01
Oct 10

Experimentos con enfermedades venéreas entre 1946 y 1948

Entre 1946 y 1948 el presidente de Guatemala era Juan José Arévalo y los guatemaltecos vivían plenamente el período revolucionario.  Y el gobierno de la Revolución permitió experimentos médicos en los cuales se infectó a centenares de guatemaltecos con sífilis y gonorrea.  Muchos de ellos eran enfermos mentales y nunca se les pidió permiso, ni se les hizo saber qué se les estaba haciendo.  A los sujetos se los inoculaba con las enfermedades, o se les exponía a prostitutas infectadas.  Esos experimentos nunca produjeron información útil y sus resultados fueron escondidos.  Esto reportó Robert Bazell, en MSNBC.

El primer gobierno de la Revolución permitió estos experimentos efectuados con el patrocinio del U.S. Public Health Service, la Pan-American Health Sanitary Bureau (que actualmente es la Pan American Health Organization, y el National Institutes of Health.  En aquel entonces, el presidente de los EUA era el Demócrata, Harry S Truman.  La foto es de la réplica de la Oficina Oval de Truman, y la tomé en su biblioteca, en Kansas, en 1998.

Por estos experimentos, la secretaria de Estado, Hillary Clinton ofreció disculpas a los guatemaltecos y a los hispanos que viven en los Estados Unidos de América.  ¿Qué harán los revolucionarios chapines?

Gracias al amigo, Constantino, por la pista.  El informe del Centers for Disease Control and Prevention está publicado aquí, a partir del 12 de octubre de 2010.


30
Sep 09

¿Los apodos del Presidente?

A mí me llaman el presidente del cambio climático porque me llueve en la mañana, al medio día y en la tarde, dijo Álvaro San Nicolás Colom en Chile. Pero en realidad…¿cuál es el apodo de Alvaro Colom?

Yo le digo San Nicolás porque no hace más que regalar aquí y regalar allá; y por cierto que a su esposa le digo Evita, como podría decirle Madame Déficit. Empero…no he visto que esos apodos peguen en el mainstream. Por ahí oí aque al Presidente le dicen Álguaro; pero…vaaaaya usted a saber por qué. Y en un intento propagandístico, que tampoco pegó, durante un tiempo le dijeron Gavilán.
San Nicolás, por supuesto no es el único presidente chapín con apodo. A Óscar Berger se le dice Conejo, por orejón; a Alfonso Portillo se le dice Pollo ronco, por su voz desagradable; a Álvaro Arzú, el difunto Padre Chemita le puso Mono de Oro; a Ramiro De León le decían Huevos Tibios, por aguado; y a Jorge Serrano le dicen Marrano, por obeso y porque rima. El más ingenioso es el de Vinicio Cerezo, conocido como Cemaco, porque las tenía a todas bajo un techo, en alusión a la publicidad de una tienda popular en Guatemala.
Antaño, los presidentes chapines también han tenido apodos: Juan José Arévalo era Chilacayote, por grandote; Manuel Orellana era Rapadura, por moreno; Jorge Ubico era El 5 por el número de letras en su nombre y en su apellido; Carlos Castillo Armas era Cara de hacha por su nariz afilada;  Vicente Cerna era Huevosanto, por cachureco; y Rafael Carrera era Racacarraca, porque se decía que así firmaba en el supuesto de que era analfabeto.

21
Jul 09

¿Aló, despacho presidencial?

Aló Presidente, es el nombre del programa dominical del vesánico Hugo Chávez, en Venezuela; y su discípulo, Alvaro San Nicolás Colom, se ha tirado a copiar el concepto sólo que bajo el nombre de Despacho presidencial, nombre que le ha fusilado a un libro de Juan José Arévalo. Chilacayote, que era el apodo de Arévalo, fue uno de los presidentes de La Revolución chapina.

En su programa radial, el orate bolivariano tiene una ventaja sobre su imitador gutemalteco: Chávez es divertido y da risa; en cambio, San Nicolás, ¡Ay dios!. ¿Sabe usted por qué a pesar de su defecto en el habla no hay chistes sobre Colom? Porque ni gracia tiene.
En fin…Empacho presidencial será otra forma de desperdiciar el dinero de los tributarios y otro canal de propaganda para la administración de Los Colom; y otra forma de afianzar el concepto de tata presidente.

