07
Sep 18

Misticos de dos clases

¿Te das cuenta? La batalla por la libertad de todos ante la ley la perdimos hace ratos cuando -por no hacer olas con los cuates, o por no pensar en términos de principios- renunciamos a ella y dejamos que los conservadores y los socialistas hicieran suyos temas como los derechos de las mujeres y los de las minorías…y ¿recuerdas? la minoría más pequeña es…el individuo.

¿Qué tienen en común los conservadores y los socialistas, que terminaron juntos en el canasto de los adversarios de la igualdad de todos ante la ley? Como productos de la división entre el alma y el cuerpo del hombre, hay dos clases de maestros de la moralidad de la muerte: los místicos del espíritu y los místicos del músculo, a quienes ustedes llaman espirituales y materialistas, aquellos que creen en la conciencia sin existencia y aquellos que creen en la existencia sin conciencia. Ambos exigen la rendición de su mente, uno a sus revelaciones, el otro a sus reflejos. No importa cuán fuerte se postulen en el papel de antagonistas irreconciliables, sus códigos morales son parecidos, y también lo son sus objetivos: en la materia -la esclavización del cuerpo del hombre, en el espíritu- la destrucción de su mente, explicó Ayn Rand.  Ambos grupos creen que pueden imponerles sus valores y sus códigos morales a los demás, y ambos creen que los individuos no son dueños de sí mismos.  Unos creen que las personas le pertenecemos a su dios (cualquiera que este sea) y otros creen que le pertenecemos al estado; y ninguno de los dos cree que está mal usar el poder de la ley y del gobierno para legislar sobre cómo deberían vivir sus vidas los individuos.

Recientemente, unos quieren que se ejereza la coacción del estado sobre las mujeres que hayan abortado de forma culposa, o sea sin la intención de abortar, por razón de negligencia, imprudencia, o impericia; y quieren prohibir el matrimonio igualitario (virimonio, o femimonio) y quieren que se prohiban programas educativos sobre la diversidad sexual. En tanto que otros quieren imponer el matrimonio igualitario, la ideología de género y la posibilidad de abortar en las primeras 12 semanas de embarazo.

La debilidad de ambas posiciones es su perspectiva colectivista de los derechos (de las mujeres, de las minorías, como si no se tratara de derechos individuales); pero tienen debilidades particulares. Una debilidad de la primera posición es que, mediante la legislación, quiere ponerle un alto al largo proceso de prueba y error que tanto y tan bien ha descrito Friedrich A. Hayek; y al dinamismo que tanto y tan bien ha descrito Virginia Postrel.  Una debilidad de la segunda es que toma el atajo legislativo para remontar el largo proceso de prueba y error y el dinamismo, para implantar políticas y legislación para las cuales la sociedad todavía no está preparada.  Parafraseando a Miguel de Unamuno, en Salamanca, ambas prefieren vencer, que convencer.

En la tradición racionalista y constructivista que la caracteriza, la segunda posición (la mística del músculo, o socialista) -unida al uso y abuso del esperpento como recurso expresivo- no sólo ha estropeado la lucha legítima por los derechos de las mujeres y de las minorías, sino que han despertado al monstruo del conservadurismo religioso (que es el misticismo del espíritu.  Miles y miles se juntaron el domingo en la Plaza de la Constitución y calles adyacentes para dejar bien en claro que: ¡No pasarán! y que la evolución social y el dinamismo terminan donde ellos han plantado la cruz.

¿Y los que no somos de aquellas persuasiones?  Unos callan para no meneallo y para no ofender a sus amigos y parientes conservadores. ¿Y otros? Se enredan porque no piensan en términos de principios y no terminan de entender que lo que es caldo para el pollo, es caldo para el chunto, es decir, que no terminan de entender la idea radical de que las demás personas no son tu propiedad y que ese principio no sólo se aplica al comercio, sino en mataria de conciencia y de proyecto de vida. ¿Y los demás?  Pues aquí…viendo como se pierden oportunidades de oro y cómo podriamos perder la batalla por la igualdad de todos ante la ley,

Una versión abreviada de esta entrada fue publicada en mi columna en elPeriódico.; y la ilustración la tomé de Facebook.


11
Jun 18

Prohibir el matrimonio igualitario es un absurdo

Las reformas al Código Civil -que se discuten en el Congreso- pretenden prohibir el matrimonio y la unión de hecho entre personas del mismo sexo, lo cual es un absurdo jurídico.

¿Por qué?

Porque el orígen del matrimonio es un acuerdo entre individuos (o incluso entre familias), y por lo tanto dicho acuerdo pertenece al campo del Derecho Privado y al de la ley (Nomos);  campo en el que (en una sociedad sana) las personas pueden hacer todo lo que no está prohibido (prohibido porque viole derechos ajenos). Sin embargo, el estatismo hizo del matrimonio una institución social y un asunto de orden público, lo trasladó aquel acuerdo al campo del Derecho Público y al de la la legislación (Thesis) donde las personas sólo pueden hacer lo que está permitido.  En consecuencia, legislar para prohibir algo que no está permitido es un disparate legal; pero es una victoria política para el conservadurismo rancio.

Dicho lo anterior, comparto con los lectores un artículo que publiqué antes sobre este mismo tema, y que sigue teniendo vigencia. Con una salvedad: ahora estoy más a favor de llamar  virimonio, o en femimonio a la unión entre dos hombres, o dos mujeres. Y con un llamado: Los liberales estamos a la zaga en la batalla por la igualdad de todos ante la ley porque, intimidados por los conservadores, les dejamos a los socialistas temas como la naturaleza del matrimonio.  Por eso también estamos a la zaga en la batalla por el respeto irrestricto a los derechos individuales y a los proyectos de vida de otras personas.

Aunque el artículo se refiere al matrimonio, las consideraciones que hago también se aplican a la unión de hecho.

Contrato privado e igualdad ante la ley

Debido a que el matrimonio civil es una creación legislativa… la única discusión atingente respecto al matrimonio [igualitario] es aquella cuyo  reconocimiento por parte del gobierno constituye un acto de justicia y una confirmación del principio de igualdad de todos ante la ley.

Lo que conocemos como matrimonio es un acuerdo privado entre dos personas, que deciden compartir sus vidas –generalmente porque se aman– y hacerlo en el marco de cierta formalidad.  Dicha formalidad subraya el carácter de compromiso y de permanencia en la unión, y busca el apoyo del prójimo para la pareja contrayente.

Federico Puig Peña, sin embargo, considera que el abandono del matrimonio como acto privado es una etapa superada, y que tanto la affectio maritalis como el principio  consensus facit nuptias, así como la sola voluntad de los contrayentes sin requisito de forma alguna, no son suficientes para que el matrimonio quede válidamente constituido [1].

Válidamente constituido de cara a lo que el Gobierno y la legislación consideran como válido, claro, porque en las condiciones descritas por Puig Peña el Gobierno entra a regular un asunto que es principalmente contractual e íntimo. Un asunto en el que –en el contexto de una sociedad abierta, o en el de un orden espontáneo, como es la sociedad– el gobierno y el Estado deberían estar obligados a respetar el principio de igualdad de todos ante la ley.

