05
Jul 26

Felicitaciones a Estrada Cabrera

 

En un álbum de felicitaciones para el presidente don Manuel Estrada Cabrera encontré un tesoro de recuerdos familiares e históricos que une a dos ramas de mi familia alrededor de un suceso trágico y de otro festivo. Los personajes involucrados son mi tatarabuelo, Federico Chacón Valenzuela, y mi bisabuelo, Doroteo Hidalgo Santizo. En la historia —que ocurre el 21 de noviembre de 1912— también participan el presidente Jorge Ubico Castañeda, entonces jefe político de Retalhuleu, y mi tío abuelo Manuel Hidalgo Cabrera.

Album de celebración del cumpleaños 55 de Manuel Estrada Cabrera, en 1912.

1912 fue un año terrible para Estrada Cabrera porque el 8 de noviembre de ese año se suicidó su hijo Francisco; sin embargo, el 21 de noviembre de ese año fue el 55 cumpleaños del dictador. En el espíritu adulador que suele rodear a los mandatarios, y en especial el que rodeaba al presidente que nos ocupa, muchos guatemaltecos y extranjeros se vieron en el brete de felicitarlo por su cumpleaños, pero en el marco del duelo que vivía por la muerte de su hijo.

Mi abuelita Juanita y mi tía abuela La Mamita contaban que el 21 de noviembre era un día de gran fiesta no sólo familiar, sino de estado. El besamanos oficial se mezclaba con las celebraciones íntimas en medio de comidas, música e infinidad de arreglos florales que llegaban a la casa del mandatario. Sospecho que las tarjetas que forman parte del álbum citado arriba acompañaban aquellos arreglos. También llegaban cartas, telegramas y poemas dedicados al Benemérito de la Patria.

Carta de Doroteo Hidalgo a Manuel Estrada Cabrera.

Ahora te cuento de los mensajes que motivaron esta entrada.

El primero está fechado 21 de noviembre de 1912 y dice:

Sr. Lic. Don Manuel Estrada C. Presidente Constitucional de la República Ciudad

Respetable señor:

Tengo el honor de saludarlo, deseando que se encuentre mejor de su salud. Lo acompaño en este día, por ser fecha de dolorosa recordación que para usted antes era de gran felicidad. Como tanto me han engañado, no le creí nada a don Alfredo. Yo estoy a sus órdenes, y lo que usted mande lo haré, pues sabe que lo quiero y lo respetaré como a mi padre, porque siempre lo ha sido.

De usted, afectísimo y seguro servidor, Doroteo Hidalgo.

Doroteo Hidalgo fue esposo de mi bisabuela Gilberta Cabrera y ella era hermana del presidente Manuel Estrada Cabrera, ambos hijos de mi tatarabuela Joaquina Cabrera. Doroteo y Gilberta eran padres de mi abuela, Juana Hidalgo de Jurado, que se casó con Jorge Jurado Reyes y ambos fueron padres de mi mamá, Nora.

Doroteo le da el pésame al mandatario y hace una observación: Como tanto me han engañado, no le creí nada a don Alfredo; y por supuesto que me asalta una pregunta… ¿cuál era la naturaleza de los engaños?

Nota de Federico Chacon V. a Manuel Estrada Cabrera.

El segundo mensaje tiene la misma fecha que el anterior y dice: Federico Chacón V. felicita al Sr. Presidente Constitucional de la República, deseándole muchos años de vida y que la Providencia mitigue su cruel dolor.

Federico Chacón Valenzuela casado con Jesús Ubico y González fue el padre de mi bisabuelo, Federico Chacón Ubico. Él fue el primer esposo de mi bisabuela Adela Schuman Hart, ambos padres de mi abuela, Frances Chacón de Figueroa, madre de mi papá, Luis. Federico Chacón Ubico era primo de Jorge Ubico Castañeda.

Invitación, de Jorge Ubico, para la celebración del cumpleaños de Manuel Estrada Cabrera.

El tercer documento es una invitación firmada por Jorge Ubico Castañeda, jefe político de Retalhuleu, y por Eduardo Pérez F., alcalde 1º municipal. La misma dice:

Tenemos la honra de invitar á Ud. para que se sirva asistir el día 21 del corriente, á las 8 a. m., cumpleaños del señor Presidente Constitucional de la República, al Salón de Sesiones del Ayuntamiento, con objeto de dirigir un telegrama á aquel alto Funcionario y declarar inauguradas, en conmemoración de esa fecha las obras siguientes: En esta Ciudad: La 10ª Avenida; la prolongación y ampliación de la 9ª Avenida y de las Calles 5ª, 6ª, 8ª y 9ª; el Puente sobre el Río “Bolas” en la 9ª Avenida y el Nuevo Cementerio. En San Felipe: Una parte del Edificio destinado para las Oficinas públicas. En San Sebastián: El alumbrado público. En San Andrés: El Edificio para las Escuelas y un Jardín Escolar. Con motivo del duelo del señor Presidente Constitucional de la República, los festejos preparados tendrán verificativo el 9 de Febrero próximo. Somos de Ud. muy Attos. y Ss. Ss.

Telegrama de Jorge Ubico a Manuel Estrada Cabrera, parte 1.

Telegrama de Jorge Ubico a Manuel Estrada Cabrera, parte 2.

El cuarto documento es un telegrama íntimamente relacionado con el anterior. Está fechado el 21 de noviembre de 1912 y fue recibido en la Casa Presidencial ese día a las 10:00 a. m. y dice:

Al Señor Presidente:

Señor:

En virtud del reciente acontecimiento que ha llenado de duelo vuestro hogar y por el cual nunca estaréis consolado, se han suspendido en este departamento las demostraciones de regocijo que se tenían preparadas para celebrar, como se merece, el aniversario de vuestro nacimiento. Sin embargo, siendo de todo punto imposible dejar de hacer algo en una fecha tan querida para todos los guatemaltecos, se inaugurarán en conmemoración las siguientes obras: En esta ciudad: la prolongación de la décima avenida con ampliación de la novena avenida, y de las calles 5.ª, 6.ª, 7.ª y 9.ª; un puente sobre el río “Bolas”; y el nuevo cementerio. En San Felipe: una parte del edificio destinado para las oficinas públicas. En San Sebastián: el alumbrado público. En San Andrés: el edificio para las escuelas y un jardín escolar.

Vuestro Leal Servidor, Jorge Ubico.

Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 1.

Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 2.

Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 2. En esta página está la firma de mi tío abuelo, Manuel Hidalgo.