30
Oct 08

¿Debería extrañarnos lo del desacato?

A algunos les extraña que la administración socialdemócrata esté promoviendo el delito de Desacato; pero a mí, no….y ya va a ver usted, por qué.

Por medio de su diputado Oscar Quintanilla, el oficialismo ha presentado un proyecto por medio del cual se busca encarcelar a aquellos que les “falten el respeto, ofendan, o lesionen el honor de los funcionarios y empleados públicos”; esto, en abierto desafío contra la Constitución de la República que protege la libertad de expresión y que establece que “no constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos”.
A mí no me extraña porque la administración ha estado haciendo suya la iconografía de La Revolución; y permítanme preguntar: ¿No fué durante la Primavera Chapina que Arévalo intentó imponer una Ley Mordaza?  ¿No fue, para defenderse de aquella pretensión abusiva, que fue fundada la Asociación de Periodistas de Guatemala? 
Efectivamente, la APG fue fundada para defender la libertad de expresión frente a los deseos de censura del arevalismo, al que tanto dicen admirar los socialdemócratas de la UNE.  ¡Y con razón!

28
Oct 08

Los resbalones de Lunatrak y de Jcab

En la entrada titulada Insolidarios, pregunté que dado que otros socialistas latinoaméricanos les han puesto motes ofensivos a sus oponentes, ¿cuál será el que le darán los socialdemócratas chapines a aquellos que no se avengan a sus designios? Entre los motes que comenté están el de gusanos, que es de Fidel Castro; el de momios, que es de los allenistas; y el de cangrejos, que es de Juan José Arévalo.

Ante eso, el bloguero Lunatrak comentó que los socialdemócratas dieron motes peyorativos, mientras que los capitalistas derechistas dieron plomo y muerte. Lo cual me sorprendió, habida cuenta de la abundante evidencia que hay sobre los crímenes de Castro y el Che, o sobre los de la Primavera Chapina. Yo creo que no les hace ningún bien -ni a la búsqueda de la verdad, ni a la Historia- poner las cosas como si los crímenes no hubieran existido de parte de casi todos los involucrados en el conflicto que sirve de marco para estas reflexiones.

Eso me lleva a que, como lo apunta el bloguero Jcab, los socialistas latinoamericanos también sufrieron motes. Pero vea usted los ejemplos que nos da el comentarista citado: rojos, rojillos, herejes, ateos, comunistas, progratas, incluso alguno dijo hace poco amante de indios. Pero en el peor de los casos, creo que los socialistas tienen más ingenio para ser ofensivos.  Por cierto que yo entiendo que comunista sea ofensivo; pero…¿por qué iba a ser ofensivo ateo, o  amante de los indios?

Vea usted por qué: Tanto los comunistas consistentes, como los objetivistas consistentes, son ateos; y de esa cuenta, ateos no puede ser ofensivo. Al contrario, el ateismo es una condición de consistencia y de algún grado de racionalidad. Y lo de herejes, pues, bueno…los curas tienen su historia de cazar herejes para ponerlos en la hoguera; y ahora, en nuestros días, francamente no se sabe de qué lado están.

Lo de rojos y rojillos es por el color de la bandera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de modo que tampoco es ofensivo, tomando en cuenta que ¡ese! era el color de los socialistas científicos. Y rojillos, así como commies, es tan condescendiente, que es casi cariñoso.

Yo nunca había oido progratas, pero a mí me gusta progres (que viene de progresía); mote que para nada se parece al de gusanos, que es francamente grosero.

Coincido con Jcab enque el de amante de indios es de muy mal gusto y me sumo al repudio. Por cierto que, generalmente, ese tipo de apelativos racistas, tienen su orígen en el sector nacionalsocialista del espectro político.

La discusión, sin embargo, no es sobre quién ha matado más gente, o quién es más ofensivo para poner motes. El propósito de la entrada que originó esta discusión es contribuir a la Historia con datos que generalmente quedan silenciados y ocultos por quienes la escriben.

