17
Jun 19

Las abejas me alegran

De cuando en cuando una abeja cansada, o dos, cae en mi balcón y si tiene suerte me doy cuenta y le preparo agua con miel para que beba, se reponga y alce el vuelo.  ¡No te imaginas la alegría que me da cuando veo que vuela y se va!

A veces llegan abejas cansadas a mi balcón.

En casa siempre hay miel de abejas y la usamos para comer panqueques, waffles y crepas, para comer con bananos, para comerla como golosina y para cocinar.  Siempre andamos en busca de mieles y preferimos las que tienen sabor amaderado.  ¿Sábes qué es delicioso? Comer la miel con una astilla gruesa de madera recién cortada. ¡Que cosa rica el buen pan francés con miel!  ¿Has comido queso chancol, o queso manchego con miel?

Desde que en quinto, o sexto grado de primaria estudié a las abejas, las colmenas y la miel -en la clase de Ciencias naturales, agropecuaria y salud y seguridad- con Miss Estercita, valoro mucho el trabajo de las abejas.  Pero ya antes, desde la preprimaria cuando mi abuelo Jorge volteaba la botella de miel y subía la burbuja y él decía que era el paracaidista, la miel llamaba mi atención y despertaba mi imaginación.

Una vez, recuerdo muy bien que estaba en Primero básico, estaba viendo un documental de abejas en casa de mis padres y me entró un deseo irresistible de comer miel.  Fui a la despensa y me llevé la sorpresa de que no había miel de abejas.  Había de maple y de caña en el refrigerador, ¡Pero no había miel de abejas!  Lo que se me ocurrió fue dirigirme a la casa vecina de una amiga de mi abuela, y pedir que me regalaran miel.  ¡Así me quité el antojo!…y decidí que nunca debe faltar aquel producto en mi casa.

Las abejas se recuperan cuando les doy miel y agua.

Gracias a mi amigo, Bobby, cuyo padre tenía colmenas en Amatitlán, una vez –ca. 1979- participé en el proceso de sacar las colmenas, ponerlas en la extractora centrífuga y extraer el producto precioso y dulce elaborado por las abejas.  Me gocé lamer y chupar trocitos de colmena.

¿Cuándo fue la última vez que me picó una abeja? Creo que fue cuando estaba en Quinto año de primaria, minutos más, minutos menos, y fue en la finca Florencia durante un día de campo con mi familia, durante la temporada en la que mi papá corría en moto. Creo recordar que mi abuela me puso tabaco en la picadura, luego de sacar el shute de la abeja que me picó.

Hoy celebro a las abejas y al magnífico producto de sus afanes.


09
Jun 19

¡Ancas de rana!

¿Por qué es que no las había probado antes? Quizás porque nunca se presentó la oportunidad.

Mi sobrino, Andrés, trajo unas a casa y dispusimos prepararlas.  Con mi mamá las pasamos por leche, las rebozamos en harina con sal, pimienta abundante y algo de perejil picado y las freímos en aceite de oliva.  Previamente hice un all-i-oli que sirvió de acompañante perfecto.

¿Cómo son y a qué saben las ancas de rana? Pues…¡sorpresa!, a alitas de pollo.  Yo quedé convidado, como decía mi abuela porque son divertidas y porque salieron riquísimas.  Las comimos para agarrar fuerzas antes de preparar el almuerzo del sábado.

¿Donde las consigues? Teléfono 2206- 4500.


22
Abr 19

La alegría de comer el bacalao

Para mi gusto, el bacalao es el rey de los platos de esta temporada; y cómo me gozo el que preparamos en casa.

Lo hicimos desde la noche del sábado.  Asamos los tomates y los chiles guaque y pasa.  Freímos las cebollas rodajadas finamente y los ajos picados finamente en aceite de oliva en cantidad generosa, añadimos el pescado previamente desalado y desespinado.  Sumamos la salsa de tomates y chiles licuada; y agregamos los chiles del piquillo en tiritas, las aceitunas y las alcaparras para luego dejar hirviendo el pescado durante por lo menos una hora en fuego lento.  Por último un toque de azúcar moreno, un toque; y un poco de aceite de oliva adicional no está de más.

