25
Sep 13

¡Hoy si estoy con Ratzinger!…naaaah

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Joseph Ratzinger -desde el retiro- acusó al biólogo evolucionista Richard Dawkins, autor de libros como El gen egoísta de defender sus posturas con argumentos de ciencia ficción.

Y ahora sí estoy de acuerdo con Ratzinger: ¡Pura ficción eso de los pingüinos que caminaron desde la Antártida hasta el Oriente Medio atravesando el desierto para subirse a un arca!  ¿Y qué me dices del arbusto ardiente que no se quema, o del hombre que caminaba sobre el agua? Pura ficción, como ficción es eso de los hombres que resucitan y los peces que se multiplican. ¿Qué, si no ficción, es eso de convertir el agua en vino y eso de que el sol se detuvo para que Josué ganara una batalla!

Ah…¿que no fue Dawkins el de todo aquello? ¡Ups!  My mistake.

Lo anterior fue un sarcasmo, claro; y lo aviso para los que les cuesta entender el sarcasmo.

Dawkins es muy desatinado en política y por eso dejé de seguir su Twitter; pero en cuanto a The Selfish Gene, ese libro me pareció retador y fascinante, sobre todo porque lo leí en el contexto del Seminario de economía y psicología evolutiva, del Centro Henry Hazlitt de la Universidad Francisco Marroquín.

Para los no iniciados, en el libro Dawkins no argumenta a favor de un gen del egoísmo, ni nada parecido.  Lo que hace es presentar una perspectiva evolucionista centrada en los genes; en oposición, digamos, a una perspectiva centrada en los organismos, o en los grupos.

En aquel espacio también hemos leído obras como The Blank Slate, por Steven Pinker; The Rational Optimist y The Origins of Virtue, por Matt Ridley; Why Evolution is True, de Jerry A. Coyne; y Pensar rápido,  pensar despacio, por Daniel Kahneman.  Si te interesan esos temas, esos libros son altamente recomendables.  Los enlaces de los títulos te llevan a los comentarios del director del seminario, Wayne Leighton y seguramente querrás echarles un vistazo.  El enlace de Coyne es una conversación que tuve con él; y el de su libro es la conferencia que ofreció en la UFM sobre su libro.


25
Jul 13

Una economía así se merece quebrar

¿Sabías que en Grecia los religiosos y los socialistas le tenían prohibido a la gente que abra sus tiendas los domingos?  ¡Con razón es que su economía está por quebrar!  De hecho…una economía así se merece la quiebra.  Como escbibió Ayn Rand: puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de hacerlo.

Ahora están tratando de echar marcha atrás.  Los legisladores aprobaron una normativa que le dará permiso a la gente a abrir las tiendas en día domingo.  ¿Sábes quiénes se oponen?  Los partidos de izquierda, la iglesia y los empresaurios mercantilistas que no estaban sujetos a la prohibición.  ¿Quiénes realizaron una protesta? Los comunistas y los empresaurios.  ¿Raro? En realidad no.  Ambos grupos suelen usar la fuerza del estado para imponer sus intereses sobre el resto de la sociedad.  Eso no debería extrañarte.

Imagínate cómo sería Guatemala si los negocios no pudieran abrir los domingos.  Imagínate que los religiosos, los socialistas, los empresaurios, o cualquier otro grupo de interés consiguiera una legislación que prohibiera que los centros comerciales y otras actividades pudieran atenderte los domingos.

Cuando yo estudiaba en la universidad sólo había dos fotocopiadoras abiertas al público en la ciudad; una estaba en El Sauce, en la zona 1; y otra al final de la Avenida de las Américas, en la zona 13.  Casi, casi no había restaurantes abiertos en domingo.  En cambio, ahora, encuentras casi de todo en domingo.  ¡Hasta bancos, que era impensable en los 80!


19
Jul 13

Con la Biblia en la mano…eso sí

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Con presuntos argumentos bíblicos un odontólogo pediatra agredía a su esposa física y psicológicamente, además de practicar con ella actos sádicos.