Jcab me pregunta: ¿Le enseña a sus alumos que todo es blanco y negro y a despreciar otras ideas?

Pues, verá usted: Lo de todo en blanco y negro es damasiado rough; así que pongámoslo en términos más finos para que valga la pena la discusión. Con mis estudiantes comento cosas como que en realidad tenemos que elegir entre dos principios: el Individualismo y el Colectivismo; y que no hay de otro sabor.

El Individualismo sostiene que las personas tenemos derechos inalienables que no le pueden ser arrebatados por nadie, no importa si es una sóla persona, o si viene acompañado por un millón de otros individuos. Ese principio sostiene que cada persona existe por su propio derecho y para sí mismo, y no para grupo alguno. El Colectivismo sostiene que las personas no tienen derechos; que su trabajo y su cuerpo les pertenecen al grupo (la nación, la sociedad, la clase, la étnia, o la iglesia, entre otros). Sostiene que le grupo puede hacer con él lo que quiera, en la forma en que lel plazca y por cualquier motivo que el grupo haya decidido que es por su propio bien. En consecuencia, cada individiuo existe sólo en beneficio del grupo y por permiso del grupo.

Comento, con mis estudiantes, que estos dos principios son las raíces de dos sistemas sociales opuestos e incompatibles y que siempre tenemos que elegir entre esos dos sistemas. Comento, también, que no puede haber un sistema social que sea mixto. Una de dos, o los derechos individuales son reconocidos en una sociedad, o no lo son. Así como una mujer no puede estar medio embarazada, así es como, en una sociedad, los derechos individuales no pueden ser medio reconocidos. Son, o no son.

Sí creo que podemos hacer esfuerzos extraordinarios para diferenciar el bien, del mal; y que podemos elegir entre actual racionalmente, o no. Y así podemos hablar mucho sobre lo que es blanco y lo que es negro, porque me gusta que mis estudiantes piensen acerca de estos temas.

Y, por último, ¡claro que hay ideas despreciables! Muy, muy despreciables son la de que hay razas humanas superiores e inferiores, la de que la tierra es plana, la de que los intereses colectivos deben privar sobre los derechos individuales, y la de que todas las ideas son moralmente iguales, sólo para mencionar unas. ¿Cuáles de estas cree usted que no son despreciables?


27
Oct 08

Insolidarios

“¡Denle duro a los gusanos!” fue la orden que les dio Fidel Castro a los atletas cubanos que se aprestaban a viajar a Jamaica, para participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, a principios de los años 60.


“Los momios al paredón, y las momias al colchón”, decían los partidarios de Salvador Allende, en Chile, en los 70.

“Cangrejos”, les decía Juan José Arévalo, en la Guatemala de los 40, a los que no estaban con La Revolución.

Gusanos, momios y cangrejos, son motes peyorativos que distintos tipos de socialistas latinoamericanos han usado para referirse a quienes se oponen a sus designios. Hoy leí que Alvaro San Nicolás Colom le pide a la Prensa que sea solidaria y que ayude a construir un nuevo país para nuestra gente.  Y me pregunto, ¿cuál irá a ser el mote que la administración socialcristiana le ponga a los insolidarios?  Es decir, a aquellos que desconfíen de la ingeniería social que pretenda construir un nuevo país; y del paternalismo que pretenda que algunos son su gente?

15
Oct 08

Los crimenes de "La Primavera Chapina"

Este 20 de octubre, la socialdemocracia y algunos sectores de la exguerrilla están haciendo su terapia; y han dispuesto celebrar -por todo lo alto- lo que llaman La Primavera Guatemalteca, refiriéndose a las administraciones de Juan José Arévalo y de Jacobo Arbenz.

Lo que me parece injusto, en el festejo, es que son omitidas las partes tenebrosas y espeluznantes de aquel período de la Historia nacional. La Historia rosa de La Revolución hunde en el silencio los asesinatos, las torturas, las vejaciones y las persecusiones a las que fueron sometidos los que no estaban de acuerdo con el rumbo que había tomado la gesta cívica que había acabado con el ancien regime.

