10
Jun 17

¡Adiós a Adam West!

Adam West, el Batman de mi generación, falleció hoy a la edad de 88 años a causa de la leucemia.

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Allá por 1967, o 68 mi padre nos regaló a mi hermano Juan Carlos y a mí sendos trajes de Batman y Robin.  Es que esa era una de nuestras series de televisión favoritas, hasta el punto de que -¿cómo iba a ser eso posible, pero lo era?- mi padre tenía que silbar el tema de la serie cuando tocaba a la puerta e iba a por nosotros a la casa de mi abuelita, Juanita, a modo de santo y seña.  Ya se que esto no es fácil de imaginar; pero igual, así era como era.

Esto es en los años 60 cuando uno dependía 100 por ciento de los horarios de la televisión y uno de verdad tenía que esperar para ver sus series y películas favoritas.  No era fácil; pero no había de otra y uno no imaginaba un mundo en el que eso fuera distinto.  Elvis Presley tenía tres televisores distintos en su casa para ver los únicos tres canales nacionales que había en los EUA en aquel entonces.

Tuve traje de Batman y carrito de Batman.  Un batimóvil al que le salía fuego del escape. Fuego de plástico, debo explicar.  Tuve linterna de Batman que para alumbrar lanzaba una batiseñal. Un cuate del colegio tenía cinturón de Batman, con gadgets y todo.

Esos eran los años en los que Batman (Bruno Dîaz -porque todo venía traducido-) era Adam West; y los años en los que Robin (Ricardo Tapia) era Burt Ward.  El dúo dinámico, para más señas.

Por cierto, no es fácil ser Batman.  Si aceptas que tu identidad la construyes tú mismo, que tu propósito en la vida lo estableces tú mismo, que el orden de tu vida lo creas tú mismo, si aceptas completamente estos conceptos, tendrás el apuntalamiento filosófico para convertirte en Batman, así escribió mi amigo y maestro Warren Orbaugh. Seguramente querrás leer ese artículo en recuerdo del Batman de los sesenta.

La foto la tomé de Facebook.


28
May 17

Sigo sin éxito con mi pastel de chocolate

Luego de casi un año volví a intentar con el pastel de chocolate de cuando era niño…y bueno, ya sabes…los fracasos son oportunidades. (Los fracasos son oportunidades, los fracasos son oportunidades, los fracasos son oportunidades).

Cuando era niño, uno de los pasteles tradicionales en casa de mi abuela, Frances, y en la de mis padres era el de chocolate con turrón de menta.  Me gustaba muchísimo la combinación del chocolate con la menta y me encantaba el color del turrón.  El aroma era irresistible.

Esta vez conseguí el chocolate en tableta como dice la receta -no cocoa, como la vez pasada-; pero el pastel me salió menos suelto y se endurecieron los bordes, quizás porque el horno estaba demasiado caliente.

Una vez más, el pastel -que ya había crecido- se bajó de repente dentro del horno; y yo no había abierto la puerta.  Otra vez fue triste porque tenía ilusión.

Como la vez pasada, el turrón de menta sí salió magnífico, del tono de verde adecuado, con el aroma y con el sabor exactamente a los que estaban en mi memoria. Ya sabes, la comida trae recuerdos.

Como hace casi un año cubrí el fracaso de pastel con el turrón delicioso y el resultado no estuvo mal porque, si bien el pastel no era hermoso, ni su consistencia la esperada, su sabor sí que estaba muy rico.

¡Habrá que probar otra vez!


14
May 17

Pastillas de violetas y viaje en el tiempo

Viajé en el tiempo porque las pastillas Gallito, con sabor a violetas, todavía tienen el mismo sabor delicioso que tenían cuando yo era niño.

Digamos que tenía unos 40 años de no comerlas (mínimo) y a mi hermano, Juan Carlos,  le trajeron unas de Costa Rica.  Fue hermoso abrir el cilindro y ver el color, riquísimo sentir el aroma y delicioso encontrarme con aquel sabor clásico.