El último documento dice:

La Escuela Práctica de Varones “Estrada Cabrera” A su Ilustre Fundador:

El 15 de Septiembre es la fecha de la libertad: la celebra el patriotismo. — El 15 de Marzo es la fecha de la legalidad: la celebra la democracia. — El 2 de Octubre es la fecha de una era de regeneración nacional: la consagra la justicia. — El 21 de Noviembre es el día del afecto y de la gratitud. — No es sólo una fiesta que se contrae al círculo íntimo de las expansiones familiares. — No pertenece sólo al hogar: es de la nación. —

El alma de Guatemala tiene vibraciones simpáticas para quien la lleva al engrandecimiento por el progreso y á la consolidación de sus mejores conquistas por la paz; para el que lleva por todas partes el acercamiento de los rieles y la luz de las escuelas; para el enérgico defensor de su integridad é incansable difusor de su cultura.

La niñez, en especial, rodea á su protector y amigo; él le ha dado Fiestas de Minerva y Escuelas Prácticas: la belleza de la flor á la par de la madurez del fruto. — El Señor Presidente Estrada Cabrera, tiene ya la más hermosa de las recompensas, aquella que sólo obtienen los grandes educadores: la sanción del porvenir. — El pasado y el futuro han cincelado su noble blasón de estadista. —

La Escuela Práctica de Varones, que se honra y se enorgullece de llevar el preclaro nombre de Estrada Cabrera, le significa una vez, en su día onomástico, á su ilustre fundador y protector, la expresión más sincera, más respetuosa, de profundo cariño y adhesión inquebrantable. — Y tanto más está con él cuanto que hay sombra de luto en su hogar, antes feliz y hoy herido de nuevo por la fatalidad de la desgracia. — Los dolores del Mandatario lo son también de la Escuela, que no olvida ni puede olvidar cuánto le debe. —

Reciba el Señor Presidente este recuerdo, en el que el destino ha querido poner la tristeza de un pésame.

Lo firman docentes de aquella escuela y entre las firmas me llamó la atención la de Manuel Hidalgo Cabrera, hermano de mi abuelita Juanita.

Al hojear el álbum es fácil darse cuenta de cómo las grandes fechas nacionales se entrelazan con las historias personales de quienes las vivieron. Telegramas, invitaciones y dedicatorias que, más allá de la formalidad, guardan el peso de lealtades y duelos, así como las de las complejidades de un tiempo en el que lo público y lo privado no siempre se separaban con claridad.

Gracias a Luis Andrés Schwartz y a @lic_mec/ por las pistas. 


25
Jun 26

Encontré la casa de mi bisabuela

 

Como consecuencia de los terremotos de 1917-1918, mi abuelita, Juanita, me contó que la embajada de los Estados Unidos cayó en el patio de la casa de su mamá, mi bisabuela, Gilberta Cabrera. Esto es sobre la Quinta avenida y 15 calle de la zona 1.

A la derecha la casa de mi bisabuela, Gilberta Cabrera, sobre la Quinta avenida sur de la zona 1. La foto es de la colección Taracena/Cirma.

¡Hoy me topé con una foto de esa casa! ¿Dónde? En La nueva Guatemala antes y después de los terremotos de 1917-1918, por Arturo Taracena Flores, que es la segunda edición ampliada de Los terremotos de Guatemala, álbum gráfico conmemorativo del cincuentenario por el mismo autor. Esta primera edición ya la conocía gracias a mi cuate Jorge Mario Zebadúa, cuyo abuelo, José García Sánchez, había tomado las fotos.

La casa, por cierto, le fue heredada a mi bisabuela, doña Gilberta, por su madre doña Joaquina Cabrera. El inmueble fue abandonado y vendido años después por mi abuela y sus hermanos, durante un proceso azaroso que, seguramente, algún día contará mi sobrino, Luis Andrés Schwartz.

La foto muestra portones de acceso con arcos, propios de la arquitectura de la época; pero no sé si sólo uno, o los dos accesos eran de la residencia en cuestión. Lo más interesante es que también muestra puertas comerciales porque doña Gilberta era agricultora y comerciante. Mi abuelita, Juanita, me contó que durante un período de gran escasez de harina y de pan, en la ciudad de Guatemala, previo a los sismos de 1917-1918, su mamá había establecido en su casa una panadería, negocio que había tenido que cerrar porque en su afán de conseguir pan, la gente se agolpaba y causaba destrozos en el establecimiento. Las puertas que se ven en la foto seguramente sirvieron para la panadería. Quién sabe para qué servían el 24 de diciembre de 1917, víspera del primer terremoto catastrófico.

Así se veía el consulado antes de los terremotos de 1917 y 18. La foto la tomé de Facebook.

Como dato adicional, en el predio que ocupó aquella casa después fue establecida la panadería Esperanza. ¿Eso fue porque había hornos en el inmueble, o fue casualidad?

El caso es que en la primera edición del libro de Taracena no vi la casa de mi bisabuela, y la foto que vi hoy debe ser parte de la ampliación de la edición original. Hay dos fotos que se le aproximan. Una es de la entrada principal de la legación o consulado de los EE. UU., edificio que fue consumido por las llamas en 2025 y donde durante muchos años estuvo la sastrería Azurdia Siliezar; pero no se ve la casa que estaba a mano derecha, sobre la Quinta avenida. La otra es una toma desde la Quinta avenida y 15 calle, en la que tal vez se atisba la casa de mi bisabuela a mano derecha; y en la que se ve re bien un negocio de italianos que mencionaba mi abuelita porque ahí vendían bon vino.

Quinta avenida sur, de la actul zona 1. Foto tomada desde el viejo parque Concordia, el actual Parque Enrique Gómez Carrillo. La foto la tomé de Facebook.

Esta nueva edición del libro de Taracena fue posible gracias al patrocinio de Cementos Progreso, empresa que con su producto —más estable y seguro que los adobes, tejas y bajareque— hizo posible la reconstrucción de la ciudad devastada.

Y así, entre portones de arcos y puertas de panadería, la memoria de doña Gilberta y de aquella esquina de la zona 1 revive en las páginas de un libro que rescata lo que los temblores y el tiempo borraron.


11
Jun 26

Asturias, zancudos y saqueo

 

Los restos de Miguel Ángel Asturias serán trasladados del cementerio Père Lachaise, en París, Francia, al Cementerio General de Guatemala, un lugar abandonado, hediondo, lleno de zancudos y zopilotes, insalubre, inseguro y saqueado. El autor de El señor Presidente y Premio Nobel de Literatura, ¿se merece ese incordio?