Kosmos y sociedad abierta

Un orden espontáneo o kosmos, a diferencia de un orden creado o taxis, dice Friedrich A. Hayek, no está limitado por lo que determinada mente humana pueda dominar; su existencia no tiene por qué estar al alcance de nuestros sentidos, por estar basada en relaciones puramente abstractas  que sólo mentalmente cabe establecer; y finalmente, por no ser producto de creación intencionada, “no se puede legítimamente afirmar que persiga un fin determinado”, si bien el hecho de descubrir su existencia puede en gran medida contribuir a que con mayor facilidad consigamos materializar nuestras propias apetencias [2].  Un kosmos sólo puede ser regulado por leyes tipo nomoi [3]; es decir, por normas generales, abstractas, de aplicación para todos por igual y de conducta justa.  Precisamente el tipo de leyes que delimitan y protegen las esferas individuales de acción, dentro de las cuales las personas ejercen sus derechos individuales con la única obligación de respetar los derechos de los demás [4].

Adicionalmente, Karl Popper [5] advierte que esta civilización [la occidental] no se ha recobrado todavía completamente de la conmoción de su nacimiento, de la transición de la sociedad tribal o “cerrada”, con su sometimiento a las fuerzas mágicas, a la “sociedad abierta”, que pone en libertad las facultades críticas del hombre.  En la tribu –precisamente por su carácter tribal– cabe la intromisión de otros –por la fuerza de la costumbre o de la normativa– en un asunto tan íntimo y privado como el contrato de unión entre dos adultos capaces; pero en una sociedad abierta, donde es inaceptable aquella invasión, esta sólo se explica por la conmoción a la que se refiere Popper.

El Gobierno como taxis, orden creado u organización que persigue fines determinados, y el Estado, en persecución de los objetivos que le imponen a la sociedad quienes tienen la facultad de legislar, son los que disponen, por la fuerza de la legislación, que en el matrimonio –como institución jurídica– los involucrados deban ser de distinto sexo y su propósito la multiplicación de la especie humana.  Puig Peña [6] opina que no basta la unión espiritual de un hombre y una mujer para alcanzarel fin supremo de la procreación de la especie”, un objetivo indiscutiblemente colectivista,  sino que hace hincapié en que, para que haya matrimonio, aquella unión debe ser consagrada por la ley.

En algún momento de la historia de la humanidad las religiones dispusieron hacer uso del matrimonio para hacer avanzar sus intereses, e igual cosa hizo el Estado.  Pero antes de que ambas organizaciones se inmiscuyeran en aquel acuerdo privado, ya había compromisos de largo plazo entre personas individuales que decidían unir sus vidas.

Historia y tradición

Guillermo Cabanellas [7] lo explica con claridad, al decir que históricamente el matrimonio tiene por origen un contrato: el consentimiento familiar o sensual de la pareja humana, un acuerdo de las voluntades o de los deseos de ambos cónyuges.  Y luego añade que la religión (y la católica con mayor constancia y empeño que ninguna) lo eleva a la jerarquía de sacramento, basado siempre en la libre manifestación del consentimiento de los contrayentes.

Sabemos que los gentiles se juntaban sin necesidad de contar con la bendición del dios judeo-cristiano, porque, según la Biblia, así se lo dice Tobías a Sara en su noche de bodas: Nosotros somos hijos de santos y no podemos juntarnos a manera de los gentiles, que no conocen a Dios [8].  Tobías y Sara son de distinto sexo, pero por El banquete sabemos que desde la antigüedad ha habido amores entre personas del mismo  sexo [9].

El punto clave, aquí, es que la unión voluntaria de personas existía antes de que la religión judeo-cristiana dispusiera que esa unión tenía que ser santificada [10].  Y, de hecho, cada religión (con su dios y sus ceremonias) lo santifica a su modo.  De la misma forma en que cada legislación (con sus normas y sus procedimientos) lo legaliza a su modo.  En realidad, a la larga, ni la ceremonia matrimonial católica (qua ceremonia) es mejor o peor que la judía o que la sintoista. Del mismo modo en que la ceremonia matrimonial civil en Madrid (qua ceremonia) no es mejor o peor que la ceremonia civil en Nueva York, en Jerusalén, o en Japón.

A pesar de ello, las Iglesias cristianas y el Gobierno pretenden que el matrimonio sirva principalmente para la reproducción.  La Iglesia católica, por ejemplo, no solo pretende hacer de menos el carácter contractual del matrimonio, al asegurar, en su catecismo, que no depende del arbitrio humano.  El mismo Dios es el autor del matrimonio [11], sino que subraya la exigencia de que la naturaleza de aquel contrato sea la de servir para la reproducción.  De hecho, asegura que por su naturaleza misma, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronados como su culminación [12]. En ese sentido viene a mi mente la oración que Pedro, uno de los protagonistas de la película Como agua para chocolate,[13] dice antes de copular con su esposa, a través de una sábana con un agujero: no es por vicio ni por fornicio, sino para hacer un hijo para tu servicio.

De todos modos, el carácter contractual del matrimonio tiene una importante tradición -aún dentro de la Iglesia católica- porque, aunque el Código de Derecho Canónico vigente se refiere a la alianza matrimonial, el Codex iuris canonici de 1917, resaltaba el matrimonio como contrato [14].

En cuanto al Estado, Cabanellas [15] cuenta que Las partidas decían que el matrimonio era para perpetuar la especie.  Es en esa vía que Bergier y De Casso, citados por Cabanellas, coinciden en que el matrimonio es para tener hijos y para procrear y educar hijos, respectivamente.  Y en esa dirección va el artículo 78 del Código Civil [16] guatemalteco, que cita como objetivos del matrimonio vivir juntos, procrear, alimentar y educar a sus hijos, y auxiliarse entre sí. [Igual cosa hace la reforma que se discute actualmente en el Congreso].

El uso incorrecto de la ley

En tales condiciones es evidente que la ley y una institución jurídica están siendo usadas de forma incorrecta para imponerle a todos, en la sociedad, objetivos propios de algunos integrantes de la misma.  El propósito de este análisis no es moralizar sobre la ley, como no lo es cuestionar, y menos poner en duda, la validez de aquellos objetivos –en cuando sean fines individuales–.  Lo que sí se  busca con él es establecer como ilegítimo que aquellos fines le sean impuestos a una situación contractual como el matrimonio, que le sean impuestos en el contexto de un kosmos y que, de todas formas, tanto en este como en cualquier otro caso en el que el Gobierno crea derechos y obligaciones por medio de normas legales, estas deben aplicarse con estricto apego al principio de igualdad de todos ante la ley.

Es demasiado corrientemente aceptada la idea de que el derecho de familia  –y consecuentemente el matrimonio– es de orden público.  Asegura Puig Peña que las normas del Derecho de Familia son, por regla general, de “orden público”, inderogables por actuación de la mera voluntad privada. Las partes, en efecto, no pueden dejar de cumplir las condiciones naturales ni modificar a su arbitrio los cánones imprescriptibles del derecho de familia. No pueden casarse cuando quieren como quieren, ni adoptando la forma que estimen conveniente, ni disolver el matrimonio, ni incluso modificar los pactos matrimoniales establecidos.  Las potestades familiares no son potestades-derechos, sino “potestades-función”, o sea, facultades establecidas, no en propio beneficio, sino en utilidad y régimen de los que a ella aparecen como sometidos[17]. Y aquello podría ser bien visto en una sociedad colectivista, en una sociedad cerrada o en una tribu, en la que los individuos están llamados a ser engranajes de una maquinaria, órganos de un sistema, o partes de un todo superior a ellos;  pero no está bien en una sociedad de personas libres y responsables, en un kosmos o en una sociedad abierta.

