28
May 17

Sigo sin éxito con mi pastel de chocolate

Luego de casi un año volví a intentar con el pastel de chocolate de cuando era niño…y bueno, ya sabes…los fracasos son oportunidades. (Los fracasos son oportunidades, los fracasos son oportunidades, los fracasos son oportunidades).

Cuando era niño, uno de los pasteles tradicionales en casa de mi abuela, Frances, y en la de mis padres era el de chocolate con turrón de menta.  Me gustaba muchísimo la combinación del chocolate con la menta y me encantaba el color del turrón.  El aroma era irresistible.

Esta vez conseguí el chocolate en tableta como dice la receta -no cocoa, como la vez pasada-; pero el pastel me salió menos suelto y se endurecieron los bordes, quizás porque el horno estaba demasiado caliente.

Una vez más, el pastel -que ya había crecido- se bajó de repente dentro del horno; y yo no había abierto la puerta.  Otra vez fue triste porque tenía ilusión.

Como la vez pasada, el turrón de menta sí salió magnífico, del tono de verde adecuado, con el aroma y con el sabor exactamente a los que estaban en mi memoria. Ya sabes, la comida trae recuerdos.

Como hace casi un año cubrí el fracaso de pastel con el turrón delicioso y el resultado no estuvo mal porque, si bien el pastel no era hermoso, ni su consistencia la esperada, su sabor sí que estaba muy rico.

¡Habrá que probar otra vez!


21
May 17

Zompopos de mayo en mi mano

¡Me encantan los zompopos de mayo!  Desde niño me llamaban la atención su tamaño, grande en comparación con otros zompopos y hormigas; pero también pequeño, comparado con uno, por ejemplo.  Me llamaban la atención su dignidad y ferocidad porque cuando uno los agarraba, rápido recibía una mordida.  Esta sin embargo, no era la ponzoñosa de una hormiga de fuego, ni nada parecido.  Pero era una señal inequívoca y valiente: ¡Conmigo no te metas y si caigo, voy a caer luchando!

Ese espíritu combativo también era su perdición; porque los chicos los cazábamos para hacer luchitas de zompopos de mayo.  Yo prefería sentirlos caminar en mi manos y sentir los valientes mordizcos; pero si había una pelea, no le hacía el feo.

Por esos años, un cuate cuya familia era de Santa Rosa llevó al colegio una bolsa con zompopos de mayo asados, o más bien fritos en mantequilla y les agarré más cariño a esos animalitos porque así son deliciosos.  Pero no los volví a probar hasta unas tres, o cuatro décadas más tarde.  Me gustan así y mucho más si pongo unos seis u ocho entre frijoles volteados, o guacamol, sobre una tortilla recién salida del comal.

Ya en el siglo XVIII, Francisco Ximénez, traductor del Popol Vuh, se refirió a los zompopos de mayo en su obra Historia natural del reino de Guatemala; y escribió que tienen la cabeza grande y unas tenazuelas que parece que son de acero y tienen filo, y punta corva y cruzada como las tixeras; y así cortan con ellas cosas bien duras…entre ellas hay unas muy grandes, y con alas, no son que críen alas, sin que es como la gente principal entre ellas. Aquestas grandes y con alas, no salen del hormiguero, sino es cada año cuando caen los primeros aguaceros, que es por el mes de mayo…y se levantan volando con una singularidad maravillosa, por lo cual los indios, y otras personas que las comen tostadas, y dicen que es comida sabrosa, las cogen con facilidad…y es que como no han visto luz, al verla tan hermosa se van a ella, y así los indios no tienen más que encender unos ocotes, y con esto se les vienen todas a las manos, y cogiéndolas las tuestan, y las comen, y aun las sacan a vender, como lo he visto.

Actualización: Les pregunté a los lectores de @luisficarpediem, ¿Has comido zompopos de mayo? Diecinueve contestaron y ¡sólo uno dijo que sí!  Siete de ellos dijeron que no; pero que les gustaría probarlos; y once dijeron que no, y que no les gustaría probarlos.