La receta que hacemos en casa está basada en la de mi abuela, Frances, y en la de mi bisabuela, Adela.

Desde niño me gozaba mucho la textura y el sabor característicos de este pescado preparado hábilmente por mis abuelas y luego por mi madre, basadas en la receta de mi bisabuela, Mami.  Cada receta con su carácter propio, pero enraizada profundamente en una tradición larga.

Me gusta comerlo caliente, al tiempo y frío.  Acompañado por arroz  (y este año, como el año pasado,  lo acompañamos con aguacate y fue buenísima idea).  Este año un buen Merlot le hizo compañía.  Y si es de boca, en la noche, con un buen whisky. Es una delicia remojar pan francés, de horno de leña, en esa salsa intensa.

Me gusta comer el bacalao en un ambiente ceremonioso y festivo.

En casa nos gusta que el de ayer fuera un almuerzo ceremonioso, que subraye el carácter festivo de la  ocasión en la que se comparten los alimentos, las risas y los buenos recuerdos. En el que se celebran la fertilidad y fin de las noches largas.


17
Abr 19

¡Waffles con jarabe de maple añejado en barriles de whiskey!

Ya se que no es de temporada; pero tenía un antojo y hoy me lo quité: Waffles con tocino y jarabe de maple añejado en barriles de whiskey.

La mera verdad es que los waffles me salen muy bien.  Uso la receta de mi bisabuela, Mami y los hago en su wafflera marca Universal de ca. 1924.

Si te gusta el jarabe de arce, este que es añejado en barriles de whiskey te va a gustar mucho, mucho más ya que el sabor amaderado y el del licor elevan la experiencia.

Por cierto que el whisky es escocés; en tanto que el Whiskey es estadounidense, o irlandés.  En este caso, como la miel viene de estado de Washington los barriles son de Whiskey.


19
Mar 19

Plátanos en gloria

El de plátanos en gloria es uno de mis postres chapines favoritos.

Los plátanos en gloria son comfort food.

Los recuerdo muy bien en las casas de mis abuelas y en la de mis padres.  Son comfort food y vienen acompañados de nostalgia y de buenos momentos. Los prefiero fríos pero son sabrosos calientes.  Aunque la preparación influye mucho en la calidad del plato, el tipo de plátanos tiene mucho que ver con el resultado final; y estos de la olla son de 100 puntos, plátanos de la costa sur, suaves y aromáticos.

En casa los hacemos con miel de azúcar, canela en raja, migas de champurradas y un toque de leche.  Mi madre dice que los de ella no llevan leche; y una lectora me contó que con Colombia, sustituyen la leche con gaseosa de fresas y que allá los llaman plátanos en tentación.

Estoy esperando la cena con ansias para disfrutar este postre.


23
Feb 19

Las delicias del ichintal

Desde que yo era niño me gustaban mucho el sabor y la textura del ichintal.

Ichintal frito en aceite de oliva con tomates y cebolla

El ichintal (al que algunas personas llaman echintal) es un tubérculo y es la raíz del güisquilar. El güisquil también es conocido como chayote, o (no te vayas a reir) pera de Abisinia.  Esto último lo escuché alguna vez; pero no lo he podido verificar.

Durante nuestro viaje de fin de año, Raúl y yo vimos un sembradío de güisquiles en el camino a Chixoy, en Alta Verapaz; y me dió mucho gusto verlo.

Siembra de güisquiles en el camino a Chixoy, Alta Verapaz.

El güisquilar es una planta muy generosa que no sólo ofrece sus frutos para comerlos de distintas formas (incluidas las deliciosas chancletas, que son un postre exquisito), sino que da su raíz, que es el ichintal; y ofrece las guías de crecimiento de sus hojas que, en Guatemala se conocen como puntas de güisquil y son riquísimas.

Tengo un año de no comerlas, y la última vez que las disfruté fue en un restaurante japonés, en la ciudad de Guatemala; y tenían un sabor amantequillado, verdaderamente exquisito.