Puig Peña considera que el hecho de que el Derecho de Familia tenga una función social, y  no sea una potestad-derecho, es un evidente progreso [18] para el derecho.  Desde mi punto de vista, esto pone de manifiesto la idea peligrosa de que el individuo y sus relaciones personales deben servir al Estado, o a la sociedad, y, peor aún, que el interés social debe prevalecer sobre los derechos individuales.

Ahora bien, como las personas no son animalitos que solo se unen para perpetuar la especie, el matrimonio del siglo XXI debe tomar en cuenta las diversas razones que llevan a las personas a unir sus vidas.  La comunidad de intereses, el amor, la admiración, la búsqueda de compañía, entre muchos otros, son ejemplos de aquellas razones.  El matrimonio debe tomar en cuenta que las personas son individuos, no aparatos reproductores, y que las mismas deben ser tratadas por la ley como seres racionales, no como medios ni como instrumentos.

Tradición y evolución

No es extraño, entonces, que en la sociedad, evolutiva por naturaleza, las palabras también evolucionen.  Por eso los diccionarios etimológicos son útiles para conocer mejor las palabras y sus orígenes, pero no para saber lo que significan, ya que muchas veces el significado actual de aquellas se distancia del de su génesis.

Friedrich A. Hayek explica que en todos los países y en todos los tiempos existen grupos que han alcanzado una posición más o menos estacionaria con hábitos y formas de vida establecidos durante generaciones.  Tales formas de vida pueden verse inesperadamente amenazadas por desarrollos con los que nada tienen que ver; y no sólo los miembros de las aludidas agrupaciones, sino a menudo otras gentes muy dispares pueden también desear la preservación de los hábitos en cuestión [19].

De esa cuenta, el matrimonio reservado únicamente para parejas de distinto sexo, o como instrumento para la reproducción, en el marco de culturas propias de sociedades cerradas, puede perfectamente pasar a ser el matrimonio moderno, como contrato de convivencia y de respeto mutuo entre individuos que lo aceptan libremente, independientemente de su sexo, su religión o etnia, en el marco de culturas propias de sociedades abiertas.  Ni al servicio de la Iglesia, ni al servicio del Estado,  sino que al servicio de aquellos que, en ejercicio de sus derechos como personas humanas, asuman el compromiso.

Un acto de justicia

Adicionalmente a las cuestiones tratadas arriba, está claro que el matrimonio apareja ciertas ventajas [o más bien, privilegios] de orden tributario y social para las parejas de distintos sexos que deciden optar por aquella forma de unión.  Las parejas de uno y otro sexo, que están casadas, pagan menos impuestos que las que no lo están [20].

Considérese el caso de una pareja del mismo sexo, en  la que a una de las partes se le niegue el acceso a ver a su contraparte en la sala de cuidados intensivos de un hospital, donde se encuentra, solo porque no es pariente cercano de la misma.  ¿Sería eso correcto? Por supuesto que no.  Una pareja del mismo sexo tiene tanto derecho a estar al lado de la persona que ama como lo tiene una pareja del sexo contrario.

En la serie Si las paredes hablaran [21] se cuenta la historia de dos ancianas que habían sido pareja durante toda su vida.  Cuando una de ellas muere, llega la familia de la difunta y saca a la sobreviviente de la casa que habían compartido ambas, dejándola sola y desamparada.  Se podría decir que fue por descuido,  que ambas deberían haber pensado en esa posibilidad, y que deberían haber hecho testamento o algún tipo de contrato de copropiedad.  Pero lo cierto es que no hay razón alguna para que, en un kosmos y en una sociedad abierta, una clase de personas tenga ciertos derechos y otra clase no los tenga.  No hay razón para que ciertas personas, por su etnia, su orientación sexual o su religión,  tengan que hacer previsiones adicionales, solo porque al Estado (en respuesta a presiones de grupos de interés) se le antoja que no haya igualdad de todos ante la ley.

Frente a la discriminación y a los privilegios, el matrimonio gay es un acto de justicia [22] que reconoce el carácter contractual y privado del matrimonio, y que reconoce, en el marco del principio de igualdad de todos ante la ley, el derecho de toda persona a unir su vida con otro u otra, y a buscar el apoyo de sus prójimos.

Conclusiones:

  1. El matrimonio es una institución jurídica. Como tal, debe estar sometido al principio de igualdad de todos ante la ley, que debe regir en una sociedad qua kosmos, y sobre todo, en una sociedad abierta.

  2. El reconocimiento del matrimonio [igualitario, virimonio, o femimonio] por parte del Estado es un acto de justicia; es decir, un acto del Estado dirigido a la protección absoluta de los derechos individuales de un sector de la población, al que actualmente le están vedados los privilegios fiscales y sociales que otorga el matrimonio.

  3. El reconocimiento del matrimonio [igualitario, virimonio o femimonio] por parte del Estado es un acto de justicia, por cuanto se realiza en el contexto de un juicio objetivo sobre el carácter contractual y privado de aquella opción de unión entre dos personas adultas y capaces,  tomando en cuenta que las personas son seres racionales, y no medios ni instrumentos.

  4. En una sociedad abierta –contrario a lo que podría ocurrir en una sociedad tribal– ni el Estado ni la sociedad tienen facultades para entrometerse en la esfera de acción privada de los individuos.

  5. En una sociedad abierta, o en un kosmos, no puede haber objetivos sociales, ni fines sociales.  Al Estado le está vedado normar los fines de los individuos mediante regulaciones tipo taxis, para obligarlos a ajustar sus objetivos individuales con los supuestos fines de la sociedad.  No es función de la ley cuestionar las intenciones o motivos de aquellos que desean, por medio de un contrato, asumir derechos y obligaciones que no violan la vida, la libertad y la propiedad de terceros. 

  6. En una sociedad abierta, o en un kosmos, Los grupos de interés –de carácter religioso, ideológico, corporativo y demás– no deben tener facultad alguna para utilizar la majestad de la ley con el fin de imponer sus objetivos sobre los otros miembros de la sociedad.  Pueden hacerlo dentro de sus organizaciones (taxis) y para quienes libremente opten por comprometerse a acatar tales disposiciones; pero no pueden, ni deben, imponerlas a la sociedad.

[1] Federico Puig Peña, Compendio de Derecho Civil. Editorial Aranzadi, Pamplona, 1979. Pág. 36.

[2] Friedrich A. Hayek. Derecho, legislación y libertad. Unión Editorial, Madrid, 1994. Pág. 74

[3] Hayek. Op. Cit. Págs. 165-214.

[4] “For every individual, a right is the moral sanction of a positive– of his freedom to act on his own judgment, for his own goals, by his own voluntary uncoerced choice.  As for his neighbors, his rights impose no obligation on them except for a negative kind: to abstain from violating his rights”. Ayn Rand. The Virtud of Selfishness. Signet Books, New York, 1964.

[5] Karl Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Ediciones Paidos, Buenos Aires, 1994. Pág. 15.

[6] Federico Puig Peña. Op. cit. Pág. 27.

[7] Guillermo Cabanellas. Diccionario enciclopédico de derecho usual.  Editorial Heliasta, Buenos Aires, 2001. Pág. 339.

[8] Tobías, VII:5.

