20
Feb 17

Incendio en el Cacique Inn, una noticia triste

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Un incendio destruyó la casa antigua del Cacique Inn, área privada que ocupaba la familia propietaria de aquel hotel iconográfico de Panajachel. El incendio no se extendió a las habitaciones ocupadas por los huéspedes, ni al restaurante, ni a la cocina. Aunque no tengo duda de que la empresa se recuperará de esta tragedia, no deja de ser triste esta pérdida económica y cultural.

El Cacique Inn fue fundado gracias al carácter emprendedor y luchón de mi tía abuela, Adela Morales Schuman a principios de los años 70.  Comenzó con unos cuartos y creció rápidamente. Sospecho que fue por tres causas notables: la pasión hotelera de la Tía Adelita que se traducía en una hospitalidad cariñosa; lo encantador de sus habitaciones y jardines; y su comida deliciosa.

El incendio de aquella casona es una pérdida cultural porque su arquitectura era hermosa e iconográfica.  Era un chalet de madera, de la primera mitad del siglo XX, que tenía un carácter propio y señorial.  Había sido mandado a construir por un matrimonio de apellido Kay, que luego lo dejó porque optó por algo más cerca del lago.  Inmediatamente después fue la casa privada de mi bisabuela, Adela Schuman de Morales; pero nunca la ocupó porque prefirió vivir junto a su hotel, que era el Casa Contenta.  Antes de llegar a ser el Cacique Inn, la casa siempre estuvo disponible para recibir a familiares y amigos.

El incendio de aquella casa también es una pérdida cultural porque allí se hallaban las docenas de huipiles que eran propiedad de mi Tía Adelita. Huipiles que ella lucía con orgullo y elegancia.  Muchos eran antiguos y todos eran de gran calidad artesanal. Era intención de las hijas de mi tía abuela organizar una exhibición permanente de los huipiles, en memoria de Adelita y compartir, así, aquella hermosa colección.

Mis primeras memorias de aquel lugar son de cuando era chico y mis primas y primos íbamos allí a jugar, a pesar de que no nos estaba permitido hacerlo.  Gracias a la Tía Adelita pasé muchas vacaciones y asuetos en Pana y muchas veces dormí en la casa. Más de una vez me tocó dormir sólo en el segundo piso y ahora me da algo de risa recordar que -con papeles- yo trataba de asegurar puertas y ventanas para que no crujieran -especialmente en las noches ventosas de octubre y noviembre- porque a mí me daba miedo.  Esa casa fue escenario de aventuras.  Me recuerdo leyendo Demián, de Herman Hesse, en el balcón de la casa.  Recuerdo el café con leche en las tardes lluviosas de junio y septiembre.  Recuerdo las siestas durante las tardes calientes de marzo y abril.  Allí estaba yo la noche en que mi padre tuvo el accidente que acabó con su vida.

La Tía Adelita era una mujer generosa y una emprendedora ejemplar; y estoy seguro de que aquella parte de su legado será levantada, literalmente de las cenizas.  Ya la oigo diciéndole a sus hijas, a sus nietos y a Milo: Cowboy up!

Foto por Cacique Inn.


02
Dic 16

Adiós a la Tía Baby

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La Tía Baby era empresaria.  Tuvo gasolineras en Panajachel y tenía una en la Avenida Elena de la ciudad de Guatemala.  Era bisnera y cocinera respetada. Su fiambre tenía devotos; y en varias ocasiones -sobre todo a principios de los 80- recuerdo haber gozado mucho sus tamales.

En mi niñez su nombre estaba asociado a dos facetas distintas:  Los carros y banderas que regalaba la Shell en tiempos de Le Mans…y creo que también juegos de ajedrez; y fue ella..ella..quien cuando mi padre le contó que yo tenía muy mala letra, le aconsejó que me pusieran a hacer planas.  Y me pusieron a hacer planas…que yo igual no hacía.

La Tía Baby me dio a probar guarapo, por primera vez;  y me enseñó a no devolverles los boletos de las camionetas a los conductores porque se quedaban con dinero que no era de ellos. Una vez, en una excursión, uno de los niños que íbamos en el auto arrojó basura en la carretera e hizo que se detuviera el vehículo, para regresar y recojer el deshecho. De ella es la frase: El que es para vivir, es para vivir; y el que es para morir, es para morir.  Era algo severa La Chata (ese era su otro nombre de cariño); pero a mí siempre me daba gusto verla.  ¡Siempre!   Una vez, hace años, me contó que había destruido todas sus fotos de jóven y a mí me dio tristeza eso.

Janet, que ese era su nombre, era hermana -de madre- de mi abuela, Frances; e hija de mi bisabuela, Adela.  Nació en 1920 y murió a los 96 años.


