el 15 de septiembre, el Día de la independencia, y lo festejamos a lo grande con desfiles y antorchas.  Pero no celebramos el verdadero espíritu del 30 de junio que es el de la revolución liberal que acabó con el régimen conservador; no celebramos el 3 de julio que es el día de la liberación, proceso que impidió que Guatemala fuera otra Cuba.  ¿Cómo celebraremos el fin del proceso que estamos atestiguando y construyendo ahora mismo? ¿Lo celebraremos?

Es mi deseo que cuando concluya este proceso los chapines hayamos encaminado bien una lucha legítima y efectiva contra la corrupción y la impunidad.  Una que haya identificado y erradicado las causas de la corrupción y de la impunidad, en vez de sólo combatir sus efectos de forma selectiva.  Si me preguntan, quisiera que los libros de historia, en 2118, se refirieran a este proceso como uno en el que las élites guatemaltecas dejaron de sentirse intimidadas y asumieron sus responsabilidades en cuanto a consolidar instituciones, una república y un estado de derecho en el que la coacción arbitraria y los privilegios fueran erradicados.  Quisiera que los discursos del primer centenario del proceso que vivimos no estuvieran salpicados de resentimiento.

Eso no ocurrirá, sin embargo, si no nos aclaramos las ideas y si no participamos del proceso, cada uno en los suyo y cada uno en la medida de sus posibilidades.  ¿Para qué te apuntas?

Columna publicada en elPeriódico.


18
Sep 18

La fiesta de la gente, en el Obelisco

La del Monumento a los Próceres de la Independencia, conocida como Plaza del Obelisco, es la fiesta de la gente y sólo caundo uno está ahí y comparte la alegría de las familias, los amigos, los vecinos, los compañeros y especialmente de los niños, puede entenderla.

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Se diferencia de las celebraciones en el Centro en que en el Obelisco  no hay funcionarios.  La gente llega a encender sus antorchas, a tomarse la foto y a salir corriendo cada quién sabe a dónde.  No hay edad para no divertirse en esta fiesta. Llegan desde niños hasta ancianos, desde barrios cercanos al Obelisco hasta pueblos lejanos. Es un punto de encuentro efímero, pero profundo porque de todos los que estamos allí es esta tierra.  Todos llegan en paz y con ganas de pasar buenos ratos. Todos esperan su turno, todos encuentran lo que iban buscando y todos se van en paz.  ¡Es la fiesta de la gente1

El viernes vi dos policías y un bombero…y docenas de ventas de tacos, gaseosas, cervezas, banderas, gorgoritos, vuvuzelas, bufandas, gorras, sombreros, máscaras, bandanas y todo eso que contribuye al espíritu celebratorio y de comunidad.

Antes de llegar al Obelisco caminamos por la Avenida de la Reforma en donde pasan un maral con sus antorchas.  Unos van corriendo y otros van en buses, unos en bicicletas y otros en motos.  Las motos se hicieron más notorias este año.  Hubo unos que iban en rickshaws.  Es emocionante cuando las multitudes de antorcheros se saludan y se animan entre si.  Algo molestas fueron las bolsas de agua que tiraban algunos; pero se entiende la buena intención de refrescar a los corredores.  Y entiende la chingadera juvenil de mojarse y mojar a otros.

Veníamos del Centro donde vimos a chicos y grandes desfilar en las calles.  Allá también, ni la edad, ni las sillas de ruedas son obstáculos para que la gente disfrute de la fiesta.  La plaza estaba llenísima, no sólo con las bandas de escolares que tradicionalmente acompañan a la izada de la bandera, sino por el montón de gente que va a verlas y a aplaudirlas. Allá me gocé las salvas de artillería durante la izada de la bandera y tres señoras que eran las únicas que se sabían el Himno de Cetnroamérica me hicieron reír mucho. Allá también ves a los niños maravillados con las multitudes, los colores y los desfiles. ¿Cuándo fue la última vez que te maravillaste con cosas así en una fiesta callejera?

Es cierto que hubo abucheos al Presdente; y ¿sábes qué? Los chapines deberíamos conservar la sana costumbre de abuchear a los presidentes.  Para ponerlos en su lugar, para recordarles de dónde vienen y a dónde van y que no son más que mandatarios de nosotros los mandantes.  Para recordarles que a menos que encarnen la unidad de la nación y que se comporten com dignitas, gravitas e integritas, son prescindibles en estas celebraciones.

¿Sábes qué sería genial en el Centro y en el Obelisco? Que la gente no dejara tirada su basura. Y sábes que sería más genial, que nadie vuelva a llevar violencia a esas fiestas, como ocurrió en 2017. Este año no hicieron falta los revolucionarios.