La foto de Pensa Libre muestra al personaje con una Biblia en sus manos y el reportaje cuenta que entre los abusos que cometía el dentista contra la víctima figuran que le orinaba la cabeza, le escupía el rostro, la obligaba a desnudarse en la madrugada y, a manera de sometimiento, la tiraba al suelo y le ponía el pie encima. En uno de sus últimos actos de maltrato la golpeó y le recordó que ya le había fracturado un brazo y una rodilla. ¿Ahora qué querés, que te mate?, le preguntó, sin que ella pudiera responder.

¿Será cierto que sin religión no puede haber comportamiento moral? ¿Será cierto que mientras más religiosa es una persona, mejor es su confiabilidad moral?

Hace unas semanas grupos de religiosos y conservadores la emprendieron contra una campaña sobre la tolerancia y contra la discriminación; campaña que estimaban inmoral.  ¡Había que ver lo arrogantes que se pusieron cuando creyeron que habían conseguido la censura de la campaña! I am hollyer than thou!, parecían gritarle a quien quisiera escucharlos.

La noticia del dentista fue publicada ayer…y esta es la hora en la que no he leído comentarios al respecto de ninguno de los religiosos y conservadores que se indignaron por la campaña citada arriba.  ¿Por qué es que una invitación a respetar la vida y las decisiones libres de otras personas enardece a los somatadores de biblias, en tanto que el asunto del dentista golpeador y aferrado a su Biblia pasa inadvertido?

La foto la tomé de Facebook.


06
Feb 12

Líderes religiosos consiguen censura

Google India cerró varias páginas de Internet porque grupos políticos y religiosos las consideran ofensivas. La medida fue adoptada tras semanas de intensa presión estatal sobre 22 gigantes de la Internet para que retiraran fotos, videos o textos considerados antirreligiosos o antisociales. Además, una corte de Nueva Delhi les dio a Facebook, Google, YouTube y Blogspot y a otras empresas importantes dos semanas de plazo para presentar sus planes para vigilar sus redes.

Cuando veas las barbas del vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Lo que está ocurriendo en India puede ocurrir en Occidente si somos indiferentes y si cremos que no es con nosotros.

La foto la tomé de la Revista STAM


31
Ago 11

Patricia de Arzú y el regreso de los conquistadores

Cuando los conquistadores españoles dispusieron  salvar las almas de los salvajes que habitaban el Nuevo Mundo, antes de barrer con ellos les leían un documento llamado El Requerimiento.  Conocí aquel escrito ominoso en mis clases de Historia en la universidad y anoche me topé con él porque estoy leyendo Empires of the Atlantic World, por J.H. Elliot; y ve tu como es la vida.  Hoy, una publicación de la candidata presidencial Patricia de Arzú, del Partido Unionista, me recordó el texto.

Dice El Requerimiento que, de parte del rey, don Fernando, y de su hija, doña Juana, reina de Castilla y León, domadores de pueblos bárbaros…os notificamos y os hacemos saber, como mejor podemos, que Dios nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien nos y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieran….Así que Sus Majestades son reyes y señores de estas islas y tierra firme…y luego sin dilación, como fueron informados de los susodichos, obedecieron y recibieron los varones religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fe…Si así lo hicieseis, haréis bien, y…os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis, y no os compelerán a que os tornéis cristianos…Y si así no lo hicieseis…os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos…

De este texto me acordé cuando leí que dice la candidata que Estoy convencida de que el único que puede transformar a nuestro país es Dios y la forma de hacerlo es a través de esa generación nueva que hoy debemos formar…Yo no voy a descansar hasta que todos los niños y jóvenes de Guatemala reciban a Dios en su corazón como su único salvador.  Este texto puedes verlo en la página 11 de Prensa Libre de hoy.

Da miedo la increíble Patricia de Arzú; y menos mal que los electores no la toman en serio. Ahora la cosa está en averiguar si los candidatos a diputados, del Partido Unionista, comparten el objetivo de su candidata presidencial.


04
Oct 10

Se va "El Cardenal mediático"

La sustitución de Rodolfo Quezada por Oscar Vian, como arzobispo de Guatemala, puede ser un movimiento importante para la Iglesia Católica, si esa organización quiere alejarse de la imagen politizada y mediática que deja el Prelado que se va.

Con Quezada también se van Ramiro Pellecer y Mario Enrique Ríos Montt, obispos que tuvieron notable protagonismo político especialmente en los años 80 y 90.