Tumba de Miguel Ángel Asturias en Père Lachaise. Foto de Guatemala.com

Los restos de Jorge Ubico, Justo Rufino Barrios, Francisco Javier Arana, Carlos Castillo Armas, Vicente Cerna, Miguel Ydígoras, José María Orellana, Enrique Peralta Azurdia, Jacobo Árbenz y personajes distinguidos como el aviador Jacinto Rodríguez, y el escritor José Milla, ya sufren esa humillación. ¿Es necesario que Asturias también sea sometido a esa indignidad?

En aquel cementerio yacen los huesos de mi bisabuela, Adela, cuyo lugar de entierro fue despojado de todo el bronce y hierro que tenía; también están los de mi bisabuela, Gilberta, cuya lápida fue a parar quién sabe dónde.

Crecí familiarizado con el cementerio general de la ciudad de Guatemala porque mi abuela, Frances, hacía visitas regulares a sus muertitos, normalmente algún domingo después de ir a misa: y yo la acompañaba de cuando en cuando. Era un paseo por todo el lugar porque sus difuntos estaban dispersos. También me familiaricé con la necrópolis porque, con mi padre y mis hermanos, era tradicional visitar el lugar el 1 de noviembre, a pie, antes de ir a almorzar el fiambre. Esas visitas eran lecciones de historia porque siempre pasábamos saludando a personajes notables y también visitábamos tumbas y mausoleos que eran artísticamente fascinantes.

Pero… that was then, this is now. Responsabilidad del Ministerio de Salud: el Cementerio General es un foco de infección y degradación que retrata muy bien la falta de compromiso que tienen políticos y burócratas no sólo con la salud, sino con la historia de los guatemaltecos.

Trasladar los restos de Miguel Ángel Asturias al Cementerio General, en las condiciones actuales, no es rendirle homenaje: es sumarlo a la humillación que ya padecen tantos otros nombres que marcaron la historia de Guatemala. Si en un acto de populismo ramplón los semilleros/raiceros traen sus restos, el Premio Nobel pasará a estar en la compañía de Honré Balzac, Frédéric Chopin, Oscar Wilde, Isadora Duncan, María Callas, Edith Piaf y otros de esa talla, a codearse con los zancudos, lo zopilotes, los pegamenteros y los asaltantes que pululan en el cementerio de Guate.


23
May 26

Ayuso y el tzompantli incómodo

 

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, es la más reciente encarnación de una larga tradición de victimización no sólo mexicana, sino hispanoamericana. Según esa tradición, los culpables de todos los males en este subcontinente no son la mala filosofía y las malas políticas económicas que promueven políticos estatistas y colectivistas, sino Hernán Cortés y otros.

Extracción de corazón y huey tzompantli. La ilustración a tomé de Facebook.

Según esa tradición, los pueblos originarios de estas tierras vivían en un paraíso de paz y abundancia que fue destruido por la invasión europea que siguió a los descubrimientos de 1492. La sanata del victimismo y el mito del buen salvaje se nos enseña y repite desde chicos en la escuela, desde el púlpito, desde la cátedra y se reproduce en medios de comunicación y redes sociales sin pudor.  Por suouesto que no es que no haya habido abusos y violaciones de derechos por parte de conquistadores, encomenderos, autoridades y otros personajes; pero eso es un tema aparte. 

En ese contexto, Isabel Díaz Ayuso recién alborotó el gallinero al recordar que, en la Ciudad de México, precisamente en la calle Guatemala, hay un huey tzompantli que es, nada más y nada menos, que una plataforma que exhibe centenares de cráneos de hombres, mujeres y niños sacrificados, ensartados por las sienes.

¡Por supuesto que ese tipo de torres de cráneos y espectáculos espeluznantes no son exclusivos de los mexicas! Los turcos también hacían torres de cabezas. El cristiano Vlad Tepes —al que conoces con el nombre de Drácula— tiene fama de haber empalado y exhibido a unas 23.000 personas. La diferencia es que ni los turcos, ni El Empalador se hicieron los de la boca chiquita. Y por supuesto que no faltaron quienes dicen que el huey tzompantli es obra de los españoles.

A pesar de que es un valioso testimonio arqueológico y antropológico, aquel huey tzompantli no es exhibido al público por vergüenza y porque contribuye a poner en evidencia que los mexicas eran un imperio depredador que no sólo oprimía, sino que se comía a sus tributarios de todas partes del imperio. Y usaba el terror de la exhibición para subrayar su capacidad de dominio y extracción de tributos. De ahí que tlaxcaltecas, totonacas, quauhquecholtecas y otros pueblos mesoamericanos no dudaran en unirse a Hernán Cortés contra la Triple Alianza.

En el colegio, a uno le enseñaban que los aztecas eran guerreros sanguinarios, pero los mayas eran matemáticos y astrónomos pacíficos; sin embargo, eso es un mito. Los mayas eran como cualquier otro grupo humano y también eran guerreros dados a los sacrificios humanos. La extracción del corazón era la forma de sacrificio favorita; pero también practicaban el desollamiento. En museos y colecciones privadas abundan figuras y vasijas de personajes que usan la piel de sacrificados y abundan instrumentos para desollar. En el período posclásico tardío, los mayas heredaron a Xipe Tótec, Nuestro Señor El Desollado, propio del mundo nahua.

La mitología popular nos cuenta que al cenote sagrado de Chichén Itzá eran arrojadas doncellas, que ya es bastante malo para las jóvenes vírgenes; empero, la evidencia arqueológica muestra que de 137 osamentas recuperadas, ocho de cada 10 son de niños de entre tres y 11 años, sacrificados a Chaac, el dios de la lluvia.

Con respecto a torturas entre los mayas, el vaso K206 muestra a un cautivo mutilado mientras un grupo de músicos hace lo suyo. La vasija K2781 representa a un cautivo desnudo siendo quemado con antorchas de pino. El vaso K8719 despliega un decapitado al que le fueron hechos cortes en el abdomen y piernas. En la pieza K8351 se ve a un sacrificado, en agonía, mientras el sacerdote le extrae las vísceras luego de torturas prolongadas. La estela 12 de Piedras Negras exhibe 8 cautivos atados, con rostros ensangrentados, posturas contorsionadas y signos claros de heridas, humillación y posible mutilación. La estela 16 de Dos Pilas muestra un prisionero desnudo, atado y en postura de sumisión absoluta bajo los pies del gobernante victorioso, lo que simboliza la tortura y degradación previas al sacrificio. Finalmente, en los murales de Bonampak se ve a cautivos con las uñas arrancadas. Estas escenas demuestran que la tortura no era excepcional, sino un pilar del ritual maya que servía para extraer sangre y alimentar a los dioses, así como para humillar enemigos y reforzar la autoridad real.