Centenas de personas murieron, o fueron electrocutadas, colgadas, apaleadas y sometidas a diferentes formas de tortura, en las ergástulas que dirigían personajes como Jaime Rosenberg y Rogelio Cruz Wer, al servicio de La Revolución y de sus líderes como Jacobo Arbenz.  Fue el mismísimo Juan José Arévalo en Carta política al pueblo de Guatemala con motivo de haber aceptado la candidatura y otros escritos, quien dijo que, en el gobierno de Arbenz, la policía fue obligada a practicar torturas repugnantes y a cometer crímenes contra la vida de los adversarios políticos.

La historia que comparto ahora, con ustedes es del libro Genocidio sobre Guatemala*, editado por la administración de Carlos Castillo Armas, en 1954. En él hay muchos testimonios que hielan la sangre; pero he elegido el de Geraldo Cattousse porque Jerry Cattousse fue un empresario muy conocido en la sociedad guatemalteca en los años 70. Era el propietario de Jerry´s Tours, una operadora de turismo importante. También lo elegí porque fue asesinado c. 1981; y porque, anque Cattousse era beliceño, hay familia suya que vive en Guatemala.

Esta publicación es para que no se olvide la memoria de las víctimas de La Revolución; cuyo sacrificio es opacado por panegíricos, loas y cantares dedicados a las víctimas favorecidas por el capricho de quienes escriben la Historia rosa de La Primavera chapina.

He aquí, el testimonio de Cattousse:

El viernes 25 de junio, cuando salí de mi trabajo en la Tropical Radio, para ir a cenar en el restaurante Altuna** y a eso de las 20 horas, fui capturado por dos rebajados* quienes me dijeron que el mayor Jaime Rosenberg me quería hablar. Al contestar a dichos señores que yo iba a cenar en ese momento y que iba a llegar después, me contestaron que tenía que acompañarlos por las buenas o por las malas. No me quedó más remedio que ir con ellos.

Como media hora antes de ese episodio, fui llevado a la oficina del ex director de Telecomunicaciones, coronel Federico Fuentes Girón, quien tenía todos los teléfonos interceptados. Allí también llevaron al periodista norteamericano Jules Dubois; en estos arrestos jugó papel importante el capitán Constantino Bernasconi. Nos acusaron de haber enviado un mensaje tendencioso a los Estados Unidos, por teléfono. Después se llevaron al corresponsal Dubois y cuando él preguntó a dónde lo conducían, se le contestó que a su hotel. A mí me dijeron que regresara a la Tropical Radio. Más tarde supe que el corresponsal Dubois fue llevado con Jaime Rosenberg para ser torturado, pero logró dar aviso a la Embajada americana, lo cual le salvó y tuvieron que ponerlo en libertad.

Como decía, me llevaron con el asesino Rosenberg, a su despacho en la Guardia Judicial. Este me abofeteó en el rostro dos veces y me dio un puñetazo en el pecho, gritándome al mismo tiempo que era un anticomunista desgraciado y acusándome de estar conspirando con unos corresponsales americanos contra el gobierno. No me dio oportunidad para defenderme, dando orden a los agentes judiciales que me llevaran al primer cuerpo de la Guardia Civil y diciendo que me iban a fusilar al día siguiente. Pasé la noche del viernes y la mañana del sábado en una asquerosa celda junto con más de 400 anticomunistas. El sábado 26 de junio, como a las 14 horas, llegó a traerme un agente rebajado de la Guardia Civil, llevándome al segundo piso del primer cuerpo, donde me agarraron otros rebajados, vendándome los ojos, me quitaron toda mi ropa y me amarraron las manos fuertemente por detrás y m e llevaron al famoso cuarto donde está la no menos famosa pila. Allí me dejaron en el suelo. En ese momento otro anticomunista estaba siendo torturado por Rosenberg y otros. Al torturado le hacían preguntas y cuando no contestaba como ellos querían, lo golpeaban ferozmente, dando el infeliz tremendos gritos de dolor. Después dieron orden de meterlo en la pila. Otra vez se oía el grito del hombre y su voz sofocada cuando trataba de levantar la cabeza para tomar aire. Después de unos minutos que parecían una eternidad, lo sacaron del agua y el coronel Cruz Wer le dijo que lo iban a fusilar. Inmediatamente dio la orden de “apunten” y luego la vos de “fuego”. Se oyó entonces una ráfaga como de ametralladora de mano. Luego de dispararle el tiro de gracia, oí: “A éste hay que juntarlo con los otros para tirarlos en la noche”.