Está por verse si el nuevo titular metropolitano es más prudente que su predecesor; y si se enfoca más en cuidar de su rebaño en el campo propio de la iglesia, o si cede a las tentaciones de la alfombra roja y de los reflectores.  Está por verse si el nuevo Arzobispo se ocupa más de las almas de sus ovejas, que de caer en la tentación de ser la hoja de pacaya en cuanto intríngulis político se le atraviese.

Muchos católicos chapines creen que la Navidad es el 24 de diciembre, y que la Semana Santa es acerca de la muerte de Jesucristo y no de su resurrección, en buena parte porque sus pastores han estado más ocupados hablando de minería, de hidroeléctricas, de salarios, de impuestos, de la Revolución y de otras cosas mundanas en vez de ocuparse de lo que debería ser importante para un grupo de dirigentes religiosos y sus seguidores.

¡Suerte para el nuevo Arzobispo!


17
Ago 10

La libertad y los vínculos matrimoniales

El establishment guatemalteco ha estado reaccionando activamente frente al acuerdo 27-10 del Congreso de la República, que reforma los códigos Civil y Penal y que les reconoce, tanto a la mujer, como al hombre, la libertad de pedir el divorcio sin necesidad de contar con el consentimiento del otro cónyuge.

Quienes se oponen a esta disposición han basado sus argumentos en premisas colectivistas que generalmente suponen que las personas, sus vidas y su felicidad deberían estar al servicio de la sociedad, cuando no del estado; o en premisas místicas que suponen que las personas, sus vidas y su felicidad deberían estar sometidas a los caprichos de su dios, cuando no a los de su iglesia.

Hay otro tipo de argumentos que tienen que ver con las responsabilidades para con los hijos, que no tocará ahora, porque se entiende que no hay libertad sin responsabilidad, y viceversa. Y porque este es un tema de suyo importante que vale la pena tocar aparte. En estas meditaciones exploraré sólo la parte que tiene que ver con los argumentos colectivistas y místicos.

Lo que conocemos como matrimonio es un acuerdo privado entre dos personas que voluntaria y pacíficamente deciden compartir sus vidas –generalmente porque se aman; pero no necesariamente por esa razón– y hacerlo en el marco de cierta formalidad. Dicha formalidad subraya el carácter de compromiso y de permanencia en la unión, y busca el apoyo del prójimo para la pareja contrayente.

En su Compendio de derecho civil, Federico Puig Peña, sin embargo, considera que el abandono del matrimonio como acto privado es una etapa superada, y que tanto la affectio maritalis como el principio consensus facit nuptias, así como la sola voluntad de los contrayentes “sin requisito de forma alguna”, no son suficientes para que el matrimonio quede válidamente constituido.

Válidamente constituido de cara a lo que el Gobierno y la legislación consideran como válido, claro, porque en las condiciones descritas por Puig Peña los políticos disponen regular un asunto que es principalmente contractual e íntimo. Un asunto en el que –en el contexto de una sociedad abierta, o en el de un orden espontáneo, como es la sociedad– el gobierno y el estado deberían estar obligados a respetar la voluntad de los individuos involucrados; y ocuparse sólo de sancionar a la parte, o las partes, que violen las responsabilidades contractuales tales como la provisión de alimentos, el cuidado de los hijos, la repartición de tareas, y otras tanto mientras dura el vínculo, como luego de su disolución.

Debido a que el matrimonio civil es una creación legislativa, el vínculo debería estar sujeto al principio de igualdad de todos ante la ley; y al debido respeto de la voluntad de los contrayentes.

Kosmos y sociedad abierta

En Derecho, legislación y libertad, Friedrich A. Hayek explica que un orden espontáneo o kosmos, a diferencia de un orden creado o taxis, no está limitado por lo que determinada mente humana pueda dominar; su existencia no tiene por qué estar al alcance de nuestros sentidos, por estar basada en relaciones puramente abstractas que sólo mentalmente cabe establecer; y finalmente, por no ser producto de creación intencionada, no se puede legítimamente afirmar que persiga un fin determinado, si bien el hecho de descubrir su existencia puede en gran medida contribuir a que con mayor facilidad consigamos materializar nuestras propias apetencias. Un kosmos sólo puede ser regulado por leyes tipo nomoi; es decir, por normas generales, abstractas, de aplicación para todos por igual y de conducta justa. Precisamente el tipo de leyes que delimitan y protegen las esferas individuales de acción, dentro de las cuales las personas ejercen sus derechos individuales con la única obligación de respetar los derechos de los demás.