Huey tzompantli de la calle Guatemala en la ciuad de México. La foto la tomé de Facebook.

Las de los mayas no eran las teocracias pacificas que describieron Sylanus Morley y Eric Thompson, sino ciudades estado rivales y muy agresiva, ninguna de las cuales llegó a dominar completamente y por largo plazo a las otras. Guerras constantes y la captura de cautivos prominentes para sacrificarlos durante procesos largos de degradación y tortura era el nombre del juego. Los aztecas han recibido muy mala prensa por su inclinación hacia los sacrificios humanos, pero ciertamente nunca infligieron a sus víctimas la tortura y mutilación que caracterizaban los sacrificios mayas, dicen Linda Schele y Mary Ellen Miller en The Blood of Kings, Dynasty and Ritual in Mayan Art.

Los mayas no hacían la guerra con el objeto de matar a sus enemigos, era más importante capturarlos vivos y tenerlos en reserva para sacrificios conectados con grandes eventos. Un rey, o noble derrotado era despojado de sus insignias y luego torturado y sacrificado durante rituales públicos, eran exhibidos durante rituales y ceremonias para luego jugar un rol macabro en ellos, explica Giuseppe Orefici en Bleeding Hearts, Bleeding parts: Sacrificial blod in Mayan society, artículo que forma parte del catálogo titulado Blood. Art, Power, Politics and Society.

La experiencia de Cortés y Díaz del Castillo

Hernán Cortés vio con horror y repulsión profundas los sacrificios humanos mexicas (principalmente ofrendas de corazones a dioses como Huitzilopochtli y Tezcatlipoca). Los describió en sus Cartas de Relación (especialmente la Segunda, de 1520) como una costumbre abominable y la más horrenda y abominable que se ha visto, que verdaderamente debe ser castigada. Prohibió expresamente los sacrificios y esto debe haber sido un alivio para los pueblos que pagaban tributos a los mexicas, sin duda alguna, e incluso para los mexicas mismos.

Después de leer esta entrada haz clic en esta ilustración para ver la conferencia Alimentando a los dioses: Sacrificio humano y su procesamiento ritual entre los mayas.

Bernal Díaz del Castillo, por su parte, en el cap´ítulo XIV de La conquista de la Nueva España cuenta que tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos, y los corazones y sangre ofrecidos a aquel maldito ídolo. En el capítulo CX, dice que tenían en todos los pueblos cárceles de madera gruesa hechas a manera de casas, como jaulas, y en ellas metían a engordar muchas indias e indios y muchachos, y estando gordos los sacrificaban y comían; y además de esto las guerras que se daban unas provincias y pueblos a otros, y los que cautivaban y prendían los sacrificaban y comían.

Tas la Noche Triste y en el asedio final se halla uno de los relatos más gráficos y emotivos. Los mexicas sacrificaron a decenas de compañeros de Bernal. Les abrieron los pechos con navajas de pedernal, les extrajeron los corazones palpitantes y los ofrecieron a Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Los cuerpos fueron descuartizados y comidos en rituales. Bernal lo vivió con terror personal ya que temía acabar así y menciona su pavor en batallas.

Poco más tarde, Francisco de Vitoria, en Europa, clasificó los sacrificios humanos —descritos abundantemente por Toribio de Benavente (Motolinía) y Bernardino de Sahagún— como pecados contra la naturaleza y delitos contra el derecho de gentes. Incluyó tanto los sacrificios humanos como la extracción de corazones y la decapitación de inocentes, especialmente niños, como la antropofagia. Argumentó que los sacrificios humanos violaban el principio fundamental del derecho natural que es la protección de la vida inocente. Nadie, ni siquiera los propios gobernantes indígenas, tenía derecho a matar a inocentes para ofrecerlos a los dioses. Esos eran crímenes universalmente condenables, comparables a la tiranía interna. El escolástico sostuvo que los españoles podían intervenir para defender a las víctimas, incluso contra la voluntad de sus propios señores.

Luego de leer esta entrada haz clic en la ilustración para ver la conferencia: La cosecha gloriosa: el cacao y el sacrificio humano en Mesoamérica.

Cerca de 1549, en Yucatán, Diego de Landa no fue testigo ocular de un sacrificio en vivo como Hernán Cortés en Tenochtitlan; pero documentó esos ritos en su Relación de las cosas de Yucatán (escrita hacia 1566) y los combatió activamente. Su perspectiva fue la de un misionero de su época: veía los sacrificios como idolatría diabólica que amenazaba la conversión y los describió con detalle etnográfico para justificar su erradicación.

En capítulos dedicados a la religión maya, Landa ofrece una de las descripciones más precisas del siglo XVI sobre los sacrificios, basada en testimonios indígenas y observaciones indirectas. Describe la extracción del corazón durante la cual el sacrificado era colocado boca arriba sobre una piedra azulada en el patio del templo. En el mismo, el ejecutor y sus ayudantes usaban un cuchillo de pedernal para cortar entre las costillas izquierdas y arrancaban el corazón como tigre rabioso, para luego entregárselo al sacerdote que untaba los ídolos con sangre fresca. El cuerpo se desollaba (excepto pies y manos), el sacerdote se vestía con la piel y bailaba. El asaetamiento, que ya mencioné arriba, consistía en que la víctima (a menudo cautivo) era pintada de azul, coronada y atada a un palo, para que luego le flecharan el corazón (marcado con una señal blanca) hasta dejarla como un erizo de flechas.

En 1562, dos niños mayas hallaron una cueva cerca de Maní, Yucatán, con ídolos de barro, cráneos humanos y restos cubiertos de copal aún fresco (evidencia de sacrificios recientes). Como provincial franciscano y juez eclesiástico, Diego Landa interpretó esto como prueba de apostasía masiva: mayas bautizados que continuaban ritos paganos, incluidos sacrificios de niños y jóvenes.

¿Cómo era en Guatemala?

Dennis Teddlock, citado por David Freidel, Linda Schele y Joy Parker en Maya Cosmos, three thousand years of tha Shaman´s path, explica que, de acuerdo con el Popol Vuh, para crear el mundo se necesitan tres cosas: palabras, nawales y pus. En idioma quiché nawal es la esencia espiritual de una persona, planta, animal, piedra o espacio geográfico y que en el contexto del poder shamanico se refiere a la habilidad de hacer esas esencias visibles o escuchables mediante un rito. Pus literalmente se refiere a cortar la carne con un cuchillo, y es primordialmente el término para sacrificio y significa que la creación se consigue (en parte) por medio del sacrificio.