17
Ene 19

¡El caldo de huevos 2019!

En casa (desde tiempos de mi abuela, Frances) es tradición -luego del Día de Gracias, o de la Nochebuena cuando en la cena reina el pavo- que aprovechemos hasta lo último del ave.  La carne que queda adherida a los huesos es separada y convertida en ensalada de pavo, que a mí me gusta mucho comer en sandwichs.   Pero lo mejor de todo es el caldo de huevos que se hace con los huesos del pavo, con lo que sobró de relleno y con lo que quedó del gravy.  El sábado pasado comimos el caldo de huevos en casa, con familia y un amigo.

Aquellos tres ingredientes se cuecen y luego se cuelan.  Y ese caldo se sazona con crema de tomate (en sobre, o en lata); y se sumerge en ese caldo un ramo generoso de apazote.  Cuando el caldo toma el sabor del apazote, esta hierba es retirada.

Los huevos se cuecen en el caldo, en cada una de las porciones individuales, y los platos se sirven con crema, queso parmesano y chile (si te gusta el picante).

Este caldo de huevos es uno de mis platos favoritos en todo el universo mundo; y me gusta esperar todo el año para tomarme dos, o tres platos, acompañado por pan de horno de leña y un buen vino, o una buena cerveza.  Me gusta destacar que, para llegar al momento en el que uno se toma un plato de esta delicia -que es receta de mi bisabuela, Adela– antes se tuvo que preparar el relleno del pavo y hornear el ave con toda su sazón y complejidad; y por eso es que este caldo de huevos es superior a cualquiera otro que hayas probado.

Ah, y con respecto a la ensalada de pavo, mi favorita se prepara con cebolla y apio picados, mayonesa, un toque de salsa worcestershire y se sirve en pan de cebolla con una rodaja de cheddar ahumado. La receta de la ensalada es de mi madre, pero la del sandwich es algo que yo comía en la Food Coop de la University of Maryland en College Park.


16
Ene 19

Verapaces 2018, y quinta etapa, Cobán y Año nuevo

Celebramos el Año nuevo en el parque central de Cobán luego de haber comido delicioso durante todo el día y así despedimos 2018.

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El retorno de Las conchas fue sorpendentemente media hora más rápido que la ida; y volvimos a Cobán con mucha hambre.  Luego de un baño, una chela y un breve descanso en La posada, salimos en busca de El peñascal, un restaurante que nos habían recomendado mucho.

La posada es mi hotel favorito en Cobán porque está frente al parque central, porque tiene mucho carácter y porque siempre la he pasado bien ahí, desde que iba con los miembros de la Asociación Guatemalteca de Orquideología a finales de los años 70. Es un hotel con mucho carácter.

Para sentir el ambiente festivo de las compras para la fiesta de la noche vieja, en la ciudad Imperial, pasamos por el mercado central y, aunque no entramos, la calle estaba muy animada y alegre, especialmente en la sección de ingredientes para el ponche, los tamales y otras comidas tradicionales; ya sabes: marshmellows, nueces, uvas, manzanas y eso.  Ahí aprendí, porque me lo contó Raúl, que la gente acostumbra comer pastel en esta fiesta y eso explicaba la gran cantidad de familias y personas que llevaban un pastel entre sus compras.

Llegamos El peñascal luego de perdernos un poco y gracias a un taxista muy  amable.  Y, ¡Oh, maravilla! nos atendió Sonia y, ¡Oh, maravilla! la comida ahí es magnífica.  Casi que se siente como ceremonial. Almorzamos Kak-ik (el caldo cobanero de chunto); Tiú, que es un recado regional que estaba delicioso y morcilla de chunto que estaba riquísima.  Chunto es como le dicen allá al chompipe. También pedimos tasajo en salsa de chiles, que es muy picante, pero que uno disfruta muchísimo. La sirven acompañada de una crema de cebollas muy sabrosa.

Luego del almuerzo memorable, otro descanso con siesta y todo para luego pasear por el parque y sus alrededores.