14
Sep 18

¿Por qué celebro hoy y mañana?

Si no hay sabotajes, como el año pasado, hoy y mañana son las celebraciones de la Independencia.

A pesar de los inconvenientes me las gozo.  ¿Sabes por qué? Porque son fiestas que se festejan en familia, porque son muy alegres, porque la gente se las disfruta y, si se aparta de ellas el nacionalismo colectivista y nefasto, son una afirmación de que esta tierra también es mía y de que los que la habitamos compartimos muchas cosas buenas. ¡Muchas cosas buenas!

El año pasado, los que suspiran por la revolución y lucen playeras del che Guevara les estropearon a los jóvenes el desfile del 15; pero en el Obelisco, en la noche del 14 la fiesta se celebró como si nada.  ¿Has ido alguna vez al Obelisco, o al Centro el 14?  Es imposible no conmoverse al ver a la gente con sus familias, sus amigos, sus vecinos, sus colegas o sus compañeros –de todas las edades y de todas las condiciones– unidos y con esperanzas, a pesar de sus problemas particulares. Es imposible ir y no hacer propio al holgorio.

Hay quienes quisieran que estas fiestas no se celebraran.  Quisieran que se impusieran la lucha de clases, el odio y el rencor.  Creen que se trata de esconder la realidad, o de aferrarse al pasado.  Pero muchos de ellos son los mismos que no dudan en bloquear calles y carreteras, y en acudir a la violencia, como el año pasado; o –como buenos fabricantes de miseria– no dudan cuando se trata de cortar alas y pisotear las preferencias de otros.

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Es cierto que las antorchas y los desfiles pueden ser fastidiosos.  Pero las procesiones también son enojosas y las carreras no lo son menos.  ¿Y los bloqueos? Ni digamos. Las celebraciones populares callejeras son parte del carácter de la ciudad, y la urbe es de todos. ¿Cada loco con su tema? Si, si la intención no es causar daños; y ahí nos apañamos.  Yo andaré por ahí y cada vez que vea a un niño sonreír y cada vez que vea a padres y abuelos orgullosos con sus hijos y nietos, también voy a sonreír; porque, a pesar de lo negativo, todos compartimos cosas buenas. ¡Cosas muy buenas!

Columna publicada en elPeriódico. La primera foto la tomé en la 24 calle de la zona uno, la segunda es en el Obelisco, el año pasado y el vídeo lo tomé junto al Mapa en Relieve, en la zona 2. Son grupos de estudiantes ensayando para las fiestas que comienzan hoy.


12
Sep 18

¡Pasteles de Luna, que alegría!

¿Qué hubo en mi predesayuno de hoy? ¡Pastel de Luna!

Con ocasión de la llegada del otoño en el hemisferio norte vienen los pasteles de Luna. Y qué casualidad que también en el mes de mi cumpleaños.

En China, la costumbre es que en esta  temporada y para celebrar el Festival Zhongquiu o Festival de la Luna, la gente coma pasteles de Luna. Estas deliciasson densas y pesadas comparados con los pasteles occidentales tradicionales, y se los decora con caracteres que aluden a la felicidad, la longevidad y a otros buenos deseos, acompañados por imágenes de conejos y flores entre otros.

Yo me los gozo desde la primera vez que los probé, seguramente allá por finales de los años 90, gracias a mis amigos de Taiwán.  Desde entonces siempre estoy pendiente de que salgan a la venta . En Guatemala los consigue en el restaurante Lai Lai de la Montúfar.  Los hay sin huevo y con huevo.  Los primeros no son ajenos al gusto occidental y de hecho recuerdan algunos dulces tradicionales chapines hechos con camote; pero los segundos sí son un gusto adquirido que, a quienes nos fascina la comida oriental, nos parece encantador.


23
Ago 18

Ensayo en la Plaza de la Constitución

Hace ocho días tuve la oportunidad de aistir al ensayo de la ceremonia de izar la bandera en la Plaza de la Constitución.

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El caso es que fue una bonita ocasión y los que estábamos en la plaza disfrutamos mucho de ver cómo los muchachos iban perfeccionando una ceremonia que debe ocurrir con sumas precisión y solemnidad.

Caí ahí de casualidad mientras paseaba con mi cuate, Stephane, que está en Guatemala para impartir clases de Dirección creativa entre otras cosas.

Ya viene septiembre, y ojalá que la exguerrilla y sus simpatizantes no estropeen las fiestas como hicieron el año pasado.