Por su parte, en La sociedad abierta y sus enemigos, Karl Popper advierte que esta civilización [la occidental] no se ha recobrado todavía completamente de la conmoción de su nacimiento, de la transición de la sociedad tribal o cerrada, con su sometimiento a las fuerzas mágicas, a la sociedad abierta, que pone en libertad las facultades críticas del hombre. En la tribu –precisamente por su carácter tribal– cabe la intromisión de otros –por la fuerza de la costumbre o de la normativa– en un asunto tan íntimo y privado como el contrato de unión entre dos adultos capaces; pero en una sociedad abierta, donde es inaceptable aquella invasión, esta sólo se explica por la conmoción a la que se refiere Popper.

El gobierno como taxis, orden creado u organización que persigue fines determinados, y el estado, en persecución de los objetivos que le imponen a la sociedad quienes tienen la facultad de legislar, son los que disponen, por la fuerza de la legislación, que en el matrimonio –como institución jurídica– los involucrados deban permanecer unidos, aunque ya no les convenga, en supuesto beneficio de la colectividad. Puig Peña opina que no basta “la unión espiritual de un hombre y una mujer para alcanzar el fin supremo de la procreación de la especie”, un objetivo indiscutiblemente colectivista, sino que hace hincapié en que, para que haya matrimonio, aquella unión debe ser consagrada por la ley.

En algún momento de la historia de la humanidad las religiones dispusieron hacer uso del matrimonio para hacer avanzar sus intereses, e igual cosa hizo el Estado. Pero antes de que ambas organizaciones se inmiscuyeran en aquel acuerdo privado, ya había compromisos voluntarios y pacíficos, de largo plazo, entre personas individuales que decidían unir sus vidas.

Historia y tradición

En su Diccionario enciclopédico de derecho usual, Guillermo Cabanellas lo explica con claridad, al decir que históricamente el matrimonio tiene por origen un contrato: el consentimiento familiar o sensual de la pareja humana, un acuerdo de las voluntades o de los deseos de ambos cónyuges. Y luego añade que “la religión (y la católica con mayor constancia y empeño que ninguna) lo eleva a la jerarquía de sacramento, basado siempre en la libre manifestación del consentimiento de los contrayentes”.

Sabemos que los gentiles se juntaban sin necesidad de contar con la bendición del dios judeo-cristiano, porque, según la Biblia, en Tobías VII:5, así se lo dice Tobías a Sara en su noche de bodas: Nosotros somos hijos de santos y no podemos juntarnos a manera de los gentiles, que no conocen a Dios .

El punto clave, aquí, es que la unión voluntaria de personas existía antes de que la religión judeo-cristiana dispusiera que esa unión tenía que ser santificada. Del mismo modo en que las casas de cambio preceden por miles de años a los bancos centrales –hecho que a los políticos y a los banqueros centrales no les gusta recordar–. La gente tiende a creer que antes de que el Gobierno regulara ciertas prácticas estas no existían, y que no eran posibles sin aquellas normativas.

De hecho, cada religión (con su dios y sus ceremonias) lo santifica a su modo. De la misma forma en que cada legislación (con sus normas y sus procedimientos) lo legaliza a su modo. En realidad, y a la larga, ni la ceremonia matrimonial católica (qua ceremonia) es mejor o peor que la judía o que la sintoista. Del mismo modo en que la ceremonia matrimonial civil en Madrid (qua ceremonia) no es mejor o peor que la ceremonia civil en Nueva York, en Jerusalén, o en Japón.

A pesar de ello, las Iglesias cristianas y el gobierno pretenden que el matrimonio sirva a sus intereses, y no a los de los contrayentes. La Iglesia católica, por ejemplo, hace de menos el carácter contractual del matrimonio, al asegurar, en su catecismo, que no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del matrimonio. Esto es, a pesar de que el carácter contractual del matrimonio tiene una importante tradición -aún dentro de la Iglesia Católica- porque, aunque el Código de Derecho Canónico vigente se refiere a la alianza matrimonial, el Codex iuris canonici de 1917, resaltaba el matrimonio como contrato, según cuenta Antonio Benlloch.