15
Abr 17

El bacalao es el rey de la fiesta

Espero el bacalao con tanta ilusión como espero el fiambre de noviembre y los tamales de diciembre. Desde niño me gozaba mucho la textura y el sabor característicos de este pescado preparado hábilmente por mis abuelas y luego por mi madre. Cada receta con su carácter propio, pero enraizada profundamente en una tradición larga.

Me gusta comerlo caliente, al tiempo y frío.  Acompañado por arroz  (y este año lo acompañamos con aguacate y fue buenísima idea).  Me gusta acompañarlo con un buen carmenere, con un buen shiraz, o con cerveza.  Y si es de boca, en la noche, con un buen whisky. Es una delicia remojar pan francés, de horno de leña, en esa salsa intensa.

En casa nos gusta que el de hoy sea un almuerzo ceremonioso, que subraye el carácter festivo de la  ocasión en la que se comparten los alimentos, las risas y los buenos recuerdos.

Como dijeron Les Luthiers: El lenguado es alabado, y el bacalao es alabao.

Actualización: Consulté con los lectores de @luisficarpediem con respecto a si les gusta el bacalao; y de los 35 que contestaron, 23 dijeron que si les gusta, y mucho; en tanto que 12 dijeron que no.


14
Abr 17

Tradicional y delicioso dulce de garbanzos

El dulce de garbanzos con su color dorado y su sabor intenso a canela mezclada con el sabor característico de los garbanzos es bocatto di cardinale.

Lo preparamos una vez al año durante la festividad del equinoccio de primavera y de la fertilidad; y es un postre chapín de la temporada.  Tengo la impresión de que las nuevas generaciones lo conocen poco y la de que se pierden de algo delicioso.

Es muy diferente a la miel de garbanzos que preparamos de acuerdo con la tradición de la costa sur.  Principalmente porque se hace con azúcar, en vez de con panela; y porque no lleva frutas.

En mi familia era la tradición de mi tía abuela La Mamita, tradición que recogió mi tío Rony para que luego pasara a mi madre y a mí.


13
Abr 17

La exquisita miel de garbanzos

¡Vale la pena esperar todo un año para disfrutar de la miel de garbanzos!, sobre todo cuando es la que hacen en casa: con panela canche y trocitos de mango, papaya y plátano al estilo de la costa sur.

La costumbre es remojar en ella el pan (también de la costa) y acompañarla con un vaso de leche bien fría, bien fría.

No solo es un plato delicioso, sino que su aroma es como un sortilegio y no digamos su textura y sus colores. Con la luz apropiada -que fallé en capturar con mi foto- pareciera que la luz sale de dentro de las frutas.


12
Abr 17

Este año hay chocolate

Una novedad, en las festividades de esta temporada, en mi casa, es que nos enviaron chocolate de la costa sur.  Este chocolate no es comercial y es elaborado de forma familiar, artesanalmente.  La gente lo hace con orgullo y con cariño.

Me gusta imaginar que si a los mayas -en Tikal, o en el reino Kan- les hubiera gustado el chocolate dulce, este es el que hubieran elegido.  Cuando uno prueba este chocolate, no le es difícil imaginar por qué es que el cacao fascinaba a las culturas precolombinas y luego conquistó el paladar de los europeos.

Michael D. Coe, en La verdadera historia del chocolate nos cuenta que entre los nicarao un conejo valía unas diez de esas almendras [de cacao], ocho chicozapotes (las frutas del árbol del chicle) valían cuatro almendras, un esclavo más o menos cien y los servicios de una prostituta ocho o diez, según lo acuerden.

A mí me gusta el chocolate espeso y a la chapina, es decir, con agua y no con leche.  Me gusta remojar pan francés en él; pero también me encanta remojar el pan de la temporada que también nos mandan de la costa. Este año, Shalvy nos mandó pan, chocolate y plátanos.

¡Feliz equinoccio de primavera, o fiesta de la fertilidad!…y mejor si es con buen chocolate.