Vimos el ocaso y volvimos al hotel para arreglarnos e ir a cenar.  Elegimos Casa D´Acuña, donde ya habíamos estado dos años atrás y habíamos tenido una experiencia estupenda.  Ahí full relax y cenamos pizza y guacamol con cangrejo (surimi). La primera estuvo deliciosa y el cangrejo que le ponen al guacamol puede mejorar.  Nos fuimos contentos, no sin darle un par de ideas al chef.

Al salir nos dirigimos al parque central animado por el Arbol Gallo y por las familias que estaban ahí disfrutando del ambiente y pasando buenos momentos.  Yo disfruto mucho no sólo de ver a la gente contenta, sino de la cordialidad generalizada que priva en esas circunstancias. En la medida en que nos acercábamos a las 0:00 horas, en esa medida se iba quedando más solitario el parque, momentos propicios para conversar y pensar.

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¿Y la media noche? El Arbol Gallo fue apagado y nos subimos al Jupiter II, como me gusta decirle al kiosko de aquel parque; y desde ahí vimos los fuegos artificiales, en compañía de los locales y extranjeros que también optaron por subir.  ¡Abrazos y buenos deseos! ¡Auguri, auguri!, dijo alguien. Luces de colores y fuegos artificiales. Así terminó 2018 y empezó 2019.  Luego de un paseo lleno de aventuras, buenas comidas y gente encantadora.

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¿Qué ocurrió el 1 de enero? Pues nos levantamos temprano, cargamos el carro y agarramos camino rumbo a la Posada de la montaña del quetzal con la esperanza de que nos entrara el hambre ya avanzada la mañana, y con la seguridad de que desayunaríamos riquísimo como en los días que recién habíamos estado allá.

Al volver a casa y abrir la puerta sentimos los olores de pinabete y manzanillas que nos dieron la bienvenida; y trajimos centeneras de recuerdos de un viaje lleno de experiencias y de aventura. ¡Listos para la aventura de un nuevo año!

Primera etapa: La posada de la montaña del quetzal, Biotopo del quetzal y Purulha.

Segunda etapa: El salto de Chilascó y el Saltito.

Tercera etapa: Chicoy, el pozo vivo, Chixoy y Cobán.

Cuarta etapa: Las conchas y Chahal.


02
Ene 19

Lo más delicioso del pavo

Lo mejor del pavo de la nochebuena son sus suproductos; y este es un sandwich de ensalada de pavo con queso gouda, acompañado por ensalada Waldorf.

La receta original de este emparedado es con pan de cebollas y queso cheddar ahumado; es la que serevían en la Students´Coop en la University of Maryland, College Park, cuando yo estudiaba allá.

De cualquier manera, en casa de mis padres era tradición almorzar sandwichs de ensalada de pavo luego de la nochebuena.

¿Cuáles son mis otros byproducts favoritos del pavo? El caldo de huevos que se hace con los huesos del ave; y el relleno del pavo. Para mi, el animalito no es más que un vehículo para la ensalada, el caldo y el relleno que son las verdaderas joyas.


26
Dic 18

Desayuno tradicional de Luisfi

¿Cómo no va a ser, una de mis tradiciones favoritas la de desayunar tamales el día 25 de diciembre, luego de la Nochebuena?

¡Ese es mi desayuno navideño favorito en todo el universo mundo! ¡Y me gusta comer un tamal negro, un tamal colorado, café con leche y algún pastel y dulce propio de la temporada y ponche. El ponche de este año, en casa, incluyó manzanillas y mamey, y fue de campeonato. Y el desayuno incluyó Stollen, Polvorón y turrón.

¡No te imaginas lo que gozo cuando abro las hojas de maxán  y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un laberinto de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado glorioso llegan a mi paladar.

Quienes visitan este espacio, con frecuencia, saben que valor mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

En ese laberinto de recuerdos, tengo la dicha de acordarme muy bien de los tamales de mi bisabuela, Mami y los de mi tia Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños.

Los tamales de Nochebuena, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las pasas y las ciruelas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento. Como siempre, el éxito de un tamal se halla en el balance de ingredientes, en la calidad de los mismos y en la pasión que se pone en ellos.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260; por si quieres probar esas delicias.