Es cierto que las comidas traen recuerdos; y eso no excluye a las golosinas, ni a las bebidas.  A mí me encanta cuando puedo establecer un vínculo entre mi pasado y mi presente por medio de sabores, aromas y texturas de aquellos alimentos que me ponían contento cuando era niño.


04
May 17

Banquete presidencial…en 1906

Sopa; Volau-vent; Tamales; Pollos en salza; Beefsteak; Ensalada; Fruta dulce, café; Vinos, cerveza y licores, fue el menú que el presidente de la República, don Manuel Estrada Cabrera, ofreció en julio de 1906 a los valientes jefes y oficiales del Ejército nacional. ¿Posiblemente en el contexto de la segunda Guerra del totoposte?

El reportaje de la revista La locomotora, publicada el 11 de agosto de 1906 indica que hubo una celebración; después un banquete opíparo obsequiado y servido por entusiastas y distinguidos caballeros les esperaba en los hermosos y amplios salones del Hipódromo de allí salían llenos de gozo hacia sus respectivos lares con el deseo patriótico de entrar de nuevo en la brecha si los intereses de la Nación lo exigen.

De esa época siempre me llama la atención la retórica florida y servil que todavía sobrevive en muchos rincones del país; igualmente destaca la forma arbitraria de escribir palabras como Volau-vent (por Vol-au-vent, o Bolován); y Salza (por Salsa).  No deja de tener algo de gracia lo ecléctico del menú opíparo que incluye bolován, tamal, pollos y bistec.  Me hubiera encantado saber de qué eran la sopa y la ensalada, y qué tipo de salza tenían los pollos. ¿A tí no?

Un viaje a aquellos tiempos siempre es encantador para el Club de la nostalgia; pero también para no olvidar que muchas cosas han cambiado, y que no han cambiado muchas cosas, sin ser pesimista.

En mayo de 1906 hubo dos invasiones a Guatemala originadas en el descontento contra don Manuel Estrada Cabrera en los países de la región y por las rivalidades tradicionales entre liberales y conservadores. El presidente de El Salvador era el general Tomás Regalado que fue muerto, en Guatemala durante esta invasión, en buena parte porque venía totalmente borracho.  Esta historia se la escuché a un amigo de mi padre, que era nieto de Francisco Mollinedo, uno de los generales de don Manuel.

Hubo estado de guerra. La tropa salvadoreña logró ingresar hasta Asunción Mita y Jutiapa, en el oriente, y por occidnete, el general Manuel Lisandro Barillas, expresidente de la República, capturó Ayutla y Ocós. Con todo y todo, el ejército de Guatemala obligó a los invasores a replegarse. El comandante en jefe de la campaña fue el general de división Manuel Maximiliano Aguilar Santa María. Luego de casi dos meses de hostilidades, el conflicto finalizó con con el armisticio firmado a bordo del barco de guerra estadounidense Marblehead, luego de la muerte de Regalado.

Gracias a mi sobrino, Andrés, por la foto.


20
Feb 17

Incendio en el Cacique Inn, una noticia triste

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Un incendio destruyó la casa antigua del Cacique Inn, área privada que ocupaba la familia propietaria de aquel hotel iconográfico de Panajachel. El incendio no se extendió a las habitaciones ocupadas por los huéspedes, ni al restaurante, ni a la cocina. Aunque no tengo duda de que la empresa se recuperará de esta tragedia, no deja de ser triste esta pérdida económica y cultural.

El Cacique Inn fue fundado gracias al carácter emprendedor y luchón de mi tía abuela, Adela Morales Schuman a principios de los años 70.  Comenzó con unos cuartos y creció rápidamente. Sospecho que fue por tres causas notables: la pasión hotelera de la Tía Adelita que se traducía en una hospitalidad cariñosa; lo encantador de sus habitaciones y jardines; y su comida deliciosa.

