14
May 07

El regreso del perfecto idiota, comentado

Del cuate peruano, Héctor Ñaupari, he recibido los siguientes comentarios acerca de El regreso del perfecto idiota latinoamericano, obra de Carlos Alberto Montaner, Alvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza.

Se ha publicado El regreso del idiota, de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa (Random House/Mondadori, México, 2007, 343 páginas) tercera entrega de estos destacados defensores de la libertad, el progreso y bienestar, valores tan esquivos como urgentes en nuestros países, y que causara, como es lógico, ácidos e insultantes comentarios por parte de la divine gauche latinoamericana.

Lo novedoso es que todos estos presurosos pero desacertados “críticos” cometían el grave yerro –como hicimos notar en su oportunidad– de no haber leído el libro, que todavía no había salido a la venta, un rotundo y al mismo tiempo grave caso de deshonestidad intelectual, amparado en el siniestro silencio de sus compañeros de ruta y de otros ingenuos en la academia y la cultura, de un lado a otro del continente.

Como seguramente estos aviesos y poco serios comentarios continuarán, nos apresuramos a recomendar este magnífico libro e insistir en su inmediata lectura. En sus inquietantes páginas, nuestros autores pasan revista a la actualidad de América Latina y, en su análisis, sorteando las zigzagueantes coyunturas de nuestros países, rastrean, en primer término, la genealogía intelectual y política de los “nuevos” izquierdistas de esta parte del continente.

En el libro queda claro que el neosocialismo o “socialismo del siglo XXI” latinoamericano está viviendo un autoengaño: se considera a sí mismo pleno de vitalidad, cuando en realidad se ha fosilizado, exponiendo su oscura decrepitud a la realidad solar e inmisericorde de nuestros tiempos, y dilapidando inexorablemente el poco capital espiritual que todavía le queda. “Nietas de Marx, hijas de Lenin y sobrinas de Freud”, como sostienen los escritores, el último héroe de las izquierdas, Ernesto Che Guevara, lleva muerto más de cuarenta años, y casi nadie conoce su verdadero pensamiento –resumido en esa terrible frase suya: “ser… una fría máquina de matar”– ni sus crueldades y asesinatos a sangre fría, teniéndosele más como un fenómeno chic antes que como un verdugo a mansalva de adolescentes, lo que fue en realidad.

Sin correr la suerte de Guevara, –como puntualiza brillantemente el libro comentado– fuera de las costas de Cuba, el viejo y enfermo Comandante que la tiraniza no inspira los enfebrecidos entusiasmos de hace cuatro décadas, repetidos hasta el hartazgo en proclamas, poemas, odas y canciones de nueva trova. Más bien, queda patente que es, para todas las democracias en el mundo, una gran incomodidad, por sus sostenidas violaciones a todos los derechos humanos, su saudita riqueza, su olímpico desprecio a la libertad de pensamiento, prensa y expresión, y, sobre todo, por llevar el triste título de ser el dictador más antiguo de América Latina.

Del mismo modo, convienen los autores en que muy poco sensato ha de ser tener como adalides a líderes indigenistas, nacionalistas y tropicales bolivarianos –los “izquierdistas carnívoros”– que repiten los mismos clichés de hace cuando menos un siglo y medio; y, peor aún, cuando se sabe que comparten también los mismos apetitos de poder desaforado y supremo. En realidad –como comprueba el libro– en sus discursos y metodologías, nuestra izquierda se ha detenido en el tiempo. Un clarísimo ejemplo de ello es Silvio Rodríguez. Como señala con indudable acierto el destacado crítico literario peruano Gustavo Faverón –a quien nadie puede acusar, por cierto, de neoliberal– “Silvio Rodríguez canta la revolución y es un ejemplo estrepitoso de conservadurismo. Su música es la eterna repetición edulcorada y entristecida de las mismas tres notas; sus letras son tan nuevas como pueda ser nuevo a estas alturas alguien que parece no haber leído en su vida nada más que a Bécquer y al Che Guevara. Ni siquiera su guitarra parece haber sido afinada en los últimos treinta años. Uno tiene la impresión de que afinarla sería un acto demasiado experimental para Rodríguez: es imposible detectar ningún tipo de evolución en sus discos: su primera época y la última son lo mismo”[1].

Es por eso que, acorde con los nuevos tiempos, como destacan Mendoza, Montaner y Vargas Llosa, hay una izquierda renovada en América Latina, la cual ha abordado el tren de la historia, porque ha comprendido la realidad del mercado sin anteojeras ni corsés ideológicos, lo mismo que el respeto a los derechos esenciales de las personas y la democracia, sin perder por ello sus preocupaciones sociales.