Después me agarraron y el verdugo Rosenberg me ordenó que confesara que yo estaba conspirando con unos corresponsales norteamericanos. Yo le respondí que eso no era cierto. Entonces él, personalmente, me dio de patadas en el estómago, sintiendo que de cada patada se me iba la respiración. En seguida ordenó que me sujetaran entre dos hombres y un tercero procedió a flagelarme sin misericordia las piernas y la parte trasera del cuerpo, con un objeto de hule pesado, causándome terribles dolores, en tanto, Rosenberg insistía para que yo confesara. Le dije que yo no sabía nada de lo que él me preguntaba, y volvían a flagelarme, cada vez con mayor saña. Como yo gritaba me dieron patadas en la boca. En seguida Rosenberg dio orden para que me metieran en la pila. Me amarraron los pies y me echaron al agua sumergiéndome, y cuando yo trataba de sacar la cabeza para tomar aire, una mano férrea me empujaba la cabeza hacia el fondo de la pila, sintiendo que mis pulmones iban a reventar.

Después me sacaron y de nuevo Rosenberg me dijo que me iban a fusilar en la mañana. Me pusieron la ropa, no sin antes robarme lo que tenía en los bolsillos, hasta el último papel y entre otras cosas de valor, mi reloj Cortébert Speroflix (sic) con su respectiva pulsera de oro. Atado de pies y manos, vendados los ojos, me metieron hasta la esquina de un cuarto; por las voces que llegaban a mí me enteré que había otros dos anticomunistas en el mismo local, también vendados, un señor Portillo, de Zacapa y un capitán Aldana, quienes también esperaban ser fusilados de un momento a otro.

Esa misma noche y durante un apagón me trasladaron a otra celda. Pensé que con seguridad eso significaba que me iban a matar como a un perro y me vino la idea de escapar. Logré desatarme de las manos, me quité la venda de los ojos y al ver alrededor de mí cinco guardias civiles roncando, desaté mis pies y subí hasta el techo que da al lado del Callejón Concordia. Cada paso que daba hacia arriba, ya esperaba que los guardias iban a despertar y bajarme a tiros, Llegué hasta la esquina de la paren, entre el palacio de la Guardia Civil ***y el viejo primer cuerpo****, y al intentar bajar tuve que esconderme rápidamente porque por el Callejón Concordia se aproximaba una ambulancia de la Cruz Roja. Esta ambulancia entró en el palacio de la Guardia Civil y de ella bajaron unos seis hombres bien armados. Se me heló la sangre en el cuerpo, pues pensé que seguramente habían llevado esa ambulancia para conducirme después de ser fusilado.

Iba a bajar después el gran paredón, cuando tuve que esconderme de nuevo, pues esta vez se aproximaban unos guardias civiles por el callejón. Estos entraron por la puerta de la Sargentía del primer cuerpo. Mi permanencia arriba, con toda esa demora, fue muy prolongada y oí que ya me estaban buscando abajo. Un guardia subió al techo y gritó: “Allí está el cabrón”. No vacilé más y salté de ese paredón, que mide varios metros de altura, hasta la calle, y corrí como loco por el Callejón Concordia. Atrás de mí una decena de guardias entablaron la persecución, corriendo y disparándome. Yo corría en zig-zag. Tomé la 15 calle y luego la 7ª. Avenida sur, sin que me dejaran mis perseguidores de disparar en mi dirección. Llegué hasta la 20 calle y 12 avenida, lugar donde me interceptó una radiopatrulla con ametralladoras. Rápidamente levanté las manos en señal de rendición. Llegaron agitados los guardias y me hicieron caminar de regreso en medio de la calle, a punta de ametralladoras y fusiles. Durante esa larga caminata varios de ellos me amenazaron con ultimarme para acabar conmigo de una vez, pero otros insistieron en que debían devolverme al primer cuerpo. Durante esa marcha recibí un sinnúmero de culatazos y cañonazos de ametralladora en la cabeza y el cuerpo.