[9] Platón. El banquete. En Diálogos. Espasa-Calpe Argentina, S.A.,  Buenos Aires, 1966. Págs. 89-138.

[10] Del mismo modo en que las casas de cambio preceden por miles de años a los bancos centrales –hecho que a los políticos y a los banqueros centrales no les gusta recordar–.  La gente tiende a creer que antes de que el Gobierno regulara ciertas prácticas estas no existían, y que no eran posibles sin aquellas normativas.

[11] Catecismo de la Iglesia Catolica. Coeditores católicos de México, 1993. Pág. 414.

[12] Guillermo Cabanellas. Op. cit. Pág. 427.

[13] La película, de 1993, es dirigida por Alfonso Arau,  y está basada en una novela de Laura Esquivel.

[14] Antonio Benlloch Poveda (Dir.) Código de Derecho Canónico. Edicep, Valencia, 1993. Pp. 469-470

[15] Guillermo Cabanellas. Op. cit. Pág. 339.

[16] Decreto-Ley número 106, de 1963.

[17] Federico Puig Peña. Op. cit. Págs. 19 y 20.

[18] Federico Puig Peña. Ibid.  Pág. 20.

[19] Friedrich A. Hayek. Los Fundamentos de la Libertad. Unión Edtorial, Madrid, 1975. Pág. 79.

[20] En términos materiales, por ejemplo, el matrimonio crea, deliberada y exclusivamente, beneficios fiscales para la pareja; y en términos morales, una pareja unida en matrimonio goza de más prestigio social que una pareja que simplemente convive, e incluso más que una pareja que está unida de hecho,  aunque esta última práctica esté normada, como el matrimonio, en el Código Civil guatemalteco, a partir de su artículo 173.

[21] Transmitida por HBO, en el 2000, y dirigida por Martha Coolidge y Anne Heche.

[22] De protección absoluta a los derechos individuales de todos los miembros de la sociedad, y de juicio objetivo respecto a la naturaleza del matrimonio mismo, como acuerdo voluntario entre adultos capaces, libres y responsables.


01
Abr 18

Murió Efraín Ríos Montt

A Efraín Ríos Montt -y a otros como él- los guatemaltecos le debemos el hecho de no haber crecido en un país y una sociedad aplastados y corrompidos por la dictadura del proletariado y por el totalitarismo colectivista que querían establecer los dirigentes de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.  Gracias por eso.

Empero, nunca fui fan de aquel general.  Me alegré cuando fue sustituido por Oscar Mejía Víctores porque su gobierno, entre 1982 y 1983, estuvo fuertemente marcado por el conservadurismo y por el talante mesiánico de aquellos que creen que su dios les dio el poder para hacer su obra.  A pesar de ideas universalmente valiosas como su slogan de No robo, no miento, no abuso, y a pesar de su triunfo sobre la guerrilla (con lo bueno que eso significó para quienes eran el jamón del sandwich en el enfrentamiento armado interno) nunca logró ganarse la confianza de la gente.

Para mí, Efraín Ríos Montt fue el jefe del partido que organizó el Jueves Negro y llevó a Alfonso Portillo a la Presidencia de la República.

Efraín Rìos Montt murió el 1 de abril de 2018.

Mis primeras memorias de Ríos Montt son de cuando fue candidato presidencial en 1974 por la Democracia Cristiana, y la Presidencia le fue arrebatada -de forma fraudulenta-.  En aquel entonces se decía que no había querido defender su victoria electoral para no derramar sangre, o a cambio de dinero y un puesto diplomático en España, según quien contaba la historia

Cuando volvió a ser candidato presidencial, contra viento y marea en 2003 no obtuvo más de 19.3% de los votos.  Eso sí, muchos de ellos en los distritos indígenas donde aquellos habían sido librados del enfrentamiento armado ocasionado por la guerrilla.

En algún momento bastante antes de 2003, un cuate me invitó a su casa a escuchar al entonces aspirante a precandidato presidencial.  Esa vez, en la intimidad de la casa de aquel cuate y su esposa, decidí que yo no quería nada que ver con aquel personaje.

A Efraín Ríos Montt lo odiaban y lo odian la exguerrilla y los progres.  Unos porque fueron derrotados militarmente durante su gobierno, y porque puso en evidencia su irrelevancia más allá de su capacidad de infundir terror y cometer actos violentos y delincuenciales.  Otros, porque es un símbolo del conservadurismo religioso.

En el caso del supuesto genocidio (que no hay tales), Efraín Ríos Montt nunca tuvo un juicio justo; más bien un procedimiento vengativo, mediático y manipulado por una jueza activista.  Ríos Montt fue clave para impedir que mi generación -y la tuya- creciera en una Cuba, una Venezuela, o una Corea del Norte y eso se agradece; pero ya sabes lo que dejó dicho don Jorge Ubico: Cuídense de los comunistas, y de los cachurecos.

La foto 1 es de elPeriòdico; y la 2 la tomé de Facebook.


12
Ene 18

Matrimonio y la CIDH

Los liberales estamos a la zaga en la batalla por la igualdad de todos ante la ley porque, intimidados por los conservadores, les dejamos a los socialistas temas como la naturaleza del matrimonio.  Por eso también estamos a la zaga en la batalla por el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otras personas.

Escuche el podcast aquí.

En aquello pensé cuando leí que la CIDH opinó que el Estado debe reconocer y garantizar todos los derechos que se derivan de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo.  Antes de seguir debo recordar que desde hace añales sostengo que nada tiene que hacer el estado, metiéndose en asuntos propios de los proyectos de vida de las personas, como el matrimonio.  Empero, como el estado ya regula el contrato por medio del cual las personas deciden compartir sus vidas, el reconocimiento del matrimonio igualitario sería un acto de justicia y una afirmación del principio de igualdad ante la ley.

Dicho aquello, lo que hizo la CIDH no abona en favor de los valores liberales, ni en beneficio de las personas del mismo sexo que quisieran compartir sus vidas y formar familias (en virimonio, o en femimonio).  ¿Por qué?

Porque los socialistas -que no conocen, o no entienden los procesos hayekianos de evolución social, ni de formación de opinión pública y demanda de políticas públicas -magistralmente descrito en Madmen, Intellectuals, and Academic Scribblers, por Leighton y López- están convencidos de que pueden cambiar una sociedad a fuerza de legislación y de resoluciones de cortes internacionales, aunque aquella y estas se impongan sobre los valores prevalecientes en esa sociedad.

Por muy buena idea que sea el matrimonio igualitario, lo cierto es que desde un punto de vista hayekiano, en nuestra sociedad aún no prevalecen la valoración de la igualdad de todos ante la ley, ni la del respeto por los proyectos de vida de otros.  Así, la arrogancia socialista –aplaudida por ONG y refrendada por la CIDH- va a servir más a la generación de una reacción conservadora agresiva, que a la libertad de las personas del mismo sexo que quieren casarse y a la causa liberal.  En detrimento de la dignidad humana.

Columna publicada en elPeriódico; e ilustración tomada de Facebook.