El uso incorrecto de la ley

En tales condiciones es evidente que la ley y una institución jurídica están siendo usadas de forma incorrecta para imponerle a todos, en la sociedad, objetivos propios de algunos integrantes de la misma. El propósito de este análisis no es moralizar sobre la ley, como no lo es cuestionar, y menos poner en duda, la validez de aquellos objetivos –en cuando sean fines individuales–. Lo que sí se busca con él es establecer como ilegítimo que aquellos fines le sean impuestos a una situación contractual como el matrimonio, que le sean impuestos en el contexto de un kosmos y que, de todas formas, tanto en este como en cualquier otro caso en el que el Gobierno crea derechos y obligaciones por medio de normas legales, estas deben aplicarse con estricto apego al principio de igualdad de hombres y mujeres ante la ley.

Es demasiado corrientemente aceptada la idea de que el derecho de familia –y consecuentemente el matrimonio– es de orden público. Asegura Puig Peña que las normas del Derecho de Familia son, por regla general, de orden público, inderogables por actuación de la mera voluntad privada. Las partes, en efecto, no pueden dejar de cumplir las condiciones naturales ni modificar a su arbitrio los cánones imprescriptibles del derecho de familia. No pueden casarse cuando quieren como quieren, ni adoptando la forma que estimen conveniente, ni disolver el matrimonio, ni incluso modificar los pactos matrimoniales establecidos. Las potestades familiares no son potestades-derechos, sino potestades-función, o sea, facultades establecidas, no en propio beneficio, sino en utilidad y régimen de los que a ella aparecen como sometidos. Y aquello podría ser bien visto en una sociedad colectivista, en una sociedad cerrada o en una tribu, en la que los individuos están llamados a ser engranajes de una maquinaria, órganos de un sistema, o partes de un todo superior a ellos; pero no está bien en una sociedad de personas libres y responsables, en un kosmos o en una sociedad abierta.

Puig Peña considera que el hecho de que el Derecho de Familia tenga una función social, y no sea una potestad-derecho, es un evidente progreso para el derecho. Desde mi punto de vista, esto pone de manifiesto la idea peligrosa de que el individuo y sus relaciones personales sirvan al Estado o a la sociedad, y, peor aún, que el interés colectivo prevalezca sobre los derechos individuales.

Ahora bien, como las personas no son animalitos que solo se unen para perpetuar la especie, el matrimonio del siglo XXI debe tomar en cuenta las diversas razones que llevan a las personas a unir sus vidas. La comunidad de intereses, el amor, la admiración, la búsqueda de compañía, la conveniencia, entre muchos otros, son ejemplos de aquellas razones. El matrimonio debe tomar en cuenta que las personas son individuos y que las mismas deben ser tratadas por la ley como seres racionales, no como medios, ni como instrumentos.

Tradición y evolución

No es extraño, entonces, que en la sociedad, que es evolutiva por naturaleza, las instituciones también evolucionen.

En Los Fundamentos de la Libertad, Friedrich A. Hayek explica que en todos los países y en todos los tiempos existen grupos que han alcanzado una posición más o menos estacionaria con hábitos y formas de vida establecidos durante generaciones. Tales formas de vida pueden verse inesperadamente amenazadas por desarrollos con los que nada tienen que ver; y no sólo los miembros de las aludidas agrupaciones, sino a menudo otras gentes muy dispares pueden también desear la preservación de los hábitos en cuestión.

De esa cuenta, el matrimonio como una cadena con bola, amarrado por la fuerza de la ley, o por el chantaje espiritual de las iglesias, puede perfectamente pasar a ser el matrimonio moderno y retomar su verdadero carácter como contrato de convivencia y de respeto mutuo entre individuos que lo aceptan libremente en el marco de culturas propias de sociedades abiertas. Ni al servicio de la Iglesia, ni al servicio del Estado, sino que al servicio de aquellos que, en ejercicio de sus derechos como personas humanas, asuman el compromiso, por el tiempo que puedan, o quieran, sin dejar de tomar en cuenta que en caso de disolución hay responsabilidades que enfrentar. En una sociedad abierta, todo ejercicio de la libertad, implica responsabilidad.