09
Oct 16

Desembarco en Guatemala, por los Maudslay

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Mi bisabuela, Adela, contaba una historia similar a la de los Maudslay, de cuando vino a Guatemala por el Puerto de San Jose: We anchored in the open sea and when the time came to go ashore we were each in turn swung over the ships side in a chair and deposited with a bump on top of the other passengers and piles of baggage in a large lighter which swayed alongside.  The operation was reversed when we neared the shore, Istoriaand a cage was lowered from the iron pier which loomed prodigiously and alarmingly hight above us, and we were swing in safety…even though landing was an unpleasant experience.

La foto es de de A Glimpse at Guatemala (1899);un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.  Por cierto que mi copia de A glimpse...era de mi bisabuela, Adela.

La foto, es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co.


06
Oct 16

Al fin comí persimones

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¡Desde hace varias semanas hay montones de persimones en los mercados!; pero hasta esta semana pude comer los míos. Me encanta disfrutarlos bien, bien maduros y suculentos.  Me gozo su color, su dulzura y su textura, tan distinta a las de otras frutas. Me encanta comerlos bien fíos, aunque al tiempo también son sabrosos.

Los persimones siempre me recuerdan a mi abuela, Frances, en mi adolescencia.  En aquel tiempo no eran comunes, ni conocidos, y ella compartía conmigo los suyos que le llevaba su comadre, Queta, cosechados del jardín de su suegro don Manuel, en Panajachel.  La Abui, como le decíamos a mi abuela los comía crudos disfrutando de su dulzura y de su textura peculiar; o preparaba un pudding que sacaba lágrimas de emoción de lo delicioso que era.


02
Oct 16

La ciudad de Guatemala y los Maudslay

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Cuentan los Maudslay: The city of Guatemala occupies a beautiful position in the middle of a broad plain, surrounded on all sides by mountains and volcanoes…The streets of the city are laid out at right angles, and they gain on appearance of breadth from the lowness of the houses.  Two -storied houses are as scarce as earthquakes are frequent…churches and houses alike are white-washed and the general effect is cheerful, and even dazzling in the bright sunlight of the tropics…the deep-set windows, barred with the heavy iron “reja” and the broad “zaguan” or porch, through which one catches a glimpse of the arches of a colonnade round a patio bright with flowers or chequered with the grateful shade of trees, take one back at once to the sunny plains of Andalusia.

La foto es de de A Glimpse at Guatemala(1899);un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.

La foto, es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co.


25
Sep 16

Niños y los Maudslay

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Esto nos cuentan los Maudslay acerca de una escuela en San Antonio Palopó: Next morning we were awakened by the arrival of the school-boys, whose class-room was next door. each little fellow trotted up the steps with a little bundle of wood faggots on his back, which he deposited outside the door, and then took his seat on the wooden bench within, They were the cutest little creatures imaginable, dressed just like their fathers; but their strange black garments were in indifferent repair, and the red-and-white handkerchiefs round their heads looked as though they might have been handed down fro father to son…they…buried their faces in the yellow-covered books, and never stirred for three whole hours! during which time the school master seated outside the school.room and chatted…Perhaps after all the master`s absence or presence did not make much difference, for he owned to us that he could not speak the Indian language and his pupils knew no Spanish.  

There is a school-house in every village, and the government really seems to do its best to give the Indians some education, but the difficulties are great.  Sometimes it is the Indian fathers who refuse to send their children to school, fearing that if they learn to read and write and speak Spanish they will be employed bay the Cabildo ant a starvation salary and never find time to plant their milpas; at other times it is the difficulty of finding competent and trustworthy teachers.   Indeed, I heard of one case in which it was not until the schoolmaster had been some years in office that the Jefe Politico discovered that the man could  neither read nor write.

La foto es de de A Glimpse at Guatemala(1899);un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.

La foto, dice: Boys in school,  es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co.


12
Sep 16

San Antonio Palopó en la lente de los Maudslay

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Así vieron San Antonio Palopó los Maudslay en 1889: The walls of the queer-looking houses are built of rough stones held together by a framework of undressed sticks, and a grass thatch covers the roof.  Each house stands within a small enclosure formed by a rough stone wall of a reed fence, snd some attempt has here and there been made to plant these enclosures with flowers; but usually the hard surface of the earth is swept bare.  There are only two or three trees in all the village, and as none of the of the indian houses are plastered or white-washed, the prevailing colour is a dusky brown of earth, rock and thatch which renders all the more striking the striped huipils of the women and the red-and-white handkerchiefs bound around the men´s heads.

La foto es de de A Glimpse at Guatemala(1899);un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.

La foto, dice: San Antonio,  es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co.