Si algo podemos concluir de esta “izquierda vegetariana” –como se la denomina en el libro– es que resulta mejor y más práctico convencerles de la naturaleza bienhechora del mercado, que lograr que algunos liberales tengan en cuenta las evidentes desigualdades que padece nuestra región. No obstante, ése no es el caso de los autores de El regreso del idiota, pues, si una evidencia resalta en el libro, es el reconocimiento de la pobreza y las divergencias sociales de Latinoamérica, y su solución a través de la libertad y el emprendimiento empresarial sin cortapisas, propuestas que, a fuerza de insistir, y reforzadas por el peso de la realidad, vienen siendo acogidas en diversos países.

Asimismo, en el libro se explica al gran público el complejo de Fourier, mal psicológico descrito por un venerable economista austriaco, Ludwig von Mises, el cual aqueja a las izquierdas latinoamericanas y europeas por igual –configurando un rarísimo caso de igualitarismo psiquiátrico, donde el denominador común está representado por un “sueño [que] es… un escape a anhelos reprimidos…”– y que consiste en descargar en el otro –la burguesía, el imperialismo, el neoliberalismo hambreador y genocida– sus amargas frustraciones, bajo la coartada de “reivindicaciones sociales”, en una “providencial transferencia de la culpa”, como destacan los autores. Resolver este mal latinoamericano es una tarea pendiente si se quiere alcanzar realmente el desarrollo para la región, y que las reformas no queden simplemente en modernizaciones cosméticas, tragedia que ha ocurrido en el pasado, también analizada escrupulosamente en El regreso del idiota.

Finalmente, en su último capítulo, este libro quiebra uno de los mitos que más ha vendido la izquierda en ambos lados del Atlántico: el monopolio de la autoridad moral de sus intelectuales. Cuando leemos la conspiración del silencio urdida contra Hayek, y su posterior vindicación; la odisea de Popper, huyendo del totalitarismo nazi, lo mismo que Ayn Rand y su dramático escape del comunismo emergente en su Rusia natal; o, los insultos proferidos contra Carlos Rangel, tenemos la certeza que hay una historia paralela, de heroísmo y compromiso, de sacrificio y virtud, en los intelectuales liberales, que debe ser escrita. Estimo que el homenaje rendido a estos paladines en este libro sea el punto de partida para contarla. Ése es mi deseo y mi esperanza.

[1] Faverón, Gustavo. Dean Reed y los héroes quietos. Revolución conservadora (invitado especial: Silvio Rodríguez). Blog Puente Aéreo, del autor. Mayo, 2007.

En la foto estamos Alvaro Vargas Llosa, y su servidor.

12
May 07

Feliz, como una lombriz

1. En 1972 el rey de Bután decidió hacer de la Felicidad Nacional Bruta la prioridad de su país; y cuando leí aquella noticia, en The New York Times que publica Prensa Libre, pensé: De plano que es un truco publicitario para atraer al turismo New Age, y a imitadores de George Harrison, el ex Beatle que se volvió budista.

Sin embargo resulta que no. Algunos científicos sociales, economistas, y burócratas decidieron entrarle en serio a la investigación de la felicidad mediante el uso de encuestas y en el caso de la Subjective Well-Being Rankings of 82 Societies, de World Values Survey, uno se entera de que México ranquea en 4.32; El Salvador lo hace en 3.67 y que Perú está en 1.32. Puerto Rico ranquea alto en 4.67, e Indonesia ranquea bajo en -2.4. Guatemala no está incluida en el estudio.

Me hubiera gustado saber en qué rango está Guatemala, debido a que entre mis inclinaciones epicúreas, hedonistas y sibaritas considero que el derecho a la búsqueda de la felicidad es el más importante de los derechos individuales. Me adhiero plenamente a la frase de Ayn Rand, que dice que “El propósito de la moral es enseñarte, no a morir y a sufrir; sino a disfrutar y a vivir”.

Aquí hay que hacer un alto y tomar en cuenta algunos detalles que importantes: 1. las encuestas son instrumentos burdos para la exploración de la psique de las personas; 2. La noción de felicidad es algo muy personal; y 3. Las palabras feliz y felicidad no se traducen en forma directamente proporcional de un lenguaje a otro, y en todo caso expresan expectativas culturales e ideales que no son universales. Entonces, ¿no resulta muy subjetiva la medición del bienestar subjetivo?