Cuando termines de leer esta entrada, haz clic en la ilustración para ver la conferencia:Ritual Preclásico en Holtún, Guatemala: los desnudos y los muertos.

El Popol Vuh describe las conquistas y matanzas del rey Quicab, de Quiché, que sometió a cakchiqueles, rabinales y mames. He aquí la destrucción y división de los campos y los pueblos de las naciones vecinas, pequeñas y grandes. Entre ellas estaba la que antiguamente fue la patria de los cakchiqueles, la actual Chuvilá, y los de Rabinal, Pamacá, la patria de los Caoque, Zaccabahá, y las ciudades de los de Zaculeu de Chuvi-Miquiná, Xelajú, Chuvá-Tzac y Tzolohché.

Estos pueblos aborrecían a Quicab. Él les hizo la guerra y ciertamente conquistó y destruyó los campos y ciudades de los rabinaleros, los cakchiqueles y los de Zaculeu, llegó y venció a todos los pueblos, y lejos llevaron sus armas los soldados de Quicab.

Una, o dos tribus no trajeron el tributo, y entonces cayó sobre todas las ciudades y tuvieron que llevar el tributo ante Quicab y Cavizimah.

Los hicieron esclavos, fueron heridos y asaeteados contra los árboles y ya no tuvieron gloria, no tuvieron poder. Así fue la destrucción de las ciudades que fueron al instante arrasadas hasta los cimientos. Semejante al rayo que hiere y destroza la roca, así llenó de terror en un momento a los pueblos vencidos.

Poco antes, el mismo Popol Vuh cuenta que vino la mantanza de las tribus. Cogían a uno solo cuando iba caminando, o a dos cuando iban caminando y no se sabía cuándo los cogían, y en seguida los iban a sacrificar ante Tohil y Avilix. Despué regaban la sangre en el camino y ponían la cabeza por separado en el camino.

En Gumarcaj, el templo de Tohil era el centro de sacrificios: se extraía el corazón a cautivos, se arrojaban los cuerpos por las escaleras del templo y se colocaban las cabezas en tzompantli como los de los mexicas. Francisco Ximénez y otros cronistas describen estos rituales con detalle.

La guerra, la destrucción sistemática, las ejecuciones públicas, la esclavitud, el uso del terror y los sacrificios humanos no eran ajenos al mundo precolombino. Ni para los mexicas, ni para los mayas, ni para los pueblos mayenses.

Entre los quichés y cakchiqueles (pueblos mayenses de los altos de lo que ahora se conoce como Guatemala) también se practicaban sacrificios humanos, aunque en escala menor que los mexicas. Los Anales de los Kaqchikeles y el Popol Vuh mencionan ofrendas de corazones a dioses como Tohil, rituales de decapitación y extracción del corazón. La arqueología en Iximché y Gumarcaj confirma altares y evidencias de estos ritos.

La conquista de lo que ahora se conoce como Guatemala la dirigieron Pedro de Alvarado y sus hermanos, no Cortés directamente. Las cartas de Alvarado a Cortés (abril y julio de 1524) mencionan sacrificios de forma factual y breve, sin las descripciones vívidas ni el horror explícito de Cortés.

En Guatemala hacia 1537, Francisco Marroquín ya no presenció sacrificios humanos en Gumarcaj ni Iximché; pero todavía atestiguó actos de idolatría y borracheras rituales. Consideraba a los indígenas como personas libres con alma, sencillos y simples en juicio (los buenos salvajes); pero racionales y dignos de protección. Ya en 1535 (antes de la Bula Sublimis Deus de 1537 y las Leyes Nuevas de 1542) protestó contra la esclavitud. Esto lo alineó parcialmente con las ideas de Vitoria sobre el derecho natural. Investigó y actuó contra prácticas paganas. En un caso documentado, recomendó depositar esclavos indígenas para quitar la idolatría y borracherías en manos de una persona de confianza que los adoctrinara. Esto reflejaba la política eclesiástica de eliminar ritos asociados a dioses como Tohil (quiché) o Tz’akol (cakchiquel), que incluían ofrendas de corazones y sangre. Promovió las reducciones, que hicieron más difícil mantener rituales clandestinos, incluidos cualquier resto de sacrificios o altares ocultos.

Al final del día, la historia no se escribe con mitos convenientes, ni con victimismo selectivo. Los tzompantli, los cenotes llenos de restos de niños y los altares de sacrificios siguen ahí para recordarnos que el terror ritual no lo inventaron los españoles. Negar esa realidad solo perpetúa el discurso ideológico,  el ocultamiento de la ignorancia, la justificacion del error y el disfraz de la mentira que practican Sheinbaum y sus corifeos.


04
May 26

Tras “El señor presidente”

¿Qué tal una visita a El Pelele, donde estuvo el Portal del Señor? ¿Qué tal si exploramos los pasos de Camila y su padre, el general Eusebio Canales? ¿Qué tal si seguimos los de Miguel Cara de Ángel? Eso sí, no quiero escuchar el llanto de Fedina, porque eso siempre, siempre me descompone.

El Portal del Señor a principios del siglo XX: La foto es de Guatemala del ayer.

Como parte del club de lectura El señor presidente que conduce Rodrigo Fernández Ordóñez en la Biblioteca Ludwig von Mises, el 29 de abril hicimos una visita al Palacio Nacional. ¿Por qué al Palacio? Porque ahí estaba ubicado el Portal del Señor, junto al Ayuntamiento virreinal. Tuvimos la dicha de que el arquitecto Álvaro Véliz guiara el paseo.

Lámpara del Salón de Recepciones del Palacio Nacional.

Sobre la Sexta calle, frente a donde estaba el lugar donde fue asesinado El Pelele, Álvaro nos habló sobre la configuración de la Plaza de Armas de la ciudad de Guatemala en tiempos de El señor presidente. Nos contó qué había exactamente donde hoy está el Palacio Nacional. Nos explicó que la Sexta calle hacia el oriente conecta con la iglesia de La Merced y es un eje importante en la novela, porque ahí se hallaban el bar El Tus-Tep y la casa del general Canales.

Detalles del Palacio Nacional.

El Tus-Tep es una taberna o fonda humilde y sórdida, frecuentada por personajes de distintos estratos sociales: policías, esbirros del régimen, gente del pueblo y conspiradores. Allí se bebe, se trama y se habla con libertad relativa, bajo la sombra del terror. Es un espacio de contrastes donde confluyen lo popular, lo marginal y los planes del poder.