28
Abr 17

Fascismo contra la libertad de expresión

La concepción fascista de la vida es religiosa, una en la que el hombre es visto en su relación inmanente con una ley superior, dotada de una voluntad objetiva que trasciende al individuo y lo eleva a la pertenencia consciente de una sociedad espiritual, escribió Benito Mussolini en  The Doctrine of Fascism; y si tienes dudas al respecto entérate de que la Coordinadora Nacional Evangélica en connivencia con un grupo de diputados encabezados por uno de nombre Anibal Rojas, presentó un anteproyecto de ley que pretende prohibir que  las entidades públicas y privadas promuevan en la niñez y en la adolescencia políticas o programas relativos a la diversidad sexual y a la ideología de género o enseñar como normales las conductas sexuales distintas a la heterosexualidad.

Escucha el podcast aquí

Esta propuesta del conservadurismo más rancio es un intento evidente de imponer ideas religiosas en toda la sociedad guatemalteca por medio del uso de la ley como instrumento político y de coacción.  Es fascismo puro y duro.

La propuesta viola  la libertad de expresión.  Si aquel desatino llegara a convertirse en ley, se impondría una forma de pensamiento único y se castigaría la discusión de ideas y se penalizará la búsqueda de la verdad.  Por sus raíces gramscianas, no comparto la ideología de género (y de esto podríamos platicar después, cuando tenga ganas); pero la ciencia tiene mucho que descubrir sobre la sexualidad; y aplastar la inquietud de los jóvenes por discutir el tema abiertamente no contribuye, ni  a entender, ni a valorar aquella parte integral de la humanidad, ni a exponer los errores y las intenciones de la ideología. El que yo no esté de acuerdo con algo, no quiere decir que tenga la facultad de prohibírselo a otros.

La propuesta es un desatino porque, además, se contradice de una forma sofomórica. Por un lado el artículo 15 prohíbe enseñar temas de la diversidad sexual; y  por otro -ese mismo artículo- sostiene que los padres y tutores siempre tienen el derecho preferente de escoger el tipo de educación que habrá de proporcionarse a sus hijos, o pupilos de acuerdo con sus propias convicciones, incluyendo la educación correspondiente al desarrollo de las aptitudes intelectuales, físicas, morales y religiosas del niño y de la niña, la orientación sexual, así como las conductas, principios y valores que regirán la vida de los menores.  Ninguna persona, o entidad -pública, o privada- podrá interferir, limitar, o restringir, el ejercicio de ese derecho de los padres.

¿Te diste cuenta? La propuesta dice que los padres tienen el derecho a elegir la educación de los hijos y que nadie puede limitar ese derecho; pero prohíbe que sean enseñados los temas de la diversidad sexual…porque a los ponentes no les gusta. Cuanto menos, esta propuesta es hipócrita.

¿Quieres más evidencia? El artículo 18 de la propuesta sostiene que toda persona tiene derecho a su libertad de conciencia y de expresión…siempre que no se oponga a los designios políticos de los ponentes.

Por otro lado, si bien es cierto nadie debería ser obligado a aceptar la ideología de género, ni a aceptar como normal la diversidad sexual, como dice la propuesta; también es cierto que a nadie le debería estar vedado el acceso a la discusión y el conocimiento de aquellos, nadie debería ser forzado a no promover su discusión, nadie debería ser privado de la facultad de elegir en qué creer. Nadie debería tener la facultad de prohibirles a otras personas elegir qué tipo de educación quieren para ellos y sus hijos, o sus pupilos. ¡Nadie!, ni siquiera los conservadores, ni los religionistas.  A no ser que vivamos en un estado totalitario, al estilo fascista (por ejemplo) en el que la concepción de la vida sea religiosa, como quería il Duce.

La iniciativa también pretende castigar la información sobre el aborto; y prohibir los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Incapaces de distinguir entre la vida real y la vida potencial, los conservadores y los religionistas pretenden coartar la libertad de expresión para ofrecerles una salida a las mujeres que no pueden, o no quieren tener hijos.  La maternidad forzada y la no propiedad privada del propio cuerpo son valores que defiende el proyecto social de la propuesta en cuestión, en el que la vida es religiosa, una en la que el hombre es visto en su relación inmanente con una ley superior, dotada de una voluntad objetiva que trasciende al individuo y lo eleva a la pertenencia consciente de una sociedad espiritual.  No voy a abundar en este tema porque ya lo he hecho en otras entradas de Carpe Diem.

En cuanto a la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo, las únicas dos razones por las cuales el estado (o sea los políticos y funcionarios) se involucran en lo que debería ser un contrato voluntario y pacífico entre adultos, son:

  1. La creencia colectivista de que los individuos deben estar al servicio de la tribu, de la sociedad, de la nación, del estado, o de la especie.
  2. La creencia de que el matrimonio es una relación en la cual algún dios y algún culto deben estar involucrados.

Ambas razones íntimamente relacionadas con la función de procrear, ya sea para el estado, o para el culto.

Si el carácter privado del matrimonio fuera respetado por los políticos y los sacerdotes, no habría mucho que discutir.  Pero una vez que el poder político y la facultad de legislación se involucran en el matrimonio, se impone la necesidad de la igualdad de todos ante la ley para evitar arbitrariedades y privilegios.  Actualmente las uniones heterosexuales tienen privilegios que no tienen las uniones homosexuales.  En consecuencia, las segundas se ven perjudicadas arbitrariamente sólo porque no sirven a las necesidades de procreación. Esto a pesar de que, por la vía de la adopción, las parejas del mismo sexo sí pueden contribuir (a menos que les sea prohibido por el estado y la ley) al cuidado de niños que no tienen padres, o cuyos padres no pueden, o no quieren hacerse cargo de ellos. La adopción, por cierto, es una magnífica opción frente al aborto.

En casos de enfermedad, y para efectos de la sucesión, por mencionar dos, las uniones heterosexuales tienen privilegios y gozan de arbitrariedades en perjuicio de la igualdad de todos ante le ley y específicamente de las parejas homosexuales.  Por ejemplo, en caso de enfermedad, una persona homosexual no puede cuidar de su pareja del mismo modo en que una persona heterosexual puede cuidar de la suya; y en caso de sucesión, una persona homosexual no puede heredar de su pareja, como sí podría hacerlo una persona heterosexual de la suya.

La libertad de expresión, el derecho a la vida (al proyecto de vida propio) y la igualdad de todos ante la ley no son dados, no han estado con nosotros durante toda la historia de la humanidad.  Hay gente que ha muerto por ellos, se ha derramado sangre por ellos, ha habido que luchar por ellos.  Es inmoral e inaceptable que políticos y religionistas pretendan anularlos a estas alturas del Siglo XXI.

Si los fascistas, los conservadores y los religionistas ganan esta batalla, aquí y ahora, será una vergüenza no sólo para el liberalismo, sino para toda esta generación.


20
Mar 17

Comentarios a los comentarios de Guillermo

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En su perfil de Facebook, el cuate, Guillermo Fernández, hizo comentarios a mi entrada publicada con el título de Algunos liberales son conservadores.  Dice Guillermo:

El aborto es liberal porque el feto no tiene proyecto de vida. No es un ser vivo en acto, sino en potencia. ¡Perdón por la franqueza! De igual modo, cuando alguien está borracho y dormido, también es liberal matarlo, porque no tiene proyecto de vida ni está consciente. ¡Y lo más liberal del mundo: matar a los ancianos con demencia, porque cómo fastidian y ocupan espacio e interfieren en que uno pueda tener una vida placentera! Sobra decir que esos viejos ya vivieron su vida y no tienen proyectos más que esperar a la muerte. Mejor se las adelantamos.