Aquellos temas los explora el estudio In Pursuit of Happiness Research. Is it Reliable? What Does It Imply for Policy?, elaborado por Will Wilkinson, del Cato Institute; y tienen importancia actual porque en el ambiente electoral chapín, no falta quienes crean que las políticas públicas que apuntan al socialismo, son más efectivas que las políticas públicas capitalistas, en cuanto a favorecer aquella búsqueda.

La gente tiende a creer que el capitalismo “materialista” hace infelices a las personas; pero la evidencia muestra la libertad económica está fuertemente relacionada con niveles altos de felicidad. Para probar esto, Willkinson muestra los resultados del estudio Economic Policy and the Level of Self –Perceived Well-Being, por Ovasaka y Takashima.

Aquellos resultados “sugieren que la gente se preocupa, inconfundiblemente, acerca del grado en el que la sociedad en la que vive le provee de las oportunidades y de la libertad necesarias para emprender nuevos proyectos y para tomar decisiones basadas en sus propias preferencias”.

Hay verdades que se nos olvidan y que Willkinson nos recuerda con gracia: “Si usted quiere personas menos materialistas, cree más cosas materiales disponibles para ellas, de modo que puedan dejar de preocuparse tanto por lo material y empiecen a preocuparse por cosas como la felicidad y el significado de la vida”.

En conclusión: hay más posibilidades de encontrar la felicidad cuando tenemos libertad para elegir de acuerdo con nuestras preferencias, que cuando legisladores, burócratas e ingenieros sociales diseñan lo que debería hacernos felices.

2. Por error paré en la 8ª. Avenida de la Zona 1 el viernes pasado; y me llevé una sorpresa agradable al ver que en el sector por el que andaba los vecinos han pintado sus casas y han puesto macetas en los balcones. El área se ve muy agradable. Ojala que los cambios hayan sido voluntarios, y no bajo algún tipo de coacción.

3. Desde que leí un titularcito que decía Derrota al socialismo, aquí en Prensa Libre, he notado un silencio ensordecedor entre mis colegas. Claro que en Francia todavía están pendientes las elecciones parlamentarias de junio, y ahí se definirá todo. Empero, es un buen momento para ver el documental Heaven on Earth, The Rise and Fall of Socialism, que está disponible en Take One, la tienda de vídeos de Futeca, en la zona 14.

Publicada en Prensa Libre el sábado 12 de mayo de 2007


09
May 07

Silencio atronador

Desde que leí Sarkozy gana elecciones presidenciales de Francia, entre los titulares de los diarios el lunes pasado, he observado un silencio ensordecedor entre mis colegas columnistas y bloggeros de persuasión colectivista.

Claro que tampoco es cuestión de ponerse pesado, porque en Francia están pendientes las elecciones parlamentarias en junio próximo y ahí se terminará de definir la situación; y en la política, como en el beisbol, el juego no se define sino hasta la última entrada.

Esta derrota al socialismo, sin embargo, debería poner a pensar a muchos…digo yo.


20
Mar 07

Descubriendo el agua azucarada

Al Banco Interamericano de Desarrollo le preocupa la alta dependencia de Guatemala de los flujos de remesas porque “es un indicio de que el país no genera las oportunidades suficientes de empleo y desarrollo”.

¡Vaya!, hoy si que el BID descubrió el agua azucarada. Como si las razones por las cuales la gente se va de Guatemala fueran un misterio: falta de mercado y falta de estado de derecho.

Las políticas neoliberales impulsadas por burócratas internacionales, como los del BID y los del Fondo Monetario Internacional, son, en buena parte, responsables de aquella situación. ¿Por qué? Porque en vez de la apertura unilateral de fronteras, los neoliberales recomiendan tratados de “libre” comercio; porque en vez de un poll tax, los neoliberales recomiendan elevar los impuestos a los rendimientos del capital y, en el mejor de los casos, un flat tax, por ejemplo.

La gente se va de Guate porque aquí no hay oportunidades; y a aquí no las hay debido a malas políticas económicas establecidas deliberadamente por políticos oportunistas confabulados con grupos de interés que se aprovechan del mercantilismo, del socialismo y del neoliberalismo para usar la ley en su favor y obtener privilegios. Eso se sabe desde hace ratos y no hacía falta que se dejaran venir todos los burócratas del BID para que nos enteráramos.


09
Mar 07

¿Cada vez más pobres?