La casa del general Eusebio Canales es una residencia grande y señorial, un caserón casi centenario ubicado en una esquina del barrio de la Merced, con balcones que dan a la calle principal y un portón para carruajes en la calle lateral. Tiene un aire de soberanía y antigüedad, propio de una familia de cierta posición militar y social.

Vitral de “La tentativa del león y el éxito de su empresa”.

Visita al Palacio Nacional

Nuestro guía distinguido tiene su estudio en el tercer piso del Palacio Nacional y conoce muy bien ese edificio que don Jorge Ubico inauguró el 10 de noviembre de 1943, el día de su cumpleaños. El diseñador principal fue el ingeniero Rafael Pérez de León.

Visitamos su interior espectacular, en el que se lucen los vitrales de don Julio Urruela. Los mismos ya están restaurados, luego de que la guerrilla los destruyera con un bombazo en 1980. También son notables los murales de Alfredo Gálvez Suárez, que Álvaro nos hizo notar que son falsos murales porque son desmontables.

Detalles del Palacio Nacional; y la Plaza de la Constitución y el bar El Portal.

No pudimos entrar al Salón de Banquetes, que es muy elegante, ni al Salón de Recepciones porque estaba en uso.

Siempre me ha encantado el Palacio Nacional, desde que lo conocí y lo frecuentaba en 1974 cuando me capeaba del colegio Inglés Americano, que entonces estaba en la Décima Calle y Cuarta avenida. Solía escapar de las clases de la tarde e ir a buscar turistas en el entonces Parque Central. Un par de veces me bajaron de la terraza los soldados y tengo muy buenos recuerdos de aquellas incursiones.

La leyenda dice que las cerraduras de las puertas principales tienen la huella digital de don Jorge Ubico.

De vuelta a nuestro tour de la semana pasada, visitamos el estudio de Álvaro Véliz y nos mostró algunos de sus planos. Desde ese estudio salimos a uno de los corredores exteriores del Palacio para disfrutar de una vista preciosa de la Plaza de la Constitución.

Al concluir la visita a aquel augusto edificio cruzamos la Plaza y nos dirigimos al Portal del Comercio y de ahí al Bar El Portal, ¿cómo iba a ser de otra forma? ¡De esta forma festiva, y cantando con un trío, terminó la aventura!

https://www.tiktok.com/@luisficarpediem/video/7635130320672607508

Y así, entre literatura, historia y buena conversación, cerramos otro capítulo de esos que hacen que valga la pena seguir caminando por esta ciudad que, a pesar de todo, todavía guarda secretos para quienes saben mirar. Gracias a Luis Andrés Schwartz por la invitación.


29
Abr 26

119 años del atentado de la bomba

 

Hoy, hace 119 años estalló la bomba con la que un grupo de conspiradores guatemaltecos intentó matar al presidente don Manuel Estrada Cabrera. Ese intento de magnicidio fue uno de los episodios más fascinantes de la historia de Guatemala durante la primera mitad del siglo XX.

Atentado de la bomba contra don Manuel Estrada Cabrera. La foto me la envió Milton Estuardo Argueta.

Los hechos del 29 de abril de 1907 (y lo que les antecedió) están bien documentados; pero, además, con talento narrativo, la novela De cara al sol, por Milton Estuardo Argueta, ha traído a la actualidad aquella efeméride. En la foto se ve cómo quedó el carruaje presidencial en la actual Séptima avenida y 17 calle de la zona 1 —a un costado de la Policlínica del IGSS— exactamente donde pasé hoy en la tarde en un hecho de serendipia, sobre el lugar donde fue detonada la bomba. Atrás se ve la cúpula de San Francisco.
 
Al mismo tiempo fue triste ver que la casa desde donde los conspiradores operaron el dispositivo ya no existe. La casa no era gran cosa; pero era La Casa. Conservaba su alero de tejas en estilo previo a los terremotos de 1917 y 1918; pero, además… en los años 1940/50 en ella había vivido don Fortunato Mazariegos, segundo esposo de mi bisabuela, Gilberta, hija de doña Joaquina Cabrera. Dime si la vida no da las vueltas más misteriosas. Mi mamá recuerda haber visitado ahí a don Fortunato, que era el papá de mi tía abuela, La Mamita.
 
Don Manuel Estrada Cabrera iba acompañado por su hijo Joaquín en el carruaje; y los acompañaba su jefe del estado mayor, el que luego sería presidente José María Orellana. Los tres sobrevivieron porque el cochero no detuvo el vehículo en el lugar preciso para que la bomba cumpliera su objetivo.

La casa, de La Bomba, estaba donde se construye un edificio de blocks de cemento. Foto por Luis Andrés Schwartz.

 
Si te interesa la historia de Guatemala, seguramente querrás leer más sobre el atentado de la bomba. Caminar sobre ese pedazo de historia en plena zona 1 te muestra cómo el pasado guatemalteco late bajo el concreto de nuestras calles diarias.

16
Abr 26

¡Otro toro!, aniversario

 

Entre el 15 y el 16 de abril de 1920 turbas se reunieron frente al Colegio de Infantes de la ciudad de Guatemala para linchar a ex funcionarios del recién depuesto gobierno de don Manuel Estrada Cabrera al grito de ¡Otro toro! porque la idea era soltar a la víctima frente a aquel plantel y que corriera hacia la vecina Catedral Metropolitana para salvarse. Sin embargo, había nulas posibilidades de salir ileso porque la turba era densa y tenía mucha sed de sangre durante estos espectáculos macabros.

Escena de linchamientos en 1920. La foto la tomé de San Andrés Semetabaj y Guatemala en fotografías.

En un día como hoy el cadáver linchado de Francisco Gálvez Portocarrero —conocido como Cara de Ángel en la novela El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias— fue desmembrado y sus restos quedaron esparcidos frente a la catedral. Se habla de al menos 12 allegados al régimen asesinados ese día por la plebe. Entre las víctimas se cuenta a Jorge Lobo, allegado y colaborador de don Manuel; el coronel Miguel López, comandante del Fuerte Matamoros que participó en la defensa de La Palma (residencia del Presidente) y en el bombardeo de la ciudad durante la Semana Trágica. A pesar de que, junto con el también coronel Alberto García Estrada (segundo jefe de Matamoros), entregó el fuerte a las fuerzas unionistas para evitar mayor derramamiento de sangre, la multitud lo linchó salvajemente. El coronel García Estrada también fue linchado junto con Joaquín B. Madrid, allegado y colaborador cercano de don Manuel. Tanto Catherine Rendón, autora de Minerva y La Palma, el enigma de don Manuel, como Hernán del Valle, autor de El Partido Unionista de Guatemala: su participación en el derrocamiento de Manuel Estrada Cabrera, y en el gobierno de Carlos Herrera, 1919-1921, recogen testimonios de los linchamientos.