Los niños de uno o dos años tampoco tienen proyecto de vida, ni son seres pensantes. Si no quiero no les doy de comer y que se mueran. ¡Porque soy liberal! ¡Vaya!

Más tarde les dejo un link donde pueden hacer el test que yo diseñé y que según mi criterio define quién es liberal. Todos los que no pasen el test son leninistas-colectivistas-conservadores-pseudo-liberales.

Su aproximación -sarcástica- distrae e impide ver con claridad.  Es la típica falacia del hombre de paja (o un non sequitur, para usar el lenguaje técnico).  Aun así, sirve para volver a explicar el asunto.

Mi argumento en Algunos liberales son conservadores se refiere expresamente a embriones y fetos; no se vale distraer la atención de los lectores hacia niños, bolos dormidos, ni a ancianos.

Un embrión depende 100% de su madre para desarrollarse, convertirse en feto y eventualmente nacer.  Es un hecho que un embrión de -tres meses- no podría vivir independientemente de la mujer que lo está gestando. En ese sentido tiene vida potencial porque vida, para los seres humanos, no es la mera existencia biológica que también tienen las amebas, los árboles y las tortugas.  La vida real (actual life) es la manera de vivir propia de cada individuo, el estilo que le es propio, sus valores, sus deseos, sus proyectos, sus emprendimientos, sus logros y más.  Un embrión carece de todo eso y es en ese sentido que el embrión es vida potencial, y no real (o actual life); es en ese sentido en el que la mujer sí tiene vida real (o actual life, no voy a seguir repitiendo esto porque voy a suponer que está claro que cuando escribo vida real, me refiero a actual life).

Pasa, y esto no es suficientemente comprendido en su justa dimensión, que el cuerpo y la vida real de la mujer cambian drásticamente con un embarazo.  ¡La vida real de la mujer cambia con el nacimiento! ¡Cambia más dramáticamente con un nacimiento indeseado!…y cambia durante el resto de su vida si es obligada a quedarse con el bebé indeseado; a veces para bien y a veces no, pero esa es una valoración personal.

De ahí que la idea radical de que las demás personas no son tu propiedad sea relevante . Desde una perspectiva liberal no se deberían forzar el embarazo, ni la maternidad en una mujer que no las desea; porque la mejor definición de liberalismo –que ha sido tan mal interpretado– es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. En este caso, los proyectos de vida de las mujeres que no pueden, o no desean tener hijos.  Esta es una diferencia sustancial entre liberales y conservadores.  Mi hipótesis es que para los conservadores la vida de las personas le pertenece a un orden que es superior a los individuos, y que los proyectos de vida de las personas deben estar sometidos a aquel orden y a la legislación dictada por quienes dicen representarlo.

Al objetar el aborto -en el contexto de mi artículo comentado por Guillermo- no se vale referirse a fetos de más de tres meses, y menos a bebés. ¿Por qué? Porque en mi artículo hablo de embriones y cito claramente el plazo de tres meses y porque más allá de aquel plazo, un aborto pondría en grave peligro la salud y la vida de la mujer.  Los abortos en circunstancias médicas responsables suelen ser de embriones;  pero no de bebés plenamente formados. La idea de que haya disponibilidad de ambientes y de profesionales responsables para interrumpir voluntariamente embarazos (en un país donde hay unos 65 mil abortos al año) es, ¡precisamente!, evitar peligros y daños para las mujeres que no pueden, o no quieren permanecer embarazadas. Muchísimas de aquellas mujeres mueren en condiciones inhumanas debido a abortos irresponsables y no profesionales.

Es cierto, eso sí, que estrictamente no es necesario estar a favor del aborto para ser liberal; pero la propiedad de uno mismo (self-ownership) sí es un principio indiscutiblemente liberal. Tu no le perteneces a tu familia, ni a al partido, ni a la sociedad, ni a la nación, ni a un orden superior cualquiera que sea el nombre que le quieran dar.   Eso quiere decir que tus células son tuyas y que tu mórula es tuya, así como tu embrión es tuyo; no de tu familia, ni del partido, ni de la sociedad, ni de la nación, ni de un orden superior cualquiera que sea el nombre que le quieran dar.

¡Ups!, y que conste en acta: de ninguna manera sería liberal asesinar viejitos con demencia, niños díscolos, o bolos dormidos.


28
Feb 17

Ganaron la batalla del barco, pero perdemos la de la libertad

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Escucha el podcast aquí.

La embarcación de Women on Waves -de una organización no gubernamental holandesa que ayuda a mujeres que desean interrumpir voluntariamente sus embarazos- fue expulsada del país por disposición de la Dirección General de Migración con el apoyo del ejército.

La visita y la propuesta de aquella nave desató a todas las fuerzas conservadoras y se armó una discusión apasionada y emocional sobre el aborto inducido.

La objeción más débil fue la positivista; basada en el hecho de que el aborto es un delito. Débil, la objeción porque los abortos no iban a ocurrir en territorio guatemalteco, sino en aguas internacionales en un buque de bandera holandesa, país en el que el aborto no es delito.  Las autoridades amenazaron con impedir por la fuerza que las mujeres que necesitaran los servicios del barco pudieran viajar hacia él; pero, ¿las autoridades deberían evitar que las mujeres que desearan un aborto viajaran a países como los Estados Unidos de América, Uruguay, o Guyana, para citar tres donde la interrupción voluntaria del embarazo no es delito?

La objeción más absurda fue la que mostraba vídeos e infografías de un bebé siendo violentamente extraído del vientre de una mujer.  Objeción absurda porque mostraba bebés plenamente formados más allá del primer trimestre de embarazo.  Un aborto más allá de ese plazo pondría en grave peligro la salud y la vida de la mujer.  Ningún médico responsable interrumpiría un embarazo en esas circunstancias.  Los abortos en circunstancias médicas responsables suelen ser de embriones;  pero no de bebés plenamente formados.  La idea de que haya disponibilidad de ambientes y de profesionales responsables para interrumpir voluntariamente embarazos (en un país donde hay unos 65 mil abortos al año) es, ¡precisamente!, evitar peligros y daños para las mujeres que no pueden, o no quieren permanecer embarazadas.  Muchísimas de aquellas mujeres mueren en condiciones inhumanas debido a abortos irresponsables y no profesionales.

La objeción más sofomórica fue la de que ¿qué tal si el embrión abortado iba a ser un Beethoven, iba a salvar al mundo, o eras tu? Objeción que se neutraliza con imponderables como, ¿qué tal si el embrión abortado iba a ser Hitler, o Stalin, o el marero que iba a matar a la hija de tu vecino?  La sola pregunta subraya el carácter potencial del embrión, frente al carácter real y actual de la vida de la mujer.

Es un hecho que un embrión -de tres meses- no podría vivir fuera del útero.  Sólo después de los siete meses es que aquella vida potencial tendría posibilidades de sobrevivir independientemente del organismo que se ha apoyado hasta el momento; si y sólo si cuenta con la tecnología, el conocimiento científico y la atención necesarias para ello.

Esto es muy importante porque, aunque un óvulo y un espermatozoide son vida potencial, aunque una morula y un embrión son vidas potenciales, la única vida real es la de la mujer embarazada.  Si la vida potencial tuviera el mismo valor que la vida real, debería ser delito desperdiciar esperma, por ejemplo. ¿Está claro que lo actual tiene prioridad sobre lo potencial?