Carlos Marx estimaba que los proletarios, cada vez más empobrecidos a causa del capitalismo, iban a iniciar la revolución y a establecer la dictadura del proletariado. Como nunca hubo tal empobrecimiento, nadie se animaba a iniciar una revolución; entonces, a Lenin se le ocurrió que la vanguardia del proletariado (él y sus cuates) harían la revolución y establecerían la dictadura.

Años mas tarde, los socialistas estimaron que la globalización ha empobrecido a las masas; y cómo donde hubo fuego, cenizas quedan, no falta quién crea que se aproxima el momento para la revolución.

La pregunta, sin embargo, es: ¿Es cierto que cada vez hay más pobres? Para contestar, sugiero que le echemos un ojo a la realidad, basándonos en los hechos.

Gracias a Juan Carlos, por la pista.


19
Feb 07

De Evo, o de Hugo, con amor

Perdone; pero, ¿de dónde dice que viene?

Gerardo García, vicepresidente del Movimiento al Socialismo –el partido de Evo Morales– le trajo buenas nuevas y apoyo a Rigoberta Menchú. En la foto se les ve a ambos; pero lo que se nos pasó a todos, menos al estimado lector don Bobby, es que el pasaporte que ostenta García, en la bolsa de su camisa, dice República Bolivariana… Usted saque cuentas.

La foto es por Rafael Rosales, de Siglo Veintiuno.


17
Feb 07

¡La experiencia de Evo!

Leo que “Evo Morales, presidente boliviano, y el partido que lo llevó al poder, ofrecieron a Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz de 1992, su experiencia, para que pueda ganar la Presidencia en los próximos comicios generales”. La dirigencia del Movimiento Al Socialismo (PDF) le entregó ayer una carta a Menchú, en la que se solidariza con sus intenciones de buscar la silla presidencial en Guatemala.

A mi me deja perplejo, porque el rol model de Morales es Castro -un dictador perverso que ya lleva como 50 años en el poder- y la gente del MAS vino a Guatemala para participar en el Encuentro de Pueblos Indígenas por la Democracia. ¡Hagame el favor!

El montaje es de trabajadores.cubaweb.cu


11
Ene 07

El socialismo de Chávez

Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela y juró por un socialismo venezolano. Como hace poco amenazó con expander el gasto público, incrementar el dirigismo estatal y nacionalizar los servicios eléctricos, de telecomunicaciones y la explotación petrolera, ya se ven las primeras reacciones: El DZ Bank, de Alemania, ha recomendado no invertir en aquel país sudamericano.

Irónicamente, como le dijo una vez Susanita a Mafalda: ¡Que bueno que el mundo queda tan lejos!


18
Dic 06

Cuando se muera Castro

Cuando se muera Fidel Castro, los socialistas y sus amigos ¿armarán escándalos por los más de 9,000 cadáveres que él dejó atrás? (Sin contar a los miles que han muerto al tratar de escapar de su isla prisión.) Esos escándalos, ¿será iguales a los que han hecho por los 3,000 muertos que se le atribuyen a Augusto Pinochet? Claro que un sólo asesinado es un muerto de más; pero uno quisiera ver esa clase de consistencia, ¿o no?

Esta foto, ca. 1978, me la envio Pinochet cuando yo coleccionaba fotografías autografiadas de jefes de estado y jefes de gobierno. Y como yo sí soy consistente, también tengo una del dictador socialista Nicolae Ceaucescu. Hasta tengo una de Jimmy Carter (¡Yuck!).

He aquí el mejor obituario de Pinochet que he leído. Su autor es George Reisman, autor de Capitalism, A Treatise on Economics, www.capitalism.net:

On Sunday, December 10, General Augusto Pinochet of Chile died, at the age of 91. General Pinochet deserves to be remembered for having rescued his country from becoming the second Soviet satellite in the Western hemisphere, after Castro’s Cuba, and, like the Soviet Union, and Cuba under Castro, a totalitarian dictatorship.

The General is denounced again and again for the death or disappearance of over 3,000 Chilean citizens and the alleged torture of thousands more. It may well be that some substantial number of innocent Chilean citizens did die or disappear or otherwise suffered brutal treatment as the result of his actions. But in a struggle to avoid the establishment of a Communist dictatorship, it is undoubtedly true that many or most of those who died or suffered were preparing to inflict a far greater number of deaths and a vastly larger scale of suffering on their fellow citizens.