El incendio de aquella casona es una pérdida cultural porque su arquitectura era hermosa e iconográfica.  Era un chalet de madera, de la primera mitad del siglo XX, que tenía un carácter propio y señorial.  Había sido mandado a construir por un matrimonio de apellido Kay, que luego lo dejó porque optó por algo más cerca del lago.  Inmediatamente después fue la casa privada de mi bisabuela, Adela Schuman de Morales; pero nunca la ocupó porque prefirió vivir junto a su hotel, que era el Casa Contenta.  Antes de llegar a ser el Cacique Inn, la casa siempre estuvo disponible para recibir a familiares y amigos.

El incendio de aquella casa también es una pérdida cultural porque allí se hallaban las docenas de huipiles que eran propiedad de mi Tía Adelita. Huipiles que ella lucía con orgullo y elegancia.  Muchos eran antiguos y todos eran de gran calidad artesanal. Era intención de las hijas de mi tía abuela organizar una exhibición permanente de los huipiles, en memoria de Adelita y compartir, así, aquella hermosa colección.

Mis primeras memorias de aquel lugar son de cuando era chico y mis primas y primos íbamos allí a jugar, a pesar de que no nos estaba permitido hacerlo.  Gracias a la Tía Adelita pasé muchas vacaciones y asuetos en Pana y muchas veces dormí en la casa. Más de una vez me tocó dormir sólo en el segundo piso y ahora me da algo de risa recordar que -con papeles- yo trataba de asegurar puertas y ventanas para que no crujieran -especialmente en las noches ventosas de octubre y noviembre- porque a mí me daba miedo.  Esa casa fue escenario de aventuras.  Me recuerdo leyendo Demián, de Herman Hesse, en el balcón de la casa.  Recuerdo el café con leche en las tardes lluviosas de junio y septiembre.  Recuerdo las siestas durante las tardes calientes de marzo y abril.  Allí estaba yo la noche en que mi padre tuvo el accidente que acabó con su vida.

La Tía Adelita era una mujer generosa y una emprendedora ejemplar; y estoy seguro de que aquella parte de su legado será levantada, literalmente de las cenizas.  Ya la oigo diciéndole a sus hijas, a sus nietos y a Milo: Cowboy up!

Foto por Cacique Inn.


02
Dic 16

Adiós a la Tía Baby

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La Tía Baby era empresaria.  Tuvo gasolineras en Panajachel y tenía una en la Avenida Elena de la ciudad de Guatemala.  Era bisnera y cocinera respetada. Su fiambre tenía devotos; y en varias ocasiones -sobre todo a principios de los 80- recuerdo haber gozado mucho sus tamales.

En mi niñez su nombre estaba asociado a dos facetas distintas:  Los carros y banderas que regalaba la Shell en tiempos de Le Mans…y creo que también juegos de ajedrez; y fue ella..ella..quien cuando mi padre le contó que yo tenía muy mala letra, le aconsejó que me pusieran a hacer planas.  Y me pusieron a hacer planas…que yo igual no hacía.

La Tía Baby me dio a probar guarapo, por primera vez;  y me enseñó a no devolverles los boletos de las camionetas a los conductores porque se quedaban con dinero que no era de ellos. Una vez, en una excursión, uno de los niños que íbamos en el auto arrojó basura en la carretera e hizo que se detuviera el vehículo, para regresar y recojer el deshecho. De ella es la frase: El que es para vivir, es para vivir; y el que es para morir, es para morir.  Era algo severa La Chata (ese era su otro nombre de cariño); pero a mí siempre me daba gusto verla.  ¡Siempre!   Una vez, hace años, me contó que había destruido todas sus fotos de jóven y a mí me dio tristeza eso.

Janet, que ese era su nombre, era hermana -de madre- de mi abuela, Frances; e hija de mi bisabuela, Adela.  Nació en 1920 y murió a los 96 años.