Muchos opositores al aborto creen que la vida potencial y la vida actual son equivalentes; e hicieron creer a algunos inocentes que hay una contradicción entre la defensa de la vida como un derecho individual y un valor supremo, y la defensa del derecho de las mujeres a que nadie las fuerce a quedar embarazadas.

La vida humana (no la existencia de un embrión) implica acción dirigida, controlada por la mente, con cognición y emociones, valoraciones y preferencias, implica competencia y cooperación (los tropismos y los actos reflejos, no son acción).  La vida humana (la de la mujer, y no la existencia de un embrión)  implica acción, autonomía y autopoyesis (no en el sentido de que venga de la nada, claro; sino que se crea y se produce a sí misma a partir de un sistema cuya dinámica se mantiene y reconstruye a sí misma para no desintegrarse).

Alguien va a objetar que según aquella definición, pareciera que alguien que no tiene todas sus facultades cognitivas, o es incapaz de actuar, no está vivo.  Pero eso no es cierto, porque, una silla rota, sigue siendo una silla.  Por ejemplo, un anciano que sufre de demencia senil, sigue siendo una persona humana. .

Un detalle que me llamó la atención durante la discusión fue la creencia de que tanto la mujer embarazada como el hombre que la embarazó tienen iguales derechos con respecto al embrión.  Este argumento es muy débil porque el embrión crece dentro del vientre de la mujer, es el cuerpo de la mujer el que lo alimenta, es el cuerpo (¡y el proyecto de vida de la mujer!) el que es sometido a cambios impresionantes, el embrión depende 100% del cuerpo de la mujer, es totalmente inviable fuera del cuerpo de la mujer.  El padre ha aportado material genético, y eso es valioso; pero sólo carga una parte de los efectos y consecuencias del embarazo.

Por otro lado, no se puede tratar a todas las relaciones de padre biológico de la misma forma.  Esto es evidente cuando se trata del padre biológico potencial por violación, cuyo derecho al feto debería estar fuera de discusión ya que se trata de una imposición violenta en el cuerpo de la mujer violada.  Pareciera diferente en el caso del padre biológico potencial por coito voluntario; empero, aunque el coito fuera voluntario por parte de la mujer, la conservación de la mórula o del feto, es una decisión distinta porque tiene efectos distintos y de muy largo plazo.  Nueve meses como mínimo, de 18 a 21 años es una perspectiva, y el resto de la vida es otra posibilidad.  La mujer es el mayor stake holder en un embarazo.

No debería ser moralmente aceptable eso de forzar el embarazo en una mujer. Empero, aunque parece claro que el que es consecuencia de una violación es un embarazo forzado; el hecho de que la sociedad obligue a la mujer violada a conservar el embrión es una doble violación.  Nadie debería tener la facultad de forzar a una mujer a quedar embarazada, ni a permanecer embarazada.

Durante la discusión fue fascinante ver cómo, la mayoría de conservadores, hicieron micos y pericos para no apoyar sus argumentos en la creencia de que los embriones tienen alma puesta ahí por su dios.  Frente a ese argumento no hay nada que decir porque se trata de una creencia; las creencias, al margen de los hechos, son como callejones sin salida donde lo único que queda es pedir que se admita el artículo de fe.

En Facebook alguien proclamó: Ganamos la batalla del barco…y seguramente sí; empero…perdimos la batalla de la libertad.  Quizás porque, como dijo Benito Mussolini (de ingrata recordación), la concepción fascista de la vida es religiosa, una en la que el hombre es visto en su relación inmanente con una ley superior, dotada de una voluntad objetiva que trasciende al individuo y lo eleva a la pertenencia consciente de una sociedad espiritual.

Actualización: Hice una consulta entre mis lectores en @luisficarpediem y no deja de ser alarmante que 9 de 37 participantes crean no estén en desacuerdo con que nadie debería forzar a una mujer a quedar embarazada, ni a permanecer embarazada.  Dichosamente 26 dijeron que no están de acuerdo y nunca faltan los que son incapaces de hacer un juicio moral.

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04
Jul 16

La escultura, y objetivismo y libertarianismo

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En la Objectivist Conference 2016 mis conferencias favoritas de ayer fueron:

  1. The Value of the Visual Arts: How to Appreciate Sculpture and Still Life Painting, por la escultora Sandra Shaw y la pintora Linda Mann.  ¡Las naturalezas muertas, de Mann son bellísimas y excelentes!
  2. Objectivism and Libertarianism, por Yaron Brook y Onkar Ghate.

La escultura dramatiza la figura humana en forma tridimensional y apela a nuestra habilidad de ver las cosas y tocarlas; y como sucede en todo tipo de arte lo que buscamos en ella afecta lo que obtenemos de ella.  Shaw mostró The Column of Live por M. Hoffman y explicó como es que esa obra de arte nos muestra un mundo en el que eso es posible, la figura de dos seres humanos completamente expuestos en un mundo benevolente donde la serenidad, el amor, las relaciones y lo pacífico son posibles.

Shaw mostró The Painters´s Honeymooon por F. Leighton y Eva Buttler With a Dove, por A. Munro que recrean un mundo en el que la gentileza es posible.  También mostró The Sluggard, de F. Leighton que ilustra esta entrada.  La ideas de un universo benevolente se capta por medio de todas aquellas obras.

Entre las artes visuales, la escultura tiene la ventaja de que pone los objetos en nuestra dimensión, de la misma forma en que observamos la realidad y de la misma forma en la que los objetos están presentes en nuestro mundo.  Nos ofrece la experiencia de la realidad y de la grandeza del potencial humano (como en el David, de Miguel Angel). El hecho de que la escultura atienda a nuestras facultade de ver y tocar enfatiza su relación con la realidad.  Nuestra capacidad de percibir la existencia de las cosas depende de la vista y del tacto; y sin ellos nuestra capacidad de experimentar la presencia de entes estaría severamente limitada.

El foco principal de la escultura son las personas, los seres humanos; y su valor central es que nos ofrece una vista fundamental de los seres humanos y de su potencial.  Nos muestra que los seres humanos somos capaces de alcanzar logros, de ser felices y de ser inspiradores.

Shaw sugirió que las preguntas principales que debes hacerte cuando ves una escultura son: ¿Qué clase de ser es este? ¿Está floreciendo, o es inspirador? ¿Qué clase de vida vive? ¿En qué clase de mundo vive? La suya, ¿presenta una figura ideal? Cuando veas una escultura se explícito contigo mismo con respecto a qué quieres de ella.  Se muy egoísta cuando veas una escultura.

De las pinturas de Linda Mann voy a decir que me dejaron fascinado.  Yo nunca les había puesto atención a las naturalezas muertes.  En mi escala de mi muy humilde apreciación del arte estaban un escalón abajo de los paisajes, y estos estaban un escalón abajo de las pinturas que involucraban personas y acciones.  Ahora he aprendido el valor de las naturalezas muertas.

Estas nos recuerdan que el universo es inteligible y ordenado.  Nos hablan de perspectiva y de lo importante que es enfocarse y en la importancia, no de los detalles de la realidad, sino de los detalles escogidos por el artista.

De las pinturas que mostró Mann me impresionaron muchísimo una de una vasija griega y un broche, una de un florero de cristal y una tetera japonesa de hierro, y otra de una urna griega preciosa.  Las tres pinturas que -sin duda alguna- le hablan a nuestros sentidos de vida y hacen concretos nuestros valores abstractos.