Al nada más entrar en el primer cuerpo de la Guardia Civil, me agarraron unos diez o quince rebajados, todos armados, me golpearon todo el cuerpo, diciendo que eran órdenes de Rosenberg. Uno de ellos, alto, de rasgos definidamente indígenas, levantó su ametralladora en actitud amenazante, como para liquidarme. Luego me vendaron los ojos, me amarraron las manos atrás; me condujeron por unas escaleras hasta un cuarto donde reanudaron su agresión con sus armas, dándome de puntapiés en el estómago y en el pecho. Caí al suelo y mis verdugos, enfurecidos, proseguían golpeándome. En seguida me amarraron los pies y uno de ellos dijo: “Yo me llevo estos zapatos, son muy bonitos…” Me dejaron en calcetines, solo. Al rato entró un rebajado y con su navaja me pinchó el cuello, diciéndome que en ese momento me iba a matar. Luego me propinó otros golpes y para concluir su misión, me disparo a quemarropa tres tiros, uno de los cuales hizo blanco en mi pierna derecha. Después de todo esto, me dormí o desmayé, porque ya no me di cuenta.

En la madrugada (domingo 27), al levantar la cabeza, me encontré sobre un charco de sangre. Al tratar de incorporarme se me cayó la venda de los ojos. Dos rebajados que estaban allí se asustaron al ver que yo los estaba observando. Uno de ellos se levantó como una fiera, saltó junto a mí me dio seis patadas brutales en la cabeza, abriéndome dos tremendas heridas en la boca y en la cara, diciéndome que eso se debía a que me había quitado la venda de los ojos. Yo le hice ver que eso era imposible, porque tenía las manos y pies amarrados.

Me pusieron otra venda. Luego me di cuenta que tenía los dedos de la mano izquierda fríos y la misma mano paralizada, debido a que estaba tan apretada su ligadura que impedía la circulación de la sangre, y en esta condición ya llevaba más de tres horas. Rogué a uno de los rebajados que me aflojara un poco las manos, pero me respondió que no podía hacerlo sino hasta que llegara el jefe y, cuando éste llegó y le habló el rebajado de mi petición, le contestó: “Déjelo así, que se le pierda la mano”.

Más tarde llegó un rebajado que parece que me conocía, porque me llamó por mi nombre. Alojó las ligaduras y sentí un gran alivio. Me llevó un poco de agua, pues no me había dado de comer desde el sábado en la mañana, en que me habían dado una taza de café detestable y un pan francés duro. En ese momento pude darme cuenta que la bala del disparo que me habían hecho el día anterior, la tenía dentro de la pierna, lo cual me causaba un gran dolor y, cuando supliqué que se me llevara al hospital de la Guardia Civil, los agentes que me rodeaban se rieron, diciéndome uno de ellos que no era necesario, que con una navaja me iba a sacar la bala.

Todo el día domingo, lunes y martes por la mañana, tuve que soportar la bala incrustada en mi pierna. Y como debido a la humedad me había sobrevenido un ataque de tos, un rebajado me dijo, que como continuara tosiendo me iba a patear la boca.

El día 28 de junio, cuando se oyó el tiroteo de los puestos militares contra uno de los aviones del Ejército de Liberación sobre la capital, nos sacaron de nuestras celdas y nos introdujeron en las bartolinas de la terraza del primer cuerpo, pues decían que esperaban que fuésemos ametrallados por el bombardeo. Esa noche nos sacaron bruscamente de allí. Yo pensé que había llegado nuestro fin; pero circuló el rumor de que la Junta de Gobierno había dispuesto que nos pusieran a los detenidos en libertad el martes por la mañana.