12
Jul 10

Populismo, Biblia y poder

La Biblia debe ser leída -durante por lo menos siete minutos al día, todos los días- de acuerdo con un decreto aprobado en El Salvador que se aplica a todos los centros educativos del país vecino.
Aunque en El Salvador no hay religión oficial, igual que aquí en Guatemala, la Iglesia Católica de aquel país tiene el privilegio de que la Constitución reconoce su personalidad jurídica, en tanto que otras denominaciones tienen que someterse a alguna forma de trámite. No obstante, el Arzbispo de San Salvador pidió el veto del decreto, no sólo porque es inconstitucional, sino porque opina -atinadamente- que la enseñanza religiosa les corresponde a los padres, y no a los maestros.
Lo que para los pelos es la opinión de un legislador independiente, que dijo que no se puede trasladar la responsabilidad de enseñar valores morales a los padres de famila. ¡Hágame usted el favor!
Esto me recordó, entonces, algo que escribió Frank Herbert: Cuando la religión y la política viajan en el mismo carruaje, los pasajeros creen que nada puede interponerse en su camino.

15
May 10

Ratzinger se pela

Joseph Ratzinger, en Fátima, atacó a los políticos, intelectuales y profesionales de la comunicación que promueven una cultura única y desdeñan la religión e intentan silenciar la fe. Lo de la cultura única es particularmente curioso, viniendo de una organización piramidal, global y que se cree dueña de la única y verdadera fe. De una organización que quemaba amenazaba e intimidaba, le colgaba senbenitos, despojaba de sus propiedades, torturaba y quemaba en la hoguera a los que no estaban de acuerdo con sus dogmas, ni con su poder. Tal es el caso de Galileo Galilei, el de los caballeros templarios, y el de Giordano Bruno por mencionar sólo tres. La noticia está aquí.
De hecho, el asunto me recordó que anoche vi Joan of Arc, la peli de Luc Besson; y lo que dijo Ratzinger me recordó la escena del juicio de Juana en el que el obispo Cauchon le advierte a La doncella de Orleans: Juana, no te estas ayudando a ti misma cuando te niegas a someterte a nuestro juicio.

03
Dic 09

¿Y la separación entre las iglesias y el estado?

En Berlín, el Tribunal Constitucional alemán emitió una resolución que impedirá que los comercios minoristas le abran sus puertas al público durante los cuatro domingos de Adviento. Tanto las iglesias católica y evangélica, de Alemania, consiguieron este fallo porque, según ellos, los domingos son fundamentalmente jornadas de descanso y de recogimiento espiritual.

Esto me recordó una historia que contaban mis padres. Cuando ellos vivieron en Costa Rica, a principios de los años 60, en algunas poblaciones la gente apedreaba a los vehículos que circulaban durante el Viernes Santo. Y me recordó que, en tiempos de La Revolución chapina, el estado multaba a las barberías que abrieran en domingo.
Ahora bien, lo malo, malo, malo de la legislación berlinesa es que los talibanes del cristianismo están utilizando el poder coercitivo de la ley para imponerse groseramente. Vea usted, que prohibir que los comercios abran porque un grupo específico de la sociedad considera que no deben abrir, es un abuso de dimensiones bíblicas.
Lo preocupante es que, luego de Caritas in veritate, cuando ya sabemos que el papado quiere una autoridad política mundial, lo que se ve venir es una iglesia más agresiva en cuanto a controlar la legislación e imponer sus valoraciones y sus prácticas medievales.
Aquí las iglesias tienen sus éxitos en esa vía, de cuando en cuando. Por ejemplo, hace poco se volvió a prohibir la entrada de José Luis de Jesús Miranda, quien se dice El Anticristo, porque supuestamente pone en riesgo la vida de los guatemaltecos. Lo cierto es que el argumento es irrisorio y que al final lo que fue determinante para esa prohibición fue que al establishment religioso lo incomoda Miranda.
Aquí, las iglesias quieren imponer sus criterios sobre el sexo, sobre la minería y sobre cualquier tema que a sus dirigentes se les antoje. Y para ello, como sus colegas alemanes, no dudarían en usar el poder coercitivo de la ley. Y esto es peligroso porque, en un descuido, nos regresan al oscurantismo, a la Inquisición y a la moralina.