Their deaths and suffering should certainly not be mourned, any more than the deaths of Lenin, Stalin, and Hitler, and their helpers should be mourned. Had there been a General Pinochet in Russia in 1918 or Germany in 1933, the people of those countries and of the rest of the world would have been incomparably better off, precisely by virtue of the death, disappearance, and attendant suffering of vast numbers of Communists and Nazis. Life and liberty are positively helped by the death and disappearance of such mortal enemies. Their absence from the scene means the absence of such things as concentration camps, and is thus ardently to be desired.

As for the innocent victims in Chile, their fate should overwhelmingly be laid at the door of the Communist plotters of totalitarian dictatorship.

People have an absolute right to rise up and defend their lives, liberty, and property against a Communist takeover. In the process, they cannot be expected to make the distinctions present in a judicial process. They must act quickly and decisively to remove what threatens them. That is the nature of war. The fate of innocent bystanders, largely those who cannot be readily distinguished from the enemy, is the responsibility of the Communists. Had they not attempted to impose their totalitarian dictatorship, there would not have been any need to use force and violence to prevent them, and thus the innocent would not have suffered.
Contrary to the attitude of so many of today’s intellectuals, Communists do not have a right to murder tens of millions of innocent people and then to complain when their intended victims prevent their takeover and in the process kill some of them.

General Pinochet was undoubtedly no angel. No soldier can be. But he certainly was also no devil. In fact, if any comparison applies, it may well be one drawn from antiquity, namely, that of Cincinnatus, who saved the Roman Republic by temporarily becoming its dictator. Like Cincinnatus, General Pinochet voluntarily relinquished his dictatorship. He did so after both preventing a Communist takeover and imposing major pro-free-market reforms, inspired largely by Milton Friedman (who in large part was himself inspired by Ludwig von Mises). The effect of these reforms was to make Chile’s the most prosperous and rapidly progressing economy in Latin America, Thereafter, in the words of his New York Times’—largely hostile—obituary, he used his remaining power to “set limits, for example, on economic policy debates with frequent warnings that he would not tolerate a return to statist measures.”

General Pinochet was thus one of the most extraordinary dictators in history, a dictator who stood for major limits on the power of the state, who imposed such limits, and who sought to maintain such limits after voluntarily giving up his dictatorship.

When General Pinochet stepped down, he did so with a guarantee of immunity from prosecution for his actions while in power. However, the present and previous regime in Chile violated this agreement and sought to ensnare the General in a web of legal actions and law suits, making the last years of his life a period of turmoil. This was a clear violation of contract, comparable to the seizure of property in violation of contract. Not surprisingly the regimes in question were avowedly socialist. As a result of their breach, it is now considerably less likely that the world will soon see any other dictator voluntarily relinquish his power. The Chilean socialists will have taught him that to be secure, he must remain in power until he dies.

Dictatorship, like war, is always an evil. Like war, it can be justified only when it is necessary to prevent a far greater evil, namely, as in this case, the imposition of the far more comprehensive and severe, permanent totalitarian dictatorship of the Communists.

Despite the fact that General Pinochet was able to use his powers as dictator to enact major pro-free-market reforms, dictatorship should never be seen as justified merely as a means of instituting such reforms, however necessary and desirable they may be. Dictatorship is the most dangerous of political institutions and easily produces catastrophic results. This is because a dictator is not restrained by any need for public discussion and debate and thus can easily leap headlong into disasters that would have been avoided had there been the freedom to criticize his proposed actions and to oppose them. And even when his policies may be right, the fact that they are imposed in defiance of public opinion operates greatly to add to their unpopularity and thus to make permanent change all the more difficult.

On the basis of such considerations, when asked many years ago what he would do if he were appointed dictator, von Mises replied, “I would resign.”
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This article is copyright © 2006, by George Reisman. Permission is hereby granted to reproduce and distribute it electronically and in print, other than as part of a book and provided that mention of the author’s web site www.capitalism.net is included. (Email notification is requested.) All other rights reserved. George Reisman is the author of Capitalism: A Treatise on Economics (Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1996) and is Pepperdine University Professor Emeritus of Economics.


04
Dic 06

Chávez y el socialismo

Ayer estuve en la Sexta Avenida de la Zona 1 de Guatemala; uno de los lugares más pintorescos de esta ciudad. Una de las cosas que más llama la atención es la suciedad de las paredes, pintadas cada tanto por la dirigencia popular chapina con frases como ¡Muerte al capitalismo!, o ¡Socialismo ya!
Esta última frase y el resultado electoral en Venezuela me recordó este vídeo acerca del socialismo venezolano para el siglo XXI. Ojalá usted lo disfrute como yo.