¿Cómo no se me desarrolló una gangrena en la pierna? Es un milagro. Al salir del primer cuerpo el martes por la mañana, mi ropa estaba completamente llena de sangre, al igual que otros muchos detenidos. Recuerdo entre ellos al licenciado Martínez del Rosal. Mi primera idea fue tomar un taxi para dirigirme al Palacio Nacional, para poner en conocimiento del Estado Mayor, el estado en que me encontraba; de allí se me envió al Hospital Militar, donde se me practicó una operación para extraerme la bala y hasta la fecha no he podido recuperar completamente la salud.

Este relato quedaría incompleto, si no sugiriera al actual Gobierno, la conveniencia de destruís ese centro de tortura erigido por el poder comunista. La famosa pila está situada en el segundo piso, al lado de la 13 calle, en un cuarto con puerta de madera, que también debe ser abolido, y quiero dejar constancia, que el coronel Federico Fuentes Girón, en compañía de de un tal Constantino Bernasconi, asi como un telegrafista, Efraín Moreno, colaboraban en aquellas infamantes faenas con el asesino Jaime Rosenberg. Estos individuos tenía todos los teléfonos de la ciudad interceptados en la oficina de Federico Fuentes Girón, habiendo sido otra de las víctimas de este último, Félix Gaitán, empleado de la Tropical Radio, acusado de haber hablado por teléfono con un norteamericano.

* El término genocidio está siendo utilizado aquí de manera muy laxa.

** Guardias Civiles (policías), sin uniforme.
***Que entonces quedaba en la esquina de la Sexta avenida y Once calle, de la zona 1
****Actual Palacio de la Policía Nacional Civil
***** Antiguo convento de San Francisco, actual estacionamiento que está atrás del Palacio de la PNC.

La foto es del libro Genocidio sobre Guatemala.

05
Sep 08

Un mundo nos vigila

Un mundo nos vigila era el título de un programa sobre ufología que dirigía Pedro Ferríz, en México; y desde ayer -que andamos con la novedad de que el presidente socialdemócrata Alvaro Colom denunció la existencia de aparatos de espionaje en la Casa Presidencial, en su oficina privada y en su residencia- no se por qué, me acordé de aquel programa.
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Y hoy salió el anuncio de una discreta cámara de audio y vídeo “para grabar esas reuniones comprometedoras”, según el vendedor que es Mundo Extremo. Por cierto que esa es una tienda extraordinaria de juguetes para adultos…no tan adultos.
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También me acordé del presidente del socialismo espiritual, Juan José Arévalo, de cuya administración, el libro Guatemala, la historia silenciada, cuenta que “el gobierno de la revolución no soportó realmente las 29 conspiraciones que con tanto esmero contaron sus voceros, sino un número efectivo bastante menor; lo que no impidió que se suspendieran las garantías constitucionales 32 veces, para facilitar las acciones contra los complotistas. La respuesta a estas vagas conspiraciones -o a otras más concretas y bien organizadas, que también existieron, como luego veremos- fue casi la misma: el gobierno suspende garantías y se limita a expulsar del país a los supuestos implicados, sin mayor trámite ni discusión. Con el tiempo, sin embargo, se comenzará a hablar de torturas y el propio presidente reconocerá luego: Cada vez se procedía con más dureza”.
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No deja de ser interesante que el presidente socialdemócrata anduviera esta semana con la idea de una Ley Mordaza, al estilo de la de La primavera democrática en 1947; y que ahora hayan ocurrido estos hechos lamentables del espionaje contra el mandatario.
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Lamentables, pero no inusuales. A finales de los años 80, cuando al presidente de turno le decían Cemaco, porque las tenía a todas bajo un techo, un alto funcionario de su gobierno me comentó que sí él hubiera sido el presidente no haría el amor en la Casa Presidencial, sin tener la impresión de que estaba siendo visto y escuchado por quíen sabe qué pervertidos.

21
Oct 07

La V, de la Victoria, al estilo de Carlos Peña

Una vez más -sin pena, ni gloria- pasó un aniversario de la Revolución de 1944 en Guatemala (ni siquiera hubo feriado porque cayó en sábado); pero en el Paraninfo de la Universidad de San Carlos hay una magnífica muestra fotográfica de la época de Jorge Ubico, Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz.