Actualización: pregunté en @luisficarpediem que cuál es su chocolate chapín favorito, y 22 personas contestaron.  De ellas 12 prefieren el de Xelajú, 8 favorecen el de Mixco y sólo 1 votó por el de la costa sur.  Vale decir que en tiempos de los mayas clásicos, el chocolate de Soconusco y de la costa sur guatemalteca eran muy valorados. Just sayin.

La segunda ilustración es  Neptuno recibe el chocolate de América; por Antonio Colmenero de Ledesma, Marco Aurelio Severino (1580-1656), Johann Georg Volckamer, (1616-1693). [Dominio público], Wikimedia commons.


07
Abr 17

Mi temporada favorita

Escucha el podcast aquí.

Esta es mi temporada favorita en Guatemala; la de los cenzontles, los matilisguates, las jacarandas y los paloblancos.  La del corozo y la de los jocotes marañones.

Hubo un tiempo en mi vida en el que era impensable no salir “de temporada” en estos días; y con mis padres eso significaba ir a la playa.  Más tarde era irme a Panajachel.  Desde hace unos años, es tiempo para quedarme en casa y disfrutar de las tradiciones culinarias chapinas en compañía de amigos.

Los platillos chapines de estos días están íntimamente relacionados con el ayuno y la abstinencia conventuales; pero “¡a la chapina!”.  Es decir, guardando las apariencias…sin descuidar lo que es importante.  Por ejemplo: el bacalao que sustituye a la carne, no es un pescado humilde y nunca lo fue.  El pescado seco, envuelto en huevo y con verduras, tampoco es lo sencillo que aparenta. Los moyetes, con crema, almendras y un toque de buen ron, nunca fueron un postre que evoque privaciones y renuncias.  Los garbanzos en dulce son una delicadeza digna del más epicúreo de los comensales.  El encurtido bien hecho es riquísimo y quiere talento.  La variedad de empanadas –especialmente las de salmón, que ahora son hechas con atún– son un placer cada una.  Los panes dulces de la costa, con huevos de las gallinas de la casa, leche de la vaca del vecino y queso de doña Fulana, son fiestas en hornos de leña.

En casa de mis padres, era tradición comer fiambre en esta temporada.  Mi madre lo congelaba en noviembre; y en esta temporada, el primer día que llegábamos al mar, día de desempacar y para no cocinar, almorzábamos aquel plato frío.  En mi casa conservamos esa tradición y almorzaremos fiambre mañana sábado, o el próximo lunes. En casa hay un desayuno tradicional el jueves y un almuerzo tradicional el sábado (cuando no vamos donde mi tío Rony).  El viernes gozamos el bacalao de doña Yoli, luego de hacerle su alfombra.

¿Viste? El equinoccio de primavera –esa fiesta de fertilidad que se celebra con conejos y huevos– es una de las más chapinas entre las fiestas.  Mis deseos son que la pases con personas que valoras, alegre, en paz, y con prudencia.

Actualización: Hice una consulta en @luisficarpediem para explorar cuál es el plato favorito de esta temporada entre los lectores y resulta que para 11 personas de las 22 que contestaron, el bacalao es su predilecto.

Columna publicada en elPeriódico.


21
Mar 17

El chocolate y las raíces de Guatemala

Con el titular de A Chocolate Boom is Taking Guatemala Back to its Roots, María Martin publicó en NBCNews una pieza que celebra el auge chocolatero en Guatemala.

Dice Martin: Mientras que el número de establecimientos que hacen chocolate artesanal en Antigua y otras ciudades guatemaltecas es creciente y el chocolate artesanal es un fenómeno bastante reciente de los últimos 10 años, la historia del chocolate en Guatemala, se remonta mucho más allá. De hecho, Guatemala es a menudo llamado “el lugar de nacimiento del chocolate”, donde los antiguos mayas consideraban el cacao, la planta y el grano de los cuales se hacía el chocolate, un regalo de los dioses.

Eso es lo puro cierto, hasta hace poco y cuando yo era niño, lo que se tenía por chocolate aquí era una manteca oscura que en el mejor de los casos era la pura azúcar. El buen chocolate en barras, o bombones era importado y carísimo.  Con exepción, claro está, de los nobles chocolates artesanales de Mixco, Quetzaltenango, Suchitepéquez y otras poblaciones; pero el chocolate para tomar no era tan valorado como ahora.  En casa de mis padres lo tomábamos en tiempos de lluvia, al volver del colegio, y a mí me gustaba remojar pan frances en el chocolate espeso.