09
Oct 16

Desembarco en Guatemala, por los Maudslay

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Mi bisabuela, Adela, contaba una historia similar a la de los Maudslay, de cuando vino a Guatemala por el Puerto de San Jose: We anchored in the open sea and when the time came to go ashore we were each in turn swung over the ships side in a chair and deposited with a bump on top of the other passengers and piles of baggage in a large lighter which swayed alongside.  The operation was reversed when we neared the shore, Istoriaand a cage was lowered from the iron pier which loomed prodigiously and alarmingly hight above us, and we were swing in safety…even though landing was an unpleasant experience.

La foto es de de A Glimpse at Guatemala (1899);un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.  Por cierto que mi copia de A glimpse...era de mi bisabuela, Adela.

La foto, es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co.


06
Oct 16

Al fin comí persimones

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¡Desde hace varias semanas hay montones de persimones en los mercados!; pero hasta esta semana pude comer los míos. Me encanta disfrutarlos bien, bien maduros y suculentos.  Me gozo su color, su dulzura y su textura, tan distinta a las de otras frutas. Me encanta comerlos bien fíos, aunque al tiempo también son sabrosos.

Los persimones siempre me recuerdan a mi abuela, Frances, en mi adolescencia.  En aquel tiempo no eran comunes, ni conocidos, y ella compartía conmigo los suyos que le llevaba su comadre, Queta, cosechados del jardín de su suegro don Manuel, en Panajachel.  La Abui, como le decíamos a mi abuela los comía crudos disfrutando de su dulzura y de su textura peculiar; o preparaba un pudding que sacaba lágrimas de emoción de lo delicioso que era.


02
Oct 16

La ciudad de Guatemala y los Maudslay

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Cuentan los Maudslay: The city of Guatemala occupies a beautiful position in the middle of a broad plain, surrounded on all sides by mountains and volcanoes…The streets of the city are laid out at right angles, and they gain on appearance of breadth from the lowness of the houses.  Two -storied houses are as scarce as earthquakes are frequent…churches and houses alike are white-washed and the general effect is cheerful, and even dazzling in the bright sunlight of the tropics…the deep-set windows, barred with the heavy iron “reja” and the broad “zaguan” or porch, through which one catches a glimpse of the arches of a colonnade round a patio bright with flowers or chequered with the grateful shade of trees, take one back at once to the sunny plains of Andalusia.

La foto es de de A Glimpse at Guatemala(1899);un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.

La foto, es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co.


25
Sep 16

Niños y los Maudslay

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Esto nos cuentan los Maudslay acerca de una escuela en San Antonio Palopó: Next morning we were awakened by the arrival of the school-boys, whose class-room was next door. each little fellow trotted up the steps with a little bundle of wood faggots on his back, which he deposited outside the door, and then took his seat on the wooden bench within, They were the cutest little creatures imaginable, dressed just like their fathers; but their strange black garments were in indifferent repair, and the red-and-white handkerchiefs round their heads looked as though they might have been handed down fro father to son…they…buried their faces in the yellow-covered books, and never stirred for three whole hours! during which time the school master seated outside the school.room and chatted…Perhaps after all the master`s absence or presence did not make much difference, for he owned to us that he could not speak the Indian language and his pupils knew no Spanish.  

There is a school-house in every village, and the government really seems to do its best to give the Indians some education, but the difficulties are great.  Sometimes it is the Indian fathers who refuse to send their children to school, fearing that if they learn to read and write and speak Spanish they will be employed bay the Cabildo ant a starvation salary and never find time to plant their milpas; at other times it is the difficulty of finding competent and trustworthy teachers.   Indeed, I heard of one case in which it was not until the schoolmaster had been some years in office that the Jefe Politico discovered that the man could  neither read nor write.

La foto es de de A Glimpse at Guatemala(1899);un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.

La foto, dice: Boys in school,  es por A. P. Maudslay y el grabado es por la Swan Electric Engraving Co.