Entre las fotos encontré esta, de un grupo de niñas que hacen la V de la Victoria al estilo de Carlos Peña. No al estilo de Winston Churchil que la hacía con la palma de la mano hacia el frente, sino al revés.


28
Jul 07

Gusanos, cangrejos y momios

“El rechazo de la CICIG oculta gusaneras”, dijo el el vicepresidente Eduardo Stein, cuando se enteró del dictamen desfavorable que recibió la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, por parte de la sala de Relaciones Exteriores en el Congreso de la República.

La frase escogida por el funcionario es emblemática, porque “¡Denle duro a los gusanos!” fue la orden que les dio Fidel Castro a los atletas cubanos que se aprestaban a viajar a Jamaica, para participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, a principios de los años 60. A partir de ahí, “romperles las cabezas y los huesos a los cubanos exiliados sería el leitmotiv más allá de competir y de ganar”.

Desde entonces, el de gusanos ha sido el calificativo con el que los esbirros de aquella dictadura se refieren a los exiliados cubanos en el exterior.

Luego del fracaso de la inconstitucional Comisión de Investigación de los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad; e incapaz de convencer sobre las bondades de su sustituta, la CICIG, esta administración se ha dado a la tarea de desprestigiar a quienes nos oponemos a la citada Comisión.

Lo cierto es que la Comisión es inconstitucional y que esta administración desperdició sus cuatro años de fama negociándola y empujándola, en vez de haber hecho lo que correspondía.

En vez de abdicar a su obligación de garantizarnos a los habitantes de la República, la vida, la libertad, la justicia y la seguridad, esta administración se dedicó a gerentear privilegios por medio del presupuesto del Estado.

Nunca atendió la sugerencia de proporcionarles suficientes apoyo presupuestario y político, al Ministerio Público, a la Policía Nacional Civil y al Organismo Judicial. Se le fueron cuatro años con la necedad de la CICIG, y las mafias sembradas durante la administración de Alfonso Portillo y del FRG crecieron lozanas durante la de Berger.

La respuesta para una lucha efectiva contra la impunidad y contra las mafias, no estaba en doblar la cerviz frente a la ONU, la Unión Europea y los EUA; sino en fortalecer el estado de derecho. No estaba en forzar una comisión de características proconsulares, sino en cumplir y en hacer que se cumplieran las leyes. No estaba en limosnear y alegar incapacidad; sino en apoyar con capacitación, presupuesto y respaldo político a los jueces, a los fiscales y a los policías honrados.

Ahora que es tarde y que se les fueron sus cuatro años, no es raro que el comandante Frank La Rue ande afligido porque algunos políticos gringos se vaya enojar porque los chapines no aceptamos la CICIG, y no es extraño que Stein ande en iguales circunstancias. ¡¿Qué podría espantar más a estos personajes que no volver a ser invitados a la celebración del 4 de julio?!

Esta administración no sólo perdió la oportunidad que tuvo para ponerles un alto a las mafias; sino que les ha servido el país en bandeja de plata. Y ahora que corre contra el tiempo, al Comandante no se le ocurrió más salir con lo de las gusaneras.

El truco, claro, es más viejo que la maña de pedir fiado. Allá por los años 40, y sobre todo durante la presidencia de Juan José Arévalo, a aquellos que se oponían a los designios de la revolución chapina se les llamaba cangrejos, con desprecio y para desprestigiarlos. Y más recientemente, en tiempos del chileno Salvador Allende, los partidarios de la revolución llamaban momios a quienes se oponían a los planes de la alianza Allende-Castro. Con humor siniestro decían: “Los momios al paredón, y las momias al colchón”.

A lo largo de la historia, gusanos, cangrejos y momios han sido las víctimas de aquellos que con arrogancia fatal, o con descaro total, han pretendido imponer sus criterios, no por la razón y la persuasión, sino por la vía de la falacia ad hominem y del paredón. Y eso debería parecernos inaceptable.

Publicada en Prensa Libre el sábado 28 de julio de 2007