Sin desplazar aquel chocolate tradicioinal, ahora hay exquisitas variedades de chocolates chapines para todos los gustos y para todos los bolsillos.  Quizás pronto haya una denominación de origen para el chocolate guatemalteco.  Los buenos chocolates chapines merecen estar a  la altura del ron y del café que se destacan en cualquier mercado.

Gracias a mi cuate, Rodrigo, por la pista. Por cierto que, si te fascina el chocolate, seguramente disfrutarás de La verdadera historia del Chocolate, por Sophie y Michael D. Coe.


20
Mar 17

Fiesta, mercado y cosecha en Bejo

El Día de mercado en la finca Bejo es una fiesta para los sentidos.  Mi experiencia sensorial suele empezar con el aroma de los vegetales y las legumbres que se va intensificando en la medida en que me acerco a la parte de la finca en donde están los cultivos.  ¡Amo ese aroma!

Mi experiencia sensorial -y ya para entonces también es emocional- continúa por medio de mi vista y de la variedad de colores y formas que ofrecen las zanahorias, los apios, los tomates, las lechugas, las remolachas, los chiles, los colinabos, los puerros, las coliflores, los romanescos, los rábanos, los radicchios, los pepinos, los zuchini, las coles de bruselas y todo lo demás; incluidas las flores que adornan el lugar y elevan la calidad de la experiencia.  Luego es un torrente de sensaciones y de emociones.  ¡Los sabores y las texturas!  A mí me encanta, por ejemplo, sacar una zanahoria de la tierra, sentir el aroma de ambas, pelar la zanahoria con mi navaja y comérmela ahí mismo, escuchar el sonido de las mordidas y hacerlo ahí parado, rodeado por las risas de los niños que disfrutan sus cosechas. ¿Has visto la cara de un niño sacando papas de la tierra?, o ¿has visto la cara de una abuelita viendo a su nieto cosechando verduras?

El Día de mercado, en Bejo y gracias a la familia España, es una fiesta familiar llena de experiencias.  Una fiesta de contacto con la tierra.  Una en la que se comparte el gozo de compartir.

En mi caso, el paseo siempre concluye con un buen churrasco de doña Paula y su equipo.  Es una experiencia que combina los sabores de la tierra con la habilidad en la parrilla y con la olla. Al final, la existencia de una remolacha sería algo triste si no pudiera convertirse en curtido para enchilada, y si no pudiera sacarle una sonrisa a alguien.

Lo que se recauda ese día, por cierto, es a beneficio de la Fundación Centro Educativo Agrícola Guatemala Melanie Beemsterboer; que provee educación básica a niños de entre 12 y 15 años, de  familias dedicadas a la agricultura que  no tienen medios para seguir una formación académica, en beneficio del sector agrícola para el mejoramiento de las condiciones de vida en el campo.


04
Feb 17

Tamalito de Cambray

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Los tamalitos de Cambray guatemaltecos son dulces; y mi tía abuela, la Mamita, hacía los más deliciosos de este lado de la Vía Láctea.  El de sus tamalitos de Cambray es uno de los sabores de mi niñez que tengo grabados en mi memoria.

La última vez que hizo fue en 1976 cuando, como consecuencia del terremoto,  pasó una temporada en casa de mis padres junto con mi abuelita Juanita. Por cierto que hoy se cumplen 41 años desde aquel fenómeno telúrico. Recuerdo muy bien lo alegre que era hacer las bolitas cuando la masa de crema de trigo, cuando esta era colocada en los dobladores de tusas.  Recuerdo muy bien la ilusión con la que los comíamos fríos, porque a mí me gusta comerlos fríos.  .

Esta semana mi hermano, Juan Carlos, hizo tamalitos de Cambray y, cuando el primer bocado inundó mi paladar y mi sentido del olfato, viajé en el tiempo.