Con respecto a Francisco Gálvez Portocarrero, René Johnston cuenta que la foto de abajo es de 1910, está retratada la familia Galvez. Al frente están sentados su bisabuela Feliza Castro Conde de Galvez y a su derecha su bisabuelo, el abogado Pedro Galvez Portocarrero que fue director de Aduanas, y director de la Sociedad Económica de Amigos de Guatemala. De pie, de izquierda a derecha algunos de sus hijos: Ricardo, María Teresa, y Francisco, conocido como Pocho, y fue un hombre muy guapo y colaborador cabrerista. Murió descuartizado por las turbas, y en El señor presidente, de Miguel Angel Asturias aparece como Cara de Ángel.  

Johnston añade: a mi tío abuelo lo hicieron pedazos, mi abuelo Federico fue muy valiente al llegar al lugar a recoger partes de su cuñado Pocho, solo logró una pierma, que fue lo que les llevó a sus padres. Pobres mis bisabuelos, debieron haber sufrido un “shock” al enterarse que habían destrozado a su hijo y ver que mi abuelo les llevó solamente una pierna, que fue lo que enterraron en el cementerio. Por otro lado, la abuela de Elsie [mi esposa], vió esos hechos, era aun una jovencita adolecente. Nos pudo contar lo mismo que describiste. Fue algo espantoso.

Famila Gálvez Portocarrero. Foto de René Johnston.

Luego del relato de Johnston, Mynor Calderón relata que su bisabuelo tambien murio frente a la Catedral Metropolitana a causa de ser cabrerista y por la turba, ese dia fueron dos personas, pero mi bisabuelo recibio una bala en la cabeza y fue exhibido

De vuelta a los linchamientos, se cuenta que la multitud arrastraba a las víctimas y las mataba a machetazos y golpes durante los espectáculos taurinos macabros. Entre el 15 y el 16 de abril la ciudad vivió saqueos, incendios y estos ajusticiamientos extrajudiciales. La casa de mi bisabuela, Gilberta Cabrera, fue saqueada durante estos acontecimientos.

Mauricio Pinto, en su tesis titulada La época de Manuel Estrada Cabrera a través de testimonios inéditos orales, describe los elementos de aquellos actos de violencia, que incluían gran ferocidad entre la multitud en la que también participaban mujeres, y el arrastre de los cuerpos con mulas y desmembramientos.

En esa obra, Eduardo Jiménez Castillo (un espectador que aportó sus recuerdos) cuenta que Oí cuando gritaban; ¡otro toro!… la gente estaba esperando en la calle con cuchillos, alfileres grandes de sombrero, machetes y palos. Y el ex presidente Miguel Ydígoras Fuentes relata que se oía un estruendo enorme de la gente pidiendo a los prisioneros para lincharlos… la gente estaba tan entretenida con las matanzas que decían; ¡otro toro, otro toro!.

Rafael Arévalo Martínez (autor de Ecce Perícles!) desrcribe: Un hombre con aire de matón, restregaba su machete de derecha a izquierda mientras gritaba: ‘¡Otro toro!’ En la puerta del Colegio de Infantes alguien respondió: ‘Ahora les va uno bueno’, mientras empujaba a un hombre acobardado que luchaba por no salir y dejaba las uñas en las baldosas de piedra… las turbas blandían en alto los miembros sangrientos; una mano compasiva escamoteó una cabeza separada del cuerpo que rodaba a puntapiés sobre el suelo y la cubrió con un sombrero.

A Luis Cardoza y Aragón se le atribuye (pero no he encontrado la fuente): Le tocó presenciar cómo un infeliz fue despedazado. No olvidó que una mujer, que varias mujeres, se mostraron más crispadas, vocingleras y feroces que los hombres. De las puertas del colegio apenas si la víctima avanzó tres, o cinco pasos, cubierto de pirañas.

Y así, entre el olor a sangre y el estruendo de ¡Otro toro!, la liberación de 1920 se cobró su precio en carne y huesos frente a las puertas mismas del Colegio de Infantes.


18
Feb 26

Uniformes, familia e historia

Desde principios del siglo XX el negocio de mi bisabuelo, Jorge Jurado Meany, era el de la confección de uniformes para oficiales del Ejército, funcionarios y empleados del gobierno. Su establecimiento quedaba en la Sexta avenida y Sexta calle de la zona 1, a un costado del Palacio Nacional. En el Museo Nacional de Historia todavía hay por lo menos una chaqueta elaborada en esa sastrería cuando ya la había heredado Humberto Jurado Reyes, hermano de mi abuelo materno. Aquel Jorge era el papá de mi abuelo, , Jorge Jurado Reyes, quien se casó con mi abuelita Juana Hidalgo Cabrera, y ambos eran padres de mi mamá, Nora.

De la antigüedad de aquel negocio hay varias evidencias:

Que por la Tesorería Nacional se erogue la suma de seis mil pesos moneda del país ($6000), que importan 15 uniformes para uso de los C. Cadetes de la 4ª. Promoción, graduados de la Académica Militar, contratados con don Jorge Jurado. Así lo acordó don Manuel Estrada Cabrera el 22 de febrero de 1917 en acuerdo refrendado por Luis Ovalle, secretario de Estado en el despacho de la Guerra. Publicación del 26 de febrero de 1917 en El Guatemalteco, que era el diario oficial.

Que la Tesorería Nacional se erogue la suma de nueve mil doscientos pesos moneda del país ($9,200) para pagar al ciudadano Jorge Jurado el saldo que se le adeuda por la confección de nueve uniformes destinados al servicio de los Jefes y Oficiales que se encuentran de alta en el Batallón Guardia de Honor, que se detallan en el recibo correspondiente, conforme comprobante adjunto; cantidad que se reintegrará a la propia tesorería oportunamente, quedando obligados dichos Jefes y Oficiales a amortizar su deuda por abonos mensuales de doscientos pesos como mínimo, acordó el presidente constitucional de la república, Carlos Herrera, el 7 de marzo de 1921, refrendado por Emilio Escamilla, secretario de Estado en el despacho de la Guerra. Publicación del 28 de marzo de 1921 en El Guatemalteco.