Objetivismo y libertarianismo:

Yaaron Brook y Onkar Ghate cuestionaron que ideas como derecha e izquierda, o liberalismo y conservadurismo sean apropiadas para etiquetar al objetivismo; principalmente porque el objetivismo es una filosofía y no una ideología política.

Observaron que hay muchas coincidencias entre Ayn Rand y Ludwig von Mises; pero que se aproximan al capitalismo de laissez-faire (cuyo objetivo fundamental es proteger los derechos individuales, que son la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la libertad) desde dos perspectivas muy diferentes.

Yaron y Onkar hicieron énfasis en la importancia de sancionar lo bueno; y no sancionar lo malo.


09
Feb 16

La beatada contra la educación sexual

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Puedes escuchar el podcast aquí.

La llamada ley de la juventud es una pieza de legislación específica y concreta, que crea privilegios y asignaciones presupuestarias a grupos de interés que se atribuyen la representación de los jóvenes.  Las normativas de este tipo minan la igualdad de todos ante la ley, que debería ser un principio republicano fundamental. ¡Sólo por eso! aquella legislación debería ser rechazada de plano, no sólo en el Congreso, sino por todos aquellos que entienden el valor de la erradicación de los privilegios.

Pero ahí está que no…y los únicos que han expresado su rechazo a aquellas normativas son los cachurecos, y por las razones equivocadas.  Los que se toman en serio aquella escena de Como agua para chocolate en la que Pedro reza: No es por vicio, ni por fornicio, sino para hacer un hijo para tu servicio.

La beatada estima que los niños no deberían recibir información y educación de carácter sexual, científica y biológica si no es por medio de la familia; y definitivamente no por parte del estado.  Y estiman que la información y educación sexual  debería estar acompañada por consideraciones de orden espiritual…sus consideraciones de orden espiritual, para ser claros.

En principio yo estaría de acuerdo con el párrafo anterior  porque que el estado (o sea los políticos y sus funcionarios) no deberían involucrarse en la educación.  Punto.  No debería existir la educación estatal. Punto.  Pero existe; y si existe, la información objetiva sobre el sexo no debería ser excluida de los programas, como no debería ser excluida, por decir algo, la teoría de la evolución (aunque eso ofenda a los creacionistas).

Me inquieta, sin embargo, aquella postura que se opone a la distribución de información objetiva sobre el sexo por organizaciones más allá de la familia; y esto es porque en este país hay muchísima desintegración familiar, muchísima paternidad irresponsable y muchísima desinformación acerca del sexo.  La mayoría de familias no son cuadros de Norman Rockwell.  Sólo echa cuenta de que en 2014, el Observatorio de Salud Reproductiva estimó que hubo 71,000 embarazos de niñas y jóvenes. ¿Cuántos abortos se evitarían si los involucrados hubieran tenido información objetiva acerca del sexo? Y voy a apostar a que la mayoría de jóvenes obtienen, de parte de sus pares, cualquiera información de orden sexual que tengan.

Es cierto, claro, que el sexo tiene una dimensión más allá de lo puramente científico; pero eso es otro par de zapatos. Así como las escuelas estatales no debería forzar religión alguna en sus usuarios, tampoco deberían forzar ideas sobre el sexo.  En una sociedad donde la desintegración familiar es elevada, ¿quién debería discutir ese tema con los niños y jóvenes, in loco parentis? Descontando que los niños y jóvenes van a discutir el tema entre ellos (bien informados, o no), no queda más que admitir que otras instancias podrían ser fuentes de información mejor calificadas; y en tanto que esas instancias no tengan un monopolio, o una posición preponderante por medio de la legislación, mientras más y más diversas sean, quizás es mejor.  Pueden ser organizaciones privadas voluntarias de servicio, o lo que sea..hasta iglesias si no hay de otra; pero ninguna debería excluir a las otras mediante el uso de la fuerza de la ley.

Con respecto al sexo, Ayn Rand escribió que este es una capacidad física; pero su ejercicio está determinado por la mente del hombre  -por su elección de valores celebrada consciente, o inconscientemente. Para un hombre racional, el sexo es una expresión de su autoestima, una celebración de sí mismo y de la existencia. Para el hombre que carece de autoestima, el sexo es un intento de fingir y adquirir su ilusión momentánea.

El amor romántico, en el pleno sentido del término, es una emoción posible sólo para el hombre (o mujer) de inquebrantable autoestima: es su respuesta a sus propios valores más altos, identificados en la persona de otro; -es una respuesta integrada de su mente y su cuerpo, del amor y el deseo sexual. Tal hombre (o mujer) es incapaz de experimentar un deseo sexual separado de los valores espirituales.

Alguien debería compartir estas ideas con niños y jóvenes, y descubrir con ellos su significado; pero nadie debería tener el monopolio de discutir el tema.  Y es un error de ignorancia suponer que -en una sociedad con un elevado número de familias desintegradas y un elevado número de niños y jóvenes creciendo al margen de cualquier forma familiar- para esos niños y jóvenes sea fácil encontrar respuestas de calidad a sus inquietudes.

La ilustración la tomé de Facebook.


27
Jun 14

El cólera, la viruela y las hidroeléctricas

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En 1837 el cólera entró a Guatemala y al rato se había extendido por toda la república. Igual que había sucedido antes, durante la epidemia de viruela, las dirigencias conservadora e indigenista se opusieron a las cuarentenas, a la asistencia médica y a otras medidas. La discusión sobre las casusas de aquella enfermedad no sólo fue científica, sino política.

Animada por la Iglesia y por los conservadores, la gente no sólo no atendía las recomendaciones sanitarias, sino que no solicitaba ayuda médica.  Para mayo circularon rumores de que la enfermedad era causada por aguas envenenadas y de que la medicina era infecciosa. Las dirigencias en pueblos como San Miguel Totonicapán, Momostenango, Quiché, San Martín Jilotepeque y San Pedro Chipilapa se opusieron a políticas como la de enterrar a los muertos en cementerios fuera de los pueblos.

No es que no hubiera razones para incomodarse con disposiciones como aquella y con la prohibición de desfilar con el difunto en procesión por las calles, por ejemplo; pero las disposiciones, en sí, no eran disparates.

En 1826, una multitud azuzada por la dirigencia indigenista persiguió al médico y vicepresidente de Guatemala, Cirilo Flores, hasta el interior de la catedral de Quetzaltenango donde fue despedazado.  ¿Por qué? Entre otras cosas porque, en 1814, aquel médico había dirigido la campaña de vacunación contra la viruela, a la que se opusieron las dirigencias conservadora e indigenista.  La gente escondía a sus hijos e insultaba a los vacunadores, y los indígenas huían a las montañas para escapar de la enfermedad y de los médicos. El cura de Tejutla ordenó la suspensión de las vacunas.

Todo aquello me recuerda la actitud de los dirigentes indigenistas y de los conservadores (conservadores del conflicto, del enfrentamiento, del odio y de la violencia), en asuntos como las hidroeléctricas y otros proyectos industriales.  Como el No a las vacunas en el siglo XIX, el No anti-industrial, del siglo XXI, es ideológico y perjudicial para los más pobres y para los que necesitan empleo.

Gracias a La sangre de Guatemala, por Greg Grandin, por la info para esta columna.

Columna publicada en El periódico.

La foto es de la cartilla para vacunar impresa en 1814.