05
Sep 16

A lomo de mula en “A Glimpse at Guatemala”

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Dicen los Maudslay: On Sunday 21 st. to my regret we broke our camp…we sent on our pack-mules and luggage to the town of Panajachél to await our arrival, and set out ourselves to visit the small town of San Antonio…The shortest way to the village is by a precipitous path down the cliff, used daily by the Indians, but altogether impossible for mules…the narrow path zigzagged down the hill, and was so steeped that we preferred to dismount and lead our mules until we reached the water`s edge; then a ride of a few miles over a path scraped out of the hillside brought us in view of the little Indian town.

El relato del viaje en mulas me recordó mi propia aventura de cinco días en la selva de Petén y a lomo de mula,  cuando visité El mirador.

La foto es de A Glimpse at Guatemala (1899);un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.  Me gusta publicar esta serie de fotos encantadoras.

La foto, dice: Noonday rest,  es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co.


29
Ago 16

Guatemala de 1889 en el lente de los Maudslay

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Alfred y Ann Maudslay nos relatan su viaje a Atitlán: All day long travelers would pass along the road, which ran within a few feet of our tent.  Sometimes it would be a party of Indian traders or carriers, their cacastes heavily laden with earthen cooking-pots or other mechandise…the Indians would put their loads and stop to rest under the shade of the trees and ask permission to fill their water-jars from the little pool as civilly as though we were its lawful possesors. Then they would light their fires by the roadside to heat their coffee and toast tortillas in the ashes.

Se me había olvidado compartir las fotos de A Glimpse at Guatemala(1899); un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.  Aquí vuelvo a tomar esta serie de fotos encantadoras.

La foto, dice: Noonday rest,  es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co


17
Jun 16

En el Día del padre, para los nuevos en este espacio

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En 1986 las campanas doblaron por mi padre, que dejó de existir casi a la misma edad que tengo ahora (en 2006); y desde entonces, el Día del Padre no ha sido lo mismo para mí.

Extraño a mi padre cuando tengo un éxito, y lo extraño más cuando tengo un fracaso. Lamento mucho que no esté aquí para ver a sus nietos creciendo y para ver sus caras de felicidad cuando ganan sus equipos en el Mundial de Futbol.

Mi padre me enseñó a limpiar calamares, a sentarme a leer tranquilamente al final de la tarde, a montar moto, a cangrejear en la playa, a preparar “Bloody Marys”, y a cantar “En un bosque de la China” y “Pajarillo barranqueño”.

Me enseñó a hacer castillos de arena y me construyó un invernadero cuando yo era orquideólogo. Me enseñó tiro al blanco y seguramente hubiera preferido que yo fuera deportista, a que fuera orquideólogo; pero recuerdo que estaba muy contento cuando gané mi primer Mención honorífica en una exhibición nacional.

Con mi padre íbamos a “La Placita Quemada” a comprar mariscos, donde una señora que tomaba sangre de tortuga.

Íbamos cada 1 de noviembre al Cementerio General a visitar la tumba de su padre, y con mis hermanos entrábamos a pie. Él, además, había inventado la historia de un lorito suyo, de nombre Vito, que había sido piloto. El avión de Vito había sido derribado durante la Liberación y se hallaba enterrado cerca de la tumba de mi abuelo. Así que mis hermanos y yo llevábamos flores para el padre de mi padre, y flores para el lorito caído.

Al final de sus días discutíamos mucho. Él, sin lugar a dudas, era un constructivista irredento; y yo, soy un convencido total de la existencia de órdenes espontáneos. El era un apasionado con un corazonote así de grande; y yo que soy un objetivista, que sin duda le parecía exageradamente racional.

Mis padres eran muy jóvenes, y nada me daba más gusto y orgullo que el mío me presentara como su hermano y que cuando iba por la calle, con mi madre, alguien silbara y me dijera, “¡Adiós, cuñado!”

Su última foto se la tomé junto a su Mustang, el mismo en el que hizo su viaje final. Y por cierto que, pocos años antes, había pasado por una crisis financiera. Eso lo lastimó mucho; pero nunca perdió su magnífico sentido del humor. De hecho, para pasar el aguacero vendía contratos funerarios; y en sus tarjetas, ¿qué cree usted que decía? “Luis Figueroa, asesor en viajes celestiales”.

La última vez que lo vi yacía bien rasurado, todo conectado a tubos, inconsciente, y aparentemente tranquilo. Y no alcancé más que a decirle, muy quedito y entre dientes: “¡Gracias, fuiste un padre divertido! y te voy a extrañar”.

Esta es la nota que, sobre mi padre, escribí para el 17 de junio de 2006; la comparto con ustedes porque hoy es el Día del Padre, y para quienes son padres y nuevos lectores de Carpe Diem.