Que la Tesorería Nacional erogue la cantidad de dos mil novecientos pesos ($2900), para pagar a la sastrería de don Jorge Jurado, la confección de un uniforme para el chauffeur de la Secretaría de Hacienda, conforme a la factura que se acompaña, acordó el presidente José María Orellana el 14 de octubre de 1925 y la publicación fue refrendada por el secretario de estado en el despacho de Hacienda y Crédito Público, Carlos O. Zachrisson. Publicado el 24 de octubre de 1925 en El Guatemalteco.

Don Manuel Estrada Cabrera fue depuesto el 15 de abril de 1920, luego de 22 años de ejercer la presidencia de la república. Don Manuel era tío de mi abuela, Juana; hermano de mi bisabuela, Gilberta; e hijo de mi tatarabuela, Joaquina.

Carlos Herrera sucedió a Estrada Cabrera, entre el 15 de abril de 1920 hasta que fue derrocado el 15 de septiembre de ese año. Fue padre del doctor Rodolfo Herrera Llerandi con quien tuve el honor de conversar un par de veces.

José María Orellana fue el presidente que sustituyó a Carlos Herrera. Su imagen está en los billetes de Q1; y Carlos O. Zachrisson fue el secretario encargado de la transición de pesos a quetzales en 1924. Por eso es que su efigie está en los billetes de Q50.

Y así, tres acuerdos de hace un siglo unen a una familia con los rostros que llevamos en el bolsillo todos los días y con tres protagonistas de la historia de Guatemala.

Gracias a Luis Andrés Schwartz por las pistas. 


27
Ene 26

Herencia sin testamento

 

El fallecimiento de Pedro Estrada-Monzón Rivera en 1880 marcó el inicio de una serie de movimientos legales relacionados con su herencia. La ausencia de un testamento complicó la resolución de asuntos legales y sociales para sus descendientes, que tuvieron que enfrentar el proceso de legitimación y el reconocimiento de sus derechos en un contexto de cambios institucionales y sociales, explica la IV y última parte del estudio “A 100 años del fallecimiento de Manuel Estrada Cabrera, apuntes biográficos y genealógicos breves sobre Pedro Estrada-Monzón Rivera (Quetzaltenango, 14 de abril de 1817 – 14 de enero de 1880)”, por Luis Andrés Schwartz, publicada en Gazeta.

Collage elaborado por Arde Proyectos.

Esta parte del estudio se ocupa de la dinámica post mortem del padre de don Manuel Estrada Cabrera. Para entender mejor esos movimientos legales, es esencial identificar a los descendientes conocidos de Pedro al momento de su fallecimiento, todos nacidos fuera del matrimonio:

  1. Coronel y licenciado José Gabriel Estrada-Monzón (1840-1905), hijo de Luz Alegría.
  2. Herlinda Estrada-Monzón (c. 1852-1920), hija de Juliana Rivera.
  3. Francisco Alfredo Estrada (1856-?), hijo de Carlota Alvarado.
  4. Licenciado Manuel José Estrada Cabrera (1857-1924), hijo de Joaquina Cabrera.
  5. Licenciado Juan Francisco Cabrera Estrada (1861-1895), hijo de Joaquina Cabrera.
  6. Elvira de Jesús Estrada-Monzón (1862-1926), hija de Carlota Alvarado.
  7. Ana Josefa de Jesús Estrada-Monzón (1863-1885), hija de Carlota Alvarado.
  8. Irene Estrada-Monzón (1868-1890), hija de Petrona Bustamante.

Si te interesam la genealogía, la historia de Guatemala durante la Belle Époque, el período de Manuel Estrada Cabrera, o simplemente la historia bien documentada, esta serie de cuatro publicaciones está llena de información inédita y sorprendente que no encontrarás en los libros de texto habituales.


19
Ene 26

Construcción de un árbol genealógico

Si en tu familia todavía se menciona a Manuel Estrada Cabrera (MEC), tu aporte puede amarrar un dato suelto y ayudar a construir una memoria compartida. Si, además, tu familia guarda vínculos con Quetzaltenango y figuran apellidos como Andrade, Arévalo, Cabrera, Cajas, Estrada-Monzón, Hidalgo, Mazariegos, Sáenz o Rivera, me interesa que me escribás, dice Luis Andrés Schwartz en la convocatoria abierta para la construcción de un árbol genealógico.

Haz clic en la ilustración para leer la convocatoria completa. Te la recomiendo.

Tu intuición es correcta: se trata del mismo MEC que fue jefe del Ejecutivo durante 22 años, desde el magnicidio de «Reinita» el 8 de febrero de 1898, hasta el 8 de abril de 1920. Ese día, la Asamblea Nacional Legislativa emitió el Decreto 1022, mediante el cual lo declaró imposibilitado para gobernar y «separado» de la Presidencia de la República. El desenlace ocurrió en un clima de efervescencia política, agudizado por el descontento tras los terremotos de 1917 y 1918. (Netflix: esos años piden una serie).

¿Por qué quiero que te involucrés o por qué querrías vos sumarte?, pregunta Luis Andrés Schwartz. 

Esta convocatoria no es universal ni se dirige a todos. Interpela a quienes conservan relatos, documentos, imágenes o inquietudes que aún no han encontrado cómo volver a latir, así como a quienes sienten la necesidad, inocente o insistente, de saber más sobre sus propios orígenes.

Hace más de una década sostengo un proceso de investigación y escritura. Busco dibujar las ramas de mi chiribisco genealógico que confluyen en una mujer ladina que nació y articuló su vida en Los Altos decimonónicos: Joaquina Cabrera (1836-1908). En mi esquema familiar, ella es mi quinta abuela en línea materna directa: la mamá de la mamá (Gilberta), de la mamá (Juana), de la mamá (Nora), de mi mamá (Guisela).

Desde ella, la línea familiar se ramificó como un delta, ancho y fértil. Los cauces iniciales fueron tres: Manuel José Estrada Cabrera (1857-1924), Juan Francisco Estrada Cabrera (1861-1895) y la benjamina Gilberta Cabrera (1870-1920). A ellos se sumaron parientes colaterales y por matrimonio, compadrazgos y redes de vecindad.

Sin embargo, la tarea se volvió compleja al intentar identificar la diáspora post-Semana Trágica (colapso del cabrerismo, 1920). La persecución y el repliegue familiar interrumpieron aquel tejido de afectos y vínculos que había sido cercano hasta entonces.

¿A quién le interesa Manuel Estrada Cabrera?, pregunta Luis Andrés, y responde: a vos, si este nombre te toca por algún lado. Y añado, yo, que el texto completo de la convocatoria es fascinante de leer, sobre todo si te interesa la historia de Guatemala, si te fascina la historia de la Belle Époque en esta país nuestro, si te llama la atención la genalogía, si eres intelectualmente curioso.